lunes, 6 de mayo de 2013

puntos sobresalientes juan 1 a 4

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Puntos sobresalientes Juan 1 a 4 Semana del 6 al 12 de Mayo 2013.
Introducción
si págs. 193-195 Libro bíblico número 43: Juan
Escritor: El apóstol Juan; Dónde se escribió: Éfeso, o cerca; Cuándo se completó: c. 98 E.C.
Tiempo que abarca: Después del prólogo, 29–33 E.C.
LOS registros de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas habían estado en circulación durante más de 30 años y
habían llegado a ser muy apreciados por los cristianos del primer siglo como las obras de hombres inspirados por espíritu
santo. Ahora, al aproximarse el fin del siglo y menguar el número de los que habían estado con Jesús, bien pudiera haber
surgido la pregunta: ¿Quedaba algo por decir todavía? ¿Había todavía alguien que, de sus recuerdos personales, pudiera
suministrar detalles preciosos sobre el ministerio de Jesús? Sí, había alguien. Juan, ahora de edad avanzada, había sido
particularmente bendecido en su asociación con Jesús. Parece que estuvo entre los primeros discípulos de Juan el
Bautizante presentados al Cordero de Dios, y fue uno de los primeros cuatro hombres a quienes el Señor invitó a
acompañarlo en el ministerio de tiempo completo. (Juan 1:35-39; Mar. 1:16-20.) Juan continuó en asociación íntima con
Jesús durante todo su ministerio y fue el discípulo a quien ‘Jesús amaba’ que se reclinó ante el seno de Jesús en la última
Pascua. (Juan 13:23; Mat. 17:1; Mar. 5:37; 14:33.) Juan estuvo presente en la desgarradora escena de la ejecución, donde
Jesús le encomendó el cuidado de su madre carnal, y fue quien se adelantó a Pedro cuando ambos corrieron a la tumba
para investigar el informe de que Jesús había resucitado. (Juan 19:26, 27; 20:2-4.)
2 Madurado por casi 70 años de ministerio activo, y fortalecido por visiones y meditaciones en su reciente
encarcelamiento solitario en la isla de Patmos, Juan estaba bien equipado para escribir sobre cosas que por mucho tiempo
había guardado en el corazón. Espíritu santo ahora le activó la mente para que recordara y pusiera por escrito muchos de
aquellos dichos preciosos, dadores de vida, para que todo el que leyera ‘creyera que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y
que, por creer, tuviera vida por medio del nombre de Jesús’. (Juan 20:31.)
3 Los cristianos que vivían a principios del siglo II aceptaron a Juan como el escritor de este relato y también
consideraron este escrito como parte indisputable del canon de las Escrituras inspiradas. Clemente de Alejandría, Ireneo,
Tertuliano y Orígenes, todos los cuales eran de fines del siglo II y principios del III, testifican que Juan fue el escritor.
Además, en el libro mismo se puede hallar mucha prueba interna de que Juan fue el escritor. Es obvio que el escritor era
judío y que conocía bien las costumbres y el país de los judíos (2:6; 4:5; 5:2; 10:22, 23). La intimidad misma del relato
indica que el escritor no era solamente apóstol, sino también uno del círculo íntimo de tres —Pedro, Santiago y Juan— que
acompañó a Jesús en ocasiones especiales. (Mat. 17:1; Mar. 5:37; 14:33.) De estos se elimina a Santiago (el hijo de
Zebedeo) porque fue martirizado por Herodes Agripa I alrededor de 44 E.C., mucho antes de que se escribiera este libro.
(Hech. 12:2.) Pedro queda excluido porque en Juan 21:20-24 se dice que estaba con el escritor.
4 En esos versículos finales se dice que el escritor era el discípulo “a quien Jesús amaba”, y varias veces en el registro
se usan esta y otras expresiones similares, aunque en ningún lugar se da el nombre del apóstol Juan. En esta porción se
indica que Jesús dijo de él: “Si es mi voluntad que él permanezca hasta que yo venga, ¿en qué te incumbe eso?”. (Juan
21:20, 22.) Esto da a entender que el discípulo al que se hacía referencia sobreviviría por mucho a Pedro y los demás
apóstoles. Todo esto cuadra con el apóstol Juan. Es interesante que Juan, después de haber recibido la visión apocalíptica
de la venida de Jesús, concluye esa notable profecía de Revelación con las palabras: “¡Amén! Ven, Señor Jesús”. (Rev.
22:20.)
5 Por lo general se cree que Juan escribió su Evangelio después de regresar del destierro en la isla de Patmos,
aunque sus escritos en sí no dan información clara al respecto. (Rev. 1:9.) El emperador romano Nerva, 96-98 E.C., hizo
volver a muchos de los que habían sido exiliados a fines del reinado de su predecesor, Domiciano. Se cree que, después
de haber escrito su Evangelio, alrededor de 98 E.C., Juan murió tranquilamente en Éfeso en el tercer año del emperador
Trajano, en 100 E.C.
6 En cuanto a que Éfeso o sus cercanías fueran el lugar donde se escribió, el historiador Eusebio (c. 260-342 E.C.) cita
estas palabras de Ireneo: “Juan, el discípulo del Señor, que hasta se había recostado sobre su pecho, él mismo también
produjo el evangelio, mientras vivía en Éfeso, en Asia”. Se ve que el libro se escribió fuera de Palestina por sus muchas
referencias a los opositores de Jesús mediante el término general “los judíos”, en vez de “fariseos”, “sacerdotes
principales”, y así por el estilo. (Juan 1:19; 12:9.) Además, se menciona el mar de Galilea por su nombre romano, mar de
Tiberíades (6:1; 21:1). Para beneficio de los no judíos, Juan da explicaciones útiles sobre las fiestas judías (6:4; 7:2;
11:55). El lugar de su destierro, Patmos, estaba cerca de Éfeso, y los capítulos 2 y 3 de Revelación indican que él estaba
familiarizado con Éfeso, así como con las otras congregaciones de Asia Menor.
7 En el transcurso del siglo XX se han hecho varios hallazgos importantes de manuscritos que apoyan la autenticidad
del Evangelio de Juan. Uno de estos es un fragmento del Evangelio de Juan descubierto en Egipto, fragmento que se
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conoce ahora como el Papiro Rylands 457 (P52), que contiene Juan 18:31-33, 37, 38, y se conserva en la Biblioteca John
Rylands, en Manchester, Inglaterra. Respecto a cómo apoya este la tradición de que Juan lo escribió a fines del primer
siglo, el difunto sir Frederic Kenyon dijo en su libro The Bible and Modern Scholarship, 1949, página 21: “A pesar de lo
pequeño que es, basta para probar que un manuscrito de este Evangelio circulaba, probablemente en el Egipto provincial
donde se halló, alrededor del período 130-150 d.C. Dando siquiera un mínimo de tiempo para la circulación de la obra
desde su lugar de origen, esto haría que la fecha de su composición se acercara tanto a la fecha tradicional en la última
década del primer siglo que ya no hay motivo alguno para dudar de la validez de la tradición”.
