domingo, 28 de abril de 2013

puntos sobresalientes lucas 22 a 24

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Puntos sobresalientes Lucas 22 a 24 Semana del 29 Abril 2013.
Capítulo 22
it-2 pág. 156 Judas
El precio de la traición. Es muy posible que Judas se sintiera
herido por la reprensión de Jesús en cuanto al uso del dinero. En
ese momento “Satanás entró en Judas”, probablemente en el
sentido de que este apóstol traidor cedió a la voluntad del Diablo y
permitió que le utilizase para llevar a cabo sus designios y truncar
así el cometido de Cristo. Unos días después, el 12 de Nisán,
Judas fue a los principales sacerdotes y a los capitanes del templo
para ver cuánto le pagarían por traicionar a Jesús, con lo que
volvió a poner en evidencia su avaricia. (Mt 26:14-16; Mr 14:10, 11;
Lu 22:3-6; Jn 13:2.) Los principales sacerdotes se habían reunido
aquel día con los “ancianos del pueblo”, los hombres influyentes
del Sanedrín. (Mt 26:3.) Es posible que se llamase a los capitanes
del templo debido a su influencia y con el fin de dar una apariencia
legal a la detención que se planeara contra Jesús.
¿Por qué ofrecieron los líderes religiosos judíos solamente
30 piezas de plata por la traición de Jesús?
El precio ofrecido fue 30 piezas de plata (66 dólares [E.U.A.],
si eran siclos). (Mt 26:14, 15.) Parece ser que los líderes religiosos
fijaron esta cantidad con el propósito de mostrar su desprecio por
Jesús y que lo consideraban de poco valor. Según Éxodo 21:32, el
precio de un esclavo era de 30 siclos. Esa fue la cantidad que le
pagaron a Zacarías, “treinta piezas de plata”, por su labor como
pastor del pueblo. Jehová despreció esta cantidad por lo escasa
que era, y consideró el salario que se le dio a Zacarías como un
exponente del aprecio que el pueblo infiel sentía por Dios mismo.
(Zac 11:12, 13.) Por consiguiente, al ofrecer solo 30 piezas de plata
por Jesús, los líderes religiosos dieron a entender que no valía
mucho. Al mismo tiempo cumplieron Zacarías 11:12, donde se
predijo que tratarían a Jehová como de poco valor al tratar así al
representante que Él había enviado para pastorear a Israel. El
corrupto Judas “consintió [en el precio], y se puso a buscar una
buena oportunidad para traicionarlo [a Jesús] a ellos sin que
estuviera presente una muchedumbre”. (Lu 22:6.)
it-1 pág. 928 Fiesta
1) La fiesta de las tortas no fermentadas. (Éx 23:15.)
Comenzaba el día después de la Pascua y se extendía del 15 al 21
de Abib (o Nisán). La Pascua se celebraba el 14 de Nisán, y en
realidad era una fiesta aparte; sin embargo, como estaba tan
próxima a la fiesta de las tortas no fermentadas, se solía llamar
a ambas la Pascua. (Mt 26:17; Mr 14:12; Lu 22:7.)
w91 15/7 pág. 31 Preguntas de los lectores
Lucas 22:7, 8 nos da el tiempo en que está enmarcado este
acontecimiento: “Entonces llegó el día de las tortas no
fermentadas, en que hay que sacrificar la víctima de la pascua; y él
despachó a Pedro y a Juan, y dijo: ‘Vayan y preparen la pascua
para que la comamos’”. El relato sigue: “Y tienen que decir al
dueño de la casa: ‘El Maestro te dice: “¿Dónde está el cuarto para
convidados en que pueda comer la pascua con mis discípulos?”’”.
Así que aquella noche Jesús se reunió con los 12 para una
celebración judía. Les dijo: “En gran manera he deseado comer
con ustedes esta pascua antes que sufra”. (Lucas 22:11, 15.)
Desde su comienzo en Egipto, la Pascua se celebraba en el
seno de la familia. Al instituir la Pascua, Dios dijo a Moisés que se
tenía que degollar una oveja para cada hogar. Si la familia era
demasiado pequeña para consumir una oveja entera, podía invitar
a una familia vecina a participar del alimento. Por lo tanto, es lógico
que, como acostumbraban hacerlo, para la Pascua de 33 E.C. la
mayoría de los discípulos de Jesús se habrían reunido con sus
propias familias para esta cena.
Pero Jesús ‘deseaba en gran manera’ compartir con sus
seguidores más allegados, que habían viajado con él durante gran
parte de su ministerio, lo que sería la última Pascua válida y la
última noche antes de su muerte. Al finalizar la cena pascual,
Jesús les habló de una nueva celebración que observarían todos
sus seguidores en el futuro. El vino de aquella celebración cristiana
todavía futura representaría la sangre del “nuevo pacto” que
tomaría el lugar del pacto de la Ley. (Lucas 22:20.)
w12 15/1 págs. 26-27 párrs. 2-4 Reyes y sacerdotes que
ayudan a toda la humanidad
2 El discípulo Lucas resume en dos versículos lo que Jesús
dijo e hizo en aquella ocasión: “Tomó un pan, dio gracias, lo partió,
y se lo dio a ellos, diciendo: ‘Esto significa mi cuerpo que ha de ser
dado a favor de ustedes. Sigan haciendo esto en memoria de mí’.
