sábado, 21 de abril de 2012

LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN REVELAN LA GLORIA DE DIOS

LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN REVELAN LA GLORIA DE DIOS

Extras:
La luz y los colores
El agua
El diseño de la vida
Patrones en la naturaleza

En este video comprobará lo interesante que es contemplar de cerca la creación
de Jehová. Sin duda le asombrará la magnitud y complejidad del mundo que nos
rodea; pero queremos animarlo a mirar más allá del imponente universo material y
percibir las cualidades y la personalidad de nuestro grandioso Creador. Así se
acercará más a él. ¿Es difícil hacerlo? En realidad, no, pero es preciso que
hagamos un esfuerzo consciente por contemplar las maravillosas creaciones de
Jehová. Ahora le invitamos cordialmente a acercarse a nuestro amoroso Padre
celestial dirigiendo una mirada atenta a algunas de las maravillas de su
creación.

"Las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo
en adelante, porque se perciben por las cosas hechas." (Romanos 1:20)

– ¡Eh, papá, mira!
– ¡Aja! Corre rápido, ¿verdad? Vamos a explorar por ahí. Qué cosas tan hermosas
se pueden ver por aquí. Pero hay otras que no podemos ver.
– ¿Y por qué no?
– ¿Recuerdas el estudio de familia? Hablamos de cómo ser amigo de Dios, como
conocerlo, ¿te acuerdas?
– Si, papá. Es estudiando la Biblia.
– Así es. Ese es el mejor modo. Pero hay otra manera. Piensa en el rey David.
¿Qué veía cuando miraba al cielo de noche?
– ¿Las estrellas?
– Sí, es verdad. Pero veía más que eso. Veía a Jehová.
– ¿Cómo podía verlo en las estrellas? Nadie puede ver a Dios.
– Podía ver quien es, su personalidad, observando sus creaciones. Eso lo acercó
a Dios. Tú puedes acercarte a Jehová del mismo modo, mirando lo que ha hecho en
la tierra y también arriba en las estrellas.

LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN REVELAN LA GLORIA DE DIOS

A muchas personas les gusta contemplar la creación. Pero muy pocas comprenden
que lo que ven es un reflejo de la mente y el corazón de nuestro grandioso
Creador. Hace mucho tiempo, David conoció a Jehová leyendo Su Palabra inspirada.
Pero también lo "vio" y se acercó a él observando la creación.

"Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú
has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente, y el hijo
del hombre terrestre para que cuides de él?" (Salmo 8:3, 4)

David amaba a Jehová y veía su poder, su sabiduría y su amor en todo lo que lo
rodeaba. Este mundo está hecho para que la gente se olvide de su Creador.
¿Apartamos tiempo para mirar más allá de este mundo hecho por el hombre? Cuando
lo hacemos, hasta las cosas más comunes se vuelven extraordinarias si abrimos
los ojos para ver a Aquel que las hizo. La vida, este planeta, el cielo
estrellado: en estas cosas podemos ver a Jehová, de modo que nos acercamos más a
él.

En Génesis 15:5 leemos que Jehová invitó a Abrahán a 'mirar hacia arriba y
contar las estrellas'. ¿Cuántas estrellas pudo contar Abrahán? Nuestra galaxia,
la Vía Láctea, tiene más de cien mil millones de estrellas. ¿Podemos siquiera
imaginarnos un número tan grande? Intentémoslo comparando cada estrella de
nuestra galaxia a una página de un libro. ¿Cuánto nos tomaría examinar esas
páginas? ¡A un ritmo de una página por segundo, nos tomaría más de tres mil
años! Para contarlas todas en nuestra vida, tendríamos que pasar unas cincuenta
páginas por segundo sin descansar ni un solo instante. Ni siquiera podemos
contar las estrellas; sin embargo, Jehová las conoce a todas por nombre. Al
mirar más allá de nuestra galaxia, los astrónomos han descubierto que en los
espacios de cielo que desde la Tierra parecen casi vacíos hay en realidad miles
de galaxias. Pero ¿las repartió Jehová al azar? Incluso a esta escala tan
colosal se observa una elegante organización.