8 El Evangelio de Juan es notable por su introducción, que revela a la Palabra, quien estaba “en el principio con Dios”,
como el medio por el cual todas las cosas llegaron a existir (1:2). Después de dar a conocer la relación preciosa entre el
Padre y el Hijo, Juan pasa a una magistral descripción de las obras y discursos de Jesús, especialmente desde el punto de
vista del amor íntimo que enlaza todas las partes del gran arreglo de Dios. Este relato de la vida de Jesús en la Tierra
abarca el período de 29-33 E.C., y en él se ejerce el cuidado de mencionar las cuatro Pascuas a las que asistió Jesús
durante su ministerio, lo cual suministra parte de la prueba de que su ministerio duró tres años y medio. Se mencionan tres
de estas Pascuas como tales (2:13; 6:4; 12:1; 13:1). Se alude a una de ellas como “una fiesta de los judíos”, pero el
contexto la sitúa poco después que Jesús dijo que “todavía hay cuatro meses antes que venga la siega”, lo que indica que
la fiesta era la Pascua, que se celebraba cerca del comienzo de la siega (4:35; 5:1).
9 Las buenas nuevas “según Juan” son en gran parte suplementarias; el 92% es información nueva que no se
considera en los otros tres Evangelios. Aun así, Juan termina con estas palabras: “Hay, de hecho, muchas otras cosas
también que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez en todo detalle, supongo que el mundo mismo no podría
contener los rollos que se escribieran” (21:25).
Capítulo 1
w09 1/4 págs. 18-19 Jesús: ¿es Dios?
MUCHAS personas consideran a la Trinidad —es
decir, la creencia de que el Padre, el Hijo y el espíritu santo
son tres personas pero un solo Dios— como “la doctrina
central de la religión cristiana”. Aun así, el cardenal John
O’Connor afirmó que la Trinidad “es un misterio muy
profundo que jamás podríamos entender”. ¿Por qué cuesta
tanto comprender la Trinidad?
Cierta obra especializada declara lo siguiente: “La
doctrina trinitaria no se encuentra como tal en las
Escrituras” (Diccionario crítico de Teología, ediciones
Akal). Debido a ello, muchos de sus partidarios han
buscado desesperadamente en la Biblia versículos con los
que respaldar su teoría, aunque eso haya supuesto
tergiversarlos.
El caso de Juan 1:1
Uno de los versículos que suelen malinterpretarse es
Juan 1:1. La Biblia de Jerusalén Latinoamericana lo vierte
así: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba
junto a Dios [en griego, ton theón], y la Palabra era Dios
[en griego, theós]”. En este versículo aparecen dos formas
del sustantivo griego para “dios”. La primera (theón) va
precedida de la palabra ton —una forma del artículo
definido griego, que equivale al artículo español el—, por lo
que sabemos que se refiere al Dios todopoderoso. Sin
embargo, la segunda (theós) no lleva artículo definido.
¿Será un descuido? Veamos.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que el
Evangelio de Juan fue escrito en griego koiné (común) y
que este idioma tiene normas específicas sobre el uso del
artículo definido. El biblista Archibald Thomas Robertson
explica que cuando el sujeto y el predicado llevan artículo,
significa que “ambos son definidos y se los considera
idénticos, la misma cosa; por tanto, son intercambiables”.
Él pone como ejemplo Mateo 13:38, donde leemos: “El campo [en
griego, ho agrós] es el mundo [en griego, ho kósmos]”. Gracias a la
gramática, comprendemos que aquí el mundo también es el campo.
Pero ¿qué ocurre si el sujeto tiene un artículo definido, pero el
predicado no lo tiene, como es el caso de Juan 1:1? Hablando
precisamente sobre ese versículo, el especialista James Allen
Hewett destaca lo siguiente: “En esa construcción, el sujeto y el
predicado no son lo mismo, ni idénticos, ni equivalentes, ni nada por
el estilo”.
Para ilustrar esta idea, este erudito cita 1 Juan 1:5, donde se
dice que “Dios es luz”. En griego, la palabra “Dios” aparece como ho
theós, es decir, con el artículo definido. Sin embargo, la palabra
para “luz” (fos) no va precedida de ningún artículo. ¿Qué indica
esto? Hewett señala: “Siempre puede decirse que Dios es luz, pero
no que la luz es Dios”. Hallamos ejemplos parecidos en Juan 4:24
(“Dios es un Espíritu”) y en 1 Juan 4:16 (“Dios es amor”). En ambos
casos, los sujetos tienen en griego un artículo definido, pero los
términos “Espíritu” y “amor” no lo tienen. Por tanto, los sujetos y los
predicados no son intercambiables; dichos versículos no pueden
significar que “el Espíritu es Dios” ni que “el amor es Dios”.
¿Identidad, o cualidad?
Muchos helenistas y traductores de la Biblia concuerdan en que
Juan 1:1 no pretende revelar la identidad de “la Palabra”, sino
resaltar una de sus cualidades. El Comentario al Nuevo
Testamento, de William Barclay, explica: “Cuando no se usa el
artículo determinado con un nombre, ese nombre se usa como
adjetivo. Juan no dijo [...] que Jesús es el mismo que Dios, sino que
Jesús es lo mismo que Dios” (cursivas del autor). En la misma línea,
Jason David BeDuhn, especialista en temas religiosos, señala: “En
griego, si en una oración como la de Juan 1:1c no se le pone el
artículo a la palabra theós, los lectores entenderán que se refiere a
‘un dios’. [...] La ausencia del artículo hace que entre theós y ho
theós haya una diferencia tan clara como entre ‘un dios’ y ‘Dios’”. Y
añade: “En Juan 1:1, la Palabra no es el Dios todopoderoso, sino un
dios, es decir, un ser divino”. En la obra Juan. Texto y Comentario,
de Juan Mateos (traductor de la Nueva Biblia Española) en
colaboración con Juan Barreto, se dice algo semejante sobre Juan
1:1, 2: “De los tres casos que aparece en estos [versículos] el
3
término ‘Dios’, la primera y la tercera lleva[n] artículo
determinado (el Dios); la segunda, no lo lleva (un Dios, un
ser divino)”. En su Análisis Gramatical del Griego del
Nuevo Testamento, el erudito católico Max Zerwick señala:
“‘La Palabra era divina’, pred[icado] sin art[ículo], insiste
sobre la naturaleza de la Palabra”. Y la obra protestante
Clave Lingüística del Nuevo Testamento Griego ofrece la
misma explicación.
Entonces, ¿hay razón para que la identidad de Dios
sea “un misterio muy profundo”? Jesús no lo creía así,
pues en una de sus oraciones hizo una clara distinción
entre él mismo y su Padre. Él dijo: “Esto significa vida
eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el
único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste,
Jesucristo” (Juan 17:3). Si aceptamos la sencilla verdad
bíblica que transmiten estas palabras de Jesús, lo
respetaremos como lo que es: el Hijo de Dios, un ser
divino. Y a su vez, adoraremos a Jehová como “el único
Dios verdadero”.
w00 15/2 pág. 11 Conozcamos “la mente de Cristo”
Existencia prehumana
5 Nuestros compañeros íntimos ejercen influencia en
nosotros, en nuestros pensamientos, sentimientos y
acciones, tanto para bien como para mal (Proverbios
13:20). Pensemos en la compañía que Jesús tuvo en los
cielos antes de su venida a la Tierra. El Evangelio de Juan
hace referencia a la existencia prehumana de Jesús y
llama a este “la Palabra”, o Vocero, de Dios. Juan dice: “En
el principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y
la Palabra era un dios. Este estaba en el principio con
Dios” (Juan 1:1, 2). Ya que Jehová no tuvo principio, el
que la Palabra estuviera con él desde “el principio” debe
referirse al comienzo de las obras creativas de Dios
(Salmo 90:2). Jesús es “el primogénito de toda la
creación”. Por lo tanto, existió antes de la formación de
otros espíritus y del universo físico (Colosenses 1:15;
Revelación [Apocalipsis] 3:14).
