sábado, 3 de octubre de 2009

Acerquemonos a Jehová. cap,1 al 15 1 Parte

Portada/Página

de los editores

Acerquémonos

a Jehová

Impresión de 2006

La distribución de esta publicación forma parte de una obra mundial de educación bíblica que se sufraga con donaciones voluntarias.

A menos que se indique lo contrario, las citas de la Biblia son de la versión en lenguaje moderno Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con referencias).

Procedencia de las ilustraciones:

▪ Página 49: por gentileza de Anglo-Australian Observatory, fotografía de David Malin

▪ Página 174: U.S. Fish & Wildlife Service (Washington, D.C.)/Wyman Meinzer

▪ Página 243: © J. Heidecker/VIREO

Índice

Capítulo

1 "¡Miren! Este es nuestro Dios" 7

2 ¿De verdad podemos 'acercarnos a Dios'? 16

3 "Santo, santo, santo es Jehová" 26

SECCIÓN

1

"Vigoroso

en poder"

Capítulo

4 'Jehová es grande en poder' 37

5 El poder creador: "el Hacedor del cielo y de la tierra" 47

6 El poder destructivo: "Jehová es persona varonil de guerra" 57

7 El poder protector: "Dios es para nosotros refugio" 67

8 El poder restaurador: Jehová va a "hacer nuevas todas las cosas" 77

9 'Cristo, el poder de Dios' 87

10 'Hagámonos imitadores de Dios' en el uso del poder 97

SECCIÓN

2

"Amador

de la justicia"

Capítulo

11 "Todos sus caminos son justicia" 108

12 "¿Hay injusticia con Dios?" 118

13 "La ley de Jehová es perfecta" 128

14 Jehová provee un "rescate en cambio por muchos" 138

15 Jesús 'establece la justicia en la Tierra' 148

16 Debemos "ejercer justicia" al andar con Dios 158

SECCIÓN

3

"Sabio

de corazón"

Capítulo

17 '¡Oh la profundidad de la sabiduría de Dios!' 169

18 La sabiduría de 'la Palabra de Dios' 179

19 "La sabiduría de Dios en un secreto sagrado" 189

20 "Sabio de corazón", pero humilde 199

21 Jesús revela la "sabiduría procedente de Dios" 209

22 ¿Influye en nuestra vida "la sabiduría de arriba"? 219

SECCIÓN

4

"Dios

es amor"

Capítulo

23 "Él nos amó primero" 231

24 Nada puede "separarnos del amor de Dios" 240

25 "La tierna compasión de nuestro Dios" 250

26 Un Dios "listo para perdonar" 260

27 '¡Oh cuán grande es su bondad!' 270

28 "Solo tú eres leal" 280

29 "Conocer el amor del Cristo" 290

30 'Sigamos andando en amor' 300

31 'Acerquémonos a Dios, y él se acercará a nosotros' 310

Prólogo

Estimado

lector:

¿Se siente cerca de Dios? A muchas personas esa proximidad les parece imposible. Algunas lo ven muy distante, y otras se creen indignas de allegarse a él. Sin embargo, la Biblia contiene esta afectuosa exhortación: "Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes" (Santiago 4:8). Él llega a asegurar a sus siervos: "Yo, Jehová tu Dios, tengo agarrada tu diestra, Aquel que te dice: 'No tengas miedo. Yo mismo ciertamente te ayudaré'" (Isaías 41:13).

¿De qué manera podemos procurar una relación íntima con él? Pues bien, toda amistad se fundamenta en el conocimiento que se tiene del amigo, cuyas peculiaridades se admiran y valoran. De ahí que resulte esencial estudiar los atributos y los caminos de Dios, según se revelan en la Biblia. Si reflexionamos en cómo manifiesta él sus cualidades, cómo las reflejó Jesucristo a la perfección y cómo podemos cultivarlas nosotros, lograremos acercarnos a Jehová. Veremos que es, por derecho propio, el Soberano ideal del entero universo y el Padre que todos necesitamos, ya que es fuerte, justo, sabio y amoroso, y nunca abandona a sus hijos fieles.

Deseamos que este libro le ayude a acercarse cada día más a Jehová Dios, a forjar con él un vínculo inquebrantable que le permita vivir para alabarlo por toda la eternidad.

Los

editores

Capítulo

1

"¡Miren!

Este es nuestro Dios"

¿SE IMAGINA conversando con Dios? Es una idea que impone respeto: ¡el Soberano universal hablando con uno! Al principio usted titubea, pero luego logra responder. Él le escucha, le contesta y hasta le da confianza para preguntar lo que desee. Pues bien: ¿sobre qué va a inquirir?

2

Hace mucho tiempo, un hombre llamado Moisés vivió tal experiencia y decidió plantear una pregunta que tal vez le sorprenda. No se refirió a sí mismo o a su futuro, ni a las desgracias que afligen a la humanidad; más bien, se centró en cuál era el nombre de Dios, algo que resulta un tanto desconcertante en vista de que él ya lo sabía. Es patente que su pregunta debió de tener un sentido más profundo. De hecho, era la cuestión más significativa que pudo haber planteado. La respuesta que obtuvo tiene que ver con todos nosotros y puede ayudarnos a dar un paso fundamental para acercarnos al Creador. ¿De qué modo? Repasemos aquella memorable conversación.

3

Moisés tenía 80 años. Llevaba cuatro décadas apartado de su pueblo, Israel, que vivía esclavizado en Egipto. Cierto día, mientras pastoreaba los rebaños de su suegro, contempló un fenómeno inaudito: una zarza en llamas que, en vez de consumirse, ardía de continuo, brillando como una luz en la montaña. Por consiguiente, se acercó a inspeccionarla. ¡Qué sobresalto tuvo que haber sentido al oír una voz que le dirigía la palabra desde el fuego! Mediante un ángel que sirvió de portavoz celestial, Dios y Moisés hablaron largo y tendido. Como sabemos, el vacilante Moisés recibió órdenes de dejar su vida tranquila y volver a Egipto para liberar a los israelitas (Éxodo 3:1-12).

4

Aunque Moisés pudo haber formulado cualquier pregunta en ese momento, observe la que planteó: "Supongamos que llego ahora a los hijos de Israel y de hecho les digo: 'El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes', y ellos de hecho me dicen: '¿Cuál es su nombre?'. ¿Qué les diré?" (Éxodo 3:13).

5

Lo primero que nos enseña tal pregunta es que Dios tiene nombre. Esta es una verdad a la que no debemos restar importancia. Y, sin embargo, eso es lo que muchos hacen. De hecho, Su nombre propio se ha reemplazado en gran número de versiones bíblicas por títulos como "Señor" y "Dios". Esta sustitución es una de las acciones más desafortunadas y reprobables que se han realizado por motivos religiosos. A fin de cuentas, ¿qué es lo primero que se pregunta al conocer a alguien? ¿Acaso no es el nombre? Ocurre algo parecido cuando se llega a conocer a Dios. No se trata de un ser innominado y distante que escape a nuestro conocimiento o entendimiento. Aunque es invisible, es una persona y tiene nombre: Jehová.

6

Además, al revelar Dios su nombre propio, abre perspectivas maravillosas que nos llenan de emoción. Nos invita a conocerlo y quiere que tomemos la mejor decisión de nuestra vida: acercarnos a él. Pero aparte de manifestarnos su nombre, Jehová nos enseña su significado.

El

significado del nombre divino

7

El Todopoderoso eligió su nombre, un nombre con mucho significado. Jehová quiere decir literalmente "Él Hace que Llegue a Ser". Es cierto que todo le debe la existencia a él, lo cual constituye una realidad que nos infunde reverencia. Pero ¿es este el hecho al que apunta el nombre divino? Como es obvio, Moisés deseaba saber algo más. Para empezar, no se trataba de un nombre nuevo, pues llevaba siglos en uso. En realidad, al preguntar por él, Moisés se refería a la persona que este representaba. Venía a decir: "¿Qué puedo contarle a tu pueblo Israel para fortalecer su fe en ti y convencerlo de que de verdad vas a liberarlo?".

8

Jehová respondió explicando el significado de su nombre. Dijo a Moisés: "Yo resultaré ser lo que resultaré ser" (Éxodo 3:14). Muchas versiones de la Biblia ponen en este pasaje "Yo soy el que soy", pero la lectura cuidadosa que ofrece la Traducción del Nuevo Mundo indica que el Altísimo no se limitó a afirmar su existencia. Más bien, enseñó a Moisés —y por extensión a todos nosotros— las implicaciones de su nombre. Jehová 'resultaría ser', o haría que Él mismo llegara a ser, lo que fuera preciso para cumplir sus promesas. La versión en inglés de J. B. Rotherham traduce atinadamente el versículo: "Yo Llegaré a Ser lo que yo quiera". Una autoridad en hebreo bíblico explica así esta frase: "Sea cual fuere la situación o la necesidad [...], Dios 'llegará a ser' la solución a dicha necesidad".

9

¿Qué significado tuvo esto para los israelitas? Sin importar los obstáculos y apuros que afrontasen, Jehová llegaría a ser lo que fuera preciso para liberarlos de la esclavitud e introducirlos en la Tierra Prometida. Sin duda alguna, aquel nombre infundía confianza en el Creador, y lo mismo puede hacer en nuestro caso (Salmo 9:10). ¿Por qué razón?

10

A modo de ilustración: los padres saben lo polifacéticos y adaptables que deben ser al cuidar a sus hijos. En un mismo día, tal vez desempeñen, entre muchas otras, las funciones de enfermeros, cocineros, maestros, agentes disciplinarios y jueces. A muchos los abruma la gran variedad de cometidos que han de cumplir. Señalan que sus pequeños tienen fe absoluta en ellos y que no dudan que papá y mamá son capaces de curarles más pronto las heridas, zanjar todas las disputas, arreglarles los juguetes rotos y responder a cuanta pregunta surja en su mente inquisitiva. Algunos progenitores se ven muy pequeños, y a veces frustrados, ante sus propias limitaciones. Se sienten ineptos para muchos de estos papeles.

11

Jehová es también un Padre amoroso. Dentro del marco de sus normas perfectas, no hay nada que no pueda llegar a ser a fin de brindar los mejores cuidados a sus hijos terrestres. Así pues, su nombre nos invita a verlo como el Padre ideal (Santiago 1:17). Moisés y los demás israelitas fieles no tardaron en constatar que el Altísimo hace honor a su nombre. Vieron maravillados cómo hacía que él mismo llegara a ser Comandante invencible, Señor de los elementos, Legislador sublime, Juez, Arquitecto, Dador de comida y agua, Preservador de ropa y calzado, y mucho más.

12

De este modo, Dios reveló su nombre propio, explicó su significado e incluso demostró que es una designación idónea. Es innegable que desea que lo conozcamos como persona. Ahora bien, ¿cuál es nuestra reacción? Moisés quiso conocerlo. Ese fue el anhelo que orientó toda su vida y lo llevó a estar muy cerca de su Padre celestial (Números 12:6-8; Hebreos 11:27). Por desgracia, la mayoría de sus contemporáneos no compartieron aquel deseo. Cuando él mencionó por nombre a Jehová ante el Faraón de Egipto, el altivo monarca replicó: "¿Quién es Jehová [...]?" (Éxodo 5:2). No quiso aprender más al respecto y, con aire despectivo, rechazó al Dios de Israel como si fuera alguien insignificante. Tal actitud, nada infrecuente en la actualidad, ciega a la gente, lo que les impide aprender una de las verdades más relevantes: Jehová es el Señor Soberano.

El

Señor Soberano Jehová

13

Jehová es tan polifacético y adaptable, que merece la amplia gama de títulos que le asignan las Escrituras. Pero estos no compiten con su nombre propio, sino que nos revelan más sobre su significado. Por ejemplo, la Biblia lo llama "Señor Soberano Jehová" (2 Samuel 7:22). Este excelso título, que aparece cientos de veces en las Escrituras, destaca su posición como el único ser con derecho a gobernar el universo. Veamos por qué.

14

Jehová es el único Creador. Dice Revelación (Apocalipsis) 4:11: "Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas". Estas solemnes palabras no son aplicables a nadie más, puesto que todo lo que hay en el universo le debe su existencia a él. Sin duda, merece la honra, el poder y la gloria propios de su dignidad de Señor Soberano y Creador de todas las cosas.

15

Otro título exclusivo suyo es "Rey de la eternidad" (1 Timoteo 1:17; Revelación 15:3). ¿Qué implica? Aunque a nuestra mente limitada le cueste comprenderlo, Jehová es eterno, es decir, su existencia es infinita tanto en el pasado como en el futuro. De él dice Salmo 90:2: "Aun de tiempo indefinido a tiempo indefinido tú eres Dios". Por lo tanto, nunca tuvo principio; vive desde siempre. Con razón se le llama "el Anciano de Días", pues existió por tiempo incontable antes de crear cualquier ser o cosa (Daniel 7:9, 13, 22). ¿Quién tiene razones válidas para cuestionar su derecho a ser el Señor Soberano?

16

Con todo, algunos sí lo han cuestionado, como Faraón. Este problema se debe en parte a que el hombre imperfecto se apoya demasiado en lo que percibe mediante el sentido de la vista. Nos resulta imposible contemplar al Señor Soberano, ya que es un ser espiritual, invisible a nuestros ojos (Juan 4:24). Además, si una persona de carne y hueso compareciera ante la presencia inmediata de Jehová Dios, moriría. Así se lo indicó él a Moisés: "No puedes ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y sin embargo vivir" (Éxodo 33:20; Juan 1:18).

17

Este hecho no debería extrañarnos. Moisés solo contempló parte de la gloria de Jehová, por lo visto a través de un ángel que lo representaba. ¿Con qué efecto? Su rostro estuvo 'emitiendo rayos' durante un tiempo después de aquella experiencia, de modo que a los israelitas les daba miedo hasta mirarlo directamente (Éxodo 33:21-23; 34:5-7, 29, 30). Así pues, es patente que un simple ser humano no podría ver al Señor Soberano en la plenitud de su gloria. ¿Se desprende de lo anterior que es menos real que lo visible y palpable? De ningún modo; por ejemplo, aceptamos sin vacilación la existencia de muchas cosas que no podemos ver, como el viento, las ondas de radio y los pensamientos. Por otro lado, Jehová es permanente y no cambia con el paso del tiempo, ni siquiera de un sinnúmero de millones de años. En este sentido, es mucho más real que los objetos perceptibles a la vista o al tacto, puesto que el mundo físico sufre los efectos de la edad y el deterioro (Mateo 6:19). Ahora bien, ¿deberíamos conceptuar al Eterno como una fuerza abstracta carente de personalidad, tal vez una Primera Causa indefinida? Examinemos este asunto.

Un

Dios con personalidad

18

Aunque no podamos ver al Altísimo, la Biblia contiene pasajes emocionantes que nos permiten hacernos una idea del cielo inmaterial. Por ejemplo, el capítulo primero del libro de Ezequiel refiere una visión del profeta en la que la organización celestial de Jehová aparece representada como un enorme carruaje. Impresiona en especial la descripción de los poderosos espíritus que rodean al Creador (Ezequiel 1:4-10). La apariencia de tales "criaturas vivientes", que mantienen una estrecha relación con el Dios al que sirven, aporta datos importantes acerca de él. Cada una posee cuatro caras —de toro, león, águila y hombre—, que al parecer simbolizan las cuatro cualidades principales de la personalidad de Jehová (Revelación 4:6-8, 10).

19

En la Biblia, el toro suele representar el poder, algo muy lógico en vista de su gran fortaleza. El león simboliza la justicia, ya que la auténtica justicia requiere valentía, cualidad por la que es famoso este felino. El águila es célebre por la agudeza de su visión, con la que distingue objetos diminutos a kilómetros de distancia; de ahí que su cara sea un símbolo idóneo de la sabiduría perspicaz de Dios. ¿Y qué quiere decir el rostro de hombre? Pues bien, ya que este fue creado a la imagen del Altísimo, sobresale por su capacidad de reflejar la principal cualidad divina: el amor (Génesis 1:26). Estas facetas de la personalidad de Jehová —poder, justicia, sabiduría y amor— se destacan con tanta frecuencia en las Escrituras que pueden denominarse sus atributos cardinales.

20

¿Debe preocuparnos la posibilidad de que Dios haya cambiado en los miles de años transcurridos desde que las Santas Escrituras describieron su personalidad? No, pues esta es inmutable. Él nos lo asegura: "Yo soy Jehová; no he cambiado" (Malaquías 3:6). En vez de variar arbitrariamente, demuestra que es un Padre ideal por la manera como reacciona ante cada situación: expresa los aspectos de su carácter que sean más adecuados. De sus cuatro atributos fundamentales, el que predomina es el amor, que orienta todas sus acciones. Ejerce con amor su poder, justicia y sabiduría. De hecho, la Biblia señala algo extraordinario acerca de él y de este atributo: "Dios es amor" (1 Juan 4:8). Observamos que no dice que tiene amor ni que es amoroso, sino que es amor. Esta cualidad es su propia esencia y lo motiva en todo lo que hace.

"¡Miren!

Este es nuestro Dios"

21

¿Ha visto alguna vez a un niño señalar a su padre y, con toda inocencia, al tiempo que lleno de orgullo y alegría, decir a sus amigos: "Ese es mi papá"? Los adoradores de Jehová tienen innumerables razones para sentirse así respecto a él. La Biblia predice que llegará el día en que los fieles exclamarán: "¡Miren! Este es nuestro Dios" (Isaías 25:8, 9). Cuanto más conozcamos sus cualidades, más seguros estaremos de tener el mejor Padre de todo el universo.

22

No es un Padre frío, seco o distante, aunque así lo hayan pintado algunos filósofos y guías religiosos severos. No nos atraería acercarnos a semejante Dios; de hecho, no se presenta de este modo en la Biblia, donde, por el contrario, se le llama el "Dios feliz" (1 Timoteo 1:11). Es firme en sus sentimientos, pero también tierno. Se siente "herido en el corazón" cuando sus criaturas inteligentes quebrantan las pautas que ha estipulado para su propio bien (Génesis 6:6; Salmo 78:41). En cambio, cuando nos conducimos con sabiduría, de acuerdo con su Palabra, 'regocijamos su corazón' (Proverbios 27:11).

23

Nuestro Padre quiere que estemos cerca de él. Su Palabra nos insta a 'buscarlo a tientas y verdaderamente hallarlo, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros' (Hechos 17:27). Ahora bien, ¿cómo puede un simple ser humano acercarse al Señor Soberano del universo?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. a) ¿Qué preguntas desearía plantear a Dios? b) ¿Qué le preguntó Moisés?

3, 4. ¿Qué sucesos precedieron a la conversación de Moisés con Dios, y cómo fue, en líneas generales, aquel diálogo?

5, 6. a) ¿Qué verdad esencial extraemos de la pregunta de Moisés? b) ¿Qué atentado se ha cometido contra el nombre propio de Dios? c) ¿Por qué es tan significativo que Dios haya revelado su nombre a la humanidad?

7. a) ¿Qué significa literalmente el nombre propio de Dios? b) En realidad, ¿qué quería saber Moisés cuando le preguntó a Dios su nombre?

8, 9. a) ¿Qué respuesta dio Jehová a Moisés, y por qué es incorrecta la manera como suele traducirse? b) ¿Qué significa la afirmación "Yo resultaré ser lo que resultaré ser"?

10, 11. ¿De qué modo nos invita el nombre de Jehová a verlo como el Padre ideal y el más polifacético? Ilústrelo.

12. ¿Qué diferencia hay entre la actitud de Faraón para con Jehová y la de Moisés?

13, 14. a) ¿Por qué recibe Jehová tantos títulos en la Biblia? Mencione algunos (véase el recuadro de la página 14). b) ¿Por qué es Jehová el único digno de llamarse "Señor Soberano"?

15. ¿Por qué se llama a Jehová "Rey de la eternidad"?

16, 17. a) ¿Por qué nos resulta imposible ver a Jehová, y por qué no debería extrañarnos este hecho? b) ¿En qué sentido es Jehová más real que las cosas visibles o palpables?

18. ¿Qué visión recibió Ezequiel, y qué simbolizan las cuatro caras de las "criaturas vivientes" que están cerca de Jehová?

19. ¿Qué cualidad representa la cara a) de toro? b) de león? c) de águila? d) de hombre?

20. ¿Debe inquietarnos la posibilidad de que haya cambiado la personalidad de Jehová? Explique la razón de su respuesta.

21. ¿Qué seguridad tendremos al conocer mejor las cualidades de Jehová?

22, 23. ¿Qué imagen de nuestro Padre celestial ofrece la Biblia, y cómo sabemos que desea que nos acerquemos a él?

[Recuadro

de la página 14]

Algunos

títulos de Jehová

Todopoderoso.

Su poder es infinito, irresistible (Revelación 15:3).

Padre.

Él, que es fuente de toda la vida, incluida la eterna, ama paternalmente a sus siervos (Proverbios 27:11; Juan 5:21).

Magnífico

Instructor. Es el Maestro sapientísimo, a quien debemos recurrir en busca de enseñanza y dirección (Isaías 30:20; 48:17).

La

Roca. Es inmutable y un refugio seguro (Deuteronomio 32:4).

Pastor.

Guía y ampara a sus "ovejas" —sus siervos— y se encarga de alimentarlas espiritualmente (Salmo 23:1).

[Ilustración

a toda plana de la página 6]

Capítulo

2

¿De

verdad podemos 'acercarnos a Dios'?

¿CÓMO se sentiría si el Creador del cielo y de la Tierra dijera que usted es su amigo? Muchas personas consideran poco probable tal posibilidad. Al fin y al cabo, ¿cómo va a entablar amistad con Jehová un simple ser humano? Sin embargo, la Biblia nos asegura que dicha relación es viable.

2

El patriarca Abrahán fue uno de los personajes de la antigüedad que disfrutaron de intimidad con el Altísimo, pues este lo llamó "mi amigo" (Isaías 41:8). En efecto, Jehová lo consideraba un amigo entrañable. Le concedió gozar de tan estrecha relación porque "puso fe en [él]" (Santiago 2:23). En la actualidad, Jehová también busca oportunidades de 'apegarse' a quienes le sirven por amor (Deuteronomio 10:15). En su Palabra encontramos una exhortación que encierra tanto una invitación como una promesa: "Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes" (Santiago 4:8).

3

Jehová nos invita a acercarnos a él, dado que está dispuesto a aceptarnos. Al mismo tiempo, promete que si damos los pasos necesarios para aproximarnos a él, actuará en correspondencia y se acercará a nosotros. De esta forma obtendremos algo sumamente valioso: "la intimidad con Jehová" (Salmo 25:14). El término hebreo traducido por "intimidad" transmite la idea de conversación confidencial entre dos buenos amigos.

4

¿Tiene usted algún amigo que goce de su total confianza? Si así es, debe de ser una persona que se la ha ganado preocupándose por usted y demostrándole fidelidad. Aumentan las alegrías cuando las comparte con ella, y disminuyen las penas cuando se beneficia de su comprensión. Es alguien que lo entiende, aunque nadie más lo haga. De igual modo, cuando nos acercamos a Dios, llegamos a tener un Amigo especial que nos aprecia de verdad, se interesa profundamente por nosotros y nos comprende a la perfección (Salmo 103:14; 1 Pedro 5:7). Le confiamos nuestros sentimientos más recónditos porque sabemos que es leal con quienes le son leales (Salmo 18:25). Ahora bien, esta privilegiada intimidad la podemos lograr tan solo porque Jehová lo ha hecho posible.

Jehová

ha abierto el camino

5

Puesto que todos pecamos, nunca podríamos acercarnos al Creador por nuestra cuenta (Salmo 5:4). "Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros", escribió el apóstol Pablo (Romanos 5:8). En efecto, Jehová dispuso que Jesús 'diera su alma en rescate en cambio por muchos' (Mateo 20:28). La fe en su sacrificio redentor nos permite ser amigos del Altísimo. Dado que él "nos amó primero", colocó el fundamento necesario para que gozáramos de su amistad (1 Juan 4:19).

6

Jehová ha dado un paso más: nos ha manifestado su modo de ser. La amistad íntima implica saber bien cómo es la persona y apreciarla por sus virtudes y forma de actuar. Por tanto, si Dios fuera un Ser misterioso que escapara a todo conocimiento, jamás podríamos acercarnos a él. Pero en vez de ocultarse, desea que lo conozcamos (Isaías 45:19). Es más, sus revelaciones sobre sí mismo están al alcance de todos, hasta de quienes son considerados insignificantes por el mundo (Mateo 11:25).

7

¿De qué maneras se nos revela Jehová? En sus obras creativas resultan patentes algunos rasgos de su personalidad, como su enorme poder, profunda sabiduría e inmenso amor (Romanos 1:20). Sin embargo, él no solo aporta información sobre sí mismo mediante la creación. El Gran Comunicador también manifiesta cómo es en su Palabra escrita, la Biblia.

Contemplemos

"la agradabilidad de Jehová"

8

La propia Biblia es una prueba del cariño que nos profesa Jehová. Al revelarse en las Escrituras con términos que nos resultan comprensibles, demuestra que nos ama y desea que lo conozcamos y queramos. Este valiosísimo libro nos permite contemplar "la agradabilidad de Jehová" y nos mueve a acercarnos a él (Salmo 90:17). Será reconfortante analizar varias formas en las que Dios se da a conocer en su Palabra.

9

Las Escrituras suelen hacer mención directa de las cualidades divinas. He aquí algunos ejemplos. "Jehová es amador de la justicia." (Salmo 37:28.) Es "sublime en poder" (Job 37:23). "'Soy leal', es la expresión de Jehová." (Jeremías 3:12.) "Es sabio de corazón." (Job 9:4.) Es "un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad" (Éxodo 34:6). "Tú, oh Jehová, eres bueno y estás listo para perdonar." (Salmo 86:5.) Y como indicó el capítulo anterior, se destaca por un atributo: "Dios es amor" (1 Juan 4:8). Al meditar en características tan hermosas, ¿no le atrae este incomparable Dios?

10

Además de indicarnos sus cualidades, Jehová tuvo la benevolencia de referir en su Palabra algunas acciones suyas que las manifiestan. Dichos relatos nos ofrecen una imagen vívida de los distintos aspectos de su personalidad, lo que a su vez nos ayuda a acercarnos a él. Veamos un ejemplo.

11

No es lo mismo leer la declaración de que Dios es "vigoroso en poder" que leer acerca del modo como salvó a los israelitas en el mar Rojo y los cuidó durante cuarenta años en el desierto (Isaías 40:26). Gracias a esta historia visualizamos la división del agitado mar y a la entera nación —tal vez tres millones de almas— cruzando por el lecho seco entre dos enormes muros de agua inmóvil (Éxodo 14:21; 15:8). Vemos pruebas de que Jehová cuidó y protegió a su pueblo en el desierto, pues, por ejemplo, hizo que fluyera agua de un peñasco y le proporcionó un alimento, semejante a semillas blancas, que aparecía en el suelo (Éxodo 16:31; Números 20:11). Este relato no solo demuestra que el Altísimo tiene poder, sino que lo utiliza a favor de su pueblo. ¿Verdad que nos tranquiliza saber que oramos a un Dios poderoso que "es para nosotros refugio y fuerza, una ayuda que puede hallarse prontamente durante angustias"? (Salmo 46:1.)

12

Jehová, que es un espíritu, ha hecho aún más para ayudarnos a conocerlo. Puesto que los seres humanos solo podemos observar las realidades visibles, somos incapaces de ver el mundo espiritual. El que Dios nos hubiese descrito su naturaleza con expresiones propias de dicho mundo habría sido como tratar de explicar a un ciego de nacimiento de qué color tenemos los ojos o cuál es la forma de nuestros lunares. Por ello, nos ayuda bondadosamente a "verlo" usando términos que nos resulten comprensibles. A veces se vale de metáforas y símiles en los que se asemeja a cosas que conocemos bien, e incluso llega a describirse como si tuviera rasgos humanos.

13

Fijémonos en la descripción de Jehová que ofrece Isaías 40:11: "Como pastor pastoreará su propio hato. Con su brazo juntará los corderos; y en su seno los llevará". Este pasaje lo compara a un pastor que recoge a los corderos con "su brazo", imagen que denota su capacidad para proteger y cuidar a sus siervos, hasta a los más vulnerables. Nos sentimos seguros entre sus fuertes brazos, pues sabemos que si le somos leales, nunca nos abandonará (Romanos 8:38, 39). El Gran Pastor lleva a los corderos "en su seno", es decir, en el pliegue de la parte superior de la vestidura, donde a veces se cargaban los corderos recién nacidos. De este modo se nos asegura que Jehová nos aprecia y cuida con ternura, lo que infunde en nosotros el deseo natural de estrechar los vínculos con él.

'El

Hijo está dispuesto a revelarlo'

14

En su Palabra, Jehová revela los aspectos más recónditos de su personalidad mediante su amado Hijo, Jesús. Nadie más podía dar un reflejo tan fiel de sus pensamientos y sentimientos, ni describirlo con tanta viveza. No en vano es su primogénito, por lo que estuvo a su lado antes de la creación de otras criaturas espirituales y del universo físico (Colosenses 1:15). Jesús conocía íntimamente al Altísimo. Por ello pudo decir: "Nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y nadie conoce quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo esté dispuesto a revelarlo" (Lucas 10:22). Durante su existencia humana en la Tierra reveló cómo es su Padre de dos importantes maneras.

15

Primero, Jesús nos ayuda a conocer al Padre por medio de sus enseñanzas. Habló de Jehová de un modo que nos toca el corazón. Así, para explicar que es misericordioso y acoge a los pecadores arrepentidos, lo asemejó a un padre perdonador que, conmovido al ver regresar al hijo pródigo, corre a su encuentro, se abraza a su cuello y lo besa tiernamente (Lucas 15:11-24). Jesús también enseñó que Jehová 'atrae' a las personas de corazón recto porque ama a cada una de ellas (Juan 6:44). Indicó que sabe incluso cuándo cae a tierra un gorrioncillo. "No tengan temor —dijo Jesús—: ustedes valen más que muchos gorriones." (Mateo 10:29, 31.) ¿Cómo no va a atraernos un Dios tan bondadoso?

16

Segundo, Jesús nos ayuda a conocer a Jehová por medio de su ejemplo, pues fue un reflejo tan fiel del Altísimo que pudo decir: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre también" (Juan 14:9). Por consiguiente, cuando leemos en los Evangelios acerca de Cristo —sus sentimientos y el trato que daba a los demás—, observamos, en cierto modo, el vivo retrato de su Padre. Jehová no pudo revelar sus cualidades de manera más clara. ¿Por qué?

17

Para ilustrarlo, imaginémonos que hemos de explicar qué es la bondad. Podemos definirla con palabras; pero si nos referimos al acto bondadoso de alguna persona y lo mostramos como dechado de tal virtud, el término cobra mayor significado y es más fácil de comprender. Algo parecido es lo que ha hecho Jehová para ayudarnos a entender cómo es él. Además de describirse con palabras, nos ha proporcionado el vivo ejemplo de su Hijo, cuyo modo de actuar evidenció las cualidades divinas. Es como si a través de los relatos evangélicos que hablan de Jesús, Dios nos dijera: "Así soy yo". Ahora bien, según las Escrituras inspiradas, ¿qué cualidades manifestó Jesús cuando estuvo en la Tierra?

18

Hallamos en Cristo una hermosa expresión de los cuatro atributos principales de Dios. Tenía poder sobre la enfermedad, el hambre e incluso la muerte; pero, a diferencia de los hombres egoístas que abusan del poder, nunca utilizó sus facultades milagrosas en beneficio propio o para hacer daño (Mateo 4:2-4). Amaba la justicia, por lo que se llenó de recta indignación al ver a los abusivos mercaderes lucrarse con la gente (Mateo 21:12, 13). Trató con imparcialidad a pobres y oprimidos, y los ayudó a 'hallar refrigerio para sus almas' (Mateo 11:4, 5, 28-30). Jesús —quien era "más que Salomón"— manifestó en su doctrina una sabiduría incomparable, aunque nunca alardeó de ello (Mateo 12:42). Sus enseñanzas eran claras, sencillas y prácticas, y por eso llegaban al corazón de la gente común.

19

Jesús fue un ejemplo sublime de amor. Durante su ministerio demostró esta cualidad en sus múltiples facetas, tales como la empatía y la misericordia. No podía presenciar el sufrimiento sin apiadarse, lo que lo llevaba a actuar vez tras vez (Mateo 14:14). Aunque curó a los enfermos y alimentó a los hambrientos, expresó su compasión de una forma mucho más decisiva: ayudando al prójimo a conocer, aceptar y amar la verdad acerca del Reino de Dios, el gobierno que traerá bendiciones permanentes a la humanidad (Marcos 6:34; Lucas 4:43). No obstante, su mayor muestra de amor altruista fue la entrega voluntaria de su alma a favor de otras personas (Juan 15:13).

