lunes, 27 de mayo de 2013

puntos sobresalientes juan 5 a 7

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Puntos sobresalientes de Juan 5 a 7, semana del 13 de Mayo 2013.
Capítulo 5
w88 1/9 pág. 31 Preguntas de los lectores
▪ ¿Sería verdad que enfermos y personas con incapacidades
físicas se sanaban en las aguas de Betzata cuando aquellas
aguas se revolvían, como da a entender Juan 5:2-7? Si así era,
¿qué poder efectuaba aquellos milagros?
En realidad el relato de Juan 5:2-9 no deja establecido si en
un estanque de la antigua Jerusalén sucedían o no sucedían
curaciones milagrosas. De un solo milagro podemos estar seguros
de que sucedió allí: el que ejecutó Jesucristo cuando sanó a un
hombre que había estado enfermo por 38 años. Podemos aceptar
este milagro, porque el informe de él está en las Escrituras
inspiradas. (2 Timoteo 3:16.) Pero muchas personas de la Jerusalén
de aquel tiempo creían que allí habían sucedido otros milagros, tal
como hoy muchos creen que en ciertos santuarios se efectúan
curas milagrosas.
Note lo que la Biblia en verdad dice, y lo que en realidad no
dice: “Pues bien, en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, hay
un estanque designado en hebreo Betzata, que tiene cinco
columnatas. En estas yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos
y los que tenían miembros secos.———— Pero estaba allí cierto
hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad. Al ver a
este hombre acostado, y dándose cuenta de que ya por mucho
tiempo había estado enfermo, Jesús le dijo: ‘¿Quieres ponerte bien
de salud?’. El enfermo le contestó: ‘Señor, no tengo un hombre que
me meta en el estanque cuando se revuelve el agua; y entretanto
que yo voy, otro baja antes que yo’. Jesús le dijo: ‘Levántate, toma
tu camilla y anda’. Con eso, el hombre inmediatamente se puso bien
de salud, y tomó su camilla y echó a andar”. (Juan 5:2-9.)
El estanque al que se hace referencia estaba cerca de la
“puerta de las ovejas”, que evidentemente se hallaba en la parte
nordeste de Jerusalén cerca del monte donde estaba el templo.
(Nehemías 3:1; 12:39.) En excavaciones recientes en esta zona los
hallazgos muestran que allí había dos estanques antiguos;
fragmentos de columnas y basas indican que en los días de
Herodes allí había un edificio que tenía columnatas, como dice Juan
5:2. Pero ¿qué creía la gente de entonces que podía suceder allí?
Observe la raya larga en la cita de Juan 5:2-9 que se da en la
columna anterior. Algunas versiones de la Biblia incluyen un pasaje
adicional que numeran Juan 5:4. Esa añadidura dice más o menos
así: “Porque un ángel del Señor bajaba al estanque de sazón en
sazón y agitaba el agua; el primero que entonces se metía allí
después de la agitación del agua sanaba de cualquier enfermedad
que le aquejara”.
Sin embargo, varias versiones modernas de la Biblia, entre
ellas la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras,
omiten este pasaje. ¿Por qué? Porque según toda probabilidad no
se hallaba en el Evangelio de Juan. Una nota a pie de página en la
Biblia de Jerusalén dice que “los mejores testigos omiten” este
pasaje. Con la expresión “los mejores testigos” se quiere decir los
manuscritos griegos antiguos, tales como el Códice Sinaítico y el
Vaticano 1209 (ambos del siglo IV E.C.), y versiones tempranas en
siriaco y latín. Después de mencionar que ‘el versículo 4 no se
encuentra en los mejores textos manuscritos’, The Expositor’s Bible
Commentary añade: “Por lo general se considera una glosa que se
introdujo para explicar la agitación intermitente del agua, vista por el
pueblo como posible fuente de curación”.
Así que la Biblia no dice en realidad que un ángel de Dios
ejecutara milagros en el estanque de Betzata. Pues bien, ¿había
curaciones milagrosas cuando el agua se agitaba? Hoy nadie puede
decir eso con seguridad. Puede ser que de alguna manera se
desarrollara una tradición que aseguraba que algunos enfermos o
personas con incapacidades físicas se habían sanado allí. Al
esparcirse los relatos de supuestas curaciones, puede que personas
desesperadas que anhelaban curación empezaran a congregarse allí.
Sabemos que esto ha sucedido en diversos lugares en nuestros tiempos,
hasta cuando no ha habido prueba documentada de curaciones divinas.
Pero no debemos ver con escepticismo la curación que el Hijo de Dios
efectuó en el estanque de Betzata. Sin siquiera entrar en el agua, el hombre
fue curado instantáneamente por el Gran Médico. El hecho documentado
de que él podía hacer aquello debe darnos razón para estar a la espera de
las curaciones que realizará durante el Milenio que se acerca. Él sanará y
ayudará a volver a la perfección a los humanos fieles. (Revelación 21:4, 5;
22:1, 2.)
w95 1/3 págs. 6-7 Lecciones de los milagros de Jesús
Hace el bien en sábado
“Levántate, toma tu camilla y anda.” Así habló Jesús a un hombre que
había estado enfermo treinta y ocho años. El relato evangélico continúa:
“Con eso, el hombre inmediatamente se puso bien de salud, y tomó su
camilla y echó a andar”. Aunque parezca sorprendente, este cambio en la
situación del hombre no fue del agrado de todos. El relato dice: “Los judíos
empezaron a perseguir a Jesús, porque hacía estas cosas durante el
sábado”. (Juan 5:1-9, 16.)
El sábado se dio para que fuera un día de descanso y alegría para
todos. (Éxodo 20:8-11.) Pero para la época de Jesús se había convertido en
un laberinto de reglas opresivas ideadas por el hombre. El erudito Alfred
Edersheim escribió que las extensas secciones sobre la ley sabática del
Talmud “que discuten cuestiones tan serias y de importancia religiosa vital,
hacen difícil que uno pueda imaginarse que un intelecto sano tenga el
menor interés en debatirlas formalmente”. (La vida y los tiempos de Jesús el
Mesías.) Los rabinos daban una importancia de vida o muerte a estas
reglas intrascendentes y arbitrarias que regulaban prácticamente todo
aspecto de la vida del judío, muchas veces con una insensible indiferencia a
los sentimientos humanos. Una norma sabática decretaba: “Si cae sobre
una persona un edificio y existe duda si está allí o si no está, si está vivo o
si está muerto, si es extranjero o si es israelí, retirarán de él los escombros.
Si lo encuentran vivo, lo sacan; si lo encuentran muerto, lo dejan allí”.
(Tratado Yoma 8:7, La Misná, edición de Carlos del Valle.)
¿Cómo veía Jesús tal sofistería legalista? Cuando se le criticó por
curar en sábado, dijo: “Mi Padre ha seguido trabajando hasta ahora, y yo
sigo trabajando”. (Juan 5:17.) Jesús no estaba llevando a cabo un trabajo
seglar para enriquecerse, sino haciendo la voluntad de Dios. Tal como a los
levitas se les permitía seguir realizando su servicio sagrado en sábado,
Jesús podía efectuar legítimamente los deberes que Dios le había asignado
como Mesías sin violar la Ley divina. (Mateo 12:5.)
Las curaciones de Jesús en sábado también mostraron claramente
que los escribas y fariseos eran ‘justos en demasía’, inflexibles y
desequilibrados en su forma de pensar. (Eclesiastés 7:16.) Obviamente
no era la voluntad de Dios que las buenas obras se limitaran a ciertos días
de la semana, y él tampoco se proponía que el sábado fuera un vano
ejercicio legal. Jesús dijo en Marcos 2:27: “El sábado vino a existir por
causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado”. Jesús amaba a la
gente, no reglas arbitrarias.