6 Según cálculos científicos, el universo tiene como
mínimo una edad de 12.000 millones de años. Si estos
cálculos se acercan a la realidad, el Hijo primogénito de
Dios disfrutó de una íntima relación con su Padre por
muchísimo tiempo antes de la creación de Adán
(compárese con Miqueas 5:2). Entre ambos se desarrolló
una relación tierna y profunda. A este Hijo primogénito se
le representa en su existencia prehumana como la
sabiduría personificada, quien dijo: “Llegué a ser aquella
con quien [Jehová] estuvo especialmente encariñado día a
día, y estuve alegre delante de él todo el tiempo”
(Proverbios 8:30). No cabe duda de que todo el tiempo que
pasó en la compañía íntima de la Fuente del amor tuvo un
profundo efecto en él (1 Juan 4:8). El Hijo de Dios llegó a
conocer y reflejar los pensamientos, sentimientos y
caminos de su Padre como nadie más podía hacerlo
(Mateo 11:27).
w93 1/4 págs. 11-13 párrs. 15-23 Siga a “la luz del
mundo”
15 Juan 1:3 dice: “Todas las cosas vinieron a existir
por medio de él, y sin él ni siquiera una cosa vino a existir”.
Colosenses 1:16 dice que “por medio de él todas las otras
cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra”. Juan
1:4 dice que “por medio de él era [la] vida, y la vida era la luz de los
hombres”. De modo que todas las demás formas de vida fueron
creadas mediante la Palabra; además, Dios hace posible por medio
de su Hijo que la humanidad pecadora y moribunda consiga vida
eterna. Ciertamente Jesús es el poderoso a quien Isaías 9:2 llama
“una gran luz”. Y Juan 1:5 dice: “La luz resplandece en la oscuridad,
mas la oscuridad no la ha subyugado”. La luz representa la verdad y
la justicia, a diferencia de la oscuridad, que representa el error y la
injusticia. De este modo Juan muestra que la oscuridad nunca
vencerá a la luz.
16 Juan ahora indica lo siguiente en los versículos 6 a 9: “Se
levantó un hombre que fue enviado como representante de Dios: su
nombre era Juan [el Bautizante]. Este hombre vino para testimonio,
a fin de dar testimonio acerca de la luz, para que gente de toda
clase creyera por medio de él. Él [Juan] no era aquella luz, sino que
había de dar testimonio acerca de aquella luz [Jesús]. La luz
verdadera que da luz a toda clase de hombre estaba para venir al
mundo”. Juan identificó al Mesías venidero y dirigió a sus discípulos
a Él. Con el tiempo se dio a toda clase de gente la oportunidad de
aceptar la luz. De modo que Jesús no vino solo para beneficio de
los judíos, sino para beneficio de toda la humanidad: ricos o pobres,
sin importar su raza.
17 Los versículos 10 y 11 pasan a decir: “Estaba en el mundo,
y el mundo vino a existir por medio de él, pero el mundo no lo
conoció. Vino a su propia casa, pero los suyos no lo recibieron”.
Antes de que Jesús existiera como ser humano, el mundo de la
humanidad fue creado mediante él. Sin embargo, cuando estuvo en
la Tierra, la mayor parte de su propia gente, los judíos, lo rechazó.
Ellos no querían que se denunciara su maldad e hipocresía.
Preferían la oscuridad a la luz.
18 Juan dice en los versículos 12 y 13: “No obstante, a cuantos
sí lo recibieron, a ellos les dio autoridad de llegar a ser hijos de Dios,
porque ejercían fe en su nombre; y ellos nacieron, no de sangre, ni
de voluntad carnal, ni de voluntad de varón, sino de Dios”. Estos
versículos muestran que al principio los seguidores de Jesús
no eran hijos de Dios. Antes de la venida de Cristo a la Tierra,
no estaba abierta a los seres humanos ni tal filiación ni la esperanza
celestial. Pero por el mérito del sacrificio de rescate de Cristo, en el
que ejercieron fe, algunos seres humanos fueron adoptados como
hijos de Dios y pudieron tener la esperanza de vivir con Cristo como
reyes en el Reino celestial de Dios.
19 Juan razona en el versículo 14: “De modo que la Palabra
vino a ser carne y residió entre nosotros, y tuvimos una vista de su
gloria, gloria como la que pertenece a un hijo unigénito de parte de
un padre”. En la Tierra Jesús reflejó la gloria de Dios como solo
podía hacerlo el Primogénito de Dios. Por consiguiente, él era
singularmente el más capacitado para revelar a la gente a Dios y
Sus propósitos.
20 A continuación el apóstol Juan escribe en el versículo 15:
“Juan [el Bautizante] dio testimonio acerca de él, sí, realmente
clamó —este fue el que lo dijo— diciendo: ‘El que viene detrás de
mí se me ha adelantado, porque existió antes que yo’”. Juan el
Bautizante nació unos seis meses antes de que Jesús naciera como
ser humano. Pero Jesús hizo muchas más obras que Juan, de
modo que se adelantó a él en todo respecto. Y Juan reconoció que
Jesús había existido antes que él, pues Jesús había tenido una
existencia prehumana.
Dádivas de Jehová
21 En Juan 1:16 el apóstol razona: “Todos nosotros recibimos
de su plenitud, sí, bondad inmerecida sobre bondad inmerecida”. A
4
pesar de que los seres humanos nacemos en pecado por
haberlo heredado de Adán, Jehová se propone destruir
este sistema inicuo, conservar a millones de personas para
que entren en el nuevo mundo, resucitar a los muertos y
eliminar el pecado y la muerte, lo que resultará en la
posibilidad de alcanzar vida eterna en una Tierra
paradisíaca. Todas estas bendiciones son inmerecidas,
ningún ser humano imperfecto se las ha ganado. Son
dádivas de Jehová mediante Cristo.
w91 15/9 pág. 12 párr. 13 Ejerza fe basada en la verdad
En contraste con el infiel Adán, “el último Adán” —
Jesucristo— fue ejemplar en ejercer fe. (1 Corintios 15:45.)
Llevó una vida de servicio devoto a Jehová y cumplió las
muchas profecías que predecían al Mesías. Así Jesús
esclareció la verdad acerca de la Descendencia prometida
y puso en el ámbito de la realidad las cosas que se habían
prefigurado en la Ley de Moisés. (Colosenses 2:16, 17.)
Por eso podía decirse que “la verdad [vino] a ser por medio
de Jesucristo”. (Juan 1:17.)
w12 15/4 pág. 4 párr. 5 El Hijo está dispuesto a
revelarnos al Padre
5 El Padre designó al Hijo como su portavoz, quien por
eso se llama “La Palabra de Dios” (Rev. 19:13). Por
consiguiente, Jesús era quien mejor podía revelar, o
enseñar, cómo es el Padre. Con razón Juan, en su
Evangelio, nos dice que “la Palabra” ocupaba “la posición
del seno para con el Padre” (Juan 1:1, 18). Esta expresión
alude a la antigua costumbre de que el invitado a una cena
comiera reclinado delante de otro en un mismo diván.
