viernes, 25 de mayo de 2012

EZEQUIEL libro


Libro bíblico número 26: Ezequiel
Escritor: Ezequiel
Dónde se escribió: Babilonia
Cuándo se completó: c. 591 a.E.C.
Tiempo que abarca: 613–c. 591 a.E.C.
EN EL año 617 a.E.C., Joaquín, rey de Judá, entregó Jerusalén a Nabucodonosor, quien llevó a Babilonia a las personas principales del país y los tesoros de la casa de Jehová y de la casa del rey. Entre los cautivos estaban la familia del rey y los príncipes; los hombres valientes y poderosos; los artífices y constructores; y Ezequiel el hijo de Buzí el sacerdote. (2 Rey. 24:11-17; Eze. 1:1-3.) Con el corazón afligido, aquellos israelitas desterrados habían completado su viaje agotador desde una tierra de colinas, fuentes y valles a una de vastas planicies. Ahora vivían junto al río Kebar en medio de un imperio poderoso, rodeados de un pueblo de costumbres extrañas y de adoración pagana. Nabucodonosor permitió a los israelitas tener sus propios hogares, tener sirvientes y participar en negocios. (Eze. 8:1; Jer. 29:5-7; Esd. 2:65.) Si eran industriosos, podrían prosperar. ¿Caerían en las trampas de la religión babilónica y el materialismo? ¿Continuarían rebelándose contra Jehová? ¿Aceptarían su destierro como disciplina procedente de él? Afrontarían nuevas pruebas en el país de su destierro.
2 Durante aquellos años críticos que llevaron a la destrucción de Jerusalén, Jehová no se privó a sí mismo, ni privó a los israelitas, de los servicios de un profeta. Jeremías fue apostado en Jerusalén misma, Daniel estuvo en la corte en la ciudad de Babilonia, y Ezequiel fue el profeta a los desterrados judíos en la región de Babilonia. Ezequiel era tanto sacerdote como profeta, una distinción de que igualmente disfrutó Jeremías y, más tarde, Zacarías. (Eze. 1:3.) Por todo su libro se le llama más de 90 veces “hijo del hombre”, un punto importante cuando se estudia su profecía porque a Jesús también se le llama “Hijo del hombre” casi 80 veces en las Escrituras Griegas Cristianas. (Eze. 2:1; Mat. 8:20.) Su nombre Ezequiel (hebreo: Yejez·qé’l) significa “Dios Fortalece”. Fue en el quinto año del destierro de Joaquín, en 613 a.E.C., cuando Jehová comisionó a Ezequiel como profeta. De Ezequiel leemos que, en el vigésimo séptimo año del destierro, 22 años más tarde, todavía continúa en su obra. (Eze. 1:1, 2; 29:17.) Era hombre casado, pero su esposa murió el día en que Nabucodonosor puso sitio final a Jerusalén (24:2, 18). No se sabe cuándo ni cómo murió él.
3 El que Ezequiel realmente escribió el libro que lleva su nombre y que este libro tiene su debido lugar en el canon de las Escrituras no está en disputa. Fue incluido en el canon en los días de Esdras y aparece en los catálogos de tiempos cristianos primitivos, notablemente en el canon de Orígenes. De su autenticidad también testifica la similitud sorprendente entre sus simbolismos y los de Jeremías y la Revelación. (Eze. 24:2-12—Jer. 1:13-15; Eze. 23:1-49—Jer. 3:6-11; Eze. 18:2-4—Jer. 31:29, 30; Eze. 1:5, 10—Rev. 4:6, 7; Eze. 5:17—Rev. 6:8; Eze. 9:4—Rev. 7:3; Eze. 2:9; 3:1—Rev. 10:2, 8-10; Eze. 23:22, 25, 26—Rev. 17:16; 18:8; Eze. 27:30, 36—Rev. 18:9, 17-19; Eze. 37:27—Rev. 21:3; Eze. 48:30-34—Rev. 21:12, 13; Eze. 47:1, 7, 12—Rev. 22:1, 2.)
