domingo, 28 de julio de 2013

ANCIANOS (de congregación) Hay que ayudarlos a aceptar responsabilidades/w/15/11/pag.28-32

ANCIANOS (de congregación)
Hay que ayudarlos a aceptar responsabilidades/w/15/11/pag.28-32
"Todo el que esté perfectamente instruido será como su maestro." (LUC. 6:40)
EN LA conclusión de su Evangelio, el apóstol Juan señaló: "Hay, de hecho, muchas otras cosas también que Jesús hizo, que, si se escribieran alguna vez en todo detalle, supongo que el mundo mismo no podría contener los rollos que se escribieran" (Juan 21:25). Una de las labores que Cristo realizó en su breve y dinámico ministerio fue seleccionar, preparar y organizar a varones que asumieran la dirección de la obra una vez que terminara su vida en la Tierra. Así, cuando ascendió al cielo en el año 33, ya había dejado sentadas las bases de una extraordinaria congregación que en poco tiempo contó con miles de miembros (Hech. 2:41, 42; 4:4; 6:7).
2 Hoy, la cifra de proclamadores del Reino supera con creces los siete millones en más de cien mil congregaciones, por lo que sigue habiendo una gran necesidad de hombres que lleven la dirección espiritual. Hacen falta, por ejemplo, muchos superintendentes. Todo hermano que trabaja duro para poder asumir esta responsabilidad es digno de elogio y "desea una obra excelente" (1 Tim. 3:1).
3 No obstante, nadie reúne automáticamente las condiciones necesarias para ocupar una posición de servicio en la congregación. No es cuestión de poseer una buena formación académica o mucha experiencia en la vida. Más bien, hay que cumplir requisitos espirituales. No importan tanto las aptitudes y logros como las cualidades cristianas. ¿De qué manera se puede ayudar a los varones a estar capacitados? Cristo dijo: "Todo el que esté perfectamente instruido será como su maestro" (Luc. 6:40). Este artículo mostrará varias formas en las que Jesús, el Gran Maestro, preparó a sus discípulos para aceptar más responsabilidades, y extraeremos lecciones de la manera como él actuó.
"Los he llamado amigos"
4 Jesús no trató a sus discípulos como inferiores, sino como amigos. Pasó mucho tiempo con ellos y les demostró plena confianza. Tanto es así que les dijo: "Todas las cosas que he oído de mi Padre se las he dado a conocer a ustedes" (léase Juan 15:15). Sin duda se sintieron muy emocionados cuando él les contestó la pregunta que le habían planteado: "[¿]Qué será la señal de tu presencia y de la conclusión del sistema de cosas?" (Mat. 24:3, 4). Además, Cristo no les ocultó sus pensamientos y sentimientos más íntimos. Por ejemplo, la noche que fue traicionado llevó consigo a Pedro, Santiago y Juan al jardín de Getsemaní, donde lo vieron expresar en una oración fervorosa las angustias de su corazón. Puede que los tres apóstoles no escucharan las palabras que pronunciaba, pero comprendieron la seriedad de la ocasión (Mar. 14:33-38). Pensemos también en cuánto debió de conmoverlos que anteriormente les hubiera permitido estar con él durante la transfiguración (Mar. 9:2-8; 2 Ped. 1:16-18). Sin duda, gozaban de una estrecha relación con Jesús, la cual les sirvió de ancla tiempo después, cuando tuvieron que asumir grandes responsabilidades.
5 Al igual que Jesús, los superintendentes brindan su ayuda y amistad a sus compañeros en la fe. Cultivan una relación cálida y afectuosa con ellos, interesándose por su bienestar y dedicándoles tiempo. Aunque reconocen la importancia de mantener la confidencialidad, no son secretistas. Confían en sus hermanos y les transmiten las verdades bíblicas que han aprendido. Jamás tratan como inferiores a los siervos ministeriales, incluso si son jóvenes. Más bien, los ven como hombres espirituales que tienen potencial y llevan a cabo un valioso servicio a favor de la congregación.
"Yo les he puesto el modelo"
6 Aunque los discípulos de Jesús eran muy espirituales, su manera de ver las cosas estaba condicionada por su crianza y su cultura (Mat. 19:9, 10; Luc. 9:46-48; Juan 4:27). Pero él nunca los sermoneó ni amenazó. Tampoco les impuso exigencias irrazonables ni les mandó: "Hagan lo que yo digo y no lo que yo hago". Más bien, les enseñó con el ejemplo (léase Juan 13:15).
7 ¿Qué modelo dejó Jesús a sus discípulos? (1 Ped. 2:21.) Llevó una vida sencilla que le permitió servir sin trabas al prójimo (Luc. 9:58). Consciente de que su autoridad tenía límites, basó siempre sus enseñanzas en las Escrituras (Juan 5:19; 17:14, 17). Fue accesible y bondadoso, y todo lo hizo por amor (Mat. 19:13-15; Juan 15:12). Sus apóstoles se beneficiaron mucho de su ejemplo. Tomemos por caso a Santiago. Nunca se acobardó ante la persecución, sino que sirvió lealmente a Dios hasta el día que fue ejecutado (Hech. 12:1, 2). De igual modo, el fiel Juan siguió las huellas del Maestro durante más de sesenta años (Rev. 1:1, 2, 9).
8 Los ancianos sacrificados, humildes y cariñosos ponen el modelo que necesitan los hombres más jóvenes (1 Ped. 5:2, 3). Y dado que son ejemplares en su confianza en Dios, arte de enseñar, vida cristiana y destreza en el ministerio, tienen la satisfacción de saber que otros hermanos pueden imitar su fe (Heb. 13:7).
"Jesús los envió, dándoles estas órdenes"
9 Tras dos años de celoso ministerio, Jesús amplió su obra al enviar a los doce apóstoles a predicar. Claro, primero les dio instrucciones (Mat. 10:5-14). Y antes de realizar un milagro por el que alimentó a miles de personas, les explicó a los apóstoles cómo quería que organizaran a los presentes y distribuyeran la comida (Luc. 9:12-17). Como vemos, siempre los preparó dándoles explicaciones claras y precisas. Esa formación, unida a la poderosa influencia del espíritu santo, les permitió más tarde organizar la extensa campaña que se llevó a cabo desde el año 33.
10 Hoy en día, la instrucción espiritual de un hombre comienza cuando acepta estudiar la Biblia. En ocasiones habrá que ayudarle a mejorar en la lectura. En cualquier caso, al ir avanzando, necesitará preparación progresiva. Cuando adquiera la costumbre de asistir todas las semanas a las reuniones, debe animársele a seguir progresando matriculándose en la Escuela del Ministerio Teocrático, haciéndose publicador no bautizado y así por el estilo. Una vez bautizado, el entrenamiento incluirá permitirle colaborar en tareas como el mantenimiento del Salón del Reino. Y con el tiempo podrá explicársele qué requisitos debe cumplir para ser nombrado siervo ministerial.
11 Cada vez que se encomiende una tarea a un hombre bautizado, un anciano le explicará con gusto los procedimientos organizativos e instrucciones que correspondan. Como parte de la preparación, le aclarará lo que se espera de él. Si el hermano tiene dificultades para hacer lo que se le pide, el superintendente bondadoso no concluirá a la primera que no está capacitado. Más bien, le señalará en qué aspectos debe mejorar y repasará los objetivos y la forma de alcanzarlos. Sin duda, los ancianos sienten mucha felicidad cuando un varón responde a la ayuda que le brindan y disfruta por ello del gozo de servir (Hech. 20:35).
"El que escucha el consejo es sabio"
12 Al instruir a sus discípulos, Jesús adaptaba los consejos a las necesidades de cada uno. Por ejemplo, corrigió a Santiago y Juan por haber pensado en pedir que cayera fuego del cielo sobre algunos samaritanos que no habían querido recibirlos (Luc. 9:52-55). Y cuando la madre de estos dos apóstoles le rogó que les concediera posiciones de favor en el Reino, él atacó de raíz el problema hablando directamente con los dos hermanos. Les dijo: "Esto de sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es cosa mía darlo, sino que pertenece a aquellos para quienes ha sido preparado por mi Padre" (Mat. 20:20-23). Cristo no solo hacía siempre recomendaciones claras, prácticas y fieles a los principios divinos, sino que enseñaba a sus discípulos a razonar basándose en tales principios (Mat. 17:24-27). Nunca olvidaba que tenían limitaciones ni esperaba perfección de ellos. Si los aconsejaba, era porque los amaba de verdad (Juan 13:1).
13 Todo hombre que desea asumir responsabilidades en la congregación cristiana necesita recibir sugerencias y consejos bíblicos en un momento u otro. En efecto, Proverbios 12:15 señala: "El que escucha el consejo es sabio". Así lo comprobó un hermano joven, quien explica: "Mi punto débil era que me costaba asumir mis propias imperfecciones. Las recomendaciones que me hizo un anciano me ayudaron a ver las cosas con más equilibrio".
14 Cuando los ancianos observan que un hombre tarda en progresar debido a su conducta poco sabia, han de tomar la iniciativa y corregirlo con apacibilidad (Gál. 6:1). Por otro lado, tal vez tengan que aconsejar a un hermano por algún rasgo de personalidad. ¿Qué puede hacer un superintendente si un varón suele guiarse por la ley del mínimo esfuerzo? Recordarle que Jesús proclamó el Reino con celo y dio el mandato de hacer discípulos (Mat. 28:19, 20; Luc. 8:1). ¿Qué hay si se trata de un problema de ambición? Sería muy útil repasar con el implicado cómo Jesús les hizo ver a sus seguidores el peligro de querer sobresalir (Luc. 22:24-27). ¿Y cuál sería una buena forma de ayudar a quien le cuesta perdonar las ofensas? Examinar con él la impactante parábola del esclavo que se negó a perdonar una deuda pequeña pese a que le habían cancelado una mucho mayor (Mat. 18:21-35). Siempre que se necesite un consejo, lo mejor es darlo cuanto antes (léase Proverbios 27:9).
"Ve entrenándote"
15 Aunque los ancianos son los principales encargados de preparar a un varón para asumir más responsabilidades, otros aportan su granito de arena. Por ejemplo, su familia puede y debe ayudarlo a progresar. Y si alguien ya es superintendente, necesita el amoroso respaldo y la abnegación de su esposa y sus hijos. En efecto, nunca tendrá éxito en su labor a menos que ellos estén dispuestos a "compartirlo" con la congregación. La actitud sacrificada de su familia no solo permitirá que el hermano asuma sus tareas con gozo, sino que será apreciada por la congregación entera (Pro. 15:20; 31:10, 23).
16 Si bien es cierto que otros pueden darle asistencia y apoyo, el principal responsable por su progreso es el propio varón (léase Gálatas 6:5). Por supuesto, no es necesario ser siervo ministerial o anciano para ayudar a los demás y participar plenamente en el ministerio. No obstante, las Escrituras dejan claro que el hermano que desee trabajar en tales posiciones de servicio tendrá que esforzarse primero por cumplir ciertos requisitos (1 Tim. 3:1-13; Tito 1:5-9; 1 Ped. 5:1-3). Para alcanzar esta meta, debe examinar qué aspectos de su espiritualidad tienen que mejorar. Ha de leer la Biblia regularmente, ser diligente en el estudio personal, meditar con seriedad, orar con fervor y participar con celo en el ministerio cristiano. Así pondrá en práctica el consejo que Pablo le dio a Timoteo: "Ve entrenándote con la devoción piadosa como mira" (1 Tim. 4:7).
17 Pero ¿y si un hermano no procura alcanzar una posición de servicio debido a la ansiedad o los sentimientos de ineptitud? En tal caso haría bien en reflexionar sobre cuánto hacen Jehová y Jesús a favor de nosotros. Sin duda, nuestro Padre celestial "diariamente nos lleva la carga" (Sal. 68:19). Por tanto, él puede ayudarle a asumir más responsabilidades. El hermano que aún no es siervo ministerial o anciano también se sentirá más animado a ponerse esa meta si medita en la gran necesidad que existe de hombres maduros que asuman tales funciones en la organización. Al analizar estos puntos, es probable que decida hacer todo lo posible por superar los sentimientos negativos. Además, debe pedir espíritu santo, teniendo presente que su fruto incluye la paz y el autodominio, cualidades necesarias para vencer la ansiedad y los sentimientos de ineptitud (Luc. 11:13; Gál. 5:22, 23). Y puede tener la certeza de que Jehová bendice a quienes se esfuerzan por progresar con el motivo adecuado.
18 Hay varones bautizados que no se ofrecen para ayudar a los hermanos porque les falta motivación. Si no les atrae la idea de asumir más responsabilidades, ¿qué pueden hacer? El apóstol Pablo escribió: "[Dios] está actuando en ustedes a fin de que haya en ustedes tanto el querer como el actuar" (Fili. 2:13). Como vemos, es Jehová quien nos mueve a trabajar por los demás, y él puede fortalecer con su espíritu a cualquier cristiano para que le preste servicio sagrado (Fili. 4:13). Lo que es más, uno siempre puede pedirle que lo haga actuar como debe (Sal. 25:4, 5).
19 Jehová bendice a los ancianos en sus esfuerzos por preparar a más varones. Y también concede su favor a quienes se dejan ayudar y trabajan para alcanzar posiciones de servicio. Las Escrituras prometen que él se encargará de que se levanten "siete pastores, sí, ocho adalides", es decir, todos los hombres capaces que hagan falta para atender su organización (Miq. 5:5). ¡Qué contentos estamos de que haya tantos hermanos recibiendo la preparación necesaria y haciendo humildemente todo lo posible por asumir más responsabilidades para gloria de Jehová!


Capítulo 11
"Pastores de acuerdo con mi corazón"/jr/cap 11/
HIROYASU era un niño japonés a quien su mamá le compró un carnero y una oveja. Como la oveja procreaba anualmente dos crías, el rebaño fue aumentando. Para cuando el niño cumplió 12 años, ya había doce o trece animales. "Una mañana temprano, mientras estaba todavía en la cama, oí balar las ovejas —recuerda él—. No salí enseguida. Cuando por fin lo hice, vi una jauría de perros salvajes que huían, dejando a mis corderitos todos destripados. Desesperado, busqué a la madre. La encontré en un charco de sangre todavía respirando. Solo se salvó el carnero. Quedé con el corazón destrozado. Debí haber salido tan pronto como oí los balidos. El rebaño se hallaba indefenso ante el ataque de los perros."
2 En tiempos bíblicos, casi todo el mundo estaba familiarizado con el oficio de pastor. La función del pastor era apacentar al rebaño, asegurarse de que comiera bien, protegerlo de los depredadores y buscar a los extraviados (1 Sam. 17:34-36). También llevaba a la manada a descansar en lugares sosegados, asistía a las madres en el parto y cuidaba de los corderitos. Muchos escritores bíblicos, entre ellos Jeremías, emplearon metafóricamente la imagen del pastor para representar al hombre que tiene por misión cuidar de la gente, o bien como su gobernante, o como su superintendente espiritual.
3 Podría ser que uno viera a los ancianos de la congregación como pastores solo cuando visitan a los hermanos para ayudarlos y darles ánimo. No obstante, Jeremías aplicó los términos pastor y pastorear a todo aspecto de la relación entre los dirigentes de Judá y el pueblo. A menudo, Dios condenó a los príncipes, profetas y sacerdotes por ser malos pastores, pues no procuraban el bienestar de la gente común (Jer. 2:8). Maltrataban, descarriaban y desatendían a las "ovejas" mientras velaban egoístamente por sus propios intereses. La espiritualidad del pueblo de Dios se hallaba en un estado deplorable. Jehová anunció males para estos falsos pastores y prometió dar a su pueblo pastores cariñosos y considerados que de veras lo protegieran (léanse Jeremías 3:15 y 23:1-4).
4 La promesa divina tuvo un importante cumplimiento en el Pastor Principal de las ovejas de Jehová, a saber, Jesús, quien vino a ser Cabeza de la congregación cristiana. Él se llamó a sí mismo "el pastor excelente", pues mostró genuina compasión por aquellos que tenía a su cargo (Juan 10:11-15). Actualmente, Jehová cuida de su rebaño en la Tierra mediante subpastores, tanto hermanos ungidos de la clase del esclavo fiel y discreto como ancianos diligentes de la "gran muchedumbre" (Rev. 7:9). Todos ellos procuran manifestar el espíritu de entrega de Jesucristo y, como él, alimentan y aman a la congregación. ¡Ay de cualquiera que descuide a sus hermanos, que sea tirano o que los trate con dureza o arrogancia! (Mat. 20:25-27; 1 Ped. 5:2, 3.) ¿Qué busca Jehová en los pastores cristianos? ¿Qué nos enseñan los escritos de Jeremías sobre las actitudes y los motivos con que los ancianos deben llevar a cabo su labor? Analicemos su papel de ayudantes y protectores, el de maestros dentro y fuera de la congregación y el de jueces.
CUIDAN Y PROTEGEN
5 El apóstol Pedro llamó a Jehová el "pastor y superintendente de [nuestras] almas" (1 Ped. 2:25). ¿Cómo ve Dios a sus "ovejas"? Hallamos la respuesta retrocediendo a la época de Jeremías. Tras censurar a los malos pastores por haber dispersado y desatendido al rebaño, Jehová dijo que juntaría a sus ovejas y las haría volver a sus pastos. También prometió levantarles buenos pastores, 'que realmente las pastorearían' y las defenderían de enemigos voraces (Jer. 23:3, 4). En efecto, las ovejas eran muy valiosas para Jehová, y lo siguen siendo, pues ha pagado un altísimo precio por su bienestar eterno (1 Ped. 1:18, 19).
6 Como si de pastores literales se tratara, los superintendentes no pueden descuidar a la congregación. Ancianos, ¿están ustedes alerta a cualquier señal de sufrimiento de parte de sus hermanos y están listos para acudir en su auxilio sin demora? El sabio rey Salomón escribió: "Debes conocer positivamente la apariencia de tu rebaño. Fija tu corazón en tus hatos" (Pro. 27:23). Aunque estas palabras hacen hincapié en la laboriosidad del pastor literal, en principio pueden aplicarse al cuidado que los pastores espirituales dispensan a la congregación. Es oportuno, pues, que los ancianos se pregunten: "¿Estoy combatiendo de manera consciente cualquier tendencia que tenga a dominar a los demás?". El mismo hecho de que Pedro dijera "enseñoreándose de los que son la herencia de Dios" indica que es perfectamente posible que un anciano se comporte de esta manera. ¿Qué pueden hacer, entonces, los ancianos para que "el rebaño se eche", según la descripción que se encuentra en Jeremías 33:12? (Léase.) Los padres y las madres sin cónyuge, las viudas, las familias con padrastros o madrastras, los viejos y los jóvenes están entre quienes precisan atención y asistencia especiales.
7 Al igual que un pastor va en busca de las ovejas extraviadas, el anciano a veces tiene que ir a buscar y ayudar a los que por una u otra razón se han descarriado del rebaño. Para ello necesita vestirse de un espíritu de sacrificio y humildad. Debe, con paciencia, dedicar tiempo a atender las necesidades de los hermanos que tiene a su cargo. Ancianos, pregúntense con franqueza: "¿Hasta qué grado me esfuerzo yo por animar y fortalecer en lugar de condenar o criticar? ¿Quiero sinceramente mejorar?". En ocasiones se requieren esfuerzos reiterados para ayudar a alguien a ver las cosas desde el punto de vista de Dios. Si un hermano vacila en aceptar un consejo de las Escrituras (no una mera opinión personal), recordemos el ejemplo del Supremo Pastor y Superintendente, Jehová, quien 'siguió hablando' y tratando de asistir a su pueblo rebelde (Jer. 25:3-6). Hoy, la mayoría de los siervos de Dios no practican cosas malas; de todos modos, siempre que sea necesario dar un consejo, los ancianos deben darlo a imitación de Jehová.
8 Mientras aún había esperanzas de que sus paisanos se volvieran a Jehová, Jeremías oró en su favor. Dijo a Dios: "Acuérdate de cómo estuve de pie delante de ti para hablar lo bueno hasta acerca de ellos, para volver de contra ellos tu furia" (Jer. 18:20). De esto se desprende que el profeta buscaba lo bueno en sus hermanos y no les imputaba malos motivos. Los superintendentes deben adoptar esa misma actitud hasta que se haga evidente que un hermano se ha propuesto en su corazón hacer lo que es malo y no va a cambiar. Un paso positivo es elogiar a los hermanos por el bien que están logrando y orar por ellos y con ellos (Mat. 25:21).
¿Qué prometió Jehová mediante Jeremías con relación a los pastores espirituales? ¿Cómo cuidan y protegen al rebaño los superintendentes cristianos?
"ELLOS CIERTAMENTE LOS APACENTARÁN"
9 De acuerdo con Jeremías 3:15, los pastores cristianos tienen que 'apacentar a las ovejas con conocimiento y perspicacia'; en otras palabras, tienen que saber enseñar (1 Tim. 3:2; 5:17). Jehová prometió a su pueblo que eso, precisamente, es lo que harían los buenos pastores, e instó a los judíos a aceptar las amonestaciones de su profeta Jeremías (léase Jeremías 6:8). Las ovejas deben alimentarse bien para estar sanas. De modo similar, para gozar de salud espiritual, el pueblo de Dios necesita nutrirse de las Escrituras y seguir su guía.
10 En lo que respecta a su papel de maestros, los ancianos tienen un doble deber: tanto ayudar a los que ya son cristianos verdaderos como ayudar a los que todavía no lo son. En cuanto al segundo deber, recordemos que una de las principales razones por las que existe la congregación cristiana es la predicación de las buenas nuevas del Reino de Dios. Por eso, los ancianos deben ser evangelizadores celosos (Jer. 1:7-10). Así cumplirán con su responsabilidad ante Dios por un lado, y por otro, les darán el ejemplo a los hermanos. Ancianos, ¿no han notado que predicar a menudo con diferentes hermanos y hermanas les permite ayudarlos a refinar sus métodos de enseñanza, al tiempo que refinan los suyos propios? Además, cuando ustedes se ponen a la cabeza de la predicación, imparten a los hermanos el ánimo que necesitan, lo que contribuye al progreso de toda la congregación.
11 La enseñanza de los ancianos debe fundarse en la Biblia para que sea alimento espiritual sano. Por tal motivo, el anciano que desee ser un maestro eficaz ha de ser un estudiante aplicado de la Palabra de Dios. Este hecho contrasta con la razón por la cual Jeremías tachó de ineficaces a los dirigentes de su pueblo: "Los pastores se han portado irrazonablemente, y no han buscado siquiera a Jehová. Por eso no han obrado con perspicacia, y todos sus animales apacentados han sido esparcidos" (Jer. 10:21). Quienes se suponía que fueran maestros no seguían los principios de las Escrituras ni buscaban a Dios; por eso, era imposible que obraran con verdadera sabiduría. Jeremías denunció en términos todavía más severos a los supuestos profetas (léase Jeremías 14:14, 15).
12 En contraposición con aquellos falsos pastores, los superintendentes cristianos estudian y copian el ejemplo de Jesús. Solo así pueden ser pastores sabios. Tal vez sea difícil apartar tiempo para estudiar con regularidad debido a las múltiples obligaciones que absorben su tiempo y atención. Pero si usted es anciano, pregúntese: "¿Estoy totalmente convencido de que mi enseñanza será beneficiosa y veraz y reflejará conocimiento y perspicacia únicamente si se basa en la Palabra de Dios y la guía del esclavo fiel y discreto?". Si reconoce que ya no estudia tanto como antes, ¿qué piensa hacer para seguir distinguiéndose de los falsos pastores del tiempo de Jeremías?
13 Un elemento que contribuyó a que Jeremías fuera un excelente maestro fue el uso de ejemplos. Claro, en su caso, el instructor fue Jehová. De haber estado nosotros allí, ¡qué difícil hubiera sido olvidar la vez que Jeremías rompió en pedazos una vasija de barro diciendo que así haría pedazos Jehová a Jerusalén y sus habitantes! (Jer. 19:1, 10, 11.) En otra ocasión, él hizo un yugo y se lo puso al cuello para indicar que su pueblo sufriría la cruel opresión de Babilonia (Jeremías, capítulos 27 y 28). Dios no manda hoy a los ancianos que acompañen su enseñanza con ilustraciones tan gráficas; sin embargo, ¿no es cierto que agradecemos cuando entretejen su enseñanza con ejemplos y experiencias adecuadas? Los ejemplos e imágenes bien pensados y oportunos son tanto impactantes como motivadores.
14 ¡Cuánto valoramos la enseñanza de los pastores cristianos! Consciente de que su pueblo necesitaba sanación espiritual, Jeremías preguntó: "¿No hay bálsamo en Galaad? ¿O no hay sanador allí?" (Jer. 8:22). Por supuesto que había bálsamo literal en Galaad, región israelita situada al oriente del Jordán. Este aceite aromático de origen vegetal era conocido por sus virtudes medicinales y solía aplicarse como remedio en las llagas o heridas. Lo que no había era curación espiritual. ¿Por qué? Jeremías observó: "Los profetas mismos realmente profetizan en falsedad; y en cuanto a los sacerdotes, van sojuzgando conforme a sus poderes. Y mi propio pueblo así lo ha amado" (Jer. 5:31). ¿Cuál es la situación actual? ¿Hay "bálsamo en Galaad"? ¡Claro que sí! Lo hallamos en nuestras congregaciones. Podemos comparar el bálsamo vivificador al consuelo que nos brindan los pastores cristianos cuando amorosamente nos señalan principios bíblicos, nos animan y oran por nosotros y con nosotros (Sant. 5:14, 15).
¿Qué aspectos de la enseñanza de los ancianos de su congregación agradece usted especialmente? ¿Qué hace que la enseñanza de ellos sea eficaz?
"ESTO ES LO QUE HA DICHO JEHOVÁ"
15 Imagine la alegría del pastor que ve recompensadas sus largas jornadas de laborioso trabajo con el nacimiento de corderos sanos. No obstante, él sabe que para que se desarrollen completamente tiene que atenderlos. Debe proporcionarles alimento nutritivo. Como los corderos nacen con colas largas que pueden arrastrar por el estiércol y el barro, se las corta —con mucho cuidado para no causarles dolor innecesario— y así los mantiene limpios y saludables. Del mismo modo, los pastores espirituales atienden con amor a las ovejas, los miembros de su congregación (Juan 21:16, 17). A los ancianos también les da mucho gusto ver que las personas interesadas dan pasos para hacerse cristianos verdaderos. Su deseo es que todas las ovejas —tanto jóvenes como adultas— estén saludables, bien nutridas; por eso les prodigan cuidados constantes y les prestan la ayuda necesaria. Su trabajo incluye recordarles las cosas "que ha dicho Jehová", es decir, las enseñanzas de las Escrituras (Jer. 2:2, 5; 7:5-7; 10:2; Tito 1:9).
16 Jeremías tuvo que armarse de valor para anunciar el mensaje de Dios. Los superintendentes también tienen que ser valientes, sobre todo a la hora de hablar con los hermanos a fin de protegerlos. Puede ser, por ejemplo, que un pastor espiritual vea conveniente intervenir en una situación en particular para evitar que un "corderito recién nacido" o una "oveja adulta" se ensucien con el mundo de Satanás. Quizás la persona que corre peligro no esté buscando consejos; aun así, ¿puede el pastor concienzudo cruzarse de brazos mientras ve a un miembro de su rebaño meterse en líos? ¡Por supuesto que no! Tampoco tratará el asunto con ligereza, pretendiendo que todo está bien, cuando obviamente la realidad es otra y su hermano se arriesga a perder la paz con Jehová (Jer. 8:11).
17 Si una oveja incauta es inducida a alejarse del rebaño, el pastor vigilante se apresurará a encarrilarla de nuevo (léase Jeremías 50:6, 7). A veces, el superintendente tendrá que razonar con firmeza y amor con los que se exponen al peligro. Por ejemplo, quizás observe que una pareja comprometida para casarse va sin acompañante a lugares donde la pasión puede dominarlos. Como pastor amoroso y comprensivo que es, los ayudará a evitar estas circunstancias comprometedoras. Guardándose de lanzar acusaciones, les señalará el riesgo que corren de hacer algo que Jehová odie. Como Jeremías, los ancianos fieles condenan lo que Dios condena. En este aspecto son como Jehová, quien instó bondadosamente a su pueblo mediante su profeta: "No hagan, por favor, esta clase de cosa detestable que he odiado" (Jer. 5:7; 25:4, 5; 35:15; 44:4). ¿Apreciamos de verdad el interés por el rebaño que muestran los pastores afectuosos?
18 Desde luego, no todos aquellos a quienes Jeremías aconsejó lo escucharon; pero hubo algunos que sí. Uno de ellos fue Baruc, su amigo y secretario. Cuando necesitó un consejo firme, Jeremías no se retuvo de dárselo (Jer. 45:5). ¿Con qué resultados? Baruc conservó el favor de Dios y sobrevivió a la destrucción de Jerusalén. Hoy día, los esfuerzos que hacen los ancianos por ayudar a sus hermanos también tienen un efecto muy positivo. Esto los impulsa a seguir 'aplicándose a la exhortación y la enseñanza' que llevan a la salvación (1 Tim. 4:13, 16).
DISCIPLINA AL "GRADO DEBIDO"
19 Otro papel que cumplen los superintendentes es el de jueces espirituales. En ocasiones excepcionales, los ancianos tienen que tratar con pecadores obstinados con la esperanza de moverlos al arrepentimiento. Jehová exhortó a los malhechores —con bondad, pero sin rodeos— a que dejaran sus malos caminos (Jer. 4:14). Si un miembro de la congregación rehúsa abandonar su mal proceder, los superintendentes toman medidas para proteger al rebaño de una posible influencia corruptora. Siguiendo las normas de las Escrituras, expulsan al malhechor. Jehová espera que los ancianos defiendan la justicia en tales circunstancias. El buen rey Josías fue un claro ejemplo al respecto, pues "defendió la reclamación legal del afligido y del pobre". Imitó el amor de Dios por la justicia. Por eso, Jehová pudo preguntar con respecto a la forma de obrar de Josías: "¿No era ese un caso de conocerme?". A Josías "le fue bien" porque practicó el derecho y la justicia. ¿No se siente usted más seguro cuando los ancianos imitan el ejemplo de Josías? (Jer. 22:11, 15, 16.)
20 Podemos tener la completa certeza de que Jehová disciplina a los malhechores al "grado debido" (Jer. 46:28). Por consiguiente, dependiendo de las circunstancias y la actitud del pecador, los ancianos tendrán que aconsejarlo, exhortarlo o censurarlo. Y si no se arrepiente, será necesario expulsarlo. En tal caso, los ancianos no oran en público por la persona expulsada que se obstina en el pecado; no sirve de nada (Jer. 7:9, 16). Pero sí imitarán a Dios mostrándole cómo recobrar el favor divino (léase Jeremías 33:6-8). Si bien la expulsión puede ser dolorosa, no nos cabe duda de que las normas de Dios son rectas y justas, y los beneficios de aplicarlas son inmejorables (Lam. 1:18).
21 Si los pastores cristianos conocen y aplican las inspiradas normas divinas, el rebaño estará bien alimentado, saludable y protegido (Sal. 23:1-6). Los ejemplos de actitudes y motivos (tanto buenos como malos) que expone Jeremías les serán de gran utilidad en el cumplimiento de su importante tarea de cuidar a las ovejas de Dios. Preguntémonos: "¿Seguiré mostrando gratitud por la forma en que Jehová enseña, guía y protege a su pueblo, a saber, mediante pastores que apacientan al rebaño 'con conocimiento y perspicacia'?" (Jer. 3:15; 23:4).
¿Qué circunstancias exigen que los ancianos actúen con valentía? ¿Qué espera Jehová de los ancianos que hacen de jueces?

Digamos la verdad en la congregación
10 Jesús les hablaba a sus discípulos de manera sencilla y directa. Y aunque siempre los aconsejaba con cariño, nunca adornó la verdad para complacerlos (Juan 15:9-12). Por ejemplo, cada vez que sus apóstoles discutían acerca de quién era el más importante, Jesús les ayudaba a entender el valor de la humildad, y siempre lo hacía de forma paciente, pero firme (Mar. 9:33-37; Luc. 9:46-48; 22:24-27; Juan 13:14). Hoy día, los superintendentes cristianos también defienden la justicia con firmeza, pero no se portan como si fueran dueños del rebaño de Dios (Mar. 10:42-44). Se esfuerzan por imitar a Cristo siendo "bondadosos [...] [y] tiernamente compasivos".
11 Es cierto que debemos ser sinceros con nuestros hermanos, pero si somos demasiado francos, podríamos ofenderlos. No queremos andar por ahí lastimando a los demás con comentarios humillantes o insultantes, como si nuestra lengua fuera una navaja afilada (Sal. 52:2; Pro. 12:18). El amor nos impulsará a seguir este consejo: "Salvaguarda tu lengua [de] lo que es malo, y tus labios [de] hablar engaño" (Sal. 34:13). Así honraremos a Dios y contribuiremos a la unidad de la congregación.
12 Los ancianos se esfuerzan constantemente por proteger a la congregación de los que mienten con malicia (léase Santiago 3:14-16). Las mentiras maliciosas van más allá de las simples exageraciones y de los comentarios que no se ajustan del todo a la realidad. La intención de quienes las dicen es hacer daño y causar angustia y dolor a los demás. Por supuesto, todas las mentiras son malas, pero no todas exigen acción judicial, por lo que los ancianos deben ser equilibrados y razonables y actuar con buen juicio. Por eso, antes de emprender una acción judicial deben preguntarse: "¿Tiene fama el hermano de mentir vez tras vez, con toda intención y malicia? ¿O se trata de un problema menos grave y bastaría con aconsejarlo de manera amorosa, pero firme?".
Digamos la verdad en las actividades comerciales y laborales
13 En el mundo laboral de hoy reina la falta de honradez, por lo que se nos puede hacer difícil resistir la tentación de actuar igual que los demás. Por ejemplo, a fin de obtener un mejor empleo y ganar más, hay quienes recurren a mentiras descaradas y exageran su experiencia o su formación académica en el currículum. Y muchas personas que ya tienen empleo fingen que están trabajando cuando en realidad están atendiendo asuntos personales. Por ejemplo, leen cosas que no tienen que ver con el trabajo, hacen llamadas telefónicas, envían mensajes electrónicos o navegan por Internet.
14 Para los cristianos verdaderos, la honradez no es algo opcional (léase Proverbios 6:16-19). Pablo dijo: "Deseamos comportarnos honradamente en todas las cosas" (Heb. 13:18). Por eso, si nos pagan el día completo, trabajamos el día completo (Efe. 6:5-8). Además, el que seamos buenos trabajadores contribuye a que el nombre de Jehová reciba alabanza (1 Ped. 2:12). Así lo ilustra el caso de Roberto, que vive en España. Él recibió el reconocimiento de su jefe por ser un empleado responsable y honrado. Además, la empresa en la que trabaja decidió contratar a más Testigos, y ellos también han hecho muy buen trabajo. A lo largo de los años, Roberto ha ayudado a conseguir empleo a veintitrés hermanos y a ocho estudiantes de la Biblia.
15 Si trabajamos por cuenta propia, también hemos de ser honrados y no ocultar nunca la verdad. El cristiano no debe recurrir a engaños para vender un producto o servicio. Tampoco debe ofrecer o recibir sobornos. Tratemos siempre a los demás como nos gustaría que nos trataran (Pro. 11:1; Luc. 6:31).
Digamos la verdad a las autoridades
16 Jesús mandó: "Paguen a César las cosas de César, pero a Dios las cosas de Dios" (Mat. 22:21). ¿Cuáles son las cosas que le debemos al César, es decir, a las autoridades? Pues bien, la conversación en la que Jesús pronunció estas palabras giraba en torno a los impuestos. De modo que para tener una conciencia limpia ante Dios y los hombres, debemos obedecer las leyes del país en el que vivimos, incluidas las que rigen el pago de impuestos (Rom. 13:5, 6). Aun así, reconocemos que Jehová es la Autoridad Suprema, el único Dios verdadero, y lo amamos con todo el corazón, el alma, la mente y las fuerzas (Mar. 12:30; Rev. 4:11). Por eso, solo él merece nuestra obediencia absoluta e incondicional (léase Salmo 86:11, 12).
17 En muchos países existen programas de asistencia social. No hay nada de malo en que los cristianos se beneficien de dichos programas, pero deben reunir los requisitos necesarios. Quienes hablan con la verdad no dan información falsa o engañosa al gobierno a fin de recibir asistencia pública.
Las recompensas de decir la verdad
18 Decir siempre la verdad trae muchas recompensas. Una de ellas es tener una conciencia limpia, que produce paz interior y tranquilidad y es de mucho valor para Jehová (Pro. 14:30; Fili. 4:6, 7). Otra de ellas es vivir sin el temor de que se nos descubra mintiendo (1 Tim. 5:24).
19 Veamos una recompensa más. Pablo dijo: "De toda manera nos recomendamos como ministros de Dios, [...] por habla verídica" (2 Cor. 6:4, 7). Este es precisamente el caso de un Testigo de Gran Bretaña que puso su auto en venta. Cuando vino un hombre interesado en comprárselo, el hermano no dudó en explicarle con franqueza los problemas del vehículo, incluso los que no se veían. Tras hacer un recorrido de prueba, el comprador le preguntó al hermano si era testigo de Jehová. ¿Por qué llegó el hombre a esta conclusión? Por la honradez del hermano, así como por su buena apariencia. El hermano aprovechó la ocasión para dar un buen testimonio.
20 Y nosotros, ¿contribuimos con nuestra honestidad a que el nombre de Jehová reciba alabanza? Pablo dijo: "Hemos renunciado a las cosas solapadas de las cuales hay que avergonzarse, y no andamos con astucia" (2 Cor. 4:2). Esforcémonos, pues, por decir siempre la verdad. De esa manera, nuestro Padre celestial recibirá la gloria que se merece, y el nombre de su pueblo quedará en alto.