También, la copa de la misma manera después que hubieron
cenado, diciendo él: ‘Esta copa significa el nuevo pacto en virtud de
mi sangre, que ha de ser derramada a favor de ustedes’” (Luc.
22:19, 20). ¿Qué entendieron los apóstoles por estas palabras?
3 Como eran judíos, los apóstoles estaban muy familiarizados
con los sacrificios de animales que los sacerdotes ofrecían a Dios
en el templo de Jerusalén. Tales ofrendas se hacían para obtener
la aprobación de Jehová y, en muchos casos, para pedir perdón
por los pecados (Lev. 1:4; 22:17-29). Así que los apóstoles
seguramente entendieron que cuando Jesús afirmó que su cuerpo
sería dado y su sangre sería derramada a favor de ellos, quiso
decir que daría su propia vida humana perfecta como sacrificio.
El valor de tal ofrenda sería muchísimo mayor que el de los
sacrificios de animales.
4 ¿Y qué hay de las palabras de Jesús “Esta copa significa el
nuevo pacto en virtud de mi sangre”? Los apóstoles conocían la
profecía sobre el nuevo pacto, que aparece en Jeremías 31:31-33
(léase). Lo que Jesús dijo indica que en aquel momento estaba
introduciendo ese nuevo pacto, que reemplazaría al pacto de la
Ley que Jehová había establecido con Israel a través de Moisés.
w10 15/8 pág. 3 Resistamos las presiones de la opinión
pública
La categoría, la posición y el honor lo eran todo en una
sociedad muy consciente de las clases sociales, que iban desde
los esclavos hasta los nobles. El honor se entendía como el valor
de una persona, no solo a sus propios ojos, sino a los de los
demás. Para honrar a una persona, era necesario reconocer
públicamente que esta había cumplido con las expectativas de la
sociedad. Además, había que manifestar visiblemente lo
impresionado que uno estaba con la riqueza, el cargo o la nobleza
del homenajeado y tratarlo con la dignidad que se merecía.
La honra era algo que podía ganarse, fuera realizando actos
virtuosos o sobresaliendo en algún campo. Pero también podía
perderse, con lo cual la persona quedaba en vergüenza y recibía
humillaciones y burlas públicas. Ahora bien, la vergüenza
2
no estaba motivada tanto por una mala conciencia como por la
condena de la sociedad.
Cuando Jesús habló del trato que alguien recibía en un
banquete —fuera que se le diera “el lugar más prominente” o “el
lugar más bajo”—, estaba haciendo referencia al tema de la honra
y la vergüenza según lo veía la cultura de su día (Luc. 14:8-10).
La gran importancia que se daba a la posición en la sociedad judía
se hace evidente en las disputas de los discípulos, quienes, en al
menos dos ocasiones, discutieron sobre “quién de ellos parecía ser
el mayor” (Luc. 9:46; 22:24). Esa obsesión la demostraron a grado
mucho mayor los orgullosos y competitivos líderes religiosos.
Viendo la predicación de Jesús como un desafío a su prestigio y
autoridad, trataron de ridiculizarlo en debates públicos, aunque
nunca lo lograron (Luc. 13:11-17).
w04 15/4 págs. 15-16 párrs. 17-18 Los siervos de Dios deben
amar la bondad
17 Las impactantes palabras que en cierta ocasión dirigió
Jesús a sus apóstoles subrayan la marcada diferencia que existe
entre el Reino de Dios y el regir del hombre. La Biblia relata: “Se
suscitó entre [los discípulos] una disputa acalorada sobre quién de
ellos parecía ser el mayor. Pero él les dijo: ‘Los reyes de las
naciones se enseñorean de ellas, y a los que tienen autoridad
sobre ellas se les llama Benefactores. Ustedes, sin embargo,
no han de ser así. Antes, el que sea mayor entre ustedes hágase
como el más joven, y el que actúe como principal, como el que
ministra. Porque, ¿cuál es mayor?: ¿el que se reclina a la mesa, o
el que ministra? ¿No es el que se reclina a la mesa? Mas yo estoy
en medio de ustedes como el que ministra’” (Lucas 22:24-27).
18 Los gobernantes humanos establecen su grandeza
‘enseñoreándose’ y atribuyéndose títulos altisonantes, como si
estos los hicieran mejores que sus súbditos. Pero Jesús enseñó
que la verdadera grandeza consiste en ministrar a los demás, en
esforzarse con ahínco y constancia por servirles. Todos los que
gobernarán con Cristo en los cielos y los que serán sus
representantes en la Tierra han de seguir su ejemplo de humildad y
bondad.
w03 15/3 pág. 5 “¡Cobren ánimo!, yo he vencido al mundo”
Sin embargo, no es fácil vencer el orgullo. Aquella misma
noche, después de despedir Jesús a Judas Iscariote —que estaba
a punto de traicionarlo—, se suscitó una acalorada discusión entre
los once apóstoles. ¿Sobre qué? Sobre cuál de ellos parecía ser el
mayor. En vez de reprenderlos, Jesús, armándose de paciencia
una vez más, volvió a destacar la importancia de servir al prójimo.
Les dijo: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y a los
que tienen autoridad sobre ellas se les llama Benefactores.