Al estar tan cerca, podía echar la cabeza sobre el seno de
la otra persona para conversar en privado. De igual modo,
la gran proximidad existente entre el Hijo y el Padre les
permitía mantener profundas conversaciones.
w90 15/3 pág. 24 Joyas del Evangelio de Juan
La humildad y el gozo
El Evangelio de Juan presenta a Jesús como la
Palabra y el Cordero que expía los pecados, y alude a
milagros que demuestran que Jesús es “el Santo de Dios”
(1:1–9:41). Entre otras cosas el relato destaca la humildad
y el gozo de Juan el Bautizante. Fue el precursor de Cristo,
pero dijo: “No soy digno de desatar la correa de su
sandalia” (1:27). Las sandalias se sujetaban con tiras o
correas de cuero. Un esclavo pudiera desatarle las correas
de las sandalias a otra persona y cargarlas por ella, pues
esto era una tarea servil. Así Juan el Bautizante manifestó
humildad y consciencia de su insignificancia en
comparación con su Amo. ¡Qué lección excelente, pues
solamente los humildes son adecuados para servir a
Jehová y su Rey Mesiánico! (Salmo 138:6; Proverbios
21:4.)
w09 15/7 pág. 6 párrs. 14-15 Busquemos los tesoros
“cuidadosamente ocultados” en Cristo
14 Jesús es “el Cordero de Dios” (Juan 1:29, 36).
En tiempos bíblicos, un medio importante para acercarse a
Dios y obtener su perdón era sacrificar ovejas. Por
ejemplo, al ver que Abrahán estaba dispuesto a sacrificar a
su hijo, Jehová le dijo que no le hiciera daño y le dio un carnero (es
decir, una oveja macho) para que lo ofreciera en lugar de Isaac
(Gén. 22:12, 13). Antes de ser liberados de Egipto, los israelitas
usaron ovejas para celebrar “la pascua de Jehová” (Éxo. 12:1-13).
Y más tarde se estableció en la Ley mosaica el sacrificio de ovejas y
cabras, entre otros animales (Éxo. 29:38-42; Lev. 5:6, 7).
15 Sin embargo, ninguno de estos sacrificios —ni ningún otro
efectuado por seres humanos— podía expiar de manera
permanente los pecados ni librar de la muerte a nadie (Heb. 10:1-4).
En cambio, Jesús es “el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo”. Por sí solo, este hecho convierte a Jesús en un tesoro
superior a cualquier tesoro que se haya descubierto en la historia.
Por eso debemos estudiar con detenimiento el tema del rescate y
ejercer fe en ese maravilloso regalo. Si lo hacemos, tendremos la
esperanza de recibir una gran recompensa: gloria y honra en el cielo
con Jesucristo si somos miembros del “rebaño pequeño” o vida
eterna en un paraíso terrestre si somos de las “otras ovejas” (Luc.
12:32; Juan 6:40, 47; 10:16).
w07 1/12 pág. 26 párr. 2 ¿Apoya usted la soberanía de Jehová?
2 Cuando Jesús recibió visiblemente el espíritu santo, quedó
claro que él era el Ungido, es decir, el Mesías o Cristo (Juan 1:33).
¡Por fin había aparecido la “descendencia” prometida! Allí, ante Juan
el Bautista, estaba la persona que recibiría la magulladura de
Satanás en el talón y que, a su vez, magullaría la cabeza del
principal enemigo de Jehová y su soberanía (Génesis 3:15). A partir
de entonces, Jesús no tuvo ninguna duda de cuál sería su misión:
cumplir el propósito de Jehová con respecto a la soberanía y al
Reino de Dios.
w08 15/4 pág. 30 Puntos sobresalientes del libro de Juan
1:35, 40. ¿Quién era el otro discípulo de Juan el Bautista
que estaba con Andrés? Como el narrador siempre se refiere a
Juan el Bautista como “Juan” y nunca se identifica a sí mismo por
nombre, está claro que el otro discípulo —del que no se dice el
nombre en este pasaje— es el propio Juan, el escritor del
Evangelio.
w92 1/10 pág. 9 ¡“Hemos hallado al Mesías”!
“Primero halló [Andrés] a su propio hermano, Simón, y le
dijo: ‘Hemos hallado al Mesías’ (que, traducido, significa
Cristo).” (JUAN 1:41.)
ANDRÉS observó detenidamente al judío llamado Jesús de
Nazaret. No parecía ser ni rey ni sabio ni rabino. No llevaba ropaje
de realeza, no tenía canas ni manos suaves ni piel blanca. Jesús
era un hombre joven —de aproximadamente 30 años de edad— con
las manos callosas y la piel bronceada de un obrero. De modo que
Andrés probablemente no se sorprendió cuando se enteró de que
era carpintero. Sin embargo, Juan el Bautizante dijo acerca de él:
“¡Miren, el Cordero de Dios!”. El día anterior Juan había dicho algo
aun más asombroso: “Este es el Hijo de Dios”. ¿Sería verdad eso?
Aquel día Andrés escuchó a Jesús por algún tiempo. No sabemos
qué dijo, pero sí sabemos que sus palabras cambiaron la vida de
Andrés. Corrió para encontrar a su hermano, Simón, y exclamó:
¡“Hemos hallado al Mesías”! (Juan 1:34-41.)
2 Más tarde, Andrés y Simón —a quien Jesús llamó Pedro— se
hicieron apóstoles de Jesús. Después de ser su discípulo durante
más de dos años, Pedro dijo a Jesús: “Tú eres el Cristo [Mesías], el
5
Hijo del Dios vivo”. (Mateo 16:16.) Sus apóstoles y
discípulos fieles demostraron estar dispuestos a morir por
esa creencia.
w02 15/8 pág. 13 párr. 15 “Yo les he puesto el modelo”
15 Jesús también demostró su amor por las personas
concentrándose en lo mejor de ellas. Veamos lo que
sucedió cuando conoció a Natanael, quien con el tiempo
llegó a ser apóstol. “Jesús vio a Natanael venir hacia él y
dijo de él: ‘Mira, un israelita de seguro, en quien no hay
engaño’.” De forma milagrosa vio el corazón de aquel
hombre, de modo que llegó a conocerlo muy bien. Claro,
Natanael distaba de ser perfecto. Tenía sus defectos,
como todos nosotros. De hecho, cuando oyó hablar de
Jesús, hizo este comentario un tanto brusco: “¿De Nazaret
puede salir algo bueno?” (Juan 1:45-51). No obstante, de
todas las cosas que podía decir sobre Natanael, Jesús
optó por centrarse en algo positivo, en su honradez.
Capítulo 2
w95 1/3 págs. 5-6 Lecciones de los milagros de Jesús
“AHORA bien, al tercer día se efectuó un banquete de
bodas en Caná de Galilea [...]. Jesús y sus discípulos
también fueron invitados al banquete de bodas. Cuando
faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: ‘No tienen vino’.”
Este suceso, llevó a que Jesús hiciera su primer milagro.
(Juan 2:1-3.)
¿No era demasiado insignificante el problema,
demasiado trivial, como para requerir la atención de
Jesús? Un escriturario explica: “La hospitalidad era un
deber sagrado en Oriente [...]. La verdadera hospitalidad,
especialmente en un banquete de bodas, exigía
abundancia de todo. Si se [acababan] las provisiones en
un banquete de bodas, la familia y la joven pareja jamás
lograrían borrar la vergüenza”.
Por eso Jesús tomó medidas. Vio “seis tinajas de
piedra para agua según lo exigido por los reglamentos de
purificación de los judíos”. Estos tenían la costumbre de
lavarse de forma ritual antes de las comidas, y se había
requerido una gran cantidad de agua para las necesidades
de los presentes. “Llenen de agua las tinajas de agua”,
ordenó Jesús a los que servían a los invitados. Él no era
“el director del banquete”, pero habló directamente y con
autoridad. Dice el relato: “Cuando el director del banquete
probó el agua [...,] había sido convertida en vino”. (Juan
2:6-9; Marcos 7:3.)
