Vayeira
Abraham se circuncidó a sí mismo y a todos los varones de su casa. Como ya era un anciano, quedó muy adolorido después de circuncidarse. Una historia cuenta que Dios dijo a los ángeles:
-Vayamos a visitar a Abraham, que está enfermo y adolorido.
-¿Pero, quien es el ser humano para que te rebajes a visitarlo? Tú eres infinito y sublime, ¿Irás a visitar a alguien que solo vive algunos años, que está hecho de polvo y que comete errores y pecados? Además, eres es el Rey de Reyes; alrededor de la carpa de Abraham hay sangre y trapos sucios por los hombres que se circuncidaron ¿Cómo irás a un lugar así?
Dios se mantuvo firme y les ordenó ir con él a visitar a Abraham:
-Además, esta sangre tiene un gran valor: es la muestra de lo que está dispuesto a sacrificar para hacer conmigo un pacto.1
Abraham amaba recibir a los viajeros para que descansaran y darles de comer. Hacía muchísimo calor ese día y no había gente por los caminos. Abraham, preocupado por no tener a quien ayudar, planeó levantarse con la intención de buscar por los senderos para ver si encontraba algún viajero a quien invitar. En ese momento apareció Dios acompañado de los ángeles. Abraham intentó pararse por respeto, pero Dios se lo impidió:
-Estás enfermo, y venimos a consolarte.
-Pero no es correcto que el Creador del mundo este frente a mí y yo permanezca sentado.
-En el futuro habrá niños sentados en las escuelas y las sinagogas y yo estaré entre ellos, aunque no me puedan ver.
Otra versión de la historia cuenta que, estando adolorido y acalorado, preocupado porque no llegaban viajeros, tres ángeles se le aparecieron en forma de hombres, de manera que Abraham pudiera satisfacer sus ganas de atender invitados. Al acercarse y ver que Abraham estaba cuidando su herida se dieron la vuelta para partir, pero Abraham salió corriendo tras ellos y les pidió que se quedaran. Les ofreció agua para lavarse los pies y les ofreció que se sentarán bajo su árbol. Este era un árbol especial. Tenía grandes ramas y daba una sombra maravillosa. Si los que se sentaban a su lado conocían la existencia de Dios, la sombra los cubría, si adoraban ídolos, las ramas se levantaban hacia arriba y el espacio quedaba cubierto de la luz del sol. En ese momento Abraham se sentaba con los viajeros y les explicaba la fe en Dios y la forma correcta de comportarse.
Cuando los ángeles se sentaron, Abraham les ofreció un poco de pan, pero cuando la comida estuvo lista les trajo un gran banquete. Cuando terminó la comida uno de ellos dijo: “Dentro de un año regresaré y tu esposa Sara tendrá un hijo”. Sara, que estaba adentro de la tienda de campaña, rió para sus adentros y dijo: “¿Acaso podré tener un hijo siendo tan vieja? Y aunque yo pudiera, Abraham es también muy anciano”. Dios le dijo entonces a Abraham, “¿porqué ríe Sara, acaso hay algo que sea demasiado difícil para mí?”. Abraham le preguntó a Sara “porqué te reíste?” y ella, asustada y arrepentida, dijo “no me reí”.
Los ángeles dijeron la bendición por la comida 2y se fueron, uno de ellos al cielo y los otros dos hacia la ciudad de Sdom, en donde vivía Lot.
Sdom y los extranjeros.
Se fueron los ángeles y Dios dijo: “¿Acaso le voy a ocultar a Abraham lo que haré?”, Voy a hacer de él un pueblo grande para que todos los pueblos de la tierra se beneficien de él, y para que sus descendientes hagan actos de justicia y ayuda a los demás.” Dios dijo otra cosa también: “Pero he escuchado las cosas terribles que pasan en Sdom y Amorá. Voy a bajar a ver lo que sucede”.
La gente en Sdom y las ciudades de alrededor era extremadamente malvada. Por ejemplo, prohibían ayudar a cualquier extranjero que cruzara por ahí. Si alguien le ofrecía comida o un lugar donde dormir lo atrapaban y lo quemaban vivo.
