domingo, 23 de junio de 2013

puntos sobresalientes hechos 5 a 7

1
Puntos sobresalientes Hechos capítulos 5 a 7, Semana del 17 de Junio 2013.
Capítulo 5
w08 15/10 pág. 6 párrs. 14-15 Los “ojos radiantes” de
Jehová examinan a todos ***
14, 15. ¿Por qué merecieron Ananías y Safira el castigo de
Dios, y qué nos enseña este hecho?
14 Ananías y Safira eran un matrimonio de la congregación
de Jerusalén. Poco después del Pentecostés del año 33, esta
congregación creó un fondo común (sostenido por donaciones
voluntarias) para atender las necesidades de los nuevos
discípulos de lugares lejanos que se habían quedado en
Jerusalén. Pues bien, Ananías vendió un campo y, con el
conocimiento de su esposa, fingió que donaba todos los
beneficios obtenidos con la transacción, cuando en realidad solo
entregó una parte. Seguramente, los dos pretendían gozar de
algún honor especial entre los hermanos. Pero esa manera de
actuar era un engaño. De forma milagrosa, Jehová reveló el
fraude al apóstol Pedro, quien lo expuso delante de Ananías.
Acto seguido, este se desplomó y murió, y otro tanto le ocurrió
poco más tarde a su mujer (Hech. 5:1-11).
15 No era que Ananías y Safira hubiesen tenido un momento
de debilidad. Habían actuado con total premeditación intentando
engañar a los apóstoles. Y lo que es peor, se habían atrevido a
“tratar con engaño al espíritu santo y [...] a Dios”. La reacción de
Jehová mostró sin ambigüedad que él está dispuesto a proteger
a su congregación contra los hipócritas, quienes comprobarán
que “es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo” (Heb.
10:31).
bt cap. 5 “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante”
4, 5. ¿Por qué estaban “llenos de celos” Caifás y los
saduceos?
4 Volvamos al momento en que Pedro y Juan, al recibir la
primera orden de detener la evangelización, respondieron:
“No podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y
oído” (Hech. 4:20). Pues bien, ¿qué pasó después? Tras aquel
encontronazo con el Sanedrín, todos los apóstoles reanudaron la
predicación en el templo, y, más concretamente, en “la
columnata de Salomón”. En esta galería cubierta del lado
oriental —que los judíos habían tomado como lugar predilecto de
reuniones—, los apóstoles realizaron señales tan prodigiosas
como expulsar demonios y curar enfermos. Al parecer, bastaba
que la sombra de Pedro tocara a alguien para que recobrara la
salud. Y muchos de los sanados estaban aceptando también el
mensaje de curación espiritual. Como consecuencia, “siguieron
añadiéndose [a la congregación] creyentes en el Señor,
multitudes de varones así como de mujeres” (Hech. 5:12-15).
5 “Llenos de celos”, Caifás y sus correligionarios, los
saduceos, mandaron encarcelar a los apóstoles (Hech.
5:17, 18). ¿Por qué les irritaba tanto el mensaje? Primero,
porque anunciaba que Jesús se había levantado de entre los
muertos, y ellos no creían en la resurrección. Y segundo, porque
proclamaba que la salvación solo se conseguía mostrando fe en
Jesús, y temían que si muchos tomaban partido por aquel nuevo
Mesías, Roma terminaría adoptando represalias (Juan 11:48).
¡Con razón querían silenciar a los apóstoles!
6 Hoy ocurre igual: la persecución contra los siervos de
Jehová está instigada en la mayoría de los casos por dirigentes
religiosos, quienes suelen intentar acallarnos valiéndose de sus
influencias en el gobierno y en los medios de comunicación.
¿Debería extrañarnos que nos tengan envidia y odio? No, ya
que nuestro mensaje expone la cruda realidad de sus falsas
religiones. Y cuando la gente sincera abraza la verdad, se libera
de las doctrinas y prácticas antibíblicas que ellos enseñan (Juan
8:32).
7 Ya en la cárcel, a la espera del juicio, los apóstoles tal vez
se preguntaran si acabarían padeciendo martirio a manos de sus
enemigos (Mat. 24:9). Pero de noche ocurrió algo totalmente
inesperado: “el ángel de Jehová abrió las puertas de la prisión”
(Hech. 5:19). Entonces les dio órdenes claras: “[Pónganse] de
pie en el templo” y “sigan hablando” (Hech. 5:20). Sin duda,
aquello les confirmó que iban por buen camino y les dio nuevas
fuerzas para permanecer firmes contra viento y marea. Llenos
de fe y valor, “entraron en el templo al amanecer y se pusieron a
enseñar” (Hech. 5:21).
