jueves, 9 de febrero de 2012

Puntos Sobresalientes de Isaias 47 a 51

Puntos Sobresalientes de Isaias 47 a 51

1-Isaías 47:1). El término “virgen” se utiliza a menudo con relación a ciudades, lugares o pueblos. Parece ser que el sentido de este uso figurado es que los pueblos o lugares así llamados no habían sido tomados ni violados por conquistadores extranjeros, o bien que en un tiempo eran independientes como una virgen. Durante muchos años, Babilonia ha ocupado el trono de la dominación mundial. Ha sido “la decoración de reinos”, un próspero centro religioso, comercial y militar. Cuando derrota a Jerusalén, en el año 607 a.E.C., da la impresión de que ni el propio Dios puede detener su avance. Se vea a sí misma como un pueblo que nunca sufrirá invasión extranjera. La expresión hebrea “virgen hija de Babilonia” se refiere a Babilonia o a sus habitantes. Es “virgen” porque no la ha saqueado ningún conquistador desde que se convirtió en potencia mundial.

2-Isaías 47:2). En la gran tribulación los gobernantes despojarán a “Babilonia la grande“ de su ‘velo y falda amplia’, con lo que perderá todo vestigio de grandeza y dignidad. 

3-Isaías 47:8). Las religiones actuales han perpetuado muchas doctrinas de la Babilonia antigua. De ahí que resulte adecuado llamar Babilonia la Grande al imperio mundial de la religión falsa (Revelación 17:5). Ese conglomerado internacional ya ha sufrido una caída como la que experimentó aquella potencia en 539 a.E.C. (Revelación 14:8; 18:2). En 1919, el resto de los hermanos de Cristo fue liberado del cautiverio espiritual y se deshizo de la influencia religiosa de la cristiandad, que constituye un sector dominante de Babilonia la Grande. Desde entonces se ha debilitado considerablemente la fuerte influencia que ejercía la cristiandad en muchos países.
Esa caída, sin embargo, fue solo un anticipo de la destrucción final de la religión falsa. Cabe señalar que la profecía de Revelación sobre la destrucción de Babilonia la Grande recuerda las palabras proféticas de Isaías 47:8, 9. Al igual que la ciudad antigua, Babilonia la Grande dice en la actualidad: “Estoy sentada como reina, y no soy viuda, y nunca veré lamento”. Pero “en un solo día vendrán sus plagas: muerte y lamento y hambre, y será quemada por completo con fuego, porque fuerte es Jehová Dios que la juzgó”. De modo que el mensaje profético del capítulo 47 de Isaías sirve de advertencia a quienes no han cortado los vínculos con la religión falsa. Si no quieren ser destruidos junto con ella, deben obedecer el mandato de inspiración divina: “Sálganse de ella” (Revelación 18:4, 7, 8).

4-Isaías 47:9). Babilonia perdería de súbito la supremacía como potencia mundial. En las tierras orientales de la antigüedad, enviudar y perder hijos eran las peores desgracias que podían sobrevenirle a una mujer. No sabemos cuántos “hijos” pierdío Babilonia en la noche de su caída. En su debido momento, sin embargo, la ciudad quedó totalmente abandonada (Jeremías 51:29). También enviudó, en el sentido de que sus reyes fueron destronados.

5-Isaías 47:11). Ni sus dioses ni los ‘encantamientos’ de sus espiritistas evitarán la calamidad que se le avecina a “Babilonia la grande”, y al entero sistema de cosas de Satanás el Diablo, no se parecerá a nada que haya experimentado antes.

