lunes, 21 de enero de 2013

puntos sobresalientes mateo 1 a 6


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Puntos sobresalientes Mateo capítulos 1 a 6
si págs. 175-181 Libro bíblico número 40: Mateo
Escritor: Mateo
Dónde se escribió: Palestina
Cuándo se completó: c. 41 E.C.
Tiempo que abarca: 2 a.E.C.–33 E.C.
DESDE la rebelión en Edén Jehová ha puesto ante la
humanidad la promesa consoladora de que mediante la
Descendencia o Simiente de su “mujer” él suministrará liberación
a todos los que aman la justicia. Jehová se propuso producir de la
nación de Israel esa Descendencia o Mesías. A través de los
siglos, Dios inspiró a escritores hebreos para que pusieran por
escrito veintenas de profecías que mostraban que la
Descendencia sería Gobernante en el Reino de Dios y obraría a
favor de la santificación del nombre de Jehová y lo limpiaría para
siempre del oprobio que se ha amontonado sobre él. Mediante
aquellos profetas se suministraron muchos detalles respecto al
que sería el vindicador de Jehová y que traería liberación del
temor, la opresión, el pecado y la muerte. Al tiempo de
completarse las Escrituras Hebreas se había establecido
firmemente entre los judíos la esperanza de que vendría el Mesías.
2 Mientras tanto, el escenario mundial había estado
cambiando. Dios había ejercido influencia en las naciones en
preparación para el aparecimiento del Mesías, y las circunstancias
eran ideales para esparcir las nuevas de aquel suceso por todas
partes. La quinta potencia mundial, Grecia, había provisto un
idioma común, un medio de comunicación universal entre las
naciones. Roma, la sexta potencia mundial, había fusionado a sus
naciones súbditas en un imperio mundial y había hecho carreteras
para que toda parte del imperio fuera accesible. Muchos judíos
habían sido esparcidos por todo el imperio, de modo que otros se
habían enterado de la esperanza judía de un Mesías que había de
venir. Y ahora, más de 4.000 años después de aquella promesa
edénica, ¡el Mesías se había presentado! ¡Había venido la
Descendencia prometida que por tanto tiempo se había esperado!
Los sucesos más importantes de la historia humana hasta aquel
tiempo se fueron desarrollando a medida que el Mesías efectuó
fielmente la voluntad de su Padre aquí en la Tierra.
3 De nuevo fue hora de que se escribiera bajo inspiración para
registrar aquellos sucesos trascendentales. El espíritu de Jehová
inspiró a cuatro hombres fieles para que escribieran relatos
independientes, y así se proveyó un testimonio cuádruple de que
Jesús era el Mesías, la Descendencia prometida y Rey, y se dieron
detalles de la vida, el ministerio, la muerte y la resurrección de él.
Estos relatos se llaman Evangelios, y la palabra “evangelio”
significa “buenas nuevas” o “buenas noticias”. Aunque los cuatro
relatos son paralelos y con frecuencia mencionan los mismos
incidentes, de ningún modo son sencillamente copias unos de
otros. A los tres primeros Evangelios se les suele llamar
sinópticos, lo que indica un punto de vista similar, pues tienen un
enfoque similar al relatar la vida de Jesús en la Tierra. Pero cada
uno de los cuatro escritores —Mateo, Marcos, Lucas y Juan—
narra su propio relato del Cristo. Cada uno tiene su propio tema y
objetivo particular, refleja su propia personalidad y tiene
presentes a sus lectores más cercanos. Mientras más
escudriñamos sus escritos, más nos percatamos de los rasgos
distintivos de cada uno de ellos y de que estos cuatro libros
bíblicos inspirados son relatos independientes, complementarios
y armoniosos de la vida de Jesucristo.
4 Mateo fue el primero que escribió las buenas nuevas acerca
del Cristo. Es probable que su nombre sea una forma abreviada
del hebreo “Matitías”, que significa “Regalo (Dádiva) de Jehová”.
Fue uno de los 12 apóstoles escogidos por Jesús. Mateo tuvo una
relación estrecha e íntima con el Maestro a medida que este
viajaba por la tierra de Palestina predicando y enseñando acerca
del Reino de Dios. Antes de hacerse discípulo de Jesús, Mateo era
recaudador de impuestos, una ocupación totalmente aborrecible
para los judíos, porque les recordaba de continuo que no eran
libres, sino que estaban bajo el dominio de la Roma imperial.
Mateo, también llamado Leví, era hijo de Alfeo. Cuando Jesús lo
invitó a seguirle, Mateo respondió de buena gana. (Mat. 9:9; Mar.
2:14; Luc. 5:27-32.)
5 Aunque el Evangelio que se atribuye a Mateo no menciona
que él sea el escritor, el testimonio arrollador de los historiadores
eclesiásticos primitivos lo señala como tal. Es probable que
ningún libro antiguo tenga su escritor más clara y unánimemente
establecido que el libro de Mateo. Desde el tiempo de Papías de
Hierápolis (a principios del siglo II E.C.) en adelante, entre los
antiguos ha habido muchos testigos del hecho de que Mateo
escribió este Evangelio y de que este es parte auténtica de la
Palabra de Dios. La Cyclopedia de McClintock y Strong declara:
“Justino Mártir, el autor de la carta a Diogneto (véase Justin
Martyr, de Otto, tomo II), Hegesipo, Ireneo, Taciano, Atenágoras,
Teófilo, Clemente, Tertuliano y Orígenes citan pasajes de Mateo.
Consideramos probado el hecho de que el libro que poseemos no
ha sido objeto de ningún cambio repentino, no solo por la materia
que contiene, sino también por la manera como se cita del libro,
por la confianza con que se hace referencia a él como a una
autoridad establecida y por la ausencia de toda señal de duda”. El
hecho de que Mateo era apóstol y que, como tal, tenía el espíritu
de Dios nos asegura que lo que escribió sería un registro fiel.
