miércoles, 22 de mayo de 2013

puntos sobresalientes juan 8 a 11


1
Puntos sobresalientes Juan 8 a 11 Semana del 20 de Mayo 2013.
Capítulo 8
it-2 pág. 147 Juan, Las buenas nuevas según
El pasaje espurio de Juan 7:53–8:11. Estos doce
versículos obviamente se han añadido al texto original del
evangelio de Juan. No se hallan en el Manuscrito Sinaítico ni en
el Manuscrito Vaticano núm. 1209, aunque sí aparecen en el
Códice de Beza del siglo V E.C. y en manuscritos griegos
posteriores. Sin embargo, la mayoría de las primeras versiones
los omiten. Es evidente que no son parte del evangelio de Juan.
Un grupo de manuscritos griegos coloca este pasaje al final del
evangelio de Juan; otro grupo lo pone después de Lucas 21:38,
lo que apoya la conclusión de que es un texto espurio y
no inspirado.
w09 15/7 págs. 5-6 párrs. 12-13 Busquemos los
tesoros “cuidadosamente ocultados” en Cristo
12 “Yo soy la luz del mundo.” (Léanse Juan 8:12
y 9:5.) Mucho antes de que Jesús naciera en la
Tierra, el profeta Isaías predijo: “El pueblo que
andaba en la oscuridad ha visto una gran luz.
En cuanto a los que moran en la tierra de sombra
profunda, la luz misma ha brillado sobre ellos” (Isa.
9:2). Y de acuerdo con el apóstol Mateo, Jesús
cumplió esa profecía cuando comenzó a predicar y a
decir: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se
ha acercado” (Mat. 4:16, 17). Así es, con su
ministerio, Jesús iluminó espiritualmente a la gente y
la liberó de la esclavitud a las mentiras religiosas.
“He venido como luz al mundo —dijo él—, para que
todo el que pone fe en mí no permanezca en la
oscuridad.” (Juan 1:3-5; 12:46.)
13 Muchos años después, el apóstol Pablo les
dijo a sus hermanos en la fe: “En un tiempo ustedes
eran oscuridad, pero ahora son luz en relación con el
Señor. Sigan andando como hijos de la luz” (Efe.
5:8). Como los cristianos hemos sido liberados de la
oscuridad religiosa en la que vivíamos, ahora
tenemos la obligación de andar como hijos de la luz.
Estas palabras del apóstol concuerdan con lo que
Jesús les dijo a sus discípulos en el Sermón del
Monte: “Resplandezca la luz de ustedes delante de
los hombres, para que ellos vean sus obras
excelentes y den gloria al Padre de ustedes que está
en los cielos” (Mat. 5:16). ¿Demuestran nuestra
conducta y nuestra predicación que valoramos los
tesoros espirituales? ¿Se siente motivada la gente a
buscarlos al ver nuestro aprecio?
w93 15/1 págs. 10-11 párrs. 8-10 Portadores de luz, ¿con qué
propósito?
. Jesús mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo”. (Juan 8:12.)
9 ¿Con qué propósito fue Jesús la luz del mundo?
Ciertamente no fue con ningún propósito mundano ni
materialista. No aceptó que ni Satanás, el gobernante del
mundo, ni el pueblo lo hicieran rey, y rehusó tratar de enderezar
el sistema político de aquel tiempo. (Lucas 4:5-8; Juan 6:15;
14:30.) Jesús mostró gran compasión por los afligidos y los alivió
de maneras que otras personas no podían. Pero sabía que la
gente no podía recibir alivio permanente en medio de una
sociedad humana que estaba bajo condenación divina debido al
pecado heredado y que estaba manipulada por fuerzas
espirituales inicuas. Como tenía una visión penetrante respecto
a los asuntos divinos, hizo que toda su vida girara en torno a
hacer la voluntad de Dios. (Hebreos 10:7.)
10 Entonces, ¿de qué maneras y con qué propósito fue
Jesús la luz del mundo? Se dedicó a la predicación de las
buenas nuevas del Reino de Dios. (Lucas 4:43; Juan 18:37.)
También glorificó el nombre de su Padre celestial al dar
testimonio de la verdad acerca del propósito de Jehová. (Juan
17:4, 6.) Además, siendo la luz del mundo, desenmascaró las
falsedades religiosas y así dio libertad espiritual a los que
estaban en esclavitud religiosa. Denunció a Satanás como el
manipulador invisible de los que se dejan usar por él. También
identificó claramente las obras que pertenecen a la oscuridad.
(Mateo 15:3-9; Juan 3:19-21; 8:44.) Probó de manera notable
que era la luz del mundo al entregar su vida humana perfecta
como rescate, y así abrió el camino para que los que ejercen fe
en esta provisión reciban perdón de sus pecados, tengan con
Dios una relación aprobada y contemplen la perspectiva de vivir
para siempre como parte de la familia universal de Jehová.
(Mateo 20:28; Juan 3:16.) Y, finalmente, al mantener devoción
piadosa perfecta durante toda su vida, Jesús sostuvo la
soberanía de Jehová y probó que el Diablo es un mentiroso,
haciendo posible que los que aman la justicia reciban beneficios
eternos.
it-2 pág. 1113 Tesoro
Escrituras Griegas Cristianas. Cuando Jesús estuvo en la
Tierra, una parte del templo de Jerusalén se denominaba “la
tesorería”. (Jn 8:20.) Parece ser que estaba en la zona llamada
el atrio de las mujeres. Según fuentes rabínicas, en el templo
reedificado por Herodes había trece cajas del tesoro en ese
patio colocadas a lo largo del muro. (La Misná, Sheqalim 2:1;
6:1, 5.) Tenían la forma de trompetas, con pequeñas aberturas
en la parte superior, y se depositaban en ellas diversas
contribuciones y ofrendas. (Mr 12:41.) Los sacerdotes se
negaron a depositar en el tesoro sagrado las piezas de plata que
Judas arrojó dentro del templo, “porque —dijeron— son el precio
de sangre”. (Mt 27:6.) Se cree que en este templo también había
una cámara del tesoro principal donde se depositaba el dinero
de las arcas de la tesorería.
it-2 pág. 93 Jesucristo
Esta verdad sería la que ‘libraría a los hombres’ que
demostrasen que estaban “de parte de la verdad” al aceptar el
papel de Jesús en el propósito de Dios. (Jn 8:32-36; 18:37.)
Quien no haga caso del propósito de Dios concerniente a su
Hijo, edifique esperanzas sobre cualquier otro fundamento y
oriente su vida a partir de cualquier otra base, se engañará a sí
mismo, creerá una mentira y seguirá la dirección del padre de la
mentira, el adversario de Dios (Mt 7:24-27; Jn 8:42-47), lo que
significará que ‘morirá en sus pecados’. (Jn 8:23, 24.) Por eso
Jesucristo no se retuvo de declarar su lugar en el propósito de
Dios.
2
¿Cómo podría ilustrarse la manera en que Jesús revela su
Padre a los humanos imperfectos? (Juan 8:28.) [20 de mayo,
w11 1/4, pág. 7 párr. 2.]
w11 1/4 págs. 6-7 Jesús: su vida
▪ Revelar la personalidad de Jehová ¿Quién mejor que
Jesucristo, el Hijo de Dios, para enseñarnos cómo es su Padre,
Jehová? Él fue “el primogénito de toda la creación” y, como tal,
vivió con Dios en el cielo más tiempo que ningún otro ser
espiritual (Colosenses 1:15). Seguro que dispuso de muchas
ocasiones para aprender cuál era la voluntad de su Padre y
comprender su forma de ser, pensar y actuar.
No es de extrañar que afirmara: “Nadie conoce quién es el
Hijo sino el Padre; y nadie conoce quién es el Padre sino el Hijo,
y aquel a quien el Hijo esté dispuesto a revelarlo” (Lucas 10:22).
Por supuesto, Jesús estaba más que dispuesto a enseñar a la
gente cómo era su Padre: le entusiasmaba hacerlo. Y es que
hablaba desde una perspectiva privilegiada, pues todo lo que
enseñaba lo había aprendido en el cielo, en la presencia del
Altísimo (Juan 8:28).
En cierto sentido, lo que Jesús hizo al revelarnos la
personalidad de su Padre podría compararse a la forma en que
funciona un transformador eléctrico. Este aparato toma corriente
de alto voltaje y la transforma en corriente de bajo voltaje para
que podamos emplearla en nuestro hogar. En el caso de Jesús,
tomó lo que había aprendido sobre su Padre en el cielo y lo
transmitió de una forma que los seres humanos pudiéramos
asimilar con facilidad.