4 Da prueba adicional de su autenticidad el cumplimiento dramático de las profecías de Ezequiel contra naciones vecinas, tales como Tiro, Egipto y Edom. Por ejemplo, Ezequiel profetizó que Tiro sería devastada, y esto se cumplió en parte cuando Nabucodonosor tomó la ciudad después de sitiarla por 13 años. (Eze. 26:2-21.) Esta lucha no significó el fin completo de Tiro. No obstante, el juicio de Jehová era que la ciudad fuera destruida totalmente. Dios había predicho mediante Ezequiel: “Rasparé de ella su polvo y haré de ella una superficie brillante y pelada de peñasco. [...] Tus piedras y tu maderaje y tu polvo colocarán en el medio mismo del agua” (26:4, 12). Todo esto se cumplió más de 250 años después, cuando Alejandro Magno avanzó contra la ciudad insular de Tiro. Los soldados de Alejandro reunieron todos los escombros de la ciudad continental en ruinas y los arrojaron al mar e hicieron con ellos un camino elevado de 800 metros (media milla) que llegó hasta la ciudad insular. Entonces, con una intrincada obra de sitio, los soldados escalaron los muros de 46 metros (150 pies) de altura y tomaron la ciudad en 332 a.E.C. Miles fueron muertos, y muchos más fueron vendidos como esclavos. Como Ezequiel también había predicho, Tiro llegó a ser ‘una superficie pelada de peñasco y un secadero para redes barrederas’ (26:14). Al otro lado de la Tierra Prometida, los edomitas, que habían actuado traidoramente, también fueron aniquilados, en cumplimiento de la profecía de Ezequiel (25:12, 13; 35:2-9). Y, por supuesto, las profecías de Ezequiel sobre la destrucción de Jerusalén y la restauración de Israel también resultaron exactas (17:12-21; 36:7-14).
5 En los primeros años de su carrera profética, Ezequiel proclamó los juicios seguros de Dios contra la Jerusalén infiel y amonestó a los desterrados contra la idolatría (14:1-8; 17:12-21). Los judíos cautivos no dieron señal de arrepentimiento verdadero. Sus hombres responsables adoptaron la práctica de consultar a Ezequiel, pero no prestaban atención a los mensajes de Jehová que Ezequiel les transmitía. Continuaron con su idolatría y su materialismo. La pérdida de su templo, su ciudad santa y su dinastía de reyes fue un golpe devastador, pero solo un grupo pequeño se humilló y arrepintió. (Sal. 137:1-9.)
6 Las profecías de Ezequiel en los años posteriores hicieron resaltar la esperanza de restauración. También reprendieron a las naciones vecinas de Judá por haberse alborozado por la caída del reino judaico. La humillación de ellas, junto con la restauración de Israel, santificaría a Jehová delante de sus ojos. En resumen, el propósito del cautiverio y de la restauración era: ‘Ustedes, tanto judíos como gente de las naciones, tendrán que saber que yo soy Jehová’. (Eze. 39:7, 22.) Esta santificación del nombre de Jehová se destaca por todo el libro, pues la expresión “[Ustedes, o ellos] tendrán que saber que yo soy Jehová” aparece más de 60 veces en él (6:7, nota).
CONTENIDO DE EZEQUIEL
7 El libro se divide naturalmente en tres secciones. La primera, los capítulos 1 a 24, contiene advertencias de que la destrucción de Jerusalén es segura. La segunda sección, los capítulos 25 a 32, contiene profecías de condenación para varias naciones paganas. La última sección, los capítulos 33 a 48, consiste en profecías sobre la restauración y culmina en la visión de un templo nuevo y una nueva ciudad santa. En su mayor parte, las profecías están ordenadas tanto cronológica como temáticamente.
8 Jehová comisiona a Ezequiel como atalaya (1:1–3:27). En su visión inicial, en 613 a.E.C., Ezequiel ve un viento tempestuoso que viene del norte, junto con una masa de nubes y un fuego trémulo. De este salen cuatro criaturas vivientes aladas, con caras de hombre, león, toro y águila. Tienen la apariencia de brasas ardientes, y cada una está acompañada por lo que se pudiera describir como una rueda en medio de otra rueda, de altura impresionante, con llantas llenas de ojos. Se mueven en unidad constante en cualquier dirección. Sobre las cabezas de las criaturas vivientes hay la semejanza de una expansión, y sobre la expansión hay un trono sobre el cual se halla “la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová” (1:28).
