lunes, 1 de abril de 2013

puntos sobresalientes lucas 7 a 9


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Puntos sobresalientes Lucas 7 a 9, semana del 1 Abril 2013.
Capítulo 7
gm cap. 7 pág. 88 ¿Se contradice la Biblia?
Testigos independientes
3 Surgen “contradicciones” cuando se dan dos o más
relatos del mismo incidente. Por ejemplo, en Mateo 8:5 leemos
que cuando Jesús vino a Capernaum “se le acercó un oficial
del ejército, y le suplicó” que curara a su criado. Pero en
Lucas 7:3 leemos que aquel oficial del ejército “envió a él
algunos ancianos de los judíos a pedirle que viniera a sacar de
peligro a su esclavo”. ¿Habló a Jesús el oficial del ejército, o
envió a los ancianos a hacerlo?
4 La respuesta clara es que aquel hombre envió a los
ancianos de los judíos. Entonces, ¿por qué dice Mateo que el
hombre mismo le suplicó a Jesús? Porque en realidad fue el
hombre quien le suplicó a Jesús mediante aquellos ancianos
judíos. Los ancianos fueron sus portavoces.
w08 1/3 pág. 23 Aquel que puede devolver la vida Lucas
7:11-15
¿HA PERDIDO usted a algún ser querido? En ese caso,
ha tenido una de las experiencias más desgarradoras de la
vida. Nuestro Creador comprende el dolor que siente y, lo que
es más, puede corregir los estragos de la muerte. En la Biblia,
Dios nos ha dejado constancia de resurrecciones del pasado
para demostrar que no solo es Aquel que da la vida, sino
también Aquel que puede devolverla. Examinemos una de las
resurrecciones efectuadas por Jesucristo gracias al poder que
su Padre le otorgó. El relato de este milagro lo hallamos en
Lucas 7:11-15.
En el año 31 de nuestra era, Jesús viajó a la población
galilea de Naín (versículo 11). Probablemente ya estaba
anocheciendo cuando llegó a las afueras de la ciudad.
La Biblia dice: “Al acercarse él a la puerta de la ciudad, pues
¡mira!, sacaban a un muerto, el hijo unigénito de su madre.
Además, ella era viuda. También estaba con ella una
muchedumbre bastante numerosa de la ciudad” (versículo 12).
¿Se imagina usted el dolor de aquella madre? Con la muerte
de su único hijo, se veía privada por segunda vez de alguien
que podría cuidarla y protegerla.
Jesús fijó su atención en la desconsolada madre, que
posiblemente caminaba junto al féretro de su hijo. El relato
continúa diciendo: “Cuando el Señor alcanzó a verla, se
enterneció por ella, y le dijo: ‘Deja de llorar’” (versículo 13).
La angustiosa situación de aquella viuda conmovió
profundamente a Jesús. Puede que pensara en su propia
madre, quien probablemente había enviudado para entonces y
que pronto también estaría de duelo por él.
Jesús se acercó, aunque no con la intención de sumarse
al cortejo fúnebre. Con un ademán de autoridad “tocó el
féretro”, y la muchedumbre se detuvo. Entonces, con la voz de
quien ha recibido poder sobre la muerte, dijo: “‘Joven, yo te
digo: ¡Levántate!’. Y el muerto se incorporó y comenzó a
hablar, y él lo dio a su madre” (versículos 14, 15). Aquel joven
había dejado de pertenecer a su madre cuando la muerte se lo
arrebató. Pero cuando Jesús “lo dio a su madre”, volvieron a ser una
familia. Las lágrimas de dolor de aquella viuda se tornaron en
lágrimas de inmensa alegría.
¿Anhela usted sentir esa misma alegría, cuando se reencuentre
con sus seres amados? No dude ni por un instante que Dios quiere
que así sea. La compasión de Jesús por aquella viuda no fue sino el
reflejo de la propia compasión de Dios, pues Jesús imita a la
perfección la personalidad de su Padre (Juan 14:9). La Biblia nos
enseña que Dios desea intensamente devolver a la vida a los muertos
que están en su memoria (Job 14:14, 15). Su Palabra nos da una
esperanza maravillosa, la de vivir en un paraíso en la Tierra y ver la
resurrección de nuestros seres queridos (Lucas 23:43; Juan 5:28, 29).
Le animamos a conocer mejor a Jehová, aquel que tiene el poder de
devolver la vida, y a descubrir cómo hacer suya la esperanza de la
resurrección.
w87 1/1 págs. 16-17La vida y el ministerio de Jesús ¿Le faltó fe a
Juan?
JUAN el Bautizante, que para ahora lleva como un año en
prisión, recibe informe sobre la resurrección del hijo de la viuda de
Naín. Pero Juan quiere saber directamente de Jesús el significado de
todo aquello, de modo que envía a dos de sus discípulos para inquirir
de él: “¿Eres tú Aquel Que Viene, o hemos de esperar a uno
diferente?”.
Puede que esta pregunta parezca extraña en vista de que casi
dos años antes, al tiempo del bautismo de Jesús, Juan vio el espíritu
de Dios descender sobre él y oyó la voz de Dios dando Su
aprobación. La pregunta de Juan tal vez haga que algunos concluyan
que la fe de él se ha debilitado. Pero este no es el caso. Jesús no
hablaría tan bien de Juan, como lo hace en esta ocasión, si Juan
hubiera comenzado a tener dudas. ¿Por qué, entonces, plantea Juan
esta pregunta?