¿Qué métodos empleó para darnos a conocer la
personalidad de su Padre?
▪ Con sus enseñanzas, dejó claro quién es Jehová: su nombre,
su propósito y su forma de actuar (JUAN 3:16; 17:6, 26).
▪ Con sus actos, reveló muchas de las bellas cualidades de la
personalidad de Dios. Como si de un espejo se tratara,
Jesús reflejó a la perfección la forma de ser de su Padre.
Es como si hubiera dicho: “Si quieren saber cómo es mi
Padre, fíjense en mí” (JUAN 5:19; 14:9).
Desde luego, la vida de Jesús fue algo realmente
excepcional. Ahora bien, ¿por qué tuvo que morir? Como
veremos, comprender las razones y actuar en consecuencia
puede reportarnos enormes beneficios.
w12 1/3 pág. 4 “Permanecen en mi palabra”
“Permanecen en mi palabra”
“Si permanecen en mi palabra,
verdaderamente son mis discípulos, y
conocerán la verdad, y la verdad los
libertará.” (JUAN 8:31, 32)
¿A qué se refería Jesús? Al decir “mi palabra”, Jesús se
refería a lo que él enseñaba. Sin embargo, explicó que sus
enseñanzas provenían de una fuente superior: “El Padre mismo,
que me ha enviado, me ha dado mandamiento en cuanto a qué
decir y qué hablar” (Juan 12:49). En una oración a su Padre
celestial, Jehová Dios, él reconoció: “Tu palabra es la verdad”.
Por eso, cuando enseñaba, citaba a menudo lo que Dios había
dicho a sus siervos en el pasado (Juan 17:17; Mateo 4:4, 7, 10).
Entonces, ¿cómo permanecen en la palabra de Jesús los
cristianos verdaderos? Aceptando la Palabra de Dios, la Biblia,
como la única fuente de “la verdad” y la máxima autoridad en
cuestión de creencias y normas de conducta.
El ejemplo de los primeros cristianos. El apóstol Pablo —
el cristiano que más cartas bíblicas escribió— sentía el mismo
respeto que Jesús por la Palabra de Dios. Él afirmó: “Toda
Escritura es inspirada de Dios y provechosa” (2 Timoteo 3:16).
Además, a los varones que enseñaban en la congregación se
les dijo que no debían “enseñar otro mensaje que no [fuera] el
verdadero mensaje recibido de Dios” (Tito 1:7, 9, Biblia en
Lenguaje Sencillo [Nuevo Testamento]). También se previno a
los cristianos contra “la filosofía y el vano engaño según la
tradición de los hombres, según las cosas elementales del
mundo y no según Cristo” (Colosenses 2:8).
¿Quiénes hacen lo mismo hoy? En la Constitución
dogmática sobre la divina revelación —aprobada por el Vaticano
en 1965 y citada en el Catecismo de la Iglesia Católica— se
indica que “la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la
certeza de todo lo revelado. Y así ambas [la Sagrada Tradición y
la Sagrada Escritura] se han de recibir y respetar con el mismo
espíritu de devoción”. En la revista Maclean’s, una ministra
religiosa de Toronto (Canadá) decía: “¿Por qué deberíamos
guiarnos por una voz ‘innovadora’ de hace dos mil años?
Nosotros también tenemos magníficas ideas, pero pierden
fuerza al tener que fundarlas siempre en las enseñanzas de
Jesús y las Escrituras”.
La New Catholic Encyclopedia dice de los testigos de
Jehová: “Consideran que la Biblia es la única base de sus
creencias y de sus normas de conducta”. No hace mucho, un
hombre de Canadá interrumpió a una Testigo que se estaba
presentando y le dijo: “Ya sé quiénes son ustedes”. Y señalando
la Biblia de la mujer añadió: “El libro que lleva en la mano es su
seña de identidad”.
w12 15/7 págs. 9-10 Jehová nos hace realmente libres
ESTUDIEMOS ATENTAMENTE LA PALABRA DE DIOS
10 Santiago 1:25 promete: “El que mira con cuidado en la ley
perfecta que pertenece a la libertad, y persiste en ella, [...] será
feliz al hacerla”, o ponerla por obra. El verbo griego que aquí se
traduce “mira con cuidado” significa literalmente “inclinarse para
mirar”, e implica esfuerzo y concentración. En efecto, para que la
ley de la libertad influya en nuestra mente y corazón, tenemos
que poner de nuestra parte estudiando atentamente la Biblia y
reflexionando con oración en lo que leemos (1 Tim. 4:15).
11 Al mismo tiempo, debemos persistir en aplicar la Palabra
de Dios, convirtiendo así la verdad en nuestra forma de vida.
Jesús destacó una idea similar cuando les dijo a sus seguidores:
“Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis
discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los libertará”
(Juan 8:31, 32). Según cierta obra de consulta, el verbo que
aquí se traduce “conocerán” transmite una “idea de aprecio”,
pues “lo que es conocido es de valor e importancia para aquel
que [lo] conoce”. Para conocer la verdad de forma plena
tenemos que apreciarla y vivirla, es decir, convertirla en nuestra
manera de vivir. Solo entonces podemos afirmar que “la palabra
de Dios” está “obrando” en nosotros, moldeando nuestra
personalidad a la imagen de nuestro Padre celestial (1 Tes.
2:13).
12 Hacemos bien en preguntarnos: “¿De veras conozco la
verdad? ¿La he convertido en mi forma de vida? ¿O todavía
anhelo algunas de las supuestas libertades del mundo?”. Una
3
hermana que creció en una familia de Testigos explica lo
siguiente sobre su adolescencia: “Cuando te crías en la verdad,
Jehová siempre está ahí, por decirlo así. Pero, en mi caso,
nunca llegué a conocerlo de verdad. No odiaba lo que él odia,
no creía que le importara lo que yo hiciera y tampoco recurría a
él cuando tenía problemas. Creía saberlo todo, lo cual es ridículo
porque no sabía nada”. Afortunadamente, con los años
comprendió su error e hizo algunos cambios importantes.
De hecho, hasta emprendió el precursorado regular.
km 3/03 pág. 8 Cómo nos libera la verdad
Cómo nos libera la verdad
1 En cierta ocasión, Jesús dijo lo siguiente a los judíos que
habían creído en él: “Conocerán la verdad, y la verdad los
libertará” (Juan 8:32). Hablaba de una libertad que supera las
libertades civiles y que está disponible a todas las personas:
ricas o pobres, instruidas o sin educación. Jesús enseñó la
verdad que nos liberaría de la esclavitud al pecado y la muerte,
pues como él explicó, “todo hacedor de pecado es esclavo del
pecado” (Juan 8:34). Anhelamos ver el tiempo en que toda la
creación humana obediente ‘sea libertada de la esclavitud a la
corrupción y tenga la gloriosa libertad de los hijos de Dios’ (Rom.
8:21).
2 La verdad respecto a Jesús y su papel en el cumplimiento
del propósito divino produce dicha libertad. Incluye el
conocimiento sobre el sacrificio redentor que ofreció por
nosotros (Rom. 3:24). Incluso en la actualidad, aceptar las
verdades bíblicas y someternos obedientemente a ellas nos
permite disfrutar de cierta medida de libertad del temor, de la
desesperación y de toda clase de prácticas dañinas.
3 Libertad del temor y de la desesperación. No hay razón
para desesperarnos debido a las condiciones del mundo, pues
entendemos por qué existe la maldad y sabemos que pronto
será eliminada de la Tierra (Sal. 37:10, 11; 2 Tim. 3:1; Rev.
12:12). Además, la verdad nos libera de las enseñanzas falsas
sobre la condición de los muertos. Sabemos que estos
no pueden hacernos daño, que no están sufriendo tormento
eterno y que Dios no se lleva a las personas para tenerlas con él
en la región celestial (Ecl. 9:5; Hech. 24:15).
4 Esta verdad sostuvo a unos padres cuando su hijo pereció
en un accidente. “En nuestras vidas hay un vacío que solo se
llenará cuando volvamos a ver a nuestro hijo gracias a la
resurrección —dice la madre—. Pero sabemos que la pena que
sentimos ahora es transitoria.”
5 Libertad de las prácticas dañinas. La verdad bíblica
puede transformar nuestro pensar y nuestra personalidad, lo que
resulta en libertad de problemas evitables (Efe. 4:20-24). Ser
honrados e industriosos puede aliviar la pobreza (Pro. 13:4).