Ustedes, sin embargo, no han de ser así. Antes, el que sea mayor
entre ustedes hágase como el más joven, y el que actúe como
principal, como el que ministra”. Haciéndoles recordar su propio
ejemplo, agregó: “Yo estoy en medio de ustedes como el que
ministra” (Lucas 22:24-27).
¿Captaron los apóstoles el mensaje? Parece que sí. Años
después, el apóstol Pedro escribió: “Todos ustedes sean de un
mismo ánimo y parecer, compartiendo sentimientos como
compañeros, teniendo cariño fraternal, siendo tiernamente
compasivos, de mente humilde” (1 Pedro 3:8). Es de vital
importancia, pues, que nosotros también venzamos el orgullo con
la humildad. Y hacemos bien en no dejarnos entrampar en la
búsqueda de fama, poder o prestigio, ya que la Biblia asegura:
“Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los
humildes” (Santiago 4:6). Además, un antiguo y sabio proverbio
reza así: “El resultado de la humildad y del temor de Jehová es
riquezas y gloria y vida” (Proverbios 22:4).
it-2 pág. 156 Judas
Judas dejó el grupo inmediatamente. Al comparar Mateo
26:20-29 con Juan 13:21-30 se ve que partió antes de que Jesús
instituyera la celebración de la Cena del Señor. Es evidente que
Lucas no presenta este incidente en estricto orden cronológico,
pues Judas sin duda ya había partido para cuando Cristo encomió
al grupo por haber continuado con constancia a su lado, un
encomio que Judas no merecía, como tampoco merecía el que se
le hubiese introducido en el “pacto [...] para un reino”. (Lu 22:19-
30.)
w06 15/2 pág. 22 Se reúnen las cosas en los cielos y las cosas
en la Tierra
Se establece con ellos el pacto del Reino
6 La noche en que Jesús instituyó la Conmemoración de su
muerte, dijo a sus fieles apóstoles: “Ustedes son los que con
constancia han continuado conmigo en mis pruebas; y yo hago un
pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo,
para un reino, para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se
sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (Lucas
22:28-30). Jesús se refirió aquí a un pacto especial con sus
144.000 hermanos engendrados por espíritu, que serían ‘fieles
hasta la misma muerte’ y saldrían ‘vencedores’ (Revelación 2:10;
3:21).
7 Los miembros de este grupo limitado renuncian a toda
esperanza de vivir para siempre en la Tierra como personas de
carne y hueso a fin de reinar con Cristo en el cielo, donde se
sentarán en tronos para juzgar a la humanidad (Revelación
20:4, 6).
w03 1/2 pág. 14 párr. 4 ‘Tengan amor entre sí’
4 En la misma carta divinamente inspirada, Pablo animó a sus
hermanos en la fe a que ‘hablaran confortadoramente a las almas
abatidas’ y ‘dieran su apoyo a los débiles’ (1 Tesalonicenses 5:14).
En otra ocasión recordó a los cristianos que quienes ‘son fuertes
deben soportar las debilidades de los que no lo son’ (Romanos
15:1). Jesús también dio pautas sobre socorrer a los débiles.
Después de predecir que Pedro lo abandonaría la noche de su
detención, dijo al apóstol: “Una vez que hayas vuelto, fortalece a
tus hermanos”. ¿Por qué? Porque ellos también abandonarían a
Jesús y, por tanto, necesitarían ayuda (Lucas 22:32; Juan 21:15-
17). De modo que la Palabra de Dios nos manda extender nuestro
amor a quienes están débiles en sentido espiritual y quizá hayan
perdido el contacto con la congregación cristiana (Hebreos 12:12).
w08 15/3 pág. 32 Puntos sobresalientes del libro de Lucas
22:36-38. Jesús no les pidió a sus discípulos que portaran un
arma para protección o defensa propia. Ahora bien, el que llevaran
espadas la noche en que Jesús fue traicionado permitió que les
enseñara una lección fundamental: “Todos los que toman la
espada perecerán por la espada” (Mat. 26:52).
lr cap. 7 pág. 43 La obediencia nos protege
Aquella vez, Dios mandó a Jesús que hiciera algo muy difícil.
Como vemos en la lámina, Jesús le pidió a Dios en oración: “Si
deseas, remueve de mí esta copa”. Con estas palabras, Jesús
demostró que hacer la voluntad de Dios no siempre era fácil. Pero
¿sabes qué dijo Jesús al final de su oración?...
3
Jesús dijo: “Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino
la tuya” (Lucas 22:41, 42). Él deseaba que se hiciera la voluntad
de Dios, no la suya. Así que hizo lo que Dios quería y no lo que a él
le parecía mejor.
¿Qué aprendemos de esto?... Aprendemos que siempre es
apropiado hacer lo que Dios dice, aunque no sea fácil. Pero
también aprendemos algo más. ¿Sabes qué es?... Pues que Dios y
Jesús no son la misma persona, como dicen algunos. Jehová Dios
es mayor y sabe más que su Hijo, Jesús.
w92 15/4 págs. 5-6 ¿Le escucha Dios cuando usted ora?
Por consiguiente, no se desilusione si sus oraciones no
siempre son contestadas como usted espera o prefiere. Por
ejemplo, en vez de eliminar una prueba, Dios pudiera optar por
darle “el poder que es más allá de lo normal” para aguantarla.