Quizás extrañe que algo tan normal como una boda
sirviera de marco para el primer milagro de Jesús; pero
este suceso dice mucho de él. Jesús estaba soltero, y en
posteriores ocasiones habló con sus discípulos de las
ventajas de la soltería. (Mateo 19:12.) Sin embargo, su
presencia en el banquete de bodas demostró que
no estaba ni mucho menos opuesto al matrimonio. Era
equilibrado y apoyaba esta institución; la veía como algo
honorable a los ojos de Dios. (Compárese con Hebreos
13:4.)
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
2:4. Aquí Jesús le señala a María que, habiéndose bautizado y
en calidad de Hijo ungido de Dios, solo recibe órdenes de su Padre
celestial. Aunque su ministerio apenas ha comenzado, Jesús ya
está plenamente consciente de la hora, o el momento, en que debe
realizar la obra que tiene asignada, lo que incluye su muerte en
sacrificio. De modo que no puede permitir que nadie, ni siquiera un
familiar tan cercano como María, interfiera en cómo cumple la
voluntad divina. Nosotros debemos servir a Jehová con igual
decisión.
it-2 pág. 317 María
Cuando faltó el vino en una boda en Caná de Galilea y María le
dijo a Jesús: “No tienen vino”, él respondió: “¿Qué tengo que ver
contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. (Jn 2:1-4.) Jesús se
valió de una antigua forma interrogativa que aparece ocho veces en
las Escrituras Hebreas (Jos 22:24; Jue 11:12; 2Sa 16:10; 19:22;
1Re 17:18; 2Re 3:13; 2Cr 35:21; Os 14:8) y seis veces en las
Escrituras Griegas. (Mt 8:29; Mr 1:24; 5:7; Lu 4:34; 8:28; Jn 2:4.)
Traducida literalmente, la pregunta diría: “¿Qué para mí y para ti?”,
queriendo decir: “¿Qué hay en común entre yo y tú?”, “¿qué
tenemos en común tú y yo?” o “¿qué tengo que ver contigo?”. En
cada uno de los casos, la pregunta indica objeción a lo que se ha
sugerido, propuesto o sospechado. Así que Jesús expresó de esta
forma su bondadosa reprensión, indicándole a su madre que él
recibía instrucciones de la Autoridad Suprema que le había enviado
y no de ella. (1Co 11:3.) María, mujer sensible y humilde, lo
entendió rápidamente y aceptó la corrección. Se hizo a un lado y,
para dejar que Jesús llevase la delantera, dijo a los servidores:
“Todo cuanto les diga, háganlo”. (Jn 2:5.)
it-1 pág. 1021 Gloria
La Biblia dice con respecto al primer milagro de Jesús que él
“puso de manifiesto su gloria” (Jn 2:11), gloria que en este caso se
refiere al impresionante testimonio del poder milagroso que
identificó a Jesús como el esperado Mesías. (Compárese con Jn
11:40-44.)
it-1 pág. 606 Cuerda, soga
soga y puede referirse a una soga hecha de juncos.
Justamente indignado, Jesucristo, “después de hacer un látigo de
cuerdas, expulsó del templo a todos aquellos junto con las ovejas y
el ganado vacuno”, evidentemente usando el látigo para los
animales, no para las personas. (Jn 2:13-17.)
it-1 pág. 735 Edificador, edificio
En cierta ocasión Jesús dijo: “Derriben este templo, y en tres
días lo levantaré”. (Jn 2:19.) Los judíos pensaron que se refería al
templo de Herodes y usaron estas palabras contra él en su juicio,
diciendo: “Nosotros le oímos decir: ‘Yo derribaré este templo que fue
hecho de manos y en tres días edificaré otro, no hecho de manos’”.
(Mr 14:58.) Jesús hablaba en sentido figurado, refiriéndose al
“templo de su cuerpo”. Murió y al tercer día fue levantado. (Jn 2:21;
Mt 16:21; Lu 24:7, 21, 46.) Su Padre Jehová Dios lo resucitó con
otro cuerpo no hecho de manos como el templo de Jerusalén, un
cuerpo espiritual hecho (edificado) por Él mismo.
6
Capítulo 3
w02 1/2 págs. 9-11 Una lección de Nicodemo
Tuvo ante sí grandes oportunidades
Tan solo seis meses después de haberse iniciado el
ministerio de Jesús, Nicodemo reconoce que es un
‘maestro que ha venido de Dios’. Impresionado por los
recientes milagros que Cristo ha realizado en Jerusalén
durante la Pascua del año 30 E.C., Nicodemo lo visita de
noche a fin de confesar que cree en él y aprender más de
aquel maestro. Entonces, Jesús le comunica una verdad
profunda: hay que ‘nacer de nuevo’ para entrar en el Reino
de Dios. Además, le dice: “Tanto amó Dios al mundo que
dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él
no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:1-
16).
Nicodemo tiene ante sí una magnífica perspectiva:
convertirse en colaborador íntimo de Jesús y ser testigo
ocular de diversos sucesos de su vida en la Tierra. Al ser
gobernante de los judíos y maestro de Israel, posee un
amplio conocimiento de la Palabra de Dios. También
evidencia un gran discernimiento, pues reconoce que
Jesús es un maestro enviado por Dios. Además, le
interesan los asuntos espirituales y hace gala de una
humildad poco común, pues no es nada fácil que un
miembro del más alto tribunal judío admita que el hijo de
un simple carpintero es un hombre enviado por Dios. Tales
cualidades son importantísimas para que alguien se haga
discípulo de Jesús.
El interés que manifiesta Nicodemo en el hombre de
Nazaret no parece decaer. Dos años y medio después,
durante la fiesta de las Cabañas, asiste a una sesión del
Sanedrín, pues en aquel entonces todavía es “uno de
ellos”. Los sacerdotes principales y los fariseos despachan
oficiales para detener a Jesús, pero estos regresan con el
siguiente informe: “Jamás ha hablado otro hombre así”.
Los fariseos comienzan a menospreciarlos: “Ustedes no se
han dejado extraviar también, ¿verdad? Ni uno de los
gobernantes o de los fariseos ha puesto fe en él, ¿verdad?
Pero esta muchedumbre que no conoce la Ley son unos
malditos”. Nicodemo no puede seguir callado, así que toma
la palabra y dice: “Nuestra ley no juzga a un hombre a
menos que primero haya oído de parte de él y llegado a
saber lo que hace, ¿verdad?”. Con eso, se convierte en el
centro de las críticas de los demás fariseos: “Tú no eres
también de Galilea, ¿verdad? Escudriña, y ve que de
Galilea no ha de ser levantado ningún profeta” (Juan 7:1,
10, 32, 45-52).
Unos seis meses más tarde, en la Pascua del año
33 E.C., Nicodemo contempla cuando bajan el cuerpo de
Jesús del madero de tormento y, junto con José de
Arimatea, otro miembro del Sanedrín, prepara el cuerpo
para el entierro. A tal fin, lleva “un rollo de mirra y áloes”
que pesa 100 libras romanas (33 kilogramos), lo que
representa un considerable desembolso de dinero.