20

¿No es natural que este hombre tierno, afectuoso y de intensos sentimientos atrajera a gente de todas las edades y antecedentes? (Marcos 10:13-16.) Pues bien, cuando leamos y meditemos sobre el ejemplo vivo de Jesús, tengamos siempre presente que el Hijo es el claro reflejo de su Padre (Hebreos 1:3).

Un

libro de texto que nos ayuda

21

Al revelarse tan claramente en su Palabra, Jehová manifiesta su deseo de que nos acerquemos a él. Al mismo tiempo, no nos obliga a obtener su aprobación y entablar una relación con él. Es responsabilidad nuestra buscarlo "mientras pueda ser hallado", lo que implica aprender su forma de ser y actuar, dada a conocer mediante la Biblia (Isaías 55:6). La finalidad del libro de texto que tiene en sus manos es ayudarle a lograr tal objetivo.

22

Observaremos que este manual se divide en secciones que corresponden a los cuatro atributos cardinales de Jehová: poder, justicia, sabiduría y amor. Todas las secciones comienzan con una exposición general de la cualidad de que tratan, y los capítulos siguientes analizan cómo manifiesta él las diversas facetas de dicha cualidad. Cada una de las cuatro secciones contiene un capítulo que explica cómo ejemplificó Jesús el atributo en cuestión y otro que nos enseña a reflejarlo en nuestra vida.

23

A partir de este capítulo, hay un recuadro especial titulado "Preguntas para meditar". Tomemos como ejemplo el de la página 24. Los textos bíblicos y las preguntas no tienen la finalidad de repasar el capítulo, sino de hacernos reflexionar en otros aspectos importantes relacionados con el tema. ¿Cómo podemos sacar provecho de este recuadro? Busquemos los textos y leámoslos atentamente. A continuación, leamos las preguntas y pensemos cómo responderlas. Podemos realizar algo de investigación. Planteémonos: "¿Qué me enseña esta información acerca de Jehová?, ¿cómo debe influir en mi vida? y ¿cómo puedo utilizarla para ayudar a otras personas?".

24

Este examen nos ayudará a acercarnos cada vez más a Jehová. ¿Por qué? La Biblia relaciona la meditación con el corazón (Salmo 19:14). Cuando reflexionamos con gratitud en lo que aprendemos sobre Dios, dicho conocimiento se graba poco a poco en nuestro corazón figurado, de manera que influye en nuestro modo de pensar y sentir y, en último término, nos incita a actuar. El amor que le tenemos se profundiza, lo que nos lleva a verlo como nuestro mejor Amigo y, por tanto, a desear agradarle (1 Juan 5:3). A fin de entablar una relación así con él, hemos de saber cómo es y cómo actúa. Pero antes analicemos un aspecto de su personalidad que nos proporciona una razón convincente para acercarnos a él: su santidad.

[Notas]

Cabe señalar que la misma palabra que se traduce "intimidad" aparece en Amós 3:7, donde dice que el Señor Soberano Jehová revela su "asunto confidencial" a sus siervos, a quienes comunica de antemano sus propósitos.

Por ejemplo, la Biblia lo presenta como si tuviera rostro, ojos, oídos, nariz, boca, brazos y pies (Salmo 18:15; 27:8; 44:3; Isaías 60:13; Mateo 4:4; 1 Pedro 3:12). Tales expresiones son figurativas y por tanto no hemos de entenderlas al pie de la letra, igual que no interpretamos de forma literal que Jehová sea "la Roca" o un "escudo" (Deuteronomio 32:4; Salmo 84:11).

Preguntas

para meditar

Salmo

15:1-5 ¿Qué espera Jehová de quienes desean ser sus amigos?

Salmo

34:1-18 ¿De quiénes está cerca Jehová, y qué confianza pueden cifrar estos en él?

Salmo

145:18-21 ¿Qué actividad nos acercará a Jehová?

2

 Corintios 6:14–7:1 ¿Qué conducta es esencial para mantener una estrecha relación con Jehová?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. a) ¿Qué idea les parece improbable a muchas personas, pero qué nos garantiza la Biblia? b) ¿De qué estrecha relación se le concedió disfrutar a Abrahán, y por qué?

3. ¿A qué nos invita Jehová, y qué nos promete al respecto?

4. ¿Cómo describiría a un amigo íntimo, y en qué sentido es Jehová así con quienes se acercan a él?

5. ¿Cómo hizo posible Jehová que nos acercáramos a él?

6, 7. a) ¿Cómo sabemos que Jehová no es un Dios misterioso que escape a nuestro conocimiento? b) ¿De qué maneras se revela Jehová?

8. ¿Por qué puede decirse que la Biblia misma da prueba del cariño que nos profesa Jehová?

9. Señale algunos pasajes de las Escrituras que hagan mención directa de las cualidades divinas.

10, 11. a) ¿Qué ha incluido Jehová en su Palabra para ayudarnos a conocer mejor su personalidad? b) ¿Qué historia bíblica nos permite visualizar el poder de Dios en acción?

12. ¿Cómo nos ayuda Jehová a "verlo" utilizando términos que nos resulten comprensibles?

13. ¿Qué imagen de Jehová da Isaías 40:11, y qué sentimientos nos infunde esta?

14. ¿Por qué puede decirse que Jehová revela los aspectos más recónditos de su personalidad mediante Jesús?

15, 16. ¿De qué dos maneras reveló Jesús a su Padre?

17. Ilustre lo que ha hecho Jehová para ayudarnos a conocerlo.

18. ¿Cómo manifestó Jesús el poder, la justicia y la sabiduría divinas?

19, 20. a) ¿Por qué puede decirse que Jesús fue un ejemplo sublime de amor? b) ¿Qué debemos tener presente cuando leemos acerca de Jesús?

21, 22. ¿Qué implica buscar a Jehová, y cómo nos ayuda este libro a hacerlo?

23, 24. a) Explique la finalidad del recuadro especial "Preguntas para meditar". b) ¿Cómo nos ayuda la meditación a acercarnos cada vez más a Dios?

[Ilustración

de la página 19]

La Biblia nos ayuda a acercarnos a Jehová

[Ilustraciones

de la página 21]

Jehová se ha revelado mediante sus creaciones y su Palabra escrita

Capítulo

3

"Santo,

santo, santo es Jehová"

LA ESCENA que Isaías tuvo ante sí —una visión procedente de Dios— era tan real que lo llenó de temor reverente. Más tarde escribió que había "consegu[ido] ver a Jehová" en su trono excelso, y que los vuelos de su manto llenaban el gran templo de Jerusalén (Isaías 6:1, 2).

2

También lo sobrecogieron los sonidos: un canto tan poderoso que sacudía el santuario hasta los cimientos, y cuyos intérpretes eran serafines, criaturas espirituales de muy alto rango. Sus voces, llenas de fuerza, armonía y majestad, cantaban: "Santo, santo, santo es Jehová de los ejércitos. La plenitud de toda la tierra es su gloria" (Isaías 6:3, 4). Aquellas criaturas dieron particular énfasis al calificativo santo al pronunciarlo tres veces; e hicieron bien, porque Jehová lo es en sumo grado (Revelación [Apocalipsis] 4:8). Por toda la Biblia se destaca su santidad, como muestran cientos de versículos que enlazan su nombre con las palabras santo y santidad.

3

Así pues, la santidad es un rasgo primordial del carácter de Jehová que él desea que conozcamos. No obstante, esta idea suscita rechazo en muchas personas. En algunas, porque caen en el error de relacionar dicha cualidad con el fariseísmo o con la falsa piedad; en otras, porque carecen de amor propio, y el hecho de que Dios sea santo tal vez les resulte más intimidante que atrayente, de modo que opinan que nunca serán dignas de acercarse a él. Por estos motivos muchos se alejan de Jehová, lo cual constituye un error lamentable, pues esta virtud divina es una razón de peso para acudir a él. ¿Por qué? Antes de responder, analicemos en qué consiste la verdadera santidad.

¿Qué

es la santidad?

4

La santidad de Dios no implica engreimiento, altivez ni desdén, actitudes que él de hecho detesta (Proverbios 16:5; Santiago 4:6). Entonces, ¿qué significa ser "santo"? El término bíblico hebreo se deriva de un verbo que significa "separar", y se emplea en contextos religiosos para todo lo que se aparta del uso común y se considera sagrado. El sustantivo santidad también transmite claramente las nociones de limpieza y pureza. ¿Cómo le aplica este vocablo a Jehová? ¿Indica que esté "separado", y por lo tanto muy lejos, de los seres humanos imperfectos?

5

De ningún modo, pues Jehová dijo que él, "el Santo de Israel", moraba "en medio de" su pueblo, aunque lo integraran personas pecadoras (Isaías 12:6; Oseas 11:9). De modo que la santidad no lo convierte en un ser distante. ¿En qué sentidos está "separado", entonces? En dos aspectos esenciales. Primero, se distingue de toda la creación porque él, y nadie más, es el Altísimo y posee pureza y limpieza a un grado absoluto e infinito (Salmo 40:5; 83:18). Segundo, se halla aparte de todo lo pecaminoso, lo cual constituye una característica reconfortante. ¿Por qué?

6

Vivimos en un mundo donde escasea la verdadera santidad. Todos los elementos de la humanidad alejada de Dios están contaminados de una forma u otra, manchados por el pecado y la imperfección. Cada persona tiene que combatir el pecado que alberga en su interior y, por tanto, corre peligro de dejar que este la domine si baja la guardia (Romanos 7:15-25; 1 Corintios 10:12). Pero no es así con Jehová, quien está separado por completo del pecado, por lo que jamás sufrirá la más mínima contaminación. Esta realidad lo hace merecedor de total confianza y, en consecuencia, nos confirma que es el Padre ideal. A diferencia de muchos padres pecadores, nunca incurrirá en actos corruptos, disolutos o abusivos, dado que se lo impide la santidad. De hecho, a veces ha llegado a jurar por esta cualidad, ya que no hay nada más fiable (Amós 4:2). ¿Verdad que resulta tranquilizador?

7

La santidad es una cualidad propia de la naturaleza de Jehová. ¿Qué significa esta afirmación? Para ilustrarlo, pensemos en los vocablos hombre e imperfecto. No podemos describir el primero sin evocar el segundo, dado que la imperfección impregna todo nuestro ser e influye en cuanto hacemos. Ahora fijémonos en dos vocablos muy diferentes: Jehová y santo. La santidad es una cualidad intrínseca de Dios, quien es limpio, puro y recto en todo sentido. Así pues, resulta imposible conocerlo tal y como es sin comprender cabalmente el profundo significado de la palabra santo.

"La

santidad pertenece a Jehová"

8

Puesto que Jehová personifica la santidad, podemos decir con acierto que es su fuente. En vez de acapararla, la imparte con generosidad. Por ejemplo, cuando se comunicó con Moisés mediante un ángel en la zarza ardiente, hasta el suelo se santificó al haber estado vinculado al Todopoderoso (Éxodo 3:5).

9

Con la ayuda de Jehová, ¿pueden ser santos los seres humanos imperfectos? Sí, pero en sentido relativo. Dios puso ante su pueblo Israel la perspectiva de convertirse en "nación santa" (Éxodo 19:6). Lo bendijo con un sistema de adoración santo, limpio y puro. De ahí que la santidad sea un tema recurrente en la Ley mosaica. De hecho, todo el pueblo podía ver la reluciente lámina de oro que ostentaba el turbante del sumo sacerdote. En ella aparecía inscrito: "La santidad pertenece a Jehová" (Éxodo 28:36). Así pues, la adoración y la vida de los israelitas debían distinguirse por un elevado nivel de limpieza y pureza. Se les dijo: "Deben resultar santos, porque yo Jehová su Dios soy santo" (Levítico 19:2). Y lo serían, en sentido relativo, en tanto se rigieran por las enseñanzas divinas al grado que se lo permitiera la imperfección.

10

Hay un marcado contraste entre la importancia que recibía la santidad en Israel y el culto pagano de las naciones vecinas, que veneraban dioses totalmente imaginarios, a quienes atribuían un carácter violento, codicioso y promiscuo. Sin duda, eran deidades impuras en todo sentido, y su adoración hacía inmundos a los participantes. Por esta razón, Jehová exhortó a sus siervos a mantenerse separados de los paganos y de sus sucias prácticas religiosas (Levítico 18:24-28; 1 Reyes 11:1, 2).

11

Aun en sus mejores momentos, el pueblo escogido solo pudo ofrecer un pálido reflejo de la santidad de la organización celestial de Jehová, integrada por millones de criaturas espirituales que le sirven con lealtad y a quienes la Biblia denomina sus "santas miríadas" (Deuteronomio 33:2; Judas 14). Tales ángeles reflejan a la perfección la radiante y pura belleza de la santidad divina. Y no olvidemos a los serafines de la visión de Isaías, poderosos espíritus cuya canción denota que desempeñan un importante papel en la proclamación universal de la santidad de Jehová. Pero existe una criatura celestial que los sobrepasa a todos: Jesús, el Hijo unigénito de Jehová, que refleja como nadie Su santidad, por lo que merece la designación "el Santo de Dios" (Juan 6:68, 69).

La

santidad de su nombre y de su espíritu

12

¿Qué puede decirse del nombre divino? Como vimos en el primer capítulo, no es un mero título o etiqueta, sino que representa a Dios con todas sus cualidades. Por tanto, las Escrituras indican que su "nombre es santo" (Isaías 57:15). Y la Ley mosaica estipulaba la pena capital para quien lo profanase (Levítico 24:16). Observe además a qué concedió Jesús la máxima importancia en la oración: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre" (Mateo 6:9). Santificar significa apartar o reservar algo con fines sagrados, hacerlo santo. Ahora bien, ¿por qué es preciso santificar algo tan puro en sí mismo como el nombre divino?

13

La razón es que se ha atacado, mancillado y calumniado ese santo nombre. En Edén, Satanás lanzó falsas acusaciones contra Jehová e insinuó que es un Soberano injusto (Génesis 3:1-5). Desde ese momento, el Diablo, el gobernante de este mundo impuro, se aseguró de esparcir a los cuatro vientos tales mentiras (Juan 8:44; 12:31; Revelación 12:9). Muchas religiones dan a entender que Dios es arbitrario, distante y cruel, y que respalda sus guerras sanguinarias. Por si fuera poco, a menudo se atribuyen las maravillosas creaciones de Jehová al azar ciego de la evolución. En efecto, se ha difamado con saña el nombre divino, por lo que es preciso santificarlo y devolverle su legítima gloria. De ahí que anhelemos la santificación de dicho nombre y la vindicación de la soberanía de Dios, y que deseemos contribuir cuanto podamos a tan glorioso propósito.

14

Hay algo más que guarda estrecha relación con Jehová y que casi siempre se califica de santo: su espíritu, la irresistible fuerza activa que utiliza para llevar a cabo sus designios (Génesis 1:2). Dado que todas las acciones de Dios son santas, puras y limpias, tal fuerza se denomina con justicia espíritu santo o espíritu de la santidad (Lucas 11:13; Romanos 1:4). Blasfemar contra dicho espíritu, lo que implica oposición deliberada a los propósitos divinos, es un pecado imperdonable (Marcos 3:29).

Por

qué nos atrae a Jehová su santidad

15

Así pues, es fácil entender por qué relaciona la Biblia la santidad divina con el temor piadoso del ser humano. Por ejemplo, Salmo 99:3 dice: "Elogien ellos tu nombre. Grande e inspirador de temor, santo es". No se trata de miedo malsano, sino de profunda devoción, de respeto que ennoblece en grado sumo a quien lo siente. Es apropiado, ya que la santidad de Dios —radiante, pura y gloriosa— está muy por encima de nosotros. Con todo, tener un criterio adecuado acerca de esta cualidad de Jehová no nos alejará, sino más bien, nos acercará a él. ¿Por qué?

16

En primer lugar, las Escrituras relacionan lo santo con lo bello. Así, Isaías 63:15 señala que el cielo es la "excelsa morada de santidad y hermosura" de Dios. La belleza nos atrae. Observe, por ejemplo, la lámina de la página 33. ¿No le llama la atención? ¿En qué reside su encanto? Fíjese en lo pura que parece el agua. Hasta el aire debe de estar limpio, porque el cielo es azul y se ven como destellos de luz. Ahora bien, si se modificara el paisaje, de modo que el arroyo estuviera lleno de basura, los árboles y las piedras pintarrajeados y el aire viciado, dejaría de atraernos y, de hecho, nos repelería. En efecto, de forma natural asociamos la belleza con la limpieza, la pureza y la luz, palabras que suelen utilizarse al hablar de la santidad de Jehová. No es de extrañar que nos cautiven las descripciones de nuestro santo Dios que ofrecen las visiones, donde irradia luz o resplandece como el fuego, las gemas o los metales preciosos más relucientes y puros, destacándose así la inmensa belleza y santidad del Creador (Ezequiel 1:25-28; Revelación 4:2, 3).

17

Entonces, ¿debería la santidad de Dios hacernos sentir inferiores? Por supuesto, contestamos que lo somos, y con una diferencia abismal. Pero ¿es este hecho motivo para alejarnos de él? Observemos cómo reaccionó Isaías ante la proclamación de la santidad del Todopoderoso que hacían los serafines: "Procedí a decir: '¡Ay de mí! ¡Pues puedo darme como reducido a silencio, porque hombre inmundo de labios soy, y en medio de un pueblo inmundo de labios moro; pues mis ojos han visto al mismo Rey, Jehová de los ejércitos!'" (Isaías 6:5). Así es, Su infinita santidad le recordó al fiel profeta lo pecador e imperfecto que era. En un principio sintió desolación, pero el Altísimo no lo dejó en ese estado.

18

Un serafín consoló a Isaías en el acto. ¿Cómo? El poderoso espíritu voló hasta el altar, tomó de allí una brasa y le tocó con ella los labios. Aunque parezca más doloroso que reconfortante, recuerde que era una visión llena de simbolismos. Aquel judío fiel sabía que todos los días se ofrecían sacrificios en el altar del templo para expiar los pecados. De modo que el serafín le recordó bondadosamente a Isaías que pese a ser imperfecto, "inmundo de labios", podía tener una condición pura ante Jehová, quien estaba dispuesto a considerar santo, al menos en sentido relativo, a un hombre sujeto a la imperfección y el pecado (Isaías 6:6, 7).

19

Lo mismo sucede hoy. Las ofrendas realizadas en el altar de Jerusalén fueron meras sombras de algo mayor: el sacrificio perfecto de Jesucristo en el año 33 E.C. (Hebreos 9:11-14.) Recibimos el perdón de los pecados si nos arrepentimos con sinceridad, nos enmendamos y ciframos fe en dicho sacrificio (1 Juan 2:2). Así pues, nosotros también podemos tener una condición pura ante Dios. De ahí que el apóstol Pedro nos recuerde: "Está escrito: 'Tienen que ser santos, porque yo soy santo'" (1 Pedro 1:16). Observe que Jehová no dijo que debíamos ser tan santos como él. Nunca nos pide imposibles (Salmo 103:13, 14). Nos dice, más bien, que seamos santos porque él lo es. "Como hijos amados", tratamos de imitarlo lo mejor que nos permite la imperfección (Efesios 5:1). La santificación es un proceso constante. Al ir creciendo nuestra espiritualidad, tratamos día a día de seguir "perfeccionando la santidad" (2 Corintios 7:1).

20

Jehová ama la rectitud y la pureza, pero odia el pecado (Habacuc 1:13). Sin embargo, no nos odia a nosotros. Nos perdona siempre que mantengamos su criterio sobre el pecado —es decir, mientras aborrezcamos el mal y amemos el bien— y luchemos por seguir los pasos perfectos de Cristo (Amós 5:15; 1 Pedro 2:21). Saber que podemos estar limpios a los ojos del Dios santo tiene un profundo efecto en nosotros. Tengamos presente que, al principio, la santidad divina le recordó a Isaías su propia impureza, por lo que exclamó: "¡Ay de mí!". Pero al comprender que sus pecados habían sido expiados, cambió de actitud. Así, cuando Jehová solicitó un voluntario, el profeta, aun sin saber en qué consistiría la misión, respondió al instante: "¡Aquí estoy yo! Envíame a mí" (Isaías 6:5-8).

21

Estamos hechos a la imagen del Dios santo, quien nos ha dotado de cualidades morales y facultades espirituales (Génesis 1:26). Efectivamente, tenemos la capacidad de cultivar la santidad. Si seguimos haciéndolo, Jehová se complacerá en ayudarnos y, mientras tanto, nos acercaremos cada vez más a él. Cuando estudiemos sus cualidades en los siguientes capítulos, veremos que existen muchas razones de peso para acercarnos a Dios.

[Nota]

La expresión "inmundo de labios" es acertada, pues la Biblia a menudo emplea el término labios en sentido figurado con referencia al habla o el idioma. Buena parte de los pecados que cometemos los seres humanos imperfectos está relacionada con el uso de la facultad del habla (Proverbios 10:19; Santiago 3:2, 6).

Preguntas

para meditar

Levítico

19:1-18 ¿Qué principios hemos de aplicar para que nuestra conducta sea santa?

Deuteronomio

23:9-14 ¿Qué relación hay entre limpieza física y santidad? ¿Cómo debe repercutir este hecho en el arreglo personal y de la casa?

Romanos

6:12-23; 12:1-3 Si procuramos ser santos, ¿cómo debemos ver el pecado y las influencias mundanas?

Hebreos

12:12-17 ¿Cómo vamos en pos de la santificación?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Qué visión recibió el profeta Isaías, y qué nos enseña acerca de Jehová?

3. ¿Qué opiniones erróneas sobre la santidad de Jehová inducen a muchos a alejarse de Dios en vez de acercarse a él?

4, 5. a) ¿Qué significa santidad, y qué no implica? b) ¿En qué dos aspectos esenciales está "separado" Jehová?

6. ¿Por qué nos reconforta saber que Jehová está separado por completo del pecado?

7. ¿Por qué puede decirse que la santidad es connatural a Jehová?

8, 9. ¿Qué indica que Jehová ayuda a los seres humanos imperfectos a ser santos en sentido relativo?

10. ¿Qué contraste había en materia de santidad entre el antiguo Israel y las naciones vecinas?

11. ¿Cómo se evidencia la santidad de la organización de Jehová en a) los ángeles? b) los serafines? c) Jesús?

12, 13. a) ¿Por qué es justo decir que el nombre de Dios es santo? b) ¿Por qué debe santificarse el nombre divino?

14. ¿Por qué se califica de santo el espíritu de Dios, y por qué es tan grave blasfemar contra él?

15. ¿Por qué es apropiado que la santidad de Jehová nos inspire temor piadoso, y en qué consiste dicho temor?

16. a) ¿Qué relación hay entre la santidad y la belleza? Dé un ejemplo. b) ¿Cómo resaltan la limpieza, la pureza y la luz las descripciones de Jehová que aparecen en las visiones?

17, 18. a) ¿Cómo se sintió Isaías al principio a raíz de la visión? b) ¿Cómo lo consoló Jehová mediante un serafín, y qué significaba la acción de este?

19. ¿Cómo podemos ser santos en sentido relativo a pesar de nuestra imperfección?

20. a) ¿Por qué es importante tener presente que podemos estar limpios a los ojos del Dios santo? b) ¿Qué efecto tuvo en Isaías conocer que sus pecados habían sido expiados?

21. ¿Qué razones hay para estar seguros de que nos es posible cultivar la santidad?

[Ilustración

de la página 33]

La santidad debe atraernos tanto como la belleza

Capítulo

4

'Jehová

es grande en poder'

ELÍAS ya había contemplado antes maravillas: cuervos que le llevaron comida dos veces al día a su escondite, dos recipientes cuyo contenido de harina y aceite no se agotó durante una larga hambruna e incluso fuego que cayó del cielo en respuesta a su oración (1 Reyes, capítulos 17, 18). Con todo, nunca había visto nada semejante.

2

Acurrucado a la entrada de una cueva del monte Horeb, presenció una serie de sucesos espectaculares. Primero, un vendaval que debió de hacer un ruido ensordecedor, porque era tan fuerte que partía montañas y quebraba peñascos. Luego, un terremoto que liberó extraordinarias fuerzas de la corteza terrestre. Finalmente, un fuego que cundió por la región, por lo que Elías tuvo que sentir el sofocante calor (1 Reyes 19:8-12).

3

Aquellos acontecimientos que vivió Elías tenían un denominador común: eran demostraciones del enorme poder de Jehová. Claro, no es preciso ser testigo de un milagro para comprender que él posee esta cualidad, pues es claramente manifiesta. La Biblia nos indica que la creación da prueba de su "poder sempiterno y Divinidad" (Romanos 1:20). No hay más que pensar en los cegadores relámpagos y resonantes truenos, la magnificencia de una imponente catarata o la sobrecogedora inmensidad de un cielo estrellado. ¿No percibimos en todo ello la fortaleza divina? Sin embargo, en el mundo actual son pocos quienes disciernen este atributo de Dios, y muchos menos quienes saben con exactitud en qué consiste. Si logramos entenderlo, tendremos múltiples razones para acercarnos a él. Por consiguiente, en esta sección efectuaremos un estudio detallado de su incomparable poder.

Atributo

esencial de Jehová

4

El Altísimo es inigualable en potencia. Jeremías 10:6 dice: "De ninguna manera hay alguien semejante a ti, oh Jehová. Tú eres grande, y tu nombre es grande en poderío". Observemos que el poderío se relaciona con el nombre Jehová, el cual, como recordamos, significa "Él Hace que Llegue a Ser". ¿Qué permite a Dios hacer que él mismo llegue a ser lo que decida? Principalmente, su poder. En efecto, su capacidad de actuar, de realizar su voluntad, es infinita y constituye uno de sus atributos esenciales.

5

Dado que nos resulta imposible comprender cabalmente la magnitud de su poder, Jehová ilustra esta cualidad de diversas maneras. Por ejemplo, ya hemos mencionado que simboliza esta cualidad con el toro (Ezequiel 1:4-10). Y es una elección idónea, pues aunque esté domesticado, este animal sigue siendo grande y fuerte. Quienes vivieron en la Palestina de tiempos bíblicos rara vez, si acaso alguna, se enfrentaron a criatura más vigorosa. Pero sí conocían una especie más intimidante, el toro salvaje, o uro, que hoy se encuentra extinto (Job 39:9-12). El emperador romano Julio César indicó que era de talla algo menor que la del elefante. "Grande es su fuerza y velocidad", escribió. Imaginémonos qué pequeños y débiles nos sentiríamos ante tal criatura.

6

De igual modo, los hombres son seres minúsculos e impotentes en comparación con el Dios de poder, Jehová, a cuyos ojos, hasta las grandes naciones son comparables a polvo sobre una balanza (Isaías 40:15). A diferencia de sus criaturas, él tiene poder infinito, y por ello recibe en exclusiva la designación "el Todopoderoso" (Revelación [Apocalipsis] 15:3). Es "vigoroso en poder" y posee "abundancia de energía dinámica" (Isaías 40:26). Constituye la fuente inagotable de poder y no depende de nada externo para obtener energía, pues "la fuerza pertenece a Dios" (Salmo 62:11). Ahora bien, ¿de qué medios se vale para ejercerla?

Cómo

ejerce Jehová su poder

7

De Jehová brota un incesante caudal de espíritu santo, es decir, de poder divino en acción, o, como lo llama Génesis 1:2, de "fuerza activa". Los vocablos bíblicos (en griego y hebreo) que se traducen por "espíritu" pueden verterse en otros contextos "viento", "ráfaga", "soplo" y "aliento". Según los lexicógrafos, estos términos originales transmiten la idea de una fuerza dinámica invisible. El espíritu santo, igual que el aire en movimiento, escapa al ojo humano, pero sus efectos son reales y perceptibles.

8

El espíritu santo es aplicable a un sinnúmero de cometidos, y Jehová lo usa para realizar todos sus propósitos. De ahí que la Biblia lo llame simbólicamente su "dedo", "mano fuerte" o "brazo extendido" (Lucas 11:20; Deuteronomio 5:15; Salmo 8:3). Tal como empleamos la mano para realizar una amplia gama de tareas que requieren diversos grados de fuerza o de delicadeza, Dios utiliza su espíritu para lograr cualquier objetivo, sea crear el infinitesimal átomo, dividir el mar Rojo o facultar milagrosamente a los cristianos del siglo primero para hablar en lenguas extranjeras.

9

Jehová también ejerce su poder valiéndose de su autoridad como Soberano Universal. ¿Nos imaginamos lo que sería disponer de millones de súbditos inteligentes y capaces ansiosos de cumplir nuestras órdenes? Pues él posee tal dominio. Le sirven muchos seres humanos, que en las Escrituras se asemejan a menudo a un ejército (Salmo 68:11; 110:3). Sin embargo, los hombres son débiles en comparación con los ángeles. En una ocasión en que el ejército asirio atacó al pueblo de Dios, bastó un ángel para exterminar a 185.000 soldados en una sola noche (2 Reyes 19:35). En efecto, estos espíritus de Dios son "poderosos en potencia" (Salmo 103:19, 20).

10

¿Cuántos ángeles existen? El profeta Daniel contempló en una visión más de cien millones de criaturas espirituales ante el trono celestial de Jehová, pero nada indica que se tratara de la totalidad (Daniel 7:10). Por consiguiente, su número tal vez ascienda a centenares de millones. Este hecho explica que Dios reciba el título Jehová de los ejércitos, el cual hace referencia a su elevada posición de Comandante de un enorme y bien organizado cuerpo de vigorosos ángeles. Sobre todos ellos ha colocado a su amado Hijo, "el primogénito de toda la creación" (Colosenses 1:15). Dado que Jesús es el arcángel —el jefe de todos los ángeles, serafines y querubines—, es el ser más poderoso que ha creado Jehová.

11

Jehová dispone de otro medio. Hebreos 4:12 dice: "La palabra de Dios es viva, y ejerce poder". ¿Hemos observado la fenomenal potencia de su palabra, es decir, su mensaje inspirado por el espíritu, que ahora se conserva en la Biblia? Es capaz de vivificarnos, fortalecer nuestra fe y ayudarnos a realizar grandes cambios. El apóstol Pablo previno a sus hermanos cristianos contra las personas muy inmorales, y luego añadió: "Sin embargo, eso era lo que algunos de ustedes eran" (1 Corintios 6:9-11). En efecto, "la palabra de Dios" ejerció su poder y los llevó a reformarse.

12

Este atributo de Jehová es tan inmenso y sus medios para ejercerlo tan efectivos, que nada se interpone en su camino. Como dijo Jesús, "para Dios todas las cosas son posibles" (Mateo 19:26). ¿Con qué propósito utiliza su poder?

Utiliza

su poder con un propósito

13

El espíritu santo es inmensamente superior a las fuerzas físicas. Por otro lado, Jehová no es una mera fuente impersonal de energía, sino un Dios personal con pleno control de su poder. Ahora bien, ¿qué lo mueve a usarlo?

14

Como veremos, Jehová se vale del poder para crear, destruir, proteger, restaurar..., en fin, cuanto sea oportuno para sus propósitos perfectos (Isaías 46:10). A veces lo utiliza con el fin de revelar importantes aspectos de su personalidad y normas. Sobre todo, lo encamina a cumplir su voluntad: vindicar su soberanía y santificar su sagrado nombre por medio del Reino mesiánico. Nada frustrará nunca dicho propósito.

15

Dios también utiliza su poder para beneficio de cada uno de nosotros. Notemos lo que dice 2 Crónicas 16:9: "En cuanto a Jehová, sus ojos están discurriendo por toda la tierra para mostrar su fuerza a favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él". Hallamos un claro ejemplo en la experiencia de Elías, mencionada al principio. ¿Por qué recibió aquella imponente demostración de potencia divina? Pues bien, la malvada reina Jezabel había jurado ejecutarlo, así que el profeta tuvo que huir para salvar la vida. Parecía que todos sus afanes habían sido en vano, y se sentía solo, acobardado y desalentado. El Altísimo lo confortó con un vívido recordatorio de Su fuerza. El viento, el terremoto y el fuego le demostraron que contaba con el respaldo del Ser más poderoso del universo. ¿Por qué temer a Jezabel teniendo de su parte al Dios omnipotente? (1 Reyes 19:1-12.)

16

Aunque ya no es tiempo de que efectúe milagros, Jehová no ha cambiado desde la época de Elías (1 Corintios 13:8). Tiene el mismo deseo de usar su fuerza a favor de quienes lo aman. Aunque reside en las alturas, en el mundo espiritual, no está muy lejos de nosotros. Ante su poderío sin límites, la distancia no es obstáculo. Más bien, "Jehová está cerca de todos los que lo invocan" (Salmo 145:18). En cierta ocasión, el profeta Daniel imploró su ayuda, y no había acabado la oración, cuando se le apareció un ángel (Daniel 9:20-23). Nada le impide ayudar y fortalecer a quienes ama (Salmo 118:6).

¿Tan

poderoso que resulta inaccesible?