6 Mateo escribió su relato en Palestina. No se sabe cuál fue,
exactamente, el año, pero las notas que aparecen al final de
algunos manuscritos (todos posteriores al siglo X E.C.) dicen que
fue escrito en el año 41 E.C. Hay pruebas de que Mateo escribió su
Evangelio originalmente en el hebreo común de aquella época y
después lo tradujo al griego. En la obra De viris inlustribus
(Acerca de hombres ilustres), capítulo III, Jerónimo dice: “Mateo,
quien es también Leví, y quien de publicano llegó a ser apóstol,
compuso en primer lugar un Evangelio de Cristo en Judea en el
lenguaje y caracteres hebreos para beneficio de los de la
circuncisión que habían creído”. Jerónimo añade que el texto
hebreo de este Evangelio se conservaba en sus días (siglos IV y
V E.C.) en la biblioteca que Pánfilo había formado en Cesarea.
7 A principios del siglo III, Orígenes, al considerar los
Evangelios, dijo, según lo cita Eusebio, que el “primero se
escribió [...] según Mateo, [...] quien lo compuso en el idioma
hebreo y lo publicó para los del judaísmo que se hicieron
creyentes”. El hecho de que Mateo se escribió principalmente para
los judíos se indica por su genealogía, que muestra la
descendencia legal de Jesús desde Abrahán, y por sus muchas
referencias a las Escrituras Hebreas, las cuales señalaban al
Mesías venidero. Es razonable creer que Mateo usó el nombre
divino Jehová en la forma del Tetragrámaton cuando citó de
porciones de las Escrituras Hebreas donde aparece el nombre.
Por eso en la Traducción del Nuevo Mundo el libro de Mateo
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contiene el nombre Jehová 18 veces, como sucede en la versión
hebrea de Mateo producida originalmente por F. Delitzsch en el
siglo XIX. Mateo habría tenido la misma actitud que tuvo Jesús
para con el nombre divino, y no se habría retraído de usarlo
debido a una superstición judía imperante de no usar ese nombre.
(Mat. 6:9; Juan 17:6, 26.)
8 Porque Mateo había sido recaudador de impuestos, era
natural que fuera explícito en asuntos de dinero, cifras y valores.
(Mat. 17:27; 26:15; 27:3.) Mateo, despreciado recaudador de
impuestos, apreció profundamente el que Dios fuera
misericordioso con él y le permitiera llegar a ser ministro de las
buenas nuevas y asociado íntimo de Jesús. Por lo tanto, hallamos
que Mateo es el único evangelista que alude a la insistencia de
Jesús en que además del sacrificio se requiere misericordia (9:9-
13; 12:7; 18:21-35). La bondad inmerecida de Jehová estimuló
mucho a Mateo, y es apropiado que él escriba algunas de las
palabras más alentadoras que pronunció Jesús: “Vengan a mí,
todos los que se afanan y están cargados, y yo los refrescaré.
Tomen sobre sí mi yugo y aprendan de mí, porque soy de genio
apacible y humilde de corazón, y hallarán refrigerio para sus
almas. Porque mi yugo es suave y mi carga es ligera” (11:28-30).
¡Cuán refrescantes fueron esas tiernas palabras para aquel ex
recaudador de impuestos, a quien, indudablemente, habían
insultado sus coterráneos!
9 Mateo recalcó particularmente que el tema de la enseñanza
de Jesús era “el reino de los cielos” (4:17). Para él Jesús era el
Rey-Predicador. Usó el término “reino” con tanta frecuencia (más
de 50 veces) que su Evangelio pudiera llamarse el Evangelio del
Reino. Mateo estaba más interesado en la presentación lógica de
los discursos públicos y sermones de Jesús que en observar una
secuencia cronológica exacta. El que Mateo destacara el tema del
Reino en los primeros 18 capítulos lo llevó a apartarse de un
orden cronológico. No obstante, los últimos diez capítulos (19 a
28) siguen en general una secuencia cronológica a la vez que
destacan el Reino.
10 El 42% del relato del Evangelio de Mateo no se halla en
ninguno de los otros tres Evangelios. Entre esa información hay
por lo menos diez parábolas o ilustraciones: la mala hierba en el
campo (13:24-30), el tesoro escondido (13:44), la perla de gran
valor (13:45, 46), la red barredera (13:47-50), el esclavo despiadado
(18:23-35), los obreros y el denario (20:1-16), el padre y dos hijos
(21:28-32), las bodas del hijo del rey (22:1-14), las diez vírgenes
(25:1-13) y los talentos (25:14-30). En conjunto, el relato del libro
abarca desde el nacimiento de Jesús en 2 a.E.C. hasta la reunión
que él tuvo con sus discípulos precisamente antes de Su
ascensión en 33 E.C.
CONTENIDO DE MATEO
11 Presentación de Jesús y de las nuevas del “reino de los
cielos” (1:1–4:25). Lógicamente, Mateo empieza con la genealogía
de Jesús para probar Su derecho legal como heredero de Abrahán
y David. Así capta la atención del lector judío. Luego leemos el
relato de la concepción milagrosa de Jesús, su nacimiento en
Belén, la visita de los astrólogos, la matanza —dirigida por el
encolerizado Herodes— de todos los varoncitos de Belén menores
de dos años, la huida de José y María a Egipto con el niño y el
regreso posterior de ellos a Nazaret. Mateo se asegura de llamar
atención a los cumplimientos de las profecías para establecer que
Jesús es el Mesías predicho. (Mat. 1:23—Isa. 7:14; Mat. 2:1-6—Miq.
5:2; Mat. 2:13-18—Ose. 11:1 y Jer. 31:15; Mat. 2:23—Isa. 11:1,
nota.)
12 El relato de Mateo entonces pasa por alto los sucesos de
casi 30 años. Juan el Bautizante predica en el desierto de Judea:
“Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado”.
(Mat 3:2.) Bautiza en el río Jordán a los judíos arrepentidos y
advierte a los fariseos y saduceos de la ira venidera. Jesús viene
de Galilea y se bautiza. Inmediatamente el espíritu de Dios
desciende sobre él, y una voz desde los cielos dice: “Este es mi
Hijo, el amado, a quien he aprobado” (3:17). Entonces el espíritu
conduce a Jesús al desierto, donde, después de ayunar por
40 días, es tentado por Satanás el Diablo. Jesús resiste a Satanás
tres veces con citas de la Palabra de Dios, y por fin dice: “¡Vete,
Satanás! Porque está escrito: ‘Es a Jehová tu Dios a quien tienes
que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio
sagrado’” (4:10).