De igual modo, no es conveniente que los cristianos sean inflexibles o
de mentalidad legalista. Los que tienen autoridad en la congregación se
abstienen de cargar a los demás con sus propias reglas y normas
excesivas. El ejemplo de Jesús también nos anima a buscar oportunidades
para hacer el bien. Por ejemplo, un cristiano jamás pensaría que su deber
de compartir las verdades bíblicas se limita a participar formalmente en el
ministerio de casa en casa o dar un discurso. El cristiano, dice el apóstol
Pedro, debe estar ‘siempre listo para presentar una defensa ante todo el
que le exija razón de su esperanza’. (1 Pedro 3:15.) Hacer el bien no está
limitado por el tiempo.
2
w08 15/4 págs. 30-31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
5:14. ¿Quiso decir Jesús que la gente se enferma porque
comete pecados? No, eso no fue lo que quiso decir. El hombre al
que Jesús curó llevaba treinta y ocho años enfermo por haber
heredado la imperfección (Juan 5:1-9). Pero ahora que había sido
objeto de la misericordia divina, tenía que seguir el camino a la
salvación y dejar de pecar voluntariamente. De otro modo, se
causaría algo peor que una enfermedad: podría cometer un pecado
imperdonable y hacerse merecedor de morir sin esperanza de
resurrección (Mat. 12:31, 32; Luc. 12:10; Heb. 10:26, 27).
w88 1/6 págs. 19-20 El conocer con exactitud a Dios y a su Hijo
lleva a la vida
No era igual a Dios
16 Otro texto bíblico que las iglesias usan es Juan 5:18. Este
dice que los judíos querían matar a Jesús porque “también llamaba
a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios”. ¿Quién decía que
Jesús se hacía igual a Dios? No era Jesús. Él aclara esto en el
mismísimo versículo siguiente (19), al decir: “El Hijo no puede hacer
ni una sola cosa por su propia iniciativa, sino únicamente lo que ve
hacer al Padre”. De modo que Jesús no alegó que fuera el Dios
Todopoderoso ni igual a Él. Indicaba a los judíos que ellos estaban
equivocados, que él no era Dios, sino que era el Hijo de Dios, y
como vocero de Dios no podía obrar por iniciativa propia.
¿Podemos imaginarnos al Dios Todopoderoso del universo diciendo
que no podía hacer nada por su propia iniciativa? Así que los judíos
presentaron una acusación, y Jesús la refutó.
17 De modo que por el testimonio de Dios en su propia Palabra
inspirada, por el testimonio de Jesús y por el testimonio de los
discípulos de Jesús, la evidencia arrolladora muestra claramente
que el Dios Todopoderoso y Jesucristo son dos seres distintos,
Padre e Hijo. Esa evidencia también muestra con claridad que el
espíritu santo no es la tercera persona de ninguna Trinidad, sino
que es la fuerza activa de Dios. Es inútil sacar de contexto unos
textos bíblicos o tratar de torcerlos para apoyar la Trinidad.
Cualquiera de esos textos tiene que ser armonizado con el resto del
testimonio claro que da la Biblia.
w92 15/2 pág. 12 párr. 19 El hombre más grande de todos los
tiempos
19 Sin embargo, Jesús no simplemente habló o enseñó lo que
el Padre le dijo. Hizo mucho más. Lo habló o enseñó tal como el
Padre lo habría hablado o enseñado. Además, en todas sus
actividades y relaciones se comportó y obró precisamente como se
habría comportado y habría obrado el Padre en las mismas
circunstancias. “El Hijo no puede hacer ni una sola cosa por su
propia iniciativa —explicó Jesús—, sino únicamente lo que ve hacer
al Padre. Porque cualesquiera cosas que Aquel hace, estas cosas
también las hace el Hijo de igual manera.” (Juan 5:19.) Jesús reflejó
a perfección en todo respecto a su Padre, Jehová Dios. ¡Por eso no
es raro que Jesús fuera el hombre más grande de todos los
tiempos! De seguro, pues, ¡es muy vital que consideremos
cuidadosamente a este hombre tan importante!
w02 1/1 págs. 29-31 Ancianos, capaciten a otros hermanos para
que asuman responsabilidades
Imiten el ejemplo de Jehová
Es indudable que Jesucristo era “apto” para llevar a cabo su
labor, y no podía ser de otra manera, pues lo había preparado
Jehová Dios mismo. ¿Qué factores contribuyeron a que ese
programa de instrucción fuera tan eficaz? Jesús mencionó tres, que
aparecen en Juan 5:20: “El Padre [1] le tiene cariño al Hijo y [2] le
muestra todas las cosas que él mismo hace, y le mostrará [3] obras
mayores que estas”. Un examen de estos factores nos ayudará a
comprender bien cómo capacitar a otros hermanos.
Observemos lo primero que dijo Jesús: “El Padre le tiene
cariño al Hijo”. Desde los inicios de la creación, Jehová y su Hijo
mantuvieron una cálida relación. Proverbios 8:30 arroja luz sobre ella:
“Entonces [yo, Jesús,] llegué a estar [al] lado [de Jehová Dios] como un
obrero maestro, y llegué a ser [aquel] con quien él estuvo especialmente
encariñado día a día, y estuve alegre delante de él todo el tiempo”. Jesús
no abrigaba ninguna duda de que Jehová estaba “especialmente
encariñado” con él ni escondía la alegría que experimentaba al trabajar al
lado de su Padre. Es muy conveniente que exista una relación cálida y
sincera entre los ancianos cristianos y aquellos a quienes capacitan.
El segundo factor que mencionó Jesús es que su Padre “le muestra
todas las cosas que él mismo hace”. Estas palabras confirman el
comentario de Proverbios 8:30 de que Jesús ‘llegó a estar al lado’ de
Jehová durante la creación del universo (Génesis 1:26). Los ancianos
pueden imitar este magnífico ejemplo trabajando estrechamente con los
siervos ministeriales y mostrándoles cómo ser competentes al desempeñar
sus deberes. Ahora bien, ¿son los siervos ministeriales recién nombrados
los únicos que necesitan capacitación progresiva? ¿Y los hermanos fieles
que llevan muchos años procurando alcanzar un puesto de
superintendente, pero aún no han sido nombrados? (1 Timoteo 3:1.) Los
ancianos deben ofrecerles consejos específicos para que sepan en qué
campos trabajar.
Pensemos, por ejemplo, en un siervo ministerial confiable, puntual,
que atiende sus deberes a conciencia y que, además, es un buen maestro.
Es posible que esté haciendo un magnífico trabajo en la congregación en
muchos aspectos. No obstante, tal vez no se dé cuenta de que tiende a
tratar con aspereza a sus hermanos cristianos. Los ancianos han de tener
la “apacibilidad que pertenece a la sabiduría” (Santiago 3:13). ¿No sería
una muestra de consideración de parte de un anciano que se dirigiera a
dicho hermano, le expusiera claramente cuál es su defecto y le diera
ejemplos específicos y recomendaciones prácticas para mejorar? Si el
anciano ‘sazona bien su consejo con sal’, es probable que el siervo
ministerial acepte sus comentarios (Colosenses 4:6). Desde luego, este
hará mucho más agradable la labor del anciano si está dispuesto a aceptar
el consejo que se le dé (Salmo 141:5).
En algunas congregaciones, los ancianos dan preparación práctica
continua a los siervos ministeriales. Por ejemplo, a los que reúnen las
condiciones los llevan a visitar a los hermanos enfermos y de edad
avanzada. De esta manera, los siervos ministeriales adquieren experiencia
en el pastoreo. Huelga decir que ellos mismos pueden hacer mucho para
progresar más en sentido espiritual (véase el recuadro que aparece más
abajo, titulado “Qué pueden hacer los siervos ministeriales”).
El tercer factor que hizo tan eficaz la capacitación que recibió Jesús
fue que Jehová lo preparó pensando en el progreso futuro. Cristo dijo que el
Padre le mostraría al Hijo “obras mayores que estas”. La experiencia que
adquirió cuando estuvo en la Tierra le permitió cultivar cualidades que
necesitaría para desempeñar asignaciones futuras (Hebreos 4:15; 5:8, 9).
