miércoles, 15 de febrero de 2012

Puntos sobresalientes de Isaías 52-57

Puntos sobresalientes de Isaías 52-57 
*** ip-2 págs. 180-274 ***
1-Isaias 52:1,2) Por haber incurrido sus habitantes en la ira divina, Jerusalén ha yacido desolada setenta años. Ya es hora de que despierte de su prolongada inactividad y se vista con las hermosas prendas de la libertad. Jehová ha movido el corazón de Ciro para que libere, y junto con su prole, salgan de Babilonia, regresen a su ciudad y restablezcan la adoración verdadera. 
Estas palabras de Isaías se cumplen tambien en la congregación de cristianos ungidos. De ella puede decirse que es la moderna “hija de Sión”, ya que su madre es “la Jerusalén de arriba”. Una vez liberados de las enseñanzas paganas y doctrinas apóstatas, los ungidos deben mantenerse puros ante Jehová, circuncidándose en el corazón (Jeremías 31:33; Romanos 2:25-29). Ello supone preservar su pureza espiritual, mental y moral (1 Corintios 7:19; Efesios 2:3).
“La Jerusalén de arriba” nunca ha desobedecido a Jehová, sus representantes en la Tierra (los cristianos ungidos) quebrantaron de manera involuntaria la ley de Dios durante la I Guerra Mundial por no entender debidamente en qué consiste la auténtica neutralidad cristiana. Al perder el favor divino, cayeron cautivos de “Babilonia la Grande”, el imperio mundial de la religión falsa (Revelación 17:5). Tal esclavitud alcanzó su punto culminante en junio de 1918, con el encarcelamiento de ocho miembros de la Sociedad Watch Tower por conspiración y otras acusaciones falsas. En ese momento, la predicación organizada de las buenas nuevas se detuvo casi por completo. En 1919, sin embargo, se emitió una resonante llamada a la vigilia espiritual, de modo que los cristianos ungidos comenzaron a separarse de forma más plena de la inmundicia moral y espiritual de Babilonia la Grande. Se levantaron del polvo de la cautividad, y “la Jerusalén de arriba” se revistió con el esplendor de una “ciudad santa” en la que no se tolera la impureza espiritual.

2-Isaías 52:3). Tanto en 537 a.E.C. como en 1919 E.C., Jehová tenía perfecto derecho a liberar a su pueblo. Ni la Babilonia antigua ni Babilonia la Grande pagaron nada cuando esclavizaron al pueblo del pacto divino. Puesto que no hubo ninguna transacción monetaria, Jehová todavía era el Dueño legítimo de su nación. ¿Debería sentirse en deuda con alguien? Claro que no. En ambos casos podía recomprar en justicia a sus adoradores sin entregar compensación alguna a quienes los apresaban (Isaías 45:13).

3-Isaías 52:4). El Faraón de Egipto esclavizó a los israelitas, a quienes se había invitado a residir como huéspedes en el país, y Jehová lo ahogó junto con su ejército en el mar Rojo (Éxodo 1:11-14; 14:27, 28). Cuando el rey Senaquerib de Asiria amenazó a Jerusalén, el ángel de Jehová abatió a 185.000 de sus soldados (Isaías 37:33-37). Del mismo modo, ni la Babilonia antigua ni Babilonia la Grande pueden evitar las consecuencias de haber oprimido al pueblo de Dios.
4-Isaías 52:5, 6) Desde que la apostasía echó raíces entre los supuestos cristianos, “el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones a causa de” ellos. Por otro lado, la superstición llevó a los judíos a evitar el empleo del nombre divino. Los cristianos apóstatas siguieron su ejemplo, y poco después de morir los apóstoles, también dejaron de utilizarlo. De tal apostasía brotó una parte sobresaliente de Babilonia la Grande: la cristiandad, cuya inmoralidad desenfrenada y descarado derramamiento de sangre ha desacreditado el nombre de Jehová. 
El pueblo del pacto divino comprendió mejor los requisitos de Jehová cuando el Ciro Mayor, Jesucristo, lo liberó del cautiverio de Babilonia la Grande en 1919. Ya se habían purificado de muchas enseñanzas de la cristiandad arraigadas en el paganismo precristiano, como la Trinidad, la inmortalidad del alma y el tormento eterno en un infierno ardiente; pero en ese momento se propusieron desprenderse de todo vestigio de influencia babilónica. Entendieron asimismo la importancia de mantener estricta neutralidad respecto a las facciones del mundo, y desearon incluso purificarse de toda culpa de sangre en la que hubieran incurrido algunos de ellos... Los siervos de Dios de nuestra época también adquirieron una comprensión más profunda de la importancia del nombre divino. Al adoptar la denominación de testigos de Jehová en 1931, anunciaron públicamente que apoyaban al Creador y su nombre. Además, desde 1950, mediante la publicación de la Traducción del Nuevo Mundo, han restituido el nombre de Jehová al lugar que en justicia merece en las páginas de la Biblia. En efecto, lo han llegado a apreciar y lo están dando a conocer hasta los cabos de la Tierra.