8 Hacemos bien en preguntarnos: “Si yo me enfrentara a
dificultades parecidas, ¿tendría la fe y el coraje necesarios para
seguir predicando?”. Algo que siempre nos fortalecerá es
recordar que los ángeles nos apoyan y dirigen en la gran obra de
dar “testimonio cabal respecto al reino de Dios” (Hech. 28:23;
Rev. 14:6, 7).
bt cap. 5 “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante”
12, 13. a) ¿Qué consejo dio Gamaliel a sus colegas de
magistratura, y qué decidieron estos hacer? b) ¿De qué
forma interviene hoy Jehová a favor de quienes le servimos,
y de qué podemos estar seguros cuando permite que
“sufr[amos] por causa de la justicia”?
“No podrán derribarlos” (Hechos 5:34-42)
12 Tomó la palabra Gamaliel, “maestro de la Ley estimado
por todo el pueblo”. Como este jurista era muy respetado por sus
colegas, pudo asumir un papel de primer orden en el caso y
hasta dar “mandato de que sacaran fuera a los [apóstoles] por
un momento” (Hech. 5:34). A continuación, citó ejemplos de
movimientos rebeldes que se habían disuelto poco después de
la muerte de sus cabecillas y luego destacó que, puesto que el
caudillo de los apóstoles había muerto hacía solo semanas, era
recomendable mantener una actitud paciente y tolerante.
De manera muy persuasiva razonó: “No se metan con estos
hombres, sino déjenlos (porque si este proyecto o esta obra
proviene de hombres, será derribada; pero si proviene de Dios,
no podrán derribarlos); de otro modo, quizás se les halle a
ustedes luchadores [...] contra Dios” (Hech. 5:38, 39). Los jueces
decidieron hacerle caso. Así y todo, mandaron azotar a los
apóstoles y “les ordenaron que dejaran de hablar sobre la base
del nombre de Jesús” (Hech. 5:40).
13 De vez en cuando, Jehová utiliza a hombres influyentes,
como Gamaliel, para que intervengan a favor de su pueblo (Pro.
21:1). En efecto, se vale del espíritu santo para impulsar a
importantes políticos, jueces o legisladores a actuar en
conformidad con su divina voluntad (Neh. 2:4-8). Por otro lado,
en muchas ocasiones permite que sus siervos “sufr[an] por
causa de la justicia” (1 Ped. 3:14). En todo caso, podemos estar
seguros de dos cosas: primero, de que les brindará aguante; y
segundo, de que los adversarios “no podrán derribarlos”
ni impedir que prosigan con su comisión (Isa. 54:17; 1 Cor.
10:13).
2
w05 15/12 ¿A quién obedece usted: a Dios, o al hombre?
8. ¿Qué sabio consejo dio Gamaliel al Sanedrín?
9. ¿Qué demuestra que la actividad de los apóstoles venía
de Dios?
8 El futuro de los apóstoles de Jesucristo no parecía nada
alentador, pues los jueces del Sanedrín estaban decididos a
matarlos (Hechos 5:33). No obstante, los acontecimientos dieron
un giro inesperado. Gamaliel, un maestro de la Ley, se levantó y
aconsejó sabiamente a sus colegas que no actuaran de manera
apresurada: “Si este proyecto o esta obra proviene de hombres,
será derribada —dijo—; pero si proviene de Dios, no podrán
derribarlos”; a lo que añadió con autoridad: “De otro modo,
quizás se les halle a ustedes luchadores realmente contra Dios”
(Hechos 5:34, 38, 39).
9 Por sorprendente que parezca, el tribunal aceptó el
consejo de Gamaliel. “Mandando llamar a los apóstoles, los
fustigaron, y les ordenaron que dejaran de hablar sobre la base
del nombre de Jesús, y los dejaron ir.” Lejos de acobardarse, los
apóstoles estaban resueltos a obedecer la orden angelical de
predicar. Por eso, cuando los soltaron, “todos los días en el
templo, y de casa en casa, continua[ron] sin cesar enseñando y
declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús”
(Hechos 5:40, 42). Jehová bendijo su labor. ¿Hasta qué punto?
“La palabra de Dios siguió creciendo, y el número de los
discípulos siguió multiplicándose muchísimo en Jerusalén.” De
hecho, “una gran muchedumbre de sacerdotes empezó a ser
obediente a la fe” (Hechos 6:7). Aquello tuvo que ser un golpe
tremendo para los principales sacerdotes. Las pruebas eran
cada vez mayores: la obra de los apóstoles realmente venía de
Dios.
w91 15/1 Enseñe públicamente y de casa en casa
4. ¿Por qué podemos decir que Hechos 5:42 y Hechos 20:20
significan que la predicación de los seguidores de Jesús se
distribuía de casa en casa?
4 En Hechos 5:42 las palabras “de casa en casa” son una
traducción de kat’ ói·kon. Aquí ka·tá se usa en sentido
“distributivo”. Por lo tanto, la predicación de los discípulos
se distribuía de una casa a otra. En un comentario sobre Hechos
20:20, Randolph O. Yeager escribió que Pablo enseñaba “tanto
en asambleas públicas [de·mo·sí·a] como de casa en casa
(distributivo [ka·tá] con el acusativo). Pablo había pasado tres
años en Éfeso. Visitó toda casa, o por lo menos predicó a toda la
gente (versículo 26) . Aquí hay autorización bíblica para el
evangelismo de casa en casa así como para el que se efectúa
en reuniones públicas”.
