lunes, 30 de julio de 2012

ciencia atestigua de la exactitud de la Biblia


La ciencia atestigua de la exactitud de la Biblia
¿CONTRADICEN la Biblia los descubrimientos científicos? En respuesta a esto, primero hay que decir que la Biblia no es un libro de ciencia. Sin embargo, cuando habla acerca de temas científicos, refuta las teorías y especulaciones humanas que no han sido probadas. Los descubrimientos de leyes universales han confirmado vez tras vez la exactitud de las Santas Escrituras y la veracidad de lo que dijo el salmista bíblico con relación a Dios: “La sustancia de tu palabra es verdad.” (Sal. 119:160) Examinemos los campos de la astronomía, la medicina, la botánica, la anatomía y la fisiología para ver si estas ciencias realmente confirman la exactitud de la Biblia.
ASTRONOMÍA
Es un hecho muy conocido que los capítulos de apertura de Génesis han sido objeto de burla y de ataques especialmente enconados. En contradicción franca a las aseveraciones que hacen muchos clérigos de la cristiandad en el sentido de que Génesis es simplemente una colección de poesías y leyendas, el católico Agustín, un “padre de la iglesia” y erudito del siglo quinto, declaró que “el relato [de Génesis] no tiene la clase de estilo literario en el que se hable de las cosas figurativamente, . . . sino que de principio a fin relata hechos que realmente sucedieron, como se hace en el libro de los Reyes y otros libros históricos.” (De Genesi ad litteram, VIII, 1, 2) Un examen del primer capítulo de Génesis revela que la Biblia estaba mucho más adelantada que los conceptos que existían en su tiempo.
Mucho antes de la época de Aristóteles (384-322 a. de la E.C.), quien creía que las estrellas estaban metidas como clavos en el cielo, Génesis (1:6-8) describió la bóveda celeste como una “expansión” (Traducción del Nuevo Mundo) o “firmamento” (Nácar-Colunga). La palabra “firmamento” viene del latín firmare, que significa dar consistencia, hacer firme o sólido. Jerónimo usó esta expresión en la Vulgata latina para traducir la palabra hebrea raqia, que, por el contrario, significa “superficie extendida,” “expansión.” Según T. Moreux, quien fue jefe del observatorio de Bourges, Francia, “esta expansión, que para nosotros constituye el cielo, se designa en el texto hebreo con una palabra que la versión de los Setenta [griega], que recibió influencia de las ideas cosmológicas que eran comunes en aquel tiempo, tradujo stereoma, firmamento, dosel sólido. Moisés no transmite tal idea. La palabra hebrea raqia solo comunica la idea de extensión o, mejor aún, expansión.” Por lo tanto, la Biblia ha descrito con gran exactitud la expansión o atmósfera que está sobre nosotros.
Génesis habla de lumbreras que resplandecen sobre la tierra “para hacer una división entre el día y la noche.” (Gén. 1:14-18) Pues bien, esas palabras fueron escritas por Moisés en el siglo dieciséis antes de nuestra era común. Note sólo uno de los conceptos extravagantes que existían entonces sobre este tema. Paul Couderc, astrónomo del Observatorio de París, escribió: “Hasta el siglo quinto antes de nuestra era común los hombres estaban equivocados con relación a la cuestión fundamental acerca del día y la noche. Para ellos, la luz era un vapor claro, mientras que la oscuridad era un vapor negro que, de noche, ascendía del suelo.” ¡Qué contraste entre esto y la declaración breve y científicamente precisa que se hace en la Biblia respecto a lo que es causa del día y la noche en nuestro planeta!
Los que vivían durante el tiempo en que se estaba escribiendo la Biblia tenían ideas extrañas con relación a la forma y el fundamento de la Tierra. Según la antigua cosmología egipcia, “el universo es una caja rectangular, colocada en posición de norte a sur, como Egipto. La Tierra está situada abajo, como una llanura ligeramente cóncava que tiene a Egipto en el centro. . . . En los cuatro puntos cardinales, las cimas de unas montañas muy altas sostienen el cielo. El cielo es una cubierta metálica, plana o encorvada hacia el exterior, llena de agujeros. De este cielo cuelgan estrellas, semejantes a lámparas colgadas de cables.”
¿Habían sido abandonadas tales teorías pueriles siglos después? No. El astrónomo y filósofo griego Anaximandro (del siglo sexto a. de la E.C.) pensaba de esta manera: “La Tierra es cilíndrica, y su anchura es tres veces mayor que su profundidad, y solo la parte superior está habitada. Pero esta Tierra está aislada en el espacio, y el cielo es una esfera completa en cuyo centro está situado, sin apoyo, nuestro cilindro, la Tierra, a la misma distancia de todos los puntos del cielo.” Un siglo después, Anaxágoras creía que tanto la Tierra como la Luna eran planas.
La Biblia estaba adelantada por mucho a los conceptos científicos que se enseñaban en aquel tiempo. En el siglo quince antes de la era común la Biblia dijo que el Creador ‘colgaba la tierra sobre nada,’ y en el siglo octavo a. de la E.C. habló del “círculo de la tierra.” (Job 26:7; Isa. 40:22) ¿No fue exactamente así como la Tierra le pareció a usted en la pantalla de su televisor cuando los astronautas la fotografiaron desde la Luna?

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