Quizás Juan simplemente quiere que Jesús le confirme que es el
Mesías. Esto fortalecería mucho a Juan, quien languidece en prisión.
Pero parece que la pregunta de Juan implica algo más.
Aparentemente Juan quiere saber si ha de venir otro, un sucesor, por
decirlo así, que complete el cumplimiento de todas las cosas
predichas que lograría hacer el Mesías.
Según las profecías bíblicas con las que está familiarizado Juan,
el ungido de Dios ha de ser un rey, un libertador. Sin embargo, Juan
todavía está en prisión, aun muchos meses después que Jesús fue
bautizado. De modo que Juan evidentemente pregunta a Jesús:
‘¿Eres tú quien va a establecer con poder el Reino de Dios, o hay
otro, un sucesor, a quien deberíamos esperar para que cumpla todas
las profecías respecto a la gloria del Mesías?’.
En vez de decir a los discípulos de Juan: ‘¡Por supuesto que yo
soy quien habría de venir!’, Jesús pone esto de manifiesto curando en
esa ocasión a muchas personas que tenían toda clase de
enfermedades y dolencias. Entonces dice a los discípulos: “Vayan,
informen a Juan lo que vieron y oyeron: los ciegos reciben la vista, los
cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los
muertos son levantados, a los pobres se anuncian las buenas
nuevas. Y feliz es el que no haya tropezado a causa de mí”.
En otras palabras, puesto que la pregunta de Juan puede dar a
entender que él tiene la esperanza de que Jesús haga más de lo que
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está haciendo, tal como libertarlo de la prisión, Jesús le
contesta que no espere más.
Después que los discípulos de Juan parten, Jesús se
dirige a la multitud y le dice que Juan es el “mensajero” de
Jehová predicho en Malaquías 3:1 y también es el profeta
Elías predicho en Malaquías 4:5, 6. Así alaba a Juan como un
profeta semejante a los demás profetas anteriores a él:
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido
levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de
los menores en el reino de los cielos es mayor que él. Pero
desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los
cielos es la meta hacia la cual se adelantan con ardor los
hombres, y los que se adelantan con ardor se asen de él”.
Aquí Jesús indica que Juan no estará en el Reino
celestial, ya que uno de los menores allí es mayor que él. Juan
preparó el camino para Jesús, pero su muerte acontece antes
de que Cristo sellara el pacto con sus discípulos para que
fueran corregentes con él en su Reino. Por eso es que Jesús
dice que Juan no estará en el Reino celestial. En cambio, Juan
será un súbdito terrestre del Reino de Dios. (Lucas 7:18-30;
Mateo 11:2-15.)
it-1 pág. 1021 Glotón
En un esfuerzo por desacreditar a Jesucristo, una de las
acusaciones difamatorias que sus oponentes lanzaron contra
él fue: “¡Miren! Un hombre glotón y dado a beber vino”. Jesús
simplemente refutó la falsa acusación diciendo: “La sabiduría
queda probada justa por sus obras” o “por todos sus hijos”. (Mt
11:19; Lu 7:34, 35.) En otras palabras, lo que Jesús dijo fue:
‘Mirad mis obras y mi conducta justa, y os daréis cuenta de
que la acusación es falsa’.
¿Por qué pudo Jesús perdonar los pecados de cierta
mujer si él aún no había entregado su vida como
sacrificio? (Luc. 7:37, 48.)
w10 15/8 págs. 6-7 Preguntas de los lectores: ¿Por qué
pudo decirle Jesús a una mujer pecadora que quedaba
perdonada? (Luc. 7:37, 48.)
Cuando Jesús estaba reclinado a la mesa en casa de un
fariseo llamado Simón, cierta mujer que se había colocado a
sus pies comenzó a mojárselos con sus lágrimas y luego se
los secó con su cabello. A continuación se los besó con
ternura y les aplicó aceite perfumado. El relato especifica que
se trataba de “una mujer que era conocida en la ciudad como
pecadora”. Es cierto que todos los seres humanos imperfectos
somos pecadores, pero las Escrituras suelen designar con
este adjetivo a las personas que se han ganado la fama de
violar las normas divinas o cuyas ofensas son muy conocidas.
En este caso, es probable que se tratara de una prostituta.
En fin, fue a esta mujer a la que Jesús le dijo: “Tus pecados
son perdonados” (Luc. 7:36-38, 48). ¿Qué quiso dar a
entender con aquellas palabras? Dado que aún no había
ofrecido el sacrificio redentor, ¿cómo fue posible que le
concediera el perdón?
Después de que la mujer le mojó los pies y antes de
perdonarla, Jesús puso una comparación con la que explicó
una idea importante a su anfitrión, Simón. Asemejando el
pecado a cuantiosas sumas de dinero que los deudores
no podían devolver, le dijo: “Dos hombres eran deudores a
cierto prestamista; el uno le debía quinientos denarios, pero el
otro cincuenta. Cuando no tuvieron con qué pagar, él sin reserva
perdonó a ambos. Por lo tanto, ¿cuál de ellos le amará más?”. Simón
le respondió: “Supongo que será aquel a quien sin reserva le perdonó
más”. Y Cristo replicó: “Juzgaste correctamente” (Luc. 7:41-43).
Todos nosotros le debemos a Dios obediencia. Por eso, cada vez que
le desobedecemos y pecamos, no le estamos pagando aquello a lo
que tiene derecho. Y de esta manera acumulamos deudas ante él.
