lunes, 4 de octubre de 2010

Demostremos lealtad cristiana cuando se expulsa a un pariente

-- Demostremos lealtad cristiana cuando se expulsa a un pariente
1 Los vínculos familiares pueden ser muy fuertes. Este hecho supone
una prueba para el cristiano cuando su cónyuge, un hijo, un padre u
otro pariente cercano es expulsado o se desasocia de la congregación
(Mat. 10:37). ¿Cómo debe el cristiano leal tratar a ese pariente? ¿Es
diferente el trato que se le da si dicha persona vive en la casa del
Testigo? Pues bien, repasemos lo que dice la Biblia al respecto, y
tengamos presente que sus principios son aplicables tanto a los que
han sido expulsados como a los que se han desasociado.
2 Cómo tratar a los expulsados. La Palabra de Dios manda a los
cristianos que no se relacionen con alguien que ha sido expulsado de
la congregación al decir: "Cesen de mezclarse en la compañía de
cualquiera que, llamándose hermano, sea fornicador, o persona dominada
por la avidez, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique
extorsión, y ni siquiera coman con tal hombre. [...] Remuevan al
hombre inicuo de entre ustedes" (1 Cor. 5:11, 13). Las palabras de
Jesús anotadas en Mateo 18:17 también son aplicables: "[Que el
expulsado] sea para ti exactamente como hombre de las naciones y como
recaudador de impuestos". Quienes oyeron a Jesús sabían muy bien que
sus contemporáneos judíos no confraternizaban de modo alguno con los
gentiles y evitaban a los recaudadores de impuestos como si fueran
marginados. Con estas palabras, Jesús ordenó a sus seguidores que no
se relacionaran con los expulsados (véase La Atalaya del 15 de
noviembre de 1981, págs. 12-14).
3 Eso significa que los cristianos leales no tienen trato espiritual
con nadie que ha sido expulsado de la congregación. Pero hay más
implicado. La Palabra de Dios dice que 'ni siquiera comamos con tal
hombre' (1 Cor. 5:11). De modo que también evitamos el trato social
con tal persona, lo que descartaría ir con ella a una comida
campestre, a una fiesta, a un partido, al centro comercial, al cine o
sentarnos a comer con ella, sea en el hogar o en un restaurante.
4 ¿Se puede hablar con un expulsado? Aunque la Biblia no menciona
todas las situaciones que pudieran surgir, 2 Juan 10 nos ayuda a
comprender cómo ve Jehová el asunto: "Si alguno viene a ustedes y no
trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo".
La Atalaya del 15 de noviembre de 1981, página 19, comenta: "Decir un
sencillo '¡Hola!' a alguien puede ser el primer paso que lleve a una
conversación y tal vez hasta a una amistad. ¿Quisiéramos dar ese
primer paso respecto a una persona expulsada?".
5 El mismo número de La Atalaya, en la página 25, agrega: "La realidad
es que cuando un cristiano se entrega al pecado y se le tiene que
expulsar, pierde mucho: la posición aprobada que tenía delante de
Dios; [...] el grato compañerismo de los hermanos, que incluye mucha
de la asociación que tenía con parientes cristianos".
6 Cuando se vive en la misma casa familiar. ¿Significa esto que los
cristianos que viven en la misma casa con un familiar expulsado no
pueden hablar ni comer ni relacionarse con él mientras realizan sus
actividades diarias? La nota al pie de la página 22 de La Atalaya del
15 de abril de 1991 señala: "Si en un hogar cristiano hubiera un
familiar expulsado, este todavía formaría parte de los tratos y
actividades normales y cotidianos de la casa". Por lo tanto, les toca
a los miembros de la familia decidir hasta qué grado lo incluirán
cuando coman o participen en otras actividades domésticas. Sin
embargo, no querrán dar a los hermanos con quienes se relacionan la
impresión de que todo marcha igual que antes de la expulsión.
7 Ahora bien, La Atalaya del 15 de noviembre de 1981, página 22,
menciona lo siguiente en cuanto al expulsado o desasociado: "Los
vínculos espirituales anteriores han sido rotos por completo. Esto es
cierto aun respecto a los parientes del expulsado, entre ellos los de
su círculo familiar inmediato o cercano. [...] Eso significa cambios
en el compañerismo espiritual que haya existido en el hogar. Por
ejemplo, si al esposo se le ha expulsado, su esposa e hijos no se
sentirían cómodos si él condu[jera] el estudio bíblico de la familia o
toma[ra] la delantera en la lectura de la Biblia y en orar. Si él
quiere hacer una oración, como, por ejemplo, a la hora de comer, él
tiene derecho a hacerlo en su propio hogar. Pero los demás pueden
hacer sus propias oraciones a Dios en silencio. (Pro. 28:9; Sal.
119:145, 146) ¿Qué hay si algún expulsado que vive en el hogar quiere
estar presente cuando la familia lee la Biblia junta o tiene un
estudio bíblico? Los otros pudieran permitirle estar presente para
escuchar con tal que no tratara de enseñarles o compartir con ellos
sus ideas religiosas".
8 Si se expulsa de la congregación a un hijo menor que vive en el
hogar, los padres cristianos aún son responsables de su crianza. La
Atalaya del 15 de noviembre de 1988, página 20, aclara: "Tal como
continuarán suministrándole alimento, ropa y abrigo, tienen que
instruirle y disciplinarle en conformidad con la Palabra de Dios.
(Proverbios 6:20-22; 29:17.) Por eso, los padres amorosos quizás
adopten la medida de conducir un estudio bíblico en el hogar con él,