Capítulo 6
w06 15/7 ‘Hagamos todas las cosas sin murmurar’
10, 11. ¿Por qué murmuraron los judíos de habla griega, y
qué lección pueden aprender los ancianos del modo como
se atendió aquella queja?
10 Un caso de murmuración que surgió unos días después
del Pentecostés del año 33 tuvo un mejor desenlace. Muchos de
los nuevos discípulos que habían venido del extranjero fueron
acogidos amablemente por los hermanos de Judea, pero el
reparto de suministros planteó un problema. Según el relato, “se
suscitó una murmuración de parte de los judíos de habla griega
contra los judíos de habla hebrea, porque a sus viudas se las
pasaba por alto en la distribución diaria” (Hechos 6:1).
11 Aquella murmuración no fue como la de los israelitas en
el desierto. Los judíos de habla griega no se quejaron
egoístamente de su situación, sino que señalaron una falla en la
ayuda que se daba a algunas viudas. Tampoco causaron un
alboroto ni se rebelaron contra Jehová. Más bien, presentaron su
queja a los apóstoles, quienes actuaron con rapidez al ver que la
reclamación tenía fundamento. ¡Qué buen ejemplo pusieron los
apóstoles para los ancianos cristianos de hoy! Estos pastores
espirituales no “tapa[n] su oído al clamor quejumbroso del de
condición humilde” (Proverbios 21:13; Hechos 6:2-6).
w94 15/8 pág. 26 Cómo mantener la armonía entre los
ancianos y los siervos ministeriales
POCO después del Pentecostés de 33 E.C. se presentó
una emergencia en la congregación cristiana recién formada. Se
había organizado un programa para cuidar de las viudas
necesitadas. Sin embargo, al cabo de un tiempo, surgió “una
murmuración de parte de los judíos de habla griega contra los
judíos de habla hebrea, porque a sus viudas se las pasaba por
alto en la distribución diaria”. (Hechos 6:1.)
Estas quejas llegaron a oídos de los apóstoles. “De modo
que los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron:
‘No es cosa grata el que nosotros dejemos la palabra de Dios
para distribuir alimento a las mesas. Por eso, hermanos,
búsquense siete varones acreditados de entre ustedes, llenos de
espíritu y de sabiduría, para que los nombremos sobre este
asunto necesario’”. (Hechos 6:2, 3.)
Este incidente ilustra un importante principio de
organización en la congregación cristiana. Se utiliza a algunos
hombres responsables para encargarse de cuestiones rutinarias,
mientras que otros atienden asuntos espirituales de más peso.
Este principio no carece de precedente. En el antiguo Israel se
nombró sacerdotes a Aarón y sus descendientes para que
hicieran sacrificios a Dios. Sin embargo, Jehová mandó que los
levitas los ayudaran ‘encargándose de todos los utensilios de la
tienda de reunión’. (Números 3:5-10.) Del mismo modo, en la
actualidad los siervos ministeriales ayudan a los ancianos.
it-2 pág. 294 Mano
Nombramientos para diferentes servicios. En la
congregación cristiana, los hombres debidamente autorizados
nombraron a cristianos maduros para que ocuparan puestos de
responsabilidad mediante la imposición de las manos. (Hch 6:6;
1Ti 4:14.) Debido a la influencia que esos cristianos nombrados
tendrían y al ejemplo que se esperaba de ellos, el apóstol Pablo
amonestó a Timoteo: “Nunca impongas las manos
apresuradamente a ningún hombre; ni seas partícipe de los
pecados ajenos”. Estas palabras significaban que no debía
nombrar a un hombre sin haber examinado detenidamente sus
aptitudes, a fin de que no recayese sobre Timoteo parte de la
culpa porque este hombre no cumpliese con sus obligaciones.
(1Ti 5:22.)
w01 1/4 “La palabra de Jehová siguió creciendo”
6. ¿Qué expresión sobre el crecimiento aparece tres veces
en el libro de Hechos, y a qué hace referencia?
Crece la cantidad de discípulos
3
6 Una manera de examinar el cumplimiento de Hechos 1:8
es analizar la expresión “la palabra de Jehová siguió creciendo”,
que en la Biblia solo aparece, con ligeras variantes, en tres
ocasiones, todas en el libro de Hechos (Hechos 6:7; 12:24;
19:20). En estos pasajes, al decir “la palabra de Jehová” o “la
palabra de Dios”, se hace referencia a las buenas nuevas, el
emocionante mensaje de la verdad divina, un mensaje vivo y
poderoso que cambió la vida de quienes lo aceptaron (Hebreos
4:12).
bt cap. 6 “Esteban, lleno de gracia y de poder”
4, 5. a) ¿Por qué era Esteban un valioso miembro de la
congregación? b) ¿En qué sentidos se encontraba Esteban
“lleno de gracia y de poder”?