13 “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha
acercado.” El ungido Jesús ahora proclama esas palabras
electrizantes en Galilea. Llama a cuatro pescadores para que dejen
sus redes, lo sigan y se hagan “pescadores de hombres”, y viaja
con ellos por “toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y
predicando las buenas nuevas del reino y curando toda suerte de
dolencia y toda suerte de mal entre el pueblo” (4:17, 19, 23).
14 El Sermón del Monte (5:1–7:29). Cuando las muchedumbres
empiezan a seguirlo, Jesús sube a la montaña, se sienta y se pone
a enseñar a sus discípulos. Inicia su emocionante discurso con
nueve ‘felicidades’: Felices son los que tienen conciencia de su
necesidad espiritual, los que se lamentan, los de genio apacible,
los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los
de corazón puro, los pacíficos, los perseguidos por causa de la
justicia y aquellos a quienes se vitupera y de quienes se habla
mentirosamente. “Regocíjense y salten de gozo, puesto que
grande es su galardón en los cielos.” Llama a sus discípulos “la
sal de la tierra” y “la luz del mundo”, y explica la justicia —muy
diferente del formalismo de los escribas y fariseos— que se
requiere para entrar en el Reino de los cielos. “Ustedes, en efecto,
tienen que ser perfectos, como su Padre celestial es perfecto”
(5:12-14, 48).
15 Jesús advierte que no se hagan dádivas ni oraciones
hipócritas. Enseña a sus discípulos a orar por la santificación del
nombre del Padre, por la venida de Su Reino y por el sustento
diario. A través del sermón Jesús destaca el Reino. Advierte a sus
seguidores que no se preocupen ni trabajen solo por riquezas
materiales, pues el Padre sabe lo que en verdad necesitan. “Sigan,
pues —dice él—, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y
todas estas otras cosas les serán añadidas” (6:33).
16 El Maestro aconseja sobre las relaciones con otros y dice:
“Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les
hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a
ellos”. Los que hacen la voluntad de su Padre serán los pocos que
hallen el camino a la vida. Por sus frutos se conocerá a los
obradores del desafuero, y se les rechazará. Jesús asemeja al que
obedece sus dichos al “varón discreto que edificó su casa sobre
la masa rocosa”. ¿Qué efecto produce ese discurso en las
muchedumbres que lo escuchan? Están “atónitas por su modo de
enseñar”, pues enseña “como persona que tiene autoridad, y no
como sus escribas” (7:12, 24-29).
17 Se ensancha la predicación del Reino (8:1–11:30). Jesús
ejecuta muchos milagros: sana a leprosos, paralíticos y
3
endemoniados. Hasta muestra que tiene autoridad sobre el viento
y las olas al calmar una tormenta, y resucita a una joven. ¡Cómo se
compadece Jesús de las muchedumbres al ver cuán desolladas y
desparramadas están, “como ovejas sin pastor”! Como dice a sus
discípulos: “La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Por lo
tanto, rueguen al Amo de la mies que envíe obreros a su siega”
(9:36-38).
18 Jesús escoge y comisiona a los 12 apóstoles. Les da
instrucciones específicas en cuanto a cómo efectuar su obra y
recalca la doctrina central de la enseñanza de ellos: “Al ir,
prediquen, diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado’”. Les
da la siguiente exhortación sabia y amorosa: “Recibieron gratis;
den gratis”. “Demuestren ser cautelosos como serpientes, y, sin
embargo, inocentes como palomas”. Serán odiados y
perseguidos, hasta por parientes cercanos, pero Jesús les
recuerda: “El que halle su alma la perderá, y el que pierda su alma
por causa de mí la hallará” (10:7, 8, 16, 39). ¡Allá van, a enseñar y
predicar en las ciudades que se les han asignado! Jesús dice que
Juan el Bautizante es el mensajero enviado delante de él, el
prometido “Elías”, pero “esta generación” no acepta ni a Juan ni a
él, el Hijo del hombre (11:14, 16). Por eso, ¡ay de esta generación y
las ciudades que no se han arrepentido al ver sus obras
poderosas! Pero los que se hacen discípulos de él hallarán
refrigerio para sus almas.
19 Los fariseos refutados y denunciados (12:1-50). Los fariseos
tratan de criticar a Jesús sobre la cuestión del sábado, pero él
refuta sus acusaciones y condena con severidad su hipocresía.
Les dice: “Prole de víboras, ¿cómo pueden hablar cosas buenas
cuando son inicuos? Porque de la abundancia del corazón habla
la boca” (12:34). No se les dará ninguna señal sino la de Jonás el
profeta: el Hijo del hombre estará en el corazón de la tierra tres
días y noches.
20 Siete ilustraciones del Reino (13:1-58). ¿Por qué habla Jesús
mediante ilustraciones? Él explica a sus discípulos: “A ustedes se
concede entender los secretos sagrados del reino de los cielos,
mas a aquellos no se les concede”. Jesús pronuncia felices a sus
discípulos porque ven y oyen. ¡Qué refrescante instrucción les
suministra ahora! Después de explicar la ilustración del
sembrador, Jesús da las ilustraciones de la mala hierba en el
campo, el grano de mostaza, la levadura, el tesoro escondido, la
perla de gran valor y la red barredera... todas las cuales
representan algo relacionado con el “reino de los cielos”. Con
todo, la gente tropieza a causa de él, y Jesús les dice: “El profeta
no carece de honra sino en su propio territorio y en su propia
casa” (13:11, 57).
21 “El Cristo” extiende su ministerio y hace otros milagros
(14:1–17:27). A Jesús le afecta profundamente el informe de la
decapitación de Juan el Bautizante por orden del cobarde y débil
Herodes Antipas. Jesús alimenta milagrosamente a una
muchedumbre de más de 5.000 personas; camina sobre el mar;
refuta otras críticas de los fariseos, quienes, dice él, ‘traspasan el
mandamiento de Dios a causa de su tradición’; sana a
endemoniados, a personas “cojas, mancas, ciegas, mudas, y
muchas en otras condiciones”; y de nuevo alimenta a más
de 4.000 personas con siete panes y unos cuantos pescaditos
(15:3, 30). En respuesta a una pregunta de Jesús, Pedro lo
identifica, diciendo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”.
Jesús encomia a Pedro y declara: “Sobre esta masa rocosa
edificaré mi congregación” (16:16, 18). Jesús ahora empieza a
hablar de su muerte venidera y de su resurrección al tercer día.
