domingo, 4 de octubre de 2009

Beneficiese,.-Introduccion,.-1 Parte.


Portada/Página

de los editores

Benefíciese

de la Escuela del Ministerio Teocrático

"Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar." (Isa. 48:17.)

................

(Nombre del estudiante)

A menos que se indique lo contrario, las citas de la Biblia son de la versión en lenguaje moderno Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con referencias)

[Ilustraciones

de la página 1]

¿Qué

puede aprender de los siervos de Jehová del pasado?

Moisés, aunque al principio se mostró inseguro, dejó que Dios lo utilizara

Pablo empleó argumentos lógicos y persuasivos

Apolos era elocuente, pero aun así se dejó aconsejar

Felipe fue un evangelizador celoso

Natán tocó el corazón del rey David

La niña israelita habló de su fe sin temor

Pedro predicó con profundo sentimiento

Ester habló con gran respeto

Jeremías demostró convicción

Índice

Le damos la bienvenida a la Escuela del Ministerio

Teocrático 5

Aprenda a deleitarse en la Palabra de Dios 9

'Preste atención a cómo escucha' 13

Mejore su memoria 17

Aplíquese a la lectura 21

El estudio recompensa 27

La investigación eficaz 33

La elaboración de un bosquejo 39

La preparación de asignaciones para la escuela 43

La preparación de discursos dirigidos a los hermanos 47

La preparación de discursos públicos 52

Hágase un buen maestro 56

Cultive el arte de la conversación 62

Aprenda a dar respuestas 66

La comunicación por carta 71

No deje de progresar 74

Programa para cultivar las aptitudes de orador

y maestro 78

Lista personal de aspectos de la oratoria 79

Utilice diversos marcos de circunstancias 82

Cómo

mejorar

Lección

1 Lectura precisa 83

2 Articulación clara 86

3 Pronunciación correcta 89

4 Fluidez 93

5 Uso adecuado de las pausas 97

6 Énfasis acertado 101

7 Énfasis en las ideas principales 105

8 Volumen adecuado 107

9 Modulación 111

10

Entusiasmo 115

11

Afecto y otros sentimientos 118

12

Ademanes y expresiones faciales 121

13

Contacto visual 124

14

Naturalidad 128

15

Buena apariencia 131

16

Aplomo 135

17

Buen uso del micrófono 139

18

Uso de la Biblia para contestar preguntas 143

19

Animar a emplear la Biblia 145

20

Introducción eficaz a los textos bíblicos 147

21

Lectura de textos bíblicos con el énfasis debido 150

22

Empleo correcto de los textos bíblicos 153

23

Resaltar el valor práctico 157

24

Buen uso del vocabulario 160

25

Uso de un bosquejo 166

26

Desarrollo lógico de la información 170

27

Improvisar las palabras a partir del bosquejo 174

28

Tono conversacional 179

29

Calidad de la voz 181

30

Interés en los oyentes 186

31

Respeto a los demás 190

32

Expresarse con convicción 194

33

Hablar con tacto, pero con firmeza 197

34

Ser edificante y positivo 202

35

Repetición para dar énfasis 206

36

Desarrollo del tema 209

37

Destacar los puntos principales 212

38

Introducciones que despiertan interés 215

39

Conclusiones eficaces 220

40

Exactitud en las afirmaciones 223

41

Claridad en la exposición 226

42

Exposición instructiva para el auditorio 230

43

Utilizar la información asignada 234

44

Uso eficaz de las preguntas 236

45

Ilustraciones instructivas 240

46

Ilustraciones basadas en situaciones conocidas 244

47

Uso eficaz de medios visuales 247

48

Argumentación que induce a razonar 251

49

Solidez en la argumentación 255

50

Llegar al corazón 258

51

Atenerse al tiempo y distribuirlo bien 263

52

Exhortación eficaz 265

53

Animar y fortalecer al auditorio 268

El mensaje que debemos proclamar 272

Pautas para los superintendentes de la escuela 282

Índice temático 286

Le

damos la bienvenida a la Escuela del Ministerio Teocrático

POR toda la Tierra, en decenas de miles de localidades de más de doscientos países, millones de estudiantes se benefician semanalmente de la formación que brinda la Escuela del Ministerio Teocrático. Algunos son nuevos, mientras que otros llevan muchos años asistiendo a ella. Sin importar el lugar en que resida, usted tiene a su alcance el mismo programa de estudios. Personas de toda edad, raza o nivel cultural reciben gratuitamente esta formación teocrática.

La escuela se instituyó en las congregaciones de los testigos de Jehová en 1943, y su propósito se declaró con estas palabras: "Capacitar a todos los 'hombres fieles', los que han oído la Palabra de Dios y han probado su fe en ella, para 'que sean idóneos para enseñar a otros' [...] con el único fin de hacerlos ministros mejor preparados para presentar públicamente la esperanza que abrigan" (Course in Theocratic Ministry [Curso en el Ministerio Teocrático], pág. 4). Hoy, el objetivo sigue siendo el mismo.

En realidad, ¿cuál es la mejor forma de utilizar el don divino de la palabra? La Biblia responde: "Toda cosa que respira... alabe a Jah" (Sal. 150:6). Cuando así lo hacemos, alegramos el corazón de nuestro Padre celestial y demostramos sincera gratitud por su bondad y amor. No es extraño que a los cristianos se nos anime a 'ofrecer a Dios sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios que hacen declaración pública de su nombre' (Heb. 13:15). Con el deseo de ayudarlo a alabar mejor a Jehová con las facultades que él le ha otorgado, le damos la bienvenida a la Escuela del Ministerio Teocrático.

Aunque en la escuela se concede mucha atención a la lectura pública y a las artes de la oratoria y la enseñanza, sus beneficios no se limitan a estos campos. Su participación le permitirá cultivar aptitudes tan inestimables como leer bien a nivel personal, escuchar con atención y recordar lo oído, estudiar, investigar, analizar y organizar, conversar, responder preguntas y redactar. La Biblia y las publicaciones cristianas constituirán la base del estudio, los comentarios y las intervenciones. Según vaya asimilando las preciosas verdades que se hallan en la Palabra de Dios, sus pensamientos se asemejarán más a los del Creador, lo que sin duda le beneficiará en todo aspecto de su vida. Con referencia al valor de las Escrituras, William Lyon Phelps, catedrático de principios del siglo XX, escribió: "A todo el que conozca bien la Biblia puede considerársele verdaderamente culto. [...] Creo que el conocimiento de la Biblia sin una carrera universitaria es más valioso que una carrera universitaria sin el conocimiento de la Biblia".

Benefíciese

a plenitud

Claro está que usted debe poner de su parte para obtener el pleno beneficio de la Escuela del Ministerio Teocrático. El apóstol Pablo dirigió esta exhortación a su compañero cristiano Timoteo: "Reflexiona sobre estas cosas; hállate intensamente ocupado en ellas, para que tu adelantamiento sea manifiesto a todos" (1 Tim. 4:15). ¿De qué modos prácticos puede seguir este consejo?

Procure asistir a la escuela todas las semanas. Además, haga buen uso de este libro de texto, Benefíciese de la Escuela del Ministerio Teocrático. Escriba su nombre en el espacio reservado para ello en la primera página y llévelo siempre a la escuela. El presente manual es también un cuaderno de trabajo. Al leerlo, subraye las ideas importantes que crea útiles y anote en los amplios márgenes los puntos prácticos que aprenda en clase.

En el programa de la escuela, que se entrega por separado, también se dan detalles de cómo se dirigirá el curso. Tal vez vea conveniente guardarlo en este libro para tenerlo siempre a mano.

Al prepararse para las sesiones semanales, no olvide que la Biblia es el principal libro de texto. Dé prioridad a la lectura bíblica que se haya programado. Asimismo, le resultará muy provechoso leer de antemano la información en que se basarán las diferentes asignaciones.

Aproveche bien las ocasiones en que se solicite la intervención del auditorio, pues la participación activa es importante para recordar lo oído y aplicarlo.

Como los demás estudiantes, usted llevará a cabo discursos o demostraciones ante la congregación. Benefíciese al máximo de tales oportunidades, procurando mejorar en todo aspecto de la oratoria que se le indique. Se le darán consejos orientados a su progreso constante, y lo instamos a aceptar de buena gana esta ayuda personalizada. Anote en su libro las sugerencias que se le den. Aun si lleva muchos años matriculado en la escuela, tales recomendaciones y consejos amorosos fundados en la Biblia pueden contribuir notablemente a su adelanto, pues a todos nos resulta difícil vernos como los demás nos ven (Pro. 1:5).

¿Desea acelerar su progreso? Lo logrará si toma la iniciativa. Estudie de antemano la información en que se basarán las intervenciones. De este modo, si se precisa algún sustituto, podrá ofrecerse y así adquirir más experiencia. Fíjese, asimismo, en cómo exponen las ideas los demás estudiantes, pues todos aprendemos unos de otros.

Además, si le es posible, estudie este manual por su cuenta. Tras familiarizarse con las siguientes quince lecciones, pase al "Programa para cultivar las aptitudes de orador y maestro", que comienza en la página 78. Estudie primero cada lección y haga los ejercicios correspondientes, e incorpore lo que aprenda a su ministerio. De este modo potenciará su capacidad para la oratoria y para la enseñanza de la Palabra de Dios.

La Escuela del Ministerio Teocrático lo preparará para lo más importante de todo. Dado que estamos vivos gracias a la voluntad divina, el verdadero propósito de nuestra existencia es alabar a Jehová Dios tal como se merece, con las alabanzas más sublimes (Rev. 4:11). La preparación que nos brinda la escuela constituye un medio de lograrlo, pues nos ayudará a pensar con claridad, a comportarnos sabiamente y a transmitir con eficacia las fascinantes verdades de la Palabra inspirada de Dios.

[Recuadro

de la página 6]

CARACTERÍSTICAS

DE LA ESCUELA

• Programa semanal de lectura, estudio e investigación en torno a la Biblia

• Formación en la lectura pública y en las artes de la oratoria y la enseñanza

• Sesiones con participación de la clase

• Asignaciones ante la congregación

• Ayuda personalizada para progresar

[Recuadro

de la página 7]

APTITUDES

EN LAS QUE NOS CENTRAREMOS

• Escuchar con atención y recordar lo oído

• Leer bien a nivel personal

• Estudiar

• Investigar

• Analizar y organizar

• Conversar

• Responder preguntas

• Redactar

[Recuadro

de la página 8]

NUESTRO

FUNDAMENTO

La comunicación eficaz es un arte que no todos dominan. Aunque se han escrito numerosos manuales que aconsejan sobre el tema, el Creador, quien nos otorgó el don de la palabra, sabe más de oratoria y enseñanza que cualquier hombre. Su Hijo unigénito fue el Obrero Maestro que cooperó con él al producir, entre las maravillas de la creación, nuestro cerebro y los órganos del habla.

Cuando el Altísimo creó a los ángeles y luego a los seres humanos, dicho Hijo llegó a ser la Palabra de Dios, el principal conducto por el que Jehová transmitió sus preceptos (Pro. 8:30; Juan 1:1-3). Las Escrituras inspiradas indican que cuando se le envió a la Tierra como el Señor Jesucristo, "las muchedumbres quedaron atónitas por su modo de enseñar", y que sus oyentes declararon: "Jamás ha hablado otro hombre así" (Mat. 7:28; Juan 7:46). No es por casualidad que en los Evangelios se le llame "Maestro" en más de cuarenta ocasiones, pues es muchísimo lo que de él podemos aprender en cuanto a la manera de hablar y enseñar.

La Biblia también muestra que Jehová Dios se ha valido de hombres y mujeres de distinta procedencia para cumplir su voluntad. A veces entregaron mensajes breves pero impactantes, y aunque en muchos casos no hablaron ante grandes audiencias, dieron testimonio con lealtad respecto al Dios verdadero y Su propósito. Parece que en su mayoría no fueron oradores elocuentes; sin embargo, Jehová bendijo su empeño, por lo que los relatos bíblicos de su ministerio resultan muy instructivos (Sal. 68:11).

Claro está que la Biblia no es un libro de oratoria, pero quienes la leen con criterio hallan en sus páginas lecciones valiosas para hablar y enseñar con eficacia. El objetivo del presente manual, BENEFÍCIESE DE LA ESCUELA DEL MINISTERIO TEOCRÁTICO, es edificar sobre tal fundamento.

[Ilustración

a toda plana de la página 4]

Aprenda

a deleitarse en la Palabra de Dios

FELIZ es el hombre cuyo "deleite está en la ley de Jehová", que lee la Palabra de Dios "día y noche [...] en voz baja" (Sal. 1:1, 2). ¿Siente usted tal deleite? ¿Cómo puede obtener más gozo de la Palabra de Dios?

Escuche

cuando Jehová habla

En vez de limitarse a leer las palabras, imagine las situaciones y la voz de los personajes. En los capítulos de apertura de la Biblia escuche cómo Jehová indica, uno tras otro, los pasos que da a fin de preparar la Tierra para el hombre. Oiga cómo le dice a su Hijo, el Obrero Maestro, que ha llegado la hora de crear a los primeros seres humanos. Contemple la escena: Adán y Eva se rebelan, Dios los juzga y, a continuación, los expulsa del Paraíso (Gén., caps. 1-3). Estremézcase al leer que una voz del cielo presenta a Jesucristo como el Hijo de Dios, el amado, a quien Jehová ha enviado para que entregue su vida por la humanidad (Mat. 3:16, 17). Trate de imaginar la reacción del apóstol Juan al oír la promesa de Jehová: "¡Mira!, voy a hacer nuevas todas las cosas" (Rev. 21:5). Ciertamente, leer la Palabra de Dios de esta manera es una grata experiencia.

La lectura constante de los escritos inspirados le permitirá conocer a Jehová como persona majestuosa e imponente, y hará que se sienta atraído de modo irresistible al Dios que nos ama, nos trata con misericordia, nos ayuda si intentamos cumplir su voluntad humildemente y nos muestra cómo encaminar al éxito todos nuestros pasos (Jos. 1:8; Sal. 8:1; Isa. 41:10).

Cuanto más tiempo dedique a leer la Biblia, mayor será su satisfacción, pues comprenderá mejor lo que Dios espera de usted. Pero el deleite irá mucho más allá. Cuando su lectura lo capacite para afrontar los problemas con sabiduría, se sentirá como el salmista, quien afirmó: "Tus recordatorios son maravillosos. Por eso mi alma los ha observado" (Sal. 119:129). Al igual que él, usted se alegrará de distinguir en las Escrituras principios que le permitirán amoldar sus ideas y deseos a los preceptos divinos (Isa. 55:8, 9).

La Biblia presenta pautas morales que nos protegen y señalan el buen camino. En sus páginas comprendemos que Jehová es un Padre que conoce las dificultades que acarrea ceder a los deseos carnales. No desea que suframos las terribles consecuencias que inevitablemente nos sobrevendrán si violamos sus elevadas normas morales. Se interesa por nosotros y quiere que vivamos lo mejor posible. Leer su Palabra nos ayuda a valorar aún más la bendición de tenerlo como Dios y Padre celestial.

Lea

la Biblia a diario

Con respecto al hombre que lee todos los días la Palabra de Dios, el salmista dijo: "Todo lo que haga tendrá éxito" (Sal. 1:3). A pesar de la imperfección, de que vivimos en el malvado sistema satánico y de que el Diablo intenta devorarnos, la lectura y la aplicación constantes de la Palabra de Dios nos permitirán salir airosos en todo lo que repercuta en nuestra relación con Jehová.

Asimilar a diario los pensamientos del Creador, siquiera durante unos valiosos instantes, nos fortalecerá para resistir las presiones de este viejo sistema. Algunos cristianos encarcelados por su fe solo contaban con unos pocos versículos sueltos transcritos en la prensa, los cuales recortaron, memorizaron e hicieron objeto de meditación. Jehová bendijo su empeño, pues se esmeraron en adquirir conocimiento de la Palabra de Dios (Mat. 5:3). Ahora bien, la mayoría de nosotros disfruta de mucha más libertad, así que no debemos concluir que la simple lectura rápida de un versículo bíblico al día tendrá un efecto milagroso. Más bien, lo que nos reportará bendiciones será fijarnos la prioridad de leer a diario una porción de la Biblia, pensar en ella y aplicarla.

Siendo realistas, hasta los mejores planes pueden verse truncados. Cuando eso ocurre, damos prioridad a lo que de veras importa. Por ejemplo, no pasaríamos adrede un día o dos sin beber agua. De igual modo, prescindiendo de las dificultades que surjan en la vida cotidiana, debemos apartar tiempo para refrescarnos con las aguas de la verdad (Hech. 17:11).

Lea

toda la Palabra de Dios

¿Ha leído la Biblia de principio a fin? Hay quienes se han agobiado ante la perspectiva de comenzar en Génesis y seguir hasta Revelación. Por tal razón, muchas personas que deseaban leer toda la Biblia empezaron por las Escrituras Griegas Cristianas. ¿Por qué? Quizá porque les resultaba más fácil ver la aplicación práctica de tales libros bíblicos en tanto procuraban seguir los pasos de Cristo. O tal vez se deba a que esta sección no parece tan extensa, pues apenas representa algo más de una cuarta parte de la Biblia. Pero una vez terminaron los veintisiete libros que la componen, se centraron en los 39 de las Escrituras Hebreas y disfrutaron de su contenido. Cuando los completaron, ya habían adquirido la costumbre, así que pasaron a leer por segunda vez las Escrituras Griegas Cristianas, y desde entonces no se han detenido. Haga usted también de la lectura diaria de la Palabra de Dios un hábito que lo acompañe toda la vida.

¿Hay alguien en su familia o congregación que no pueda leer? ¿Por qué no se ofrece a leerle la Biblia con regularidad? Así no solo se beneficiará su oyente, quien podrá meditar en su lectura y ponerla en práctica, sino también usted mismo (Rev. 1:3).

Con el tiempo, tal vez desee estudiar más a fondo ciertos pasajes bíblicos. Tal análisis le permitirá, en algunos casos, captar mejor la conexión entre distintas secciones de las Escrituras. Si su Biblia posee remisiones marginales, estas pueden dirigirlo a detalles históricos o a relatos paralelos, así como ayudarlo a comprender las circunstancias que motivaron la redacción de varios salmos y cartas apostólicas. La obra Perspicacia para comprender las Escrituras contiene todo un caudal de información sobre la gente, los lugares y las cualidades que se mencionan en la Palabra de Dios. Las tablas señalan el cumplimiento de las profecías, indican qué reyes y profetas vivieron en la misma época, y dan la fecha aproximada de numerosos acontecimientos bíblicos.

Al meditar en lo aprendido, entenderá por qué surgieron algunas situaciones en el pueblo de Dios, así como los motivos por los que Jehová trató a sus siervos de cierta forma. Asimismo, comprenderá cómo evalúa el Creador el proceder de gobiernos, naciones e individuos. Todo ello le ayudará a profundizar en los pensamientos divinos.

La historia bíblica cobrará interés si imagina el escenario en que ocurrieron los sucesos. Los mapas de las tierras bíblicas revelan las características del terreno y las distancias. Por ejemplo: ¿En qué sitio aproximado cruzaron los israelitas el mar Rojo? ¿Qué extensión tenía la Tierra Prometida? ¿Hasta qué lugares llegó Jesús en su ministerio terrestre? ¿Qué paisajes debió de contemplar el apóstol Pablo en sus viajes misionales? Los mapas y las descripciones geográficas aportan detalles que le harán vivir la lectura. ¿Dónde hallar tales mapas? Hay varios en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Además, la obra Perspicacia contiene unos setenta, y al final del primer tomo encontrará un práctico índice de todos ellos. Emplee el Índice de las publicaciones Watch Tower para localizar otros mapas. Si no dispone de estas obras, utilice los que aparecen en La Atalaya para complementar su lectura de la Biblia.

En las Escrituras Hebreas se recoge esta alabanza del rey David a Jehová: "¡Cuán preciosos son tus pensamientos! Oh Dios, ¡hasta cuánto llega la gran suma de ellos!" (Sal. 139:17). Y en las Escrituras Griegas Cristianas, el apóstol Pablo ensalzó al Creador porque "ha resplandecido en nuestros corazones para iluminarlos con el glorioso conocimiento de Dios por el rostro de Cristo" (2 Cor. 4:6). Entre David y Pablo transcurrieron varios siglos, pero ambos se deleitaron en la Palabra de Dios, placer del que también usted disfrutará si invierte el tiempo necesario para leer todo lo que Jehová nos brinda en las páginas de su Palabra inspirada.

[Recuadro

de la página 11]

DISFRUTE

DE LA LECTURA DIARIA DE LA BIBLIA

Gran parte de la enseñanza que se brinda en la Escuela del Ministerio Teocrático gira en torno al programa de lectura bíblica, el cual lo instamos a seguir.

Para cada semana se ha dispuesto la lectura y el análisis de una breve sección de la Biblia, de modo que poco a poco logrará completarla.

La lectura diaria de las Escrituras formará parte de su vida si le reserva un tiempo fijo, quizá por la mañana temprano, al mediodía, a la hora de cenar o antes de acostarse. Leer unas pocas líneas cuando tenga un momento libre no garantiza la regularidad.