6-8. a) ¿Qué doble acusación lanzaron contra Esteban los
enemigos de la verdad, y por qué? b) ¿Por qué nos ayudará
mucho el ejemplo de este discípulo?
“Alborotaron al pueblo” (Hechos 6:8-15)
4 En el capítulo anterior de este libro vimos que Esteban era
un valioso miembro de la naciente congregación. Como
sabemos, fue uno de los siete varones que estuvieron
dispuestos a ayudar humildemente a los apóstoles. Y en su
caso, la ausencia de orgullo brilla aún con más fuerza si
tenemos presentes los dones con que contaba. Hechos 6:8 dice
que, al igual que algunos apóstoles, realizaba “grandes
portentos [...] y señales”. También indica que estaba “lleno de
gracia y de poder”. ¿A qué se refieren estas palabras?
5 Al parecer, a que tenía don de gentes, o carisma. Era
amable y cortés, y hablaba con persuasión, convenciendo a
muchos de sus oyentes de la sinceridad y provecho de sus
palabras. Por otro lado, estaba lleno de poder, ya que en él
actuaba el espíritu santo, cuya guía acataba con humildad. Pero
en vez de andar presumiendo de sus muchos dones y
habilidades, daba toda la gloria a Jehová y se interesaba, más
que nada, en el bienestar de sus oyentes. No es de extrañar que
sus adversarios lo vieran como un contrincante temible.
6 Varios individuos trataron de disputar con este discípulo,
pero “no podían mantenerse firmes contra la sabiduría y el
espíritu con que él hablaba”. Viendo que no lograban nada,
“indujeron [secretamente] a unos varones” a formular
acusaciones falsas. También “alborotaron al pueblo”, así como
“a los ancianos y a los escribas”, a fin de que lo llevaran a la
fuerza ante el Sanedrín (Hech. 6:9-12). Sus detractores
presentaron una doble acusación de blasfemia: contra Dios y
contra Moisés.
7 ¿Por qué acusaban a este fiel discípulo de blasfemar
contra Dios? Porque, según ellos, había atacado con sus
palabras el “lugar santo”, es decir, el templo de Jerusalén (Hech.
6:13). ¿Y por qué le achacaban blasfemias contra Moisés?
Porque, supuestamente, había criticado la Ley que él entregó y
había tratado de cambiar las costumbres que este había
transmitido. Eran imputaciones muy graves, ya que los judíos de
la época concedían mucha importancia al templo y a los detalles
de la Ley, junto con el sinnúmero de tradiciones orales que le
habían añadido. Por lo tanto, presentaban a Esteban como
elemento peligroso y digno de la pena capital.
8 Lamentablemente, no es raro que personas religiosas
recurran a tretas como las anteriores para crear problemas a los
siervos de Dios. Hasta el día de hoy, miembros de otras
confesiones incitan a las autoridades civiles a perseguir a los
testigos de Jehová. ¿Cómo deberíamos reaccionar ante sus
manipulaciones y falsos cargos? Imitando el buen ejemplo de
Esteban.
w04 1/8 Jehová revela su gloria a los humildes
3. ¿Qué sobresaliente manifestación de la bondad
inmerecida de Dios experimentó Esteban?
3 Ni la disposición humilde de Esteban ni su espiritualidad e
integridad le pasaron inadvertidas a Jehová. Cuando el discípulo
se hallaba testificando en el Sanedrín ante una hostil multitud de
líderes religiosos, sus opositores “vieron que su rostro era como
el rostro de un ángel” (Hechos 6:15). Tenía el semblante de un
mensajero divino, que irradiaba la paz procedente del Dios de la
gloria, Jehová. Tras haber dado un testimonio denodado ante el
Sanedrín, Esteban experimentó una manifestación sobresaliente
de la bondad inmerecida de Dios: “Él, estando lleno de espíritu
santo, miró con fijeza al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a
Jesús de pie a la diestra de Dios” (Hechos 7:55). Aquella
impresionante visión le reafirmó que Jesús era el Hijo de Dios y
el Mesías. Además, fortaleció a aquel humilde hombre y le
garantizó que contaba con la aprobación divina.
4 Como se desprende del hecho de que Esteban recibiera
esa visión, Jehová revela su gloria y sus propósitos a las
personas que le profesan un temor reverente, son humildes y
tienen en alta estima su relación con él. “El resultado de la
humildad y del temor de Jehová es riquezas y gloria y vida”, dice
la Biblia (Proverbios 22:4). Por tanto, es fundamental que
comprendamos lo que abarca la verdadera humildad, cómo
cultivar esta importante cualidad y cómo nos beneficia
demostrarla en todo aspecto de la vida.
Capítulo 7
w01 1/11 pág. 31 Preguntas de los lectores
¿Celebró Jehová su pacto con Abrahán en Ur, o en Harán?
La primera mención del pacto que Jehová hizo con Abrahán
se encuentra en Génesis 12:1-3, donde leemos: “Jehová
procedió a decir a Abrán: ‘Vete de tu país y de tus parientes y de
la casa de tu padre al país que yo te mostraré; y haré de ti una
nación grande [...], y ciertamente se bendecirán por medio de ti
todas las familias del suelo’”. Es posible que Jehová hiciera tal
pacto con su siervo cuando este vivía en Ur y que lo reafirmara
cuando residía en Harán.