Pero también promete que algunos de sus discípulos “de ningún
modo gustarán la muerte hasta que primero vean al Hijo del
hombre viniendo en su reino” (16:28). Seis días después, Jesús
lleva a Pedro, Santiago y Juan a una montaña elevada para que lo
vean transfigurado en gloria. En una visión ellos contemplan a
Moisés y Elías conversando con Jesús, y oyen una voz desde el
cielo decir: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado;
escúchenle”. Después de descender de la montaña, Jesús les dice
que el prometido “Elías” ya ha venido, y perciben que habla de
Juan el Bautizante (17:5, 12).
22 Jesús aconseja a sus discípulos (18:1-35). Mientras están en
Capernaum Jesús habla a los discípulos acerca de la humildad, el
gran gozo de recobrar una oveja extraviada y cómo resolver las
ofensas entre hermanos. Pedro pregunta: ‘¿Cuántas veces he de
perdonar a mi hermano?’, y Jesús contesta: “No te digo: Hasta
siete veces, sino: Hasta setenta y siete veces”. Para recalcar esto
Jesús da la ilustración del esclavo cuyo amo le perdonó una
deuda de 60.000.000 de denarios. Aquel esclavo después hizo
encarcelar a un coesclavo que le debía a él sólo 100 denarios, y
como resultado el esclavo despiadado también fue entregado a
los carceleros. Jesús hace la siguiente observación: “Del mismo
modo también tratará mi Padre celestial con ustedes si no
perdonan de corazón cada uno a su hermano” (18:21, 22, 35).
23 Los días finales del ministerio de Jesús (19:1–22:46). Siguen
a buen paso los sucesos, y sube la tensión mientras aumenta la
cólera de los escribas y fariseos, a quienes irrita el ministerio de
Jesús. Vienen para hacerle tropezar sobre un asunto relacionado
con el divorcio, pero fracasan; Jesús señala que la única base
bíblica para el divorcio es la fornicación. Un joven rico aborda a
Jesús y le pregunta cuál es el camino a la vida eterna, pero se
aleja contristado cuando se entera de que tiene que vender todas
sus posesiones y ser seguidor de Jesús. Después de dar la
ilustración de los obreros y el denario, Jesús habla de nuevo
sobre su muerte y resurrección, y dice: “El Hijo del hombre no
vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su
alma en rescate en cambio por muchos” (20:28).
24 Jesús entra ahora en su última semana de vida como
humano. Hace su entrada triunfal en Jerusalén como ‘Rey,
montado sobre un pollino’ (21:4, 5). Limpia el templo de cambistas
y otros usureros, y el odio de sus enemigos aumenta cuando les
dice: “Los recaudadores de impuestos y las rameras van delante
de ustedes al reino de Dios” (21:31). Sus ilustraciones directas
sobre la viña y la fiesta de bodas dan en el blanco. Con destreza
contesta la pregunta de los fariseos en cuanto a los impuestos al
decirles que paguen de vuelta a “César las cosas de César, pero a
Dios las cosas de Dios” (22:21). También los saduceos le plantean
una pregunta para entramparlo, pero Jesús la contesta y defiende
la esperanza de la resurrección. Los fariseos vienen de nuevo a él
con una pregunta sobre la Ley, y Jesús les dice que el mayor
mandamiento es amar a Jehová completamente, y el segundo es
amar al prójimo como a uno mismo. Jesús entonces les pregunta:
‘¿Cómo puede el Cristo ser tanto el hijo de David como su
Señor?’. Nadie puede contestar, y desde entonces nadie se atreve
a interrogarle (22:45, 46).
25 ‘Ay de ustedes, hipócritas’ (23:1–24:2). Al dirigirse a las
muchedumbres en el templo, Jesús denuncia de nuevo con
severidad a los escribas y fariseos. Estos no solo se han
descalificado de entrar en el Reino, sino que ejercen toda su
astucia para impedir que otros entren en él. Como sepulcros
blanqueados, parecen hermosos por fuera, pero por dentro están
4
llenos de corrupción y putrefacción. Jesús concluye con este
juicio contra Jerusalén: “Su casa se les deja abandonada a
ustedes” (23:38). Al salir del templo, Jesús profetiza que este será
destruido.
26 Jesús da ‘la señal de su presencia’ (24:3–25:46). Mientras
están en el monte de los Olivos, sus discípulos le preguntan
acerca de ‘la señal de su presencia y de la conclusión del sistema
de cosas’. En respuesta Jesús señala a un tiempo futuro en que
habrá guerras, ‘nación contra nación y reino contra reino’,
escaseces de alimento, terremotos, aumento del desafuero, la
predicación de “estas buenas nuevas del reino” por toda la Tierra,
el nombramiento del “esclavo fiel y discreto [...] sobre todos sus
bienes”, y muchos otros rasgos de la señal compuesta que ha de
indicar ‘la llegada del Hijo del hombre en su gloria para sentarse
sobre su glorioso trono’ (24:3, 7, 14, 45-47; 25:31). Jesús concluye
esta importante profecía con las ilustraciones de las diez vírgenes
y de los talentos, las cuales extienden recompensas gozosas a los
que se mantienen alerta y fieles; y la ilustración de las ovejas y las
cabras, que muestra a las personas a quienes se asemeja a cabras
partiendo “al cortamiento eterno, pero los justos a la vida eterna”
(25:46).
27 Sucesos del día final de Jesús (26:1–27:66). Después de
celebrar la Pascua, Jesús instituye algo nuevo con sus apóstoles
fieles al invitarlos a participar de pan ázimo y vino como símbolos
de su cuerpo y su sangre. Luego van a Getsemaní, donde Jesús
ora. Allí llega Judas con una muchedumbre armada y traiciona a
Jesús con un beso hipócrita. La muchedumbre lleva a Jesús al
sumo sacerdote, y los sacerdotes principales y todo el Sanedrín
buscan a personas que den testimonio falso contra él. Como
Jesús ha profetizado, Pedro lo niega cuando se le somete a
prueba. Judas siente remordimiento y arroja el dinero de su
traición en el templo y va y se ahorca. Por la mañana llevan a
Jesús al gobernador romano Pilato, quien, debido a la presión que
ejerce sobre él la chusma (incitada por los sacerdotes) que clama:
“Venga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”, lo
entrega para que sea fijado en un madero. Los soldados del
gobernador se burlan de que Jesús sea rey y luego lo llevan a
Gólgota, donde lo fijan en un madero entre dos salteadores, con
un letrero por encima de la cabeza que dice: “Este es Jesús el rey
de los judíos” (27:25, 37). Tras horas de tortura, Jesús por fin
muere, aproximadamente a las tres de la tarde, y entonces lo
ponen en una nueva tumba conmemorativa que pertenece a José
de Arimatea. ¡Ha sido el día más trascendental de toda la historia!