Si es cabeza de familia, interésese por los miembros de su hogar ayudándolos a persistir en esta buena costumbre. Leer algún pasaje en familia animará a todos a seguir personalmente un programa diario de lectura.

Leer la Biblia requiere autodisciplina, pues nadie nace con tal deseo, sino que debemos 'desarrollar el anhelo' por la Palabra de Dios (1 Ped. 2:2). Una vez que el hábito avive su apetito espiritual, es probable que se fije otros objetivos de lectura y estudio de la Biblia, con los que profundizará su comprensión y aprecio de los tesoros espirituales que Jehová nos ofrece.

En su lectura bíblica, tómese el tiempo necesario para reflexionar en el significado del texto, es decir, en lo que este revela de Jehová, en la buena influencia que puede tener en su vida y en cómo lo utilizará para ayudar al prójimo.

'Preste

atención a cómo escucha'

ESCUCHAR es un factor importante en el aprendizaje y, en ocasiones, una cuestión de vida o muerte. Poco antes de liberar a su pueblo del yugo de Egipto, Jehová ordenó a Moisés que dijera a los ancianos de Israel qué pasos debían dar para salvar del ángel exterminador a sus primogénitos (Éxo. 12:21-23). A su vez, tales ancianos transmitieron esta información a cada familia. Por tratarse de una comunicación oral, el pueblo tenía que escuchar con cuidado. ¿Cómo respondió? La Biblia señala: "Todos los hijos de Israel hicieron tal como Jehová había mandado a Moisés y Aarón. Hicieron precisamente así" (Éxo. 12:28, 50, 51). Como resultado, Israel vivió una formidable liberación.

Hoy día, Jehová nos prepara para una liberación aún más grandiosa, de modo que sus instrucciones, que recibimos en las reuniones de la congregación, merecen la más seria atención. ¿Se aprovecha usted a plenitud de tales reuniones? En buena medida dependerá de cómo escuche.

¿Logra usted retener los puntos clave que se presentan? ¿Reflexiona todas las semanas en cómo aplicarlos a su propia vida o compartirlos con su prójimo?

Prepare

el corazón

Para obtener el pleno beneficio de la enseñanza que se imparte en las reuniones cristianas, es preciso preparar el corazón. La importancia de ello se destaca en la crónica del reinado de Jehosafat de Judá. Este valeroso defensor de la adoración verdadera "quitó de Judá los lugares altos y los postes sagrados" y encargó a los príncipes, levitas y sacerdotes que enseñaran la Ley al pueblo en todas las ciudades de la nación. Sin embargo, "los lugares altos mismos no desaparecieron" (2 Cró. 17:6-9; 20:33). En estos centros paganos se adoraba a deidades falsas y se rendía culto ilícito a Jehová; tales ritos estaban tan arraigados que no pudieron eliminarse.

¿Por qué no tuvo un efecto perdurable el programa educativo de Jehosafat? La narración prosigue diciendo: "El pueblo mismo todavía no había preparado su corazón para el Dios de sus antepasados". Los judíos oyeron las explicaciones, pero no actuaron en consecuencia. Tal vez les pareciera que viajar al templo de Jerusalén para ofrecer sacrificios era demasiada molestia. En cualquier caso, no los impulsaba la fe.

Si no queremos acabar en las sendas del mundo de Satanás, tenemos que preparar el corazón para asimilar la enseñanza que Jehová imparte hoy. ¿Cómo podemos hacerlo? Un factor importante es la oración. Pidámosle a Dios que nos conceda recibir con gratitud sus instrucciones (Sal. 27:4; 95:2). Tal ruego nos permitirá valorar la labor de los hermanos que, aunque son imperfectos, se brindan para que Jehová los utilice en la educación de Su pueblo. Nos moverá a dar gracias al Creador, no solo por las nuevas verdades que aprendemos, sino también por la posibilidad de acrecentar nuestro aprecio por lo que ya hemos estudiado. El deseo de cumplir toda la voluntad de Dios nos induce a rogarle: "Instrúyeme, oh Jehová, acerca de tu camino. [...] Unifica mi corazón para que tema tu nombre" (Sal. 86:11).

Concéntrese

Hay muchas cosas que pudieran impedirnos estar atentos. Quizá las preocupaciones nos agobien, los ruidos y movimientos dentro o fuera del lugar de reunión nos distraigan, o un malestar físico nos dificulte la concentración. Y los padres también tienen que atender a sus hijos pequeños. ¿Qué nos ayudará a mantenernos pendientes del programa?

Dado que la vista desempeña un papel decisivo, fije la mirada en el orador. Busque los pasajes bíblicos que este cite —incluso los más conocidos— y siga su lectura. Resista el impulso de girar la cabeza cada vez que se produzca un ruido o un movimiento. Si permite que sus ojos lo distraigan, se perderá buena parte de lo que se enseñe desde la plataforma.

Si hay "pensamientos inquietantes" que le dificultan la concentración, pídale a Jehová el sosiego necesario (Sal. 94:19; Fili. 4:6, 7). Insista una y otra vez si es preciso (Mat. 7:7, 8). Las reuniones de congregación son una dádiva de Jehová, así que puede estar seguro de que él desea que se beneficie de ellas (1 Juan 5:14, 15).

Al

escuchar discursos

Es probable que recuerde algunos puntos especialmente interesantes de los discursos que ha oído. Sin embargo, no escuchamos una conferencia con el simple propósito de reunir algunas ideas sobresalientes. Un discurso es como un viaje: en el trayecto puede haber lugares atractivos, pero lo primordial es el destino, el objetivo. Del mismo modo, el orador trata de llevar a sus oyentes a cierta conclusión o inducirlos a actuar de alguna manera.

Examinemos el discurso que Josué dirigió a los israelitas, recogido en Josué 24:1-15. Su propósito era que se pusieran firmemente de parte de la adoración verdadera y se apartaran por completo de la idolatría de las naciones que los rodeaban. ¿Por qué era tan importante esta cuestión? Pues bien, el predominio de la religión falsa suponía una grave amenaza para el pueblo, pues podía llevarlo a perder el favor de Jehová. Los israelitas respondieron al ruego de Josué con estas palabras: "Es inconcebible, por nuestra parte, dejar a Jehová para servir a otros dioses [...;] nosotros serviremos a Jehová". De hecho, así lo hicieron (Jos. 24:16, 18, 31).

Al escuchar un discurso, procure determinar cuál es el objetivo de este. Piense en cómo contribuyen a él las ideas que expone el orador, y pregúntese qué acción requiere de usted lo que está oyendo.

Durante

las sesiones de preguntas y respuestas

El Estudio de La Atalaya, el Estudio de Libro de Congregación y ciertas porciones de la Reunión de Servicio consisten en el análisis de alguna publicación cristiana por preguntas y respuestas.

Estas sesiones guardan cierto parecido con un diálogo, de modo que si escucha con atención, obtendrá el máximo provecho. Observe el rumbo que toman las ideas y cómo destaca el conductor el tema y los puntos principales. Responda mentalmente a sus preguntas, y esté atento a las explicaciones y aplicaciones de los presentes, pues quizá le den un nuevo enfoque de un tema conocido. Asimismo, contribuya a que se produzca un intercambio de estímulo aportando sus propias expresiones de fe (Rom. 1:12).

La preparación le ayudará a participar y a seguir los comentarios de los demás. Si las circunstancias le impiden estudiar a fondo la información programada, aprovechará mejor la reunión si se toma al menos unos minutos para hacerse una idea general de lo que trata.

En

las asambleas

En estas ocasiones es probable que las distracciones sean más frecuentes que en las reuniones de la congregación, así que prestar atención tal vez se haga aún más difícil. ¿Qué puede ayudarlo?

Es importante descansar lo suficiente por la noche. Antes de que empiece el programa, grabe en la memoria el tema del día, lea los títulos de los discursos e intente imaginar su contenido. Haga buen uso de la Biblia. Numerosos asistentes han comprobado que tomando apuntes breves sobre las ideas clave se concentran mejor. Anote lo que piense poner en práctica en su vida o en el ministerio. Asimismo, al desplazarse cada día a la asamblea y al volver de esta, converse sobre algunos de los puntos presentados. Seguir estos consejos lo ayudará a retener las ideas.

Enseñe

a sus hijos a escuchar

Los cristianos ayudan a sus hijos —incluso a los más pequeños— a hacerse "sabio[s] para la salvación" cuando los llevan a las reuniones de la congregación y a las asambleas (2 Tim. 3:15). Puesto que la actitud y la capacidad de concentración varían en cada caso, se requiere perspicacia para enseñarles a escuchar. Tal vez le resulten útiles las siguientes sugerencias.

Haga que sus hijos pequeños se sienten tranquilamente en casa durante períodos fijos y lean las publicaciones cristianas o miren sus ilustraciones. En las reuniones, procure no entretenerlos con juguetes. La razón de que estén presentes es la misma hoy que en el antiguo Israel: "A fin de que escuchen y a fin de que aprendan" (Deu. 31:12). Cuando resulta práctico, algunos padres facilitan a sus hijos, aun a los más pequeños, un ejemplar de las publicaciones que vayan a estudiarse. A medida que los niños crezcan, ayúdelos a prepararse para intervenir en las reuniones que requieren los comentarios del auditorio.

Las Escrituras revelan que existe una relación directa entre escuchar a Jehová y obedecerlo, como se desprende de las palabras de Moisés a la nación de Israel: "He puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la invocación de mal; y tienes que escoger la vida [...] amando a Jehová tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a él" (Deu. 30:19, 20). Hoy día es esencial que escuchemos lo que Jehová nos enseña y lo pongamos en práctica, pues solo así nos granjearemos su aprobación y la bendición de vivir eternamente. Para ello, es imprescindible que sigamos la exhortación de Jesús: "Presten atención a cómo escuchan" (Luc. 8:18).

[Recuadro

de la página 13]

PARA

ESCUCHAR CON PROVECHO

• Pídale a Jehová que le ayude a concentrarse en el programa

• Fije la mirada en el orador

• Siga en su Biblia los pasajes que se lean

• Pregúntese cuál es el objetivo del discurso

• Responda mentalmente a las preguntas formuladas; esté atento a los comentarios que se ofrezcan

• Tome notas breves

• Seleccione los puntos que piensa poner en práctica

Mejore

su memoria

JEHOVÁ DIOS creó el cerebro humano y lo dotó de la maravillosa facultad de la memoria. En consonancia con Su objetivo de que viviéramos para siempre, lo diseñó como un depósito que, sin importar la información que se extraiga de él, nunca pierde su valioso caudal (Sal. 139:14; Juan 17:3).

Sin embargo, quizá le parezca que, con excesiva frecuencia, lo que entra en su cabeza no está allí cuando lo necesita. ¿Cómo puede mejorar su memoria?

Ponga

interés

El interés es un factor clave. La costumbre de ser observadores e interesarnos por la gente y lo que pasa a nuestro alrededor estimula las facultades mentales, de modo que al leer u oír algo de valor perdurable se nos hará más sencillo prestar la misma atención.

Con bastante frecuencia no resulta fácil acordarse de los nombres. Sin embargo, los cristianos sabemos que las personas son importantes, sean nuestros hermanos en la fe, la gente a la que predicamos o aquellos a quienes tratamos cuando atendemos las necesidades de la vida. ¿Qué nos ayudará a recordar los nombres que no deberíamos olvidar? El apóstol Pablo hizo mención de veintiséis miembros de una congregación a la que escribió. Su interés por ellos es manifiesto, pues no solo sabía cómo se llamaban, sino que, en muchos casos, agregó detalles concretos de su vida (Rom. 16:3-16). Algunos superintendentes viajantes de los testigos de Jehová de la actualidad logran memorizar los nombres, a pesar de que cada semana visitan una congregación distinta. ¿Cómo lo hacen? Tienen la costumbre de emplear varias veces el nombre de la persona la primera vez que hablan con ella, y procuran asociarlo con su rostro. Además, pasan algún tiempo con diferentes hermanos, ya sea predicando o comiendo juntos. Cuando usted conozca a alguien, ¿recordará cómo se llama? Empiece por pensar en una buena razón para no olvidarlo, y luego trate de seguir algunas de las sugerencias que acabamos de exponer.

La capacidad de recordar lo que leemos también es fundamental. ¿Qué le ayudará a mejorar en este campo? Tanto el interés como la comprensión cumplen su función. Es preciso que el tema le interese tanto que atraiga su atención, pues no retendrá nada si sus pensamientos están en otra parte mientras lee. Incrementará su comprensión relacionando la lectura con lo que le resulte familiar o lo que ya sepa del tema. Pregúntese: "¿Cómo y cuándo podría aplicar esta información? ¿Cómo podría utilizarla para ayudar a alguien?". Asimismo, si lee frases, y no palabras sueltas, captará mejor las ideas y los puntos principales, y los recordará con más facilidad.

Haga

repasos

Los expertos en materia de enseñanza recalcan el valor de los repasos. Un estudio de cierto profesor universitario reveló que un solo minuto de repaso inmediato multiplica por dos la información que se recuerda. Por consiguiente, una vez concluya su lectura o una sección significativa de ella, revise mentalmente las ideas principales y trate de memorizarlas. Piense en cómo explicaría con sus propias palabras los puntos aprendidos. Refrescar los conceptos poco después de leerlos le permitirá retenerlos durante más tiempo.

Al cabo de unos días procure compartir lo que ha leído con un miembro de su familia o de la congregación, con un compañero del trabajo o de la escuela, con un vecino o con quien converse en el ministerio del campo. Intente repetir, además de los hechos fundamentales, los razonamientos bíblicos que se usaban como apoyo. De este modo retendrá los puntos clave, y al mismo tiempo beneficiará a otras personas.

Medite

en los asuntos importantes

Además de repasar lo que ha leído y hablar de ello, hallará provechoso reflexionar en las cuestiones importantes que haya aprendido, tal como hicieron los escritores bíblicos Asaf y David. El primero dijo: "Me acordaré de las prácticas de Jah; pues ciertamente me acordaré de tu maravilloso obrar de mucho tiempo atrás. Y ciertamente meditaré en toda tu actividad, y en tus tratos sí me interesaré intensamente" (Sal. 77:11, 12). De igual modo, David escribió: "Durante las vigilias de la noche medito en ti". "He recordado días de mucho tiempo atrás; he meditado en toda tu actividad." (Sal. 63:6; 143:5.) ¿Hace usted lo mismo?

Reflexionar de forma profunda y detenida en torno a los actos, las cualidades y las expresiones de la voluntad de Jehová no solo le permitirá memorizar datos, sino que, además, tal hábito grabará información crucial en su corazón y moldeará su ser interior. Los recuerdos que se formen constituirán sus pensamientos más íntimos (Sal. 119:16).

La

función del espíritu de Dios

Disponemos de ayuda para recordar las verdades relacionadas con las obras de Jehová y el mensaje de Jesucristo. La noche antes de morir, este dijo a sus discípulos: "Mientras permanecía con ustedes les he hablado estas cosas. Mas el ayudante, el espíritu santo, que el Padre enviará en mi nombre, ese les enseñará todas las cosas y les hará recordar todas las cosas que les he dicho" (Juan 14:25, 26). Entre los presentes se hallaban Mateo y Juan. ¿Fue el espíritu santo un ayudante para ellos? Desde luego. Unos ocho años más tarde, Mateo terminó el primer relato minucioso de la vida de Jesús, en el que plasmó recuerdos tan inestimables como el Sermón del Monte o los pormenores de la señal de la presencia de Cristo y la conclusión del sistema de cosas. El apóstol Juan escribió su Evangelio al cabo de sesenta y cinco años de la muerte del Señor, y transcribió ciertos detalles de las palabras que este dirigió a sus apóstoles aquella última noche, antes de entregar su vida. Seguramente, tanto Mateo como Juan guardaban vívidos recuerdos de lo que Jesús dijo e hizo mientras estuvo con ellos, pero la intervención del espíritu santo fue fundamental para que no olvidaran los hechos relevantes que Jehová deseaba incluir en su Palabra escrita.

¿Es el espíritu santo un ayudante para los siervos de Dios de la actualidad? Sin duda alguna. Claro está, no nos transmite información que no hayamos aprendido, pero sí nos ayuda a recordar los aspectos importantes de lo que hemos estudiado (Luc. 11:13; 1 Juan 5:14). Cuando surge la necesidad, aviva nuestras facultades mentales para que "[nos acordemos] de los dichos hablados previamente por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador" (2 Ped. 3:1, 2).

"No

vayas a olvidar"

Jehová advirtió una y otra vez a los israelitas que 'no olvidaran', no porque pretendiera que se acordaran de todo a la perfección, sino para evitar que se enredaran tanto en sus intereses personales que relegaran la memoria de los actos divinos a un segundo plano. Tenían que mantener vivos los recuerdos de la liberación que Jehová les otorgó cuando su ángel exterminó a todos los primogénitos de Egipto, así como cuando Él abrió el mar Rojo para luego cerrarlo y ahogar al Faraón junto con su ejército. Habían de tener muy presente que Dios les entregó su Ley en el monte Sinaí, los dirigió a través del desierto y los introdujo en la Tierra Prometida. No podían olvidarlo, pues aquellos sucesos debían seguir influyendo profundamente en su vida cotidiana (Deu. 4:9, 10; 8:10-18; Éxo. 12:24-27; Sal. 136:15).

Nosotros tampoco podemos darnos el lujo de olvidar. En medio de las presiones de la vida, debemos acordarnos de Jehová y de la clase de Dios que es, así como del amor que demostró al entregar a su Hijo, el cual aportó el precio requerido para rescatarnos de nuestros pecados y brindarnos vida eterna en perfección (Sal. 103:2, 8; 106:7, 13; Juan 3:16; Rom. 6:23). Mediante la lectura asidua de la Biblia y la participación activa en las reuniones de la congregación y en el ministerio del campo, mantendremos vivas en nosotros estas verdades tan valiosas.

Al tomar decisiones, sean de mayor o menor trascendencia, acuérdese de estos hechos y permita que moldeen su pensamiento. No los olvide. Busque la guía de Jehová. En vez de limitarse a dar un enfoque carnal a los asuntos o confiar en los impulsos de su corazón imperfecto, pregúntese qué consejos o principios de la Palabra de Dios deberían influir en su decisión (Pro. 3:5-7; 28:26). Cierto, jamás podrá acordarse de lo que no haya leído u oído. Sin embargo, según vaya creciendo su amor por Jehová y vaya convirtiéndose en su motivación principal, usted tratará de actuar en conformidad con las cosas que ha aprendido y que puede recordar con la ayuda del espíritu santo. En efecto, al aumentar en conocimiento exacto y amor por el Creador, crecerá también su caudal de sabiduría.

[Recuadro

de la página 17]

PARA

RECORDAR MEJOR LO QUE LEE

• Tras la lectura de una sección de un texto, pregúntese: "¿Cuál es el punto principal de lo que acabo de leer?". Si no lo recuerda, búsquelo

• Cuando llegue al final de un capítulo o artículo, póngase a prueba de nuevo. Enumere los puntos principales. Si no los recuerda con facilidad, repase la lectura

Aplíquese

a la lectura

LOS animales no tienen la capacidad de hacer lo que usted está haciendo ahora: leer. Además, una sexta parte de la humanidad no ha adquirido esta destreza, en muchos casos por no haber tenido acceso a la educación. Por otro lado, un gran número de los que sí han aprendido a leer no acostumbran hacerlo. Sin embargo, la palabra escrita nos permite viajar a otros países, conocer a personas cuyas vidas nos enriquecen y adquirir conocimientos prácticos que nos ayudan a afrontar las inquietudes de la vida.

La calidad de la lectura repercute en el rendimiento escolar. En el mercado laboral puede influir en el tipo de empleo que se consiga y en la cantidad de horas que se tengan que trabajar para obtener el sustento. Las amas de casa que son buenas lectoras están más preparadas para cuidar a sus familias en los campos de la nutrición, higiene y prevención de enfermedades. De igual modo, las madres aficionadas a leer pueden ejercer una influencia muy positiva en el desarrollo intelectual de sus hijos.

Claro está, el mayor beneficio de la lectura es que nos permite 'hallar el mismísimo conocimiento de Dios' (Pro. 2:5). Tal capacidad incide en muchas facetas de nuestro servicio sagrado, como las reuniones de la congregación, en las que se leen las Escrituras y las publicaciones cristianas, o el ministerio del campo, donde la calidad de la lectura repercute directamente en la eficacia. Además, prepararse para estas actividades requiere leer. Por consiguiente, su crecimiento espiritual depende en gran medida de sus hábitos de lectura.

Aproveche

la oportunidad

Algunas personas que aprenden los caminos divinos han tenido poco acceso a la educación, de modo que tal vez sea preciso enseñarles a leer a fin de acelerar su progreso espiritual. O quizá necesiten ayuda personal para adquirir más soltura. Donde las circunstancias lo requieren, las congregaciones procuran organizar clases de alfabetización basadas en el folleto Aplícate a la lectura y a la escritura, de las que ya se han beneficiado millares de alumnos. En vista de la importancia de leer bien, algunas congregaciones ponen en marcha cursos de perfeccionamiento, que se celebran de forma conjunta con la Escuela del Ministerio Teocrático. E incluso donde no se imparten tales cursos, todo estudiante puede mejorar si lee a diario en voz alta y no deja de asistir a la escuela y de participar en ella.

