jueves, 8 de noviembre de 2012

Texto Diario Viernes 09-11-2012.-Quisiera yo que todos los hombres fueran como yo mismo soy. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don, uno de esta manera, otro de aquella manera (1 Cor. 7:7).

Quisiera yo que todos los hombres fueran como yo mismo soy. No obstante, cada uno tiene de Dios su propio don, uno de esta manera, otro de aquella manera (1 Cor. 7:7).

Jesús nunca se casó. Él debía prepararse para cumplir el ministerio que se le había asignado y luego llevarlo a cabo. Además, viajaba mucho, trabajaba desde muy temprano hasta muy entrada la noche, y al final tuvo que entregar su vida en sacrificio. Está claro que la soltería le reportó grandes ventajas. Pensemos también en Pablo, quien recorrió miles de kilómetros y afrontó grandes dificultades a lo largo de su ministerio (2 Cor. 11:23-27). Era soltero —aunque puede que en algún momento haya estado casado— y decidió quedarse así después de ser nombrado apóstol (1 Cor. 9:5). Tanto Jesús como Pablo animaron a los demás a que, si les era posible, permanecieran solteros como ellos a fin de ampliar su ministerio. Pero ninguno de los dos estableció el celibato obligatorio como requisito para los ministros cristianos (1 Tim. 4:1-3). En nuestros días, hay quienes también han decidido no casarse para dedicarse por completo al servicio de Dios. w11 15/1 3:16, 17

 

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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