17

¿Debería el poder de Dios infundirnos temor a su persona? Sí y no. La contestación es afirmativa en el sentido de que este atributo divino nos da múltiples razones para sentir temor piadoso —el profundo respeto reverencial mencionado en el capítulo anterior—, temor que, como indica la Biblia, es "el principio de la sabiduría" (Salmo 111:10). Pero la respuesta también es negativa, ya que su potencia no nos da motivo para tenerle miedo morboso, retraernos y dejar de acercarnos a él.

18

"El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente", escribió lord Acton en 1887. El comentario de este noble inglés se cita a menudo, tal vez porque muchos lo consideran innegable. El ser humano, en su imperfección, suele abusar de la autoridad, como vez tras vez ha confirmado la historia (Eclesiastés 4:1; 8:9). Por ello, no pocos desconfían de los poderosos y les rehúyen. Ahora bien, Jehová posee poder absoluto. ¿Lo ha pervertido en algún sentido? Claro que no. Ya hemos visto que es santo, totalmente incorruptible. No es como los hombres y mujeres imperfectos de este mundo degenerado. Nunca ha abusado de su autoridad y nunca lo hará.

19

Recordemos que el poder no es el único atributo de Jehová. Aún nos quedan por estudiar su justicia, sabiduría y amor. Pero no creamos que él demuestra tales atributos de forma rígida y mecánica, uno por uno. Por el contrario, en los próximos capítulos veremos que siempre ejerce el poder en armonía con la justicia, la sabiduría y el amor. Analicemos otra cualidad divina que pocos gobernantes del mundo manifiestan: autodominio.

20

Imaginémonos a un hombre cuya estatura y fortaleza nos intimidan. Sin embargo, con el tiempo observamos que es amable y nunca da mal uso a sus fuerzas, sino que está siempre dispuesto a emplearlas para ayudar y proteger a sus congéneres, sobre todo a los más indefensos y vulnerables. Aunque se le difama sin causa, mantiene un porte firme, pero calmado, digno y amable. Nos preguntamos si seríamos capaces de actuar con tanta bondad y autodominio, sobre todo si fuéramos igual de robustos. Al ir conociéndolo, ¿no nos atraería este hombre? Pues tenemos muchas más razones para acercarnos al Dios todopoderoso. Examinemos la frase completa en que se basa el título del capítulo: "Jehová es tardo para la cólera y grande en poder" (Nahúm 1:3). Él no se apresura a utilizar su fuerza contra nadie, ni siquiera contra los malvados. Manifiesta apacibilidad y bondad, y ha demostrado que es "tardo para la cólera" frente a un sinnúmero de provocaciones (Salmo 78:37-41).

21

Analicemos el autodominio divino desde otro ángulo. Si tuviéramos poder ilimitado, ¿sentiríamos a veces la tentación de obligar a los demás a actuar en conformidad con nuestros deseos? Pues bien, Jehová, omnipotente como es, no fuerza a las personas a servirle, y eso que es el único modo de obtener vida eterna. Por el contrario, las dignifica concediéndoles libre albedrío. Advierte de las consecuencias de escoger mal y explica las recompensas de hacerlo bien, pero deja la elección en nuestras manos (Deuteronomio 30:19, 20). Sencillamente, no tiene ningún interés en que le sirvamos obligados o por miedo malsano a su impresionante potencia. Busca personas que deseen servirle por voluntad propia, por amor (2 Corintios 9:7).

22

Veamos una última razón para no tener pánico al Dios omnipotente. Los altos cargos humanos suelen ser reacios a compartir su poder. En cambio, Jehová se complace en otorgárselo a sus siervos fieles. Por ello, delega considerable autoridad en otras personas, entre ellas su Hijo (Mateo 28:18). Pero también imparte poder a sus siervos de otra manera. Dice la Biblia: "Tuya, oh Jehová, es la grandeza y el poderío y la hermosura y la excelencia y la dignidad; porque todo lo que hay en los cielos y en la tierra es tuyo [...]; y en tu mano hay poder y potencia, y en tu mano hay facultad para hacer grande y para dar fuerzas a todos" (1 Crónicas 29:11, 12).

23

En efecto, Jehová nos fortalecerá gustoso. Hasta imparte "poder que es más allá de lo normal" a quien desea servirle (2 Corintios 4:7). ¿No nos atrae este Dios dinámico, que emplea su poder con tanta bondad y rigiéndose siempre por sus justos principios? En el próximo capítulo analizaremos cómo se vale de él para crear.

[Notas]

El significado literal del término griego para "Todopoderoso" es "Gobernante Sobre Todo; Aquel Que Tiene Todo el Poder".

La Biblia señala que "Jehová no estaba en el viento" ni "en el temblor" ni "en el fuego". Así pues, sus siervos no lo buscan en las fuerzas naturales, a diferencia de quienes adoran míticos dioses de la naturaleza. Él es tan grande, que ninguna creación puede contenerlo (1 Reyes 8:27).

Preguntas

para meditar

2

 Crónicas 16:7-13 ¿Cómo ilustra el ejemplo del rey Asá la gravedad de desconfiar del poder de Jehová?

Salmo

89:6-18 ¿Qué efecto tiene el poder de Jehová en sus adoradores?

Isaías

40:10-31 Según este pasaje, ¿cómo es el poder de Jehová, qué alcance tiene y de qué forma nos beneficia personalmente?

Revelación

11:16-18 ¿Qué uso promete dar Jehová a su poder en el futuro, y por qué reconforta esta garantía a los cristianos verdaderos?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Qué maravillas había contemplado Elías, y qué sucesos espectaculares presenció desde la cueva del monte Horeb?

3. ¿De qué atributo divino vio demostraciones Elías, y dónde más lo hallamos evidenciado?

4, 5. a) ¿Qué relación existe entre el nombre de Dios y Su poderío? b) ¿Por qué es adecuado que Jehová eligiera al toro como símbolo de su poder?

6. ¿Por qué le corresponde solo a Jehová la designación "el Todopoderoso"?

7. ¿Qué es el espíritu santo de Jehová, y qué idea transmiten los términos originales empleados en las Escrituras?

8. ¿Qué designaciones simbólicas se emplean en la Biblia para referirse al espíritu de Dios, y por qué son adecuadas?

9. ¿Sobre quiénes se extiende el dominio de Jehová?

10. a) ¿Por qué recibe el Todopoderoso el título Jehová de los ejércitos? b) ¿Cuál es el ser más poderoso que ha creado Jehová?

11, 12. a) ¿De qué maneras ejerce poder la palabra de Dios? b) ¿Cómo atestiguó Jesús la magnitud del poder de Jehová?

13, 14. a) ¿Por qué decimos que Jehová no es una fuente impersonal de energía? b) ¿De qué formas utiliza su poder?

15. ¿Con qué propósito emplea Jehová su poder en el caso de sus siervos, y cómo lo demostró con Elías?

16. ¿Por qué nos consuela pensar en el gran poder de Jehová?

17. ¿En qué sentido nos infunde temor el poder de Jehová, pero qué tipo de temor no suscita?

18. a) ¿Por qué desconfían de los poderosos muchas personas? b) ¿Cómo sabemos que el poder no puede corromper a Jehová?

19, 20. a) ¿Qué otras cualidades acompañan siempre al ejercicio del poder de Jehová, y por qué nos reconforta saberlo? b) ¿Cómo ilustraríamos su autodominio, y por qué es atrayente dicha cualidad?

21. ¿Por qué se contiene Jehová de obligar a la gente a hacer su voluntad, y qué nos enseña sobre él este hecho?

22, 23. a) ¿Qué indica que a Jehová le complace otorgar poder a otras personas? b) ¿Qué trataremos en el próximo capítulo?

[Ilustración

de la página 39]

"¡Mire!, Jehová iba pasando"

Capítulo

5

El

poder creador: "el Hacedor del cielo y de la tierra"

¿SE HA acercado alguna vez a una lumbre en una noche fría? Quizás extendió las manos a la distancia precisa para disfrutar del calor de las llamas. Si se aproximó demasiado, la temperatura le resultó insoportable, pero si se quedó muy lejos, el frío aire nocturno lo dejó helado.

2

Existe un "fuego" que nos calienta de día: el Sol, situado a 150 millones de kilómetros de nosotros. ¡Qué potente tiene que ser para que nos llegue su calor desde tan lejos! No obstante, la Tierra gira en torno a este colosal horno termonuclear a la distancia adecuada. Si se aproximara más, se evaporarían las aguas, y si se alejara, se congelarían. Tanto un extremo como el otro borrarían la vida del planeta. En efecto, la luz solar resulta esencial para los seres vivos y es limpia, eficiente y muy agradable (Eclesiastés 11:7).

3

Sin embargo, aunque su vida depende de él, la mayoría de las personas dan por sentado el Sol y por ello pierden de vista las lecciones que nos enseña. La Biblia dice lo siguiente de Jehová: "Preparaste la lumbrera, [...] el sol" (Salmo 74:16). En efecto, este astro honra a Jehová, "el Hacedor del cielo y de la tierra" (Salmo 19:1; 146:6). Pero no es más que uno de los incontables cuerpos celestes que nos revelan el inmenso poder creador de Dios. Examinemos algunos con más detalle y luego dirijamos nuestra atención a la Tierra y la vida que alberga.

"Levanten

los ojos a lo alto y vean"

4

Como es sabido, el Sol es una estrella. Parece mayor que las que vemos de noche porque, comparado con ellas, está cerca de nosotros. ¿Cuánta potencia tiene? En su núcleo registra temperaturas de unos 15.000.000 °C. Si sacáramos de allí un fragmento del tamaño de la cabeza de un alfiler y lo trajéramos a la Tierra, tendríamos que alejarnos de él 140 kilómetros para no recibir daños. En efecto, el Sol emite cada segundo una energía equivalente a la explosión de centenares de millones de bombas atómicas.

5

Este cuerpo estelar es enorme: un millón trescientas mil veces mayor que la Tierra. ¿Es una estrella excepcionalmente grande? No; de hecho, los astrónomos la denominan enana amarilla. Cuando el apóstol Pablo escribió que "estrella difiere de estrella en gloria", no tenía forma de saber lo acertadas que eran aquellas palabras divinamente inspiradas (1 Corintios 15:41). Por citar un caso: existe una tan colosal que si la colocáramos donde se encuentra el Sol, la Tierra quedaría en su interior. Si hiciéramos lo mismo con otro de tales gigantes, abarcaría Saturno, planeta que está tan lejos del nuestro, que una nave espacial tardó cuatro años en llegar allí a pesar de desplazarse cuarenta veces más rápido que una bala disparada desde una pistola potente.

6

Pero más impresionante que el tamaño de las estrellas es su cantidad. La Biblia indica que son casi innumerables, tan difíciles de contar como "la arena del mar" (Jeremías 33:22). Esta afirmación implica que existen muchas más de las que vemos a simple vista. A fin de cuentas, si un escritor bíblico, como Jeremías, hubiese tratado de contarlas de noche, no habría pasado de unos tres millares, pues esas son las que alcanza a ver el ojo humano en el cielo despejado. Dicha cifra sería comparable al número de granos de un puñado de arena. Pero lo cierto es que hay una cantidad abrumadora, como la arena del mar. ¿Quién sería capaz de calcularla?

7

Isaías 40:26 da la respuesta: "Levanten los ojos a lo alto y vean. ¿Quién ha creado estas cosas? Es Aquel que saca el ejército de ellas aun por número, todas las cuales él llama aun por nombre". Y Salmo 147:4 dice: "Está contando el número de las estrellas". ¿Cuántas son? No es fácil contestar esta pregunta. Según ciertos astrónomos, solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay más de cien mil millones. Pero existen muchas más galaxias, que con frecuencia contienen cantidades aún mayores. ¿Cuántas galaxias hay? Los cálculos de los astrónomos oscilan entre cincuenta mil millones y ciento veinticinco mil millones. Así pues, el hombre ni siquiera puede determinar su cifra exacta, y mucho menos cuántos miles de millones de estrellas albergan. Jehová, en cambio, sí lo sabe y, lo que es más, da nombre a cada una de ellas.

8

Nuestro temor reverencial crece aún más al reflexionar sobre las dimensiones de las galaxias. Por ejemplo, se calcula que la Vía Láctea mide en sentido transversal 100.000 años luz, lo que quiere decir que un haz de luz (que viaja vertiginosamente, a 300.000 kilómetros por segundo) tardaría cien mil años en atravesarla de punta a punta. Y hay galaxias muchísimo mayores. Las Escrituras señalan que Jehová 'extiende' los vastos cielos como si fueran simple tela (Salmo 104:2). Él también regula los movimientos de tales creaciones: desde la más ínfima partícula de polvo interestelar a la más grandiosa galaxia, todo se mueve conforme a leyes físicas formuladas y aplicadas por Dios (Job 38:31-33). De ahí que los científicos hayan comparado sus precisos movimientos a la compleja coreografía de un ballet. Pensemos ahora en su Hacedor. ¿No sentimos una gran admiración por el Dios que posee tan inmenso poder creador?

"El

Hacedor de la tierra por su poder"

9

El poder creador de Jehová resulta manifiesto en nuestro hogar, la Tierra, que fue colocada con sumo cuidado en el vasto universo. Algunos científicos creen que muchas galaxias serían inhóspitas para un planeta con vida como el nuestro. Es patente que buena parte de la Vía Láctea no está preparada para albergar seres vivos. El centro registra altos niveles de radiación y se halla abarrotado de estrellas, que muchas veces casi chocan al entrecruzarse. Por otro lado, los bordes carecen de muchos elementos esenciales para la vida. El sistema solar ocupa una ubicación ideal, a salvo de estas circunstancias extremas.

10

La Tierra cuenta con un protector lejano, pero descomunal: Júpiter. Este planeta es más de mil veces mayor que el nuestro y ejerce una potentísima fuerza gravitatoria. ¿Con qué resultado? Absorbe o desvía los objetos que surcan el espacio a alta velocidad. Los científicos creen que, de no ser por él, recibiríamos una lluvia de gigantescos proyectiles cuya intensidad sería diez mil veces mayor que la actual. Más cerca de nuestro hogar contamos con un satélite fuera de lo común: la Luna. Además de ser un hermoso "punto de luz", mantiene constante la inclinación de nuestro planeta, la cual explica la existencia de estaciones estables y predecibles, así como muy propicias para la vida.

11

Todos los detalles del diseño de la Tierra dan testimonio del poder creador de Jehová. Así, cuenta con un escudo protector: la atmósfera. El Sol emite tanto rayos beneficiosos como de carácter letal. Pues bien, cuando estos últimos inciden en las regiones superiores de la atmósfera, el oxígeno se convierte en ozono y se forma una capa que absorbe la mayoría de esta radiación. En efecto, el planeta está resguardado por una cubierta.

12

Este no es más que un aspecto de la atmósfera, compleja mezcla de gases que resulta idónea para las criaturas que viven en la corteza terrestre o cerca de ella. Otra maravilla atmosférica es el ciclo del agua. Cada año, el sol evapora de nuestros mares y océanos más de 400.000 kilómetros cúbicos de agua, que se eleva formando nubes, las cuales circulan por todo el planeta gracias a los vientos. El agua, que ya se encuentra filtrada y depurada, cae como lluvia, nieve y hielo, y de este modo reabastece los depósitos del preciado líquido. Es tal como dice Eclesiastés 1:7: "Todos los torrentes invernales salen al mar; no obstante, el mar mismo no está lleno. Al lugar para donde salen los torrentes invernales, allí regresan para poder salir". Solo Jehová pudo haber puesto en marcha semejante ciclo.

13

Dondequiera que hay vida vemos muestras innegables del poder creador de Jehová: desde las enormes secuoyas de más de treinta pisos de alto hasta las plantas microscópicas que llenan el mar y nos brindan gran parte del oxígeno que respiramos. Incluso el terreno rebosa de vida: lombrices, hongos y microbios, cuya compleja cooperación facilita el crecimiento de las plantas. Con todo acierto dice la Biblia que el suelo tiene poder (Génesis 4:12).

14

Sin duda, Jehová es "El Hacedor de la tierra por su poder" (Jeremías 10:12). Este atributo resulta evidente aun en sus creaciones más diminutas. Para hacernos una idea: si pusiéramos lado a lado un millón de átomos, no alcanzarían el grosor de un cabello. Y aunque ampliáramos un átomo al tamaño de un edificio de catorce pisos, el núcleo sería tan pequeño como un grano de sal situado en el séptimo piso. Sin embargo, en este ínfimo núcleo radica la imponente energía que desatan las explosiones atómicas.

"Toda

cosa que respira"

15

La abundancia de vida animal constituye otra prueba elocuente del poder creador de Jehová. El Salmo 148 enumera muchas cosas que lo alaban, entre las que el versículo 10 incluye "animales salvajes y animales domésticos todos". A fin de mostrar la razón por la que el ser humano debe temerle, en cierta ocasión Dios le habló a Job de criaturas tales como el león, la cebra, el toro salvaje, Behemot (el hipopótamo) y Leviatán (al parecer, el cocodrilo). ¿Cuál era la lección? Si el hombre siente temor ante estas criaturas fuertes, temibles e indomables, ¿cómo debería sentirse ante el Hacedor de tales obras? (Job, capítulos 38-41.)

16

Salmo 148:10 también habla de "pájaros alados". Pensemos tan solo en cuántas variedades existen. Jehová le mencionó a Job el avestruz, que "se ríe del caballo y de su jinete". En efecto, aunque no vuela, esta ave de dos metros y medio de altura corre a una velocidad de hasta 65 kilómetros por hora y llega a abarcar cuatro metros y medio en una sola zancada (Job 39:13, 18). El albatros, por su parte, pasa la mayor parte del tiempo sobrevolando el océano, gracias a sus alas de tres metros de envergadura. Este extraordinario planeador se desplaza durante horas por el aire sin dar un solo aleteo. Muy diferente es el colibrí abeja, el pájaro más pequeño del planeta, que con tan solo cinco centímetros de longitud llega a batir las alas ochenta veces por segundo. Además, los colibríes en general no solo relucen como pequeñas gemas aladas, sino que son capaces de quedarse suspendidos en el aire, como un helicóptero, e incluso volar hacia atrás.

17

Salmo 148:7 dice que hasta los "monstruos marinos" alaban a Jehová. Pensemos en el que mucha gente considera el animal más grande que haya vivido en el planeta: la ballena azul. Este "monstruo" de las profundidades llega a superar los 30 metros de longitud y alcanza a pesar tanto como treinta elefantes adultos juntos. De hecho, la lengua tiene el peso de uno de estos paquidermos. El corazón, del tamaño de un automóvil pequeño, mantiene un ritmo de solo nueve latidos por minuto, frente a los 1.200 del corazón del colibrí. Uno de los vasos sanguíneos de este cetáceo es tan grande que un niño podría gatear por su interior. En nuestro caso, el corazón seguramente nos impulsa a hacernos eco de la exhortación que cierra el libro de los Salmos: "Toda cosa que respira... alabe a Jah" (Salmo 150:6).

Lecciones

que aprendemos del poder creador de Jehová

18

¿Qué nos enseña el uso que da Jehová a su poder creador? La diversidad que manifiesta la naturaleza nos llena de asombro. Un salmista exclamó: "¡Cuántas son tus obras, oh Jehová! [...] La tierra está llena de tus producciones" (Salmo 104:24). ¡Qué gran verdad! La biología ha catalogado más de un millón de especies que pueblan el mundo, aunque hay opiniones de que pudieran ser diez millones, treinta millones o incluso más. A diferencia del hombre, cuya capacidad artística e imaginativa sufre bloqueos temporales, Jehová posee una creatividad —la facultad de inventar y crear cosas nuevas muy diversas— claramente inagotable.

19

Al examinar qué uso le da Jehová a su poder creador, aprendemos una lección sobre su soberanía. La designación "Creador" lo distingue de cuanto existe en el universo, todo lo cual es "creación" suya. Ni siquiera el Hijo unigénito de Jehová, quien actuó como "obrero maestro" durante la creación, recibe nunca en las Escrituras el título de Creador o Cocreador (Proverbios 8:30; Mateo 19:4). Más bien, es "el primogénito de toda la creación" (Colosenses 1:15). La posición que ocupa Jehová como Creador le otorga el derecho intrínseco a ejercer en exclusiva su poder soberano en todo el universo (Romanos 1:20; Revelación [Apocalipsis] 4:11).

20

¿Ha dejado Jehová de ejercer su poder creador? Pues bien, la Biblia señala que cuando terminó sus labores del sexto día de la creación, "procedió a descansar en el día séptimo de toda su obra que había hecho" (Génesis 2:2). El apóstol Pablo indicó que el séptimo "día" se extiende a lo largo de milenios, pues aún se hallaba en curso en sus tiempos (Hebreos 4:3-6). Pero ¿implica el verbo "descansar" que Jehová dejara por completo de realizar labor alguna? No, pues él no deja nunca de trabajar (Salmo 92:4; Juan 5:17). Por tanto, el citado descanso debe referirse al cese de las labores de creación material que tenían lugar en la Tierra. Sin embargo, ha continuado sin interrupción la obra divina de cumplir Sus propósitos, lo que incluye inspirar las Santas Escrituras e incluso producir "una nueva creación", como veremos en el capítulo 19 (2 Corintios 5:17).

21

Cuando termine su día de descanso, Jehová tendrá razón para señalar que todo lo que ha realizado en la Tierra es "muy bueno", tal como hizo al final de los seis días creativos (Génesis 1:31). Queda por ver el uso que decida dar después a su infinito poder creador, que en cualquier caso estamos seguros de que nos seguirá fascinando. La creación continuará enseñándonos lecciones sobre Jehová por toda la eternidad (Eclesiastés 3:11). Y cuanto más aprendamos acerca de nuestro Gran Creador, tanto mayor será el temor reverencial que le tendremos y tanto más cerca nos sentiremos de él.

[Notas]

Para asimilar mejor tan astronómica distancia, pensemos en que, a una velocidad de 160 kilómetros por hora y sin detenerse las veinticuatro horas del día, un automóvil tardaría en recorrerla más de cien años.

Hay quienes creen que en tiempos bíblicos existían telescopios rudimentarios, pues, según ellos, ¿de qué otro modo habrían sabido que el número de estrellas nos resulta incalculable? Tales teorías infundadas no tienen para nada en cuenta a Jehová, el Autor de la Biblia (2 Timoteo 3:16).

Pensemos en cuánto tiempo tardaría una persona en contar solo 100.000 millones de estrellas: a un ritmo de una por segundo, las veinticuatro horas del día, le tomaría tres mil ciento setenta y un años.

Preguntas

para meditar

Salmo

8:3-9 ¿Qué lección de humildad nos da la creación?

Salmo

19:1-6 ¿A qué nos debe incitar el poder creador de Jehová, y por qué razón?

Mateo

6:25-34 ¿Cómo nos ayuda a combatir la ansiedad y a fijar las prioridades meditar en el poder creador de Jehová?

Hechos

17:22-31 ¿Cómo nos enseña el uso que da Dios al poder creador que la idolatría está mal y que él está cerca de nosotros?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Cómo demuestra el Sol el poder creador de Jehová?

3. ¿De qué importante verdad da testimonio el Sol?

4, 5. ¿Qué potencia tiene el Sol, cuál es su tamaño y cómo es en comparación con otras estrellas?

6. ¿Cómo indica la Biblia que el número de estrellas resulta extraordinario para el ser humano?

7. a) Indique el número aproximado de estrellas que contiene la Vía Láctea y si es comparativamente elevado. b) ¿Por qué es significativo que a los astrónomos les resulte difícil contar las galaxias, y qué nos enseña este hecho sobre el poder creador de Jehová?

8. a) ¿Cómo ilustraría las dimensiones de la Vía Láctea? b) ¿Cómo regula Jehová los movimientos de los cuerpos celestes?

9, 10. ¿Cómo evidencia el poder de Jehová la ubicación de la Tierra, Júpiter, la Luna y el sistema solar?

11. ¿Cómo está preparada la atmósfera como escudo protector?

12. ¿Cómo ilustra el ciclo del agua el poder creador de Jehová?

13. ¿Qué muestras del poder del Creador vemos en la vegetación y el terreno?

14. ¿Qué energía se halla latente aun en el minúsculo átomo?

15. ¿Qué lección enseñó Jehová a Job al hablar de varios animales salvajes?

16. ¿Qué le impresiona más de algunas creaciones aladas de Jehová?

17. ¿Qué tamaño alcanza la ballena azul, y a qué conclusión lógica deberíamos llegar al examinar la creación animal de Jehová?

18, 19. ¿Cuánta diversidad existe entre los seres que ha creado Jehová en nuestro planeta, y qué nos enseña la creación sobre Su soberanía?

20. ¿En qué sentido ha descansado Jehová desde que terminó su creación terrestre?

21. ¿Cómo influirá eternamente el poder creador de Jehová en los seres humanos fieles?

[Ilustración

de la página 48]

Jehová 'preparó la lumbrera, el sol'

[Ilustración

de la página 49]

'A todas ellas las llama por nombre'

Capítulo

6

El

poder destructivo: "Jehová es persona varonil de guerra"

LOS israelitas se encuentran encerrados entre inaccesibles precipicios montañosos y un profundo mar, acosados por una despiadada máquina de exterminio, el ejército egipcio, que se dispone a aniquilarlos. Pero Moisés exhorta al pueblo a no desesperarse y les asegura: "Jehová mismo peleará por ustedes" (Éxodo 14:14).

2

Con todo, parece que Moisés invoca a Dios, quien le responde: "¿Por qué sigues clamando a mí? [...] [A]lza tu vara y extiende tu mano sobre el mar y pártelo" (Éxodo 14:15, 16). Imaginémonos lo que sucede a continuación. De inmediato, Jehová da órdenes a su ángel, y la columna de nube se traslada a la retaguardia israelita, donde tal vez forma una especie de pared que frena el avance de las líneas egipcias (Éxodo 14:19, 20; Salmo 105:39). Luego, Moisés alarga la mano; el mar, impulsado por un vendaval, procede a dividirse. De algún modo, las aguas se cuajan y permanecen como dos muros, entre los cuales se abre una senda tan ancha que permite el paso de la nación entera (Éxodo 14:21; 15:8).

3

Ante tal demostración de fuerza, el Faraón haría bien en disponer la retirada; pero, dominado por la soberbia, da la voz de atacar (Éxodo 14:23). Los egipcios emprenden la persecución por el lecho marino, donde la carga de las tropas no tarda en disolverse caóticamente, pues comienzan a salirse las ruedas de los carros. Ya con los israelitas a salvo en la otra orilla, Jehová manda a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan sobre los egipcios, sus carros de guerra y sus soldados de caballería". Los muros acuosos se derrumban, sepultando al monarca y sus huestes (Éxodo 14:24-28; Salmo 136:15).

4

La liberación de Israel en el mar Rojo constituye un hecho trascendental en la historia de las relaciones de Dios con la humanidad. En aquel lugar demostró ser una "persona varonil de guerra" (Éxodo 15:3). Ahora bien, ¿cómo reaccionamos ante esta representación de Jehová? Hay que admitir que los conflictos bélicos acarrean muchos dolores y sufrimientos al ser humano; por ello, algunas personas pudieran pensar que el uso que Dios hace del poder destructivo las incita más a alejarse que a acercarse a él.

Diferencias

entre las guerras divinas y las humanas

5

El título divino "Jehová de los ejércitos" se utiliza casi trescientas veces en las Escrituras Hebreas y dos en las Escrituras Griegas Cristianas (1 Samuel 1:11). Como Soberano, Jehová comanda un extenso ejército de ángeles, cuyo potencial destructivo es impresionante (Josué 5:13-15; 1 Reyes 22:19; Isaías 37:36). Aunque la muerte de seres humanos nunca sea una escena grata, debemos recordar que las guerras divinas no son comparables a los mezquinos conflictos humanos. Las agresiones del hombre siempre están marcadas por la codicia y el egoísmo, por mucho que las justifiquen políticos y militares alegando motivos nobles.

6

Jehová, en cambio, no actúa cegado por las emociones. De él dice Deuteronomio 32:4: "La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él". Además, condena en su Palabra la furia incontrolada, la crueldad y la violencia (Génesis 49:7; Salmo 11:5). Nunca actúa sin causa, y ejerce su poder destructivo en contadas ocasiones, siempre como último recurso. Por boca del profeta Ezequiel reveló su sentir: "¿Acaso me deleito de manera alguna en la muerte de alguien inicuo —es la expresión del Señor Soberano Jehová—, y no en que se vuelva de sus caminos y realmente siga viviendo?" (Ezequiel 18:23).

7

Entonces, ¿por qué recurre Jehová al poder destructivo? Antes de contestar esta pregunta, haríamos bien en reflexionar sobre el caso de Job. Satanás lanzó el desafío de que este justo —y en realidad cualquier ser humano— sería incapaz de mantenerse íntegro si se le sometía a prueba. Jehová respondió al reto del Diablo permitiéndole probar la integridad de Job, quien como consecuencia perdió la salud, las riquezas e incluso a sus hijos (Job 1:1–2:8). Dado que este desconocía las cuestiones implicadas, dedujo erróneamente que sufría un castigo injusto de parte de Dios, a quien preguntó por qué lo había convertido en "blanco" de ataque y "enemigo" suyo (Job 7:20; 13:24).

8

Un joven llamado Elihú expuso así el error del razonamiento de Job: "Has dicho: 'Mi justicia es más que la de Dios'" (Job 35:2). Obviamente, sería insensato creernos más sabios que Jehová o pensar que su actuación es contraria a la rectitud. "¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente!", dijo Elihú, quien más tarde añadió: "En cuanto al Todopoderoso, no lo hemos sondeado; es sublime en poder, y el derecho y la abundancia de justicia él no menosprecia" (Job 34:10; 36:22, 23; 37:23). Podemos estar seguros de que cuando entabla combate, lo hace con motivos válidos. Teniendo presente este hecho, examinemos algunas razones por las que el Dios de la paz asume a veces el papel de guerrero (1 Corintios 14:33).

Por

qué tiene que pelear el Dios de la paz

9

Después de alabar al Altísimo como "persona varonil de guerra", Moisés exclamó: "¿Quién entre los dioses es como tú, oh Jehová? ¿Quién es como tú, que resultas poderoso en santidad?" (Éxodo 15:11). De igual manera, el profeta Habacuc escribió: "Tú eres de ojos demasiado puros para ver lo que es malo; y mirar a penoso afán no puedes" (Habacuc 1:13). Así pues, aunque Jehová es amor, también es Dios de santidad y justicia, cualidades que en ocasiones lo obligan a hacer uso de su poder destructivo (Isaías 59:15-19; Lucas 18:7). Por lo tanto, no mancilla su santidad cuando pelea. Más bien, combate porque es santo (Éxodo 39:30).

10

Examinemos la situación que se planteó al rebelarse contra Dios nuestros primeros padres, Adán y Eva (Génesis 3:1-6). Si Jehová hubiera tolerado la injusticia que acababan de cometer, habría minado su propia posición como Soberano Universal. Al ser un Dios justo, tenía el deber de condenarlos a muerte (Romanos 6:23). En la primera profecía de las Escrituras predijo que habría enemistad entre sus siervos y los partidarios de "la serpiente", el Diablo (Revelación [Apocalipsis] 12:9; Génesis 3:15). En último término, solo podría ponerse fin a tal hostilidad aplastando a Satanás (Romanos 16:20). Pero este castigo supondría grandes bendiciones para la humanidad justa, dado que libraría a la Tierra de la influencia demoníaca y abriría el camino a un paraíso mundial (Mateo 19:28). Entretanto, los secuaces de Satanás representarían una amenaza constante para la integridad física y espiritual de los siervos de Jehová, quien a veces tendría que intervenir.

Dios

actúa para eliminar la maldad

11

Una de tales intervenciones fue el Diluvio de Noé. Génesis 6:11, 12 dice: "La tierra llegó a estar arruinada a la vista del Dios verdadero, y la tierra se llenó de violencia. De modo que Dios vio la tierra y, ¡mire!, estaba arruinada, porque toda carne había arruinado su camino sobre la tierra". ¿Permitiría Jehová que los malvados aniquilaran hasta el último vestigio de moralidad que quedaba en el mundo? No, y por ello se vio forzado a enviar el diluvio universal, que borraría del planeta a las personas violentas e inmorales.

12

Otro caso semejante es el juicio divino contra los cananeos. Jehová reveló que por la línea de Abrahán vendría una descendencia mediante la cual se bendecirían todas las familias de la Tierra. En conformidad con tal propósito, decretó que la progenie de Abrahán recibiera la tierra de Canaán, en la que ya vivían los amorreos. ¿Qué razón podía tener para sacarlos de su propio país a la fuerza? Dios profetizó que no los desalojaría sino hasta cuatrocientos años después, cuando hubiese "quedado completo el error de los amorreos" (Génesis 12:1-3; 13:14, 15; 15:13, 16; 22:18). Durante ese plazo, ellos se sumieron cada vez más en la corrupción moral. Canaán se convirtió en un país plagado por la idolatría, la violencia sanguinaria y la degradación sexual (Éxodo 23:24; 34:12, 13; Números 33:52). Sus habitantes llegaron a sacrificar a sus hijos en el fuego. ¿Podía un Dios santo exponer a su pueblo a tales perversidades? De ningún modo. Por ello declaró: "La tierra está inmunda, y traeré sobre ella castigo por su error, y la tierra vomitará a sus habitantes" (Levítico 18:21-25). Pero no hizo un exterminio indiscriminado, sino que perdonó la vida a algunos cananeos que manifestaron buena disposición, entre ellos Rahab y los gabaonitas (Josué 6:25; 9:3-27).

