jueves, 23 de diciembre de 2010

REPASO DE LA ESCUELA DEL MINISTERIO TEOCRÁTICO.-En la semana del 27 de diciembre de 2010

REPASO DE LA ESCUELA DEL MINISTERIO TEOCRÁTICO

En la semana del 27 de diciembre de 2010, el superintendente de la Escuela del Ministerio Teocrático dirigirá un repaso de veinte minutos utilizando las preguntas que aparecen a continuación. Dicho repaso se basará en las asignaciones de las semanas del 1 de noviembre al 27 de diciembre de 2010.

1. ¿Qué podemos aprender de las palabras de alabanza de los cantores levitas registradas en 1 Crónicas 16:34? [w02 15/1 pág. 11 párrs. 6, 7.]

David, rey del antiguo Israel, reconoció la bondad de Dios y buscó Su guía. “Bueno y recto es Jehová —dijo él—. Por eso él instruye a los pecadores en el camino.” (Salmo 25:8.) La enseñanza divina que recibió Israel incluía diez importantes leyes —los Diez Mandamientos—, que se escribieron en dos tablas de piedra y se guardaron en un cofre sagrado llamado arca del pacto. Cuando David hizo que se llevara el Arca a Jerusalén, la capital de Israel, los levitas entonaron una canción que decía en parte: “Den gracias a Jehová, porque él es bueno, porque hasta tiempo indefinido es su bondad amorosa” (1 Crónicas 16:34, 37-41). Debió de ser muy agradable escuchar aquellas palabras de los cantores levitas.

Durante la dedicación del templo de Jehová que construyó el hijo de David, Salomón, se resaltaron las mismas palabras de alabanza. Una vez que el arca del pacto se colocó dentro del Santísimo del templo recién construido, los levitas empezaron a alabar a Jehová “porque él es bueno, porque hasta tiempo indefinido es su bondad amorosa”. En aquella ocasión, el edificio se llenó milagrosamente de una nube que simbolizaba la gloriosa presencia de Jehová (2 Crónicas 5:13, 14). Tras la oración de dedicación de Salomón, “fuego mismo bajó de los cielos y procedió a consumir la ofrenda quemada y los sacrificios”. Al ver eso, “todos los hijos de Israel [...] inmediatamente se inclinaron rostros a tierra sobre el pavimento y se postraron y dieron gracias a Jehová, ‘porque él es bueno, porque su bondad amorosa es hasta tiempo indefinido’” (2 Crónicas 7:1-3). Finalizados los catorce días de fiesta, los israelitas regresaron a sus hogares “gozosos y sintiéndose bien en el corazón por el bien que Jehová había ejecutado para con David y para con Salomón y para con Israel su pueblo” (2 Crónicas 7:10). Arriba

2. ¿Muestran las palabras de 1 Crónicas 22:8 que las guerras de David eran incorrectas y que por eso Jehová no quiso que él le edificara una casa? Explique [it-2 pág. 909 párr. 5].

La promesa de Jehová a David. Antes del nacimiento de Salomón, Jehová le había asegurado a David que le nacería un hijo, llamado Salomón, que edificaría una casa para Su nombre. Al parecer, el nombre Jedidías (que significa “Amado de Jah”) le indicaría a David que entonces Jehová había bendecido su matrimonio con Bat-seba, y que por ello aprobaba el fruto de ese matrimonio. No obstante, al niño no se le conoció comúnmente por este nombre. El nombre Salomón (de una raíz que significa “paz”) sin duda guardaba relación con el pacto que Jehová había hecho con David, según el cual, este no realizaría el deseo de su corazón de edificar la casa para Jehová, ya que era un hombre que había derramado mucha sangre en la guerra. (1Cr 22:6-10.) Eso no significaba que las guerras de David fuesen incorrectas. Lo que sucedía era que tanto la naturaleza como el objetivo del reino típico de Jehová eran esencialmente pacíficos; sus guerras cumplían el propósito de eliminar la iniquidad y a los que se oponían a la soberanía de Jehová, extender el dominio de Israel hasta los límites que Dios había trazado y establecer la justicia y la paz. Las guerras de David lograron estos objetivos para Israel. El reinado de Salomón fue esencialmente pacífico. Arriba

3. ¿Qué sentimientos quería infundir en su hijo el rey David? (1 Cró. 28:9.) [w08 15/10 pág. 7 párr. 18.]