Por ejemplo, pronto recibirá una importante misión: resucitar y juzgar a
miles de millones de personas muertas (Juan 5:21, 22).
Al capacitar a los siervos ministeriales, los ancianos deben tener
presentes las necesidades futuras. Aunque tal vez parezca que hay
ancianos y siervos ministeriales suficientes para atender las necesidades
del presente, ¿qué ocurrirá si se forma una nueva congregación? ¿Y si se
forman varias? Durante los pasados tres años, hubo más de seis mil
nuevas congregaciones en todo el mundo. No hay duda de que hace falta
gran cantidad de ancianos y siervos ministeriales para cuidar de todas ellas.
Ancianos, ¿imitan el ejemplo de Jehová y forjan una afectuosa
relación personal con los hombres a los que preparan? ¿Les indican cómo
llevar a cabo su labor? ¿Piensan en las necesidades futuras? Imitar el
método de preparación que siguió Jehová con Jesús traerá copiosas
bendiciones a muchas personas.
w95 15/10 pág. 21 párrs. 18-19 ¿En qué condición se hallará usted
cuando esté de pie delante del trono de juicio?
18 Jehová tiene el derecho de nombrar jueces, y escogió a Jesús como
Juez que satisface sus normas. Así lo expresó Jesús cuando habló de
personas que llegarían a vivir en sentido espiritual: “El Padre no juzga a
nadie, sino que ha encargado todo el juicio al Hijo”. (Juan 5:22.)
No obstante, la función de juez que desempeña Jesús abarca mucho más,
3
pues es el juez de vivos y de muertos. (Hechos 10:42; 2 Timoteo
4:1.) Pablo dijo en cierta ocasión: “[Dios] ha fijado un día en que se
propone juzgar la tierra habitada con justicia por un varón [Jesús] a
quien ha nombrado, y ha proporcionado a todos los hombres una
garantía con haberlo resucitado”. (Hechos 17:31; Salmo 72:2-7.)
19 Por lo tanto, ¿tenemos razón para concluir que Jesús se
sienta en un trono glorioso específicamente como Juez? Sí. Jesús
dijo a los apóstoles: “En la re-creación, cuando el Hijo del hombre
se siente sobre su trono glorioso, ustedes los que me han seguido
también se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a las doce tribus
de Israel”. (Mateo 19:28.) Aunque Jesús es actualmente Rey del
Reino, su otra labor mencionada en Mateo 19:28 incluirá sentarse
en un trono para juzgar durante el Milenio. Entonces juzgará a toda
la humanidad, tanto a justos como a injustos. (Hechos 24:15.)
w86 15/2 págs. 11-12 párrs. 6-7 Sigamos unidamente tras la
meta de la vida
6 En efecto, aun los que están “muertos” a la vista de Dios
debido al pecado heredado “oirán la voz del Hijo de Dios” y vivirán.
Pero, ¿cómo? Jesús explica: “Porque así como el Padre tiene vida
en sí mismo, así ha concedido también al Hijo el tener vida en sí
mismo”. Las palabras “vida en sí mismo”, también pueden verterse
como: “en sí mismo el don de la vida”. (Juan 5:25, 26, nota al pie de
la página, NM Ref., en inglés.) Por consiguiente, Jesús tiene en sí
mismo la facultad de otorgar a los humanos una posición de favor
ante Dios. Además, puede resucitar e impartir vida a quienes
duermen en la muerte. (Juan 11:25; Revelación 1:18.)
7 Jehová siempre ha tenido vida en sí mismo. De él se dice:
“Contigo está la fuente de la vida”. (Salmo 36:5, 9.) Pero el Padre ha
levantado a su Hijo —quien mantuvo integridad— de entre los
muertos como “primicias de los que se han dormido en la muerte”.
Al tener “en sí mismo el don de la vida”, a Jesús se le ha conferido
poder para perdonar pecados, juzgar y resucitar a los muertos, con
la perspectiva de la vida eterna. (1 Corintios 15:20-22; Juan 5:27-
29; Hechos 17:31.)
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
5:24, 25. ¿Quiénes pasan “de la muerte a la vida”? Jesús
está hablando de los que estaban muertos en sentido espiritual,
pero que, al escuchar sus palabras, ponen fe en él y abandonan su
estilo de vida pecaminoso. Pasan “de la muerte a la vida” en el
sentido de que se les perdona la condena de muerte y reciben la
esperanza de vivir eternamente debido a su fe en Dios (1 Ped. 4:3-
6).
5:26; 6:53. ¿Qué significa ‘tener vida en sí mismo’? En el
caso de Jesucristo, significa que Dios le otorga dos facultades: la de
hacer posible que los seres humanos obtengan una buena posición
delante de Jehová y la de impartir vida mediante la resurrección de
los muertos. En el caso de los discípulos de Jesús, significa disfrutar
de la plenitud de vida. Los cristianos ungidos la reciben cuando son
resucitados a la vida en los cielos. Los siervos fieles de Dios con
esperanza terrenal experimentarán la plenitud de vida cuando
pasen la prueba final que ocurrirá justo después de concluir el
Reinado Milenario de Cristo (1 Cor. 15:52, 53; Rev. 20:5, 7-10).
g 1/10 pág. 11 ¿Qué es el Día del Juicio?
Se juzga a “los muertos”
La Biblia dice que durante el Día del Juicio, los muertos “se
levantarán” (Mateo 12:41). Y Jesús anunció: “Viene la hora en que
todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán [mi] voz y
saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida,
los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio” (Juan
5:28, 29). Estas palabras no aluden a almas que se hayan separado
del cuerpo en el momento de la muerte, pues los muertos no tienen
conciencia de nada ni poseen un alma inmortal (Eclesiastés 9:5;
Juan 11:11-14, 23, 24). Jesús les devolverá la vida en la Tierra a los
difuntos.
¿Se juzgará a los resucitados sobre la base de lo que hicieron antes
de morir? No. La Biblia enseña que “el que ha muerto ha sido absuelto de
su pecado” (Romanos 6:7). Así pues, al igual que los que sobrevivan al fin
de este sistema, quienes resuciten en la Tierra serán juzgados “según sus
hechos”, las obras que realicen durante el Día del Juicio (Revelación
20:12, 13). Dependiendo del veredicto final, su resurrección habrá sido para
vida eterna o para destrucción. En el caso de muchos de los resucitados, el
Día del Juicio será su oportunidad para aprender por primera vez acerca de
Jehová y sus requisitos para la vida. Si los cumplen, recibirán vida eterna
en la Tierra.
w05 15/1 pág. 11 párrs. 4-5 Cristo: el centro de las profecías
4 En primer lugar, Jesús alude al testimonio del precursor de su obra,
Juan el Bautista, al decir: “Ustedes han despachado hombres a Juan, y él
ha dado testimonio de la verdad. Aquel hombre era una lámpara que ardía y
resplandecía, y ustedes por un poco de tiempo estuvieron dispuestos a
regocijarse mucho en su luz” (Juan 5:33, 35).