También requiere valor de su parte exponerse a las
consecuencias de que lo relacionen con “ese impostor”,
como llamaban a Jesús los demás fariseos. Los dos
preparan sin dilación el cuerpo y lo colocan en una tumba
conmemorativa nueva que se halla cerca de allí. Sin
embargo, ni siquiera en este momento dice el relato que
Nicodemo sea discípulo de Cristo (Juan 19:38-42; Mateo 27:63;
Marcos 15:43).
Por qué no actuó
Aunque el Evangelio de Juan no revela por qué Nicodemo
no ‘tomó su madero de tormento’ y siguió a Jesús, contiene algunos
datos que tal vez expliquen su indecisión.
En primer lugar, Juan señaló que este gobernante judío “vino a
[Jesús] de noche” (Juan 3:2). Un escriturario propone la siguiente
interpretación: “Nicodemo acudió de noche, no por temor, sino para
que las multitudes no interrumpieran su entrevista con Jesús”.
No obstante, Juan se refirió a Nicodemo como “el hombre que la
primera vez vino a [Jesús] de noche” en el mismo contexto donde
afirma que José de Arimatea era “discípulo de Jesús, pero secreto
por su temor a los judíos” (Juan 19:38, 39). Por consiguiente, es
probable que Nicodemo realizara su visita al amparo de la oscuridad
por “temor a los judíos”, tal como a otras personas de la época les
daba miedo tener algo que ver con Jesús (Juan 7:13).
¿Pospone usted la decisión de convertirse en discípulo de
Cristo por lo que puedan decir sus parientes, amigos o compañeros
de trabajo? “El temblar ante los hombres es lo que tiende un lazo”,
afirma el proverbio. ¿Cómo superar ese temor? El proverbio
continúa diciendo: “Pero el que confía en Jehová será protegido”
(Proverbios 29:25). Para fortalecer tal confianza en Jehová, usted
debe convencerse personalmente de que Dios lo sustentará si se
halla en serios apuros. Pídale a Jehová que le dé el valor necesario
para tomar hasta las más pequeñas decisiones relacionadas con la
adoración pura. Poco a poco, su fe y confianza en Jehová
aumentarán hasta el punto de que tomará decisiones importantes
en armonía con la voluntad divina.
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
3:1-9. El caso de Nicodemo, “un gobernante de los judíos”, nos
enseña dos lecciones. La primera es que, al estar dispuesto a
reconocer al hijo de un simple carpintero como maestro enviado por
Dios, manifestó humildad, perspicacia y conciencia de su propia
necesidad espiritual. Hoy también, el verdadero cristiano necesita
humildad. La segunda es que, a pesar de ello, no se atrevió a
hacerse cristiano mientras Jesús vivió en la Tierra. ¿Por qué? Tal
vez por temor al hombre, por apego a su puesto en el Sanedrín o
por amor a las riquezas. En nuestro caso, no debemos permitir que
tendencias de ese tipo nos impidan tomar nuestro madero de
tormento y seguir a Jesús de continuo (Luc. 9:23).
w06 15/6 pág. 30 Preguntas de los lectores : ¿A qué se refería
Jesús cuando dijo a Nicodemo: “Ningún hombre ha ascendido
al cielo sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre”?
(Juan 3:13.)
En ese momento, Jesús estaba en la Tierra, y aún no había
ascendido, o regresado, al cielo. Pero lo que sabemos de él y del
contexto de sus palabras nos ayuda a entender lo que dijo.
Se dice que Jesús “descendió del cielo” porque había vivido en
el ámbito celestial con su Padre y al tiempo señalado, su vida fue
transferida a la matriz de María, lo que resultó en que él naciera
como ser humano (Lucas 1:30-35; Gálatas 4:4; Hebreos 2:9,
14, 17). Tras su muerte, Jesús resucitaría como criatura espiritual y
volvería a estar con Jehová. Por eso, poco antes de morir, él pidió
en oración: “Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que
tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5; Romanos
6:4, 9; Hebreos 9:24; 1 Pedro 3:18).
7
Jesús aún no había regresado al cielo cuando habló
con Nicodemo, un fariseo y maestro de Israel. De hecho,
ningún ser humano había muerto y ascendido al ámbito
espiritual, al cielo. Jesús mismo señaló que, aunque Juan
el Bautista era un sobresaliente profeta de Dios, “el que
sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que
él” (Mateo 11:11). Y el apóstol Pedro explicó que hasta el
fiel rey David había muerto y aún estaba en su tumba;
no había ascendido al cielo (Hechos 2:29, 34). ¿Por qué
razón no fueron al cielo David, Juan el Bautista y otros
siervos fieles que murieron antes de Jesús? Porque
murieron antes de que este abriera el camino o la
posibilidad de que los seres humanos fueran resucitados
para vivir en el cielo. El apóstol Pablo escribió que Jesús,
como precursor, ‘inauguró un camino nuevo y vivo’ al cielo
(Hebreos 6:19, 20; 9:24; 10:19, 20).
Puesto que Jesús aún no había muerto ni resucitado,
¿a qué se refería cuando dijo a Nicodemo: “Ningún hombre
ha ascendido al cielo sino el que descendió del cielo, el
Hijo del hombre”? (Juan 3:13.) Analicemos el contexto para
ver de qué hablaba Jesús con Nicodemo.
Cuando ese gobernante judío visitó a Jesús al amparo
de la noche, este le dijo: “Muy verdaderamente te digo: A
menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de
Dios” (Juan 3:3). En respuesta, Nicodemo preguntó:
“¿Cómo puede nacer el hombre cuando es viejo?
No puede entrar en la matriz de su madre por segunda vez
y nacer, ¿verdad?”. Es obvio, pues, que él no entendía
esta enseñanza divina relacionada con el Reino de Dios.
¿Había alguna manera como podía llegar a entenderla?
No desde una óptica humana; ningún hombre podía
enseñarle porque ningún hombre había estado en el cielo,
y por eso, nadie podía explicarle en qué consistía entrar en
el Reino. El único que podía enseñar a Nicodemo y a los
demás era Jesús, porque él había descendido del cielo y
estaba capacitado para enseñar a las personas sobre
estos asuntos.
La pregunta que se plantea sobre este texto bíblico
ilustra un punto valioso respecto al estudio de la Palabra
de Dios: no es razonable tropezar porque nos cueste
entender un pasaje. Lo que la Biblia dice en un lugar debe
examinarse a la luz de otros pasajes y debe armonizar con
ellos. Además, a menudo el contexto —la situación o el
tema que se está tratando— nos ayuda a encontrar el
significado razonable y lógico de un texto bíblico que
pudiera considerarse desconcertante.
¿Qué quiso decir Jesús al declarar: “Así como Moisés
alzó la serpiente en el desierto, así tiene que ser alzado
el Hijo del hombre”? (Juan 3:14, 15.) [6 de mayo, it-2
pág. 1012.]
it-2 págs. 1012-1013 Serpiente de cobre
Jesucristo dejó claro el significado profético de ese
incidente que ocurrió en el desierto relacionado con la
serpiente de cobre cuando dijo a Nicodemo: “Además,
ningún hombre ha ascendido al cielo sino el que descendió
del cielo, el Hijo del hombre. Y así como Moisés alzó la
serpiente en el desierto, así tiene que ser alzado el Hijo del
hombre, para que todo el que cree en él tenga vida
eterna”. (Jn 3:13-15.) Tal como Moisés colocó la serpiente
de cobre sobre un poste en el desierto, el Hijo de Dios fue
fijado en un madero, dando ante muchos la apariencia de ser un
malhechor y un pecador despreciable como una serpiente, alguien
maldito. (Dt 21:22, 23; Gál 3:13; 1Pe 2:24.) En el desierto, cualquier
persona a la que hubiera mordido una de las serpientes venenosas
que Jehová envió a los israelitas tenía que mirar a la serpiente de
cobre con fe. De manera similar, para obtener la vida eterna
mediante Jesucristo, es necesario ejercer fe en él.
w10 1/4 pág. 6 Enseñanzas de Jesús sobre Dios
Para empezar, enseñó que Jehová ama a todos los seres
humanos. “Tanto amó Dios al mundo —explicó— que dio a su Hijo
unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino
que tenga vida eterna.” (Juan 3:16.) El término griego que aquí se
traduce “mundo” no se refiere al planeta Tierra, sino a la humanidad.
