domingo, 12 de febrero de 2012

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático 2012 .- 13 de feb. Lectura de la Biblia: Isaías 52 a 5

13 de feb. Lectura de la Biblia: Isaías 52 a 57 
Núm.1: Isaías 56:1-12 
Núm.2: ¿Qué aprendemos del ejemplo de lealtad incondicional de Pedro? (Juan 6:68, 69) 
Núm.3: * ¿Aprueba la Biblia la poligamia? (rs pág. 236 párr. 2—pág. 237 párr. 2)  .
Lectura de la Biblia: Isaías 52 a 57.
*** w07 15/1 pág. 10 Puntos sobresalientes del libro de
Isaías (parte 2) ***
53:10. ¿En qué sentido se deleitó Jehová en
aplastar a su Hijo? Jehová es compasivo y bondadoso, 
así que sin duda le dolió ver sufrir a su amado Hijo. Aun 
así, se deleitó al ver que Jesús le obedeció de buena gana 
y al considerar todo lo que su sufrimiento y muerte haría 
posible (Proverbios 27:11; Isaías 63:9).
53:11. ¿Mediante qué conocimiento “traerá [el
Mesías] una posición de justos a muchas personas”?
Es el conocimiento que Jesús adquirió al venir a la Tierra 
como ser humano y sufrir injustamente hasta el extremo 
de morir (Hebreos 4:15). Así proporcionó un sacrificio 
redentor, lo cual era necesario para que los cristianos 
ungidos y la gran muchedumbre llegaran a tener una 
posición justa ante Dios (Romanos 5:19; Santiago 
2:23, 25).
56:6. ¿Quiénes son “los extranjeros”, y de qué
maneras „se asen del pacto de Jehová‟? ―Los 
extranjeros‖ son las ―otras ovejas‖ de Jesús (Juan 10:16). 
Se asen del nuevo pacto, o sea, se aferran a él, al 
obedecer las leyes ligadas a este y cooperar  con las 
disposiciones que de él dependen. Lo hacen también al 
participar del mismo alimento espiritual que los ungidos y 
al apoyarlos en la obra de predicar y hacer discípulos.
52:5, 6. Los babilonios llegaron a la conclusión 
equivocada de que el Dios verdadero era débil. No se 
dieron cuenta de que Israel cayó en la esclavitud debido a 
que había desagradado a Jehová. Cuando la calamidad 
azota al prójimo, no debemos precipitarnos a sacar 
conclusiones respecto al porqué de lo sucedido.
52:7-9; 55:12, 13. Hay al menos tres razones para que 
participemos con gozo en la obra de predicar y hacer 
discípulos. Nuestros pies son hermosos para las personas 
humildes que tienen hambre espiritual. Vemos a Jehová 
―ojo a ojo‖, es decir, disfrutamos de una estrecha relación 
con él. Y también gozamos de prosperidad espiritual.
52:11, 12. Para poder llevar ―los utensilios de Jehová‖ 
—los medios para rendir servicio sagrado—, debemos 
mantener nuestra pureza espiritual y moral.
Núm.1: Isaías 56:1-12.
Núm.2: ¿Qué aprendemos del ejemplo de lealtad incondicional de Pedro? (Juan 6:68, 69) .
*** w10 1/1 págs. 24-28 Un hombre de lealtad
incondicional ***
PEDRO miraba con preocupación las caras de quienes
escuchaban a Jesús. Se encontraban en la sinagoga de 
Capernaum, la ciudad donde vivían tanto Pedro como sus 
familiares, sus amigos y sus compañeros de trabajo. 
Su negocio de pesca también estaba allí, a orillas del mar 
de Galilea. Sin duda, Pedro deseaba  que toda aquella 
gente compartiera con él la emoción de escuchar al 
mismísimo Jesús, el mejor maestro de la historia, 
hablándoles del Reino de Dios. Sin embargo, parecía que 
las cosas no iban a salir como Pedro esperaba.
De hecho, muchos habían dejado de prestar atención. 
Algunos incluso estaban murmurando y criticando 
descaradamente el mensaje de Jesús. Pero lo que más 
inquietaba a Pedro era que algunos de los discípulos de 
Cristo tampoco parecían cómodos. Sus rostros ya 
no reflejaban la alegría de estar aprendiendo la verdad. 