5-Isaías 52:7). Se puede decir que el Dios de Sión ha llegado a ser rey, aunque Jehová ha sido siempre el “Rey de la eternidad” (Revelación 15:3). Pero la exclamación: “¡Tu Dios ha llegado a ser rey!” resulta apropiada, ya que la caída de Babilonia y el edicto real en 537 a.E.C. que permite la reedificación del templo de Jerusalén y la restauración de la adoración pura en él, constituyen una nueva expresión del reinado de Jehová (Salmo 97:1). Para el 1919 en una asamblea celebrada ese año en Cedar Point (Ohio), J. F. Rutherford, presidente de la Sociedad Watch Tower, entusiasmó a sus oyentes con la conferencia intitulada “Discurso a los colaboradores”. Basándose en Isaías 52:7 y Revelación 15:2, animó a los asistentes a emprender la tarea de predicar. Así, ‘pies hermosos’ comenzaron a aparecer sobre “las montañas”. Primero los cristianos ungidos, y más tarde sus compañeros de las “otras ovejas”, participaron con celo en la proclamación de las buenas nuevas de que Jehová había llegado a ser Rey (Juan 10:16). ¿En qué sentido había llegado a serlo? En 1914 llevó a cabo una nueva expresión de su reinado elevando a su Hijo, Jesucristo, al trono del Reino celestial recién establecido. Luego, en 1919, volvió a manifestar su soberanía, esta vez al liberar de Babilonia la Grande al “Israel de Dios” (Gálatas 6:16; Salmo 47:8; Revelación 11:15, 17; 19:6).
6-Isaías 52:8). En el cumplimiento moderno, la clase del atalaya, es “el esclavo fiel y discreto”, que no solo dirige su voz a los miembros de la organización visible de Dios, sino también a quienes no lo son (Mateo 24:45-47). En 1919 se emitió una llamada para reunir a los restantes de los ungidos, llamada que cobró fuerza en 1922, en la asamblea de Cedar Point (Ohio), con la exhortación “anuncien, anuncien, anuncien al Rey y su reino”. Desde 1935, la atención se ha centrado en recoger a una gran muchedumbre de personas mansas como ovejas (Revelación 7:9, 10). En estos últimos años, el anuncio del reinado de Jehová ha resonado con más intensidad aún. Lo proclaman unos siete millones de cristianos en más de doscientos treinta países y territorios. Además, la revista La Atalaya, el órgano principal de la clase del atalaya, difunde el gozoso mensaje en más de ciento treinta idiomas. La participación en esta obra unificadora exige humildad y amor fraternal. Para que la llamada resulte eficaz, todos debemos predicar el mismo mensaje, un mensaje que proclama el nombre de Jehová, su provisión del rescate, su sabiduría, su amor y su Reino. Al trabajar hombro a hombro en todo el mundo, los cristianos fortalecemos nuestros lazos personales con Dios, lo que nos permite anunciar al unísono las alegres noticias.
7-Isaías 52:11, 12). Los israelitas que emprendan la marcha desde Babilonia deberán dejar atrás cuanto esté manchado con la babilónica adoración falsa. Dado que portarán los utensilios de Jehová procedentes del templo de Jerusalén, han de ser puros, no solo en sentido externo, o ceremonial, sino sobre todo de corazón. Por otra parte, Jehová irá delante de ellos, así que no habrá razón para que sientan pánico ni para que corran frenéticamente como si tuvieran perseguidores sanguinarios pisándoles los talones. El Dios de Israel será su retaguardia.
Estas palabras se cumplieron de modo especial cuando los discípulos ungidos de Jesús huyeron en 1919 de Babilonia la Grande y fueron limpiándose de todo vestigio de la adoración falsa (Isaías 8:19, 20; Romanos 15:4). También comprendieron cada vez mejor la importancia de la pureza moral. Si bien los testigos de Jehová siempre han sostenido elevadas normas morales, en 1952 publicaron en la revista La Atalaya algunos artículos que recalcaban la necesidad de disciplinar a quienes fueran inmorales, a fin de preservar la pureza de la congregación. Dicha medida ayuda asimismo al pecador a comprender que debe arrepentirse con sinceridad. 
Tanto los cristianos ungidos como la gran muchedumbre de otras ovejas están resueltos a no tocar nada inmundo en sentido espiritual. Su condición limpia los hace aptos para llevar “los utensilios de Jehová”, es decir, los preciosos medios que Dios les facilita para prestar servicio sagrado cuando predican de casa en casa y dirigen estudios bíblicos o participan en las demás facetas de la actividad cristiana. Al conservar su pureza, los siervos de Dios actuales pueden confiar en que Jehová seguirá marchando delante de ellos y también será su retaguardia. Componen su pueblo purificado, así que tienen sobradas razones para ‘clamar gozosamente a una’.
8-Isaías 52:13)Jesús realmente ‘actuó con perspicacia’, pues demostró entendimiento de las profecías bíblicas que se referían a él y se dejó guiar por ellas para cumplir la voluntad de su Padre. Una vez que resucitó y ascendió al cielo, “Dios lo ensalzó a un puesto superior y bondadosamente le dio el nombre que está por encima de todo otro nombre” . En 1914, Jesús fue ensalzado aún más, pues Jehová lo elevó al trono del Reino mesiánico (Revelación [Apocalipsis] 12:1-5). Fue, en efecto, “elevado y ensalzado en gran manera”.
9-Isaías 52:14,)Cuando Jesús venga para ejecutar la sentencia contra este sistema de cosas impío, las autoridades terrestres ‘clavarán en él la mirada con asombro’. No contemplarán literalmente a Jesús glorificado, pero sí verán las pruebas visibles de su poder en su condición de Guerrero celestial de Jehová (Mateo 24:30). Aunque la Biblia no da detalles en cuanto a su aspecto, no hay duda de que el perfecto Hijo de Dios tenía una apariencia y un semblante agradables. Parece que las palabras de Isaías se refieren a la humillación de que Jesús fue objeto. Con valentía denunció a los caudillos religiosos de su día por hipócritas, mentirosos y asesinos, y ellos respondieron injuriándolo (1 Pedro 2:22, 23). Lo acusaron de incumplimiento de la ley, blasfemia, engaño y sedición contra Roma. De modo que, con sus calumnias, ofrecieron un cuadro totalmente desfigurado de Jesús.
Hoy en día todavía se representa a Jesús en falsos colores. La mayoría de las personas se lo imaginan como un bebé en un pesebre, o como una trágica figura clavada a una cruz y con el rostro crispado de dolor bajo una corona de espinas. El clero de la cristiandad ha fomentado tales percepciones, y no lo ha presentado como el poderoso Rey celestial a quien las naciones tendrán que rendir cuentas. 
10-Isaías 52:15)Cuando en el futuro cercano los gobernantes humanos se enfrenten al ensalzado Jesús, se verán obligados a tratar con un Mesías investido con “toda autoridad [...] en el cielo y sobre la tierra” (Mateo 28:18). Se verán obligados a dirigir su atención a algo que no habrán oído relatar a los guías religiosos, a saber, que Jesús es el Ejecutor del castigo divino. El ensalzado Siervo con quien se enfrentarán actuará de un modo inesperado para ellos.