(2 Corintios 4:7; 2 Timoteo 4:17.) Nunca debemos menospreciar el
valor de ese poder ni llegar a la conclusión de que Jehová en
realidad no contestó nuestra oración en absoluto.
Considere el caso de nada menos que el Hijo de Dios,
Jesucristo. Preocupado porque no quería morir como si fuera
blasfemador, Jesús oró: “Padre, si deseas, remueve de mí esta
copa”. ¿Oyó favorablemente esa oración Dios? Sí, como lo
confirma Hebreos 5:7. Jehová no eximió a su Hijo de tener que
morir en un madero de tormento. En vez de eso, “se le apareció un
ángel del cielo y lo fortaleció”. (Lucas 22:42, 43.)
¿Fue esa una respuesta espectacular, milagrosa? ¡Lo sería
para cualquiera de nosotros! Pero para Jehová Dios, la fuente de
ese poder, aquello no fue ningún milagro. Y Jesús, por haber vivido
antes en el cielo, conocía diversas ocasiones del pasado en que
ángeles se habían aparecido a criaturas humanas. Así que la
aparición de un ángel no tendría en Jesús el efecto espectacular
que tendría en nosotros. Sin embargo, aquel ángel —a quien es
patente que Jesús conocía personalmente debido a Su existencia
prehumana— contribuyó a fortalecerlo para la prueba que estaba
por experimentar.
Al contestar las oraciones de sus siervos fieles hoy día, con
frecuencia Jehová imparte la fortaleza necesaria para aguantar.
Este apoyo pudiera consistir en estímulo procedente de
compañeros de adoración con quienes nos asociamos
personalmente. ¿Querría alguno de nosotros rechazar tal estímulo,
quizás por concluir que, como nuestros consiervos no
han experimentado pruebas parecidas a las nuestras, no están en
condiciones de fortalecernos? Jesús pudo haber pensado
precisamente de ese modo con respecto al ángel que se le
apareció. Pero en vez de eso, aceptó el estímulo como la
respuesta de Jehová a su oración y así pudo cumplir fielmente la
voluntad de su Padre. Nosotros también querremos aceptar
amablemente la fortaleza que imparte Dios en respuesta a
nuestras oraciones. Recuerde, además, que después de esos
períodos de aguante paciente a menudo hay bendiciones inefables.
(Eclesiastés 11:6; Santiago 5:11.)
Cuando nos enfrentemos a pruebas especialmente
difíciles, ¿cómo podemos imitar la forma de orar de
Jesús? (Luc. 22:44) w07 1/8 pág.6 párr.2
w07 1/8 pág. 6 La verdadera espiritualidad: ¿cómo cultivarla?
También aprendemos mucho de la intensidad con que Jesús
oraba. Fíjese en lo que escribió Lucas sobre la manera en que
Jesús oró la noche antes de morir: “Entrando en agonía, continuó
orando más encarecidamente; y su sudor se hizo como gotas de
sangre que caían al suelo” (Lucas 22:44). Jesús ya había orado
encarecidamente antes, pero ahora que se enfrentaba a la prueba
más difícil de su vida en la Tierra, oró “más encarecidamente”, y su
oración fue contestada (Hebreos 5:7). Las personas espirituales
siguen el modelo de Jesús. Cuando encaran pruebas
especialmente difíciles, le piden “más encarecidamente” a Dios
espíritu santo, dirección y apoyo.
Estaba claro que orar era muy importante para Jesús, así que
no sorprende que sus discípulos desearan imitarlo a este respecto.
Por eso le solicitaron: “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).
En la actualidad, quienes valoran los asuntos espirituales y desean
la guía del espíritu santo también imitan a Jesús en su manera de
orar a Dios. La verdadera espiritualidad y la oración siempre van de
la mano.
w08 15/3 pág. 32 Puntos sobresalientes del libro de Lucas
22:44. ¿Por qué experimentó Jesús tanta angustia? Debido
a varias razones. Por un lado, le preocupaba la repercusión que su
muerte como delincuente tendría en Jehová Dios y en su nombre.
Y por otro, estaba muy consciente de que su vida eterna y el futuro
de toda la familia humana dependían de que se mantuviera fiel.
kp pág. 25 “Para que no entren en tentación”
‘Oremos de continuo’
9 Apoyémonos en Jehová mediante la oración. ¿Qué hizo
Jesús cuando se halló bajo intensa presión emocional en el jardín
de Getsemaní? Pidió ayuda a Jehová mediante una oración tan
ferviente que “su sudor se hizo como gotas de sangre que caían al
suelo” (Lucas 22:44). Pensemos en lo siguiente: Jesús conocía
bien a Satanás, pues desde el cielo había observado todas las
tentaciones que utiliza para entrampar a los siervos de Dios. Sin
embargo, no creyó que podía resistir fácilmente cualquiera de
aquellas tentaciones. Si el Hijo perfecto de Dios consideró
necesario pedir en oración la ayuda y la fortaleza divinas, ¡con
cuánta más razón deberíamos hacerlo nosotros! (1 Pedro 2:21.)