CAPÍTULO 12
Hablemos siempre de forma edificante/lv
"No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación [del prójimo]." (EFESIOS 4:29.)
SUPONGAMOS que le regalamos un automóvil a un ser querido y este decide usarlo mal, conduciendo de forma irresponsable y haciendo daño a otras personas. ¿Cómo nos sentiríamos? Sin duda, muy decepcionados.
2 Pues bien, Jehová es el origen de "toda dádiva buena y todo don perfecto" (Santiago 1:17). Por ejemplo, nos ha regalado algo que nos distingue de los animales y que nos permite expresar nuestras ideas y sentimientos: la facultad del habla. Pero este regalo, como el automóvil de la comparación, puede usarse mal. De hecho, muchas personas lo emplean de forma irresponsable y hacen daño a los demás. ¿Comprendemos, entonces, lo decepcionado que debe sentirse Jehová?
3 Si queremos mantenernos en el amor de Dios, tenemos que usar este don como él quiere. O lo que es lo mismo, tenemos que seguir las instrucciones que ha dejado en la Biblia: "No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación [del prójimo] según haya necesidad, para que imparta lo que sea favorable a los oyentes" (Efesios 4:29). Por eso, a continuación examinaremos qué tipo de lenguaje hemos de evitar y cómo podemos usar el don del habla para edificar a nuestros semejantes. Pero, antes de nada, veamos por qué es tan importante controlar la lengua.
POR QUÉ CONTROLAR LA LENGUA
4 La primera razón para controlarnos al hablar es el gran poder de las palabras. A este poder alude Proverbios 15:4: "La calma de la lengua es árbol de vida, pero el torcimiento en ella significa un quebrantamiento del espíritu". Las palabras calmadas de una lengua bondadosa son tan refrescantes como el rocío y tan reconfortantes como un bálsamo. En cambio, los comentarios malintencionados de una lengua perversa le aplastan el ánimo a cualquiera. Como vemos, las palabras pueden herir o pueden curar (Proverbios 18:21).
5 El poder de las palabras también se ilustra en Proverbios 12:18. Allí se indica que quien "habla irreflexivamente" es como quien da "estocadas [con] una espada". Al soltar las cosas sin pensar, causa profundas heridas y echa a perder buenas amistades. En efecto, las palabras pueden dolernos más que si una espada nos atravesara el corazón. Pero, como añade el proverbio, también pueden tener el efecto contrario: "La lengua de los sabios es una curación". Quien se esfuerza por demostrar la sabiduría divina mide bien lo que dice. Con sus comentarios bondadosos sana corazones heridos y restablece buenas relaciones. Sin duda, todos hemos constatado el poder curativo de las palabras (Proverbios 16:24). Lo que sale de nuestros labios tiene mucha fuerza; usémoslo, por tanto, no para lastimar al semejante, sino para aliviarlo.
6 Pero, por más que intentemos hablar con cuidado, a veces fracasaremos. Y este hecho nos muestra la segunda razón para controlarnos al hablar: la tendencia innata a hacer mal uso de la lengua. En efecto, nos cuesta mucho refrenarla porque las palabras proceden del corazón y, según indica la Biblia, "la inclinación del corazón del hombre es mala" (Génesis 8:21; Lucas 6:45; Santiago 3:2-4). Ahora bien, aunque la imperfección nos impide dominar la lengua por completo, sí podemos manejarla mejor. Para ello tendremos que realizar un esfuerzo constante, como si estuviéramos nadando contra la corriente.
7 La tercera razón para controlarnos al hablar es la responsabilidad que tenemos ante Jehová. Lo que decimos no solo influye en la convivencia con los demás, sino también en nuestra relación con Dios. Así lo indica Santiago 1:26: "Si a un hombre le parece que es [un buen] adorador [...], y con todo no refrena su lengua, sino que sigue engañando su propio corazón, la forma de adoración de este hombre es vana". Como se explicó en el capítulo anterior, existe una estrecha relación entre el uso que hacemos del lenguaje y nuestra adoración. Si diéramos rienda suelta a la lengua e hiciéramos comentarios hirientes y llenos de veneno, el servicio que rendimos a Dios no tendría ningún valor. Sin duda, esto debería darnos mucho que pensar (Santiago 3:8-10).
8 Hemos visto tres razones de peso para controlarnos en el uso de las palabras. Ahora examinaremos cuál es el lenguaje que debemos evitar por completo y cuál debemos emplear para edificar a nuestros semejantes.
PALABRAS QUE DERRUMBAN
9 Lenguaje soez. En la actualidad, las blasfemias, las groserías y las vulgaridades de todo tipo se han vuelto una plaga. Muchas personas recurren a ellas para añadir fuerza a lo que dicen o para compensar su limitado vocabulario. Y en el mundo del espectáculo, los humoristas se valen de palabrotas y chistes subidos de tono para entretener al público. Pero eso no tiene ninguna gracia. Hace dos mil años, Pablo envió a los cristianos de Colosas una carta inspirada donde les aconsejó evitar por completo el "habla obscena" (Colosenses 3:8). Y a los hermanos de Éfeso les escribió: "Ni siquiera se mencionen entre ustedes [cosas como el] bromear obsceno" (Efesios 5:3, 4).
10 A nuestro amado Dios le ofende el lenguaje sucio. Por eso, nosotros también lo detestamos y nunca lo utilizamos. Tenemos muy claro que puede ser una forma de "inmundicia", la cual figura entre las "obras de la carne" condenadas por Pablo (Gálatas 5:19-21). Sin duda, es un asunto muy serio. ¿Qué le sucederá a quien tenga el vicio de andar siempre hablando de temas gravemente inmorales, indecentes o pervertidos, sea de forma descarada o valiéndose de dobles sentidos? En primer lugar, recibirá varias advertencias. Y si se niega a arrepentirse y corregirse, será expulsado de la congregación.
11 Chismes y calumnias. Los comentarios sobre las vidas ajenas pueden ser inofensivos si giran en torno a asuntos positivos o útiles, como quién se acaba de bautizar o quién necesita ánimo. Los cristianos del siglo I también se interesaban mucho por sus hermanos y hablaban de ellos sin ninguna malicia (Efesios 6:21, 22; Colosenses 4:8, 9). Lo que no está bien es hacer comentarios que distorsionen la realidad o revelen detalles de la vida privada. Esa costumbre pudiera llevarnos incluso a algo más grave: la calumnia, que se define como "acusación falsa hecha maliciosamente en contra de alguien con el fin de dañarlo o desprestigiarlo" (Diccionario del español usual en México). Como ejemplo de claras calumnias, tenemos las mentiras que lanzaron los fariseos contra Jesús con la intención de desacreditarlo (Mateo 9:32-34; 12:22-24). Un hecho innegable es que las calumnias generan muchas discordias (Proverbios 26:20.)
12 ¿Cómo ve Jehová a quienes se dedican a difamar o sembrar discordias? No los ve con buenos ojos. Lo que es más, odia a quienes provocan "contiendas entre hermanos" (Proverbios 6:16-19). Recordemos que el término griego para "calumniador" es diábolos, el mismo que se usa para presentar a Satanás como el "Diablo", es decir, como el Calumniador que difama a Dios (Revelación 12:9, 10). Desde luego, ninguno de nosotros querría convertirse en un "diablo" (o sea, en un calumniador). Ciertamente, en la congregación no hay lugar para la calumnia ni para las obras de la carne que esta fomenta, entre ellas las "altercaciones [o riñas]" y las "divisiones" (Gálatas 5:19-21). Así pues, antes de contar cualquier cosa sobre el prójimo, debemos preguntarnos: "¿Estoy seguro de que es cierto? ¿Sería una muestra de amor revelarlo? ¿Es necesario o conveniente que otros se enteren?" (1 Tesalonicenses 4:11).
13 Maltrato verbal. Como ya vimos, las palabras pueden hacer mucho daño. Y es cierto que la imperfección nos lleva a todos a decir cosas que luego lamentamos. Pero la Biblia nos advierte que hay una forma de hablar que no es admisible ni en la congregación ni en la familia. Pablo exhortó a los cristianos: "Que se quiten toda amargura maliciosa y cólera e ira y gritería y habla injuriosa" (Efesios 4:31). Otras traducciones bíblicas vierten "habla injuriosa" como "insultos", "ofensas" y "lenguaje insultante". Esta forma de hablar —que incluye las palabras humillantes, los comentarios ásperos y las críticas despiadadas— atenta contra la dignidad y la autoestima de las personas. Y los niños, al ser más inocentes y tiernos, son especialmente vulnerables (Colosenses 3:21).
14 La Biblia condena tajantemente a los injuriadores y muestra que se encuentran en una situación muy peligrosa. ¿Qué futuro le espera a quien tenga la costumbre de emplear expresiones insultantes, despectivas o humillantes? Primero recibirá varias oportunidades de corregirse. Pero si no las aprovecha, terminará expulsado de la congregación. Y peor aún, hasta pudiera perder la vida eterna bajo el Reino de Dios (1 Corintios 5:11-13; 6:9, 10). Queda claro, que mantenerse en el amor de Jehová es incompatible con las groserías, con las mentiras, con los insultos y, en definitiva, con todas las palabras que derrumban al prójimo.
PALABRAS QUE EDIFICAN
15 ¿Cómo quiere Jehová que usemos el don del habla? Recordemos que la Biblia nos pide que lo utilicemos "para edificación [del prójimo]" (Efesios 4:29). A Jehová le complace que nos esforcemos por hallar palabras constructivas que animen y fortalezcan. Pero las Escrituras no contienen un reglamento detallado ni una lista con vocabulario "saludable" (Tito 2:8). Para saber si un comentario es edificante solo hay que ver si pueden aplicársele estos tres adjetivos: sano, cierto y bondadoso. Tengamos presentes estas tres importantes características mientras analizamos varios ejemplos (véase el recuadro "¿Es edificante mi forma de hablar?", en la página 140).
16 Elogios sinceros. Jehová y Jesús saben que es muy necesario felicitar a los demás y reconocer sus méritos (Mateo 3:17; 25:19-23; Juan 1:47). Y todos los cristianos tenemos que hacer lo mismo. En efecto, "una palabra a su tiempo [...], ¡oh, cuán buena es!" (Proverbios 15:23). Cuando alguien nos elogia con sinceridad, nos hace sentir bien y nos llena de ánimo. Y es muy natural que nos sintamos así, pues se está interesando por nosotros y por lo que estamos haciendo. Eso nos confirma que ha valido la pena el esfuerzo, fortaleciendo nuestra confianza e impulsándonos a trabajar cada día con más entusiasmo. Pues bien, dado que las alabanzas son algo que a todos nos gusta recibir, ¿no deberíamos preocuparnos también por darlas? (Mateo 7:12.)
17 Si nos acostumbramos a fijarnos en los puntos fuertes de los demás, siempre encontraremos razones para felicitarlos. Por ejemplo, ¿qué pudiéramos ver en la congregación? A un orador dando buenos discursos, a un joven luchando por lograr sus metas espirituales o a un hermano mayor que, pese a sus achaques, nunca falta a las reuniones. Unas sencillas palabras de elogio les llegarán al corazón y los fortalecerán. ¿Y qué puede decirse del hogar? Ambos cónyuges necesitan escuchar sentidas palabras de ánimo y gratitud (Proverbios 31:10, 28). Y a los hijos también les hace falta que los tengan en cuenta y los aprecien. Para ellos, el reconocimiento y la aprobación son tan necesarios como el agua y la luz para las plantas. Por eso, los padres deben estar muy pendientes de elogiarlos por sus buenas cualidades y acciones. Así les elevarán la autoestima y la confianza, y los moverán a esforzarse aún más por hacer lo que deben.
18 Consuelo y ánimo. Jehová se interesa profundamente por los de "condición humilde" y por "los [...] aplastados" (Isaías 57:15). En la Biblia nos dirige esta exhortación: "Sigan consolándose unos a otros y [...] hablen confortadoramente a las almas abatidas" (1 Tesalonicenses 5:11, 14). Podemos estar seguros de que él observa complacido todo lo que hacemos por animar y consolar a los afligidos.
19 ¿Qué podemos hacer por el cristiano desanimado? Primero, dirigirle algunas palabras de aliento. Aunque con eso quizás no arreglemos sus problemas, no debemos preocuparnos. Lo importante es mostrarle que estamos a su lado y que nos interesamos. También podemos orar con él, pidiendo a Jehová que le ayude a ver que es alguien muy querido, tanto por los demás como por Dios (Santiago 5:14, 15). Debemos confirmarle que la congregación lo necesita y aprecia (1 Corintios 12:12-26). Otra buena idea es leerle algún pasaje bíblico que le recuerde cuánto se interesa Jehová por él (Salmo 34:18; Mateo 10:29-31). Si nos tomamos el tiempo necesario para confortarlo con alguna "buena palabra" que salga de nuestro corazón, se sentirá más amado y valorado (Proverbios 12:25).
20 Buenos consejos. Como todos somos imperfectos, de vez en cuando necesitaremos orientación. Por eso la Biblia nos dice: "Escucha el consejo y acepta la disciplina, a fin de que te hagas sabio en tu futuro" (Proverbios 19:20). En la congregación recibimos sugerencias de los ancianos. Pero ellos no son los únicos capacitados para hacerlas. Por ejemplo, los padres tienen que asesorar a sus hijos (Efesios 6:4). Y las hermanas espiritualmente maduras pueden hacer lo mismo con las cristianas más jóvenes (Tito 2:3-5). En todo caso, el amor al prójimo dicta que el consejero formule sus comentarios de forma que nadie se sienta atacado. Analicemos ahora tres factores que contribuyen al éxito del consejo: que se dé con la debida actitud y motivación, que tenga bases sólidas y que se ofrezca de la forma adecuada.
21 El primer factor es que el consejo se dé con la debida actitud y motivación. ¿Qué nos ayuda a aceptar con gusto una sugerencia? Sin duda, saber que se ofrece por verdadero interés en nosotros, y no por frustración o por egoísmo. Entonces, actuemos así al dar consejo a los demás. El segundo factor es basarse en la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16). Todo lo que digamos debe estar fundamentado en la Biblia, sea que leamos directamente de ella o no. Los ancianos tienen cuidado de no imponer sus propias opiniones. Tampoco manipulan textos bíblicos para respaldar sus ideas. El tercer factor es ofrecer la recomendación de la forma adecuada. Al darla con bondad, respetando la dignidad de cada uno, siempre será más fácil aceptarla (Colosenses 4:6).
22 Sin duda, al dotarnos del habla, Jehová nos ha hecho un regalo valiosísimo. Y como amamos tanto a nuestro Padre, queremos usarlo bien. Nunca olvidemos que las palabras pueden edificar o derrumbar. Por eso, usémoslas siempre como Jehová quiere: "para edificación [del prójimo]". Así, seremos una verdadera bendición para quienes nos rodean y, además, podremos mantenernos en el amor de Dios.
[Notas]
El término hebreo que en Proverbios 15:4 se traduce "torcimiento" también puede verterse "malicia" y "perversidad".
La palabra griega traducida "vana" también se vierte "inútil" e "infructuosa" (1 Corintios 15:17; 1 Pedro 1:18).
En la Biblia, el término "inmundicia" engloba pecados muy diversos. Aunque no todos los tipos de inmundicia exigen la formación de un comité judicial, quien cometa inmundicia grave y no se arrepienta será expulsado de la congregación (2 Corintios 12:21; Efesios 4:19; véase la sección "Preguntas de los lectores" de La Atalaya del 15 de julio de 2006).

¿Cómo ejerce la autoridad?/w/06/1/4
¿Cómo le va a usted en este sentido? En la familia, por ejemplo, ¿impone su autoridad para controlar los asuntos, aunque eso signifique insistir en sus antojos y caprichos? ¿Respeta la familia sus decisiones por temor, o por amor? ¿Es la superioridad en fuerza el factor decisivo? Estas son preguntas que los cabezas de familia pueden analizar con miras a mantener el orden teocrático en la institución familiar (1 Corintios 11:3).
¿Y si usted disfruta de cierto grado de autoridad en la congregación cristiana? Para determinar si la está ejerciendo adecuadamente, analícese a la luz de los siguientes principios inspirados por Jehová Dios y demostrados en la práctica por Jesucristo.
"El esclavo del Señor [...] tiene necesidad de [...] ser amable para con todos, [...] manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos." (2 Timoteo 2:24, 25.)
Algunas personas de la congregación cristiana primitiva poseían gran autoridad. Timoteo, por ejemplo, podía incluso 'mandar a ciertos individuos que no enseñaran diferente doctrina' (1 Timoteo 1:3). Pero podemos estar seguros de que siempre reflejaba las cualidades divinas en todo lo que hacía, pues sin duda obraba en armonía con el consejo del apóstol Pablo de instruir "con apacibilidad" y de "ser amable para con todos" al cumplir con su cargo de superintendente cristiano. Al ser relativamente joven, debía comportarse como hijo respetuoso con los mayores y hermano compasivo con los más jóvenes (1 Timoteo 5:1, 2). Cuando la congregación cristiana recibe ese tipo de cuidado amoroso, manifiesta el cálido espíritu de una familia cariñosa, no el de una empresa fría y rígida (1 Corintios 4:14; 1 Tesalonicenses 2:7, 8).
"Los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes." (Mateo 20:25, 26.)
Los déspotas de este mundo "se enseñorean" de los demás imponiéndoles su voluntad y empeñándose en que hagan las cosas de cierta manera, bajo amenaza de castigo si desobedecen. Pero Jesucristo insistió en servir a los demás, no en presionarlos (Mateo 20:27, 28). Él siempre trató a sus discípulos con amor y consideración. Cuando uno sigue el ejemplo de Jesús, es mucho más fácil que los demás cooperen (Hebreos 13:7, 17). También hay más probabilidades de que, si está a su alcance, hagan más de lo que se les pide, y de buena gana, no por compromiso (Mateo 5:41).
"Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no [...] enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño." (1 Pedro 5:2, 3.)
En nuestros días, los superintendentes comprenden que se les pedirán cuentas por el bienestar espiritual de todos en la congregación, una responsabilidad que ven con seriedad. Al cuidar el rebaño de Dios, se esmeran por hacerlo de buena gana, con empeño y con amor. Como el apóstol Pablo, se afanan por acrecentar y fortalecer la fe de quienes están a su cuidado, no por actuar como amos de su fe (2 Corintios 1:24).
Cuando los ancianos tienen que dar consejo, lo hacen con apacibilidad a fin de reajustar al que ha errado o para ayudar a un hermano cristiano a progresar en sentido espiritual. Tienen presente el recordatorio del apóstol Pablo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1; Hebreos 6:1, 9-12).
"Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros [...]. Vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión." (Colosenses 3:13, 14.)
¿Cómo trata usted a quien no logra cumplir a la perfección las normas cristianas? ¿Hace concesiones por las imperfecciones, tal como Jehová y Jesucristo? (Isaías 42:2-4.) ¿O insiste en que se respete la letra de la ley en todo momento? (Salmo 130:3.) Recuerde que lo mejor es ser tierno cuando sea posible y firme solo cuando sea necesario. Actuar con amor contribuirá a forjar fuertes vínculos de confianza mutua entre usted y aquellos sobre quienes tiene autoridad.
Si se le ha confiado algún tipo de autoridad, esfuércese por ejercerla como lo hacen Jehová Dios y Jesucristo. Nunca olvide el maravilloso cuadro que pintó el salmista David cuando describió en canción la forma en que Jehová ejerce su autoridad sobre su pueblo: "Jehová es mi Pastor. Nada me faltará. En prados herbosos me hace recostar; me conduce por descansaderos donde abunda el agua. Refresca mi alma. Me guía por los senderos trillados de la justicia por causa de su nombre". De forma similar, leemos sobre Jesús: "Yo soy el pastor excelente, y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y yo entrego mi alma a favor de las ovejas". ¿Qué mejores ejemplos podríamos tener del ejercicio amoroso de la autoridad? (Salmo 23:1-3; Juan 10:14, 15.)
[Comentario de la página 18]
Jehová siempre utiliza su poder en perfecta armonía con su justicia, sabiduría y amor


A veces es necesario que los ancianos prevengan contra la conducta imprudente. Pero la humildad los ayudará a tratar a sus hermanos con espíritu de apacibilidad (Gál. 6:1). Su manera de decir las cosas debe reflejar que respetan a los miembros de la congregación (1 Ped. 5:2, 3). La Biblia aconseja a los hombres jóvenes que tengan muy en cuenta este hecho (1 Tim. 4:12; 5:1, 2; 1 Ped. 5:5). Cuando hay que censurar, disciplinar o corregir, es preciso hacerlo basándose en la Biblia (2 Tim. 3:16). El orador nunca debe forzar ni torcer las Escrituras para apoyar ideas propias. Aunque se necesite consejo correctivo, puede mantenerse el tono positivo de la disertación poniendo más énfasis en la forma de evitar la mala conducta, solucionar los problemas, superar las dificultades y corregir el mal proceder, así como en la protección que nos brindan las normas de Jehová (Sal. 119:1, 9-16).


Capítulo 16/cl
Debemos "ejercer justicia" al andar con Dios
IMAGÍNESE que se encuentra atrapado en un naufragio. En el momento en que ha perdido la esperanza, acude un rescatador y lo lleva a un lugar seguro. ¡Qué alivio siente cuando lo aleja del siniestro y le dice: "Ya está a salvo"! ¿No estaría en deuda con él? Literalmente le debería la vida.
2 En algunos aspectos, este ejemplo ilustra lo que ha hecho Jehová por nosotros. Es patente que estamos en deuda con él. A fin de cuentas, es quien ha suministrado el rescate, posibilitando nuestra liberación de las garras del pecado y la muerte. Nos sentimos seguros, conscientes de que, mientras demostremos fe en ese valiosísimo sacrificio, se nos perdonarán los pecados y tendremos garantizado un futuro eterno (1 Juan 1:7; 4:9). Como vimos en el capítulo 14, el rescate es una manifestación sublime del amor y la justicia de Dios. ¿Cómo hemos de reaccionar ante esta dádiva?
3 Es apropiado examinar lo que nos reclama nuestro amoroso Rescatador, el Todopoderoso, quien se expresó así por boca del profeta Miqueas: "Él te ha dicho, oh hombre terrestre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que Jehová está pidiendo de vuelta de ti sino ejercer justicia y amar la bondad y ser modesto al andar con tu Dios?" (Miqueas 6:8). Observamos que "ejercer justicia" es uno de sus requisitos. ¿Cómo lo satisfacemos?
Sigamos tras la "verdadera justicia"
4 Jehová espera que nos rijamos por sus normas del bien y del mal. Puesto que son rectas, aplicarlas equivale a perseguir la rectitud. "Aprendan a hacer lo bueno; busquen la justicia", dice Isaías 1:17. La Biblia nos insta a 'buscar la justicia' y a "vestir[nos] de la nueva personalidad que fue creada conforme a la voluntad de Dios en verdadera justicia" (Sofonías 2:3; Efesios 4:24). La auténtica justicia repudia la violencia, la impureza y la inmoralidad, porque atentan contra la santidad (Salmo 11:5; Efesios 5:3-5).
5 ¿Supone una carga obedecer los justos preceptos de Jehová? De ningún modo. Sus requisitos no irritan al corazón que se siente atraído al Creador. Dado el afecto que sentimos por él y por todo lo que representa, deseamos que nuestra forma de vivir le agrade (1 Juan 5:3). Recordemos que él "ama los actos justos" (Salmo 11:7). Por tanto, si queremos imitar su rectitud, tenemos que amar lo que ama y odiar lo que odia (Salmo 97:10).
6 A las personas imperfectas nos resulta difícil buscar la justicia. Tenemos que desnudarnos de la vieja personalidad con sus prácticas pecaminosas y vestirnos de otra totalmente diferente, que, como dice la Biblia, "va haciéndose nueva" mediante conocimiento exacto (Colosenses 3:9, 10). Las palabras "va haciéndose nueva" indican que la adopción de esta personalidad es un proceso continuo y arduo. Y no importa cuánto nos esforcemos por actuar bien, habrá momentos en que nuestras tendencias nos harán pecar de pensamiento, palabra u obra (Romanos 7:14-20; Santiago 3:2).
7 ¿Cómo deberíamos ver los fracasos en la lucha por practicar la justicia? Aunque, claro está, no queremos restarle importancia al pecado, nunca hemos de darnos por vencidos ni pensar que tales deficiencias nos hacen indignos de servir a nuestro benévolo Dios. Él ha dispuesto lo necesario para que recobre su favor quien se arrepienta de corazón. Reflexionemos en estas alentadoras palabras del apóstol Juan: "Les escribo estas cosas para que no cometan un pecado". Pero luego admite con realismo: "No obstante, si alguno comete un pecado [a causa de la imperfección heredada], tenemos un ayudante para con el Padre, a Jesucristo" (1 Juan 2:1). En efecto, Jehová ha suministrado el sacrificio redentor de Jesús para que podamos servirle de modo acepto a sus ojos pese a nuestra naturaleza pecaminosa. ¿No nos mueve este hecho a hacer lo sumo posible por agradarle?
Las buenas nuevas y la justicia divina
8 Ejercitamos la justicia —y de hecho imitamos la de Jehová— al hacer cuanto esté en nuestra mano por predicar las buenas nuevas del Reino. Ahora bien, ¿qué relación hay entre estas y la justicia divina?
9 Jehová no eliminará este mundo perverso sin antes dar advertencia. En su profecía sobre los sucesos del tiempo del fin, Jesús dijo: "En todas las naciones primero tienen que predicarse las buenas nuevas" (Marcos 13:10; Mateo 24:3). El adverbio "primero" implica que la predicación mundial irá seguida de otros eventos, entre ellos la predicha gran tribulación, en la que se destruirá a los malvados y se preparará el camino para instaurar un nuevo mundo donde imperará la rectitud (Mateo 24:14, 21, 22). Ciertamente, nadie tiene razón para acusar a Dios de no ser equitativo con los impíos, pues les avisa, dándoles muchas oportunidades para enmendarse y librarse de la destrucción (Jonás 3:1-10).
10 ¿Cómo manifestamos la justicia divina al predicar las buenas nuevas? En primer lugar, es justo hacer todo lo posible por ayudar al prójimo a salvarse. Retomemos la ilustración del naufragio. Una vez que usted estuviera a bordo de la lancha de salvamento, sin duda trataría de socorrer a quienes siguieran en el agua. De igual modo, tenemos el deber de auxiliar a quienes luchan por sobrevivir en las "aguas" de este mundo malvado. Aunque muchos rechazan nuestro mensaje, mientras Jehová siga demostrando paciencia, estamos obligados a brindarles la oportunidad de que "alcancen el arrepentimiento" y así emprendan el camino de la salvación (2 Pedro 3:9).
11 Al predicar las buenas nuevas a cuantos encontramos, manifestamos la justicia de otra forma importante: actuamos sin favoritismo. Hay que recordar que "Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto" (Hechos 10:34, 35). Por lo tanto, imitamos la equidad divina cuando rechazamos los prejuicios y llevamos las buenas nuevas sin reparar en la raza ni en la posición social o económica de la gente. De este modo permitimos que quienes estén dispuestos a ello las escuchen y reaccionen en consecuencia (Romanos 10:11-13).
La manera de tratar al prójimo
12 También ejercitamos la justicia tratando a los demás como nos trata el Creador. Es fácil juzgarlos, criticarlos y cuestionar sus intenciones. Pero ¿a quién le gustaría que el Altísimo evaluara implacablemente sus motivos y defectos? Él no procede así con nosotros, como bien indicó el salmista: "Si errores fuera lo que tú vigilas, oh Jah, oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?" (Salmo 130:3). ¿Verdad que agradecemos que el Dios justo y misericordioso no se centre en nuestros fallos? (Salmo 103:8-10.) Entonces, ¿cómo deberíamos tratar al semejante?
13 Si comprendemos que la justicia divina es misericordiosa, no nos apresuraremos a juzgar al prójimo en asuntos que no nos conciernan o que sean de importancia secundaria. En el Sermón del Monte, Jesús advirtió a su auditorio: "Dejen de juzgar, para que no sean juzgados" (Mateo 7:1). De acuerdo con el evangelista Lucas, luego añadió: "Dejen de condenar, y de ninguna manera serán condenados" (Lucas 6:37). Cristo demostró que conocía la tendencia del hombre imperfecto a erigirse en juez de su semejante. Era preciso que los oyentes de Jesús que acostumbraran juzgar con severidad dejaran de hacerlo.
14 ¿Por qué 'dejar de juzgar'? Primero, porque la autoridad que poseemos es limitada. El discípulo Santiago nos recuerda que "uno solo hay que es legislador y juez": Jehová. Luego formula esta significativa pregunta: "Tú, ¿quién eres, para que estés juzgando a tu prójimo?" (Santiago 4:12; Romanos 14:1-4). Además, nuestra naturaleza pecaminosa se presta a la emisión de juicios poco equitativos. Muchas actitudes y motivos —como el prejuicio, el orgullo herido, los celos y el fariseísmo— pueden llevarnos a ver al semejante con una óptica distorsionada. Y adolecemos de muchas más limitaciones, en las que conviene meditar para no apresurarnos a señalar las faltas ajenas. Por ejemplo, no podemos leer el corazón ni conocemos todas las circunstancias de nadie. Entonces, ¿quiénes somos para imputar malas intenciones a un hermano en la fe o criticar el empeño con que sirve a Dios? En imitación del Todopoderoso, es mucho mejor pasar por alto los defectos y buscar las virtudes.
15 ¿Qué puede decirse de los familiares? Es de lamentar que en el mundo actual se dicten algunas de las sentencias más implacables en un lugar que debería ser un remanso de paz: el hogar. No es raro oír de cónyuges o padres maltratadores que "condenan" a los suyos a una avalancha constante de abusos verbales o físicos. Pues bien, entre los siervos de Dios no caben las palabras crueles, el sarcasmo ofensivo ni las demás agresiones (Efesios 4:29, 31; 5:33; 6:4). Los mandatos de Jesús "dejen de juzgar" y "dejen de condenar" también son aplicables al hogar. Recordemos que practicar la justicia implica tratar a los demás como nos trata Jehová, quien nunca es cruel ni áspero con quienes lo amamos, sino "muy tierno en cariño" (Santiago 5:11). Sin duda, un gran dechado para nosotros.
Los ancianos sirven "para derecho mismo"
16 Todos los cristianos tienen la obligación de ejercitar la justicia, pero en particular los ancianos de la congregación. Fijémonos en la descripción profética que hizo Isaías de tales superintendentes, o "príncipes": "¡Mira! Un rey reinará para justicia misma; y en cuanto a príncipes, gobernarán como príncipes para derecho mismo" (Isaías 32:1). En efecto, Jehová espera que sirvan a la causa de la rectitud. ¿Cómo pueden hacerlo?
17 Estos hermanos capacitados espiritualmente saben muy bien que la rectitud exige mantener pura a la congregación. Cuando han de juzgar casos de pecados graves, tienen presente que la justicia divina procura actuar con misericordia siempre que sea posible. Por ello tratan de inducir al pecador a arrepentirse de corazón. Ahora bien, ¿qué sucede si, pese a los intentos de ayudarle, no lo logran? La Palabra de Jehová estipula con toda justicia una medida firme: "Remuevan al hombre inicuo de entre ustedes". En otras palabras, se le expulsa de la congregación (1 Corintios 5:11-13; 2 Juan 9-11). Aunque a los ancianos les duele verse obligados a tomar esta decisión, comprenden que es necesario para salvaguardar la pureza moral y espiritual de la congregación. Aun así, esperan que algún día el transgresor entre en razón y vuelva al pueblo de Dios (Lucas 15:17, 18).
18 Servir a la causa de la justicia también conlleva ofrecer consejos bíblicos siempre que sea preciso. Claro, los ancianos no andan buscando defectos en los demás, ni aprovechan cada ocasión que se presenta para corregirlos. Pero puede que un hermano en la fe "dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello". Dado que la justicia divina no es ni cruel ni insensible, es preciso que "traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad" (Gálatas 6:1). No lo regañarán ni utilizarán palabras duras, sino que lo animarán con consejos amorosos. Aunque tengan que aplicarle la debida censura —exponiendo con franqueza las consecuencias del proceder imprudente—, recordarán que quien se ha descarriado es una oveja del rebaño de Jehová (Lucas 15:7). Cuando se evidencia amor tanto en la motivación del consejo como en la forma de impartirlo, es más fácil que se consiga el objetivo de reajustar al hermano.
19 Los ancianos han de tomar muchas decisiones que tienen que ver con sus hermanos cristianos. Por ejemplo, se reúnen periódicamente para analizar qué varones de la congregación reúnen las condiciones para ser recomendados como superintendentes o siervos ministeriales. Comprenden la importancia de proceder con imparcialidad, por lo que no basan las recomendaciones en sus preferencias, sino en los requisitos divinos. De este modo actúan "sin prejuicio, y no ha[cen] nada según una inclinación parcial" (1 Timoteo 5:21).
20 Los ancianos también administran la justicia divina de otras maneras. Después de predecir que servirían "para derecho mismo", Isaías dijo: "Cada uno tiene que resultar ser como escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia, como corrientes de agua en país árido, como la sombra de un peñasco pesado en una tierra agotada" (Isaías 32:2). De este modo, procuran brindar consuelo y alivio a sus hermanos en la fe.
21 Muchos requieren estímulo ante la multitud de problemas desalentadores que los abruman. Ancianos, ¿cómo ayudarán "a las almas abatidas"? (1 Tesalonicenses 5:14.) Escúchenlas con empatía (Santiago 1:19). Tal vez necesiten manifestarle su inquietud a alguien de confianza (Proverbios 12:25). Confírmenles que gozan del aprecio y amor de Jehová y de sus hermanos cristianos (1 Pedro 1:22; 5:6, 7). Además, oren con ellas y a favor de ellas. Quizás las reconforte escuchar el ruego sincero de un superintendente (Santiago 5:14, 15). El Dios de la rectitud tomará buena nota de sus desvelos por ayudar a los deprimidos.
22 Ciertamente, nos acercamos más al Ser supremo al imitar su justicia. Lo logramos siempre que sostenemos sus rectas normas, difundimos las buenas nuevas de salvación y nos centramos en las virtudes del prójimo, no en sus defectos. Y ustedes, ancianos, reflejan la justicia divina cada vez que salvaguardan la pureza de la congregación, dan edificantes consejos bíblicos, adoptan decisiones imparciales y animan a los desalentados. ¡Qué gozo debe sentir Jehová al ver desde los cielos que su pueblo hace lo sumo posible por "ejercer justicia" al andar con él!
[Notas]
Algunas versiones dicen "no juzguen" y "no condenen", lecturas que pudieran entenderse como "no empiecen a juzgar" y "no empiecen a condenar". Sin embargo, los escritores bíblicos utilizan en ambos casos, en su forma negativa, el imperativo presente, que indica acción continuada. Por consiguiente, las acciones indicadas ya estaban en curso y tenían que cesar.
En 2 Timoteo 4:2, la Biblia dice que, dependiendo de la situación, los ancianos deben 'censurar, corregir o exhortar'. El verbo griego que se traduce "exhortar" (pa·ra·ka·lé·o) puede tener el sentido de "animar". Un término de la misma familia, pa·rá·kle·tos, se refiere a veces a un abogado. Así, aun cuando los superintendentes censuren con firmeza a un hermano, también han de ayudarlo, pues requiere asistencia espiritual.