11-Isaías 53:2). He aquí el telón de fondo de la llegada del Mesías a la Tierra. Sus comienzos van a ser modestos, y quienes lo observen no creerán probable que vaya a convertirse en alguien importante. Se parecerá a una simple ramita, a un brote tierno que crece en el tronco o en la rama de un árbol. También se asemejará a una raíz sedienta en un terreno seco y poco fértil. Y no llegará con pompa y esplendor: ni llevará vestiduras de realeza ni brillantes diademas. Más bien, tendrá un principio humilde y sencillo. 
Sin duda, una acertada descripción de los modestos comienzos de Jesús como ser humano. La virgen judía María lo dio a luz en un establo de un pequeño pueblo llamado Belén (Lucas 2:7; Juan 7:42). Tanto ella como su esposo, José, eran pobres. Unos cuarenta días después del nacimiento de Jesús presentaron la ofrenda por el pecado estipulada para las personas de escasos recursos, “un par de tórtolas o dos pichones” (Lucas 2:24; Levítico 12:6-8). Más tarde se establecieron en Nazaret, donde Jesús creció en el seno de una familia numerosa, probablemente en circunstancias humildes (Mateo 13:55, 56).
Como ser humano, Jesús no parecía tener sus raíces en el terreno adecuado (Juan 1:46; 7:41, 52). Aunque era un hombre perfecto y descendiente del rey David, su humilde posición no le confería ninguna “forma regia” ni “esplendor”, por lo menos a los ojos de quienes esperaban que el Mesías procediera de una clase social más elevada. Instigados por los guías religiosos judíos, muchos no le hicieron caso y hasta lo despreciaron. Al final, las muchedumbres no vieron nada deseable en el perfecto Hijo de Dios (Mateo 27:11-26).

12-Isaías 53:3). Jesucristo fue despreciado y evitado por los hombres. Aquellos caudillos religiosos santurrones y sus seguidores lo consideraron el más aborrecible de los seres humanos. Lo llamaron amigo de recaudadores de impuestos y rameras (Lucas 7:34, 37-39). Le escupieron en el rostro. Le dieron puñetazos y lo insultaron. Lo ridiculizaron y se burlaron de él (Mateo 26:67). Influidos por aquellos enemigos de la verdad, “los suyos no lo recibieron” (Juan 1:10, 11) 
Puesto que era perfecto, Jesús nunca tuvo problemas de salud. Aun así, fue “un hombre que era para dolores y para estar familiarizado con la enfermedad”. No es que él tuviera dolores y afecciones. Más bien, vino desde el cielo a un mundo enfermo. Vivió en medio de padecimientos y angustias, pero no rehuyó a quienes sufrían en sentido físico o espiritual. Al igual que un doctor afectuoso, se familiarizó íntimamente con el dolor de quienes lo rodeaban. Es más, hizo lo que ningún médico puede hacer (Lucas 5:27-32)
Pero los enemigos de Jesús estimaron que el enfermo era él, y se negaron a mirarlo con simpatía. Su rostro quedó ‘oculto’ de la vista, pero no porque él lo escondiera. Sus adversarios lo consideraron tan detestable que, en realidad, se apartaron de él como si fuera demasiado repugnante para mirarlo. Según ellos, su valor equivalía meramente al precio de un esclavo (Éxodo 21:32; Mateo 26:14-16). Prefirieron a Barrabás, un asesino, antes que a él (Lucas 23:18-25). Las palabras de Isaías consuelan mucho a los siervos de Jehová de la actualidad. Puede que, en ocasiones, los opositores desprecien a quienes adoran fielmente a Dios o los traten como si no tuvieran importancia. Sin embargo, al igual que en el caso de Jesús, lo que cuenta es cómo nos considera Jehová Dios. Al fin y al cabo, el que aquellos hombres ‘consideraran como de ninguna importancia’ a Jesús no alteró la gran estima en que Dios lo tenía.

13-Isaías 53:4-6). El Mesías llevó las enfermedades y los dolores de otras personas. Por así decirlo, colocó las cargas de ellas sobre sus propios hombros y las acarreó. Y dado que la enfermedad y el dolor son producto de la condición pecaminosa de la humanidad, el Mesías llevó los pecados de los demás. Muchos no comprendieron la razón de sus padecimientos, e incluso creyeron que Dios lo estaba castigando, plagándolo con una dolencia repugnante. Los sufrimientos del Mesías culminaron al ser traspasado, aplastado y herido, términos impactantes que denotan una muerte violenta y dolorosa. Sin embargo, esta tiene un poder expiatorio, pues sienta la base para el recobro de cuantos vagan en las sendas del error y el pecado, ayudándolos a hallar paz con Dios.
¿En qué sentido llevó Jesús los sufrimientos ajenos? El Evangelio de Mateo cita de Isaías 53:4 en el siguiente pasaje: “La gente le trajo muchos endemoniados; y con una palabra él expulsó a los espíritus, y curó a todos los que se sentían mal; para que se cumpliera lo que se había hablado mediante Isaías el profeta, que dijo: ‘Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias’” (Mateo 8:16, 17). Al devolver la salud a los que acudieron a él con diversas enfermedades, Jesús cargó en realidad con el sufrimiento de ellos. Además, tales curaciones le restaban vitalidad (Lucas 8:43-48). Por su capacidad para sanar todo tipo de dolencias, tanto físicas como espirituales, demostró que estaba facultado para limpiar los pecados de la gente (Mateo 9:2-8).
Pero Jehová nos redimió mediante Jesús de nuestra condición pecaminosa. Hizo que nuestro error ‘se encontrara con él’, que recayera sobre él. Jesús, que no cometió ningún pecado, aceptó de buena gana la pena correspondiente a los nuestros. Sin merecerlo, sufrió una muerte ignominiosa en un madero, y así hizo posible que nos reconciliáramos con Dios.