Lamentablemente, distracciones como las historietas y la televisión han relegado la palabra escrita a un lugar muy secundario en la vida de muchas personas. Las horas frente a la pantalla y la falta de práctica dificultan el dominio de la lectura y, además, limitan la capacidad de pensar, razonar y expresarse con claridad.

"El esclavo fiel y discreto" nos proporciona publicaciones que nos ayudan a entender la Biblia y que contienen todo un caudal de importantísima información espiritual (Mat. 24:45; 1 Cor. 2:12, 13). Además, nos mantienen al tanto de destacados acontecimientos mundiales y de lo que significan; amplían nuestros conocimientos sobre la naturaleza; nos preparan para afrontar las preocupaciones y, por encima de todo, nos enseñan a servir a Dios y obtener su aprobación. Tal lectura saludable promueve el crecimiento espiritual.

Claro está, la habilidad de leer bien no es una virtud en sí misma. Para que le beneficie, tiene que darle un uso apropiado. La lectura, al igual que la comida, debe seleccionarse con cuidado. ¿Por qué ingerir alimento sin valor nutritivo, o incluso tóxico? Del mismo modo, ¿por qué exponerse, aunque sea de vez en cuando, a información que podría corromper tanto su mente como su corazón? La lectura que escoja debe estar a la altura de los principios bíblicos. A la hora de decidir, tenga presentes pasajes como Eclesiastés 12:12, 13; Efesios 4:22-24; 5:3, 4; Filipenses 4:8; Colosenses 2:8; 1 Juan 2:15-17 ó 2 Juan 10.

Lea

con un buen motivo

La importancia de una buena motivación se pone de relieve en un examen de los Evangelios. El que Mateo escribió, por ejemplo, nos muestra que Jesús formuló a los instruidos guías religiosos interrogantes tales como: "¿No han leído ustedes[?]" o "¿Nunca leyeron esto[?]", antes de responder con las Escrituras a sus preguntas capciosas (Mat. 12:3, 5; 19:4; 21:16, 42; 22:31). De ello aprendemos que si leemos con una motivación impropia, podríamos extraer conclusiones erróneas o no comprender nada en absoluto. Los fariseos leían la Palabra de Dios porque pensaban que mediante ella conseguirían la vida eterna, pero, como señaló Jesús, tal recompensa no se otorga a quienes no aman a Dios ni aceptan Su medio de salvación (Juan 5:39-43). Aquellos hombres eran egoístas en sus pretensiones; por consiguiente, muchas de sus deducciones estaban equivocadas.

El motivo más puro para leer la Biblia es el amor a Jehová. Puesto que este sentimiento "se regocija con la verdad", nos mueve a aprender cuál es la voluntad divina (1 Cor. 13:6). Incluso si en el pasado no nos gustaba leer, amar a Jehová con "toda [nuestra] mente" nos impulsará a utilizar al máximo nuestras facultades mentales para adquirir el conocimiento de Dios (Mat. 22:37). El amor despierta el interés, y el interés nos estimula a aprender.

Preste

atención al ritmo

Leer y reconocer van de la mano. Ahora mismo, mientras lee, está reconociendo términos y recordando su significado. Pues bien, si amplía la zona de reconocimiento, aumentará la velocidad de la lectura. En vez de detenerse a mirar cada palabra, trate de ver varias de un golpe. Según vaya dominando esta técnica, entenderá con más claridad lo que lea.

No obstante, si se trata de información más profunda, mejorará su rendimiento siguiendo otro método. Con respecto a la lectura de las Escrituras, Jehová aconsejó a Josué: "Este libro de la ley no debe apartarse de tu boca, y día y noche tienes que leer en él en voz baja" (Jos. 1:8). Cuando reflexionamos, a menudo hablamos en susurros, por lo que el vocablo hebreo que se traduce por "leer [...] en voz baja" también se vierte 'meditar' (Sal. 63:6; 77:12; 143:5). Meditar es pensar con detenimiento, sin apresurarse. La lectura meditativa logra que la Palabra de Dios nos cale más hondo. La Biblia contiene información muy valiosa para quienes desean andar en las sendas de Jehová, pues en sus páginas hallamos profecías, consejos, proverbios, poesías, expresiones de juicio divino, aspectos del propósito del Creador y numerosas experiencias de la vida real. Es muy provechoso, por tanto, leer las Escrituras de tal forma que se graben en la mente y el corazón.

Aprenda

a concentrarse

Introdúzcase en las escenas que describe la lectura. Trate de visualizar los personajes e implíquese emocionalmente en sus experiencias. No le resultará muy difícil hacerlo en relatos como el de David y Goliat, recogido en el capítulo 17 de 1 Samuel. Pero hasta los detalles de Éxodo y Levítico sobre la construcción del tabernáculo o la instauración del sacerdocio cobrarán vida si se hace una imagen mental de las dimensiones y los materiales, o si imagina los olores del incienso, el grano al tostarse o los animales ofrecidos en holocausto. Piense en el temor reverente que debieron sentir quienes llevaron a cabo servicios sacerdotales (Luc. 1:8-10). Si sus sentidos y emociones entran de este modo en el cuadro, le resultará más fácil entender lo que lee y lo recordará mejor.

Por otra parte, tenga cuidado de no divagar. Aunque recorra el texto con la mirada, sus pensamientos pudieran hallarse en otro sitio. ¿Llegan hasta usted el sonido de la música o del televisor, o las voces de su familia? Si es posible, es mejor leer en un lugar tranquilo. Ahora bien, puede que la distracción no provenga del exterior, sino de usted mismo, quizá por haber tenido un día ajetreado. ¡Qué fácil es rememorar las actividades de la jornada! Claro está que repasarlas es bueno, pero evítelo mientras lee. Tal vez se concentre al principio y hasta comience con una oración a Dios, pero después su mente empieza a desviarse. Cuando esto ocurra, oblíguese a poner nuevamente toda su atención en la lectura, y verá cómo mejora poco a poco.

¿Qué hace cuando se encuentra con una palabra que no entiende? A veces, los términos poco conocidos se definen o explican en el propio texto, o quizá el contexto le permita deducir su significado. En caso contrario, deténgase a consultar un diccionario o ponga una marca para preguntar a alguien más tarde. De esta forma, ampliará su vocabulario y su comprensión de la lectura.

Lectura

pública

Cuando el apóstol Pablo le dijo a Timoteo que continuara aplicándose a la lectura, se refería concretamente a la que se realiza en beneficio de otras personas (1 Tim. 4:13). La lectura pública eficaz entraña más que pronunciar palabras; también exige entender el significado de estas y de los pensamientos que expresan, pues solo así se logra la correcta transmisión de las ideas y emociones. Claro está que para ello se requiere preparación y práctica. De ahí la exhortación de Pablo: "Continúa aplicándote a la lectura pública". La Escuela del Ministerio Teocrático le brindará una valiosa formación en este campo.

Aparte

tiempo para leer

"Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja, pero todo el que es apresurado se encamina de seguro a la carencia." (Pro. 21:5.) Estas palabras son muy ciertas en lo que concierne al deseo de leer. Obtendrá "ventaja" si con diligencia hace planes para que otras actividades no desplacen a la lectura.

¿Cuándo lee usted? ¿Prefiere hacerlo por la mañana temprano, o se siente más despejado en otro momento de la jornada? Si invierte siquiera quince o veinte minutos diarios, se sorprenderá de cuánto puede abarcar. La clave es la constancia.

¿Por qué decidió Jehová que sus grandiosos propósitos se plasmaran en un libro? Para que los seres humanos pudieran consultar su Palabra escrita y así examinar las maravillosas obras divinas, contárselas a sus hijos y grabarlas en la memoria (Sal. 78:5-7). La intensidad con que nos aplicamos a leer la vivificante Palabra de Jehová es la mejor indicación del aprecio que sentimos por su generosidad al transmitirnos tales revelaciones.

[Recuadro

de la página 21]

¿QUÉ

ABARCA SU PROGRAMA DE LECTURA?

• ¿Ocupa la Biblia el primer lugar de la lista?

• ¿Lee con regularidad las revistas La Atalaya y ¡Despertad!?

• ¿Lee las nuevas publicaciones para el estudio de la Biblia en cuanto las recibe?

• Cuando se le entrega Nuestro Ministerio del Reino, ¿lee los consejos útiles que le ayudarán a mejorar en el servicio del campo?

• ¿Cuántas publicaciones menos recientes de los testigos de Jehová ha leído?

[Ilustración

de la página 22]

Lo que lee a sus hijos contribuye a moldear su personalidad

[Ilustración

de la página 22]

Continúe aplicándose a la lectura pública

[Ilustración

de la página 22]

Aprenda a leer en público con expresividad

[Ilustración

de la página 22]

Sus hábitos de lectura influyen en su crecimiento espiritual

[Ilustración

de la página 24]

Leer juntos une a la familia

El

estudio recompensa

¿HA OBSERVADO alguna vez a la gente escogiendo fruta? La mayoría se fija en el color y el tamaño para determinar si está madura, y hay quien la huele, la palpa o hasta la aprieta. Otros la sopesan, colocando una pieza en cada mano para averiguar cuál es más jugosa. ¿En qué piensan estas personas? Reparan en los detalles, evalúan las diferencias, recuerdan anteriores selecciones y comparan lo que ven con lo que saben. Les aguarda una deliciosa recompensa por elegir con esmero.

Es evidente que las gratificaciones del estudio de la Palabra de Dios son mucho mayores. Cuando asignamos a esta actividad un lugar destacado en la vida, el amor y la fe que sentimos se fortalecen, nuestro ministerio se vuelve más productivo y las decisiones que tomamos reflejan más perspicacia y sabiduría piadosa. Proverbios 3:15 señala al respecto: "Todos tus otros deleites no pueden ser igualados a [estas recompensas]". ¿Disfruta usted de tales galardones? En buena medida dependerá de la forma en que estudie (Col. 1:9, 10).

¿Qué es el estudio? Es más que una simple lectura superficial; entraña emplear las facultades mentales en el examen cuidadoso o prolongado de cierto tema. Supone analizar lo que se lee, compararlo con lo que ya se sabe y tomar nota de las razones que apoyan lo que se afirma. Cuando estudie, reflexione en las ideas que le resulten nuevas y en cómo aplicar mejor la guía de las Escrituras. Además, como testigo de Jehová, pensará en ocasiones en las que ayudar al prójimo valiéndose de lo que ha aprendido. Obviamente, el estudio exige meditación.

La

actitud adecuada

Cuando usted va a estudiar, dispone ante sí la Biblia, las publicaciones que piensa emplear, un lápiz o bolígrafo, y tal vez un cuaderno de notas. Sin embargo, ¿prepara su corazón? La Biblia nos dice que Esdras "había preparado su corazón para consultar la ley de Jehová y para ponerla por obra y para enseñar en Israel disposiciones reglamentarias y justicia" (Esd. 7:10). ¿Qué está implicado en preparar el corazón?

La oración hace que abordemos el estudio de la Palabra de Dios con la actitud apropiada. Deseamos que el corazón, lo más recóndito de nuestro ser, absorba la educación que Jehová nos imparte. Antes de cada sesión pídale a Dios el respaldo de su espíritu (Luc. 11:13). Ruéguele que le conceda comprender el significado de lo que estudie, su vinculación con el propósito divino, su utilidad para distinguir el bien del mal, la forma en que debe aplicar Sus principios y el efecto que tiene la información en su relación con Él (Pro. 9:10). Al estudiar, "siga pidiéndole a Dios" sabiduría (Sant. 1:5). Evalúese honradamente a la luz de lo aprendido y solicite la ayuda del Creador para erradicar las ideas erróneas o los malos deseos. Nunca olvide 'responder a Jehová con acción de gracias' por todo lo que nos revela (Sal. 147:7). Si acompañamos el estudio con oración, se estrechará nuestra amistad con Jehová, pues nos sentiremos impulsados a obedecer lo que él nos dice en su Palabra (Sal. 145:18).

Tal receptividad diferencia a los siervos de Jehová de otros estudiantes. Quienes carecen de devoción piadosa son aficionados a cuestionar lo que está escrito, una actitud que nosotros no tenemos, pues confiamos en Jehová (Pro. 3:5-7). Si no entendemos algo, no caemos en la presunción de concluir que debe haber un error, sino que, al tiempo que esperamos en Dios, indagamos las respuestas (Miq. 7:7). Como Esdras, nuestro objetivo es practicar y enseñar lo que aprendemos, y con esta disposición de corazón obtenemos abundantes recompensas del estudio.

Cómo

estudiar

En vez de empezar por el párrafo 1 y avanzar hasta el final, mire primero brevemente todo el artículo o capítulo. Comience analizando de qué manera plantea el título el tema de estudio. Acto seguido, observe con atención la relación entre los subtítulos y dicho tema. Fíjese en las ilustraciones, tablas o recuadros de repaso que acompañan al texto. Entonces pregúntese: "En vista de lo observado hasta ahora, ¿qué voy a aprender, y de qué me servirá?". Así dará orientación al estudio.

A continuación establezca las ideas fundamentales. En los artículos de estudio de La Atalaya, así como en algunos libros, aparecen preguntas a pie de página. Es provechoso señalar las respuestas al ir leyendo los párrafos. Incluso si no hay preguntas de ese tipo, puede marcar los puntos importantes que desee recordar. Si alguna idea es nueva para usted, dedíquele un poco más de tiempo para asegurarse de comprenderla bien. Esté pendiente de las ilustraciones o líneas argumentales que podría utilizar en el ministerio del campo o en algún discurso que tenga asignado. Piense en personas cuya fe se fortalecería si compartiera la información con ellas. Marque los puntos que se propone usar y repáselos al final del estudio.

Busque las citas bíblicas según vaya avanzando, y determine cómo se relacionan con la idea central del párrafo.

Es posible que haya aspectos que le cueste comprender o que le gustaría indagar con más detalle. En vez de entretenerse en ellos, anótelos para estudiarlos en otro momento. Con frecuencia se aclararán en párrafos posteriores, pero si no es así, quizá desee investigarlos más profundamente. ¿Qué podría anotar? Por ejemplo, un pasaje bíblico del que no entienda bien su significado o su relación con el tema. O tal vez le parezca que comprende cierta idea, pero no lo suficiente como para explicarla. En lugar de pasar por alto estos puntos, es prudente que los investigue una vez termine lo que haya empezado a estudiar.

El apóstol Pablo se detuvo en mitad de su detallada carta a los cristianos hebreos para decir: "Este es el punto principal" (Heb. 8:1). ¿Hace usted de tanto en tanto una reflexión parecida mientras estudia? Considere las razones de Pablo. En los capítulos anteriores de su carta inspirada ya había mostrado que Cristo entró en el cielo mismo en calidad de gran Sumo Sacerdote de Dios (Heb. 4:14–5:10; 6:20). Sin embargo, al destacar y subrayar este punto principal al comienzo del capítulo 8, el apóstol preparó a sus lectores para reflexionar en cómo les incumbía. Señaló que Cristo se había presentado ante Dios para interceder por ellos, abriéndoles el camino de entrada a aquel "lugar santo" (Heb. 9:24; 10:19-22). La certeza de su esperanza los motivaría a seguir los demás consejos que les escribió sobre la fe, el aguante y la conducta cristiana. De igual modo nosotros, si al estudiar nos concentramos en los puntos principales, captaremos el desarrollo del tema y grabaremos en la memoria las razones de peso por las que actuar en armonía con lo expuesto.

¿Lo impulsará su estudio a actuar? Esta es una cuestión clave. Cuando aprenda algo, pregúntese: "¿Qué efecto debería tener esta información en mi actitud o mis metas? ¿Cómo la pondré en práctica a la hora de resolver un problema, tomar una decisión o perseguir un objetivo? ¿Cómo la utilizaré en mi vida familiar, en el ministerio del campo o en la congregación?". Reflexione con oración en estas preguntas y piense en situaciones reales en las que podría aplicar sus conocimientos.

Al final de un capítulo o artículo, dé un breve repaso y vea si recuerda los puntos principales y los argumentos que los apoyan, pues ello le ayudará a retener la información para usarla en el futuro.

Qué

estudiar

Los siervos de Jehová tenemos mucho que estudiar, así que tal vez se pregunte por dónde empezar. Conviene que analicemos todos los días la cita bíblica y los comentarios del folleto Examinando las Escrituras diariamente. La preparación de nuestras reuniones semanales contribuirá a que las aprovechemos mejor. Hay quienes, sabiamente, han invertido algún tiempo en el estudio de publicaciones cristianas que se imprimieron antes de que aprendieran la verdad, y aun otros seleccionan varios versículos de su lectura semanal de la Biblia y los investigan más a fondo.

¿Y si las circunstancias no le permiten estudiar con detenimiento toda la información que se presentará en las reuniones semanales? No caiga en la trampa de prepararla apresuradamente tan solo por cumplir con ello, o peor aún, de no estudiarla en absoluto porque no le sea posible abarcarla en su totalidad. Más bien, determine cuánto puede estudiar y estúdielo bien. Hágalo todas las semanas, y con el tiempo procure incluir en su programa las demás reuniones.

"Tienes

que edificar tu casa"

Jehová reconoce que el cabeza de familia ha de trabajar con afán para mantener a sus seres queridos. "Prepara tu trabajo fuera —dice Proverbios 24:27—, y alístatelo en el campo." Sin embargo, las necesidades espirituales no deben pasarse por alto. De ahí que el versículo agregue: "Después también tienes que edificar tu casa". ¿Qué necesitará para seguir este consejo? Proverbios 24:3 responde: "Con discernimiento resulta [una casa] firmemente establecida".

¿Cómo puede beneficiar a su familia el discernimiento? Esta cualidad es la facultad mental de ver más allá de lo obvio. Bien podría decirse que el estudio de familia productivo comienza con un estudio de la familia en sí. ¿Cuál es el progreso espiritual de sus integrantes? Al conversar con los miembros de su casa, escúchelos atentamente. ¿Percibe resentimiento o un espíritu de queja? ¿Son las metas materiales lo primordial? Cuando sale con sus hijos al ministerio del campo, ¿se sienten cómodos al presentarse como testigos de Jehová ante sus compañeros? ¿Disfrutan todos del programa familiar de lectura y estudio de la Biblia? ¿Realmente hacen del camino de Jehová su modo de vida? Si usted, el cabeza de familia, es observador, determinará la manera de implantar y edificar virtudes cristianas en cada uno de sus seres queridos.

Busque artículos de las revistas La Atalaya y ¡Despertad! que traten necesidades concretas y comunique de antemano a los suyos qué información van a analizar, a fin de que piensen en ella. Mantenga un ambiente de amor durante el estudio y, sin reprender ni avergonzar a nadie, subraye el valor de lo que aprenden aplicándolo a las necesidades particulares de su familia. Haga que todos participen y ayúdelos a ver que la Palabra de Jehová es "perfecta", pues proporciona lo que de verdad se precisa en la vida (Sal. 19:7).

Coseche

los beneficios

Las personas observadoras pero carentes de espiritualidad quizá examinen el universo, los acontecimientos mundiales, e incluso a sí mismas, sin entender el verdadero significado de lo que ven. Por otra parte, quienes estudian asiduamente la Palabra de Dios pueden, con la ayuda del espíritu santo, percibir en estas cosas la mano del Creador, el cumplimiento de las profecías bíblicas y el desenvolvimiento del propósito divino de bendecir a la humanidad obediente (Mar. 13:4-29; Rom. 1:20; Rev. 12:12).

Este extraordinario hecho, sin embargo, no debería volvernos orgullosos. Más bien, el examen diario de la Palabra de Dios nos infunde humildad (Deu. 17:18-20). También nos fortalece para resistir "el poder engañoso del pecado", pues si amamos de corazón la Biblia, será menos probable que sucumbamos a la tentación (Heb. 2:1; 3:13; Col. 3:5-10). De este modo, 'andaremos de una manera digna de Jehová a fin de que le agrademos plenamente mientras seguimos llevando fruto en toda buena obra' (Col. 1:10). Tal es nuestro objetivo al estudiar la Palabra de Dios, y alcanzarlo constituye la mayor de las recompensas.

[Recuadro

de la página 27]

PARA

OBTENER EL MÁXIMO PROVECHO

• Prepare el corazón

• Haga un breve examen preliminar

• Establezca las ideas fundamentales

• Piense en cómo las citas bíblicas justifican las afirmaciones que se hacen

• Repase los puntos principales

• Reflexione en la influencia que debería tener en su vida lo que estudia

• Busque ocasiones en las que utilizar lo aprendido para ayudar al prójimo

[Recuadro

de la página 28]

EN

EL EXAMEN PRELIMINAR

• Analice el tema que plantea el título

• Piense en la relación de cada subtítulo con el tema

• Examine las ilustraciones, tablas o recuadros de repaso

[Ilustración

de la página 30]

Para obtener el máximo provecho de su estudio, prepare el corazón

[Ilustración

de la página 30]

No olvide buscar los pasajes bíblicos

[Ilustración

de la página 30]

Dedique tiempo a meditar

[Ilustración

de la página 30]

Familiarícese con las fuentes de información disponibles en su idioma

La

investigación eficaz

EL REY SALOMÓN "meditó e hizo un escudriñamiento cabal, a fin de arreglar muchos proverbios ordenadamente". ¿Por qué? Porque se interesó en escribir "palabras correctas de verdad" (Ecl. 12:9, 10). Por su parte, Lucas indagó "todas las cosas desde el comienzo con exactitud", a fin de narrar en orden lógico los sucesos de la vida de Cristo (Luc. 1:3). Ambos siervos de Dios llevaron a cabo una investigación.