28 Resurrección e instrucciones finales de Jesús (28:1-20).
Mateo ahora culmina su relato con la mejor de todas las noticias:
Jesús, que había muerto, ha sido resucitado... ¡vive de nuevo!
Temprano el primer día de la semana, María Magdalena y “la otra
María” van a la tumba y oyen al ángel anunciar este hecho gozoso
(28:1). Jesús mismo se les aparece para confirmarlo. Los
enemigos hasta tratan de luchar contra el hecho de que Jesús ha
sido resucitado, y sobornan a los soldados que habían estado
vigilando la tumba para que digan: “Sus discípulos vinieron de
noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos”.
Posteriormente, en Galilea, Jesús se reúne de nuevo con sus
discípulos. ¿Qué instrucción de despedida les da? Esta:
“Vayan [...] hagan discípulos de gente de todas las naciones,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu
santo”. ¿Tendrían guía en esta obra de predicar? La última
expresión de Jesús que registra Mateo da esta seguridad: “¡Miren!
estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema
de cosas” (28:13, 19, 20).
POR QUÉ ES PROVECHOSO
29 El libro de Mateo —el primero de los cuatro Evangelios— en
verdad forma un excelente puente de las Escrituras Hebreas a las
Escrituras Griegas Cristianas. Identifica inequívocamente al
Mesías y Rey del prometido Reino de Dios, da a conocer los
requisitos para llegar a ser seguidor de él y presenta la obra que
estos seguidores tienen que efectuar en la Tierra. Primero Juan el
Bautizante, después Jesús y finalmente sus discípulos
predicaron: “El reino de los cielos se ha acercado”. Además, el
mandato de Jesús se extiende hasta la conclusión del sistema de
cosas: “Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la
tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces
vendrá el fin”. Ciertamente fue, y todavía es, un privilegio
grandioso y maravilloso el participar en esta obra del Reino,
incluso el ‘hacer discípulos de gente de todas las naciones’,
siguiendo el dechado del Maestro. (Mat. 3:2; 4:17; 10:7; 24:14;
28:19.)
30 El Evangelio de Mateo es realmente “buenas nuevas”. Su
mensaje inspirado fue “buenas nuevas” para los que le prestaron
atención en el primer siglo de la era común, y Jehová Dios ha
hecho que se conserve como “buenas nuevas” hasta la
actualidad. Hasta los no cristianos se han sentido impelidos a
reconocer el poder de este Evangelio, como, por ejemplo, el líder
hindú Mohandas (Mahatma) Gandhi, quien, según se informa, dijo
a lord Irwin, ex virrey de la India: “Cuando el país suyo y el país
mío obren a una según las enseñanzas que Cristo estableció en
este Sermón del Monte, habremos resuelto no solo los problemas
de nuestros países, sino los del mundo entero”. En otra ocasión
Gandhi dijo: “Sin falta beba hondo de las fuentes que se le
proporcionan en el Sermón del Monte [...] Pues la enseñanza del
Sermón se suministró para cada uno de nosotros”.
31 Sin embargo, el mundo entero, incluso la parte de él que
afirma ser cristiana, sigue teniendo problemas. Hay solo una
pequeña minoría de cristianos verdaderos que atesora, estudia y
aplica el Sermón del Monte y los demás consejos sanos de las
buenas nuevas según Mateo, y así obtiene beneficios
inestimables. Es provechoso estudiar vez tras vez las excelentes
exhortaciones de Jesús respecto a: cómo hallar verdadera
felicidad; la moralidad y el matrimonio; el poder del amor; las
oraciones que son aceptables; los valores espirituales frente a los
materiales; el buscar primero el Reino; el mostrar respeto por las
cosas sagradas; y el ser vigilantes y obedientes. En el capítulo 10
de Mateo hallamos las instrucciones de servicio de Jesús para los
que emprenden la obra de predicar las buenas nuevas del “reino
de los cielos”. Las muchas parábolas de Jesús contienen
lecciones vitales para todos los que ‘tienen oídos para oír’.
Además, las profecías de Jesús, como su predicción detallada de
‘la señal de su presencia’, fortalecen muchísimo nuestra
esperanza y confianza en cuanto a lo que encierra el futuro (5:1–
7:29; 10:5-42; 13:1-58; 18:1–20:16; 21:28–22:40; 24:3–25:46).
32 El Evangelio de Mateo abunda en profecías cumplidas.
Muchas de sus citas de las inspiradas Escrituras Hebreas tienen el
propósito de señalar a estos cumplimientos. Dan prueba
indisputable de que Jesús es el Mesías, pues habría sido
absolutamente imposible arreglar de antemano todos aquellos
detalles. Por ejemplo, compare Mateo 13:14, 15 con Isaías 6:9, 10;
Mateo 21:42 con Salmo 118:22, 23; y Mateo 26:31, 56 con Zacarías
5
13:7. Esos cumplimientos también nos dan garantía firme de que
todas las predicciones proféticas de Jesús mismo, según las
registró Mateo, se cumplirían a su debido tiempo a medida que se
realizaran los gloriosos propósitos de Jehová con relación al
“reino de los cielos”.
33 ¡Cuán exacto fue Dios al predecir la vida del Rey del Reino,
hasta la minuciosidad! ¡Cuán exacto fue el inspirado Mateo al
poner por escrito fielmente el cumplimiento de aquellas profecías!
A medida que los que aman la justicia reflexionan sobre todos los
cumplimientos proféticos y las promesas registradas en el libro de
Mateo, ciertamente pueden alborozarse por conocer y esperar “el
reino de los cielos” como el instrumento de Jehová para santificar
Su nombre. Este Reino mediante Jesucristo traerá a los de genio
apacible que tienen hambre espiritual incalculables bendiciones
de vida y felicidad “en la re-creación, cuando el Hijo del hombre se
siente sobre su trono glorioso”. (Mat. 19:28.) Todo esto se halla
entre las animadoras buenas nuevas “según Mateo”.
w09 1/12 pág. 16 ¿Lo sabía?