14-Isaías 53:7). La última noche de su vida, Jesús pudo haber hecho que “más de doce legiones de ángeles” acudieran en su ayuda. Sin embargo, señaló: “En tal caso, ¿cómo se cumplirían las Escrituras en el sentido de que tiene que suceder de esta manera?” (Mateo 26:53, 54). “El Cordero de Dios” no ofreció ninguna resistencia (Juan 1:29). Cuando los sacerdotes principales y los ancianos lo acusaron falsamente ante Pilato, Jesús ‘no contestó’ (Mateo 27:11-14). No quería decir nada que pudiera estorbar el cumplimiento de la voluntad de Dios en cuanto a él. Jesús estuvo dispuesto a morir como un Cordero propiciatorio, plenamente consciente de que así redimiría del pecado, la enfermedad y la muerte a los seres humanos fieles.
15-Isaías 53:8). Cuando Jesús cayó por fin en manos de sus enemigos, aquellos opositores religiosos lo trataron con “restricción”. No es que se contuvieran de expresar su odio, sino que restringieron la justicia, es decir, la obstruyeron. La Septuaginta griega emplea en Isaías 53:8 el término humillación en vez de restricción. Los enemigos de Jesús lo humillaron al negarle el trato justo al que incluso los delincuentes comunes tenían derecho. El juicio de Jesús no fue más que una farsa. ¿Qué nos lleva a esta conclusión?
Según la tradición, el Sanedrín no podía juzgar en la casa del sumo sacerdote las ofensas cuyo castigo era la muerte, sino únicamente en la sala de las piedras talladas, situada en el recinto del templo. Tales juicios debían celebrarse de día, no después del anochecer, y si el veredicto era de culpabilidad, tenía que anunciarse al día siguiente de concluir la audiencia. Por consiguiente, no se procesaba a nadie en la víspera de un sábado o de una fiesta. En el juicio de Jesús se pasaron por alto todas estas normas (Mateo 26:57-68). Peor aún, los caudillos religiosos quebrantaron de manera flagrante la Ley de Dios. Por ejemplo, recurrieron al soborno para capturar a Jesús (Deuteronomio 16:19; Lucas 22:2-6). Dieron crédito a testigos falsos (Éxodo 20:16; Marcos 14:55, 56). Y además, conspiraron para poner en libertad a un asesino, por lo que acarrearon culpa de sangre tanto a sí mismos como a su tierra (Números 35:31-34; Deuteronomio 19:11-13; Lucas 23:16-25). De modo que no hubo ningún verdadero “juicio”, ningún proceso justo que condujera a un veredicto acertado e imparcial.
Cuando el Sanedrín juzgó a Jesús, sus miembros hicieron caso omiso de sus antecedentes, es decir, que cumplía los requisitos para ser el Mesías prometido. Más bien, lo acusaron de blasfemia y declararon que merecía ser ejecutado (Marcos 14:64). Después, el gobernador romano Poncio Pilato cedió a la presión y lo sentenció a morir en un madero (Lucas 23:13-25). Así que Jesús “fue cortado” en la flor de la vida, cuando solo contaba treinta y tres años y medio.

16-Isaías 53:12). Jehová valora a los que le son fieles. La promesa de que ‘daría’ al Siervo Mesiánico “una porción entre los muchos”, parece que esta expresión alude a la costumbre de dividir el despojo, o botín, de guerra. Jehová aprecia la lealtad de “los muchos” fieles de la antigüedad, como Noé, Abrahán o Job, y les ha reservado “una porción” en su venidero nuevo mundo (Hebreos 11:13-16). De igual modo, otorgará una porción a su Siervo Mesiánico. No dejará su integridad sin recompensa. Nosotros asimismo podemos estar seguros de que Jehová no ‘olvidará nuestra obra y el amor que mostramos para con su nombre’ (Hebreos 6:10).
El Jesús el Siervo de Dios también obtendrá un botín de guerra cuando derrote a sus enemigos, botín que compartirá con “los poderosos”. ¿Quiénes resultan ser estos en el cumplimiento de la profecía? Son los 144.000 ciudadanos del “Israel de Dios” (Gálatas 6:16; Juan 16:33; Revelación 3:21; 14:1). ¿Qué es, entonces, el botín, o despojo? Al parecer incluye las “dádivas en hombres” que Jesús arrebata del control de Satanás, para entregarlas a la congregación cristiana (Efesios 4:8-12). Los 144.000 “poderosos” reciben una porción de otro botín más. Por su victoria sobre el mundo, despojan a Satanás de toda base para desafiar a Dios con escarnio. Con su devoción inquebrantable, ensalzan a Jehová y regocijan su corazón.