"Hay Uno que [...] extiende los cielos justamente como una gasa fina, que los
despliega como una tienda en la cual morar." (Isaías 40:22)

Todos estos enormes cuerpos celestes se mueven continuamente, con movimientos
tan precisos que se han comparado a la coreografía de un complejo ballet. No
solo nos cuesta muchísimo concebir la cantidad de estrellas, sino también las
distancias que las separan. Tratemos de visualizar la distancia entre el Sol y
su estrella más cercana: Próxima Centauri. Imaginemos que pudiéramos comprimir
la Vía

Láctea para que el Sol quedara del tamaño de una pelota de fútbol que estuviera
en la ciudad de Nueva York. A esta escala Próxima Centauri estaría a casi seis
mil kilómetros de distancia, en París, y sería un poco más pequeña que una
pelota de golf.

En realidad, el Sol está a casi cuarenta billones de kilómetros de su estrella
más cercana. Cuando contemplamos las estrellas nos llenamos de admiración y
respeto por Jehová. Sin embargo, como señala el libro de Job, lo que vemos son
apenas "los bordes de sus caminos" (Job 26:14). Cuando el profeta Isaías miraba
el cielo estrellado, percibía las cualidades de Jehová.

"Levanten los ojos a lo alto y vean. ¿Quién ha creado estas cosas? Es Aquel que
saca el ejército de ellas aun por número, todas las cuales él llama aun por
nombre. Debido a la abundancia de energía dinámica, porque él también es
vigoroso en poder, ninguna de ellas falta." (Isaías 40:26)

¿Y cuánto poder se necesitó para crear el universo? Hay un increíble poder
incluso en el nivel atómico de la materia, pero el hombre lo ha usado a menudo
para destruir. Jehová, en cambio, como un alfarero con el barro, ha empleado
magistralmente su energía dinámica para crear toda la materia del universo.

"Los cielos están declarando la gloria de Dios; Y de la obra de sus manos la
expansión está informando." (Salmo 19:1)

En nuestros tiempos hemos escudriñado las profundidades del espacio y hemos
visto creaciones a una escala que nos llena de asombro y reverencia.

"Tuya oh Jehová es la grandeza y la excelencia; todo lo que hay en los cielos es
tuyo. En tu mano hay poder y potencia." (1 Crónicas 29:11, 12)

Cuando alzamos la vista a los cielos, vemos pruebas del incomparable poder de
Jehová.

– Jehová es poderoso, pero ¿crees que nosotros de verdad le importamos?
– Bueno, ha demostrado que si al prepararnos este cómodo hogar, hecho para
nosotros. Piensa en el espacio exterior y en lo desolado que está, pero la
Tierra es como un oasis. Recuerda lo que dijo Isaías, Jehová es 'el Formador de
la tierra y el Hacedor de ella, él no la creó sencillamente para nada, la formo
para ser habitada.' (Isaías 45:18)

Pero ¿cómo formó Jehová la Tierra para ser habitada?

A menudo se da por sentado el elemento más abundante de este planeta: el agua.
Sin embargo, el agua es esencial para la vida. Cuando la examinamos más
detenidamente, ¿qué aprendemos de su magistral Diseñador? Un solo vaso de agua
contiene incontables billones de moléculas. Cada molécula tiene un diseño
engañosamente sencillo: dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno. El
lado del oxígeno tiene una carga ligeramente negativa, y el del hidrógeno, una
carga ligeramente positiva. Estas cargas opuestas se atraen como diminutos
imanes y forman los llamados "puentes de hidrógeno".

¿Qué resulta de este sencillo pero elegante diseño? Conforme el agua se enfría,
se contrae y se vuelve más densa. Pero a diferencia de la mayoría de los
líquidos, cuando se acerca al punto de congelación, ocurre algo insólito. El
agua comienza a expandirse. Al volverse hielo los puentes de hidrógeno se traban
de tal modo que las moléculas forman un entramado muy abierto. Gracias a este
diseño tan singular, el hielo es menos denso que el agua y flota en la
superficie. Esta propiedad impide que gran parte del agua de los lagos, los ríos
y hasta los océanos acabe convirtiéndose en hielo sólido. De este modo, Jehová
creó un aislante natural que preserva la vida en el agua líquida que hay debajo.
Realmente, la sabiduría de Jehová se revela en el magistral diseño del "mar y
las fuentes de las aguas". (Revelación 14:7)

Esta abundancia de agua no existiría si la Tierra no estuviera precisamente
situada en el sistema solar a unos ciento cincuenta millones de kilómetros del
Sol. Si la Tierra estuviera tan solo un 5% más cerca del Sol, el calor abrasador
impediría que existiera la vida. Pero si estuviera tan solo un 1% más lejos del
Sol, gran parte de nuestro planeta quedaría cubierto por enormes capas de hielo.