'Llevemos la delantera en cuanto a mostrar honra'/w 00/15/6 pag 21
15 Los miembros de la congregación prosperan cuando los ancianos les dan un buen ejemplo (1 Pedro 5:2, 3). Pese a su horario ocupado, los ancianos amorosos toman la iniciativa y hablan con los jóvenes, los cabezas de familia, las madres solas, las esposas y los mayores, sea que estos se enfrenten a problemas o no. También escuchan a los miembros de la congregación y los encomian por lo que pueden hacer. El anciano observador que agradece el trabajo que efectúan los hermanos imita a Jehová, quien valora a sus criaturas terrestres.
16 Al imitar a Jehová, los ancianos dan el ejemplo en lo que respecta a seguir el consejo de Pablo: "En amor fraternal ténganse tierno cariño unos a otros. En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera" (Romanos 12:10). Este consejo puede ser más difícil para los ancianos que viven en países donde imperan las diferencias de clases. Por ejemplo, en un país oriental hay dos palabras para "hermano", una honorífica y otra común. Hasta hace poco, los miembros de la congregación se dirigían a los ancianos y a los hermanos mayores usando el término honorífico, y reservaban el común para los demás. Sin embargo, se les animó a usar siempre el término común, porque, como Jesús dijo a sus seguidores, "todos ustedes son hermanos" (Mateo 23:8). Aunque es posible que en otros países las diferencias no sean tan obvias, todos debemos ser conscientes de la tendencia humana a hacer distinciones de clases (Santiago 2:4).
17 Es cierto que Pablo nos animó a tratar a ciertos ancianos como merecedores de "doble honra", pero aún siguen siendo nuestros hermanos (1 Timoteo 5:17). Si podemos acercarnos "con franqueza de expresión al trono de la bondad inmerecida" del Soberano Universal, ¿no deberíamos poder acercarnos del mismo modo a los ancianos, quienes han de imitar a Jehová? (Hebreos 4:16; Efesios 5:1.) Los superintendentes pueden evaluar lo accesibles que son pensando en la frecuencia con que se acude a ellos en busca de consejo o para ofrecerles sugerencias. Aprendamos de cómo Jehová invita a sus criaturas a participar en sus proyectos. Él las trata con dignidad al delegarles responsabilidades. Aun si un Testigo ofrece una sugerencia que no parece práctica, los ancianos deben valorar el interés que se ha tomado. Recordemos cómo respondió Jehová a las preguntas perspicaces de Abrahán y al clamor de angustia de Habacuc.
18 Algunos cristianos necesitan que se les reajuste (Gálatas 6:1). De todos modos, son valiosos a los ojos de Jehová y merecen que se les trate con dignidad. "Cuando quien me da consejo me trata con respeto, me siento libre de acercarme a él", dijo un Testigo. La mayoría de las personas responden al consejo cuando se las trata con dignidad. Es posible que tome más tiempo, pero si se escucha a los que han dado un paso en falso será más fácil que acepten el consejo que necesitan. Recordemos cómo razonó Jehová repetidas veces con los israelitas porque sentía compasión por ellos (2 Crónicas 36:15; Tito 3:2). El consejo que se da con empatía y compasión tocará el corazón de aquellos que necesitan ayuda (Proverbios 17:17; Filipenses 2:2, 3; 1 Pedro 3:8).
19 Mostrar honra a los demás incluye a los que pueden llegar a ser nuestros hermanos espirituales en el futuro. Tales personas quizá acepten con lentitud el mensaje ahora, pero tenemos que ser pacientes con ellas y tratarlas con dignidad. Jehová "no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento" (2 Pedro 3:9). ¿No deberíamos adoptar el mismo punto de vista de Jehová? Podemos allanar el camino para dar el testimonio si siempre intentamos ser amables con la gente. Por supuesto, debemos evitar la clase de compañerismo que pueda suponer un peligro espiritual (1 Corintios 15:33). Aun así, demostramos "bondad humana" al no despreciar a quienes no comparten nuestras creencias (Hechos 27:3).
20 Efectivamente, Jehová y Jesucristo consideran que todos merecemos respeto. Recordemos siempre cómo actúan ellos y llevemos nosotros de igual modo la delantera en mostrarnos honra unos a otros. Y, tengamos siempre presentes las palabras de nuestro Señor Jesucristo: "Todos ustedes son hermanos" (Mateo 23:8).
Cuando damos consejo w 99/15/6 pag 13
Cuando demos consejo o corrección, el razonamiento considerado y equilibrado nos ayudará a ganar el respeto de nuestros hermanos espirituales y a prestarles ayuda verdaderamente eficaz. Es muy fácil centrarse en unos cuantos hechos y llegar a una conclusión apresurada y subjetiva. Cuando esto ocurre, podemos dar la impresión de que somos personas de mentalidad estrecha o incluso cerrada, como los guías religiosos del tiempo de Jesús, que tendían a cargar al pueblo con infinitas normas (Mateo 23:2-4). En cambio, si evitamos ser extremistas y damos buen consejo basado firmemente en los principios bíblicos y si reflejamos el justo modo de pensar de Jehová, que también es equilibrado y misericordioso, será mucho más fácil que otros acepten y sigan nuestras recomendaciones.
Hace algunos años unos jóvenes procedentes de varias congregaciones empezaron a practicar deporte juntos. Desafortunadamente, surgió entre ellos un espíritu de competencia que condujo a duros enfrentamientos verbales. ¿Cómo trataron los ancianos locales el problema? Puesto que reconocían la necesidad de esparcimiento que tienen los jóvenes, no les recomendaron que dejasen de reunirse con ese fin (Efesios 5:17; 1 Timoteo 4:8). Más bien, les dieron advertencias firmes y razonables sobre lo que el espíritu de competición pudiera causar. También les ofrecieron sugerencias útiles, como, por ejemplo, que hubiese adultos responsables con ellos. Los jóvenes agradecieron el consejo sabio y equilibrado y respondieron bien. Además, su respeto y afecto por los ancianos aumentó.
Esforcémonos por ser personas de mentalidad más abierta
Aunque no tengamos prejuicios intencionada o deliberadamente, aun así debemos esforzarnos al máximo por abrir más nuestra mentalidad. A medida que estudiamos la Palabra de Dios, meditemos sobre ella para captar y entender cómo piensa Jehová (Salmo 139:17). Intentemos comprender las razones por las que se hicieron algunas de las afirmaciones que aparecen en ella y los principios implicados, y tratemos de evaluar los asuntos como lo hace Jehová. Este proceder armonizará con la oración de David: "Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas. Hazme andar en tu verdad y enséñame" (Salmo 25:4, 5).
Si tenemos una mentalidad más abierta recibiremos bendiciones. Una de ellas será que se nos conocerá como personas equilibradas y comprensivas. Seremos capaces de responder de forma más razonable y objetiva cuando prestemos ayuda en diferentes situaciones. Así, contribuiremos también a la maravillosa unidad y armonía de nuestra hermandad cristiana.

Ancianos: Reajusten a sus hermanos con espíritu de apacibilidad w 92/15/11 pag 26-29
EL CORAZÓN de un cristiano verdadero se asemeja a un jardín espiritual que produce fruto de calidad. En él crecen el amor, el gozo, la paz, la gran paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la apacibilidad y el autodominio. ¿Y por qué no? Esos son los frutos del espíritu santo que Jehová Dios da a sus siervos dedicados. (Gálatas 5:22, 23.) No obstante, todo cristiano que desea mantener el jardín de su corazón como un lugar agradable a su Padre celestial debe luchar incansablemente contra la cizaña del pecado heredado. (Romanos 5:5, 12.)
De vez en cuando en el corazón imperfecto del cristiano empieza a crecer lo que es indeseable. Puede que la persona tenga buenos antecedentes espirituales. Pero de repente surge un problema, quizás debido a malas compañías o a una decisión imprudente. ¿Cómo pueden ayudar espiritualmente a esa persona los ancianos de la congregación?
El consejo apostólico
Para ayudar al cristiano que ha errado, los ancianos deben seguir el consejo del apóstol Pablo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". (Gálatas 6:1.) Cuando un compañero de creencia ha dado "algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello", los ancianos tienen la responsabilidad de ofrecerle ayuda de inmediato.
Pablo habla aquí de "un hombre" que da un paso en falso. No obstante, la palabra griega (án·thro·pos) que aparece aquí puede aplicar tanto a un hombre como a una mujer. ¿Y qué significa "reajustar" a una persona? En este caso, el término griego (ka·tar·tí·zo) significa "poner en debida alineación". El mismo término se usa respecto a remendar las redes. (Mateo 4:21.) También se usa con relación a encajar un hueso fracturado. El médico lo realiza con mucho cuidado para no causar a su paciente dolor innecesario. Así también, se requiere cuidado, tacto y compasión para ayudar a un hermano o a una hermana a recuperar la debida alineación espiritual.
Los ancianos dan prueba de su propia espiritualidad cuando manifiestan espíritu de apacibilidad al ayudar a alguien. No cabe duda de que Jesús, un hombre de genio apacible, trataría los asuntos con apacibilidad. (Mateo 11:29.) Los ancianos deben mostrar esta cualidad al tratar con un siervo de Jehová que haya dado un paso en falso, porque ellos también pueden ser atrapados por el pecado, a pesar de sus buenas intenciones. Pudiera sucederles lo mismo en el futuro, si no les ha ocurrido ya en el pasado.
Estos hombres de cualidades espirituales deberían 'llevar las cargas' de sus compañeros de adoración de manera amorosa. No cabe duda de que los ancianos desean ayudar de corazón al hermano en su lucha contra Satanás, las tentaciones, las debilidades carnales y las aflicciones del pecado. Esta es una manera como los superintendentes cristianos 'cumplen la ley del Cristo'. (Gálatas 6:2.)
Los hombres que en verdad tienen cualidades espirituales son humildes y comprenden que "si alguien piensa que es algo, no siendo nada, está engañando su propia mente". (Gálatas 6:3.) Prescindiendo de cuánto se esfuercen por hacer lo que es correcto y provechoso, los ancianos nunca podrán imitar a grado cabal a Jesucristo, el Hijo de Dios perfecto y amorosamente compasivo. Pero eso no debe impedir que ellos traten de hacer lo óptimo.
Saben que sería incorrecto corregir a alguien de manera arrogante y santurrona. Jesús nunca haría tal cosa. ¡Incluso estuvo dispuesto a dar su vida, no solo por sus amigos, sino también por sus enemigos! Los ancianos se esfuerzan por demostrar la misma clase de amor cuando ayudan a los hermanos que tienen dificultades a acercarse a su Padre celestial y a sus justas normas. ¿Qué pueden hacer para ayudar a sus compañeros de adoración a recobrarse?
Algunas medidas útiles
Oren y confíen en Jehová a la vez que hablan y actúan con apacibilidad de genio. Jesús era de genio apacible, oraba constantemente a su Padre celestial por dirección y siempre hizo las cosas que le agradaban. (Mateo 21:5; Juan 8:29.) Los ancianos no deberían hacer menos cuando tratan de corregir a una persona que ha dado un paso en falso. Como subpastor de genio apacible, el anciano hablará en tono animador y edificante, no intimidatorio. Durante la conversación procurará mantener un ambiente agradable que permita al cristiano que necesita ayuda expresar lo que piensa con toda libertad. Para lograr este fin será muy provechoso empezar con una oración sincera. La persona que recibe consejo apacible estará más dispuesta a abrir su corazón si sabe que, al igual que Jesús, su consejero procura hacer las cosas que le agradan a Dios. La oración de conclusión también servirá para impresionar en la mente de la persona la necesidad de aplicar el consejo que se le ha dado amorosa y apaciblemente.
Después de la oración, den encomio sincero. Pueden hacer referencia a las buenas cualidades de la persona, tales como la bondad, la seriedad y el esmero. Pueden traer a colación el hecho de que haya servido fielmente a Jehová quizás por muchos años. Así mostramos que tenemos un interés por la persona semejante al de Cristo. Jesús comenzó su mensaje a la congregación de Tiatira dando el siguiente encomio: "Conozco tus hechos, y tu amor y fe y ministerio y aguante, y que tus hechos recientes son más que los de antes". (Revelación 2:19.) Esas palabras dieron a los miembros de la congregación la seguridad de que Jesús estaba al tanto del buen trabajo que estaban efectuando. Aunque la congregación tenía sus defectos —pues se toleraba una influencia como la de "Jezabel"—, estaba trabajando bien en otros aspectos, y Jesús quería que aquellos hermanos y hermanas supieran que su celosa actividad no pasaba inadvertida. (Revelación 2:20.) Al igual que Jesús, los ancianos deben dar encomio cuando la ocasión lo merezca.
No traten un paso en falso como si fuera más serio de lo que en realidad es. Los ancianos deben proteger al rebaño de Dios y mantener limpia Su organización. Pero algunos errores que requieren que se dé consejo firme pueden ser atendidos por uno o dos ancianos sin que sea necesaria una audiencia judicial. En muchos casos el paso en falso no se debe a maldad intencionada, sino a la debilidad humana. Los ancianos deben tratar al rebaño con ternura teniendo presente que: "Al que no practica misericordia se le hará su juicio sin misericordia. La misericordia se alboroza triunfalmente sobre el juicio". (Santiago 2:13; Hechos 20:28-30.) En vez de exagerar los asuntos, los ancianos deben tratar a sus hermanos afligidos de modo apacible, tal como lo hace nuestro Dios compasivo y misericordioso, Jehová. (Efesios 4:32.)
Asegúrense de entender los factores que pudieran haber llevado a dar el paso en falso. Es necesario que los ancianos escuchen con cuidado cuando un compañero cristiano les expone lo que hay en su corazón. Si 'Dios no desprecia un corazón quebrantado y aplastado', ellos tampoco deben hacerlo. (Salmo 51:17.) Es posible que la raíz del problema sea la falta de apoyo emocional de parte del cónyuge. Una depresión mental fuerte y prolongada pudiera haber debilitado la fortaleza emocional de la persona, dificultándole en extremo el tomar decisiones prudentes. Los ancianos amorosos considerarán esos factores pues, aunque es cierto que Pablo exhortó a 'amonestar a los desordenados', también instó: "Hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles, tengan gran paciencia para con todos". (1 Tesalonicenses 5:14.) Aunque los ancianos no desean restar fuerza a las normas justas de Dios, también deben tomar en cuenta los factores atenuantes, tal como Dios lo hace. (Salmo 103:10-14; 130:3.)
Eviten socavar el amor propio de su compañero cristiano. Por ningún motivo quisiéramos privar a un hermano o una hermana de su dignidad personal o dar la impresión de que carece de valía. Antes bien, el que le aseguremos que confiamos en sus cualidades cristianas y en su amor a Dios pudiera servirle de estímulo para corregir su error. Pablo animó así a los corintios a mostrar generosidad cuando les dijo que se jactaba ante otros de su "prontitud de ánimo" y "celo" a este respecto. (2 Corintios 9:1-3.)
Expliquen cómo se puede superar el problema confiando en Jehová. Sí, procuren encarecidamente ayudar a la persona a comprender cómo el confiar en Dios y aplicar el consejo de Su Palabra podrá ayudarle a hacer los cambios requeridos. Con ese fin, nuestras declaraciones deben basarse en las Escrituras y en las publicaciones basadas en la Biblia. Tenemos un objetivo doble: 1) ayudarle a discernir y entender cómo ve Jehová los asuntos y 2) explicarle cómo ha pasado por alto o descuidado de algún modo las pautas divinas.
Combinen el consejo bíblico con preguntas bondadosas que sean pertinentes. Así podrán llegar al corazón de la persona. Jehová se valió de una pregunta para ayudar a su pueblo a comprender cuánto se había descarriado, al decir mediante el profeta Malaquías: "¿Robará el hombre terrestre a Dios?". Luego dijo: "Pero ustedes me están robando". (Malaquías 3:8.) El que Israel no contribuyera la décima parte de sus cosechas, según lo requería la Ley mosaica, equivalía a robar a Jehová. A fin de corregir la situación, los israelitas tenían que cumplir con sus obligaciones relativas a la adoración pura, confiando en que Dios los bendeciría abundantemente. Mediante preguntas bondadosas que motiven al raciocinio, los ancianos también pueden poner de relieve que para hacer lo correcto hoy, se requiere confiar en nuestro Padre celestial y obedecerle. (Malaquías 3:10.) Si esta idea llega al corazón de nuestro hermano, le ayudará en gran manera a hacer "sendas rectas para sus pies". (Hebreos 12:13.)
Recalquen los beneficios que resultan de aceptar el consejo. Además de advertir en cuanto a las consecuencias de emprender un derrotero equivocado, el consejo eficaz también debe recordar los beneficios que resultan de corregir el proceder. Después de una oportuna advertencia a la congregación de Laodicea, que padecía apatía espiritual, Jesús aseguró que si se arrepentían y se hacían discípulos celosos disfrutarían de privilegios sobresalientes, entre estos la perspectiva de regir con él en el cielo. (Revelación 3:14-21.)
Interésense en ver si se aplica el consejo. Tal como un buen médico examina de vez en cuando si un hueso que ha encajado sigue bien alineado, así los ancianos deben interesarse en ver que se esté aplicando el consejo bíblico. Podrían preguntarse: ¿Se requiere más ayuda? ¿Debería repetirse el consejo, aunque quizás de otra manera? Jesús tuvo que aconsejar a sus discípulos en repetidas ocasiones en cuanto a la necesidad de cultivar humildad. Pasó mucho tiempo con ellos moldeando pacientemente su modo de pensar, valiéndose del consejo, las ilustraciones y las lecciones prácticas. (Mateo 20:20-28; Marcos 9:33-37; Lucas 22:24-27; Juan 13:5-17.) Del mismo modo, los ancianos pueden asegurarse de que la persona recupere completamente la salud espiritual considerando con ella temas bíblicos preparados de antemano.
Den encomio por cualquier mejora que observen. Si alguien que ha dado un paso en falso se está esforzando ahora sinceramente por aplicar el consejo bíblico, denle encomio afectuoso. De este modo se reforzará el consejo original y se le animará a seguir mejorando. En su primera carta a los corintios, Pablo se vio obligado a darles consejo firme sobre diferentes asuntos. Pero poco tiempo después de que Tito le informara de los excelentes resultados que produjo su carta, Pablo les escribió para darles encomio. Les dijo: "Ahora me regocijo, no porque fueran simplemente entristecidos, sino porque fueron entristecidos para arrepentimiento; porque fueron entristecidos de manera piadosa". (2 Corintios 7:9.)
Una razón para regocijarse
Sí, Pablo se regocijó al enterarse de que su consejo había ayudado a los corintios. Del mismo modo, los ancianos del día moderno se regocijan mucho cuando un compañero de adoración responde favorablemente a su ayuda amorosa y consigue recuperarse después de haber dado un paso en falso. Hallan gran satisfacción en ayudar a un cristiano afligido a desarraigar de su corazón los espinos que produce el pecado, a fin de que abunde en él el fruto piadoso.
Si los ancianos consiguen que la persona que ha dado un paso en falso se recobre, puede que la salven de un derrotero desastroso en sentido espiritual. (Compárese con Santiago 5:19, 20.) Los que han sido favorecidos de este modo, deben agradecer a Jehová Dios la ayuda que han recibido. También sería correcto que expresaran su agradecimiento por la compasión, comprensión y ayuda amorosa que le mostraron los ancianos. Y si se logra un recobro espiritual completo, todos pueden regocijarse de que haya sido posible reajustar a alguien con espíritu de apacibilidad.

La fuente de la disciplina w 87/1/10
8 Los principios implicados en disciplinar a los niños también aplican a los adultos. La Biblia es la fuente de información en cuanto a lo que debemos y no debemos ser. Al leerla, podemos someternos a prueba y aplicar la corrección donde la necesitemos. (2 Corintios 13:5.) Mientras meditamos en los preceptos de Jehová, puede que surjan en nosotros sentimientos de culpa que nos ayuden a determinar qué cambios debemos hacer. Esto sucedió en el caso del salmista: "Bendeciré a Jehová, que me ha dado consejos. Realmente, durante las noches mis riñones [mis "emociones más profundas"] me han corregido". (Salmo 16:7.) Podemos disciplinarnos nosotros mismos como lo hizo Pablo: "Aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de algún modo". (1 Corintios 9:27.)
9 La disciplina puede venir de otra persona. Puede venir en forma de una mirada, un fruncir del ceño, una palabra, un ademán o una censura verbal. Jesús dio a Pedro una mirada que le recordó la predicción de su grave pecado, y Pedro salió y lloró amargamente. (Lucas 22:61, 62.) En otra ocasión fue una reprensión de cinco palabras lo que abatió a Pedro: "¡Ponte detrás de mí, Satanás!". (Mateo 16:23.) La lectura de las publicaciones de la Sociedad Watch Tower, el asistir a las reuniones, el hablar con otros, el aguantar experiencias difíciles... todas esas actividades pueden abrirnos los ojos a aspectos en los que tenemos que hacer cambios. La fuente y guía más importante para la disciplina, sin embargo, es la misma Palabra de Dios. (Salmo 119:105.)
10 Los proverbios de Salomón se dieron para personas de toda edad, "para conocer [...] sabiduría y disciplina, para discernir los dichos del entendimiento, para recibir la disciplina que da perspicacia, justicia y juicio y rectitud, para dar sagacidad a los inexpertos, conocimiento y capacidad de pensar al joven". Pero puede que alguna persona 'no se deje corregir por meras palabras; porque entiende, pero no está haciendo caso'. (Proverbios 1:2-4; 29:19.) Algunos inexpertos insisten en aprender "a golpes", como lo hizo el hijo pródigo antes de que 'recobrara el juicio'. (Lucas 15:11-17.)
11 Refiriéndose a una carta que había escrito antes a la congregación cristiana de Corinto, Pablo hizo este comentario: "Fueron entristecidos para arrepentimiento; porque fueron entristecidos de manera piadosa, [...] [y resultó en] corrección del abuso". (2 Corintios 7:9-11.) Jonás fue disciplinado mediante una tempestad marina y un gran pez. (Jonás 1:2, 3, 12, 17; 2:10; 3:1-4.) El adulterio de David y sus intentos por ocultarlo le trajeron castigos disciplinarios, como se muestra en 2 Samuel 12:9-14. Su arrepentimiento se expresó conmovedoramente en estas palabras del Salmo 51: 'Lávame de mi error, límpiame de mi pecado. Mi pecado está enfrente de mí constantemente. Borra todos mis errores, crea en mí un corazón puro, pon en mí un espíritu nuevo. No me arrojes de delante de tu rostro. Un corazón quebrantado y aplastado, oh Dios, no despreciarás' (versículos 2, 3, 9-11, 17).
12 En el caso de algunas personas quizás se necesiten medidas más drásticas, como indica Proverbios 26:3: "El látigo es para el caballo, el freno es para el asno, y la vara es para la espalda de los estúpidos". A veces Jehová dejó que su nación de Israel fuera sojuzgada por los penosos afanes que su propio comportamiento le acarreó: "Se habían portado con rebeldía contra los dichos de Dios; y al consejo del Altísimo habían mostrado falta de respeto. Por lo tanto, él procedió a sojuzgar con penoso afán el corazón de ellos; tropezaron, y no hubo quien ayudara. Y empezaron a clamar a Jehová por ayuda en su angustia; de los apuros en que se hallaban él, como siempre, los salvó". (Salmo 107:11-13.) Sin embargo, algunos estúpidos se endurecen a tal grado que no aceptan ninguna clase de disciplina curativa: "Un hombre censurado repetidas veces, pero que hace dura su cerviz, de repente será quebrado, y eso sin curación". (Proverbios 29:1.)
La censura: dada y recibida
13 Tome la disciplina la forma que tome, nunca se debe dar mientras se está encolerizado. De hecho, más bien que ayudar, "la cólera suscita contiendas". También se nos da este consejo: "El que es tardo para la cólera abunda en discernimiento, pero el que es impaciente está ensalzando la tontedad". Además, "la perspicacia del hombre ciertamente retarda su cólera, y es hermosura de su parte pasar por alto la transgresión". (Proverbios 29:22; 14:29; 19:11.) Cuando se necesite, la disciplina nunca debe ser excesiva. Déla al tiempo debido y al grado apropiado... no la dé demasiado pronto ni demasiado tarde; no dé menos de lo que se necesite, ni en demasía.
14 He aquí algunas normas para los que censuran: "No critiques severamente a un hombre mayor. Por lo contrario, ínstale como a un padre, a los de menos edad como a hermanos, a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) ¿Insta usted, y no aporrea? "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado." (Gálatas 6:1.) ¿Aconsejamos con mansedumbre, porque siempre estamos al tanto de nuestras propias debilidades? "Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes." (Mateo 7:12, Versión Popular.) ¿Se pone usted en el lugar de la otra persona, y muestra así empatía?
15 La humildad es lo que permite recibir la censura. ¿Nos parece que el que la da tiene algo contra nosotros, que es disciplina injusta? No se apresure a pensar así. Piense en el asunto. No sea negativo. Reflexione positivamente en la censura. Si no todo parece válido en la censura, ¿hay alguna parte válida? Abra la mente para hacerse receptivo; evalúe la censura objetivamente. ¿Está desplegando sensibilidad extrema?, ¿está ofendiéndose demasiado pronto? El ver la censura desde un punto de vista positivo puede tomar tiempo, después que haya pasado todo dolor u ofensa inicial. Por eso, espere. Aguante la lengua. Evalúe con calma lo que se le ha dicho. ¿Es posible que lo domine un prejuicio contra el que le da la censura, y la haya rechazado por eso? Con todo, véala como algo dado con buena intención, y que no debe rechazarse al momento.
16 Reflexione en estos textos bíblicos cuando se le censure: "Cualquiera que retiene sus dichos posee conocimiento, y un hombre de discernimiento es sereno de espíritu". (Proverbios 17:27.) ¿Escucha usted, y permanece sereno? "El camino del tonto es recto a sus propios ojos, pero el que escucha el consejo es sabio." (Proverbios 12:15.) ¿Se apresura usted a decidir que tiene la razón, o escucha como quien está dispuesto a recibir consejo? 'Sea presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira.' (Santiago 1:19.) ¿Aplica usted estas palabras cuando se le aconseja? "No te des prisa en tu espíritu a sentirte ofendido, porque el ofenderse es lo que descansa en el seno de los estúpidos." (Eclesiastés 7:9.) ¿Se ofende con facilidad? Piense en lo hermoso que es sentirnos como se sintió el salmista: "Si me golpeara el justo, sería una bondad amorosa; y si me censurara, sería aceite sobre la cabeza, que mi cabeza no querría rehusar". (Salmo 141:5.)
Aguante la disciplina y siegue fruto apacible
17 No siempre es fácil aceptar la disciplina. Puede implicar alguna vergüenza y significar restricciones. Puede ser que hasta cause algún dolor. Pero aguante todo esto. Pasará; el gozo viene después. Recuerde: "Para disciplina ustedes están aguantando. Dios está tratando con ustedes como con hijos. Pues, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Es cierto que ninguna disciplina parece por el presente ser cosa de gozo, sino penosa; sin embargo, después, a los que han sido entrenados por ella, da fruto pacífico, a saber, justicia". (Hebreos 12:7, 11.)
18 Por eso, si la disciplina es dolorosa y difícil de aguantar, espere el fruto apacible que viene después. Espere a Jehová, como hizo Jeremías: "Sin falta se acordará tu alma y se inclinará sobre mí. Esto es lo que traeré de vuelta a mi corazón. Por eso mostraré una actitud de espera". (Lamentaciones 3:20, 21.) Recuerde lo que el salmista que se hallaba en angustias se dijo a sí mismo: "¿Por qué estás desesperada, oh alma mía, y por qué estás alborotada dentro de mí? Espera a Dios, porque todavía lo elogiaré como la magnífica salvación de mi persona". (Salmo 42:5, 11; 43:5.)
19 Por eso, al recibir disciplina, cada uno de nosotros debe esperar a Dios. Después que hayamos sido entrenados por ella, segaremos la cosecha de fruto apacible, a saber, justicia.
Ancianos, ¡sean 'ayudas fortalecedoras'! w 86/15/1
16 Especialmente los ancianos de la congregación deben estar alerta para ayudar a los miembros de la congregación que estén dando muestras de vacilación. Isaías 35:3 da buen consejo al decir: "Fortalezcan las manos débiles, y hagan firmes las rodillas que bambolean". Pero, ¿cómo pueden ustedes, los ancianos, hacer su parte en esto? Por un lado, sean observadores. Averigüen cuál es la verdadera causa de un aparente decaimiento. Den sugerencias prácticas y bíblicas según las necesidades particulares de la persona. Pero tengan cuidado. Deben estimular, y no desanimar, al hermano. Por lo tanto, no impongan su conciencia a nadie ni ejerzan presión para que se acepte la solución de ustedes, ni tilden a nadie de inmaturo porque no esté dispuesto a adoptar el punto de vista personal de ustedes. Los ancianos deben basar en la Biblia el consejo y estímulo que den. Tienen que procurar no cargar a sus compañeros corredores con reglamentos de congregación innecesarios, para no hacerlos aminorar el paso. (Compárese Mateo 11:28, 29 con Mateo 23:2-4.)
17 Los ancianos pueden dar un buen ejemplo como seguidores de Cristo al encomiar con prontitud a los miembros de la congregación. Muéstrenles con sinceridad que se les desea y necesita en la congregación. El sistema de Satanás siempre está presto para hacer que el cristiano se sienta inútil. En esos momentos de su carrera por la vida, lo que nuestros hermanos necesitan no son críticos, sino amigos que los alienten a proseguir hacia la victoria. Por ejemplo, una hermana de mediana edad tuvo que dejar el servicio de precursor. En su corazón estaba el fuerte deseo de volver al servicio de tiempo completo, pero no le era posible por motivos económicos. Un anciano, aunque bien intencionado, le preguntó de manera algo crítica: "¿Cuándo va a ser precursora otra vez?". Su lacónica respuesta le sorprendió: "Cuando mi esposo pueda pagar el alquiler". Lo que el anciano ignoraba, y más tarde llegó a saber, era que la hermana había podido ser precursora gracias al sueldo de su esposo. Pero cuando el patrono de este empezó a darle más y más tareas dudosas para un cristiano, su conciencia hizo que él buscara otro empleo. A su edad, no fue fácil encontrar trabajo. Así que él tuvo que conformarse con un empleo mucho menos remunerado, lo cual hizo necesario que su esposa obtuviera un trabajo de jornada completa.
18 Por esta experiencia, ¿hemos de entender que los ancianos deben retenerse de aconsejar a sus compañeros cristianos? No. Más bien, cuando se necesita consejo o estímulo, los ancianos deben discernir las verdaderas circunstancias de sus hermanos y no solo mirar las apariencias. (Santiago 2:15, 16.) De esta manera, los ancianos pueden ser una "ayuda fortalecedora" en la congregación. (Colosenses 4:11.)







