sábado, 8 de junio de 2013

puntos sobresalientes hechos 1 a 4

1
Puntos Sobresalientes Hechos de los Apóstoles capítulos 1 a 4
Semana del 10 de Junio 2013.
Introducción
it-1 págs. 1114-1115 HECHOS DE APÓSTOLES
Título que recibió uno de los libros de la Biblia a partir
del siglo II E.C. Abarca sobre todo la actividad de Pedro y
Pablo, más bien que la de todos los apóstoles, y ofrece
una historia fidedigna y extensa del impresionante
comienzo y rápido crecimiento de la organización cristiana,
primero entre los judíos y luego entre las naciones
gentiles.
En este libro sobresale el tema preponderante de toda
la Biblia, a saber, el Reino de Jehová (Hch 1:3; 8:12;
14:22; 19:8; 20:25; 28:31); nos recuerda constantemente
que los apóstoles dieron “testimonio cabal” tanto de Cristo
como del Reino y que efectuaron su ministerio a cabalidad.
(Hch 2:40; 5:42; 8:25; 10:42; 20:21, 24; 23:11; 26:22;
28:23.) Además, proporciona un marco histórico
incomparable para el estudio de las cartas inspiradas de
las Escrituras Griegas Cristianas.
Escritor. La introducción del libro se refiere al
evangelio de Lucas como “el primer relato”. Como ambos
escritos están dirigidos a la misma persona, Teófilo, se
sabe que Lucas fue el escritor de Hechos, aunque no firma
la obra. (Lu 1:3; Hch 1:1.) Ambos relatos tienen estilo y
fraseología similares. El Fragmento de Muratori, de finales
del siglo II E.C., también lo atribuye a Lucas. Escritores
eclesiásticos del siglo II E.C., como Ireneo de Lyón,
Clemente de Alejandría y Tertuliano de Cartago, atribuyen
a Lucas la autoría de Hechos cuando citan de este libro.
Cuándo y dónde se escribió. El libro abarca un
período de aproximadamente veintiocho años, desde la
ascensión de Jesús, en 33 E.C., hasta el fin del segundo
año del encarcelamiento de Pablo en Roma, alrededor de
61 E.C. Durante este período gobernaron sucesivamente
cuatro emperadores romanos: Tiberio, Calígula, Claudio y
Nerón. Puesto que narra sucesos que ocurrieron durante
el segundo año del encarcelamiento de Pablo en Roma,
no pudo haberse completado antes de esa fecha. Si el
relato se hubiera escrito después, parece lógico que Lucas
hubiese dado más información sobre Pablo. De haberse
escrito después del año 64 E.C., seguramente habría
mencionado la persecución violenta que Nerón desató ese
año. Y si hubiera sido escrito después de 70 E.C., como
algunos afirman, sería de esperar que se hubiese
registrado la destrucción de Jerusalén.
El escritor, Lucas, debió acompañar a Pablo en
muchos de sus viajes y también en la accidentada travesía
que realizó a Roma, pues utiliza en su narración los
pronombres en la primera persona del plural: “nosotros”,
“nos”, “nuestras”, “nuestro”. (Hch 16:10-17; 20:5-15; 21:1-
18; 27:1-37; 28:1-16.) Además, Pablo envía los saludos de
Lucas en las cartas escritas desde Roma (Col 4:14; Flm
24), lo que hace pensar que el libro se terminó de escribir en
esa ciudad.
Por consiguiente, Lucas fue testigo ocular de gran parte de
los acontecimientos que narra, y en sus viajes tuvo relación con
compañeros cristianos que intervinieron en algunos de los
sucesos narrados o que al menos los habían presenciado. Por
ejemplo, Juan Marcos pudo haberle contado cómo se liberó a
Pedro de la prisión mediante un milagro (Hch 12:12), mientras
que pudo haber sabido de los sucesos narrados en los
capítulos 6 y 8 por medio de Felipe, el misionero. Y, como es
natural, Pablo le daría muchos detalles de los sucesos que
Lucas no vivió personalmente.
Autenticidad. La exactitud del libro de Hechos ha quedado
confirmada a través de los años por varios descubrimientos
arqueológicos. Por ejemplo, Hechos 13:7 dice que Sergio Paulo
era el procónsul de Chipre. Se sabe que poco antes de que
Pablo visitara Chipre, un propretor o legado gobernaba la isla,
pero el descubrimiento de una inscripción en Chipre prueba que
llegó a estar bajo la jurisdicción del senado romano en la
persona de un gobernador provincial llamado procónsul. La
situación de Grecia durante la gobernación de César Augusto
fue parecida. Acaya era una provincia gobernada directamente
por el senado romano, pero cuando Tiberio llegó a ser
emperador, él mismo se encargó de su gobierno, si bien, según
Tácito, en tiempos del emperador Claudio volvió a ser una
provincia senatorial. Se ha descubierto un fragmento de un
rescripto de Claudio a los habitantes de Delfos (Grecia) en el
que se hace referencia al proconsulado de Galión. Por
consiguiente, Hechos 18:12 es exacto cuando se refiere a
Galión como el “procónsul” durante la estancia de Pablo en
Corinto, la capital de Acaya. (Véase GALIÓN.) Además, una
inscripción hallada en un arco de Tesalónica (cuyos fragmentos
se conservan en el Museo Británico) muestra el acierto de
Hechos 17:8 al hablar de los “gobernantes de la ciudad”
(“politarcas”, gobernadores de los ciudadanos), a pesar de que
este título no se encuentra en la literatura clásica.
En Atenas, el Areópago, o Colina de Marte, donde Pablo
predicó se yergue hasta este día como testigo mudo de la
veracidad de Hechos. (Hch 17:19.) Los términos y las
expresiones médicas que se encuentran en este libro
concuerdan con los de los escritos médicos griegos de la
época. Los medios de transporte comunes en el Oriente Medio
del primer siglo corresponden básicamente a los mencionados
en Hechos; por tierra: a pie, a caballo o en carros tirados por
caballos (23:24, 31, 32; 8:27-38); por mar: en barcos de carga
(21:1-3; 27:1-5). Aquellos barcos antiguos no tenían un solo
timón, sino que se controlaban con dos grandes remos
timoneros, de ahí que se haga referencia a ellos en plural
(27:40). En relación con la narración del viaje en barco de Pablo
a Roma (27:1-44), marineros contemporáneos que frecuentan
esa ruta dan fe de su credibilidad y autenticidad respecto al
tiempo invertido, la distancia recorrida y los lugares visitados.
Entre los siglos II al IV E.C., los catalogadores de las
Escrituras aceptaron sin discusión el libro de Hechos de
2
Apóstoles como inspirado y canónico. Se encuentran
porciones de este libro y fragmentos de los cuatro
evangelios en algunos de los papiros de las Escrituras
Griegas, como Chester Beatty núm. 1 (P45), del siglo III
E.C.; Michigán núm. 1571 (P38), del siglo III o IV, que
contiene porciones de los capítulos 18 y 19, y un
manuscrito del siglo IV, Aegyptus núm. 8683 (P8), que
contiene partes de los capítulos 4 al 6. Citaron del libro de
Hechos Policarpo de Esmirna, alrededor de 115 E.C.;
Ignacio de Antioquía, alrededor de 110 E.C., y Clemente
de Roma, posiblemente en 95 E.C. Tanto Atanasio como
Jerónimo y Agustín, del siglo IV, confirman las listas
primitivas que incluyen el libro de Hechos.
PUNTOS SOBRESALIENTES DE HECHOS
Comienzo de la congregación cristiana y crónica de su
celosa testificación pública ante tenaz oposición
Tiempo que abarca: 33 a c. 61 E.C.