Jehová también hizo la Tierra con el tamaño exacto. Si fuera un poco más grande
su gravedad sería mayor. El hidrógeno, siendo un gas ligero, se acumularía, pues
no podría escapar a la atracción de la Tierra. Con el tiempo, la atmósfera se
haría irrespirable. Por otro lado, si nuestro planeta fuera ligeramente más
pequeño, tanto el oxígeno como el agua de la superficie se escaparían. En ambos
casos, ya fuera la Tierra más grande o más pequeña, la vida no existiría. Tanto
el tamaño de la Tierra como su distancia del Sol revelan que Jehová la creó
"para ser habitada" (Isaías 45:18).

Orbitando en torno a la Tierra tenemos un "testigo fiel" del cuidado con que
Jehová diseñó nuestro hogar (Salmo 89:37). ¿Es la luna simplemente un objeto
bonito que adorna nuestro cielo? El salmista declara que Jehová 'hizo la luna
para tiempos señalados' (Salmo 104:19). ¿Qué propósito cumple la Luna? Con un
diámetro equivalente a la cuarta parte del diámetro de la Tierra, ejerce una
intensa fuerza gravitatoria que estabiliza la inclinación del eje de rotación
terrestre.

Si no fuera por la Luna durante largos períodos la Tierra oscilaría entre casi
cero y ochenta y cinco grados. Y eso tendría catastróficas consecuencias en el
clima. En una cara de la Tierra, las temperaturas se elevarían, mientras que en
la otra, se desplomarían. Al mantener constantes el clima y las estaciones, la
Luna no solo es hermosa, sino también esencial para la vida. La Biblia no se
equivoca al decir que la Luna es un "testigo fiel en los cielos" (Salmo 89:37).

Al oír el suave rumor de las olas, al sentir el calor del Sol, al contemplar una
hermosa luna llena, demos gracias a Jehová, que con tanto amor preparó nuestro
hogar terrestre (Salmo 136).

Pero lo que nos acerca todavía más a Jehová es la vida misma y cómo nos creó
para que la disfrutáramos.

– Miguel, mira cómo se divierten. No somos robots. Jehová nos hizo para que
podamos amar y relacionarnos con los demás, reírnos y jugar. Nos gusta la buena
música, vemos en intensos colores, olemos y gustamos una infinidad de cosas.
Todo eso no es imprescindible pero hace que disfrutemos de la vida. ¿Y cómo
sería la vida sin estas cosas? ¿Y si no hubiera música? ¿O si no sintiéramos
ninguna emoción? ¿Y si toda la comida, aunque nos alimentara, tuviera el mismo
color, la misma textura, el mismo sabor y el mismo olor?
– Sería muy aburrido.
– Aun podríamos vivir pero ¿disfrutaríamos igual de la vida? Jehová ha hecho que
vivir en la Tierra sea algo maravilloso. ¡Con razón queremos vivir para siempre!
¿Recuerdas lo que dijo Salomón? Dios ha puesto el tiempo indefinido en nuestro
corazón (Eclesiastés 3:11). Así nos hizo Jehová.

Cuanto más observamos la creación, más nos damos cuenta de que Jehová nos ha
dado la vida para que la disfrutemos.

– Jehová nos ha dado tantas cosas que nos hacen felices... ¿Recuerdas las
vacaciones pasadas?
– ¡Sí!
– ¿Qué te gustó más?
– Salir a pasear, la playa, las puestas de sol. También la comida, y ver los
animales.
– Si, disfrutamos de esas cosas sencillas. Jehová nos hizo para disfrutar de la
vida, y vemos su creatividad en la increíble variedad de la vida en la Tierra.

La diversidad que vemos en el reino animal es realmente asombrosa. Tan solo en
los océanos encontramos "cosas movientes sin número, criaturas vivientes,
pequeñas así como grandes" (Salmo 104:25). ¡Las aguas rebosan de vida! Las
abundantes y variadas 'obras de Jehová son maravillosas' (Salmo 139:14).

Aparte de la diversidad, los comportamientos instintivos de los animales revelan
la sabiduría de Jehová. ¿Cómo se orientan los pájaros en sus viajes migratorios
de miles de Kilómetros? ¿Cómo saben que volar en formación triangular consume
menos energía? ¿Cómo sabe el castor el modo de construir una presa y los
materiales que debe usar? ¿Quién le enseña a la araña a medir los patrones
geométricos de su telaraña?