¿Qué es investigar? Es buscar con detenimiento información sobre un asunto concreto. Para ello es preciso leer, aplicar los métodos y técnicas de estudio, y quizá preguntar a otras personas.

¿En qué situaciones se requiere investigar? He aquí algunos ejemplos: en su estudio o lectura personal de la Biblia le surgen incógnitas que considera importantes; alguien a quien predica le formula una pregunta que usted desearía contestar aportando datos exactos, o se le ha encomendado pronunciar un discurso.

Centrémonos en este último caso. La información que debe abarcar tal vez dé la impresión de ser muy general. ¿Cómo podría aplicarla a las circunstancias locales? Enriquézcala investigando. Un aspecto en apariencia obvio resulta informativo y hasta motivador cuando lo apoya algún dato estadístico o un ejemplo adecuado con el que se identifiquen los oyentes. Es posible que la información con la que trabaja se haya publicado pensando en lectores de todo el mundo, pero usted debe ampliarla, ilustrarla y adaptarla a una congregación o persona en particular. ¿Cómo lo logrará?

Antes de iniciar la investigación, piense en su auditorio. ¿Qué es lo que ya sabe? ¿Qué necesita saber? Luego determine su objetivo. ¿Es explicar, convencer, refutar, o motivar? Explicar significa ampliar la información a fin de esclarecer un asunto; aunque los hechos fundamentales se entiendan, quizá tenga que indicar el cuándo o el cómo. Convencer requiere dar razones que muestren el porqué, e incluye la exposición de los hechos correspondientes. Refutar exige un conocimiento exacto de los dos lados de una cuestión, además de un análisis detenido de las pruebas. Claro está, no solo procuramos emplear argumentos de peso, sino también exponerlos con tacto. Motivar supone tocar el corazón de los oyentes, incentivarlos, infundirles el deseo de actuar en consonancia con lo que se dice. Para ello son muy útiles los ejemplos de personas que hayan obrado así pese a afrontar diversas dificultades.

¿Ya está listo para empezar? No del todo. Piense en la cantidad de información que necesita. El tiempo suele ser un factor importante. Si va a hablar en público, ¿de cuánto dispondrá? ¿De cinco minutos? ¿De cuarenta y cinco? ¿Está la duración ya fijada, como en las reuniones de la congregación, o es más flexible, como en un estudio bíblico o una visita de pastoreo?

Por último, ¿qué fuentes de información están a su alcance? Aparte de las que tiene en casa, ¿hay más en la biblioteca del Salón del Reino? ¿Le permitirían los hermanos que llevan muchos años sirviendo a Jehová examinar las que poseen? ¿Existe alguna biblioteca pública cercana con obras de consulta que podría utilizar?

Las

Escrituras, nuestra principal fuente de información

Si desea investigar el significado de un pasaje bíblico, empiece por la propia Biblia.

Examine

el contexto. Pregúntese: "¿A quién se dirige el texto? De acuerdo con los versículos que lo enmarcan, ¿qué circunstancias provocaron lo que se declara? ¿Cuál fue la actitud de los implicados?". Estos detalles suelen ayudarnos a entender el pasaje y añaden interés a los discursos.

Tomemos como ejemplo Hebreos 4:12, citado a menudo para referirse al poder de la Palabra de Dios, que llega al corazón de la gente e influye en su vida. Pues bien, el contexto nos permite entender mejor esta verdad, ya que habla de las experiencias de los israelitas en sus cuarenta años en el desierto, antes de entrar en la tierra que Jehová había prometido a Abrahán (Heb. 3:7–4:13). Lejos de estar muerta, "la palabra de Dios" —la promesa de conducirlos a un lugar de descanso en virtud de Su pacto con aquel patriarca— estaba muy viva y se encaminaba a su cumplimiento. Los israelitas tenían sobradas razones para cifrar su fe en ella. Sin embargo, una y otra vez demostraron falta de fe cuando Jehová los condujo desde Egipto al monte Sinaí y luego a la Tierra Prometida. Sus reacciones ante la forma en que Dios cumplió Su palabra revelaron lo que había en su corazón. Hoy, de igual modo, las promesas de la palabra de Dios ponen de manifiesto lo que hay en el corazón de los hombres.

Busque

las remisiones. Algunas Biblias cuentan con referencias marginales. ¿Las tiene la que usted posee? Si es así, pueden serle útiles. Observe un ejemplo tomado de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. En 1 Pedro 3:6 se pone a Sara como modelo para las esposas cristianas. Refuerza la idea una remisión a Génesis 18:12, donde se indica que ella llamaba señor a Abrahán "dentro de sí", señal de que su sumisión era sincera. Las referencias marginales, además de arrojar luz sobre el texto bíblico, lo dirigirán a versículos que muestran el cumplimiento de una profecía bíblica o un patrón del pacto de la Ley. No obstante, tenga en cuenta que no todas las remisiones pretenden dar esta clase de explicaciones, ya que quizá se limiten a conducirlo a pensamientos paralelos o a datos biográficos o geográficos.

Utilice

las concordancias bíblicas. Estas listas alfabéticas de palabras que aparecen en la Biblia lo dirigirán a versículos que aportan información útil sobre el tema de su investigación, y en los que encontrará ejemplos del "modelo" de la verdad expuesto en la Palabra de Dios (2 Tim. 1:13). La Traducción del Nuevo Mundo contiene un "Índice de palabras bíblicas" básico. La Gran Concordancia, editada en varios idiomas, es mucho más completa, pues indica todos los versículos en que figuran los términos principales de la Biblia.

Aprenda

a buscar en otras fuentes

En el recuadro de la página 33 se enumeran otras obras de consulta facilitadas por "el esclavo fiel y discreto" (Mat. 24:45-47). Muchas de ellas cuentan con un índice, y con frecuencia poseen en sus últimas páginas una lista de palabras que le ayudará a encontrar la información deseada. Además, en las revistas La Atalaya y ¡Despertad! aparece al final de cada año un índice con los artículos de los últimos doce meses.

Si conoce el tipo de información que aporta cada una de estas publicaciones, el proceso de investigación le tomará menos tiempo. Digamos, por ejemplo, que desea analizar aspectos referentes a las profecías, las doctrinas, la conducta cristiana o la aplicación de principios bíblicos. En ese caso, es probable que encuentre en La Atalaya lo que busca. ¡Despertad! trata de los sucesos actuales, los problemas de nuestro tiempo, la religión, la ciencia y los pueblos de diversas partes del mundo. En El hombre más grande de todos los tiempos se comentan en orden cronológico todos los relatos evangélicos. Publicaciones como Apocalipsis... ¡se acerca su magnífica culminación!, Prestemos atención a las profecías de Daniel y los dos volúmenes de Las profecías de Isaías, una luz para toda la humanidad analizan versículo por versículo libros de la Biblia completos. En el manual Razonamiento a partir de las Escrituras se da cumplida respuesta a centenares de preguntas bíblicas que suelen surgir en el servicio del campo. Si desea entender mejor otras religiones, sus enseñanzas, origen y desarrollo, consulte El hombre en busca de Dios. El libro Los testigos de Jehová, proclamadores del Reino de Dios refiere en detalle la historia moderna de los testigos de Jehová. En el último Anuario de los testigos de Jehová hallará un informe reciente sobre la marcha de la predicación mundial de las buenas nuevas. La obra Perspicacia para comprender las Escrituras es una enciclopedia y un atlas de la Biblia, una fuente magnífica si necesita datos adicionales sobre la gente, los lugares, los objetos, los idiomas o los sucesos históricos relacionados con las Escrituras.

Índice

de las publicaciones Watch Tower. Esta obra, editada en más de veinte idiomas, lo dirigirá a la información contenida en una amplia variedad de publicaciones cristianas. Se divide en un índice de materias y otro de textos bíblicos. Para utilizar el primero, busque en él una palabra que resuma el tema que quiere investigar. En cuanto al segundo, localice en la lista el texto que desea comprender mejor. Si se ha publicado algo en su idioma respecto a dicho tema o texto bíblico en los años abarcados en el Índice, hallará una relación de referencias que puede consultar. En sus primeras páginas se indica a qué publicaciones corresponden las abreviaturas utilizadas (de este modo averiguará, por ejemplo, que w99 1/3 15 significa La Atalaya de 1999, número del 1 de marzo, pág. 15). Las entradas principales como "Biografías de testigos de Jehová" y "Ministerio del campo" pueden serle útiles en la preparación de discursos que motiven a la congregación.

Puesto que la investigación es una actividad muy absorbente, tenga cuidado de no desviarse de su objetivo; para ello, céntrese en él y busque únicamente lo que necesita. Si el Índice lo conduce a cierta fuente, diríjase a las páginas citadas y válgase de los subtítulos y las frases iniciales de los párrafos para encontrar la información que precise. Si indaga el significado de un versículo bíblico, empiece por localizar la cita en la página indicada y luego examine los comentarios que la preceden y la siguen.

Watchtower

Library en CD-ROM. Si dispone de computadora, podrá utilizar este disco compacto que contiene una gran cantidad de nuestras publicaciones. El programa de búsqueda le permite localizar con facilidad palabras, combinaciones de palabras o citas bíblicas en las obras incluidas en la Watchtower Library. En el caso de que no exista este programa en su lengua materna, tal vez conozca algún idioma con difusión internacional en el que pueda consultarlo.

Otras

bibliotecas teocráticas

En su segunda carta inspirada al joven Timoteo, Pablo le pidió que le llevara a Roma "los rollos, especialmente los pergaminos" (2 Tim. 4:13). El apóstol valoraba ciertos escritos y los guardaba, y usted puede hacer lo mismo. ¿Conserva sus ejemplares de La Atalaya, ¡Despertad! y Nuestro Ministerio del Reino, incluso después de estudiarlos en las reuniones de la congregación? Si así es, podrá utilizarlos como fuentes de información junto con las demás publicaciones cristianas que haya adquirido. La mayoría de las congregaciones disponen de una biblioteca teocrática en el Salón del Reino, accesible a todos los miembros de la congregación cuando asisten a las reuniones que allí se celebran.

Lleve

un archivo personal

Esté atento a los datos de interés que podría usar cuando hable en público o enseñe. Si en un periódico o revista encuentra una noticia, estadística o ejemplo que crea útil para el ministerio, recorte o copie la información. Consigne la fecha, el nombre de la publicación, y quizá el del autor o editor. En las reuniones de la congregación anote puntos e ilustraciones que podría utilizar para explicar la verdad al prójimo. ¿Ha pensado alguna vez en una buena ilustración, pero no ha tenido ocasión de emplearla enseguida? Escríbala y guárdela en un archivo. Cuando lleve algún tiempo en la Escuela del Ministerio Teocrático, ya habrá preparado varias asignaciones. Conserve las notas de tales discursos, pues la investigación que ha realizado tal vez le sirva más adelante.

Hable

con la gente

Las personas constituyen una valiosa fuente de información. Cuando Lucas recopiló su Evangelio, al parecer obtuvo muchos datos hablando con testigos presenciales (Luc. 1:1-4). Es posible que un compañero cristiano lo ilumine sobre algún asunto que usted haya tratado de indagar. Según Efesios 4:8, 11-16, Cristo emplea "dádivas en hombres" para que crezcamos "en el conocimiento exacto del Hijo de Dios". Los siervos de Jehová con experiencia tal vez le den ideas útiles. En la conversación con los demás también puede aflorar lo que piensan, y ello le permitirá preparar intervenciones realmente prácticas.

Evalúe

los resultados

Una vez cosechado el trigo, hay que quitarle la cáscara al grano. Lo mismo sucede con el fruto de nuestra investigación. Antes de utilizarlo, debe separarse lo que es valioso de lo que resulta superfluo.

Si va a emplear la información en un discurso, pregúntese: "¿Realmente aporta algo este punto? ¿O, aunque es interesante, podría desviar la atención del tema?". Si piensa incluir sucesos o datos actuales de los cambiantes campos de la ciencia o la medicina, cerciórese de que estén al día. Tenga presente, además, que algunos aspectos tratados en nuestras publicaciones menos recientes quizá se hayan revisado, de modo que examine lo último que se haya publicado sobre el asunto.

En particular, sea cauteloso si recopila datos de fuentes seglares. No olvide que la Palabra de Dios es la verdad (Juan 17:17). Dado el papel clave de Jesús en el propósito divino, Colosenses 2:3 declara: "Cuidadosamente ocultados en él están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento". Evalúe los frutos de su investigación desde esta perspectiva. Respecto a la información que encuentre en obras seglares, pregúntese: "¿Es exagerada, especulativa o estrecha de miras? ¿Está escrita con fines egoístas o comerciales? ¿La apoyan otras fuentes autorizadas? Y, sobre todo, ¿armoniza con la verdad bíblica?".

Proverbios 2:1-5 anima a buscar el conocimiento, el entendimiento y el discernimiento "como a la plata, y como a tesoros escondidos". Ello supone trabajo, pero también muchas recompensas. Aunque requiere esfuerzo, la investigación le permitirá averiguar lo que Jehová piensa sobre los asuntos, corregir las ideas erróneas y afianzar su comprensión de la verdad. Además, dará sustancia y vida a sus discursos, de modo que serán una fuente de placer tanto para usted como para su auditorio.

[Recuadro

de la página 33]

¿TIENE

TODAS ESTAS FUENTES DE INFORMACIÓN?

Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras

Gran Concordancia

La Atalaya y ¡Despertad!

Razonamiento a partir de las Escrituras

Los testigos de Jehová, proclamadores del Reino de Dios

Perspicacia para comprender las Escrituras

Índice de las publicaciones Watch Tower

Watchtower Library en CD-ROM

La

elaboración de un bosquejo

CUANDO se les pide que hablen en público, muchas personas emprenden la laboriosa tarea de escribir palabra por palabra lo que van a decir, desde la introducción hasta el final. En el proceso quizá desechen multitud de borradores e inviertan largas horas.

¿Es así como prepara usted sus disertaciones? ¿Le gustaría seguir un método más sencillo? Pues bien, si aprende a elaborar un bosquejo, o esquema, ya no tendrá que ponerlo todo por escrito. De este modo dispondrá de más tiempo para ensayar sus exposiciones, y así no solo resultarán más fáciles para usted, sino más interesantes y motivadoras para los oyentes.

Aunque los discursos públicos se basan en un bosquejo básico ya preparado, no ocurre igual con las demás intervenciones, en las que tal vez solo se le indique el tema o la información impresa que debe abarcar, o para las que disponga únicamente de directrices generales. En estas ocasiones tendrá que elaborar sus propias notas.

El ejemplo de la página 41 le ayudará a ver cómo organizar un breve esquema. Fíjese en que los conceptos principales comienzan en el margen izquierdo y se han escrito con mayúscula. Debajo de cada uno se enumeran las ideas que le sirven de apoyo, seguidas a su vez de otros puntos que las desarrollan, dispuestos a varios espacios del margen. Si observa con atención, notará que los dos conceptos principales guardan relación directa con el tema, y que las ideas secundarias no son simples detalles interesantes, sino que respaldan el pensamiento que las encabeza.

Es posible que los bosquejos que usted elabore no tengan una apariencia idéntica a la del ejemplo, pero si capta los fundamentos, podrá estructurar la información y preparar una buena disertación en un tiempo razonable. ¿Cómo debe proceder?

Analice,

seleccione y estructure

Primero necesita un título que exprese la idea central que desea transmitir, además de indicar el ángulo desde el que va a abordar el asunto. No basta con un concepto amplio, como el que se expresaría con una sola palabra. En caso de que el título esté previamente fijado, analice con detenimiento las palabras principales que lo componen, y si la asignación se basa en una información impresa, estúdiela teniendo presente tal título. Cuando solo se le señale un tema general, usted tendrá que escoger el título. Sin embargo, puede que antes le convenga investigar un poco. Con mentalidad abierta, encontrará ideas originales.

Mientras da estos pasos, no deje de preguntarse: "¿Por qué es importante este asunto para los oyentes? ¿Qué pretendo conseguir?". La finalidad no es solo abarcar el contenido o pronunciar un discurso atractivo, sino beneficiar de algún modo al auditorio. Cuando tal objetivo cobre forma, escríbalo y piense continuamente en él durante la fase de preparación.

Una vez que haya establecido lo que pretende conseguir y haya seleccionado un título acorde con ello (o haya analizado cómo apunta a tal propósito el título asignado), podrá efectuar una investigación más específica. Busque aspectos de particular interés para su auditorio. En vez de contentarse con generalidades, busque puntos concretos que sean informativos y prácticos. Asimismo sea realista a la hora de recopilar información. La mayoría de las veces tendrá que seleccionarla, pues contará con más de la que pueda emplear.

Determine qué puntos principales debe tratar a fin de desarrollar el tema y lograr su propósito. Estos compondrán la estructura, el esquema básico. ¿Cuántos habrá? Puede que dos sean suficientes para una exposición breve, y cinco suelen bastar incluso para un discurso de una hora. Cuantos menos puntos principales haya, mejor los recordará el auditorio.

Después de pensar en el tema y en los puntos principales, estructure los datos que haya encontrado. Determine cuáles guardan relación directa con los aspectos clave, e incorpore detalles que añadan frescura a su discurso. Cuando seleccione pasajes bíblicos que apoyen los puntos principales, fíjese en los argumentos que proporcionan. Coloque cada elemento bajo el punto principal correspondiente. Descarte los datos que no encajen en ninguno —aunque sean interesantes—, o archívelos para un uso futuro. Emplee solo los más pertinentes. Si intenta abarcar demasiado, se verá obligado a hablar rápido y su análisis será superficial. Es preferible transmitir con eficacia unos cuantos puntos de verdadero valor para el auditorio. No se exceda del tiempo asignado.

Ha llegado el momento, si aún no lo ha hecho, de estructurar la información, siguiendo el ejemplo del evangelista Lucas, quien puso "en orden lógico" la multitud de datos que había recopilado (Luc. 1:3). En función de lo que mejor convenga a su objetivo, puede optar por un sistema cronológico o temático, quizá siguiendo una relación de causa y efecto o de problema y solución. No puede haber saltos bruscos entre las ideas, pues su auditorio debe pasar suavemente de una a otra sin toparse con lagunas difíciles de salvar. Las pruebas que aporte han de conducirlo a conclusiones lógicas. Al organizar los puntos, piense en el efecto que tendrá la disertación en su público. ¿Seguirá sin dificultad sus argumentos? ¿Se sentirá impulsado a actuar en armonía con lo que usted pretende?

A continuación prepare una introducción que despierte interés por el tema y que muestre a los presentes que va a decirles algo importante. Quizá le resulte útil poner por escrito las primeras frases. Por último, elabore una conclusión motivadora y coherente con su objetivo.

Si redacta el bosquejo con bastante antelación, tendrá tiempo de perfeccionarlo antes de pronunciar el discurso. Puede que considere preciso respaldar determinadas ideas con algún dato estadístico, ilustración o experiencia. La inclusión de un suceso reciente o una noticia de interés local logrará que el auditorio capte mejor la importancia de su disertación. Cuando usted la repase, tal vez se percate de otros aspectos que podría adaptar a las circunstancias de sus oyentes. Este proceso de análisis y refinación es esencial para convertir información de calidad en un discurso eficaz.

Ciertos oradores necesitan más notas que otros. Sin embargo, si estructura la información en unos pocos puntos principales, elimina los datos que no los apoyan y coloca las ideas en orden lógico, comprobará que, con algo de práctica, ya no tendrá que escribirlo todo. ¡Qué ahorro de tiempo puede suponerle este sistema! Además, sus intervenciones serán cada vez de mayor calidad, lo que pondrá de manifiesto que realmente se beneficia de la Escuela del Ministerio Teocrático.

[Recuadro

de la página 40]

CÓMO

ELABORAR UN BOSQUEJO

• Determine por qué es importante el tema para su auditorio y cuál es el objetivo que usted persigue

• Piense en un título. Si está previamente fijado, analícelo

• Reúna datos útiles e informativos

• Establezca los puntos principales

• Estructure la información; utilice solo la más pertinente

• Prepare una introducción que despierte el interés

• Piense en una conclusión motivadora

• Repase la intervención; refínela

[Recuadro

de la página 41]

¿CUÁL

ES EL PROPÓSITO DE DIOS PARA LA TIERRA?

