sábado, 12 de mayo de 2012

Daniel,.Jehová promete a Daniel una magnífica recompensa


Capítulo 18
Jehová promete a Daniel una magnífica recompensa
UN CORREDOR se acerca a la meta. Está casi exhausto, pero con ella a la vista saca fuerzas de flaqueza para las pocas zancadas que le quedan. Por fin, en un esfuerzo supremo, cruza la línea de llegada. El alivio y el triunfo se reflejan en su rostro: aguantar hasta el final ha merecido la pena.
2 En la conclusión del capítulo 12 de Daniel encontramos al amado profeta aproximándose a la línea de meta de su propia “carrera”: una vida de servicio a Jehová. El apóstol Pablo escribió, tras citar varios ejemplos de fe de siervos precristianos de Jehová: “Pues, entonces, porque tenemos tan grande nube de testigos que nos cerca, quitémonos nosotros también todo peso, y el pecado que fácilmente nos enreda, y corramos con aguante la carrera que está puesta delante de nosotros, mirando atentamente al Agente Principal y Perfeccionador de nuestra fe, Jesús. Por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:1, 2).
3 Daniel figuraba en esa ‘gran nube de testigos’. Sin lugar a dudas, él fue uno de los que ‘corrieron con aguante’, impulsado por un amor profundo a Dios. Después de revelarle mucha información respecto al futuro de los gobiernos del mundo, Jehová le envía a él estas palabras de ánimo: “En cuanto a ti mismo, ve hacia el fin; y descansarás, pero te pondrás de pie para tu porción al fin de los días” (Daniel 12:13). El ángel de Jehová le dijo tres cosas distintas a Daniel: 1) que ‘fuera hacia el fin’; 2) que ‘descansaría’, y 3) que en un futuro volvería a ‘ponerse de pie’. ¿Cómo pueden estas palabras infundir ánimo a los cristianos de la actualidad para que aguanten hasta la línea de meta en la carrera hacia la vida?
“VE HACIA EL FIN”
4 ¿A qué se refería el ángel cuando dijo: “En cuanto a ti mismo, ve hacia el fin”? ¿El fin de qué? Pues bien, parece que se refería al fin de la vida de Daniel, probablemente ya cercano en vista de que este rondaba los 100 años de edad. El ángel le instó a seguir fiel hasta la muerte, lo cual no sería necesariamente fácil. Daniel había vivido lo suficiente para ver la caída de Babilonia y el regreso a Judá y Jerusalén de un resto de judíos desterrados, lo que debió regocijar al anciano profeta. Sin embargo, no hay indicación de que él les acompañara en ese viaje. Puede que para ese entonces fuese demasiado viejo y frágil de salud, o que fuera la voluntad de Jehová que se quedara en Babilonia. En cualquier caso, no podemos menos que preguntarnos si Daniel no sintió algo de nostalgia cuando vio partir a sus paisanos rumbo a Judá.
5 “Ve hacia el fin.” Esta declaración animadora del ángel sin duda fortaleció mucho a Daniel, y puede que nos recuerde las palabras que Jesucristo pronunció unos seis siglos más tarde: “El que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo” (Mateo 24:13). Es evidente que Daniel aguantó hasta el fin. Corrió fielmente la carrera hacia la vida hasta la misma meta, y esa podría ser una de las razones por las que, tiempo después, la Palabra de Dios lo mencionó favorablemente (Hebreos 11:32, 33). ¿Qué le permitió aguantar hasta el fin? En su trayectoria personal hallamos la respuesta.
PERSEVERÓ EN EL ESTUDIO DE LA PALABRA DE DIOS
6 Para Daniel, aguantar hasta el fin implicaba seguir estudiando las emocionantes promesas divinas y reflexionando sobre ellas. Sabemos que el profeta fue un estudiante concienzudo de la Palabra de Dios. ¿De qué otro modo pudiera haber sabido que, según la promesa de Jehová dada a Jeremías, el destierro duraría setenta años? Daniel mismo escribió: “Discerní por los libros el número de los años” (Daniel 9:2; Jeremías 25:11, 12). Es indudable que Daniel procuró hallar los libros de la Palabra de Dios entonces existentes. Los escritos de Moisés, David, Salomón, Isaías, Jeremías o Ezequiel —cualesquiera que tuviera a su alcance— seguramente le proporcionaron muchas horas placenteras de lectura y meditación.