9 Jehová le dice a Ezequiel, quien se postra: “Hijo del hombre, plántate sobre tus pies”. Entonces lo comisiona como profeta a Israel y a las naciones rebeldes de alrededor. No importa que estas personas escuchen o no. Por lo menos sabrán que un profeta del Señor Jehová ha estado entre ellas. Jehová hace que Ezequiel se coma el rollo de un libro, que llega a ser como miel por lo dulce en su boca. Le dice: “Hijo del hombre, atalaya es lo que te he hecho a la casa de Israel” (2:1; 3:17). Ezequiel tiene que dar fielmente la advertencia, o morir.
10 Representación del sitio de Jerusalén (4:1–7:27). Jehová le dice a Ezequiel que grabe un dibujo de Jerusalén sobre un ladrillo. Como señal para Israel, él tiene que simular un sitio contra el ladrillo. Para comunicar a otros el punto, Ezequiel ha de echarse delante del ladrillo por 390 días sobre su lado izquierdo y por 40 días sobre el lado derecho, mientras subsiste con alimentación muy escasa. La súplica de Ezequiel a Jehová de que le cambie el combustible que ha de usar para cocer el alimento indica que Ezequiel realmente representa la escena (4:9-15).
11 Jehová hace que Ezequiel represente el fin calamitoso del sitio por medio de afeitarse el cabello y la barba. Tras de dividir su cabello en tres partes, debe quemar una, desmenuzar otra con una espada, y esparcir al viento la tercera. Así, al final del sitio algunos de los habitantes de Jerusalén morirán por el hambre, la peste y la espada, y los demás serán esparcidos entre las naciones. Jehová devastará a Jerusalén. ¿Por qué? Por lo ofensivo de su depravada y detestable idolatría. La riqueza no comprará alivio. En el día de la furia de Jehová el pueblo de Jerusalén arrojará su plata en las calles, “y tendrán que saber que yo soy Jehová” (7:27).
12 La visión de Ezequiel sobre la Jerusalén apóstata (8:1–11:25). Ahora es el año 612 a.E.C. Ezequiel es transportado en una visión a la lejana Jerusalén, donde ve las cosas detestables que están sucediendo en el templo de Jehová. En el patio hay un símbolo repugnante que incita a celos a Jehová. Penetrando por un hueco que abre en la pared, Ezequiel halla a 70 de los hombres de edad madura adorando delante de bestias asquerosas e ídolos estercolizos entallados en la pared. Estos hombres se excusan diciendo: “Jehová no nos está viendo. Jehová ha dejado la tierra” (8:12). Junto a la puerta del norte hay mujeres que lloran por el dios pagano Tamuz. ¡Pero eso no es todo! En la misma entrada del templo hay 25 hombres de espaldas al templo y adorando al Sol. ¡Profanan a la cara a Jehová, y él de seguro actuará en su furia!
13 ¡Mire ahora! Seis hombres aparecen con armas desmenuzadoras en las manos. Entre ellos hay un séptimo hombre, vestido de lino, con un tintero de secretario. Jehová le dice a este hombre vestido de lino que pase por en medio de la ciudad y ponga una marca en la frente de los hombres que suspiran y gimen por las cosas detestables que se hacen en la ciudad. El paso siguiente es que Jehová les dice a los seis hombres que entren y maten a toda persona —“a viejo, joven y virgen y niñito y mujeres”— sobre la cual no esté la marca. Hacen esto, comenzando con los viejos que están delante de la casa. El hombre vestido de lino informa: “He hecho tal como me has mandado” (9:6, 11).
14 Ezequiel de nuevo ve la gloria de Jehová, elevada sobre los querubines. Un querubín extiende brasas de fuego que ha tomado de entre el rodaje, y el hombre vestido de lino las toma y las esparce sobre la ciudad. En cuanto a los esparcidos de Israel, Jehová promete volver a recogerlos y darles un espíritu nuevo. Pero ¿qué hay de estos adoradores falsos, inicuos, en Jerusalén? “Sobre su cabeza ciertamente traeré su propio camino”, dice Jehová (11:21). Se ve ascender la gloria de Jehová de sobre la ciudad, y Ezequiel procede a contar la visión al pueblo desterrado.