17-Isaías 54:1)El apóstol Pablo cita del capítulo 54 de Isaías y explica que la “mujer” significa algo mucho más importante que la ciudad terrestre de Jerusalén. Escribe: “La Jerusalén de arriba es libre, y ella es nuestra madre” (Gálatas 4:26). ¿Qué es esta “Jerusalén de arriba”? Es patente que no se trata de la ciudad con ese nombre situada en la Tierra Prometida, pues tal población está sobre este planeta, no “arriba” en los cielos. “La Jerusalén de arriba” es la “mujer” celestial de Dios, su organización de poderosas criaturas espirituales.
¿Cómo puede tener Jehová dos mujeres simbólicas, una celestial y otra terrestre? Según Pablo, la respuesta estriba en el cuadro profético que la familia de Abrahán protagonizó (Gálatas 4:22-31. Sara, “la mujer libre” esposa de Abrahán, representa la organización de seres espirituales, que es como una esposa para Jehová. Agar, esclava y concubina (esposa secundaria) de Abrahán, simboliza la Jerusalén terrestre.
Tras décadas de esterilidad, Sara dio a luz a Isaac a los 90 años. Así también, la organización celestial de Jehová atravesó un largo período de esterilidad. Allá en Edén, Dios prometió que su “mujer” daría a luz a “la descendencia” (Génesis 3:15). Más de dos mil años después, Jehová estableció un pacto con Abrahán respecto a dicha Descendencia de la promesa, pero la “mujer” celestial de Dios todavía tendría que esperar muchos siglos más para engendrarla. Aun así, llegaría el día en que los hijos de esta “mujer” antes “estéril” serían más numerosos que los del Israel carnal. La ilustración de la mujer estéril nos ayuda a comprender por qué anhelaban tanto los ángeles presenciar la llegada de la predicha Descendencia (1 Pedro 1:12). ¿Cuándo ocurrió por fin este acontecimiento?
El nacimiento humano de Jesús sin duda regocijó a los ángeles (Lucas 2:9-14). Sin embargo, aquel no fue el suceso profetizado en Isaías 54:1. Solo cuando se le ungió con espíritu santo, en el año 29 E.C., y Dios lo reconoció públicamente como su “Hijo, el amado”, llegó a ser Jesús un hijo espiritual de “la Jerusalén de arriba” (Marcos 1:10,11; Hebreos 1:5; 5:4, 5). Fue entonces cuando la “mujer” celestial de Dios tuvo motivos para regocijarse, en cumplimiento de Isaías 54:1. Por fin había dado a luz a la Descendencia prometida, es decir, al Mesías. Los siglos de su esterilidad quedaron atrás. Pero no así su regocijo.
Tras la muerte y resurrección de Jesús, la “mujer” celestial de Dios se alegró con la vuelta de su favorecido Hijo como “el primogénito de entre los muertos” (Colosenses 1:18). A continuación, comenzó a producir más hijos espirituales. En Pentecostés de 33 E.C., unos ciento veinte discípulos de Jesús fueron ungidos con espíritu santo, y así se les adoptó en calidad de coherederos de Cristo. Más tarde en aquel día se ‘añadió’ a otras 3.000 personas (Juan 1:12; Hechos 1:13-15; 2:1-4, 41; Romanos 8:14-16). Este grupo de hijos siguió incrementándose. Durante los primeros siglos de la apostasía de la cristiandad, el crecimiento fue muy lento, pero en el siglo XX el panorama iba a cambiar.
18-Isaías 54:2-4). Estas palabras se dirigen a Jerusalén, como si fuera una esposa y madre que viviera en tiendas, al igual que Sara. La bendición de ver aumentar su familia hace preciso que expanda su hogar. Necesita alargar las telas y cuerdas de la tienda, así como asegurar en un nuevo emplazamiento las estacas que la sostienen. Se trata de una labor gozosa, y con tanto ajetreo es fácil que se olvide de los años que pasó preguntándose ansiosamente si alguna vez tendría hijos que perpetuaran el linaje familiar.
La bendición de “la Jerusalén de arriba” ha sido muy grande. En especial desde 1919, su “prole” ungida ha florecido en su condición espiritual recién restaurada (Isaías 61:4; 66:8). Sus integrantes ‘tomaron posesión de naciones’ en el sentido de que se esparcieron por muchos países para buscar a todos los que se unirían a su familia espiritual. Como resultado, la recolección de los hijos ungidos experimentó un avance espectacular. La cifra definitiva de 144.000 pareció alcanzarse a mediados de los años treinta del siglo XX (Revelación [Apocalipsis] 14:3). En esa época, el objetivo principal de la predicación dejó de ser el de reunir a los ungidos. Pero no por ello se detuvo la expansión.
Jesús mismo predijo que, además de su “rebaño pequeño” de hermanos ungidos, tendría “otras ovejas” a las que introduciría en el aprisco de cristianos verdaderos (Lucas 12:32; Juan 10:16). Aunque estas no figuran entre los hijos ungidos de “la Jerusalén de arriba”, son sus fieles compañeras y desempeñan un importante papel profetizado mucho tiempo atrás (Zacarías 8:23). Desde la década de los treinta hasta ahora se ha reunido a “una gran muchedumbre” de ellas, lo que ha producido un crecimiento sin precedentes de la congregación cristiana (Revelación 7:9, 10). En la actualidad, los componentes de la gran muchedumbre se cuentan por millones. Todo este aumento ha creado una urgente necesidad de Salones del Reino, Salones de Asambleas y sucursales. Las palabras de Isaías parecen cada vez más oportunas, y a nosotros nos cabe el privilegio de formar parte de la expansión. predicha.
2 PARTE
19-Isaías 54:12). Además, les ha ayudado a distinguir entre la religión verdadera y la falsa. Desde 1919, Jehová ha concedido a los ungidos un entendimiento cada vez más claro de los límites de piedras deleitables”.(límites), o líneas de demarcación espirituales, apartándolos así de la religión falsa y de los elementos impíos del mundo (Ezequiel 44:23; Juan 17:14; Santiago 1:27). Por consiguiente, se les ha separado para que sean el pueblo de Dios (1 Pedro 2:9).
20-Isaías 54:11-15). Puesto que la “mujer” de Jehová está en el cielo, es obvio que nunca ha sido afligida ni arrojada por tormenta alguna. Sin embargo, sí sufrió con las dificultades que atravesó en la Tierra su “prole” ungida, sobre todo cuando sus miembros estuvieron cautivos en sentido espiritual en 1918 y 1919. ¿Qué conduciría a los cristianos ungidos a una condición tan segura y bendita? Daniel el profeta predijo que en “el tiempo del fin” se les bendeciría con verdadero conocimiento y perspicacia espiritual en abundancia (Daniel 12:3, 4). Tal entendimiento les ha permitido encabezar la mayor campaña educativa de la historia, con la que han difundido la enseñanza divina por toda la Tierra (Mateo 24:14). A todos nosotros nos conviene preguntarnos: “¿Estoy siendo enseñado por Jehová?”. El aprendizaje no es automático; debemos poner de nuestra parte. Para que Dios realmente nos enseñe se requiere que leamos con asiduidad su Palabra y meditemos en ella; que asimilemos la información contenida en las publicaciones bíblicas que edita “el esclavo fiel y discreto”, y que nos preparemos para las reuniones cristianas y asistamos a ellas (Mateo 24:45-47). Si ponemos todo nuestro empeño en aplicar lo que aprendemos y permanecemos despiertos y alertas en sentido espiritual, la enseñanza divina hará que nos distingamos de quienes forman parte de este mundo impío (1 Pedro 5:8, 9). Y lo que es más, nos ayudará a ‘acercarnos a Dios’ (Santiago 1:22-25; 4:8).
21-Isaías 54:16, 17) La profecía de Isaías también muestra que se bendice a los ungidos con paz abundante. ¿Significa esto que nadie los atacará? No, pero Dios les asegura que ni ordenará tales ataques ni permitirá que estos logren su objetivo. Por segunda vez en este capítulo de Isaías, Jehová recuerda a sus siervos que es el Creador. Anteriormente le ha dicho a su esposa simbólica que él es su “Magnífico Hacedor”, y en este pasaje aclara que es el Creador de toda la humanidad. El versículo 16 representa a un metalario que sopla para avivar las brasas de la fragua mientras crea sus armas destructivas, así como a un guerrero, un “hombre ruinoso para obra de destrozar”. Cuando las fuerzas de este mundo ataquen al pueblo de Jehová, ni siquiera las más poderosas tendrán la menor posibilidad de lograr un triunfo definitivo. ¿Por qué no? Pues, ya han pasado los días de los ataques destructivos contra el pueblo de Dios y la adoración que rinde con espíritu y verdad (Juan 4:23, 24). Jehová permitió a Babilonia la Grande lanzar una ofensiva que triunfó por algún tiempo. Durante un breve instante, “la Jerusalén de arriba” vio a su prole prácticamente reducida al silencio, pues la predicación casi se detuvo en la esfera terrestre. Pero eso jamás se repetirá. La “mujer” salta ahora de júbilo por sus hijos, pues en sentido espiritual son invencibles (Juan 16:33; 1 Juan 5:4). Claro está que se han forjado armas en su contra y aún se forjarán más (Revelación 12:17). Pero estas no han logrado ni lograrán su objetivo. Satanás no posee ningún arma que pueda acabar con la fe y el celo ardiente de los ungidos y sus compañeros. Tal paz espiritual es “la posesión hereditaria de los siervos de Jehová”; nadie conseguirá arrebatársela (Salmo 118:6; Romanos 8:38, 39). El mundo de Satanás es totalmente incapaz de poner fin a la labor y la adoración limpia y perdurable de los siervos dedicados de Dios, y esta garantía es muy tranquilizadora tanto para la prole ungida de “la Jerusalén de arriba” como para quienes componen la gran muchedumbre. Cuanto más aprendamos de la organización celestial de Jehová y la relación de esta con Sus adoradores terrestres, más se fortalecerá nuestra fe. Y si esta es fuerte, las armas de Satanás nunca lograrán derrotarnos.