Cuando un viajero pobre pedía limosna a veces le daban una moneda, pero antes, la persona que la daba escribía su nombre en ella. Cuando el pobre trataba de comprar comida nadie le vendía nada, hasta que moría de hambre. Los que habían dado las monedas se acercaban al muerto y recuperaban sus monedas. Después rifaban sus ropas.
Eliézer, el sirviente de Abraham tuvo que cruzar en ocasiones por estas ciudades durante sus viajes. Para poder comer se metía a alguna fiesta. Algún sodomita se le acercaba entonces y le preguntaba: “quien te invitó a la fiesta?”, con la intención de castigar tanto a Eliézer como a aquél que lo había invitado. Eliézer le contestaba con voz fuerte: “pero si tú me invitaste”. El sodomita se llenaba de miedo, “van a pensar que invité a un extranjero y que lo traté bien, me van a matar” pensaba. Así que se alejaba lo más rápidamente que podía. Eliézer hacía eso con cada persona que se le acercaba a preguntarle quien lo había invitado hasta que nadie se le acercaba más. De esta manera podía comer tranquilamente.
Lot tenía una hija que se llamaba Plelit. En cierta ocasión, un hombre pobre llegó a sdom, sin nada que comer. Al verlo, Plelit sintió lástima por él. Todos los días, cuando iba a sacar agua del pozo, le hacía señas para indicarle que le había dejado algo de comer. Cuando Plelit se iba, el hombre se acercaba y tomaba el alimento. El tiempo pasaba y el extranjero no moría de hambre, así que las autoridades se comenzaron a preguntar que era lo que sucedía, así que enviaron espías para observarlo desde lejos. No tardaron mucho en descubrir a Plelit. Los gobernantes decidieron quemarla viva, para que nadie se volviera a atrever a ayudar a los viajeros.
La gente de Sdom tenía muchas formas de hacer trampas. Por ejemplo, si un campesino traía fruta para vender, se acercaban varias personas al mismo tiempo y mientras una preguntaba por los precios, otra tomaba una fruta y la mordisqueaba. Si el dueño del puesto reclamaba, el que la había mordido decía “pero si es solo una fruta, solo la estoy probando para ver si la compro”. Esto lo hacían uno tras otro hasta que se comían toda la mercancía y dejaban al campesino sin fruta y sin dinero.
En aquellos tiempos la pintura de color púrpura era muy cara. Las telas pintadas de ese color eran valiosísimas, como si fueran oro o diamantes. Una vez un comerciante cruzó por Sdom, ya que se encontraba en su camino. Al caer la tarde empezó a buscar donde dormir, pero nadie le abrió las puertas de su casa. Ya se preparaba a dormir en la calle cuando un sodomita, al darse cuenta de que el comerciante traía telas púrpura, lo invitó a dormir en su casa. El comerciante le pidió que guardara por favor las telas en su caja fuerte, ya que eran muy caras. Antes de cenar, el sodomita le dijo:
-mi mujer es una gran cocinera, ¿no se te antoja un guisado con las mejores carnes?
-No, no te molestes- decía el invitado-es suficiente con que me hayas invitado a pasar la noche. No me importa gastar todas mis pertenencias con tal de que tú te sientas feliz.
-oh, no es ninguna molestia- y a su esposa le gritó- ¡mujer, prepara tu especialidad!
Mientras llegaba el aroma de la comida, el sodomita sacó un licor:
-Tómate una copita, es un licor muy especial.
El invitado no se pudo aguantar y tomó una copa y después otra, hasta que ya estaba mareado. En la cena el anfitrión sirvió varios platillos, uno mejor que el otro. El viajero comió y bebió tanto que cayó profundamente dormido. Cuando despertó ya no era tan temprano. El anfitrión le dijo entonces:
-Mira, ya hace mucho sol para que salgas. Mejor quédate un día más, a menos que pienses que mi mujer es una mala cocinera o que no te hayamos tratado bien. Si eso es lo que piensas siéntete con confianza y vete de una vez.
Viendo que su anfitrión y su esposa lo habían tratado tan bien, se sintió apenado y no quiso ofenderlos:
-De ninguna manera- contestó el viajante- yo estoy muy a gusto, pero debo seguir con mi viaje, así que pasaré el día contigo y mañana temprano me iré.