Consejeros hábiles que son una bendición para sus hermanos w 86/15/9
"Traeré de vuelta otra vez jueces para ti como al principio, y consejeros para ti como al comienzo." (ISAÍAS 1:26.)
TERRI es hija de padres cristianos. En la escuela tenía una amiga que también estaba "en la verdad". Pero hacia fines del curso de escuela primaria, Terri notó que su amiga ya no era tan entusiasta acerca de su fe como lo era antes. Al transcurrir el tiempo en la escuela secundaria, su amiga dejó de asistir con regularidad a las reuniones cristianas y comenzó a criticar la Sociedad Watch Tower y a la congregación. No obstante, Terri oraba intensamente por su amiga y constantemente le aconsejaba que se esforzara por permanecer firme como cristiana. Con el tiempo los esfuerzos de Terri fueron remunerados. Para el segundo año de secundaria su amiga ya había empezado de nuevo a asistir con regularidad a las reuniones y finalmente se bautizó. ¡Qué bendición resultó ser esto para ella! ¡Y qué recompensa para su fiel amiga Terri!
2 En vista de esta experiencia, ¿puede alguien dudar de lo necesario que es el que de vez en cuando los cristianos se den consejo amorosamente unos a otros? La Biblia nos anima, diciendo: "Escucha el consejo y acepta la disciplina, a fin de que te hagas sabio en tu futuro". (Proverbios 19:20; 12:15.) La amiga de Terri obedeció este consejo. Pero ¿qué hay si Terri no hubiera tenido el amor, la persistencia y el valor de seguir ofreciéndole ayuda en el transcurso de los años? En efecto, para que cualquiera de nosotros 'escuche el consejo', tiene que haber un consejero. ¿Quién debería serlo?
¿Quién dará el consejo?
3 Jehová Dios prometió que para nuestro tiempo proveería consejeros a su pueblo, diciendo: "Traeré de vuelta otra vez [...] consejeros para ti como al comienzo". (Isaías 1:26.) Esta promesa se cumple principalmente en los ancianos nombrados de la congregación cristiana. El dar consejo es una forma de enseñanza, y los ancianos en particular están 'capacitados para enseñar'. (1 Timoteo 3:2.) Tal vez el apóstol Pablo estaba pensando especialmente en los ancianos cuando dijo: "Aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad". (Gálatas 6:1.) Pero ¿son los ancianos los únicos que pueden dar consejo?
4 No. Terri no era anciano; sin embargo, su consejo finalmente produjo buenos resultados. Recuerde también al líder militar de Siria, Naamán. Él obró en conformidad con la información que recibió de una joven israelita y también en conformidad con el consejo de sus siervos. El consejo oportuno de Abigail, la esposa de Nabal, evitó el que David incurriera en culpabilidad por derramamiento de sangre. Y el joven Elihú dio buenos consejos a Job y a sus tres "consoladores". (1 Samuel 25:23-35; 2 Reyes 5:1-4, 13, 14; Job 32:1-6.)
5 De manera similar, hoy día, los ancianos no son los únicos que tienen la prerrogativa de dar consejo. Con regularidad los padres aconsejan a sus hijos. Jóvenes como Terri a menudo tienen éxito en aconsejar a otros jóvenes de su edad. Y la Biblia anima específicamente a las hermanas maduras a ser "maestras de lo que es bueno", especialmente respecto a las mujeres más jóvenes de la congregación. (Tito 2:3-5.) De hecho, en general todos tenemos la obligación de ayudarnos unos a otros así. El apóstol Pablo dijo: "Sigan consolándose unos a otros y edificándose unos a otros, así como de hecho lo están haciendo". (1 Tesalonicenses 5:11.)
Las metas del consejo cristiano
6 ¿Cuáles son algunas de las metas del consejo cristiano? Pues ayudar a la persona a progresar y a continuar en el camino correcto, a resolver problemas, a vencer dificultades, y tal vez a corregir algún mal proceder. Pablo se refirió a algunas formas de dar consejo cuando instó a Timoteo a 'censurar, corregir, exhortar, con toda gran paciencia y arte de enseñar'. (2 Timoteo 4:1, 2.) Verdaderamente es un arte el poder aconsejar a alguien de tal modo que comprenda el punto sin que llegue a sentirse herido.
7 ¿Cuándo se puede dar consejo? Los padres tienen muchas oportunidades de aconsejar a sus hijos, lo cual los hijos más o menos esperan. (Proverbios 6:20; Efesios 6:4.) En la congregación, el estudiante espera recibir consejo después de haber presentado un discurso en la Escuela del Ministerio Teocrático. Y un nuevo publicador del Reino espera recibir ayuda y consejo a medida que progresa hacia la madurez como ministro cristiano. (1 Timoteo 4:15.) A veces algunos procuran la ayuda y el consejo de ancianos u otras personas de la congregación.
8 Pero hay ocasiones en que es necesario dar consejo a personas que no lo esperan o no lo desean. Tal vez alguien esté perdiendo el celo por el servicio de Jehová, dejándose 'llevar a la deriva', como en el caso de la amiga de Terri. (Hebreos 2:1.) Puede que alguien tenga un problema personal serio con otra persona de la congregación. (Filipenses 4:2.) O tal vez haya alguien que necesite ayuda en cuanto al acicalamiento o el vestir apropiadamente, o sobre los amigos o la música que escoge. (1 Corintios 15:33; 1 Timoteo 2:9.)
9 Cuando el profeta Hananí aconsejó a Asá el rey de Judá, ¡este se resintió tanto que "lo puso en la casa de los cepos"! (2 Crónicas 16:7-10.) En aquellos días una persona tenía que tener mucho ánimo para aconsejar a un rey. Hoy día los consejeros tal vez tengan que mostrar ánimo también, pues el dar consejo pudiera causar resentimiento al principio. Un cristiano de experiencia se retrajo de dar consejo necesario a un compañero más joven. ¿Por qué? Explicó: "¡Somos buenos amigos, y quiero conservar esta amistad!". Pero, en realidad, el retraerse de prestar ayuda cuando se necesita no es la marca de un buen amigo. (Proverbios 27:6; compárese con Santiago 4:17.)
10 De hecho, la experiencia muestra que cuando el consejero es hábil, por lo general los malos sentimientos se pueden minimizar, y a menudo se puede lograr el propósito del consejo. Pero ¿qué se requiere para ser un consejero hábil? Para contestar esta pregunta, consideremos dos ejemplos, uno bueno y el otro malo.
Pablo... un consejero hábil
11 El apóstol Pablo dio consejo en muchas ocasiones, y a veces tuvo que decir cosas fuertes. (1 Corintios 1:10-13; 3:1-4; Gálatas 1:6; 3:1.) Sin embargo, su consejo surtió efecto debido a que aquellos a quienes lo dio sabían que Pablo los amaba. Como les dijo a los corintios: "De en medio de mucha tribulación y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para que se entristecieran, sino para que conocieran el amor que más especialmente les tengo". (2 Corintios 2:4.) La mayoría de los corintios aceptaban el consejo de Pablo porque sabían que él lo daba sin ningún motivo egoísta, pues "el amor [...] no busca sus propios intereses". Además, estaban seguros de que Pablo no estaba dándoles consejo debido a estar irritado con ellos, porque "el amor [...] no se siente provocado. No lleva cuenta del daño". (1 Corintios 13:4, 5.)
12 Hoy también es mucho más fácil aceptar hasta consejo fuerte cuando sabemos que el consejero lo hace porque nos ama y no porque se sienta irritado o tenga motivos egoístas. Por ejemplo, si un anciano critica a los jóvenes de la congregación cada vez que se dirige a ellos, entonces estos jóvenes fácilmente podrían pensar que él tiene algo contra ellos. Pero ¿qué hay si el anciano tiene una buena relación con los jóvenes? ¿Qué hay si él sale con ellos al servicio del campo, es abordable en el Salón del Reino y los anima a que hablen con él acerca de sus problemas, metas y preocupaciones, y tal vez hasta los invite (con el consentimiento de los padres) a su hogar de vez en cuando? Entonces, cuando tenga que aconsejarlos, es más probable que ellos acepten el consejo al saber que proviene de un amigo.
Apacibilidad y humildad
13 Hay otra razón por la cual el consejo de Pablo tuvo éxito. Lo basó en la sabiduría piadosa, y no en sus opiniones personales. Él le recordó al consejero Timoteo: "Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia". (2 Timoteo 3:16; compárese con 1 Corintios 2:1, 2.) De igual manera hoy día, los consejeros cristianos basan lo que dicen en las Escrituras. Es cierto que en la familia los padres no citan de la Biblia cada vez que aconsejan a sus hijos. Sin embargo, sea que los padres cristianos estén inculcando la obediencia, la limpieza, el interés por otras personas, la puntualidad, o cualquier otra cosa en sus hijos, es necesario que siempre tengan base bíblica para apoyar lo que dicen. (Efesios 6:1; 2 Corintios 7:1; Mateo 7:12; Eclesiastés 3:1-8.) Debemos tener cuidado de no tratar de imponer nuestras propias opiniones o gustos en otras personas de la congregación. Y los ancianos no deben torcer las Escrituras para que parezcan apoyar alguna idea personal. (Compárese con Mateo 4:5, 6.) Todo consejo que den tiene que tener una razón bíblica genuina. (Salmo 119:105.)
14 Además, el consejo es más eficaz cuando se da con espíritu apacible. Pablo sabía esto. Por eso fue que, al hablar de la persona que da un paso en falso antes de darse cuenta, animó a los que tuvieran las debidas cualidades a 'tratar de reajustar a tal persona con espíritu de apacibilidad'. (Gálatas 6:1.) También aconsejó a Tito que les recordara a otros que 'no hablaran perjudicialmente de nadie, que no fueran belicosos, que fueran razonables, y desplegaran toda apacibilidad para con todos los hombres'. (Tito 3:1, 2; 1 Timoteo 6:11.)
15 ¿Por qué se necesita la apacibilidad? Porque las emociones descontroladas son contagiosas. Las palabras airadas provocan más palabras airadas, y es difícil razonar con una persona que esté muy enojada. Aunque la persona a quien se dirija el consejo se enoje, esto no suministra razón para que el consejero haga lo mismo. Más bien, la actitud apacible del consejero pudiera contribuir a calmar la situación. "La respuesta, cuando es apacible, aparta la furia." (Proverbios 15:1.) Esto es cierto prescindiendo de que el consejero sea un padre, un anciano o cualquier otra persona.
16 Por último, considere lo que Pablo le dijo al joven anciano Timoteo: "No critiques severamente a un hombre de más edad. Por lo contrario, ínstale como a un padre, a los de menos edad como a hermanos, a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) ¡Qué excelente consejo! Imagínese cómo se sentiría una mujer de más edad si un anciano joven, tal vez lo suficientemente joven como para ser su hijo, la aconsejara de manera muy áspera o irrespetuosa. Sería mucho mejor si el consejero pausara por un momento y se dijera a sí mismo: 'Considerando la personalidad y la edad de esta persona, ¿cuál sería la manera más amorosa y eficaz de aconsejarla en este asunto? Si yo estuviera en su lugar, ¿de qué manera querría que me abordaran a mí?'. (Lucas 6:31; Colosenses 4:6.)
El consejo de los fariseos
17 Pasemos ahora del buen ejemplo de Pablo y consideremos el mal ejemplo de los líderes religiosos judíos de los días de Jesús. Ellos daban mucho consejo, pero por lo general el pueblo no se beneficiaba de este. ¿Por qué?
18 Por muchas razones. Por ejemplo, considere la ocasión en que los fariseos reprendieron a Jesús porque sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer. Por supuesto, la mayoría de las madres aconsejan a sus hijos a que se laven las manos antes de comer, y hay mucha razón para que se recomiende esto como una práctica higiénica. Pero el interés principal de los fariseos no era la higiene. En su caso el lavarse las manos era una tradición, y se disgustaron porque los discípulos de Jesús no seguían esta tradición. Sin embargo, según Jesús pasó a mostrarles, en Israel existían problemas mayores que ellos deberían estar atendiendo. Por ejemplo, algunos se valían de la tradición farisaica para no obedecer el quinto de los Diez Mandamientos: "Honra a tu padre y a tu madre". (Éxodo 20:12; Mateo 15:1-11.) Lamentablemente los escribas y los fariseos se esmeraban tanto en observar los detalles que habían "desatendido los asuntos de más peso de la Ley, a saber: la justicia y la misericordia y la fidelidad". (Mateo 23:23.)
19 Los consejeros de hoy deben ejercer cuidado para no cometer el mismo error. No deben dejar que los intereses personales los lleven a preocuparse tanto de los pormenores que se olviden de "los asuntos de más peso". En asuntos pequeños, se nos anima a que 'continuemos soportándonos unos a otros' en amor. (Colosenses 3:12, 13.) La habilidad de discernir cuándo no dar importancia a un asunto y cuándo realmente se necesita el consejo es algo que contribuye a que uno tenga 'las debidas cualidades espirituales'. (Gálatas 6:1.)
20 Hay otra cosa que hizo que aquellos consejeros religiosos del primer siglo fueran poco eficientes. Siguieron un patrón de "haz lo que digo y no lo que hago". Jesús dijo acerca de ellos: "¡Ay, también, de ustedes los que están versados en la Ley, porque cargan a los hombres con cargas difíciles de llevar, pero ustedes mismos no tocan las cargas ni con uno de sus dedos!". (Lucas 11:46.) ¡Qué falta de amor! Hoy día los padres, los ancianos y otras personas que dan consejo deben cerciorarse de que ellos mismos estén haciendo lo que dicen a otros que hagan. ¿Cómo podemos animar a otras personas a mantenerse ocupadas en el ministerio del campo si nosotros mismos no ponemos el ejemplo correcto? O, ¿cómo podemos advertir contra el materialismo si las posesiones materiales dominan nuestra vida? (Romanos 2:21, 22; Hebreos 13:7.)
21 Los líderes judíos también fracasaron como consejeros debido a las tácticas que usaron para intimidar a la gente. En cierta ocasión enviaron a varios hombres a arrestar a Jesús. Cuando ellos, muy impresionados por la manera de Jesús enseñar, regresaron sin él, los fariseos los reprendieron, diciéndoles: "Ustedes no se han dejado extraviar también, ¿verdad? Ni uno de los gobernantes o de los fariseos ha puesto fe en él, ¿verdad? Pero esta muchedumbre que no conoce la Ley son unos malditos". (Juan 7:45-49.) ¿Tenían una base apropiada para reprender, abusar de su autoridad e injuriar? ¡Que los consejeros cristianos nunca lleguen a ser culpables de tal clase de consejo! Deben evitar a toda costa el intimidar a otros o dar la impresión: '¡Tienes que escucharme porque yo soy anciano!'. O cuando estén hablando con una hermana no deben dar a entender: 'Debes escucharme porque soy varón bautizado'.
22 En realidad, el dar consejo es un acto de amor que todos nosotros —especialmente los ancianos nombrados— debemos a nuestros compañeros de creencia. No se debe dar consejo por cualquier pretexto. Pero cuando se necesite, debe darse valerosamente. Debe tener base bíblica y se debe dar con espíritu de apacibilidad. Además, es mucho más fácil aceptar consejo de alguien que nos ama. Pero a veces puede ser difícil saber exactamente qué decir al aconsejar. Por eso, ¿cómo podemos dar consejo que surta efecto? Esto se considerará en el siguiente artículo.

"Respeten a los que trabajan duro entre ustedes" w 11/15/6
"Respeten a los que trabajan duro entre ustedes y los presiden en el Señor y los amonestan." (1 TES. 5:12)
VIAJEMOS en el tiempo al siglo primero. Imaginemos que estamos en la congregación de Tesalónica, una de las primeras de Europa. El apóstol Pablo pasó mucho tiempo allí fortaleciendo y animando a los cristianos. Y es probable que, tal como hizo en otras ciudades, nombrara ancianos para que cuidaran del rebaño (Hech. 14:23). Sin embargo, cuando la congregación ya estaba establecida, los judíos agitaron a la gente y lograron echar a Pablo y a Silas de la ciudad. Los hermanos que permanecieron en Tesalónica debieron de sentirse desamparados y, probablemente, bastante atemorizados.
2 Como es natural, el apóstol estaba muy preocupado por aquella congregación tan joven. De hecho, intentó regresar a la ciudad, pero Satanás le "cortó el camino". Entonces envió a Timoteo para fortalecer a los hermanos (1 Tes. 2:18; 3:2). Más tarde, este regresó con un informe positivo, y Pablo decidió enviarles una animadora carta. En ella incluyó el siguiente consejo: "Respeten a los que [...] los presiden" (léase 1 Tesalonicenses 5:12, 13).
3 Es cierto que los superintendentes de Tesalónica no poseían la experiencia de Pablo y sus compañeros de viaje ni contaban con un historial de servicio tan largo como el de los ancianos de Jerusalén. A fin de cuentas, la congregación aún se encontraba en su primer año de vida. Con todo, el apóstol les mostró a los hermanos tres buenas razones para estar agradecidos a sus pastores al decirles: "[Ellos] trabajan duro entre ustedes y los presiden [...] y los amonestan". De hecho, les indicó que debían tener con ellos una "consideración más que extraordinaria en amor". Finalmente, los exhortó a ser "pacíficos unos con otros". Si usted hubiera estado en Tesalónica, ¿habría valorado la labor de los ancianos? Pues bien, ¿aprecia a los superintendentes de su congregación? ¿Los ve como "dádivas en hombres", regalos que Dios le ha hecho mediante Cristo? (Efe. 4:8.)
"Trabajan duro"
4 Como hemos visto, ¿qué habían estado haciendo los ancianos después de que Pablo y Silas dejaron Tesalónica y se fueron a Berea? Trabajar duro. Ciertamente, se habían esforzado por enseñar a la congregación con las Escrituras, tal como le habían visto hacer al apóstol. Ahora bien, la Biblia dice que los de Berea "eran de disposición más noble que los de Tesalónica, porque [...] examinaban con cuidado las Escrituras diariamente" (Hech. 17:11). ¿Significa esto que los cristianos de Tesalónica no valoraban la Palabra de Dios? No. En realidad, este comentario no se refería a los hermanos de Tesalónica, sino a la mayoría de los judíos de aquella ciudad. Pablo dijo que quienes "recibieron la palabra de Dios [...] la aceptaron, no como palabra de hombres, sino [...] como palabra de Dios" (1 Tes. 2:13). Sin duda, los ancianos tuvieron que trabajar mucho para saciar el hambre espiritual de todos los que aceptaban la verdad.
5 En la actualidad, "el esclavo fiel y discreto" le suministra al rebaño de Dios "alimento al tiempo apropiado" (Mat. 24:45). De hecho, produce en muchos idiomas una gran cantidad de publicaciones bíblicas y otras herramientas, como el Índice de las publicaciones Watch Tower y el programa Watchtower Library. Bajo la dirección del esclavo, los ancianos también trabajan duro para nutrir espiritualmente a sus hermanos. A fin de atender las necesidades particulares de su congregación, pasan muchas horas preparando discursos instructivos y motivadores. Además, a muchos de ellos se les asignan intervenciones en las asambleas. ¿Nos hemos detenido a pensar en todo el tiempo que esto les supone?
6 A la hora de realizar su labor pastoral, los ancianos de Tesalónica tenían muy presente el ejemplo de Pablo. Él no se dedicaba a hacer visitas de forma mecánica o por cumplir. En el artículo anterior vimos que trataba a los hermanos con ternura, "como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos" (léase 1 Tesalonicenses 2:7, 8). Lo que es más, estaba dispuesto a entregarse por entero a fin de ayudarlos. Esa es la actitud con la que los ancianos tesalonicenses debían pastorear la congregación.
7 Hoy, los ancianos han de cuidar a las ovejas con la misma bondad y amor que el apóstol. No todas son igual de receptivas y amigables, pero el pastor perspicaz siempre trata de hallar en ellas algo bueno (Pro. 16:20). Claro está, como es imperfecto, puede que a veces le cueste trabajo formarse una opinión positiva de ciertos miembros del rebaño. Aun así, hace todo lo posible por imitar el ejemplo del Pastor Excelente y tratar a todos con amor. ¿Verdad que sus esfuerzos son de agradecer?
8 Es importante que todos los cristianos "sean sumisos" a los superintendentes. ¿Por qué? Porque, según indicó Pablo, "están velando por [nuestras] almas" (Heb. 13:17). Tal como un pastor pasa noches en vela vigilando el ganado, los ancianos sacrifican horas de sueño para ayudar a quienes tienen problemas espirituales, emocionales o de salud. Por ejemplo, en ocasiones, los miembros de los Comités de Enlace con los Hospitales se levantan en plena noche para atender emergencias médicas. ¡Cuánto agradecemos que estén ahí cuando más los necesitamos!
9 También merecen nuestro más ferviente apoyo los ancianos que organizan la construcción de Salones del Reino y colaboran con los comités de socorro. Pensemos en las labores humanitarias que se llevaron a cabo en Myanmar (antes Birmania) en 2008 tras el paso del ciclón Nargis. Una de las regiones más afectadas fue el delta del río Irauadi, donde se encuentra la congregación de Pothigon. A fin de socorrer a los hermanos, un equipo tuvo que atravesar zonas devastadas, sembradas de cadáveres. Entre los primeros en llegar estaba un superintendente que antes había visitado ese circuito. Cuando los hermanos lo vieron, exclamaron agradecidos: "¡Miren, es nuestro superintendente de circuito! ¡Jehová nos ha salvado!". Al igual que ellos, ¿valoramos nosotros el arduo trabajo que efectúan día y noche ancianos como estos? Tampoco podemos olvidar a quienes, sin hacer alardes de su labor, juzgan casos muy complejos en comités especiales (Mat. 6:2-4). Quienes se benefician de su ayuda la agradecen de corazón.
10 Por otro lado, muchos ancianos realizan un buen número de tareas administrativas. El coordinador del cuerpo de ancianos prepara los programas para las reuniones de cada semana. El secretario compila los informes de servicio mensuales y anuales de la congregación. El superintendente de la escuela confecciona con mucho cuidado la lista de asignaciones. Además, diversos hermanos intervienen las cuentas de la congregación cada tres meses. Y todos los ancianos han de leer las cartas que les envía la sucursal y seguir las instrucciones a fin de mantener "la unidad en la fe" (Efe. 4:3, 13). Estas labores permiten que "todas las cosas se efectúen decentemente y por arreglo", es decir, de forma correcta y ordenada (1 Cor. 14:40).
"Los presiden"
11 En la carta que dirige a los tesalonicenses, Pablo también les dice que sus ancianos "los presiden". El verbo griego significa literalmente "están parados [o de pie] delante", y también puede traducirse "dirigen" y "llevan la delantera" (1 Tes. 5:12; nota). Notemos que estos son los mismos superintendentes de los que el apóstol ya ha dicho que "trabajan duro". Por tanto, son todos ellos los que presiden la congregación, y no uno solo. Hoy día, la gran mayoría de los ancianos están literalmente "parados [o de pie] delante" de sus hermanos cuando dirigen las reuniones. Y el cambio de la designación "superintendente presidente" a "coordinador del cuerpo de ancianos" nos ayuda a verlos a todos por igual como miembros de un cuerpo unido.
12 Ahora bien, presidir la congregación implica algo más que enseñar. Pablo empleó el mismo verbo en 1 Timoteo 3:4, cuando explicó que el superintendente debe ser un "hombre que presida su propia casa excelentemente, que tenga hijos en sujeción con toda seriedad". Es obvio que, en este caso, presidir no es tan solo enseñar a los hijos, sino también tenerlos "en sujeción" y dirigir a toda la familia. De igual modo, los ancianos han de dirigir la congregación y ayudar a todos sus miembros a estar en sujeción a Jehová (1 Tim. 3:5).
13 Para poder presidir bien la congregación, los ancianos han de analizar en conjunto cuáles son las necesidades de esta y cómo atenderlas. Tal vez nos preguntemos si no sería más sencillo que solo uno de ellos tomara todas las decisiones. No obstante, los superintendentes de la actualidad siguen el ejemplo del cuerpo de ancianos que gobernaba a la congregación en el siglo primero. Cuando se reúnen, escuchan las opiniones de todos y examinan las Escrituras con el objetivo de encontrar principios aplicables a las necesidades de su congregación. Cada uno contribuye al éxito de dichas reuniones consultando de antemano la Palabra de Dios y las instrucciones del esclavo fiel. Claro, todo esto lleva su tiempo. Y, como ocurrió en el siglo primero con el debate sobre la circuncisión, a veces tienen diferentes opiniones y les cuesta llegar a un consenso. En tales casos, siguen analizando el asunto hasta que logran tomar una decisión basada en la Biblia (Hech. 15:2, 6, 7, 12-14, 28).
14 ¿Qué sucedería si un anciano tratara de imponer sus opiniones y criterios o, peor aún, sembrara la semilla de la discordia, como hizo Diótrefes en el siglo primero? (3 Juan 9, 10.) Toda la congregación saldría perjudicada. Pues bien, como en aquel entonces, Satanás sigue intentando perturbar la paz de los cristianos de la actualidad. ¿Cómo? A menudo, fomentando ambiciones personales como la de sobresalir entre los demás. Por tanto, los ancianos hacen bien en cultivar la humildad y trabajar unidos. Sin duda, la congregación entera agradece que todos ellos cooperen humildemente como un solo cuerpo.
"Los amonestan"
15 En tercer lugar, Pablo destacó una responsabilidad pastoral difícil pero muy necesaria: amonestar al rebaño. En las Escrituras Griegas Cristianas, el apóstol es el único escritor que emplea el verbo que se traduce "amonestar". Este término significa aconsejar y corregir con firmeza, pero sin hostilidad (Hech. 20:31; 2 Tes. 3:15). Así, Pablo les explicó a los corintios: "No estoy escribiendo estas cosas para avergonzarlos, sino para amonestarlos como a mis hijos amados" (1 Cor. 4:14). Como vemos, Pablo amonestaba a sus hermanos porque los amaba y se preocupaba por ellos.
16 A la hora de amonestar a alguien, todo anciano ha de actuar con tacto. Al igual que Pablo, debe procurar que sus consejos sean amorosos, bondadosos y útiles (léase 1 Tesalonicenses 2:11, 12). Por supuesto, también es preciso que "se adhiera firmemente a la fiel palabra [...], para que pueda exhortar por la enseñanza que es saludable" (Tito 1:5-9).
17 Los ancianos saben que no son perfectos y que a veces dicen cosas que luego lamentan (1 Rey. 8:46; Sant. 3:8). También comprenden que, para cualquier miembro de la congregación, ser corregido no es "cosa de gozo, sino penosa" (Heb. 12:11). Por eso, antes de abordar a un cristiano para amonestarlo, suelen pasar mucho tiempo reflexionando y orando. Así que, si un superintendente nos diera un consejo, deberíamos verlo como una prueba de su interés por nosotros.
18 Supongamos que tenemos cierto problema de salud de origen desconocido. Logramos dar con un médico que identifica la enfermedad, pero su diagnóstico no es precisamente agradable. ¿Nos enojaremos con él? Es evidente que no. ¿Y si nos recomienda un tratamiento doloroso, como una operación? Como sabemos que es por nuestro propio bien, seguramente lo aceptaremos. ¿Influirá en algo si nos lo dice de forma brusca? Tal vez al principio, pero no permitiremos que eso condicione nuestra decisión de tratarnos. De igual modo, cuando un anciano nos da un consejo, no permitamos que la forma en que nos lo dé afecte nuestra decisión de escucharlo. Recordemos que Jehová y Jesús podrían estar usándolo para ayudarnos o protegernos espiritualmente.
Los ancianos son un regalo de Jehová
19 Si alguien tiene el detalle de hacernos un obsequio, ¿cómo podríamos agradecerlo? Una buena manera sería usándolo. Pues bien, Jehová, por medio de Jesucristo, nos ha entregado "dádivas en [la forma de] hombres", los ancianos. ¿Cómo demostramos aprecio? Cuando pronuncian un discurso, escuchamos con atención y procuramos poner en práctica lo que dicen. Cuando piden comentarios, los ofrecemos con gusto. Y siempre apoyamos las actividades espirituales que organizan, como la predicación del Reino. Asimismo, les contamos cómo nos han ayudado los consejos que nos dieron. Y también agradecemos los sacrificios que hacen sus familias al estar dispuestas a pasar menos tiempo con ellos.
20 ¡Qué agradecidos estamos de contar con ancianos que trabajan duro, nos presiden y nos amonestan! No cabe duda: estas "dádivas en [la forma de] hombres" son un generoso regalo de Jehová.

En la congregación w 03/1/4
12 El tercer ámbito en que resulta esencial la apacibilidad es en la congregación cristiana. En la sociedad actual, la confrontación está a la orden del día. Entre quienes adoptan un criterio carnal ante la vida, son frecuentes las discusiones, riñas y altercados. Estas actitudes mundanas se infiltran a veces en la congregación cristiana y se traducen en disputas y agresiones verbales, situaciones que, con gran dolor, tienen que atender los hermanos capacitados. Movidos por amor a Jehová y a sus hermanos, procuran recuperar a quienes se están descarriando (Gálatas 5:25, 26).
13 En el siglo primero, Pablo y su compañero Timoteo tuvieron problemas con algunos miembros de la congregación. El apóstol le aconsejó a este último que fuera precavido con los hermanos comparables a "vasos [...] para un propósito falto de honra", y razonó que "el esclavo del Señor no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos, capacitado para enseñar, manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos". Cuando conservamos esa actitud frente a las provocaciones, quienes no están de acuerdo con nosotros suelen sentirse impulsados a replantearse sus críticas. Y, como sigue diciendo Pablo, puede que Jehová "les dé arrepentimiento que conduzca a un conocimiento exacto de la verdad" (2 Timoteo 2:20, 21, 24, 25). Como vemos en este pasaje, la apacibilidad se relaciona tanto con la amabilidad como con el autocontrol.
14 Además, Pablo aplicaba sus propios consejos. Cuando tuvo que lidiar con los "apóstoles superfinos" de la congregación corintia, exhortó así a los hermanos: "Ahora yo mismo, Pablo, les suplico por la apacibilidad y bondad del Cristo, yo que soy humilde de apariencia entre ustedes, mientras que estando ausente soy denodado para con ustedes" (2 Corintios 10:1; 11:5). Sin duda, él imitaba a Cristo. Notemos que apeló a sus hermanos "por la apacibilidad" del Cristo. De ahí que evitara actitudes autoritarias o dominantes. Seguramente, su exhortación fue bien recibida por los hermanos de corazón receptivo. Con ello aflojó la tirantez y sentó las bases para la paz y la unidad de la congregación. ¿No es esta una línea de conducta que debemos tratar de seguir todos? Los ancianos, en particular, deben copiar los modelos de Cristo y Pablo.
15 El deber de ayudarnos mutuamente no se limita a los momentos en que peligra la paz y unidad de la congregación. Mucho antes de que se produzca tirantez en las relaciones, los hermanos precisan orientación amorosa. "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre", exhortó Pablo, quien luego especificó cómo hacerlo: "Con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1). No siempre es fácil conservar el "espíritu de apacibilidad", en particular porque todos los cristianos, incluidos los que han recibido un nombramiento, luchamos contra tendencias pecaminosas. No obstante, si el reajuste se efectúa con apacibilidad, será más soportable para quien se está descarriando.
16 El término para "reajustar" que se emplea en el original griego significa también realinear o restituir a su lugar los huesos rotos, procedimiento que es doloroso. El buen médico tranquiliza al paciente mencionándole los beneficios de tratar así la fractura. Con la calma que transmite lo reconforta, y con unas pocas palabras previas hace más llevaderas las mayores incomodidades. De igual modo, el reajuste espiritual puede ser doloroso, pero la apacibilidad lo hace más tolerable, ya que restaura la concordia y facilita que la persona aconsejada modifique su manera de actuar. Aun si se resiste inicialmente, la apacibilidad del consejero pudiera quebrantar la indisposición a seguir la sana guía de las Escrituras (Proverbios 25:15).
17 Quien ayuda a una persona a reajustarse se arriesga siempre a que esta malinterprete como crítica su consejo. Un escritor afirma que "nunca existe tanto peligro de adoptar aires de superioridad —y por ende nunca es tan necesaria la mansedumbre— como cuando corregimos al prójimo". Cultivar la apacibilidad que nace de la humildad permitirá que el consejero cristiano eluda este peligro.
"Para con todos los hombres"
18 A muchos se les hace difícil mostrar apacibilidad en el trato con las autoridades civiles. Es cierto que quienes mandan actúan en algunos casos sin bondad ni compasión (Eclesiastés 4:1; 8:9). Sin embargo, por amor a Jehová, reconocemos Su autoridad suprema y prestamos a los miembros de la administración la sumisión relativa que les corresponde (Romanos 13:1, 4; 1 Timoteo 2:1, 2). Hasta si hay altos cargos que tratan de limitar las facetas públicas de nuestra adoración a Jehová, buscamos con gusto otros medios disponibles de ofrecer el sacrificio de alabanza (Hebreos 13:15).
19 No obstante, jamás recurrimos a la agresividad. Por el contrario, procuramos ser razonables, pero sin traicionar los principios justos. Esta actitud, que nos permite efectuar nuestro ministerio en 234 países, está en consonancia con el consejo de Pablo: "Estén en sujeción y sean obedientes a los gobiernos y a las autoridades como gobernantes, [...] estén listos para toda buena obra, [...] no hablen perjudicialmente de nadie, [...] no sean belicosos, [...] sean razonables, y desplieguen toda apacibilidad para con todos los hombres" (Tito 3:1, 2).
20 A los apacibles les esperan grandes bendiciones, tal como dijo Jesús: "Felices son los de genio apacible, puesto que ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5). En el caso de los hermanos de Cristo ungidos por espíritu, la apacibilidad les garantiza la felicidad y el privilegio de administrar el dominio terrestre del Reino. Y la "gran muchedumbre" de "otras ovejas" sigue desplegando esta cualidad y esperando con ansias la vida en el Paraíso terrestre (Revelación [Apocalipsis] 7:9; Juan 10:16; Salmo 37:11). ¡Qué futuro tan maravilloso nos aguarda! Así pues, nunca olvidemos el recordatorio que hizo Pablo a los cristianos de Éfeso: "Yo, por lo tanto, el prisionero en el Señor, les suplico que anden de una manera digna del llamamiento con el cual fueron llamados, con completa humildad mental y apacibilidad" (Efesios 4:1, 2).