22-Isaías 55:1). Estas palabras están cargadas de simbolismo. Por ejemplo, analicemos la invitación “vengan al agua”. Sin agua, no hay vida. Los seres humanos solo podemos sobrevivir alrededor de una semana sin el preciado líquido. Por consiguiente, resulta adecuado que Jehová utilice la metáfora del agua para referirse a su mensaje, por el efecto que este tendrá en los judíos cautivos. Los reconfortará, como una bebida fría en un día caluroso. Les levantará el ánimo y saciará su sed de verdad y justicia. Les hará concebir la esperanza de ser liberados del cautiverio. Ahora bien, para recibir estos beneficios, tendrán que beber el mensaje divino, prestarle atención y actuar en consecuencia. Jehová ofrece también “vino y leche”. La leche fortalece físicamente a los niños y favorece su crecimiento. Del mismo modo, las palabras de Jehová fortalecerán a su pueblo en sentido espiritual y le ayudarán a afianzar su relación con él. ¿Y qué se puede decir del vino? Esta bebida, que suele servirse en ocasiones festivas, se asocia en la Biblia con la prosperidad y el regocijo (Salmo 104:15). Al decir a su pueblo que “compren vino”, Dios les asegura que si regresan de todo corazón a la adoración verdadera, “nada sino gozosos” llegarán a estar (Deuteronomio 16:15; Salmo 19:8; Proverbios 10:22). ¡Qué misericordioso de parte de Jehová ofrecer tal estímulo espiritual a los desterrados! Su compasión es extraordinaria si tenemos en cuenta el historial de rebeldía de los judíos. No merecen la aprobación de Jehová. No obstante, “Jehová es misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa. No por todo tiempo seguirá señalando faltas, ni hasta tiempo indefinido se quedará resentido” (Salmo 103:8, 9). Lejos de volver la espalda a su pueblo, Jehová da el primer paso hacia la reconciliación. Es un Dios que “se deleita en la bondad amorosa” (Miqueas 7:18).