No obstante, nuestro Padre es como un prestamista dispuesto a
cancelar las deudas. De ahí que Jesús animara a sus discípulos a
rogarle a Dios: “Perdónanos nuestras deudas, como nosotros también
hemos perdonado a nuestros deudores” (Mat. 6:12). Lucas 11:4
no deja ninguna duda sobre lo que son estas deudas, pues las llama
directamente pecados.
¿Sobre qué base ha perdonado Dios los pecados en el pasado?
Recordemos que su justicia perfecta exige que el pecado se castigue
con la pena de muerte. Por este motivo, Adán pagó con la vida su
desobediencia. Ahora bien, cuando Jehová entregó la Ley a la nación
de Israel, dejó claro que concedería el perdón de los pecados si se
presentaba un sacrificio animal. Como bien señaló el apóstol Pablo,
“casi todas las cosas son limpiadas con sangre según la Ley, y a
menos que se derrame sangre no se efectúa ningún perdón” (Heb.
9:22). Los judíos no conocían ninguna otra manera de obtener el
perdón divino. Por eso se comprende que en la ocasión del banquete
en casa de Simón, los presentes objetaran a lo que Jesús le había
dicho a la mujer. En efecto, los que estaban reclinados a la mesa
junto a él pensaban: “¿Quién es este hombre que hasta perdona
pecados?” (Luc. 7:49). Entonces, ¿cuál era la base sobre la que
podían perdonarse los numerosos pecados de aquella mujer?
La primera profecía, pronunciada después de la rebelión de
nuestros primeros padres, mencionaba el propósito de Jehová de
levantar una descendencia a la que herirían en el talón Satanás y su
descendencia (Gén. 3:15). Esta herida se produjo cuando Jesús
perdió la vida a manos de los enemigos de Dios (Gál. 3:13, 16).
La sangre derramada de Cristo es el rescate que libera a la
humanidad del pecado y la muerte. Dado que nada puede impedir
que Jehová realice su propósito, en el mismo momento en que se
pronunciaron las palabras que leemos en Génesis 3:15, el rescate ya
podía verse como pagado desde la óptica de Dios, y ya podía
perdonarse a quien demostrara fe en las promesas divinas.
Antes de que Cristo viniera a la Tierra, hubo personas a las que
Jehová consideró justas. Entre ellas estuvieron Enoc, Noé, Abrahán,
Rahab y Job, quienes aguardaron con fe el cumplimiento de las
promesas divinas. En efecto, el discípulo Santiago escribió que
“Abrahán puso fe en Jehová, y le fue contado por justicia”. Y añadió:
“De la misma manera, también, Rahab la ramera, ¿no fue declarada
justa por obras[?]” (Sant. 2:21-25).
En el antiguo Israel, el rey David cometió graves pecados, pero
en todos los casos demostró sólida fe en el Dios verdadero y
arrepentimiento de corazón. Con referencia al perdón, cabe señalar el
siguiente pasaje bíblico: “Dios lo presentó [a Jesús] como ofrenda
para propiciación mediante fe en su sangre. Esto fue con el fin de
exhibir su propia justicia, porque estaba perdonando los pecados que
habían ocurrido en el pasado mientras [...] estaba ejerciendo
longanimidad; para exhibir su propia justicia en esta época presente,
para que él sea justo hasta al declarar justo al hombre que tiene fe en
Jesús” (Rom. 3:25, 26). Por consiguiente, Jehová pudo perdonar las
transgresiones de David sin violar sus propias normas de justicia
debido a que tomó como base el sacrificio redentor de Jesús, el cual
sería ofrecido en el futuro.
En el caso de la mujer que le mojó los pies a Jesús, todo indica
que la situación era parecida. Aunque había llevado una vida inmoral,
estaba arrepentida. Comprendía que tenía que ser redimida de sus
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pecados y mostró con sus obras que apreciaba sinceramente
al hombre que Jehová había provisto para la redención.
Aunque el sacrificio de Cristo todavía no había tenido lugar, su
realización era segura, y por eso podía aplicarse su valor a
personas como ella. De ahí que Jesús le dijera: “Tus pecados
son perdonados”.
Como revela esta narración, Jesús no cerró la puerta a los
pecadores, sino que siempre fue bondadoso con ellos. Lo que
es más, Jehová promete conceder su perdón a todos los que
demuestren arrepentimiento. ¡Cuánto nos consuela y alienta
esta garantía a nosotros, que somos humanos imperfectos!
w01 15/12 págs. 16-17 “Aprendan de mí”
El trato que Jesús dispensó a los demás
4 Necesitamos saber cómo trató Jesús a los demás, sobre
todo a aquellos con problemas graves. No nos resulta difícil,
pues la Biblia nos informa de muchos encuentros de Jesús con
otras personas, algunas de las cuales estaban afligidas.
Observemos, además, el trato que los guías religiosos, en
particular los fariseos, dispensaban a quienes sufrían
dificultades parecidas. El contraste será iluminador.
5 En el año 31 de nuestra era, durante una gira de
predicación por Galilea, “uno de los fariseos seguía invitándolo
[a Jesús] a comer con él”, a lo que Jesús accedió sin reparos.