5 Juan el Bautista fue “una lámpara que ardía y resplandecía” en el
sentido de que, antes de que Herodes lo encarcelara injustamente, había
cumplido la comisión divina de preparar el camino para el Mesías. Juan
mismo había dicho: “La razón por la cual yo vine bautizando en agua fue
para que [el Mesías] fuera puesto de manifiesto a Israel. [...] Vi el espíritu
bajar como paloma del cielo, y permaneció sobre él. Ni siquiera yo lo
conocía, pero El Mismo que me envió a bautizar en agua me dijo: ‘Sobre
quienquiera que veas el espíritu descender y permanecer, este es el que
bautiza en espíritu santo’. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este
es el Hijo de Dios” (Juan 1:26-37). Juan dijo expresamente que Jesús era el
Hijo de Dios, el Mesías prometido. El testimonio de Juan fue tan claro que
unos ocho meses después de su muerte, muchos judíos sinceros
reconocieron: “Cuantas cosas dijo Juan acerca de este hombre, todas eran
verdaderas” (Juan 10:41, 42).
w05 15/1 págs. 11-12 párrs. 7-8 Cristo: el centro de las profecías
7 Por último, Jesús presenta un argumento irrefutable: “Las
Escrituras [...] son las mismas que dan testimonio acerca de mí”. Y agrega:
“Si creyeran a Moisés, me creerían a mí, porque aquel escribió de mí”
(Juan 5:39, 46). Por supuesto, Moisés fue tan solo uno de los muchos
testigos precristianos que escribieron acerca de Cristo. En los escritos de
estos hombres hay centenares de profecías y genealogías detalladas que
señalaron al Mesías (Lucas 3:23-38; 24:44-46; Hechos 10:43). ¿Y qué
podemos decir de la Ley mosaica? El apóstol Pablo escribió: “La Ley ha
llegado a ser nuestro tutor que nos conduce a Cristo” (Gálatas 3:24).
En efecto, “el dar testimonio de Jesús es lo que inspira el profetizar”, o sea,
es toda su intención y propósito (Revelación 19:10).
8 ¿No le habrían convencido a usted todas estas pruebas de que
Jesús era el Mesías: el testimonio categórico de Juan, las obras poderosas
y cualidades de Jesús, así como el testimonio aplastante de las Escrituras?
Todo el que amara de verdad a Dios y su Palabra se habría dado cuenta
enseguida de que Jesús era el Mesías prometido y habría puesto fe en él.
En Israel, sin embargo, faltaba esta clase de amor. Jesús dijo a sus
opositores: “Bien sé que no tienen el amor de Dios en ustedes” (Juan 5:42).
En vez de buscar “la gloria que proviene del único Dios”, aceptaban “gloria
unos de otros”. No es de extrañar que estuvieran enfrentados con Jesús,
quien, al igual que su Padre, aborrece dicha mentalidad (Juan 5:43, 44;
Hechos 12:21-23).
Capítulo 6
w10 15/10 pág. 4 “¿Quién ha llegado a conocer la mente de Jehová[?]”
Cómo tener “la mente de Cristo”
7 Jesús imitó a su Padre a la perfección en todo lo que dijo e hizo
(Juan 14:9). Por lo tanto, si examinamos las actividades de Jesús,
entenderemos mejor la mentalidad de Jehová (Rom. 15:5; Fili. 2:5). Veamos
dos pasajes de los Evangelios que así lo demuestran.
8 Imaginemos la siguiente escena. Estaba a punto de celebrarse la
Pascua del año 32. Los apóstoles acababan de realizar una extraordinaria
4
gira de predicación por toda Galilea. Como volvieron agotados,
Jesús se los llevó a un lugar apartado en la costa noreste del mar
de Galilea. Sin embargo, la gente se enteró, y miles fueron para
allá. Jesús les enseñó muchas cosas y curó a los enfermos, pero
entonces surgió un problema: la gente necesitaba comida y
no había dónde conseguirla en aquella remota región. Al darse
cuenta de ello, Jesús le preguntó a Felipe, que era de la zona:
“¿Dónde compraremos panes para que estos coman?” (Juan 6:1-
5).
9 ¿Por qué hizo Jesús esa pregunta? ¿Será porque no sabía
cómo resolver el problema? Claro que no. Entonces, ¿cuál era su
intención? El apóstol Juan, quien también estaba allí, nos da la
respuesta: “Decía esto para probarlo [a Felipe], porque él mismo
sabía lo que iba a hacer” (Juan 6:6). Así es, Jesús quería saber
hasta qué grado habían progresado espiritualmente sus discípulos.
Al hacer esta pregunta, los puso a pensar en el problema y les dio la
oportunidad de expresar su fe en el poder que tenía. Pero en vez de
aprovecharla, demostraron lo limitada que era su compresión de los
asuntos (léase Juan 6:7-9). Enseguida, Jesús pasó a mostrarles
que era capaz de hacer cosas que ni siquiera imaginaban. ¿Qué
hizo? Alimentó milagrosamente a aquella hambrienta multitud (Juan
6:10-13).
w10 1/7 pág. 22 ¿Por qué no se metió Jesús en política?
¿Por qué no se metió Jesús en política?
CIERTO día del año 32 de nuestra era, miles de personas se
hallaban reunidas al atardecer escuchando a Jesús, el Mesías
prometido, a quien conocían por ser capaz de curar enfermos y
resucitar muertos. De hecho, pocas horas antes, sus milagros y sus
enseñanzas sobre Jehová Dios habían dejado atónitos a todos.
Entonces, después de dividirlos en grupos y hacer una oración,
Jesús les proporcionó alimento milagrosamente. Luego mandó
recoger las sobras, a fin de que no se desperdiciara comida. ¿Cómo
reaccionó la gente? (Juan 6:1-13.)
Al ver su poder para hacer milagros, su capacidad de liderazgo
y su interés en el bienestar de las personas, llegaron a la conclusión
de que Jesús sería un rey ideal (Juan 6:14). Y no es de extrañar.
Después de todo, su amada nación estaba en manos de un tiránico
imperio extranjero, y soñaban con encontrar un buen líder que los
liberara. Así pues, empezaron a presionar a Jesús para que
participara en la política de su tiempo. ¿Qué hizo él?
El relato bíblico explica: “Sabiendo que estaban a punto de
venir y prenderlo para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él
solo” (Juan 6:15). Sus actos hablaron por él: era obvio que no tenía
ninguna intención de intervenir en la política del país. Y su posición
jamás fue negociable. Además, dejó claro que sus discípulos tenían
que adoptar la misma actitud (Juan 17:16). Pero ¿a qué se debía su
postura?
w87 15/11 pág. 6 ¿Puede la religión darnos lo que
necesitamos?
Cuando una muchedumbre, después de haber satisfecho su
hambre, siguió a Jesús hasta Capernaum, él hizo este comentario
significativo: “Ustedes me buscan, no porque vieron señales, sino
porque comieron de los panes y quedaron satisfechos. Trabajen, no
por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece
para vida eterna, que el Hijo del hombre les dará”. (Juan 6:26, 27.)
¿Qué quiso decir Jesús?
Jesús quiso decir que existía el peligro de que la gente se
asociara con él y sus discípulos solo por ventaja material. Pero él
sabía que esto no traería beneficios duraderos. Por eso dijo:
“Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual,
puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos. Felices son los
que tienen hambre y sed de justicia, puesto que ellos serán
saciados”. (Mateo 5:3, 6.)
Además de un hambre de alimento material, hay hambre de la
verdad y de satisfacción espiritual. La felicidad verdadera es el
resultado de satisfacer esta hambre espiritual. La cristiandad ha producido
una sociedad de inclinación mental materialista. Las religiones orientales
han dejado a la gente en oscuridad espiritual. Pero la adoración verdadera
—la religión de Jesucristo— ha satisfecho las necesidades espirituales de la
gente. Puede hacer lo mismo para usted. Lo que se ha provisto puede ser
suyo si desea beneficiarse de ello.