Toda esta diversidad y las conductas que vemos en la naturaleza se vuelven aún
más fascinantes al saber de dónde provienen. Jehová escondió cuidadosamente
dentro de cada célula un tipo especial de molécula llamado ácido
desoxirribonucleico, conocido comúnmente como ADN. Cada molécula de ADN se
compone de moléculas más pequeñas denominadas nucleótidos: citosina, guanina,
adenina y timina. Estos nucleótidos están enlazados en largas hebras que forman
una doble hélice. Del mismo modo que las letras se ordenan para formar distintas
palabras, estos cuatro nucleótidos C, G, A y T, están ordenados en combinaciones
específicas que se corresponden con los distintos aminoácidos. Y estos, a su
vez, son los componentes fundamentales de todos los seres vivos.

Asombrosamente, ya se trate de la majestuosa secuoya, o de una exótica orquídea,
o de una gigantesca ballena, o de un bebé recién nacido, el diseño de todo
organismo vivo está registrado en el mismo formato: una exclusiva huella digital
de ADN. Con razón dio el salmista: "¡Cuántas son tus obras, oh Jehová! Con
sabiduría las has hecho todas. La tierra está llena de tus producciones" (Salmo
104:24).

Pero donde más se reflejan la sabiduría y el amor de Jehová es en la creación de
los seres humanos. Desde su mismo principio, la vida humana tiene un potencial
muchísimo mayor que el de los demás seres vivos.

"Me tuviste cubierto en resguardo en el vientre de mi madre. [...] Mis huesos no
estuvieron escondidos de ti cuando fui hecho en secreto, cuando fui tejido en
las partes más bajas de la tierra. Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu
libro todas sus partes estaban escritas." (Salmo 139:13-16)

¿Qué nos hace tan especiales? ¿Qué nos distingue de todas las demás creaciones
de Jehová? Génesis 1:26 declara que Jehová "pasó a decir: 'Hagamos al hombre a
nuestra imagen, según nuestra semejanza'". Estamos hechos para reflejar la
personalidad de Jehová mismo. La facultad de pensar, una necesidad espiritual
innata, la capacidad de amar, todas estas cosas nos separan de las creaciones
animales.

Además, Jehová nos hizo con el potencial de seguir viviendo para siempre.
Nuestras células, los diminutos bloques de construcción que forman nuestro
cuerpo están diseñadas para regenerarse continuamente. Jehová también nos dio
una obra maestra de diseño, hecha para durar para siempre.

Nuestro cerebro tiene unos cien mil millones de neuronas. Cada neurona es una
célula nerviosa especial conectada con miles de neuronas más; algunas se
conectan hasta con unas doscientas cincuenta mil. En conjunto, todas ellas
almacenan la información que nos hace ser quienes somos. En realidad, nuestra
creatividad y capacidad de aprender no tienen límite. Observar las formas de
vida nos acerca a Jehová. Él nos hizo para aprender para siempre, para disfrutar
de la naturaleza para siempre, y por eso anhelamos vivir para siempre. En su
gran amor, Jehová nos promete una vida que sobrepasa todos nuestros sueños.

Limpiará la Tierra y la convertirá en un paraíso. En ese nuevo mundo
disfrutaremos de la creación animal como nunca antes. Apenas nos imaginamos lo
fascinante que será esa vida: la vida de verdad. Al avanzar hacia la perfección,
seguiremos aprendiendo sobre la vida, sobre nuestro hermoso hogar y sobre
Jehová.

El amor, la paz y la felicidad llenarán todos los rincones de nuestro corazón.
Mientras esperamos que llegue ese paraíso, dediquemos tiempo a descubrir la
creación de Jehová, y así nuestra vida tendrá propósito y sentido aun ahora.
Muchos han tratado en vano de darle sentido a su vida yendo tras carreras
prestigiosas, el dinero o las diversiones. Este mundo está concebido para
apartarnos de Jehová. Que lo consiga o no, depende de nosotros.

Si deseamos acercarnos a Jehová, abramos los ojos al mundo que nos rodea y
veamos a Aquel que lo ha creado todo. Tras contemplar la creación, Job dijo: "De
oídas he sabido de ti, pero ahora mi propio ojo de veras te ve" (Job 42:5).
Podemos ver a Jehová en todas partes: en los imponentes cielos, en el bello
hogar que él hizo para nosotros, en cómo ha diseñado la vida misma. Todo ser
viviente de nuestra hermosa Tierra, sin importar lo pequeño que sea, es un
reflejo de la extraordinaria creatividad, originalidad y sabiduría de nuestro
amoroso Creador.