6-Isaías 47:12-15). Jehová reta a Babilonia a ‘quedarse quieta’, o en otras palabras, a que no se reforme y que siga confiando en las artes mágicas. Después de todo, la nación se ha afanado en la práctica del ocultismo desde su “juventud”.La nación presenciará el fracaso rotundo de sus consejeros.
La profecía nos previene en particular contra las prácticas espiritistas, y más concretamente contra la astrología (Gálatas 5:20, 21). Cuando cayó Babilonia, este arte adivinatorio no perdió su popularidad. Aun así, esta sigue teniendo gran aceptación, como lo indica el hecho de que muchos periódicos publiquen una sección de horóscopos.
¿Qué impulsa a tantas personas muchas de ellas cultas a consultar las estrellas o participar en otras actividades ilógicas y supersticiosas? The World Book Encyclopedia dice: “Mientras los seres humanos se teman unos a otros y sientan incertidumbre respecto al futuro, lo más probable es que las supersticiones sigan formando parte de la vida”. El temor y la incertidumbre llevan a algunos a refugiarse en las supersticiones. Los cristianos, en cambio, las evitan. Ellos no temen al hombre, pues se apoyan en Jehová (Salmo 6:4-10). Ni tampoco se sienten inseguros respecto al mañana, pues conocen los propósitos revelados de Jehová y están convencidos de que “hasta tiempo indefinido el mismísimo consejo de Jehová subsistirá” (Salmo 33:11). Si armonizamos nuestra vida con Su consejo, tendremos asegurado un futuro largo y feliz.
En los últimos años, algunos han intentado conocer el porvenir por medios más “científicos”. Existe incluso una disciplina llamada futurología, que se define como “conjunto de los estudios que se proponen predecir científicamente el futuro del hombre”. Por ejemplo, en 1972, un grupo de académicos y empresarios conocido como el Club de Roma predijo que en 1992 se habrían agotado las reservas mundiales de oro, mercurio, cinc y petróleo. Pues bien, aunque el mundo se ha enfrentado a problemas terribles desde 1972, el vaticinio no se ha cumplido en modo alguno. La Tierra sigue disponiendo de tales reservas. En realidad, pese a todos los afanes del hombre por anunciar el futuro de antemano, sus predicciones nunca son confiables. Es indudable que “los razonamientos de los sabios son vanos” (1 Corintios 3:20).

7-Isaías 48:1, 2). ¡Qué hipócritas! Antes del exilio en Babilonia, los judíos rendían culto a Jehová en “la ciudad santa”, Jerusalén, pero no lo hacían con sinceridad. Su corazón estaba muy alejado de Dios, y sus actos de adoración no eran ‘en verdad ni en justicia’. No tenían la fe de los patriarcas (Malaquías 3:7).
Las palabras de Jehová nos recuerdan que no se le debe adorar de forma rutinaria, sino de corazón. Un simple servicio de muestra, cuyo único objetivo tal vez sea agradar o impresionar a los demás, no constituye “hechos de devoción piadosa” (2 Pedro 3:11). El que alguien se llame a sí mismo cristiano no hace que su adoración sea aceptable a Dios (2 Timoteo 3:5). Reconocer que Jehová existe es vital, pero es solo el inicio. Él desea que lo adoremos de toda alma, movidos por un amor y un agradecimiento profundos (Colosenses 3:23).

8-Isaías 48:3). “Las primeras cosas” son actos que Dios ya ha realizado; por ejemplo, liberar a los israelitas de Egipto y entregarles en herencia la Tierra Prometida (Génesis 13:14, 15; 15:13, 14). Tales predicciones salen de la boca de Dios; son de origen divino. Él hace que los hombres oigan sus decretos, y lo que estos oyen debería inducirlos a ser obedientes (Deuteronomio 28:15). Jehová actúa de repente para cumplir lo que ha predicho. El hecho de que sea el Todopoderoso garantiza la realización de su propósito (Josué 21:45; 23:14).

9-Isaías 48:4).Se dijo en un sentido figurado que los israelitas tenían una cerviz como “un tendón de hierro”, dando a entender que eran rígidos, testarudos y de dura cerviz. Al igual que los metales, los judíos no ceden fácilmente, son obstinados, y esa es una de las razones por las que Jehová revela los sucesos antes de que ocurran. Jehová declaró que la frente de Israel era de cobre debido a su grado de terquedad y rebeldía.