Antes de ascender al cielo, Jesús comisiona a sus
seguidores para que testifiquen que es el Mesías de
Jehová (1:1-26)
Después de recibir el espíritu santo, los discípulos
testifican con denuedo en muchos idiomas (2:1–5:42)
Se da testimonio en su propio idioma a judíos
procedentes de muchos países que se hallan en
Jerusalén; unos 3.000 se bautizan
Detienen a Pedro y a Juan y los llevan ante el
Sanedrín; declaran sin temor que no dejarán de
dar testimonio
Todos los discípulos hablan la palabra de Dios con
ardor, llenos de espíritu santo; multitudes se
hacen creyentes
Se encarcela a los apóstoles; un ángel los libera;
declaran ante el Sanedrín: “Tenemos que
obedecer a Dios como gobernante más bien que a
los hombres”
La persecución resulta en la expansión del testimonio
(6:1–9:43)
Se detiene a Esteban, da un audaz testimonio, muere
como mártir
La persecución dispersa a todos excepto a los
apóstoles; se testifica en Samaria; bautismo de un
eunuco etíope
Jesús se aparece al perseguidor Saulo, quien se
convierte, se bautiza y se ocupa celosamente en
el ministerio
Por dirección divina el testimonio llega a los gentiles
incircuncisos (10:1–12:25)
Pedro predica a Cornelio, a su familia y a sus amigos;
creen, reciben espíritu santo y se bautizan
El informe del apóstol sobre este suceso promueve la
expansión entre las naciones
Giras misionales de Pablo (13:1–21:26)
Primera gira: A Chipre (Asia Menor). Pablo y Bernabé
testifican con entusiasmo públicamente y en las
sinagogas; expulsados de Antioquía; atacados en
Iconio; en Listra, primero se les trata como dioses,
luego Pablo es apedreado
El cuerpo gobernante de Jerusalén decide sobre la
cuestión de la circuncisión; designa a Pablo y Bernabé
para que informen a los hermanos que ya no se
requiere la circuncisión, pero que los creyentes tienen
que abstenerse de las cosas sacrificadas a ídolos, de
la sangre y de la fornicación
Segunda gira: Vuelve a Asia Menor, pasa a Macedonia y
Grecia. Es encarcelado en Filipos, pero el carcelero y
su familia se bautizan; los judíos provocan tumultos en
Tesalónica y Berea; en Atenas predica en la sinagoga,
en la plaza del mercado, luego en el Areópago;
dieciocho meses de ministerio en Corinto
Tercera gira: Asia Menor, Grecia. Ministerio fructífero en
Éfeso, los plateros provocan un motín; el apóstol
aconseja a los ancianos
Pablo es detenido, testifica a los oficiales, le conducen a
Roma (21:27–28:31)
Le atacan en Jerusalén; ante la presencia del Sanedrín
Durante su detención, da un audaz testimonio ante Félix,
Festo y el rey Herodes Agripa II, y también en el barco
que le lleva a Roma
Encarcelado en Roma, Pablo aún halla maneras de
predicar a Cristo y el Reino
Capítulo 1
*** w07 15/11 pág. 19 Lucas, amado colaborador ***
¿Quién fue Teófilo?
Lucas dirige a Teófilo tanto el libro de Hechos de Apóstoles
como su Evangelio, donde lo llama “excelentísimo Teófilo”
(Lucas 1:3). “Excelentísimo” era un epíteto para dirigirse a
alguien muy acaudalado o a los altos funcionarios del gobierno
romano. Por ejemplo, el apóstol Pablo se dirigió a Festo,
procurador romano de Judea, en términos similares (Hechos
26:25).
Según parece, Teófilo había oído acerca de Jesús y se había
interesado en su mensaje. Lucas tenía la esperanza de que su
Evangelio lo ayudara a ‘conocer plenamente la certeza de las
cosas que se le habían enseñado oralmente’ (Lucas 1:4).
Según el helenista Richard Lenski, es poco probable que
Teófilo fuera cristiano cuando Lucas lo llamó “excelentísimo”,
porque “jamás en la literatura cristiana a ningún hermano en la
fe se le menciona con títulos de distinción terrenal”. Cuando
tiempo más tarde escribió el libro de Hechos, ya no usó el título
“excelentísimo”, sino que simplemente dijo: “Oh Teófilo”
(Hechos 1:1). Por lo tanto, Lenski llega a la siguiente
conclusión: “Cuando Lucas escribió su Evangelio a Teófilo, este
distinguido personaje no era todavía cristiano, aunque estaba
grandemente interesado en los asuntos cristianos; pero cuando
Lucas le envió el Libro de Los Hechos, Teófilo ya había sido
convertido”.
*** gm cap. 6 págs. 81-82 párrs. 25-26 Los milagros...
¿fueron realidad? ***
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo
Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un
historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo
3
Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los
historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como
ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus
fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides
combinó este método con una pasión por la exactitud
histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos
que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado,
Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de
Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el
libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús
fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52;
Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que
sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro
de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo
ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de
milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12;
28:8, 9.)
*** w92 1/2 pág. 14 ‘En el nombre del espíritu santo’ ***
Bautizados en espíritu santo
3 En cuanto al bautismo en espíritu santo, Jesús
prometió a sus discípulos poco antes de su ascensión:
“Serán bautizados en espíritu santo no muchos días
después de esto”. (Hechos 1:5, 8.) Poco después esa
promesa se cumplió. Descendió espíritu santo sobre unos
120 discípulos reunidos en un aposento alto en Jerusalén
cuando Jesús, desde el cielo, efectuó sus primeros
bautismos en espíritu santo. (Hechos 2:1-4, 33.) ¿Qué
resultado tuvo esto? Los discípulos llegaron a ser parte del
cuerpo espiritual de Cristo. Como explica el apóstol Pablo,
“por un solo espíritu todos [fueron] bautizados para formar
un solo cuerpo”. (1 Corintios 12:13.) A la misma vez,
fueron ungidos para ser futuros reyes y sacerdotes en el
Reino celestial de Dios. (Efesios 1:13, 14; 2 Timoteo 2:12;
Revelación 20:6.) El espíritu santo también sirvió como
sello inicial y muestra de aquella gloriosa herencia futura,
pero eso no fue todo. (2 Corintios 1:21, 22.)
4 Unos años antes Jesús había dicho a Nicodemo: “A
menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de
Dios. [...] A menos que uno nazca del agua y del espíritu,
no puede entrar en el reino de Dios”. (Juan 3:3, 5.) Ahora
120 humanos habían nacido de nuevo. Mediante espíritu
santo, habían sido adoptados como hijos espirituales de
Dios, hermanos de Cristo. (Juan 1:11-13; Romanos
8:14, 15.) Todas estas actividades del espíritu santo son, a
su manera, más maravillosas que milagros. Además, a
diferencia de los milagros que sucedían una sola vez, el
espíritu santo no cesó después de la muerte de los
apóstoles, sino que ha seguido activo de esta manera
hasta nuestros mismos días. Es un privilegio para los
testigos de Jehová el tener entre sí a los últimos miembros
del cuerpo de Cristo bautizados por espíritu, y estos sirven
de “esclavo fiel y discreto” para proveer alimento espiritual
al tiempo apropiado. (Mateo 24:45-47.)
*** w90 1/6 págs. 10-11 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***
Jesús comisiona a testigos
3 Los apóstoles podían adoptar una postura firme a favor
de Dios porque se les había fortalecido espiritualmente. Cristo
había muerto en un madero de tormento, pero ellos sabían que
había sido resucitado (1:1-5). En cuerpos materializados Jesús
“se les mostró vivo” y les enseñó verdades del Reino durante
40 días. También dijo a sus discípulos que esperaran en
Jerusalén por el bautismo “en espíritu santo”. Entonces la
predicación sería lo primordial para ellos, como lo es para los
testigos de Jehová en la actualidad. (Lucas 24:27, 49; Juan
20:19–21:24.)
4 Los apóstoles, todavía no bautizados en espíritu santo,
tenían la idea equivocada de una gobernación terrestre que
pondría fin a la dominación romana cuando preguntaron:
“Señor, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?”
(1:6-8). En realidad Jesús dijo que no, pues ‘no les pertenecía a
ellos conocer los tiempos y sazones’. ‘Cuando el espíritu santo
llegara sobre ellos’, los facultaría para testificar acerca del
Reino celestial de Dios, no de uno en esta Tierra. Predicarían
en Jerusalén, Judea y Samaria, “y hasta la parte más distante
de la tierra”. Con la ayuda del espíritu, en estos últimos días los
testigos de Jehová efectúan por todo el mundo una obra como
aquella.
5 Jesús acababa de dar aquella comisión de predicar por
todo el mundo cuando empezó a ascender al cielo. Aquella
ascensión empezó con un movimiento hacia arriba que lo alejó
de sus discípulos, y algún tiempo después Jesús entró ante la
presencia de su Gobernante celestial y pasó a estar activo en la
región de los espíritus (1:9-11). Después que una nube ocultó
de la vista de los apóstoles a Jesús, él se despojó de su cuerpo
carnal materializado. Dos ángeles aparecieron y dijeron que él
‘vendría de la misma manera’. Y así ha sido. Únicamente los
discípulos de Jesús lo vieron partir, tal como solo los testigos de
Jehová reconocen su vuelta invisible.