Combate

a favor de su nombre

13

Jehová es santo y, en consecuencia, también lo es su nombre (Levítico 22:32). De hecho, Jesús enseñó a sus discípulos a pedir en oración: "Santificado sea tu nombre" (Mateo 6:9). La rebelión edénica profanó el nombre de Dios, pues puso en tela de juicio su reputación y forma de gobernar. Dado que él no podía pasar por alto tales calumnias ni tal rebelión, se vio en la necesidad de limpiar su nombre de todo descrédito (Isaías 48:11).

14

Volvamos de nuevo a los israelitas. Mientras vivían en esclavitud en Egipto, parecía vana la promesa divina que recibió Abrahán, a saber, que mediante su descendencia se bendecirían todas las familias de la Tierra. Pero cuando Jehová los liberó y constituyó en nación, limpió Su nombre de todo descrédito. En una súplica, el profeta Daniel recordó: "Oh Jehová nuestro Dios, tú [...] sacaste a tu pueblo de la tierra de Egipto por mano fuerte y procediste a hacer un nombre para ti" (Daniel 9:15).

15

Cabe señalar que Daniel elevó esta oración en un momento en el cual los judíos necesitaban que Jehová volviese a actuar por causa de Su nombre. Habían sido desobedientes y se encontraban cautivos, esta vez en Babilonia; entretanto, su capital, Jerusalén, yacía desolada. Daniel sabía que si regresaban a su patria, se engrandecería el nombre divino, de modo que rogó: "Oh Jehová, sí perdona. Oh Jehová, sí presta atención y actúa. No tardes, por causa de ti mismo, oh Dios mío, porque tu propio nombre ha sido llamado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo" (Daniel 9:18, 19).

Combate

a favor de su pueblo

16

¿Indica el empeño con que Jehová defiende su nombre que sea un Dios frío y egocéntrico? No, pues al actuar en armonía con su santidad y amor a la justicia, protege a su pueblo. Veamos el capítulo 14 de Génesis. Cuenta que cuatro reyes invasores raptaron a Lot, sobrino de Abrahán, y su familia; pero, con la ayuda divina, Abrahán logró una victoria aplastante sobre fuerzas muy superiores a las suyas. Es probable que el relato de este triunfo fuese el primero que se consignó en "el libro de las Guerras de Jehová", que al parecer también recogía batallas que no menciona la Biblia (Números 21:14). Pero habría muchas más victorias.

17

Poco antes de que los israelitas entraran en la tierra de Canaán, Moisés les dio esta garantía: "Jehová su Dios es el que va delante de ustedes. Él peleará por ustedes conforme a todo lo que hizo con ustedes en Egipto" (Deuteronomio 1:30; 20:1). Comenzando con el sucesor de Moisés, Josué, y siguiendo con la época de los jueces y el gobierno de los reyes fieles de Judá, el Altísimo luchó por su pueblo y le otorgó grandes triunfos sobre sus enemigos (Josué 10:1-14; Jueces 4:12-17; 2 Samuel 5:17-21).

18

Dios no ha cambiado, ni tampoco su propósito de convertir este planeta en un pacífico paraíso (Génesis 1:27, 28). Aún odia la maldad, pero al mismo tiempo quiere mucho a su pueblo y pronto actuará a favor suyo (Salmo 11:7). En efecto, esperamos que en el futuro cercano culmine violentamente la enemistad de que habla Génesis 3:15. Con objeto de santificar su nombre y proteger a sus siervos, Jehová será una vez más una "persona varonil de guerra" (Zacarías 14:3; Revelación 16:14, 16).

19

Para ilustrarlo, imaginémonos que un padre ve a una fiera salvaje atacar a los suyos, de modo que interviene y la mata. ¿Creemos que se indignarían la esposa y los hijos por tal acción? Todo lo contrario. Cabe esperar que los conmoviera su amor y abnegación. De igual modo, no debería indignarnos el uso que Jehová da a su poder destructivo. Más bien, al comprender lo dispuesto que está a pelear para protegernos, deberíamos cobrarle más cariño y sentir mayor respeto por su infinito poder. De esta manera, podemos "rendir a Dios servicio sagrado [...] con temor piadoso y reverencia" (Hebreos 12:28).

Acerquémonos

a la "persona varonil de guerra"

20

Claro, la Biblia no siempre explica con detalle las decisiones de Jehová tocante a sus guerras. Pero hay algo de lo que podemos estar seguros: nunca ejerce su poder destructivo de forma injusta, arbitraria ni cruel. En muchas ocasiones veremos el asunto con objetividad si examinamos el contexto del relato o algunos datos históricos (Proverbios 18:13). Aunque nos falten detalles, disiparemos las dudas si llegamos a conocer mejor a Jehová y meditamos sobre sus preciosas cualidades. De este modo descubriremos que existen fundados motivos para confiar en nuestro Dios (Job 34:12).

21

Aunque Jehová es una "persona varonil de guerra" cuando lo exigen las circunstancias, no es de ánimo belicoso. Ezequiel tuvo una visión del carruaje celestial en la que Jehová aparece listo para combatir contra sus enemigos, pero rodeado de un arco iris, que simboliza la paz (Génesis 9:13; Ezequiel 1:28; Revelación 4:3). Obviamente tiene un carácter calmado y apacible. Como escribió el apóstol Juan, "Dios es amor" (1 Juan 4:8). Todas sus cualidades se encuentran en perfecto equilibrio. Por lo tanto, es un gran privilegio acercarse a un Dios tan poderoso y, a la vez, tan amoroso.

[Notas]

Según el historiador judío Flavio Josefo, "los perseguidores tenían seiscientos carros y eran cincuenta mil hombres a caballo y doscientos mil a pie, todos armados" (Antigüedades Judías, II, XV, 3 [324]).

Todo indica que el término "amorreos" abarca en este pasaje a todos los pueblos de Canaán (Deuteronomio 1:6-8, 19-21, 27; Josué 24:15, 18).

Preguntas

para meditar

2

 Reyes 6:8-17 ¿Cómo nos anima en tiempos difíciles saber que Dios desempeña el papel de "Jehová de los ejércitos"?

Ezequiel

33:10-20 Antes de recurrir a su poder destructivo, ¿qué misericordiosa oportunidad brinda Jehová a quienes desobedecen su ley?

2

 Tesalonicenses 1:6-10 ¿Qué alivio significará para los siervos fieles de Dios la destrucción de los malvados?

2

 Pedro 2:4-13 ¿Qué mueve a Jehová a ejercer su poder destructivo, y qué lecciones encierra este hecho para la humanidad?

[Preguntas

del estudio]

1-3. a) ¿Qué peligro corrían los israelitas a manos de los egipcios? b) ¿De qué forma luchó Jehová a favor de su pueblo?

4. a) ¿Qué demostró ser Jehová en el mar Rojo? b) ¿Cómo pudieran reaccionar algunas personas ante esta representación de Jehová?

5, 6. a) ¿Por qué es adecuado llamar a Dios "Jehová de los ejércitos"? b) ¿Qué diferencia hay entre las guerras divinas y las humanas?

7, 8. a) ¿Qué deducción errónea hizo Job sobre el origen de sus sufrimientos? b) ¿Cómo corrigió Elihú el razonamiento de Job sobre este particular? c) ¿Qué lección aprendemos de la experiencia de Job?

9. ¿Por qué razón lucha el Dios de la paz?

10. a) ¿Cuándo y cómo se presentó por primera vez la necesidad de que Dios combatiera? b) ¿De qué única forma se pondría fin a la enemistad predicha en Génesis 3:15, y qué beneficios recibiría la humanidad justa?

11. ¿Por qué se vio forzado Dios a enviar el Diluvio universal?

12. a) ¿Qué predijo Jehová acerca de la descendencia de Abrahán? b) ¿Por qué debían ser exterminados los amorreos?

13, 14. a) ¿Por qué se vio obligado Jehová a santificar su nombre? b) ¿Cómo limpió Jehová su nombre de todo descrédito?

15. ¿Por qué rescató Jehová a los judíos cautivos en Babilonia?

16. ¿Por qué no indica el empeño con que Jehová defiende su nombre que sea un Dios frío y egocéntrico?

17. ¿Qué muestra que Jehová peleó a favor de los israelitas después de su entrada en la tierra de Canaán? Dé ejemplos.

18. a) ¿Por qué debemos agradecer que Jehová no haya cambiado? b) ¿Qué sucederá cuando culmine la enemistad descrita en Génesis 3:15?

19. a) Ilustre cómo nos mueve a acercarnos a Dios meditar en el uso que da a su poder destructivo. b) ¿Cómo deberíamos reaccionar al saber lo dispuesto que está Dios a pelear a favor de nosotros?

20. Cuando no comprendemos a plenitud el relato de alguna guerra divina, ¿cuál debería ser nuestra reacción, y por qué?

21. Aunque Jehová es a veces una "persona varonil de guerra", ¿cuál es su disposición de ánimo?

[Ilustración

de la página 58]

En el mar Rojo, Jehová demostró ser una "persona varonil de guerra"

Capítulo

7

El

poder protector: "Dios es para nosotros refugio"

EN LA primera parte del año 1513 a.E.C., los israelitas afrontaban graves peligros. Al penetrar en la región del Sinaí, emprendían un viaje intimidante por un "grande y terrible desierto, lleno de serpientes venenosas y escorpiones" (Deuteronomio 8:15, Versión Popular). Además, se exponían a sufrir ataques de naciones hostiles. Dado que quien los había conducido a dicha situación era su Dios, Jehová, ¿tendría él la capacidad de protegerlos?

2

Jehová les dirigió palabras muy tranquilizadoras: "Ustedes mismos han visto lo que hice a los egipcios, para llevarlos a ustedes sobre alas de águilas y traerlos a mí mismo" (Éxodo 19:4). Les recordó que los había liberado de sus opresores, valiéndose de águilas, por así decirlo, para conducirlos a un lugar seguro. Pero hay otros motivos por los que las "alas de águilas" constituyen un símbolo idóneo de la protección divina.

3

Las águilas no solo emplean sus robustas y amplias alas —de hasta dos metros de envergadura— para planear en el aire. Con ellas también abrigan a los polluelos cuando soplan vientos fríos y forman una especie de sombrilla para resguardarlos del sol abrasador en las horas más calurosas. Al igual que esta ave cuida de sus crías, Jehová había amparado a la joven nación de Israel y, ya en el desierto, seguiría cobijándola bajo sus vigorosas alas siempre que esta le fuera fiel (Deuteronomio 32:9-11; Salmo 36:7). Ahora bien, ¿tenemos nosotros razón para esperar hoy día la protección divina?

La

promesa de protección divina

4

Sin duda, Jehová posee la capacidad de proteger a sus siervos. Es el "Dios Todopoderoso", designación que destaca su irresistible fuerza en acción, imparable como una ola arrolladora (Génesis 17:1). En vista de que él es capaz de hacer cuanto dispone su voluntad, cabe preguntarse si esta incluye valerse de su poder para resguardar a su pueblo.

5

Contestamos con una sola palabra: sí. Jehová nos asegura que amparará a sus siervos. "Dios es para nosotros refugio y fuerza, una ayuda que puede hallarse prontamente durante angustias", dice Salmo 46:1. Puesto que "no puede mentir", tenemos confianza absoluta en su promesa de velar por nosotros (Tito 1:2). Examinemos algunas vívidas imágenes literarias con las que él mismo describe su cuidado protector.

6

Jehová es el Pastor y nosotros "somos su pueblo, y las ovejas de su apacentamiento" (Salmo 23:1; 100:3). Hay pocos animales tan faltos de recursos defensivos como la oveja doméstica. El pastor de tiempos bíblicos tenía que ser valiente, ya que debía proteger su rebaño de leones, lobos y osos, así como de los ladrones (1 Samuel 17:34, 35; Juan 10:12, 13). Pero a veces su labor requería ternura. Por poner un caso: cuando alguna oveja paría lejos del aprisco, el buen pastor se quedaba con ella durante el difícil trance y luego recogía al indefenso corderito y lo llevaba al redil.

7

Al compararse a un pastor, Jehová nos garantiza que desea de corazón protegernos (Ezequiel 34:11-16). Recordemos la descripción que ofrece de él Isaías 40:11, que ya vimos en el capítulo 2 de este libro: "Como pastor pastoreará su propio hato. Con su brazo juntará los corderos; y en su seno los llevará". ¿De qué forma logra el corderito que el cuidador lo ponga en su "seno", es decir, en los pliegues de su vestidura exterior? Tal vez se le acerque e incluso le empuje levemente la pierna. Sin embargo, es el pastor quien tiene que inclinarse a recogerlo y luego colocarlo con cuidado al amparo de su seno. ¡Qué imagen tan tierna de la disposición del Gran Pastor a protegernos!

8

Dios promete protección, pero siempre que se cumpla con el siguiente requisito: solo la obtendrán quienes se acerquen a él. Proverbios 18:10 dice: "El nombre de Jehová es una torre fuerte. A ella corre el justo, y se le da protección". En tiempos bíblicos se construían en el desierto torres que servían de refugios seguros. Claro, quien se hallaba en peligro tenía que huir a ellas para guarecerse. Otro tanto han de hacer quienes deseen el amparo del nombre divino. No basta con que repitan la palabra Jehová, pues no es un amuleto. Más bien, deben conocer al Portador de ese nombre, confiar en él y vivir en armonía con sus justos principios. ¡Qué gran bondad demuestra al asegurarnos que si nos acercamos a él con fe, será para nosotros una torre que nos resguardará!

"Nuestro

Dios [...] puede rescatarnos"

9

En vez de limitarse a prometer su protección, en tiempos bíblicos Jehová realizó milagros con los que demostró que tenía la capacidad de otorgársela a su pueblo. Repetidas veces a lo largo de la historia de Israel, su fuerte "mano" mantuvo a raya a terribles enemigos de aquella nación (Éxodo 7:4). Además, hubo quienes se beneficiaron de su poder protector a nivel individual.

10

Cuando tres jóvenes hebreos —Sadrac, Mesac y Abednego— se negaron a inclinarse ante la imagen de oro de Nabucodonosor, este rey montó en cólera y los amenazó con arrojarlos a un horno sobrecalentado. "¿Y quién es aquel dios que pueda rescatarlos de mis manos?", dijo en son de reto el monarca más grande de la Tierra (Daniel 3:15). Los tres jóvenes tenían confianza absoluta en que el Altísimo era capaz de protegerlos, pero no dieron por sentado que lo haría, de modo que respondieron: "Si ha de ser, nuestro Dios a quien servimos puede rescatarnos" (Daniel 3:17). De hecho, aquel horno, aun estando siete veces más caliente de lo normal, no presentaba ninguna dificultad para el Todopoderoso. Él ciertamente los salvaguardó, así que el rey no tuvo más remedio que admitir: "No existe otro dios que pueda librar como este" (Daniel 3:29).

11

Jehová también hizo una extraordinaria demostración de poder protector cuando transfirió la vida de su Hijo unigénito a la matriz de una virgen judía llamada María. Un ángel le dijo a ella: "Concebirás en tu matriz y darás a luz un hijo", y luego añadió: "Espíritu santo vendrá sobre ti, y poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lucas 1:31, 35). En apariencia, el Hijo de Dios nunca había sido tan vulnerable. ¿Se contaminaría el embrión con el pecado y la imperfección de su madre humana? ¿Lograría Satanás herirlo o incluso matarlo antes de nacer? ¡De ningún modo! Por así decirlo, Jehová formó, desde el mismo momento de la concepción, un muro de resguardo en torno a María, de modo que nada —ni imperfección, ni fuerza nociva, ni humano homicida, ni demonio alguno— hiciese daño a la criatura. Y siguió protegiendo a Jesús durante su juventud (Mateo 2:1-15). Hasta que no llegó el tiempo que había establecido, su amado Hijo fue invulnerable.

12

¿Por qué protegió Jehová a ciertas personas de manera tan milagrosa? Con frecuencia, a fin de mantener a salvo algo mucho más importante: el desarrollo de su propósito. Por ejemplo, la supervivencia del niño Jesús era esencial para el cumplimiento de dicho propósito, que a la postre beneficiará a toda la humanidad. Los relatos que narran multitud de demostraciones de su poder protector forman parte de los libros inspirados, obras "escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza" (Romanos 15:4). En efecto, estos ejemplos fortalecen nuestra fe en el Dios omnipotente. Pues bien, ¿qué protección podemos esperar de él hoy?

Lo

que no está implicado en la protección divina

13

La promesa de protección que hace Jehová no lo obliga a obrar milagros en nuestro favor. No, él no nos garantiza una vida libre de problemas en este viejo mundo. Sus siervos fieles afrontamos a menudo graves dificultades, como pobreza, guerras, enfermedades y muerte. Jesús no ocultó a sus discípulos la posibilidad de que los mataran por su fe, y por ello destacó la necesidad de que aguantaran hasta el fin (Mateo 24:9, 13). Si Dios se valiera siempre de su fuerza para realizar liberaciones milagrosas, tal vez habría base para que Satanás lo desafiara y cuestionara la autenticidad de nuestra devoción (Job 1:9, 10).

14

Aun en tiempos bíblicos, Jehová no utilizó siempre su poder protector para resguardar a sus siervos de una muerte prematura. Así, mientras que el apóstol Santiago fue ejecutado por Herodes en torno al año 44 E.C., no mucho después, Pedro fue librado "de la mano de Herodes" (Hechos 12:1-11). Por otro lado, Juan, el hermano de Santiago, sobrevivió a Pedro y a Santiago. Por lo tanto, es patente que no debemos esperar que Dios guarde a cada uno de sus siervos del mismo modo. Además, "el tiempo y el suceso imprevisto" nos acaecen a todos (Eclesiastés 9:11). Entonces, ¿cómo nos protege Jehová en la actualidad?

Jehová

brinda protección física

15

Examinemos en primer lugar la cuestión de la protección física. Los siervos de Jehová podemos esperar tal amparo como colectividad, pues de no ser por ello, seríamos presa fácil del Diablo. Pensemos en que nada le complacería más a Satanás, "el gobernante de este mundo", que eliminar la adoración verdadera (Juan 12:31; Revelación [Apocalipsis] 12:17). Aunque algunos de los gobiernos más poderosos de la Tierra han proscrito nuestra predicación y han tratado de erradicarnos, hemos permanecido firmes y hemos seguido predicando sin cesar. ¿Cómo es posible que grandes naciones no hayan logrado detener nuestras actividades, cuando solo somos una agrupación cristiana relativamente pequeña y en apariencia indefensa? Porque el Dios omnipotente nos resguarda bajo sus vigorosas alas (Salmo 17:7, 8).

16

¿Debemos esperar protección física en la venidera "gran tribulación"? No hay por qué temer la ejecución de las sentencias divinas. A fin de cuentas, "Jehová sabe librar de la prueba a personas de devoción piadosa, pero reservar a personas injustas para el día del juicio para que sean cortadas de la existencia" (Revelación 7:14; 2 Pedro 2:9). Entretanto, estamos convencidos de dos cosas: primero, que el Altísimo nunca permitirá que sus siervos leales sean exterminados de este planeta, y segundo, que recompensará a los íntegros con vida eterna en su nuevo mundo de justicia, de ser necesario, resucitándolos. Para quienes mueren, no hay lugar más seguro que la memoria de Dios (Juan 5:28, 29).

17

Aun hoy, Jehová nos ampara mediante su "palabra" viva, que posee la fuerza motivadora necesaria para sanar corazones y reformar vidas (Hebreos 4:12). La aplicación de sus principios nos salvaguarda de daños físicos en ciertos ámbitos. "Yo, Jehová, soy [...] Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo", dice Isaías 48:17. Sin duda, regirse por la Palabra de Dios contribuye a una vida más sana y larga. Por ejemplo, al seguir las normas bíblicas de abstenerse de la fornicación y limpiarse de toda contaminación, evitamos prácticas impuras y hábitos nocivos que causan estragos entre muchas personas impías (Hechos 15:29; 2 Corintios 7:1). ¡Cuánto agradecemos la protección de las Santas Escrituras!

Jehová

nos brinda protección espiritual

18

Más importante aún es que Jehová nos ampara de daños espirituales dotándonos de todo lo necesario para soportar las pruebas y salvaguardar nuestra relación con él. De este modo, actúa para preservarnos la vida, no solo unos cuantos años, sino toda la eternidad. Examinemos algunas de las medidas que ha adoptado para nuestra protección espiritual.

19

Jehová es el "Oidor de la oración" (Salmo 65:2). Cuando las presiones de la vida nos abruman, obtenemos un gran alivio desahogándonos con él (Filipenses 4:6, 7). Aunque no suprima milagrosamente las pruebas, contesta nuestros ruegos sinceros dándonos sabiduría para afrontarlas (Santiago 1:5, 6). Por otro lado, otorga su espíritu santo a quienes se lo piden (Lucas 11:13). Esta potentísima fuerza nos ayuda a encarar las pruebas y demás dificultades que nos sobrevengan. Asimismo nos infunde "poder que es más allá de lo normal", el cual nos permite aguantar hasta que Dios elimine todos los dolorosos problemas en el nuevo mundo que se avecina (2 Corintios 4:7).

20

A veces, Jehová nos otorga su poder protector a través de otros cristianos. Él ha unido a sus siervos en una "asociación de hermanos" mundial (1 Pedro 2:17; Juan 6:44). El calor de esa hermandad constituye prueba viva de la influencia positiva del espíritu santo en las personas. Dicho espíritu produce en nosotros su fruto, hermosas cualidades como el amor, la bondad y la benignidad (Gálatas 5:22, 23). Por consiguiente, cuando atravesemos dificultades y un hermano se sienta movido a darnos buenos consejos o palabras de aliento, que tanto necesitamos, demos gracias a Dios por tales expresiones de su cuidado protector.

21

Jehová nos brinda algo más para nuestra protección: el alimento espiritual al tiempo oportuno que nos dispensa "el esclavo fiel y discreto", al que ha nombrado para ayudarnos a obtener fortaleza de su Palabra. Este esclavo es una colectividad que se vale de publicaciones —entre ellas las revistas La Atalaya y ¡Despertad!—, así como de reuniones y asambleas, para servirnos "alimento al tiempo apropiado", es decir, el que necesitamos y cuando lo necesitamos (Mateo 24:45). ¿No hemos escuchado alguna vez en una reunión cristiana —fuese en un comentario, un discurso o una oración— palabras que nos dieron la fuerza y el ánimo que requeríamos? ¿No ha influido de manera especial en nuestra vida algún artículo de las revistas? Pues recordemos que Jehová dispone todos estos medios para nuestra protección espiritual.

22

Jehová ciertamente es un escudo para "todos los que se refugian en él" (Salmo 18:30). Entendemos que no usa su poder protector para resguardarnos de todas las calamidades actuales. Sin embargo, siempre lo emplea para garantizar el desenvolvimiento de su propósito, lo que a la larga es lo más conveniente para su pueblo. Si nos acercamos a él y permanecemos en su amor, nos dará vida perfecta por la eternidad. Con esa perspectiva, veremos cualquier tribulación que nos ocasione este sistema como "momentánea y liviana" (2 Corintios 4:17).

Preguntas

para meditar

Salmo

23:1-6 ¿Cómo cuida y protege el Gran Pastor, Jehová, a las "ovejas" de su pueblo?

Salmo

91:1-16 ¿Cómo nos brinda Jehová protección contra las calamidades espirituales, y qué debemos hacer para recibirla?

Daniel

6:16-22, 25-27 ¿Cómo dio Jehová lecciones sobre su poder protector a un antiguo rey, y qué aprendemos de este ejemplo?

Mateo

10:16-22, 28-31 ¿Qué oposición debemos esperar, pero por qué no tenemos que temer a nuestros oponentes?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. En 1513 a.E.C., ¿qué peligros afrontaban los israelitas al penetrar en la región del Sinaí, y cómo los tranquilizó Jehová?

3. ¿Por qué constituyen las "alas de águilas" un símbolo idóneo de la protección divina?

4, 5. ¿Qué razones tenemos para confiar sin reservas en la promesa de Dios de velar por nosotros?

6, 7. a) ¿Cómo protegía a sus ovejas el pastor de tiempos bíblicos? b) ¿Cómo ilustra la Biblia el deseo sincero de Jehová de proteger y cuidar a sus ovejas?

8. a) ¿A quién promete Dios su protección, y cómo lo indica Proverbios 18:10? b) ¿Qué implica refugiarse en el nombre divino?

9. Además de prometer protección, ¿qué ha demostrado Jehová?

10, 11. ¿Qué ejemplos bíblicos muestran cómo utilizó Jehová su poder protector en beneficio de algunas personas?

12. ¿Por qué protegió Jehová milagrosamente a ciertas personas en tiempos bíblicos?

13. ¿Está obligado Jehová a obrar milagros en nuestro favor? Explíquelo.

14. ¿Qué ejemplos indican que Jehová no siempre protege a sus siervos de la misma manera?

15, 16. a) ¿Qué demuestra que Jehová ha brindado protección física a sus siervos como colectividad? b) ¿Por qué confiamos en que Jehová protegerá a sus siervos tanto hoy día como en "la gran tribulación"?

17. ¿Cómo nos ampara Jehová mediante su Palabra?

18. ¿Qué protección espiritual nos brinda Jehová?

19. ¿Cómo nos ayuda el espíritu de Jehová a encarar las pruebas que nos sobrevienen?

20. ¿Cómo nos otorga Jehová su poder protector a través de otros cristianos?

21. a) ¿Qué alimento oportuno nos brinda Jehová mediante "el esclavo fiel y discreto"? b) ¿Cómo se ha beneficiado usted de los medios que ha dispuesto Jehová para nuestra protección espiritual?

22. ¿De qué forma utiliza siempre Jehová su poder, y por qué es lo más conveniente para nosotros?

[Ilustración

de la página 69]

"En su seno los llevará"

Capítulo

8

El

poder restaurador: Jehová va a "hacer nuevas todas las cosas"

EL NIÑO pierde o rompe su juguete favorito y comienza a llorar con tanta tristeza, que nos parte el corazón oírlo. Pero ¿hemos notado cómo se le ilumina el rostro cuando papá o mamá le restituyen o restauran lo que había perdido? Aunque para el progenitor sea sencillo encontrar o arreglar el juguete, para el pequeño es motivo de regocijo y fascinación, pues se le ha devuelto lo que creía irrecuperable.

2

Jehová, el Padre Supremo, tiene el poder de restituir o restaurar lo que sus hijos terrestres tal vez consideren perdido sin remedio. Claro, no nos referimos a algo tan trivial como un juguete. En estos "tiempos críticos, difíciles de manejar", afrontamos pérdidas inmensas (2 Timoteo 3:1-5). Muchas de las cosas que estimamos —el hogar, los bienes materiales, el empleo y hasta la salud— parecen hallarse bajo amenaza constante. Quizás nos desconsuelen la destrucción del medio ambiente y la consiguiente extinción de numerosas especies. Sin embargo, nada nos hace tanta mella como la muerte de un ser querido. Los sentimientos de pérdida e impotencia suelen ser abrumadores (2 Samuel 18:33).

3

Por ello, es reconfortante estudiar el poder restaurador de Jehová. Como veremos, es asombroso todo lo que él puede restituir y restituirá a sus hijos terrestres. De hecho, la Biblia señala que se propone efectuar "la restauración de todas las cosas" (Hechos 3:21). Para lograrlo se valdrá del Reino mesiánico en manos de su Hijo Jesucristo, gobierno que, según indican los hechos, entró en funciones en el cielo en 1914 (Mateo 24:3-14). Ahora bien, ¿qué se restablecerá? Repasemos varios grandiosos actos divinos de restauración. Uno de ellos ya lo vemos y experimentamos en la actualidad, mientras que otros tendrán lugar a gran escala en el futuro.

La

restauración de la adoración pura

4

Algo que Jehová ya ha restituido es la adoración pura. Para entender las implicaciones de este hecho, hagamos un breve repaso de la historia del reino de Judá. Sin duda nos emocionaremos al comprender mejor la intervención del poder restaurador de Dios (Romanos 15:4).

5

Imaginémonos cómo se sintieron los judíos fieles tras la destrucción de Jerusalén en el año 607 a.E.C. Su amada ciudad yacía en ruinas, con las murallas demolidas y, peor aún, el glorioso templo salomónico —la única sede terrestre de la adoración pura— reducido a escombros (Salmo 79:1). Los sobrevivientes fueron llevados a Babilonia, y su país se volvió un yermo poblado por fieras (Jeremías 9:11). Desde una óptica humana, todo parecía perdido (Salmo 137:1). Pero Jehová, que había predicho muchos años antes la devastación, les infundió la esperanza de que se avecinaba una restauración.

6

De hecho, la restauración fue un tema recurrente en las profecías hebreas. En ellas, Jehová prometió que el país sería restaurado y repoblado, recuperaría su fertilidad y estaría protegido de las fieras y los ataques enemigos. Pintó la tierra restaurada como un auténtico paraíso (Isaías 65:25; Ezequiel 34:25; 36:35). Sobre todo, se restablecería la adoración pura y se reedificaría el templo (Miqueas 4:1-5). Estas profecías dieron esperanza a los judíos desterrados, lo que les permitió soportar setenta años de cautiverio en Babilonia.

7

Por fin llegó la restauración. Los judíos partieron libres de Babilonia, regresaron a Jerusalén y reconstruyeron el templo (Esdras 1:1, 2). Mientras fueron fieles a la adoración pura, Dios los bendijo, hizo que la tierra fuera fértil y próspera, y los protegió de los enemigos y de las bestias salvajes que la habían invadido por décadas. ¡Cuánto debió de alegrarles el poder restaurador de Jehová! Pero aquellos sucesos constituyeron tan solo un cumplimiento inicial y limitado de las profecías de restauración, que se harían realidad a mayor escala "en la parte final de los días" —es decir, en nuestro tiempo—, cuando ascendiera al trono el Heredero de David mencionado en las antiguas promesas (Isaías 2:2-4; 9:6, 7).

8

Poco después de su entronización en el Reino celestial, en 1914, Jesús se dedicó a atender las necesidades espirituales del pueblo fiel de Dios que vive en la Tierra. Tal como el conquistador Ciro el Persa liberó de Babilonia en el año 537 a.E.C. a un resto de judíos, Cristo rompió las cadenas de un resto de judíos espirituales —sus propios discípulos—, a quienes liberó de la influencia de la Babilonia moderna, el imperio mundial de la religión falsa (Romanos 2:29; Revelación [Apocalipsis] 18:1-5). A partir de 1919, la adoración pura ha recuperado el debido lugar en la vida de los verdaderos cristianos (Malaquías 3:1-5). Desde ese momento, el pueblo de Jehová le rinde culto en su templo espiritual, es decir, el sistema divino para la adoración pura. ¿Qué importancia reviste este hecho para nosotros?

La

restauración espiritual y su relevancia

9

Hagamos un repaso histórico. Aunque los cristianos del siglo I disfrutaban de múltiples bendiciones espirituales, la adoración verdadera terminaría corrompiéndose y desapareciendo, tal como predijeron Jesús y los apóstoles (Mateo 13:24-30; Hechos 20:29, 30). Tras la era apostólica surgió la cristiandad, cuyos clérigos asimilaron doctrinas y prácticas paganas e hicieron casi imposible que los feligreses se acercaran a Dios, a quien presentaron como una Trinidad misteriosa. Además, les enseñaron a confesarse con los sacerdotes y a orar a María y a los "santos" más bien que a Jehová. Ante tal corrupción, que lleva siglos en existencia, ¿qué ha hecho él en nuestros días? En este mundo contaminado por la falsedad religiosa y la impiedad, ha intervenido y ha restituido la adoración pura. Cabe decir, sin caer en exageraciones, que esta restauración es uno de los sucesos más importantes de tiempos modernos.

10

Los cristianos auténticos disfrutan hoy de un paraíso espiritual. ¿Qué abarca? Dos aspectos principales. El primero es la adoración pura del Dios verdadero, Jehová, quien nos ha bendecido con una religión libre de mentiras y tergiversaciones, así como con alimento espiritual. De esta manera nos es posible conocer al Padre celestial, agradarle y acercarnos a él (Juan 4:24). El segundo aspecto tiene que ver con las personas. Como predijo Isaías, "en la parte final de los días", el Altísimo nos ha enseñado a sus adoradores las sendas de la paz y ha abolido la guerra entre nosotros. Aunque somos imperfectos, nos ayuda a vestirnos de "la nueva personalidad". Bendice nuestros esfuerzos dándonos su espíritu santo, que produce en nosotros su hermoso fruto (Efesios 4:22-24; Gálatas 5:22, 23). Quien obra en armonía con dicho espíritu forma parte innegable del paraíso espiritual.