10-Isaías 48:12, 13). A diferencia del hombre, Dios es eterno y no cambia (Malaquías 3:6). Antes de Jehová no existía ningún Dios todopoderoso y después de él tampoco lo habrá. Él es el Supremo y el Eterno, el Creador. Su “mano” su poder en acción fundó la Tierra y tendió los cielos estrellados (Job 38:4; Salmo 102:25). Cuando llama a sus creaciones, estas se aprestan a servirle (Salmo 147:4).
11-Isaías 48:14, 15). Jehová es el único que tiene poder ilimitado, así como la facultad de predecir el futuro con precisión. Ninguno de “ellos”, los ídolos inútiles, puede anunciar estas cosas. Es Jehová, y no algún ídolo, quien “ha amado” a Ciro, en el sentido de que lo ha escogido para un fin determinado (Isaías 41:2; 44:28; 45:1, 13; 46:11). Es Él quien ha previsto su aparición en la escena mundial y lo ha designado futuro conquistador de Babilonia.
12-Isaías 48:16a). Las predicciones de Jehová no se han comunicado en secreto o solo a unos cuantos iniciados. Sus profetas transmitieron el mensaje divino sin ambages (Isaías 61:1). Declararon en público Su voluntad. Por ejemplo, los sucesos relacionados con Ciro no fueron nada nuevo para Dios, ya que unos doscientos años antes los había predicho abiertamente por medio de Isaías.
Tampoco hoy en día mantiene Jehová sus propósitos en secreto. Millones de personas de cientos de países e islas proclaman de casa en casa, en las calles y en todo lugar donde les es posible, la advertencia de que se aproxima el fin de este sistema de cosas, así como las buenas nuevas de las bendiciones que traerá el Reino de Dios. Jehová es verdaderamente un Dios que da a conocer sus propósitos.
13-Isaías 48:16b, 17). Esta expresión amorosa del interés de Dios debería convencer a los israelitas de que Él los liberará de Babilonia. Jehová es su Recomprador, y desea de todo corazón que restablezcan su relación con él y presten atención a sus mandamientos. La adoración verdadera se basa en la obediencia a los preceptos divinos. Isaías pone de relieve que Jehová nos enseña para nuestro beneficio. Es esencial, pues, que prestemos cuidadosa atención a Sus justos decretos (Revelación 15:2-4). Tener siempre presente que es un Dios de sabiduría y amor nos ayudará a actuar en armonía con lo que él dice que debe hacerse. Todos sus mandamientos son, efectivamente, para nuestro bien. 
14-Isaías 48:18). Jehová expresa de forma hermosa su deseo de que el pueblo evite la calamidad y disfrute de la vida: “¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río, y tu justicia como las olas del mar”¡Qué exhortación tan sincera les dirige el Creador todopoderoso! (Deuteronomio 5:29; Salmo 81:13.) En lugar de ir al destierro, los israelitas tienen la oportunidad de disfrutar de una paz tan abundante como el agua de un río (Salmo 119:165). Sus actos de justicia podrían ser tan innumerables como las olas del mar (Amós 5:24). Jehová, que realmente se interesa por ellos, les muestra amorosamente el camino correcto y los exhorta a andar por él. ¡Cuánto le gustaría que lo escucharan!

15-Isaías 48:19). Dios recuerda al pueblo Su promesa de que la descendencia de Abrahán se multiplicaría “como las estrellas de los cielos y como los granos de arena que hay en la orilla del mar” (Génesis 22:17; 32:12). No obstante, estos descendientes del patriarca han sido rebeldes, por lo que no tienen derecho a recibir el cumplimiento de la promesa. De hecho, su historial es tan deplorable que, con arreglo a la Ley divina, como nación merecen que se corte su nombre (Deuteronomio 28:45). Aun así, Jehová no desea aniquilar a su pueblo ni abandonarlo por completo.
Los principios contenidos en este impactante pasaje son aplicables a todos los adoradores de Jehová de la actualidad. Como Fuente de la vida, él sabe mejor que nadie cómo debemos usar nuestra existencia (Salmo 36:9). Si nos ha dado directrices, no es para privarnos de felicidad, sino para que nos beneficiemos. Por consiguiente, los cristianos verdaderos buscan la guía de Jehová (Miqueas 4:2). Sus normas protegen nuestra espiritualidad y nuestra relación con él, y nos amparan de la influencia corruptora de Satanás. Cuando percibimos los principios que subyacen tras las leyes divinas, vemos que Jehová nos enseña para nuestro bien y que “sus mandamientos no son gravosos”. Además, si los obedecemos, no seremos cortados (1 Juan 2:17; 5:3).