w86 1/9 pág. 19 Cristianos neutrales en un mundo manchado
de sangre
La norma para los cristianos
9 Es de esperarse que Jesús, el Fundador del cristianismo,
estableciera la norma para los cristianos respecto al
derramamiento de sangre. ¿Lo hizo? Bueno, poco después que
instituyó la Conmemoración de su muerte, Jesús se aseguró de
que sus discípulos tuvieran consigo dos espadas. ¿Con qué
propósito? Con el de establecer un principio vital, uno que todos los
cristianos tendrían que observar. Cuando la banda de soldados
vino para arrestar a Jesús en Getsemaní, el impetuoso Pedro
blandió una espada y cortó la oreja derecha de Malco, un esclavo
del sumo sacerdote judío. ¿No fue un gesto de nobleza pelear en
favor del Hijo de Dios? Jesús no opinó así. Este curó la oreja del
esclavo y le recordó a Pedro que su Padre celestial podía enviar 12
legiones de ángeles para socorrerlo. Allí Jesús declaró el principio
fundamental: “Todos los que toman la espada perecerán por la
espada”. (Mateo 26:51-53; Lucas 22:36, 38, 49-51; Juan
18:10, 11.)
w10 1/4 pág. 21 Aprendió lo que significa el perdón
PEDRO nunca olvidaría aquella mirada. ¿Habrá visto en los
ojos de Jesús algún rastro de decepción o de reproche?
En realidad no lo sabemos, pues el relato inspirado solo dice que
“el Señor se volvió y miró a Pedro” (Lucas 22:61). Pero esa sola
mirada le bastó a Pedro para comprender la gravedad de su error.
Acababa de pasar lo que Jesús había dicho, lo que Pedro mismo
4
dijo que jamás sucedería: renegó de su amado Maestro. Este fue
tal vez el peor momento del peor día de su vida. Pedro había
tocado fondo.
¿Estaba todo perdido? No. Como Pedro era un hombre de
gran fe, supo aprovechar la oportunidad que se le presentó más
tarde. Pudo corregir sus errores y aprender de Jesús lo que es el
perdón. De hecho, esa es una importante lección que todos
necesitamos asimilar. La dolorosa experiencia de Pedro puede
ayudarnos.
Capítulo 23
it-1 pág. 1131 Herodes
Se burla de Jesús. Su último día de vida humana, Jesús fue
llevado delante de Poncio Pilato, y cuando este supo que era
galileo, lo envió a Herodes Antipas —el gobernante de distrito
(tetrarca) de Galilea, que entonces estaba en Jerusalén—, ya que
Pilato había tenido dificultades con los galileos. (Lu 13:1; 23:1-7.)
Cuando Herodes vio a Jesús, se regocijó, no porque estuviese
interesado en su bienestar o porque desease hacer un intento
sincero por ver si eran verdad o no los cargos que los sacerdotes y
los escribas presentaban en contra de él, sino porque quería ver a
Jesús ejecutar alguna señal. Jesús rehusó hacerlo y permaneció
en silencio cuando Herodes le interrogó “con muchas palabras”.
Sabía que su comparecencia delante de Herodes se le había
impuesto solo en son de burla. Decepcionado con Jesús, Herodes
le desacreditó y se burló de él, vistiéndole con una prenda vistosa,
y luego lo envió de regreso a Pilato, que era la autoridad superior
en lo que concernía a Roma. Posiblemente debido a ciertas
acusaciones que Herodes había levantado en contra de Pilato,
ambos estaban enemistados, pero este gesto de Pilato le agradó a
Herodes y se hicieron amigos. (Lu 23:8-12.)
w92 15/7 pág. 6 ¿Se contradice la Biblia?
▪ ¿Quién cargó con el madero de tormento de Jesús?
Juan (19:17) dijo: “Cargando el madero de tormento para sí
mismo, [Jesús] salió al llamado Lugar del Cráneo, que en hebreo
se llama Gólgota”. No obstante, Mateo (27:32), Marcos (15:21) y
Lucas (23:26) dicen que, ‘cuando iban saliendo, obligaron a Simón
de Cirene a rendir servicio para que cargara con el madero de
tormento’. Tal como declaró Juan, Jesús llevó su madero de
tormento. Sin embargo, no añadió en su relato resumido que luego
obligaron a Simón a cargar con el madero. Por lo tanto, los relatos
evangélicos concuerdan en este punto.
w91 15/1 pág. 9 Lo entregan y se lo llevan
Volviéndose hacia las mujeres, Jesús dice: “Hijas de
Jerusalén, dejen de llorar por mí. Al contrario, lloren por ustedes
mismas y por sus hijos; porque, ¡miren!, vienen días en que se dirá:
‘¡Felices son las estériles, y las matrices que no dieron a luz y los
pechos que no dieron de mamar!’. Entonces comenzarán a decir a
las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y a las colinas:
‘¡Cúbrannos!’. Porque si hacen estas cosas cuando el árbol está
húmedo, ¿qué ocurrirá cuando esté marchito?”.
Jesús alude aquí al árbol de la nación judía, que todavía tiene
un poco de humedad de vida porque Jesús está entre ellos y
porque existe un resto que cree en él. Pero cuando estos sean
sacados de la nación, solo quedará un árbol espiritualmente
muerto, sí, una organización nacional marchita. Ay, ¡cuánta causa
para llanto habrá cuando los ejércitos romanos, como ejecutores
del juicio de Dios, devasten a la nación judía! (Juan 19:6-
17; 18:31; Lucas 23:24-31; Mateo 27:31, 32; Marcos 15:20, 21.)
w96 15/11 pág. 31 ¿Hubiera reconocido usted al Mesías?