11

Jehová ha reunido en el paraíso espiritual a las personas que ama: quienes corresponden a su cariño, ansían la paz y tienen "conciencia de su necesidad espiritual" (Mateo 5:3). A estas les concederá el privilegio de vivir una restauración aún más espectacular: la de la humanidad y la Tierra entera.

"¡Mira!,

voy a hacer nuevas todas las cosas"

12

Muchas profecías de restauración han de tener algo más que un cumplimiento espiritual. Isaías, por ejemplo, habló de la curación de los enfermos, cojos, ciegos y sordos e incluso de la eliminación definitiva de la muerte (Isaías 25:8; 35:1-7). En el antiguo Israel no se vio la realización literal de tales promesas, y aunque se han cumplido de modo espiritual en nuestros días, hay razones sólidas para creer que en el futuro se harán realidad de forma literal y a gran escala. ¿Cómo lo sabemos?

13

En Edén, Jehová expuso su propósito para la Tierra: la poblaría una familia humana unida, sana y feliz. El hombre y la mujer cuidarían del planeta, así como de sus seres vivos, a fin de transformarlo en un paraíso (Génesis 1:28). ¡Qué diferente de la realidad actual! No obstante, podemos tener la certeza de que los propósitos de Dios nunca se frustrarán (Isaías 55:10, 11). Jesús, el Rey Mesiánico qué él ha designado, será quien instaure este Paraíso mundial (Lucas 23:43).

14

Imagínese ser testigo de la transformación de toda la Tierra en un paraíso. Tocante a ese tiempo, Jehová dice: "¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas" (Revelación 21:5). Pensemos en las implicaciones. Cuando él haya acabado de usar su poder destructor contra este viejo mundo malvado, permanecerán los "nuevos cielos y una nueva tierra"; es decir, habrá un nuevo gobierno celestial que regirá sobre una nueva sociedad terrestre integrada por personas que aman a Dios y hacen su voluntad (2 Pedro 3:13). Además, se incapacitará a Satanás y sus demonios para toda actividad (Revelación 20:3). Por primera vez en milenios, la humanidad se verá libre de esta influencia negativa que fomenta el odio y la corrupción. ¡Qué gran alivio!

15

Por fin cuidaremos de este bello planeta tal como tendríamos que haberlo hecho desde el principio. La Tierra posee la facultad natural de regenerarse. Los ríos y lagos contaminados se limpian por sí solos cuando se elimina la fuente de la contaminación; las cicatrices de los campos de batalla se borran si cesan las guerras. Será un placer inmenso trabajar en armonía con la Tierra y contribuir a que se convierta en un parque ajardinado, un Edén mundial de infinita variedad. En vez de eliminar sin razón especies animales y vegetales, el hombre vivirá en paz con toda la creación terrestre. Ni siquiera los niños tendrán que temer a las fieras (Isaías 9:6, 7; 11:1-9).

16

También en el plano individual viviremos una restauración. Después del Armagedón, los sobrevivientes presenciarán curaciones milagrosas a escala mundial. Tal como hizo cuando estuvo en la Tierra, Jesús se valdrá del poder procedente de Dios para devolver la vista a los ciegos, el oído a los sordos y la salud corporal a los cojos y enfermos (Mateo 15:30). Los ancianos recuperarán el bienestar físico y el vigor juvenil (Job 33:25). Las arrugas se borrarán, los brazos y piernas se enderezarán y los músculos se flexionarán con nuevos bríos. Toda la humanidad fiel constatará la desaparición progresiva de los efectos del pecado y la imperfección. Estaremos muy agradecidos a Jehová por su maravilloso poder restaurador. Centrémonos ahora en un aspecto muy alentador de este emocionante período de restauración.

Se

restituye la vida a los muertos

17

Ciertos religiosos del siglo primero, los saduceos, no creían en la resurrección, por lo que Jesús les dirigió esta censura: "Ustedes están equivocados, porque no conocen ni las Escrituras ni el poder de Dios" (Mateo 22:29). En efecto, la Biblia revela que Jehová tiene dicho poder restaurador. ¿De qué manera lo hace?

18

Visualicemos un suceso de tiempos de Elías. Una viuda sostenía en sus brazos el cuerpo sin vida de su único hijo. El profeta Elías, huésped de aquella casa, debió de sentirse horrorizado; antes ya había ayudado al muchacho para que no muriera de inanición y seguramente le había cobrado cariño. La madre estaba destrozada. Aquel joven era la única persona que le recordaba a su difunto esposo, y tal vez contara con que él la cuidase en la vejez. Angustiada, temía que se la estuviera castigando por algún error del pasado. Pero Elías no podía soportar que se agravase así su dolor. Tomó con cuidado al niño del regazo de su madre, lo subió a su habitación y pidió a Jehová Dios que le devolviera el alma, es decir, la vida (1 Reyes 17:8-21).

19

Elías no era el primer ser humano que creía en la resurrección. Siglos antes, Abrahán tuvo fe —una fe bien fundamentada— en que Jehová poseía dicho poder restaurador. Cuando contaba 100 años y su esposa Sara 90, Dios les restituyó las facultades reproductivas, lo que permitió el milagro de engendrar un niño (Génesis 17:17; 21:2, 3). Más tarde, ante la solicitud divina de que sacrificara al hijo ya crecido, Abrahán actuó con fe, pues estimó que el Creador podía devolverle la vida a su amado Isaac (Hebreos 11:17-19). Su firme confianza tal vez explique por qué dijo a sus sirvientes, antes de subir a la montaña para ofrecer a su hijo, que ambos volverían juntos (Génesis 22:5).

20

Jehová dejó que Isaac siguiera vivo, por lo que no fue preciso que lo resucitara entonces. Pero en el caso de Elías, el hijo de la viuda ya se encontraba muerto, aunque no lo estaría por mucho tiempo. Dios premió la fe del profeta resucitando al joven. Luego, Elías se lo entregó a su madre con estas inolvidables palabras: "Mira, tu hijo está vivo" (1 Reyes 17:22-24).

21

Esta es la primera vez que las Escrituras relatan que Jehová utilizó su poder para devolver la vida a un ser humano. Más tarde, él también facultó a Eliseo, Jesús, Pablo y Pedro para levantar a los muertos. Aunque es evidente que aquellos resucitados fallecieron con el tiempo, su resurrección, referida en la Biblia, es un maravilloso adelanto de sucesos futuros.

22

En el Paraíso, Jesús actuará como "la resurrección y la vida" (Juan 11:25). Resucitará a incontables millones de personas y les ofrecerá la posibilidad de tener vida eterna en una Tierra paradisíaca (Juan 5:28, 29). Pensemos en cómo será el reencuentro de amigos y parientes queridos que, tras una larga separación a causa de la muerte, se abrazarán con emoción y gozo indescriptibles. Toda la humanidad alabará a Jehová por su poder restaurador.

23

Jehová nos da una garantía solidísima de que tales esperanzas son firmes. La mayor demostración de su poder fue resucitar a su Hijo, Jesús, como gloriosa criatura espiritual, a la que concedió un rango solo inferior al suyo. Jesús resucitado se apareció ante centenares de testigos oculares (1 Corintios 15:5, 6). Hasta para los escépticos, estas pruebas deberían constituir una base más que suficiente para creer que Dios tiene la capacidad de devolver la vida.

24

Pero él no solo puede devolver la vida a los muertos, sino que además desea hacerlo. El fiel Job habló por inspiración de que anhela resucitarlos (Job 14:15). ¿No nos atrae un Dios que ansía utilizar de forma tan amorosa su poder restaurador? Recordemos, no obstante, que la resurrección no es más que un aspecto de la gran obra de restauración que está en curso. Al acercarnos cada vez más a Jehová, valoremos como un tesoro la maravillosa esperanza de ser testigos presenciales del día en que proceda a "hacer nuevas todas las cosas" (Revelación 21:5).

[Notas]

"Los tiempos de la restauración de todas las cosas" se iniciaron al establecerse el Reino mesiánico. En ese momento fue entronizado un heredero del fiel rey David, a quien Jehová había prometido que un descendiente suyo gobernaría para siempre (Salmo 89:35-37). Ahora bien, desde que Babilonia arrasó Jerusalén, en el año 607 a.E.C., no había ocupado el trono divino ningún sucesor humano de David. Cuando Jesús, que nació en la Tierra como heredero davídico, fue coronado en el cielo, pasó a ser el Rey que anunciaban las antiguas promesas.

Entre otros, trataron este tema Moisés, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Miqueas y Sofonías.

Preguntas

para meditar

2

 Reyes 5:1-15 ¿Cómo se benefició del poder restaurador de Jehová un hombre de tiempos bíblicos por ser humilde?

Job

14:12-15 ¿Qué confianza tenía Job, y qué efecto produce este pasaje en nuestra esperanza para el futuro?

Salmo

126:1-6 ¿Cómo nos sentimos los cristianos ante la restauración de la adoración pura y el hecho de participar en ella?

Romanos

4:16-25 ¿Por qué es importante tener fe en el poder restaurador de Jehová?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Qué pérdidas afligen hoy a la humanidad, y cómo nos afectan?

3. ¿Qué reconfortante perspectiva se indica en Hechos 3:21, y de qué medio se valdrá Jehová para hacerla realidad?

4, 5. ¿Qué le sucedió al pueblo de Dios en el año 607 a.E.C., y qué esperanza le infundió Jehová?

6-8. a) ¿Qué tema se repite en las profecías hebreas, y qué cumplimiento inicial tuvieron estas? b) ¿Qué cumplimiento de las profecías de restauración vive en tiempos modernos el pueblo de Dios?

9. ¿Qué hicieron con la adoración divina las iglesias de la cristiandad tras la era apostólica, y qué ha hecho Jehová en nuestro tiempo?

10, 11. a) ¿Qué dos aspectos abarca el paraíso espiritual y qué efecto tienen en usted? b) ¿Qué tipo de personas ha reunido Jehová en el paraíso espiritual, y qué les concederá presenciar?

12, 13. a) ¿Por qué deben tener otro cumplimiento las profecías de restauración? b) ¿Cuál es el propósito de Jehová para la Tierra, según lo expuso en Edén, y por qué nos infunde esperanza para el futuro?

14, 15. a) ¿Cómo hará "nuevas todas las cosas" Jehová? b) ¿Cómo será la vida en el Paraíso, y qué aspecto le atrae más a usted?

16. ¿Qué restauración vivirán todas las personas fieles en el Paraíso?

17, 18. a) ¿Por qué censuró Jesús a los saduceos? b) ¿Qué circunstancias llevaron a que Elías rogara a Jehová que realizara una resurrección?

19, 20. a) ¿Cómo demostró Abrahán fe en el poder restaurador de Jehová, y en qué se basó tal fe? b) ¿Cómo premió Jehová la fe de Elías?

21, 22. a) ¿Qué propósito tuvieron las resurrecciones que refieren las Escrituras? b) ¿Cuántas personas se levantarán en la resurrección en el Paraíso, y quién la llevará a cabo?

23. ¿Cuál fue la mayor demostración del poder de Jehová, y cómo garantiza nuestra esperanza para el futuro?

24. ¿Por qué tenemos la seguridad de que Jehová levantará a los muertos, y qué esperanza debemos albergar?

[Ilustración

de la página 85]

"Mira, tu hijo está vivo"

Capítulo

9

'Cristo,

el poder de Dios'

LOS discípulos estaban aterrados en medio de una tormenta que los sorprendió mientras cruzaban el mar de Galilea. Seguramente no era la primera vez que veían ese fenómeno en aquel lago, dado que algunos habían sido pescadores por muchos años (Mateo 4:18, 19). Pero en este caso se trataba de "una grande y violenta tempestad de viento", que embraveció enseguida el agua. Aunque se afanaban por gobernar la nave, el temporal los vencía. Las olas estaban "lanzándose dentro de la barca", que empezaba a anegarse. Pese a la agitación, Jesús dormía plácidamente en la popa, fatigado tras un día intenso enseñando a las multitudes. Temerosos de no salir con vida, los discípulos lo despertaron con el ruego: "¡Señor, sálvanos, estamos a punto de perecer!" (Marcos 4:35-38; Mateo 8:23-25).

2

Jesús, en cambio, no tenía miedo. Con total confianza reprendió tanto al viento como al mar: "¡Silencio! ¡Calla!". Ambos obedecieron al instante, cesando la tempestad y apaciguándose las olas, de modo que "sobrevino una gran calma". A los discípulos los invadió un temor inusitado: "¿Quién, realmente, es este [...]?", susurraban entre ellos. Sí, ¿qué clase de hombre poseía la capacidad de censurar al viento y al mar como quien corrige a un chiquillo travieso? (Marcos 4:39-41; Mateo 8:26, 27.)

3

 Pero Jesús no era un hombre de tantos. De formas extraordinarias, el poder de Jehová actuaba mediante él y para él. De ahí que, en una carta inspirada, el apóstol Pablo lo llamara con toda justicia: 'Cristo, el poder de Dios' (1 Corintios 1:24). ¿De qué maneras se reveló dicho poder en Jesús, y cómo influye en nuestra vida el uso que él le da?

El

poder del Unigénito de Dios

4

Reflexionemos sobre el poder de Jesús antes de existir como hombre. Jehová ejerció su "poder sempiterno" cuando creó a su Hijo unigénito, quien llegó a ser conocido como Jesucristo (Romanos 1:20; Colosenses 1:15). A este Hijo le otorgó un enorme poder y autoridad, y le asignó la labor de realizar Sus designios creativos. Con respecto al Unigénito dice la Biblia: "Todas las cosas vinieron a existir por medio de él, y sin él ni siquiera una cosa vino a existir" (Juan 1:3).

5

Apenas entrevemos la magnitud de aquella comisión. Pensemos en cuánta energía hizo falta para crear millones de ángeles potentísimos, así como el cosmos, con sus miles de millones de galaxias, o siquiera la Tierra, con su abundante diversidad de especies. Para realizar estas obras, el Unigénito disponía de la mayor fuerza del universo: el espíritu santo de Dios. Le complacía sobremanera ser el Obrero Maestro, el agente mediante el cual Jehová creó todo lo demás (Proverbios 8:22-31).

6

¿Sería posible que el Unigénito recibiera aún más poder y autoridad? Tras entregar su vida en la Tierra y resucitar, él mismo dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y sobre la tierra" (Mateo 28:18). En efecto, Jehová le concedió la capacidad y el derecho de regir el entero universo, de modo que, como "Rey de reyes y Señor de señores", tiene permiso para reducir "a nada todo gobierno y toda autoridad y poder" —visible e invisible— que se oponga a su Padre (Revelación [Apocalipsis] 19:16; 1 Corintios 15:24-26). Salvo Su propia persona, "no dejó Dios nada que no esté sujeto a [Jesús]" (Hebreos 2:8; 1 Corintios 15:27).

7

¿Debería preocuparnos la posibilidad de que Jesús abuse del poder? De ningún modo, pues ama muchísimo a su Padre y nunca haría nada que le desagradase (Juan 8:29; 14:31). Además, sabe muy bien que Jehová nunca abusa de su omnipotencia, y ha observado de cerca que busca oportunidades "para mostrar su fuerza a favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él" (2 Crónicas 16:9). Ciertamente, Cristo comparte el amor del Padre por la humanidad, lo que nos infunde confianza en que siempre usará su poder con buenos fines (Juan 13:1). Se ha labrado un historial irreprochable en este particular. Repasemos qué poder tuvo durante su vida en la Tierra y cómo se sintió motivado a utilizarlo.

"Poderoso

 [...] en palabra"

8

Por lo que sabemos, Jesús no realizó milagros mientras se criaba en Nazaret. Sin embargo, la situación cambió al bautizarse, en el año 29 E.C., cuando tenía unos 30 años (Lucas 3:21-23). Nos dice la Biblia: "Dios lo ungió con espíritu santo y poder, y fue por la tierra haciendo [el] bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el Diablo" (Hechos 10:38). ¿No indica la fórmula "haciendo [el] bien" que Cristo dio buen uso a su poder? Tras recibir la unción, "vino a ser profeta poderoso en obra y en palabra" (Lucas 24:19).

9

¿En qué sentido fue Jesús poderoso en palabra? Pues bien, muchas veces enseñó al aire libre: a orillas de un lago y en las laderas de las colinas, así como en calles y mercados (Marcos 6:53-56; Lucas 5:1-3; 13:26). Quienes lo escuchaban tenían la opción de marcharse sin más si no captaba su interés. Dado que no existía la imprenta, los buenos oyentes debían grabar sus palabras en la mente y el corazón. Por todo ello, la enseñanza de Cristo tenía que ser fascinante, muy entendible y fácil de recordar. Pero esto no suponía ninguna dificultad para él, como vemos por ejemplo en el Sermón del Monte.

10

En la primera parte del año 31 E.C., una multitud se congregó cierta mañana en una ladera próxima al mar de Galilea. Algunos procedían de Judea y Jerusalén, a 100 ó 110 kilómetros de distancia; otros, del norte, de la franja costera de Tiro y Sidón. Muchos enfermos se acercaron a Jesús para tocarlo, y él los sanó a todos. Cuando ya no quedaba nadie aquejado de dolencias graves, se puso a enseñar (Lucas 6:17-19). Al concluir el discurso, todos estaban asombrados de lo que habían escuchado. ¿Por qué?

11

Años más tarde, uno de los oyentes del sermón escribió: "Las muchedumbres quedaron atónitas por su modo de enseñar; porque les enseñaba como persona que tiene autoridad" (Mateo 7:28, 29). Jesús discursaba con una autoridad que podían percibir. Hablaba como representante de Jehová y respaldaba su instrucción en la Palabra divina (Juan 7:16). Sus afirmaciones eran claras, su exhortación persuasiva y su argumentación irrefutable. Lo que decía llegaba al fondo de los asuntos, así como al corazón de su público. Les enseñó a hallar la felicidad, a orar, a buscar el Reino de Dios y a colocar un sólido fundamento para el futuro (Mateo 5:3–7:27). Su mensaje despertó el corazón de quienes tenían hambre de verdad y justicia, al grado de que estuvieron dispuestos a 'repudiarse' a sí mismos y abandonarlo todo por seguirlo (Mateo 16:24; Lucas 5:10, 11). ¡Qué testimonio de la fuerza de las palabras de Cristo!

"Poderoso

en obra"

12

Jesús también era "poderoso en obra" (Lucas 24:19). Los Evangelios refieren más de treinta milagros específicos que realizó, siempre por "el poder de Jehová" (Lucas 5:17). Tales prodigios beneficiaron a miles de personas. En tan solo dos de ellos —la alimentación de 5.000 hombres y más tarde, de 4.000, "además de mujeres y niñitos"—, hubo multitudes que tal vez totalizaran unas veinte mil almas (Mateo 14:13-21; 15:32-38).

13

Los milagros de Jesús fueron muy diversos. Tenía autoridad sobre los demonios y los expulsaba sin dificultad (Lucas 9:37-43). También controlaba los elementos, lo que le permitió convertir el agua en vino (Juan 2:1-11). Para asombro de sus discípulos, caminó sobre un agitado mar de Galilea (Juan 6:18, 19). También dominaba las enfermedades, pues curó órganos afectados, males crónicos y dolencias potencialmente mortales (Marcos 3:1-5; Juan 4:46-54). Realizó tales curaciones de distintas maneras. A ciertos enfermos los sanó a distancia, pero a otros los tocó directamente (Mateo 8:2, 3, 5-13). A algunos les devolvió la salud en el acto, y a otros, de forma gradual (Marcos 8:22-25; Lucas 8:43, 44).

14

Jesús tenía la asombrosa capacidad de revertir los efectos de la muerte. La Biblia consigna tres resurrecciones que efectuó: devolvió a unos padres su hija de 12 años; a una madre viuda, su hijo único, y a dos hermanas, su amado hermano (Lucas 7:11-15; 8:49-56; Juan 11:38-44). No hubo circunstancia que le fuera imposible superar. En el caso de la niña de 12 años, la levantó del lecho de muerte poco después de fallecer. Al hijo de la viuda lo resucitó de su féretro al parecer el mismo día de su defunción. Y a Lázaro lo levantó de la tumba al cabo de cuatro días.

Usa

el poder con altruismo, responsabilidad y consideración

15

¿Nos imaginamos cuántos abusos podría cometer un gobernante imperfecto con el poder de Jesús? Pero él no tenía pecado (1 Pedro 2:22). Rehusó contaminarse con el egoísmo, la ambición y la codicia que impulsan a los hombres imperfectos a valerse de su autoridad para hacer daño.

16

Cristo nunca empleó su poder de forma interesada. Cuando tuvo hambre, no quiso convertir las piedras en panes en provecho propio (Mateo 4:1-4). Sus escasos bienes materiales muestran que no utilizó su poder con fines materialistas (Mateo 8:20). Hay otras indicaciones de que realizaba obras prodigiosas con altruismo. Los milagros representaban un sacrificio para él, ya que al sanar a los enfermos salía fuerza de su persona. Y él era consciente de esta pérdida, aunque se tratara de una sola curación (Marcos 5:25-34). No obstante, permitía que las multitudes lo tocaran y fuesen sanadas (Lucas 6:19). ¡Qué abnegación!

17

Jesús fue responsable en el uso de su poder. Nunca realizó portentos con el fin de impresionar o dar un espectáculo vano (Mateo 4:5-7). Se negó a ejecutar señales solo para satisfacer la curiosidad malsana de Herodes (Lucas 23:8, 9). En vez de ir pregonando su poder, en muchas ocasiones mandó a los sanados que no contaran a nadie lo ocurrido (Marcos 5:43; 7:36). No quería que la gente sacara conclusiones acerca de su persona basándose en informes sensacionalistas (Mateo 12:15-19).

18

El poderoso Jesús no se asemejaba en nada a los gobernantes despóticos que no reparan en las necesidades y sufrimientos ajenos. Él se preocupaba por la gente, y se conmovía tanto al ver su aflicción, que no podía menos que intervenir para remediarla (Mateo 14:14). Le interesaban profundamente sus sentimientos y necesidades, y lo demostraba por la forma de usar su poder, como vemos en el enternecedor ejemplo de Marcos 7:31-37.

19

En aquella ocasión, grandes multitudes hallaron a Jesús y le llevaron muchos enfermos, a quienes curó en todos los casos (Mateo 15:29, 30). Sin embargo, centró su atención en uno de ellos, un sordo que apenas era capaz de hablar y en el que tal vez percibiera especial nerviosismo o turbación. Tuvo la delicadeza de llevarlo aparte, lejos del gentío, a un lugar privado, donde le explicó con señas lo que iba a hacerle: "Puso sus dedos en los oídos del hombre y, después de escupir, le tocó la lengua" (Marcos 7:33). A continuación, miró al cielo y lanzó un suspiro suplicante, indicando así que la curación se debería al poder de Dios. Finalmente, le dijo: "Sé abierto" (Marcos 7:34). Con eso, el hombre recuperó la audición y consiguió hablar con normalidad.

20

Resulta conmovedor pensar que, hasta cuando sanaba a los afligidos con el poder que le había dado Dios, Jesús tenía muy en cuenta los sentimientos de ellos. ¿No nos reconforta saber que Jehová ha puesto el Reino mesiánico en manos de un Gobernante tan compasivo y considerado?

Prefiguración

de sucesos venideros

21

Los prodigios que realizó Jesús en la Tierra son tan solo muestras de las bendiciones aún mayores que vendrán con su reinado. En el nuevo mundo de Dios volverá a obrar milagros, esta vez en todo el planeta. Examinemos algunas emocionantes perspectivas.

22

Jesús restituirá a la Tierra su perfecto equilibrio ecológico. Recordemos que demostró su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza al apaciguar un vendaval. Por consiguiente, no hay duda de que durante su reinado la humanidad no temerá daños de tifones, terremotos, erupciones volcánicas y otros fenómenos naturales. En vista de que Cristo es el Obrero Maestro que usó Jehová para crear la Tierra y la vida que alberga, comprende a plenitud la estructura del planeta y sabe utilizar adecuadamente sus recursos. Durante su gobierno, la Tierra entera se convertirá en un paraíso (Lucas 23:43).

23

¿Qué sucederá con las necesidades del género humano? El hecho de que Jesús alimentara con generosidad a miles de personas a partir de unos pocos víveres nos garantiza que durante su gobierno, la humanidad vivirá sin hambre. En efecto, habrá comida en abundancia y se distribuirá con equidad, lo que eliminará para siempre las carencias alimentarias (Salmo 72:16). Al sanar a las personas de sus dolencias, Cristo demostró que podrá realizar la curación completa y definitiva de ciegos, sordos, tullidos, cojos y otros enfermos (Isaías 33:24; 35:5, 6). Y las resurrecciones que efectuó constituyen una prueba de que él, ya como Rey celestial, será capaz de resucitar a los millones de personas que su Padre se complazca en recordar (Juan 5:28, 29).

24

Al reflexionar en el poder del Hijo de Dios, tengamos presente que imita a su Padre a la perfección (Juan 14:9). El uso que da a su poder nos muestra con claridad cómo emplea Jehová el suyo. Por ejemplo, pensemos en la ternura con que sanó Jesús a cierto leproso. Compadecido, lo tocó y le dijo: "Quiero" (Marcos 1:40-42). Con relatos como este, el Altísimo nos viene a decir: "Así es como uso yo mi poder". ¿No nos sentimos impulsados a alabar al Dios omnipotente y darle gracias por utilizar su fuerza con tanto amor?

[Notas]

Las tempestades repentinas son frecuentes en el mar de Galilea. Dado que este lago se halla en una depresión (a unos 200 metros bajo el nivel del mar), el aire es mucho más cálido que en las regiones circundantes, lo que crea perturbaciones atmosféricas. Por el valle del Jordán se precipitan vientos del norte procedentes del monte Hermón. De un momento a otro se pasa de la calma a la furia de un vendaval.

Además, los Evangelios a veces agrupan una gran cantidad de milagros bajo una sola descripción general. Por citar un caso: en cierta ocasión salió a verlo "toda la ciudad", y curó "muchos" enfermos (Marcos 1:32-34).

Judíos y gentiles aceptaban que se escupiera para realizar curaciones o simbolizarlas, y los escritos rabínicos recogen el empleo de saliva como remedio médico. Es posible que Jesús escupiera tan solo para transmitir al sordo la idea de que iba a sanarlo. Sea como fuere, no utilizó su saliva como agente terapéutico natural.

Preguntas

para meditar

Isaías

11:1-5 ¿Cómo manifestó Jesús "el espíritu [...] de poderío", y qué confianza en su gobierno nos infunde este hecho?

Marcos

2:1-12 ¿Qué autoridad había recibido Jesús, como demuestran las curaciones milagrosas que realizó?

Juan

6:25-27 Aunque Jesús satisfizo con sus milagros algunas necesidades físicas del prójimo, ¿cuál fue el principal objetivo de su ministerio?

Juan

12:37-43 ¿Por qué no creyeron en Jesús algunos testigos oculares de sus milagros, y qué nos enseña este hecho?

[Preguntas

del estudio]

1-3. a) ¿Por qué aterradora experiencia pasaron los discípulos en el mar de Galilea, y cómo actuó Jesús ante ella? b) ¿Por qué razón se llama a Jesús 'Cristo, el poder de Dios'?

4, 5. a) ¿Qué poder y autoridad otorgó Jehová a su Unigénito? b) ¿Qué permitía al Hijo realizar los designios creativos de su Padre?

6. ¿Qué poder y autoridad recibió Jesús tras entregar su vida en la Tierra y resucitar?

7. ¿Por qué tenemos la certeza de que Jesús nunca abusará del poder que Jehová le ha confiado?

8. Tras recibir la unción, ¿para qué se facultó a Jesús, y cómo utilizó su poder?

9-11. a) ¿Dónde solía enseñar Jesús, y qué reto afrontaba? b) ¿Por qué quedaban atónitas las multitudes ante la manera de enseñar de Jesús?

12, 13. ¿En qué sentido era Jesús "poderoso en obra", y qué diversidad manifestaron sus milagros?

14. ¿En qué circunstancias demostró Jesús que podía revertir los efectos de la muerte?

15, 16. ¿Qué indica que Jesús usaba su poder con altruismo?

17. ¿Cómo demostró Jesús que empleaba su poder de forma responsable?

18-20. a) ¿Qué influía en el uso que hacía Jesús de su poder? b) ¿Qué opina sobre cómo curó Jesús a cierto sordo?

21, 22. a) ¿Qué prefiguraron los milagros de Jesús? b) Dado que Jesús controla las fuerzas naturales, ¿qué podemos esperar que ocurra durante su reinado?

23. ¿Cómo satisfará las necesidades de la humanidad el Rey Jesús?

24. Al reflexionar en el poder de Jesús, ¿qué debemos tener presente, y por qué?

[Ilustración

de la página 91]

"Contemplaron a Jesús que andaba sobre el mar"

Capítulo

10

'Hagámonos

imitadores de Dios' en el uso del poder

"NO HAY poder que no encierre una trampa sutil." Esta frase de una poetisa del siglo XIX alude a un peligro insidioso: el abuso del poder, lazo en el que, por desgracia, caen con facilidad las personas imperfectas. En el transcurso de la historia, "el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo" (Eclesiastés 8:9). En efecto, el ejercicio despiadado de la autoridad ha ocasionado incontables sufrimientos a los seres humanos.

2

Ahora bien, ¿no es extraordinario que Jehová Dios posea poder infinito y nunca abuse de él? Como hemos visto en los capítulos anteriores, siempre lo utiliza —en cualquiera de sus facetas: creadora, destructora, protectora o restauradora— en armonía con sus amorosos propósitos. Cuando meditamos en cómo lo ejerce, nos sentimos impulsados a acercarnos a él, lo que a su vez nos mueve a 'hacernos imitadores' suyos en el uso que damos al poder (Efesios 5:1). Pero ¿qué poder tenemos los débiles seres humanos?

3

Recordemos que el hombre fue creado "a la imagen [y semejanza] de Dios" (Génesis 1:26, 27). Por consiguiente, también tiene poder, aunque sea limitado. Este incluye la capacidad de realizar tareas o trabajar; el control o la autoridad sobre otras personas; la influencia en el prójimo, especialmente en los seres queridos; la fuerza física, y los bienes materiales. El salmista dijo a Jehová: "Contigo está la fuente de la vida" (Salmo 36:9). De modo que él es, directa o indirectamente, la fuente de todo poder legítimo que tengamos, por lo que debemos usarlo de manera que le agrade. ¿Cómo es posible lograrlo?

El

amor es la clave

4

La clave para hacer buen uso del poder es el amor, como bien lo indica el ejemplo del Altísimo. Recordemos el análisis del capítulo 1 sobre sus atributos cardinales: poder, justicia, sabiduría y amor. ¿Cuál de los cuatro predomina? El último, pues según dice 1 Juan 4:8, "Dios es amor". Efectivamente, esta cualidad es la misma esencia de Jehová e influye en todas sus acciones. Por lo tanto, toda expresión de su poder tiene por motivo el amor y persigue como fin último el bien de quienes le tienen cariño.

5

El amor también nos ayudará a nosotros a dar buen uso al poder. Después de todo, la Biblia nos enseña que el amor es "bondadoso" y "no busca sus propios intereses" (1 Corintios 13:4, 5). Por consiguiente, no nos permite actuar de forma brusca o cruel con aquellos sobre quienes tenemos cierta autoridad, sino que, más bien, nos impulsa a tratarlos con dignidad, anteponiendo sus necesidades y sentimientos a los nuestros (Filipenses 2:3, 4).

6

El amor está ligado a otra virtud que nos permite evitar el abuso del poder: el temor piadoso. ¿De qué valor es este? "En el temor de Jehová uno se aparta de lo malo", dice Proverbios 16:6, y un vicio del que debemos apartarnos es, sin duda, el abuso del poder. El temor de Dios nos impide maltratar a quienes están bajo nuestra autoridad. ¿Por qué? Entre otras razones, debido a que somos conscientes de que rendiremos cuentas ante el Creador por el trato que les demos (Nehemías 5:1-7, 15). Pero dicho temor implica algo más. Los términos originales que se traducen por "temor" suelen referirse a profunda reverencia y respeto a Jehová. La Biblia lo relaciona con el amor que le tenemos (Deuteronomio 10:12, 13). Este sentimiento reverente incluye un saludable miedo a desagradarle, no tanto porque nos asusten las consecuencias, sino porque lo amamos de corazón.

7

Para ilustrarlo, pensemos en la relación sana que existe entre un niño y su padre. El pequeño comprende que su papá lo quiere y se interesa por él, pero también conoce lo que espera de él y que lo corregirá si se porta mal. Pese a ello, no vive atemorizado por su progenitor, sino que lo quiere mucho y anhela complacerlo con su conducta. Otro tanto ocurre con el temor a Jehová, nuestro Padre celestial. Como lo amamos, nos da miedo que nuestras acciones le hagan sentirse "herido en el corazón" (Génesis 6:6). Queremos regocijarlo, y por eso debemos dar buen uso a nuestro poder (Proverbios 27:11). Examinemos con más detenimiento cómo lograrlo.

