domingo, 16 de diciembre de 2012

-“Simplemente signifique su palabra Sí, Sí, su No, No.”(MAT. 5:37)

Que su sí signifique sí

"Simplemente signifique su palabra Sí, Sí, su No, No." (MAT. 5:37)

¿SABE LA RESPUESTA?
¿Qué dijo Jesús sobre la costumbre de jurar?
¿Qué magnífico ejemplo nos dejó Jesús respecto a ser fieles a nuestra palabra?
¿En qué campos de la vida debemos hacer que nuestro sí signifique sí?


1. ¿Qué dijo Jesús sobre la costumbre de jurar, y por qué?

POR lo general, los verdaderos cristianos no necesitan jurar que lo
que dicen es cierto, pues obedecen a Jesús, quien exhortó:
"Simplemente signifique su palabra Sí, Sí". Lo que quiso decir es que
debemos ser fieles a nuestra palabra. Justo antes había dicho: "No
juren de ninguna manera". Así condenó la costumbre que muchas personas
tienen de jurar por cualquier cosa, incluso sin la menor intención de
cumplir lo que prometen. En realidad, debería bastar con pronunciar un
sí o un no cuando nos comprometemos a algo. Quien se "excede de esto"
quizá revele que no es confiable y que se halla bajo la influencia
"del inicuo" (léase Mateo 5:33-37).

2. ¿Por qué no siempre está mal jurar?

2 ¿Quiso decir Jesús que jurar es siempre malo? Obviamente no. Como
aprendimos en el artículo anterior, Jehová y su justo siervo Abrahán
juraron en ocasiones importantes. Además, la propia Ley de Dios exigía
que se hicieran juramentos para zanjar ciertas disputas (Éx. 22:10,
11; Núm. 5:21, 22). Por consiguiente, tal vez un cristiano deba jurar
que dirá la verdad en un tribunal. O, en raras ocasiones, deba hacerlo
para confirmar sus intenciones o resolver algún asunto. Por ejemplo,
cuando el sumo sacerdote puso bajo juramento a Jesús, él no se opuso y
le dijo la verdad al Sanedrín judío (Mat. 26:63, 64). Y eso que él no
necesitaba jurar por nada ni nadie. Con todo, a menudo recalcó la
veracidad de su mensaje con esta singular introducción: "Muy
verdaderamente les digo", o, según la nota, "verdaderamente,
verdaderamente les digo" (Juan 1:51; 13:16, 20, 21, 38). Veamos qué
más podemos aprender del ejemplo de Jesús, así como del de Pablo y
otras personas cuyo sí significó sí.

JESÚS, EL MEJOR EJEMPLO

3. ¿Qué le prometió Jesús a su Padre celestial, y cómo respondió Jehová?

3 "He venido [...] para hacer tu voluntad, oh Dios." (Heb. 10:7.) Con
estas significativas palabras, Jesús se presentó ante Dios para
cumplir todo lo que se había predicho sobre la Descendencia prometida,
incluida la herida que Satanás le ocasionaría "en el talón" (Gén.
3:15). Ningún otro ser humano se ha ofrecido jamás para cargar con una
responsabilidad tan pesada. Jehová expresó desde los cielos su
completa confianza en que su Hijo cumpliría lo que había prometido,
sin exigirle que lo jurara (Luc. 3:21, 22).

4. ¿Hasta qué punto se aseguró Jesús de que su sí significara sí?

4 Jesús predicó con el ejemplo, pues su sí siempre significó sí. No
permitió que nada le impidiera cumplir la misión que había recibido de
su Padre: predicar las buenas nuevas del Reino y enseñar a quienes se
acercaran a él impulsados por Dios (Juan 6:44). ¿Hasta qué punto fue
fiel Jesús a su promesa? La Biblia lo muestra con estas conocidas
palabras: "No importa cuántas sean las promesas de Dios, han llegado a
ser Sí mediante él" (2 Cor. 1:20). No cabe duda: Jesús dio el mejor
ejemplo en cuanto a cumplir lo que le había prometido a su Padre.
Hablemos ahora de alguien que se esforzó al máximo por imitar a Jesús.