16-Isaías 48:20, 21,) Jehová insta proféticamente a su pueblo a salir de Babilonia sin demora. Las noticias de su redención deben llegar hasta los confines del mundo. Cuando los israelitas atravesaron el desierto, tras su partida de Egipto, Jehová satisfizo sus necesidades, y lo mismo hará con su pueblo en el camino de regreso a su tierra desde Babilonia (Deuteronomio 8:15, 16). 
En el año 537 a.E.C., los israelitas fieles se alegraron muchísimo cuando pudieron salir de Babilonia. De igual modo, en 1919, los siervos de Dios se regocijaron al ser liberados del cautiverio babilónico (Revelación 11:11, 12). Llenos de esperanza, se valieron de la oportunidad para ampliar sus actividades. Es cierto que aquel pequeño grupo de cristianos necesitó valor para aprovechar las posibilidades que se les abrían de predicar las buenas nuevas en un mundo hostil, pero, con la ayuda de Jehová, pusieron manos a la obra. Y la historia da testimonio de que él los bendijo.
17-Isaías 48:22.) Hay otro principio fundamental que los siervos de Jehová deben tener presente con respecto a Sus actos salvadores. Los que aman la justicia tal vez sufran a causa de sus pecados, pero no serán destruidos. Sin embargo, en el caso de los injustos será diferente, los pecadores impenitentes no recibirán la paz que Dios ha reservado para quienes lo aman. Los actos de salvación no están destinados a los malvados incorregibles ni los incrédulos, sino solo a los que tienen fe (Tito 1:15, 16; Revelación 22:14, 15). La paz de Dios no es posesión de los inicuos.

18-Isaías 49:1). El Mesías cuenta con la buena voluntad de Dios, es decir, con su aprobación. Jehová le confiere la autoridad y las credenciales necesarias para cumplir con su cometido. Es propio, pues, que el futuro Mesías proclame: El Mesías dirige sus palabras a pueblos “lejanos”, pues si bien es verdad que su llegada se ha prometido a los judíos, su ministerio servirá para bendecir a todas las naciones (Mateo 25:31-33). Aunque no tengan ningún pacto con Jehová, las “islas” y los “grupos nacionales” deben escuchar al Mesías de Israel, ya que se le envía para salvar a toda la humanidad. 
La profecía indica que Jehová dará nombre al Mesías antes de que nazca como hombre (Mateo 1:21; Lucas 1:31). Cuando aún falta mucho para ese acontecimiento, se le denomina “Maravilloso Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Emmanuel, probablemente el nombre de un hijo de Isaías, también resulta ser una designación profética del Mesías (Isaías 7:14; Mateo 1:21-23). E incluso se predice antes de su nacimiento el nombre por el que será conocido: Jesús (Lucas 1:30, 31). Este vocablo procede del término hebreo que significa “Jehová Es Salvación”. Es patente que no se trata de un Cristo autoproclamado.

19-Isaías 49:2). En el año 29 de nuestra era, cuando llega la hora de que Jesús el Mesías de Jehová inicie su ministerio terrestre, sus palabras y acciones realmente son como armas agudas y pulidas, capaces de penetrar en el corazón de sus oyentes (Lucas 4:31, 32). Provocan la ira del gran enemigo de Jehová, Satanás, y de sus agentes. El Diablo se propone asesinar a Jesús desde que este nace, pero él puede confiar en la protección de su Padre, como si fuera una flecha escondida en la misma aljaba de Dios (Salmo 91:1; Lucas 1:35). 
En el momento señalado entrega su vida en favor de la humanidad. Sin embargo, vendrá el día en que avanzará como poderoso guerrero celestial, armado, en un sentido muy distinto, con una espada aguda que saldrá de su boca y que en este caso representa su autoridad para dictar y ejecutar sentencia contra los enemigos de Jehová (Revelación [Apocalipsis] 1:16).

20-Isaías 49:3). Jehová se refiere al pueblo de Israel y lo llama su siervo (Isaías 41:8). No obstante, el principal Siervo de Dios es Cristo (Hechos 3:13). Ninguna otra criatura refleja como él la “hermosura” divina. De modo que estas palabras, pese a dirigirse en sentido literal a Israel, tienen su verdadera aplicación en Jesús (Juan 14:9; Colosenses 1:15).