En

el seno familiar

8

Pensemos primero en el círculo familiar. "El esposo es cabeza de su esposa", indica Efesios 5:23. ¿Cómo deben ejercer los hombres casados la autoridad que les otorga Dios? La Biblia los insta a morar con sus cónyuges "de acuerdo con conocimiento, asignándoles honra como a un vaso más débil" (1 Pedro 3:7). El sustantivo griego traducido por "honra" significa "precio, valor, [...] respeto". Esta palabra, en sus diversos casos, se vierte a veces "dádivas" y "precioso" (Hechos 28:10; 1 Pedro 2:7). El hombre que honra a su esposa nunca la somete a agresiones físicas ni a trato humillante o despectivo que la haga sentir inútil. Por el contrario, reconoce su valor, la trata con respeto y demuestra por sus palabras y acciones, tanto públicas como privadas, que la considera valiosa (Proverbios 31:28). De esta forma, no solo se gana su cariño y respeto, sino algo más importante: la aprobación divina.

9

La esposa también tiene cierto poder en la familia. La Biblia habla de mujeres devotas que, aun acatando la debida jefatura, tomaron la iniciativa para ejercer una buena influencia en el esposo y ayudarle a evitar errores de juicio (Génesis 21:9-12; 27:46–28:2). La mujer tal vez sea más sagaz que su marido o tenga algunas aptitudes de las que él carezca. Con todo, debe demostrarle "profundo respeto" y "estar en sujeción" a él "como al Señor" (Efesios 5:22, 33). Si se plantea estos requisitos como una forma de agradar a Jehová, se le hará más fácil emplear sus dotes para apoyar a su esposo, en vez de rebajarlo o intentar dominarlo. Será "verdaderamente sabia" si coopera con él para edificar a la familia. Así mantendrá la paz con Dios (Proverbios 14:1).

10

El padre y la madre han recibido asimismo autoridad de Dios. La Biblia contiene esta exhortación: "Padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová" (Efesios 6:4). En las Escrituras, "la disciplina" puede significar "educación", "formación" e "instrucción", algo muy necesario para los hijos, dado que se desarrollan mejor con orientaciones, pautas y límites claros. La Biblia relaciona esta disciplina, o instrucción, con el amor (Proverbios 13:24). Por tanto, "la vara de la disciplina" nunca justifica el maltrato emocional ni físico (Proverbios 22:15; 29:15). Quienes corrigen a sus hijos con inflexibilidad, dureza y desamor abusan de su potestad y quizás los desalienten (Colosenses 3:21). Pero si lo hacen con equilibrio, demuestran amor e interés por su formación personal.

11

¿Cómo dan buen uso al poder los hijos? "La hermosura de los jóvenes es su poder", dice Proverbios 20:29. Sin duda, el mejor modo de emplear sus energías es servir al "Magnífico Creador" (Eclesiastés 12:1). Hacen bien en recordar que sus actos influyen en los sentimientos de sus progenitores (Proverbios 23:24, 25). Así pues, cuando obedecen a sus padres cristianos y obran con rectitud, les alegran el corazón (Efesios 6:1). Además, dicho proceder es "muy agradable en el Señor" (Colosenses 3:20).

En

la congregación

12

Jehová ha puesto al frente de la congregación cristiana a los superintendentes, o ancianos (Hebreos 13:17). Estos hermanos capaces deben usar la autoridad que él les ha concedido con el objetivo de prestar la ayuda precisa al rebaño y fomentar su bienestar. ¿Justifica su posición que se enseñoreen sobre sus hermanos en la fe? De ningún modo, ya que deben ver sus funciones con equilibrio y humildad (1 Pedro 5:2, 3). La Biblia los exhorta a "pastorear la congregación de Dios, que él compró con la sangre del Hijo suyo", lo cual constituye una importante razón para tratar a todo el rebaño con ternura (Hechos 20:28).

13

Para ilustrarlo: si un amigo íntimo nos confiara un objeto muy apreciado, por el que sabemos que ha pagado mucho, ¿no lo trataríamos con delicadeza, sí, con mimo? De igual modo, a los ancianos Dios les ha encomendado el cuidado de una posesión muy estimada: las "ovejas" o miembros de la congregación (Juan 21:16, 17). Jehová siente tanto cariño por ellas, que las adquirió con la sangre preciosa de su Hijo Unigénito, Jesucristo. ¡Imposible pagar un precio más elevado! Los superintendentes humildes tienen muy presente este hecho en el trato que dan al rebaño.

"El

poder de la lengua"

14

"Muerte y vida están en el poder de la lengua", dice la Biblia (Proverbios 18:21). En efecto, la lengua puede hacer mucho daño. ¿A quién no lo ha herido un comentario irreflexivo o hasta despectivo? Pero este órgano también posee virtudes sanadoras. "La lengua de los sabios es una curación", dice Proverbios 12:18. Así es, las palabras alentadoras son para el corazón como un relajante bálsamo. Veamos algunos ejemplos.

15

"A los deprimidos animadlos" (1 Tesalonicenses 5:14, Biblia del Peregrino). Efectivamente, hasta algunos siervos fieles de Jehová luchan a veces con la depresión. ¿Cómo ayudarlos? Podemos elogiar con sinceridad alguna de sus cualidades para que comprendan lo valiosos que son para Jehová. Además, es conveniente enseñarles pasajes bíblicos alentadores que muestren el profundo amor e interés del Creador por los "quebrantados de corazón" y "aplastados en espíritu" (Salmo 34:18). Al valernos del poder de la lengua para confortar, imitamos a nuestro compasivo Dios, "que consuela a los deprimidos" (2 Corintios 7:6, La Biblia de las Américas).

16

También utilizamos el poder de la lengua para dar a otras personas el ánimo que tanto precisan. ¿Ha sufrido la muerte de un ser querido algún hermano en la fe? Brindémosle consuelo con palabras de condolencia que manifiesten nuestro interés y preocupación. ¿Siente un hermano de edad avanzada que no lo necesitan? Garanticémosle con nuestros comentarios considerados que lo valoramos y apreciamos. ¿Hay algún enfermo crónico? Démosle estímulo con palabras amables, sea por teléfono o en persona. ¡Cuánto debe de complacer al Creador que utilicemos la facultad del habla para expresar todo lo que resulte "bueno para [la] edificación"! (Efesios 4:29.)

17

No hay manera más importante de emplear el poder de la lengua que proclamando las buenas nuevas del Reino de Dios. "No retengas el bien de aquellos a quienes se les debe, cuando sucede que está en el poder de tu mano hacerlo", señala Proverbios 3:27. Tenemos el deber de llevar al prójimo el urgente mensaje de salvación que con tanta generosidad nos ha dado Jehová; guardárnoslo sería una muestra de egoísmo (1 Corintios 9:16, 22). Ahora bien, ¿a qué grado espera él que realicemos esta obra?

Servir

a Jehová con 'todas las fuerzas'

18

El amor a Jehová nos mueve a participar de lleno en el ministerio cristiano. ¿Qué espera él de nosotros en este particular? Algo que todos podemos dar, independientemente de nuestras circunstancias: "Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová, y no para los hombres" (Colosenses 3:23). Al enunciar el mayor mandamiento, Jesús dijo: "Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Marcos 12:30). Sí, Jehová nos pide que lo amemos y sirvamos con toda el alma.

19

¿Qué implica servir a Dios con toda el alma? El alma se refiere al entero ser, con la plenitud de aptitudes físicas y mentales. Dado que abarca el corazón, la mente y las fuerzas, ¿por qué se mencionan estos por separado en Marcos 12:30? Ilustrémoslo. En tiempos bíblicos, un hombre podía venderse a sí mismo (su alma) como esclavo. Pero quizás no sirviera al amo con todo su corazón, ni buscara los intereses de él con toda su potencia física e intelectual (Colosenses 3:22). Al parecer, Jesús mencionó estas facultades con el objeto de subrayar que no debemos retener nada al prestar servicio a Jehová. Cuando lo hacemos con toda el alma, usamos nuestras fuerzas y energías al máximo de nuestra capacidad.

20

¿Conlleva servir con toda el alma que todos dediquemos al ministerio la misma cantidad de tiempo y energías? No, pues las circunstancias y las aptitudes personales varían. Por ejemplo, a un joven robusto tal vez le sea posible dedicar más horas a la predicación que a un publicador con las fuerzas mermadas por la edad. Igualmente, un soltero sin cargas familiares pudiera hacer más que el hermano que sí las tiene. Debemos estar muy agradecidos si las energías y circunstancias nos permiten hacer mucho en la obra, pero no debemos adoptar una actitud crítica ni compararnos con los demás (Romanos 14:10-12). Más bien, usemos nuestro poder para fortalecerlos.

21

Jehová nos ha dado el ejemplo perfecto de uso adecuado del poder, y queremos imitarlo lo mejor que nos permita la imperfección. Utilizaremos bien el poder si respetamos la dignidad de quienes se hallan de algún modo bajo nuestra autoridad. Además, hemos de servir con toda el alma en la obra salvadora de la predicación que él nos ha encomendado (Romanos 10:13, 14). Hay que recordar que el Altísimo está satisfecho siempre que nuestra alma —nuestra persona— le dé lo mejor que tiene. ¿No nos mueve el corazón a hacer cuanto nos sea posible en el servicio de un Dios tan comprensivo y amoroso? No existe forma mejor ni más importante de usar el poder.

[Nota]

En tiempos bíblicos, la palabra hebrea para "vara" se refería a un bastón o cayado como el que usaba el pastor para guiar a las ovejas (Salmo 23:4). De igual modo, "la vara" de la autoridad de los padres alude a su dirección amorosa y no a castigos severos o brutales.

Preguntas

para meditar

Proverbios

3:9, 10 ¿Qué "cosas valiosas" poseemos, y cómo podemos utilizarlas para honrar a Jehová?

Eclesiastés

9:5-10 ¿Por qué deberíamos usar ahora nuestras fuerzas de un modo que agrade a Jehová?

Hechos

8:9-24 ¿Qué abuso de poder se expone en este pasaje, y cómo evitamos caer en tal pecado?

Hechos

20:29-38 ¿Qué pueden aprender de Pablo las personas que ocupan puestos de responsabilidad en la congregación?

[Preguntas

del estudio]

1. ¿En qué insidiosa trampa caen con facilidad las personas imperfectas?

2, 3. a) ¿Qué tiene de extraordinario el uso que hace Jehová del poder? b) ¿Qué incluye el poder del hombre, y cómo debemos utilizarlo?

4, 5. a) ¿Cuál es la clave para hacer buen uso del poder, y cómo lo indica el ejemplo de Dios? b) ¿Cómo nos ayudará el amor a dar buen uso al poder?

6, 7. a) ¿Qué es el temor piadoso, y por qué nos ayuda esta cualidad a evitar el abuso del poder? b) Ilustre la relación que existe entre temer desagradar a Dios y amarlo.

8. a) ¿Qué autoridad poseen los esposos en la familia, y cómo deben ejercerla? b) ¿Cómo demuestran que honran a su esposa?

9. a) ¿Qué poder tiene la esposa en la familia? b) ¿Qué ayudará a la mujer a emplear sus dotes para apoyar a su esposo, y cuál será el resultado?

10. a) ¿Qué autoridad ha concedido Dios a los padres? b) ¿Qué significa "la disciplina", y cómo debe administrarse? (Véase la nota.)

11. ¿Cómo dan buen uso al poder los hijos?

12, 13. a) ¿Cómo deben ver los ancianos la autoridad que poseen en la congregación? b) Ilustre por qué deben los superintendentes tratar con ternura al rebaño.

14. ¿Qué poder tiene la lengua?

15, 16. ¿De qué formas utilizamos la lengua para dar ánimo?

17. ¿Cuál es el modo más importante de utilizar la lengua para beneficio del prójimo, y por qué debemos participar en dicha actividad?

18. ¿Qué espera Jehová de nosotros?

19, 20. a) Dado que el alma abarca el corazón, la mente y las fuerzas, ¿por qué se mencionan estos por separado en Marcos 12:30? b) ¿Qué implica servir a Jehová con toda el alma?

21. ¿Cuál es la forma mejor y más importante de usar el poder?

[Ilustración

de la página 103]

Hombres y mujeres emplean bien el poder cuando tratan a su cónyuge con amor y respeto

[Ilustración

de la página 104]

Anunciar las buenas nuevas es un modo magnífico de usar el poder

Sección

2

"Amador

de la justicia"

En el mundo actual abundan las injusticias, y muchas veces se cae en el error de culpar a Dios. La Biblia, sin embargo, nos enseña la reconfortante verdad de que "Jehová es amador de la justicia" (Salmo 37:28). En esta sección aprenderemos cómo ha demostrado él la veracidad de estas palabras y ha brindado esperanza a toda la humanidad.

Capítulo

11

"Todos

sus caminos son justicia"

ERA una injusticia flagrante. Aunque el apuesto joven no había cometido delito alguno, se encontraba encerrado en una mazmorra, acusado mentirosamente de intento de violación. No era, sin embargo, el primer abuso que padecía. Años antes, José —que así se llamaba— había sufrido la traición de sus propios hermanos, quienes casi llegaron a matarlo cuando tenía 17 años. Luego fue vendido como esclavo en un país extranjero, donde rechazó las insinuaciones de la esposa de su amo, la cual, al verse desdeñada, inventó la falsa acusación que lo llevó a la cárcel. Por desgracia, no parecía haber nadie que intercediera por él.

2

Sin embargo, Jehová, el Dios "amador de justicia y derecho", observaba tales atropellos e intervino con objeto de corregirlos, maniobrando los sucesos para que finalmente José fuera liberado (Salmo 33:5). Lo que es más, el hombre que fue arrojado a un "hoyo carcelario" terminó ascendiendo a un cargo de gran responsabilidad y sumo honor (Génesis 40:15; 41:41-43; Salmo 105:17, 18). Al final fue vindicado, y se valió de su alta posición para el adelanto del propósito divino (Génesis 45:5-8).

3

¿Verdad que este relato nos llega al corazón? ¿Quién no ha visto o sufrido acciones injustas? Ciertamente, todos anhelamos que nos traten de modo recto y equitativo, y no es de extrañar, ya que Jehová nos dotó de cualidades que reflejan su personalidad, uno de cuyos principales atributos es la justicia (Génesis 1:27). Por consiguiente, para conocer bien al Altísimo, hemos de comprender su sentido de la rectitud. Así valoraremos mejor sus maravillosos caminos y nos sentiremos impulsados a acercarnos aún más a él.

¿Qué

es la justicia?

4

El hombre suele concebir la justicia como la mera aplicación imparcial de la ley. El libro Ética: teoría y aplicación señala que "la justicia está conectada con la ley, con la obligación, los derechos y los deberes, y mide sus concesiones según igualdad y mérito". Sin embargo, en el caso de Jehová implica más que el frío cumplimiento de las reglas por fidelidad al deber o a las obligaciones.

5

Un examen de los términos bíblicos originales nos ayudará a comprender mejor todo lo que abarca esta cualidad de Jehová. En las Escrituras Hebreas se emplean tres vocablos principales. Uno de ellos se traduce, además de por "justicia", con soluciones tales como "derecho" y "lo que es recto" (Génesis 18:25). Los otros dos se vierten por lo general "justicia" y a veces, "rectitud". La palabra empleada en las Escrituras Griegas Cristianas para "justicia" se define como la "cualidad de ser recto o justo". En la Biblia se usan como sinónimos "justicia" y "derecho" (Amós 5:24).

6

Por lo tanto, cuando las Escrituras dicen que el Creador es justo, indican que hace lo que es correcto y equitativo, y que actúa así siempre, sin parcialidad (Romanos 2:11). De hecho, es inconcebible que proceda de otro modo. El fiel Elihú señaló: "¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente!" (Job 34:10). En efecto, es imposible que Jehová 'obre injustamente'. ¿Por qué? Por dos importantes razones.

7

Primero, Dios es santo. Como vimos en el capítulo 3, es infinitamente puro y recto, lo que le impide actuar de modo injusto. Pensemos en lo que entraña lo anterior: la santidad de nuestro Padre celestial es una poderosísima razón para confiar en que nunca maltratará a sus hijos. Esta era la certeza que tenía Jesús, quien en su última noche de vida en la Tierra oró: "Padre santo, vigílalos [a los discípulos] por causa de tu propio nombre" (Juan 17:11). En las Escrituras, la fórmula "Padre santo" se aplica en exclusiva a Jehová, y es lo propio, pues ningún padre humano puede comparársele en santidad. Cristo tenía plena fe en que sus discípulos estarían a salvo en manos del Padre, quien se distingue por la más absoluta pureza y la más completa separación de todo pecado (Mateo 23:9).

8

Segundo, el amor altruista es propio de la naturaleza del Altísimo y lo mueve a tratar a todos con rectitud. En cambio, la injusticia, en sus diversas modalidades —entre ellas el racismo, la discriminación y el favoritismo—, suele ser fruto de la codicia y el egoísmo, vicios contrarios al amor. La Biblia nos garantiza lo siguiente acerca del Dios de amor: "Jehová es justo; él sí ama los actos justos" (Salmo 11:7). Él mismo dice tocante a su persona: "Yo, Jehová, amo el derecho" (Isaías 61:8). ¿Verdad que es todo un consuelo saber que se deleita en obrar conforme a derecho, o sea, en justicia? (Jeremías 9:24.)

La

misericordia y la justicia perfecta de Jehová

9

La justicia de Jehová, como las demás facetas de su inigualable personalidad, es perfecta, sin deficiencia alguna. Moisés exaltó al Creador con estas palabras: "La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él" (Deuteronomio 32:3, 4). Toda expresión de su justicia es equilibrada: ni muy indulgente ni muy severa.

10

Existe una relación muy estrecha entre esta cualidad del Altísimo y su misericordia. Salmo 116:5 dice: "Jehová es benévolo y justo; y nuestro Dios es Uno que muestra misericordia". Sí, es justo y misericordioso a la vez. Estos atributos no son contradictorios. Su ejercicio de la misericordia no atenúa su justicia, como si esta fuera muy severa. Más bien, él suele expresar ambas cualidades simultáneamente e incluso en la misma acción. Veamos un ejemplo.

11

Todos los seres humanos hemos heredado el pecado, por lo que merecemos la pena capital (Romanos 5:12). Pero Jehová no se complace en que mueran los pecadores: es "un Dios de actos de perdón, benévolo y misericordioso" (Nehemías 9:17). Sin embargo, su santidad no le permite aprobar la injusticia. Entonces, ¿cómo podría tratar con misericordia a personas pecadoras por naturaleza? Hallamos la respuesta en una de las verdades más preciosas de las Escrituras: el rescate que ha provisto para la salvación de la humanidad. En el capítulo 14 aprenderemos más detalles sobre esta amorosa dádiva, que demuestra a la vez profunda justicia y suma misericordia. Mediante ella, el Creador expresa tierna misericordia a los pecadores arrepentidos y al mismo tiempo mantiene sus normas de justicia perfecta (Romanos 3:21-26).

La

justicia de Jehová es reconfortante

12

La justicia de Jehová no es una cualidad fría que nos inspire rechazo, sino que es atrayente y nos acerca a él. Como indica la Biblia con claridad, es un atributo que se caracteriza por la compasión. Analicemos algunas de las alentadoras formas en que lo ejercita.

13

La justicia perfecta del Todopoderoso lo mueve a ser fiel, a ser leal a sus siervos. El salmista David pudo constatar por sí mismo esta faceta de la rectitud divina. ¿A qué conclusión lo llevó su propia experiencia y el estudio de los caminos de Dios? "Jehová es amador de la justicia, y no dejará a los que le son leales. Hasta tiempo indefinido ciertamente serán guardados", declaró (Salmo 37:28). ¡Qué garantía tan reconfortante! Ni por un momento abandonará él a sus leales. Por lo tanto, podemos confiar en que estará cerca de nosotros y nos cuidará con cariño, pues lo garantiza su justicia (Proverbios 2:7, 8).

14

La justicia divina es sensible a las necesidades de los afligidos. Si examinamos la Ley que Jehová dio a Israel, resulta evidente que él se preocupa por los desfavorecidos. Por ejemplo, vemos disposiciones especiales para asegurar el cuidado de huérfanos y viudas (Deuteronomio 24:17-21). Como Dios reconocía lo difícil que solía ser la vida para ellos, él mismo se convirtió en su Juez y Protector paternal, quien "ejecuta[ba] juicio para el huérfano de padre y la viuda" (Deuteronomio 10:18; Salmo 68:5). Advirtió a los israelitas que no se aprovecharan de tales mujeres y niños desamparados, porque oiría sin falta su clamor. "Verdaderamente se encenderá mi cólera", señaló (Éxodo 22:22-24). Aunque la cólera no es una de sus cualidades dominantes, siente justa indignación ante los abusos deliberados, sobre todo si los sufren los humildes e indefensos (Salmo 103:6).

15

Jehová también nos asegura que "no trata a nadie con parcialidad ni acepta soborno" (Deuteronomio 10:17). A diferencia de muchos seres humanos poderosos o influyentes, no deja que pesen en sus decisiones las riquezas materiales o las apariencias, ni tiene prejuicios ni favoritismos de ningún tipo. Veamos una prueba sobresaliente de su imparcialidad: lejos de limitar a una minoría selecta la oportunidad de ser sus adoradores verdaderos, con vida eterna en mira, "en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto" (Hechos 10:34, 35). Ofrece esta maravillosa perspectiva a todas las personas, sin importar la posición social, el color de la piel ni el país de residencia. ¿No es esta la mejor justicia posible?

16

Hay otro aspecto de la justicia perfecta de Jehová que es digno de análisis y respeto: cómo trata a quienes quebrantan sus justas normas.

No

exime del castigo

17

Alguien tal vez pregunte: "Si Jehová no aprueba nada contrario a la rectitud, ¿qué explica el sufrimiento injusto y las prácticas corruptas que plagan a la sociedad actual?". Las injusticias que abundan en este mundo malvado no ponen en entredicho la rectitud divina, pues se deben al pecado que hemos heredado de Adán. En un mundo donde los seres humanos imperfectos escogen sus propios caminos de pecado, son frecuentes los atropellos, si bien no será así por mucho tiempo más (Deuteronomio 32:5).

18

Aunque Jehová demuestra gran misericordia a quienes se le acercan con sinceridad, no tolerará indefinidamente una situación que ocasione oprobio a su santo nombre (Salmo 74:10, 22, 23). Nadie puede mofarse del Dios de justicia; a los pecadores obstinados no los amparará del juicio condenatorio que merece su conducta. Es "un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, [...] pero de ninguna manera dará exención de castigo" (Éxodo 34:6, 7). En armonía con estas palabras, a veces ha visto necesario imponer una pena a quienes violan deliberadamente sus rectas leyes.

19

Pongamos por caso el trato que dispensó a los israelitas de la antigüedad, quienes, incluso cuando ya estaban asentados en la Tierra Prometida, le fueron infieles en múltiples ocasiones. Aunque su corrupción lo hizo "sentirse herido", no los rechazó de inmediato (Salmo 78:38-41). Más bien, fue misericordioso y les dio oportunidades de cambiar de proceder. Les suplicó: "No me deleito en la muerte del inicuo, sino en que alguien inicuo se vuelva de su camino y realmente siga viviendo. Vuélvanse, vuélvanse de sus malos caminos, pues, ¿por qué deberían morir, oh casa de Israel?" (Ezequiel 33:11). Como Jehová considera valiosísima la vida, vez tras vez les envió profetas para que dejaran sus malas sendas. Pero la inmensa mayoría tenía el corazón tan duro, que se negó a hacer caso y arrepentirse. Finalmente, por causa de su santo nombre y de lo que este representa, Dios los entregó en manos de sus enemigos (Nehemías 9:26-30).

20

Aprendemos mucho acerca del Creador al examinar cómo trató a Israel. Comprendemos que sus ojos —que todo lo contemplan— ven las injusticias y que le afecta mucho lo que observa (Proverbios 15:3). Asimismo nos reconforta saber que muestra misericordia siempre que hay base para ello. Además, su justicia jamás es precipitada. Debido a su paciencia, muchos llegan a creer, erróneamente, que nunca castigará a los malvados, pero de ningún modo es así. La relación que mantuvo con Israel nos enseña también que la paciencia divina tiene límites. Jehová sostiene con firmeza la justicia. A diferencia del hombre, que con frecuencia no se atreve a pronunciarse a favor de ella, él siempre tiene el valor de hacerlo. De ahí que sea muy apropiado que el león, como símbolo de la justicia valerosa, esté asociado a la presencia y el trono de Dios (Ezequiel 1:10; Revelación [Apocalipsis] 4:7). Así pues, podemos estar seguros de que él cumplirá su promesa de eliminar la injusticia de la Tierra. Su criterio a la hora de juzgar pudiera resumirse así: firmeza cuando es necesario, misericordia cuando es posible (2 Pedro 3:9).

Acerquémonos

al Dios de justicia

21

Al meditar sobre la forma en que Jehová ejercita la justicia, no deberíamos verlo como un juez frío y severo, preocupado tan solo de dictar sentencia contra quienes actúan mal, sino más bien, como un Padre amoroso y firme que siempre trata a sus hijos del mejor modo posible. Dado que es un Padre justo, equilibra la firmeza a favor de la rectitud con la tierna compasión por sus hijos terrestres, que se hallan necesitados de su ayuda y perdón (Salmo 103:10, 13).

22

¡Qué agradecidos podemos sentirnos de que la justicia divina implique mucho más que dictar sentencia contra quienes actúan mal! Guiado por dicho atributo, Dios nos ofrece una maravillosa perspectiva: disfrutar de una vida perfecta por toda la eternidad en un mundo donde "la justicia habrá de morar" (2 Pedro 3:13). Nos trata así porque el objetivo de su justicia no es condenar, sino salvar. Ciertamente, cuando comprendemos mejor lo que abarca la justicia de Jehová, nos sentimos atraídos a su persona. En los siguientes capítulos analizaremos con más detalle la forma en que él expresa tan admirable cualidad.

[Notas]

Aunque el término hebreo para "huérfano de padre" sea masculino, no indica en modo alguno desinterés por el sexo femenino. Jehová incluyó en la Ley el relato sobre una decisión judicial que garantizaba que las hijas del difunto Zelofehad recibieran una posesión hereditaria. Aquella sentencia sentó un precedente que amparaba los derechos de las huérfanas (Números 27:1-8).

Es digno de mención que Jehová se asemejó a sí mismo a un león a la hora de castigar al Israel infiel (Jeremías 25:38; Oseas 5:14).

Preguntas

para meditar

Jeremías

18:1-11 ¿Cómo le enseñó Jehová a Jeremías que no se apresura a emitir un juicio condenatorio?

Habacuc

1:1-4, 13; 2:2-4 ¿Cómo le confirmó Jehová a Habacuc que no tolerará por siempre la injusticia?

Zacarías

7:8-14 ¿Qué piensa Jehová de quienes atropellan los derechos ajenos?

Romanos

2:3-11 ¿En qué se basa Jehová para juzgar a las personas y a las naciones?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. a) ¿Qué injusticias flagrantes sufrió José? b) ¿Cómo corrigió Jehová tales atropellos?

3. ¿Por qué no es extraño que deseemos un trato equitativo?

4. ¿Cómo suele concebir la justicia el hombre?

5, 6. a) ¿Qué significan los términos originales traducidos por "justicia"? b) ¿Qué implica la afirmación de que el Creador es justo?

7, 8. a) ¿Por qué es incapaz Jehová de actuar injustamente? b) ¿Qué lo mueve a tratar a todos con rectitud?

9-11. a) ¿Qué relación existe entre la justicia de Jehová y su misericordia? b) ¿Cómo se manifiestan la justicia y la misericordia de Jehová en su manera de tratar a los seres humanos pecaminosos?

12, 13. a) ¿Por qué nos atrae a Jehová su justicia? b) ¿A qué conclusión llegó David sobre la justicia de Jehová, y cómo nos reconforta?

14. ¿Cómo se evidencia en la Ley el interés de Jehová por los desfavorecidos?

15, 16. ¿Qué gran prueba hay de la imparcialidad de Jehová?

17. Explique por qué las injusticias de este mundo malvado no ponen en entredicho la rectitud de Jehová.

18, 19. ¿Qué indica que Jehová no tolerará por siempre a quienes violan deliberadamente sus rectas leyes?

20. a) ¿Qué aprendemos sobre Jehová al examinar cómo trató a Israel? b) ¿Por qué es el león un símbolo adecuado de la justicia de Jehová?

21. Cuando meditamos sobre su forma de ejercitar la justicia, ¿cómo debemos ver a Jehová, y por qué?

22. Guiado por su justicia, ¿qué perspectiva nos ofrece Jehová, y por qué nos trata de esa manera?

[Ilustración

de la página 111]

José sufrió injustamente en "el hoyo carcelario"

Capítulo

12

"¿Hay

injusticia con Dios?"

UNA viuda anciana cae víctima de una estafa y pierde los ahorros de toda la vida. Un niño indefenso es abandonado por su despiadada madre. Un hombre va a la cárcel por un delito que no cometió. ¿Cómo reaccionamos ante situaciones como estas? Seguramente nos perturbamos, y es comprensible, ya que los seres humanos poseemos un intenso sentido del bien y del mal. Nos indigna que se cometan injusticias, y queremos que las víctimas obtengan compensación y los delincuentes paguen sus culpas. Cuando no sucede así, quizá nos preguntemos: "Pero ¿no ve Dios lo que ocurre? ¿Por qué no actúa?".

2

En el transcurso de la historia ha habido siervos fieles de Jehová que se han planteado preguntas parecidas. Por ejemplo, Habacuc dijo en una oración a Dios: "¿Por qué me haces ver tantas injusticias y tú aceptas el espectáculo de la opresión? Ante mí no hay más que robos y violencia, por todas partes hay querellas y discordias" (Habacuc 1:3, Martín Nieto, 1992). El Todopoderoso no censuró al profeta por preguntar con tanta franqueza, pues fue Él mismo quien grabó en el hombre el concepto de la rectitud. En efecto, nos ha dotado con un sentido de la justicia, si bien muchísimo menos profundo que el suyo.

Jehová

odia la injusticia

3

Dios no es ajeno a la injusticia, dado que contempla cuanto ocurre. Con respecto a la época de Noé, dice la Biblia: "Jehová vio que la maldad del hombre abundaba en la tierra, y que toda inclinación de los pensamientos del corazón de este era solamente mala todo el tiempo" (Génesis 6:5). Analicemos las implicaciones del versículo. Nuestras ideas sobre la injusticia suelen fundarse en unos pocos incidentes que hemos vivido o nos han contado. Pero el Altísimo tiene conciencia de ella como fenómeno mundial, y la ve en su totalidad. Lo que es más, percibe las inclinaciones del corazón, el modo de pensar corrupto que subyace tras el desafuero (Jeremías 17:10).

4

Ahora bien, Jehová no se limita a observar la injusticia, sino que se preocupa por las víctimas. Cuando su pueblo padeció el trato cruel de naciones enemigas, se sintió angustiado "por el gemido de ellos a causa de sus opresores y de los que los trataban a empujones" (Jueces 2:18). Tal vez nos hayamos fijado en que hay personas que cuantas más injusticias ven, más insensibles se vuelven ante ellas. Pero no ocurre igual con Dios. Aunque lleva seis mil años presenciándolas, en todas sus modalidades, no ha dejado de aborrecerlas. Más bien, como nos asegura la Biblia, detesta cosas tales como "una lengua falsa", "manos que derraman sangre inocente" y "un testigo falso que lanza mentiras" (Proverbios 6:16-19).

5

Pensemos, también, en las fuertes críticas que Dios dirigió a los desaforados caudillos de Israel. Inspiró al profeta a preguntarles: "¿No es negocio de ustedes el conocer la justicia?". Luego describió con viveza el abuso de poder de aquellos corruptos y predijo las consecuencias que afrontarían: "Clamarán a Jehová por socorro, pero él no les responderá. Y él ocultará de ellos su rostro en aquel tiempo, según como cometieron maldad en sus tratos" (Miqueas 3:1-4). ¡Qué aversión le causa la injusticia! Y es lógico, pues la ha sufrido directamente. Ha soportado por milenios los desafíos sin razón de Satanás (Proverbios 27:11). Además, se vio afectado por la mayor atrocidad de todas: la ejecución, como si fuera un delincuente, de su Hijo, quien "no cometió pecado" (1 Pedro 2:22; Isaías 53:9). Está claro que no es ajeno ni indiferente al sufrimiento de las víctimas de la injusticia.

6

Con todo, cuando vemos injusticias o somos víctimas de ellas, es muy natural que se produzca en nosotros una intensa reacción. Estamos hechos a la imagen de Dios, y la falta de equidad se halla diametralmente opuesta a todo lo que él defiende (Génesis 1:27). Entonces, ¿por qué la permite?