Aunque vivamos para siempre, jamás dejaremos de sentirnos asombrados por nuestro
maravilloso Padre, el gran artista de la creación, Jehová.

"Digno eres tú, Jehová, [...] de recibir la gloria y la honra y el poder, porque
tú creaste todas las cosas." (Revelación 4:11)

Tras ver este video, entendemos por qué las gloriosas criaturas de los cielos
invisibles se sintieron impulsadas a declarar: "Digno eres tú, Jehová, nuestro
Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas
las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas". Las maravillas
de la creación deben infundir en nosotros los sentimientos expresados en el
Salmo 19:1: "Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus
manos la expansión está informando". Y en el Salmo 104:24, el salmista exclama:
"¡Cuántas son tus obras, oh Jehová! Con sabiduría las has hecho todas. La tierra
está llena de tus producciones".

¿En cuántas cosas de la creación se fija usted cada día? Si tiene hijos, ¿les
señala las cosas que Jehová ha creado, de modo que puedan ver su infinita
sabiduría y su profundo amor por nosotros?

Cuando Jehová creó al primer hombre, Adán, lo puso en un bello paraíso. Una de
las primeras cosas que le mandó, fue observar detenidamente los animales y
estudiar sus características. Luego Adán les puso nombre. ¿Le habría gustado a
usted recibir ese encargo? Sin duda, en ese paraíso habría sido fácil
concentrarse en las obras de Jehová y sentir el deseo de glorificar al Creador.

Lamentablemente, hoy día la situación es muy distinta. Aquel paraíso ya no
existe. No hay seres humanos sin pecado. El egoísmo del hombre está arruinando
nuestro maravilloso hogar. Cada vez más personas viven en ciudades, donde los
componentes físicos del cielo y la tierra suelen pasar inadvertidos y no se
aprecian a plenitud. Muchos están absortos en las historias y fantasías de la
televisión, el cine y los videojuegos. Debemos resistir la tendencia de este
mundo a pasar por alto las obras de Jehová.

Cuando Jesús consoló a los pobres, les dijo que 'observaran atentamente las aves
del cielo' y que 'aprendieran una lección de los lirios del campo'. ¿Por qué les
dio esos consejos? Porque al extraer lecciones de las maravillosas creaciones de
Jehová, su fe se haría más profunda. Aprenderían a confiar en Jehová y
apreciarían su sabiduría, su poder salvador y su amor. A fin de cultivar esas
cualidades divinas hacemos bien en leer la Biblia a diario y asistir
regularmente a las reuniones cristianas. Y en el caso de ustedes, padres, tener
un estudio bíblico semanal con sus hijos les permitirá infundirles un aprecio
profundo por las maravillosas obras de nuestro Creador. No es prudente que nos
dejemos distraer por las obras de este mundo. Tampoco deberíamos dedicarnos por
completo a intereses personales o egoístas. Dedique tiempo y energías a
'observar atentamente' todas las maravillas de la creación de Dios. Eso le
acercará más y más a Jehová, Aquel que lo hizo todo bello a su tiempo.

La luz y los colores

Todas las obras de arte son un reflejo del artista. Expresiones de su
imaginación y creatividad. Pero ¿solo vemos esas expresiones en las obras de
arte hechas por el hombre? ¿O también las vemos en la naturaleza?

Vivimos rodeados de espectaculares colores. Dondequiera que miremos, quedamos
fascinados por la inmensa variedad de tonos y matices. Las variaciones pueden
ser sutiles o muy marcadas. Pero juntas resaltan la impresionante belleza que
existe en la creación. ¿De dónde salen todos estos colores? La respuesta tiene
que ver con la naturaleza de la luz y su comportamiento al entrar en contacto
con distintas superficies. Por lo general, la luz nos parece blanca, pero en
realidad, la luz blanca puede separarse en todos los colores del espectro
visible, y cada color corresponde a una longitud de onda distinta. Casi todos
los objetos tienen sustancias químicas llamadas pigmentos, que absorben ciertas
longitudes de onda y reflejan otras. Lo que cada objeto refleja hacia nuestros
ojos produce la maravillosa variedad de colores que vemos.