Y así pasó otro día entre comilonas y bebida. El viajante pensaba que ya era un gran amigo de su anfitrión. Temprano, en la mañana siguiente, después de levantarse y preparar sus cosas le dijo al anfitrión:
-Estoy listo para irme y muy agradecido de cómo me has tratado. ¿Me podrías devolver por favor la tela púrpura que te di par guardar?
-¿Cuál tela?-respondió el sodomita.
-La tela que yo traía y que tú guardaste en tu caja fuerte. Estaba amarrada con una cuerda.
-Ya entiendo. Te acabas de despertar y por lo tanto sientes como que tus sueños son realidad. Acabas de soñar que traías una tela contigo. Pero tienes suerte porque yo soy un experto en interpretar sueños. La cuerda quiere decir que vas a vivir muchos años y la tela que serás muy rico.
El comerciante no podía creer lo que estaba escuchando. Le costó trabajo responder del enojo, mezclado con el miedo por perder su tela tan cara:
-Eres un ladrón, me estás robando mi mercancía.
-Mira, no seas malagradecido, yo cobro muy caro por la interpretación de sueños, y por ti como me caíste bien, acepté hacer una interpretación gratuita. Mira no discutamos más, aquí está la cuenta por los alimentos y la bebida y despidámonos como amigos.
El sodomita sacó entonces una cuenta donde le cobraba cada platillo y bebida a precios increíblemente altos. Al ver esto, el comerciante se quedó realmente pasmado:
-Pero si nunca me dijiste que me ibas a cobrar, pensé que me estabas tratando como amigo.
-¿Crees que soy un tonto? -Dijo el sodomita- ¿Acaso crees que podría sobrevivir si regalo todos mis alimentos y bebida? ¿Crees que mi esposa va a trabajar gratis para los demás? Mira, yo soy gente civilizada y no quiero pelear contigo. Vayamos con los jueces y que ellos decidan.
Al llegar al tribunal, el extranjero contó su historia. Los jueces le dijeron:
-Muéstranos el recibo que te dio tu anfitrión por la tela.
-Pero si no me dio ningún recibo, el me dijo que la guardaría en su caja fuerte y yo le creí.
Los jueces sonrieron:
-Si, no tienes nada que pueda comprobar que eres el dueño de una tela y quieres que te creamos. Te trataron de maravilla y todavía le quieres robar a tu hospedero. Págale por la comida y la bebida que te dio y vete de nuestra ciudad.3
Abraham como defensor
Los habitantes de la ciudad de Sdom y sus alrededores no tenían misericordia de nadie, los gritos de las víctimas subían hasta el cielo y Dios se apiadó de ellas. Decidió por lo tanto destruir a Sdom y las ciudades cercanas, pero antes dejó que pasaran cincuenta y dos años enviándoles señales; les mandaba el arcoiris y dejaba caer grandes tormentas que recordaran el diluvio. Los sacerdotes de Sdom entendieron el significado y se los tradujeron a la gente, pero nadie corrigió sus actos.
Dios le informó a Abraham lo que haría, y Abraham le dijo:
-¿Vas a castigar a los justos junto con los malos? Tal vez haya cincuenta personas buenas en la ciudad. ¿No perdonarías a la ciudad por esas personas buenas?
-Si hubiera cincuenta justos perdonaría a toda la ciudad gracias a ellos.
-Me he atrevido a discutir con Dios y yo soy solo como el polvo. Sin embargo, me permito continuar; y ¿No perdonarías a la ciudad por cuarenta y cinco?
-Si hubieran cuarenta y cinco la perdonaría.
-¿Y si hubieran cuarenta?
-No lo haría si hubieran cuarenta
Abraham siguió reduciendo la cantidad, y Dios afirmando que no destruiría la ciudad, hasta que Abraham dijo:
-No te enojes, ruego, Eterno, y voy a hablar solo esta vez: tal vez se encuentren allí diez.
-Si hubiera diez no la destruiría.
Dios sabía que no había ni siquiera diez personas buenas en Sdom, pero le pareció bien la preocupación de Abraham por sus habitantes y le permitió a Abraham pedir por ellos, de forma que todos los hombres aprendieran a preocuparse por el bienestar de los demás.