PABLO, UN HOMBRE DE PALABRA

5. ¿Qué ejemplo nos dejó el apóstol Pablo?

5 "¿Qué haré, Señor?" (Hech. 22:10.) Pablo, conocido entonces como
Saulo, respondió con estas sinceras palabras a las instrucciones del
Señor Jesús glorificado, quien se le había aparecido en una visión
para que no siguiera persiguiendo a sus discípulos. Saulo se
arrepintió de sus hechos pasados, se bautizó y aceptó la comisión
especial de dar testimonio de Jesús a las naciones. Siguió llamándolo
"Señor" y obedeciéndolo como tal hasta el fin de su vida en la Tierra
(Hech. 22:6-16; 2 Cor. 4:5; 2 Tim. 4:8). No fue como aquellos a
quienes Cristo dijo: "¿Por qué me llaman `¡Señor! ¡Señor!', pero no
hacen las cosas que digo?" (Luc. 6:46). En efecto, Jesús espera que
cuantos lo aceptan como su Señor cumplan con su palabra, como hizo el
apóstol Pablo.

6, 7. a) ¿Por qué retrasó Pablo su regreso a Corinto? b) ¿Por qué no
tenían razón quienes acusaban a Pablo de no ser digno de confianza? c)
¿Cómo debemos tratar a las personas nombradas para dirigirnos?

6 Pablo difundió con celo el mensaje del Reino por toda Asia Menor y
algunas regiones de Europa, donde fundó y volvió a visitar muchas
congregaciones. A veces vio necesario garantizar con un juramento lo
que escribía (Gál. 1:20). Cuando algunos corintios lo acusaron de no
ser digno de confianza, se defendió con estas palabras: "En Dios se
puede confiar respecto a que nuestra habla dirigida a ustedes no es Sí
y, no obstante, No" (2 Cor. 1:18). En ese momento, Pablo había salido
de Éfeso y viajaba a través de Macedonia para después ir hacia
Corinto. En un principio había pensado hacerlo al revés, es decir,
regresar primero a Corinto y luego ir a Macedonia (2 Cor. 1:15, 16).
Pero como les sucede a veces a los superintendentes viajantes, tuvo
que cambiar el itinerario, no por capricho o intereses personales,
sino por motivos de fuerza mayor. En este caso, Pablo retrasó su
visita a Corinto por el bien de aquella congregación. Veamos por qué.

7 Algún tiempo después de planear su viaje, mientras aún estaba en
Éfeso, Pablo se enteró de que en la congregación de Corinto se
toleraban brotes de desunión e inmoralidad (1 Cor. 1:11; 5:1). Para
corregir la situación, les escribió su primera carta. Luego, en vez de
navegar directamente de Éfeso a Corinto, decidió darles tiempo a sus
hermanos para seguir sus consejos y que, cuando llegara, su visita
resultara más animadora. Para garantizarles que esa había sido la
razón de su cambio de planes, les escribió en su segunda carta:
"Invoco a Dios como testigo contra mi propia alma al asegurarles que
por consideración a ustedes no he ido todavía a Corinto" (2 Cor.
1:23). Nunca seamos como quienes criticaron a Pablo; más bien,
mostremos profundo respeto a las personas nombradas para dirigirnos.
Nos conviene imitar a Pablo, tal como él imitó el de Cristo (1 Cor.
11:1; Heb. 13:7).


OTROS BUENOS EJEMPLOS

8. ¿Qué ejemplo nos dejó Rebeca?