“Por consiguiente, él entró en la casa del fariseo y se reclinó a
la mesa. Y ¡mira!, una mujer que era conocida en la ciudad
como pecadora se enteró de que él estaba reclinado a la mesa
en casa del fariseo, y trajo una cajita de alabastro llena de
aceite perfumado y, tomando una posición detrás, junto a sus
pies, lloró y comenzó a mojarle los pies con sus lágrimas, y se
los enjugaba con los cabellos de su cabeza. También, le
besaba los pies tiernamente y se los untaba con el aceite
perfumado.” (Lucas 7:36-38.)
6 ¿Se imagina la escena? Cierta obra de consulta
asegura: “La mujer (v. 37) se valió de las costumbres sociales
que permitían a los necesitados ir a un banquete como aquel
para conseguir algunas sobras”. Tal vez por esa razón pudo
entrar sin haber sido invitada. Es posible que hubiera más
personas esperando obtener algo al final de la comida, pero
ella se comportó de un modo insólito. No se quedó a un lado
mirando, esperando a que la comida acabara. Era una mujer
de mala reputación, una “pecadora” de cierta notoriedad, de
modo que Jesús dijo conocer “los pecados de ella, por muchos
que [fueran]” (Lucas 7:47).
7 Retroceda en el tiempo y póngase en el lugar de Jesús.
¿Cómo habría reaccionado? ¿Se habría sentido incómodo al
acercársele aquella mujer? ¿Qué efecto habría tenido en usted
una situación como esa? (Lucas 7:45.) ¿Se habría
escandalizado?
8 Si hubiese sido uno de los demás invitados, ¿habría
pensado, al menos hasta cierto grado, lo mismo que Simón el
fariseo? “Al ver esto, el fariseo que lo había invitado [a Jesús]
dijo dentro de sí: ‘Este hombre, si fuera profeta, conocería
quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es
pecadora’.” (Lucas 7:39.) En cambio, Jesús era un hombre
profundamente compasivo. Comprendió la situación
comprometida en que ella se hallaba y advirtió su angustia.
El relato no nos dice por qué cayó en una vida de pecado. Si
realmente era una prostituta, parece que los hombres de la
ciudad, aunque eran judíos dedicados, no la habían ayudado.
9 Pero Jesús quería ayudarla, así que le dijo: “Tus pecados son
perdonados”. Y agregó: “Tu fe te ha salvado; vete en paz” (Lucas
7:48-50). Aquí finaliza el relato. Alguien pudiera objetar que Jesús
no hizo mucho por ella, pues, en resumidas cuentas, la despachó con
su bendición. ¿Piensa que es probable que ella volviera a su
lamentable estilo de vida? No lo sabemos con certeza, pero observe
que Lucas pasó a decir que Jesús viajó “de ciudad en ciudad y de
aldea en aldea, predicando y declarando las buenas nuevas del reino
de Dios”. Lucas también indicó que “ciertas mujeres” acompañaban a
Jesús y sus discípulos, y que “les ministraban de sus [propios]
bienes”. No puede descartarse la posibilidad de que aquella mujer,
arrepentida y llena de gratitud, figurara entre ellas y emprendiera una
vida piadosa con una conciencia limpia, un renovado sentido de
propósito y un amor a Dios mucho más intenso (Lucas 8:1-3).
Capitulo 8
w03 1/6 págs. 4-5 Las dádivas que agradan a Dios
En Lucas 8:1-3, por ejemplo, se nos dice que María Magdalena,
Juana, Susana y otras mujeres utilizaban “sus bienes” para ministrar
sin pretensiones a Jesús y sus apóstoles. Aunque estos hombres
no eran indigentes, habían abandonado su medio de vida para
concentrarse únicamente en el ministerio (Mateo 4:18-22; Lucas
5:27, 28). Al ayudarles a cumplir con su asignación divina, estas
mujeres, en realidad, glorificaban a Dios. Y Jehová demostró que las
aprobaba al conservar en la Biblia un registro de su generosidad
compasiva para que las generaciones posteriores lo leyeran
(Proverbios 19:17; Hebreos 6:10).
w03 1/2 págs. 10-13 ‘Permanezcan en mi palabra’
“A lo largo del camino”: los que están demasiado ocupados
10 El primer tipo de terreno en que cae la semilla es “a lo largo
del camino”, donde es “hollada” (Lucas 8:5). La tierra de un camino
que cruza los sembrados está compactada por las continuas pisadas
de los caminantes (Marcos 2:23). De manera similar, quienes
permiten que el ajetreado ir y venir de este mundo les consuma una
cantidad excesiva de tiempo y energías, quizá se encuentren
demasiado ocupados para cultivar un aprecio sincero por la palabra
de Dios. La oyen, pero como no meditan en ella, su corazón
permanece insensible. Antes de que lleguen a amarla, “viene el
Diablo y quita la palabra de su corazón para que no crean y sean
salvos” (Lucas 8:12). ¿Puede impedirse que esto suceda?
11 Mucho puede hacerse para evitar que el corazón llegue a
asemejarse al terreno improductivo que se extiende a lo largo de un
camino. La tierra pisoteada y dura se torna blanda y fértil si se ara y
se desvía el flujo de transeúntes. De modo parecido, si apartamos
tiempo para estudiar y meditar en la Palabra de Dios, nuestro corazón
se volverá como una tierra excelente y fértil. La clave es no estar
demasiado ocupados con el trajín diario (Lucas 12:13-15). Antes bien,
asegurémonos de dedicar tiempo a reflexionar sobre “las cosas más
importantes” de la vida (Filipenses 1:9-11).