Entre los colores más hermosos de la naturaleza, figuran los causados por un
fenómeno llamado iridiscencia. Estos brillantes colores pueden variar según el
ángulo de visión. ¿Cómo se producen estos colores? En casi todos los casos, la
iridiscencia no se debe a pigmentos químicos, sino a precisos patrones
estructurales en la superficie del objeto. Por ejemplo, las alas de las
mariposas Morpho están recubiertas de diminutas escamas semitransparentes. Cada
escama tiene surcos microscópicos de idéntico tamaño cuyos bordes a su vez
presentan surcos aún más pequeños. La anchura de estos diminutos surcos es más
pequeña incluso que una longitud de onda de luz. Así rompen las ondas de luz y
crean un patrón de interferencia. Como resultado, algunos colores se cancelan,
mientras que otros se intensifican. Estas ondas de luz intensificadas se
reflejan hacia nosotros como un azul deslumbrante. Así es, estas brillantes
obras de arte, son producto de un diseño muy ingenioso y complejo.

No solo encontramos colores espectaculares en los objetos que nos rodean, sino
también cuando alzamos la vista. Al ponerse el sol, el firmamento se pinta de
asombrosos colores. ¿Por qué se forma este hermoso cuadro?

En su viaje hacia la tierra, la luz choca con moléculas de aire y partículas de
polvo y se difumina o dispersa. El grado en que una onda de luz se dispersa
depende de su longitud de onda. La luz azul tiene una longitud de onda más corta
y se dispersa por toda la atmosfera. Por eso vemos azul el cielo cuando el sol
está alto en un día claro. Pero cuando el sol está cerca del horizonte la luz
debe cruzar más distancia en la atmosfera para llegar a nuestros ojos. La luz
azul, con una longitud de onda más corta, se dispersa antes de alcanzarnos. En
cambio, la luz roja y anaranjada, puede viajar mayores distancias a través de la
atmosfera y adornar el cielo con los tonos dorados y rojizos del atardecer.

¡Que enorme variedad de colores se han usado para pintar nuestro hogar
terrestre! Cuando nos detenemos a contemplar su belleza, nos sentimos atraídos a
Jehová Dios, el mayor artista de todos. Igual que una obra de arte es un reflejo
del artista, así los hermosos colores que Jehová ha elegido para cada una de sus
creaciones, son una muestra del profundo amor que nos tiene. En efecto, "todo lo
ha hecho bello a su tiempo" (Eclesiastés 3:11).

El agua

El agua, el elemento más llamativo de nuestro planeta, visto desde el espacio.
Donde quera que haya vida hay agua. Y no se trata de una coincidencia, pues cada
gota de agua tiene extraordinarias propiedades que la hacen esencial para todos
los seres vivos.

Por ejemplo, los secuoyas de Norteamérica pueden superar los cien metros de
altura, y el agua, que transporta los nutrientes debe viajar desde las raíces
hasta la última rama del árbol. ¿Cómo vence el agua la fuerza de la gravedad y
alcanza esa gran altura?

Para hallar la respuesta observe lo que ocurre cuando colocamos un tubo estrecho
de vidrio en un plato con agua. El agua comienza a subir dentro del tubo.
¿Porque sucede eso? Como ya hemos visto, las moléculas de agua están
polarizadas, es decir, un lado tiene una carga negativa y el otro una positiva.
Por este motivo forman los llamados puentes de hidrógeno con otras moléculas
polarizadas, entre ellas las de vidrio que se encuentran justo por encima en las
paredes del tubo. Al mismo tiempo los enlaces entre las moléculas de agua tensan
la superficie y alzan las moléculas que están más abajo. Como los eslabones de
una cadena. Esas mismas fuerzas, llamadas adhesión y cohesión, están presentes
en los árboles. El agua se eleva dentro del tronco por medio de diminutos tubos,
llamados capilares. Al mismo tiempo, conforme el agua se evapora en las hojas,
se produce una succión hacia arriba que se transmite a lo largo de la cadena de
moléculas de agua. Estas dos fuerzas juntas, elevan el agua que lleva los
nutrientes esenciales a todas las ramas y hojas del árbol. Este fascinante y
silencioso proceso ocurre en todas las plantas, desde una pequeña flor, hasta el
árbol más gigantesco. Y las plantas a su vez dan alimento y oxígeno al hombre y
los animales.