EL PROPÓSITO ORIGINAL DE DIOS ERA QUE LA TIERRA FUERA UN PARAÍSO

Dios estableció un paraíso en Edén (Gén. 2:8, 15)

Adán y Eva, así como sus descendientes, extenderían el Paraíso por toda la Tierra (Gén. 1:28)

DIOS NO HA RENUNCIADO A SU PROPÓSITO DE CONVERTIR LA TIERRA EN UN PARAÍSO

La transgresión de nuestros primeros padres, influidos por Satanás, no modificó el propósito divino

A su debido tiempo, Dios destruirá a la gente malvada (Pro. 2:22)

Satanás será arrojado al abismo (Rev. 20:1-3)

Cristo cumplirá el propósito de Dios para la Tierra durante el Reinado Milenario

La enfermedad y la muerte ya no existirán (Rev. 21:3, 4)

Los muertos resucitarán en la Tierra

Bajo el gobierno celestial, los seres humanos fieles colaborarán en transformar toda la Tierra en un paraíso (Isa. 65:17, 21-25)

La

preparación de asignaciones para la escuela

TODA asignación en la escuela supone una oportunidad para progresar, de modo que, si se aplica a conciencia, su adelanto se hará manifiesto, tanto a usted como a los demás (1 Tim. 4:15). La escuela potenciará sus habilidades.

¿Le causa nerviosismo la perspectiva de hablar ante la congregación? Es natural, incluso si lleva algún tiempo matriculado en la escuela. Sin embargo, hay ciertos pasos que pueden reducir su ansiedad. Adopte la costumbre de leer en voz alta y a menudo en su hogar. Ofrezca comentarios con frecuencia en las reuniones cristianas y, si es publicador, salga al servicio del campo asiduamente, ya que así adquirirá experiencia en hablar en público. Por otra parte, prepare con bastante antelación sus asignaciones y ensáyelas en voz alta. No olvide que se dirigirá a un auditorio amigable. Y antes de cualquier asignación, ore a Jehová, pues él se complace en dar espíritu santo a sus siervos que lo solicitan (Luc. 11:13; Fili. 4:6, 7).

Tenga expectativas razonables. Adquirir experiencia y habilidad en la oratoria o la enseñanza requiere tiempo (Miq. 6:8). Si se ha matriculado en la escuela recientemente, no pretenda realizar discursos magistrales de inmediato. Más bien, céntrese en un solo aspecto de la oratoria y estudie la sección de este libro que lo analiza. Si le es posible, realice el ejercicio sugerido a fin de practicar dicho aspecto antes de presentar su asignación. No le quepa duda de que hará progresos.

Asignaciones

de lectura

Prepararse para leer en público entraña mucho más que ser capaz de pronunciar las palabras; hay que comprender con claridad lo que expresan. Con este objetivo, lea la información en cuanto se le notifique que ha de presentarla. Trate de captar el sentido de las frases y la idea que se expone en cada párrafo, pues así transmitirá los pensamientos con exactitud y con el sentimiento adecuado. Si su idioma lo requiere, busque en un diccionario la pronunciación correcta de las palabras que no conozca. Familiarícese con la información. Los padres quizá tengan que ayudar a sus hijos en este punto.

¿Se le ha pedido que lea un pasaje de la Biblia o los párrafos de un artículo de La Atalaya? Si están grabados en casetes en su idioma, le será muy útil escucharlos y fijarse en la pronunciación, las pausas, el énfasis y la modulación; luego trate de reflejar estos aspectos en su lectura.

Antes de disponerse a preparar su discurso, no deje de estudiar detenidamente la lección que trata el aspecto de la oratoria que se le haya indicado, y si es posible, repáselo tras ensayar la lectura varias veces en voz alta. Procure aplicar al mayor grado posible las sugerencias que se dan.

La práctica que así adquiera le resultará muy útil en el ministerio del campo, donde se presentarán muchas oportunidades de leer en público. Dado que la Palabra de Dios tiene el poder de transformar vidas, es importante que la lea bien (Heb. 4:12). No espere dominar todos los aspectos implicados en ser un buen lector tras la primera o segunda asignación. El apóstol Pablo escribió a un anciano cristiano con años de experiencia: "Continúa aplicándote a la lectura pública" (1 Tim. 4:13).

Asignaciones

con un tema y un marco

¿Cómo procederá si recibe una asignación que haya de escenificarse?

Debe considerar tres factores clave: 1) el tema; 2) el marco y la persona con la que hablará, y 3) el aspecto de la oratoria en el que ha de centrarse.

Reúna información referente al tema que se le haya indicado, pero antes de profundizar demasiado, piense detenidamente en el marco de circunstancias y en su interlocutor, pues tales aspectos condicionarán tanto la información como el modo de exponerla. ¿En qué marco ambientará la asignación? ¿Demostrará cómo predicar las buenas nuevas a un conocido o lo que podría suceder en un primer encuentro con alguien? ¿Es la persona mayor o menor que usted? ¿Cuál podría ser su actitud respecto al tema del que piensa hablarle y cuánto sabrá ya de este? ¿Qué pretende lograr usted en su conversación? Las respuestas a estas preguntas le proporcionarán pautas valiosas.

¿Dónde documentarse sobre el tema asignado? Lea la sección de este manual "La investigación eficaz" (págs. 33-38) y luego utilice las fuentes de información que estén a su alcance. En la mayoría de los casos no tardará en encontrar más datos de los que pueda emplear, así que lea lo suficiente como para hacerse una idea general de las posibilidades que le ofrece toda la información recopilada. Teniendo presente qué marco utilizará y quién será su ayudante, señale los puntos adecuados.

Antes de estructurar la exposición y pasar a la selección definitiva de los detalles, lea el apartado correspondiente al aspecto de la oratoria que se le haya indicado, pues un objetivo básico de su asignación es aplicar las recomendaciones que allí se dan.

Tendrá la satisfacción de culminar su discurso con la conclusión que ha preparado si cubre la información en el tiempo fijado, pues cuando este se agote, oirá una señal. No obstante, en el ministerio del campo, este factor no siempre es determinante; de modo que, al prepararse, tenga en cuenta el tiempo fijado, pero esmérese sobre todo en que su enseñanza sea eficaz.

Unas

palabras sobre los marcos de circunstancias. Examine los que se sugieren en la página 82 y seleccione uno que sea práctico para el ministerio y le permita presentar la información de manera realista. Si lleva algún tiempo matriculado en la escuela, considere sus asignaciones como oportunidades de adquirir y cultivar habilidades útiles para el servicio del campo.

Cuando el superintendente de la Escuela del Ministerio Teocrático decida el marco, acepte el reto. Casi todas las intervenciones estarán ambientadas en alguna faceta de la predicación. Si nunca ha dado testimonio en las circunstancias propuestas, obtenga ideas hablando con publicadores que sí lo hayan hecho y, si le es posible, intente hablar sobre el tema asignado en una situación parecida a la que piensa escenificar. De este modo logrará uno de los objetivos primordiales que persigue su formación en la escuela.

Discursos

estudiantiles

A los varones suele pedírseles que dirijan breves discursos a la congregación. Los factores básicos que deben regir la preparación de estas intervenciones son parecidos a los ya enumerados respecto a las asignaciones escenificadas. Las principales diferencias son el auditorio y la forma en que se presenta la información.

Por lo general, es aconsejable que se prepare pensando en el provecho de todos sus oyentes, la mayoría de los cuales estarán al tanto de las verdades bíblicas fundamentales. Puede que ya sepan bastante del tema del que va a hablarles, así que tenga en cuenta tales conocimientos y procure que su discurso les beneficie de un modo u otro. Pregúntese: "¿Cómo puedo valerme de este tema para acrecentar mi aprecio y el del auditorio por Jehová y sus cualidades? ¿Qué aspectos señalan cuál es la voluntad divina? ¿Cómo nos ayuda esta información a tomar decisiones sensatas en un mundo dominado por los deseos carnales?" (Efe. 2:3). Responder satisfactoriamente a estas preguntas requiere investigación. Cuando utilice la Biblia, no se conforme con solo leer los versículos, sino razone mostrando cómo constituyen la base de sus conclusiones (Hech. 17:2, 3). No trate de abarcar demasiado; más bien, estructure su disertación de tal modo que resulte fácil de recordar.

Además, no debe subestimar la preparación de las intervenciones mismas. Ensáyelas en voz alta. Su empeño en estudiar y aplicar los consejos relativos a los distintos aspectos de la oratoria contribuirá en gran medida a su progreso. Sea que cuente con mucha o poca experiencia, prepárese bien a fin de hablar con la convicción y el sentimiento debidos. No olvide el objetivo de las asignaciones de la escuela: honrar a Jehová mediante el don divino de la palabra (Sal. 150:6).

La

preparación de discursos dirigidos a los hermanos

EL PROGRAMA de la Escuela del Ministerio Teocrático está concebido para el beneficio de toda la congregación, y también se presenta información provechosa en otras reuniones y asambleas. Cuando se solicita su intervención en tales programas, se le confía una seria responsabilidad. El apóstol Pablo exhortó al superintendente Timoteo a prestar constante atención a la enseñanza (1 Tim. 4:16). Quienes asisten a las reuniones cristianas apartan un tiempo valioso —en ocasiones a costa de mucho sacrificio— para que se les eduque en cuestiones que inciden en su relación con Dios. Dado que impartir tal instrucción supone un enorme privilegio, ¿cómo puede atenderlo bien?

Puntos

sobresalientes de la lectura de la Biblia

Esta sección de la escuela se basa en la lectura bíblica programada para cada semana. Debe hacerse hincapié en la importancia que la información tiene para nosotros hoy. Según Nehemías 8:8, Esdras y sus compañeros leyeron en público la Palabra de Dios, la explicaron, 'le pusieron significado' e hicieron que se entendiera. La exposición de los puntos sobresalientes de la Biblia le da la oportunidad de imitar ese buen ejemplo.

¿Cómo preparará este discurso? Si le es posible, lea la porción asignada de la Biblia con una semana o más de antelación y piense en las necesidades de su congregación. Ore a Jehová al respecto. ¿Qué consejos, qué ejemplos, qué principios de esta sección de la Palabra de Dios son aplicables a tales necesidades?

La investigación es fundamental. ¿Está disponible en su idioma el programa Watchtower Library en CD-ROM o el Índice de las publicaciones Watch Tower? Si así es, aproveche al máximo estos instrumentos. En lo que se ha publicado respecto a los versículos elegidos probablemente hallará datos que arrojen luz sobre el contexto histórico, explicaciones del cumplimiento de profecías, análisis de lo que ciertos pasajes revelan de Jehová o aclaraciones de principios bíblicos. En vez de abarcar demasiados puntos, es preferible concentrarse en unos cuantos versículos y explicarlos bien.

Esta asignación también puede brindarle la oportunidad de invitar a los presentes a que comenten los beneficios obtenidos de la lectura bíblica semanal. ¿Qué han hallado provechoso para su estudio personal y de familia, su ministerio o su modo de vida? ¿Qué cualidades manifestó Jehová en su relación con personas y naciones? ¿Han aprendido algo que fortalezca su fe y les infunda aprecio por Jehová? En vez de insistir en detalles técnicos, céntrese en el significado y en el valor práctico de los puntos que escoja.

Discurso

de instrucción

Se basa en un artículo de La Atalaya o ¡Despertad!, o en una sección de un libro. Casi siempre tendrá información más que suficiente para el tiempo fijado. Este discurso exige de usted que sea un maestro, es decir, que no se limite a abarcar el contenido. Todo superintendente debe estar "capacitado para enseñar" (1 Tim. 3:2).

Empiece por estudiar la publicación asignada. Busque las citas bíblicas y reflexione. Procure hacerlo con bastante antelación, y no olvide que a los hermanos se les anima a leer de antemano la información. Su labor no consiste en repasarla o resumirla, sino en mostrar cómo aplicarla. Emplee puntos pertinentes de modo que resulte verdaderamente útil para la congregación.

Tal como cada niño tiene su propia personalidad, cada congregación manifiesta ciertos rasgos distintivos. El padre que enseña con eficacia no se limita a recitar preceptos morales a su hijo, sino que razona con él teniendo en cuenta su carácter y los problemas a los que se enfrenta. De igual modo, los maestros de la congregación procuran conocer las necesidades del grupo al que se dirigen, pero son juiciosos para no emplear ejemplos que avergüencen a algunos de los presentes. Señalan los beneficios de los que ya disfrutan al andar en el camino de Jehová y resaltan aquellos consejos bíblicos que facilitan a los miembros de la congregación superar las dificultades que afrontan.

La enseñanza eficaz toca el corazón de los oyentes. Para lograrlo, no solo es necesario que usted les exponga los hechos, sino también que les haga ver su valor. Hay que interesarse sinceramente por quienes nos escuchan. Los pastores espirituales deben conocer el rebaño y tener presentes los problemas que enfrenta, pues así podrán animarlo con palabras que reflejen comprensión, compasión y empatía.

Los buenos maestros saben que un discurso ha de tener un objetivo bien definido. Los puntos clave deben sobresalir y recordarse, de forma que los presentes puedan asimilar ideas prácticas que influyan en su vida.

Reunión

de Servicio

Los discursos basados en un artículo de Nuestro Ministerio del Reino presentan un reto algo distinto, pues lo que suele requerirse no es seleccionar los aspectos más apropiados, sino transmitir al auditorio toda la información programada. Ayude a los asistentes a comprender cómo los textos bíblicos respaldan los consejos que se dan (Tito 1:9). En la mayoría de los casos, el tiempo limitado de que disponga no le permitirá incorporar otros puntos.

Por otra parte, quizá se le invite a pronunciar un discurso que, en vez de basarse en Nuestro Ministerio del Reino, haga referencia a un artículo de La Atalaya o tenga que desarrollarse a partir de unas pocas frases. En su función de maestro, a usted le corresponde examinar las necesidades de la congregación a la luz de la información asignada. Tal vez convenga emplear una ilustración breve y pertinente, o quizá relatar alguna experiencia oportuna. Recuerde que su misión no es solo hablar del tema, sino hacerlo de tal modo que contribuya a que la congregación cumpla la tarea que la Palabra de Dios encomienda y halle gozo en llevarla a cabo (Hech. 20:20, 21).

Al prepararse, piense en las circunstancias de quienes componen la congregación. Elógielos por los logros que ya estén alcanzando. ¿De qué manera contribuiría a aumentar su eficacia y gozo en el ministerio el que pusieran en práctica las recomendaciones que aparecen en la información programada?

¿Incluye su asignación alguna demostración o entrevista? En ese caso, prepárela con bastante antelación. Quizá se sienta tentado a delegar en alguien esta tarea, pero eso no siempre produce los mejores resultados. Haga todo lo posible por ensayar estos aspectos de su intervención antes del día de la reunión, y cerciórese de que se presenten de tal forma que realcen la instrucción que se imparta.

Asambleas

Es posible que a hermanos con excelentes cualidades espirituales que sean oradores y maestros eficientes se les solicite con el tiempo que tomen parte en el programa de una asamblea. Las reuniones de este tipo constituyen verdaderos hitos en la educación teocrática. Para tales asignaciones quizá se facilite un discurso que será leído textualmente, un bosquejo, las instrucciones para la escenificación de un drama bíblico que tiene aplicación moderna o un párrafo con algunas directrices. Si se le concede este privilegio, estudie con detenimiento la información hasta apreciar por qué es valiosa.

El discurso leído debe exponerse con total fidelidad al texto escrito, sin cambiar la redacción ni reestructurarlo. El orador designado lo estudia para percibir con claridad cuáles son los puntos principales y cómo se explican. Practica la lectura en voz alta hasta que puede pronunciarlo con el énfasis, entusiasmo, afecto, sentimiento, sinceridad y convicción debidos. Además, procura que el volumen y la intensidad de la voz sean adecuados para un auditorio numeroso.

Si el discurso se basa en un bosquejo, el orador debe organizar la información ciñéndose a él. En vez de leer algunas de sus frases durante la intervención o redactar con él un discurso leído, ha de expresarse con naturalidad y sentimiento. Es importante que se ajuste al tiempo indicado a fin de presentar con claridad todos los puntos clave, valiéndose de las ideas y pasajes bíblicos que los apoyan. No debe permitir que, por incluir ideas adicionales de su preferencia, quede excluida alguna de las que figuran en el bosquejo. La Palabra de Dios, claro está, es el fundamento de nuestra enseñanza, y los ancianos cristianos tienen la responsabilidad de "predica[r] la palabra" (2 Tim. 4:1, 2). Por consiguiente, el conferenciante prestará especial atención a los pasajes bíblicos citados, utilizándolos para razonar y señalando su aplicación.

No

postergue la preparación

¿Sirve en una congregación donde dispone de muchas ocasiones para pronunciar discursos? ¿Cómo puede cumplir bien con todas ellas? No preparándose a última hora.

Los discursos que realmente benefician a la congregación exigen reflexión previa. Por tanto, acostúmbrese a leer la información en cuanto se le notifique que ha de presentarla, pues así podrá pensar en ella mientras realiza otras actividades. En los días o semanas que precedan al discurso, tal vez oiga comentarios que le permitan dar una mejor aplicación, o quizá surjan situaciones que pongan de relieve lo oportuno del tema. Aunque leer y meditar tan pronto reciba la asignación le tomará tiempo, será tiempo bien invertido. Cuando por fin se siente a preparar la exposición de las ideas del bosquejo, cosechará las ventajas de haber pensado en ellas con suficiente antelación. Seguir este consejo reducirá considerablemente el nerviosismo y contribuirá a que la disertación sea práctica y llegue al corazón de los hermanos.

En la medida en que valoremos el don que se nos ha otorgado de participar en el programa educativo que Jehová brinda a su pueblo, honraremos a Dios y seremos una bendición para quienes lo aman (Isa. 54:13; Rom. 12:6-8).

La

preparación de discursos públicos

EN CASI todas las congregaciones de los testigos de Jehová se pronuncian discursos públicos semanales sobre un tema bíblico. Si usted es anciano o siervo ministerial, ¿muestran sus discursos que es un orador competente, un maestro? En tal caso, quizá se le asigne un discurso público. La Escuela del Ministerio Teocrático ha capacitado a decenas de miles de hermanos para este privilegio de servicio. ¿Por dónde debe empezar si se le encarga un discurso público?

Estudie

el bosquejo

Antes de emprender cualquier investigación, lea el bosquejo y medite en él hasta captar su sentido. Tenga presente el tema, que se expone en el título del discurso. ¿Qué pretende enseñar usted al auditorio? ¿Cuál es su objetivo?

Familiarícese con los encabezamientos principales y analícelos. ¿Qué relación guardan con el tema? Debajo de cada uno hay ideas secundarias, seguidas a su vez por los puntos que las respaldan. Fíjese en la forma en que cada sección del bosquejo se apoya en la anterior, conduce a la siguiente y contribuye al objetivo del discurso. Una vez comprenda el tema de la conferencia, así como su propósito y el modo en que los conceptos principales permiten alcanzarlo, podrá empezar a elaborar la disertación.

Al principio, quizá vea conveniente considerar que el discurso se compone de cuatro o cinco porciones más cortas, cada una con un punto principal, y entonces prepararlas por separado.

El bosquejo que se le facilita es solo un instrumento de trabajo, y no se pretende que constituya el esquema final con el que pronuncie el discurso. No es más que un esqueleto al que tendrá, por así decirlo, que añadirle carne, implantarle un corazón e insuflarle vida.

Empleo

de la Biblia

Jesucristo y sus discípulos basaron su enseñanza en las Escrituras (Luc. 4:16-21; 24:27; Hech. 17:2, 3). Usted puede seguir su ejemplo. La Palabra de Dios debería ser el fundamento de su discurso. En lugar de limitarse a explicar las declaraciones que figuran en el bosquejo y señalar su aplicación, determine qué respaldo bíblico tienen y centre su enseñanza en las Escrituras.

Al preparar el discurso, examine los versículos citados y observe su contexto. Puede que algunos de ellos solo faciliten información general útil, así que no será preciso que los lea o comente todos. Más bien, seleccione los más adecuados para su auditorio. Si se concentra en los pasajes que se citan en el bosquejo impreso, es probable que no necesite ninguna otra referencia bíblica.

La eficacia de un discurso no depende de la cantidad de textos bíblicos que se empleen, sino de la calidad de la enseñanza. Al dar introducción a los versículos, indique la razón por la que se utilizan. Dedique tiempo a mostrar su aplicación. Si después de leerlos mantiene la Biblia abierta mientras los explica, es probable que los oyentes hagan lo mismo. ¿Cómo puede despertar su interés y ayudarlos a obtener más provecho de la Palabra de Dios? (Neh. 8:8, 12.) Lo logrará explicando los textos bíblicos, ilustrándolos y señalando su aplicación.

Explicaciones.

Cuando prepare la explicación de un pasaje clave, pregúntese: "¿Qué significa? ¿Por qué motivo lo empleo en el discurso? ¿Qué pudieran preguntarse los oyentes sobre este versículo?". Tal vez se requiera que examine el contexto, el marco histórico, las circunstancias, la fuerza de las palabras o la intención del escritor inspirado. Para ello necesita investigar, y en las publicaciones del "esclavo fiel y discreto" hallará todo un caudal de información (Mat. 24:45-47). No intente explicar todo aspecto del versículo. Más bien, señale su relación con el punto que esté tratando y que esa es la razón por la que solicita al auditorio que lo lea.