¿Reconoce usted realmente al Mesías?
Cuando Jesús agonizaba en el madero de tormento, algunos
de sus discípulos estaban presentes. Lo habían reconocido como
el Mesías prometido. También se encontraban allí algunos
gobernantes judíos que de alguna manera todavía pedían una
señal. “Sálvese a sí mismo, si este es el Cristo [es decir, el Mesías]
de Dios, el Escogido.” (Lucas 23:35.) ¿Nunca dejarían de pedir
una señal? Jesús había ejecutado decenas de milagros. Además,
su nacimiento, su ministerio, su juicio, su ejecución y su
resurrección cumplieron muchas profecías de las Escrituras
Hebreas. (Véase el libro “Toda Escritura es inspirada de Dios y
provechosa”, editado por Watchtower Bible and Tract Society of
New York, Inc., páginas 343, 344.)
Los transeúntes hablaron injuriosamente de Jesús,
rechazando las pruebas de que era el Mesías. (Mateo 27:39, 40.)
Los soldados, materialistas, se repartieron la vestidura exterior de
Jesús y sortearon su prenda de vestir interior. (Juan 19:23, 24.)
El temor al hombre desempeñó un papel importante en algunos
casos. Por ejemplo, el de José de Arimatea, miembro del Sanedrín.
“Era discípulo de Jesús, pero secreto por su temor a los judíos.”
Después de la muerte del Mesías, José y Nicodemo se encargaron
del cuerpo de Jesús. De modo que José superó su temor al
hombre. (Juan 19:38-40.)
Si usted hubiera vivido en el siglo primero, ¿habría reconocido
a Jesús como el Mesías? Para ello hubiese tenido que aceptar las
pruebas bíblicas, rechazar el pensar materialista y no sucumbir
ante el temor al hombre. En estos últimos días, todos deberíamos
preguntarnos: ‘¿Reconozco a Jesús ahora como el Rey Mesiánico
celestial?’. Pronto se encargará de la dirección de la Tierra.
Cuando eso suceda, ¿estará usted entre aquellos que realmente
reconocen a Jesucristo como el Mesías prometido?
g 2/08 pág. 11 ¿Perdona Dios los pecados graves?
Misericordioso hasta el final
Jehová no solo toma nota del pecado, sino también de la
actitud del pecador (Isaías 1:16-19). Piense por un momento en los
dos malhechores que fueron colgados a ambos lados de Jesús.
Era obvio que habían cometido graves crímenes, pues uno de ellos
reconoció lo siguiente: “Nosotros, en verdad, justamente, porque
estamos recibiendo de lleno lo que merecemos por las cosas que
hicimos; pero este [hombre, Jesús,] no ha hecho nada indebido”.
Las palabras de este malhechor indican que conocía un poco sobre
Jesús, conocimiento que seguramente lo impulsó a cambiar su
actitud para bien. Así lo revela el ruego que enseguida le hizo:
“Acuérdate de mí cuando entres en tu reino”. ¿Cómo respondió
Cristo a esta súplica sincera? “Verdaderamente te digo hoy:
Estarás conmigo en el Paraíso.” (Lucas 23:41-43.)
Reflexione en esto: las últimas palabras de Jesús como ser
humano incluyeron una expresión de piedad para con un hombre
que admitió ser merecedor de la pena de muerte. ¡Qué alentador!
Por ello podemos tener la seguridad de que tanto Jesucristo como
su Padre, Jehová, se compadecerán misericordiosamente de todo
aquel que se arrepienta de verdad, sin importar qué pecados haya
cometido en el pasado (Romanos 4:7).
5
w10 1/12 pág. 25 Nuestros lectores quieren saber
¿Dónde está el Paraíso del que habla la Biblia?
▪ “Estarás conmigo en el Paraíso.” (Lucas 23:43.) Esta fue la
promesa que le hizo Jesús a un moribundo que, con valor, había
manifestado fe en él. Pero ¿dónde estaría ese paraíso? ¿En el
cielo, en la Tierra o en algún punto intermedio en el que las
personas esperan a ser juzgadas?
La Biblia indica que el Paraíso fue el hogar de la primera
pareja humana: “Jehová Dios plantó un jardín en Edén, hacia el
este, y allí puso al hombre que había formado. [...] Y Jehová Dios
procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín de Edén
para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis 2:8, 15). Al traducirse
este pasaje del hebreo original al griego, la palabra que se empleó
para “jardín” fue parádeisos, de donde se deriva el vocablo español
paraíso.
Tal como algunas parejas tienen que ampliar su hogar al tener
más hijos, nuestros primeros padres habrían de extender el
Paraíso más allá del jardín de Edén a medida que su familia fuera
aumentando. Dios les había dicho: “Quiero que llenen la tierra y la
pongan bajo su dominio” (Génesis 1:28, Traducción en lenguaje
actual).
Está claro que el propósito de nuestro Creador era que los
seres humanos se reprodujeran y residieran en el Paraíso, aquí
mismo en la Tierra. Quería que vivieran para siempre en un bello
jardín donde no existieran cementerios. La Tierra habría de
convertirse en el eterno hogar de la humanidad. Así es: fuimos
creados para vivir en este maravilloso planeta. ¡Con razón
disfrutamos tanto de la naturaleza!