Pastoreen el rebaño de Dios de buena gana w 93/15/5
"Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana." (1 PEDRO 5:2.)
JEHOVÁ pastorea a su pueblo de buena gana. (Salmo 23:1-4.) "El pastor excelente", Jesucristo, entregó de buena gana su vida humana perfecta en favor de las personas semejantes a ovejas. (Juan 10:11-15.) Por eso, el apóstol Pedro exhortó a los ancianos cristianos a 'pastorear el rebaño de Dios de buena gana'. (1 Pedro 5:2.)
2 El deseo de servir es una característica de los siervos de Dios. (Salmo 110:3.) Pero no es lo único que se requiere para que un cristiano sea nombrado superintendente, o subpastor. ¿Quiénes reúnen los requisitos para ser pastores? ¿Qué requiere su labor? ¿Cuál es la mejor manera de desempeñar esta obra?
Preside su casa
3 Antes de que a un varón se le asigne a "un puesto de superintendente", tiene que satisfacer los requisitos bíblicos. (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9.) En primer lugar, el apóstol Pablo dijo que el superintendente debe ser un "hombre que presida su propia casa excelentemente, que tenga hijos en sujeción con toda seriedad". Pablo explica la razón de ser de este requisito: "Si de veras no sabe algún hombre presidir su propia casa, ¿cómo cuidará de la congregación de Dios?". (1 Timoteo 3:4, 5.) Cuando Tito fue a nombrar ancianos en las congregaciones de la isla de Creta, se le mandó que buscara a 'hombres libres de acusación, esposos de una sola mujer, que tuvieran hijos creyentes no acusados de disolución, ni ingobernables'. (Tito 1:6.) Sí, tiene que tomarse en cuenta cómo atiende el cristiano a su familia al determinar si reúne los requisitos para asumir la responsabilidad más pesada de pastorear la congregación.
4 Los hombres que presiden su casa de manera excelente hacen más que orar y estudiar la Biblia regularmente con su familia. Siempre están listos para ayudar a sus seres queridos. En el caso de los padres, esta responsabilidad empieza el día en que nace la criatura. Los padres cristianos saben que si se adhieren desde el principio a un buen programa diario de actividades cristianas, el pequeño pronto se acostumbrará. La buena dirección del padre cristiano en estas circunstancias reflejará si reúne los requisitos para ser anciano. (Efesios 5:15, 16; Filipenses 3:16.)
5 Al presidir su casa, el padre cristiano concienzudo presta atención al consejo de Pablo: "No estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová". (Efesios 6:4.) Estudiar la Biblia regularmente con la familia —esposa e hijos— presenta buenas oportunidades para instruir con amor. Así los hijos reciben "disciplina", es decir, instrucción correctiva. Y la "regulación mental" resultante ayuda a los hijos a percatarse de cómo ve Jehová los asuntos. (Deuteronomio 4:9; 6:6, 7; Proverbios 3:11; 22:6.) En el ambiente relajado de esta reunión espiritual, el padre escucha con cariño y atención mientras hablan sus hijos. Plantea con bondad preguntas guiadoras para que expresen abiertamente sus preocupaciones y actitudes. El padre no supone que sabe todo lo que piensan sus hijos. En realidad, "cuando alguien responde a un asunto antes de oírlo, eso es tontedad de su parte y una humillación", dice Proverbios 18:13. La mayoría de los padres se dan cuenta de que las situaciones que sus hijos afrontan hoy difieren mucho de aquellas a las que se enfrentaron ellos cuando eran jóvenes. Por consiguiente, el padre se esforzará por enterarse del trasfondo y los detalles del problema antes de decir cómo debería tratarse. (Compárese con Santiago 1:19.)
6 ¿Qué hacemos cuando nos enteramos de los problemas, inquietudes y actitudes de nuestros hijos? El padre que preside excelentemente consulta las Escrituras, que son 'provechosas para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia'. Enseña a sus hijos a aplicar las normas inspiradas de la Biblia. De este modo los hijos jóvenes llegan a ser 'enteramente competentes y a estar completamente equipados para toda buena obra'. (2 Timoteo 3:16, 17; Salmo 78:1-4.)
7 Los jóvenes piadosos se enfrentan a la presión de los compañeros de clase mundanos. ¿Cómo pueden los padres cristianos calmar los temores de sus hijos? Una manera es orando regularmente con ellos y por ellos. Así, cuando afronten situaciones difíciles, es muy probable que manifiesten la misma confianza en Dios que tienen sus padres. Una joven de 13 años a la que se entrevistó antes de bautizarse en símbolo de su dedicación a Dios dijo que sus compañeros de clase se habían burlado de ella y la habían maltratado. Cuando defendió su creencia bíblica sobre la santidad de la sangre, algunas jóvenes la golpearon y le escupieron. (Hechos 15:28, 29.) ¿Se desquitó? No. "Seguí pidiendo en oración a Jehová que me ayudara a mantenerme calmada —explicó—. También recordé que mis padres me habían enseñado en el estudio de familia que era necesario mantenerse reprimido bajo lo malo." (2 Timoteo 2:24.)
8 El anciano que no tenga hijos también puede proveer debidamente en sentido espiritual y material para los de su casa, como por ejemplo su cónyuge y tal vez familiares cristianos que vivan en su hogar. (1 Timoteo 5:8.) De modo que presidir excelentemente es uno de los requisitos que tiene que satisfacer el hombre que es nombrado para asumir responsabilidades como anciano de congregación. Ahora bien, ¿cómo deben ver los ancianos nombrados sus responsabilidades privilegiadas en la congregación?
Preside "con verdadera solicitud"
9 En el siglo I E.C., el apóstol Pablo fue mayordomo en la casa de Dios, la congregación cristiana bajo la jefatura de Cristo. (Efesios 3:2, 7; 4:15.) Como tal, exhortó a sus compañeros de creencia de Roma: "Puesto que tenemos dones que difieren según la bondad inmerecida que se nos ha dado, si es profecía, profeticemos según la proporción de fe que se nos haya dado; o un ministerio, ocupémonos en este ministerio; o el que enseña, ocúpese en su enseñanza; o el que exhorta, ocúpese en su exhortación; el que distribuye, hágalo con liberalidad; el que preside, hágalo con verdadera solicitud; el que muestra misericordia, hágalo con alegría". (Romanos 12:6-8.)
10 Pablo recordó a los tesalonicenses: "Como un padre hace con sus hijos, nosotros seguimos exhortando a cada uno de ustedes, y confortándolos y dándoles testimonio, a fin de que siguieran andando de una manera digna de Dios, que los llama a su reino y gloria". (1 Tesalonicenses 1:1; 2:11, 12.) La exhortación se había dado de una manera tan tierna y amorosa que Pablo pudo escribir: "Nos hicimos amables en medio de ustedes, como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos. Así, teniéndoles tierno cariño, nos fue de mucho agrado impartirles, no solo las buenas nuevas de Dios, sino también nuestras propias almas, porque ustedes llegaron a sernos amados". (1 Tesalonicenses 2:7, 8.) En conformidad con el ejemplo paternal de Pablo, los ancianos leales se interesan profundamente en toda la congregación.
11 La ternura y el deseo de servir tienen que caracterizar la superintendencia amorosa de nuestros fieles pastores cristianos. Su comportamiento dice mucho acerca de sí mismos. Pedro aconseja a los ancianos que pastoreen el rebaño de Dios "no como obligados" ni "por amor a ganancia falta de honradez". (1 Pedro 5:2.) A este respecto, el erudito William Barclay advierte: "Algunos aceptan un puesto de autoridad y rinden servicio con la actitud de que es un deber desagradable, agotador y una carga que se debe desdeñar. Es muy probable que se le pida a un hombre que desempeñe un trabajo, y que lo cumpla, pero que lo realice de una manera tan descortés que echa a perder todo lo hecho [...]. Pero [Pedro] dice que todo cristiano debe tener el deseo de rendir ese servicio con temblor, aunque sepa muy bien que es indigno de rendirlo".
Pastores que sirven de buena gana
12 Pedro también insta: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia [...] de buena gana". El superintendente cristiano que cuida de las ovejas lo hace de buena gana, por su propia voluntad, bajo la dirección del Pastor Excelente, Jesucristo. Servir de buena gana también significa que el pastor cristiano se somete a la autoridad de Jehová, 'el pastor y superintendente de nuestras almas'. (1 Pedro 2:25.) El subpastor cristiano respeta de buena gana el orden teocrático. Muestra ese respeto cuando dirige a la Palabra de Dios, la Biblia, a los que buscan consejo. Aunque la experiencia hará que el anciano cuente con un caudal de consejo bíblico, no significa que tiene a la mano la solución bíblica a todos los problemas. Incluso cuando sabe la respuesta a cierta pregunta, tal vez vea prudente consultar con el que hace la pregunta el Índice de las publicaciones Watch Tower u otros índices. De esta forma enseña de dos maneras: demuestra cómo encontrar información útil, y muestra humildemente respeto a Jehová dirigiendo la atención a lo que la organización de Dios ha publicado.
13 ¿Qué puede hacer el anciano si la Sociedad no ha publicado nada sobre un problema específico? Debe pedir en oración entendimiento y buscar algunos principios bíblicos que sean aplicables al caso. Puede que también juzgue provechoso sugerir a la persona que pide ayuda que examine el ejemplo de Jesús. El anciano pudiera preguntarle: "Si Jesús, el Gran Maestro, estuviera en su situación, ¿qué cree que haría?". (1 Corintios 2:16.) Es posible que ese razonamiento le ayude a tomar una buena decisión. Pero qué imprudente sería que el anciano emitiera una simple opinión personal como si fuera consejo sólido de las Escrituras. Los ancianos pueden analizar juntos los problemas difíciles de resolver. Hasta pudieran presentar los asuntos de importancia en una reunión de ancianos. (Proverbios 11:14.) Las decisiones que se tomen permitirán que todos ellos hablen de acuerdo. (1 Corintios 1:10.)
La apacibilidad es esencial
14 El anciano cristiano tiene que enseñar a otras personas con apacibilidad, especialmente cuando da consejo. "Hermanos —aconseja Pablo—, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad." (Gálatas 6:1.) Es interesante que la palabra griega traducida "reajustar" está relacionada con un término quirúrgico que se refiere a la colocación de un hueso para evitar una incapacidad irreversible. El lexicógrafo W. E. Vine relaciona este proceso con la restauración "por parte de los que son espirituales, de uno que ha sido sorprendido en una falta, siendo que el tal es como un miembro dislocado del cuerpo espiritual". También se traduce "restablecer a la posición apropiada; poner en debida alineación".
15 No es fácil reajustar el modo de pensar de uno mismo, y puede resultar muy difícil poner en la debida alineación el modo de pensar de una persona que ha errado. Pero si la ayuda se ofrece con espíritu de apacibilidad, es muy probable que se reciba con gratitud. Por consiguiente, los ancianos cristianos deben prestar atención al consejo de Pablo: "Vístanse de los tiernos cariños de la compasión, la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia". (Colosenses 3:12.) ¿Qué deben hacer los ancianos cuando la persona que necesita ser reajustada tiene una mala actitud? Deben 'seguir tras la apacibilidad de genio'. (1 Timoteo 6:11.)
Pastoreen con cautela
16 Pablo da más consejo en Gálatas 6:1. Insta a los hombres cualificados espiritualmente: "Traten de reajustar [al que ha errado] con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". ¡Qué graves consecuencias puede traer el pasar por alto este consejo! Cuando se declaró culpable a un clérigo anglicano de cometer adulterio con dos feligresas, el periódico londinense The Times comentó que esta es "una situación de siempre: el hombre que aconseja como padre o hermano cae víctima de las tentaciones de la confianza que se dispensa en él". Luego el columnista mencionó las observaciones del Dr. Peter Rutter de que "las aventuras explotadoras entre las pacientes y sus consejeros —médicos, abogados, sacerdotes y patronos— se habían convertido en una epidemia reconocida, dañina y deshonrosa de nuestra sociedad permisiva".
17 No debemos pensar que el pueblo de Jehová es inmune a esas tentaciones. Un anciano respetado que había servido fielmente durante años incurrió en inmoralidad porque hizo una visita de pastoreo a una hermana casada cuando estaba sola. Aunque se arrepintió, perdió todos los privilegios de servicio. (1 Corintios 10:12.) Por lo tanto, ¿cómo pueden actuar los ancianos nombrados para no caer en tentación cuando hacen visitas de pastoreo? ¿Qué pueden hacer para tener cierto grado de intimidad para orar y consultar la Palabra de Dios y las publicaciones cristianas cuando hablen con la persona?
18 Un factor que deben tener en cuenta los ancianos es el principio de jefatura. (1 Corintios 11:3.) Si un joven busca ayuda, esfuércese por incluir a los padres en la conversación cuando sea apropiado. Cuando una hermana casada solicita ayuda espiritual, ¿puede usted pedirle que su esposo esté presente durante la visita? ¿Qué se puede hacer si no le es posible estar presente o si se trata de un incrédulo que ha abusado de ella de alguna forma? Haga lo mismo que cuando hace una visita de pastoreo a una hermana soltera. Es prudente que dos hermanos capacitados espiritualmente visiten juntos a la hermana. Si no es conveniente visitarla en casa, tal vez se pueda escoger un momento apropiado para que dos hermanos conversen con ella en el Salón del Reino, preferiblemente en un cuarto donde puedan hablar en privado. De este modo se evita cualquier causa de tropiezo, puesto que hay hermanos y hermanas en el salón, aunque no pueden ver a los reunidos ni oír su conversación. (Filipenses 1:9, 10.)
19 Pastorear el rebaño de Dios de buena gana produce buenos resultados: un rebaño firme en sentido espiritual y bien dirigido. Al igual que el apóstol Pablo, los ancianos cristianos del día moderno están muy interesados en sus compañeros de creencia. (2 Corintios 11:28.) Pastorear el pueblo de Dios es una gran responsabilidad, sobre todo en estos tiempos críticos. Por eso agradecemos mucho el excelente trabajo que efectúan nuestros hermanos que sirven de ancianos. (1 Timoteo 5:17.) Alabamos al Dador de "toda dádiva buena y todo don perfecto", nuestro amoroso Pastor celestial, Jehová, por habernos bendecido con "dádivas en hombres" que pastorean de buena gana. (Efesios 4:8; Santiago 1:17.)

Ancianos: Reajusten a sus hermanos con espíritu de apacibilidad w 92/15/11
EL CORAZÓN de un cristiano verdadero se asemeja a un jardín espiritual que produce fruto de calidad. En él crecen el amor, el gozo, la paz, la gran paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la apacibilidad y el autodominio. ¿Y por qué no? Esos son los frutos del espíritu santo que Jehová Dios da a sus siervos dedicados. (Gálatas 5:22, 23.) No obstante, todo cristiano que desea mantener el jardín de su corazón como un lugar agradable a su Padre celestial debe luchar incansablemente contra la cizaña del pecado heredado. (Romanos 5:5, 12.)
De vez en cuando en el corazón imperfecto del cristiano empieza a crecer lo que es indeseable. Puede que la persona tenga buenos antecedentes espirituales. Pero de repente surge un problema, quizás debido a malas compañías o a una decisión imprudente. ¿Cómo pueden ayudar espiritualmente a esa persona los ancianos de la congregación?
El consejo apostólico
Para ayudar al cristiano que ha errado, los ancianos deben seguir el consejo del apóstol Pablo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". (Gálatas 6:1.) Cuando un compañero de creencia ha dado "algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello", los ancianos tienen la responsabilidad de ofrecerle ayuda de inmediato.
Pablo habla aquí de "un hombre" que da un paso en falso. No obstante, la palabra griega (án·thro·pos) que aparece aquí puede aplicar tanto a un hombre como a una mujer. ¿Y qué significa "reajustar" a una persona? En este caso, el término griego (ka·tar·tí·zo) significa "poner en debida alineación". El mismo término se usa respecto a remendar las redes. (Mateo 4:21.) También se usa con relación a encajar un hueso fracturado. El médico lo realiza con mucho cuidado para no causar a su paciente dolor innecesario. Así también, se requiere cuidado, tacto y compasión para ayudar a un hermano o a una hermana a recuperar la debida alineación espiritual.
Los ancianos dan prueba de su propia espiritualidad cuando manifiestan espíritu de apacibilidad al ayudar a alguien. No cabe duda de que Jesús, un hombre de genio apacible, trataría los asuntos con apacibilidad. (Mateo 11:29.) Los ancianos deben mostrar esta cualidad al tratar con un siervo de Jehová que haya dado un paso en falso, porque ellos también pueden ser atrapados por el pecado, a pesar de sus buenas intenciones. Pudiera sucederles lo mismo en el futuro, si no les ha ocurrido ya en el pasado.
Estos hombres de cualidades espirituales deberían 'llevar las cargas' de sus compañeros de adoración de manera amorosa. No cabe duda de que los ancianos desean ayudar de corazón al hermano en su lucha contra Satanás, las tentaciones, las debilidades carnales y las aflicciones del pecado. Esta es una manera como los superintendentes cristianos 'cumplen la ley del Cristo'. (Gálatas 6:2.)
Los hombres que en verdad tienen cualidades espirituales son humildes y comprenden que "si alguien piensa que es algo, no siendo nada, está engañando su propia mente". (Gálatas 6:3.) Prescindiendo de cuánto se esfuercen por hacer lo que es correcto y provechoso, los ancianos nunca podrán imitar a grado cabal a Jesucristo, el Hijo de Dios perfecto y amorosamente compasivo. Pero eso no debe impedir que ellos traten de hacer lo óptimo.
Saben que sería incorrecto corregir a alguien de manera arrogante y santurrona. Jesús nunca haría tal cosa. ¡Incluso estuvo dispuesto a dar su vida, no solo por sus amigos, sino también por sus enemigos! Los ancianos se esfuerzan por demostrar la misma clase de amor cuando ayudan a los hermanos que tienen dificultades a acercarse a su Padre celestial y a sus justas normas. ¿Qué pueden hacer para ayudar a sus compañeros de adoración a recobrarse?
Algunas medidas útiles
Oren y confíen en Jehová a la vez que hablan y actúan con apacibilidad de genio. Jesús era de genio apacible, oraba constantemente a su Padre celestial por dirección y siempre hizo las cosas que le agradaban. (Mateo 21:5; Juan 8:29.) Los ancianos no deberían hacer menos cuando tratan de corregir a una persona que ha dado un paso en falso. Como subpastor de genio apacible, el anciano hablará en tono animador y edificante, no intimidatorio. Durante la conversación procurará mantener un ambiente agradable que permita al cristiano que necesita ayuda expresar lo que piensa con toda libertad. Para lograr este fin será muy provechoso empezar con una oración sincera. La persona que recibe consejo apacible estará más dispuesta a abrir su corazón si sabe que, al igual que Jesús, su consejero procura hacer las cosas que le agradan a Dios. La oración de conclusión también servirá para impresionar en la mente de la persona la necesidad de aplicar el consejo que se le ha dado amorosa y apaciblemente.
Después de la oración, den encomio sincero. Pueden hacer referencia a las buenas cualidades de la persona, tales como la bondad, la seriedad y el esmero. Pueden traer a colación el hecho de que haya servido fielmente a Jehová quizás por muchos años. Así mostramos que tenemos un interés por la persona semejante al de Cristo. Jesús comenzó su mensaje a la congregación de Tiatira dando el siguiente encomio: "Conozco tus hechos, y tu amor y fe y ministerio y aguante, y que tus hechos recientes son más que los de antes". (Revelación 2:19.) Esas palabras dieron a los miembros de la congregación la seguridad de que Jesús estaba al tanto del buen trabajo que estaban efectuando. Aunque la congregación tenía sus defectos —pues se toleraba una influencia como la de "Jezabel"—, estaba trabajando bien en otros aspectos, y Jesús quería que aquellos hermanos y hermanas supieran que su celosa actividad no pasaba inadvertida. (Revelación 2:20.) Al igual que Jesús, los ancianos deben dar encomio cuando la ocasión lo merezca.
No traten un paso en falso como si fuera más serio de lo que en realidad es. Los ancianos deben proteger al rebaño de Dios y mantener limpia Su organización. Pero algunos errores que requieren que se dé consejo firme pueden ser atendidos por uno o dos ancianos sin que sea necesaria una audiencia judicial. En muchos casos el paso en falso no se debe a maldad intencionada, sino a la debilidad humana. Los ancianos deben tratar al rebaño con ternura teniendo presente que: "Al que no practica misericordia se le hará su juicio sin misericordia. La misericordia se alboroza triunfalmente sobre el juicio". (Santiago 2:13; Hechos 20:28-30.) En vez de exagerar los asuntos, los ancianos deben tratar a sus hermanos afligidos de modo apacible, tal como lo hace nuestro Dios compasivo y misericordioso, Jehová. (Efesios 4:32.)
Asegúrense de entender los factores que pudieran haber llevado a dar el paso en falso. Es necesario que los ancianos escuchen con cuidado cuando un compañero cristiano les expone lo que hay en su corazón. Si 'Dios no desprecia un corazón quebrantado y aplastado', ellos tampoco deben hacerlo. (Salmo 51:17.) Es posible que la raíz del problema sea la falta de apoyo emocional de parte del cónyuge. Una depresión mental fuerte y prolongada pudiera haber debilitado la fortaleza emocional de la persona, dificultándole en extremo el tomar decisiones prudentes. Los ancianos amorosos considerarán esos factores pues, aunque es cierto que Pablo exhortó a 'amonestar a los desordenados', también instó: "Hablen confortadoramente a las almas abatidas, den su apoyo a los débiles, tengan gran paciencia para con todos". (1 Tesalonicenses 5:14.) Aunque los ancianos no desean restar fuerza a las normas justas de Dios, también deben tomar en cuenta los factores atenuantes, tal como Dios lo hace. (Salmo 103:10-14; 130:3.)
Eviten socavar el amor propio de su compañero cristiano. Por ningún motivo quisiéramos privar a un hermano o una hermana de su dignidad personal o dar la impresión de que carece de valía. Antes bien, el que le aseguremos que confiamos en sus cualidades cristianas y en su amor a Dios pudiera servirle de estímulo para corregir su error. Pablo animó así a los corintios a mostrar generosidad cuando les dijo que se jactaba ante otros de su "prontitud de ánimo" y "celo" a este respecto. (2 Corintios 9:1-3.)
Expliquen cómo se puede superar el problema confiando en Jehová. Sí, procuren encarecidamente ayudar a la persona a comprender cómo el confiar en Dios y aplicar el consejo de Su Palabra podrá ayudarle a hacer los cambios requeridos. Con ese fin, nuestras declaraciones deben basarse en las Escrituras y en las publicaciones basadas en la Biblia. Tenemos un objetivo doble: 1) ayudarle a discernir y entender cómo ve Jehová los asuntos y 2) explicarle cómo ha pasado por alto o descuidado de algún modo las pautas divinas.
Combinen el consejo bíblico con preguntas bondadosas que sean pertinentes. Así podrán llegar al corazón de la persona. Jehová se valió de una pregunta para ayudar a su pueblo a comprender cuánto se había descarriado, al decir mediante el profeta Malaquías: "¿Robará el hombre terrestre a Dios?". Luego dijo: "Pero ustedes me están robando". (Malaquías 3:8.) El que Israel no contribuyera la décima parte de sus cosechas, según lo requería la Ley mosaica, equivalía a robar a Jehová. A fin de corregir la situación, los israelitas tenían que cumplir con sus obligaciones relativas a la adoración pura, confiando en que Dios los bendeciría abundantemente. Mediante preguntas bondadosas que motiven al raciocinio, los ancianos también pueden poner de relieve que para hacer lo correcto hoy, se requiere confiar en nuestro Padre celestial y obedecerle. (Malaquías 3:10.) Si esta idea llega al corazón de nuestro hermano, le ayudará en gran manera a hacer "sendas rectas para sus pies". (Hebreos 12:13.)
Recalquen los beneficios que resultan de aceptar el consejo. Además de advertir en cuanto a las consecuencias de emprender un derrotero equivocado, el consejo eficaz también debe recordar los beneficios que resultan de corregir el proceder. Después de una oportuna advertencia a la congregación de Laodicea, que padecía apatía espiritual, Jesús aseguró que si se arrepentían y se hacían discípulos celosos disfrutarían de privilegios sobresalientes, entre estos la perspectiva de regir con él en el cielo. (Revelación 3:14-21.)
Interésense en ver si se aplica el consejo. Tal como un buen médico examina de vez en cuando si un hueso que ha encajado sigue bien alineado, así los ancianos deben interesarse en ver que se esté aplicando el consejo bíblico. Podrían preguntarse: ¿Se requiere más ayuda? ¿Debería repetirse el consejo, aunque quizás de otra manera? Jesús tuvo que aconsejar a sus discípulos en repetidas ocasiones en cuanto a la necesidad de cultivar humildad. Pasó mucho tiempo con ellos moldeando pacientemente su modo de pensar, valiéndose del consejo, las ilustraciones y las lecciones prácticas. (Mateo 20:20-28; Marcos 9:33-37; Lucas 22:24-27; Juan 13:5-17.) Del mismo modo, los ancianos pueden asegurarse de que la persona recupere completamente la salud espiritual considerando con ella temas bíblicos preparados de antemano.
Den encomio por cualquier mejora que observen. Si alguien que ha dado un paso en falso se está esforzando ahora sinceramente por aplicar el consejo bíblico, denle encomio afectuoso. De este modo se reforzará el consejo original y se le animará a seguir mejorando. En su primera carta a los corintios, Pablo se vio obligado a darles consejo firme sobre diferentes asuntos. Pero poco tiempo después de que Tito le informara de los excelentes resultados que produjo su carta, Pablo les escribió para darles encomio. Les dijo: "Ahora me regocijo, no porque fueran simplemente entristecidos, sino porque fueron entristecidos para arrepentimiento; porque fueron entristecidos de manera piadosa". (2 Corintios 7:9.)
Una razón para regocijarse
Sí, Pablo se regocijó al enterarse de que su consejo había ayudado a los corintios. Del mismo modo, los ancianos del día moderno se regocijan mucho cuando un compañero de adoración responde favorablemente a su ayuda amorosa y consigue recuperarse después de haber dado un paso en falso. Hallan gran satisfacción en ayudar a un cristiano afligido a desarraigar de su corazón los espinos que produce el pecado, a fin de que abunde en él el fruto piadoso.
Si los ancianos consiguen que la persona que ha dado un paso en falso se recobre, puede que la salven de un derrotero desastroso en sentido espiritual. (Compárese con Santiago 5:19, 20.) Los que han sido favorecidos de este modo, deben agradecer a Jehová Dios la ayuda que han recibido. También sería correcto que expresaran su agradecimiento por la compasión, comprensión y ayuda amorosa que le mostraron los ancianos. Y si se logra un recobro espiritual completo, todos pueden regocijarse de que haya sido posible reajustar a alguien con espíritu de apacibilidad.

¡Vístase de apacibilidad! W 91/15/10
"Como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de los tiernos cariños de la compasión, la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia." (COLOSENSES 3:12.)
JEHOVÁ da a su pueblo la mejor prenda de vestir figurativa de todas. De hecho, todo el que desee conseguir Su favor tiene que vestirse de una prenda que tiene fuertes hebras de apacibilidad. Esta cualidad es alentadora porque reduce al mínimo la tensión de algunas situaciones. También protege, pues evita la contienda.
2 El apóstol Pablo aconsejó a compañeros cristianos ungidos: "Como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de los tiernos cariños de la compasión, la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia". (Colosenses 3:12.) El tiempo del verbo griego que se vierte "vístanse" denota acción que ha de realizarse con sentido de urgencia. Sin demora, los ungidos, que habían sido escogidos y eran santos y amados por Dios, debían vestirse de cualidades como la apacibilidad.
3 Pablo añadió: "Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros si alguno tiene causa de queja contra otro. Como Jehová los perdonó liberalmente a ustedes, así también háganlo ustedes. Pero, además de todas estas cosas, vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión". (Colosenses 3:13, 14.) El amor, la apacibilidad y otras cualidades piadosas hacen posible que los testigos de Jehová "moren juntos en unidad". (Salmo 133:1-3.)
Necesidad de pastores de genio apacible
4 Los cristianos verdaderos se esfuerzan por 'amortiguar los miembros de su cuerpo en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia', y procuran quitarse cualquier prenda de vestir vieja cuyo tejido sea de ira, cólera, maldad, habla injuriosa y habla obscena. (Colosenses 3:5-11.) Se desnudan de "la vieja personalidad" (literalmente: "el hombre viejo") y se visten de "la nueva personalidad" (o: "el hombre nuevo"), una vestidura apropiada. (Efesios 4:22-24, Kingdom Interlinear.) Su nueva prenda de vestir —tejida de compasión, bondad, humildad mental, apacibilidad y gran paciencia— les ayuda a resolver dificultades y a llevar una vida piadosa. (Mateo 5:9; 18:33; Lucas 6:36; Filipenses 4:2, 3.)
5 Frecuentemente los hombres que este mundo considera de éxito son gente dura, hasta cruel. (Proverbios 29:22.) ¡Cuán diferente y refrescante es la situación entre el pueblo de Jehová! La congregación cristiana no funciona como algunos hombres dirigen sus negocios... de manera eficiente, pero dura, que hace infeliz a la gente. Más bien, es un gozo ser parte de la congregación. Una de las razones es que la apacibilidad de genio es un rasgo de la sabiduría que manifiestan los cristianos en general y especialmente hombres capacitados para enseñar a sus compañeros de creencia. Sí, el gozo es producto de la instrucción y el consejo que dan ancianos nombrados que enseñan "con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría". (Santiago 3:13.)
6 El espíritu o actitud dominante del pueblo de Dios requiere que los hombres a quienes se confía superintendencia en la congregación sean de genio apacible, razonables y comprensivos. (1 Timoteo 3:1-3.) Los siervos de Jehová son como ovejas dóciles, no como cabras obstinadas, mulas tercas ni lobos voraces. (Salmo 32:9; Lucas 10:3.) Porque son mansos como ovejas, hay que tratarlos con apacibilidad y ternura. (Hechos 20:28, 29.) Sí, Dios espera que los ancianos sean apacibles, bondadosos, amorosos y pacientes con Sus ovejas. (Ezequiel 34:17-24.)
7 Como "esclavo del Señor", el anciano "tiene necesidad [...] de ser amable para con todos, capacitado para enseñar, manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos; ya que Dios quizás les dé arrepentimiento que conduzca a un conocimiento exacto de la verdad". (2 Timoteo 2:24, 25.) Los pastores cristianos deben mostrar tierna consideración al tratar de ayudar a los que están enfermos en sentido espiritual, pues las ovejas pertenecen a Dios. Los ancianos no deben tratarlas como lo haría un asalariado, sino que tienen que ser de genio apacible, como el Pastor Excelente, Jesucristo. (Juan 10:11-13.)
8 Puede que a veces a un anciano se le haga difícil mantener un espíritu apacible. "Moisés era con mucho el más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo." (Números 12:3.) No obstante, cuando los israelitas afrontaron una escasez de agua en Qadés, riñeron con Moisés y lo culparon de conducirlos de Egipto a un desierto árido. Pese a todo lo que había aguantado Moisés con mansedumbre, habló precipitada y ásperamente. Delante del pueblo, él y Aarón dirigieron la atención a sí mismos cuando Moisés dijo: "¡Oigan, ahora, rebeldes! ¿Es de este peñasco de donde les sacaremos agua?". Entonces Moisés golpeó el peñasco dos veces con su vara, y Dios hizo que saliera "mucha agua" para el pueblo y sus animales. No complació a Jehová el que Moisés y Aarón no lo hubieran santificado, así que Moisés no recibió el privilegio de introducir a los israelitas en la Tierra Prometida. (Números 20:1-13; Deuteronomio 32:50-52; Salmo 106:32, 33.)
9 La apacibilidad del anciano cristiano también puede ser sometida a prueba de varias maneras. Por ejemplo, Pablo advirtió a Timoteo que pudiera surgir alguien "hinchado de orgullo" y "mentalmente enfermo sobre cuestiones y debates acerca de palabras". Pablo añadió: "De estas cosas provienen envidia, contienda, discursos injuriosos, sospechas inicuas, disputas violentas acerca de insignificancias por parte de hombres corrompidos de mente y despojados de la verdad". El superintendente Timoteo no debía obrar con dureza, sino que debía 'huir de aquellas cosas' y 'seguir tras la justicia, la devoción piadosa, la fe, el amor, el aguante, la apacibilidad de genio'. (1 Timoteo 6:4, 5, 11.)
10 Aunque los ancianos tienen que ser apacibles, deben ser firmes en cuanto a lo que es correcto. Tito era así, pues recordaba a los que se asociaban con las congregaciones de Creta que 'no hablaran perjudicialmente de nadie, que no fueran belicosos, que fueran razonables, y desplegaran toda apacibilidad para con todos los hombres'. (Tito 3:1, 2.) Para mostrar por qué debían los cristianos ser de genio apacible para con todos, Tito había de señalar cuán bondadoso y amoroso había sido Jehová. Dios no había salvado a los creyentes por actos justos que estos hubieran efectuado, sino según Su misericordia mediante Jesucristo. La apacibilidad y la paciencia de Jehová significan salvación para nosotros también. Por consiguiente, como Tito, los ancianos de nuestros días deben recordar a las congregaciones que estén en sujeción a Dios y Lo imiten mediante tratar a otros con apacibilidad. (Tito 3:3-7; 2 Pedro 3:9, 15.)
La apacibilidad guía al consejero sabio
11 ¿Qué hay si una oveja figurativa ha errado? Pablo dijo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado. Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo". (Gálatas 6:1, 2.) El consejo es más eficaz si se da con espíritu de apacibilidad. Hasta cuando los ancianos tratan de aconsejar a una persona airada, deben desplegar autodominio y comprender que "una lengua apacible misma puede quebrar un hueso". (Proverbios 25:15.) Un comentario apacible puede ablandar a alguien de personalidad tan dura como un hueso, y tal vez se quiebre su dureza.
12 Jehová es un Instructor de genio apacible, y su modo apacible de enseñar es eficaz en la congregación. Esto es particularmente así cuando a los ancianos se les hace necesario aconsejar a personas que requieren ayuda espiritual. El discípulo Santiago escribió: "¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su conducta excelente sus obras con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría". La apacibilidad nace del respeto a "la sabiduría de arriba" y de la gratitud por ella, junto con el reconocimiento modesto de las limitaciones de uno mismo. Un espíritu apacible y humilde protege al consejero de hacer comentarios y cometer errores perjudiciales, y contribuye a que su consejo se acepte con mayor facilidad. (Santiago 3:13, 17.)
13 "Una apacibilidad que pertenece a la sabiduría" impide que el consejero sea irreflexivamente franco o áspero. Sin embargo, el preocuparse por la amistad o por tener la aprobación de alguien no debe impulsar al anciano a hacer expresiones que tengan la intención de agradar, en vez de presentar con apacibilidad consejo claro y sincero basado en la Palabra de Dios. (Proverbios 24:24-26; 28:23.) El consejo que Amnón recibió de su primo satisfizo su deseo, pero le costó la vida. (2 Samuel 13:1-19, 28, 29.) Por consiguiente, los ancianos de la actualidad no deben restar fuerza a los principios bíblicos para aliviarle la conciencia a nadie, pues el hacerlo podría poner en peligro la vida de tal persona. Al igual que Pablo, los ancianos no deben retraerse de decir a otros "todo el consejo de Dios". (Hechos 20:26, 27; 2 Timoteo 4:1-4.) El consejero cristiano maduro manifiesta temor piadoso y da consejo justo con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría.
14 La apacibilidad y la sabiduría celestial evitan que el anciano haga duras exigencias. Este también debe comprender que es imprudente e impropio que tome una decisión que otra persona debe tomar por sí misma. El anciano sería responsable de las consecuencias si tomara decisiones por otros, y compartiría la culpa por cualquier mal resultado. El anciano puede llamar atención a lo que dice la Biblia, pero si no hay una ley bíblica en cuanto a un asunto, el juicio y la conciencia de la persona misma tienen que determinar lo que ella haga o no haga. Como dijo Pablo: "Cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". (Gálatas 6:5; Romanos 14:12.) Con todo, la persona que pregunta puede recibir ayuda para tomar una decisión correcta si el anciano le hace preguntas que la ayuden a razonar sobre los textos bíblicos relacionados con los diversos derroteros que puede optar por seguir.
15 Si el anciano no sabe la respuesta a una pregunta, no debe contestar solo para salvar las apariencias. La apacibilidad que pertenece a la sabiduría impediría que conjeturara y tal vez diera una respuesta incorrecta que después pudiera causar congoja. Hay "tiempo de callar y tiempo de hablar". (Eclesiastés 3:7; compárese con Proverbios 21:23.) El anciano debe "hablar" solamente cuando sepa la respuesta a una pregunta o haya investigado el asunto lo suficiente como para dar una contestación exacta. Es prudente dejar sin contestar preguntas sobre simples suposiciones. (Proverbios 12:8; 17:27; 1 Timoteo 1:3-7; 2 Timoteo 2:14.)
El valor de una multitud de consejeros
16 La oración y el estudio ayudan a los ancianos a contestar preguntas y a encargarse de problemas difíciles, pero debe recordarse que "en la multitud de consejeros hay logro". (Proverbios 15:22.) El consultar con otros ancianos redunda en un valioso caudal combinado de sabiduría. (Proverbios 13:20.) No todos los ancianos tienen la misma experiencia ni el mismo conocimiento bíblico. Por lo tanto, la apacibilidad que pertenece a la sabiduría debe impulsar al anciano menos experimentado a consultar con ancianos que tengan más conocimiento y experiencia, especialmente cuando un asunto serio necesita atención.
17 Cuando se escoge a varios ancianos para atender un asunto serio, puede que todavía busquen ayuda confidencialmente. Para que le ayudaran a juzgar a los israelitas, Moisés escogió a "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza, que [odiaban] la ganancia injusta". Aunque eran ancianos, no tenían tanto conocimiento ni experiencia como Moisés. En consecuencia, "la causa que fuera difícil se la traían a Moisés, pero toda causa pequeña ellos mismos la manejaban como jueces". (Éxodo 18:13-27.) Por lo tanto, si fuera necesario, sería apropiado que los ancianos que atendieran una causa difícil hoy día buscaran la ayuda de ancianos experimentados, aunque ellos mismos tomen la decisión final.
18 La Misná judía dice que la cantidad de los que componían los tribunales en los pueblos de Israel variaba según la gravedad del caso. Hay verdadero valor en la multitud de consejeros, aunque el número en sí no garantiza la rectitud, pues una mayoría puede equivocarse. (Éxodo 23:2.) Los factores decisivos que aseguran que se tomarán decisiones apropiadas son las Escrituras y el espíritu de Dios. La sabiduría y la apacibilidad impulsarán a los cristianos a someterse a estos.
Testifique con apacibilidad
19 La apacibilidad también ayuda a los siervos de Jehová a testificar a personas de diversas disposiciones. (1 Corintios 9:22, 23.) Porque Jesús enseñaba con apacibilidad, los humildes no le temían como a los líderes religiosos de dura actitud. (Mateo 9:36.) Por supuesto, su apacible modo de obrar atraía a las "ovejas", no a las inicuas "cabras". (Mateo 25:31-46; Juan 3:16-21.) Aunque Jesús usó términos enérgicos al tratar con los hipócritas que eran tercos como cabras, los testigos de Jehová deben ser apacibles cuando declaran los mensajes de juicio de Dios hoy, porque no tienen perspicacia ni autoridad como las de Jesús. (Mateo 23:13-36.) Mientras oyen el mensaje del Reino predicado con apacibilidad, 'los que están correctamente dispuestos para vida eterna se hacen creyentes', como lo hicieron los mansos que oyeron a Jesús. (Hechos 13:48.)
20 Se obtienen buenos resultados al testificar e instruir a otros con apacibilidad y atraerlos sobre la base de la lógica, los principios bíblicos y la verdad. "Santifiquen al Cristo como Señor en su corazón —escribió Pedro—, siempre listos para presentar una defensa ante todo el que les exija razón de la esperanza que hay en ustedes, pero haciéndolo junto con genio apacible y profundo respeto." (1 Pedro 3:15.) El estudiante que recibe instrucción con apacibilidad puede concentrarse en la información en vez de distraerse o posiblemente hasta tropezar porque se le instruye con dureza y espíritu de disputa. Al igual que Pablo, los ministros que instruyen con apacibilidad pueden decir: "De ninguna manera estamos dando causa alguna para tropiezo, para que no se encuentre falta en nuestro ministerio". (2 Corintios 6:3.) Hasta opositores responden a veces favorablemente a los que instruyen con apacibilidad.
Se requiere apacibilidad de todos
21 Uno no debe vestirse de la apacibilidad cristiana solo para impresionar a los que no pertenecen a la organización de Jehová. Esta cualidad también es esencial en las relaciones entre los que componemos el pueblo de Dios. (Colosenses 3:12-14; 1 Pedro 4:8.) Las congregaciones se edifican espiritualmente cuando los ancianos y siervos ministeriales de genio apacible colaboran armoniosamente. El despliegue de apacibilidad y otras cualidades piadosas es importante para cada uno de nosotros los del pueblo de Jehová porque hay "una sola ley" para todos. (Éxodo 12:49; Levítico 24:22.)
22 La apacibilidad contribuye a la paz y la felicidad del pueblo de Dios. Por lo tanto, debe ser parte del tejido de cualidades que componen la prenda de vestir que lleva puesta todo cristiano en el hogar, en la congregación y en otros lugares. Sí; todo siervo de Jehová tiene que vestirse de apacibilidad.