*** w08 1/10 pág. 11 ¿Lo sabía? ***
¿Qué era “el camino de un sábado”?
Tras ver a Jesús ascender al cielo desde el monte de los
Olivos, sus discípulos volvieron a Jerusalén. Según el relato
bíblico, esta ciudad se encontraba a una distancia descrita
como “el camino de un sábado” (Hechos 1:12). ¿Qué distancia
era esa? Pues bien, un viajero era capaz de caminar más de
30 kilómetros (20 millas) en un solo día. Pero el monte de los
Olivos no estaba tan lejos de Jerusalén. Entonces, ¿a qué se
refería la expresión “el camino de un sábado”?
En tiempos bíblicos, el sábado era un día en el que los
israelitas debían descansar de sus quehaceres cotidianos.
Ni siquiera les estaba permitido encender fuego en su hogar
(Éxodo 20:10; 35:2, 3). “Quédese sentado cada uno en su
propio lugar —había ordenado Jehová—. No salga nadie de su
localidad en el séptimo día.” (Éxodo 16:29.) Esta ley les daba la
oportunidad de descansar de sus tareas y concentrarse en los
aspectos espirituales de la vida.
4
No satisfechos con los preceptos de la Ley, ciertos
rabinos legalistas estipularon —de forma arbitraria— la
distancia máxima que podía caminarse durante un sábado
para, por ejemplo, ir a adorar a Dios. A este respecto, una
enciclopedia explica: “Como resultado de las rigurosas
leyes sobre la observancia del sábado [...], se determinó
que ese día ningún israelita podía caminar más de cierta
distancia, conocida como el camino de un sábado”
(Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical
Literature). El límite se fijó en 2.000 codos, lo que puede
corresponder aproximadamente a un kilómetro (alrededor
de 3.000 pies).
*** w90 1/6 pág. 11 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***
Jehová escoge
6 Poco tiempo después los apóstoles estuvieron de
regreso en Jerusalén (1:12-26). En un aposento de arriba
(tal vez en la casa de la madre de Marcos, llamada María),
los 11 apóstoles leales persistían en orar con los medio
hermanos de Jesús, sus otros discípulos y su madre,
María. (Marcos 6:3; Santiago 1:1.) Pero ¿quién recibiría el
“puesto de superintendencia” de Judas? (Salmo 109:8.)
Unos 120 discípulos estaban presentes cuando Dios
escogió a un hombre para reemplazar a Judas, quien
había traicionado a Jesús, y restablecer la cantidad de
12 apóstoles. El escogido tenía que ser alguien que
hubiera sido discípulo durante el tiempo del ministerio de
Jesús y que hubiera sido testigo de su resurrección. Por
supuesto, aquel hombre también tenía que reconocer a
Jehová como su Gobernante. Después de orar, se echaron
suertes sobre Matías y José Barsabás. Dios hizo que la
suerte cayera sobre Matías. (Proverbios 16:33.)
7 Ciertamente Judas Iscariote no había reconocido a
Jehová como Gobernante suyo. ¡Había traicionado al Hijo
de Dios por 30 piezas de plata! Judas devolvió aquel
dinero a los sacerdotes principales, pero Pedro dijo que el
traidor “compró un campo con el salario de la injusticia”.
¿Cómo fue eso? Pues bien, suministró el dinero y la razón
para comprar el “Campo de Sangre”, como se le llamó.
Este ha sido identificado como un terreno llano en la parte
sur del valle de Hinón. Judas había arruinado por completo
su buena relación con el Gobernante celestial, así que “se
ahorcó”. (Mateo 27:3-10.) Puede que la cuerda o la rama
del árbol se haya roto, de modo que él ‘cayera de cabeza y
reventara ruidosamente por en medio’ al dar contra rocas
dentadas. ¡Que ninguno de nosotros sea un falso
hermano!
*** w92 15/7 págs. 6-7 ¿Se contradice la Biblia? ***
▪ ¿Cómo murió Judas Iscariote?
Mateo 27:5 afirma que Judas se ahorcó, mientras que
Hechos 1:18 dice que, “cayendo de cabeza, reventó
ruidosamente por en medio, y todos sus intestinos
quedaron derramados”. Mientras que Mateo parece
referirse a cómo intentó suicidarse, Hechos describe los
resultados. Parece ser que Judas ató una cuerda a la rama
de un árbol, se puso la soga al cuello e intentó ahorcarse
saltando de un risco. Al parecer se rompió la cuerda o la rama
del árbol, de modo que se precipitó al suelo y reventó al caer en
las rocas. La topografía de los alrededores de Jerusalén hace
que tal conclusión sea lógica.
*** it-2 pág. 1063 Suerte ***
Echar suertes es una costumbre antigua para decidir sobre
diferentes cuestiones. El método que se utilizaba era el de
echar guijarros o pedacitos de madera o piedra dentro de los
pliegues recogidos de una prenda de vestir, es decir, “el
regazo”, o dentro de una vasija, y luego, agitarlos. El escogido
era aquel cuya suerte se salía o se sacaba. Al igual que el
juramento, el echar suertes iba acompañado de una oración.
Esa oración se expresaba en voz alta o simplemente estaba
implícita en el acto, y así pedían y contaban con la intervención
de Jehová. La palabra “suerte” (heb. goh·rál) se utiliza tanto de
forma literal como figurada con la idea de “parte” o “porción”.
(Jos 15:1; Sl 16:5; 125:3; Isa 57:6; Jer 13:25.)
En el tiempo de los apóstoles. Los discípulos de Jesús
utilizaron suertes junto con oración para determinar quién
ocuparía el lugar de Judas Iscariote como uno de los doce que
habían sido testigos de las actividades y la resurrección de
Jesús; la suerte cayó sobre Matías. (Hch 1:21-26.) El término
griego utilizado aquí para “suerte” es klḗ·ros, y está
emparentado con la palabra klē·ro·no·mí·a, que significa
“herencia”. Klḗ·ros se utiliza en Colosenses 1:12 y en 1 Pedro
5:3 con respecto a la herencia o lote que Dios ha dado a los
cristianos.
Sin embargo, la Biblia no dice que se emplearan suertes
después del Pentecostés de 33 E.C. para seleccionar a los
superintendentes y sus ayudantes o para decidir asuntos de
importancia. La selección de los superintendentes y sus
ayudantes tenía que basarse en la prueba que daban sus vidas
de tener el fruto del espíritu santo (1Ti 3; Tit 1), mientras que las
otras decisiones se basaban en el cumplimiento de profecía, la
guía angélica, los principios de la Palabra de Dios y de las
enseñanzas de Jesús y la dirección del espíritu santo. (Hch
5:19-21; 13:2, 3; 14:23; 15:15-19, 28.) El apóstol Pablo declara:
“Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa [...] para
rectificar las cosas”. (2Ti 3:16.)
Capítulo 2
*** w90 1/6 págs. 11-12 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***
¡Llenos de espíritu santo!
8 ¿Qué sucedió en cuanto al prometido bautismo en espíritu
santo? Este vino en el Pentecostés de 33 E.C., diez días
después de la ascensión de Jesús (2:1-4). ¡Qué acontecimiento
emocionante fue aquel bautismo! ¡Imagínese la escena! Unos
120 discípulos estaban en el aposento de arriba cuando, ‘de
repente, desde el cielo un ruido como el de una brisa impetuosa
y fuerte llenó la casa’. No era un viento, pero sonaba como si lo
fuera. Una lengua “como de fuego” se asentó sobre cada
discípulo y cada apóstol. “Todos se llenaron de espíritu santo y
comenzaron a hablar en lenguas diferentes.” Cuando aquel
bautismo tuvo lugar, fueron también engendrados por espíritu
5
santo, ungidos y sellados en prenda de una herencia
espiritual. (Juan 3:3, 5; 2 Corintios 1:21, 22; 1 Juan 2:20.)
9 Aquel acontecimiento afectó a los judíos y los
prosélitos que habían venido a Jerusalén de ‘toda nación
bajo el cielo’ (2:5-13). Asombrados, estos preguntaron:
‘¿Cómo es que cada uno de nosotros oye habla en su
lenguaje de nacimiento?’. El habla pudiera ser la lengua de
lugares como Media (al este de Judea), Frigia (en Asia
Menor) y Roma (en Europa). Muchos oyentes quedaron
pasmados de asombro al oír a los discípulos hablar
“acerca de las cosas magníficas de Dios” en varios
lenguajes, pero los burlones sugirieron que los discípulos
estaban borrachos.