De modo que fue su inmenso amor por los seres humanos lo que lo
impulsó a sacrificar a su Hijo más querido. Así podría rescatar a sus
siervos fieles del pecado y la muerte y darles la esperanza de vivir
eternamente. Apenas podemos imaginarnos —mucho menos
medir— la profundidad del amor de Dios (Romanos 8:38, 39).
w92 15/1 pág. 11 párrs. 7-8 A los dadores piadosos les espera
felicidad eterna
Jehová Dios tenía una razón especial para enviar a Jesús a
este empobrecido mundo de la humanidad. El amor divino fue el
motivo de esto, pues Jesús mismo dijo: “Tanto amó Dios al mundo
que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no
sea destruido, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a
su Hijo al mundo para que juzgara al mundo, sino para que el
mundo se salve por medio de él”. (Juan 3:16, 17.)
8 Por su amor Jehová envió a su Hijo unigénito en una misión
de salvar a otros. Dios no envió aquí a su Hijo para juzgar al mundo.
Si al Hijo de Dios se le hubiera enviado en una misión judicial como
esa, no habría habido buenas perspectivas para ningún ser
humano. La sentencia de juicio adverso de Jesucristo contra la
familia humana habría sido la de condenación a muerte. (Romanos
5:12.) Por eso, mediante esa expresión singular del amor divino
Dios contrapesó la sentencia de muerte que la justicia absoluta
hubiera requerido.
w05 1/1 pág. 9 párr. 10 Sigamos el modelo que puso Jesús
10 En cierta ocasión, Jesús dijo lo siguiente a un fariseo de
nombre Nicodemo: “El que practica cosas viles odia la luz y no viene
a la luz, para que sus obras no sean censuradas. Pero el que hace
lo que es verdad viene a la luz, para que sus obras sean puestas de
manifiesto como obradas en armonía con Dios” (Juan 3:20, 21).
Juan llamó a Jesús “la luz verdadera que da luz a toda clase de
hombre” (Juan 1:9, 10). Y Jesús afirmó que odiamos la luz si
practicamos “cosas viles”, es decir, lo que es malo e inaceptable
para Dios. ¿Podemos imaginarlo: odiar a Jesús y sus enseñanzas?
Pues bien, eso es lo que hacen quienes practican el pecado y no se
arrepienten. Quizá ellos no lo vean de esa manera, pero es evidente
que Jesús sí.
w88 1/2 pág. 6 ¿Se contradice la Biblia?
En Juan 3:22 se dice que Jesús “bautizaba”, mientras que más
adelante, en Juan 4:2, se afirma que “Jesús mismo en ningún caso
bautizaba”. Pero como indica el resto del texto, eran los discípulos
de Jesús quienes realmente ejecutaban los bautismos en Su
nombre y por Su dirección. De igual manera, tanto un hombre de
negocios como su secretario o secretaria pueden decir que han
escrito la misma carta.
8
w90 15/3 pág. 24 Joyas del Evangelio de Juan
Juan el Bautizante, en vez de manifestar orgullo y
sentirse agraviado a causa de Jesús, dijo: “El amigo del
novio, cuando está de pie y lo oye, tiene mucho gozo a
causa de la voz del novio. Por eso, este gozo mío se ha
hecho pleno” (3:29). Como representante del novio, el
amigo del novio realizaba trámites con relación a las
bodas, pues a veces preparaba los esponsales y llevaba
regalos a la novia, y el precio de la novia al padre de esta.
Tenía razón para alegrarse cuando había cumplido su
deber. De igual manera, Juan se regocijó al reunir a Jesús
con los primeros miembros de Su novia. (Revelación
21:2, 9.) Tal como los servicios del amigo del novio
duraban poco tiempo, así la obra de Juan no duró mucho.
Continuó menguando, mientras la de Jesús siguió
aumentando. (Juan 3:30.)
w10 15/8 pág. 13 párr. 7 Cómo nos salva el rescate
¿Quién se salvará? La propia Biblia da la respuesta:
“El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna; el que
desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios
permanece sobre él” (Juan 3:36). Como vemos, cuando
llegue el día de la cólera de Jehová y este sistema termine,
se salvarán todos los que demuestren fe en Jesús y su
sacrificio redentor.
Capítulo 4
g 1/08 pág. 4 ¿Cómo ven Dios y Cristo a la mujer?
¿CÓMO podemos hacernos un cuadro completo de lo
que opina Jehová Dios de las mujeres? Una manera es
examinando la actitud y la manera de tratarlas de
Jesucristo, que es “la imagen del Dios invisible” y la
persona que refleja a la perfección el punto de vista divino
(Colosenses 1:15). El modo como trató Jesús a las
mujeres indica que tanto él como su Padre las respetan y
que de ninguna manera aprueban la tiranía a la que se ven
sometidas con tanta frecuencia en muchos países.
Analicemos la ocasión en que Jesús habló con una
mujer en un pozo. El Evangelio de Juan nos cuenta que
“llegó una mujer de Samaria a sacar agua” y que “Jesús le
dijo: ‘Dame de beber’”. Él estuvo dispuesto a conversar
con una samaritana en público, aun cuando los judíos en
general no se trataban con los samaritanos. Según The
International Standard Bible Encyclopedia, para los judíos,
“conversar con una mujer en público era particularmente
escandaloso”. No obstante, Jesús se mostró respetuoso y
considerado con las mujeres y nunca albergó prejuicios
raciales ni sexistas. De hecho, aquella samaritana fue la
primera persona a quien le reveló que él era el Mesías
(Juan 4:7-9, 25, 26).
w10 1/10 pág. 12 ¿Lo sabía?
¿Por qué los judíos de tiempos de Jesús no se
trataban con los samaritanos?
▪ En Juan 4:9 leemos esta categórica afirmación: “Los
judíos no se tratan con los samaritanos”. ¿A qué se debía
esa enemistad? Según parece, todo comenzó cuando el
rey Jeroboán instituyó la adoración de ídolos en el reino de
Israel, formado por las diez tribus del norte (1 Reyes 12:26-
30). La capital era Samaria, y a sus habitantes se los llamaba
samaritanos. Con el tiempo, a todos los habitantes de dicho reino se
los conoció por ese nombre. Después de conquistar las diez tribus
en el año 740 antes de nuestra era, los asirios poblaron la región
con extranjeros paganos. Por lo visto, según se fueron produciendo
matrimonios con estos nuevos vecinos, la religión de los
samaritanos se corrompió más y más.
Tiempo después, cuando los judíos regresaron de su exilio en
Babilonia, los samaritanos trataron de impedir la reconstrucción del
templo de Jehová y de las murallas de Jerusalén (Esdras 4:1-23;
Nehemías 4:1-8). Y esta rivalidad religiosa no hizo sino aumentar
cuando, aproximadamente en el siglo IV antes de nuestra era, los
samaritanos edificaron su propio templo en el monte Guerizim.