'El superintendente tiene que ejercer autodominio' w 91/15/11
'El superintendente tiene que ejercer autodominio.' (TITO 1:7, 8.)
LA HISTORIA presenta un ejemplo muy notable de refrenar las emociones. A mediados del siglo XVI, Guillermo de Orange, un joven príncipe holandés, había ido de caza con el rey Enrique II de Francia. Enrique reveló a Guillermo que el rey de España y él planeaban eliminar a todos los protestantes de Francia y de los Países Bajos... de hecho, de toda la cristiandad. El rey Enrique tenía la impresión de que el joven Guillermo era católico devoto como él, y por eso divulgó todos los detalles del complot. Aquella noticia horrorizó muchísimo a Guillermo, porque muchos de sus amigos más allegados eran protestantes, pero él disimuló sus sentimientos y, más bien, mostró gran interés en los detalles que dio el rey.
2 Sin embargo, tan pronto como pudo Guillermo hizo planes para frustrar aquella conspiración, y como resultado final de esto los Países Bajos se vieron libres de la dominación católica de España. Debido al autodominio que ejerció Guillermo guardando silencio cuando se enteró del complot, se le llegó a conocer como "el Taciturno". Guillermo de Orange tuvo tanto éxito que se dice que "fue el verdadero fundador de la independencia y grandeza de la república holandesa".
3 Por saber refrenarse, Guillermo el Taciturno se benefició mucho a sí mismo y benefició a su pueblo. De manera similar, los ancianos o superintendentes cristianos hoy deben manifestar autodominio, un fruto del espíritu santo. (Gálatas 5:22, 23.) Al ejercer esta cualidad se benefician a sí mismos y benefician a las congregaciones. Por otro lado, pueden causar incalculable daño si no se saben dominar a sí mismos.
Autodominio... requisito para ser anciano
4 Pablo, quien era anciano, comprendía la importancia de que uno sepa dominarse a sí mismo. Al aconsejar a los ancianos que habían venido a él de Éfeso, dijo: "Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño". Entre otras cosas el prestar atención a sí mismos quería decir que tenían que manifestar autodominio, vigilar su conducta. Al escribir a Timoteo, Pablo mencionó lo mismo, así: "Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza". Ese consejo mostró que Pablo reconocía la tendencia humana que algunos manifiestan de estar más ocupados en predicar que en practicar lo que predican. Por eso hizo hincapié primeramente en que tienen que vigilarse a sí mismos. (Hechos 20:28; 1 Timoteo 4:16.)
5 Con el paso de los años, el papel que las Escrituras asignan a los ancianos se ha hecho cada vez más claro. Hoy vemos que el puesto de anciano es uno que se recibe por nombramiento. Los ancianos son nombrados por el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová o sus representantes directos. Este cuerpo, a su vez, representa al "esclavo fiel y discreto". (Mateo 24:45-47.) Quien en particular presenta los requisitos que debe satisfacer el superintendente o anciano cristiano es el apóstol Pablo, en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9.
6 Pablo dice en 1 Timoteo 3:2, 3 que el superintendente tiene que ser moderado en los hábitos. Este requisito y el de ser ordenado exigen que el anciano manifieste autodominio. El hombre que satisface los requisitos para ser superintendente no es golpeador ni belicoso. Estos requisitos también exigen autodominio del anciano. Además, para que el anciano no sea un borracho pendenciero, dado al vino, tiene que ejercer autodominio. (Véanse también las notas al pie de la página sobre 1 Timoteo 3:2, 3.)
7 En Tito 1:7, 8 Pablo declaró específicamente que el superintendente tiene que ejercer autodominio. No obstante, note cuántos de los demás requisitos que se alistan en esos versículos se relacionan con el autodominio. Por ejemplo, el superintendente tiene que estar libre de acusación, sí, debe ser irreprensible. Ciertamente no podría satisfacer esos requisitos si no desplegara autodominio.
Al tratar con otros
8 Además, el superintendente no solo tiene que desplegar paciencia, sino gran paciencia al tratar con compañeros de creencia, y para eso se requiere autodominio. Por ejemplo, en Gálatas 6:1 leemos: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales [principalmente los ancianos] traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". Se requiere autodominio para manifestar un espíritu de apacibilidad. Además, requiere autodominio el que uno se vigile a sí mismo. De igual manera, es muy importante que el anciano ejerza autodominio cuando una persona angustiada acude a él por ayuda. Prescindiendo de lo que el anciano quizás piense del individuo, tiene que ser bondadoso, paciente y comprensivo. En vez de apresurarse a dar consejo, el anciano tiene que estar dispuesto a escuchar y esforzarse por hacer que la persona exprese lo que realmente parece molestarle.
9 El consejo de Santiago 1:19 es especialmente oportuno cuando tratamos con personas angustiadas, pues dice: "Sepan esto, mis amados hermanos. Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira". Sí, particularmente al enfrentarse a reacciones de ira o emocionales el anciano tiene que cuidarse para no reaccionar de la misma manera. Para no responder con palabras que agiten las emociones aunque alguien se exprese así, y para 'no devolver mal por mal', se requiere autodominio. (Romanos 12:17.) El responder de la misma manera solo empeora los asuntos. Por eso, a este respecto la Palabra de Dios de nuevo da excelente consejo a los ancianos, al recordarles que "la respuesta, cuando es apacible, aparta la furia". (Proverbios 15:1.)
Autodominio en las reuniones de ancianos y audiencias judiciales
10 Los superintendentes cristianos también tienen que ejercer dominio de sí mismos en las reuniones de ancianos. A veces requiere mucho autodominio el hablar calmadamente en el interés de la verdad y la justicia. También requiere tal dominio el no tratar de dominar una consideración de asuntos. Si algún anciano tiene esa tendencia, sería bondadoso que otro anciano le ofreciera consejo. (Compárese con 3 Juan 9.)
11 Además, puede que un anciano demasiado celoso se vea tentado a agitarse o hasta a alzar la voz en las reuniones de los ancianos. ¡Qué gran falta de dominio personal revelan esas acciones! En realidad son contraproducentes en dos aspectos. En primer lugar, el que pierde el dominio de sí mismo debilita su propio argumento en proporción con lo agitado que se pone, pues permite que la emoción eclipse la lógica. En segundo lugar, el que alguien permita que sus emociones se alteren tiende a molestar o hasta a contrariar proporcionalmente a los demás ancianos. Además, si los ancianos no tienen cuidado, los agudos desacuerdos pudieran dividirlos. Esto perjudicaría tanto a ellos como a la congregación. (Compárese con Hechos 15:36-40.)
12 El autodominio también es muy necesario para que los ancianos eviten ser parciales y no abusen de su poder. ¡Qué fácil es ceder a la tentación y permitir que ideas humanas nacidas de la imperfección influyan en lo que uno dice o hace! Vez tras vez ha sucedido que algunos ancianos no han actuado con resolución cuando uno de sus hijos u otro de sus parientes ha sido culpable de conducta incorrecta. Cuando surgen esas situaciones se requiere que uno sepa dominarse para no dejar que los vínculos consanguíneos interfieran con la administración de la justicia. (Deuteronomio 10:17.)
13 Otra ocasión en que también es muy importante desplegar autodominio es durante una audiencia judicial. Los ancianos tienen que gobernarse bien a sí mismos para no dejarse influir indebidamente por las emociones. No deben permitir que las lágrimas los conmuevan fácilmente. A la vez, el anciano tiene que cuidarse para permanecer sereno si tal vez se lanzan acusaciones verbales contra él y se le calumnia, como pudiera ocurrir al tratar con apóstatas. A este respecto, estas palabras de Pablo son muy oportunas: "El esclavo del Señor no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos". Requiere autodominio el que uno sea amable cuando está bajo presión. Pablo pasa a mostrar que "el esclavo del Señor" tiene que 'mantenerse reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos'. Requiere mucho dominio de sí mismo el que uno muestre apacibilidad y se mantenga reprimido frente a la oposición. (2 Timoteo 2:24, 25.)
Autodominio con el sexo opuesto
14 Los ancianos tienen que estar muy alerta en cuanto a dominarse a sí mismos cuando tienen que tratar con personas del sexo opuesto. No es aconsejable que un anciano vaya sin compañía a hacer una visita de pastoreo a una hermana cristiana. El anciano debe ir acompañado de otro anciano o de un siervo ministerial. Probablemente por eso Pablo aconsejó al anciano Timoteo: "[Insta] [...] a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) Se ha visto a algunos ancianos poniendo las manos sobre una hermana como en un ademán paternal. Pero pudieran estar engañándose a sí mismos, pues tal ademán bien pudiera ser motivado por un impulso romántico en vez de cariño fraternal cristiano y puro. (Compárese con 1 Corintios 7:1.)
15 ¡Cuánto oprobio se ha arrojado sobre la verdad debido a que algunos ancianos no se dominaron a sí mismos al tratar con hermanas de la congregación! Unos años atrás un anciano fue expulsado por haber cometido adulterio con una hermana cristiana cuyo esposo no era Testigo. La misma noche que se anunció la expulsión del ex anciano, el esposo agraviado entró apresurado en el Salón del Reino con un rifle y disparó contra los dos culpables. Ninguno de ellos murió, y el esposo fue desarmado inmediatamente, pero el día siguiente, en la primera plana de un periódico popular se presentó la noticia de 'tiroteo en una iglesia'. ¡Qué oprobio trajo sobre la congregación y sobre el nombre de Jehová la falta de gobierno de sí mismo de aquel anciano!
Autodominio en otros campos
16 También es muy importante que el anciano despliegue autodominio cuando presenta un discurso público. Un orador público debe ser un modelo de confianza y aplomo. Algunos tratan de divertir a sus oyentes mediante comentarios chistosos que solo tienen el fin de hacer reír al auditorio. Esto pudiera revelar que están cediendo a la tentación de agradar a su auditorio. Por supuesto, el ceder a cualquier tentación es muestra de falta de autodominio. Hasta se pudiera decir que el pasarse de tiempo al presentar un discurso revela falta de dominio de sí mismo por parte del orador, así como falta de preparación.
17 Todo anciano que trabaja duro tiene que afrontar el desafío de equilibrarse ante las diversas demandas de su tiempo y energías que le presentan sus responsabilidades. Requiere autodominio el evitar los extremos. Algunos ancianos se han preocupado tanto por las obligaciones de la congregación que han descuidado a sus propias familias. Así, cuando cierta hermana le contó a la esposa de un anciano sobre la excelente visita de pastoreo que él le había hecho, la esposa del anciano exclamó: "¡Quisiera que algún día me hiciera una visita de pastoreo a mí!". (1 Timoteo 3:2, 4, 5.)
18 El anciano también tiene que saber gobernarse a sí mismo para equilibrar la cantidad de tiempo que dedica al estudio personal con el tiempo que pasa en el ministerio del campo o en hacer visitas de pastoreo. En vista de lo engañoso que es el corazón humano, es muy fácil para un anciano dedicar más tiempo del necesario a la actividad que más le agrada. Si le gusta leer, bien puede ser que dedique demasiado tiempo al estudio personal. Si se le hace un poco dificultoso participar en el ministerio de casa en casa, puede que busque excusas para hacer visitas de pastoreo en vez de predicar.
19 La obligación de guardar lo confidencial también requiere que el anciano esté alerta para ejercer autodominio firmemente. A este respecto, es oportuno el consejo: "No reveles el habla confidencial de otro". (Proverbios 25:9.) La experiencia parece indicar que este bien pudiera ser uno de los requisitos que más violen los ancianos. Si el anciano tiene una esposa sabia y amorosa con quien tiene buena comunicación, puede que tienda a considerar o simplemente mencionar asuntos confidenciales cuando está con ella. Pero esto no es apropiado, y es muy imprudente. En primer lugar, traiciona la confianza de otra persona. Los hermanos y hermanas espirituales acuden a los ancianos y les cuentan asuntos íntimos porque están seguros de que el asunto se guardará en estricta confidencia. El comunicar asuntos confidenciales a la esposa de uno es incorrecto e imprudente y también muestra falta de amor al poner una carga innecesaria sobre ella. (Proverbios 10:19; 11:13.)
20 No cabe duda de que el autodominio es de suma importancia, ¡especialmente para los ancianos! Porque se les ha encomendado el privilegio de llevar la delantera entre el pueblo de Jehová, tienen mayor responsabilidad. Puesto que se les ha dado mucho, mucho se exigirá de ellos. (Lucas 12:48; 16:10; compárese con Santiago 3:1.) Es el privilegio y deber de los ancianos dar un ejemplo excelente para los demás. Más que eso, los ancianos nombrados pueden ser más beneficiosos o más dañinos que otras personas, dependiendo de si ejercen autodominio o no. Con buena razón Pablo dijo que 'el superintendente tiene que ejercer autodominio'.
aplicar prestamente el consejo: w89 15/9 24, 25

Aplique prestamente el consejo
16 Pablo instó a Tito a 'seguir exhortando y censurando con plena autoridad'. (Tito 2:15.) De igual manera, los representantes actuales de Dios nos dirigen a los principios y las leyes de la Biblia. Estas son buenas razones para aceptar la constante exhortación a que apliquemos el consejo y sigamos la guía de la organización de Jehová y los ancianos nombrados.
17 Para ilustrarlo, supongamos que los ancianos instan a cierto cristiano a que siga el consejo bíblico de casarse "solo en el Señor". (1 Corintios 7:39; Deuteronomio 7:3, 4.) Quizás le indiquen que el casarse con una persona no bautizada puede llevar a problemas serios, como cuando el rey Salomón pecó gravemente por haber tomado esposas extranjeras, quienes inclinaron su corazón a los dioses falsos y lo alejaron de Jehová. (1 Reyes 11:1-6.) Quizás los ancianos también le expliquen que Esdras hizo que unos judíos despidieran a sus esposas paganas, y Nehemías dijo que los que se casaban con incrédulos 'cometían la gran maldad de actuar infielmente contra Dios'. (Nehemías 13:23-27; Esdras 10:10-14; véanse los números de La Atalaya del 1 de julio de 1982, página 31, y del 15 de noviembre de 1986, páginas 26-30.) El aplicar el consejo bíblico que dan los ancianos amorosos resulta en bendiciones y en la satisfacción de agradar a Jehová.
18 También es apropiado que se respeten las decisiones judiciales de los ancianos. Pablo dijo a los cristianos de Corinto: "Cesen de mezclarse en la compañía de cualquiera que, llamándose hermano, sea fornicador, o persona dominada por la avidez, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión, y ni siquiera coman con tal hombre". Los ancianos habían de 'remover al hombre inicuo de entre ellos'. (1 Corintios 5:9-13.) Pero ¿cómo reaccionaría usted si uno de sus parientes fuera expulsado? Aunque pudiera ser necesario tener algún contacto limitado con él para atender asuntos de familia, habría que cortar toda asociación espiritual con el pariente expulsado. (Véase La Atalaya del 15 de abril de 1988, páginas 26-31.) No hay duda de que la lealtad a Dios y a su organización debería movernos a respetar las decisiones judiciales de los superintendentes.
19 No es fácil mantenerse en el camino estrecho que conduce a la vida. Para hacerlo, tenemos que seguir la guía de la Palabra de Dios y de aquellos a quienes se han confiado las responsabilidades de pastorear en Su organización. (Mateo 7:13, 14.) Si estuviéramos viajando de una ciudad a otra en automóvil y nos desviáramos a la ruta incorrecta, tendríamos que actuar para corregir nuestro curso. Si no hiciéramos eso, nunca llegaríamos adonde queremos ir. De manera similar, si los ancianos nos muestran que hemos tomado un derrotero incorrecto en sentido espiritual, quizás por un noviazgo con algún incrédulo, debemos aplicar inmediatamente su consejo bíblico. Esta sería una manera de demostrar que verdaderamente 'confiamos en Jehová'. (Proverbios 3:5, 6.)
Respeto hasta en asuntos pequeños
20 Tenemos que respetar la guía que nos dan los ancianos hasta en asuntos pequeños. Por eso, podríamos preguntarnos: '¿Coopero con los ancianos cuando nos piden que visitemos a los enfermos o que adiestremos a los publicadores nuevos en el ministerio del campo? ¿Acepto de buena gana las asignaciones que recibo para las reuniones, y las preparo bien? ¿Hago caso cuando los ancianos dan instrucciones en cuanto a reservar asientos en las asambleas, nuestra manera de vestir, y así por el estilo? ¿Coopero con ellos cuando nos piden que ayudemos a limpiar el Salón del Reino, que informemos prontamente nuestro servicio del campo o que lleguemos a tiempo a las reuniones?'.
21 Los superintendentes de congregación aprecian el que cooperemos con ellos, y esto resulta en mucho provecho. Sí, el que mostremos respeto y cooperemos aun en asuntos pequeños bien pudiera recordarnos estas palabras de Jesús: "La persona fiel en lo mínimo es fiel también en lo mucho". (Lucas 16:10.) No hay duda de que queremos que se nos considere fieles.
Siga respondiendo a la superintendencia amorosa
22 Los beneficios que vienen de la superintendencia amorosa del esclavo fiel y de los ancianos de congregación prueban que Jehová está bendiciendo en gran medida a su organización terrestre. Además, la combinación de las aptitudes de los ancianos resulta en buena instrucción y promueve la unidad entre nosotros. También produce un esfuerzo concertado y de éxito por adelantar los intereses del Reino. Sí, un buen resultado de que respondamos con aprecio a la superintendencia de los que llevan la delantera es que Dios bendice nuestra obra de predicar y hacer discípulos. (Mateo 28:19, 20.) El que cooperemos con los ancianos también nos prepara para la vida eterna en el nuevo sistema de cosas.
23 Puesto que amamos a Jehová, el obedecerle no es un deber desagradable. El apóstol Juan escribió: "Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos; y, sin embargo, sus mandamientos no son gravosos". (1 Juan 5:3.) Los cristianos leales obedecen gustosamente los mandamientos de Jehová y se sienten impulsados a cooperar con aquellos a quienes Él ha confiado la superintendencia de la congregación. ¡Cuán agradecidos estamos de ser parte de la organización de Dios y tener a tales "dádivas en hombres"! (Efesios 4:8.) Por lo tanto, con plena confianza en que Dios dirige a su pueblo, seamos obedientes siempre a los que tienen el privilegio de llevar la delantera entre los testigos de Jehová.

ayudar a razonar sobre los principios bíblicos: w96 1/9 22, 23
12 Por ejemplo, es posible que un cristiano consulte a un anciano sobre un asunto importante que las Escrituras no tratan directamente o que requiere conciliar diferentes principios cristianos. Quizá le han ofrecido un ascenso en el trabajo con un sueldo mejor pero con más responsabilidad. O tal vez un padre incrédulo demande a su hijo cristiano algo que afecte al ministerio de este. En tales situaciones el anciano, en vez de dar su opinión personal, probablemente abra la Biblia y ayude a la persona a analizar los principios pertinentes. Puede valerse del Índice de las publicaciones Watch Tower, si está disponible en su idioma, para encontrar lo que "el esclavo fiel y discreto" ha dicho sobre el asunto en las páginas de La Atalaya y otras publicaciones. (Mateo 24:45.) Pero, ¿y si dicho cristiano tomara una decisión que no le pareciera prudente al anciano? Si esta no violara ningún principio bíblico ni ley, el anciano respetaría el derecho del individuo de tomar tal decisión, pues sabe que "cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". Este, sin embargo, debe recordar que "cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará". (Gálatas 6:5, 7.)
13 ¿Por qué actúa de ese modo el anciano con experiencia? Por al menos dos razones. En primer lugar, Pablo dijo a una congregación que él no era 'amo sobre la fe de ellos'. (2 Corintios 1:24.) Al ayudar a su hermano a razonar sobre la base de las Escrituras y a tomar su propia decisión con conocimiento de causa, el anciano imita la actitud de Pablo. Reconoce los límites de su autoridad, tal como Jesús reconoció los suyos. (Lucas 12:13, 14; Judas 9.) Al mismo tiempo, los ancianos ofrecen con presteza consejo bíblico útil, y a veces firme, siempre que es necesario. En segundo lugar, está preparando a su compañero cristiano. El apóstol Pablo dijo: "El alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto". (Hebreos 5:14.) Así que para pasar a la madurez tenemos que usar nuestras facultades perceptivas y no esperar siempre que otra persona nos diga qué debemos hacer. Al enseñar a su compañero cristiano a razonar sobre la base de las Escrituras, el anciano le ayuda a progresar.
casarse "solo en el Señor" (1Co 7:39): w89 15/9 24

Aplique prestamente el consejo
16 Pablo instó a Tito a 'seguir exhortando y censurando con plena autoridad'. (Tito 2:15.) De igual manera, los representantes actuales de Dios nos dirigen a los principios y las leyes de la Biblia. Estas son buenas razones para aceptar la constante exhortación a que apliquemos el consejo y sigamos la guía de la organización de Jehová y los ancianos nombrados.
17 Para ilustrarlo, supongamos que los ancianos instan a cierto cristiano a que siga el consejo bíblico de casarse "solo en el Señor". (1 Corintios 7:39; Deuteronomio 7:3, 4.) Quizás le indiquen que el casarse con una persona no bautizada puede llevar a problemas serios, como cuando el rey Salomón pecó gravemente por haber tomado esposas extranjeras, quienes inclinaron su corazón a los dioses falsos y lo alejaron de Jehová. (1 Reyes 11:1-6.) Quizás los ancianos también le expliquen que Esdras hizo que unos judíos despidieran a sus esposas paganas, y Nehemías dijo que los que se casaban con incrédulos 'cometían la gran maldad de actuar infielmente contra Dios'. (Nehemías 13:23-27; Esdras 10:10-14; véanse los números de La Atalaya del 1 de julio de 1982, página 31, y del 15 de noviembre de 1986, páginas 26-30.) El aplicar el consejo bíblico que dan los ancianos amorosos resulta en bendiciones y en la satisfacción de agradar a Jehová.


cómo evitar errores: w97 15/3 16; w95 15/2 28, 29

17 Los cristianos discernidores que dan consejo comprenden que deben fundamentarlo sólidamente en la Palabra de Dios y que antes de responder a una pregunta, han de estudiar la Biblia y meditar sobre ella. (Proverbios 15:28.) Contestar mal preguntas sobre cuestiones serias puede hacer mucho daño. Por tanto, los ancianos cristianos necesitan discernimiento espiritual y deben pedir en oración a Jehová su guía cuando tratan de ayudar espiritualmente a sus compañeros de creencia.
Una lección sobre cómo tratar los problemas
POCAS personas han tenido que afrontar todos los problemas que tuvo Job. En poco tiempo, la pérdida de su riqueza y sustento, la trágica muerte de todos sus hijos, y por último, una enfermedad muy dolorosa le hundieron en la tristeza. Sus amigos y parientes lo dejaron a un lado, y su esposa le dijo: "¡Maldice a Dios, y muere!". (Job 2:9; 19:13, 14.)
Pese a todo, Job es una fuente de ánimo singular para todo el que esté pasando por pruebas parecidas. El resultado positivo de su sufrimiento prueba que aguantar cuando se afronta adversidad alegra el corazón de Jehová, siempre que nos motive la verdadera devoción piadosa en lugar de la ventaja personal. (Job, capítulos 1, 2; 42:10-17; Proverbios 27:11.)
Este relato bíblico también contiene lecciones valiosas sobre cómo tratar los problemas que se nos presentan. Da ejemplos claros de cómo debe aconsejarse a alguien que está pasando por pruebas, y de cómo no hacerlo. Además, la misma experiencia de Job puede ayudarnos a reaccionar con equilibrio cuando nos encontramos en circunstancias adversas.
Una lección sobre el modo negativo de dar consejo
En inglés se ha acuñado la expresión "consolador de Job", que hace referencia a la persona que, bajo pretexto de animar a otra, la desconsuela todavía más. Pero a pesar de la reputación que los tres compañeros de Job se ganaron con toda justicia, no debemos suponer que su motivación fuera totalmente mala. Puede que hasta cierto grado quisieran ayudar a Job, según sus criterios equivocados. ¿Por qué no lo lograron? ¿Cómo se convirtieron en instrumentos de Satanás, que estaba resuelto a quebrantar la integridad de Job?
Pues bien, basaron prácticamente todo su consejo en una suposición incorrecta: que solo sufren los que pecan. En su primer discurso, Elifaz dijo: "¿Quién que sea inocente ha perecido jamás? ¿Y dónde jamás han sido raídos los rectos? Conforme a lo que yo he visto, los que idean lo que es perjudicial y los que siembran la desgracia, ellos mismos la siegan". (Job 4:7, 8.) Elifaz pensaba equivocadamente que los inocentes son inmunes a la calamidad. Razonó que, puesto que Job atravesaba una situación tan grave, debía haber pecado contra Dios. Bildad y Zofar insistieron asimismo en que Job se arrepintiera de sus pecados. (Job 8:5, 6; 11:13-15.)
Los tres compañeros de Job lo desanimaron aún más, expresando ideas personales en vez de sabiduría piadosa. Elifaz llegó al extremo de decir que 'Dios no tiene fe en sus siervos' y que en realidad a Jehová no le importaba si Job era justo o no. (Job 4:18; 22:2, 3.) Es difícil imaginar un comentario más desalentador y falso. No sorprende que Jehová reprendiera posteriormente a Elifaz y a sus compañeros por esta blasfemia. Dijo: "Ustedes no han hablado acerca de mí lo que es verídico". (Job 42:7.) Pero aún faltaba la afirmación más perjudicial.
Elifaz llegó al punto de hacer acusaciones categóricas. Como no conseguía que Job admitiera su culpabilidad, recurrió a inventarse pecados que, en su opinión, Job tenía que haber cometido. "¿No es ya demasiada tu propia maldad, y no tendrán fin tus errores? —preguntó—. Porque sin causa te apoderas de una prenda de tus hermanos, y despojas hasta de las ropas a los desnudos. No le das al cansado un trago de agua, y del hambriento retienes pan." (Job 22:5-7.) Estas acusaciones eran totalmente infundadas. Jehová mismo había dicho que Job era un hombre "sin culpa y recto". (Job 1:8.)
¿Cómo afectaron a Job estos ataques a su integridad personal? Naturalmente le amargaron y deprimieron hasta cierto punto, pero también provocaron en él un deseo intenso de demostrar la falsedad de esas acusaciones. De hecho, se preocupó tanto de vindicarse que, en cierto modo, comenzó a culpar a Jehová de su difícil situación. (Job 6:4; 9:16-18; 16:11, 12.) Se pasaron por alto las cuestiones verdaderamente implicadas, y el diálogo se tornó en un debate inútil sobre si Job era justo o no. ¿Qué lecciones pueden aprender los cristianos de esta nefasta sesión de consejos?
1. El cristiano amoroso no presupone que su hermano es responsable de los problemas que afronta. Criticar con severidad los errores cometidos en el pasado, sean reales o imaginarios, puede desanimar totalmente a una persona que lucha por seguir adelante. El alma abatida necesita 'consuelo', no reprimendas. (1 Tesalonicenses 5:14.) Jehová quiere que los superintendentes sean un "escondite contra el viento", no "consoladores molestos" como Elifaz, Bildad y Zofar. (Isaías 32:2; Job 16:2.)
2. Nunca debemos aceptar una acusación sin prueba clara. Los rumores y las suposiciones, como las de Elifaz, no son una buena base para censurar. Por ejemplo, si un anciano hiciera una acusación sin fundamento, pudiera ocurrir que perdiera credibilidad y causara mucha angustia. ¿Cómo se sintió Job al tener que escuchar el consejo equivocado que recibió? Dio salida a su angustia exclamando irónicamente: "¡Oh, de cuánta ayuda has sido a uno falto de poder!". (Job 26:2.) El superintendente que se interesa en los demás 'enderezará las manos que cuelgan', no empeorará el problema. (Hebreos 12:12.)
3. El consejo debe basarse en la Palabra de Dios, no en ideas personales. Los argumentos que presentaron los compañeros de Job fueron incorrectos y nocivos. En vez de acercarlo a Jehová, le llevaron a pensar que había una barrera que lo separaba de su Padre celestial. (Job 19:2, 6, 8.) Por otra parte, usar hábilmente la Biblia puede enderezar los asuntos, estimular a los demás y proporcionar verdadero consuelo. (Lucas 24:32; Romanos 15:4; 2 Timoteo 3:16; 4:2.)
Además de ayudar a los cristianos a identificar ciertos peligros, el libro de Job también ofrece una lección provechosa sobre cómo dar consejo efectivo.
Cómo dar consejo
El consejo de Elihú fue completamente distinto del que dieron los tres compañeros de Job, tanto por su contenido como por la forma de tratar a Job. Llamó a Job por su nombre y le habló como un amigo, no como su juez. "Ahora, sin embargo, oh Job, por favor, oye mis palabras, y a todo mi hablar de veras presta oído. ¡Mira! Yo soy para el Dios verdadero justamente lo que tú eres; del barro fui formado, yo también." (Job 33:1, 6.) Además, Elihú encomió enseguida a Job por su derrotero de rectitud. Lo alentó diciendo: "Me he deleitado en tu justicia". (Job 33:32.) Aparte de que dio su consejo con amabilidad, Elihú tuvo éxito por otras razones.
Al haber esperado con paciencia hasta que los demás acabaran de hablar, Elihú pudo comprender mejor la situación antes de dar consejo. Admitiendo que Job fuera justo, ¿lo castigaría Jehová? "¡Lejos sea del Dios verdadero el obrar inicuamente, y del Todopoderoso el obrar injustamente! —exclamó Elihú—. No apartará sus ojos de ningún justo." (Job 34:10; 36:7.)
¿Era la justicia de Job la cuestión principal? Elihú le mostró a Job que su punto de vista no era equilibrado. "Has dicho: 'Mi justicia es más que la de Dios' —explicó—. Mira al cielo y ve, y contempla las nubes, que de veras están más altas que tú." (Job 35:2, 5.) Tal como las nubes están más altas que nosotros, los caminos de Jehová están más altos que los nuestros. No estamos en condición de juzgar la forma como hace las cosas. Elihú concluyó diciendo: "Por lo tanto, que le teman los hombres. Él no considera a ninguno de los que son sabios en su propio corazón". (Job 37:24; Isaías 55:9.)
El consejo bien fundado de Elihú preparó el camino para que Job recibiera más instrucción de Jehová mismo. De hecho, hay un paralelo sorprendente entre el repaso que hizo Elihú de "las maravillosas obras de Dios" en el capítulo 37, y las palabras que le dirige Jehová a Job recogidas en los capítulos 38 a 41. En realidad, Elihú veía los asuntos desde la perspectiva de Jehová. (Job 37:14.) ¿Cómo pueden imitar los cristianos su buen ejemplo?
Al igual que Elihú, los superintendentes en particular deben tener empatía y bondad, y recordar que ellos también son imperfectos. Antes de aconsejar es conveniente que escuchen con detenimiento, a fin de conocer los hechos y entender la situación. (Proverbios 18:13.) Además, deben asegurarse de que prevalezca el punto de vista de Jehová usando la Biblia y las publicaciones bíblicas. (Romanos 3:4.)
Además de dar a los ancianos estas lecciones prácticas, el libro de Job nos enseña a afrontar los problemas con equilibrio.
Cómo no reaccionar ante circunstancias adversas
Job quedó hundido por su sufrimiento y frustrado por sus falsos consoladores, y como consecuencia se amargó y deprimió. "Perezca el día en que llegué a nacer [...] Mi alma ciertamente siente asco para con mi vida", dijo gimiendo. (Job 3:3; 10:1.) Al no saber que el culpable era Satanás, supuso que Dios era el causante de sus calamidades. Le parecía una injusticia que, siendo un hombre justo, tuviera que sufrir. (Job 23:10, 11; 27:2; 30:20, 21.) Esta actitud impidió que Job tomara en cuenta otros factores, y le llevó a criticar el modo como Dios trata con el hombre. Jehová le preguntó: "¿Invalidarás tú mi justicia? ¿Me pronunciarás inicuo para que tú tengas razón?". (Job 40:8.)
Quizá nuestra reacción inmediata cuando afrontamos adversidades sea pensar que sufrimos injustamente, como al parecer pensó Job. La reacción usual es preguntarse: "¿Por qué a mí? ¿Por qué otras personas, que son mucho peores que yo, disfrutan de una vida relativamente libre de problemas?". Estos son pensamientos negativos que podemos contrarrestar meditando en la Palabra de Dios.
A diferencia de Job, nosotros podemos comprender las importantes cuestiones implicadas. Sabemos que Satanás "anda en derredor como león rugiente, procurando devorar a alguien". (1 Pedro 5:8.) Como revela el libro de Job, el Diablo quiere causarnos problemas para quebrantar nuestra integridad. Está empeñado en demostrar su alegación de que solo somos testigos de Jehová cuando el viento sopla a favor. (Job 1:9-11; 2:3-5.) ¿Tendremos el valor de apoyar la soberanía de Jehová, y así probar que el Diablo es un mentiroso?
El ejemplo de Jesús, y el de muchísimos otros siervos fieles de Jehová, muestra que es casi inevitable algún tipo de sufrimiento en este sistema de cosas. Jesús dijo que sus discípulos deben estar dispuestos a 'tomar su madero de tormento' si desean seguirle. (Lucas 9:23.) Nuestro "madero de tormento" personal pudiera ser una o varias de las adversidades que aguantó Job: mala salud, muerte de los seres queridos, depresión, apuros económicos u oposición de los no creyentes. Sin importar el tipo de problema que afrontemos, hay un lado positivo. Podemos ver nuestra circunstancia como una oportunidad de demostrar nuestro aguante y lealtad inquebrantable a Jehová. (Santiago 1:2, 3.)
Así reaccionaron los apóstoles de Jesús. Poco después del Pentecostés se les azotó por predicar acerca de Jesús. En vez de desanimarse, se marcharon "regocijándose". Estaban alegres, no por el sufrimiento en sí, sino porque "se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre de [Cristo]". (Hechos 5:40, 41.)
Por supuesto, no todos nuestros problemas vienen como consecuencia de servir a Jehová. Puede que nosotros mismos nos los causemos, al menos hasta cierto grado. O quizá, sin ser directamente responsables, el problema haya afectado nuestro equilibrio espiritual. Sea cual sea la situación, una actitud humilde como la de Job nos permitirá entender dónde nos hemos equivocado. Job admitió ante Jehová: "Hablé, pero no entendía". (Job 42:3.) Es más probable que el que admite sus errores de esta forma evite problemas parecidos en el futuro. Como dice el proverbio: "Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse". (Proverbios 22:3.)
Lo más importante es que el libro de Job nos recuerda que nuestros problemas no durarán para siempre. La Biblia dice: "Pronunciamos felices a los que han aguantado. Ustedes han oído del aguante de Job y han visto el resultado que Jehová dio, que Jehová es muy tierno en cariño, y misericordioso". (Santiago 5:11.) Podemos estar seguros de que Jehová recompensará del mismo modo la fidelidad de sus siervos hoy en día.
También esperamos el tiempo en que los problemas de todo tipo, "las cosas anteriores", hayan pasado. (Revelación 21:4.) Hasta que despunte ese día, el libro de Job nos sirve de guía inapreciable que puede ayudarnos a tratar los problemas con sabiduría y entereza.
[Nota a pie de página]
Aunque la Biblia dice que "cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará", esto no significa que el sufrimiento de una persona se deba a retribución divina. (Gálatas 6:7.) En este mundo dominado por Satanás, es frecuente que los justos tengan más problemas que los inicuos. (1 Juan 5:19.) Jesús dijo a sus discípulos: "Serán objeto de odio de parte de toda la gente por motivo de mi nombre". (Mateo 10:22.) Las enfermedades y otras desgracias pueden sobrevenir a cualquier siervo fiel de Dios. (Salmo 41:3; 73:3-5; Filipenses 2:25-27.)
[Fotografía en la página 28]
"Contempla las nubes, que de veras están más altas que tú." De esta forma Elihú ayudó a Job a entender que los caminos de Dios son más altos que los del hombre