7 Para cultivar la cualidad del aguante hoy en día, es esencial estudiar la Palabra de Dios y estar absortos en ella (Romanos 15:4-6; 1 Timoteo 4:15). Nosotros tenemos la Biblia completa, la cual contiene el testimonio escrito de la forma en que se cumplieron algunas profecías de Daniel siglos más tarde. Además, tenemos la bendición de vivir durante “el tiempo del fin” predicho en Daniel 12:4. Los ungidos se han visto favorecidos en nuestro tiempo con perspicacia de índole espiritual y brillan como faros de la verdad en este mundo oscuro. Debido a ello, muchas profecías profundas del libro de Daniel —algunas de las cuales intrigaron al profeta— rebosan de significado para nosotros. Por consiguiente, sigamos estudiando a diario la Palabra de Dios y valoremos siempre como es debido esas bendiciones, pues ese proceder nos ayudará a aguantar.
DANIEL PERSEVERÓ EN LA ORACIÓN
8 La oración también contribuyó a que Daniel aguantara hasta el fin. Todos los días se dirigía a Jehová Dios abiertamente y con palabras que brotaban de un corazón lleno de fe y confianza. Daniel sabía que Jehová era el “Oidor de la oración” (Salmo 65:2; compárese con Hebreos 11:6). Cuando su corazón estaba aplastado a causa de la rebeldía de Israel, volcó sus sentimientos en Jehová (Daniel 9:4-19). Nunca permitió que nada le impidiera seguir orando a Jehová Dios, ni siquiera cuando Darío decretó que durante treinta días solo se elevaran peticiones a él mismo (Daniel 6:10). ¿No nos conmueve imaginarnos a este fiel anciano enfrentándose a un foso lleno de leones antes que renunciar al inestimable privilegio de la oración? No puede caber ninguna duda de que Daniel ‘fue hacia su fin’ en fidelidad y orando con fervor a Jehová todos los días.
9 La oración es un acto sencillo. Podemos orar casi en cualquier momento y lugar, en voz alta o en silencio. Nunca tomemos a la ligera, sin embargo, este preciado privilegio. La Biblia enlaza la oración con el aguante, la perseverancia y el permanecer despiertos en sentido espiritual (Lucas 18:1; Romanos 12:12; Efesios 6:18; Colosenses 4:2). ¿No es asombroso que tengamos una vía de comunicación libre y abierta con la persona más importante del universo? Y Jehová escucha. Recordemos la ocasión en que envió un ángel en respuesta a la oración de Daniel. ¡El ángel llegó mientras Daniel todavía estaba orando! (Daniel 9:20, 21). Aunque la nuestra no sea una época de visitas angélicas, Jehová no ha cambiado (Malaquías 3:6). Tal como escuchó la oración de Daniel, también escuchará las nuestras. Mediante la oración estrecharemos nuestra relación con Jehová y forjaremos un vínculo con él que nos ayudará a aguantar hasta el fin, como lo hizo Daniel.
PERSEVERÓ EN LA ENSEÑANZA DE LA PALABRA DE DIOS
10 Daniel había de ir “hacia el fin” aún en otro sentido. Tenía que perseverar en la enseñanza de la verdad. Nunca olvidó que era miembro del pueblo escogido respecto al que las Escrituras habían dicho: “Ustedes son mis testigos —es la expresión de Jehová—, aun mi siervo a quien he escogido” (Isaías 43:10). Daniel hizo cuanto pudo por estar a la altura de esa comisión. Es probable que entre sus tareas se contara la de enseñar a su propia gente desterrada en Babilonia. Poco sabemos de sus relaciones con los demás judíos, a excepción de sus lazos con los tres a quienes se llama “sus compañeros”: Hananías, Misael y Azarías (Daniel 1:7; 2:13, 17, 18). La amistad íntima que se profesaban seguramente ayudó a todos ellos a aguantar (Proverbios 17:17). Daniel tuvo mucho que enseñar a sus amigos, pues Jehová lo bendijo con una perspicacia especial (Daniel 1:17). Sin embargo, su labor docente incluyó también otro aspecto.
11 Más que ningún otro profeta, Daniel dio testimonio a mandatarios de origen gentil. Si bien a menudo tuvo que pronunciar mensajes desagradables, no trató a esos gobernantes como si fueran detestables o de algún modo inferiores a él, sino que se dirigió a ellos con respeto y habilidad. Y aunque hubo quienes intentaron acabar con Daniel, como aquellos sátrapas envidiosos y taimados, otros dignatarios llegaron a respetarlo. Debido a que Jehová lo facultó para explicar secretos que dejaron perplejos a reyes y sabios, el profeta alcanzó gran prominencia (Daniel 2:47, 48; 5:29). Es cierto que con el paso de los años no podría hacer tanto como en su juventud, pero todo indica que mientras ‘iba hacia su fin’ siguió procurando fielmente por todos los medios ser un testigo de su amado Dios.