Demostrar amor abnegado mejora las relaciones con los demás
(Col. 3:13, 14). Respetar la jefatura cristiana minimiza los
problemas familiares (Efe. 5:33–6:1). Evitar la borrachera, la
inmoralidad sexual, el tabaco y las drogas adictivas ayuda a
conservar la buena salud (Pro. 7:21-23; 23:29, 30; 2 Cor. 7:1).
6 Un joven que llevaba nueve años adicto a las drogas
no podía dejar el vicio. Cierto día se encontró con una
publicadora que daba testimonio en las calles. Aceptó las
publicaciones, y se hicieron planes para que se le visitara en su
hogar. Se inició un estudio de la Biblia. Dos meses más tarde, el
joven dejó de tomar drogas y, tras ocho meses de estudio, se
bautizó. Verlo librarse de su adicción impulsó a su hermano y su
cuñada a empezar un estudio de la Biblia.
7 Ayudemos a otras personas a liberarse. Quienes han
estado cautivos de falsas enseñanzas durante toda la vida
quizás encuentren difícil comprender la libertad que ofrece la
Palabra de Dios. Llegar a su corazón tal vez exija diligencia
especial y buena preparación de parte del maestro (2 Tim.
4:2, 5). Este no es el momento de aflojar el paso en nuestra obra
de “proclamar libertad a los que han sido llevados cautivos” (Isa.
61:1). La libertad cristiana es de gran valor, pues conduce a la
vida eterna (1 Tim. 4:16).
w89 15/7 pág. 17 párrs. 6-7 ‘Hallen refrigerio para el alma’
Los opositores religiosos interrumpieron a Jesús y
afirmaron: “Somos prole de Abrahán y nunca hemos sido
esclavos de nadie. ¿Cómo es que dices tú: ‘Llegarán a ser
libres’?”. Aquellos opositores judíos se enorgullecían de su
patrimonio. Aunque aquella nación había estado frecuentemente
bajo dominio extranjero, los judíos rehusaban llamarse esclavos.
Pero Jesús mostró en qué sentido eran esclavos, al decir: “Muy
verdaderamente les digo: Todo hacedor de pecado es esclavo
del pecado”. Sí, todos sus oyentes eran ‘hacedores del pecado’,
tal como lo somos hoy todos nosotros. Esto se debe a que todos
hemos heredado de nuestros padres originales el pecado. Pero
Jesús prometió: “Si el Hijo los liberta, serán realmente libres”.
(Juan 8:33-36; Romanos 5:12.)
7 Así que la libertad verdadera puede lograrse solamente
mediante el Hijo de Dios, Jesucristo, quien dio su vida humana
perfecta como sacrificio de rescate. Este sacrificio es lo que nos
liberta del pecado mortífero y hace posible que disfrutemos de
vida eterna en perfecta salud y felicidad en el justo nuevo mundo
de Dios. (Juan 3:16; 1 Juan 4:10.) Por lo tanto, la verdad que
nos liberta es la verdad acerca de Jesucristo y su papel en el
cumplimiento de los propósitos de Dios. El Reino, con Cristo
como Rey, es lo que llevará a cabo la voluntad de Dios para la
Tierra, y Jesús continuamente dio testimonio sobre esa verdad.
(Juan 18:37.)
w90 1/10 pág. 12 párr. 9 La justicia no por tradiciones orales
9 Los rabinos habían inventado sus propias reglas para
alcanzar la justicia. Una de ellas era el mérito que se tenía por
ser descendiente de Abrahán: “Los discípulos de Abrahán
nuestro padre disfrutan de este mundo y heredan el mundo que
ha de venir” (Misná). Probablemente para contrarrestar aquella
tradición Juan el Bautizante advirtió a los fariseos que se
acercaron a él: “Produzcan fruto propio del arrepentimiento; y no
se atrevan a decir dentro de sí: ‘Por padre tenemos a Abrahán
[como si con eso bastara]’”. (Mateo 3:7-9; véase también Juan
8:33, 39.)
w11 1/3 pág. 21 Nuestros lectores quieren saber ¿Creó Dios
al Diablo?
▪ Algunas personas piensan que, como Dios “creó todas las
cosas”, también tuvo que crear al Diablo (Efesios 3:9;
Revelación [Apocalipsis] 4:11). Sin embargo, la Biblia explica
con claridad que eso no es cierto.
Jehová no creó al Diablo —el mayor enemigo de Dios—,
sino a un ángel perfecto que se convirtió en el Diablo. Las
Escrituras muestran que Jehová nunca crearía un ser malvado.
Por ejemplo, en Deuteronomio 32:3-5 leemos: “Perfecta es su
4
actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de
fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él”. Por otra
parte, las palabras de Jesús registradas en Juan 8:44 muestran
que el Diablo “no permaneció firme en la verdad”. De todo esto
podemos concluir que, en algún momento, debió de ser bueno y
justo.
Jehová concedió a todas las criaturas inteligentes libertad
para elegir entre lo correcto y lo incorrecto, por lo que aquel
ángel también tenía esa posibilidad. Por eso, cuando decidió
desobedecer a Dios y convenció a la primera pareja humana de
que se le uniera, fue él mismo quien se convirtió en Satanás,
nombre que significa “Opositor” (Génesis 3:1-5).
w11 15/3 pág. 25 párr. 5 Demostremos que estamos listos
5 La Palabra de Dios indica que el Diablo es “homicida” y
que “tiene el medio para causar la muerte” (Juan 8:44; Heb.
2:14). En realidad, este despiadado espíritu no posee la
capacidad absoluta de matar directamente a los seres humanos.
Pero, de manera astuta y engañosa, consigue ese objetivo
sembrando en el corazón y la mente de las personas actitudes
destructivas. Esto explica, por ejemplo, que de cada 142 niños
nacidos en Estados Unidos, uno es asesinado en el transcurso
de su vida. Sin duda, Jehová está hoy tan preocupado por la
violencia sin sentido como lo estaba en tiempos de Noé y
no puede quedarse de brazos cruzados, ¿no le parece?
w00 15/7 pág. 13 párrs. 15-16 La esperanza de la
resurrección es segura
15 Abrahán tenía razones para confiar en la resurrección, pues
Dios hizo que tanto él como su esposa Sara recobraran
milagrosamente sus facultades reproductoras cuando eran ya
muy ancianos para tener hijos. Eso fue como una resurrección
(Génesis 18:9-11; 21:1-3; Hebreos 11:11, 12). Cuando su hijo,
Isaac, contaba unos 25 años de edad, Dios dijo a Abrahán que
lo sacrificara. Sin embargo, cuando este estaba a punto de darle
muerte, el ángel de Jehová detuvo su mano. Abrahán “estimó
que Dios podía levantarlo [a Isaac] hasta de entre los muertos; y
de allí lo recibió también a manera de ilustración” (Hebreos
11:17-19; Génesis 22:1-18).
16 Abrahán esperaba la resurrección bajo el gobierno del
Mesías, la Descendencia prometida. En su existencia
prehumana, el Hijo de Dios observó la fe de Abrahán. Por tanto,
cuando estuvo en la Tierra dijo a los judíos: “Abrahán el padre
de ustedes se regocijó mucho por la expectativa de ver mi día”
(Juan 8:56-58; Proverbios 8:30, 31). Ahora Abrahán está
durmiendo en la muerte, esperando la resurrección para vivir en
la Tierra bajo el Reino Mesiánico de Dios (Hebreos 11:8-10, 13).
Capítulo 9
w01 1/5 págs. 22-23 El espiritismo y la búsqueda de la
verdadera espiritualidad
Analicemos este incidente de la vida de Jesucristo: “Al ir
pasando, [Jesús] vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus
discípulos le preguntaron: ‘Rabí, ¿quién pecó: este hombre, o
sus padres, para que naciera ciego?’”. La respuesta fue muy
esclarecedora: “Ni este hombre pecó, ni sus padres, sino que fue
para que las obras de Dios se pusieran de manifiesto en su
caso. Después de decir estas cosas, escupió en la tierra e hizo
barro con la saliva, y puso su barro sobre los ojos del hombre y
le dijo: ‘Ve a lavarte en el estanque de Siloam’ [...]. Y él se fue,
pues, y se lavó, y volvió viendo” (Juan 9:1-3, 6, 7).
Estas palabras indicaron que ni el hombre ni sus padres
eran culpables de su ceguera congénita. De modo que Jesús
no apoyó la idea de que a aquella persona se la estaba
castigando por los errores de una vida anterior. Cierto, él sabía
que todos los seres humanos han heredado el pecado, pero se
trata del pecado de Adán, no de faltas cometidas antes de nacer.