Ilustraciones.

Tienen el propósito de llevar a los oyentes a un nivel superior de comprensión o de ayudarlos a que recuerden algún punto o principio, permitiéndoles relacionar lo que usted les dice con lo que ya conocen. Jesús empleó este recurso en su famoso Sermón del Monte. "Las aves del cielo", "los lirios del campo", una "puerta angosta", una "casa sobre la masa rocosa", entre otras muchas expresiones, contribuyeron a que su enseñanza fuera enérgica, clara e inolvidable (Mat., caps. 5–7).

Aplicaciones.

Aunque explicar e ilustrar un pasaje bíblico imparte conocimiento, es la aplicación de tal conocimiento lo que produce resultados positivos. Y si bien es cierto que la responsabilidad de actuar en consonancia con el mensaje bíblico corresponde a los oyentes, usted puede ayudarlos a percibir lo que se espera de ellos. Una vez esté convencido de que comprenden tanto el versículo en cuestión como su relación con el tema, deténgase a mostrarles el efecto del pasaje en materia de doctrina y conducta. Recalque los beneficios de desechar las ideas erróneas o el comportamiento contrario a las verdades que enseñe.

Cuando reflexione sobre la aplicación de los textos, recuerde que los integrantes de su auditorio poseen muy diversos antecedentes y circunstancias. Entre los asistentes tal vez haya recién interesados, personas jóvenes o ancianas, y otros quizá luchen con una amplia gama de problemas personales. Procure, pues, que su discurso sea práctico y realista. Por otro lado, no dé consejos que parezcan dirigirse a una minoría de oyentes.

Decisiones

que corresponden al orador

Algunos aspectos de su discurso ya están determinados. Por ejemplo, las ideas principales se indican con claridad, así como el tiempo en que abarcar cada una. Sin embargo, otras decisiones le corresponden a usted. Quizá vea oportuno dedicar más tiempo (o menos) a ciertos puntos secundarios. No piense que ha de dar el mismo tratamiento a cada uno de ellos, pues eso podría inducirlo a ir tan rápido que abrume al auditorio con una avalancha de información. ¿Cómo determinar qué aspectos tratará con detalle y cuáles mencionará brevemente o de pasada? Pregúntese: "¿Qué puntos me ayudarán a transmitir la idea central del discurso? ¿Cuáles, probablemente, beneficiarán más al auditorio? ¿Quedarán debilitados los argumentos por la omisión de una cita bíblica y de la idea correspondiente?".

Guárdese de expresar conjeturas u opiniones personales. Ni siquiera Jesús, el Hijo de Dios, 'habló por sí mismo', es decir, por su cuenta (Juan 14:10). No olvide que la gente acude a las reuniones de los testigos de Jehová para oír hablar de la Biblia. Si a usted se le considera un buen orador, probablemente se deba a que no dirige la atención a sí mismo, sino a la Palabra de Dios. Esta es la razón por la que se aprecian sus discursos (Fili. 1:10, 11).

Una vez haya convertido lo que no es más que un bosquejo en una explicación bíblica sustanciosa, habrá llegado el momento de ensayar. Le será útil practicar en voz alta, pero lo importante es que se asegure de que todos los puntos quedan bien grabados en su mente. Debe ser capaz de expresarse con el corazón, llevar a cabo una exposición entusiasta de la verdad e insuflar vida al discurso. Antes de pronunciarlo, piense en lo siguiente: "¿Qué pretendo lograr? ¿Se destacan los puntos principales? ¿He conseguido que las Escrituras constituyan la base del discurso? ¿Se van sucediendo con naturalidad los puntos principales? ¿Infunde el discurso aprecio por Jehová y sus dádivas? En cuanto a la conclusión, ¿guarda relación directa con el tema, indica a los oyentes qué deben hacer y los impulsa a ello?". Si la respuesta a estas preguntas es sí, entonces ya puede 'hacer el bien con el conocimiento', para beneficio de la congregación y la alabanza de Jehová (Pro. 15:2).

[Recuadro

de la página 55]

DISCURSOS

CON LA ASISTENCIA DE UN INTÉRPRETE

Puesto que a menudo existen muchos grupos lingüísticos en un país, es posible que se solicite a los oradores que pronuncien discursos bíblicos con la asistencia de un intérprete. Si se ve en esta circunstancia, las siguientes pautas les serán de utilidad a usted y al traductor.

• La eficacia del discurso dependerá en buena medida del intérprete. Incluso si este tiene experiencia, hará un mejor trabajo si usted lo ayuda a prepararse.

• Por lo general, deberá acortar el discurso en al menos un tercio, a fin de permitir tiempo para la interpretación. (El lenguaje de señas es una excepción, pues la interpretación puede ser casi simultánea.)

• Antes de su intervención, repase con el intérprete el esquema general y el objetivo de la conferencia. Si se trata de un discurso que haya de leerse en una asamblea, muéstrele el texto al intérprete con bastante antelación.

• Indíquele los pasajes bíblicos que utilizará. Compruebe que la Biblia vernácula transmita la misma idea que la suya. Señale al intérprete qué expresiones de los versículos destacará o explicará.

• Determine si los textos bíblicos se leerán en ambos idiomas o en uno solo. Tal vez baste con la lectura en la lengua de destino.

• La rápida enunciación de fechas, números o textos bíblicos puede dificultar la interpretación. Haga las pausas oportunas y, si es posible, dé las cifras en números redondos.

• Mencione al intérprete las ilustraciones, los modismos y las expresiones poco comunes que piensa utilizar. Cerciórese de que las entiende y de que es posible transmitir los conceptos en la lengua de destino.

• Hable con frases cortas. Exprese pensamientos completos antes de ceder la palabra al intérprete, pues este traducirá ideas, no necesariamente palabra por palabra. Deje que el intérprete termine de exponer cada idea antes de proseguir.

• La labor del intérprete depende de que usted hable con el suficiente volumen y articule bien las palabras.

Hágase

un buen maestro

¿QUÉ pretende lograr como maestro? Si hace poco que es publicador del Reino, sin duda deseará aprender a dirigir estudios de la Biblia, pues Jesús dio a sus seguidores la comisión de hacer discípulos (Mat. 28:19, 20). En caso de que ya tenga experiencia en esta actividad, tal vez se proponga llegar más eficazmente al corazón de aquellos a quienes procura ayudar. Si es padre o madre, de seguro anhela ser la clase de maestro o maestra que motive a sus hijos a dedicar su vida a Dios (3 Juan 4). Y si es anciano o aspira a ello, es probable que quiera ser un orador que infunda aprecio por Jehová y sus caminos. ¿Cómo podrá alcanzar estos objetivos?

Aprenda una lección del Gran Maestro, Jesucristo (Luc. 6:40). Fuera que hablara a una multitud en una ladera o a un puñado de personas mientras andaban por el camino, tanto lo que decía como la manera de decirlo dejaban huella. Jesús ponía a trabajar la mente y el corazón de la gente, y señalaba prácticas aplicaciones fáciles de comprender. ¿Puede usted lograr lo mismo?

Confíe

en Jehová

Jesús perfeccionó su enseñanza gracias a la relación íntima que lo unía a su Padre celestial y a la bendición del espíritu de Dios. ¿Ruega usted sinceramente a Jehová que le conceda habilidad para impartir cursos de la Biblia? Si tiene hijos, ¿le solicita sin cesar que lo guíe para enseñarles? ¿Acude de corazón a él cuando se prepara para pronunciar discursos o dirigir reuniones? Tal confianza en Jehová expresada mediante la oración hará de usted un mejor maestro.

La dependencia de Jehová también se demuestra confiando en su Palabra, la Biblia. La última noche de su vida como ser humano perfecto, Jesús oró a su Padre: "Yo les he dado tu palabra" (Juan 17:14). Pese a su vasta experiencia, jamás enseñó nada que no hubiera aprendido de su Padre, y de ese modo nos dio el ejemplo (Juan 12:49, 50). La palabra de Dios, conservada en la Biblia, tiene el poder de influir en los seres humanos: en sus actos, pensamientos más recónditos y emociones (Heb. 4:12). A medida que aumente nuestro conocimiento de las Escrituras y aprendamos a utilizarlo en el ministerio, cultivaremos las cualidades docentes que atraen al prójimo hacia Dios (2 Tim. 3:16, 17).

Honre

a Jehová

Ser un maestro a semejanza de Cristo entraña más que pronunciar discursos interesantes. Es cierto que Jesús maravilló a la gente con "palabras llenas de gracia" (Luc. 4:22). Sin embargo, ¿con qué propósito hablaba así? No con el de convertirse en el centro de atención, sino para honrar a Jehová (Juan 7:16-18). Además, dio esta exhortación a sus discípulos: "Resplandezca la luz de ustedes delante de los hombres, para que ellos vean sus obras excelentes y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos" (Mat. 5:16). Este consejo ha de influir en nuestra enseñanza, así que debemos evitar cuanto nos desvíe de tal objetivo. Por consiguiente, al pensar en qué decir y cómo decirlo, conviene que nos preguntemos: "¿Infundirá aprecio por Jehová, o centrará la atención en mi persona?".

Por ejemplo, las ilustraciones y las experiencias de la vida real pueden ser eficaces en la enseñanza, pero si incluimos demasiados detalles, quizá eclipsemos la idea que pretendemos destacar. De igual modo, las historias que no hacen más que entretener nos distraen del propósito de nuestro ministerio. En tal caso, el maestro se haría el centro de atención y dejaría de cumplir el verdadero objetivo de la educación teocrática.

'Haga

distinción'

Para que alguien se convierta en un verdadero discípulo, es preciso que entienda con claridad lo que se le enseña. Debe oír la verdad y ver cómo difiere de otras creencias. De ahí que resulte útil establecer contrastes.

Vez tras vez, Jehová instó a su pueblo a "hacer distinción" entre lo limpio y lo inmundo (Lev. 10:9-11). Dijo que quienes le sirvieran en Su gran templo espiritual enseñarían "la diferencia entre una cosa santa y una cosa profana" (Eze. 44:23). En el libro de Proverbios a menudo se contrapone la justicia con el desafuero, o la sabiduría con la tontedad. Hasta elementos que no son opuestos se diferencian unos de otros. El apóstol Pablo distinguió entre el hombre justo y el bueno, como leemos en Romanos 5:7. En el libro de Hebreos mostró la superioridad del servicio de Cristo como sumo sacerdote, en comparación con el de Aarón. Es tal como escribió Johann Amos Comenius, pedagogo del siglo XVII: "Enseñar no tiene otro sentido que mostrar cómo difieren las cosas en sus diferentes propósitos, formas y orígenes. [...] Por lo tanto, quien diferencia bien enseña bien".

Supongamos, por ejemplo, que usted está hablando con alguien acerca del Reino de Dios. Si la persona no comprende en qué consiste, podría mostrarle que la enseñanza bíblica difiere de la idea de que el Reino no es más que una condición en el corazón de la gente, o quizá indicarle cómo se distingue de los gobiernos humanos. No obstante, si su interlocutor conociera estas verdades fundamentales, podría profundizar más y explicarle cómo difiere el Reino mesiánico del reino universal de Jehová descrito en el Salmo 103:19, o del 'reino del Hijo del amor de Dios' mencionado en Colosenses 1:13, o de la "administración" a la que se alude en Efesios 1:10. Los contrastes facilitan a los oyentes la clara comprensión de esta importante enseñanza bíblica.

Jesús empleó a menudo este método didáctico. Comparó el entendimiento popular de la Ley mosaica con el auténtico sentido de aquellos preceptos (Mat. 5:21-48). Señaló las diferencias entre la verdadera devoción piadosa y los actos hipócritas de los fariseos (Mat. 6:1-18). Contrapuso la actitud de quienes "se enseñorean" de los demás al espíritu abnegado que deberían manifestar sus discípulos (Mat. 20:25-28). Y, según Mateo 21:28-32, en una ocasión invitó a quienes lo escuchaban a determinar por sí mismos el contraste entre la santurronería y el arrepentimiento verdadero. Este pasaje nos revela, además, otra valiosa faceta de la enseñanza.

Estimule

a los oyentes a pensar

En Mateo 21:28 leemos que Jesús acompañó una comparación con estas palabras introductorias: "¿Qué les parece?". El maestro competente no se limita a exponer hechos y dar respuestas, sino que estimula a los oyentes a cultivar la facultad de raciocinio (Pro. 3:21; Rom. 12:1). En parte, lo logra formulando preguntas. En Mateo 17:25 se recoge esta serie de interrogantes que Jesús planteó: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes reciben los reyes de la tierra contribuciones o la capitación? ¿De sus hijos, o de los extraños?". Con estas preguntas que invitaban a la reflexión, Pedro llegó a la conclusión correcta en cuanto al pago del impuesto del templo. De igual modo, cuando cierto hombre le dijo a Jesús: "¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?", él le contestó comparando el comportamiento de un sacerdote y un levita con el de un samaritano, para luego preguntarle: "¿Quién de estos tres te parece haberse hecho prójimo del que cayó entre los salteadores?" (Luc. 10:29-36). Una vez más, Jesús, en lugar de pensar por su interlocutor, lo animó a responder a su propia pregunta (Luc. 7:41-43).

Apele

al corazón

Los maestros que captan el sentido de la Palabra de Dios se dan cuenta de que la adoración verdadera no consiste simplemente en memorizar hechos y conformarse a ciertas normas. Más bien, está basada en una buena relación con Jehová y en el aprecio por sus sendas, de modo que el corazón entra en el cuadro (Deu. 10:12, 13; Luc. 10:25-27). En las Escrituras, el vocablo corazón suele referirse a la persona interior en su conjunto, e incluye, entre otros aspectos, sus deseos, afectos, sentimientos y motivos.

Jesús sabía que los seres humanos se dejan llevar por la apariencia externa, mientras que Jehová mira el corazón (1 Sam. 16:7). Lo que debe impulsarnos a servir a Dios es el amor que le tenemos, no el deseo de impresionar a los demás (Mat. 6:5-8). Los fariseos, en cambio, efectuaban muchas cosas para lucirse. Hacían hincapié en cumplir los detalles de la Ley y las reglas que ellos mismos establecían, pero no reflejaban cualidades que los vincularan al Dios que decían adorar (Mat. 9:13; Luc. 11:42). Jesús enseñó que la obediencia a los requisitos divinos es importante, pero también que el valor de tal obediencia depende de lo que anide en el corazón (Mat. 15:7-9; Mar. 7:20-23; Juan 3:36). Si imitamos a Jesús, obtendremos los mejores resultados. Aunque es primordial que enseñemos a los demás lo que Dios espera de todos nosotros, también lo es que conozcan la personalidad de Jehová y lo amen, de modo que su conducta refleje lo mucho que valoran su buena relación con el Dios verdadero.

Claro está, para beneficiarse de tal enseñanza, la gente tiene que hacerse un examen de conciencia. Jesús animó a sus oyentes a evaluarse en cuanto a sus motivos y sentimientos. Cuando corregía una idea errónea, les preguntaba por qué pensaban, decían o hacían algo determinado. Sin embargo, iba más allá, pues acompañaba sus preguntas con alguna declaración, ilustración o acto que les hiciera ver las cosas desde la perspectiva correcta (Mar. 2:8; 4:40; 8:17; Luc. 6:41, 46). Usted también puede sugerir a quienes lo escuchen que se hagan preguntas como: "¿Por qué me atrae este proceder?" o "¿Por qué reacciono así ante esta situación?". Después motívelos para que adopten los puntos de vista de Jehová.

Señale

la aplicación

El maestro competente sabe que "la sabiduría es la cosa principal" (Pro. 4:7). La sabiduría es la capacidad para aplicar el conocimiento a la hora de resolver problemas, evitar peligros, alcanzar objetivos o ayudar al prójimo. Corresponde al maestro enseñar cómo hacerlo, pero no decidir por el estudiante. Al tratar diversos principios bíblicos, lo guiará en el razonamiento, tal vez refiriéndose a una situación cotidiana y preguntándole cómo lo ayudaría a enfrentarse a ella el principio recién estudiado (Heb. 5:14).

El apóstol Pedro demostró lo que esto significa cuando pronunció un discurso en Pentecostés de 33 E.C. y señaló una aplicación práctica que transformó vidas (Hech. 2:14-36). Después de analizar tres pasajes bíblicos en los que la muchedumbre afirmaba creer, mostró su aplicación a la luz de los sucesos que todos habían presenciado. Como consecuencia, los presentes vieron la necesidad de actuar en armonía con lo que acababan de escuchar. ¿Tiene su enseñanza una influencia similar en sus oyentes? En vez de limitarse a exponerles los hechos, ¿los ayuda a entender las razones? ¿Los anima a pensar en la repercusión que debería tener en su vida lo que aprenden? Tal vez no reaccionen clamando "¿Qué haremos?", como sucedió en Pentecostés, pero si señalamos la correcta aplicación de los textos bíblicos, se sentirán impulsados a dar los pasos oportunos (Hech. 2:37).

Cuando los padres leen las Escrituras a sus hijos, disponen de una ocasión magnífica para acostumbrarlos a buscar aplicaciones prácticas a los principios bíblicos (Efe. 6:4). Usted podría seleccionar, por ejemplo, unos cuantos versículos de la lectura bíblica semanal y, tras explicarlos, hacerles preguntas como estas: "¿Qué orientación nos dan estos versículos? ¿Cómo podríamos emplearlos en el ministerio? ¿Qué revelan en cuanto a Jehová y su modo de actuar, y cómo nos ayudan a apreciarlo más?". Estimule a su familia a comentar tales aspectos cuando se expongan los puntos sobresalientes de la lectura de la Biblia en la Escuela del Ministerio Teocrático. Es muy probable que los versículos que comenten sean los que se graben en su memoria.

el ejemplo

No solo enseñamos por lo que decimos, sino por lo que hacemos. Nuestros actos constituyen un ejemplo práctico de la aplicación de nuestras palabras. Así es como aprenden los niños: cuando imitan a sus padres, revelan que quieren ser como ellos y saber qué se siente al hacer lo mismo que ellos. De igual modo, cuando sus estudiantes 'se hagan imitadores de usted, así como usted lo es de Cristo', comenzarán a experimentar las bendiciones de andar en los caminos de Jehová (1 Cor. 11:1). De esta forma, la bondad de Dios para con ellos se hará parte de sus propias vivencias.

He aquí un recordatorio que nos invita a reflexionar en la importancia de dar el ejemplo: la "clase de personas [que seamos] en actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa" contribuirá en gran medida a que brindemos un ejemplo vivo de la aplicación de los principios bíblicos (2 Ped. 3:11). Si alienta a un estudiante a leer la Biblia con asiduidad, hágalo usted mismo con diligencia. Si desea que sus hijos se rijan por los principios bíblicos, asegúrese de que cuanto le vean hacer corresponda con la voluntad divina. Si anima a la congregación a predicar con celo, procure participar de lleno en tal obra. Cuando practicamos lo que enseñamos, estamos en condiciones de motivar a los demás (Rom. 2:21-23).

A fin de mejorar sus aptitudes docentes, pregúntese: "¿Influye mi enseñanza en la actitud, el lenguaje o los actos de mis oyentes? ¿Aclaro las cuestiones diferenciando unas ideas y formas de actuar de otras? ¿Qué hago para que mis estudiantes, mis hijos o mi auditorio recuerden lo que digo? ¿Les indico claramente la forma de poner en práctica lo que aprenden? ¿Les doy el ejemplo? ¿Consigo que se den cuenta de cómo puede influir en su relación con Jehová el asunto del que les hablo?" (Pro. 9:10). Hágase un buen maestro teniendo presentes estas preguntas y siga la exhortación del apóstol Pablo: "Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza. Persiste en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y también a los que te escuchan" (1 Tim. 4:16).

[Recuadro

de la página 61]

PARA

ENSEÑAR CON EFICACIA

• Confíe en Jehová, no en su propia aptitud

• No subestime el poder de la Palabra de Dios y aprovéchelo bien

• Propóngase honrar a Jehová y no centre la atención en sí mismo

• Establezca contrastes para facilitar la comprensión

• Estimule a los oyentes a pensar

• Invítelos a evaluarse en cuanto a sus motivos y sentimientos

• Anímelos a reflexionar en la influencia que debe tener en su vida el conocimiento bíblico

• Dé un ejemplo digno de imitar

Cultive

el arte de la conversación

¿LE RESULTA difícil conversar? La sola idea de entablar un diálogo, sobre todo con desconocidos, inquieta a numerosas personas. Puede que su timidez las lleve a preguntarse: "¿De qué voy a hablar? ¿Cómo voy a empezar? ¿Qué diré luego?". Por otro lado, la gente sociable y segura de sí misma tal vez tienda a dominar la conversación. En su caso, el desafío consiste en dejar que los demás se expresen y en aprender a escuchar. Por consiguiente, todos nosotros, seamos tímidos o extrovertidos, debemos cultivar el arte de la conversación.

Empiece

en el hogar

Dado que la comunicación edificante contribuye de forma decisiva a la felicidad familiar, ¿por qué no comienza a cultivar en su propia casa sus dotes para la conversación?