*** it-1 pág. 720 Dones de Dios ***
“Lenguas.” El don milagroso de hablar en lenguas
fue una consecuencia inmediata del derramamiento del
espíritu de Dios en el Pentecostés del año 33 E.C. Unos
120 discípulos que se hallaban reunidos en una habitación
superior (posiblemente cerca del templo) pudieron hablar
entonces acerca de las “cosas magníficas de Dios” en las
lenguas nativas de los judíos y prosélitos que habían ido a
Jerusalén para observar la fiesta procedentes de lugares
distantes. Este cumplimiento de la profecía de Joel
demostró que Dios estaba usando a la nueva
congregación cristiana y había dejado ya a la
congregación judía. A fin de recibir el don gratuito del
espíritu santo, los judíos y prosélitos tenían que
arrepentirse y ser bautizados en el nombre de Jesús. (Hch
1:13-15; 2:1-47.)
*** w88 15/5 págs. 15-16 Sirvamos a Jehová de común
acuerdo ***
Hablan el “lenguaje puro”
3 El día del Pentecostés de 33 E.C. se derramó
espíritu santo de Dios sobre los discípulos de Jesucristo, y
ellos recibieron la facultad de hablar en lenguajes que no
habían aprendido. Así, pudieron comunicar “las cosas
magníficas de Dios” a personas de muchas lenguas. De
ese modo Jehová empezó a poner en unidad a personas
de todo origen racial o étnico. (Hechos 2:1-21, 37-42.)
Posteriormente, cuando se admitió a creyentes gentiles
como seguidores de Jesús, los siervos de Dios
ciertamente fueron un pueblo de muchas lenguas y
muchas razas. Sin embargo, las barreras mundanas nunca
los han separado, porque todos hablan el “lenguaje puro”.
Este es el lenguaje de la verdad bíblica que tienen en
común, que se predijo en Sofonías 3:9. (Efesios 4:25.) Los
que hablan el “lenguaje puro” no están divididos, sino que
‘hablan de acuerdo’, pues están “aptamente unidos en la
misma mente y en la misma forma de pensar”. (1 Corintios
1:10.)
*** w95 15/5 pág. 11 párrs. 5-6 Destellos de luz en
tiempos apostólicos ***
5 ¡Qué brillantes destellos recibieron los seguidores de
Jesús diez días después! En el Pentecostés de 33 E.C.
comprendieron por primera vez el significado de Joel 2:28, 29:
“[Yo, Jehová,] derramaré mi espíritu sobre toda clase de carne,
y sus hijos y sus hijas ciertamente profetizarán. En cuanto a sus
viejos, sueños soñarán. En cuanto a sus jóvenes, visiones
verán. Y aun sobre los siervos y sobre las siervas derramaré en
aquellos días mi espíritu”. Los discípulos de Jesús vieron el
espíritu santo asentarse en la forma de lenguas como de fuego
sobre la cabeza de los aproximadamente ciento veinte hombres
y mujeres reunidos en Jerusalén. (Hechos 1:12-15; 2:1-4.)
6 En el día de Pentecostés, los discípulos también
comprendieron por primera vez que las palabras de Salmo
16:10 se referían al resucitado Jesucristo. El salmista había
dicho: “No dejarás [Jehová Dios] mi alma en el Seol.
No permitirás que el que te es leal vea el hoyo”. Los discípulos
se dieron cuenta de que ese pasaje no podía hacer referencia
al rey David, pues su tumba permanecía con ellos. No es de
extrañar que unas tres mil personas de las que oyeron la
explicación de la nueva luz quedaran tan convencidas que se
bautizaran ese mismo día. (Hechos 2:14-41.)
*** w98 1/5 págs. 13-14 ¿Quién “escapará salvo”? ***
“Todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo.”
(HECHOS 2:21.)
EL Pentecostés del año 33 E.C. fue un día clave en la
historia universal. ¿Por qué? Porque entonces tuvo lugar el
nacimiento de una nueva nación. No era muy grande al
principio, pues constaba únicamente de 120 discípulos de
Jesús reunidos en un aposento alto de Jerusalén. Pero hoy,
cuando han quedado en el olvido la mayoría de las naciones de
entonces, aún sigue en existencia la que nació en aquel
aposento alto. Este es un hecho importantísimo para todos
nosotros, pues Dios designó a esta nación como su testigo ante
la humanidad.
2 Cuando surgió aquella nueva nación, tuvieron lugar
acontecimientos importantes que cumplieron las palabras
proféticas de Joel. Leemos de ellos en Hechos 2:2-4: “De
repente ocurrió desde el cielo un ruido exactamente como el de
una brisa impetuosa y fuerte, y llenó toda la casa en la cual
estaban sentados. Y lenguas como de fuego se les hicieron
visibles y fueron distribuidas en derredor, y una se asentó sobre
cada uno de ellos, y todos se llenaron de espíritu santo y
comenzaron a hablar en lenguas diferentes, así como el espíritu
les concedía expresarse”. De ese modo, aquellos 120 hombres
y mujeres fieles pasaron a ser una nación espiritual, los
primeros integrantes de lo que el apóstol Pablo denominó
después “el Israel de Dios” (Gálatas 6:16).
3 Cuando el gentío acudió para averiguar qué era aquella
“brisa impetuosa y fuerte”, el apóstol Pedro explicó que se
cumplía una profecía de Joel. ¿Cuál? Pues bien, escuchemos
lo que dijo: “[‘]En los últimos días —dice Dios— derramaré algo
de mi espíritu sobre toda clase de carne, y sus hijos y sus hijas
profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus viejos soñarán
sueños; y aun sobre mis esclavos y sobre mis esclavas
derramaré algo de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán. Y
6
daré portentos presagiosos en el cielo arriba y señales en
la tierra abajo, sangre y fuego y neblina de humo; el sol
será convertido en oscuridad y la luna en sangre antes que
llegue el grande e ilustre día de Jehová. Y todo el que
invoque el nombre de Jehová será salvo’” (Hechos 2:17-
21). El pasaje que citó Pedro se encuentra en Joel 2:28-
32, cuyo cumplimiento indicaba que se les acababa el
tiempo a los judíos. Se aproximaba “el grande e ilustre día
de Jehová”, período en el que se ajustarían las cuentas
con el Israel infiel. Ahora bien, ¿quién se salvaría o
escaparía salvo? Y ¿qué prefiguró aquello?
Dos cumplimientos de la profecía
4 En los años posteriores a 33 E.C. floreció el Israel
espiritual de Dios, pero no el Israel natural. En 66 E.C.,
este Israel estaba en guerra con Roma, y en 70 casi había
desaparecido, con Jerusalén y su templo arrasados por el
fuego. En Pentecostés de 33 E.C., Pedro dio un magnífico
consejo en vista de la catástrofe que se avecinaba. Una
vez más citó de Joel y dijo: “Todo el que invoque el
nombre de Jehová será salvo”. Todo judío tenía que
decidir por sí mismo si iba a invocar el nombre de Jehová
o no, lo cual incluía obedecer las instrucciones que agregó
Pedro: “Arrepiéntanse, y bautícese cada uno de ustedes
en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados”
(Hechos 2:38). Los que escuchaban a Pedro tenían que
aceptar a Jesús como el Mesías, a quien la nación de
Israel había rechazado.
*** w97 15/12 pág. 17 párrs. 3-4 Haga declaración
pública para salvación ***
3 En Pentecostés de 33 E.C. el apóstol Pedro se
dirigió en Jerusalén a una muchedumbre de judíos y
prosélitos y citó de la profecía de Joel, indicando de este
modo a sus oyentes que podían esperar un cumplimiento
en su día: “Daré portentos presagiosos en el cielo arriba y
señales en la tierra abajo, sangre y fuego y neblina de
humo; el sol será convertido en oscuridad y la luna en
sangre antes que llegue el grande e ilustre día de Jehová.
Y todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo”.
(Hechos 2:16-21.) Las muchedumbres que escuchaban a
Pedro estaban bajo la Ley mosaica, de modo que
conocían el nombre de Jehová. Pedro explicó que, en lo
sucesivo, invocar el nombre de Jehová implicaría algo
más. Como rasgo sobresaliente, incluiría bautizarse en el
nombre de Jesús, aquel a quien habían matado y había
resucitado para recibir la vida inmortal en los cielos.
(Hechos 2:37, 38.)