El fin de Sdom
Los ángeles que habían estado en casa de Abraham llegaron a Sdom al anochecer. A escondidas, sin que nadie lo viera, Lot los invitó a pasar la noche en su casa y les pidió que entraran de forma muy silenciosa, porque si alguien se daba cuenta que estaba trayendo invitados lo podrían matar. Lot le pidió a su mujer que preparara de cenar para ellos. La mujer de Lot estaba acostumbrada a que trajera gente y le diera comida y un lugar donde dormir. Aun así, cuando Lot le pidió un poco de sal ella se enojó: “no solo ensucian mi casa con su polvo del camino, sino que además pides sal para ellos. Eres el único en la ciudad que anda trayendo invitados a su casa”. Antes de que se acostaran, la gente de la ciudad rodeó la casa de Lot para que sacara a los huéspedes, para hacerles daño. Lot salió rápidamente y cerró la puerta tras de él. Les dijo: “son mis huéspedes, no puedo permitir que les hagan daño. Prefiero sacar a mis dos hijas jóvenes”. Los sodomitas se enfurecieron y dijeron: “este ni siquiera es de nuestra ciudad y cree que puede darnos consejos acerca de lo que está bien y lo que está mal. Ahora le vamos a hacer cosas peores de las que le pensábamos hacer a sus invitados”. La gente se preparaba a derribar la puerta de la casa cuando los ángeles extendieron sus brazos y metieron a Lot de regreso. Rápidamente hicieron que la gente quedara ciega y no pudiera encontrar la entrada. Unos tras otros iban tropezando y cayendo. Adentro los ángeles le dijeron a Lot: “Dios nos ha enviado a destruir la ciudad, avísale a tus hijas y a tus yernos para que se vayan y no mueran junto con todos los demás”. Lot tenía dos hijas casadas y dos solteras. Les dijo a sus dos yernos lo que habían dicho los ángeles, pero ellos lo tomaron como una broma y no le quisieron creer.
Cuando iba a amanecer, los ángeles apuraron a Lot “anda toma a tu esposa y a tus dos hijas solteras y vete, no vayas a ser destruido con los demás”. Lot se quedó paralizado, no sabía qué cosa tomar para llevarse. Uno de los ángeles los tomó a él y a su familia del brazo y los sacó volando de la ciudad. El ángel le dijo entonces:
-vete rápido hacia las montañas y no voltees hacia atrás, no tienes derecho a ver como otras personas son destruidas. Además tú también cometiste maldades al vivir entre los habitantes de Sdom y el ángel de la destrucción puede ver su marca en tu frente. Si te quedas aquí o volteas hacia atrás, el ángel verá la marca y te destruirá junto con todos los demás habitantes.
Lot respondió:
-Ya que Dios ha tenido piedad por mí, le pediré un poco más de misericordia. Tengo miedo de que el clima de las montañas me haga daño. Estoy acostumbrado a vivir en el valle. Permíteme quedarme en la ciudad que está aquí cerca.
-No destruiré la ciudad de la que hablaste, vete entonces, pero vete rápido, porque no puedo destruir Sdom hasta que ya no estés aquí.
Lot se fue hacia Tzoar y después de que salió el sol, Sdom, las ciudades de los alrededores y todo el valle fueron destruidas con azufre y fuego. La mujer de Lot volvió su cara y miró hacia atrás, y quedó convertida en estatua de sal. El valle, que antes era fértil y verde, quedó convertido en un desierto.
Abraham entre los filisteos
Abraham recogió su campamento y se fue a vivir a la tierra de los filisteos. Entre ellos había mucha gente que se trataba correctamente entre sí, aun así Abraham tuvo miedo por la gran belleza de Sara. Pensó: Alguien podría enamorarse locamente de ella y, como no creen en Dios ni tienen miedo de su castigo, podría matarme para casarse con ella. Así que una vez más, le pidió que dijera que era su hermana. Avimelej, el rey de los filisteos, escuchó hablar acerca de la belleza de Sara y ordenó que la trajeran a su palacio. Dios le envió una epidemia a él y a su familia, para que no pudiera tocar a Sara. En la noche Dios se le apareció a Avimelej y le dijo:
-Si te quedas con Sara morirás, porque ella está casada.