Lo principal es interesarse profundamente en los demás (Deu. 6:6, 7; Pro. 4:1-4). Quien demuestra tal interés no solo se expresa, sino que escucha lo que otros desean comunicar. Un segundo factor es tener algo significativo que decir. Si sigue un programa personal de lectura y estudio de la Biblia, no le faltarán ideas de las que hablar. Además, el empleo adecuado del folleto Examinando las Escrituras diariamente fomenta la comunicación. En el transcurso del día tal vez tenga una experiencia agradable en el servicio del campo o lea algo informativo o gracioso. El hábito de incluir estos asuntos en sanas conversaciones en el hogar lo ayudará también a dialogar con quienes no pertenecen al círculo de su familia.

Al

conversar con extraños

Aunque mucha gente se muestra reacia a hablar con desconocidos, el amor a Dios y al prójimo impulsa a los testigos de Jehová a poner todo su empeño en aprender a hacerlo, pues desean enseñar las verdades de la Biblia. ¿Qué lo ayudará a mejorar en este campo?

El principio enunciado en Filipenses 2:4 es realmente valioso, pues nos anima a "no vigila[r] con interés personal solo [nuestros] propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás". Veámoslo desde esta óptica: si no conocemos a nuestro interlocutor, él nos considerará unos extraños. ¿Qué podemos hacer para tranquilizarlo? Una sonrisa afectuosa y un saludo amigable serán útiles, pero no bastarán.

Puede que la persona estuviera reflexionando y la hayamos interrumpido. Si no nos interesamos por sus pensamientos y tratamos de que converse sobre los nuestros, ¿responderá bien? ¿Qué hizo Jesús cuando conoció a cierta mujer junto a un pozo en Samaria? Ella estaba pensando en sacar agua, así que Jesús empezó a hablar de ese tema y no tardó en entablar una animada conversación de carácter espiritual (Juan 4:7-26).

Si es observador, es probable que logre hacerse una idea de lo que esté pensando la persona. ¿Parece triste, o feliz? ¿Es de edad avanzada y tal vez esté enferma? ¿Se ve que hay niños en el hogar? ¿Da la impresión de que el amo de casa posee una situación económica holgada, o de que se afana por cubrir las necesidades de la vida? ¿Revelan una inclinación religiosa los adornos de la vivienda o las joyas que la persona luce? Si ya en el saludo toma en consideración estos factores, será más fácil que ella vea que ambos tienen intereses en común.

Si no ve cara a cara al amo de casa, quizá porque solo escuche su voz tras una puerta cerrada con llave, ¿a qué conclusión pudiera llegar? Es posible que el residente viva con miedo. ¿Podría valerse de este hecho para iniciar un diálogo a través de la puerta?

A fin de interesar al interlocutor en la conversación, el visitante puede, en algunos lugares, decirle algo sobre sí mismo, como su origen, por qué fue a verlo, por qué cree en Dios, por qué decidió estudiar la Biblia o cómo esta le ha ayudado (Hech. 26:4-23). Claro, para ello se requiere precaución y no perder de vista el objetivo. Quizá el interlocutor, a su vez, se sienta impulsado a revelar algo sobre sí mismo y sus puntos de vista.

En algunas culturas es costumbre ser hospitalario con los extraños, así que no es raro que se les invite enseguida a pasar y tomar asiento. Si una vez sentados preguntan cortésmente cómo se encuentra la familia y están atentos a la respuesta, a menudo el dueño de la casa dispensará la misma atención a lo que tengan que decirle. Otros pueblos se interesan aún más por las visitas. Durante los saludos preliminares —que pueden ser bastante largos—, la persona tal vez se dé cuenta de que tiene algo en común con usted, y eso propicie una provechosa conversación espiritual.

¿Y si en la zona hay numerosos hablantes de una lengua distinta a la suya? ¿Cómo puede establecer contacto con ellos? Si aprende siquiera un saludo sencillo en algunos de tales idiomas, comprenderán que se interesa por ellos, lo que probablemente abra el camino a una comunicación más amplia.

Cómo

proseguir la conversación

Para que la conversación no se detenga, interésese por lo que piensa la persona. Anímela a expresarse si ella lo desea. Las preguntas bien pensadas son muy útiles, sobre todo las de opinión, pues por lo general no se responden con un simple sí o no. Por ejemplo, después de referirse a algún problema que preocupe en la localidad, podría preguntar: "¿A qué cree que se debe esta situación?", o también: "¿Cuál le parece que sería el remedio?".

Cuando haga una pregunta, escuche atentamente la respuesta. Evidencie que su interés es sincero con una palabra, una señal de asentimiento u otro gesto. No interrumpa a la persona; más bien, piense con mentalidad abierta en lo que dice. Sea "presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar" (Sant. 1:19). Y cuando usted le responda, demuestre que de veras la estaba escuchando.

Reconozca, no obstante, que no todo el mundo contestará a sus preguntas. Habrá quienes se limitarán a arquear las cejas o sonreír, mientras que otros solo dirán sí o no. En vez de frustrarse, sea paciente y no los obligue a conversar. Si están dispuestos a escuchar, aproveche la ocasión para exponer alguna idea bíblica alentadora. Con el tiempo, tal vez lleguen a verlo como un amigo y se expresen con mayor libertad.

Al hablar con las personas, sea previsor. Si le formulan varias preguntas, conteste algunas, pero reserve una o dos para la próxima vez. Ofrézcase a investigar la respuesta, y luego comuníqueles los resultados. Si su interlocutor no tiene ninguna pregunta, usted podría plantear una que crea interesante para él y concluir la conversación brindándose a responderla en la siguiente visita. Hallará multitud de ideas en el libro Razonamiento a partir de las Escrituras, en el folleto ¿Qué exige Dios de nosotros? y en números recientes de La Atalaya y ¡Despertad!

Con

hermanos en la fe

Cuando se encuentra por primera vez con otro testigo de Jehová, ¿trata de conocerlo, o se queda callado? El amor a los hermanos debe infundirnos el deseo de familiarizarnos con ellos (Juan 13:35). ¿Cómo podría romper el hielo? Sencillamente, preséntese e inquiera el nombre de la persona. Preguntar cómo aprendió la verdad suele conducir a una conversación amena que les permitirá conocerse mejor. Aun si usted da la impresión de no expresarse con demasiada fluidez, lo importante es que sus esfuerzos indicarán a su interlocutor que se interesa por él.

¿Cómo puede sostener una conversación significativa con un miembro de la congregación? Muestre interés sincero por la persona y su familia. ¿Acaba de finalizar la reunión? Si repasa algunos aspectos que le hayan parecido útiles, ambos se beneficiarán. Pudiera mencionar un dato de interés de los últimos números de La Atalaya y ¡Despertad!, no para lucirse ni poner a prueba al hermano, sino para contar algo que le ha agradado de modo especial. Otra posibilidad sería conversar sobre alguna asignación que uno de ustedes tenga en la Escuela del Ministerio Teocrático e intercambiar ideas en cuanto a cómo presentarla. O podría relatar experiencias del servicio del campo.

Es evidente que nuestro interés por las personas a menudo nos llevará a hablar de ellas, de lo que dicen y hacen. El humor también puede tener cabida en la conversación. ¿Será edificante lo que digamos? Lo será si tomamos a pecho los consejos de la Palabra de Dios y dejamos que nos impulse el amor cristiano (Pro. 16:27, 28; Efe. 4:25, 29; 5:3, 4; Sant. 1:26).

Antes de participar en el ministerio del campo, nos preparamos. De igual forma, ¿por qué no pensar de antemano en un tema atrayente del que conversar con nuestros amigos? Cuando lea u oiga algo interesante, tome nota de lo que quisiera destacar. Con el tiempo contará con un amplio abanico de ideas y no tendrá que conformarse con hacer comentarios generales de la vida diaria. Pero lo principal es que sus expresiones evidencien cuánto valora la Palabra de Dios (Sal. 139:17).

[Recuadro

de la página 63]

PARA

INICIAR CONVERSACIONES

• Siga las costumbres locales

• Haga un elogio sincero

• Mencione algún asunto de interés mutuo

• Plantee una pregunta de opinión

[Recuadro

de la página 65]

CUALIDADES

ÚTILES

• Jovialidad

• Sinceridad y afecto

• Interés personal apropiado

Aprenda

a dar respuestas

ALGUNAS preguntas son como icebergs: lo más sustancial se esconde bajo la superficie. Con frecuencia, la cuestión de fondo es más relevante que la pregunta en sí.

Saber responder supone determinar cuánto dirá y desde qué ángulo abordará la cuestión, incluso si quien pregunta está ansioso por oír la respuesta (Juan 16:12). Tal como Jesús indicó a sus apóstoles, puede que, en algunos casos, alguien solicite información a la que no tenga derecho o que en realidad no le beneficie conocer (Hech. 1:6, 7).

Las Escrituras aconsejan: "Que su habla siempre sea con gracia, sazonada con sal, para que sepan cómo deben dar una respuesta a cada uno" (Col. 4:6). Por consiguiente, antes de responder, no solo debe pensar lo que va a decir, sino cómo decirlo.

Determine

el punto de vista de quien pregunta

Los saduceos tendieron una trampa a Jesús inquiriendo sobre la resurrección de una mujer que había estado varias veces casada. No obstante, él sabía que, en realidad, ellos no creían en la resurrección, así que respondió a la pregunta de tal modo que corrigió el concepto erróneo que la había motivado. Valiéndose de un razonamiento magistral y de un conocido relato bíblico, Jesús destacó algo en lo que no habían reparado: la clara evidencia de que Dios resucitará a los muertos. Sus adversarios quedaron tan asombrados que no se atrevieron a preguntarle nada más (Luc. 20:27-40).

Para saber cómo dar una respuesta, usted ha de conocer los criterios y preocupaciones del autor de la pregunta. Por ejemplo, un compañero de clase o de trabajo pudiera inquirir por qué no celebramos la Navidad. ¿A qué obedece la pregunta? ¿De veras le interesa la razón, o simplemente quiere saber si nos está permitido divertirnos? Tal vez sea preciso que primero le pregunte el motivo de su inquietud para luego responder en consecuencia; también podría aprovechar la ocasión para mostrarle que seguir las pautas bíblicas nos libra de la frustración y las cargas que algunos aspectos de dicha celebración acarrean.

Suponga que se le invita a hablar de los testigos de Jehová ante un grupo de estudiantes, quienes, tras su disertación, probablemente planteen preguntas. Si estas parecen sinceras, lo mejor tal vez sea contestarlas de modo sencillo y directo. Si están influidas por los prejuicios de la comunidad, con frecuencia es aconsejable, antes de responderlas, aludir brevemente a los factores que suelen moldear los puntos de vista populares y a las razones por las que los Testigos preferimos regirnos por las normas bíblicas. Conviene que consideremos tales preguntas como indicaciones de interés y no como desafíos, aun cuando en ocasiones puedan parecer esto último. Responderles nos brinda la oportunidad de ampliar la mentalidad de los oyentes, facilitarles información exacta y exponerles el fundamento bíblico de nuestras creencias.

¿Qué haría si su jefe se negara a concederle permiso para asistir a una asamblea? En primer lugar, intente comprender el punto de vista de él. ¿Sería útil que se ofreciera a trabajar horas extras para compensarlo? ¿Cambiaría la situación si le explicara que la información que se presenta en las asambleas nos ayuda a ser empleados honrados y confiables? Si muestra preocupación por los intereses de su patrono, es probable que este, a su vez, comprenda lo que es importante para usted y lo tome en consideración. Ahora bien, ¿y si él le pide que haga algo falto de honradez? Si bien una negativa rotunda acompañada de algún pensamiento bíblico dejaría bien claro cuál es su postura, ¿no sería mejor que primero le señale que alguien que mienta o robe por él también podría mentirle o robarle a él?

O quizá seas un estudiante que no desea participar en ciertas actividades escolares contrarias a las Escrituras. No olvides que el profesor, quien probablemente no comparta tu parecer, es el encargado de mantener el orden en la clase. Los retos a los que te enfrentas son: 1) reconocer lo que a él le preocupa, 2) exponer tus razones con el debido respeto y 3) adoptar una posición firme a favor de lo que sabes que Jehová aprueba. Por lo tanto, para obtener los mejores resultados, puede que no baste con una exposición sencilla y directa de tus creencias (Pro. 15:28). Si aún eres muy joven, sin duda tu padre o tu madre te ayudarán a preparar lo que decir.

A veces puede que sea preciso refutar las acusaciones que nos dirija alguien que ocupe un puesto de autoridad. Tal vez un policía, un funcionario del gobierno o un juez le exija explicaciones respecto a la obediencia a cierta ley, a la neutralidad cristiana o a su punto de vista en cuanto a participar en ceremonias patrióticas. ¿Cómo debería responder? "Con genio apacible y profundo respeto", aconseja la Biblia (1 Ped. 3:15). Reflexione asimismo en la razón por la que tales cuestiones son causa de preocupación, y respete ese hecho. ¿Qué más podría hacerse? Tal como el apóstol Pablo se acogió a las garantías que otorgaba el derecho romano, nosotros podemos ampararnos en las leyes pertinentes (Hech. 22:25-29). Es posible que algunos datos respecto a la postura adoptada por los primeros cristianos y los testigos de Jehová de todo el mundo amplíen la perspectiva del funcionario, o pudiéramos señalar que el acatamiento de la autoridad divina promueve una obediencia más plena a las leyes humanas que no contravengan las de Dios (Rom. 13:1-14). Con estos comentarios previos, una exposición de las razones bíblicas de nuestra postura quizá cause una impresión favorable.

Qué

opina de la Biblia el autor de la pregunta

Antes de dar una respuesta, puede que necesitemos determinar cuál es la opinión de la persona en cuanto a las Escrituras, como hizo Jesús cuando los saduceos lo interrogaron respecto a la resurrección. Sabiendo que ellos solo aceptaban los escritos de Moisés, basó su razonamiento en un relato del Pentateuco, al que se refirió con estas palabras introductorias: "Pero el que los muertos son levantados, hasta Moisés lo expuso" (Luc. 20:37). Del mismo modo, es conveniente que nos apoyemos en las secciones de la Biblia que nuestro interlocutor acepta y conoce.

¿Y si el oyente no admite la autoridad de la Palabra de Dios? Fijémonos en que el apóstol Pablo, en su discurso pronunciado en el Areópago y recogido en Hechos 17:22-31, expuso verdades de la Biblia sin citar directamente de ella. Cuando sea preciso, podemos hacer lo mismo. En ciertos lugares es posible que se necesiten varias conversaciones con la persona antes de hacer referencia explícita a las Escrituras. Llegado ese momento, quizá sea prudente aportar algunas razones por las que la Biblia merece su consideración, más bien que afirmar categóricamente que es la Palabra de Dios. Sin embargo, nuestro objetivo ha de ser dar un testimonio claro de los propósitos divinos. Con el tiempo, procure que su interlocutor vea por sí mismo lo que enseña la Biblia, cuyas palabras son mucho más persuasivas que cuanto usted pudiera decir (Heb. 4:12).

"Siempre

 [...] con gracia"

Jehová es benévolo y bondadoso, así que es apropiado que a sus siervos se les exhorte a que "su habla siempre sea con gracia, sazonada con sal" (Col. 4:6; Éxo. 34:6). Ello supone expresarnos con bondad, incluso cuando la situación no lo propicie. Nuestras palabras han de reflejar buen gusto, nunca rudeza o falta de tacto.

Numerosas personas, debido a que se enfrentan a diario a tremendas presiones y soportan ataques verbales, tal vez nos reciban con aspereza. ¿Cómo debemos reaccionar? "La respuesta, cuando es apacible, aparta la furia", dice la Biblia. Así mismo, una respuesta sosegada puede apaciguar a los que tienen un mal concepto de nosotros (Pro. 15:1; 25:15). A quienes día tras día sufren la brusquedad de los demás, unos modales y una voz que manifiesten bondad quizá les resulten tan atractivos que los impulsen a escuchar las buenas nuevas que proclamamos.

No estamos interesados en discutir con los que no respetan la verdad, sino en razonar sobre las enseñanzas bíblicas con quienes nos lo permitan. Sin importar las circunstancias, no olvide que ha de responder con bondad y con la convicción de que las inestimables promesas de Dios son fidedignas (1 Tes. 1:5).

Decisiones

personales y cuestiones de conciencia

¿Qué responderá si un estudiante de la Biblia o un hermano en la fe le pregunta cómo actuar en cierta situación? Usted quizá sepa lo que personalmente haría, pero cada individuo debe asumir la responsabilidad de sus decisiones en la vida (Gál. 6:5). El apóstol Pablo explicó que en su predicación promovía la "obediencia por fe" (Rom. 16:26). El suyo es un magnífico ejemplo para nosotros, pues aquel que toma sus decisiones pensando principalmente en complacer a quien le enseña la Biblia o a otro ser humano está sirviendo a hombres, no viviendo por fe (Gál. 1:10). Por consiguiente, una respuesta llana y directa tal vez no sea la más conveniente para la persona.

¿Cuál, entonces, sería una respuesta acorde con las directrices de las Escrituras? Podría dirigir la atención del autor de la pregunta a principios y ejemplos bíblicos oportunos, en algunos casos mostrándole cómo investigar y encontrarlos por sí mismo. Incluso podría explicarle tales principios y subrayar el valor de los ejemplos, pero sin señalar cómo aplicarlos a la situación en que se encuentra. Pregúntele si ve algo en ellos que pueda ayudarlo a tomar una decisión sabia. Anímelo a considerar cómo lo iluminan respecto al proceder que agradaría a Jehová. De esta forma, la persona preparará "sus facultades perceptivas [...] para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto" (Heb. 5:14).

Comentarios

en las reuniones

Las reuniones de la congregación cristiana a menudo nos ofrecen la oportunidad de declarar en público nuestra fe, y una manera de hacerlo es respondiendo a las preguntas que se formulan. ¿Cómo debemos comentar? Con el deseo de bendecir a Jehová, de hablar bien de él, como hacía el salmista David al hallarse "entre las multitudes congregadas" (Sal. 26:12). Asimismo, nuestros comentarios deben estimular a los hermanos e incitarlos "al amor y a las obras excelentes", en palabras del apóstol Pablo (Heb. 10:23-25). A este respecto nos será muy útil estudiar de antemano las lecciones.

Procure que sus comentarios sean sencillos, claros y breves. En vez de abarcar todo un párrafo, mencione un solo punto; si se limita a dar parte de la respuesta, permitirá que otros asistentes también puedan intervenir. En particular, es valioso referirse a los pasajes bíblicos citados, procurando resaltar la porción del texto que respalda la idea que se estudia. Acostúmbrese a comentar en sus propias palabras, más bien que leer directamente del párrafo. No se preocupe si no expresa la idea tal como quisiera: a todo el que comenta le ocurre de vez en cuando.

Es obvio que saber responder entraña más que conocer la contestación a una pregunta. Requiere discernimiento. Sin embargo, resulta sumamente gratificante dar una respuesta que nos salga del corazón y toque el de quien la escucha (Pro. 15:23).

[Recuadro

de la página 67]

ANTES

DE RESPONDER, PIENSE EN:

• qué ha motivado la pregunta

• qué fundamento ha de poner para que la respuesta se entienda correctamente

• cómo explicar su postura respetando las cuestiones que preocupan a la persona

• cómo expresarse con bondad y convicción

• si debe dar una respuesta directa o recurrir a principios y ejemplos bíblicos que ayuden a la persona a decidir por sí misma lo que hacer

[Recuadro

de la página 70]

CONSEJOS

PARA COMENTAR EN LAS REUNIONES

• Si es el primero en contestar, dé una respuesta sencilla y directa

• Para ampliar la respuesta, 1) muestre cómo un texto bíblico citado respalda el punto que se estudia; 2) señale el efecto que tiene el asunto en nuestra vida; 3) explique cómo puede utilizarse la información, o 4) relate una experiencia breve que ilustre una idea clave

• Escuche atentamente todos los comentarios, a fin de saber cómo complementar lo ya expresado

• Procure comentar en sus propias palabras

La

comunicación por carta

LAS cartas han mejorado la vida y la conducta de millones de personas. Cartas fueron en un principio la mayoría de los libros de las Escrituras Griegas Cristianas, y aún empleamos este método para animar a los nuevos creyentes, mantener el contacto con las amistades, alentar a los hermanos que asumen responsabilidades especiales, fortalecer a quienes afrontan dificultades y transmitir la información necesaria para el buen funcionamiento de la congregación (1 Tes. 1:1-7; 5:27; 2 Ped. 3:1, 2).

Además, las cartas constituyen un medio muy eficaz de dar testimonio. En ciertas zonas, mucha gente vive en edificios de apartamentos con estrictas medidas de seguridad o en residencias de acceso restringido. Hay quienes casi nunca están en su hogar, por lo que no los encontramos al predicar de casa en casa. Y aun otros habitan en lugares aislados.