15 Otras profecías en Babilonia acerca de Jerusalén (12:1–19:14). Ezequiel representa otra escena simbólica. Durante el día saca de su casa su equipaje para el destierro, y luego de noche pasa por un agujero en el muro de la ciudad con el rostro cubierto. Explica que esto es un portento presagioso: “Al destierro, al cautiverio irán” (12:11). ¡Esos profetas estúpidos que andan según su propio espíritu! Claman: “¡Hay paz!”, cuando no hay paz (13:10). Aunque Noé, Daniel y Job estuvieran en Jerusalén, no podrían salvar más alma que la de ellos mismos.
16 La ciudad es como una vid inútil. ¡La madera de esta vid no sirve para hacer palos, ni siquiera para estacas! Se quema por ambos extremos y se chamusca por el medio; es inútil. ¡Cuán infiel e inservible se ha hecho Jerusalén! Nacida de la tierra de los cananeos, fue recogida por Jehová como una niñita abandonada. Él la crió y entró en un pacto de matrimonio con ella. La hizo hermosa, “lista para posición real” (16:13). Pero ella se ha prostituido al volverse a las naciones que pasan por su lado. Ha adorado las imágenes de ellas y quemado a sus propios hijos en el fuego. Su fin será la destrucción a manos de esas mismas naciones, sus amantes. Ella es peor que sus hermanas Sodoma y Samaria. Con todo, Jehová, el Dios misericordioso, hará expiación por ella y la restaurará con arreglo a su pacto.
17 Jehová da al profeta un enigma y entonces relata la interpretación. Ilustra la futilidad de que Jerusalén se vuelva a Egipto por ayuda. Un águila grande (Nabucodonosor) viene y arranca la cima (Joaquín) de un cedro elevado, lo lleva a Babilonia y planta en su lugar una vid (Sedequías). La vid dirige sus ramas hacia otra águila (Egipto), pero ¿tiene éxito? ¡Es arrancada de raíz! Jehová mismo tomará una ramita tierna de la punta encumbrada del cedro y la trasplantará sobre una montaña alta y encumbrada. Allí crecerá hasta convertirse en un cedro majestuoso que será residencia para “todos los pájaros de toda ala”. Todos tendrán que saber que Jehová lo ha hecho (17:23, 24).
18 Jehová censura a los judíos desterrados por su dicho proverbial: “Padres son los que comen el agraz, pero son los dientes de los hijos los que tienen dentera”. No; “el alma que peca... ella misma morirá” (18:2, 4). El justo seguirá viviendo. Jehová no se deleita en la muerte del inicuo. Su deleite es ver que el inicuo se vuelva de sus caminos malos y viva. En cuanto a los reyes de Judá, como leoncillos han sido atrapados por Egipto y por Babilonia. Su voz ‘no se oirá más en las montañas de Israel’ (19:9).
19 Denunciaciones contra Jerusalén (20:1–23:49). Ha pasado el tiempo y estamos en 611 a.E.C. De nuevo los ancianos entre los desterrados vienen a Ezequiel para inquirir de Jehová. Lo que oyen es una recitación de la larga historia de rebelión e idolatría depravada de Israel y una advertencia de que Jehová ha llamado una espada para que ejecute juicio contra ella. Él hará de Jerusalén “ruina, ruina, ruina”. ¡Pero hay una gloriosa esperanza! Jehová guardará la gobernación real (“la corona”) para el que viene con “el derecho legal”, y se la dará a él (21:26, 27). Ezequiel repasa las cosas detestables que se hacen en Jerusalén, “la ciudad culpable de sangre”. La casa de Israel ha llegado a ser como “escoria espumajosa” y ha de ser recogida en Jerusalén y licuada allí como en un horno (22:2, 18). La infidelidad de Samaria (Israel) y de Judá se ilustra mediante dos hermanas. Samaria como Oholá se prostituye con los asirios y es destruida por sus amantes. Judá como Oholibá no aprende la lección, sino que se porta peor aún, pues se prostituye primero con Asiria y luego con Babilonia. Será completamente destruida, “y tendrán que saber que yo soy el Señor Soberano Jehová” (23:49).