¿Cómo podía José divorciarse de María, si aún no estaban
casados?
Según el Evangelio de Mateo, José se enteró del embarazo de
María cuando ella “estaba comprometida para casarse” con él.
Como no sabía que “estaba encinta por espíritu santo”, pensó que
ella le había sido infiel y planeó divorciarse (Mateo 1:18-20).
En la cultura judía, a las parejas comprometidas se las veía
como si ya estuvieran casadas, aunque la vida en común
no comenzaba sino hasta después de la boda. El compromiso era
tan serio que si finalmente no se producía el enlace —porque el
novio cambiaba de idea o alguna otra razón de peso—, la joven
tenía que obtener un certificado de divorcio para poder casarse
con otra persona. De hecho, si el novio de una mujer
comprometida moría antes de la boda, a ella se la consideraba
viuda. Por otro lado, si ella le era infiel a su futuro cónyuge, se la
condenaba a muerte por adúltera (Deuteronomio 22:23, 24).
Por lo visto, José era consciente de las consecuencias que
María sufriría si la acusaba públicamente. Y aunque se sentía en la
obligación de informar a las autoridades pertinentes, optó por
no hacerlo para protegerla y evitar un escándalo. Por eso
planeaba divorciarse de ella en secreto. Además, al tener un
certificado de divorcio, una madre sola podría demostrar que
anteriormente había estado casada.
w06 15/12 pág. 5 ¿De qué modo trae paz el nacimiento de Jesús?
José, por otra parte, decidió poner fin a su compromiso con la
que iba a ser su esposa cuando supo que estaba embarazada. Él
sabía que ese hijo no podía ser suyo, pues no había tenido
relaciones sexuales con ella. Y podemos imaginarnos lo difícil que
le resultaría creer la explicación de María. En el Evangelio de
Mateo se explica lo que ocurrió entonces: “El ángel de Jehová se
le apareció en un sueño, y dijo: ‘José, hijo de David, no tengas
miedo de llevar a María tu esposa a casa, porque lo que ha sido
engendrado en ella es por espíritu santo. Dará a luz un hijo, y
tienes que ponerle por nombre Jesús, porque él salvará a su
pueblo de sus pecados’” (Mateo 1:20, 21).
La Biblia no aclara hasta qué grado entendió José el modo
como ese niño “salvar[ía] a su pueblo de sus pecados”. Con todo,
el mensaje bastó para convencerlo de que María, pese a estar
embarazada, no había cometido ningún pecado. Así pues, hizo tal
como le había mandado el ángel y la llevó a su casa, un acto que
entonces equivalía a una ceremonia de boda.
w09 1/1 págs. 5-6 Lecciones que aprendemos de María
Una excelente madre y esposa
Más allá de los relatos sobre el nacimiento y los primeros años
de Jesús, los Evangelios no hablan mucho sobre María. Aun así,
sabemos que ella y José tuvieron al menos seis hijos más. ¿En
qué nos basamos para decir esto? En la propia Biblia.
Mateo 1:25 señala que José “no tuvo coito con [María] hasta
que ella dio a luz un hijo”. Esto demuestra que José respetaba
profundamente el honor que se le había concedido a su esposa de
llevar en su matriz al Hijo de Dios. Y por esta razón decidió
no mantener relaciones sexuales con ella. Ahora bien, al decir
“hasta que ella dio a luz”, el versículo da a entender que después
sí las tuvieron, como es natural en todo matrimonio. Como
resultado, ella dio a luz varios hijos varones —la Biblia menciona a
Santiago, José, Simón y Judas— y al menos dos hijas (Mateo
13:55, 56). Por supuesto, ninguno de todos estos medio hermanos
de Jesús fue concebido milagrosamente.
g 12/09 pág. 11 ¿Qué tipo de estrella condujo a los “magos” hasta
Jesús?
Las leyendas navideñas pintan la estrella como una
buena señal del cielo. ¿Lo fue realmente?
▪ El carácter singular de la estrella llamó la atención de unos
“magos”, o “sabios”, procedentes de Oriente, y su luz los condujo
finalmente al lugar donde se hallaba el niño Jesús, según narra el
evangelista Mateo (Mateo 2:1-12, Nácar Colunga, Nueva Versión
Internacional). Las leyendas navideñas pintan la estrella como una
buena señal del cielo. Una obra de consulta se refiere a ella como
parte de un “plan divino concebido anticipadamente, por medio
del cual [...] el niño Jesús fue honrado y reconocido por el Padre
como su Hijo amado”. Hasta los villancicos la alaban. Pues bien,
¿qué tipo de estrella fue?
Hay quienes consideran que se trató de un fenómeno
astronómico. Algunos proponen como explicación una conjunción
de planetas; sin embargo, el Nuevo Diccionario Bíblico señala que
“un fenómeno de esa naturaleza no podría mencionarse
naturalmente como ‘una estrella’”. El paso de varios planetas que
se encontraran cerca se percibiría como puntos luminosos
separados entre sí y no como una sola estrella. También se han
barajado otros fenómenos celestes, como la visita de un cometa o
la aparición de una supernova; no obstante, ninguno de estos
astros podría haberse desplazado a voluntad por el cielo para
conducir a los magos a una ciudad concreta y luego detenerse
sobre una casa en particular.
¿Fue la aparición de la estrella un fenómeno natural, o
intervino la Divina Providencia? Examinemos algunos hechos. Los
“magos” no eran reyes, como sostiene la tradición, ni tampoco
“sabios” en el sentido moderno de la palabra. Eran, según algunas
versiones, “astrólogos”, hombres dedicados a una práctica que se
condena en las Santas Escrituras (Deuteronomio 18:10-12). Nótese
que la estrella fue “vista” únicamente por los astrólogos.