“Sobre la masa rocosa”: los que sienten temor
12 La semilla que cae en el segundo tipo de terreno no se queda
en la superficie como en el primer caso, sino que echa raíces y brota.
Lo malo es que, cuando sale el sol, el brote se chamusca por el calor
y se marchita. Notemos, sin embargo, este importante detalle: la
verdadera razón de que se malogre la planta no es el calor. Al fin y al
cabo, a la que crece en la tierra excelente también le da el sol, pero
no por ello se marchita, sino que, de hecho, prospera. ¿En qué
estriba la diferencia? El brote se marchita, explica Jesús, “por
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no tener profundidad de tierra” ni “humedad” (Mateo 13:5, 6;
Lucas 8:6). Una “masa rocosa” situada bajo la capa de tierra
fértil impide que la semilla hunda sus raíces lo suficiente como
para conseguir humedad y para estabilizarse. El brote se
marchita debido a que el suelo es poco profundo.
13 Esta parte de la ilustración describe a personas que
“reciben la palabra con gozo” y siguen con celo a Jesús “por
un tiempo” (Lucas 8:13). Pero cuando las azota el sol
abrasador de la “tribulación o [la] persecución”, sienten tanto
temor que pierden el gozo y las fuerzas necesarias para
continuar tras los pasos de Cristo (Mateo 13:21). Sin embargo,
la auténtica razón de su miedo no es la oposición. Después de
todo, millones de cristianos aguantan tribulaciones muy
diversas y permanecen fieles (2 Corintios 2:4; 7:5).
El verdadero motivo por el que algunos ceden al temor y
abandonan la verdad es que su corazón, duro como la roca,
no les permite meditar con la suficiente profundidad sobre
cuestiones edificantes y espirituales. Debido a ello, su aprecio
por Jehová y Su palabra es tan superficial y débil que
no resiste la oposición. ¿Cómo puede evitarse este triste
desenlace?
14 La persona debe cerciorarse de no albergar en el
corazón ningún obstáculo semejante a una roca, como viejos
rencores, ambiciones veladas u otros sentimientos negativos
pero ocultos. Si tal barrera ya existe, la palabra de Dios tiene el
poder de romperla (Jeremías 23:29; Efesios 4:22; Hebreos
4:12). Meditar con el apoyo de la oración estimulará una
profunda “implantación de la palabra” en su corazón (Santiago
1:21). A su vez, esto le dará las fuerzas para superar los
momentos de desánimo y el valor para mantenerse fiel a pesar
de las pruebas.
“Entre los espinos”: los que tienen el corazón dividido
15 El tercer tipo de terreno, el que está poblado de
espinos, merece una atención especial, pues en algunos
aspectos se parece a la tierra excelente. Como esta, el terreno
espinoso permite que la semilla se arraigue y brote, así que al
principio no hay diferencia en el crecimiento de la nueva
planta. Sin embargo, con el tiempo se produce una situación
que termina por ahogarla. A diferencia de la tierra excelente,
este terreno se cubre de espinos, de modo que cuando la
joven planta sale a la superficie, debe competir con “los
espinos que crec[en] con ella”. Durante un tiempo pugna por
los nutrientes, la luz y el espacio, pero los espinos acaban
imponiéndose y ‘la ahogan’ (Lucas 8:7).
16 ¿Qué clase de personas se asemejan al terreno de
espinos? Jesús explica: “Estos son los que han oído, pero, por
ser arrebatados por las inquietudes y las riquezas y los
placeres de esta vida, son completamente ahogados y
no llevan nada a perfección” (Lucas 8:14). Tal como la semilla
del sembrador y los espinos crecen en la tierra al mismo
tiempo, hay quienes tratan de seguir la palabra de Dios y, a la
vez, disfrutar de “los placeres de esta vida”. La verdad de la
palabra de Dios se siembra en su corazón, pero debe competir
con otros intereses que reclaman su atención. Su corazón se
halla dividido (Lucas 9:57-62). Esta circunstancia no les
permite dedicar suficiente tiempo a orar y a reflexionar sobre la
palabra de Dios, y como no la asimilan, carecen del aprecio
necesario para aguantar. Poco a poco, los asuntos mundanos
eclipsan a los de índole espiritual hasta que estos últimos
quedan “completamente ahogados”. ¡Qué triste final para
quienes no aman a Jehová con todo su corazón! (Mateo 6:24;
22:37.)
17 Al anteponer los asuntos espirituales a los materiales,
evitamos que nos ahoguen las ansiedades y los placeres de este
mundo (Mateo 6:31-33; Lucas 21:34-36). Jamás descuidemos la
lectura meditativa de la Biblia. Asimismo, si simplificamos nuestra
vida todo lo posible, tendremos más tiempo para la oración y la
reflexión profunda (1 Timoteo 6:6-8). Los siervos de Dios que así lo
han hecho y, en sentido figurado, han arrancado los espinos del
terreno para brindar más nutrientes, luz y espacio a la planta
productiva, disfrutan de la bendición de Jehová. Como dice Sandra,
de 26 años: “Cuando medito en las bendiciones que tengo en la
verdad, me doy cuenta de que el mundo no puede ofrecer nada
semejante” (Salmo 84:11).