La

cuestión de la soberanía de Dios

7

La respuesta a esta pregunta está vinculada a la cuestión de la soberanía. Como hemos visto, el Creador tiene el derecho a gobernar la Tierra y a sus moradores (Salmo 24:1; Revelación [Apocalipsis] 4:11). No obstante, en los albores de la historia se desafió su soberanía. ¿Cómo? Adán, el primer hombre, había recibido órdenes divinas de no comer de cierto árbol del jardín paradisíaco donde vivía. ¿Qué le sucedería en caso de desobedecer? "Positivamente morirás", le advirtió el Altísimo (Génesis 2:17). Aquel mandato no suponía ninguna privación para él ni para su esposa, Eva. Sin embargo, Satanás convenció a la mujer de que Jehová era demasiado restrictivo. ¿Qué le ocurriría si llegaba a comer del árbol? El Diablo le dijo de manera terminante: "Positivamente no morirán. Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo" (Génesis 3:1-5).

8

Con estas afirmaciones, Satanás daba a entender que Jehová había ocultado a Eva datos de suma importancia para ella, y que de hecho le había mentido. El Diablo tuvo cuidado y no cuestionó que la soberanía de Dios fuera real, sino que fuera legítima, justa y merecida. Es decir, sostuvo que no la ejercía con equidad ni buscando los mejores intereses de sus súbditos.

9

Más tarde, Adán y Eva desobedecieron a su Hacedor al comer del árbol prohibido, lo que los hizo merecedores de la pena de muerte, tal y como él había decretado. La mentira del Diablo suscitó preguntas trascendentales: ¿de verdad tiene Jehová el derecho de regir al hombre, o debería este gobernarse por sí mismo?, ¿ejerce Dios su soberanía del mejor modo posible? Al ser todopoderoso, pudo haber destruido en el acto a los rebeldes. Pero aquellas cuestiones no aludían a su poder, sino a su gobierno. Por lo tanto, la eliminación de Adán, Eva y Satanás no demostraría la justicia de dicho gobierno, sino que, por el contrario, la pondría aún más en duda. El único modo de determinar si los seres humanos eran capaces de gobernarse bien por sí mismos, con independencia del Creador, era permitir el paso del tiempo.

10

¿Qué ha revelado la historia? A lo largo de milenios, la humanidad ha probado múltiples tipos de gobierno, como la autocracia, la democracia, el socialismo y el comunismo. Todos ellos quedan abarcados en esta franca afirmación de las Escrituras: "El hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo" (Eclesiastés 8:9). Con razón dijo el profeta Jeremías: "Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso" (Jeremías 10:23).

11

Desde el principio, Jehová era consciente de que la independencia, o autogobierno, del hombre acarrearía muchos sufrimientos. ¿Fue injusto, por lo tanto, al dejar que siguiera su curso lo inevitable? De ninguna manera. Para ilustrarlo, supongamos que un niño debe operarse para superar una enfermedad potencialmente mortal. El padre tiene conciencia de que la intervención ocasionará algunos sufrimientos a su hijo. Sin embargo, aunque este hecho lo aflige, comprende que así gozará de mejor salud cuando crezca. De igual modo, Dios sabía, e incluso lo profetizó, que tolerar el gobierno humano conllevaría dolores y sufrimientos (Génesis 3:16-19). Pero también sabía que la única solución duradera y significativa implicaba permitir que toda la humanidad viera los malos frutos de la rebelión. De esta forma se zanjaría la cuestión definitivamente, por toda la eternidad.

La

cuestión de la integridad del hombre

12

En este asunto entra en juego otro aspecto. Al cuestionar la legitimidad y justicia del gobierno divino, las calumnias de Satanás no solo apuntaron a la soberanía del Eterno, sino también a la integridad de Sus siervos. Observemos, por ejemplo, lo que dijo a Jehová acerca del justo Job: "¿No has puesto tú mismo un seto protector alrededor de él y alrededor de su casa y alrededor de todo lo que tiene en todo el derredor? La obra de sus manos has bendecido, y su ganado mismo se ha extendido en la tierra. Pero, para variar, sírvete alargar la mano, y toca todo lo que tiene, y ve si no te maldice en tu misma cara" (Job 1:10, 11).

13

Satanás alegó que Jehová se valía de su poder protector para comprar la devoción de Job. Con ello insinuó que su integridad era pura farsa, que adoraba al Altísimo solo por las ventajas que comportaba. Afirmó que hasta aquel fiel llegaría a maldecir al Creador si se le retiraba la bendición divina. El Diablo sabía que Job se destacaba por ser "un hombre sin culpa y recto, temeroso de Dios y apartado del mal". Así que, si conseguía quebrantar su integridad, ¿qué no haría con el resto de las personas? Por lo tanto, vino a poner en tela de juicio la lealtad de todo el que desea servir a Dios. De hecho, amplió la cuestión cuando le dijo a Jehová: "Todo lo que el hombre [no solo Job] tiene lo dará en el interés de su alma" (Job 1:8; 2:4).

14

La historia muestra que muchas personas han actuado como Job, pues han permanecido leales a Jehová pese a las pruebas, contradiciendo así la alegación diabólica. Con su fidelidad alegran a Dios y le brindan una respuesta al desafío jactancioso de Satanás, a saber, que el ser humano dejaría de servir al Creador si sufría penalidades (Hebreos 11:4-38). En efecto, los justos se niegan a volverle la espalda a Jehová. Aunque los desconcierten las situaciones más angustiosas, confían aún más en que él les concederá fuerzas para soportarlas (2 Corintios 4:7-10).

15

Pero el ejercicio de la justicia de Jehová conlleva más que las cuestiones de la soberanía y la integridad del hombre. La Biblia nos brinda un conjunto de relatos sobre los juicios que hizo a personas y aun a naciones, así como profecías sobre los que hará en el futuro. ¿Qué razón tenemos para confiar en que tales juicios han sido y serán justos?

Por

qué es superior la justicia divina

16

Refiriéndonos a Jehová, decimos con razón que "todos sus caminos son justicia" (Deuteronomio 32:4). Ningún ser humano puede hacer esta afirmación sobre sí mismo, pues nuestra perspectiva es limitada, lo que suele nublarnos la percepción de lo correcto. Pongamos por caso a Abrahán, quien arguyó con el Altísimo acerca de la destrucción de Sodoma, aun siendo esta un nido de maldad. Le preguntó: "¿Verdaderamente barrerás al justo con el inicuo?" (Génesis 18:23-33). Claro, la respuesta era que no. De hecho, él no "hizo llover azufre y fuego" sobre Sodoma sino hasta que el justo Lot y sus hijas llegaron a salvo a la ciudad de Zóar (Génesis 19:22-24). En cambio Jonás, cuando Dios mostró misericordia a los ninivitas, llegó a estar "enardecido de cólera". El profeta había anunciado su exterminio, así que le hubiera satisfecho verlo, sin importarle que se hubiesen arrepentido de corazón (Jonás 3:10–4:1).

17

Jehová confirmó a Abrahán que su ejercicio de la justicia no solo implica aniquilar a los malvados, sino también salvar a los justos. Por otro lado, Jonás tuvo que aprender que Dios es misericordioso. Si el malvado abandona sus caminos, él está "listo para perdonar[lo]" (Salmo 86:5). A diferencia de algunas personas inseguras, no impone castigos como mera demostración de poder ni se retrae de ser compasivo por miedo a parecer débil. Su criterio es mostrar misericordia siempre que haya base para ello (Isaías 55:7; Ezequiel 18:23).

18

Ahora bien, a Jehová no lo ciegan los sentimientos. Cuando su pueblo se entregó a la idolatría, declaró con firmeza: "Te juzgaré según tus caminos y traeré sobre ti todas tus cosas detestables. Y mi ojo no se sentirá apenado por ti, y ciertamente tampoco sentiré compasión, porque sobre ti traeré tus propios caminos" (Ezequiel 7:3, 4). Así pues, si los seres humanos se vuelven pecadores empedernidos, los juzga en consonancia con ello. Además, siempre se basa en pruebas sólidas. Por ejemplo, cuando oyó un fuerte "clamor de queja" sobre Sodoma y Gomorra, dijo: "Estoy completamente resuelto a bajar para ver si obran del todo conforme al clamor que acerca de ello ha llegado a mí" (Génesis 18:20, 21). ¡Qué agradecidos estamos de que el Creador no sea como tantas personas que se precipitan a sacar conclusiones sin haber escuchado la totalidad de los hechos! Como bien dice la Biblia, él es un "Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia" (Deuteronomio 32:4).

Confiemos

en la justicia de Jehová

19

Las Escrituras no contestan todas las preguntas sobre las acciones de Jehová en el pasado ni refieren con pormenores cómo juzgará en el futuro a determinadas personas y colectividades. Si nos desconcierta alguna narración o profecía bíblica que no aporta dichos detalles, imitemos la lealtad del profeta Miqueas, quien escribió: "Mostraré una actitud de espera por el Dios de mi salvación" (Miqueas 7:7).

20

Podemos confiar en que Jehová siempre actuará con rectitud. Aunque el hombre pase por alto las injusticias, él promete: "Mía es la venganza; yo pagaré" (Romanos 12:19). Si demostramos una actitud de espera, nos haremos eco de la firme convicción del apóstol Pablo: "¿Hay injusticia con Dios? ¡Jamás llegue a ser eso así!" (Romanos 9:14).

21

Entretanto, vivimos en "tiempos críticos, difíciles de manejar" (2 Timoteo 3:1). Las injusticias y "los actos de opresión" han supuesto muchas atrocidades (Eclesiastés 4:1). Pero Jehová no ha cambiado. Sigue odiando la falta de equidad y se preocupa mucho por sus víctimas. Si nos mantenemos leales a él y a su soberanía, nos dará las fuerzas que precisamos para aguantar hasta que llegue el día que ha fijado para corregir todas las injusticias mediante su Reino (1 Pedro 5:6, 7).

[Nota]

Jehová había dicho de Job: "No hay ninguno como él en la tierra" (Job 1:8). Es probable, por tanto, que viviera poco después de la muerte de José y antes de la designación de Moisés como caudillo de Israel. Esto explicaría la afirmación de que en aquel entonces no había nadie tan íntegro como Job.

Preguntas

para meditar

Deuteronomio

10:17-19 ¿Qué seguridad tenemos de que Jehová actúa siempre con imparcialidad?

Job

34:1-12 Al vernos ante las injusticias, ¿cómo fortalecen nuestra confianza en la justicia divina las palabras de Elihú?

Salmo

1:1-6 ¿Por qué es tranquilizador saber que Jehová evalúa con cuidado tanto las acciones del justo como las del malvado?

Malaquías

2:13-16 ¿Qué le parecieron a Jehová las injusticias que sufrieron las mujeres cuyos maridos se divorciaron de ellas sin razones válidas?

[Preguntas

del estudio]

1. ¿Cómo pudieran afectarnos las injusticias?

2. ¿Cómo reaccionó Habacuc ante las injusticias, y por qué no lo censuró Jehová?

3. ¿Por qué puede decirse que Jehová tiene mayor conciencia de la injusticia que nosotros?

4, 5. a) ¿Cómo indica la Biblia que Jehová se preocupa por quienes reciben trato injusto? b) ¿Cómo se ha visto afectado Jehová por la injusticia?

6. ¿Cómo pudiéramos reaccionar ante la injusticia, y por qué?

7. Explique cómo se desafió la soberanía de Jehová.

8. a) ¿Qué dio a entender Satanás con lo que dijo a Eva? b) ¿Qué aspectos de la soberanía de Dios cuestionó el Diablo?

9. a) ¿Qué consecuencias sufrieron Adán y Eva al desobedecer, y qué preguntas trascendentales se suscitaron? b) ¿Por qué no destruyó Jehová a los rebeldes?

10. ¿Qué revela la historia tocante al gobierno del hombre?

11. ¿Por qué permitió Jehová que el género humano se viera aquejado por el sufrimiento?

12. Como ilustra la experiencia de Job, ¿qué acusación lanzó Satanás contra los seres humanos?

13. ¿Qué dio a entender Satanás con las acusaciones contra Job, y cómo estamos implicados en ellas todos los seres humanos?

14. ¿Qué demuestra la historia tocante a la acusación que lanzó Satanás contra los seres humanos?

15. ¿Qué pregunta pudiera surgir sobre los juicios divinos del pasado y del futuro?

16, 17. ¿Qué ejemplos revelan que el ser humano tiene una perspectiva limitada de la verdadera justicia?

18. Muestre con la Biblia que Jehová no actúa guiándose tan solo por los sentimientos.

19. ¿Qué podemos hacer si nos surgen preguntas desconcertantes sobre el ejercicio de la justicia de Jehová?

20, 21. ¿Por qué podemos estar seguros de que Jehová siempre actuará con rectitud?

[Ilustración

de la página 122]

Jehová nunca "[barrerá] al justo con el inicuo"

Capítulo

13

"La

ley de Jehová es perfecta"

"LA LEY es un pozo sin fondo, [...] todo lo devora." Esta aseveración apareció en un libro de 1712 que deploraba la existencia de un régimen jurídico cuyos procesos llegaban a demorarse años en los tribunales, lo que conducía a la bancarrota a quienes demandaban justicia. Hoy, los sistemas legales y judiciales de muchas naciones son tan intrincados y se ven plagados de tantos abusos, prejuicios e incongruencias, que la ley ha caído en el descrédito general.

2

En contraposición, fijémonos en unas palabras redactadas hace unos dos mil setecientos años: "¡Cómo amo tu ley, sí!" (Salmo 119:97). ¿Por qué eran tan intensos los sentimientos del escritor? Porque la legislación que elogiaba no emanaba de un gobierno civil, sino de Jehová Dios. Si estudiamos sus disposiciones, compartiremos cada día con más convicción el pensar del salmista y, además, entenderemos mejor a la mayor mente judicial del universo.

El

Legislador Supremo

3

"Uno solo hay que es legislador y juez", dice la Biblia (Santiago 4:12). En efecto, Jehová es el único y verdadero Legislador. Hasta los movimientos de los cuerpos siderales se rigen por "las leyes de los cielos" (Job 38:33, Biblia de América). Las miríadas de santos ángeles siguen igualmente los preceptos divinos, pues son ministros del Supremo que le sirven dentro de un orden jerárquico (Salmo 104:4; Hebreos 1:7, 14).

4

Jehová también ha legislado para el ser humano. Toda persona está dotada de una conciencia, la cual es un reflejo del sentido divino de la justicia y una especie de ley interna que le facilita discernir el bien del mal (Romanos 2:14). Dado que a nuestros primeros padres se les bendijo con una conciencia perfecta, solo necesitaban unos pocos preceptos (Génesis 2:15-17). En cambio, el hombre imperfecto precisa de más leyes para que lo orienten en el cumplimiento de la voluntad de Dios. Patriarcas como Noé, Abrahán y Jacob recibieron disposiciones divinas y las transmitieron a sus familias (Génesis 6:22; 9:3-6; 18:19; 26:4, 5). Jehová hizo que él mismo llegara a ser Legislador de un modo sin precedentes al transmitir mediante Moisés a la nación de Israel un código, el cual nos permite entender más a fondo Su sentido de la justicia.

Las

líneas generales de la Ley mosaica

5

Aunque muchos creen que la Ley mosaica era una colección de preceptos voluminosa y enmarañada, no es así, ni mucho menos. Contenía algo más de seiscientas disposiciones, cifra que pudiera parecer elevada, pero que no lo es tanto en comparación con otros códigos, como el federal de Estados Unidos, que a finales del siglo XX comprendía más de ciento cincuenta mil páginas y que cada dos años incorpora unas seiscientas leyes más. De modo que, atendiendo solo al volumen, las legislaciones humanas dejan pequeña a la Ley mosaica. Pese a ello, esta gobernaba aspectos de la vida de los israelitas que el derecho moderno ni siquiera se plantea. Notemos lo singular que era este código examinando sus líneas generales.

6

La Ley mosaica exaltaba la soberanía de Jehová. En este particular, ningún código la iguala. Su mayor mandato estipulaba: "Escucha, oh Israel: Jehová nuestro Dios es un solo Jehová. Y tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza vital". ¿De qué manera probaban los siervos del Altísimo que lo amaban? Sirviéndole y acatando su soberanía (Deuteronomio 6:4, 5; 11:13).

7

El israelita demostraba que aceptaba la soberanía de Jehová al someterse a las autoridades constituidas. Entre los representantes del poder divino se contaban los padres, los principales, los jueces, los sacerdotes y, con el tiempo, el rey. Dios consideraba toda rebelión contra ellos como una sublevación contra su propia persona. Por otro lado, las autoridades se exponían a sufrir su cólera si daban a su pueblo un trato injusto o arrogante (Éxodo 20:12; 22:28; Deuteronomio 1:16, 17; 17:8-20; 19:16, 17). De modo que ambas partes tenían la obligación de respetar la soberanía divina.

8

La Ley respaldaba la norma de santidad de Jehová. Contenía las palabras santo y santidad más de doscientas ochenta veces y ayudó al pueblo de Dios a distinguir entre limpio e inmundo, entre puro e impuro, ya que mencionaba unas setenta causas de contaminación ceremonial. Sus disposiciones incidían en la higiene corporal, en la dieta y hasta en la eliminación de residuos. Aunque tales preceptos conllevaban enormes beneficios para la salud, cumplían un cometido más elevado: mantenían al pueblo en el favor de Jehová, dado que lo separaban de las prácticas pecaminosas de las naciones corruptas de su entorno. Veamos un ejemplo.

9

Las prescripciones del pacto de la Ley indicaban que las relaciones sexuales y el parto, aunque tuvieran lugar dentro del matrimonio, ocasionaban impureza temporal (Levítico 12:2-4; 15:16-18). Tales disposiciones no rebajaban estas limpias dádivas divinas (Génesis 1:28; 2:18-25). Por el contrario, respaldaban la santidad de Jehová al mantener inmaculados a sus adoradores. Cabe destacar que las naciones vecinas de Israel solían incluir en el culto actos eróticos y ritos de la fertilidad. En la religión cananea, sin ir más lejos, se prostituían hombres y mujeres, lo que llevó a que se generalizara la más espantosa degradación. La Ley, en cambio, establecía que la adoración de Jehová estuviera completamente libre de elementos sexuales. Pero había otros beneficios.

10

Aquellos preceptos recalcaron una enseñanza fundamental. Pensemos: ¿cómo se transmite la mancha del pecado adánico de una generación a otra? ¿No es mediante las relaciones sexuales y el parto? (Romanos 5:12.) Así pues, la Ley de Jehová recordó a su pueblo la constante realidad del pecado. En efecto, todos nacemos pecadores y necesitamos que se nos perdone y redima para poder acercarnos al Dios santo (Salmo 51:5).

11

La Ley respaldaba la justicia perfecta de Jehová. Invocaba el principio de equivalencia, o correspondencia, en la administración de la justicia. De ahí que dijera: "Alma será por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie" (Deuteronomio 19:21). Por consiguiente, al juzgar los delitos, el castigo que se imponía tenía que ser proporcional a su gravedad. Este aspecto de la justicia divina se manifiesta por toda la Ley, y aun hoy resulta esencial para comprender el sacrificio redentor de Cristo, como veremos en el capítulo 14 (1 Timoteo 2:5, 6).

12

La Ley también incluía salvaguardas contra las deformaciones de la justicia. Examinemos algunos ejemplos. Se precisaba un mínimo de dos testigos para que una acusación tuviera validez. El perjurio se castigaba con penas severas (Deuteronomio 19:15, 18, 19). La corrupción y el soborno eran objeto de prohibiciones estrictas (Éxodo 23:8; Deuteronomio 27:25). Incluso en los negocios, el pueblo de Dios debía guiarse por las elevadas normas de justicia de Jehová (Levítico 19:35, 36; Deuteronomio 23:19, 20). Este noble y equitativo código fue una gran bendición para Israel.

Leyes

que destacan la misericordia y la equidad al juzgar

13

¿Era la Ley mosaica un código rígido e implacable? De ningún modo. El rey David escribió por inspiración divina: "La ley de Jehová es perfecta" (Salmo 19:7). Como bien sabía él, fomentaba la misericordia y la equidad. ¿De qué manera?

14

En la actualidad, hay países donde se diría que el sistema legal trata con mayor indulgencia al delincuente que a la víctima. Por citar un caso: el ladrón tal vez pase una temporada en la cárcel, mientras que el afectado, que quizás continúe privado de sus bienes, tiene que seguir pagando los impuestos que sufragan el hospedaje y la alimentación de tales malhechores. En el antiguo Israel, sin embargo, no existían centros penitenciarios como los actuales. Las reglas relativas a la severidad de los castigos eran muy estrictas (Deuteronomio 25:1-3). El autor del robo tenía que compensar al propietario por lo que le había sustraído y, además, hacerle un pago adicional. ¿Cuánto? Era variable. Por lo visto, los jueces disponían de cierta libertad para evaluar varios factores, como el arrepentimiento del pecador. Este hecho tal vez explique que la compensación impuesta al ladrón según Levítico 6:1-7 sea mucho menor que la que estipula Éxodo 22:7.

15

La Ley manifestaba misericordia al reconocer que no toda ofensa era deliberada. Por ejemplo, quien cometía un homicidio involuntario no tenía que pagar alma por alma, siempre que cumpliera con la debida exigencia de huir a una de las ciudades de refugio repartidas por todo Israel. Una vez que jueces capacitados examinaban su causa, el homicida estaba obligado a residir en dicha localidad hasta la muerte del sumo sacerdote, y entonces quedaba libre para irse a vivir a donde estimara oportuno. Esta disposición le permitía beneficiarse de la misericordia divina y al mismo tiempo hacía hincapié en el gran valor de la vida humana (Números 15:30, 31; 35:12-25).

16

La Ley salvaguardaba los derechos individuales. Veamos cómo protegía al ciudadano que había incurrido en una deuda. Al acreedor se le prohibía entrar en casa de este y tomar en prenda alguna propiedad como garantía de la devolución. Más bien, debía quedarse fuera y permitir que él le trajera la prenda, respetando así la inviolabilidad de su domicilio. Si la prenda en cuestión era el manto del deudor, tenía que devolvérselo al atardecer, pues probablemente lo necesitara para abrigarse de noche (Deuteronomio 24:10-14).

17

La Ley regulaba hasta los conflictos bélicos. No autorizaba al pueblo de Dios a combatir para saciar su sed de poder o conquista, sino para actuar como agentes suyos en "las Guerras de Jehová" (Números 21:14). En muchos casos, los israelitas tenían que ofrecer al enemigo la rendición. Si este rechazaba sus condiciones, podían asediarlo, pero de acuerdo con las disposiciones divinas. A diferencia de muchos soldados a lo largo de la historia, los combatientes israelitas no tenían permitido violar a las mujeres o realizar matanzas indiscriminadas. Incluso debían respetar el medio ambiente y no talar los árboles frutales del enemigo, restricciones inexistentes en el caso de otros ejércitos (Deuteronomio 20:10-15, 19, 20; 21:10-13).

18

¿Le repugna el hecho de que en algunos países se adiestre para la milicia a los niños? En el antiguo Israel no se reclutaban varones menores de 20 años (Números 1:2, 3). Hasta los adultos quedaban exentos si los dominaba el miedo. Además, al recién casado se le dispensaba del peligroso servicio un año completo, lo que tal vez le permitiera ver el nacimiento de su heredero. Así, explicaba la Ley, tenía la oportunidad de "regocijar" a su esposa (Deuteronomio 20:5, 6, 8; 24:5).

19

La Ley también protegía a las mujeres, los niños y las familias, y dictaba medidas orientadas a su cuidado. Ordenaba que el padre y la madre brindaran a los hijos atención y educación espiritual constantes (Deuteronomio 6:6, 7). Proscribía todo tipo de incesto, so pena de muerte (Levítico, capítulo 18). Asimismo prohibía el adulterio, que tantas veces acaba con las familias, así como con su seguridad y dignidad. También se ocupaba de las viudas y los huérfanos, y condenaba con los términos más enérgicos su maltrato (Éxodo 20:14; 22:22-24).

20

En este particular, algunos tal vez pregunten: "¿Por qué permitía la Ley la poligamia?" (Deuteronomio 21:15-17). Es preciso analizar preceptos como este en el contexto de su época. Quienes juzgan la Ley mosaica desde la óptica de los tiempos y las culturas actuales están condenados a malinterpretarla (Proverbios 18:13). La norma divina, expuesta ya en Edén, disponía que el matrimonio fuera una unión duradera entre un solo hombre y una sola mujer (Génesis 2:18, 20-24). Sin embargo, para el tiempo en que Jehová entregó la Ley a Israel, la poligamia y otros usos llevaban siglos arraigados. Él sabía muy bien que aquel "pueblo de dura cerviz" desobedecería con frecuencia aun los mandamientos más esenciales, como las prohibiciones de la idolatría (Éxodo 32:9). Por consiguiente, actuó con sabiduría al no elegir aquella época como el momento para reformar todas sus costumbres maritales. Tengamos presente, no obstante, que Dios no instituyó la poligamia. Lo que sí hizo fue valerse de la Ley mosaica para regularla entre su pueblo y prevenir así algunos abusos.

21

De igual modo, la Ley mosaica permitía que el hombre se divorciara de su esposa por una serie de causas graves bastante amplia (Deuteronomio 24:1-4). Jesús señaló que se trataba de una concesión divina "en vista de la dureza del corazón" del pueblo judío. Sin embargo, tales concesiones fueron temporales. Cristo restituyó para sus seguidores la norma matrimonial que Jehová había establecido al principio (Mateo 19:8).

La

Ley fomentaba el amor

22

¿Nos imaginamos un régimen jurídico que promueva hoy el amor? Pues eso era sobre todo los demás, lo que hacía la Ley mosaica. Solo en el libro de Deuteronomio aparecen más de veinte veces las palabras amor y amar en sus diversas formas. El segundo mandamiento más importante de la Ley era este: "Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18; Mateo 22:37-40). Los siervos de Dios no solo debían amarse unos a otros, sino también al residente forastero que vivía entre ellos, conscientes de que en otro tiempo también ellos habían residido en el extranjero. Debían tratar con amor al pobre y al afligido, ayudándoles materialmente y rehusando aprovecharse de su triste situación. Hasta recibieron órdenes de ser bondadosos y considerados con las bestias de carga (Éxodo 23:6; Levítico 19:14, 33, 34; Deuteronomio 22:4, 10; 24:17, 18).

23

¿Qué otra nación ha sido bendecida con un código así? No es de extrañar que el salmista escribiera: "¡Cómo amo tu ley, sí!". Su amor, sin embargo, no era un mero sentimiento. Lo movía a la acción, ya que procuraba obedecer dicha ley y vivir según sus preceptos. Más adelante añadió: "Todo el día ella es mi interés intenso" (Salmo 119:11, 97). En efecto, solía dedicar tiempo a estudiar las disposiciones del Padre celestial. No cabe duda de que al hacerlo sentía cada vez más cariño por ellas, así como por el Legislador, Jehová. Sigamos estudiando la ley divina, pues puede ayudarnos a sentirnos cada vez más cerca del Gran Legislador y Dios de la justicia.

[Notas]

Por ejemplo, las disposiciones que exigían enterrar las heces humanas, mantener en cuarentena a los enfermos y lavarse después de tocar un cadáver se adelantaron por muchos siglos a su época (Levítico 13:4-8; Números 19:11-13, 17-19; Deuteronomio 23:13, 14).

Mientras que en los santuarios cananeos había cámaras dedicadas a los actos carnales, la Ley mosaica hasta prohibía el acceso al templo a quienes se hallaban en estado de inmundicia. Dado que las relaciones sexuales conllevaban impureza temporal, nadie tenía la opción legítima de convertirlas en parte del culto de la casa de Jehová.

Un objetivo primordial de la Ley era enseñar. De hecho, el término hebreo para "ley" (toh·ráh) significa "instrucción" (Diccionario del Judaísmo).

La Ley planteaba esta significativa pregunta: "¿Acaso es el árbol del campo un hombre, para que lo sities?" (Deuteronomio 20:19). Filón, docto judío del siglo primero, se refirió a este precepto y explicó que a los ojos de Dios "es absurdo que la cólera contra los hombres se descargue sobre cosas que ningún mal han causado".

Preguntas

para meditar

Levítico

19:9, 10; Deuteronomio 24:19 ¿Qué sentimientos nos inspira el Dios que estableció tales disposiciones?

Salmo

19:7-14 ¿Qué opinaba David de "la ley de Jehová", y cuánto valor debemos conceder a los preceptos divinos?

Miqueas

6:6-8 ¿Cómo nos ayuda este pasaje a ver que no debemos considerar una carga los mandamientos de Jehová?

Mateo

23:23-39 ¿De qué manera demostraron los fariseos que no entendían el espíritu de la Ley, y qué advertencia nos da este hecho?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Por qué menosprecian muchos ciudadanos la ley, y qué podemos sentir por las leyes de Dios?

3, 4. ¿Cómo ha resultado ser Jehová un Legislador?

5. ¿Era la Ley mosaica una colección de preceptos voluminosa y enmarañada, y por qué contesta usted así?

6, 7. a) ¿Qué distingue a la Ley mosaica de los demás códigos, y cuál es su mayor mandato? b) ¿Cómo demostraba el israelita que aceptaba la soberanía de Jehová?

8. ¿Cómo respaldaba la Ley la norma de santidad de Jehová?

9, 10. ¿Qué preceptos sobre las relaciones sexuales y el parto contenía el pacto de la Ley, y qué beneficios ofrecían?

11, 12. a) ¿Qué importantísimo principio de la justicia invocaba la Ley? b) ¿Qué salvaguardas contra las deformaciones de la justicia contenía la Ley?

13, 14. ¿Cómo fomentaba la Ley el trato equitativo del ladrón y su víctima?

15. ¿Cómo garantizaba la Ley la misericordia y la justicia en el caso de los homicidas involuntarios?

16. ¿Cómo salvaguardaba la Ley algunos derechos individuales?

17, 18. ¿Qué diferencia había entre Israel y otras naciones en materia de guerra, y por qué?

19. ¿Qué medidas orientadas a la protección de las mujeres, los niños, las familias, las viudas y los huérfanos contenía la Ley?

20, 21. a) ¿Por qué permitió la Ley mosaica la poligamia entre los israelitas? b) En cuestiones de divorcio, ¿por qué difería la Ley de la norma que Jesús restituyó más tarde?

22. ¿De qué maneras fomentó la Ley mosaica el amor, y hacia quiénes?

23. ¿Qué se sintió impulsado a hacer el escritor del Salmo 119, y qué resolución podemos adoptar?

[Ilustración

a toda plana de la página 132]

Capítulo

14

Jehová

provee un "rescate en cambio por muchos"

"TODA la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente." (Romanos 8:22.) De esta manera describe el apóstol Pablo el lastimoso estado en que nos hallamos. Visto desde el ángulo del hombre, se diría que no hay modo de vencer el sufrimiento, el pecado y la muerte. Pero como Jehová, el Dios de justicia, no adolece de las limitaciones humanas, nos brinda la solución a dichas dificultades: el rescate (Números 23:19).

2

El rescate es la mayor dádiva divina que ha recibido la humanidad. Posibilita la liberación del pecado y la muerte (Efesios 1:7). Además, es la base de la esperanza de vida eterna, sea en el cielo o en una Tierra paradisíaca (Lucas 23:43; Juan 3:16; 1 Pedro 1:4). Ahora bien, ¿en qué consiste exactamente el rescate, y qué nos enseña sobre la justicia superlativa de Jehová?

Cómo

surgió la necesidad del rescate

3

El rescate se hizo necesario a consecuencia del pecado de Adán, quien al haber desobedecido a Dios, transmitió a sus descendientes un legado de enfermedades, penas, dolores y muerte (Génesis 2:17; Romanos 8:20). Jehová no podía dejarse llevar por los sentimientos y limitarse a conmutar la pena capital, pues ello hubiera implicado hacer caso omiso de su propia ley: "El salario que el pecado paga es muerte" (Romanos 6:23). De haber invalidado sus normas de justicia, reinarían en el universo el caos y el desafuero.

4

Como vimos en el capítulo 12, la rebelión edénica suscitó cuestiones mucho más importantes. Satanás mancilló el nombre de Jehová, acusándolo, en realidad, de ser un mentiroso y un dictador cruel que privaba a sus criaturas de libertad (Génesis 3:1-5). También, al dar la impresión de que había frustrado el propósito divino de llenar la Tierra de seres humanos justos, el Diablo tildó a Dios de fracasado (Génesis 1:28; Isaías 55:10, 11). Si el Altísimo hubiera dejado sin respuesta tales desafíos, muchas de sus criaturas inteligentes pudieran haber perdido confianza en su gobernación.

5

Satanás también calumnió a los siervos leales de Jehová, alegando que le servían por puro interés y que ninguno de ellos le sería fiel si se veía sometido a presión (Job 1:9-11). Aquellas cuestiones eran mucho más relevantes que la difícil situación del hombre. Con toda la razón, Dios se sintió obligado a responder a tales difamaciones. Pero ¿cómo podría zanjar las cuestiones y al mismo tiempo salvar a la humanidad?