El rey David le dijo a su hijo Salomón: “Conoce al Dios de tu padre y sírvele con corazón completo y con alma deleitosa; porque todos los corazones Jehová los está escudriñando, y toda inclinación de los pensamientos la está discerniendo” (1 Cró. 28:9). David no quería que su hijo se limitara a creer en Jehová. Quería que apreciara el profundo interés que muestra en Sus siervos. Sin duda, ese es el aprecio que todos debemos sentir. Arriba

4. ¿Por qué fue apropiado que se usaran representaciones de toros para construir la base del mar fundido? (2 Cró. 4:2-4.) [w05 1/12 pág. 19 párr. 3; w98 15/6 pág. 16 párr. 17.]

En las Escrituras, el toro es símbolo de fuerza (Ezequiel 1:10; Revelación [Apocalipsis] 4:6, 7). Elegir este animal como representación simbólica fue muy apropiado, pues los doce toros de cobre sostenían el gran “mar”, que pesaba unas 30 toneladas. La fabricación de estas figuras no quebrantó de ningún modo el segundo mandamiento, que prohibía hacer imágenes para adorarlas (Éxodo 20:4, 5).

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¿Quiénes eran estas cuatro criaturas vivientes? Ezequiel mismo nos dice que eran querubines (Ezequiel 10:1-3, 14). ¿Por qué tenían cuatro caras? Para representar los cuatro atributos sobresalientes del Señor Soberano Jehová. La cara del águila era un símbolo de sabiduría penetrante (Job 39:27-29). ¿Qué representaba la cara del toro? Se sabe que algunos toros han elevado por los aires a un caballo y su jinete con la tremenda fuerza de su cuello y hombros. El toro es ciertamente un símbolo del poder ilimitado de Jehová. El león se usa como símbolo de la justicia valerosa. Finalmente, el rostro del hombre es una buena representación del amor de Dios, ya que el hombre es la única criatura terrestre que puede manifestar inteligentemente esta cualidad (Mateo 22:37, 39; 1 Juan 4:8). Arriba

5. ¿Contenía el arca del pacto únicamente las dos tablas de piedra, o había algo más en su interior? (2 Cró. 5:10.) [w06 15/1 pág. 31.]

Cuando se dedicó el templo de Salomón en el año 1026 antes de nuestra era, “no había nada en el Arca excepto las dos tablas que Moisés había dado en Horeb, cuando Jehová pactó con los hijos de Israel mientras iban saliendo de Egipto” (2 Crónicas 5:10). Pero no siempre había sido así.

“Al tercer mes después de haber salido los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, entraron en el desierto de Sinaí (Éxodo 19:1, 2). Luego, Moisés subió al monte Sinaí y recibió las dos tablas de piedra que contenían la Ley. Él cuenta: “Entonces me volví y descendí de la montaña y coloqué las tablas en el arca que yo había hecho, para que continuaran allí, tal como Jehová me había mandado” (Deuteronomio 10:5). Esta arca, o cofre, que Jehová le había ordenado hacer a Moisés para guardar las tablas de la Ley era provisional (Deuteronomio 10:1). El arca del pacto no estuvo lista para ser utilizada hasta prácticamente finales del año 1513 antes de nuestra era.

Poco después de su liberación de Egipto, los israelitas se quejaron de la comida, de modo que Jehová les suministró el maná (Éxodo 12:17, 18; 16:1-5). Fue entonces cuando Moisés dijo a Aarón: “Toma una jarra y pon en ella un omer completo de maná y deposítala delante de Jehová como algo que ha de guardarse durante todas las generaciones de ustedes”. El relato continúa así: “Tal como Jehová había mandado a Moisés, Aarón procedió a depositarla delante del Testimonio [es decir, el arca del testimonio, el archivo para la custodia de documentos importantes] como algo que había de guardarse” (Éxodo 16:33, 34). Aunque sin duda alguna Aarón puso maná en la jarra en aquel día, para depositarla delante del Testimonio tuvo que esperar hasta que Moisés hiciera el Arca y colocara en su interior las tablas de la Ley.