Debido al pecado adánico, todos los seres humanos nacen
imperfectos, sujetos a la enfermedad y la muerte (Job 14:4;
Salmo 51:5; Romanos 5:12; 9:11). De hecho, a Jesús se le envió
a remediar esta situación. Juan el Bautizante dijo que era “el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Observemos asimismo que Jesús no afirmó que Dios había
hecho a propósito que el hombre naciera ciego para que algún
día llegara Jesús y lo sanara. ¡Qué cruel y cínico hubiese sido
aquello! ¿Habría traído alabanza a Dios? No; la curación
milagrosa del ciego sirvió más bien para ‘poner de manifiesto las
obras de Dios’. Como las muchas otras curaciones que llevó a
cabo Jesús, reflejó el amor sincero de Dios por la humanidad
angustiada y confirmó la veracidad de su promesa de poner fin a
toda enfermedad y sufrimiento humano en su debido momento
(Isaías 33:24).
¿No es consolador descubrir que nuestro Padre celestial
no causa el sufrimiento, sino que da “cosas buenas a los que le
piden”? (Mateo 7:11.) ¡Cuánto se glorificará al Altísimo cuando
se abran los ojos de los ciegos, se destapen los oídos de los
sordos y los cojos caminen, salten y corran! (Isaías 35:5, 6.)
w91 1/8 pág. 9 “La luz ha venido al mundo”
“Luz soy del mundo”
5 La luz dadora de vida que proviene de Jehová se
concentra en la persona de Jesucristo. En la introducción del
Evangelio de Juan leemos: “Por medio de [Jesús] era [la] vida,
y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en la
oscuridad, mas la oscuridad no la ha subyugado”. (Juan 1:4, 5.)
Sí, Jesús está tan estrechamente relacionado con la luz que se
le llama “la luz verdadera que da luz a toda clase de hombre”.
(Juan 1:9.) Jesús mismo dijo: “Mientras estoy en el mundo, luz
soy del mundo”. (Juan 9:5.)
6 Por consiguiente, los que aman la luz aman a Jesús y
tienen fe en él. Es imposible alcanzar un juicio favorable sin
considerar a Jesús. Sí; únicamente si acudimos a él como el
medio de salvación nombrado por Dios podemos alcanzar un
juicio favorable. Jesús dijo: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida
eterna; el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira
de Dios permanece sobre él”. (Juan 3:36.) Sin embargo, ¿qué
significa ejercer fe en Jesús?
7 En primer lugar, Jesús mismo dijo: “El que pone fe en mí,
no pone fe en mí solamente, sino también en el que me ha
enviado; y el que me contempla, contempla también al que me
ha enviado. Yo he venido como luz al mundo, para que todo el
que pone fe en mí no permanezca en la oscuridad”. (Juan 12:44-
46.) Los que aman a Jesús y ejercen fe en él también tienen que
amar profundamente al Dios y Padre de Jesús —Jehová— y
tener fe en él. (Mateo 22:37; Juan 20:17.) Todo el que utiliza el
nombre de Jesús en su adoración pero no rinde la honra mayor
a Jehová no manifiesta amor genuino a la luz. (Salmo 22:27;
Romanos 14:7, 8; Filipenses 2:10, 11.)
5
it-1 pág. 844 Escupir
Por otra parte, el registro bíblico recoge tres ocasiones en
las que Jesucristo utilizó su saliva para hacer curaciones
milagrosas. (Mr 7:31-37; 8:22-26; Jn 9:1-7.) Como los resultados
fueron milagrosos y los milagros de Jesús se ejecutaban por el
poder del espíritu de Dios, en estos casos Cristo no usó su
propia saliva en calidad de agente curativo natural.
it-1 págs. 453-454 Ceguera
Un hombre que era ciego de nacimiento, cuando recobró la
vista, creyó en Jesús. (Jn 9:1, 35-38.) En estos últimos dos
casos, Jesús usó saliva, sola o mezclada con barro. El que haya
una supuesta semejanza con remedios populares no resta valor
al aspecto milagroso de las curaciones. En el caso del ciego de
nacimiento, se le dijo que fuese a lavarse al estanque de Siloam
antes de recibir la vista. (Jn 9:7.) Es evidente que Jesús le dijo
esto para probar su fe, al igual que Naamán había tenido que
bañarse en el río Jordán antes de ser curado de su lepra. (2Re
5:10-14.)
w93 1/4 pág. 14 ¿Quiénes siguen a “la luz del mundo”?
Aman la oscuridad
3 Esa era la situación cuando Jesús estuvo en la Tierra.
Dios había dado a Jesús poder para ejecutar milagros
extraordinarios y de este modo probar que era el Mesías. Por
ejemplo, un sábado devolvió la vista a un hombre que había
nacido ciego. ¡Qué maravilloso acto de misericordia, y qué
agradecido estaba aquel hombre! ¡Podía ver por primera vez en
su vida! Sin embargo, ¿cómo reaccionaron los líderes
religiosos? Juan 9:16 dice: “Algunos de los fariseos se pusieron
a decir [acerca de Jesús]: ‘Este no es hombre de Dios, porque
no observa el sábado’”. ¡Qué perverso era su corazón!
Acababan de presenciar una curación extraordinaria, pero en
vez de alegrarse por el hombre que había estado ciego y
reconocer al que lo había curado, condenaron a Jesús. De este
modo, indudablemente pecaron contra la manifestación del
espíritu santo de Dios, un pecado imperdonable. (Mateo
12:31, 32.)
it-1 págs. 730-731 Edad
Bajo la Ley, los hombres entraban en edad militar a los
veinte años. (Nú 1:3.) El hombre ciego de nacimiento al que
Jesús devolvió la vista debía tener por lo menos veinte años,
pues sus padres dijeron a quienes los interrogaban:
“Pregúntenle. Es mayor de edad. Él tiene que hablar por sí
mismo”. (Jn 9:21, 23.)
it-1 pág. 901 Expulsión
Para los judíos la persona que era echada y cortada por
completo del pueblo debido a su iniquidad era merecedora de la
pena de muerte, aunque no siempre tenían autoridad para
ejecutarla. A pesar de todo, la forma de cortamiento que
empleaban era un arma muy poderosa dentro de la comunidad
judía. Jesús predijo que sus seguidores serían expulsados de las
sinagogas. (Jn 16:2.) El temor a ser expulsados impidió que
algunos judíos, entre ellos gobernantes, confesaran a Jesús. (Jn
9:22, nota; 12:42.) Un ejemplo de esta acción tomada por la
sinagoga fue el caso del ciego curado por Jesús que habló
favorablemente de él. (Jn 9:34.)
it-2 pág. 688 Posturas y ademanes
Cuando Jesús estuvo en la Tierra, algunos se postraron
ante él para hacerle peticiones y rendirle homenaje, y él no los
reprendió. (Lu 5:12; Jn 9:38.) Jesús era el rey designado o
nombrado por Dios, como él mismo dijo: “La majestad real de
Dios se ha acercado” (The Emphatic Diaglott); “el reino de Dios
se ha acercado”. (NM, Mr 1:15.) Por cuanto era heredero del
trono de David, podía ser honrado como rey. (Mt 21:9; Jn 12:13-
15.)
w88 1/8 pág. 31 Preguntas de los lectores
Después de eso Jesús dijo: “Para este juicio he venido a
este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven,
queden ciegos”. (Juan 9:39.) Sí, sobre la base de la predicación
y otras actividades de Jesús y el papel que él desempeñaba en
los propósitos de Dios, las personas o adquirirían vista espiritual
y caminarían en la luz o estarían en oscuridad espiritual. (Isaías
9:1, 2; 42:6, 7; Mateo 4:13-17; 6:23; 2 Pedro 1:9; 2 Corintios
4:4.) Si los líderes religiosos hubieran sido simplemente judíos
ignorantes que tuvieran la carga normal del pecado humano, se
pudiera haber excusado el que no hubieran aceptado al Mesías.
