martes, 8 de mayo de 2012

puntos sobresalientes jeremias 35 a 38


26 La promesa de Jehová a Recab (35:1-19). En los días del rey Jehoiaquim, Jehová hace que Jeremías vaya a ver a los recabitas. Estos se habían refugiado en Jerusalén durante el primer ataque de los babilonios. Jeremías les ofrece vino para que lo beban. Ellos rehúsan debido al mandato que su antepasado Jonadab les había dado más de 250 años antes. ¡Ciertamente un contraste asombroso con la infidelidad de Judá! Jehová les promete: “No será cortado de Jonadab hijo de Recab un hombre que siempre esté de pie delante de mí” (35:19).
27 Jeremías vuelve a escribir el libro (36:1-32). Jehová le ordena a Jeremías que escriba todas las palabras que sus profecías contenían hasta aquel tiempo. Jeremías las dicta a Baruc, quien entonces las lee en voz alta en la casa de Jehová en un día de ayuno. El rey Jehoiaquim envía por el rollo y, al oír una parte, lo rompe con ira y lo arroja al fuego. Ordena el arresto de Jeremías y de Baruc, pero Jehová los oculta y le dice a Jeremías que escriba un rollo que sea como el primero.
28 Los últimos días de Jerusalén (37:1–39:18). El registro vuelve al reino de Sedequías. El rey le pide a Jeremías que ore a Jehová en pro de Judá. El profeta rehúsa, y dice que la destrucción de Jerusalén es segura. Jeremías intenta ir a Anatot, pero lo capturan como desertor, lo golpean y lo encarcelan por muchos días. Entonces Sedequías envía por él. ¿Hay palabra de Jehová? ¡Seguro que la hay! “¡En la mano del rey de Babilonia serás dado!” (37:17). Encolerizados por las persistentes profecías de destrucción de Jeremías, los príncipes lo arrojan en una cisterna fangosa. El etíope Ébed-mélec, un eunuco de la casa del rey, intercede bondadosamente por él, y se rescata a Jeremías de una muerte lenta, aunque sigue detenido en el Patio de la Guardia. De nuevo Sedequías llama a Jeremías, pero lo único que Jeremías le dice es: ‘¡Ríndete al rey de Babilonia, o enfréntate al cautiverio y la destrucción de Jerusalén!’ (38:17, 18).

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Macpela.

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casa de los patriarcas.

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