Como ya se ha dicho, el arca del pacto no se construyó sino hacia finales del año 1513. La vara de Aarón se colocó en esta Arca mucho después, tras la rebelión de Coré y sus partidarios. El apóstol Pablo mencionó “el arca del pacto [...], en la cual estaban la jarra de oro que contenía el maná y la vara de Aarón que echó botones y las tablas del pacto” (Hebreos 9:4).

Dios suministró el maná a los israelitas durante los cuarenta años que vagaron por el desierto, pero dejó de hacerlo cuando “empezaron a comer del fruto de la tierra” de promisión (Josué 5:11, 12). La vara de Aarón se colocó en el arca del pacto por una razón: como señal o testigo para la generación rebelde, lo que da a entender que la vara permaneció allí al menos durante todo el recorrido por el desierto. Por tanto, parecería lógico pensar que la vara de Aarón y la jarra de oro que contenía el maná se sacaron del arca del pacto durante el período que transcurrió entre la entrada de Israel en la Tierra Prometida y la dedicación del templo de Salomón. Arriba

6. ¿Qué quiso decir Salomón cuando le pidió a Jehová que escuchara las súplicas de cualquiera que "or[ara] hacia esta casa"? (2 Cró. 6:21, 32, 33.) [it-1 pág. 44 párr. 7.]

Durante la dedicación del templo de Jerusalén, el rey Salomón se acercó a Jehová en favor de la nación. Oró que Sus ojos resultaran estar abiertos día y noche hacia esa casa en la que Él había puesto Su nombre y que oyera las súplicas del rey, de la nación y también de los extranjeros que se unieran a Israel, de cualquiera que ‘orara hacia esa casa’. Todos podían tener acceso a Jehová, desde el rey hasta el más pequeño de la nación. (2Cr 6:19-42.) Arriba

7. ¿Qué significa la expresión "un pacto de sal" registrada en 2 Crónicas 13:5? [w05 1/12 pág. 20 párr. 2; it-2 pág. 900 párr. 1.]

En virtud de las propiedades conservantes de la sal, esta se convirtió en símbolo de permanencia e inmutabilidad; por lo tanto, “un pacto de sal” denota un acuerdo de carácter vinculante u obligatorio.

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Debido a que la sal evitaba el deterioro, llegó a ser un símbolo de estabilidad y permanencia. Cuando se hacían pactos, los pactantes solían comer juntos —incluso comían sal juntos—, lo que denotaba lealtad y fidelidad perpetuas al pacto celebrado. Por lo tanto, se entendía que un “pacto de sal” había que cumplirlo sin falta. (Nú 18:19.) De modo que la declaración del rey Abías de Judá en cuanto a que Jehová había hecho “un pacto de sal” con David y sus hijos significaba que el pacto celebrado con la línea de David para el reino permanecería para siempre. Jesucristo, el “hijo de David” y la “raíz de David”, ha llegado a ser el Rey del Reino, y seguirá administrando los asuntos de ese Reino para siempre. (2Cr 13:4, 5; Sl 18:50; Mt 1:1; Rev 5:5; Isa 9:6, 7.) Arriba

8. ¿Por qué podría aplicarse a nuestro servicio 2 Crónicas 17:9, 10? [w09 15/6 pág. 12 párr. 7.]