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
6:27. Trabajar “por el alimento que permanece para vida eterna”
significa hacer el esfuerzo por cubrir nuestra necesidad espiritual. Si lo
hacemos, seremos felices (Mat. 5:3).
w86 1/7 pág. 20 párr. 11 Vivamos para la voluntad de Dios... ahora y
para siempre
11 La conducta abnegada de Jesús mostró claramente cuál era su
propósito u objeto. Él no llevaba una vida superficial, buscando tan solo
placer y diversión. Sabía que no había dejado su vida anterior en los cielos
para desperdiciar unos años en la Tierra en proyectos egoístas. (Nótese el
contraste entre Génesis 6:1, 2, 4 y Judas 6.) Por eso declaró: “He bajado
del cielo para hacer, no la voluntad mía, sino la voluntad del que me ha
enviado”. (Juan 6:38.) Jesús no estaba dividido en su devoción a la causa
de su Padre y siempre puso esta por encima de la voluntad propia aun
hasta el momento de su muerte ignominiosa. (Lucas 22:42.)
w12 15/4 pág. 28 Jehová nos resguarda para la salvación
DIOS NOS ATRAJO AL LADO DE SU HIJO
5 Jesús dijo: “Nadie puede venir a mí a menos que el Padre, que me
envió, lo atraiga” (Juan 6:44). Este comentario implica que para hacernos
discípulos de Cristo hemos necesitado la ayuda de Dios. Pero ¿cómo atrae
Jehová al lado de su Hijo a las personas mansas como ovejas? Mediante la
predicación cristiana y la actuación del espíritu santo. Por ejemplo, cuando
Pablo y otros misioneros visitaron Filipos, se encontraron con una mujer
llamada Lidia y le anunciaron las buenas nuevas. La crónica inspirada
explica: “Jehová le abrió el corazón ampliamente para que prestara
atención a las cosas que Pablo estaba hablando”. Como vemos, Dios le
concedió su espíritu a fin de que captara el sentido del mensaje, con el
resultado de que se bautizaron tanto ella como los miembros de su casa
(Hech. 16:13-15).
6 ¿Es el caso de Lidia un episodio aislado? De ningún modo. Si somos
cristianos que hemos dedicado la vida a Jehová, él nos ha atraído como a
ella a la adoración verdadera. Y tal como nuestro Padre celestial vio
valiosas cualidades en el corazón de Lidia, también las ha visto en el
nuestro. Cuando comenzamos a prestar atención a las buenas nuevas,
Jehová nos ayudó a captarlas brindándonos su santo espíritu (1 Cor.
2:11, 12). Al esforzarnos por ir aplicando lo que aprendíamos y por hacer su
voluntad, vimos su bendición. Y cuando le dedicamos nuestra vida, sintió
una gran alegría. En realidad, desde que emprendimos el camino de la vida
él ha estado con cada uno de nosotros, apoyándonos en todos los
momentos.
w08 15/4 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
6:44. Jehová se interesa por cada uno de nosotros y lo demuestra al
atraernos a su Hijo. ¿Cómo nos atrae? Con la predicación, que oímos a
nivel personal, y con su espíritu santo, que permite que comprendamos y
apliquemos en nuestra vida las verdades espirituales.
w95 1/8 pág. 9 Jehová, el Dios que enseña
“Todos ellos serán enseñados por Jehová.” (JUAN
6:45.)
JESUCRISTO se halla en una sinagoga de Capernaum, en las
cercanías del mar de Galilea, donde poco antes ha ejecutado varios
milagros. (Juan 6:1-21, 59.) Cuando dice: “He bajado del cielo”, muchos
reaccionan con incredulidad y murmuran: “¿No es este Jesús, hijo de José,
cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo es que ahora dice: ‘Yo
5
he bajado del cielo’?”. (Juan 6:38, 42.) Ante esto, Jesús los
reprende y proclama: “Nadie puede venir a mí a menos que el
Padre, que me envió, lo atraiga; y yo lo resucitaré en el último día”.
(Juan 6:44.)
2 ¡Qué promesa tan extraordinaria!: resucitar en el último día,
cuando el Reino de Dios gobierne. Tenemos buena razón para
confiar en esta promesa, pues la respalda el Padre, Jehová Dios.
(Job 14:13-15; Isaías 26:19.) No hay duda de que a “ningún maestro
se le puede comparar” con Jehová, quien promete que los muertos
se levantarán. (Job 36:22, Biblia de América.) Luego, Jesús dirige la
atención a la enseñanza del Padre y dice: “Está escrito en los
Profetas: ‘Y todos ellos serán enseñados por Jehová’”. (Juan 6:45.)
3 Sin duda, sería todo un privilegio figurar entre aquellos a
quienes se refirió Isaías cuando escribió: “Todos tus hijos serán
personas enseñadas por Jehová”. (Isaías 54:13.) ¿Podemos
contarnos en ese grupo?
w87 15/3 págs. 13-14 Paz divina para las personas a quienes
Jehová enseña
Una paz singular
14 Ciertamente es singular la paz con la cual Jehová favorece a
su pueblo. No es como lo que sucede cuando dos entidades o
personas que no confían la una en la otra entran en un convenio de
poca firmeza. Esta paz no envuelve transigir. Se basa en la justicia.
(Isaías 32:17.) Pero ¿cómo puede ser cierto esto respecto a una
paz que implica a humanos imperfectos? Como pecadores, ¿qué
justicia tiene ninguno de nosotros? Pues bien, por fe podemos
disfrutar de una justicia que se hace posible mediante el valor
expiatorio del sacrificio de Jesús.
15 Esto nos ayuda a comprender lo que Jesús dijo y que se
escribió en Juan 6:45-47. Allí él hablaba a judíos que no habían
sido atraídos a él como el Mesías, y que, por eso, murmuraban
contra él. Pero con referencia a Sus discípulos él dijo: “Está escrito
en los Profetas [específicamente en Isaías 54:13]: ‘Y todos ellos
serán enseñados por Jehová’. Todo el que ha oído de parte del
Padre, y ha aprendido, viene a mí. No que hombre alguno haya
visto al Padre, salvo aquel que es de Dios; este ha visto al Padre.
Muy verdaderamente les digo: El que cree tiene vida eterna”.
Aquellos discípulos aceptaban la instrucción que Jehová les daba.
Se sintieron atraídos a Jesús. Cuando otros rechazaron lo que él
enseñaba y abandonaron a Jesús, sus apóstoles permanecieron
con él. Como dijo Pedro: “Nosotros hemos creído y llegado a
conocer que tú eres el Santo de Dios”. (Juan 6:69.) Por su fe en
Jesucristo, les sería posible entrar en una relación de paz con
Jehová Dios, una relación que conlleva la garantía de vida eterna.
w89 15/1 pág. 31 Preguntas de los lectores
En cierta ocasión Jesús se llamó a sí mismo “el pan de la
vida”. Entonces añadió: “Este es el pan que baja del cielo, para que
cualquiera pueda comer de él y no morir. Yo soy el pan vivo que
bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre”.
(Juan 6:48-51.)
El considerar sólo esas palabras pudiera llevar a uno a la
conclusión de que Jesús estaba diciendo a los que le oían que
podrían evitar la experiencia de morir. Sin embargo, el contexto no
apoya esa conclusión. Jesús acababa de decir: “Esta es la voluntad
del que me ha enviado, que no pierda nada de todo lo que me ha
dado, sino que lo resucite en el último día. [...] Todo el que
contempla al Hijo y ejerce fe en él [tendrá] vida eterna, y yo lo
resucitaré en el último día. [...] Nadie puede venir a mí a menos que
el Padre, que me envió, lo atraiga; y yo lo resucitaré en el último
día”. (Juan 6:39-44.) Y más tarde añadió: “El que se alimenta de mi
carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día”. (Juan 6:54.) Por lo tanto, no habría razón sólida para
entender que la promesa de Jesús de ‘vivir para siempre’ significaba
que los que le escuchaban nunca experimentarían la muerte.
w03 15/9 págs. 30-31 Preguntas de los lectores
Como un año después, Jesús indicó a sus oyentes: “Muy
verdaderamente les digo: A menos que coman la carne del Hijo del hombre
y beban su sangre, no tienen vida en ustedes [mismos]. El que se alimenta
de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el
último día” (Juan 6:53, 54). Jesús equiparó de este modo las expresiones
“vida en ustedes [mismos]” con “vida eterna”. En otros lugares de las
Escrituras Griegas encontramos expresiones con la misma construcción
gramatical que “vida en ustedes [mismos]”. Dos ejemplos de ello son
“Tengan sal en ustedes” (Marcos 9:50; “en ustedes mismos”, Nueva Biblia
Española) y “recibiendo en sí mismos la recompensa completa” (Romanos
1:27). En estos casos, no se alude al poder de dar sal o una recompensa a
los demás, sino, más bien, a una plenitud interior. Por consiguiente, la
expresión “vida en ustedes [mismos]” utilizada en Juan 6:53 se refiere
sencillamente a la plenitud de vida que alcanzarían los discípulos.