Se los veía claramente molestos. Varios de ellos afirmaron 
que el discurso de Jesús era ofensivo, se negaron a seguir 
escuchando y se marcharon de allí. Es más, a partir de 
ese momento dejaron de seguir a Jesús.
A Pedro y a los demás  apóstoles también les costó 
asimilar las palabras de su Maestro. Seguramente Pedro 
se daba cuenta de que, tomadas al pie de la letra, podrían 
resultar ofensivas. ¿Qué haría él? No era la primera vez 
que se ponía a prueba su lealtad a Jesús, y tampoco sería
la última. Veamos, pues, cómo logró este hombre superar 
las pruebas de fe y mantenerse leal.
Cuando los demás no fueron leales
En realidad, fueron muchas las ocasiones en las que las 
palabras y reacciones de Jesús dejaron desconcertado a 
Pedro. El día anterior, por ejemplo, después de haber 
alimentado milagrosamente a varios miles de personas, 
intentaron nombrarlo rey, pero él no lo permitió. Luego 
ordenó a sus discípulos que subieran a una barca y se 
dirigieran a Capernaum. Esa misma noche, mientras 
navegaban, volvieron a quedarse admirados al ver a Jesús 
caminar hacia ellos sobre las aguas del mar de Galilea en 
medio de una tormenta. En aquella ocasión, también le 
enseñó a Pedro una importante lección sobre la fe.
Al amanecer se dieron cuenta de que la multitud los había 
seguido. Y ¿qué hizo Jesús? Reprendió a la gente, pues lo 
que buscaban no era aprender verdades espirituales, sino.
recibir más comida milagrosamente. En la sinagoga de 
Capernaum, Jesús continuó hablando del asunto y les 
transmitió una compleja pero importante enseñanza. Sin 
embargo, su explicación volvió a dejarlos a todos 
sorprendidos.
Jesús quería que aquellas personas cambiaran su actitud 
materialista, que comprendieran que tenían ante sí al 
enviado de Dios, quien entregaría su vida para darle a la 
humanidad la posibilidad de vivir para siempre. Para 
lograrlo, Jesús se comparó a sí mismo al maná, el pan que 
cayó del cielo en los días de Moisés. Como vio que 
algunos lo criticaban, añadió una gráfica comparación: 
explicó que para obtener la vida era necesario comer su 
carne y beber su sangre. Fue entonces cuando, como 
vimos al principio, muchos se molestaron y decidieron 
abandonarlo. Dijeron: ―Este discurso es ofensivo; ¿quién 
puede escucharlo?‖ (Juan 6:48-60, 66).
¿Reaccionó igual Pedro? Es probable que también se 
sintiera confundido, pues aún no había comprendido que 
Jesús tenía que morir para cumplir la voluntad de Dios. 
Con todo, no se marchó con aquellos discípulos tan 
susceptibles. Sin duda, había algo en lo que Pedro era 
muy diferente  a ellos. ¿Qué era? Sigamos analizando el 
relato.
Jesús les preguntó a los apóstoles: ―Ustedes no quieren 
irse también, ¿verdad?‖ (Juan 6:67). Aunque la pregunta 
iba dirigida a los doce, fue Pedro quien respondió. Solía 
ser así, no sabemos si porque tal vez era el mayor de 
todos o, sencillamente, porque era incapaz de callar lo que 
sentía. Y su respuesta fue de lo más memorable: ―Señor, 
¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna‖ 
(Juan 6:68).
¡Qué conmovedor! Es obvio que su fe en Jesús le había 
hecho cultivar una valiosa cualidad: la lealtad. Pedro tenía 
claro que Jesús era el único Salvador y que su vida 
dependía de que escuchara esas enseñanzas sobre el 
Reino de Dios. Y aunque no siempre entendiera todo lo 
que Jesús decía, no había otro modo de obtener el favor 
de Dios y recibir la vida eterna.
¿Opina usted lo mismo? Hoy día, muchas personas 
afirman que aman a Jesús pero, por desgracia, no son 
leales de verdad. Ser realmente leal a Cristo implica ver 
sus enseñanzas como las veía Pedro. Hay que esforzarse 
por aprenderlas, comprenderlas y vivirlas, aun cuando 
algunas de ellas nos sorprendan o no encajen con 
nuestras preferencias personales. La lealtad es el único 
camino para recibir la vida eterna que Jesús nos ofreció.