20 Comienza el sitio final de Jerusalén (24:1-27). Es el año 609 a.E.C. Jehová le anuncia a Ezequiel que el rey de Babilonia ha sitiado Jerusalén en este día 10 del décimo mes. Compara a la ciudad amurallada con una olla de boca ancha, y sus habitantes selectos dentro de ella son la carne. ¡Caliéntenla! ¡Que hierva hasta que desaparezca toda la inmundicia de la abominable idolatría de Jerusalén! Aquel mismo día muere la esposa de Ezequiel, pero el profeta, obedeciendo la dirección de Jehová, no hace duelo. Esto es una señal de que el pueblo no debe hacer duelo cuando Jerusalén sea destruida, porque es un juicio de Jehová, para que ellos sepan quién es él. Jehová enviará un escapado para avisar de la destrucción del “hermoso objeto de su alborozo”, y Ezequiel no habrá de hablar más a los desterrados sino hasta que llegue esa persona (24:25).
21 Profecías contra las naciones (25:1–32:32). Jehová prevé que las naciones de alrededor se regocijarán por la caída de Jerusalén y la usarán como razón para vituperar al Dios de Judá. ¡No quedarán sin castigo! Ammón será dada a los orientales, y Moab también. Edom será un lugar devastado, y se ejecutarán grandes actos de venganza contra los filisteos. Todos ellos, dice Jehová, “tendrán que saber que yo soy Jehová cuando traiga mi venganza sobre ellos” (25:17).
22 Tiro recibe mención especial. Orgullosa de su comercio próspero, es como una nave hermosa en medio de los mares, pero pronto descansará quebrada en las profundidades de las aguas. “Soy dios”, alardea su caudillo (28:9). Jehová hace que su profeta pronuncie una endecha acerca del rey de Tiro: Como un hermoso querubín ungido él ha estado en Edén, el jardín de Dios, pero Jehová lo sacará de Su montaña como profano, y será devorado por un fuego desde dentro. Jehová dice que Él también será santificado cuando destruya a la escarnecedora Sidón.
23 Jehová le dice ahora a Ezequiel que ponga su rostro contra Egipto y su Faraón y que profetice contra ellos. “Mi río Nilo me pertenece, y yo... yo lo he hecho para mí”, alardea Faraón (29:3). Faraón, y los egipcios que creen en él, también tendrán que saber que Jehová es Dios, y la lección será administrada por una desolación de 40 años. Ezequiel inserta aquí alguna información que en realidad le fue revelada más tarde, en 591 a.E.C. Jehová dará Egipto a Nabucodonosor como compensación por su servicio al desgastar a Tiro. (Nabucodonosor tomó muy poco despojo en Tiro, pues la gente de Tiro escapó con la mayor parte de su riqueza a su ciudad insular.) En una endecha, Ezequiel hace saber que Nabucodonosor despojará el orgullo de Egipto, y “entonces tendrán que saber que yo soy Jehová” (32:15).
24 Atalaya para los desterrados; se predice la restauración (33:1–37:28). Jehová repasa con Ezequiel su responsabilidad de atalaya. El pueblo dice: “El camino de Jehová no está bien ajustado”. Así que Ezequiel debe aclararles cuán equivocados están (33:17). Pero ahora es 607 a.E.C., el día cinco del mes décimo. Llega de Jerusalén un escapado para decirle al profeta: “¡La ciudad ha sido derribada!” (33:21). Ezequiel, que ahora puede nuevamente hablar a los desterrados, les dice que cualesquiera pensamientos que tengan de rescatar a Judá son inútiles. Aunque vienen a Ezequiel para oír la palabra de Jehová, Ezequiel es para ellos simplemente como un cantor de canciones de amor, como uno con bella voz que toca bien un instrumento de cuerdas. No prestan atención. Con todo, cuando se realice lo dicho, sabrán que ha habido un profeta entre ellos. Ezequiel reprende a los pastores falsos que han descuidado el rebaño para apacentarse a sí mismos. Jehová, el Pastor Perfecto, recogerá las ovejas esparcidas y las traerá a pastos pingües en las montañas de Israel. Allí levantará sobre ellas un solo pastor, ‘aun a su siervo David’ (34:23). Jehová mismo llegará a ser el Dios de ellas. Celebrará un pacto de paz y derramará sobre ellas lluvias de bendición.