18 Está claro, pues, que todos nosotros, tanto jóvenes como
adultos, permaneceremos en la palabra de Dios y aguantaremos
como discípulos de Cristo siempre que la palabra de Dios
permanezca en nosotros. Por lo tanto, asegurémonos de que la tierra
de nuestro corazón nunca se endurezca, pierda profundidad o se
cubra de espinos, sino que se mantenga blanda y profunda. De ese
modo asimilaremos la palabra de Dios a plenitud y “lleva[remos] fruto
con aguante” (Lucas 8:15).
w08 15/3 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Lucas
8:15. Para ser de los que “retienen [la palabra] y llevan fruto con
aguante”, debemos comprender, asimilar y reconocer el valor de la
Palabra de Dios. Cuando leemos la Biblia y las publicaciones
cristianas, es necesario que oremos y meditemos.
w07 15/11 pág. 26 Imitemos al Gran Formador de Discípulos
“Presten atención a cómo escuchan.” (LUCAS 8:18.)
JESUCRISTO estaba desempeñando sus funciones de Gran
Maestro y Formador de Discípulos cuando dio este mandato a
quienes lo seguían: “Presten atención a cómo escuchan” (Lucas
8:16-18). Pero este principio es aplicable también a todos los
ministros cristianos. En efecto, si uno presta atención a las
enseñanzas espirituales, podrá actuar en armonía con ellas y ser un
buen evangelizador. Es cierto que hoy no escuchamos la voz de
Jesús con los oídos, pero sí podemos hacerlo leyendo las Escrituras,
que nos cuentan las cosas que él dijo e hizo.
it-2 pág. 317 María
María era la madre de Jesús según la carne, pero desde que se
le engendró por espíritu en el momento de su bautismo, fue
principalmente el hijo espiritual de Dios y su “madre” era “la Jerusalén
de arriba”. (Gál 4:26.) Jesús puso de relieve este hecho cuando María
y sus otros hijos le interrumpieron en una ocasión, mientras estaba
enseñando, pidiéndole que saliese afuera, a donde ellos estaban.
Jesús mostró que en realidad su madre y sus parientes cercanos
eran los miembros de su familia espiritual y que los asuntos
espirituales tenían prioridad sobre los carnales. (Mt 12:46-50; Mr
3:31-35; Lu 8:19-21.)
w92 15/7 pág. 6 ¿Se contradice la Biblia?
Conciliación de textos bíblicos relacionados con Jesús
▪ ¿De cuántos hombres expulsó Jesús a los demonios que se
apoderaron de una gran piara de cerdos?
El evangelista Mateo menciona a dos hombres, mientras que
Marcos y Lucas, solo a uno. (Mateo 8:28; Marcos 5:2; Lucas 8:27.)
Parece que Marcos y Lucas llamaron la atención a un solo
endemoniado porque Jesús le habló a él y su caso era el más
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destacado. Es posible que fuera el más violento o que hubiera
padecido la posesión demoníaca por más tiempo. Tal vez fue
solo este hombre quien quiso acompañar a Jesús tras el
incidente. (Marcos 5:18-20.) En una situación algo parecida,
Mateo habló de dos ciegos a quienes sanó Jesús, mientras
que Marcos y Lucas solo mencionaron a uno. (Mateo 20:29-34;
Marcos 10:46; Lucas 18:35.) No existía ninguna contradicción,
pues al menos había un hombre de aquellas características.
it-2 págs. 96-97 Jesucristo
Los deberes sacerdotales incluían el cuidado de la salud
física y espiritual de la gente. (Le 13–15.) La piedad y la
compasión movieron a Jesús a ayudar a la gente que sufría de
enfermedades, ceguera y otras aflicciones. (Mt 9:36; 14:14;
20:34; Lu 7:11-15; compárese con Isa 61:1.) La muerte de su
amigo Lázaro y el dolor de las hermanas del difunto hicieron
que ‘gimiera y cediera a las lágrimas’. (Jn 11:32-36.) De ese
modo, Jesús el Mesías, ‘llevó las enfermedades y cargó los
dolores’ de otros, de manera anticipada, para lo cual tuvo que
salir poder de él. (Isa 53:4; Lu 8:43-48.)
it-2 pág. 1061 Sueño
Sin embargo, también pueden contrastarse la “muerte” y
el “dormir”. Cristo Jesús dijo con respecto a una niña muerta:
“La muchachita no ha muerto, sino que duerme”. (Mt 9:24; Mr
5:39; Lu 8:52.) Puesto que la iba a resucitar de entre los
muertos, Jesús quizás se refería a que la niña no había dejado
de existir para siempre, sino que sería como si se la
despertase de su sueño.
Capítulo 9
w00 15/2 pág. 21 párr. 6 ¿Nos sentimos impulsados a
actuar como Jesús?
6 Observemos la secuencia en un relato paralelo y qué da
a entender sobre lo que es prioritario. Lo escribió Lucas, un
médico que se interesaba sinceramente por el bienestar físico
de la gente. “Las muchedumbres [...] lo siguieron [a Jesús]. Y
él los recibió amablemente y se puso a hablarles del reino de
Dios, y sanó a los que tenían necesidad de curación.” (Lucas
9:11; Colosenses 4:14.) Aunque no sucede lo mismo en todas
las narraciones de milagros, en este caso, ¿qué pone en
primer lugar el relato inspirado de Lucas? El hecho de que
Jesús enseñó a la gente.
it-1 pág. 311 Bendición
Ocasiones para bendecir. En oración, una persona,
alaba a Dios, le da gracias y lo bendice; también se expresa en
favor de los compañeros de fe y de los que buscan a Dios, y
los bendice. Por lo general se dice o pide una bendición sobre
los alimentos que se van a compartir antes de una comida
mediante una oración. Con tal oración se le dan a Jehová las
gracias y la alabanza por sus provisiones espirituales y
materiales, y se le pide que el alimento beneficie a los que lo
comparten y les dé fuerzas para servirle. (1Sa 9:13; Mt 14:19;
Lu 9:16.)
w10 1/1 pág. 26 Un hombre de lealtad incondicional
“¿Quién dicen las muchedumbres que soy?”, preguntó.