En el siglo primero, Esteban, dirigiéndose al Sanedrín, se
refirió así al mandato de Jehová de que Abrahán se trasladara a
Canaán: “El Dios de la gloria se apareció a nuestro antepasado
Abrahán, cuando él estaba en Mesopotamia, antes que se
domiciliara en Harán, y le dijo: ‘Sal de tu tierra y de tus parientes
y ve a la tierra que yo te mostraré’” (Hechos 7:2, 3). Abrahán era
natural de Ur y, como indicó Esteban, allí fue donde oyó por
primera vez el mandato de ir a Canaán (Génesis 15:7; Nehemías
9:7). Aunque Esteban no mencionó el pacto que Dios celebró
con Abrahán, en Génesis 12:1-3 se lo relaciona con el mandato
de ir a Canaán. De modo que es razonable creer que Jehová
hizo el pacto con Abrahán en Ur.
Sin embargo, una lectura detenida del relato de Génesis
indica que Jehová volvió a declarar su pacto a Abrahán en
Harán, tal como repitió y suministró más detalles acerca de
algunos aspectos de este en varias ocasiones en Canaán
4
(Génesis 15:5; 17:1-5; 18:18; 22:16-18). Según Génesis
11:31, 32, el padre de Abrahán, Taré, partió de Ur hacia Canaán
junto con Abrahán, Sara y Lot. Llegaron a Harán, donde
permanecieron hasta la muerte de Taré. Abrahán residió allí
suficiente tiempo como para adquirir bastantes riquezas
(Génesis 12:5). En algún momento, Nacor, el hermano de
Abrahán, también se mudó a esa ciudad.
Después de mencionar el fallecimiento de Taré, el relato
bíblico incluye las palabras de Jehová a Abrahán y luego pasa a
decir: “Ante eso, Abrán se fue tal como le había hablado Jehová”
(Génesis 12:4). Por tanto, Génesis 11:31–12:4 da la fuerte
impresión de que Jehová pronunció las palabras anotadas en
Génesis 12:1-3 después de la muerte de Taré. Si tal fue el caso,
Abrahán partió de Harán y se trasladó a la tierra que Jehová le
había indicado en obediencia al mandato que acababa de oír,
así como al que había oído años atrás en Ur.
Según Génesis 12:1, Jehová le mandó: “Vete de tu país y
de tus parientes y de la casa de tu padre”. En un tiempo, su
“país” había sido Ur, donde se hallaba “la casa” de su padre.
No obstante, su padre trasladó a su familia a Harán, población a
la que Abrahán empezó a llamar su país. De hecho, cuando, tras
vivir muchos años en Canaán, envió a su sirviente a ‘su país y a
sus parientes’ con el propósito de buscar esposa para Isaac, el
sirviente se dirigió a “la ciudad de Nacor”, es decir, Harán o un
lugar cercano (Génesis 24:4, 10). Allí encontró a Rebeca entre
los parientes de Abrahán, la enorme familia de Nacor (Génesis
22:20-24; 24:15, 24, 29; 27:42, 43).
En su discurso ante el Sanedrín, Esteban dijo respecto a
Abrahán: “Después que hubo muerto su padre, Dios hizo que
mudara su domicilio a esta tierra donde ustedes ahora moran”
(Hechos 7:4). Estas palabras indican que Jehová se comunicó
con Abrahán en Harán. Es lógico creer que en aquella ocasión
Jehová reiteró su pacto con Abrahán, como se relata en Génesis
12:1-3, dado que este entró en vigor cuando él se mudó a
Canaán. Por lo tanto, tras analizar todos los hechos, podemos
concluir que Jehová bien pudo celebrar su pacto con Abrahán en
Ur y luego reafirmarlo en Harán.
w02 15/9 pág. 27 La Septuaginta: útil en el pasado y en el
presente
Útil en el siglo primero
Tanto los judíos de habla griega anteriores a Jesucristo y
sus apóstoles como sus contemporáneos emplearon mucho la
Septuaginta. Gran parte de los judíos y prosélitos que se
congregaron en Jerusalén en el Pentecostés del año 33 E.C.
provenían de Egipto, Libia, Roma, Creta y el distrito de Asia,
regiones en las que se hablaba griego. Seguramente leían esta
versión (Hechos 2:9-11). Podemos decir, pues, que sirvió para
difundir las buenas nuevas en el siglo primero.
Por ejemplo, al dirigirse a hombres de Cirene, Alejandría,
Cilicia y Asia, el discípulo Esteban dijo: “José envió y mandó
llamar a Jacob su padre y a todos sus parientes de aquel lugar
[Canaán], en número de setenta y cinco almas” (Hechos 6:8-10;
7:12-14). El texto hebreo del capítulo 46 de Génesis señala que
el número de parientes de José era de 70; pero la Septuaginta
dice que eran 75, de lo que se desprende que Esteban citó de
esta última (Génesis 46:20, 26, 27, nota).
w98 15/9 Los tiempos y sazones pertenecen a Jehová
12. ¿Cómo mostró Esteban que Moisés se adelantó al
tiempo de Jehová?