12 Tal como Daniel y sus tres amigos se apoyaron entre sí, hoy en día podemos hallar en la congregación cristiana a compañeros fieles que nos ayudarán a aguantar. También nos enseñamos unos a otros, de modo que se produce “un intercambio de estímulo” (Romanos 1:11, 12). Al igual que Daniel, tenemos la comisión de predicar a quienes no son creyentes (Mateo 24:14; 28:19, 20). Es preciso, por tanto, que desarrollemos nuestras aptitudes a fin de que ‘manejemos la palabra de la verdad correctamente’ cuando hablemos de Jehová a otras personas (2 Timoteo 2:15). Y nos será útil escuchar el consejo del apóstol Pablo: “Sigan andando en sabiduría para con los de afuera” (Colosenses 4:5). Esa sabiduría hace que tengamos un punto de vista equilibrado respecto a quienes no comparten nuestra fe. No los despreciamos por considerarnos superiores a ellos (1 Pedro 3:15). Más bien, procuramos atraerlos a la verdad utilizando con tacto y habilidad la Palabra de Dios para llegarles al corazón. Y qué gozo sentimos cuando logramos motivar a alguien. Sin lugar a dudas, tal gozo nos ayuda a aguantar hasta el fin, como lo hizo Daniel.
“DESCANSARÁS”
13 A continuación, el ángel le aseguró a Daniel: “Descansarás” (Daniel 12:13). ¿Qué quiso decir? Pues bien, Daniel sabía que le aguardaba la muerte, el fin ineludible de todos los seres humanos desde el tiempo de Adán hasta el presente. Con buena razón la Biblia la llama un “enemigo” (1 Corintios 15:26). Ahora bien, la perspectiva de la muerte tenía para Daniel un significado muy distinto del que tenía para los babilonios que lo rodeaban. Sumidos en el complicado culto de unas cuatro mil deidades falsas, para estos la muerte suscitaba toda clase de temores. Pensaban que quienes habían sido infelices o habían sufrido una muerte violenta se convertían al morir en espíritus vengativos que acosaban a los vivos. Los babilonios creían asimismo en un aterrador mundo subterráneo habitado por horribles monstruos con formas humanas y animales.
14 La muerte no significaba nada de aquello para Daniel. Centenares de años antes, el rey Salomón había dicho por inspiración divina: “En cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto” (Eclesiastés 9:5). Y respecto a quien muere, el salmista había cantado: “Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos” (Salmo 146:4). Por lo tanto, Daniel sabía que el ángel estaba en lo cierto. La muerte significaba descanso, no pensamientos ni lamentaciones ni tormentos, y mucho menos monstruos. Jesucristo lo expresó de modo parecido cuando Lázaro murió, pues dijo: “Nuestro amigo Lázaro está descansando” (Juan 11:11).
15 Consideremos otra razón por la que Daniel no tenía miedo ante la perspectiva de la muerte. La Palabra de Dios dice: “Mejor es un nombre que el buen aceite, y el día de la muerte que el día en que uno nace” (Eclesiastés 7:1). ¿Cómo puede un día tan triste como el de la muerte ser mejor que el alegre día del nacimiento? La clave está en el “nombre”. “El buen aceite” podía ser extremadamente caro. En cierta ocasión, María, la hermana de Lázaro, le untó los pies a Jesús con un aceite perfumado que casi costaba el salario de un año (Juan 12:1-7). ¿Cómo puede un simple nombre valer tanto? La versión Septuaginta griega utiliza en Eclesiastés 7:1 la expresión “un buen nombre”. Lo que es tan valioso no es el nombre en sí, sino lo que entraña. Al nacer, el portador del nombre aún no se ha labrado una reputación ni un historial de obras buenas, y no se tienen preciados recuerdos de su personalidad y cualidades. Pero cuando la vida termina, el nombre significa todas esas cosas, y si Dios lo considera un buen nombre, entonces tiene mucho más valor que cualquier posesión material.