Pero ¿habrá cambiado el propósito de Dios? De ninguna
manera. Jehová mismo nos asegura: “Así resultará ser mi palabra
que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que
ciertamente hará aquello en que me he deleitado” (Isaías 55:11).
Y más de tres mil años después de la creación del primer ser
humano, la Biblia confirmó que “el Formador de la tierra y el
Hacedor de ella [...] no la creó sencillamente para nada”, sino “para
ser habitada” (Isaías 45:18). No hay duda de que la voluntad de
Dios sigue siendo la misma: que la Tierra sea un paraíso.
Cabe destacar que cuando la Biblia alude al futuro Paraíso,
suele relacionarlo con la vida en nuestro planeta. Por citar un caso,
en el libro de Isaías se predice que las personas “edificarán casas,
y las ocuparán; [...] plantarán viñas y comerán su fruto” (Isaías
65:21). Es obvio que solo en la Tierra se puede construir, plantar y
comer. Por eso Proverbios 2:21 dice que los justos “residirán en la
tierra”.
Ese fue el Paraíso del que habló Jesús. Ahora bien, ¿no es
cierto que él también prometió un paraíso celestial? Sí, pero sería
solo para un pequeño grupo de sus seguidores (Lucas 12:32). Los
miembros de este grupo irían al cielo después de morir para
gobernar con Jesús sobre el Paraíso terrenal (Revelación
[Apocalipsis] 5:10; 14:1-3). Ellos se encargarían de que el Paraíso
terrestre fuera administrado y cuidado según las normas divinas.
Jesús sabía que ese era el propósito de Dios para la Tierra.
Después de todo, él estaba en el cielo cuando su Padre creó el
jardín de Edén. Así pues, quienes ejerzan fe en Jesús tienen a su
alcance la oportunidad de vivir para siempre en el futuro Paraíso
terrestre (Juan 3:16). A cada uno de ellos, Jesús le promete:
“Estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:43).
w08 15/3 pág. 32 Puntos sobresalientes del libro de Lucas
23:44. ¿Fue provocada por un eclipse solar la oscuridad
que duró tres horas? No, pues los eclipses solares solo se
producen en la fase de luna nueva, y no en la de luna llena, como
ocurrió durante la Pascua. La oscuridad que hubo el día de la
muerte de Jesús fue un milagro de Dios.
w01 1/6 pág. 9 Fortalezcamos nuestra confianza en Jehová
Durante su ministerio terrestre, Jesucristo buscaba a veces un
lugar solitario donde orar sin nadie que le distrajera (Mateo 14:23;
Marcos 1:35). Antes de tomar decisiones importantes, incluso pasó
toda la noche orando (Lucas 6:12, 13). No sorprende, pues, que la
confianza absoluta de Jesús en Jehová le permitiera aguantar la
prueba más terrible que jamás ha afrontado nadie. Las últimas
palabras que pronunció en el madero de tormento fueron estas:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Tal expresión
evidenció que la confianza en su Padre permaneció intacta hasta el
final aunque Jehová no lo salvó (Lucas 23:46).
it-2 pág. 701 Preparación
Durante la Preparación, el pueblo hacía las comidas del día
siguiente, o sea, el sábado, y terminaba cualquier otro trabajo
urgente que no pudiera esperar hasta después del sábado. (Éx
20:10.) La Ley estipulaba que el cuerpo de un hombre que hubiera
sido ejecutado y fijado en un madero “no debería quedarse toda la
noche en el madero”. (Dt 21:22, 23; compárese con Jos 8:29;
10:26, 27.) Puesto que Jesús y los que habían sido fijados con él
aún estaban en el madero la tarde de la Preparación, era
importante para los judíos apresurar su muerte con el fin de que
pudiera enterrárseles antes de la puesta del Sol, máxime cuando el
nuevo día que empezaba después de la puesta del Sol no solo era
un sábado normal (el séptimo día de la semana), sino un sábado
“grande”, por coincidir con el 15 de Nisán. (Le 23:5-7; Jn 19:31, 42;
Mr 15:42, 43; Lu 23:54.) Josefo citó un decreto de César Augusto
que decía que a los judíos “no se los obligará a comparecer ante
los tribunales el día sábado ni el día precedente desde las nueve
horas”, lo que indica que empezaban a prepararse para el sábado
a la hora nona del viernes. (Antigüedades Judías, libro XVI, cap. VI,
sec. 2.)
Capítulo 24
w95 15/7 págs. 17-18 párrs. 7-8 La mujer cristiana merece
honra y respeto
7 Jesús pudo haberse aparecido primero a Pedro, a Juan o a
uno de los otros discípulos varones. Sin embargo, optó por
favorecer a estas mujeres permitiéndolas ser las primeras testigos
presenciales de su resurrección y comisionándolas para dar
testimonio de esta a sus discípulos varones. ¿Cuál fue la primera
reacción de los hombres? El relato dice: “Estos dichos les
parecieron como tonterías, y no quisieron creer a las mujeres”.
(Lucas 24:11.) ¿Es posible que se les hiciera difícil aceptar el
testimonio porque procedía de unas mujeres? Si ese fue el caso,
con el tiempo recibieron prueba abundante de que Jesús había
sido resucitado de entre los muertos. (Lucas 24:13-46; 1 Corintios
15:3-8.) Para los cristianos de hoy es una muestra de sabiduría
tomar en cuenta las observaciones de sus hermanas espirituales.