4 A partir de aquel Pentecostés los cristianos
difundieron la palabra sobre Jesús resucitado. (1 Corintios
1:23.) Dieron a conocer que se podía adoptar a seres
humanos como hijos espirituales de Jehová Dios para que
formaran parte de un nuevo “Israel de Dios”, una nación
espiritual que ‘declararía en público las excelencias de
Jehová’. (Gálatas 6:16; 1 Pedro 2:9.) Los que
permanecieran fieles hasta la muerte heredarían la vida
inmortal en los cielos como coherederos con Jesús en su
Reino celestial. (Mateo 24:13; Romanos 8:15, 16;
1 Corintios 15:50-54.) Además, estos cristianos tenían que
proclamar la venida del día de Jehová, grande e inspirador de
temor. Tenían que advertir al mundo judío que iba a
experimentar una tribulación que eclipsaría cualquier calamidad
que hubiera azotado a Jerusalén y al pueblo de Dios hasta
aquel tiempo. Sin embargo, habría supervivientes. ¿Quiénes?
Los que invocaran el nombre de Jehová.
*** w97 1/6 pág. 28 Preguntas de los lectores ***
Muchos textos confirman que al utilizar la palabra
“generación”, Jesús no se refería a un grupo reducido o
específico, como los caudillos judíos o sus discípulos leales,
sino que la usó en general al condenar a las masas de judíos
que lo rechazaron. De todos modos, algunos individuos podían
seguir la exhortación que el apóstol Pedro dio en el día del
Pentecostés: arrepiéntanse y “sálvense de esta generación
torcida”. (Hechos 2:40.)
Evidentemente, Pedro no se refería a personas de cierta
edad ni a un número determinado de años, ni estaba
relacionando la “generación” con alguna fecha en particular.
No dijo que la gente tenía que salvarse de la generación que
nació en el mismo año que Jesús o que nació en 29 E.C. Pedro
hablaba de los judíos incrédulos de aquel tiempo, algunos
bastante jóvenes y otros ya mayores, quienes habían conocido
la enseñanza de Jesús, habían presenciado sus milagros u
oído de ellos, y no lo habían aceptado como el Mesías.
Así debió entender Pedro la forma en que usó Jesús la
palabra “generación” cuando los cuatro apóstoles estuvieron
con él en el monte de los Olivos. Según la profecía de Jesús,
los judíos de aquel tiempo —fundamentalmente sus
contemporáneos— iban a ver u oír de guerras, terremotos,
hambres y otras pruebas de que se acercaba el fin del sistema
judío. De hecho, aquella generación no pasó antes de que
llegara el fin en 70 E.C. (Mateo 24:3-14, 34.)
*** w02 1/8 págs. 15-16 párr. 6 “Las cosas magníficas de
Dios” nos incitan a actuar ***
6 Tras oír la explicación de Pedro, muchos de los
congregados se sintieron impulsados a actuar. “Abrazaron su
palabra de buena gana [y] fueron bautizados, y en aquel día
unas tres mil almas fueron añadidas.” (Hechos 2:41.)
Se trataba de judíos naturales y de prosélitos del judaísmo, así
que ya poseían un conocimiento básico de las Escrituras. Este
hecho, junto con su fe en lo que Pedro les había enseñado, les
permitió bautizarse “en el nombre del Padre y del Hijo y del
espíritu santo” (Mateo 28:19). Después de su bautismo
“continuaron dedicándose a la enseñanza de los apóstoles”, a
la vez que comenzaron a hablar a otros de su fe recién
adquirida. En efecto, “día tras día asistían constantemente y de
común acuerdo al templo, [...] alabando a Dios y hallando favor
con todo el pueblo”. Como resultado de su predicación, “Jehová
continuó uniendo diariamente a ellos los que se iban salvando”
(Hechos 2:42, 46, 47). Surgieron congregaciones cristianas en
muchos de los países donde estos nuevos creyentes vivían, y
no cabe duda de que, al menos en parte, tal aumento se debió
al celo con que proclamaron las “buenas nuevas” cuando
regresaron a sus hogares (Colosenses 1:23).
7
Capítulo 3
*** bt cap. 4 págs. 28-31 “Hombres iletrados y del
vulgo” ***
Los apóstoles actúan con decisión, y Jehová los
bendice. Basado en Hechos 3:1–
5:11
EL SOL de media tarde se abate sobre el gentío.
Tanto los fieles del judaísmo como los discípulos de Cristo
afluyen al recinto del templo. Ya casi es “la hora de
oración” (Hech. 2:46; 3:1). Entre la multitud, Pedro y Juan
se abren paso hacia una entrada del templo, la Puerta
Hermosa, cuyas espléndidas hojas están recubiertas de
lustroso bronce corintio. El ruido de las conversaciones y
las pisadas es intenso, pero no consigue apagar la voz de
un mendigo de mediana edad, paralítico de nacimiento,
que pide limosna con insistencia (Hech. 3:2; 4:22).
2 Al acercarse los dos apóstoles, el pordiosero repite
su gastada cantinela. Y cuando se detienen a su lado,
aumentan sus esperanzas de recibir dinero. Sin embargo,
Pedro le dice: “Plata y oro no poseo, pero lo que tengo es
lo que te doy: ¡En el nombre de Jesucristo el Nazareno,
anda!”. Los presentes no salen de su asombro cuando
toma al impedido por la mano y logra que, por primera vez
en la vida, se quede erguido (Hech. 3:6, 7). ¿Se imagina a
este hombre, mirando estupefacto sus piernas ya sanas y
dando sus primeros pasos? ¡Cómo no va a saltar de
alegría y alabar a Dios a voz en cuello!
3 La muchedumbre, enardecida, corre hacia Pedro y
Juan, quienes ya han llegado a la columnata de Salomón.
Allí, en el mismo marco en que Jesús estuvo un día
enseñándoles, Pedro explica el sentido de aquella
curación (Juan 10:23). Al pueblo y al recién sanado les
ofrece un regalo que vale mucho más que todo el oro y la
plata del mundo y que cualquier curación corporal. Se trata
de la oportunidad de arrepentirse, ver borrados los
pecados cometidos y convertirse en seguidores de
Jesucristo, a quien Jehová ha nombrado “Agente Principal
de la vida” (Hech. 3:15).
4 ¡Vaya día! Un lisiado se ha sanado y puede caminar,
y a miles de personas se les da la oportunidad de curarse
espiritualmente y andar de un modo digno de Dios (Col.
1:9, 10). Pero esos sucesos terminarán desencadenando
choques con las autoridades cuando estas quieran impedir
que los fieles cristianos sigan cumpliendo su comisión
(Hech. 1:8). Al examinar el testimonio del Reino que dieron
Pedro y Juan, dos “hombres iletrados y del vulgo”, ¿qué
aprendemos de sus métodos y actitudes? (Hech. 4:13.)
Y ¿de qué manera podemos imitar lo que hicieron ellos y
los demás discípulos al enfrentarse a oposición?
No fue “por poder personal” (Hechos 3:11-26)
5 Los dos apóstoles hicieron frente a quienes los
rodeaban, sabiendo que entre ellos podían estar algunos
de los que habían pedido a gritos la ejecución de Jesús en
el madero (Mar. 15:8-15; Hech. 3:13-15). ¡Qué valor tuvo Pedro
al declararles que la curación del discapacitado se había hecho
en el nombre de Jesús! Sin andarse con paños tibios, les
mostró claramente que eran cómplices en la muerte de Cristo.
Pero actuó libre de animosidad, consciente de que “obraron por
ignorancia” (Hech. 3:17). Por eso, se dirigió a ellos llamándolos
“hermanos” y se centró en los aspectos más atrayentes del
mensaje del Reino. Si se arrepentían y demostraban fe en
Cristo, Jehová les concedería “tiempos de refrigerio”, o de
verdadero alivio (Hech. 3:19). Nosotros también tenemos que
ser intrépidos y directos al declarar el juicio venidero. Pero
no debemos hacerlo de forma áspera y dura, erigiéndonos en
jueces de nuestros oyentes. Por el contrario, los tratamos como
hermanos en potencia y, al igual que Pedro, destacamos las
notas más alegres del mensaje.
6 Los apóstoles se destacaron por su modestia. No querían
ningún reconocimiento por el milagro. De ahí que Pedro dijera a
sus oyentes: “¿Por qué están admirados de esto, o por qué nos
miran con fijeza como si fuera por poder personal o devoción
piadosa que hubiéramos hecho que él anduviera?” (Hech.
3:12). Tanto este apóstol como los demás sabían que todos sus
logros en el ministerio se debían al poder de Dios, y no a sus
propias fuerzas. Sin ninguna arrogancia, atribuyeron a Jehová y
a Jesús todo el mérito.