¿En qué momento recibe el cristiano “vida en sí mismo”, o alcanza la
plenitud de la vida? (Juan 6:53.) [13 de mayo, w03 15/9 pág. 31 párr. 3.]
w03 15/9 pág. 31 Preguntas de los lectores
¿Cuándo reciben los seguidores de Cristo vida en sí mismos? Es
decir, ¿cuándo alcanzan la plenitud de vida? En el caso de los herederos
ungidos del Reino, al resucitar para vivir en los cielos como espíritus
inmortales (1 Corintios 15:52, 53; 1 Juan 3:2). Las “otras ovejas” de Jesús
obtienen la plenitud de vida después del fin del Reinado de Mil Años. Para
entonces ya habrán sido sometidas a prueba, habrán demostrado su
fidelidad y se les habrá declarado justas para vida eterna en el Paraíso
terrestre (Juan 10:16; Revelación [Apocalipsis] 20:5, 7-10).
w86 15/2 págs. 19-20 párrs. 15-16 El “pan de la vida” al alcance de
todos
15 Jesús continuó: “El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre
permanece en unión conmigo, y yo en unión con él”. (Juan 6:56.) Esto,
pues, es cierto en el caso de “cualquiera” que de este modo ejerza fe en el
sacrificio de Jesús con la perspectiva de tener ‘vida en sí mismo’. Todos los
que manifiesten tal fe pueden llegar a estar “en unión con” Jesús. Por
supuesto, la “gran muchedumbre” de otras ovejas que tienen esperanza
terrestre no están “en unión con Cristo” en el sentido de ser coherederos
con él, miembros de su novia que reciben una resurrección celestial como
la de él. (Romanos 8:1, 10; 1 Corintios 1:2; 2 Corintios 5:17; 11:2; Gálatas
3:28, 29; Efesios 1:1, 4, 11; Filipenses 3:8-11.) Aun así, todos los que tienen
esperanza terrestre pueden y deben estar en completa armonía con el
Padre y el Hijo, conociendo y haciendo la “perfecta voluntad de Dios”, al
igual que el “rebaño pequeño”. (Romanos 12:2; compárese con Juan
17:21.)
16 En consecuencia, el valor sacrificatorio de la carne y de la sangre de
Cristo está disponible a todos los que hoy ejercen fe, y cualquiera que se
aproveche de él puede estar “en unión con” Jesús. Todos tienen que llegar
a ser parte de la familia universal de Jehová Dios. En estos críticos “últimos
días” disfrutan de una unidad mundial de creencia, propósito y trabajo.
w08 15/4 págs. 30-31 Puntos sobresalientes del libro de Juan
6:64. Cuando Jesús escogió a Judas Iscariote, ¿ya sabía que lo
iba a traicionar? Al parecer, no. Sin embargo, más tarde, en el año 32,
Jesús les dijo a los apóstoles: “Uno de ustedes es calumniador”. Así, es
posible que en ese momento Jesús haya notado en Judas Iscariote un
“principio” o comienzo de un mal proceder (Juan 6:66-71).
w94 15/8 pág. 17 párr. 5 Demos testimonio a “todas las naciones”
5 Jesús dijo respecto a los que aceptan el mensaje del Reino: “Está
escrito en los Profetas: ‘Y todos ellos serán enseñados por Jehová’. Todo el
que ha oído de parte del Padre, y ha aprendido, viene a mí. [...] Nadie
puede venir a mí a menos que se lo conceda el Padre”. (Juan 6:45, 65.)
Jehová puede leer el corazón y la mente, y sabe quiénes probablemente
responderán a su amor aunque no lo conozcan. También utiliza a sus
ángeles para dirigir este ministerio singular. Por eso Juan contempló en
visión la participación de los ángeles, y escribió: “Vi a otro ángel que volaba
6
en medio del cielo, y tenía buenas nuevas eternas que declarar
como noticias gozosas a los que moran en la tierra, y a toda nación
y tribu y lengua y pueblo”. (Revelación 14:6.)
w05 1/9 págs. 21-22 párrs. 13-16 Nosotros andaremos en el
nombre de Jehová, nuestro Dios
Algunos reaccionaron criticándolo, sobre todo cuando dijo a
modo de ilustración: “Muy verdaderamente les digo: A menos que
coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen
vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre
tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Juan 6:53, 54).
14 Las ilustraciones de Jesús lograban que las personas
demostraran si de verdad querían andar con Dios, y desde luego,
esta no fue la excepción, pues provocó fuertes reacciones. Leemos:
“Muchos de sus discípulos, al oír esto, dijeron: ‘Este discurso es
ofensivo; ¿quién puede escucharlo?’”. Para indicarles que debían
buscar el significado espiritual de sus palabras, Jesús dijo: “El
espíritu es lo que es dador de vida; la carne no sirve para nada. Los
dichos que yo les he hablado son espíritu y son vida”. Aun así, la
mayoría no escuchó, pues el pasaje añade: “Debido a esto, muchos
de sus discípulos se fueron a las cosas de atrás, y ya no andaban
con él” (Juan 6:60, 63, 66).
15 Pero no todos los discípulos de Jesús reaccionaron de ese
modo. Es cierto que los que fueron leales no entendieron
completamente lo que había dicho, pero siguieron confiando en él.
Uno de ellos fue Pedro, quien expresó el sentir de los demás al
decir: “Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna”
(Juan 6:68). ¡Qué excelente actitud y qué magnífico ejemplo!
16 Hoy podemos ser probados como aquellos discípulos del
pasado. En nuestro caso pudiéramos desilusionarnos al ver que las
promesas de Jehová no se cumplen con la prontitud que
quisiéramos. O quizás pensemos que las explicaciones bíblicas que
aparecen en nuestras publicaciones son difíciles de entender. O tal
vez nos decepcione la conducta de cierto hermano en la fe.
¿Estaría bien que dejáramos de andar con Dios por estas razones u
otras parecidas? ¡Por supuesto que no! Los discípulos que
abandonaron a Jesús manifestaron una forma de pensar carnal.
No hagamos nosotros lo mismo.
it-2 págs. 155-156 Judas
Poco después de que Judas regresó y cuando aún no había
transcurrido un año desde que se le hizo apóstol, Cristo lo denunció
públicamente, aunque no dijo su nombre. Algunos discípulos
dejaron a Jesús, escandalizados por sus enseñanzas, pero Pedro
dijo que los doce se adherirían a él. En respuesta, Jesús reconoció
que él había escogido a los doce, pero dijo: “Uno de ustedes es
calumniador [gr. di·á·bo·los, que significa “diablo” o “calumniador”]”.
El relato explica que Judas ya era un calumniador y que “iba a
traicionarlo, aunque era uno de los doce”. (Jn 6:66-71.)
Juan dice en relación con este incidente: “Jesús supo desde el
principio [...] quién era el que lo traicionaría”. (Jn 6:64.) Gracias a
las profecías de las Escrituras Hebreas, Cristo sabía que lo
traicionaría un asociado íntimo. (Sl 41:9; 109:8; Jn 13:18, 19.)