El

rescate como equivalencia

6

La solución de Jehová era sumamente misericordiosa y justa; ningún ser humano podría haberla concebido. Aun así, era extraordinariamente sencilla. La Biblia le da varios nombres: compra, reconciliación, redención, propiciación y expiación (Salmo 49:8; Daniel 9:24; Gálatas 3:13; Colosenses 1:20; Hebreos 2:17). Pero la expresión que tal vez la defina mejor la utilizó el propio Jesús cuando dijo: "El Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate [griego, lý·tron] en cambio por muchos" (Mateo 20:28).

7

¿Qué es un rescate? La palabra griega utilizada en el pasaje anterior se deriva de un verbo que significa "soltar, liberar", y designa el dinero que se pagaba a cambio de la liberación de los prisioneros de guerra. Por consiguiente, la definición esencial de rescate es "lo que se paga para recomprar algo". En las Escrituras Hebreas, el término correspondiente (kó·fer) procede de un verbo que significa "cubrir". Por ejemplo, cuando Noé hizo el arca, Dios le indicó que debía "cubrirla" (una forma de la misma palabra) con alquitrán (Génesis 6:14). Esta información nos permite comprender que rescatar también significa cubrir los pecados (Salmo 65:3).

8

Es digno de mención que, según el Theological Dictionary of the New Testament, este vocablo (kó·fer) "alude siempre a un equivalente", a una correspondencia. Así, la cubierta del arca del pacto tenía una forma que correspondía a la de la propia arca. De igual modo, para rescatar del pecado, o cubrirlo, debe pagarse un precio que corresponda plenamente al daño ocasionado por este, o lo cubra en su totalidad. Por esta razón, la Ley divina que recibió Israel estipulaba lo siguiente: "Alma será por alma, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie" (Deuteronomio 19:21).

9

Comenzando con Abel, muchos hombres de fe sacrificaron animales a Dios. De este modo demostraron que tenían conciencia del pecado y de la necesidad de la redención, además de fe en la liberación que él había prometido mediante "la descendencia" (Génesis 3:15; 4:1-4; Levítico 17:11; Hebreos 11:4). Jehová vio con favor tales sacrificios y concedió su aprobación a sus siervos. Sin embargo, dado que los animales son inferiores a los seres humanos, no podían cubrir realmente los pecados de estos; a lo sumo, eran una mera representación (Salmo 8:4-8). De ahí que la Biblia diga: "No es posible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados" (Hebreos 10:1-4). Dichas ofrendas eran simples imágenes, o símbolos, del auténtico rescate venidero.

"Rescate

correspondiente"

10

"En Adán todos están muriendo", dijo el apóstol Pablo (1 Corintios 15:22). Por lo tanto, el rescate tenía que implicar la muerte de alguien completamente igual al primer hombre: un ser humano perfecto (Romanos 5:14). Ninguna otra criatura equilibraría la balanza de la justicia, ya que solo un ser humano sin defecto alguno, que no se hallara bajo la sentencia de muerte adánica, sería capaz de ofrecer un "rescate correspondiente por todos", un equivalente exacto de Adán (1 Timoteo 2:6). No sería necesario que un sinnúmero de millones de seres humanos se sacrificaran en correspondencia por cada descendiente de Adán. Pablo explicó: "Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado" (Romanos 5:12). Y "dado que la muerte es mediante un hombre", Dios procuró lo necesario para la redención de la humanidad "mediante un hombre" (1 Corintios 15:21). ¿De qué manera?

11

Jehová dispuso que un hombre perfecto sacrificara voluntariamente su vida. Según Romanos 6:23, "el salario que el pecado paga es muerte". Al sacrificar su vida, el redentor "gusta[ría] la muerte por todo hombre" o, lo que es lo mismo, pagaría el salario correspondiente al pecado de Adán (Hebreos 2:9; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:24). Este hecho tendría profundas repercusiones jurídicas. Al anular la pena de muerte que pesaba sobre la prole obediente de Adán, el rescate acabaría de raíz con el poder destructivo del pecado (Romanos 5:16).

12

Imaginémonos, a modo de ilustración, que vivimos en una ciudad cuyos residentes trabajan en su mayoría en una gran fábrica que ofrece buenos salarios y una vida cómoda. Pero todo cambia cuando la planta cierra sus puertas debido a que el administrador se volvió corrupto y la llevó a la bancarrota. Al encontrarnos de repente desempleados, ya no podemos pagar las facturas. Cónyuges, hijos y acreedores se ven afectados por la deshonestidad de un solo hombre. ¿Existe algún remedio? Sí. Un benefactor acaudalado decide tomar cartas en el asunto, ya que comprende el valor de la compañía y también se compadece del gran número de trabajadores y sus familias. Por consiguiente, adopta medidas para saldar la deuda de la empresa y reabrir la fábrica. La liquidación de esta única deuda supone un alivio para una gran cantidad de empleados y sus parientes inmediatos, así como para los acreedores. De igual modo, la cancelación de la deuda de Adán beneficia a muchísimos millones de personas.

¿Quién

proporciona el rescate?

13

Solo Jehová podía proveer "el Cordero [...] que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Ahora bien, para rescatar a la humanidad, no mandó a un ángel cualquiera, sino a alguien capaz de dar la respuesta definitiva y concluyente a la acusación de Satanás contra los siervos del Altísimo. En efecto, hizo el sacrificio supremo de enviar a su Unigénito, "con quien él estuvo especialmente encariñado" (Proverbios 8:30). De buen grado, el Hijo de Dios "se despojó a sí mismo" de su naturaleza celestial (Filipenses 2:7). El Padre realizó la transferencia milagrosa de la vida y personalidad de su Primogénito celestial a la matriz de la virgen hebrea María (Lucas 1:27, 35). Aunque al nacer como hombre recibiría el nombre de Jesús, legalmente podría llamársele el segundo Adán, puesto que correspondía a él a la perfección (1 Corintios 15:45, 47). De este modo, sería apto para ofrecerse como sacrificio redentor en beneficio de la humanidad pecadora.

14

¿A quién se pagaría el rescate? Salmo 49:7 especifica que "a Dios". Pero ¿no fue él mismo quien lo dispuso? Así es, pero esto no lo convierte en un intercambio mecánico, una acción sin sentido comparable a pasar dinero de un bolsillo a otro. No debe entenderse como un trueque físico, sino como una transacción legal. Al disponer el pago del rescate, aunque suponía un gran costo para él, Jehová afirmó su adhesión inconmovible a su justicia perfecta (Génesis 22:7, 8, 11-13; Hebreos 11:17; Santiago 1:17).

15

En la primavera del año 33 E.C., Jesucristo se sometió por voluntad propia a una terrible serie de sucesos que culminaron con el pago del rescate. Permitió que lo detuvieran con cargos falsos, lo condenaran y lo clavaran a un madero de ejecución. Pero ¿era imprescindible que sufriera tanto? Sí, pues debía zanjarse la cuestión de la integridad de los siervos de Dios. Cabe señalar que el Todopoderoso no dejó que Herodes matara a Jesús en su infancia (Mateo 2:13-18). Pero siendo ya adulto, Cristo pudo enfrentarse a la furia de los ataques satánicos con plena comprensión de las cuestiones implicadas. Al permanecer "leal, sin engaño, incontaminado, [y] separado de los pecadores" pese al espantoso trato recibido, demostró de forma concluyente e impactante que Jehová cuenta con siervos que se mantienen fieles bajo prueba (Hebreos 7:26). No es de extrañar, por tanto, que justo antes de morir exclamara triunfalmente: "¡Se ha realizado!" (Juan 19:30).

Termina

su obra redentora

16

Jesús aún tenía que finalizar su obra redentora. Al tercer día, Jehová lo levantó de entre los muertos (Hechos 3:15; 10:40). Con este acto trascendental no solo lo recompensó por su servicio fiel, sino que le concedió la oportunidad de consumar su obra redentora en calidad de Sumo Sacerdote del Altísimo (Romanos 1:4; 1 Corintios 15:3-8). El apóstol Pablo explica: "Cuando Cristo vino como sumo sacerdote [...], él entró —no, no con la sangre de machos cabríos y de torillos, sino con su propia sangre— una vez para siempre en el lugar santo, y obtuvo liberación eterna para nosotros. Porque Cristo entró, no en un lugar santo hecho de manos, el cual es copia de la realidad, sino en el cielo mismo, para comparecer ahora delante de la persona de Dios a favor de nosotros" (Hebreos 9:11, 12, 24).

17

Cristo no podía introducir su sangre literal en el cielo (1 Corintios 15:50). Más bien, llevó lo que esta simbolizaba, a saber, el valor legal de la vida humana perfecta que había sacrificado, y lo presentó formalmente ante la persona de Dios como rescate por la humanidad pecadora. ¿Aceptó Jehová dicha ofrenda? Sí, como resultó evidente en el día de Pentecostés del año 33 E.C., cuando se derramó el espíritu santo sobre unos ciento veinte discípulos reunidos en Jerusalén (Hechos 2:1-4). Aunque aquel suceso fue emocionante, la redención tan solo comenzaba a reportar maravillosos beneficios.

Beneficios

del rescate

18

En su carta a los colosenses, Pablo explica que Dios tuvo a bien valerse de Cristo para reconciliar consigo todas las otras cosas haciendo la paz mediante la sangre que este derramó en el madero de tormento. El apóstol señala asimismo que esta reconciliación abarca a dos grupos de personas, a saber, "las cosas en los cielos" y "las cosas sobre la tierra" (Colosenses 1:19, 20; Efesios 1:10). El primero consta de 144.000 cristianos que reciben la esperanza de servir de sacerdotes en el cielo y reinar con Jesucristo sobre la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 5:9, 10; 7:4; 14:1-3). Mediante ellos se aplicarán los beneficios del rescate a la humanidad obediente de forma gradual, durante un período de mil años (1 Corintios 15:24-26; Revelación 20:6; 21:3, 4).

19

"Las cosas sobre la tierra" son las personas que se encaminan a disfrutar de vida perfecta en una Tierra paradisíaca. Revelación 7:9-17 indica que son "una gran muchedumbre" que sobrevivirá a la venidera "gran tribulación". Pero no tienen que esperar hasta entonces para sacar provecho de la redención. Ya "han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero". Como demuestran fe en el rescate, reciben beneficios de esta amorosa disposición en la actualidad. Dios los ha declarado justos como amigos suyos (Santiago 2:23). Gracias al sacrificio de Jesús, pueden "acer[carse] con franqueza de expresión al trono de la bondad inmerecida" (Hebreos 4:14-16). Cuando cometen algún error, obtienen verdadero perdón (Efesios 1:7). Pese a ser imperfectos, disfrutan de una conciencia limpia (Hebreos 9:9; 10:22; 1 Pedro 3:21). Por consiguiente, su reconciliación con Jehová no es un suceso futuro, sino una realidad presente (2 Corintios 5:19, 20). Durante el Milenio, la totalidad de estos fieles irá siendo "libertada de la esclavitud a la corrupción" y finalmente "tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios" (Romanos 8:21).

20

¡"Gracias a Dios mediante Jesucristo" por el rescate! (Romanos 7:25.) Esta disposición divina en principio es simple, pero tiene tal profundidad, que nos llena de admiración (Romanos 11:33). Y cuando meditamos con gratitud sobre ella, el corazón se nos conmueve y nos acercamos aún más al Dios de justicia. Al igual que el salmista, tenemos sobradas razones para alabar a Jehová como "amador de justicia y derecho" (Salmo 33:5).

[Notas]

Adán y Eva no podrían beneficiarse de la redención. La Ley mosaica contenía este principio con referencia al homicidio voluntario: "No deben tomar rescate por el alma de un asesino que merece morir" (Números 35:31). Es patente que nuestros primeros padres merecían morir, pues habían desobedecido a Dios por voluntad propia y a sabiendas, con lo que habían renunciado a sus perspectivas de vivir eternamente.

A fin de contrapesar el pecado de Adán, Jesús no podía entregar su vida perfecta en la niñez, sino cuando fuera adulto. Recordemos que el primer hombre pecó voluntariamente, con plena conciencia de la gravedad del acto y sus consecuencias. Para ser "el último Adán" y cubrir dicho pecado, Cristo debía adoptar la decisión madura e informada de mantenerse íntegro a Jehová (1 Corintios 15:45, 47). Toda su vida fiel, incluida su muerte en sacrificio, constituyó "un solo acto de justificación" (Romanos 5:18, 19).

Preguntas

para meditar

Números

3:39-51 ¿Por qué es esencial que el rescate constituya un equivalente exacto?

Salmo

49:7, 8 ¿Por qué estamos en deuda con Dios por haber proporcionado el rescate?

Isaías

43:25 ¿Cómo se deduce de este pasaje que la salvación del hombre no es la razón principal por la que Jehová dio el rescate?

1

 Corintios 6:20 ¿Qué efecto debe tener el rescate en nuestra conducta y modo de vida?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿Cómo describe la Biblia la situación del hombre, y cuál es la única solución?

3. a) ¿Cómo se hizo necesario el rescate? b) ¿Por qué no podía limitarse Jehová a conmutar la pena de muerte a los descendientes de Adán?

4, 5. a) ¿Cómo calumnió Satanás a Dios, y por qué se vio este obligado a responder a sus desafíos? b) ¿Qué acusación lanzó el Diablo contra los siervos leales de Jehová?

6. ¿Cuáles son algunas expresiones bíblicas que se refieren al medio por el que Dios salva a la humanidad?

7, 8. a) ¿Qué significa el término rescate en las Escrituras? b) ¿En qué sentido implica el rescate la idea de equivalencia?

9. ¿Por qué sacrificaron animales los hombres de fe, y cómo vio Jehová dichas ofrendas?

10. a) ¿A quién tenía que corresponder el redentor, y por qué? b) ¿Por qué hacía falta un único sacrificio humano?

11. a) ¿Cómo "gusta[ría] la muerte por todo hombre" el redentor? b) ¿Por qué no podrían beneficiarse del rescate Adán y Eva? (Véase la nota.)

12. Ilustre cómo puede beneficiar a muchas personas el pago de una sola deuda.

13, 14. a) ¿Cómo proveyó Jehová el rescate para la humanidad? b) ¿A quién se hizo el pago, y por qué fue necesario?

15. ¿Por qué era preciso que Jesús sufriera y muriese?

16, 17. a) ¿Cómo continuó Jesús su obra redentora? b) ¿Por qué tuvo que comparecer "delante de la persona de Dios a favor de nosotros"?

18, 19. a) ¿Qué dos grupos se benefician de la reconciliación en virtud de la sangre de Cristo? b) ¿Cuáles son algunos beneficios presentes y futuros que brinda el rescate a la "gran muchedumbre"?

20. ¿Qué efecto tiene en usted la meditación sobre el rescate?

[Ilustración

de la página 140]

Un "rescate correspondiente por todos"

Capítulo

15

Jesús

'establece la justicia en la Tierra'

ERA patente que Jesús se hallaba enojado, y con buenas razones. Tal vez nos cueste trabajo imaginarlo en ese estado, dada su habitual apacibilidad (Mateo 21:5). Por supuesto, mantuvo un perfecto dominio de sí mismo, ya que sus sentimientos eran de justa indignación. Ahora, ¿qué irritaba tanto a aquel hombre pacífico? Una flagrante injusticia.

2

Jesús amaba el templo de Jerusalén, el único santuario del mundo dedicado a la adoración de su Padre celestial. Allí acudían adoradores judíos de muchos países, venidos de muy lejos, e incluso gentiles piadosos, que entraban al atrio reservado para ellos. Pues bien, en la primera etapa de su ministerio, Cristo penetró en el sagrado recinto y se topó con un espectáculo bochornoso: atestado de comerciantes y cambistas, aquello parecía más un mercado que un centro religioso. Pero ¿qué había de injusto en la situación? Que el templo divino no era para ellos más que un lugar de explotación e incluso robo. ¿De qué manera? (Juan 2:14.)

3

Los guías religiosos habían decretado la utilización exclusiva de cierto tipo de monedas para el pago del impuesto del templo, lo que obligaba al visitante a cambiar su dinero para adquirirlas. Los cambistas llegaron a instalar las mesas en el interior del santuario, donde cobraban comisión por las transacciones. Otro negocio muy lucrativo era la venta de animales. Aunque el forastero que deseaba ofrecer un sacrificio tenía la opción de comprarle la víctima a cualquier vendedor de la ciudad, los funcionarios del templo podían muy bien rechazarla por inadecuada. Pero si la obtenía en el recinto sagrado, la aceptación estaba garantizada. Como la gente se encontraba a su merced, los comerciantes cobraban a veces precios exorbitantes. Más que mercantilismo descarado, era un robo.

4

Jesús no podía tolerar tal injusticia porque se trataba de la casa de su Padre. Por consiguiente, se hizo un látigo de cuerdas y expulsó del templo a las reses y las ovejas. Luego se dirigió a los cambistas y les volcó las mesas. ¡Imagínese todas sus monedas esparciéndose por el pavimento de mármol! Además, ordenó con firmeza a los vendedores de palomas: "¡Quiten estas cosas de aquí!" (Juan 2:15, 16). Al parecer, nadie se atrevió a llevarle la contraria a un hombre tan valiente.

De

tal palo, tal astilla

5

Los mercaderes, claro está, terminaron regresando. Unos tres años más tarde, Cristo se enfrentó a la misma injusticia, y entonces citó las palabras de condena que había dirigido Jehová a quienes convertían Su casa en "cueva de salteadores" (Mateo 21:13; Jeremías 7:11). En efecto, al ver la codiciosa explotación que sufría el pueblo y la profanación del templo divino, se sintió como su Padre celestial. Y no es de extrañar, en vista de que había recibido su instrucción por incontables millones de años y, por lo tanto, estaba imbuido de su sentido de la justicia. Se convirtió en vivo ejemplo del refrán: De tal palo, tal astilla. De ahí que el mejor modo de hacernos una idea clara de este atributo divino sea reflexionar sobre la vida de Jesús (Juan 14:9, 10).

6

El Unigénito estuvo presente cuando, sin justificación alguna, Satanás acusó a Jehová de ser mentiroso y cuestionó la rectitud de Su dominio. ¡Qué calumnias! También escuchó su posterior desafío de que nadie serviría a Dios por amor altruista. Aquellas falsas imputaciones sin duda afligieron al recto corazón del Hijo. Así pues, debió de emocionarse mucho al enterarse de que desempeñaría el papel más importante en la refutación de dichas mentiras (2 Corintios 1:20). ¿De qué manera lo haría?

7

Como vimos en el capítulo 14, Jesús aportó la respuesta definitiva a la acusación satánica que cuestionaba la integridad de las criaturas de Jehová. Por consiguiente, sentó la base para la vindicación final de la soberanía de Dios y la santificación de Su nombre. En su calidad de Agente Principal del Altísimo, implantará la justicia divina en todo el universo (Hechos 5:31). Durante toda su vida en la Tierra reflejó ese atributo del Creador, quien había dicho del Hijo: "Pondré mi espíritu sobre él, y aclarará a las naciones lo que es la justicia" (Mateo 12:18). ¿Cómo cumplió Cristo tales palabras?

Jesús

aclara "lo que es la justicia"

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Jesús amaba la Ley de Jehová y se regía por ella, mientras que los guías espirituales de su época la torcían y aplicaban mal. A ellos les dijo: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas!, porque [...] han desatendido los asuntos de más peso de la Ley, a saber: la justicia y la misericordia y la fidelidad" (Mateo 23:23). Ciertamente, aquellos maestros de la Ley no aclaraban "lo que es la justicia" de Dios, sino que más bien lo oscurecían. ¿En qué sentido? Veamos varios ejemplos.

9

Si bien es cierto que Jehová había dispuesto que su pueblo se mantuviera separado de las naciones paganas de su entorno, fueron algunos dirigentes religiosos fanáticos quienes inculcaron el desprecio hacia todo el que no fuera judío (1 Reyes 11:1, 2). De ahí que la Misná llegara a incluir esta ordenanza: "No ha de dejarse ganado en las posadas de los gentiles, porque son sospechosos de bestialidad". Tales prejuicios contra todos los paganos eran injustos y muy opuestos al espíritu de la Ley mosaica (Levítico 19:34). Otros preceptos de origen humano denigraban a la mujer. Veamos algunos: la ley oral ordenaba que la esposa nunca caminara al lado de su marido, sino detrás. Al hombre se le advertía que no conversase con ninguna mujer en público, aunque fuera su cónyuge. Además, a las israelitas, al igual que a los esclavos, se les impedía dar testimonio en los tribunales. Por si fuera poco, los varones recitaban una plegaria en la que daban gracias a Dios por no haber nacido de sexo femenino.

10

Los caudillos religiosos sepultaron la Ley de Dios bajo un cúmulo de reglas y disposiciones instituidas por el hombre. Pongamos por caso la ley sabática. Lo único que prohibía era trabajar ese día, reservado para la adoración, la renovación del espíritu y el reposo. Sin embargo, los fariseos la convirtieron en una carga. Se creyeron en la obligación de definir el significado de la palabra trabajo, catalogando bajo tal designación un total de 39 actividades, como la cosecha o la caza. A su vez, estas categorías dieron pie a infinidad de preguntas sobre el sábado: ¿matar una pulga equivale a cazar?; ¿puede calificarse de siega arrancar grano de los campos para comerlo por el camino?; ¿curar a un enfermo es trabajar? Ante tales interrogantes, formularon prescripciones rígidas y detalladas.

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En tal ambiente, ¿cómo ayudaría Jesús a la gente a comprender lo que es la justicia? Tanto en su vida como en su doctrina, se opuso con valor a los guías religiosos. Veamos primero algunas enseñanzas de Cristo, quien condenó sin rodeos sus múltiples reglas humanas, diciendo: "Invalidan la palabra de Dios por la tradición suya que ustedes transmitieron" (Marcos 7:13).

12

Jesús señaló enérgicamente que los fariseos estaban equivocados tocante al precepto sabático y que, de hecho, no habían comprendido su razón de ser. Explicó que, como Mesías, era "Señor del sábado" y, por tanto, tenía derecho a efectuar curaciones milagrosas ese día (Mateo 12:8). Y las hizo abiertamente, con lo que subrayó ese punto (Lucas 6:7-10). De este modo mostró por anticipado la restitución de la salud que llevará a cabo en la Tierra durante su Reinado de Mil Años. Ese período será el sábado por excelencia, en el que la humanidad fiel descansará por fin de siglos de trabajo sometida a las cargas del pecado y la muerte.

13

Jesús también aclaró lo que es la justicia al promulgar una nueva ley, "la ley del Cristo", tras haber completado su ministerio en la Tierra (Gálatas 6:2). Esta, a diferencia del código mosaico, que la antecedió, no dependía tanto de normas escritas como de principios, aunque sí incluía órdenes directas. A una de ellas, Jesús la denominó "un nuevo mandamiento", con el cual enseñó a sus discípulos a amarse mutuamente tal como él los había amado (Juan 13:34, 35). En efecto, el amor altruista sería el sello que identificaría a cuantos se rigieran por "la ley del Cristo".

Ejemplo

vivo de justicia

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Jesús no se limitó a impartir enseñanzas sobre el amor. Como pudo verse en toda su trayectoria, vivió "la ley del Cristo". Examinemos tres formas en las que aclaró con su ejemplo lo que es la justicia.

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Primero, evitó concienzudamente toda injusticia. Tal vez hayamos notado que muchos abusos se cometen cuando las personas imperfectas se vuelven arrogantes y se extralimitan en el ejercicio de su autoridad. Pero Jesús no actuó nunca así. En cierta ocasión se le acercó un hombre y le pidió: "Maestro, di a mi hermano que divida conmigo la herencia". ¿Cómo le respondió? "Hombre, ¿quién me nombró juez o repartidor sobre ustedes?" (Lucas 12:13, 14.) ¡Qué extraordinaria actitud! A pesar de que el intelecto, el juicio e incluso la autoridad que había recibido de Dios superaban a los de cualquier otro ser humano, Cristo se negó a intervenir en aquel asunto, ya que no estaba autorizado para ello. Siempre ha sido modesto en este particular, incluso durante los milenios que vivió antes de ser hombre (Judas 9). Dice mucho de él que se someta humildemente a la decisión de Jehová sobre lo que es recto.

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Segundo, Jesús también procedió con justicia al predicar las buenas nuevas del Reino. Actuó sin prejuicios, procurando con empeño llegar a todo tipo de oyentes, ricos o pobres. Los fariseos, por el contrario, despreciaban a los más humildes, la gente común, y les aplicaban la fórmula despectiva ‛am-ha·'á·rets ("gente de la tierra"). Cristo tuvo el valor de corregir ese abuso. Cuando enseñaba las buenas nuevas o, en lo que a este particular se refiere, cuando alimentaba a las personas, las curaba, comía con ellas o hasta las resucitaba, respaldaba la justicia del Dios que desea llegar a "hombres de toda clase" (1 Timoteo 2:4).

17

Tercero, su sentido de la justicia era muy misericordioso. Jesús tendió la mano a los pecadores y ayudó con presteza a los indefensos (Mateo 9:11-13). Por ejemplo, en vez de promover la desconfianza hacia los gentiles, como hacían los líderes religiosos, ayudó e instruyó a algunos de ellos, pese a que su misión se centraba en el pueblo judío. Accedió a realizar una curación milagrosa a instancias de un oficial del ejército romano, y dijo: "No he hallado en Israel a nadie con tan grande fe" (Mateo 8:5-13).

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De igual modo, Jesús no apoyó las ideas sobre la mujer que prevalecían en su época. Antes bien, tuvo la valentía de hacer lo que era equitativo. A diferencia de los israelitas, quienes consideraban que las samaritanas eran tan impuras como los gentiles, él no vaciló en predicar a una de ellas junto al pozo de Sicar. De hecho, fue la primera persona a la que se presentó claramente como el Mesías prometido (Juan 4:6, 25, 26). Mientras que los fariseos afirmaban que no debía enseñarse la ley de Dios a las mujeres, Cristo dedicó mucho tiempo y energías a instruirlas (Lucas 10:38-42). Y aunque la tradición indicaba que el testimonio femenino no era confiable, él dignificó a varias discípulas suyas con el privilegio de ser las primeras personas en verlo resucitado e incluso les indicó que fueran a informar de este importantísimo suceso a los discípulos varones (Mateo 28:1-10).

19

Ciertamente, Jesús aclaró a las naciones lo que es la justicia, y en muchos casos corrió por ello un gran riesgo. Su ejemplo nos permite ver que la defensa de la auténtica rectitud exige valor. ¡Con razón se le llamó "el León que es de la tribu de Judá"! (Revelación [Apocalipsis] 5:5.) Recordemos que este animal simboliza la justicia valerosa. En el futuro cercano, Cristo logrará que esta cualidad se exprese aún a mayor grado, implantando "la justicia en la tierra" en el sentido más pleno de la expresión (Isaías 42:4).

El

Rey Mesiánico 'establece la justicia en la Tierra'

20

Desde su coronación como Rey Mesiánico, en 1914, Jesús ha promovido la justicia en la Tierra. ¿De qué modo? Respaldando el cumplimiento de la profecía consignada en Mateo 24:14. Sus seguidores enseñan la verdad sobre el Reino de Jehová por todo el mundo. Al igual que él, predican con justicia e imparcialidad, y procuran dar a todos —jóvenes y ancianos, ricos y pobres, varones y mujeres— la oportunidad de conocer al Dios de la rectitud.

21

Jesús también promueve la justicia en la congregación cristiana, de la cual es el Cabeza. Como indicaron las profecías, suministra "dádivas en hombres", ancianos fieles que supervisan a la congregación (Efesios 4:8-12). En imitación de Cristo, defienden la justicia cuando pastorean al valioso rebaño de Dios. Siempre recuerdan que Jesús desea que sus ovejas reciban un trato equitativo, sin importar su posición, prestigio ni nivel económico.

22

En el futuro cercano, Jesús establecerá el derecho en la Tierra como nunca antes. En la actualidad, reina la injusticia en este mundo corrupto. Cada muerte de un niño hambriento es un abuso inexcusable, sobre todo en vista de la enorme cantidad de tiempo y dinero que se dedica a fabricar armamento y satisfacer los caprichos de quienes buscan el placer a toda costa. En efecto, millones de seres mueren sin necesidad todos los años, lo que constituye solo una de tantas iniquidades que provocan la legítima indignación de Jehová. Por ello, él ha designado a su Hijo para entablar guerra justa contra este sistema malo y así eliminar definitivamente el desafuero (Revelación 16:14, 16; 19:11-15).

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No obstante, la justicia de Jehová exige más que la destrucción de los malvados. Dios también ha nombrado a su Hijo para que gobierne como "Príncipe de Paz". Tras la batalla de Armagedón, Jesús se valdrá de su reinado para implantar la paz en la Tierra, y gobernará "por medio del derecho" (Isaías 9:6, 7). Se deleitará en deshacer todas las iniquidades que tanto sufrimiento han causado en el mundo y será un fiel defensor de la perfecta justicia divina por toda la eternidad. Es imperioso, entonces, que procuremos imitar dicho atributo en nuestros días. Examinemos cómo.

[Notas]

Al manifestar justa ira, Jesús imitó a Jehová, quien está "dispuesto a la furia" contra la maldad (Nahúm 1:2). Por ejemplo, cuando Dios dijo a su pueblo rebelde que habían convertido Su casa en "cueva de salteadores", agregó: "Mi cólera y mi furia se derraman sobre este lugar" (Jeremías 7:11, 20).

Según la Misná, años más tarde, el elevado precio de las tórtolas que se despachaban en el templo suscitó una protesta, la cual logró que se rebajara enseguida en un 99%. ¿A quiénes beneficiaba tan rentable negocio? Algunos historiadores apuntan la posibilidad de que los mercados del santuario fueran propiedad de la casa del sumo sacerdote Anás, lo que habría contribuido a la enorme riqueza de dicha familia sacerdotal (Juan 18:13).

Los fariseos sostenían que los más humildes, quienes no estaban versados en la Ley, eran "unos malditos" (Juan 7:49). Afirmaban que no había que instruirlos ni relacionarse con ellos en los negocios, las comidas ni las oraciones, y que el padre que permitía a su hija casarse con uno de ellos obraba peor que si la expusiese a las fieras. Consideraban que la gente común no tenía esperanza alguna de resucitar.

Preguntas

para meditar

Salmo

45:1-7 ¿Por qué podemos confiar en que el Rey Mesiánico fomentará la justicia perfecta?

Mateo

12:19-21 De acuerdo con las profecías, ¿cómo trataría el Mesías a la gente humilde?

Mateo

18:21-35 ¿Cómo enseñó Jesús que la auténtica justicia es misericordiosa?

Marcos

5:25-34 ¿Cómo demostró Jesús que la justicia divina toma en cuenta las circunstancias de cada persona?

[Preguntas

del estudio]

1, 2. ¿En qué ocasión se indignó Jesús, y por qué razón?

3, 4. ¿Qué codiciosa explotación tenía lugar en la casa de Jehová, y cómo intervino Jesús para corregir el abuso?

5-7. a) ¿Cómo influyó en el sentido de la justicia de Jesús su existencia prehumana, y qué aprendemos al estudiar su ejemplo? b) ¿Cómo ha combatido Cristo las injusticias relativas a la soberanía y el nombre de Jehová?

8-10. a) ¿Cómo fomentaban las tradiciones orales de los caudillos religiosos judíos el desprecio hacia los paganos y las mujeres? b) ¿De qué manera se convirtió en una carga el precepto sabático de Jehová a consecuencia de las leyes orales?

11, 12. ¿Cómo expresó Jesús su rechazo a las tradiciones antibíblicas de los fariseos?

13. ¿Qué ley llegó a existir gracias al ministerio terrestre de Cristo, y cómo difería de su antecesora?

14, 15. ¿Cómo indicó Jesús que reconocía los límites de su autoridad, y por qué nos tranquiliza este hecho?

16, 17. a) ¿Cómo procedió Jesús con equidad al predicar las buenas nuevas del Reino de Dios? b) ¿Cómo demostró que su sentido de la rectitud era misericordioso?

18, 19. a) ¿De qué maneras defendió Jesús la dignidad de la mujer? b) ¿Cómo destaca su ejemplo la relación entre valor y justicia?

20, 21. En nuestro tiempo, ¿cómo promueve el Rey Mesiánico la justicia por todo el mundo y dentro de la congregación cristiana?

22. ¿Cómo se siente Jehová ante las injusticias que reinan en el mundo actual, y para qué ha designado a su Hijo?

23. ¿Cómo promoverá Cristo la justicia por toda la eternidad después de Armagedón?

[Ilustración

de la página 150]

"¡Quiten estas cosas de aquí!"

                                         gomezburgara@hotmail.com

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La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la palabra de nuesro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.  ISAIAS 40;8

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