aunque esté expulsado. Puede que el estudio le sea del mayor beneficio
como fuente de corrección si es un estudio con él solo. O quizás los
padres decidan que el joven implicado puede continuar participando en
el estudio de la familia" (véase también La Atalaya del 1 de octubre
de 2001, págs. 16, 17).
9 Familiares que no viven en la misma casa. "La situación es diferente
si el expulsado o desasociado es un pariente que vive fuera del
círculo familiar y el hogar inmediatos —señala La Atalaya del 15 de
abril de 1988, página 28—. Pudiera ser posible eliminar casi todo
contacto con tal pariente. Aun cuando hubiera ciertos asuntos de
familia que exigieran comunicación, ciertamente esto se mantendría al
mínimo", en armonía con el mandato divino de "ces[ar] de mezclarse en
la compañía de cualquiera" que sea un pecador impenitente (1 Cor.
5:11). Los cristianos leales deben esforzarse por evitar todo trato
innecesario con tal pariente, hasta el punto de mantener al mínimo
absoluto las relaciones comerciales (véase también La Atalaya del 15
de noviembre de 1981, págs. 23, 24).
10 La Atalaya dirige nuestra atención a otra situación que pudiera
surgir: "¿Qué hay si se expulsa[ra] a algún pariente cercano de una
familia, como a un hijo o a un padre que no viviera con ellos en su
hogar, y más tarde éste quisiera mudarse al hogar de la familia de
nuevo? La familia podría decidir qué hacer, según las circunstancias.
Por ejemplo, puede que una madre o un padre expulsado esté enfermo o
ya no esté en condiciones económicas o físicas que le permitan cuidar
de sí [mismo]. Los hijos cristianos tienen una obligación bíblica y
moral de prestar ayuda. (1 Tim. 5:8) [...] Lo que se haga puede
depender de factores como las verdaderas necesidades del padre, su
actitud y la consideración que el cabeza de la familia le tenga al
bienestar espiritual de los miembros de su casa" (véase La Atalaya del
15 de noviembre de 1981, págs. 22, 23).
11 Respecto a un hijo, el mismo artículo pasa a decir: "A veces los
padres cristianos han permitido que un hijo expulsado que haya
enfermado física o emocionalmente regrese al hogar por un tiempo. Pero
en cada caso los padres pueden pesar las circunstancias individuales.
¿Ha vivido por su propia cuenta un hijo expulsado, y ya no puede
hacerlo, o quiere volver al hogar principalmente porque sería una vida
más fácil? ¿Qué se puede decir acerca de su moralidad y de su actitud?
¿Introducirá 'levadura' en el hogar?—Gál. 5:9".
12 Los beneficios de ser leales a Jehová. Cooperar con la disposición
bíblica de la expulsión y evitar a los pecadores impenitentes nos
reporta beneficios. Conserva la limpieza de la congregación y nos
caracteriza como apoyadores de las elevadas normas morales de la
Biblia (1 Ped. 1:14-16). Nos protege de las influencias corruptoras
(Gál. 5:7-9). Además, da al pecador la oportunidad de beneficiarse
plenamente de la disciplina recibida, la cual puede ayudarle a
producir "fruto pacífico, a saber, justicia" (Heb. 12:11).
13 Tras escuchar un discurso en una asamblea de circuito, un cristiano
y su hermana se dieron cuenta de que tenían que hacer cambios en la
manera de tratar a su madre, quien no vivía con ellos y llevaba seis
años expulsada. Tan pronto terminó la asamblea, él la llamó y, luego
de confirmarle su amor, le explicó que ya no le hablarían a menos que
surgieran asuntos importantes de familia que los obligaran a ponerse
en contacto. Poco después, la madre empezó a asistir a las reuniones y
con el tiempo fue restablecida. Además, su esposo no creyente comenzó
a estudiar la Biblia y se bautizó.
14 Apoyar lealmente la disposición bíblica de la expulsión es una
demostración de nuestro amor a Jehová y suministra una respuesta para
el que lo desafía con escarnio (Pro. 27:11). A cambio, podemos contar
con la bendición divina. El rey David escribió lo siguiente acerca de
Jehová: "En cuanto a sus estatutos, no me desviaré de ellos. Con
alguien leal tú actuarás en lealtad" (2 Sam. 22:23, 26).
[Preguntas del estudio]
 1. ¿Qué situación puede poner a prueba la lealtad del cristiano?
 2. Según la Biblia, ¿cómo deben tratar los cristianos a los que han
sido expulsados de la congregación?
 3, 4. ¿Qué tipo de trato se prohíbe tener con personas expulsadas y
desasociadas?
 5. ¿Qué pierde la persona cuando se le expulsa?
 6. ¿Es necesario que el cristiano corte toda relación con el familiar
expulsado que vive en la misma casa? Explique.
 7. ¿Cómo cambia el trato espiritual en el hogar cuando un familiar
está expulsado?
 8. ¿Qué responsabilidad tienen los padres cristianos para con un hijo
menor expulsado que vive en el hogar?
 9. ¿Hasta qué grado ha de tener contacto el cristiano con un pariente
expulsado que vive fuera del hogar?
10, 11. ¿Qué tomará en cuenta el cristiano antes de permitir que un
pariente expulsado se mude a su hogar?
12. ¿Cuáles son algunos beneficios de la disposición bíblica de la expulsión?
13. ¿Qué cambio hizo una familia, y cuál fue el resultado?
14. ¿Por qué debemos apoyar lealmente la disposición bíblica de la expulsión?

La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a
la palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.
ISAIAS 40;8
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