7 Hoy también tenemos que actuar con modestia al
predicar. Es cierto que el espíritu ya no transmite la facultad de
hacer curaciones milagrosas. Pero aún hay algo grande que
podemos hacer por la gente: ayudarla a adquirir fe en Dios y en
Cristo y, como Pedro, brindarle la oportunidad de recibir el
perdón de los pecados y disfrutar del alivio que da Jehová.
Todos los años, centenares de miles aceptan esta invitación y
se bautizan como discípulos de Cristo.
8 Vivimos en la época de “la restauración de todas las
cosas” que mencionó Pedro. En cumplimiento de lo que “habló
Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo”, el
Reino se estableció en los cielos en 1914 (Hech. 3:21; Sal.
110:1-3; Dan. 4:16, 17). Y poco después, Jesús comenzó a
dirigir una asombrosa restauración en la Tierra. Desde
entonces, millones de cristianos han entrado en un paraíso
espiritual como súbditos del Reino. Se han despojado de su
vieja personalidad corrupta y se han vestido de la nueva,
“creada conforme a la voluntad de Dios” (Efe. 4:22-24). Esta
obra, al igual que el milagro del tullido, no se efectúa por los
esfuerzos del hombre, sino por la acción del espíritu santo.
Nosotros somos simples instrumentos que procuramos, como
Pedro, usar la Biblia con valentía y eficiencia. Los éxitos que
obtenemos al hacer discípulos se deben al poder de Jehová, y
no a nuestras propias fuerzas.
*** w09 15/6 pág. 32 Preguntas de los lectores : Si Jesús
recorrió todo Israel con su predicación, ¿cómo pudo decir
el apóstol Pedro que los judíos y sus gobernantes habían
obrado “por ignorancia” cuando exigieron que se diera
muerte a Jesús? (Hech. 3:17.)
Cuando el apóstol Pedro les señaló a un grupo de judíos su
responsabilidad en la muerte del Mesías, les dijo estas
palabras: “Yo sé que obraron por ignorancia, así como también
8
lo hicieron sus gobernantes” (Hech. 3:14-17). En el caso
de algunos de ellos, su ignorancia quizás se debió a que
no se percataron de que Jesús era el Mesías o
no comprendieron bien sus enseñanzas. Y en el caso de
otros, tal vez se debió a falta de interés en los asuntos
espirituales, prejuicio, envidia o incluso odio.
Veamos cómo afectó a muchos judíos la falta de
verdadero interés en los asuntos espirituales. Jesús
acostumbraba enseñar usando ilustraciones, que luego
explicaba a quienes querían saber más. Sin embargo,
algunos judíos no estaban interesados en seguir
aprendiendo y sencillamente se marchaban. Incluso, en
cierta ocasión, algunos discípulos se ofendieron por una
metáfora que él empleó (Juan 6:52-66). Ninguno de ellos
logró entender que Jesús usaba ilustraciones para poner a
prueba su disposición a cambiar su manera de actuar y de
ver las cosas (Isa. 6:9, 10; 44:18; Mat. 13:10-15). Tampoco
tuvieron en cuenta que una profecía bíblica señalaba que
el Mesías emplearía ilustraciones para enseñar (Sal. 78:2).
En el caso de otros, fue el prejuicio lo que los hizo
rechazar a Jesús. Por ejemplo, cuando él fue a enseñar a
la sinagoga de su pueblo, Nazaret, la gente quedó atónita.
Pero en vez de reconocer que era el Mesías prometido, se
centraron en su origen. Preguntaron: “¿De dónde
consiguió este hombre estas cosas? [...] Este es el
carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago y de
José y de Judas y de Simón, ¿no es verdad? Y sus
hermanas están aquí con nosotros, ¿no es verdad?” (Mar.
6:1-3). Así es, debido al origen humilde de Jesús,
despreciaron sus enseñanzas.
¿Y qué se puede decir de los líderes religiosos? Que
la mayoría de ellos apenas prestaron atención a Jesús por
razones parecidas (Juan 7:47-52). Además, le tenían
envidia, pues recibía la atención constante de la gente
(Mar. 15:10). Y no olvidemos la reacción negativa de
muchos de ellos cuando Jesús puso al descubierto su
hipocresía y falsedad (Mat. 23:13-36). Ellos optaron por
permanecer en ignorancia, y Jesús los condenó por eso:
“¡Ay de ustedes que están versados en la Ley, porque
quitaron la llave del conocimiento; ustedes mismos
no entraron [en el Reino], y a los que estaban entrando los
estorbaron!” (Luc. 11:37-52).
Jesús estuvo predicando las buenas nuevas en Israel
por tres años y medio. Además, capacitó a decenas de sus
discípulos para que efectuaran la misma obra (Luc. 9:1, 2;
10:1, 16, 17). Tanto Jesús como sus discípulos hicieron
una labor tan buena que los fariseos se quejaron diciendo:
“¡Miren! El mundo se ha ido tras él” (Juan 12:19). Como
vemos, no es que los judíos no supieran absolutamente
nada de Jesús. Lo que sucede es que, básicamente,
quedaron en ignorancia acerca del papel que desempeñó
Jesús como Mesías. Pudieron haber aprendido más de él
y llegar a amarlo, pero no lo hicieron. Algunos hasta fueron
cómplices de su asesinato. Por eso el apóstol Pedro les
dijo a muchos de ellos: “Arrepiéntanse, por lo tanto, y
vuélvanse para que sean borrados sus pecados, para que
vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona de
Jehová y para que él envíe al Cristo nombrado para ustedes,
Jesús” (Hech. 3:19, 20). Cabe notar que miles de judíos
comenzaron a seguir este consejo, entre ellos “una gran
muchedumbre de sacerdotes”. Todos ellos dejaron de actuar en
ignorancia, se arrepintieron y obtuvieron el favor de Jehová
(Hech. 2:41; 4:4; 5:14; 6:7).
*** w07 15/3 págs. 5-6 ¿Qué logrará la venida de Cristo? ***
Una restauración que nos beneficiará
En cierta ocasión, el apóstol Pedro aludió a “la restauración
de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos
profetas de tiempo antiguo” (Hechos 3:21). Esta restauración
incluye la transformación que sufrirá la Tierra durante el reinado
de Cristo. Entre los profetas que Dios utilizó para hablar de “la
restauración de todas las cosas” figura Isaías, que vivió en el
siglo VIII antes de nuestra era. Isaías profetizó que Jesucristo,
el “Príncipe de Paz”, devolvería la paz a la Tierra. Y tocante al
gobierno de Cristo, escribió: “De la abundancia del regir
principesco y de la paz no habrá fin” (Isaías 9:6, 7). Queda
claro, pues, que Jesús educará en los caminos de la paz a sus
súbditos, quienes “verdaderamente hallarán su deleite exquisito
en la abundancia de paz” (Salmo 37:11).
¿Habrá pobreza y hambre bajo el reinado de Cristo? Isaías
predijo: “Jehová de los ejércitos ciertamente hará para todos los
pueblos, en esta montaña, un banquete de platos con mucho
aceite, un banquete de vino mantenido sobre las heces, de
platos con mucho aceite, llenos de médula, de vino mantenido
sobre las heces, filtrado” (Isaías 25:6). Y el salmista cantó:
“Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima
de las montañas habrá sobreabundancia” (Salmo 72:16).
Además, se dice que los hombres “ciertamente edificarán
casas, y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán
su fruto. No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo
comerá. Porque como los días de un árbol serán los días de mi
pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos usarán a
grado cabal” (Isaías 65:21, 22).
Isaías también profetizó el fin de la enfermedad y la muerte.
De hecho, puso por escrito esta promesa divina: “En aquel
tiempo los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos mismos
de los sordos serán destapados. En aquel tiempo el cojo
trepará justamente como lo hace el ciervo, y la lengua del mudo
clamará con alegría” (Isaías 35:5, 6). Entonces, “ningún
residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (Isaías 33:24). Dios “realmente
se tragará a la muerte para siempre, y el Señor Soberano
Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro” (Isaías
25:8).
¿Qué sucederá con todos los que descansan “en las
tumbas conmemorativas”? (Juan 5:28, 29.) Isaías predijo: “Tus
muertos vivirán [...;] se levantarán” (Isaías 26:19). Por lo tanto,
quienes están dormidos en la muerte volverán a la vida.