Pero ellos, que alegaban “ver” o entender, eran especialmente
reprensibles porque tenían mayor conocimiento de la Ley y de la
Palabra profética de Dios. Así, el que rechazaran a Jesús era un
pecado grave que los condenaba más que su ordinaria
imperfección y pecado. Por eso Jesús dijo a los fariseos: “Si
fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ahora ustedes dicen:
‘Vemos’. Su pecado permanece”. (Juan 9:41.)
it-2 págs. 616-617 Pecado
El conocimiento conlleva mayor responsabilidad. El pecado
de Pilato no fue tan grande como el de los líderes religiosos
judíos que entregaron a Jesús al gobernador, ni como el de
Judas, que traicionó a su Señor. (Jn 19:11; 17:12.) Jesús dijo a
los fariseos de su día que si fuesen ciegos, no tendrían pecado,
con lo que probablemente quería decir que Dios podría perdonar
sus pecados debido a su ignorancia; sin embargo, como
negaron hallarse en ignorancia, ‘su pecado permaneció’. (Jn
9:39-41.) Jesús dijo que no tenían “excusa de su pecado”,
porque habían sido testigos de sus palabras y obras poderosas
que había realizado por la acción del espíritu de Dios. (Jn 15:22-
24; Lu 4:18.) Los que blasfemaron voluntariosamente y a
sabiendas contra el espíritu de Dios así manifestado, fuera de
palabra o por su proceder, serían culpables “de pecado eterno” y
no tendrían ninguna posibilidad de perdón. (Mt 12:31, 32; Mr
3:28-30; compárense con Jn 15:26; 16:7, 8.) Este podría ser el
caso de algunos que se hicieron cristianos y luego se apartaron
deliberadamente de la adoración pura de Dios. Hebreos
10:26, 27 dice que “si voluntariosamente practicamos el pecado
después de haber recibido el conocimiento exacto de la verdad,
no queda ya sacrificio alguno por los pecados, sino que hay
cierta horrenda expectación de juicio y hay un celo ardiente que
va a consumir a los que están en oposición”.
Cuando en 1 Juan 5:16, 17 Juan habla de un “pecado que
sí incurre en muerte”, a diferencia del que no, se refiere al
pecado voluntario, consciente. (Compárese con Nú 15:30.) Si
hay prueba de que alguien ha pecado de manera voluntaria y
consciente, el cristiano no debería orar por esa persona.
Naturalmente, Dios es el juez final de la actitud de corazón del
pecador. (Compárese con Jer 7:16; Mt 5:44; Hch 7:60.)
6
Capítulo 10
w04 1/9 pág. 14 párrs. 5-7 Cuidémonos de “la voz de los
extraños”
En la ilustración de Jesús, el extraño no es un invitado. “No entra
en el aprisco de las ovejas por la puerta, sino que trepa por otra
parte”, pues es “ladrón y saqueador” (Juan 10:1). Ahora bien,
según el testimonio de la Palabra de Dios, ¿quién es el primero
que se convirtió en ladrón y saqueador? Satanás el Diablo, como
vemos en el libro de Génesis.
La voz de un extraño se oye por vez primera
6 Génesis 3:1-5 narra cómo se oyó por primera vez en la
Tierra la voz de un extraño. El relato dice que Satanás se valió
de una serpiente para engañar a Eva, la primera mujer.
Es verdad que en este pasaje no se declara expresamente que
el Diablo sea “un extraño”. Sin embargo, sus acciones
demuestran que en muchos sentidos fue como el extraño del
que Jesús habló en la parábola del capítulo 10 de Juan. Veamos
algunas semejanzas.
7 Jesús indica que el extraño se acerca a sus víctimas
entrando a escondidas en el aprisco. Del mismo modo, Satanás
se acercó a su víctima de manera indirecta, recurriendo a una
serpiente. La astucia con que se dirigió a Eva demostró lo que
realmente es: un intruso malicioso. Además, el extraño se
propone arrebatarle las ovejas a su legítimo dueño. De hecho,
es peor que un ladrón, dado que también se propone “matar y
destruir” (Juan 10:10). De igual forma, Satanás fue un ladrón,
pues mediante engaños le arrebató a Dios la lealtad de Eva.
Como además acarreó la muerte a la humanidad, es un asesino.
it-2 pág. 828 Residente forastero
Jesús llama “ladrón” y “extraño” a aquel que intenta
conseguir adeptos de sus ideas religiosas. Tal persona
representa un peligro para las “ovejas” de Cristo, y se la
considera un pastor falso. Las ovejas verdaderas de Jesús
no reconocen la voz de un pastor falso, tal como los israelitas
fieles se mantuvieron separados del extraño que abogaba por
dioses falsos. (Jn 10:1, 5; véase EXTRANJERO.)
ws cap. 9 págs. 79-81 El pacto de Dios con su “amigo” ya
beneficia a millones
El pacto de la Ley clavado al madero de tormento de Jesús
18 Los beneficios de este sacrificio de rescate se
presentarían primero a favor de la nación judía, de la cual Jesús
había llegado a ser miembro por su nacimiento milagroso
mediante la virgen María. Esto era muy necesario, porque los
judíos se hallaban bajo una doble condenación a muerte. ¿Por
qué? Primero, debido a que eran la prole del pecador Adán, y
segundo, porque debido a su imperfección habían llegado a
estar bajo maldición por no poder cumplir con el pacto de la Ley
hecho con Dios. No obstante, Jesús llegó a ser una maldición a
favor de ellos. Al ser fijado en un madero de tormento hasta
morir pudo remover la maldición de “las ovejas perdidas de la
casa de Israel”. En 33 E.C. el pacto de la Ley fue clavado al
madero de tormento de Jesús, y el aprisco judío bajo aquel
pacto temporero de la Ley fue eliminado, abolido. (Mateo 15:24;
Gálatas 3:10-13; Colosenses 2:14.)
19 Por eso tuvo que abrirse otro aprisco, uno nuevo, para
alojar allí a las ovejas espirituales del Pastor Excelente
resucitado, Jesucristo. El Pastor Excelente que se ofreció en
sacrificio es también la puerta simbólica a este nuevo aprisco.
(Juan 10:7.) Las personas a quienes se trae a este nuevo
aprisco bajo el Pastor Excelente llegan a ser los hijos
engendrados por espíritu del Abrahán Mayor, y así parte de Su
“descendencia”. (Romanos 2:28, 29.)
w94 15/7 pág. 31 “Conocen su voz”
“JEHOVÁ es mi Pastor.” Estas son las palabras de apertura
del Salmo 23. Las Escrituras vuelven a comparar a Jehová Dios
con un pastor en la profecía de Isaías, que dice: “Como pastor
pastoreará su propio hato. Con su brazo juntará los corderos; y
en su seno los llevará. Conducirá con cuidado a las que están
dando de mamar”. (Isaías 40:11.)
Jesucristo también se asemejó a un pastor. Dijo: “Yo soy el
pastor excelente; el pastor excelente entrega su alma a favor de
las ovejas”. (Juan 10:11.) Jesús dijo que las ‘ovejas escuchan la
voz del pastor, y él llama a sus propias ovejas por nombre y las
saca fuera’. Añadió: “Las ovejas le siguen, porque conocen su
voz. A un extraño de ningún modo seguirán, sino que huirán de
él, porque no conocen la voz de los extraños”. (Juan 10:2-5.)
Tanto Jehová Dios como su Hijo, Jesucristo, han actuado
siempre según la imagen representada en los textos
supracitados. Tratan a sus ovejas figurativas con ternura y
cuidado amoroso. Por ello, las personas semejantes a ovejas se
sienten amadas, seguras y protegidas.
cf cap. 12 págs. 124-125 párrs. 16-17 “Sin ilustración no les
hablaba”
16 Recordemos que Jesús dijo que él era “el pastor
excelente” y sus seguidores “las ovejas”. Las palabras de Jesús
indican que conocía muy bien las cualidades de la oveja
doméstica. Sabía que entre el pastor y sus ovejas existe un
vínculo único. Había notado que estas confiadas criaturas se
dejan conducir dócilmente y siguen con fidelidad a su pastor.
¿Y por qué lo siguen? “Porque conocen su voz”, explicó (Juan
10:2-4, 11). ¿En verdad conocen las ovejas la voz de su pastor?
17 George A. Smith relató su observación personal en el
libro Geografía histórica de la Tierra Santa: “Algunas veces
disfrutamos nuestro descanso de mediodía junto a uno de
aquellos pozos judeos, a los que bajan tres o cuatro pastores
con sus rebaños. Los rebaños se mezclan entre sí, y nos
preguntábamos cómo cada pastor iba a reunir de nuevo al suyo.
Pero después que [las ovejas] habían terminado de beber y de
retozar, los pastores uno a uno se iban a diferentes sitios del
valle, y cada uno llamaba con su peculiar llamada, y las ovejas
de cada uno salían de la multitud y se iban con su propio pastor,
y los rebaños se iban con tanto orden como habían venido”.
En verdad, Jesús usó el ejemplo perfecto para enseñarnos que
si reconocemos y obedecemos sus enseñanzas y seguimos su
guía, estaremos bajo el cuidado del “pastor excelente”.
w95 1/2 págs. 9-10 párrs. 3-4 Una gran muchedumbre de
adoradores
verdaderos, ¿de dónde vienen?