23-Isaías 55:2a). Muchos judíos no han demostrado plena confianza en Jehová como salvador. Antes de la caída de Jerusalén, por ejemplo, sus gobernantes buscaron la ayuda de naciones poderosas, como Egipto y Babilonia, lo que pudiera compararse a prostituirse con ellas (Ezequiel 16:26-29; 23:14). Ahora son esclavos de una de las naciones en las que depositaron su confianza. Parece que muchos de ellos no han aprendido la lecciónpues Si los judíos están confiando en alguien que no sea Jehová, están “pagando dinero por lo que no es pan”. Babilonia no los va a liberar, pues tiene por norma no permitir el regreso de los cautivos a su tierra natal bajo ninguna circunstancia. La imperialista, mercantilista e idólatra Babilonia no puede ofrecer nada a los judíos expatriados.
24-Isaías 55:2b, 3). Jehová prometió a David que su trono llegaría a estar “firmemente establecido hasta tiempo indefinido” (2 Samuel 7:16). Por consiguiente, el “pacto de duración indefinida” que se menciona en este versículo está relacionado con la gobernación. En el año 537 a.E.C., Jehová libera a su pueblo de Babilonia y lo repatría. Pero no se instaura entonces un reino de duración indefinida, pues los judíos siguen estando bajo la dominación de un imperio pagano, en este caso Medopersia. “Los tiempos señalados” para que las naciones gobiernen aún no han concluido (Lucas 21:24). Sin rey en Israel, la promesa de Jehová a David quedará sin cumplirse durante siglos. Más de quinientos años después de la liberación de Israel del cautiverio babilónico, Jehová: transfirió la vida de su Hijo primogénito, el principio de su creación, de la gloria celestial a la matriz de una virgen judía llamada María (Colosenses 1:15-17). Cuando el ángel de Jehová se lo anunció a María, le dijo: “Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y Jehová Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin” (Lucas 1:32, 33). Así pues, Jesús nació en la línea real de David y heredó el derecho a ser rey. Una vez entronizado, gobernaría “hasta tiempo indefinido” De este modo quedaron abiertas las puertas para que se cumpliera la promesa centenaria que Jehová le hizo a David de darle un heredero permanente.
25-Isaías 55:4). Al llegar a la edad adulta, Jesús se convirtió en el representante de Jehová en la Tierra, su testigo a las naciones. Centró su ministerio en “las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Poco antes de ascender al cielo, dijo a sus seguidores: “Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones [...]. Y, ¡miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas”. Con el tiempo, el mensaje del Reino se llevó a los no judíos, y algunos de ellos participaron en el cumplimiento del pacto hecho con David. Aun después de su muerte, resurrección y ascensión al cielo, Jesús continuó siendo “testigo [de Jehová] a los grupos nacionales”... Jesús tenía que ser también “caudillo y comandante”. En armonía con esta designación profética, cuando estuvo en la Tierra asumió las responsabilidades de su jefatura y tomó la iniciativa en todo, atrayendo a multitudes, enseñándoles las palabras de la verdad e indicando los beneficios que reciben quienes siguen su dirección. Enseñó con eficacia a sus discípulos y los capacitó para emprender la campaña de predicación que tenían por delante (Lucas 10:1-12; Hechos 1:8; Colosenses 1:23). En solo tres años y medio, Jesús puso los cimientos para una congregación unida e internacional compuesta de miles de miembros de muchas razas. Solo un “caudillo y comandante” genuino pudiera haber realizado una tarea de tal magnitud.

