lunes, 29 de octubre de 2012

Bodas honorables a la vista de Dios y los hombres


Bodas honorables a la vista de Dios y los hombres
“Se efectuó un banquete de bodas en Caná [...]. Jesús y sus discípulos también fueron invitados al banquete de bodas.” (JUAN 2:1, 2.)
JESÚS, su madre y algunos de sus discípulos comprobaron que una boda honorable entre siervos de Dios puede ser motivo de gran alegría. Cristo incluso contribuyó a la felicidad de aquella memorable ocasión al realizar su primer milagro registrado en la Biblia (Juan 2:1-11). Es posible que usted también haya disfrutado de asistir a bodas de cristianos que quieren servir a Jehová felizmente casados. O puede que anhele tener una boda así, o desee ayudar a un amigo o amiga para que su casamiento sea un éxito. ¿Cómo puede lograrlo?
2 Los cristianos han constatado que los consejos de la Palabra inspirada de Dios son muy útiles para quienes planean casarse (2 Timoteo 3:16, 17). Claro está, la Biblia no especifica un procedimiento detallado para celebrar las bodas cristianas. Es comprensible que así sea, ya que las costumbres y hasta los requisitos legales varían según el lugar y la época. Por ejemplo, en el antiguo Israel no había una ceremonia formal. El día de la boda, el novio llevaba a la novia a la casa de él o a la de su padre (Génesis 24:67; Isaías 61:10; Mateo 1:24). Este acto efectuado a la vista de todos constituía la boda en sí, sin la ceremonia formal que es común hoy día.
3 Para los israelitas, aquel acto indicaba que la pareja contraía matrimonio. A continuación, los recién casados quizá optaran por celebrar un banquete, como el que se menciona en Juan 2:1. Muchas traducciones de la Biblia vierten este versículo como sigue: “Hubo una boda en Caná”. Pero en este contexto, la palabra original se traduce más acertadamente como “banquete de bodas” (Mateo 22:2-10; 25:10; Lucas 14:8). El relato deja claro que Jesús estuvo presente en el banquete celebrado con motivo de una boda judía y contribuyó a que los invitados disfrutaran de la ocasión. Sin embargo, hay que tener presente una idea clave: lo que en aquel entonces constituía la boda en sí difiere de lo que se acostumbra en nuestros días.
4 Actualmente, los cristianos de muchos países deben cumplir ciertos requisitos legales antes de casarse. Una vez que los cumplen, pueden contraer matrimonio de una manera válida ante la ley, ya sea ante un juez, alcalde o ministro religioso autorizado por el Estado. El casamiento puede consistir en una ceremonia sencilla, con pocos asistentes. Hay quienes escogen esta opción e invitan a unos cuantos parientes o amigos cristianos para que sean testigos legales o simplemente para que compartan con ellos la alegría del importante acontecimiento (Jeremías 33:11; Juan 3:29). Algunos cristianos optan por no celebrar un gran banquete o recepción que exigiría mucha planificación y un considerable sacrificio económico. En vez de eso, deciden organizar una comida tranquila con algunos allegados. Sean cuales sean nuestras preferencias al respecto, debemos reconocer que otros cristianos maduros pueden tener opiniones diferentes (Romanos 14:3, 4).
5 Casi todas las parejas cristianas desean que en su boda se pronuncie un discurso basado en la Biblia. Reconocen que Jehová originó el matrimonio y que en su Palabra proporciona sabios consejos para que los cónyuges sean felices (Génesis 2:22-24; Marcos 10:6-9; Efesios 5:22-33). La mayoría de los novios también desean que amigos cristianos y parientes compartan con ellos el gozo que sienten. Ahora bien, ¿cómo debemos considerar la gran variedad de requisitos legales, procedimientos y hasta costumbres locales? Este artículo examinará situaciones que se dan en diversos lugares. Algunas quizá difieran bastante de lo que usted conoce o de lo que se hace donde usted vive. No obstante, observaremos ciertos principios o aspectos que son importantes para los siervos de Dios de todo el mundo.