cuando la persona aconsejada se enoja: w06 1/5 21; w91 15/10 18

La apacibilidad exige autodominio
17 Jesús fue apacible, aun ante actos de provocación (Mateo 11:29). Cuando fue traicionado y apresado, manifestó apacibilidad y gran autodominio. Impulsivamente, Pedro usó la espada para tomar represalias; pero Jesús le recordó: "[¿]Crees que no puedo apelar a mi Padre para que me suministre en este momento más de doce legiones de ángeles?" (Mateo 26:51-53; Juan 18:10). Pedro aprendió bien la lección y más adelante aconsejó a sus hermanos en la fe: "Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención. [...] Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar" (1 Pedro 2:21-23).
18 De igual modo, los buenos pastores son apacibles aun cuando no se les trate bien. Es posible que alguien a quien intenten ayudar en la congregación no reaccione de la mejor manera. Si el hermano está espiritualmente débil o enfermo, quizás responda al consejo "habla[ndo] irreflexivamente como con las estocadas de una espada" (Proverbios 12:18). Sin embargo, a imitación de Jesús, los ancianos no contraatacan con palabras cortantes ni procuran vengarse. Más bien, se controlan y siguen mostrando compasión, lo cual puede beneficiar al que necesita la ayuda (1 Pedro 3:8, 9). ¿Copia usted el ejemplo de los ancianos y manifiesta apacibilidad y autodominio cuando se le aconseja?

Necesidad de pastores de genio apacible
4 Los cristianos verdaderos se esfuerzan por 'amortiguar los miembros de su cuerpo en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia', y procuran quitarse cualquier prenda de vestir vieja cuyo tejido sea de ira, cólera, maldad, habla injuriosa y habla obscena. (Colosenses 3:5-11.) Se desnudan de "la vieja personalidad" (literalmente: "el hombre viejo") y se visten de "la nueva personalidad" (o: "el hombre nuevo"), una vestidura apropiada. (Efesios 4:22-24, Kingdom Interlinear.) Su nueva prenda de vestir —tejida de compasión, bondad, humildad mental, apacibilidad y gran paciencia— les ayuda a resolver dificultades y a llevar una vida piadosa. (Mateo 5:9; 18:33; Lucas 6:36; Filipenses 4:2, 3.)
5 Frecuentemente los hombres que este mundo considera de éxito son gente dura, hasta cruel. (Proverbios 29:22.) ¡Cuán diferente y refrescante es la situación entre el pueblo de Jehová! La congregación cristiana no funciona como algunos hombres dirigen sus negocios... de manera eficiente, pero dura, que hace infeliz a la gente. Más bien, es un gozo ser parte de la congregación. Una de las razones es que la apacibilidad de genio es un rasgo de la sabiduría que manifiestan los cristianos en general y especialmente hombres capacitados para enseñar a sus compañeros de creencia. Sí, el gozo es producto de la instrucción y el consejo que dan ancianos nombrados que enseñan "con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría". (Santiago 3:13.)
6 El espíritu o actitud dominante del pueblo de Dios requiere que los hombres a quienes se confía superintendencia en la congregación sean de genio apacible, razonables y comprensivos. (1 Timoteo 3:1-3.) Los siervos de Jehová son como ovejas dóciles, no como cabras obstinadas, mulas tercas ni lobos voraces. (Salmo 32:9; Lucas 10:3.) Porque son mansos como ovejas, hay que tratarlos con apacibilidad y ternura. (Hechos 20:28, 29.) Sí, Dios espera que los ancianos sean apacibles, bondadosos, amorosos y pacientes con Sus ovejas. (Ezequiel 34:17-24.)
7 Como "esclavo del Señor", el anciano "tiene necesidad [...] de ser amable para con todos, capacitado para enseñar, manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos; ya que Dios quizás les dé arrepentimiento que conduzca a un conocimiento exacto de la verdad". (2 Timoteo 2:24, 25.) Los pastores cristianos deben mostrar tierna consideración al tratar de ayudar a los que están enfermos en sentido espiritual, pues las ovejas pertenecen a Dios. Los ancianos no deben tratarlas como lo haría un asalariado, sino que tienen que ser de genio apacible, como el Pastor Excelente, Jesucristo. (Juan 10:11-13.)
8 Puede que a veces a un anciano se le haga difícil mantener un espíritu apacible. "Moisés era con mucho el más manso de todos los hombres que había sobre la superficie del suelo." (Números 12:3.) No obstante, cuando los israelitas afrontaron una escasez de agua en Qadés, riñeron con Moisés y lo culparon de conducirlos de Egipto a un desierto árido. Pese a todo lo que había aguantado Moisés con mansedumbre, habló precipitada y ásperamente. Delante del pueblo, él y Aarón dirigieron la atención a sí mismos cuando Moisés dijo: "¡Oigan, ahora, rebeldes! ¿Es de este peñasco de donde les sacaremos agua?". Entonces Moisés golpeó el peñasco dos veces con su vara, y Dios hizo que saliera "mucha agua" para el pueblo y sus animales. No complació a Jehová el que Moisés y Aarón no lo hubieran santificado, así que Moisés no recibió el privilegio de introducir a los israelitas en la Tierra Prometida. (Números 20:1-13; Deuteronomio 32:50-52; Salmo 106:32, 33.)
9 La apacibilidad del anciano cristiano también puede ser sometida a prueba de varias maneras. Por ejemplo, Pablo advirtió a Timoteo que pudiera surgir alguien "hinchado de orgullo" y "mentalmente enfermo sobre cuestiones y debates acerca de palabras". Pablo añadió: "De estas cosas provienen envidia, contienda, discursos injuriosos, sospechas inicuas, disputas violentas acerca de insignificancias por parte de hombres corrompidos de mente y despojados de la verdad". El superintendente Timoteo no debía obrar con dureza, sino que debía 'huir de aquellas cosas' y 'seguir tras la justicia, la devoción piadosa, la fe, el amor, el aguante, la apacibilidad de genio'. (1 Timoteo 6:4, 5, 11.)
10 Aunque los ancianos tienen que ser apacibles, deben ser firmes en cuanto a lo que es correcto. Tito era así, pues recordaba a los que se asociaban con las congregaciones de Creta que 'no hablaran perjudicialmente de nadie, que no fueran belicosos, que fueran razonables, y desplegaran toda apacibilidad para con todos los hombres'. (Tito 3:1, 2.) Para mostrar por qué debían los cristianos ser de genio apacible para con todos, Tito había de señalar cuán bondadoso y amoroso había sido Jehová. Dios no había salvado a los creyentes por actos justos que estos hubieran efectuado, sino según Su misericordia mediante Jesucristo. La apacibilidad y la paciencia de Jehová significan salvación para nosotros también. Por consiguiente, como Tito, los ancianos de nuestros días deben recordar a las congregaciones que estén en sujeción a Dios y Lo imiten mediante tratar a otros con apacibilidad. (Tito 3:3-7; 2 Pedro 3:9, 15.)
La apacibilidad guía al consejero sabio
11 ¿Qué hay si una oveja figurativa ha errado? Pablo dijo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado. Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo". (Gálatas 6:1, 2.) El consejo es más eficaz si se da con espíritu de apacibilidad. Hasta cuando los ancianos tratan de aconsejar a una persona airada, deben desplegar autodominio y comprender que "una lengua apacible misma puede quebrar un hueso". (Proverbios 25:15.) Un comentario apacible puede ablandar a alguien de personalidad tan dura como un hueso, y tal vez se quiebre su dureza.
12 Jehová es un Instructor de genio apacible, y su modo apacible de enseñar es eficaz en la congregación. Esto es particularmente así cuando a los ancianos se les hace necesario aconsejar a personas que requieren ayuda espiritual. El discípulo Santiago escribió: "¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que muestre por su conducta excelente sus obras con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría". La apacibilidad nace del respeto a "la sabiduría de arriba" y de la gratitud por ella, junto con el reconocimiento modesto de las limitaciones de uno mismo. Un espíritu apacible y humilde protege al consejero de hacer comentarios y cometer errores perjudiciales, y contribuye a que su consejo se acepte con mayor facilidad. (Santiago 3:13, 17.)
13 "Una apacibilidad que pertenece a la sabiduría" impide que el consejero sea irreflexivamente franco o áspero. Sin embargo, el preocuparse por la amistad o por tener la aprobación de alguien no debe impulsar al anciano a hacer expresiones que tengan la intención de agradar, en vez de presentar con apacibilidad consejo claro y sincero basado en la Palabra de Dios. (Proverbios 24:24-26; 28:23.) El consejo que Amnón recibió de su primo satisfizo su deseo, pero le costó la vida. (2 Samuel 13:1-19, 28, 29.) Por consiguiente, los ancianos de la actualidad no deben restar fuerza a los principios bíblicos para aliviarle la conciencia a nadie, pues el hacerlo podría poner en peligro la vida de tal persona. Al igual que Pablo, los ancianos no deben retraerse de decir a otros "todo el consejo de Dios". (Hechos 20:26, 27; 2 Timoteo 4:1-4.) El consejero cristiano maduro manifiesta temor piadoso y da consejo justo con una apacibilidad que pertenece a la sabiduría.
14 La apacibilidad y la sabiduría celestial evitan que el anciano haga duras exigencias. Este también debe comprender que es imprudente e impropio que tome una decisión que otra persona debe tomar por sí misma. El anciano sería responsable de las consecuencias si tomara decisiones por otros, y compartiría la culpa por cualquier mal resultado. El anciano puede llamar atención a lo que dice la Biblia, pero si no hay una ley bíblica en cuanto a un asunto, el juicio y la conciencia de la persona misma tienen que determinar lo que ella haga o no haga. Como dijo Pablo: "Cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". (Gálatas 6:5; Romanos 14:12.) Con todo, la persona que pregunta puede recibir ayuda para tomar una decisión correcta si el anciano le hace preguntas que la ayuden a razonar sobre los textos bíblicos relacionados con los diversos derroteros que puede optar por seguir.
15 Si el anciano no sabe la respuesta a una pregunta, no debe contestar solo para salvar las apariencias. La apacibilidad que pertenece a la sabiduría impediría que conjeturara y tal vez diera una respuesta incorrecta que después pudiera causar congoja. Hay "tiempo de callar y tiempo de hablar". (Eclesiastés 3:7; compárese con Proverbios 21:23.) El anciano debe "hablar" solamente cuando sepa la respuesta a una pregunta o haya investigado el asunto lo suficiente como para dar una contestación exacta. Es prudente dejar sin contestar preguntas sobre simples suposiciones. (Proverbios 12:8; 17:27; 1 Timoteo 1:3-7; 2 Timoteo 2:14.)
El valor de una multitud de consejeros
16 La oración y el estudio ayudan a los ancianos a contestar preguntas y a encargarse de problemas difíciles, pero debe recordarse que "en la multitud de consejeros hay logro". (Proverbios 15:22.) El consultar con otros ancianos redunda en un valioso caudal combinado de sabiduría. (Proverbios 13:20.) No todos los ancianos tienen la misma experiencia ni el mismo conocimiento bíblico. Por lo tanto, la apacibilidad que pertenece a la sabiduría debe impulsar al anciano menos experimentado a consultar con ancianos que tengan más conocimiento y experiencia, especialmente cuando un asunto serio necesita atención.
17 Cuando se escoge a varios ancianos para atender un asunto serio, puede que todavía busquen ayuda confidencialmente. Para que le ayudaran a juzgar a los israelitas, Moisés escogió a "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza, que [odiaban] la ganancia injusta". Aunque eran ancianos, no tenían tanto conocimiento ni experiencia como Moisés. En consecuencia, "la causa que fuera difícil se la traían a Moisés, pero toda causa pequeña ellos mismos la manejaban como jueces". (Éxodo 18:13-27.) Por lo tanto, si fuera necesario, sería apropiado que los ancianos que atendieran una causa difícil hoy día buscaran la ayuda de ancianos experimentados, aunque ellos mismos tomen la decisión final.
18 La Misná judía dice que la cantidad de los que componían los tribunales en los pueblos de Israel variaba según la gravedad del caso. Hay verdadero valor en la multitud de consejeros, aunque el número en sí no garantiza la rectitud, pues una mayoría puede equivocarse. (Éxodo 23:2.) Los factores decisivos que aseguran que se tomarán decisiones apropiadas son las Escrituras y el espíritu de Dios. La sabiduría y la apacibilidad impulsarán a los cristianos a someterse a estos.
Testifique con apacibilidad
19 La apacibilidad también ayuda a los siervos de Jehová a testificar a personas de diversas disposiciones. (1 Corintios 9:22, 23.) Porque Jesús enseñaba con apacibilidad, los humildes no le temían como a los líderes religiosos de dura actitud. (Mateo 9:36.) Por supuesto, su apacible modo de obrar atraía a las "ovejas", no a las inicuas "cabras". (Mateo 25:31-46; Juan 3:16-21.) Aunque Jesús usó términos enérgicos al tratar con los hipócritas que eran tercos como cabras, los testigos de Jehová deben ser apacibles cuando declaran los mensajes de juicio de Dios hoy, porque no tienen perspicacia ni autoridad como las de Jesús. (Mateo 23:13-36.) Mientras oyen el mensaje del Reino predicado con apacibilidad, 'los que están correctamente dispuestos para vida eterna se hacen creyentes', como lo hicieron los mansos que oyeron a Jesús. (Hechos 13:48.)
20 Se obtienen buenos resultados al testificar e instruir a otros con apacibilidad y atraerlos sobre la base de la lógica, los principios bíblicos y la verdad. "Santifiquen al Cristo como Señor en su corazón —escribió Pedro—, siempre listos para presentar una defensa ante todo el que les exija razón de la esperanza que hay en ustedes, pero haciéndolo junto con genio apacible y profundo respeto." (1 Pedro 3:15.) El estudiante que recibe instrucción con apacibilidad puede concentrarse en la información en vez de distraerse o posiblemente hasta tropezar porque se le instruye con dureza y espíritu de disputa. Al igual que Pablo, los ministros que instruyen con apacibilidad pueden decir: "De ninguna manera estamos dando causa alguna para tropiezo, para que no se encuentre falta en nuestro ministerio". (2 Corintios 6:3.) Hasta opositores responden a veces favorablemente a los que instruyen con apacibilidad.
Se requiere apacibilidad de todos
21 Uno no debe vestirse de la apacibilidad cristiana solo para impresionar a los que no pertenecen a la organización de Jehová. Esta cualidad también es esencial en las relaciones entre los que componemos el pueblo de Dios. (Colosenses 3:12-14; 1 Pedro 4:8.) Las congregaciones se edifican espiritualmente cuando los ancianos y siervos ministeriales de genio apacible colaboran armoniosamente. El despliegue de apacibilidad y otras cualidades piadosas es importante para cada uno de nosotros los del pueblo de Jehová porque hay "una sola ley" para todos. (Éxodo 12:49; Levítico 24:22.)
22 La apacibilidad contribuye a la paz y la felicidad del pueblo de Dios. Por lo tanto, debe ser parte del tejido de cualidades que componen la prenda de vestir que lleva puesta todo cristiano en el hogar, en la congregación y en otros lugares. Sí; todo siervo de Jehová tiene que vestirse de apacibilidad.

cuando no se ha publicado nada al respecto: w93 15/5 20
¿Qué puede hacer el anciano si la Sociedad no ha publicado nada sobre un problema específico? Debe pedir en oración entendimiento y buscar algunos principios bíblicos que sean aplicables al caso. Puede que también juzgue provechoso sugerir a la persona que pide ayuda que examine el ejemplo de Jesús. El anciano pudiera preguntarle: "Si Jesús, el Gran Maestro, estuviera en su situación, ¿qué cree que haría?". (1 Corintios 2:16.) Es posible que ese razonamiento le ayude a tomar una buena decisión. Pero qué imprudente sería que el anciano emitiera una simple opinión personal como si fuera consejo sólido de las Escrituras. Los ancianos pueden analizar juntos los problemas difíciles de resolver. Hasta pudieran presentar los asuntos de importancia en una reunión de ancianos. (Proverbios 11:14.) Las decisiones que se tomen permitirán que todos ellos hablen de acuerdo. (1 Corintios 1:10.)
discreción: si 231
14 Esta carta suministra un modelo excelente de consejo discreto y amoroso en la congregación cristiana. Aunque los hermanos tesalonicenses eran celosos y fieles, ciertos asuntos necesitaban corrección. No obstante, en cada caso Pablo encomia a los hermanos por sus buenas cualidades. Por ejemplo, al advertir contra la inmundicia moral, primero los encomia por andar con el fin de agradar a Dios y luego los insta a hacerlo "más plenamente", mientras cada uno conserva su vaso en santificación y honra. Entonces, después de encomiarlos por su amor fraternal, los exhorta a seguir tal proceder "en medida más plena", ocupándose en sus propios asuntos y llevando vidas decentes ante los de afuera. Con discreción Pablo indica a sus hermanos que 'sigan tras lo que es bueno los unos para con los otros y para con todos los demás' (4:1-7, 9-12; 5:15).
equilibrarlo con expresiones de aprecio: w97 1/8 17, 18
13 En la congregación cristiana, los ancianos y los superintendentes viajantes llevan la delantera en lo que respecta a apreciar a cada miembro individual del rebaño de Dios. La suya es una posición difícil, pues también tienen la grave responsabilidad de disciplinar en justicia, reajustar con espíritu de apacibilidad a los que yerran y ofrecer consejo firme a los que lo necesitan. ¿Cómo equilibran estas diferentes responsabilidades? (Gálatas 6:1; 2 Timoteo 3:16.)
14 El ejemplo de Pablo es de gran ayuda. Él fue un maestro, un anciano y un pastor sobresaliente. Tuvo que tratar con congregaciones que tenían problemas graves, y no se retrajo por temor de dar el consejo firme que se requería. (2 Corintios 7:8-11.) Un repaso del ministerio de Pablo indica que utilizó la reprensión moderadamente, solo cuando la situación lo requería o aconsejaba. De este modo demostró sabiduría piadosa.
15 Si se compara el ministerio del anciano ante la congregación con una pieza musical, la reprensión y la reprimenda serían como una sola nota que armoniza en el conjunto. Esta nota está bien en su debido lugar. (Lucas 17:3; 2 Timoteo 4:2.) Pero imagínese una canción que solo contuviera esa nota, repetida una y otra vez. Pronto nos molestaría al oído. De modo similar, los ancianos cristianos intentan dar una enseñanza completa y variada. No la limitan a corregir problemas, sino que su tono general es positivo. Al igual que Jesucristo, los ancianos amorosos buscan primero lo bueno para dar encomio, no las faltas para criticar. Aprecian el trabajo arduo que hacen sus compañeros cristianos. Tienen la confianza de que, en general, cada uno está haciendo todo lo que puede para servir a Jehová. Y los ancianos siempre están dispuestos a expresar este sentimiento con palabras. (Compárese con 2 Tesalonicenses 3:4.)
16 Sin lugar a dudas, la mayoría de los cristianos a quienes Pablo sirvió sentían que él los apreciaba y compartía sus sentimientos como compañero. ¿Cómo lo sabemos? Veamos lo que sentían por Pablo. No lo temían, aunque poseía mucha autoridad. Por el contrario, Pablo era una persona amada y abordable. En una ocasión, cuando se marchó de una región, los ancianos "se echaron sobre el cuello de Pablo y lo besaron tiernamente". (Hechos 20:17, 37.) Los ancianos, y todos nosotros, debemos estar muy agradecidos de tener el ejemplo de Pablo para imitarlo. Sí, apreciémonos unos a otros.
evitar la parcialidad: w89 1/11 5
Por eso, los que hoy sirven de ancianos en la congregación no deben permitir que la amistad ni las relaciones familiares perviertan su juicio. Por dar franca o derechamente el consejo necesario, los ancianos se ganarán el respeto de la congregación.
Guárdese de abusar del poder
"El temor de Jehová significa odiar lo malo. El propio ensalzamiento y el orgullo y el mal camino y la boca perversa he odiado." (PROVERBIOS 8:13.)
EL ABUSO egoísta del poder sin duda figura entre las cosas que Jehová Dios odia. Su Palabra nos aconseja contra esta tendencia del ser humano imperfecto, pues él conoce el corazón humano. En ella leemos: "El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo? Yo, Jehová, estoy escudriñando el corazón, examinando los riñones, aun para dar a cada uno conforme a sus caminos, conforme al fruto de sus tratos". (Jeremías 17:9, 10.)
2 Es con buena razón que la Palabra de Dios nos advierte en contra del abuso del poder. Es tal la tendencia a usar mal o abusar del poder que un erudito inglés hizo la siguiente observación: "El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe completamente". También dijo: "Entre todas las causas que hacen que los hombres se degraden y desmoralicen, el poder es la más constante y la más activa". Por supuesto, el poder no tiene necesariamente una influencia corruptora, como pudimos notar en el artículo anterior, pero existe ese peligro.
3 ¿Quién tiene que evitar el abuso del poder? ¡Prácticamente toda persona! En casi toda relación humana hay situaciones en que una persona tiene ventaja sobre otras debido a riqueza, conocimiento, fuerza física, posición, atractivo físico, y así por el estilo. Mientras mayor sea esa ventaja, mayor será la tentación de usarla egoístamente. ¿Por qué? Porque "la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud". (Génesis 8:21.) Sí, el corazón humano imperfecto es "traicionero", engañoso o tortuoso y de inclinación maligna. (Jeremías 17:9.)
Ancianos cristianos
4 Para comenzar, considere el caso de los ancianos, los superintendentes de la congregación cristiana. Cuando pensamos en sus cualificaciones, podemos recordar las palabras de Jetró a Moisés con relación a escoger hombres para que estuvieran sobre millares, centenas, cincuentenas y decenas: "Pero tú mismo debes seleccionar de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza, que odien la ganancia injusta". (Éxodo 18:21.) A tales hombres se les podía confiar la superintendencia. No abusarían de las ventajas que vienen junto con el puesto de superintendente, puesto que el temor de Dios significa odiar la maldad. Tales hombres realmente 'odiarían la ganancia injusta' en vez de procurarla o amarla.
5 El apóstol Pedro era consciente del peligro del abuso del poder por parte de los ancianos y, por eso, dio el siguiente consejo a los superintendentes de la congregación cristiana: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño". (1 Pedro 5:2, 3.) Pastorear el rebaño de Dios para obtener ganancia falta de honradez sería abusar del poder. Así mismo, el enseñorearse sobre el rebaño sería aprovecharse egoístamente del poder que uno tiene. Por ejemplo, un anciano quizás tenga una opinión definida sobre cómo debe vestir su familia. Pero debe ejercer cautela de no tratar de imponer su punto de vista personal al rebaño; el hacer eso sería enseñorearse de ellos.
6 A menos que los ancianos sean cuidadosos, estos pudieran hacerse culpables de nepotismo, lo cual también sería abusar del poder. ¿Nepotismo? Sí, este es un término que proviene de una palabra latina que significa "sobrino". Se creó este término debido a la notoria costumbre de los papas y otros funcionarios de la iglesia de conceder favores religiosos y materiales a sus parientes y en particular a los hijos de sus hermanos y hermanas. Al papa Nicolás III incluso se le conoció como "el patriarca del nepotismo papal". A menos que los ancianos cristianos sean muy cuidadosos, pudieran dejarse influenciar indebidamente por lazos familiares más bien que por principios espirituales. Un anciano estaba convencido de que a su hijo se le debería recomendar como superintendente a pesar de que el resto de los ancianos no estaba de acuerdo. Por ello, el padre se mudó a otra congregación. Años más tarde, el hijo aún no era anciano. Evidentemente, el padre había dejado que la relación familiar le influyera.
7 Otra manera nepotista de abusar del poder se presenta cuando los ancianos no actúan ante los males cometidos por sus parientes. (Compárese con 1 Samuel 2:22-25, 30-35.) Hace unos años, en ciertas congregaciones de la región central de los Estados Unidos se presentó una situación escandalosa de mala conducta. Recientemente esta misma situación se desarrolló en ciertas congregaciones de Europa. Muchos jóvenes se envolvieron en fornicación, uso de drogas y cosas semejantes. De estos, no pocos eran hijos de ancianos, algunos de los cuales aparentemente toleraron el mal comportamiento de sus hijos. Cuando los hechos salieron a la luz, varios de esos ancianos fueron removidos debido al mal uso que dieron a sus prerrogativas como ancianos, o más específicamente, debido a que no usaron su autoridad debidamente.
8 A veces, parece que existe una tendencia a seguir esta misma línea de conducta cuando un anciano o siervo ministerial dirige una parte de la reunión que requiere participación del auditorio. Tiene que cuidarse de no ser parcial. Los miembros de su familia pueden cooperar por medio de estar alerta a ofrecer comentarios cuando otros no contestan y no estar demasiado ansiosos de comentar cuando muchos otros se ofrecen voluntariamente para hacerlo.
Superintendentes viajantes
9 Los cristianos en puestos de responsabilidad, en particular los superintendentes viajantes que representan a la Sociedad Watch Tower, deben tener cuidado de no llegar a ser culpables, ya sea voluntaria o involuntariamente, de lo que se conoce como simonía. El término proviene del Simón que se menciona en Hechos 8:9-24, quien ofreció a los apóstoles dinero a cambio del don de poder impartir espíritu santo por medio de la imposición de las manos. Lucas registra lo siguiente: "Pedro le dijo: 'Perezca tu plata contigo, porque pensaste conseguir posesión de la dádiva gratuita de Dios mediante dinero. No tienes tú ni parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto a vista de Dios. Arrepiéntete, por lo tanto, de esta maldad tuya, y ruega intensamente a Jehová que, si es posible, se te perdone el proyecto de tu corazón'". Esta también fue una práctica notoria entre los representantes de la Iglesia Católica Romana en épocas pasadas. Una enciclopedia informa que "este delito se hizo muy común en la Iglesia durante los siglos XI y XII".
10 Pero, ¿cómo pudieran siervos de Jehová pecar en lo que a esto respecta? A menos que tengan mucho cuidado, pudieran inclinarse a recomendar a un anciano para que se le dé una asignación en la asamblea de circuito o el programa de la asamblea de distrito debido a la excelente hospitalidad o a los regalos generosos que hayan recibido de él. De hecho, ha habido casos en que un anciano ha dado regalos generosos y al mismo tiempo ha traído a colación la posibilidad de recibir algún privilegio especial. Parece que tales personas no se contentaban con portarse como "uno de los menores", dejando que el espíritu santo motivara a aquellos en puestos de responsabilidad a hacer nombramientos teocráticos. (Lucas 9:48.) Bajo tales circunstancias no se han aceptado dichos regalos, dándose de esta manera un ejemplo excelente de no abusar del don del poder. ¡Todos estos ejemplos muestran lo cuidadosos que deben ser los ancianos prominentes para evitar la mancha de la simonía!
11 Además, en ocasiones quizás sea necesario que un ministro viajante le dé consejo firme a un anciano. Pero si repetidas veces el ministro viajante ha recibido regalos o ha disfrutado de la hospitalidad de ese anciano, quizás halle difícil darle consejo directo. ¿Impedirán las consideraciones egoístas que este hermano cumpla con su responsabilidad de dar el consejo necesario? ¿Pondrá él los intereses espirituales de sus hermanos por delante de los beneficios materiales personales? Sí, ¿tratará él de agradar a Dios o a los hombres? (Gálatas 1:10.)
En el círculo familiar
12 Dentro del círculo familiar también existe la necesidad de que cada uno de sus miembros esté en guardia para no abusar de sus ventajas o poder. Un esposo, ya sea por el hecho de ser el cabeza del hogar, por motivo de su mayor fuerza física o porque es el que provee el sustento, tal vez actúe de manera arbitraria, egoísta, insensible, carente de empatía. El apóstol Pablo enfatiza enérgicamente el hecho de que las esposas deben estar en sujeción a sus esposos. A su vez, dice a los esposos que deben amar a su esposa tal como aman a su propio cuerpo y deben estar dispuestos a morir por ella, así como Cristo murió por la congregación cristiana. (Efesios 5:25-33.) Tal consejo debería servir de restricción contra el abuso del poder o las ventajas de un esposo. El apóstol Pedro, después de aconsejar a las esposas a que estén en sujeción a sus esposos, da la siguiente admonición a estos: "Ustedes, esposos, continúen morando con ellas de igual manera, de acuerdo con conocimiento, asignándoles honra como a un vaso más débil, el femenino, puesto que ustedes también son herederos con ellas del favor inmerecido de la vida, a fin de que sus oraciones no sean estorbadas". Sí, los esposos deben usar su autoridad debidamente si quieren tener una buena relación con Jehová Dios. (1 Pedro 3:7.)
13 Se ha dicho que el cónyuge que más ama está a merced del que menos ama. Parece haber algo de cierto en esto. Las esposas, por lo general, aman de manera más profunda que los esposos —para ellas el amor es más importante— y muchos esposos se aprovechan egoístamente de esto. Por otra parte, se sabe que hay esposas que rehúsan rendir el débito conyugal cuando no se satisfacen sus deseos. Algunas esposas incluso han rehusado por completo dar el débito conyugal. Es triste decirlo, pero a veces esto ha contribuido a que el esposo cometa adulterio. El no prestar atención al consejo de Pablo en 1 Corintios 7:3-5 es también una manera egoísta de abusar del poder.
14 El hecho de que los hijos deben obedecer a sus padres en unión con el Señor les da a los padres, y en particular al padre, poder sobre ellos. ¿Cómo emplearán ellos este poder? ¿Lo harán de manera desconsiderada, sin sentimiento y sin empatía? Muchos padres mundanos, e incluso algunas madres, hacen precisamente eso, dando así un aumento al "síndrome del maltrato de niños". De acuerdo con la revista World Health, de enero⁄febrero de 1984, "en toda sociedad hay niños maltratados", y "parece que en la actualidad hay una cantidad cada vez mayor de niños maltratados, explotados, golpeados o abandonados, sin excluir ninguna parte del mundo". Otro informe nos dice que en los Estados Unidos el abuso de menores se ha duplicado en los últimos diez años. De seguro, todo esto es un abuso del poder. Aun un padre cristiano, quien nunca pensaría en maltratar a su hijo, pudiera hacerse culpable de alguna clase de abuso de menores. Por el consejo de Pablo se puede ver a qué nos referimos: "Padres, no estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová". "Padres, no estén exasperando a sus hijos, para que ellos no se descorazonen." (Efesios 6:4; Colosenses 3:21.)
15 Aunque parezca extraño a primera vista, los niños pueden, también, hacerse culpables del abuso de poder. ¿En qué sentido? Los niños pueden hacer que sus padres actúen en contra de su propio juicio sano debido al afecto que les tienen. Un niño, sabiendo que merece que se le castigue, puede llorar con tanta lástima que su madre no se atreva a administrar el castigo que se merece. Una mujer de éxito en las finanzas se jacta de su habilidad para manipular a los clientes diciendo: "Las mujeres nacen con esta habilidad. Usted debería ver cómo mi hija manipula a su padre".
16 En un informe de un periódico se dijo: "Hay un aumento alarmante en la cantidad de 'niños embriagados por el poder' en América del Norte, que dominan y manipulan la vida de sus padres". Sin embargo, el remedio no está en aconsejar a los niños, sino a los padres. Los padres deben mostrar ante los hijos que ellos están unidos. Los jovencitos notan rápidamente la desunión entre los padres y hacen que uno de los padres se ponga en contra del otro para obtener lo que ellos desean. Los padres también deben ser firmes en cuanto a lo que es correcto y a la vez asegurar a sus hijos que los aman. Los padres cristianos disciplinan a sus hijos por amor, al igual que lo hace Jehová. (Hebreos 12:5, 6.)
En otras relaciones
17 La relación entre patrono y empleado también presenta tentaciones para el abuso del poder. Teniendo esto presente, Pablo aconsejó lo siguiente a los dueños de esclavos, quienes en cierto modo corresponden a los patronos del día moderno, supervisores y jefes: "Ustedes, amos [...] dejen de usar de amenazas, porque ustedes saben que el Amo tanto de ellos como de ustedes está en los cielos, y con él no hay parcialidad". (Efesios 6:9; Colosenses 4:1.) Los cristianos que supervisan asuntos seglares deberían evitar abusar del poder. Se pudiera mencionar a Boaz como una persona que tuvo excelentes relaciones con los que trabajaban para él. (Rut 2:4.)
18 Solamente por mencionar otro aspecto en el cual los cristianos deben evitar el abuso del poder, está el asunto de la atracción sexual. La naturaleza propia de las hermanas jóvenes inclina a muchas de ellas a querer casarse y tener hijos. En consecuencia, a veces los hermanos hallan fácil el jugar con los sentimientos de las hermanas. Esto ciertamente es un abuso del poder. Pablo aconsejó a Timoteo a que 'tratara a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad'. Por otra parte, a las mujeres cristianas se les aconseja que "se adornen en vestido bien arreglado, con modestia y buen juicio". Sea que estén casadas o solteras ellas deben desplegar una "conducta casta". (1 Timoteo 2:9; 5:2; 1 Pedro 3:2.)
19 Nuestra literatura bíblica ha tratado mucho acerca de cómo los cristianos son guiados por sabiduría divina, de cómo ejercer justicia en todos nuestros tratos y sobre el ser motivados por amor basado en principios, amor agape. Lo antes mencionado muestra que todos los siervos de Jehová también deben interesarse en la cualidad, atributo, o posesión del poder. Nunca deberían abusar de él, sino usarlo siempre correctamente. En verdad, la Palabra de Dios muestra la sabiduría divina de los consejos que da tocante a este tema. Al prestar atención cuidadosa a estos consejos honraremos el nombre de Jehová, seremos una bendición para otros y ganaremos la aprobación de Dios.