Si hubiera sido un astro real, habría sido visible a todo el mundo,
6
como un faro en la oscuridad; pero hasta el rey Herodes tuvo que
preguntarles sobre los detalles de su aparición. La estrella los
guió primero a Jerusalén, al palacio de Herodes, enemigo mortal
del futuro Mesías —de hecho, intentó matar a Jesús cuando era
niño—. Después, la estrella cambió de rumbo hacia el sur y
condujo a los astrólogos a Belén, donde se hallaba Jesús,
poniendo así la vida de él en peligro.
Estos hechos indican que la estrella provenía de una fuente
maligna, seguramente Satanás. La Biblia dice que el Diablo se vale
de “señales y portentos [...] mentirosos” (2 Tesalonicenses 2:9).
Por eso, a los cristianos verdaderos no debería extrañarles que él
hiciera que solo los astrólogos vieran un objeto parecido a una
estrella y que dirigiera su trayectoria para conducirlos al Hijo de
Dios, a quien quería aniquilar. Lógicamente, nadie es más hábil
que Jehová Dios; de ahí que la treta del Diablo para segar la vida
de Jesús antes de tiempo fracasara por completo.
Cabe destacar, no obstante, que Dios sí anunció de forma
milagrosa el nacimiento de su Hijo. La noche que este nació, un
ángel se les presentó a unos pastores y les dijo que había nacido
“un Salvador”; también les indicó dónde encontrarlo para que lo
visitaran. Entonces apareció una multitud de ángeles que se
pusieron a alabar a Dios (Lucas 2:8-14). Fue mediante estos
ángeles, y no mediante la estrella, como Dios informó a los
hombres del nacimiento de Jesús.
w10 1/4 pág. 13 ¿Verdadero o falso? Creencias sobre Jesús
Según Mateo, “abrieron sus tesoros” y le obsequiaron a Jesús
oro, incienso y mirra. Es interesante que sus valiosos regalos
llegaron en el momento preciso, pues poco después Jesús y
sus padres —muy modestos económicamente— se vieron
obligados a huir y convertirse en refugiados (Mateo 2:11-15).
w11 15/8 pág. 10 párr. 10 Esperaban al Mesías
Al igual que al pueblo de Israel, Dios lo haría salir de Egipto
(Ose. 11:1). Antes de que Herodes decretara el exterminio de los
niños, un ángel avisó a José para que huyera a Egipto junto con
María y Jesús. De allí salieron tras “el fallecimiento de Herodes,
para que se cumpliera lo que Jehová había hablado por su profeta
[Oseas], que dijo: ‘De Egipto llamé a mi hijo’” (Mat. 2:13-15). Dado
que Jesús no tenía control sobre ninguno de estos sucesos
relacionados con su nacimiento y primeros años de vida, es
imposible que hubiera tramado algún plan para que se produjeran.
w09 1/1 pág. 12 ¿Les tiene miedo a los muertos?
Veamos ahora otro ejemplo bíblico que ocurrió muchos siglos
después. Ciertos astrólogos informaron al rey Herodes que dentro
de sus dominios había nacido el “rey de los judíos”. Esta noticia le
inquietó tanto que, para deshacerse de aquel posible rival, mandó
asesinar a todos los niños varones de Belén menores de dos
años. Pero no logró matar a Jesús, pues un ángel se le apareció a
José y le dijo: “Toma al niñito y a su madre, y huye a Egipto”
(Mateo 2:1-16).
Cuando Herodes murió, el ángel le indicó a José que volvieran
a Israel, “porque [habían] muerto los que buscaban el alma del
niñito” (Mateo 2:19, 20). Aquel ángel —que procedía del mundo de
los espíritus— sabía que Herodes, una vez muerto, no podía
hacerle ningún daño a Jesús. En efecto, José ya no tenía por qué
temer a este rey. Pero sí tenía razones para tener miedo de su
sucesor, Arquelao. Por eso se llevó a su familia a vivir a Galilea,
fuera de la jurisdicción de este tiránico rey (Mateo 2:22).
¿Qué lección aprendemos de estos relatos? Que los muertos
no pueden hacernos nada
it-1 pág. 290 Bautismo
El bautismo de Juan. Juan, hijo de Zacarías y Elisabet, fue el
primer ser humano a quien Dios autorizó a bautizar en agua.
(Lu 1:5-7, 57.) El mismo hecho de que se le conociese como
“Juan el Bautista” o “el bautizante” (Mt 3:1; Mr 1:4) indica que el
pueblo llegó a tener conocimiento del bautismo o inmersión en
agua en especial a través de él. Además, las Escrituras prueban
que su ministerio y bautismo provenían de Dios, no de sí mismo.
El ángel Gabriel habló proféticamente de sus obras como
procedentes de Dios (Lu 1:13-17), y Zacarías, por medio del
espíritu santo, anunció que sería un profeta del Altísimo para
preparar los caminos de Jehová. (Lu 1:68-79.) Más tarde, Jesús
confirmó que el ministerio y el bautismo de Juan procedían de
Dios. (Lu 7:26-28.) El discípulo Lucas registra que ‘la declaración
de Dios fue a Juan el hijo de Zacarías en el desierto. De modo que
entró predicando bautismo’. (Lu 3:2, 3.) El apóstol Juan dice de él:
“Se levantó un hombre que fue enviado como representante de
Dios: su nombre era Juan”. (Jn 1:6.)
it-1 págs. 212-213 Arrepentimiento
La conversión implica más que una simple actitud o expresión
verbal; debe haber “obras propias del arrepentimiento”. (Hch
26:20; Mt 3:8.) Hay que ‘buscar’ a Jehová e ‘inquirir’ de Él de
manera activa, con todo el corazón y el alma. (Dt 4:29; 1Re 8:48;
Jer 29:12-14.) Esto significa forzosamente buscar el favor de Dios
‘escuchando su voz’ según se expresa en su Palabra (Dt 4:30;
30:2, 8), ‘mostrar perspicacia en su apego a la verdad’ por medio
de un mejor entendimiento y aprecio de sus caminos y voluntad
(Da 9:13), observar y ‘poner por obra’ sus mandamientos (Ne 1:9;
Dt 30:10; 2Re 23:24, 25), ‘guardar bondad amorosa y justicia’ y
“esperar en [...] Dios constantemente” (Os 12:6), abandonar el uso
de imágenes religiosas o el culto a la criatura para ‘dirigir el
corazón inalterablemente a Jehová y servirle solo a Él’ (1Sa 7:3;
Hch 14:11-15; 1Te 1:9, 10) y andar en sus caminos y no en el
camino de las naciones (Le 20:23) ni en el de uno mismo. (Isa 55:6-
8.) Las oraciones, los sacrificios, los ayunos y la observancia de
fiestas sagradas carecen de sentido y de valor para Dios a menos
que vayan acompañados de buenas obras, se busque la justicia,
se elimine la opresión y la violencia y se ejerza misericordia. (Isa
1:10-19; 58:3-7; Jer 18:11.)