-Pero yo no sabía eso, ¿acaso me matarás aunque la traje a mi casa sin saberlo? Abraham y ella habían dicho que son hermanos.
-Es cierto, yo sé que no pensabas robar una mujer casada, por eso te envié la enfermedad, para que no la tocaras ni la abrazaras. De cualquier forma hiciste algo muy malo, porque la robaste contra su voluntad. Devuélvela a su casa y pide a Abraham que rece por ti, porque él es un profeta.
Avimelej despertó a la gente de su casa y le contó lo que había pasado. Todos tuvieron mucho miedo, y el rey mandó llamar a Abraham:
-¿Por qué hiciste esto?- le dijo- Al decir que era tu hermana me hiciste cometer un pecado muy grande. ¿Qué te he hecho para que me hagas algo semejante?
-Es cierto que le pedí que dijera que es mi hermana, pero lo hice porque pensé: le gente de este lugar no cree en Dios y tal vez me maten por la belleza de Sara. Además Sara es mi sobrina. (en esa época la gente se refería a sus primos y sobrinos como si fueran hermanos).
Avimélej mandó a Sara de regreso con Abraham, le dio muchos regalos y le dijo que podía quedarse en cualquier lugar de sus tierras.
El nacimiento de Itsjak
Un año después de la visita de los ángeles, Sara tuvo a un bebé. Le llamó Itsjak, porque dijo; he sentido una gran alegría y todos lo que lo sepan se reirán conmigo4.Abraham tenía entonces cien años. En aquellos tiempos, cuando la madre le dejaba de dar pecho a sus hijos se hacía una gran fiesta. Llegó el tiempo de la fiesta de Itsjak e hicieron un gran banquete con muchísimos invitados. Como sucede en esas comidas, algunos bebés lloraban entre tanto gentío. Sara entonces los tomaba tiernamente y los amamantaba, acariciaba su cabeza y los calmaba hasta que se dormían. Algunas personas habían pensado que Itsjak era un niño adoptado, que Abraham y Sara lo habían tomado de algún lugar y lo habían traído con ellos, ya que, ¿Cuándo se ha visto que gente tan anciana pueda tener bebés? Sin embargo, al ver como Sara amamantaba a los niños nadie volvió a tener dudas.
Ishmael es expulsado
La Torá dice que Sara vio a Ismael haciendo desmanes. En realidad no sabemos qué es lo que estaba haciendo, pero hay dos antiguas tradiciones acerca de ello:
Una cuenta que Ismael jugaba a la guerra con Itsjak, pero que le tiraba flechas de verdad, con la intención de que, pareciendo un accidente, Itsjak muriera. Según esta tradición Ismael adoraba ídolos en la casa de su padre.
Otra tradición dice que de ninguna manera podemos pensar que Ismael cometía tales maldades. Recordemos que para entonces Ismael ya tenía catorce años. Lo que sucedió, según esto, es que muchos amigos de Ismael se acercaron a felicitarlo cuando nació Itsjak, le decían:
-Se ha cumplido la promesa de Dios y Sara, la primera esposa de tu padre ha tenido un heredero.
Ismael, molesto con estas palabras les decía:
-Aunque Sara sea la primera esposa de mi padre, yo nací primero, y por lo tanto tengo derecho a recibir la mayor parte de la herencia.
Sea lo que sea que haya pasado, Sara quedó muy molesta y temerosa del conflicto entre los dos hijos, así que le pidió a Abraham que expulsara a Hagar de su casa. Esto le desagradó mucho a Abraham, porque quería a su hijo Ismael, pero Dios le dijo a Abraham: “no pienses mal de esto que te dijo Sara, no temas por Hagar y por Ishmael. Haz todo lo que te diga Sara. Itsjak continuará tu camino, pero de la descendencia de Ishmael también voy a hacer un gran pueblo.”