Un matrimonio honorable es un matrimonio legal
6 Aunque fue Jehová quien originó el matrimonio, es apropiado que los gobiernos humanos ejerzan cierto control sobre la manera en que se lleva a cabo. A este respecto, Jesús dijo: “Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios” (Marcos 12:17). Del mismo modo, el apóstol Pablo instó a los cristianos: “Toda alma esté en sujeción a las autoridades superiores, porque no hay autoridad a no ser por Dios; las autoridades que existen están colocadas por Dios en sus posiciones relativas” (Romanos 13:1; Tito 3:1).
7 En la mayoría de los países, el César —es decir, la autoridad civil— determina quiénes cumplen los requisitos para contraer matrimonio. Por lo tanto, cuando dos cristianos que están bíblicamente libres para casarse deciden dar ese paso, cumplen al pie de la letra las leyes locales. Hacerlo suele exigir que se obtenga una licencia, que quien oficie la boda esté autorizado por el gobierno o que se registre debidamente la unión. Cabe mencionar que, cuando César Augusto ordenó que se efectuara cierta “inscripción”, María y José obedecieron aquel mandato y viajaron a Belén “para inscribirse” (Lucas 2:1-5).
8 Cuando dos cristianos se casan de una manera legal y reconocida en la comunidad, esa unión queda sellada a los ojos de Dios. Por esta razón, los testigos de Jehová no celebran más de una ceremonia legal ni tampoco renuevan los votos matrimoniales, como hacen algunas parejas en sus bodas de plata o de oro (Mateo 5:37). (Algunas religiones no reconocen la validez que el gobierno otorga a las bodas civiles, pues alegan que un matrimonio no es válido a menos que un sacerdote o clérigo efectúe un determinado ritual o declare a la pareja marido y mujer.) En muchos países, el gobierno autoriza a un ministro de los testigos de Jehová para celebrar matrimonios. En ese caso, quizá sea conveniente que tanto la ceremonia como el discurso se lleven a cabo en el Salón del Reino. Como este es el centro de la adoración pura de la localidad, constituye un lugar apropiado para pronunciar una conferencia sobre esta institución que Jehová Dios ha establecido.
9 En otros países, la ley requiere que se celebre una boda civil, es decir, que los novios se casen ante un funcionario o en una dependencia del gobierno, como en una oficina municipal. Las parejas cristianas a menudo desean que después de este acto legal se pronuncie un discurso de boda en el Salón del Reino, tal vez ese mismo día o el siguiente. (Como la pareja ya está casada ante Dios y los hombres, lo que también incluye a la congregación cristiana, no sería apropiado que tuvieran su discurso de boda muchos días después de la ceremonia civil.) Si los novios desean que se dé un discurso en un Salón del Reino, deben solicitar el permiso de los ancianos que componen el Comité de Servicio de la Congregación. Además de confirmar que ambos tienen una buena reputación, estos superintendentes se asegurarán de que el horario de la boda no interfiera con el de las reuniones u otras actividades programadas en el Salón del Reino (1 Corintios 14:33, 40). También supervisarán los preparativos que la pareja quiera efectuar en el salón y determinarán si se hará un anuncio respecto al uso que se le dará para la ocasión.
10 El anciano que pronuncie el discurso se esforzará para que este sea afectuoso, digno y edificante. Si la pareja ya se ha unido en una boda civil, él dejará claro que los novios ya están casados según las leyes del César. En caso de que la pareja quiera intercambiar los votos matrimoniales y no lo haya hecho en la ceremonia civil, puede hacerlo durante el discurso. Por otra parte, si los recién casados han expresado algún voto en la ceremonia civil pero desean pronunciar sus votos ante Jehová y la congregación, no hay ningún inconveniente en que lo hagan. Sin embargo, al pronunciarlos, dirán “te he aceptado” —en tiempo pasado— en vez de “te acepto”, mostrando así que ya se han “unido bajo un yugo” e intercambiado unos votos (Mateo 19:6; 22:21).