13. ¿De qué manera es similar nuestra situación a la de los
israelitas antes de ser liberados de Egipto?
12 De la sinopsis que hizo Esteban también se deduce que
los israelitas no conocían el tiempo exacto de su liberación.
Hablando de Moisés, dijo: “Cuando estaba cumpliéndose el
tiempo de su año cuadragésimo, le vino al corazón el
inspeccionar a sus hermanos, los hijos de Israel. Y cuando
alcanzó a ver a alguien a quien se trataba injustamente, lo
defendió, y ejecutó venganza a favor del maltratado, derribando
al egipcio. Suponía que sus hermanos comprenderían que por
su mano Dios les daba salvación, pero ellos no lo
comprendieron” (Hechos 7:23-25). Moisés actuó cuarenta años
antes del tiempo que Dios había fijado. Esteban indicó que
Moisés tuvo que esperar otros cuarenta años antes de que Dios
‘les diera la salvación por su mano’ (Hechos 7:30-36).
13 Aunque “se iba acercando el tiempo para el cumplimiento
de la promesa” y Dios había fijado el año exacto, Moisés y todo
Israel tuvieron que demostrar su fe. Debieron esperar el tiempo
señalado de Jehová, al parecer sin posibilidad de calcularlo de
antemano. Nosotros también estamos convencidos de que
nuestra liberación del presente sistema de cosas inicuo está
cerca. Sabemos que estamos viviendo en “los últimos días”
(2 Timoteo 3:1-5). Por tanto, ¿no deberíamos estar dispuestos a
esperar con fe el debido tiempo de Jehová para su gran día?
(2 Pedro 3:11-13.) Cuando este llegue, podremos entonar un
glorioso cántico de liberación para la alabanza de Jehová, como
hicieron Moisés y los israelitas (Éxodo 15:1-19).
g04 8/4 pág. 4 Moisés: ¿realidad o leyenda?
Pues bien, unos padres israelitas, Amram y Jokébed, “no
temieron la orden del rey” cuando les nació un hijo varón,
calificado siglos después de “divinamente hermoso” (Hebreos
11:23; Hechos 7:20). Tuvieran o no indicios de que el niño
contaba con el favor divino, se negaron a entregarlo para su
ejecución y lo ocultaron a riesgo de sus vidas.
Literalmente, “hermoso ante el Dios”. Según The Expositor’s
Bible Commentary, la expresión podría aludir, además de a su
extraordinaria belleza, a “las cualidades de su corazón”.
w12 15/6 ¿Por qué poner el servicio de Jehová en primer
lugar?
5, 6. a) ¿Qué fin tenía, probablemente, la educación que
Moisés recibió? b) ¿Por qué rechazó Moisés las
posibilidades que Egipto le ofrecía?
LAS DECISIONES DE UN PRÍNCIPE EGIPCIO
5 Veamos ahora el ejemplo de Moisés, quien fue adoptado
por la hija del faraón y creció en un palacio. Como correspondía
a un joven príncipe, “fue instruido en toda la sabiduría de los
egipcios” (Hech. 7:22; Éxo. 2:9, 10). Es muy posible que esa
educación tuviera el fin de prepararlo para destacadas funciones
en la corte. Podría haber sido alguien importante en el gobierno
más poderoso de su época y haber tenido los lujos, privilegios y
placeres propios de su puesto. Pero ¿fue ese su objetivo?
6 Debido a la enseñanza que recibió de sus verdaderos
padres en sus primeros años, probablemente conocía las
5
promesas que Jehová les había hecho a sus antepasados
Abrahán, Isaac y Jacob, y cifró su fe en ellas. Sin duda
reflexionó en su futuro y su lealtad a Jehová, y cuando tuvo que
elegir entre ser un príncipe egipcio o un esclavo israelita, prefirió
“ser maltratado con el pueblo de Dios más bien que disfrutar
temporalmente del pecado” (léase Hebreos 11:24-26). Más
adelante siguió las instrucciones de Jehová sobre lo que debía
hacer con su vida (Éxo. 3:2, 6-10). ¿Por qué actuó de esa
forma? Porque creía en las promesas divinas y llegó a la
conclusión de que en Egipto no había ningún futuro para él.
Y tenía razón, pues Dios destrozó poco después a aquella
nación con las diez plagas. ¿Ve usted cuál es la lección que
encierra ese ejemplo para los siervos dedicados de Jehová de la
actualidad? Debemos concentrarnos en Jehová y su servicio,
no en prosperar o en disfrutar de los placeres de este sistema de
cosas.
w00 15/11 Los cristianos somos felices al prestar servicio
17. a) ¿Cómo se corrompió el servicio sagrado en la época
de Moisés? b) ¿De qué modos pudiera encauzarse mal el
servicio sagrado hoy día?