21-Isaías 49:4-5). Jesús sufre el desprecio y el rechazo de la mayoría de su propio pueblo. La nación de Israel en general no lo recibe como el Siervo ungido de Dios (Juan 1:11). Sus contemporáneos quizá consideren de escaso valor, todo lo que él logra durante su vida en la Tierra. En alusión a este aparente fracaso en su ministerio, el Mesías dice: “Para nada he trabajado con afán. Para irrealidad y vanidad he agotado mi propio poder” .Tales afirmaciones no son fruto del desánimo, pues a continuación señala: “Verdaderamente mi juicio está con Jehová, y mi salario con mi Dios”. El juez de los logros del Mesías es Dios, no los hombres.
El objetivo primordial de Jesús es obtener la aprobación de Dios, su buena voluntad. El propósito de su venida es volver los corazones de los hijos de Israel a su Padre celestial. La mayoría no responde, pero algunos sí. Sin embargo, el verdadero salario del Mesías procede de Jehová Dios. Su éxito no se mide según criterios humanos, sino de acuerdo con las normas divinas.
Es posible que los discípulos de Jesús de hoy día se sientan a veces desalentados, como si se afanaran para nada. En algunos lugares, los resultados tal vez parezcan insignificantes en comparación con el trabajo y esfuerzo invertido. Aun así perseveran en la obra, animados por el ejemplo de Jesús y fortalecidos con esta exhortación del apóstol Pablo: “Por consiguiente, amados hermanos míos, háganse constantes, inmovibles, siempre teniendo mucho que hacer en la obra del Señor, sabiendo que su labor no es en vano en lo relacionado con el Señor” (1 Corintios 15:58).
22-Isaías 49:6). Puesto que el ministerio terrestre de Jesús se limita a Israel, ¿cómo es posible que ilumine a los pueblos “hasta la extremidad de la tierra”? La Biblia muestra que la “luz [de Dios] a las naciones” no se apagaría una vez que Jesús abandonara la escena terrestre. Unos quince años después de la muerte del Mesías, Pablo y Bernabé aplicaron la profecía de Isaías 49:6 a los discípulos y hermanos espirituales de Cristo, pues dijeron: “Jehová nos ha impuesto el mandamiento con estas palabras: ‘Te he nombrado como luz de naciones, para que seas una salvación hasta la extremidad de la tierra’” (Hechos 13:47). Antes de morir, Pablo pudo afirmar que las buenas nuevas de salvación no solo se habían proclamado a los judíos, sino a “toda la creación que está bajo el cielo” (Colosenses 1:6, 23). En nuestros días, el resto de hermanos ungidos de Cristo sigue efectuando esta obra. Con el respaldo de “una gran muchedumbre” de millones de personas, constituye una “luz a las naciones” en más de doscientos treinta países (Revelación 7:9).
23-Isaías 49:8-12)¿Cuándo transcurre ese tiempo de buena voluntad? En un principio, estas palabras eran parte de una profecía de restauración que predijo el retorno de los judíos exiliados. La nación de Israel disfrutó de una época de buena voluntad cuando se le permitió “rehabilitar la tierra” y recuperar sus “posesiones hereditarias desoladas” (Isaías 49:8b). Dejaron de ser “prisioneros” en Babilonia. En el viaje de regreso a casa, Jehová se encargó de que no padecieran “hambre” ni “sed”, y de que no los consumiera ningún “calor abrasador ni sol”. Los israelitas dispersos se reunieron en su tierra natal procedentes “de lejos, [...] del norte y del oeste” . La Biblia indica que este espectacular cumplimiento inicial de la profecía no sería el único.
En primer lugar, con ocasión del nacimiento de Jesús, los ángeles proclamaron la paz y la buena voluntad es decir, el favor de Dios para con los hombres (Lucas 2:13, 14). Dicha buena voluntad no se ofreció a la humanidad en general, sino solo a quienes ejercieran fe en Jesús. Posteriormente, este leyó en público la profecía de Isaías 61:1, 2 y la aplicó a sí mismo en calidad de proclamador del “año acepto de Jehová” (Lucas 4:17-21). El apóstol Pablo dijo que Dios protegió de un modo especial a Cristo “en los días de su carne” (Hebreos 5:7-9). De modo que este tiempo de buena voluntad corresponde al de la vida humana de Jesús, durante la cual disfrutó del favor divino.
La profecía tiene aún otro cumplimiento. Tras citar el pasaje de Isaías referente al tiempo de buena voluntad, Pablo pasó a decir: “¡Miren! Ahora es el tiempo especialmente acepto. ¡Miren! Ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6:2). El apóstol escribió estas declaraciones veintidós años después de la muerte de Jesús. Parece, pues, que en Pentecostés de 33 E.C., cuando nació la congregación cristiana, Jehová prolongó su año de buena voluntad para que alcanzara a los seguidores ungidos de Cristo. 
Los discípulos de Jesús actuales que no han sido ungidos para heredar el Reino celestial de Dios se benefician de este tiempo acepto. El libro bíblico de Revelación indica que vivimos en un tiempo de buena voluntad para con la gran muchedumbre, la cual “[saldrá] de la gran tribulación” y disfrutará de la vida en un paraíso terrestre (Revelación 7:13-17). Por tanto, todos los cristianos pueden aprovechar este período limitado en el que Jehová ofrece su buena voluntad a los seres humanos imperfectos.
24-Isaías 49:15,16). ¡Qué amorosa respuesta! Dios siente por su pueblo un amor más intenso que el de una madre por su hijo. Nunca deja de pensar en sus leales, pues los recuerda como si tuviera sus nombres grabados en las manos. Pablo exhortó a los cristianos: “No desistamos de hacer lo que es excelente, porque al debido tiempo segaremos si no nos cansamos” (Gálatas 6:9). Y a los hebreos les escribió estas alentadoras palabras: “Dios no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre” (Hebreos 6:10). Nunca pensemos que Jehová se ha olvidado de su pueblo. Al igual que la antigua Sión, los cristianos tienen sobrada razón para regocijarse y esperar en Jehová con paciencia, pues él cumple sin falta los términos y promesas de su pacto.

