domingo, 27 de septiembre de 2009

El libro de jeremias.


JEREMÍAS,

LIBRO DE

Profecías y registro histórico escritos por Jeremías e inspirados por Dios. A Jeremías se le comisionó como profeta en el año decimotercero del rey Josías (647 a. E.C.) para advertir al reino meridional de Judá de su inminente destrucción. Este hecho ocurrió cuando aún no había transcurrido un siglo desde la obra del profeta Isaías y la caída del reino septentrional de Israel ante los asirios.

Orden

del libro. El libro no sigue un orden cronológico, sino más bien temático. Aunque se dan fechas cuando es necesario, la mayoría de las profecías aplican a la nación de Judá durante el período general de los reinados de Josías, Jehoacaz, Jehoiaquim, Joaquín y Sedequías. Dios le dijo a Jeremías repetidas veces que la iniquidad de la nación era incorregible. No obstante, los que eran de corazón recto tuvieron muchas oportunidades para reformarse y conseguir liberación. En lo que respecta a su valor profético para nuestro día, el orden de los escritos de Jeremías no incide en su entendimiento ni aplicación.

Cuándo

se escribió. La mayor parte del libro de Jeremías no se escribió cuando se pronunciaron las profecías. Jeremías no redactó ninguna de sus proclamaciones hasta el cuarto año del reinado de Jehoiaquim (625 a. E.C.), cuando Jehová le mandó que pusiera por escrito todas las palabras que le había hablado hasta la fecha. Esto no solo incluía las palabras acerca de Judá pronunciadas en tiempos de Josías, sino también las proclamaciones de juicio contra todas las naciones. (Jer 36:1, 2.) Jehoiaquim fue quemando este rollo a medida que Jehudí lo iba leyendo. Sin embargo, se le mandó a Jeremías que lo escribiera otra vez, y eso fue lo que hizo por medio de su secretario Baruc, e insertó otras muchas palabras. (Jer 36:21-23, 28, 32.)

El resto del libro se debió añadir más tarde. Por ejemplo, la introducción, donde se hace mención del año undécimo de Sedequías (Jer 1:3); algunas profecías que Jeremías escribió cuando las pronunció (30:2; 51:60); la carta a los exiliados en Babilonia (29:1), así como las proclamaciones hechas durante el reinado de Sedequías y el relato de los acontecimientos ocurridos después de la caída de Jerusalén hasta cerca del año 580 a. E.C. Aunque el rollo que escribió Baruc componía una gran parte del libro, es posible que Jeremías lo organizara y volviera a ordenar cuando añadió las últimas secciones.

Autenticidad.

La autenticidad del libro de Jeremías suele aceptarse como un hecho, que solo cuestionan unos cuantos críticos que se basan en las diferencias que hay entre el texto hebreo masorético y la Versión de los Setenta del Manuscrito Alejandrino. En el libro de Jeremías se aprecian más variaciones entre los textos hebreo y griego que en cualquier otro libro de las Escrituras Hebreas. Se dice que la Versión de los Setenta tiene unas 2.700 palabras menos que el texto hebreo, es decir, una octava parte del libro. La mayoría de los eruditos están de acuerdo en que la traducción griega de este libro es deficiente, pero eso no menoscaba la confiabilidad del texto hebreo. Hay quien opina que el traductor pudo haber tenido un manuscrito hebreo de una "familia" diferente, una recensión especial, pero los estudios hechos por los críticos ponen de manifiesto que este no parece ser el caso.

El cumplimiento de las profecías que registró Jeremías, además del contenido de estas, constituyen un fuerte testimonio a favor de la autenticidad del libro. Entre las numerosas profecías de Jeremías se encuentran las incluidas en el cuadro de la izquierda.

Principios

y cualidades de Dios. Además de profecías, el libro presenta muchos principios que deberían guiarnos. Subraya que el formalismo no es de ningún valor a los ojos de Dios, pues Él desea adoración y obediencia de corazón. A los habitantes de Judá se les dijo que no confiaran en el templo ni en sus edificios circundantes, y se les exhortó con las siguientes palabras: "Circuncídense a Jehová, y quiten los prepucios de sus corazones". (Jer 4:4; 7:3-7; 9:25, 26.)