17 Acordémonos de los israelitas de la época de Moisés. Con
referencia a ellos leemos: “Dios se volvió y los entregó a que
rindieran servicio sagrado al ejército del cielo” (Hechos 7:42).
Aunque aquellos israelitas habían presenciado los portentos que
obró Jehová a favor suyo, recurrieron a otros dioses cuando les
pareció conveniente. No manifestaron lealtad, cualidad esencial
para que Dios acepte nuestro servicio sagrado (Salmo 18:25).
Es cierto que hoy son muy pocos los que se apartarían de
Jehová para adorar estrellas o becerros de oro, pero existen
otras modalidades de idolatría. Jesús nos previno contra el
servicio a “las Riquezas”, y Pablo dijo que la codicia es idolatría
(Mateo 6:24; Colosenses 3:5). Además, Satanás se presenta
como si fuera un dios (2 Corintios 4:4). Estos tipos de idolatría
son muy frecuentes y constituyen una trampa. Pensemos, por
ejemplo, en el individuo que afirma seguir a Jesús, pero cuya
auténtica meta en la vida es enriquecerse, o que en verdad solo
confía en sí mismo o en sus propias ideas. ¿A quién sirve en
realidad? ¿Acaso es muy diferente de los judíos de tiempos de
Isaías que juraban por el nombre de Jehová, pero atribuían sus
grandes actos a ídolos inmundos? (Isaías 48:1, 5.)
w90 1/6 Ande en el temor de Jehová
6. a) Antes de su muerte, ¿qué experiencia de Esteban
fortaleció su fe? b) ¿Por qué podía Esteban decir correctamente:
“Señor Jesús, recibe mi espíritu”?
6 Aquella declaración denodada de Esteban significó su muerte
(7:54-60). Los jueces se encolerizaron de que él expusiera así la
culpa que ellos tenían por la muerte de Jesús. ¡Pero cuánto se
fortaleció la fe de Esteban cuando él ‘miró con fijeza al cielo y
alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a Su diestra’!
Ahora Esteban podía enfrentarse a sus enemigos con la
confianza de que había hecho la voluntad de Dios. Aunque los
testigos de Jehová no tienen visiones, podemos tener una
serenidad parecida procedente de Dios cuando se nos persigue.
Cuando los enemigos de Esteban comenzaron a apedrearlo en
las afueras de Jerusalén, él suplicó: “Señor Jesús, recibe mi
espíritu”. Aquello fue apropiado, porque Dios había autorizado a
Jesús para levantar a otros a la vida. (Juan 5:26; 6:40;
11:25, 26.) Arrodillado, Esteban clamó: “Jehová, no les imputes
este pecado”. Entonces se durmió en la muerte como mártir,
como les ha pasado a muchos otros desde entonces, aun en
tiempos modernos.
w09 1/11 pág. 7 Mito 4: Dios es una Trinidad
¿Qué dice la Biblia? “[Esteban], lleno del Espíritu Santo,
miró fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la
diestra de Dios; y dijo: ‘Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo
del hombre de pie a la diestra de Dios’.” (Hechos 7:55, 56, Biblia
de Jerusalén Latinoamericana.)
Como vemos, Esteban se llenó del espíritu santo de Dios —
su fuerza activa— y vio a Jesús “de pie a la diestra de Dios”.
¿Qué nos enseña eso? Que Jesús no se convirtió en Dios
después de resucitar y subir al cielo; en efecto, él es un ser
espiritual diferente a su Padre. Además, el relato no indica que
hubiera una tercera persona al lado de Dios. A lo largo del
tiempo se han hecho muchos intentos por encontrar versículos
con los que defender la Trinidad; con todo, un sacerdote
dominico tuvo que reconocer: “En ningún lugar del Nuevo
Testamento se encuentra la afirmación de que existen
tres personas en un solo Dios” (À l’aube du christianisme: la
naissance des dogmes [Los albores del cristianismo: el
nacimiento de los dogmas], de Marie-Émile Boismard).
¿Indica el relato de Hechos 7:59 que Esteban le oró a
Jesús? [17 de jun., w08 15/5 pág. 31 párr. 2.]
w08 15/5 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de Hechos
7:59. ¿Oró Esteban a Jesús? No. Nuestra adoración y, por
lo tanto, nuestras oraciones, solo deben dirigirse a Jehová Dios
(Luc. 4:8; 6:12). En circunstancias normales, Esteban se hubiera
dirigido a Jehová en el nombre de Jesús (Juan 15:16). Pero en
esta ocasión contempló una visión del “Hijo del hombre de pie a
la diestra de Dios” (Hech. 7:56). Como sabía que Jesús había
recibido el poder para resucitar a los muertos, Esteban le habló
directamente a Jesús pidiéndole que protegiera su espíritu, pero
eso no fue una oración (Juan 5:27-29).
w05 1/1 pág. 31 Preguntas de los lectores
¿Indican las palabras de Esteban que aparecen en Hechos
7:59 que las oraciones deben dirigirse a Jesús?