8 "Estoy dispuesta a ir." (Gén. 24:58.) Con estas sencillas palabras,
Rebeca indicó a su madre y a su hermano que estaba dispuesta a irse de
casa ese mismo día y viajar con un desconocido más de 800 kilómetros
(500 millas) para casarse con el hijo de Abrahán, Isaac (Gén.
24:50-58). El sí de Rebeca significó sí, y ella fue una esposa fiel y
temerosa de Dios. Por el resto de su vida vivió en tiendas como una
extranjera en la Tierra Prometida. Y su fidelidad fue recompensada,
pues tuvo el honor de ser antepasada de la Descendencia prometida,
Jesucristo (Heb. 11:9, 13).

9. ¿Cumplió Rut con su palabra?

9 "No, sino que contigo volveremos a tu pueblo." (Rut 1:10.) Las
viudas moabitas Rut y Orpá le iban repitiendo estas palabras a su
suegra Noemí, también viuda, mientras ella regresaba a Belén desde
Moab. Tanto insistió Noemí para que se quedaran en Moab, que al final
Orpá volvió a su país. Pero el no de Rut significó no (léase Rut 1:16,
17). Lealmente se fue con Noemí dejando atrás a su familia y la
religión falsa de Moab. Gracias a su perseverancia como fiel adoradora
de Jehová, tuvo el honor de ser una de las cinco únicas mujeres que
Mateo incluyó en la línea genealógica de Cristo (Mat. 1:1, 3, 5, 6,
16).

10. ¿Por qué es Isaías un buen ejemplo para nosotros?

10 "¡Aquí estoy yo! Envíame a mí." (Is. 6:8.) Antes de pronunciar
estas palabras, Isaías tuvo una gloriosa visión de Jehová sentado en
su trono por encima del templo de Israel. En ella, Isaías oyó a Jehová
preguntar: "¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?". Se trataba
de una invitación a ser su portavoz y transmitir su mensaje a su
pueblo descarriado. Isaías fue fiel a su palabra: su sí significó sí.
Desempeñó la función de profeta durante más de cuarenta y seis años,
en los que proclamó tanto fuertes mensajes de condenación como
magníficas promesas de restauración de la adoración verdadera.

11. a) ¿Por qué es tan importante que cumplamos nuestra palabra? b)
¿Qué ejemplos de personas que no fueron fieles a su palabra nos sirven
de advertencia?

11 ¿Por qué se encargó Jehová de que estos ejemplos se registraran en
su Palabra? ¿Y cuánta importancia tiene que nuestro sí signifique sí?
La Biblia dice claramente que quienes resultan "falsos en los acuerdos
[...] son merecedores de muerte" (Rom. 1:31, 32). El faraón de Egipto,
el rey Sedequías de Judá y Ananías y Safira son ejemplos de personas
cuyo sí significó no. Las trágicas consecuencias de sus actos nos
sirven a todos de advertencia (Éx. 9:27, 28, 34, 35; Ezeq. 17:13-15,
19, 20; Hech. 5:1-10).

12. ¿Qué nos ayudará a ser fieles a nuestra palabra?

12 En estos "últimos días" nos rodean personas desleales, que viven
"teniendo una forma de devoción piadosa, pero resultando falsos a su
poder" (2 Tim. 3:1-5). Por ello debemos evitar su compañía en todo lo
posible y reunirnos regularmente con quienes procuran que su sí
siempre signifique sí (Heb. 10:24, 25).


EL SÍ MÁS IMPORTANTE

13. ¿Cuál es el sí más importante que dice un discípulo de Jesucristo?

13 La promesa más importante que una persona puede hacer es la de
dedicar su vida a Dios. Quienes se ofrecen como discípulos de Jesús
tienen tres oportunidades de contestar sí cuando se les pregunta si
realmente desean seguir a Cristo (Mat. 16:24). Cuando dos ancianos
entrevistan a quien aspira a ser publicador no bautizado, le
preguntan: "¿Desea realmente ser testigo de Jehová?". Más tarde,
cuando sigue progresando espiritualmente y solicita bautizarse, los
ancianos se reúnen con él y le preguntan: "¿ Ha hecho usted una
oración para dedicarse personalmente a Jehová?". Y por último, el día
del bautismo se les pregunta a los candidatos: "En virtud del
sacrificio de Jesucristo, ¿se ha arrepentido de sus pecados y se ha
dedicado a Jehová para hacer Su voluntad?". De este modo, cada persona
responde sí respecto a su promesa de servir a Dios para siempre, y lo
hace ante testigos.