25 Ezequiel profetiza nuevamente desolación para el monte Seír (Edom). Sin embargo, los lugares devastados de Israel serán reconstruidos, porque Jehová tendrá compasión de su santo nombre, para santificarlo ante las naciones. Dará a su pueblo un corazón nuevo y un espíritu nuevo, y una vez más su tierra llegará a ser “como el jardín de Edén” (36:35). Ezequiel ahora tiene una visión de Israel representado como un valle de huesos secos. Ezequiel profetiza acerca de los huesos. Milagrosamente, estos empiezan a tener carne, aliento y vida de nuevo. De la misma manera Jehová abrirá las sepulturas del cautiverio en Babilonia y restaurará a Israel a su tierra. Ezequiel toma dos palos que representan a las dos casas de Israel: Judá y Efraín. En su mano llegan a ser un solo palo. Así, cuando Jehová restaure a Israel, estos dos pueblos serán unidos en un pacto de paz bajo Su siervo “David” (37:24).
26 El ataque de Gog de Magog contra el Israel restaurado (38:1–39:29). ¡Entonces habrá una invasión desde un sector nuevo! Atraído al ataque por la paz y la prosperidad del pueblo restaurado de Jehová, Gog de Magog lanzará su frenético ataque. Entrará precipitadamente para devorarlos. Esto hará que Jehová se levante en el fuego de su furor. Pondrá la espada de cada uno contra la de su hermano, y traerá sobre ellos peste y sangre y un aguacero inundante de granizo, fuego y azufre. Caerán sabiendo que Jehová es “el Santo en Israel” (39:7). Su pueblo entonces encenderá hogueras con el equipo de guerra destrozado del enemigo y enterrará los huesos en “el valle de la Muchedumbre de Gog” (39:11). Aves de carroña y bestias comerán la carne y beberán la sangre de los muertos. Desde entonces en adelante Israel morará en seguridad, y nadie los hará temblar, y Jehová derramará su espíritu sobre ellos.
27 La visión del templo de Ezequiel (40:1–48:35). Llegamos al año 593 a.E.C. Es el decimocuarto año desde la destrucción del templo de Salomón, y los arrepentidos entre los desterrados necesitan estímulo y esperanza. Jehová transporta a Ezequiel en una visión a la tierra de Israel y lo coloca sobre una montaña muy alta. Aquí, en visión, él ve un templo y “la estructura de una ciudad hacia el sur”. Un ángel le instruye: “Informa todo lo que ves a la casa de Israel” (40:2, 4). Entonces le muestra a Ezequiel todos los detalles del templo y sus patios, y mide los muros, las puertas, las cámaras de la guardia, los comedores y el templo mismo, con su Santo y su Santísimo. Lleva a Ezequiel a la puerta del este. “Y, ¡mire!, la gloria del Dios de Israel venía de la dirección del este, y su voz era como la voz de vastas aguas; y la tierra misma brilló debido a su gloria” (43:2). El ángel instruye cabalmente a Ezequiel acerca de la Casa (o templo); el altar y sus sacrificios; los derechos y deberes de los sacerdotes, los levitas y el principal; y la repartición de la tierra.
28 El ángel trae de regreso a Ezequiel a la entrada de la Casa, donde el profeta ve agua que sale del umbral de la Casa hacia el este, por el lado sur del altar. Comienza como un chorrillo, pero crece y crece hasta que se convierte en un torrente. Entonces fluye al mar Muerto, donde hay una revivificación de los peces y surge una industria pesquera. A cada lado del torrente hay árboles que proveen alimento y curación para el pueblo. La visión luego da las herencias de las 12 tribus, sin pasar por alto al residente forastero ni al principal, y describe la ciudad santa que se encuentra al sur, con sus 12 puertas que llevan los nombres de las tribus. La ciudad tendrá un nombre muy glorioso: “Jehová Mismo Está Allí” (48:35).