11 En algunos lugares, la ley quizá no requiera que haya una ceremonia para casarse, ni siquiera que esté presente un funcionario del gobierno. El matrimonio entra en vigor cuando los novios presentan un formulario de inscripción ante un representante de la autoridad. Acto seguido, se expide un certificado de matrimonio. De esta manera, ambos son considerados marido y mujer, y la fecha de su boda es la que consta en el certificado. Como vimos antes, los recién casados tal vez deseen que, tras dicha inscripción, un hermano espiritualmente maduro pronuncie un discurso bíblico en el Salón del Reino. Este comunicará a todos los presentes que ya se ha efectuado el enlace mediante la inscripción recién realizada. Si la pareja quiere intercambiar los votos, lo hará según lo expuesto en el párrafo 10 y la nota que lo acompaña. Quienes asistan al Salón del Reino compartirán la alegría de la ocasión y se beneficiarán de los consejos tomados de la Palabra de Dios (El Cantar de los Cantares 3:11).
Matrimonios consuetudinarios y matrimonios civiles
12 En algunos países, las parejas contraen lo que se conoce como matrimonio consuetudinario (o tribal). Esta expresión no designa la unión de dos personas que simplemente viven juntas. Tampoco se refiere a las llamadas parejas de hecho, las cuales tal vez gocen de ciertos derechos en algunos lugares, pero que no son un matrimonio legal propiamente dicho. El matrimonio consuetudinario es aquel que se efectúa según la costumbre públicamente reconocida en cierta región o tribu. Puede que dicho enlace se lleve a cabo cuando se paga y se acepta la totalidad del precio de la novia. Con ese acto, la pareja queda unida tanto bíblica como legalmente, pues el gobierno considera que ese matrimonio constituye un compromiso válido. Posteriormente, suele ser posible registrarlo a fin de obtener un certificado oficial. Tal inscripción puede ofrecer protección a la pareja, a la esposa si ella queda viuda o a los futuros hijos. Por su parte, la congregación exhortaría a los recién casados a registrar su enlace cuanto antes. Es de interés señalar que, al parecer, bajo la Ley mosaica se registraban los matrimonios y los nacimientos (Mateo 1:1-16).
13 Una vez que los novios se casan legalmente en armonía con la costumbre del lugar, se convierten en marido y mujer. Como ya se ha indicado, los cristianos que contraen este tipo de matrimonio quizá deseen que en el Salón del Reino se pronuncie un discurso de boda que incluya los votos matrimoniales. En ese caso, el orador aclarará que la pareja ya se ha casado según las leyes del César. Se presentará un solo discurso de boda. Hay un solo matrimonio —el que se efectúa en armonía con la costumbre y tiene validez legal— y un solo discurso bíblico. Cuando ambos actos se celebran con poco tiempo de diferencia —preferiblemente el mismo día—, el matrimonio cristiano se mantiene honorable ante la comunidad.
14 En ciertas zonas en las que el matrimonio celebrado en armonía con la costumbre goza de reconocimiento legal, también puede realizarse una boda civil. Esta suele llevarse a cabo ante un funcionario del gobierno y quizá exija que los novios pronuncien unos votos y firmen en un registro. Si es posible elegir, algunas parejas cristianas prefieren la boda civil. La ley no obliga a celebrar ambos tipos de matrimonio, pues los dos son legalmente válidos. Por otra parte, una pareja que se ha casado legalmente según la costumbre del lugar podría optar por celebrar con posterioridad una boda civil en una dependencia del gobierno (no en un Salón del Reino). Este segundo acto legal no haría que el matrimonio fuera más válido ni justificaría que se pronunciara un discurso de boda ni se celebrara un banquete. Lo expresado en los párrafos 9 y 10 sobre el discurso de boda y los votos es aplicable también en este caso. Lo principal es que la pareja esté casada de un modo que sea honorable a la vista de Dios y los hombres (Lucas 20:25; 1 Pedro 2:13, 14).