3 Unos cuatro meses antes de morir, Jesús dijo que era “el
pastor excelente”, y sus seguidores, las “ovejas” por quienes
daría la vida. Habló específicamente de las ovejas que halló en
un aprisco figurativo y que después cuidó de forma especial.
(Juan 10:1-18.) En muestra de su amor, Jesús entregó su alma
7
a favor de las ovejas y así pagó el rescate que se requería para
liberarlas del pecado y la muerte.
4 Sin embargo, antes de entregar su alma, Jesús, el Pastor
Excelente, reunió personalmente a sus discípulos. Los primeros
se los presentó Juan el Bautista, el “portero” de la ilustración de
Jesús. Jesús buscaba a personas que aprovecharan la
oportunidad de formar parte de la “descendencia de Abrahán”
compuesta. (Génesis 22:18; Gálatas 3:16, 29.) Cultivó en su
corazón aprecio por el Reino de los cielos y les aseguró que iba
a prepararles un lugar en la casa de su Padre celestial. (Mateo
13:44-46; Juan 14:2, 3.) Dijo con toda razón: “Desde los días de
Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos es la meta
hacia la cual se adelantan con ardor los hombres, y los que se
adelantan con ardor se asen de él”. (Mateo 11:12.) Los que lo
siguieron para alcanzar esa meta demostraron pertenecer al
aprisco del que habló Jesús.
w11 15/5 págs. 7-8 párrs. 4-6 Familias cristianas,
manténganse despiertas
4 “El esposo es cabeza de su esposa [tal] como el Cristo [...]
es cabeza de la congregación.” Por ese motivo debe analizar el
modo en que Jesús guía a la congregación e imitarlo al dirigir a
su familia (Efe. 5:23). Pensemos en cómo ilustró Jesús la
relación que tiene con sus discípulos (léase Juan 10:14, 15). Él
se identificó como “el pastor excelente” de las ovejas. Por lo
tanto, el esposo que desea fortalecer la espiritualidad de su
familia debe estudiar las palabras y acciones de Cristo y seguir
“sus pasos con sumo cuidado y atención” (1 Ped. 2:21).
5 Entre el pastor y las ovejas de la comparación existe una
relación basada en el conocimiento y la confianza. El pastor
conoce perfectamente a las ovejas, y estas lo conocen a él y le
tienen confianza; por eso distinguen su voz y la obedecen. Bien
lo dijo Jesús: “Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a
mí”. El conocimiento que él tiene de la congregación no es en
absoluto superficial. De hecho, el verbo griego que se traduce
“conocer” conlleva la idea de “conocimiento profundo e íntimo”.
El Pastor Excelente sabe todo sobre cada una de sus ovejas:
sus necesidades, virtudes y defectos. Nada escapa a su vista.
Por su parte, las ovejas lo conocen bien y confían en su
dirección.
6 ¿Cómo puede el esposo imitar a Jesús al dirigir a su
casa? Viéndose a sí mismo como un pastor y a los integrantes
de su familia como ovejitas que necesitan su cuidado. Ha de
esforzarse por conocerlos a fondo. ¿Es eso posible? Sí, pero
para ello tiene que mantener una buena comunicación con cada
miembro del hogar y saber escuchar sus inquietudes. Además,
debe preocuparse por darles un buen ejemplo y tomar
decisiones acertadas en cuanto a las actividades en que van a
participar todos, como la adoración en familia, la asistencia a las
reuniones, la predicación y el entretenimiento. Si sus decisiones
se basan en los principios bíblicos y en el conocimiento que
tiene de cada miembro de la familia, será más fácil que ellos
confíen en él y le den la satisfacción de mantenerse unidos
sirviendo a Jehová.
w10 15/3 pág. 26 párr. 10 Un solo rebaño, un solo pastor
10 Jesús habló de “otras ovejas” que no pertenecerían al
mismo “redil” que el “rebaño pequeño” de cristianos ungidos
(Juan 10:16; Luc. 12:32). Con referencia a ellas, dijo: “A esas
también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser
un solo rebaño, un solo pastor”. ¡Cuánto se fortalece nuestra fe
al ver el cumplimiento de estas palabras! En efecto, se han unido
dos grupos: el más pequeño, los ungidos, y el mayor, la gran
muchedumbre de otras ovejas (léase Zacarías 8:23). Este último
grupo no presta servicio en el patio interior del templo espiritual,
sino en el patio exterior.
gu pág. 21 párr. 9 La guía de Dios en el Evangelio (Inchil)
9 Jesús reveló que para lograr la salvación del hombre tenía
que morir. No obstante, su muerte no se debería a ninguna
debilidad de su parte frente a sus enemigos, sino a su
aceptación de la voluntad divina (Hebreos 10:7). Jesús dijo: “Por
eso el Padre me ama, porque entrego mi alma, a fin de que la
reciba de nuevo. Nadie me la ha quitado, sino que la entrego por
mi propia iniciativa” (Juan 10:17, 18).
it-2 pág. 527 Oído
De manera similar, la palabra griega para ‘escuchar’ puede
tener el sentido de ‘prestar atención, entender y actuar en
consecuencia’, como cuando Jesucristo dijo: “Mis ovejas
escuchan mi voz” y “a un extraño de ningún modo seguirán, sino
que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. (Jn
10:27, 5.)
w09 15/8 pág. 10 párr. 12 La vida eterna en la Tierra: ¿una
esperanza cristiana?
12 Más tarde en Jerusalén, durante la fiesta de la
Dedicación, Jesús les dijo a sus adversarios: “Ustedes no creen,
porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo
las conozco, y ellas me siguen. Y yo les doy vida eterna” (Juan
10:26-28). ¿Estaba pensando Jesús solo en la vida celestial, o
también en la vida eterna en la Tierra? Poco antes, Jesús había
consolado a sus discípulos con estas palabras: “No teman,
rebaño pequeño, porque su Padre ha aprobado darles el reino”
(Luc. 12:32). Pero en la fiesta de la Dedicación dijo: “Tengo otras
ovejas, que no son de este redil; a esas también tengo que traer”
(Juan 10:16). Por lo tanto, cuando habló con sus adversarios,
Jesús se refirió tanto a la esperanza de vida celestial que tiene el
“rebaño pequeño” como a la esperanza de vida en la Tierra que
tienen millones de “otras ovejas”.
w09 1/9 pág. 28 Nuestros lectores quieren saber ¿En qué
sentido son uno Jesús y su Padre?
En Juan 10:30, Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno”.
Muchas personas utilizan este versículo para justificar su
creencia de que Jesús y el Padre forman parte de un Dios trino.
Pero ¿es eso lo que Jesús quiso decir?
Echémosle un vistazo al contexto. En el versículo 25, Jesús
mencionó que sus obras las hacía en el nombre de su Padre.
Y en los versículos 27 al 29 explicó que su Padre le había
encomendado el cuidado de sus “ovejas”, refiriéndose a los
discípulos. Estas dos declaraciones carecerían de sentido si
Jesús y su Padre fueran el mismo ser. En este pasaje, lo que
Jesús estaba diciendo podría resumirse así: “Nadie puede
quitarme mis ovejas porque nadie puede quitárselas al Padre.
Como mi Padre y yo somos tan unidos, quitármelas equivaldría a
quitárselas a él”. Para ilustrar este punto de otro modo,
imaginemos que un hijo dice: “Si alguien le hace daño a mi
padre, es como si me lo estuviera haciendo a mí”. ¿Verdad que
nadie pensaría que son la misma persona? Más bien, sus
palabras demuestran la estrecha relación que existe entre ellos,
igual que la que hay entre Jehová Dios y Jesús.
8
Ellos también son “uno” en el sentido de que tienen los
mismos objetivos, normas y valores. Jesús nunca quiso
independizarse de Dios, a diferencia de Satanás y de nuestros
primeros padres. Él mismo explicó: “El Hijo no puede hacer
ni una sola cosa por su propia iniciativa, sino únicamente lo que
ve hacer al Padre. Porque cualesquiera cosas que Aquel hace,
estas cosas también las hace el Hijo de igual manera” (Juan
5:19; 14:10; 17:8).
Aunque Dios y Jesús son muy unidos, cada uno posee una
personalidad distinta. Jesús tiene sus propios sentimientos,
pensamientos y experiencias, y puede tomar decisiones por su
cuenta. Aun así, decidió someterse a la voluntad de su Padre,
pues él mismo declaró: “Que no se efectúe mi voluntad, sino la
tuya” (Lucas 22:42). Si Jesús no tuviera la posibilidad de tomar
decisiones diferentes a las de su Padre, estas palabras
no tendrían sentido. Además, si fueran realmente el mismo ser,
indistinguible el uno del otro, ¿por qué le oró Jesús a Dios?