El libro contiene asimismo muchos ejemplos de las cualidades de Dios manifestadas en su relación con su pueblo. La liberación de un resto de su pueblo y el que finalmente se les repatriara a Jerusalén, como había profetizado Jeremías, fue un ejemplo de la gran bondad y misericordia de Jehová. La manera como Dios cuidó de los recabitas, de Ébed-mélec y de Baruc destaca su aprecio y consideración hacia aquellos que muestran bondad a sus siervos, así como el hecho de que Él es Remunerador de los que le buscan y obedecen. (Jer 35:18, 19; 39:16-18; 45:1-5.)

A Jehová se le representa de manera sublime como el Creador de todas las cosas, el Rey hasta tiempo indefinido y el único Dios verdadero. Tan sólo Él debe ser temido, Aquel que dirige y corrige a los que invocan su nombre, y ante cuya denunciación ninguna nación puede mantenerse en pie. Él es el Gran Alfarero, en cuya mano las personas y las naciones son como vasijas de barro que puede moldear o destruir de acuerdo con Su voluntad. (Jer 10; 18:1-10; Ro 9:19-24.)

El libro de Jeremías revela que Dios espera que el pueblo que lleva Su nombre contribuya a Su gloria y alabanza, y que para Él son un pueblo entrañable. (Jer 13:11.) Los que profetizan falsamente en Su nombre, diciendo "paz" a aquellos con los que Dios no está en paz, tendrán que rendir cuentas a Dios por sus palabras, y tropezarán y caerán (6:13-15; 8:10-12; 23:16-20). Los que sirven al pueblo en calidad de sacerdotes y profetas tienen una gran responsabilidad ante Dios, como Jehová dijo a los habitantes de Judá: "Yo no envié a los profetas; no obstante, ellos mismos corrieron. No les hablé; no obstante, ellos mismos profetizaron. Pero si se hubieran parado en mi grupo íntimo, entonces habrían hecho que mi pueblo oyera mis propias palabras, y habrían hecho que se volvieran de su camino malo y de la maldad de sus tratos" (23:21, 22).

Al igual que en otros libros de la Biblia, se considera que la nación santa de Dios es como una esposa para Jehová, y su infidelidad equivale a "prostitución". (Jer 3:1-3, 6-10; compárese con Snt 4:4.) Sin embargo, la lealtad de Jehová a sus pactos es inquebrantable. (Jer 31:37; 33:20-22, 25, 26.)

Este libro contiene gran cantidad de principios e ilustraciones excelentes, a los que otros escritores de la Biblia han hecho referencia. También se encuentran en él otros muchos modelos simbólicos y proféticos cuyo significado es vital, y que aplican al cristiano de tiempos modernos y a su ministerio.

[Recuadro

en la página 60]

PUNTOS

SOBRESALIENTES DE JEREMÍAS

Registro de las proclamaciones de juicio de Jehová mediante Jeremías, así como un relato de las propias experiencias del profeta y de la destrucción de Jerusalén por Babilonia

Empezó a escribirse unos dieciocho años antes de la caída de Jerusalén, y se terminó unos veintisiete años después de ese acontecimiento

Se

comisiona al joven Jeremías como profeta

Tendrá que "demoler", así como "edificar" y "plantar"

Jehová lo fortalecerá para esta comisión (1:1-19)

Jeremías

cumple con su comisión de "demoler"

Expone la iniquidad de Judá y proclama la certeza de la destrucción de Jerusalén; el templo no salvará a la nación infiel; se deportará al pueblo de Dios a Babilonia por setenta años (2:1–3:13; 3:19–16:13; 17:1–19:15; 24:1–25:38; 29:1-32; 34:1-22)

Se anuncian juicios contra Sedequías y Jehoiaquim, así como contra los falsos profetas, los pastores infieles y los sacerdotes faltos de fe (21:1–23:2; 23:9-40; 27:1–28:17)

Jehová predice derrotas humillantes de muchas naciones, entre ellas Babilonia (46:1–51:64)

Jeremías

lleva a cabo su asignación de "edificar" y "plantar"

Predice la repatriación de un resto israelita y la venida de "un brote justo" (3:14-18; 16:14-21; 23:3-8; 30:1–31:26; 33:1-26)

También anuncia que Jehová celebrará un nuevo pacto con su pueblo (31:27-40)

Por mandato de Jehová, Jeremías compra un campo a fin de ilustrar la seguridad del regreso de Israel del exilio (32:1-44)