16 Durante toda su vida, Daniel hizo cuanto pudo para hacerse un buen nombre ante Dios, y a Jehová no le pasó inadvertido. Él observó a Daniel y examinó su corazón. Lo mismo había hecho con el rey David, quien cantó: “Oh Jehová, tú me has escudriñado completamente, y me conoces. Tú mismo has llegado a conocer mi sentarme y mi levantarme. Has considerado mi pensamiento desde lejos” (Salmo 139:1, 2). Claro está que Daniel no era perfecto. Descendía del pecador Adán y era miembro de una nación pecadora (Romanos 3:23). Pero se arrepintió de sus errores y siempre trató de andar con su Dios en rectitud. Por tanto, el fiel profeta podía confiar en que Jehová perdonaría sus pecados y nunca se los echaría en cara (Salmo 103:10-14; Isaías 1:18). Jehová prefiere recordar las obras buenas de sus siervos leales (Hebreos 6:10). De ahí que en dos ocasiones el ángel de Jehová llamara a Daniel “hombre muy deseable” (Daniel 10:11, 19). Aquello significaba que Dios amaba al profeta. Daniel podía ir a descansar satisfecho, sabiendo que se había hecho un buen nombre ante Jehová.
17 A todos nos conviene preguntarnos: “¿Me he hecho un buen nombre ante Jehová?”. Vivimos tiempos difíciles. Reconocer que la muerte puede sorprenderle a cualquiera de nosotros en cualquier momento no es morboso, sino sencillamente realista (Eclesiastés 9:11). Por consiguiente, es esencial que personalmente nos resolvamos ahora mismo, sin demora, a labrarnos un buen nombre ante Dios. Si así lo hacemos, no habremos de temer la muerte. Esta es solo un descanso, como si la persona durmiera. Y como al sueño, le sigue un despertar.
“TE PONDRÁS DE PIE”
18 El libro de Daniel se cierra con una de las promesas más hermosas que Dios haya hecho a un ser humano. El ángel de Jehová le dijo a Daniel: “Te pondrás de pie para tu porción al fin de los días”. ¿Qué quiso decir? Pues bien, en vista de que el ‘descanso’ al que acababa de referirse era la muerte, la promesa de que Daniel ‘se pondría de pie’ en un futuro no puede tener más que un significado: resurrección. De hecho, algunos biblistas han afirmado que el capítulo 12 de Daniel contiene la primera referencia explícita de las Escrituras Hebreas a la resurrección (Daniel 12:2). Sin embargo, se equivocan. Daniel estaba muy familiarizado con la esperanza de la resurrección.
19 Por ejemplo, Daniel seguramente conocía estas palabras que Isaías había escrito dos siglos antes: “Tus muertos vivirán. Cadáver mío... se levantarán. ¡Despierten y clamen gozosamente, residentes del polvo! Porque [...] la tierra misma dejará que hasta los que están impotentes en la muerte caigan en nacimiento” (Isaías 26:19). Mucho antes, Jehová había facultado a Elías y Eliseo para que efectuaran resurrecciones (1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:32-37). Antes aún, Ana, la madre del profeta Samuel, había reconocido que Jehová puede levantar a la gente del Seol, es decir, de la sepultura (1 Samuel 2:6). Y remontándonos todavía más en el tiempo, el fiel Job expresó su propia esperanza con estas palabras: “Si un hombre físicamente capacitado muere, ¿puede volver a vivir? Todos los días de mi trabajo obligatorio esperaré, hasta que llegue mi relevo. Tú llamarás, y yo mismo te responderé. Por la obra de tus manos sentirás anhelo” (Job 14:14, 15).
20 Al igual que Job, Daniel tenía motivos para confiar en que algún día, en el futuro, Jehová realmente anhelaría devolverle la vida. Aún así, debió reconfortarlo mucho oír a una poderosa criatura espiritual confirmar aquella esperanza. Sí, Daniel se pondrá de pie “en la resurrección de los justos”, la cual ocurrirá durante el Reinado Milenario de Cristo (Lucas 14:14). ¿Qué significará eso para el profeta? La Palabra de Dios dice mucho al respecto.
21 Jehová “no es Dios de desorden, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Es evidente, pues, que la resurrección en el Paraíso seguirá un orden. Puede que tenga lugar algún tiempo después del Armagedón (Revelación [Apocalipsis] 16:14, 16). Ya se habrá eliminado todo vestigio del viejo sistema de cosas, y sin duda se habrán hecho preparativos para recibir a los muertos. En cuanto al orden en que estos regresarán, la Biblia expone esta norma para un caso anterior: “Cada uno en su propia categoría” (1 Corintios 15:23). En lo que respecta a la “resurrección así de justos como de injustos”, parece probable que los justos sean los primeros a quienes se resucite (Hechos 24:15). De ese modo, Daniel y otros hombres fieles de la antigüedad podrán colaborar en la administración de los asuntos terrestres, lo que incluye la educación de los miles de millones de “injustos” que volverán a la vida (Salmo 45:16).