¿Y por qué admitió humildemente que había cosas que él
no sabía, pero su Padre sí? (Mateo 24:36.)
En muchas religiones se rinde culto a dioses que luchan
entre sí, pese a ser miembros de la misma familia. Por ejemplo,
en la mitología griega, Cronos derrocó a su padre, Urano, y
devoró a sus propios hijos. ¡Qué diferente es la relación que
Jehová tiene con su Hijo! Entre ellos hay verdadera unidad y
amor. Sin duda alguna, saber esto nos motiva a quererlos más.
Jesús también habló de la posibilidad de estrechar nuestro
vínculo con ellos cuando oró a favor de sus discípulos: “Hago
petición [...] para que todos ellos sean uno, así como tú, Padre,
estás en unión conmigo y yo estoy en unión contigo, que ellos
también estén en unión con nosotros” (Juan 17:20, 21). ¡Qué
privilegio poder estar en unión con los dos seres más
importantes de todo el universo!
Tal como hemos visto, cuando Jesús declaró que él y su
Padre eran uno, no estaba diciendo que fueran parte de una
misteriosa Trinidad. Más bien, estaba describiendo la profunda
relación que tiene con Dios, la más estrecha que puede existir.
it-1 pág. 697 Dios
En el Salmo 82:1, 6 —Salmo que Jesús citó en Juan
10:34, 35— se usa ʼelo·hím para referirse a criaturas humanas,
los jueces de Israel, a quienes se podía llamar dioses por el
puesto que ocupaban como representantes y voceros de
Jehová. De modo parecido, a Moisés se le dijo que sirviese de
“Dios” a su hermano Aarón y ante Faraón. (Éx 4:16, nota; 7:1.)
it-2 pág. 82 Jesucristo
Cuando los opositores acusaron a Jesús de ‘hacerse a sí
mismo un dios’, su respuesta fue: “¿No está escrito en su Ley:
‘Yo dije: “Ustedes son dioses”’? Si él llamó ‘dioses’ a aquellos
contra quienes vino la palabra de Dios, y sin embargo la
Escritura no puede ser nulificada, ¿me dicen ustedes a mí, a
quien el Padre santificó y despachó al mundo: ‘Blasfemas’,
porque dije: Soy Hijo de Dios?”. (Jn 10:31-37.) En esa ocasión
Jesús citó del Salmo 82, donde se llama “dioses” a jueces
humanos a quienes Dios condenó por no ejecutar justicia. (Sl
82:1, 2, 6, 7.) Con estas palabras Jesús demostró que no era
razonable acusarle de blasfemia por haber declarado que era,
no Dios, sino el Hijo de Dios.
Capítulo 11
w11 1/4 págs. 13-15 “He creído”
Recobran a un hermano amado
¿Aceptó Marta la reprensión de Jesús y aprendió de ella?
No hace falta especular. El apóstol Juan, en la introducción del
apasionante relato de Lázaro, nos dice: “Ahora bien, Jesús
amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro” (Juan 11:5). Habían
pasado meses desde la última vez que Jesús estuvo en Betania,
y está claro que Marta no estaba dolida con él ni le abrigaba
ningún rencor. Todo lo contrario, había aceptado su consejo de
buena gana. En este campo también Marta dio un magnífico
ejemplo de fe, porque ¿quién no necesita de vez en cuando
algún tipo de corrección?
Cuando Lázaro enfermó, Marta se encargó de cuidarlo.
Hizo todo lo que pudo para que se aliviara y recuperara; sin
embargo, empeoraba cada vez más. Hora tras hora, día tras día,
sus hermanas lo atendían con esmero. ¿Cuántas veces miraría
Marta el demacrado rostro de su hermano y recordaría las
alegrías y las penas que habían vivido juntos durante tantos
años?
Al ver que Lázaro no tenía remedio, las hermanas enviaron
un mensaje a Jesús, que estaba predicando a dos días de
distancia. Sus palabras fueron directas: “Señor, ¡mira!, está
enfermo aquel a quien le tienes cariño” (Juan 11:1, 3). Sabían
que Jesús apreciaba mucho a su hermano y tenían la certeza de
que haría cualquier cosa por ayudarlo. No obstante, sus
esperanzas de que Jesús llegara antes de que fuera demasiado
tarde quedaron truncadas: Lázaro murió.
Juntas lloraron a su hermano, se encargaron de los
preparativos del funeral y recibieron a las muchas visitas de
Betania y sus alrededores. Pero Jesús no aparecía.
Seguramente Marta se sentía cada vez más desconcertada. Por
fin, cuatro días después de la muerte de Lázaro, se enteró de
que Jesús venía de camino y estaba cerca de la aldea. Con ese
ímpetu que la caracterizaba, incluso en este momento sombrío
de su vida, se levantó y, sin decir ni una palabra a María, corrió
al encuentro de Jesús (Juan 11:20).
En cuanto Marta vio a su Maestro, expresó con palabras la
idea que había atormentado a las dos hermanas por días:
“Señor, si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto”.
Con todo, no había perdido su fe y esperanza, pues añadió: “Y
sin embargo, actualmente sé que cuantas cosas pidas a Dios,
Dios te las dará”. Al instante, Jesús le dijo algo que avivó su
esperanza: “Tu hermano se levantará” (Juan 11:21-23).
Ella pensó que Jesús se refería al futuro, así que contestó:
“Yo sé que se levantará en la resurrección en el último día”
(Juan 11:24). ¡Qué fe tan impresionante! Pese a que los
saduceos —maestros religiosos judíos— negaban la
resurrección, Marta creía firmemente en esta enseñanza tan
clara de las Santas Escrituras (Daniel 12:13; Marcos 12:18).
Sabía, además, que Jesús predicaba la resurrección y que
incluso había devuelto la vida a varias personas, aunque hasta
la fecha a nadie que hubiera estado muerto tantos días como
Lázaro. Marta se preguntaba qué pasaría.
A continuación, Jesús hizo una declaración insólita que
confirma que su Padre le ha dado la potestad para que en el
futuro realice resurrecciones a escala mundial. Dijo: “Yo soy la
resurrección y la vida”. Jesús le preguntó a Marta: “¿Crees tú
esto?”. Entonces ella dio la respuesta que vimos al inicio del
9
artículo. Marta tenía fe en que Jesús era el Cristo —o Mesías—,
que era el Hijo de Dios y que había de venir al mundo, como
anunciaron los profetas (Juan 5:28, 29; 11:25-27).
¿Valoran Jehová y Jesucristo esa clase de fe? Los
acontecimientos que se sucedieron suministran una respuesta
inequívoca. Marta corrió a buscar a su hermana. Luego vio que
Jesús se emocionó profundamente cuando habló con María y los
muchos dolientes que la acompañaban. Fue testigo de las
lágrimas que derramó su Maestro al no ocultar su intenso pesar
por el dolor que causa la muerte y, además, lo oyó pedir que se
retirara la losa que sellaba la tumba de su hermano (Juan 11:28-
39).
Tan lógica como siempre, Marta objetó diciendo que el
cuerpo olería mal después de cuatro días. Pero Jesús le
recordó: “¿No te dije que si creías habrías de ver la gloria de
Dios?”. Marta creyó, y vio de manera espectacular la gloria de
Dios. En aquel preciso instante, Dios facultó a su Hijo para
resucitar a Lázaro. Pensemos en las imágenes que quedarían
grabadas a fuego en la memoria de Marta: la orden que Jesús
dio a Lázaro para que saliera; el leve sonido que este produciría
al levantarse envuelto en telas mortuorias y avanzar hasta la
entrada; el mandato de Jesús para que lo ‘desataran y lo dejaran
ir’, y, por supuesto, el entrañable abrazo con el que se fundieron
los tres hermanos (Juan 11:40-44). La losa en el corazón de
Marta había desaparecido.