26-Isaías 56:3). Jehová se dirige ahora a dos grupos que desean servirle: “el extranjero“ y el “eunuco“. pero que, en conformidad con la Ley mosaica, no pueden formar parte de la congregación judía. La preocupación del “extranjero” es que lo aparten de Israel, y la del “eunuco“, que nunca tendrá hijos que conserven su nombre. Ambos grupos deben cobrar ánimos. 
Los “extranjeros incircuncisos” no tienen derecho a participar en actos de adoración junto con Israel. Por ejemplo, no pueden comer de la Pascua (Éxodo 12:43). Si no infringen de manera descarada las leyes del país, se les trata con justicia y hospitalidad, pero no se les permite forjar vínculos permanentes con la nación. Algunos aceptan plenamente la Ley y, en el caso de los varones, se circuncidan como prueba de ello. Ya como prosélitos, tienen el privilegio de adorar en el patio de la casa de Jehová y se les considera parte de la congregación de Israel (Levítico 17:10-14; 20:2; 24:22). No obstante, ni siquiera siendo prosélitos participan de lleno en el pacto de Jehová con Israel, y tampoco se les concede una herencia en la Tierra Prometida. Otros extranjeros pueden orar hacia el templo y, según parece, ofrecer sacrificios mediante los sacerdotes, con tal de que la ofrenda se conforme a la Ley (Levítico 22:25; 1 Reyes 8:41-43). Pero los israelitas no deben tener una relación estrecha con ellos.
A los “eunucos“, sin importar que hayan nacido de padres judíos, no se les permite ser miembros de pleno derecho del pueblo de Israel (Deuteronomio 23:1). Algunas naciones paganas de tiempos bíblicos que tenían la costumbre de castrar a niños capturados en la guerra, concedían a los eunucos cargos especiales en la corte real, como por ejemplo, el de “guardián de las mujeres”, “guardián de las concubinas” o asistente de la reina (Ester 2:3, 12-15; 4:4-6, 9). No hay pruebas de que en Israel se siguieran tales prácticas ni de que se buscara específicamente a eunucos para que trabajaran al servicio del rey.
27-Isaías 56:4, 5). Llegará el momento en el que ni siquiera el hecho de ser un eunuco literal impedirá que se acepte a alguien como siervo de Jehová. Si son obedientes, los eunucos tendrán “un monumento” es decir, un lugar en la casa de Jehová, además de un nombre, lo cual es mejor que hijos e hijas. Esta promesa se cumple cuándo tras la muerte de Jesucristo, el nuevo pacto sustituye al antiguo pacto de la Ley, y “el Israel de Dios”, al Israel carnal (Gálatas 6:16). Desde entonces, todos los que manifiestan fe han podido adorar a Dios de forma aceptable. Las distinciones basadas en factores carnales y la condición física ya no cuentan. Los que aguanten fielmente, sin importar su estado físico, tendrán “un nombre hasta tiempo indefinido [...], uno que no será cortado”. Jehová no los olvidará. Escribirá los nombres de esas personas en Su “libro de recuerdo” y en el momento designado por él, les dará vida eterna (Malaquías 3:16; Proverbios 22:1; 1 Juan 2:17).
28-Isaías 56:6, 7). En nuestros días, “los extranjeros” se han ido presentando paulatinamente. Antes de la I Guerra Mundial ya se entendía que no se salvarían solo los que tienen la esperanza de gobernar en el cielo con Jesús, a quienes hoy identificamos como el Israel de Dios. Los estudiantes de la Biblia tenían presentes las palabras de Jesús recogidas en Juan 10:16: “Tengo otras ovejas, que no son de este redil; a esas también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor”. Aquellos cristianos eran conscientes de que las “otras ovejas” eran una clase terrestre. Sin embargo, la mayoría de ellos creían que estas aparecerían durante el Reinado Milenario de Jesucristo.
Posteriormente se comprendió mejor un pasaje relacionado: la parábola de Jesús de las ovejas y las cabras, que encontramos en el capítulo 25 de Mateo. Según dicha parábola, las ovejas reciben vida eterna por el apoyo que brindan a los hermanos ungidos de Cristo, de modo que constituyen una clase distinta de estos. En 1923, durante una asamblea celebrada en Los Ángeles (California, E.U.A.), se explicó que esas ovejas aparecerían, no en el Milenio, sino en los últimos días de este sistema de cosas. La razón que se dio fue que la parábola formaba parte de la respuesta de Jesús a la pregunta: “¿Cuándo serán estas cosas, y qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?” (Mateo 24:3).
En la década de los veinte, a algunas personas que se relacionaban con los Estudiantes de la Biblia no les parecía que el espíritu de Jehová les diera testimonio de que hubieran recibido el llamamiento celestial. Aun así, eran siervos celosos del Dios Altísimo. En 1931 se entendió mejor el lugar que les correspondía a estos gracias a la obra Vindicación, que en su análisis versículo por versículo del libro bíblico de Ezequiel incluía una explicación de la visión del “hombre” del tintero (Ezequiel 9:1-11). Dicho “hombre” recorre Jerusalén y pone una marca en la frente de los que gimen y se angustian por las abominaciones que se cometen en la ciudad. El “hombre” representa a los hermanos de Jesús, el resto de cristianos ungidos que están en la Tierra cuando se lleva a cabo la sentencia contra la Jerusalén antitípica, la cristiandad. Los que reciben la marca son las otras ovejas que viven en ese momento. En la visión, quienes ejecutan la venganza de Jehová sobre la ciudad apóstata conservan a estas personas con vida.
El esclarecimiento que hubo en 1932 del drama profético del rey israelita Jehú y de Jehonadab un no israelita que le ofreció ayuda mostró que así como Jehonadab se unió a Jehú y le ayudó a eliminar el culto de Baal, también estas otras ovejas colaboran con los hermanos ungidos de Cristo. Finalmente, en 1935 se identificó a las otras ovejas del tiempo del fin de este sistema de cosas con la gran muchedumbre que contempló en visión el apóstol Juan. Tal identificación se dio a conocer por primera vez en la asamblea de la ciudad de Washington antes mencionada, cuando Joseph F. Rutherford dijo que los que tenían la esperanza terrenal eran “la grande muchedumbre”.
Así, poco a poco se fue comprendiendo que “los extranjeros” desempeñan un papel importante en los propósitos de Jehová en estos últimos días. Acuden al Israel de Dios para adorar a Jehová (Zacarías 8:23), y junto con esa nación espiritual ofrecen sacrificios aceptables a Dios y entran en el descanso sabático (Hebreos 13:15, 16). Además, rinden culto en el templo espiritual de Dios, que, al igual que el templo de Jerusalén, es una “casa de oración para todas las naciones” (Marcos 11:17). Manifiestan fe en el sacrificio redentor de Jesucristo, pues se dice que “han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Además, “le están rindiendo servicio sagrado [a Jehová] día y noche”, es decir, le sirven con constancia (Revelación 7:14, 15).
Estos extranjeros de nuestros días se asen del nuevo pacto en el sentido de que, al relacionarse con el Israel de Dios, disfrutan de los beneficios y bendiciones que dicho pacto reporta. Aunque no participan de él, se someten sin reservas a los estatutos que abarca. Tienen la ley de Jehová en su corazón y llegan a conocerlo como su Padre celestial y el Soberano Supremo (Jeremías 31:33, 34; Mateo 6:9; Juan 17:3).
29-Isaías 56:8). Durante el tiempo del fin, Jehová ha reunido a “los dispersos de Israel”, los del resto ungido, pero también está reuniendo a otros, los de la gran muchedumbre. Los dos grupos juntos rinden adoración en paz y armonía bajo la supervisión de Jehová y su Rey entronizado, Jesucristo. Por su lealtad al gobierno de Jehová en manos de Cristo, el Pastor Excelente los ha unido para que formen un solo rebaño gozoso.
30-Isaías 57:12, 13a). Las palabras de Jehová se cumplen en el año 607 a.E.C., cuando el rey babilonio Nabucodonosor destruye Jerusalén, quema el templo y se lleva cautivos a la mayoría de sus habitantes. “Así Judá se fue al destierro de sobre su suelo.” (2 Reyes 25:21.)Jehová desenmascaró la falsa justicia de Judá. Sus obras hipócritas no le fueron de ningún provecho. Su “colección de cosas” su gran cantidad de ídolos no la libró. Cuando la azotó la calamidad, un mero soplo de viento barrió a los dioses en los que confiaba.
De igual modo, la gran colección de ídolos de la cristiandad no librará a esta en el día de la cólera de Jehová. Será aniquilada junto con el resto de “Babilonia la Grande”, el conglomerado mundial de religiones falsas. La simbólica bestia salvaje de color escarlata y sus diez cuernos “harán que [Babilonia la Grande] quede devastada y desnuda, y se comerán sus carnes y la quemarán por completo con fuego” (Revelación 17:3, 16, 17). Cuánto nos alegramos de haber obedecido el mandato: “Sálganse de ella, pueblo mío, si no quieren participar con ella en sus pecados, y si no quieren recibir parte de sus plagas” (Revelación 18:4, 5). Que nunca regresemos a ella ni a sus caminos.
31-Isaías 57:18). Después de tomar medidas disciplinarias, Jehová cura al arrepentido y consuela tanto a él como a los que están de duelo con él. Por eso los judíos pudieron regresar a su tierra en el año 537 a.E.C. Aunque es cierto que Judá no volvió a ser nunca un reino independiente gobernado por un rey del linaje de David, se reconstruyó el templo y se restableció la adoración verdadera.
En 1919 “El Alto y Excelso”, Jehová, también se interesó por el bienestar del resto ungido. El espíritu arrepentido y humilde de aquellos cristianos llevó al gran Dios, Jehová, a tomar en cuenta bondadosamente su aflicción y liberarlos del cautiverio babilónico. Eliminó todos los escollos y los condujo a la libertad para que pudieran rendirle adoración pura. Las palabras de Jehová mediante Isaías se cumplieron de nuevo entonces. Por otra parte, tras esas palabras existen principios eternos que son aplicables a cada uno de nosotros. Dios solo acepta la adoración de los humildes. De modo que si un siervo suyo peca, debe reconocer rápidamente su error, aceptar la censura y corregir su camino. Nunca olvidemos que Jehová cura y consuela a los humildes, pero “se opone a los altivos” (Santiago 4:6).

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