22 Daniel seguramente querrá formular algunas preguntas antes de asumir tales cometidos. Al fin y al cabo, tocante a algunas de las profecías profundas que se le confiaron, él mismo dijo: “Oí, pero no pude entender” (Daniel 12:8). ¡Qué emoción sentirá al comprender por fin esos secretos divinos! Sin lugar a dudas, querrá saber todo lo que concierne al Mesías. Quedará maravillado al enterarse de la marcha de las potencias mundiales desde su tiempo hasta nuestros días, de la identidad de los fieles “santos del Supremo” —los que perseveraron durante “el tiempo del fin” a pesar de la persecución— y de la destrucción definitiva de todos los reinos humanos por el Reino Mesiánico de Dios (Daniel 2:44; 7:22; 12:4).
LA PORCIÓN DE DANIEL EN EL PARAÍSO Y LA SUYA
23 Daniel deseará familiarizarse con el mundo en que se hallará entonces, uno muy distinto del de su tiempo, donde no quedará ni rastro de las guerras y la opresión que malograron el mundo que conoció. No habrá dolor ni enfermedades ni muerte (Isaías 25:8; 33:24). En cambio, sí habrá alimento en abundancia, y todas las personas tendrán una vivienda y un trabajo satisfactorio (Salmo 72:16; Isaías 65:21, 22). Toda la humanidad constituirá una sola familia unida y feliz.
24 Seguro que Daniel tendrá un lugar en ese mundo. “Te pondrás de pie para tu porción”, le dijo el ángel. La palabra hebrea que aquí se traduce por “porción” es la misma que se utiliza para referirse a las parcelas de terreno literales. Es posible que Daniel conociera la profecía de Ezequiel sobre el reparto de la tierra restaurada de Israel (Ezequiel 47:13–48:35). Teniendo en cuenta que la profecía también se cumplirá en el Paraíso, ¿qué parece indicar sobre lo que ocurrirá entonces? Que todos los siervos de Dios tendrán su sitio en el Paraíso, y hasta que la misma tierra se repartirá de forma ordenada y equitativa. Desde luego, la porción de Daniel en el Paraíso constará de algo más que una simple parcela, pues incluirá el lugar que entonces ocupará en el propósito de Dios. La recompensa que se le prometió está garantizada.
25 Ahora bien, ¿qué puede decirse de nuestra porción? Las mismas promesas pueden cumplirse en nuestro caso. Jehová desea que los seres humanos obedientes ‘se pongan de pie’ para recibir su porción, para ocupar un lugar en el Paraíso. Piense en ello. Sin duda será emocionante conocer en persona a Daniel y a otros hombres y mujeres fieles de tiempos bíblicos. También regresará de la muerte una innumerable cantidad de personas a quienes se habrá de educar para que conozcan y amen a Jehová Dios. Imagínese a sí mismo cuidando de nuestro hogar terrestre y colaborando para transformarlo en un paraíso de infinita variedad y eterna belleza. Piense en lo que significará ser enseñado por Jehová y aprender a vivir de la forma en que él se propuso para la humanidad (Isaías 11:9; Juan 6:45). En efecto, en el Paraíso hay un sitio para usted. Aunque la noción de un paraíso pueda resultar extraña hoy en día, recuerde que en un principio Jehová hizo a la humanidad para vivir en un lugar así (Génesis 2:7-9). En ese sentido, el Paraíso es el hábitat natural de los miles de millones de habitantes de este planeta, el medio ambiente al que pertenecen. Llegar a vivir allí será como haber vuelto a casa.
26 ¿No es cierto que nuestro corazón rebosa de gratitud al pensar en ello? ¿Acaso no ansía estar allí? No es de extrañar, entonces, que los testigos de Jehová anhelen saber cuándo llegará el fin de este sistema de cosas. Jehová sabe que la espera no resulta fácil, de modo que nos insta a ‘mantenernos en expectación’ del fin “aun si tardara”. Con estas palabras se refería a un retraso desde nuestro punto de vista, pues en el mismo texto nos asegura: “No llegará tarde” (Habacuc 2:3; compárese con Proverbios 13:12). Sí, el fin vendrá justo a tiempo.
27 ¿Qué debe hacer usted mientras el fin se aproxima? Como Daniel, el profeta amado de Jehová, aguante fielmente. Estudie con diligencia la Palabra de Dios. Ore con fervor. Relaciónese con sus hermanos en la fe y téngales amor. Enseñe con celo la verdad. Puesto que el fin de este sistema de cosas perverso está cada día más cerca, no ceje en su empeño de ser un siervo leal del Altísimo y un firme defensor de su Palabra. Preste atención a las profecías de Daniel. Y que el Señor Soberano Jehová le conceda el gozoso privilegio de disfrutar de una buena posición ante él por toda la eternidad.

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