La mala salud, las inclemencias del tiempo o un toque de queda pudieran confinarlo en su vivienda. ¿Sería capaz de escribir una carta para seguir dando testimonio a un pariente o a alguien con quien conversó de manera informal? ¿Se ha mudado una persona con quien usted estudiaba la Biblia? Tal vez recibir una carta suya sea precisamente lo que se necesite para mantener vivo su interés espiritual. O podría enviar alguna información bíblica oportuna a quienes recientemente se hayan casado, hayan sido padres o hayan perdido a un ser amado.

La

predicación por carta

Si no conoce al destinatario, lo primero que debe hacer es presentarse. Podría explicarle que participa en una obra internacional de carácter voluntario. Si lo estima conveniente, mencione que es testigo de Jehová e indíquele por qué le dirige una carta en vez de visitarlo personalmente. Escriba como si hablara cara a cara con él; no obstante, en atención a la advertencia de "ser cautelosos como serpientes, y, sin embargo, inocentes como palomas", determine con cuidado qué datos personales sería prudente divulgar (Mat. 10:16).

Ponga por escrito lo que le habría dicho al residente si hubiera podido visitarlo, tal vez adaptando una introducción del libro Razonamiento o alguna presentación bíblica de un número reciente de Nuestro Ministerio del Reino. Podría plantear una pregunta y animar a la persona a reflexionar sobre ella. Algunos publicadores sencillamente explican que tenemos un programa gratuito para responder preguntas sobre la Biblia, y luego indican los títulos de varios capítulos de una de nuestras publicaciones de estudio. El modelo que se halla en la página 73 le dará algunas ideas, pero es conveniente que varíe el contenido, pues, en caso contrario, los amos de casa podrían recibir el mismo mensaje una y otra vez.

Hay quienes son reacios a leer una carta extensa de un extraño, así que muchas veces es preferible que sea breve. Conclúyala antes de que la persona llegue a cansarse de leerla. Es apropiado adjuntar una invitación impresa a las reuniones del Salón del Reino, o quizá un tratado, un folleto o un número de La Atalaya o ¡Despertad!, con la indicación de que es posible recibir estas revistas regularmente. Asimismo podría preguntar al residente si le permitiría visitarlo en su hogar para conversar sobre el tema.

Unas

palabras sobre la presentación

Dé una ojeada a la carta modelo. Observe lo siguiente: 1) Está bien organizada, sin aglomeraciones. 2) Aunque pierda el sobre, el destinatario tendrá el nombre y la dirección postal del remitente. 3) El propósito de la misiva se declara lisa y llanamente en el primer párrafo. 4) Cada idea principal se trata en un párrafo separado. 5) En vista de su objetivo, el estilo de la carta no es ni demasiado familiar ni excesivamente serio.

En la correspondencia de índole más formal, como la que el secretario de la congregación envía a la sucursal, debe especificarse el nombre de la congregación, el nombre y la dirección postal del secretario, y la fecha. También se hará constar el nombre y la dirección de la persona u organización a la que se dirige, seguidos de un saludo apropiado. En algunos idiomas, el texto concluye con una expresión como "Atentamente" o "Cordialmente", bajo la cual el remitente estampa su firma, siempre de puño y letra.

En todos los casos, preste atención a la ortografía, la sintaxis, la puntuación y, por supuesto, la pulcritud, pues todo ello confiere dignidad tanto a la carta como al mensaje que transmite.

No olvide escribir el remite en el sobre, preferiblemente con su propia dirección postal. Si le parece imprudente facilitar tal dato a extraños a quienes predica por correo, pregunte a los ancianos si podría utilizar la dirección del Salón del Reino. Nunca debe emplearse la de la Sociedad Watch Tower, pues daría la impresión equivocada de que el envío procede de las oficinas de dicha entidad, y lo mismo ocurriría en el caso de una carta sin remite que contuviera alguna de nuestras publicaciones.

Sobre todo cuando adjunte alguna información impresa, cerciórese de poner el importe correspondiente en sellos, pues un franqueo insuficiente podría obligar al destinatario a abonar la cantidad debida, lo cual desmerecería su mensaje. Tenga presente que las tarifas postales de muchos países son más elevadas si se envía un folleto o una revista.

El

tono adecuado

Cuando termine la carta, léala otra vez y evalúela. ¿Cómo le suena? ¿Es amigable y respetuosa? El amor y la bondad figuran entre las cualidades que procuramos manifestar en las relaciones interpersonales (Gál. 5:22, 23). Si detecta frialdad o un regusto de pesimismo, modifique la redacción.

Las cartas llegan a donde usted no puede, y este hecho, por sí solo, las convierte en un valioso instrumento para el ministerio. Dado que lo representan a usted y sus ideales, deténgase a examinar su contenido, su presentación y el tono en que están escritas. Quizá sean justo lo que se necesita para iniciar, fortalecer o estimular a una valiosa alma en la senda que lleva a la vida.

[Recuadro

de la página 73]

Marta González

Esperanza 21

1427 Buenos Aires

1 de junio de 20—

Estimada señora Martínez:

Mi esposo y yo vivimos en su vecindario. Le escribo porque deseamos hacerle llegar una información importante y no nos ha sido posible hablar con usted en persona. En el impreso adjunto se explica brevemente de qué se trata.

Nos complace participar en una obra de carácter voluntario que se lleva a cabo en más de doscientos países. Nuestro objetivo es invitar a toda persona a beneficiarse de un programa en el que se responde con la Biblia a preguntas tan importantes como por qué envejecemos y morimos, qué propósito tiene la vida o cómo hallar verdadera felicidad.

Esta obra no es de índole comercial; lo que nos impulsa a colaborar en ella es el interés sincero por nuestros vecinos. Esperamos que pronto nos sea posible conversar personalmente con usted. Puede escribirnos con toda libertad a la dirección arriba indicada.

Atentamente,

[Firma]

No

deje de progresar

CUANDO usted aprendió a aplicar los principios bíblicos, fue modificando patrones de pensamiento, habla y conducta que tenía muy arraigados, en gran medida incluso antes de matricularse en la Escuela del Ministerio Teocrático. Ahora que quizá ha progresado hasta el punto de dedicar su vida a Jehová, ¿debería detenerse su crecimiento espiritual? Ni mucho menos, pues el bautismo es solo el comienzo.

El discípulo Timoteo ya era un anciano cristiano cuando Pablo le dijo que 'reflexionara' tanto en los consejos recibidos como en los privilegios de servicio que se le habían confiado. Lo exhortó a mantenerse "intensamente ocupado" en estos asuntos, a fin de que su "adelantamiento [fuera] manifiesto" (1 Tim. 4:12-15). Por tanto, sea que usted haya acabado de emprender el camino de la verdad o que tenga mucha experiencia en el vivir cristiano, debe interesarse en progresar.

Conocimiento

y transformación

En Efesios 3:14-19 leemos que el apóstol Pablo rogó que sus hermanos en la fe fueran "enteramente capaces de comprender [...] la anchura y longitud y altura y profundidad" de la verdad. Con tal objetivo, Jesús otorgó dádivas humanas, esto es, hombres que enseñarían, corregirían y edificarían a la congregación. La meditación continua en la Palabra inspirada de Dios y la guía de maestros experimentados nos ayudan a que "crezcamos" en sentido espiritual (Efe. 4:11-15).

Tal crecimiento conlleva "ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa [nuestra] mente", es decir, cultivar una fuerte inclinación mental que sintonice con la de Dios y Cristo. Para ello se requiere asimilar constantemente sus pensamientos, con objeto de "vestirse de la nueva personalidad" (Efe. 4:23, 24). Cuando estudia los Evangelios, ¿ve en estos relatos de la vida de Cristo un modelo que debe seguir? ¿Procura fijarse en características concretas de la personalidad de Jesús para imitarlas con empeño? (1 Ped. 2:21.)

El tema sobre el que giran nuestras conversaciones puede indicar nuestro grado de progreso. Quienes se han vestido de la nueva personalidad no permiten que de su boca procedan mentiras, insultos, obscenidades o comentarios negativos, sino "todo dicho que sea bueno para edificación [...], para que imparta lo que sea favorable a los oyentes" (Efe. 4:25, 26, 29, 31; 5:3, 4; Jud. 16). Las expresiones que salen de sus labios, ya sea en privado o en las reuniones de la congregación, denotan que la verdad los está transformando.

Nuestro progreso también se hace patente cuando dejamos de ser "aventados como por olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza" (Efe. 4:14). Por ejemplo, ¿cómo le influye el bombardeo de nuevas ideas, causas o diversiones a que el mundo nos somete? ¿Siente la tentación de reducir el tiempo que dedica a sus deberes para con Dios e invertirlo en tales cosas? Si lo hiciera, su progreso cristiano se resentiría gravemente. ¡Cuánto mejor es comprar tiempo para alcanzar metas espirituales! (Efe. 5:15, 16.)

Las relaciones interpersonales constituyen asimismo un indicador del avance espiritual. ¿Ha aprendido a ser 'tiernamente compasivo' con los hermanos y a 'perdonarlos liberalmente'? (Efe. 4:32.)

Su progreso en actuar como a Jehová le agrada debe hacerse patente tanto en la congregación como en el hogar. Tiene que evidenciarse en la escuela, en los lugares públicos y en el empleo (Efe. 5:21–6:9). Su adelanto se pondrá de manifiesto cuando en toda circunstancia demuestre en mayor medida las cualidades piadosas.

Utilice

sus dones

Jehová nos ha otorgado a todos aptitudes y destrezas, y espera que las empleemos a favor de los demás de tal modo que seamos vehículo de su bondad inmerecida. A este respecto, el apóstol Pedro escribió: "En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al ministrarse unos a otros como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios" (1 Ped. 4:10). ¿Cómo desempeña usted su mayordomía?

Pedro pasa a decir: "Si alguno habla, que hable como si fueran las sagradas declaraciones formales de Dios" (1 Ped. 4:11). Este versículo subraya que tenemos la responsabilidad de hablar en total consonancia con la Palabra de Dios a fin de glorificar a Jehová, de modo que la forma en que hablamos también debe ensalzarlo. La preparación que imparte la Escuela del Ministerio Teocrático le permitirá hacer precisamente eso, es decir, emplear sus dotes y cualidades de modo que glorifique a Dios mediante la ayuda que presta al prójimo. Con tal objetivo presente, ¿cómo debe medir su progreso en la escuela?

En vez de pensar en cuántos aspectos de la oratoria ha abarcado o qué tipo de intervenciones se le han asignado, reflexione en cómo han mejorado sus sacrificios de alabanza a causa de la formación recibida. Puesto que la escuela nos capacita para que seamos más eficaces en el ministerio, pregúntese: "¿Preparo lo que voy a decir en el servicio del campo? ¿He aprendido a mostrar interés en las personas a las que predico? ¿Siento la base para visitas posteriores dejando pendiente una pregunta? ¿Procuro mejorar mi aptitud docente de modo que llegue al corazón de quienes estudian la Biblia conmigo?".

No evalúe sus logros tan solo por los privilegios de servicio que se le conceden. El progreso no depende del tipo de asignación que recibe, sino de cómo la desempeña. Tras una intervención que le haya exigido enseñar, pregúntese: "¿Realmente he sido un buen maestro? ¿He presentado la información de tal modo que influya de manera significativa en los oyentes?".

La exhortación a utilizar sus dones implica que tome la iniciativa. ¿Invita a otros hermanos a trabajar con usted en el ministerio del campo? ¿Piensa en la manera de ayudar a los nuevos, los jóvenes o los enfermos de la congregación? ¿Se ofrece para limpiar el Salón del Reino o colaborar de diversas formas en las asambleas? ¿Podría ser precursor auxiliar periódicamente? ¿Le sería posible emprender el precursorado regular o quizá servir en una congregación más necesitada de ayuda? Si es usted un hermano, ¿procura reunir los requisitos bíblicos para ser siervo ministerial o anciano? Su disposición para ofrecerse y aceptar responsabilidades es otro indicador de su progreso (Sal. 110:3).

El

papel de la experiencia

Si se siente limitado por su falta de experiencia en el vivir cristiano, no se desanime. La Palabra de Dios "hace sabio al inexperto" (Sal. 19:7; 119:130; Pro. 1:1-4). Cuando seguimos los consejos de la Biblia, nos beneficiamos de la sabiduría perfecta de Jehová, más valiosa que todo el aprendizaje que el tiempo por sí solo pueda aportarnos. Sin embargo, es un hecho que al progresar en el servicio a Dios obtenemos experiencia. Entonces, ¿cómo podemos aprovecharla?

Después de atravesar muchas circunstancias en la vida, alguien quizá tienda a pensar: "Ya he pasado por esto antes. Sé lo que tengo que hacer". ¿Es prudente esta actitud? Proverbios 3:7 advierte: "No te hagas sabio a tus propios ojos". Está claro que las vivencias deberían ampliar nuestra visión de los factores implicados en diversas situaciones. Pero si progresamos en sentido espiritual, las experiencias vividas también han de grabarnos en la mente y el corazón que la bendición de Jehová es imprescindible para salir airosos. Por tanto, el progreso no se evidencia por la seguridad en nosotros mismos con la que encaramos las dificultades, sino por la disposición de buscar la guía de Jehová en la vida. Se demuestra por la convicción de que nada sucede sin el permiso de nuestro Padre celestial, así como por la relación de confianza y afecto que con él mantenemos.

Siga

adelante

A pesar de su madurez cristiana y de su condición de ungido, el apóstol Pablo reconoció que necesitaba seguir "extendiéndo[se] hacia adelante" para alcanzar la meta de la vida (Fili. 3:13-16). ¿Comparte usted esa actitud?

¿Cuánto ha logrado hasta ahora? A fin de evaluar su crecimiento, determine hasta qué punto se ha vestido de la nueva personalidad, se ha sometido a la soberanía divina y utiliza sus dones para honrar a Jehová. La educación de la Escuela del Ministerio Teocrático debe hacer que las cualidades que se resaltan en la Palabra de Dios se reflejen cada vez más en su manera de hablar y enseñar. Tenga presentes estos aspectos de su progreso. Halle regocijo en ellos, y su adelantamiento se pondrá fácilmente de manifiesto.

¿QUÉ

METAS ESPIRITUALES TIENE?

¿Qué metas realistas cree que debería alcanzar en menos de un año?

1. ...........................................................

2.

...........................................................

¿Qué metas a largo plazo considera tan valiosas que está decidido a esforzarse hasta alcanzarlas?

1.

...........................................................

2.

...........................................................

3.

...........................................................

Programa

para cultivar las aptitudes de orador y maestro

SEA joven o de edad avanzada, hombre o mujer, este programa le permitirá expresarse mejor y hacerse un maestro más competente de la Palabra de Dios.

El superintendente de la Escuela del Ministerio Teocrático asignará las intervenciones de los matriculados. En las siguientes tres páginas, usted encontrará una lista personal de aspectos de la oratoria. Los números que preceden a los aspectos corresponden a las lecciones que se encuentran en las páginas subsiguientes, en las que se explica cómo dominar las distintas facetas de la oratoria y la enseñanza. En ellas hallará, además, pautas útiles para lograrlo.

El código de color de la lista distingue los aspectos aplicables a 1) las asignaciones de lectura ante el auditorio, 2) las demostraciones con dos o más participantes y 3) los discursos dirigidos a la congregación. El superintendente de la escuela le indicará en qué aspecto debe centrarse, preferiblemente solo uno a la vez. Le será provechoso realizar los ejercicios que se recomiendan al final de la lección designada. Si es evidente que ha aplicado bien los consejos que se dan en dicha lección, el consejero le indicará otro aspecto.

Si se trata de una demostración, será preciso ambientarla en un marco. En la página 82 hallará una lista variada, pero no tiene por qué limitarse a ella. Puede que el consejero le recomiende escenificar cierta situación a fin de adquirir experiencia, o quizá deje a su criterio la elección.

Si lee este libro y realiza los ejercicios, aun cuando no esté preparando una asignación, probablemente se acelere su progreso. Tal vez le sea posible estudiar alrededor de una lección por semana.

Prescindiendo de cuánto tiempo llevemos participando en la escuela o en el servicio del campo, siempre se puede mejorar. Por ello deseamos que se beneficie al máximo de la formación que se imparte en la Escuela del Ministerio Teocrático.

LISTA

PERSONAL DE ASPECTOS DE LA ORATORIA

LECTURA

Número de lecciones 1-17

DEMOSTRACIÓN

Número de lecciones 1-6, 8-51

DISCURSO

Número de lecciones 1-6, 8-17, 19-29, 31-53

FECHA DE EJERCICIOS FECHA DE

(Número de lección) ASIGNACIÓN CONCLUSIÓN

1 Lectura precisa .................

2 Articulación clara .................

3 Pronunciación

correcta .................

4 Fluidez .................

5 Uso adecuado de

las pausas .................

6 Énfasis acertado .................

7 Énfasis en las

ideas principales .................

8 Volumen adecuado .................

9 Modulación .................

10

Entusiasmo .................

11

Afecto y otros

sentimientos .................

12

Ademanes y

expresiones faciales .................

13

Contacto visual .................

14

Naturalidad .................

15

Buena apariencia .................

16

Aplomo .................

17

Buen uso del micrófono .................

18

Uso de la Biblia

para contestar preguntas .................

19

Animar a emplear la Biblia .................

20

Introducción eficaz a

los textos bíblicos .................

21

Lectura de textos

bíblicos con el

énfasis debido .................

22

Empleo correcto de

los textos bíblicos .................

23

Resaltar el valor

práctico .................

24

Buen uso del

vocabulario .................

25

Uso de un bosquejo .................

26

Desarrollo lógico de

la información .................

27

Improvisar las palabras

a partir del bosquejo .................

28

Tono conversacional .................

29

Calidad de la voz .................

30

Interés en los oyentes .................

31

Respeto a los demás .................

32

Expresarse con convicción .................

33

Hablar con tacto,

pero con firmeza .................

34

Ser edificante y positivo .................

35

Repetición para dar

énfasis .................

36

Desarrollo del tema .................

37

Destacar los puntos

principales .................

38

Introducciones que

despiertan interés .................

39

Conclusiones eficaces .................

40

Exactitud en las

afirmaciones .................

41

Claridad en la exposición .................

42

Exposición instructiva

para el auditorio .................

43

Utilizar la información

asignada .................

44

Uso eficaz de las preguntas .................

45

Ilustraciones instructivas .................

46

Ilustraciones basadas

en situaciones conocidas .................

47

Uso eficaz de medios

visuales .................

48

Argumentación que

induce a razonar .................

49

Solidez en la

argumentación .................

50

Llegar al corazón .................

51

Atenerse al tiempo

y distribuirlo bien .................

52

Exhortación eficaz .................

53

Animar y fortalecer

al auditorio .................

Utilice

diversos marcos de circunstancias

Cuando tenga una asignación en forma de demostración en la Escuela del Ministerio Teocrático, puede utilizar en cualquier orden los marcos indicados abajo. Haga lo posible por no repetir ninguno de ellos más de dos veces hasta haber empleado todos los que sean adecuados para el territorio de su congregación. Anote en las líneas que preceden a los marcos de circunstancias las fechas en que los utilizó.

Fechas

....

.... 1. Predicando de casa en casa

....

.... 2. Venciendo una objeción

....

.... 3. Revisitando por primera vez a una persona

interesada

....

.... 4. Demostrando en qué consiste un estudio bíblico

en la visita inicial

....

.... 5. Estudio bíblico con una persona que no lee bien

....

.... 6. Estudio bíblico en una etapa avanzada

....

.... 7. Animando a un estudiante de la Biblia a asistir

a las reuniones

....

.... 8. Convenciendo a un estudiante de la Biblia para

que aplique un consejo de las Escrituras

....

.... 9. Ensayo con un publicador no bautizado

....

.... 10. Exhortación a leer la Biblia mostrando cómo

hacerlo o cómo la lectura de un libro bíblico

en particular nos beneficia

....

.... 11. Predicando por teléfono o por intercomunicador

....

.... 12. Predicando en la calle

....

.... 13. Predicando en un mercado u otro establecimiento

comercial

....

.... 14. Predicando informalmente en una sala de espera

....

.... 15. Predicando informalmente en el transporte público

....

.... 16. Predicando en un marco común en la localidad

....

.... 17. Predicando a un vecino

....

.... 18. Hablando de nuestras creencias a un familiar

no Testigo

....

.... 19. Hablando de nuestras creencias a un compañero

de trabajo o de estudios

....

.... 20. Predicando a un maestro, un patrono o

un funcionario

....

.... 21. Predicando a un médico, un abogado u otro

profesional

....

.... 22. Predicando a alguien que no habla bien

el idioma

....

.... 23. Conversando con un ateo o un agnóstico

....

.... 24. Predicando a un animista, budista, católico,

hindú, judío, musulmán, protestante o

alguien de otra religión de la localidad

....

.... 25. Participando en el programa

"Los precursores prestan ayuda"

....

.... 26. Persona adulta razona con su hijo (o hija); o

joven, con su hermano (o hermana)

....

.... 27. Animando a un enfermo con la Biblia

....

.... 28. Consolando con la Biblia a alguien del

territorio que está triste o deprimido

....

.... 29. Persona adulta aconseja a joven

....

.... 30. Otro marco adecuado para la zona
                                       gomezburgara@hotmail.com
--
La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la palabra de nuesro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.  ISAIAS 40;8

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