¿Nos esforzamos nosotros por abarcar bien todo el territorio cuando predicamos de casa en casa? Es interesante notar que en el tercer año de su reinado, Jehosafat envió a cinco príncipes, nueve levitas y dos sacerdotes para que visitaran “todas las ciudades de Judá” a fin de enseñar al pueblo las leyes divinas. Esta campaña fue tan eficaz que las naciones vecinas empezaron a sentir “pavor de Jehová” (léase 2 Crónicas 17:9, 10). Si nosotros predicamos a diferentes horas y en diferentes días, de seguro encontraremos a más personas en sus hogares y podremos hablar con distintos miembros de la misma familia. Arriba

9. ¿Cómo actuará en armonía con las palabras de 2 Crónicas 20:17 el pueblo de Dios de la actualidad? [w03 1/6 págs. 21, 22 párrs. 14-17.]

¿Qué tendremos que hacer los siervos de Dios cuando se nos ataque? Nuevamente, hallamos un modelo en la reacción de la nación típica de Dios en tiempos de Jehosafat. Observemos que los ciudadanos recibieron tres órdenes: primero, tomar su posición; segundo, estarse quietos, y tercero, ver la salvación de Jehová. ¿Cómo actuará en armonía con estas palabras el pueblo de Dios de la actualidad? (2 Crónicas 20:17.)

Tomar su posición. Sin vacilar, los siervos de Dios mantendremos nuestra posición de apoyo activo al Reino y neutralidad cristiana. Además, seguiremos “constantes” e “inmovibles” sirviendo lealmente a Jehová y alabándolo en público por su bondad amorosa (1 Corintios 15:58; Salmo 118:28, 29). No habrá presión, ni actual ni futura, que nos haga abandonar nuestra posición aprobada por Dios.

Estarse quietos. Los siervos de Jehová no trataremos de salvarnos por nuestros propios medios, sino que confiaremos plenamente en él, ya que es el único capaz de rescatarnos del caos mundial, y además ha prometido hacerlo (Isaías 43:10, 11; 54:15; Lamentaciones 3:26). Confiar en Jehová implicará confiar en el canal visible que está utilizando desde hace décadas para realizar sus propósitos. Como nunca antes, los cristianos verdaderos tendremos que confiar en nuestros consiervos que dirigen la obra con la autorización de Jehová y de su Rey reinante. Estos hombres fieles darán al pueblo de Dios instrucciones cuyo incumplimiento podría acarrearnos consecuencias desastrosas (Mateo 24:45-47; Hebreos 13:7, 17).

Ver la salvación de Jehová. El premio de la salvación se concederá a los fieles por mantener su posición de integridad cristiana y confiar en Jehová como su libertador. Hasta el último momento, y al grado que podamos, anunciaremos la llegada del día de juicio de Jehová. Toda la creación ha de saber que él es el Dios verdadero y que tiene siervos fieles en la Tierra. Nunca más será necesario permitir una larga controversia sobre la legitimidad de Su soberanía (Ezequiel 33:33; 36:23). Arriba

10. ¿Qué lección extraemos del relato del acto de altivez del rey Uzías? (2 Cró. 26:15-21.) [w99 1/12 pág. 26 párrs. 1, 2.]

El rey Uzías, hombre temeroso de Dios de la antigua Jerusalén, fue un gran comandante. Con la ayuda de Jehová, venció a sus enemigos, uno tras otro. “En consecuencia, su fama [la de Uzías] salió hasta gran distancia, porque fue ayudado maravillosamente hasta que se hizo fuerte.” Pero entonces “su corazón se hizo altivo [...] de modo que actuó infielmente contra Jehová su Dios”. Debido a la altivez, Uzías fue herido con lepra (2 Crónicas 26:15-21; Proverbios 16:18).

Ambos relatos nos enseñan que cuando las virtudes no se equilibran con sabiduría, modestia y humildad, pueden convertirse fácilmente en debilidades o desventajas. Este es un asunto serio, pues, de una forma u otra, todos tenemos ciertas virtudes, o dones, y queremos que reporten beneficios y gozo tanto a nosotros como a otras personas, sobre todo a nuestro Creador. En efecto, debemos aprovechar al máximo cualquier don que hayamos recibido de Dios, pero al mismo tiempo controlarlo para que continúe siendo una virtud valiosa. Arriba

                                        gomezburgara@hotmail.com

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