Pero la relación más directa entre nosotros y el agua, es su papel en nuestro
propio cuerpo. Desde la sangre que circula en nuestras venas, hasta los fluidos
alrededor y dentro de las células, el agua es el medio perfecto para la vida. Es
un eficaz solvente que disuelve las sales, los minerales y otros nutrientes y
los transporta a las células. También es un reactante químico que resulta
imprescindible para la digestión. Hasta las proteínas, los bloques de
construcción fundamentales de las células, tienen una relación muy especial con
el agua. Para cumplir su papel, las proteínas deben doblarse en una forma
tridimensional específica, y este proceso tan esencial está dirigido por
delicadas interacciones entre las proteínas y el agua.

Así es, todas las propiedades del agua están equilibradas a la perfección para
sostener la vida. Sin agua, las células estarían tan secas y sin vida como un
puerto en medio de un desierto árido. En cambio, el agua da energía a las
células y nos mantiene con vida, activos y saludables. ¡Que extraordinaria
creación es el agua! ¡Y que papel tan singular se le ha otorgado en sostener a
todos los seres vivos en nuestro bello planeta tierra! En todos los niveles,
desde las moléculas más pequeñas, hasta los océanos que abarcan el planeta, el
agua esta magistralmente entretejida con la vida. Es una prueba irrefutable y
constante de que nuestro sabio Creador, Jehová Dios, es aquel "que hizo el cielo
y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas" (Revelación 14:7).

El diseño de la vida

Al elaborar los planos de una casa, el arquitecto no solo debe prestar atención
a todos los detalles, también debe asegurarse que de todo armonice con el diseño
del conjunto. ¿Qué puede decirse sobre el diseño de la vida? ¿Hay pruebas de una
planificación meticulosa y de que exista armonía de conjunto entre los seres
vivos?

Nuestro planeta rebosa de creaciones asombrosas, cada una maravillosamente
singular. Sin embargo, como ya hemos visto, todos los organismos vivos tenemos
algo en común: nuestros planos de ADN. Toda la complejidad y diversidad de la
vida se debe a estas diminutas e increíbles moléculas. Pero aparte de la
apariencia, los comportamientos, las capacidades y los instintos de cada
organismo, el ADN contiene instrucciones para asombrosas relaciones entre
creaciones distintas. Cuando observamos la naturaleza, emerge ante nuestros ojos
una armonía subyacente en el diseño de los seres vivos.

Por ejemplo, muchas plantas con flores producen néctar que alimenta a insectos y
otras creaturas. Pero los beneficios son mutuos. Cuando las abejas toman el
néctar, quedan cubiertas de minúsculos granos de polen, que luego transportan a
otras flores de la misma especie. Muchas plantas y árboles dependen de esta
polinización para reproducirse. Gracias a este asombroso diseño, las abejas, las
plantas, los animales y el hombre se benefician de esta relación.

Escondida bajo la superficie, hallamos otra relación muy beneficiosa entre
plantas y hongos. Incapaces de producir su propio alimento, ciertos hongos
infectan las raíces de las plantas y absorben carbohidratos de sus huéspedes.
Pero en vez de hacer daño a la planta, el hongo en realidad la beneficia, pues
sus filamentos proporcionan una superficie mucho mayor para absorber minerales y
agua, los cuales comparte con la planta. Además, el hongo llega a donde las
raíces de la planta no pueden alcanzar. Gracias a los hongos, la planta absorbe
más nutrientes del suelo, crece más rápido, y tolera mejor las condiciones
extremas. Prácticamente todas las plantas se benefician de este tipo de relación
con los hongos.

En las profundidades del mar, encontramos más alianzas entre seres de distinto
tipo, algunas muy inesperadas. Grupos de peces grandes, se reúnen en zonas donde
peces limpiadores más pequeños, les quitan la piel muerta y los parásitos. En
otras circunstancias, el pez grande se comería a los chicos, pero en esas
estaciones de limpieza, se dejan atender por ellos. Casi todos los peces evitan
los tentáculos venenosos de la anémona marina, pero el pez payaso vive entre
ellos. Una capa mucosa de la piel lo protege de la picadura de la anémona, así
puede estar a salvo de los depredadores. A cambio, el pez payaso comparte comida
con la anémona y la protege de los peces que se alimentan de anémonas.

Unos peces llamados góbidos, viven en los refugios de ciertos camarones que son
casi ciegos, para proteger a su anfitrión, este pez sale a vigilar y le advierte
del peligro, dándole golpecitos con la cola.