Nos imaginamos a Pedro clavando su mirada en los
bondadosos ojos de su Maestro, consciente de su
extraordinaria inteligencia. Jesús quería averiguar a qué conclusión
habían llegado las personas a las que había hablado. Los discípulos
le contaron algunos de los rumores que circulaban sobre su identidad.
Con todo, Jesús deseaba indagar más, quería saber si sus discípulos
más allegados también los habían creído. Por eso insistió: “Pero
ustedes, ¿quién dicen que soy?” (Lucas 9:18-22).
De nuevo, Pedro no lo pensó ni un segundo antes de contestar.
Su respuesta expresó el sentir de muchos de los presentes: “Tú eres
el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Seguramente con una sonrisa, Jesús
lo felicitó complacido y le explicó que es Jehová Dios —y no el
hombre— quien revela esa importante verdad a sus siervos fieles.
En efecto, Jehová le había permitido a Pedro comprender una de las
enseñanzas divinas más importantes que se hayan revelado jamás: la
identidad del Cristo, el Mesías prometido (Mateo 16:16, 17).
w00 15/3 pág. 8 Cómo nos ayuda Jesucristo
Podemos demostrar nuestra gratitud por todo lo que Cristo hace
por nosotros reconociendo que es nuestro dueño y respondiendo con
gusto a su invitación: “Si alguien quiere venir en pos de mí, repúdiese
a sí mismo y tome su madero de tormento día tras día y sígame de
continuo” (Lucas 9:23). La expresión ‘repudiarse a uno mismo’ no es
sencillamente una manera de decir que se cambia de dueño. Al fin y
al cabo, Cristo “murió por todos para que los que viven no vivan ya
para sí, sino para el que murió por ellos “ (2 Corintios 5:14, 15). Por
tanto, el agradecimiento por el rescate tendrá un profundo efecto en
nuestra actitud, metas y estilo de vida. La deuda eterna que tenemos
con “Cristo Jesús, que se dio a sí mismo por nosotros”, debería
motivarnos a aprender más sobre él y su amoroso Padre, Jehová
Dios. Deberíamos desear asimismo crecer en fe, vivir en conformidad
con las beneficiosas normas de Dios y ser ‘celosos de obras
excelentes’ (Tito 2:13, 14; Juan 17:3).
w08 15/3 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Lucas
9:27, 28. Lucas afirma que la transfiguración ocurrió “ocho
días” después de que Jesús prometiera a sus discípulos que
algunos de ellos no “gustar[ían] la muerte” hasta que hubieran
visto la venida de su Reino. En cambio, Mateo y Marcos dicen
que ocurrió “seis días después”. ¿A qué se debe la diferencia?
(Mat. 17:1; Mar. 9:2.) Al parecer, Lucas incluye dos días adicionales:
el de la promesa y el del cumplimiento, es decir, el mismo día de la
transfiguración.
9:49, 50. ¿Por qué no impidió Jesús que cierto hombre
expulsara demonios, aunque no era discípulo suyo? Jesús no se
lo impidió porque la congregación cristiana aún no se había formado.
Por lo tanto, no era necesario que el hombre acompañara literalmente
a Jesús para que ejerciera fe en su nombre y expulsara demonios
(Mar. 9:38-40).
w09 15/5 pág. 32 ¿Por qué debemos seguir a Cristo?
Hemos recibido la orden de escuchar a Cristo
17 Pedro, Juan y Santiago fueron testigos oculares de la
transfiguración. Escucharon una voz del cielo decir: “Este es mi Hijo,
el que ha sido escogido. Escúchenle” (Luc. 9:28, 29, 35). Es muy
importante que obedezcamos este mandato y escuchemos al Mesías
(léase Hechos 3:22, 23).
18 Escuchar a Jesús implica fijarnos en su ejemplo “con sumo
cuidado y atención” (Heb. 12:2, 3). Por eso es bueno que “prestemos
más de la acostumbrada atención a las cosas” que leemos acerca de
él en la Biblia y en las publicaciones del “esclavo fiel y discreto”, así
como a las cosas que escuchamos acerca de él en las reuniones
6
(Heb. 2:1; Mat. 24:45). Somos sus ovejas; por eso debemos
escuchar su voz y seguirlo (Juan 10:27).
w10 15/8 pág. 3 Resistamos las presiones de la opinión
pública
Cuando Jesús habló del trato que alguien recibía en un
banquete —fuera que se le diera “el lugar más prominente” o
“el lugar más bajo”—, estaba haciendo referencia al tema de la
honra y la vergüenza según lo veía la cultura de su día (Luc.
14:8-10). La gran importancia que se daba a la posición en la
sociedad judía se hace evidente en las disputas de los
discípulos, quienes, en al menos dos ocasiones, discutieron
sobre “quién de ellos parecía ser el mayor” (Luc. 9:46; 22:24).