*** w90 1/6 pág. 13 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***
Una curación y sus resultados
15 Jehová apoyó a los seguidores de Jesús por medio de
“señales” (3:1-10). Así, pues, resultó que mientras Pedro y Juan
9
entraban en el templo a las tres de la tarde para la hora de
oración relacionada con el sacrificio de la tarde, un hombre
que era cojo de nacimiento estuvo cerca de la Puerta
Hermosa pidiendo “dádivas de misericordia”. Pedro dijo:
‘Plata y oro no poseo, pero lo que tengo te doy: ¡En el
nombre de Jesucristo el Nazareno, anda!’. ¡El hombre se
curó al instante! Cuando entró en el templo “andando y
saltando y alabando a Dios”, la gente ‘quedó extática’.
Puede que algunos hayan recordado las palabras: “El cojo
trepará justamente como lo hace el ciervo”. (Isaías 35:6.)
16 La gente, sorprendida, se reunió en la columnata de
Salomón, un pórtico en el lado oriental del templo. Allí
Pedro dio un testimonio (3:11-18). Mostró que Dios había
facultado a los apóstoles para sanar al cojo mediante Su
Siervo glorificado, Jesús. (Isaías 52:13–53:12.) Los judíos
habían repudiado a “aquel santo y justo”; no obstante,
Jehová lo había resucitado. Aunque la gente y sus
gobernantes no sabían que estaban dando muerte al
Mesías, Dios cumplió así las palabras proféticas de que
“su Cristo sufriría”. (Daniel 9:26.)
17 Por el trato que habían dado al Mesías, Pedro
mostró a los judíos lo que debían hacer (3:19-26). Tenían
que ‘arrepentirse’ o sentir remordimiento por sus pecados,
y ‘volverse’ o convertirse mediante tomar un derrotero
contrario al anterior. Si ejercían fe en que Jesús era el
Mesías y aceptaban el rescate, Jehová los refrescaría
perdonándoles los pecados. (Romanos 5:6-11.) Pedro
recordó a los judíos que ellos eran hijos del pacto que Dios
había hecho con sus antepasados cuando dijo a Abrahán:
“En tu descendencia serán bendecidas todas las familias
de la tierra”. Por eso Dios primero envió a su Siervo
Mesiánico para liberar a los judíos arrepentidos. Es
interesante notar que desde que se ‘envió a Cristo’ en el
poder del Reino celestial en 1914 ha habido una
refrescante restauración de verdades y de la organización
teocrática entre los testigos de Jehová. (Génesis 12:3;
18:18; 22:18.)
Capítulo 4
*** bt cap. 4 págs. 31-32 “Hombres iletrados y del
vulgo” ***
“No podemos dejar de hablar” (Hechos 4:1-22)
9 El discurso de Pedro y los saltos y gritos del mendigo
levantaron un buen revuelo. De ahí que el capitán del
templo, cuya responsabilidad era velar por la seguridad en
el recinto, saliera corriendo a ver qué ocurría. Con él
fueron los principales sacerdotes, al parecer de la rica y
políticamente influyente secta saducea, la cual se
caracterizaba por su apoyo a Roma, su rechazo a la ley
oral —muy distinto al apego que le tenían los fariseos— y
sus burlas a la doctrina de la resurrección. ¡Cuánto les
tuvo que molestar que Pedro y Juan estuviesen en el
santuario, enseñando sin ningún temor que Jesús había
resucitado!
10 Llenos de rabia, aquellos adversarios arrojaron a Pedro y
Juan en la cárcel y al día siguiente los obligaron a comparecer
ante el tribunal supremo judío. Para aquellos dirigentes elitistas,
no eran más que un par de “hombres iletrados y del vulgo”, sin
derecho a enseñar en el templo, ya que no habían estudiado en
ninguna academia religiosa reconocida. Con todo, los jueces
no pudieron menos que maravillarse de la franqueza y
seguridad con que hablaban y de que fueran tan buenos
maestros. ¿Por qué eran así? Entre otras razones, porque
habían frecuentado la compañía de Jesús (Hech. 4:13). Él los
había instruido con verdadera autoridad, y no como hacían los
escribas (Mat. 7:28, 29).
11 La corte de justicia ordenó a los apóstoles que cesaran
de predicar de inmediato. Y en aquella sociedad, esa orden
tenía mucho peso. No olvidemos que, tan solo unas semanas
atrás, ese mismo cuerpo de magistrados había dictaminado lo
siguiente en el caso de Jesús: “Merece la muerte” (Mat. 26:59-
66, Biblia Traducción Interconfesional). Aun así, Pedro y Juan
no se dejaron intimidar. Delante de todos esos hombres ricos,
cultos e influyentes, declararon sin miedo, pero con respeto: “Si
es justo a [la] vista de Dios escucharles a ustedes más bien que
a Dios, júzguenlo ustedes mismos. Pero en cuanto a nosotros,
no podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y
oído” (Hech. 4:19, 20).
12 ¿Qué hay de nosotros? ¿Demostramos el mismo arrojo?
Por ejemplo, ¿cómo nos sentimos al dar testimonio a las
personas más ricas, cultas e influyentes de la localidad, o
cuando los parientes o los compañeros de estudios o de trabajo
se burlan de nuestra fe? ¿Nos acobardamos? Si así es,
podemos superar nuestros temores. Cuando estuvo en la
Tierra, Jesús enseñó a los doce a defender su fe con seguridad
y respeto (Mat. 10:11-18). Y después de su resurrección,
prometió a sus discípulos que estaría con ellos “todos los días
hasta la conclusión del sistema de cosas” (Mat. 28:20). Hoy,
bajo la dirección de Cristo, el esclavo fiel y discreto nos enseña
a defender nuestras creencias (Mat. 24:45-47; 1 Ped. 3:15).
Lo hace valiéndose de reuniones como la Escuela del Ministerio
Teocrático y de publicaciones bíblicas como Razonamiento a
partir de las Escrituras. Debemos dar buen uso a estos
recursos. De este modo estaremos más convencidos de
nuestra fe y seremos más animosos. Al igual que los apóstoles,
no dejaremos que nada ni nadie nos impida hablar de las
maravillosas verdades espirituales que hemos visto y oído.
*** w11 15/8 págs. 12-13 párr. 4 Hallaron al Mesías ***
cerraran los ojos a la evidencia: “Fue despreciado [...] como
[si fuera] de ninguna importancia” (Isa. 53:3; Mar. 9:12).
No obstante, el salmista había indicado por inspiración: “La
piedra que los edificadores rechazaron ha llegado a ser cabeza
del ángulo. Esto ha venido a ser de parte de Jehová” (Sal.
118:22, 23). Jesús se aplicó a sí mismo estas palabras cuando
habló con sus enemigos, y Pedro también reconoció que se
cumplían en Cristo (Mar. 12:10, 11; Hech. 4:8-11). Ciertamente,
el Hijo de Dios se convirtió en la “piedra angular de
fundamento”, o sea, la base sobre la que se construiría la
congregación de cristianos ungidos. Esta piedra fue
“rechazada, es verdad, por los hombres [incrédulos], pero
[resultó] escogida, preciosa, para con Dios” (1 Ped. 2:4-6).
10
*** it-2 pág. 88 Jesucristo ***
“Agente Principal de la vida.” Por bondad
inmerecida de su Padre, Cristo Jesús entregó su vida
humana perfecta en sacrificio, lo que hizo posible que sus
seguidores escogidos pudiesen estar en unión con él
reinando en el cielo y que hubiera súbditos terrestres de
dicho Reino. (Mt 6:10; Jn 3:16; Ef 1:7; Heb 2:5; véase
RESCATE.) De este modo llegó a ser el “Agente Principal
[“Príncipe”, ENP; Ga; NC, 1981; Besson; “Caudillo”, BC] de
la vida” para toda la humanidad. (Hch 3:15.) El término
griego que se usa en este pasaje significa básicamente
“caudillo principal”, y es una palabra emparentada con la
que se aplicó a Moisés (Hch 7:27, 35) en su papel de
“gobernante” de Israel.
Por tanto, en su función de “caudillo principal” o
“pionero de la Vida” (Moffat [en inglés]), Jesús introdujo un
elemento nuevo y esencial para conseguir la vida eterna:
su papel de intermediario o mediador, que también lo
desempeña en sentido administrativo. Es el Sumo
Sacerdote de Dios que puede limpiar por completo del
pecado y liberar de los efectos mortíferos de este (Heb
3:1, 2; 4:14; 7:23-25; 8:1-3); es el Juez nombrado en cuyas
manos se encomienda todo juicio, de modo que administra
con prudencia los beneficios de su rescate a las personas
de la humanidad que merezcan vivir bajo su gobernación
(Jn 5:22-27; Hch 10:42, 43); mediante él también se
consigue la resurrección de los muertos. (Jn 5:28, 29;
6:39, 40.) Debido a que Jehová Dios quiso utilizar así a su
Hijo, “no hay salvación en ningún otro, porque no hay otro
nombre debajo del cielo que se haya dado entre los
hombres mediante el cual tengamos que ser salvos”. (Hch
4:12; compárese con 1Jn 5:11-13.)