Estos no son más que unos pocos ejemplos de las interconexiones que vemos a
nuestro alrededor cuando miramos más de cerca la naturaleza. ¿Cómo es que estas
creaturas instintivamente sabias, saben formar asociaciones con otras creaturas
tan distintas? De algún modo, las instrucciones para formarlas se hallan en su
ADN. En efecto, los seres vivos no son una simple colección aleatoria de
creaciones individuales, sino una obra maestra de diseño maravillosamente
orquestada. Todo ser vivo cumple su papel en perfecta armonía con los demás de
su entorno y contribuye a la sublime sinfonía de la vida. Al conocer mejor la
creación vemos con asombro maravillas de diseño e ingeniería muy superiores a
cualquier cosa que el hombre haya ideado. En realidad en ellas alcanzamos a
entrever la mente del Diseñador por excelencia, Jehová Dios.

"Digno eres tú, Jehová, […] de recibir la gloria y la honra y el poder, porque
tú creaste todas las cosas" (Revelación 4:11).

Patrones en la naturaleza

A diario vemos a nuestro alrededor diseños que siguen patrones. Todos ellos dan
prueba del cuidadoso diseño y el trabajo que se requirió para producirlos. Pero,
¿y los patrones que no ha hecho el hombre, sino que se encuentran en la
naturaleza? ¿Qué nos revelan?

Pensemos en un copo de nieve. Estos cristales diminutos se forman cuando el
vapor de agua de una nube se condensa directamente en forma de hielo. A medida
que los cristales crecen en tamaño, surgen hermosos y elegantes patrones.
Miremos de cerca el patrón que sigue un copo de nieve en particular. Los brazos
cristalinos se ramifican una vez, y otra y otra, en tamaños cada vez más
pequeños. Los matemáticos que estudian este concepto de autosemejanza utilizan
el termino fractal para referirse a un patrón constante que se repite en
múltiples escalas.

¿Qué otros ejemplos de geometría fractal vemos en la naturaleza? Los arboles
pueden reflejar cierto grado de autosemejanza. El tronco se divide en ramas
mayores, estas en ramas más pequeñas y así sucesivamente. Las hojas de los
helechos, siguen un patrón fractal semejante. El caparazón del nautilo presenta
un patrón distinto, pero también fractal. Según va creciendo, el nautilo
construye cámaras nuevas y más grandes y sella las viejas y más pequeñas que ya
n o necesita. El resultado es una espiral de carácter fractal, pues mantiene una
forma parecida a medida que aumenta de tamaño. Los patrones espirales de este
tipo se ven a menudo en la naturaleza. Desde las formaciones nubosas de un
huracán, hasta las minúsculas conchas de la playa. Desde la colocación de las
estrellas de una galaxia, hasta las semillas de un girasol.

¿A qué se deben estos patrones en espiral? En el caso del girasol, tiene que ver
con el ángulo exacto en que se forman los nuevos tejidos de la planta. A este
ángulo, de aproximadamente ciento treinta y siete grados y medio se lo llama a
veces, el ángulo áureo. Gracias a él, se produce una organización totalmente
compacta. Sin espacios perdidos, y se generan distintos patrones en espiral. Si
el girasol no creciera en el ángulo áureo, sino en otro, por ejemplo de ciento
cuarenta grados, en su lugar crecerían brazos radiales, y el espacio no se
aprovecharía de manera tan perfecta.

En un examen más profundo, se distingue una fascinante relación matemática entre
el ángulo áureo, y una serie de números llamados la sucesión de Fibonacci. En
esta progresión, cada número es el resultado de sumar los dos anteriores. Lo más
asombroso es que los números de Fibonacci suelen aparecer en las plantas. Este
girasol tiene treinta y cuatro espirales en una dirección y cincuenta y cinco en
la otra y ambos números figuran en la sucesión de Fibonacci. Las piñas suelen
tener ocho o trece espirales. La cantidad de pétalos de las flores que crecen en
espiral suele corresponder a un número de Fibonacci. ¿Por qué son tan
importantes estos números? A medida que se avanza en la sucesión de Fibonacci,
la relación entre los sucesivos números se acerca más y más a la definición del
valor exacto del ángulo áureo. La enigmática relación matemática entre el ángulo
áureo en que crece la planta y el número de espirales resultantes nos recuerda
que los patrones que vemos en la naturaleza no se deben a una mera coincidencia:
todos reflejan un orden y un diseño cuidadosos y al examinarlos más de cerca nos
llena de asombro y reverencia la capacidad creativa de su diseñador, Jehová
Dios.

"Las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo
en adelante, porque se perciben por las cosas hechas" (Romanos 1:20).

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Macpela.

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casa de los patriarcas.

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Jehová es mi pastor y nada me faltara.