Cuando fue corregido
Poco después, Jesús partió con los apóstoles y otros 
discípulos en un largo viaje hacia el norte. La cumbre 
nevada del monte Hermón, ubicado en la frontera norte de 
la Tierra Prometida, podía verse desde las azules aguas 
del mar de Galilea. A medida que se acercaban, la 
montaña iba creciendo ante sus ojos, mientras subían por 
el camino que les llevaba hasta las aldeas cercanas a 
Cesarea de Filipo. Fue en ese lugar, con una inmejorable 
vista de la Tierra Prometida a sus pies, donde Jesús les 
planteó a sus discípulos una cuestión crucial.
―¿Quién dicen las muchedumbres que soy?‖, preguntó. 
Nos imaginamos a Pedro clavando su mirada en los 
bondadosos ojos de su Maestro, consciente de su 
extraordinaria inteligencia. Jesús quería averiguar a qué 
conclusión habían  llegado las personas a las que había 
hablado. Los discípulos le contaron algunos de los 
rumores que circulaban sobre su identidad. Con todo, 
Jesús deseaba indagar más, quería saber si sus 
discípulos más allegados también los habían creído. Por 
eso insistió: ―Pero ustedes, ¿quién dicen que soy?‖ (Lucas 
9:18-22).
De nuevo, Pedro no lo pensó ni un segundo antes de 
contestar. Su respuesta expresó el sentir de muchos de 
los presentes: ―Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo‖. 
Seguramente con una sonrisa, Jesús lo felicitó complacido 
y le explicó que es Jehová Dios —y no el hombre— quien 
revela esa importante verdad a sus siervos fieles. 
En efecto, Jehová le había permitido a Pedro comprender 
una de las enseñanzas divinas más importantes que se 
hayan revelado jamás: la identidad del Cristo, el Mesías 
prometido (Mateo 16:16, 17).
Las Escrituras se habían referido a Cristo como ―la piedra 
que los edificadores rechazaron‖ (Salmo 118:22; Lucas 
20:17). Teniendo presentes esta y otras profecías, Jesús 
reveló que Jehová fundaría una congregación sobre la 
piedra (o masa rocosa) que Pedro acababa de identificar. 
A continuación, le confirió a Pedro un gran honor dentro de 
dicha congregación. No le dio un puesto superior al de los 
otros apóstoles  —como algunos afirman—, sino que le 
otorgó importantes responsabilidades. El relato indica que 
le prometió ―las llaves del reino‖ (Mateo 16:19). Es decir, le 
encargó abrir las puertas de entrada al Reino de Dios 
primero a los judíos, luego a los samaritanos y, finalmente, 
a los gentiles (los no judíos).
Eso sí, Jesús advirtió posteriormente que se exigiría más 
de quienes recibieran más responsabilidades, y poco 
después, Pedro comprobó cuánta razón tenía (Lucas 
12:48). Jesús siguió explicando verdades sobre el Mesías, 
como que pronto sería torturado y asesinado en Jerusalén. 
Pero a Pedro le disgustó tanto escuchar aquello que lo 
llevó aparte y lo reprendió: ―Sé bondadoso contigo mismo, 
Señor; tú absolutamente no tendrás este destino‖ (Mateo 
16:21, 22).
Por supuesto, lo dijo con la mejor intención del mundo. Por 
eso, debió quedarse atónito cuando Jesús le dio la 
espalda y, mirando a los demás discípulos —quienes tal 
vez opinaran como Pedro—, exclamó: ―¡Ponte detrás de 
mí, Satanás! Me eres un tropiezo, porque no piensas los 
pensamientos de Dios, sino los de los hombres‖ (Mateo 
16:23; Marcos 8:32, 33). Todos podemos aprender mucho 
de la respuesta de Jesús. Admitámoslo: es muy fácil que.
nuestra mentalidad humana desplace a la espiritual. Y si 
no vigilamos nuestros comentarios, sin quererlo podríamos 
ponernos del lado de Satanás, aun cuando nuestra 
intención sea contribuir a la voluntad de Dios. Pero 
volvamos al relato de Pedro y veamos cómo reaccionó 
ante aquella reprensión.
Pedro comprendía que Cristo no estaba hablando 
literalmente cuando lo llamó ―Satanás‖. A fin de cuentas, 
cuando Jesús se dirigía al Diablo, lo hacía en otros 
términos. En cierta ocasión, por ejemplo, le dijo: ―Vete‖, 
mientras que a Pedro le dijo: ―Ponte detrás de mí‖ (Mateo 
4:10). Por tanto, no estaba rechazando a Pedro como 
apóstol, pues veía su buen corazón y su potencial; 
sencillamente estaba corrigiendo su forma de pensar. 