Este relato demuestra que la resurrección de los muertos
no es una mera ilusión; es una consoladora enseñanza bíblica
probada con hechos reales. Jehová y su Hijo desean
recompensar la fe de sus siervos, como lo hicieron en el caso de
Marta, María y Lázaro. Las recompensas serán innumerables
para todos los que cultiven una fe sólida como la de Marta.
w05 15/4 pág. 5 Adquiera conocimiento ahora y por siempre
Jesús indicó que en nuestros tiempos llegaría un “día”
similar. Los que presten atención al conocimiento relacionado
con este suceso tendrán la esperanza no solo de sobrevivir, sino
de vivir para siempre. Además, los muertos a los que Dios
guarda en su memoria serán resucitados con la perspectiva de
no volver a morir (Juan 5:28, 29). Observe cómo expresó Jesús
estas dos ideas. Cuando habló con Marta sobre la resurrección
de los muertos, dijo: “El que ejerce fe en mí, aunque muera,
llegará a vivir; y todo el que vive y ejerce fe en mí no morirá
jamás”. Todas las pruebas demuestran que ese “día” está muy
cerca, por lo que usted quizás se encuentre entre quienes “no
morirá[n] jamás” (Juan 11:25-27).
Jesús le preguntó entonces a Marta: “¿Crees tú esto?”. Ella
contestó: “Sí, Señor”. Si Jesús le hiciera hoy a usted la misma
pregunta, ¿cuál sería su respuesta? Puede que le resultara difícil
creer en la posibilidad de no morir nunca. Pero incluso si esa
fuera su reacción, a usted sin duda le gustaría poder creerlo.
¡Imagínese cuánto podría aprender si “no [muriera] jamás”! Trate
de verse disfrutando de todas las cosas que desearía aprender a
hacer pero que nunca tuvo tiempo de siquiera intentar. Y piense
en volver a estar con los seres queridos que perdió en la muerte.
g 10/07 pág. 29 ¿Qué nos sucede al morir?
Buenas noticias
Para millones de personas, la muerte es como un sueño del
que despertarán. En cierta ocasión, hablando de un amigo que
había muerto, Jesús dijo a sus discípulos: “Nuestro amigo
Lázaro está descansando, pero yo me voy allá para despertarlo
del sueño”. De camino a la tumba conmemorativa, halló una
multitud que lloraba. Al llegar, ordenó que abrieran la tumba y
gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, sal!”. Y el hombre, que llevaba
muerto cuatro días, salió (Juan 11:11-14, 39, 43, 44). Puesto
que el cuerpo de Lázaro ya se estaba descomponiendo, Jesús
demostró al resucitarlo que Dios recuerda absolutamente todo
de los muertos: su personalidad, su memoria y su aspecto físico.
Él tiene el poder de devolverlos a la vida. Jesús afirmó: “Viene la
hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas
oirán [mi] voz y saldrán” (Juan 5:28, 29).
w06 15/1 págs. 11-12 El sumo sacerdote que condenó a
Jesús
Miedo a Jesús, miedo a Roma
Caifás veía en Jesús a un peligroso agitador de masas.
Jesús cuestionó la interpretación que la jerarquía judía hacía del
sábado y expulsó a los mercaderes y cambistas del templo
acusándolos de convertirlo en una “cueva de salteadores”
(Lucas 19:45, 46). Algunos historiadores creen que los mercados
que había en el templo pertenecían a la casa de Anás, lo cual
daría a Caifás otra razón para tratar de silenciar a Jesús.
Cuando los sacerdotes principales enviaron oficiales a arrestar a
Jesús, estos quedaron tan admirados al oírle que regresaron con
las manos vacías (Juan 2:13-17; 5:1-16; 7:14-49).
Pensemos en lo que sucedió al enterarse los líderes judíos
de que Jesús había resucitado a Lázaro. El Evangelio de Juan
relata: “Los sacerdotes principales y los fariseos reunieron el
Sanedrín y empezaron a decir: ‘¿Qué hemos de hacer, porque
este hombre ejecuta muchas señales? Si lo dejamos así, todos
pondrán fe en él, y los romanos vendrán y nos quitarán nuestro
lugar así como nuestra nación’” (Juan 11:47, 48). El Sanedrín
pensaba que Jesús era una amenaza para sus intereses
religiosos y para el orden público, por el cual eran responsables
ante Pilato. Cualquier movimiento popular que los romanos
interpretaran como sedicioso provocaría su intervención en los
asuntos judíos, algo que el Sanedrín quería evitar a toda costa.
Caifás no podía negar que Jesús realizaba obras
poderosas, pero, en vez de poner fe en él, procuró salvar su
prestigio y autoridad. ¿Cómo iba a reconocer que Lázaro había
resucitado? Caifás pertenecía a los saduceos, quienes no creían
en la resurrección (Hechos 23:8).
La maldad de Caifás quedó patente cuando dijo a los
demás gobernantes: “No raciocinan que les es de provecho a
ustedes que un solo hombre muera en el interés del pueblo, y
no que la nación entera sea destruida”. Y el relato sigue
diciendo: “Esto, sin embargo, no lo dijo por sí mismo; sino que,
como era sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús estaba
destinado a morir por la nación, y no por la nación solamente,
sino para que a los hijos de Dios que están esparcidos también
los reuniera en uno. Por eso, desde aquel día entraron en
consejo para matarlo [a Jesús]” (Juan 11:49-53).
Caifás no se daba cuenta de la trascendencia de sus
palabras. En su posición de sumo sacerdote profetizó que la
muerte de Jesús resultaría beneficiosa, pero no para los judíos
solamente. El sacrificio redentor de Cristo proporcionó el medio
para liberar a toda la humanidad de la esclavitud al pecado y la
muerte.
10
¿Qué nos enseña el hecho de que Jesús cediera a las
lágrimas cuando su amigo Lázaro murió? (Juan 11:35.) [20
de mayo, w08 1/5, pág. 24 párrs. 3, 4.]
w08 1/5 pág. 24 Él comprende nuestro dolor
Acérquese a Dios
Él comprende nuestro dolor
Juan 11:33-35
“EMPATÍA es sentir tu dolor en mi corazón.” Así definió esta
hermosa cualidad un misionero, ya anciano, de los testigos de
Jehová. El máximo exponente de la empatía es Jehová Dios. Él
siente el dolor que sufre su pueblo. ¿Cómo lo sabemos?
La inmensa empatía de Jehová quedó perfectamente plasmada
en la vida de Jesús cuando estuvo en la Tierra (Juan 5:19).
Veamos, por ejemplo, el episodio registrado en Juan 11:33-35.
Cuando Lázaro murió siendo aún relativamente joven,
Jesús se desplazó hasta el pueblo de ese amigo suyo. Como es
comprensible, Marta y María, las hermanas del difunto, se
encontraban profundamente abatidas. Dado que Jesús amaba
mucho a esta familia, ¿cómo reaccionó? (Juan 11:5.) La Biblia
dice: “Jesús [...], cuando la vio llorando [a María], y a los judíos
que vinieron con ella llorando, gimió en el espíritu y se perturbó;
y dijo: ‘¿Dónde lo han puesto?’. Ellos le dijeron: ‘Señor, ven y
ve’. Jesús cedió a las lágrimas” (Juan 11:33-35). ¿Por qué lloró?
Es verdad que su querido amigo Lázaro estaba muerto, pero él
iba a resucitarlo, a devolverle la vida (Juan 11:41-44).
¿Hubo algo más que lo conmovió?
Repasemos los versículos en cuestión. Fíjese que
cuando Jesús vio a María y a las demás personas llorando,
él “gimió” y “se perturbó”. Las palabras originales que se
traducen así comunican la idea de una emoción intensa.
Jesús se sintió muy conmovido por lo que vio. La emoción
intensa que surgió en su corazón hizo que se le saltaran las
lágrimas. Está claro, pues, que a Jesús le conmovió el dolor
de los demás. ¿Se ha puesto usted alguna vez a llorar al ver
a alguien querido llorando? (Romanos 12:15.)
La empatía de Jesús nos ayuda a comprender las
cualidades y el modo de actuar de su Padre, Jehová.
Recuerde que Jesús reflejó con tanta perfección las
cualidades de su Padre que pudo decir: “El que me ha visto
a mí ha visto al Padre también” (Juan 14:9). Así que cuando
leemos que “Jesús cedió a las lágrimas”, podemos estar
seguros de que Jehová siente en su corazón el dolor de sus
adoradores. Además, otros escritores de la Biblia confirman
este hecho (Isaías 63:9; Zacarías 2:8). ¡Qué Dios tan tierno
es Jehová!
La empatía atrae. Cuando estamos desanimados o
deprimidos, nos sentimos atraídos hacia quienes comprenden
nuestras circunstancias y comparten nuestro dolor. Cuánto más
nos atrae Jehová, un Dios sumamente compasivo que siente
nuestro dolor y comprende mejor que nadie por qué lloramos
(Salmo 56:8).
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jehová es mi pastor y nada me faltara.