25-Isaías 49:25b). La buena voluntad de Dios para con su pueblo va acompañada del firme compromiso de protegerlo. En términos muy claros, en Zacarías 2:8, Jehová le dice a su nación: “El que los toca a ustedes está tocando el globo de mi ojo”. Aunque es cierto que ahora disfrutamos de un tiempo de buena voluntad, en el que los pueblos de toda la Tierra disponen de la oportunidad de afluir a la Sión espiritual, tal período llegará a su fin.

26-Isaías 50:1). Judá no puede culpar a nadie más que a sí misma, ni afirmar que su destrucción se deba a que Jehová la haya traicionado o haya faltado a su alianza con la nación. El Creador no viola los pactos que establece. Subrayando este hecho, pregunta a los judíos: “¿Dónde, pues, está el certificado de divorcio de la madre de ustedes, a la cual yo despedí?” La Ley mosaica estipula que el hombre que se divorcie le dé un certificado a su esposa, lo que la deja libre para volver a casarse (Deuteronomio 24:1, 2). En sentido figurado, Jehová no ha extendido tal documento a Judá, sino solo a la hermana de esta, el reino de Israel. Por lo tanto, todavía es su “dueño marital” (Jeremías 3:8, 14). Judá no está libre, ni mucho menos, para comprometerse con naciones paganas. Dios mantendrá su relación con ella “hasta que venga Siló”, el Mesías (Génesis 49:10).
2Los judíos no partirán al cautiverio en Babilonia para pagar una deuda que Jehová haya contraído, como si él se asemejara a un israelita pobre que tuviese que vender sus hijos a algún acreedor para saldar las cuentas (Éxodo 21:7). Jehová indica la verdadera razón por la que su pueblo acabará esclavizado, son los judíos quienes han dejado a Dios, y no al revés.

27-Isaías 50:4). Antes de venir a la Tierra, Jesús trabajó al lado de su Padre en los cielos. Proverbios 8:30 alude poéticamente a la afectuosa relación que existe entre el Padre y el Hijo: “Llegué a estar [...] [al lado de Jehová] como un obrero maestro, [...] Ya en la Tierra, responde “al cansado con una palabra”. Comienza su ministerio leyendo un alentador pasaje de la profecía de Isaías: “El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres, [...] para despachar a los quebrantados con una liberación” (Lucas 4:18; Isaías 61:1). ¡Buenas nuevas para los pobres! ¡Alivio para los cansados! 
Quienes desean aprender más y aceptan con gusto la afectuosa invitación de Jesús: “Vengan a mí, todos los que se afanan y están cargados, y yo los refrescaré. Tomen sobre sí mi yugo y aprendan de mí, porque soy de genio apacible y humilde de corazón, y hallarán refrigerio para sus almas” (Mateo 11:28, 29). Entre los que se acercan a él, se encuentran sus futuros apóstoles, quienes saben que aceptar el yugo de Jesús supone trabajar arduamente. Implica, entre otras cosas, predicar las buenas nuevas del Reino hasta los confines de la Tierra (Mateo 24:14). Al entregarse a esta labor, tanto ellos como los demás discípulos comprueban que de verdad les refresca el alma. Los cristianos fieles de hoy llevan a cabo esa misma obra y hallan un gozo similar.