(Compárese con Génesis 21:12.)
8 Es muy alentador ver cómo trató Jesús a las mujeres.
Siempre fue compasivo y completamente equilibrado en su trato
con ellas; ni las ensalzó ni las menospreció. (Juan 2:3-5.) Repudió
las tradiciones rabínicas, que las privaban de su dignidad e
6
invalidaban la Palabra de Dios. (Compárese con Mateo 15:3-9.) Al
tratar a las mujeres con honra y respeto, Jesús reveló cómo piensa
Jehová Dios que se las debe tratar. (Juan 5:19.) Jesús también dio
un magnífico ejemplo que los hombres cristianos deben imitar.
(1 Pedro 2:21.)
w10 1/4 págs. 24-25 Aprendió lo que significa el perdón
Al principio, Pedro no creyó que Jesús había sido resucitado.
Ni siquiera les creyó a las mujeres fieles que informaron a los
discípulos que unos ángeles les habían anunciado la resurrección
de Jesús (Lucas 23:55–24:11). No obstante, al final del día
desaparecieron todas las dudas que tenía y los residuos de tristeza
que abrigaba en el corazón. ¡Jesús estaba vivo! Ahora era un
espíritu poderoso y, para demostrarlo, se apareció a sus apóstoles.
Pero antes hizo algo especial. ¿Qué fue? Los apóstoles mismos
dijeron: “¡Es un hecho que el Señor ha sido levantado y se ha
aparecido a Simón!” (Lucas 24:34). Más tarde, el apóstol Pablo
también escribió acerca de este singular día en el que Jesús “se
apareció a Cefas, entonces a los doce” (1 Corintios 15:5). Simón y
Cefas son otros nombres de Pedro. Estos relatos dejan claro que,
aquel día, mientras Pedro estaba solo, Jesús se le apareció.
La Biblia no da detalles de este conmovedor encuentro entre
Pedro y Jesús. Solo podemos imaginarnos lo emocionado que
estaría Pedro al ver vivo a su amado Maestro y, además, poder
decirle lo triste y arrepentido que estaba por lo que había hecho.
Más que nada en el mundo, querría que Jesús lo perdonara.
Y no cabe la menor duda de que Jesús lo hizo, sin ningún reparo.
Hoy día, los cristianos que han pecado deben recordar el ejemplo
de Pedro y nunca pensar que no merecen recibir el perdón divino.
Jesús refleja a la perfección la personalidad de su Padre, quien
‘perdona en gran manera’ (Isaías 55:7).
g93 22/3 pág. 6 Una señal compuesta de muchas facetas
Como ejemplo de una señal compuesta, piense en la que dio
la Biblia para que se identificara a Jesús como el Mesías cuando
se produjo su primera venida. Dicha señal constaba de muchos
detalles acerca del Mesías que se habían conservado en las
Escrituras Hebreas. Jesús había hablado a sus discípulos acerca
de algunos de esos textos, pero ellos no habían comprendido su
significado. Los discípulos, como el resto de los judíos en general,
querían un Mesías que derrotase a Roma y gobernara el mundo
con la cooperación de ellos. De ahí que todos quedaran confusos y
desolados con su muerte. Pero Jesús se les apareció una vez que
resucitó y les dijo: “‘Estas son mis palabras que les hablé mientras
todavía estaba con ustedes, que todas las cosas escritas en la ley
de Moisés y en los Profetas y en los Salmos acerca de mí tenían
que cumplirse.’ Entonces les abrió la mente por completo para que
captaran el significado de las Escrituras”. (Lucas 24:44, 45.)
La lectura del versículo 45 que aparece en una traducción
interlineal (The Kingdom Interlinear Translation of the Greek
Scriptures) indica que Jesús hizo esto “juntando las Escrituras” de
la parte hebrea de la Biblia que predecían los sucesos y
circunstancias de la vida del Mesías prometido que tenía que venir,
y colocándolas al lado de los aspectos de la vida de Jesús que les
daban cumplimiento. Más adelante, el apóstol Pablo utilizó el
mismo método cuando razonó con sus oyentes “explicando y
probando por referencias” que Jesús era el Mesías. (Hechos 17:3.)
Como en el caso anterior, la Kingdom Interlinear indica que lo hizo
“abriendo por completo [las profecías mesiánicas de las Escrituras
Hebreas] y poniendo al lado” de ellas los sucesos de la vida de
Jesús que las cumplían.
it-1 pág. 227 Ascensión
Según Hechos 1:3-9, la ascensión de Jesús aconteció
cuarenta días después de su resurrección, de modo que hubo un
lapso de tiempo entre los hechos citados en Lucas 24:1-49,
acaecidos el día de su resurrección, y el momento de la ascensión,
referido en el versículo 51 de ese mismo capítulo. También ha de
mencionarse que las palabras “comenzó a ser llevado arriba al
cielo”, que aparecen en ese versículo, no se incluyen en algunos
manuscritos antiguos, de modo que algunas traducciones
modernas las han puesto entre corchetes (GR, SA). No obstante, sí
aparecen en el Papiro Bodmer (P75), en el Manuscrito Alejandrino y
en el Manuscrito Vaticano núm. 1209, así como en otros
manuscritos antiguos.

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