Debido a su presciencia, Dios había visto que tal persona se
volvería traidora; pero no concuerda con las cualidades de Dios y
con sus tratos en el pasado pensar que Judas tenía que fallar, como
si estuviese predestinado. (Véase PRESCIENCIA,
PREDETERMINACIÓN.) Antes bien, como ya se ha mencionado, al
principio de su apostolado Judas era fiel a Dios y a Jesús. Por
consiguiente, cuando Juan dijo que Jesús lo reconoció “desde el
principio”, se refería al tiempo en el que Judas comenzó a
comportarse mal y a ceder a la imperfección y a las inclinaciones
pecaminosas. (Jn 2:24, 25; Rev 1:1; 2:23.) Judas debió saber que él
era el “calumniador” al que Jesús había hecho alusión, pero
continuó viajando con Jesús y con los apóstoles fieles sin hacer
ningún cambio.
Capítulo 7
w00 15/9 págs. 10-11 párr. 2 “Todavía no había llegado su hora”
2 Los Evangelios presentan a Jesús como un hombre de acción que
viajó a lo largo y ancho de la tierra de Palestina declarando las buenas
nuevas del Reino de Dios y ejecutando muchas obras poderosas. Durante
la primera parte del dinámico ministerio de Jesús, se dice de él: “Todavía
no había llegado su hora”. Jesús mismo declaró: “Mi debido tiempo todavía
no ha llegado cabalmente”. Ahora bien, al acercarse el fin de su ministerio,
dijo: “Ha llegado la hora” (Juan 7:8, 30; 12:23). La conciencia que Jesús
tenía de la hora, es decir, del tiempo de su obra asignada, incluida su
muerte propiciatoria, debió afectar lo que dijo e hizo. Si entendemos este
hecho, comprenderemos mejor su personalidad y su modo de pensar, y
podremos seguir “sus pasos” con más cuidado y atención (1 Pedro 2:21).
w96 1/2 págs. 9-11 párrs. 4-8 Utilice la educación para alabar a Jehová
4 El versículo 15 del capítulo 7 de Juan dice: “Por eso los judíos se
admiraban, y decían: ‘¿Cómo tiene este hombre conocimiento de letras,
cuando no ha estudiado en las escuelas?’”. ¿Entiende la razón del asombro
de aquellos hombres? Jesús no había asistido a ninguna escuela rabínica,
de modo que para ellos era una persona inculta, sin educación.
No obstante, Jesús sabía localizar y leer con facilidad pasajes de los Santos
Escritos. (Lucas 4:16-21.) Imagínese: ¡un carpintero galileo que incluso les
enseñaba la Ley de Moisés! (Juan 7:19-23.) ¿Cómo era posible?
5 Según los versículos 16 y 17, Jesús explicó: “Lo que yo enseño
no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado. Si alguien desea
hacer la voluntad de Él, conocerá respecto a la enseñanza si es de Dios o si
hablo por mí mismo”. Querían saber quién había educado a Jesús, y él les
dijo con toda claridad que su educación procedía de Dios. (Juan 12:49;
14:10.)
6 ¿Cómo utilizó Jesús su educación? En Juan 7:18 hallamos su propia
respuesta: “El que habla por sí mismo busca su propia gloria; pero el que
busca la gloria del que lo envió, este es veraz, y no hay injusticia en él”.
¡Qué apropiado fue que Jesús se valiera de su educación para glorificar a
Jehová, “Aquel que es perfecto en conocimiento”! (Job 37:16.)
7 Aprendemos de este modo una valiosa lección de Jesús: la
educación no debe utilizarse para la gloria personal, sino para la alabanza
de Jehová. No hay mejor finalidad. Pero ¿cómo podemos valernos de la
educación para alabar a Jehová?
8 Educar significa “dirigir el proceso de aprendizaje y desarrollo de las
facultades intelectuales, físicas [...] [y] morales [...] de una persona”.
Examinemos a continuación cuatro objetivos fundamentales de la
educación equilibrada y cómo puede contribuir cada uno de ellos a la
alabanza de Jehová. Una educación equilibrada debe capacitarnos para
1) leer bien, 2) escribir con claridad, 3) crecer intelectual y moralmente y
4) adquirir la preparación práctica que exige la vida cotidiana.
w06 1/5 págs. 24-25 párrs. 13-14 Jehová capacita a los pastores de su
rebaño
Pensemos en Jesús, el pastor espiritual de mayor conocimiento,
discernimiento y sabiduría en la historia de la humanidad. Sin embargo, él
no se apoyó en sus propias ideas cuando instruyó a las ovejas de Jehová,
pues dijo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha
enviado”. ¿Por qué atribuyó el mérito a su Padre celestial? Él mismo
responde: “El que habla por sí mismo busca su propia gloria” (Juan
7:16, 18).
14 Los pastores leales no buscan su gloria. No basan sus consejos y
expresiones de ánimo en sus propias ideas, sino en la Palabra de Dios.
Reconocen que el deber de un pastor es contribuir a que las ovejas
alcancen “la mente de Cristo”, y no la de los superintendentes (1 Corintios
2:14-16). Pensemos en un anciano que estuviese ayudando a una pareja a
resolver ciertos problemas matrimoniales. ¿Qué pasaría si apoyara sus
consejos en su experiencia personal más bien que en los principios bíblicos
y la información publicada por “el esclavo fiel y discreto”? (Mateo 24:45.)
Pudiera ocurrir que sus consejos estuvieran demasiado influidos por las
costumbres locales y condicionados por su limitado conocimiento.
7
Naturalmente, hay costumbres que no son malas en sí mismas, y el
anciano tal vez tenga mucha experiencia en la vida. Pero las ovejas
obtienen mayores beneficios cuando los pastores las animan a
escuchar la voz de Jesús y los dichos de Jehová, en vez de dejarse
llevar por ideas humanas o costumbres populares (Salmo 12:6;
Proverbios 3:5, 6).
w89 1/11 pág. 29 ¿Se fija usted tan solo en las apariencias?
¿‘Juzga usted con juicio justo’?
En cierta ocasión Jesús se encaró a un grupo de
quejumbrosos que se consideraban justos a sus propios ojos y que
se enojaron con él porque había curado a alguien en sábado. Jesús
les dijo: “Dejen de juzgar por la apariencia exterior, pero juzguen
con juicio justo”. ¿Por qué no les alegró el que Jesús fuera un
obrador de milagros que hubiera hecho que “un hombre quedara
completamente bien de salud”, sino que se ‘encolerizaron
violentamente’ contra él y lo consideraron quebrantador de la ley
sabática? Por juzgar por las apariencias, revelaron sus malos
motivos. Mostraron que su juicio era el de gente pagada de su
propia rectitud, e injusto. (Juan 7:23, 24.)
¿Cómo pudiera ser que nosotros cometiéramos el mismo
error? Al no regocijarnos cuando un arrepentido vuelve a la
congregación o una persona muy mundana aprende la verdad y
empieza a beneficiarse de la curación espiritual. Puede que a veces
juzguemos a otras personas por su raro vestir o arreglo personal y
pensemos que nunca llegarán a ser Testigos. Sin embargo, muchos
que antes eran “hippies”, o tenían estilos de vida raros, con el
tiempo han llegado a ser testigos cristianos de Jehová. Mientras
estén haciendo cambios en su vida, no permitamos que el “juzgar
por la apariencia exterior” nos impida ver la buena condición de
corazón de esas personas.
w08 15/2 pág. 12 párr. 2 Jesucristo, el más grande de los
misioneros
2 Es cierto que los términos misionero y misioneros
no aparecen en el texto principal de la Traducción del Nuevo Mundo
de las Santas Escrituras. Sin embargo, en la nota de Efesios 4:11
de la Biblia con referencias se indica que la expresión griega para
“evangelizadores” también puede traducirse “misioneros”. Ahora
bien, aunque Jehová es el más grande de los evangelizadores,
no se puede decir que sea el más grande de los misioneros, pues,
estrictamente hablando, un misionero es alguien a quien se envía a
realizar una misión, y ese no es el caso de Jehová. Por otro lado,
Jesucristo dijo de sí mismo: “Soy representante de [...] él, y [él] me
ha enviado” (Juan 7:29). Así es, Jehová envió a su Hijo unigénito a
la Tierra, y lo hizo motivado por el gran amor que le tiene a la
humanidad (Juan 3:16). Otra de las razones por las que lo envió a la
Tierra fue para que diera “testimonio acerca de la verdad” (Juan
18:37). Por consiguiente, podemos decir que Jesús es el más
grande y el mejor de los misioneros. Su éxito al proclamar las
buenas nuevas del Reino fue tan rotundo que hasta la fecha
seguimos beneficiándonos de su labor misional. ¿Cómo nos
beneficiamos? Por ejemplo, todos nosotros, seamos o
no misioneros, podemos imitar en nuestro ministerio los métodos de
enseñanza que él empleaba.