POR QUÉ ES PROVECHOSO
29 Las declaraciones formales, las visiones y las promesas que Jehová dio a Ezequiel fueron todas entregadas fielmente a los judíos que se hallaban en el destierro. Aunque muchos se mofaron del profeta y lo ridiculizaron, algunos sí creyeron. A estos les aprovechó mucho creer. Las promesas de restauración los fortalecieron. Contrario a lo que ocurrió en el caso de otras naciones que fueron llevadas al cautiverio, estos conservaron su identidad nacional, y en 537 a.E.C. Jehová restauró un resto, tal como había predicho. (Eze. 28:25, 26; 39:21-28; Esd. 2:1; 3:1.) Ellos reconstruyeron la casa de Jehová y reanudaron la adoración verdadera allí.
30 Los principios declarados en Ezequiel también son inestimables para nosotros hoy. La apostasía y la idolatría, junto con la rebelión, solo pueden conducir al disfavor de Jehová. (Eze. 6:1-7; 12:2-4, 11-16.) Cada uno responderá por su propio pecado, pero Jehová perdonará al que se vuelva de su derrotero incorrecto. A ese se le concederá misericordia, y seguirá viviendo (18:20-22). Los siervos de Dios deben ser atalayas fieles como Ezequiel, aun en asignaciones difíciles y bajo burla y oprobio. No debemos dejar que el inicuo muera sin recibir advertencia, pues su sangre estaría sobre nuestra cabeza (3:17; 33:1-9). Los pastores del pueblo de Dios llevan la pesada responsabilidad de atender el rebaño (34:2-10).
31 Sobresalen en el libro de Ezequiel las profecías acerca del Mesías. Se dice que es “aquel que tiene el derecho legal” al trono de David y a quien se le debe dar. En dos pasajes se le llama “mi siervo David”; también se le llama “pastor”, “rey” y “principal” (21:27; 34:23, 24; 37:24, 25). Dado que David había muerto mucho tiempo atrás, Ezequiel hablaba de Aquel que habría de ser tanto el Hijo como el Señor de David. (Sal. 110:1; Mat. 22:42-45.) Ezequiel, como Isaías, menciona que se plantará una ramita tierna que será puesta en alto por Jehová. (Eze. 17:22-24; Isa. 11:1-3.)
32 Es interesante comparar la visión del templo de Ezequiel con la visión apocalíptica de “la santa ciudad de Jerusalén”. (Rev. 21:10.) Deben notarse ciertas diferencias; por ejemplo, el templo de Ezequiel se halla aparte de la ciudad, al norte de esta, mientras que Jehová mismo es el templo de la ciudad de Revelación. No obstante, tanto en un caso como en el otro fluye el río de la vida, hay los árboles que dan cosechas de fruto mensuales y hojas para curación, y hay la presencia de la gloria de Jehová. Cada visión contribuye a que se aprecie la gobernación real de Jehová y el que él provea salvación a los que le rinden servicio sagrado. (Eze. 43:4, 5—Rev. 21:11; Eze. 47:1, 8, 9, 12—Rev. 22:1-3.)
33 El libro de Ezequiel recalca que Jehová es santo. Hace saber que la santificación del nombre de Jehová es lo más importante. “Ciertamente santificaré mi gran nombre, [...] y las naciones tendrán que saber que yo soy Jehová —es la expresión del Señor Soberano Jehová—.” Como lo muestra la profecía, él santificará su nombre mediante destruir a todos los profanadores de ese nombre, lo que incluye a Gog de Magog. Sabios son todos los que santifican ahora a Jehová en su vida cumpliendo Sus requisitos para la adoración aceptable. Estos hallarán curación y vida eterna junto al río que fluye de su templo. ¡Trascendental en gloria y exquisita en belleza es la ciudad a la cual se llama “Jehová Mismo Está Allí”! (Eze. 36:23; 38:16; 48:35.)

Macpela.

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casa de los patriarcas.

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