En tiempos de Jesús, el término samaritano se utilizaba,
no tanto para indicar el origen geográfico de alguien, sino para
referirse a los seguidores de la religión que surgió en Samaria. Los
samaritanos seguían rindiendo culto en el monte Guerizim, y los
judíos los trataban con enorme desprecio (Juan 4:20-22; 8:48).
w09 15/8 pág. 9 párr. 9 La vida eterna en la Tierra: ¿una
esperanza cristiana?
9 Después de hablar con Nicodemo en Jerusalén, Jesús se fue
al norte, a Galilea. Cuando pasaba cerca de la ciudad samaritana de
Sicar encontró a una mujer en la fuente de Jacob y le dijo: “A
cualquiera que beba del agua que yo le daré de ningún modo le
dará sed jamás, sino que el agua que yo le daré se hará en él una
fuente de agua que brotará para impartir vida eterna” (Juan 4:5,
6, 14). Esta agua representa los medios que Dios ha dispuesto para
que toda la humanidad pueda recuperar la vida eterna, incluidas las
personas que vivirán en la Tierra. El libro de Revelación contiene
estas palabras de Jehová: “A cualquiera que tenga sed le daré de la
fuente del agua de la vida gratis” (Rev. 21:5, 6; 22:17). De modo que
Jesús no solo le estaba hablando a la samaritana de la vida eterna
que disfrutarán los herederos ungidos del Reino, sino también de la
que disfrutarán los fieles que tienen la esperanza de vivir en la
Tierra.
kl cap. 5 págs. 43-45 párrs. 2-5 ¿La adoración de quiénes
acepta Dios?
2 La sorprendente respuesta de Jesús fue: “La hora viene
cuando ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al
Padre”. (Juan 4:21.) Por mucho tiempo los samaritanos habían
temido a Jehová y habían adorado a otros dioses en el monte
Guerizim. (2 Reyes 17:33.) Sin embargo, Jesucristo dijo que ni
aquel lugar ni Jerusalén tendrían importancia en la adoración
verdadera.
ADORACIÓN CON ESPÍRITU Y CON VERDAD
3 Jesús pasó a decir a la samaritana: “Ustedes adoran lo que
no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la
salvación se origina de los judíos”. (Juan 4:22.) Los samaritanos
tenían ideas religiosas equivocadas y únicamente aceptaban como
inspirados los primeros cinco libros de la Biblia, y, además, solo en
su propia recensión (texto corregido), conocida como el Pentateuco
Samaritano. De modo que, en realidad, no conocían a Dios. Sin
embargo, a los judíos se les había encomendado el conocimiento de
las Escrituras. (Romanos 3:1, 2.) Estas proporcionaron tanto a los
judíos fieles como a todos los que estuvieran dispuestos a escuchar,
lo que necesitaban para conocer a Dios.
4 Jesús de hecho mostró que, para agradar a Dios, tanto los
judíos como los samaritanos tendrían que corregir su manera de
9
adorar. Dijo: “La hora viene, y ahora es, en que los
verdaderos adoradores adorarán al Padre con espíritu y
con verdad, porque, en realidad, el Padre busca a los de
esa clase para que lo adoren. Dios es un Espíritu, y los
que lo adoran tienen que adorarlo con espíritu y con
verdad”. (Juan 4:23, 24.) Tenemos que adorar a Dios “con
espíritu”, impulsados por un corazón rebosante de fe y
amor. Para adorar a Dios “con verdad” hemos de estudiar
su Palabra, la Biblia, y adorarlo en conformidad con su
verdad revelada. ¿Es ese su deseo?
5 Jesús puso de relieve que Dios quiere adoración
verdadera, lo cual indica que hay maneras de adorar que
no acepta. Adorar a Dios significa honrarlo con reverencia
y rendirle servicio sagrado. Si usted deseara honrar a un
gobernante poderoso, procuraría servirle y hacer lo que a
él le fuera grato. Como nosotros queremos complacer a
Dios, en lugar de decir: ‘Estoy contento con mi religión’,
tenemos que asegurarnos de que nuestra forma de adorar
satisfaga los requisitos estipulados por Dios.
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de
Juan
4:23, 24. Para que nuestra adoración le agrade a
Dios, tiene que ser guiada por el espíritu santo y concordar
con la verdad revelada en las páginas de la Biblia.
w11 1/4 pág. 6 Jesús: su vida
“Mi alimento es hacer la voluntad del que me
envió y terminar su obra.” (JUAN 4:34)
¿QUÉ quiso decir Jesús con estas palabras?
El contexto nos ayuda a entenderlo. Había pasado toda la
mañana caminando por las colinas de Samaria con sus
discípulos (Juan 4:6, nota). Estos, pensando que su
maestro debía de tener hambre, le propusieron comer algo
(Juan 4:31-33). Y la respuesta de Jesús, citada arriba, fue
un perfecto resumen de su propósito en la vida. Para él,
cumplir la misión que Dios le había encomendado era más
importante incluso que comer. Sus palabras y sus hechos
demostraron que su vida realmente giraba en torno a la
voluntad de Dios.
w01 15/7 pág. 20 párrs. 20-21 Perseveremos en la siega
20 Después de dar testimonio a una samaritana cerca
de Sicar, en 30 E.C., Jesús habló a sus discípulos de la
siega espiritual: “Alcen los ojos y miren los campos, que
están blancos para la siega —dijo—. Ya el segador está
recibiendo salario y recogiendo fruto para vida eterna, a fin
de que el sembrador y el segador se regocijen juntos”
(Juan 4:34-36). Tal vez ya había visto los resultados de su
encuentro con la samaritana, pues muchos pusieron fe en
él a causa del testimonio de aquella mujer (Juan 4:39).
En los últimos años, varios países han levantado las
restricciones que habían impuesto a los testigos de Jehová
o les han concedido reconocimiento legal, lo que ha
supuesto la apertura de nuevos campos donde cosechar.
Como consecuencia, está en marcha una abundante siega
espiritual. De hecho, por todo el mundo se nos está
colmando de bendiciones mientras nos dedicamos con
gozo a dicha siega.
21 Cuando los cultivos están maduros y listos para la cosecha,
los trabajadores han de darse mucha prisa y proceder sin demora.
Hoy tenemos que ser diligentes y laborar con sentido de la urgencia,
pues vivimos en “el tiempo del fin” (Daniel 12:4). Es verdad que
tropezamos con pruebas, pero la cosecha de adoradores de Jehová
es mayor que nunca. Así que esta es una ocasión de alegría (Isaías
9:3). Por tanto, como trabajadores gozosos, ¡perseveremos en la
siega!
it-2 pág. 995 Sembrador, siembra
Predicación de las buenas nuevas. Jesucristo asemejó la
siembra a la predicación de la palabra, las buenas nuevas del
Reino. Él era el Sembrador de las verdades del Reino, y Juan el
Bautista también había trabajado como tal. Los discípulos de Jesús
fueron enviados a segar en los campos que habían sido sembrados
y ya estaban blancos para la siega. Por lo tanto, les dijo: “Ya el
segador está recibiendo salario y recogiendo fruto para vida eterna,
a fin de que el sembrador y el segador se regocijen juntos. [...] Uno
es el sembrador y otro el segador. Yo los despaché a segar aquello
en que ustedes no han hecho labor. Otros han labrado [al sembrar],
y ustedes han entrado en el provecho de la labor de ellos [al segar]”.
(Jn 4:35-38.)
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