kl cap. 18 págs. 171-173 párrs. 5-6 Póngase el objetivo de servir a
Dios para siempre
5 El conocimiento que Jesús tenía también lo impulsó a dar un
paso muy importante. Fue de Galilea al río Jordán para que Juan
lo bautizara. (Mateo 3:13-15.) ¿Qué simbolizó el bautismo de
Jesús? Por ser judío de nacimiento, ya pertenecía a una nación
dedicada a Dios. De modo que Jesús estaba dedicado desde que
nació. (Éxodo 19:5, 6.) Mediante el bautismo se presentó a Jehová
a fin de hacer la voluntad divina para él en aquel tiempo. (Hebreos
10:5, 7.) Y Jesús vivió de acuerdo con el significado de su
bautismo. Se gastó en el servicio de Jehová, impartiendo a la
gente el conocimiento de Dios en toda oportunidad. Para Jesús
7
fue un placer hacer la voluntad de Dios; hasta dijo que era como
su alimento. (Juan 4:34.)
6 Jesús sabía muy bien que hacer la voluntad de Jehová le
supondría mucho sacrificio, que incluso le costaría la vida. Sin
embargo, se repudió a sí mismo, y puso sus necesidades
personales en un segundo lugar. Hacer la voluntad de Dios
siempre tenía prioridad. ¿Cómo podemos seguir el ejemplo
perfecto de Jesús al respecto?
wt cap. 12 págs. 111-112 párrs. 5-6 El significado de su bautismo
5 Entre los que acudieron a Juan para que los bautizara estuvo
el mismo Jesús. Pero ¿por qué? Sabiendo que este no tenía
ningún pecado que confesar, Juan objetó: “Yo soy el que necesito
ser bautizado por ti, ¿y vienes tú a mí?”. No obstante, Jesús se
bautizaría para simbolizar algo distinto, de modo que le contestó:
“Deja que sea, esta vez, porque de esa manera nos es apropiado
llevar a cabo todo lo que es justo” (Mateo 3:13-15). Como el Hijo
de Dios era perfecto, su bautismo no podía simbolizar
arrepentimiento de pecados; por otra parte, no necesitaba
dedicarse a Jehová, pues pertenecía a una nación ya dedicada a
él. Su bautismo, a la edad de 30 años, fue singular; simbolizó que
se presentaba a su Padre celestial para obrar de acuerdo con lo
que dispusiera Su voluntad.
6 La voluntad de Dios respecto a Cristo Jesús incluía
actividades relacionadas con el Reino (Lucas 8:1) y el ofrecimiento
de su vida humana perfecta como sacrificio redentor y como base
de un nuevo pacto (Mateo 20:28; 26:26-28; Hebreos 10:5-10). Jesús
tomó muy en serio lo que simbolizó su bautismo, así que
no permitió que nada lo distrajera de su objetivo. Hizo de la
predicación del Reino de Dios su labor principal, y hasta el fin de
su vida terrestre llevó a cabo fielmente la voluntad divina (Juan
4:34).
w08 15/1 pág. 29 Puntos sobresalientes del libro de Mateo
Respuestas a preguntas bíblicas:
3:16. ¿En qué sentido “se abrieron” los cielos cuando se
bautizó Jesús? Esa expresión parece indicar que recuperó los
recuerdos de su existencia prehumana en los cielos.
5:21, 22. ¿Constituye un pecado más grave dar rienda suelta a
la furia que simplemente abrigarla? Jesús indicó que si una
persona estaba furiosa con su hermano, cometía un pecado grave.
No obstante, si expresaba su furia dirigiéndole a este una palabra
despectiva, el pecado era aún más grave, por lo que tendría que
responder ante el “Tribunal Supremo”, y no solo ante un tribunal
local.
5:48. ¿De verdad es posible ser “perfectos, como [nuestro]
Padre celestial es perfecto”? Sí, en cierto sentido. En ese
momento, Jesús estaba hablando del amor, y lo que les dijo a sus
oyentes fue que debían ser perfectos o completos en su
manifestación de amor, a imitación de su Padre celestial (Mat.
5:43-47). ¿Cómo lo lograrían? Amando también a sus enemigos.
¿Por qué dijo Jesús que serían felices “los que se lamentan”?
w09 15/2 págs. 6-7 Las enseñanzas de Jesús pueden hacerlo feliz
“Felices son los que se lamentan”
6 “Felices son los que se lamentan, puesto que ellos serán
consolados.” (Mat. 5:4.) “Los que se lamentan” son el mismo tipo
de personas que “los que tienen conciencia de su necesidad
espiritual”. No es que se lamenten por su situación en la vida, sino
porque son pecadores y porque les duele ver el sufrimiento que
causa la imperfección. Pero ¿por qué dijo Jesús que son felices si
están lamentándose? Porque hallan consuelo en su relación con
Jehová y porque ejercen fe en él y en su Hijo (Juan 3:36).
7 ¿Nos lamentamos nosotros por las muchas injusticias que se
cometen en el mundo de Satanás? ¿Cómo debemos ver este
mundo y lo que ofrece? El apóstol Juan responde: “Todo lo que
hay en el mundo —el deseo de la carne y el deseo de los ojos y la
exhibición ostentosa del medio de vida de uno— no se origina del
Padre” (1 Juan 2:16). Pero ¿qué podemos hacer si percibimos que
“el espíritu del mundo” —es decir, la actitud dominante del mundo
alejado de Dios— está debilitando nuestra espiritualidad? Oremos
con fervor, estudiemos la Biblia y busquemos la ayuda de los
ancianos. Cuanto más nos acerquemos a Jehová, más consuelo
hallaremos, sea cual sea la causa de nuestras angustias (1 Cor.
2:12; Sal. 119:52; Sant. 5:14, 15).

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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Jehová es mi pastor y nada me faltara.