Asegura a los recabitas que sobrevivirán por haber obedecido a su antepasado Jehonadab; su obediencia pone de manifiesto la desobediencia de Israel a Jehová (35:1-19)

Censura a Baruc y lo fortalece, asegurándole que sobrevivirá a la calamidad venidera (45:1-5)

Jeremías

sufre como consecuencia de su denuedo al profetizar

Le golpean y le ponen en el cepo por la noche (20:1-18)

Se planea su asesinato por proclamar la destrucción de Jerusalén, pero los príncipes lo libran (26:1-24)

El rey quema el rollo de Jeremías; se acusa falsamente a Jeremías de ponerse de parte de los babilonios y se le detiene y encarcela (36:1–37:21)

Finalmente, se le arroja a una cisterna fangosa para que muera; Ébed-mélec lo rescata y Jeremías le promete protección durante la venidera destrucción de Jerusalén (38:1-28; 39:15-18)

Acontecimientos

desde la caída de Jerusalén hasta la huida a Egipto

Jerusalén cae; se captura al rey Sedequías, se mata a sus hijos y a él se le ciega y se le lleva a Babilonia (52:1-11)

Se quema el templo y los grandes edificios de Jerusalén, y se lleva a la mayor parte del pueblo al exilio (39:1-14; 52:12-34)

Se nombra a Guedalías gobernador sobre los pocos israelitas que quedan, pero lo asesinan (40:1–41:9)

Atemorizado, el pueblo huye a Egipto; Jeremías advierte que Egipto mismo caerá y que la calamidad los alcanzará en aquella tierra (41:10–44:30)

[Recuadro

en la página 61]

PROFECÍAS

REGISTRADAS POR JEREMÍAS

Las

que él vio cumplidas

El cautiverio de Sedequías y la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia (Jer 20:3-6; 21:3-10; 39:6-9)

El destronamiento y la muerte en cautiverio del rey Salum (Jehoacaz) (Jer 22:11, 12; 2Re 23:30-34; 2Cr 36:1-4)

El cautiverio del rey Conías (Joaquín) en Babilonia (Jer 22:24-27; 2Re 24:15, 16)

La muerte del falso profeta Hananías antes de un año (Jer 28:16, 17)

El que algunos de los recabitas y Ébed-mélec, el etíope, sobrevivieran a la destrucción de Jerusalén (Jer 35:19; 39:15-18)

Otras

cuyo cumplimiento corrobora la historia

Nabucodorosor (Nabucodonosor) invade y conquista Egipto (Jer 43:8-13; 46:13-26)

El regreso de los judíos, así como la reconstrucción del templo y de la ciudad después de setenta años de desolación (Jer 24:1-7; 25:11, 12; 29:10; 30:11, 18, 19; compárense con 2Cr 36:20, 21; Esd 1:1; Da 9:2)

Ammón quedaría como un yermo desolado (Jer 49:2)

Edom sería cortada como nación (Jer 49:17, 18) (Con la muerte de los Herodes, Edom desapareció como nación)

Babilonia llegaría a estar desolada permanentemente (Jer 25:12-14; 50:35, 38-40)

De

cumplimiento mayor espiritual, como se indica en las Escrituras Griegas Cristianas

Un nuevo pacto hecho con la casa de Israel y la casa de Judá (Jer 31:31-34; Heb 8:8-13)

La casa de David nunca dejaría de tener un hombre que se sentara sobre el trono del reino (Jer 33:17-21; Lu 1:32, 33)

La caída de Babilonia la Grande constituye un cumplimiento simbólico y de mayor alcance de las palabras de Jeremías contra la antigua Babilonia, como se muestra en las siguientes comparaciones: Jer 50:2—Rev 14:8; Jer 50:8; 51:6, 45—Rev 18:4; Jer 50:15, 29—Rev 18:6, 7; Jer 50:23—Rev 18:8, 15-17; Jer 50:38—Rev 16:12; Jer 50:39, 40; 51:37—Rev 18:2; Jer 51:8—Rev 18:8-10, 15, 19; Jer 51:9, 49, 56—Rev 18:5; Jer 51:12—Rev 17:16, 17; Jer 51:13—Rev 17:1, 15; Jer 51:48—Rev 18:20; Jer 51:55—Rev 18:22, 23; Jer 51:63, 64—Rev 18:21

                                  gomezburgara@hotmail.com
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La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la palabra de nuesro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.  ISAIAS 40;8

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