w90 15/3 págs. 24-25 Joyas del Evangelio de Juan
El interés de Jesús en la gente lo movió a decir: “Si alguien
tiene sed, venga a mí y beba” (7:37). Parece que con esto aludió a
una costumbre que se había añadido a la fiesta de las Cabañas,
que duraba ocho días. Por siete días, cada mañana un sacerdote
sacaba agua del estanque de Siloam y la derramaba en el altar del
templo. Entre otras cosas, se decía que eso representaba el
derramamiento del espíritu. A partir del Pentecostés de 33 E.C. el
espíritu de Dios impelió a los seguidores de Jesús a llevar aguas
dadoras de vida a la gente por toda la Tierra. Únicamente de
Jehová, “la fuente de agua viva”, y mediante Cristo, puede alguien
recibir vida eterna. (Jeremías 2:13; Isaías 12:3; Juan 17:3.)
w86 15/5 pág. 31 Preguntas de los lectores
Aunque en Juan 4:14 el énfasis recae sobre los beneficios que el
mismo individuo recibe, el discípulo cristiano que tiene en abundancia estas
aguas espirituales desea por naturaleza compartirlas con otras personas
desinteresadamente. Quiere que ellas escuchen el mensaje cristiano y
lleguen a tener dentro de sí una fuente de la que broten beneficios
espirituales similares que las lleven a la vida eterna. Este compartir con
otras personas el mensaje es lo que aparentemente Jesús tenía presente
cuando dijo lo que se registra en Juan 7:37-39: “Si alguien tiene sed, venga
a mí y beba. El que pone fe en mí, así como ha dicho la Escritura: ‘De su
parte más interior fluirán corrientes de agua viva’. Sin embargo, dijo esto
respecto al espíritu que estaban por recibir los que ponían fe en él”.
Impelidos por la fuerza motivadora del espíritu de Dios que recibieron
a partir del Pentecostés de 33 E.C. en adelante, los apóstoles y discípulos
de Jesús hicieron maravillas al llevar agua de vida a otras personas. El
espíritu de Dios también desempeña un papel vital en equipar y motivar a
los discípulos de Jesús del día moderno, tanto el resto ungido como la “gran
muchedumbre” de “otras ovejas”, para que puedan impartir el agua dadora
de vida eterna a la humanidad sedienta a medida que predican por todo el
mundo las buenas nuevas del Reino de Dios. Por lo tanto, la persona
sedienta tiene que ir a quien Dios está usando para distribuir el agua de la
verdad que lleva a vida eterna. (Mateo 24:14; 28:19, 20; Juan 7:37; 10:16;
Revelación 7:9.)
w91 1/8 pág. 15 párrs. 4-5 ‘Vístase las armas de la luz’
4 En cierta ocasión, cuando muchos israelitas se preguntaban si Jesús
acaso sería el Cristo, los fariseos, alarmados, mandaron a unos oficiales
para que lo arrestaran. Los oficiales regresaron con las manos vacías y
dijeron: “Jamás ha hablado otro hombre así”. Sin perturbarse, los fariseos
preguntaron a los oficiales: “Ustedes no se han dejado extraviar también,
¿verdad? Ni uno de los gobernantes o de los fariseos ha puesto fe en él,
¿verdad? Pero esta muchedumbre que no conoce la Ley son unos
malditos”. Nicodemo, miembro del Sanedrín, se quejó de que era ilegal
juzgar a un hombre antes de escucharle. Con rencor, los fariseos se
volvieron contra él y dijeron: “Tú no eres también de Galilea, ¿verdad?
Escudriña, y ve que de Galilea no ha de ser levantado ningún profeta”.
(Juan 7:46-52.)
5 ¿Por qué actuaron así los líderes religiosos de una nación que
estaba dedicada a Dios? Porque habían desarrollado una mala condición
de corazón. (Mateo 12:34.) Su manera desdeñosa de ver a la gente común
delataba su arrogancia. Su alegación de que ‘ninguno de los gobernantes ni
de los fariseos había puesto fe en él’ era suponer, presuntuosamente, que
el Mesías sólo sería genuino si ellos lo aprobaban. Además, los fariseos no
eran honrados, pues trataban de desacreditar a Jesús porque venía de
Galilea, cuando una investigación sencilla les habría revelado que él en
realidad había nacido en Belén, donde, según la profecía, nacería el
Mesías. (Miqueas 5:2; Mateo 2:1.)
w11 1/7 pág. 29 ¿Lo sabía?
¿Cómo veían a la gente común los líderes religiosos judíos en tiempos
de Jesús?
▪ En el siglo primero, las clases altas y los líderes religiosos de Israel
despreciaban a quienes carecían de estudios superiores. De hecho, los
fariseos se expresaron en estos términos: “Esta muchedumbre que
no conoce la Ley son unos malditos” (Juan 7:49).
Fuentes ajenas a la Biblia muestran que las clases privilegiadas
llamaban con desdén a las masas iletradas ʽam haʼárets, que significa
“gente de la tierra”. En un principio, esta era una expresión respetuosa con
que se denominaba a todos los ciudadanos de un territorio, no solo a los
pobres y humildes, sino también a los prominentes (Génesis 23:7, nota;
2 Reyes 23:35; Ezequiel 22:29).
En tiempos de Jesús, sin embargo, la expresión se aplicaba a quienes
se consideraba ignorantes en cuanto a la Ley mosaica o no seguían los
minuciosos preceptos de las tradiciones rabínicas. La Misná (recopilación
de tradiciones orales que se convirtió en el fundamento del Talmud)
8
advierte contra hospedarse en las casas de los ʽam haʼárets.
El Talmud de Babilonia cita las siguientes palabras del rabí Meir,
erudito del siglo segundo, acerca de los palurdos, o incultos:
“Cuando uno casa a su hija con un palurdo [ʽam haʼárets] es como
si la atara y la pusiera ante un león. El león [la] pisotea y devora”.
El Talmud cita esta declaración de otro rabí: “Los palurdos no van a
resucitar”.
w09 1/1 pág. 25 Aprendió de sus errores
Es interesante que Jonás fuera galileo porque, siglos después, los
arrogantes fariseos dijeron lo siguiente: “Escudriña, y ve que de
Galilea no ha de ser levantado ningún profeta” (Juan 7:52). Aun si
estas palabras dichas para desautorizar a Jesús fueran una simple
generalización de que era imposible que hubiera profetas en la
humilde región de Galilea —como las interpretan muchos
traductores e investigadores—, demuestran que los fariseos
desconocían tanto su historia como las profecías (Isaías 9:1, 2).
it-2 pág. 147 Juan, Las buenas nuevas según
El pasaje espurio de Juan 7:53–8:11. Estos doce versículos
obviamente se han añadido al texto original del evangelio de Juan.
No se hallan en el Manuscrito Sinaítico ni en el Manuscrito Vaticano
núm. 1209, aunque sí aparecen en el Códice de Beza del
siglo V E.C. y en manuscritos griegos posteriores. Sin embargo, la
mayoría de las primeras versiones los omiten. Es evidente que
no son parte del evangelio de Juan. Un grupo de manuscritos
griegos coloca este pasaje al final del evangelio de Juan; otro grupo
lo pone después de Lucas 21:38, lo que apoya la conclusión de que
es un texto espurio y no inspirado.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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