Muy temprano, en la mañana, Abraham tomó pan y agua y se los entregó a Hagar para que se fuera y se despidió de ellos. Más tarde, Hagar se perdió en el desierto y se le acabó el agua. Dejó al niño debajo de unos arbustos y se alejó, porque, llena de angustia, pensó: “no quiero ver como muere mi hijo”. Hagar lloró con fuerza y un angel le habló: “¿Qué tienes hagar? No temas, Dios ha oído la voz del muchacho. Ve con él y sostenlo, Dios va a hacer que viva y que de el salga una gran nación”. En ese momento, Dios hizo que apareciera frente a ella un pozo. Fue y llenó el recipiente y le dio de beber a su hijo.
El sacrificio de Itsjak
Abraham vivió en la tierra de los filisteos y después en Hebrón. Cuando ya era muy viejo, Dios le dijo:
-Toma a tu hijo y súbelo como ofrenda a una montaña que yo te diré-
-¿A qué hijo?- preguntó Abraham- tengo dos.
-Al que es hijo único
-Los dos son hijos únicos, cada uno es el único de su madre.
-Al que amas.
-A los dos los amo mucho.
-Toma a Itsjak.
Itsjak tenía entonces treinta y siete años. Abraham no sabía como llevarlo sin lastimar a Sara. Le dijo entonces:
-Ya estoy muy viejo y desde que tenía tres años he ido aprendiendo a entender lo que Dios quiere para el mundo. Itjsak ya es un adulto y me parece que no sabe lo suficiente. Quisiera llevarlo a una escuela en donde podrá discutir con los sabios y así aprender y volverse más inteligente.
Sara, muy preocupada le dijo:
-Mira, ya estoy muy vieja e Itsjak es lo que más quiero. Cuídalo mucho durante el viaje y que no le vaya a pasar nada malo. Si hace algún error o no se comporta bien enfrente de los sabios, explícaselo de forma amable y no se lo digas de forma que se pudiera sentir mal.
Sara acompañó a Itsjak y lo arrulló como si fuera un niño y le empacó la ropa más bella que le había regalado Avimelej. Cuando se despidió de él lloró tanto que Abraham y todos sus hombres se llenaron de tristeza y no pudieron contener el llanto. Al amanecer, Abraham se levantó, tomó la madera y el cuchillo para el sacrificio, preparó al burro y salió acompañado de Itsjak y dos muchachos. Después de tres días, Abraham vio una nube oscura sobre un monte y pensó que tal vez se trataba de una señal. Le preguntó entonces a Itsjak: ¿Ves algo en esa montaña?, el contestó que sí. Le preguntó entonces a los muchachos: ¿Ven algo en esa montaña? Ellos contestaron que no, y así Abraham supo que Dios le estaba indicando hacia donde debía dirigirse. Le dijo a los muchachos que lo esperaran, ya que el e Itsjak irían a rezar y después regresarían. Abraham puso la madera en la espalda de Itsjak, tomó el cuchillo para el sacrificio y salió con Itsjak. Al ver esto, Itsjak le preguntó:
-Papá
-Aquí estoy, hijo
-Traemos el cuchillo y los materiales para el fuego, pero ¿Dónde está el cordero para el sacrificio?
-Dios conseguirá el cordero para el sacrificio, hijo.
Itsjak entendió entonces que Dios le había ordenado a Abraham sacrificarlo. Aun así, siguó al lado de su padre y confió en cumplir con lo que Dios había dicho. Abraham e Itsjak siguieron caminando juntos, con un solo corazón. Cuando llegaron al lugar, Abraham preparó el altar, e Itsjak le ayudó a hacer los últimos arreglos. Itsjak le dijo:
-Córtame el cuello, quémame y lleva las cenizas a mi madre, para que las pueda ver cuando se quiera acordar de mí. No le des la noticia cuando esté cerca de un pozo, porque del dolor podría caer ahí y ahogarse. Siento mucha tristeza porque sé que tus últimos años serán muy tristes.
-No te preocupes por mí, me quedan pocos años de vida y Dios me dará fuerzas.
-Antes de degollarme, amárrame fuerte, dijo Itsjak. Aunque quiero dejarme sacrificar, tal vez al sentir cerca el cuchillo me mueva o te patee, y no quiere morir faltándote el respeto.