Esa obsesión la demostraron a grado mucho mayor los
orgullosos y competitivos líderes religiosos. Viendo la
predicación de Jesús como un desafío a su prestigio y
autoridad, trataron de ridiculizarlo en debates públicos, aunque
nunca lo lograron (Luc. 13:11-17).
w08 15/3 pág. 4 párr. 8 Estemos dispuestos a ceder y
seamos equilibrados
El amor a Jehová también nos ayuda a vencer el orgullo.
Tras una discusión que tuvieron los apóstoles acerca de quién
era el más importante, Jesús puso a un niño en medio de ellos
y les dijo: “Cualquiera que reciba a este niñito sobre la base de
mi nombre, a mí me recibe también, y cualquiera que me
recibe a mí, recibe también al que me envió. Porque el que se
porta como uno de los menores entre todos ustedes es el que
es grande” (Luc. 9:48; Mar. 9:36). A algunos de nosotros tal
vez nos resulte muy difícil portarnos como “uno de los
menores”, pues la imperfección y la inclinación al orgullo
pueden hacer que queramos sobresalir. La humildad, en
cambio, nos ayudará a ceder y dar honra a los demás (Rom.
12:10).
g03 8/8 pág. 27 ¿Está justificado el odio étnico?
Jesús promovió la tolerancia étnica
Cuando Jesús estuvo en la Tierra, los judíos y los
samaritanos, por lo general, se despreciaban entre sí.
En cierta ocasión, los habitantes de una aldea samaritana
rechazaron a Jesús sencillamente porque era un judío que se
dirigía a Jerusalén. ¿Cómo habría reaccionado usted ante
aquel rechazo? Es probable que los discípulos de Jesús se
dejaran llevar por el prejuicio imperante en sus días cuando
preguntaron: “Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del
cielo y los aniquile?” (Lucas 9:51-56). ¿Se dejó influenciar
Jesús por la amarga actitud de sus discípulos? No, todo lo
contrario, los reprendió y tranquilamente buscó alojamiento en
otra aldea. Poco después de aquel suceso, Jesucristo relató la
parábola del buen samaritano, la cual ilustró, de modo
convincente, que el origen étnico de alguien no lo convierte de
forma automática en un enemigo. De hecho, pudiera resultar
ser una excelente persona.
w12 15/4 pág. 15 párrs. 9-10 Sigamos sirviendo a Jehová
con un corazón completo
Algún tiempo después de que Jesús exhortara a sus
discípulos a que siguieran “buscando primero el reino”, tuvo
lugar un suceso que ilustra cómo las prioridades revelan lo que
hay en el corazón. El Evangelio de Lucas abre el relato
diciendo que Jesús “afirmó su rostro para ir a Jerusalén”.
En efecto, aunque sabía que llegaría a tener problemas allí, estaba
decidido a ir. Luego, mientras él y sus apóstoles “iban por el camino”,
se les presentó un hombre a quien Jesús hizo la siguiente invitación:
“Sé mi seguidor”. Aunque deseaba aceptar, puso esta condición:
“Permíteme primero ir y enterrar a mi padre”. Otro hombre a quien le
hizo la misma invitación le respondió: “Te seguiré, Señor; pero
primero permíteme despedirme de los de mi casa” (Luc. 9:51, 57-61).
Es evidente el contraste que hay entre la actitud decidida y de total
entrega de Jesús y la de aquellos hombres, quienes se limitaron a dar
excusas baratas. Al poner en primer lugar sus propios intereses y
dejar el Reino en segundo plano, demostraron que no estaban
dispuestos a servir a Dios con un corazón completo.
10 A diferencia de aquellos hombres que dejaron pasar la
oportunidad de ser discípulos de Cristo, nosotros la hemos
aprovechado, y ahora servimos a diario a Jehová. De esta manera
demostramos lo que sentimos por él. Sin embargo, aun si estamos
cumpliendo con nuestras responsabilidades en la congregación,
debemos cuidar nuestro corazón de un peligro latente. ¿De qué se
trata? En el mismo relato de Lucas, Jesús dijo: “Nadie que ha puesto
la mano en el arado y mira a las cosas que deja atrás es muy apto
para el reino de Dios” (Luc. 9:62).
w12 15/3 págs. 25-26 párrs. 3-4 No mire “a las cosas que deja
atrás”
3 Para los cristianos de hoy día, también es vital no mirar atrás.
Jesús destacó esta idea cuando cierto hombre le preguntó si antes de
hacerse discípulo podía ir a despedirse de su familia. Esta fue su
respuesta: “Nadie que ha puesto la mano en el arado y mira a las
cosas que deja atrás es muy apto para el reino de Dios” (Luc. 9:62).
¿Fue Jesús demasiado brusco o exigente con él? No. Él sabía que su
petición no era más que una excusa para eludir su responsabilidad, y
por eso lo comparó a un labrador que “mira a las cosas que deja
atrás”. No importa si solo echa un vistazo rápido o si suelta el arado y
se gira para mirar; en ambos casos está desatendiendo su obligación
y puede dañar su trabajo.
4 Es de suma importancia que, en lugar de fijar la atención en el
pasado, nos concentremos en lo que tenemos delante. La Biblia dice
sin rodeos: “En cuanto a tus ojos, directamente adelante deben mirar,
sí, tus propios ojos radiantes deben mirar con fijeza directamente
enfrente de ti” (Pro. 4:25).
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Macpela.

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