Como su “nombre” también abarca este aspecto de la
autoridad de Jesús, mediante él sus discípulos, en calidad
de representantes del Agente Principal de la vida, podían
curar a personas de sus enfermedades ocasionadas por el
pecado heredado e incluso podían levantar a los muertos.
(Hch 3:6, 15, 16; 4:7-11; 9:36-41; 20:7-12.)
*** w08 15/5 págs. 30-31 Puntos sobresalientes del
libro de Hechos ***
4:13. ¿Eran Pedro y Juan hombres analfabetos y
sin instrucción? No, no lo eran. Se les llamó “iletrados y
del vulgo” porque no habían asistido a las escuelas
rabínicas para recibir formación religiosa.
*** w04 15/7 pág. 17 El “decreto de Jehová” no falla ***
El Rey triunfante de Jehová
7 Los primeros cristianos vincularon las palabras de
Salmo 2:1, 2 con Jesús. Mientras se les perseguía por su
fe, oraron: “Señor Soberano [Jehová], tú eres Aquel que
hizo el cielo y la tierra y el mar y todas las cosas que hay
en ellos, y que por espíritu santo dijiste por boca de
nuestro antepasado David, tu siervo: ‘¿Por qué se
pusieron tumultuosas las naciones, y los pueblos
meditaron cosas vacías? Los reyes de la tierra tomaron su
posición y los gobernantes se reunieron en masa como uno
solo contra Jehová y contra su ungido’. De veras, pues, tanto
Herodes [Antipas] como Poncio Pilato con hombres de
naciones y con pueblos de Israel realmente fueron reunidos en
esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste”
(Hechos 4:24-27; Lucas 23:1-12). En efecto, en el siglo primero
hubo una conspiración en contra del siervo ungido de Dios,
Jesús. Sin embargo, este salmo tendría otro cumplimiento
centurias después.
8 Cuando el antiguo Israel tenía un rey humano (por
ejemplo, David), las naciones paganas y sus gobernantes se
reunieron contra Dios y su ungido entronizado. Pero ¿y en la
actualidad? Las naciones de hoy no quieren acatar los
mandatos de Jehová y del Mesías; de ahí que se les represente
diciendo: “¡Rompamos sus ataduras y echemos de nosotros
sus cuerdas!” (Salmo 2:3). Las naciones y sus dirigentes
rechazan cualquier restricción que Jehová y su Ungido les
impongan; pero, de más está decir, será inútil todo intento de
romper tales ataduras y soltarse de sus cuerdas.
*** w90 1/6 pág. 14 ¡Jehová es nuestro Gobernante! ***
¡Se les contestan las oraciones!
20 Tal como los testigos de Jehová oran en sus reuniones,
así los discípulos oraron cuando los apóstoles, puestos en
libertad, informaron lo que les había sucedido (4:23-31).
Señalaron que los gobernantes Herodes Antipas y Poncio
Pilato, junto con los romanos gentiles y el pueblo de Israel, se
habían reunido contra el Mesías. (Salmo 2:1, 2; Lucas 23:1-12.)
Jehová contestó aquella oración llenando de espíritu santo a los
discípulos, de modo que hablaban con denuedo la palabra de
Dios. Ellos no pidieron a su Gobernante que pusiera fin a la
persecución, sino que los capacitara para predicar con denuedo
a pesar de ella.
21 Los creyentes continuaban teniéndolo todo en común, y
ninguno estaba necesitado (4:32-37). Uno de los contribuyentes
fue el levita José de Chipre. Los apóstoles le dieron el
sobrenombre de Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”,
probablemente porque era servicial y afectuoso. Todos, sin
duda, queremos ser así. (Hechos 11:22-24.)
*** w08 15/5 pág. 31 Puntos sobresalientes del libro de
Hechos ***
4:36–5:11. José de Chipre recibió el sobrenombre de
Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”. Los apóstoles tal
vez lo llamaron así porque era afectuoso, amable y servicial.
Debemos ser como él, y no como Ananías y Safira, quienes
recurrieron al fingimiento, la hipocresía y el engaño.
*** w98 15/4 págs. 20-21 Bernabé, el “Hijo del Consuelo” ***
Bernabé, el “Hijo del Consuelo”
¿CUÁNDO fue la última vez que un amigo lo consoló? ¿Se
acuerda de la última vez que usted consoló a alguien? De vez
en cuando todos necesitamos estímulo, y nos sentimos muy
agradecidos a quienes lo dan con amor. Consolar implica
11
dedicar tiempo a escuchar, a comprender y a ayudar.
¿Está usted dispuesto a ello?
Alguien que demostró esa disposición de forma
ejemplar fue Bernabé, “un varón bueno y lleno de espíritu
santo y de fe” (Hechos 11:24). ¿Por qué pudieron decirse
de Bernabé tales palabras? ¿Qué había hecho para
merecer ese elogio?
Un ayudante generoso
Su verdadero nombre era José, pero los apóstoles le
dieron un sobrenombre descriptivo mucho más acorde con
su carácter: Bernabé, que significa “Hijo del Consuelo”
(Hechos 4:36). Hacía muy poco que la congregación
cristiana se había establecido. Algunos creen que Bernabé
se había hecho discípulo de Jesús con anterioridad (Lucas
10:1, 2). Sea como fuere, el caso es que este hombre
contaba con el reconocimiento de los discípulos.
Poco después de Pentecostés de 33 E.C., Bernabé,
que era un levita de Chipre, vendió voluntariamente cierto
terreno y entregó el dinero a los apóstoles. ¿Por qué hizo
aquello? El registro de Hechos nos indica que entre los
cristianos de Jerusalén de ese entonces “se efectuaba
distribución a cada uno, según tuviera necesidad”. Es
evidente que Bernabé vio que existía una necesidad, y
bondadosamente hizo algo al respecto (Hechos 4:34-37).
Puede que fuera un hombre de cierta solvencia, pero no se
retrajo de dar tanto de sus haberes materiales como de sí
mismo para fomentar los intereses del Reino.
“Dondequiera que Bernabé hallaba personas o situaciones
que requerían ánimo, daba todo el que podía”, señala el
biblista F. F. Bruce. Esa disposición se hace patente en el
segundo episodio en que aparece.
Hacia el año 36 E.C., Saulo de Tarso (el futuro apóstol
Pablo), ya cristiano para entonces, intentaba comunicarse
con la congregación de Jerusalén, “pero todos le tenían
miedo, porque no creían que fuera discípulo”. ¿Cómo
podía Saulo convencer a la congregación de que su
conversión era auténtica y no una simple estratagema para
seguir persiguiéndola? “Bernabé vino en socorro de él y lo
condujo a los apóstoles.” (Hechos 9:26, 27; Gálatas 1:13,
18, 19.)
No se nos dice por qué Bernabé confió en Saulo. En
cualquier caso, el “Hijo del Consuelo” hizo honor a su
sobrenombre al escucharle y ayudarle a salir de un aprieto
sin solución aparente. Aunque luego Saulo regresó a su
Tarso natal, se había trabado una amistad entre los dos
hombres. En años subsiguientes, aquello tendría
importantes consecuencias (Hechos 9:30).
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
¿Qué actitud reflejada en Hechos 2:44-47 y 4:34, 35
hacemos bien en imitar los cristianos de hoy? [10 de jun.,
w08 15/5 pág. 30 párr. 5.]
w08 15/5 pág. 30 Puntos sobresalientes del libro de Hechos
Respuestas a preguntas bíblicas:
2:44-47; 4:34, 35. ¿Por qué vendieron los creyentes sus
posesiones y distribuyeron el producto de sus ganancias?
Muchos de los que se hicieron creyentes habían venido de
lugares lejanos y no tenían suficientes provisiones para alargar
su estadía en Jerusalén. Sin embargo, deseaban quedarse más
tiempo allí para seguir aprendiendo acerca de su nueva fe y dar
testimonio. A fin de ayudarlos, algunos cristianos vendieron sus
propiedades y distribuyeron los fondos a los necesitados.

Etiquetas

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jehová es mi pastor y nada me faltara.