14. ¿Qué examen debemos hacernos de vez en cuando?

14 Sea que usted se haya bautizado hace poco tiempo o décadas atrás,
es preciso que de vez en cuando se haga preguntas como estas: "¿Sigo
fiel a mi sí más importante, al igual que Jesús? ¿Continúo obedeciendo
a Jesús dando prioridad a la obra de predicar el Reino y hacer
discípulos?" (léase 2 Corintios 13:5).

15. ¿En qué campos de la vida es importante que nuestro sí signifique sí?

15 Cumplir con nuestro voto de dedicación implica que también debemos
ser fieles en otros asuntos importantes. Veamos algunos ejemplos.
¿Está usted casado? Entonces debe seguir honrando su sagrado voto de
amar y cuidar con ternura a su cónyuge. ¿Ha firmado un contrato
comercial o una solicitud para participar en algún privilegio
teocrático? En tal caso, cumpla los compromisos que ha adquirido. ¿Ha
aceptado una invitación para comer en casa de alguien de escasos
recursos? Si así es, no cambie de idea si surge lo que le parece una
mejor oferta. ¿O ha prometido a alguien que encontró en el ministerio
de casa en casa que regresaría para darle más ayuda espiritual?
Entonces procure por todos los medios que su sí signifique sí, y
Jehová bendecirá su servicio (léase Lucas 16:10).


CÓMO NOS BENEFICIA NUESTRO SUMO SACERDOTE Y REY

16. ¿Qué deberíamos hacer si no hemos sido fieles a nuestra palabra?

16 La Biblia afirma que, como somos imperfectos, "todos tropezamos
muchas veces", sobre todo al usar la lengua (Sant. 3:2). ¿Qué
deberíamos hacer si comprendemos que no hemos sido fieles a nuestra
palabra? En la Ley que Dios entregó a Israel había una disposición
misericordiosa a la que podía acogerse quien era culpable de "hablar
irreflexivamente con sus labios" (Lev. 5:4-7, 11). Hoy se trata con la
misma consideración a los cristianos que cometen ese error. Si
confesamos nuestro pecado a Jehová, él nos perdonará a través de
nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo (1 Juan 2:1, 2). Sin embargo, para
seguir contando con el favor de Dios tenemos que demostrar que estamos
arrepentidos. Eso implica evitar que ese pecado se convierta en una
práctica y hacer lo posible por enmendar todo el daño que hayamos
causado con nuestras palabras precipitadas (Prov. 6:2, 3). Claro está,
es mucho mejor pensarlo dos veces antes de hacer promesas que luego no
podamos cumplir (léase Eclesiastés 5:2).

17, 18. ¿Qué glorioso futuro les aguarda a quienes procuran que su sí
signifique sí?

17 A los siervos de Jehová que se esfuerzan por que su sí signifique
sí les aguarda un futuro glorioso. Los 144.000 ungidos recibirán vida
inmortal en los cielos, donde estarán con Jesús en su Reino y
"reinarán con él por los mil años" (Rev. 20:6). Además, incontables
millones de personas más se beneficiarán del gobierno de Cristo en un
paraíso terrestre, donde él los ayudará a alcanzar la perfección
física y mental (Rev. 21:3-5).

18 Si nos mantenemos fieles en la prueba que afrontaremos al final del
Reinado de Mil Años de Jesús, nunca más tendremos motivos para dudar
de la palabra de nadie (Rev. 20:7-10). Todo sí significará sí y todo
no significará no. Quienes vivan en ese entonces imitarán a la
perfección a nuestro amoroso Padre celestial, Jehová, "el Dios de la
verdad" (Sal. 31:5).
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La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido. ISAIAS 40;8
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