En otras palabras, el Maestro le estaba pidiendo que 
dejara de estorbarle el paso y que se colocara detrás de él 
para seguirlo y apoyarlo.
En lugar de ofenderse o replicarle, Pedro fue humilde y 
aceptó la corrección. ¡Cuánto podemos aprender los 
cristianos de este hombre tan leal! Todos necesitamos que 
nos corrijan de vez en cuando, pero si queremos que eso 
nos sirva para acercarnos más a Jesucristo y a su Padre, 
Jehová Dios, debemos aceptar la disciplina y aprender la 
lección (Proverbios 4:13).
Núm.3: * ¿Aprueba la Biblia la poligamia? (rs pág. 236 párr. 2—pág. 237 párr. 2).
*** rs pág. 236 - pág. 237 Matrimonio ***
¿Puede alguien practicar la poligamia si la ley de su
localidad la permite?
1 Tim. 3:2, 12: ―El superintendente por lo tanto debe ser 
irreprensible, esposo de una sola mujer [...] Que los 
siervos ministeriales sean esposos de una sola mujer.‖ (A 
estos hombres no solo se les confió cierta responsabilidad, 
sino que ellos eran también ejemplos que otros de la 
congregación cristiana habían de imitar.)
1 Cor. 7:2: ―A causa de la ocurrencia común de la 
fornicación, que cada hombre tenga su propia esposa y 
que cada mujer tenga su propio esposo.‖ (Aquí no se hace 
ninguna concesión para que alguno de ellos tuviera varios 
cónyuges.)
¿Por qué permitió Dios que Abrahán, Jacob y Salomón
tuvieran cada uno más de una esposa?
  Jehová no es el autor de la poligamia. Dio a Adán 
solamente una esposa. Más tarde, Lamec, descendiente 
de Caín, tomó para sí dos esposas (Gén. 4:19). Con el 
tiempo otros imitaron su ejemplo, y algunos tomaron como 
concubinas a esclavas. Dios toleró la práctica, y bajo la 
Ley de Moisés hasta estableció medidas para asegurar 
que se tratara debidamente a las mujeres que estuvieran 
en tal relación. Hizo esto hasta que se estableció la 
congregación cristiana, pero entonces requirió que Sus 
siervos volvieran a la norma que él mismo había instituido 
en Edén.
  En cuanto a  Abrahán, él tomó a Sarai (Sara) como 
esposa. Cuando ella tenía unos 75 años de edad y creía 
que nunca tendría un hijo,  ella pidió a su esposo que 
tuviera relaciones con la sirvienta suya para que Sarai 
pudiera tener un hijo legal mediante ella. Abrahán lo hizo, 
pero esto ocasionó graves desavenencias en su casa 
(Gén. 16:1-4). Jehová cumplió su promesa a Abrahán 
respecto a una ―descendencia‖ cuando, posteriormente, de 
manera milagrosa hizo que Sara misma llegara a estar 
embarazada (Gén. 18:9-14). No fue sino hasta después de 
la muerte de Sara cuando Abrahán tomó otra esposa. 
(Gén. 23:2; 25:1.)
  Jacob llegó a ser polígamo debido a que su suegro lo 
engañó. La poligamia no era lo que Jacob tenía presente 
cuando fue a buscar una esposa en Padán-aram. El 
registro bíblico suministra suficientes detalles acerca de la 
desdichada rivalidad entre sus esposas. (Gén. 29:18–
30:24.)
  Se sabe muy bien que Salomón tuvo muchas esposas, al 
igual que concubinas. Pero no todo el mundo está al tanto 
de que, al hacer esto, él estaba violando el mandamiento 
que Jehová había dado claramente en cuanto a que el rey 
―tampoco debe [...] multiplicarse esposas, para que no se 
desvíe su corazón‖ (Deu. 17:17). También debe notarse 
que, debido a la influencia de sus esposas extranjeras, 
Salomón se volvió a la adoración de dioses falsos y 
―empezó a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová [...] 
Y Jehová llegó a estar enojado con Salomón‖. (1 Rey. 
11:1-9.)

--
La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.  ISAIAS 40;8

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