Abraham amarró a Itsjak y lo colocó sobre la madera. Tomó el cuchillo y se preparó para matar a su hijo. En ese momento se escuchó la voz de un ángel:
-Abraham, Abraham.
-Aquí estoy.
-No extiendas tu mano hacia el muchacho, y no le hagas nada, pues ahora se que eres temeroso de Dios, porque no me has negado a tu hijo único.
Se abren los cielos
Algunos cuentan que en ese momento Dios abrió los cielos para que Abraham pudiera ver a través de ellos. Abraham le dijo entonces a Dios:
-No comprendo tus acciones. Cuando ya era anciano, a una edad en la que ningún otro hombre podría tener hijos, me bendeciste con el nacimiento de Itsjak y me prometiste que de él tendría una gran descendencia y que heredaría la tierra de Cnaan. Después me dijiste que trajera como sacrificio a este mismo hijo. No entendí porque lo decías, pero lo acepté y lo traje, aunque yo podría haber exigido mi parte del trato. Ahora que lo iba a sacrificar, me detienes y me dices que no lo haga. Los hombres cambiamos de pensamiento, pero ¿acaso tú podrías cambiar de opinión?
-Te responderé con una historia. En una ocasión un rey invitó a su casa a una persona muy querida para él. Le dijo entonces: “trae a tu hijo a la mesa”. Esa persona, que obedecía en todo a su rey puso a su hijo sobre la mesa, y dejó a su lado el cuchillo, pensando que el rey quería comerlo. El rey le dijo entonces: “yo solo quería honrarte invitando a tu hijo a que se siente en la mesa del rey. No somos caníbales para comer personas”. De la misma manera, yo te pedía que subieras a Itsjak a la montaña como una ofrenda, no que lo sacrificaras. Te pedí que lo acercaras a mí, así como la gente acerca a mí sus sacrificios al quemarlos. De cualquier manera, Me doy cuenta que estabas dispuesto a dejar incluso lo más querido para ti con tal de seguir lo que mi voz te decía. Me doy cuenta también que me obedeces porque eso es lo correcto, sin buscar ninguna recompensa y que tu amor por mí es perfecto.
Abraham le dijo entonces:
-Entiendo. Pero tengo otra pregunta. Nosotros no podemos saber lo que piensan otras personas, por eso los reyes ponen a prueba a sus súbditos para ver si los van a obedecer. Pero ¿acaso tú no sabes lo que hay en el corazón de los hombres para que necesites probarlos? ¿No podías tú saber desde antes como iba yo a actuar?
-Lo sabía, pero esta prueba no es para mí, sino para tus descendientes. Con la forma en que me obedeciste acabas de probarles a ellos como deben actuar, escuchando mi voz en cualquier circunstancia y sin buscar ninguna recompensa.
-Tengo ahora algo que pedirte-dijo Abraham- y no me moveré de aquí hasta que la aceptes. En el futuro, si los descendientes de Itsjak llegan a hacer cosas malas, recuerda como yo estuve dispuesto a sacrificar a mi hijo y como él lo estuvo a ser sacrificado. Recuerda esto y tómalo en cuenta para juzgarlos con bondad.
-Te responderé. Hoy es Rosh Hashaná. En este yo formé al primer ser humano, y cada año en este día juzgo los actos de los hombres y decido cual será su suerte el siguiente año. Si quieres que recuerde el sacrificio de Itsjak 5a la hora de juzgarlos, deberán tocar y escuchar el cuerno del shofar durante este día.
-No se de que cuerno me estás hablando-dijo Abraham-
-Date la vuelta y lo verás.
Abraham volteó y vio entonces a un carnero cuyos cuernos se habían enredado en un arbusto. Abraham tomó al carnero y lo sacrificó en lugar de Itsjak. Llamó a ese lugar “El Eterno verá”, como diciendo, cuando Dios vea esta montaña va a tener compasión de mis hijos. En este lugar se construyó mucho tiempo después el Bet Hamikdash, el templo en el que el pueblo de Israel se acercaba y sentía la presencia de Dios.
Después de esto Sara murió y fue enterrada en la cueva de la Macpelá, en donde yacen hasta hoy en día los restos de nuestros primeros antepasados.
(Extracto de: Midrashim