En Hechos 7:59 se lee: “Siguieron arrojándole piedras a
Esteban mientras él hacía petición y decía: ‘Señor Jesús, recibe
mi espíritu’”. Estas palabras han hecho surgir dudas en la mente
de algunas personas, dado que el “Oidor de la oración”, según la
Biblia, es Jehová (Salmo 65:2). ¿Oró Esteban a Jesús? De ser
así, ¿sería indicativo de que Jesús es Jehová?
En algunas versiones, como la Franquesa-Solé, se dice que
Esteban “invocaba a Dios, diciendo: ¡Señor, Jesús [...]!”.
No sorprende, pues, que muchas personas hayan llegado a la
misma conclusión que el comentarista bíblico Matthew Henry,
quien afirmó: “En este pasaje, Esteban ora a Cristo, y así
debemos hacer nosotros”. Sin embargo, tal punto de vista está
equivocado. ¿Por qué?
La obra Barnes’ Notes on the New Testament reconoce
honestamente lo siguiente: “La palabra Dios no está en el
original, por lo que no debería aparecer en la traducción. No se
encuentra en ninguno de los antiguos manuscritos y versiones”.
¿Cómo llegó a insertarse entonces la palabra “Dios” en dicho
versículo? El estudioso Abiel Abbot Livermore lo denominó “un
6
ejemplo de los prejuicios sectarios de los traductores”. Eso
explica por qué la mayoría de las traducciones modernas
eliminan tal alusión espuria a Dios.
Ahora bien, muchas versiones dicen que Esteban “oraba” a
Jesús. Y la nota al pie de la página de la Traducción del Nuevo
Mundo muestra que la expresión “hacía petición” también puede
traducirse como que hacía “invocación; oración”. ¿No indicaría
este hecho que Jesús es Dios Todopoderoso? De ningún modo.
El Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo
Testamento exhaustivo, de Vine, explica que en este contexto, la
palabra griega original, e·pi·ka·lé·o, significa: “invocar; [...] apelar
a la autoridad”. Pablo empleó esta misma palabra cuando
declaró: “¡Apelo a César!” (Hechos 25:11). Por eso, la obra
Hechos de los apóstoles, de F. F. Bruce, vierte de manera
apropiada el pasaje diciendo que Esteban “clamaba” a Jesús.
¿Qué indujo a Esteban a hacer dicha petición? Según
Hechos 7:55, 56, “estando lleno de espíritu santo, miró con fijeza
al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a la
diestra de Dios”. En circunstancias normales, Esteban dirigiría
sus peticiones a Jehová en el nombre de Jesús. Pero al
contemplar en una visión a Jesús resucitado, parece ser que se
sintió con la libertad de apelar a él directamente, diciendo:
“Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Esteban sabía que Jesús
había recibido la autoridad para levantar a los muertos (Juan
5:27-29). Por esa razón le pidió a Jesús que salvaguardara su
espíritu, o fuerza de vida, hasta el día en que lo resucitara con
vida inmortal en los cielos.
¿Sirve de base esta breve declaración de Esteban para
dirigir nuestras oraciones a Jesús? En absoluto. Para empezar,
Esteban distinguía con claridad a Jesús de Jehová, pues el
relato dice que vio a Jesús “de pie a la diestra de Dios”. Además,
las circunstancias en las que se encontraba no eran nada
usuales. Aparte de este, el único caso en el que alguien se dirige
directamente a Jesús de manera semejante es cuando el apóstol
Juan lo ve en una visión (Revelación [Apocalipsis] 22:16, 20).
Aunque los cristianos de la actualidad dirigen todas sus
oraciones a Jehová Dios —como es lo apropiado—, también
poseen una fe inquebrantable en que Jesús es “la resurrección y
la vida” (Juan 11:25). Al igual que ocurrió en el caso de Esteban,
dicha fe en la capacidad de Jesús para rescatar a sus discípulos
de la muerte puede ayudarnos y sostenernos cuando suframos
pruebas.
w94 15/12 pág. 24 ¿Se debe orar a Jesús?
Quizás haya quien pregunte: “¿No dice la Biblia que tanto el
discípulo Esteban como el apóstol Juan hablaron a Jesús
cuando ya estaba en el cielo?”. Es cierto. Pero estos sucesos
no tienen nada que ver con oraciones, pues tanto Esteban como
Juan contemplaron a Jesús en visión y le hablaron directamente.
(Hechos 7:56, 59; Revelación 1:17-19; 22:20.) Tenga en cuenta
que tan solo hablar, aunque sea a Dios, no constituye una
oración de por sí. Adán y Eva hablaron a Dios con el fin de
excusarse por su gran falta, cuando él los juzgó tras su pecado
en Edén. Hablarle de esa forma no fue una oración. (Génesis
3:8-19.) Por lo tanto, sería incorrecto presentar el que Esteban y
Juan le hablaron a Jesús como prueba de que debemos orarle.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jehová es mi pastor y nada me faltara.