28-Isaías 50:5). Siempre obedece a Dios, y, de hecho, llega a decir: “El Hijo no puede hacer ni una sola cosa por su propia iniciativa, sino únicamente lo que ve hacer al Padre” (Juan 5:19). Tras su existencia prehumana, en la que ha colaborado con Él tal vez durante miles de millones de años, viene a la Tierra y sigue acatando Sus directrices. Cuánto más nosotros, discípulos imperfectos de Cristo, debemos cuidar de hacer lo que Jehová manda.

29-Isaías 50:7). Frente a Pilato, Jesús no suplica que le perdone la vida, sino que mantiene una serena dignidad, consciente de que debe morir para que se cumplan las Escrituras. Cuando el gobernador romano le dice que el tiene el poder que le permiten condenarlo a muerte o ponerlo en libertad, él replica sin temor: “No tendrías autoridad alguna contra mí a menos que te hubiera sido concedida de arriba” (Juan 19:11). Los soldados de Pilato le dispensan un trato inhumano, pero no consiguen avergonzarlo. ¿Por qué debería sentir vergüenza? No está recibiendo el justo castigo por alguna transgresión, sino que sufre por causa de la justicia. En este particular, se cumplen las palabras proféticas de Isaías.

30-Isaías 51:1,). La expresión ‘sigan tras la justicia’ implica actuar no se limita a afirmar que son siervos de Dios, sino que se afanarán por ser justos y hacer la voluntad divina (Salmo 34:15; Proverbios 21:21). Verán en Jehová la única Fuente de justicia, y ‘procurarán hallarlo’ (Salmo 11:7; 145:17). No es que hayan olvidado quién es, o cómo elevarle sus oraciones. Más bien, que se esforzarán por acercarse a él, adorarlo, orarle y procurar su dirección en todos sus pasos.
31-Isaías 51:1b,2). “La roca” de la que fueron labrados los judíos es Abrahán, personaje histórico del que se enorgullece la nación (Mateo 3:9; Juan 8:33, 39). Él es su progenitor, su antecesor humano. El “hueco del hoyo” es Sara, de cuyo seno salió Isaac, antepasado de Israel. 
Abrahán y Sara no tenían descendencia, y ya se les había pasado la edad fértil. Pese a ello, Jehová prometió bendecir al patriarca y “hacer que fuera muchos” (Génesis 17:1-6, 15-17). Dios restableció la capacidad reproductora de ambos, de modo que en la vejez engendraron un hijo, del cual descendió el pueblo del pacto divino. De este modo, hizo de aquel hombre el padre de una gran nación cuyos habitantes llegaron a ser innumerables, como las estrellas del cielo (Génesis 15:5; Hechos 7:5). Por consiguiente, si Dios pudo tomar a Abrahán de una región distante y convertirlo en una nación poderosa, de seguro podrá llevar a cabo su promesa de liberar a un resto fiel del cautiverio en Babilonia, devolverlo a su tierra natal y hacer que de nuevo sea una gran nación. Si en el caso de Abrahán cumplió su palabra, lo mismo ocurrirá en el de los judíos cautivos.
Abrahán es un tipo profético de Jehová, el Abrahán Mayor. Su esposa, Sara, constituye una prefiguración idónea de la organización celestial de criaturas espirituales, a la que se representa en las Santas Escrituras con el símbolo de la esposa, o mujer, de Dios (Génesis 3:15; Revelación [Apocalipsis] 12:1, 5). En el cumplimiento final de estas palabras de Isaías, la nación que surge de “la roca” es “el Israel de Dios”, es decir, la congregación de cristianos ungidos por espíritu, que nació en Pentecostés del año 33 de nuestra era. Como ya se ha mostrado en capítulos anteriores, aquella nación atravesó una etapa de cautiverio babilónico en 1918, pero en 1919 fue restaurada a un estado de prosperidad espiritual (Gálatas 3:26-29; 4:28; 6:16)

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