Mantengamos honorable el matrimonio
15 Cuando surgió un problema en el matrimonio de cierto rey persa, un consejero llamado Memucán le hizo una sabia recomendación que beneficiaría a todos los matrimonios, pues ‘las esposas darían honra a sus esposos’ (Ester 1:20). Claro está, en el caso de los cristianos, las esposas no necesitan que ningún rey humano les ordene honrar a sus cónyuges: ellas desean hacerlo. De igual modo, los esposos honran a sus esposas y las alaban (Proverbios 31:11, 30; 1 Pedro 3:7). La persona casada no tiene que esperar muchos años para honrar a su pareja. Debe hacerlo desde el mismo principio, sí, desde el día de la boda.
16 Ahora bien, los novios no son los únicos que deben mostrar honra el día de la boda. Si un anciano cristiano pronuncia un discurso, él también debe hacerlo. El discurso, que se dirigirá a los novios, se presentará de una manera digna. Por ello, el orador no recurrirá a dichos o historias graciosas. Tampoco hará observaciones demasiado personales que puedan avergonzar a la pareja o a los oyentes. Más bien, procurará ser afectuoso y edificante, enfocando la atención en Jehová, quien originó el matrimonio, y en sus sobresalientes consejos. En efecto, un discurso digno contribuirá a que la boda honre a Jehová Dios.
17 Probablemente haya notado en este artículo muchos puntos relacionados con los detalles legales de las bodas, y puede que algunos de ellos no sean aplicables en su localidad. Sin embargo, todos debemos comprender que es sumamente importante que las bodas de los testigos de Jehová respeten las leyes locales, es decir, los requisitos del César (Lucas 20:25). Pablo nos dirige esta exhortación: “Den a todos lo que les es debido: al que pide impuesto, el impuesto; al que pide tributo, el tributo; [...] al que pide honra, dicha honra” (Romanos 13:7). Por lo tanto, es apropiado que, desde el mismo día de la boda, los cristianos honren las instituciones que Dios permite que gobiernen hoy día.
18 En muchas bodas cristianas se organiza después de la ceremonia una reunión social que puede consistir en un banquete, una comida o una recepción. Recordemos que Jesús asistió a un banquete de ese tipo. Ahora bien, si se celebra una reunión social, ¿cómo nos ayudan los consejos bíblicos a que dicha ocasión honre a Dios, a los recién casados y a la congregación cristiana? Lo veremos en el siguiente artículo.
[Notas]
La misma palabra podría usarse para referirse a un banquete sin conexión alguna con una boda (Ester 9:22, Septuaginta).
Los testigos de Jehová presentan un discurso de treinta minutos titulado “Un matrimonio honorable a la vista de Dios”. El bosquejo en que se basa destaca excelentes consejos bíblicos recopilados en el libro El secreto de la felicidad familiar y en otras publicaciones de los testigos de Jehová. El discurso beneficia tanto a los novios como a los asistentes.
A menos que las leyes locales exijan otra cosa, se pronunciarán los siguientes votos que dan honra a Dios. El novio dirá: “Yo, [nombre del novio], te acepto, [nombre de la novia], como esposa, para amarte y cuidarte con ternura, según la ley divina expuesta en las Santas Escrituras para los esposos cristianos, mientras ambos vivamos juntos en la Tierra, dentro de la institución divina del matrimonio”. La novia dirá: “Yo, [nombre de la novia], te acepto, [nombre del novio], como esposo, para amarte, cuidarte con ternura y respetarte profundamente, según la ley divina expuesta en las Santas Escrituras para las esposas cristianas, mientras ambos vivamos juntos en la Tierra, dentro de la institución divina del matrimonio”.

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