exhortación: be 265-267
exhortar sobre la base del amor: w92 15/4 24, 25

Lección 52
Exhortación eficaz
¿Qué implica?
Incitar a los oyentes a actuar mediante razonamientos convincentes o mediante consejos extraídos de una fuente respetada. Para ello es necesario hablar con el corazón.
¿POR QUÉ ES IMPORTANTE?
Convence al auditorio de la necesidad de seguir sin demora un proceder que cuente con la aprobación de Jehová.
LOS ancianos cristianos han de ser capaces de "exhortar por la enseñanza que es saludable", a veces ante situaciones muy difíciles (Tito 1:9). Como es fundamental que lo hagan en conformidad con las directrices bíblicas, tienen que prestar atención al consejo: "Continúa aplicándote [...] a la exhortación" (1 Tim. 4:13). Aunque la presente lección está destinada principalmente a los superintendentes y a quienes intentan alcanzar este privilegio, pautas similares son aplicables también en otros casos, como cuando los padres exhortan a sus hijos, y los que dirigen estudios bíblicos, a sus estudiantes.
Situaciones en las que se hace necesario exhortar. Conviene examinar algunas de las exhortaciones que se mencionan en la Biblia, pues nos ayudarán a determinar en qué situaciones es preciso hacerlas. El apóstol Pedro instó a los ancianos a cumplir con su deber como pastores del rebaño de Dios (1 Ped. 5:1, 2). Pablo, por su parte, recomendó a Tito que exhortara a los hombres de menos edad a ser "de juicio sano" (Tito 2:6). También pidió a sus hermanos cristianos que 'hablaran de acuerdo' y que evitaran a quienes intentaban causar divisiones entre ellos (1 Cor. 1:10; Rom. 16:17; Fili. 4:2). A los miembros de la congregación de Tesalónica los encomió por sus buenas obras, pero les recalcó que debían aplicar aún en mayor grado la instrucción recibida (1 Tes. 4:1, 10). Pedro rogó asimismo a sus compañeros que "[siguieran] absteniéndose de los deseos carnales" (1 Ped. 2:11). Judas animó a los hermanos a que "luch[aran] tenazmente por la fe", debido a la influencia de hombres impíos que se entregaban a la conducta relajada (Jud. 3, 4). A los cristianos en general se les aconsejó que se exhortaran los unos a los otros para que a ninguno lo endureciera el poder engañoso del pecado (Heb. 3:13). Por último, Pedro instó a los judíos que todavía no tenían fe en Cristo con las palabras: "Sálvense de esta generación torcida" (Hech. 2:40).
En situaciones como las anteriores, ¿qué cualidades se requieren a fin de incitar con urgencia a la acción? ¿Cómo lograr este objetivo sin resultar dominante o áspero?
"Sobre la base del amor." La exhortación que no se hace "sobre la base del amor" puede sonar dura (File. 9). Es cierto que cuando hay que actuar con urgencia, el orador debe reflejarlo en la forma de hablar; si su voz es muy suave, tal vez dé la impresión de que está pidiendo disculpas. Pero al mismo tiempo debe expresarse con sinceridad y sentimiento, ya que los consejos ofrecidos en un tono afectuoso motivan más al auditorio. Refiriéndose a sí mismo y sus compañeros, Pablo dijo a los tesalonicenses: "Bien saben que, como un padre hace con sus hijos, nosotros seguimos exhortando a cada uno de ustedes" (1 Tes. 2:11). Así como el amor impulsó a aquellos superintendentes cristianos a exhortar a sus hermanos, así también el interés genuino debe impulsarlo a usted cuando se dirija a sus oyentes.
Hable con tacto; no se gane la antipatía de aquellos a los que desea inducir a actuar. Pero tampoco se retraiga de comunicarles "todo el consejo de Dios" (Hech. 20:27). Las personas agradecidas no se ofenderán ni lo querrán menos porque las inste con amabilidad a hacer lo correcto (Sal. 141:5).
Antes de dirigir una exhortación a los hermanos, a menudo conviene encomiarlos de manera específica y sincera. Piense en sus buenas obras, que sin duda complacen a Jehová, tales como la fe que manifiestan en su labor, el amor que los impulsa a esforzarse y el aguante que mantienen ante situaciones difíciles (1 Tes. 1:2-8; 2 Tes. 1:3-5). Así verán que usted los entiende y valora, lo cual los predispondrá favorablemente para el consejo que les dará a continuación.
"Con toda gran paciencia." La exhortación ha de hacerse "con toda gran paciencia" (2 Tim. 4:2). ¿Qué implica esta virtud? Entre otras cosas, soportar con entereza el mal o las provocaciones. Quien posee gran paciencia no pierde la esperanza de que los oyentes pongan en práctica lo que se les dice. Cuando se exhorta a los hermanos con dicha actitud, estos no piensan que se espera lo peor de ellos. La confianza del orador en que desean servir a Jehová lo mejor que puedan los impele a hacer lo bueno (Heb. 6:9).
"Por la enseñanza que es saludable." ¿Cómo puede un anciano "exhortar por la enseñanza que es saludable"? "[Adhiriéndose] firmemente a la fiel palabra en lo que toca a su arte de enseñar." (Tito 1:9.) En lugar de expresar sus opiniones personales, permita que la fuerza de su exhortación provenga de la Palabra de Dios y que esta lo ayude a determinar qué decir. Enumere los beneficios de seguir el consejo de la Biblia sobre el tema en cuestión. Tenga muy presentes las consecuencias, tanto actuales como futuras, de desobedecer la Palabra de Dios y utilícelas para convencer al auditorio de la necesidad de obrar correctamente.
Esfuércese por explicar con claridad a sus oyentes qué deben hacer y de qué manera, y por dejar bien sentado que su razonamiento tiene una sólida base bíblica. Si las Escrituras conceden cierto margen de libertad a la hora de tomar una decisión, indique cuáles son los límites. Al concluir su discurso, dé una exhortación final que fortalezca la determinación del auditorio a actuar.
Con "franqueza de expresión". Para exhortar con eficacia, es indispensable tener "franqueza de expresión en la fe" (1 Tim. 3:13). ¿Qué permite a una persona expresarse con tal libertad? El hecho de que su "ejemplo de obras excelentes" armonice con lo que anima a los hermanos a hacer (Tito 2:6, 7; 1 Ped. 5:3). Cuando así ocurre, los oyentes se dan cuenta de que el orador no les pide que hagan nada que él mismo no esté haciendo. Concluyen que pueden imitar su fe, tal como él trata de imitar a Cristo (1 Cor. 11:1; Fili. 3:17).
Cuando se incita a la acción con un espíritu de amor y basándose en la Palabra de Dios, se puede lograr mucho beneficio. Aquellos a quienes compete dar tal exhortación deben poner todo su empeño en hacerlo bien (Rom. 12:8).
CÓMO EXHORTAR CON EFICACIA
Exprésese con amor, gran paciencia y sinceridad.
Base su exhortación en la Palabra de Dios.
Respalde sus palabras con una conducta ejemplar.
EJERCICIO: Lea la carta del apóstol Pablo a Filemón y localice los siguientes elementos: 1) el encomio afectuoso, 2) la base de la exhortación a favor de Onésimo, 3) el razonamiento que utiliza Pablo para convencer a Filemón de que debe recibir bien a su esclavo cuando este regrese y 4) la confianza que expresa el apóstol en que Filemón actuará correctamente. Analice cómo puede imitar este ejemplo al hacer exhortaciones.

Lecciones para los cristianos hoy día
En el libro de Filemón abundan las lecciones prácticas para los cristianos hoy día. En primer lugar, nos recuerda que necesitamos ser perdonadores, aun cuando un compañero de creencia nos haya agraviado seriamente. "Si perdonan a los hombres sus ofensas —dijo Jesucristo—, su Padre celestial también los perdonará a ustedes." (Mateo 6:14.)
En particular los que ocupan posiciones de autoridad dentro de la congregación cristiana en la actualidad pueden beneficiarse del libro de Filemón. Es digno de mención que Pablo se abstuvo de usar su autoridad apostólica para ordenar a Filemón que hiciera lo que es propio. Además, Pablo no exigió que a Onésimo se le dejara permanecer en Roma al servicio de Pablo. Respetó los derechos de propiedad de otros. También comprendió que, aunque tratar el asunto de manera autoritaria pudiera haber redundado en obediencia, sería mejor que Filemón obrara de todo corazón. Hizo un llamamiento basado en el amor para obtener una respuesta sincera.
Por consiguiente, los ancianos cristianos hoy día nunca deben 'enseñorearse de los que son la herencia de Dios' mediante abusar de su poder o por tratar al rebaño de manera autoritaria y muy dura. (1 Pedro 5:1-3.) Jesús dijo: "Ustedes saben que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes". (Mateo 20:25, 26.) Los superintendentes hallan por lo general que los miembros del rebaño responden mucho mejor a llamamientos amorosos que a órdenes. Los deprimidos aprecian a los superintendentes que bondadosamente apartan tiempo para escuchar sus problemas y aconsejarlos de modo comprensivo.
La carta de Pablo también recuerda a los ancianos el valor del encomio y la discreción. Él empieza por reconocer que 'los tiernos cariños de los santos fueron refrescados por medio de' Filemón (versículo 7). Sin duda ese encomio sincero puso a Filemón en un estado de ánimo más receptivo. Del mismo modo, hoy día a menudo el consejo se puede amortiguar con encomio afectuoso y sincero. Y tal consejo no debe ser brusco ni indiscreto, sino que debe estar bien 'sazonado con sal' para que al oyente le sea más aceptable. (Colosenses 4:6.)
Además, el apóstol Pablo manifestó confianza en que Filemón haría lo correcto, al decir: "Confiando en tu anuencia, te escribo, pues sé que harás aún más de las cosas que digo" (versículo 21). Ancianos, ¿manifiestan ustedes confianza como esa en sus compañeros cristianos? ¿No los ayuda esto a ellos a querer hacer lo correcto?

no aconsejar a solas a una hermana: w93 15/2 15; w93 15/5 21, 22; w91 15/11 21, 22; w89 15/9 13
En los países desarrollados, algunos han caído en la trampa de Satanás al estar a menudo con alguien del sexo opuesto sin una tercera persona presente, como el estar regularmente a solas en el automóvil con la persona que le enseña a conducir. Al hacer visitas de pastoreo, los ancianos también deben tener cuidado de no aconsejar a una hermana a solas. Las emociones pudieran intensificarse durante esas conversaciones y resultar en una situación embarazosa para ambos. (Compárese con Marcos 6:7; Hechos 15:40.)
13 Las circunstancias que se han mencionado han llevado a algunos cristianos a bajar la guardia y cometer actos inmorales. Tal como ocurrió en el siglo primero, han permitido que se les 'provoque y se les cautive por sus propios deseos carnales', y eso los ha conducido al pecado. (Santiago 1:14, 15; 1 Corintios 5:1; Gálatas 5:19-21.)

Pastoreen el rebaño de Dios de buena gana
"Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana." (1 PEDRO 5:2.)
JEHOVÁ pastorea a su pueblo de buena gana. (Salmo 23:1-4.) "El pastor excelente", Jesucristo, entregó de buena gana su vida humana perfecta en favor de las personas semejantes a ovejas. (Juan 10:11-15.) Por eso, el apóstol Pedro exhortó a los ancianos cristianos a 'pastorear el rebaño de Dios de buena gana'. (1 Pedro 5:2.)
2 El deseo de servir es una característica de los siervos de Dios. (Salmo 110:3.) Pero no es lo único que se requiere para que un cristiano sea nombrado superintendente, o subpastor. ¿Quiénes reúnen los requisitos para ser pastores? ¿Qué requiere su labor? ¿Cuál es la mejor manera de desempeñar esta obra?
Preside su casa
3 Antes de que a un varón se le asigne a "un puesto de superintendente", tiene que satisfacer los requisitos bíblicos. (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9.) En primer lugar, el apóstol Pablo dijo que el superintendente debe ser un "hombre que presida su propia casa excelentemente, que tenga hijos en sujeción con toda seriedad". Pablo explica la razón de ser de este requisito: "Si de veras no sabe algún hombre presidir su propia casa, ¿cómo cuidará de la congregación de Dios?". (1 Timoteo 3:4, 5.) Cuando Tito fue a nombrar ancianos en las congregaciones de la isla de Creta, se le mandó que buscara a 'hombres libres de acusación, esposos de una sola mujer, que tuvieran hijos creyentes no acusados de disolución, ni ingobernables'. (Tito 1:6.) Sí, tiene que tomarse en cuenta cómo atiende el cristiano a su familia al determinar si reúne los requisitos para asumir la responsabilidad más pesada de pastorear la congregación.
4 Los hombres que presiden su casa de manera excelente hacen más que orar y estudiar la Biblia regularmente con su familia. Siempre están listos para ayudar a sus seres queridos. En el caso de los padres, esta responsabilidad empieza el día en que nace la criatura. Los padres cristianos saben que si se adhieren desde el principio a un buen programa diario de actividades cristianas, el pequeño pronto se acostumbrará. La buena dirección del padre cristiano en estas circunstancias reflejará si reúne los requisitos para ser anciano. (Efesios 5:15, 16; Filipenses 3:16.)
5 Al presidir su casa, el padre cristiano concienzudo presta atención al consejo de Pablo: "No estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová". (Efesios 6:4.) Estudiar la Biblia regularmente con la familia —esposa e hijos— presenta buenas oportunidades para instruir con amor. Así los hijos reciben "disciplina", es decir, instrucción correctiva. Y la "regulación mental" resultante ayuda a los hijos a percatarse de cómo ve Jehová los asuntos. (Deuteronomio 4:9; 6:6, 7; Proverbios 3:11; 22:6.) En el ambiente relajado de esta reunión espiritual, el padre escucha con cariño y atención mientras hablan sus hijos. Plantea con bondad preguntas guiadoras para que expresen abiertamente sus preocupaciones y actitudes. El padre no supone que sabe todo lo que piensan sus hijos. En realidad, "cuando alguien responde a un asunto antes de oírlo, eso es tontedad de su parte y una humillación", dice Proverbios 18:13. La mayoría de los padres se dan cuenta de que las situaciones que sus hijos afrontan hoy difieren mucho de aquellas a las que se enfrentaron ellos cuando eran jóvenes. Por consiguiente, el padre se esforzará por enterarse del trasfondo y los detalles del problema antes de decir cómo debería tratarse. (Compárese con Santiago 1:19.)
6 ¿Qué hacemos cuando nos enteramos de los problemas, inquietudes y actitudes de nuestros hijos? El padre que preside excelentemente consulta las Escrituras, que son 'provechosas para enseñar, para censurar, para rectificar las cosas, para disciplinar en justicia'. Enseña a sus hijos a aplicar las normas inspiradas de la Biblia. De este modo los hijos jóvenes llegan a ser 'enteramente competentes y a estar completamente equipados para toda buena obra'. (2 Timoteo 3:16, 17; Salmo 78:1-4.)
7 Los jóvenes piadosos se enfrentan a la presión de los compañeros de clase mundanos. ¿Cómo pueden los padres cristianos calmar los temores de sus hijos? Una manera es orando regularmente con ellos y por ellos. Así, cuando afronten situaciones difíciles, es muy probable que manifiesten la misma confianza en Dios que tienen sus padres. Una joven de 13 años a la que se entrevistó antes de bautizarse en símbolo de su dedicación a Dios dijo que sus compañeros de clase se habían burlado de ella y la habían maltratado. Cuando defendió su creencia bíblica sobre la santidad de la sangre, algunas jóvenes la golpearon y le escupieron. (Hechos 15:28, 29.) ¿Se desquitó? No. "Seguí pidiendo en oración a Jehová que me ayudara a mantenerme calmada —explicó—. También recordé que mis padres me habían enseñado en el estudio de familia que era necesario mantenerse reprimido bajo lo malo." (2 Timoteo 2:24.)
8 El anciano que no tenga hijos también puede proveer debidamente en sentido espiritual y material para los de su casa, como por ejemplo su cónyuge y tal vez familiares cristianos que vivan en su hogar. (1 Timoteo 5:8.) De modo que presidir excelentemente es uno de los requisitos que tiene que satisfacer el hombre que es nombrado para asumir responsabilidades como anciano de congregación. Ahora bien, ¿cómo deben ver los ancianos nombrados sus responsabilidades privilegiadas en la congregación?
Preside "con verdadera solicitud"
9 En el siglo I E.C., el apóstol Pablo fue mayordomo en la casa de Dios, la congregación cristiana bajo la jefatura de Cristo. (Efesios 3:2, 7; 4:15.) Como tal, exhortó a sus compañeros de creencia de Roma: "Puesto que tenemos dones que difieren según la bondad inmerecida que se nos ha dado, si es profecía, profeticemos según la proporción de fe que se nos haya dado; o un ministerio, ocupémonos en este ministerio; o el que enseña, ocúpese en su enseñanza; o el que exhorta, ocúpese en su exhortación; el que distribuye, hágalo con liberalidad; el que preside, hágalo con verdadera solicitud; el que muestra misericordia, hágalo con alegría". (Romanos 12:6-8.)
10 Pablo recordó a los tesalonicenses: "Como un padre hace con sus hijos, nosotros seguimos exhortando a cada uno de ustedes, y confortándolos y dándoles testimonio, a fin de que siguieran andando de una manera digna de Dios, que los llama a su reino y gloria". (1 Tesalonicenses 1:1; 2:11, 12.) La exhortación se había dado de una manera tan tierna y amorosa que Pablo pudo escribir: "Nos hicimos amables en medio de ustedes, como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos. Así, teniéndoles tierno cariño, nos fue de mucho agrado impartirles, no solo las buenas nuevas de Dios, sino también nuestras propias almas, porque ustedes llegaron a sernos amados". (1 Tesalonicenses 2:7, 8.) En conformidad con el ejemplo paternal de Pablo, los ancianos leales se interesan profundamente en toda la congregación.
11 La ternura y el deseo de servir tienen que caracterizar la superintendencia amorosa de nuestros fieles pastores cristianos. Su comportamiento dice mucho acerca de sí mismos. Pedro aconseja a los ancianos que pastoreen el rebaño de Dios "no como obligados" ni "por amor a ganancia falta de honradez". (1 Pedro 5:2.) A este respecto, el erudito William Barclay advierte: "Algunos aceptan un puesto de autoridad y rinden servicio con la actitud de que es un deber desagradable, agotador y una carga que se debe desdeñar. Es muy probable que se le pida a un hombre que desempeñe un trabajo, y que lo cumpla, pero que lo realice de una manera tan descortés que echa a perder todo lo hecho [...]. Pero [Pedro] dice que todo cristiano debe tener el deseo de rendir ese servicio con temblor, aunque sepa muy bien que es indigno de rendirlo".
Pastores que sirven de buena gana
12 Pedro también insta: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia [...] de buena gana". El superintendente cristiano que cuida de las ovejas lo hace de buena gana, por su propia voluntad, bajo la dirección del Pastor Excelente, Jesucristo. Servir de buena gana también significa que el pastor cristiano se somete a la autoridad de Jehová, 'el pastor y superintendente de nuestras almas'. (1 Pedro 2:25.) El subpastor cristiano respeta de buena gana el orden teocrático. Muestra ese respeto cuando dirige a la Palabra de Dios, la Biblia, a los que buscan consejo. Aunque la experiencia hará que el anciano cuente con un caudal de consejo bíblico, no significa que tiene a la mano la solución bíblica a todos los problemas. Incluso cuando sabe la respuesta a cierta pregunta, tal vez vea prudente consultar con el que hace la pregunta el Índice de las publicaciones Watch Tower u otros índices. De esta forma enseña de dos maneras: demuestra cómo encontrar información útil, y muestra humildemente respeto a Jehová dirigiendo la atención a lo que la organización de Dios ha publicado.
13 ¿Qué puede hacer el anciano si la Sociedad no ha publicado nada sobre un problema específico? Debe pedir en oración entendimiento y buscar algunos principios bíblicos que sean aplicables al caso. Puede que también juzgue provechoso sugerir a la persona que pide ayuda que examine el ejemplo de Jesús. El anciano pudiera preguntarle: "Si Jesús, el Gran Maestro, estuviera en su situación, ¿qué cree que haría?". (1 Corintios 2:16.) Es posible que ese razonamiento le ayude a tomar una buena decisión. Pero qué imprudente sería que el anciano emitiera una simple opinión personal como si fuera consejo sólido de las Escrituras. Los ancianos pueden analizar juntos los problemas difíciles de resolver. Hasta pudieran presentar los asuntos de importancia en una reunión de ancianos. (Proverbios 11:14.) Las decisiones que se tomen permitirán que todos ellos hablen de acuerdo. (1 Corintios 1:10.)
La apacibilidad es esencial
14 El anciano cristiano tiene que enseñar a otras personas con apacibilidad, especialmente cuando da consejo. "Hermanos —aconseja Pablo—, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad." (Gálatas 6:1.) Es interesante que la palabra griega traducida "reajustar" está relacionada con un término quirúrgico que se refiere a la colocación de un hueso para evitar una incapacidad irreversible. El lexicógrafo W. E. Vine relaciona este proceso con la restauración "por parte de los que son espirituales, de uno que ha sido sorprendido en una falta, siendo que el tal es como un miembro dislocado del cuerpo espiritual". También se traduce "restablecer a la posición apropiada; poner en debida alineación".
15 No es fácil reajustar el modo de pensar de uno mismo, y puede resultar muy difícil poner en la debida alineación el modo de pensar de una persona que ha errado. Pero si la ayuda se ofrece con espíritu de apacibilidad, es muy probable que se reciba con gratitud. Por consiguiente, los ancianos cristianos deben prestar atención al consejo de Pablo: "Vístanse de los tiernos cariños de la compasión, la bondad, la humildad mental, la apacibilidad y la gran paciencia". (Colosenses 3:12.) ¿Qué deben hacer los ancianos cuando la persona que necesita ser reajustada tiene una mala actitud? Deben 'seguir tras la apacibilidad de genio'. (1 Timoteo 6:11.)
Pastoreen con cautela
16 Pablo da más consejo en Gálatas 6:1. Insta a los hombres cualificados espiritualmente: "Traten de reajustar [al que ha errado] con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". ¡Qué graves consecuencias puede traer el pasar por alto este consejo! Cuando se declaró culpable a un clérigo anglicano de cometer adulterio con dos feligresas, el periódico londinense The Times comentó que esta es "una situación de siempre: el hombre que aconseja como padre o hermano cae víctima de las tentaciones de la confianza que se dispensa en él". Luego el columnista mencionó las observaciones del Dr. Peter Rutter de que "las aventuras explotadoras entre las pacientes y sus consejeros —médicos, abogados, sacerdotes y patronos— se habían convertido en una epidemia reconocida, dañina y deshonrosa de nuestra sociedad permisiva".
17 No debemos pensar que el pueblo de Jehová es inmune a esas tentaciones. Un anciano respetado que había servido fielmente durante años incurrió en inmoralidad porque hizo una visita de pastoreo a una hermana casada cuando estaba sola. Aunque se arrepintió, perdió todos los privilegios de servicio. (1 Corintios 10:12.) Por lo tanto, ¿cómo pueden actuar los ancianos nombrados para no caer en tentación cuando hacen visitas de pastoreo? ¿Qué pueden hacer para tener cierto grado de intimidad para orar y consultar la Palabra de Dios y las publicaciones cristianas cuando hablen con la persona?
18 Un factor que deben tener en cuenta los ancianos es el principio de jefatura. (1 Corintios 11:3.) Si un joven busca ayuda, esfuércese por incluir a los padres en la conversación cuando sea apropiado. Cuando una hermana casada solicita ayuda espiritual, ¿puede usted pedirle que su esposo esté presente durante la visita? ¿Qué se puede hacer si no le es posible estar presente o si se trata de un incrédulo que ha abusado de ella de alguna forma? Haga lo mismo que cuando hace una visita de pastoreo a una hermana soltera. Es prudente que dos hermanos capacitados espiritualmente visiten juntos a la hermana. Si no es conveniente visitarla en casa, tal vez se pueda escoger un momento apropiado para que dos hermanos conversen con ella en el Salón del Reino, preferiblemente en un cuarto donde puedan hablar en privado. De este modo se evita cualquier causa de tropiezo, puesto que hay hermanos y hermanas en el salón, aunque no pueden ver a los reunidos ni oír su conversación. (Filipenses 1:9, 10.)
19 Pastorear el rebaño de Dios de buena gana produce buenos resultados: un rebaño firme en sentido espiritual y bien dirigido. Al igual que el apóstol Pablo, los ancianos cristianos del día moderno están muy interesados en sus compañeros de creencia. (2 Corintios 11:28.) Pastorear el pueblo de Dios es una gran responsabilidad, sobre todo en estos tiempos críticos. Por eso agradecemos mucho el excelente trabajo que efectúan nuestros hermanos que sirven de ancianos. (1 Timoteo 5:17.) Alabamos al Dador de "toda dádiva buena y todo don perfecto", nuestro amoroso Pastor celestial, Jehová, por habernos bendecido con "dádivas en hombres" que pastorean de buena gana. (Efesios 4:8; Santiago 1:17.)




Autodominio con el sexo opuesto
14 Los ancianos tienen que estar muy alerta en cuanto a dominarse a sí mismos cuando tienen que tratar con personas del sexo opuesto. No es aconsejable que un anciano vaya sin compañía a hacer una visita de pastoreo a una hermana cristiana. El anciano debe ir acompañado de otro anciano o de un siervo ministerial. Probablemente por eso Pablo aconsejó al anciano Timoteo: "[Insta] [...] a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) Se ha visto a algunos ancianos poniendo las manos sobre una hermana como en un ademán paternal. Pero pudieran estar engañándose a sí mismos, pues tal ademán bien pudiera ser motivado por un impulso romántico en vez de cariño fraternal cristiano y puro. (Compárese con 1 Corintios 7:1.)
Como anciano, pues, preste atención al constante consejo del "mayordomo fiel" de nunca ayudar a solas a una hermana espiritual, sino asegurarse de que otro anciano esté presente cuando usted atiende esta responsabilidad. (Lucas 12:42.)

no dar opiniones personales: w96 1/9 22
no imponer criterios o puntos de vista personales: w88 15/8 17, 30
Por ejemplo, es posible que un cristiano consulte a un anciano sobre un asunto importante que las Escrituras no tratan directamente o que requiere conciliar diferentes principios cristianos. Quizá le han ofrecido un ascenso en el trabajo con un sueldo mejor pero con más responsabilidad. O tal vez un padre incrédulo demande a su hijo cristiano algo que afecte al ministerio de este. En tales situaciones el anciano, en vez de dar su opinión personal, probablemente abra la Biblia y ayude a la persona a analizar los principios pertinentes. Puede valerse del Índice de las publicaciones Watch Tower, si está disponible en su idioma, para encontrar lo que "el esclavo fiel y discreto" ha dicho sobre el asunto en las páginas de La Atalaya y otras publicaciones. (Mateo 24:45.) Pero, ¿y si dicho cristiano tomara una decisión que no le pareciera prudente al anciano? Si esta no violara ningún principio bíblico ni ley, el anciano respetaría el derecho del individuo de tomar tal decisión, pues sabe que "cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". Este, sin embargo, debe recordar que "cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará". (Gálatas 6:5, 7.)
13 ¿Por qué actúa de ese modo el anciano con experiencia? Por al menos dos razones. En primer lugar, Pablo dijo a una congregación que él no era 'amo sobre la fe de ellos'. (2 Corintios 1:24.) Al ayudar a su hermano a razonar sobre la base de las Escrituras y a tomar su propia decisión con conocimiento de causa, el anciano imita la actitud de Pablo. Reconoce los límites de su autoridad, tal como Jesús reconoció los suyos. (Lucas 12:13, 14; Judas 9.) Al mismo tiempo, los ancianos ofrecen con presteza consejo bíblico útil, y a veces firme, siempre que es necesario. En segundo lugar, está preparando a su compañero cristiano. El apóstol Pablo dijo: "El alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto". (Hebreos 5:14.) Así que para pasar a la madurez tenemos que usar nuestras facultades perceptivas y no esperar siempre que otra persona nos diga qué debemos hacer. Al enseñar a su compañero cristiano a razonar sobre la base de las Escrituras, el anciano le ayuda a progresar.
14 Confiamos en que Jehová Dios influirá en el corazón de los verdaderos adoradores por medio de su espíritu santo. De modo que los cristianos maduros apelan al corazón de sus hermanos, les suplican, como hizo el apóstol Pablo. (2 Corintios 8:8; 10:1; Filemón 8, 9.) Pablo sabía que eran principalmente los injustos, no los justos, quienes necesitaban leyes detalladas para controlar su conducta. (1 Timoteo 1:9.) Él no sospechó ni desconfió de los hermanos, sino que tuvo fe en ellos. Escribió a una congregación: "Tenemos confianza en el Señor, respecto a ustedes". (2 Tesalonicenses 3:4.) La fe y la confianza de Pablo sin duda motivó a aquellos cristianos. Los ancianos y los superintendentes viajantes tienen hoy objetivos similares. Estos hombres fieles confortan mucho a la congregación al pastorear con amor el rebaño de Dios. (Isaías 32:1, 2; 1 Pedro 5:1-3.)

Vestirse y arreglarse con modestia
9 Un superintendente viajante de Alemania describió a algunos cristianos locales como "la generación de zapatos de tenis" por su manera de vestir tan informal en las reuniones. La sucursal añadió que el modo de vestir de algunos que asisten a las reuniones "raya en el desaliño", aunque "la gran mayoría de los hermanos viste con modestia". Otro país también informa que "la falta de higiene personal es un problema aquí [...] Algunos hermanos no llevan ropa limpia. Van a las reuniones y al servicio del campo sin peinarse y con el pelo sucio". ¡Cuán importante es que los siervos de Jehová sean nítidos y limpios en todo respecto! (2 Corintios 7:1.)
10 Tenemos que 'presentarnos con vestido decoroso, con recato y modestia', especialmente cuando participamos en actividades espirituales. (1 Timoteo 2:9, La Santa Biblia [1980], E. M. Nieto.) No se trata de si cierto estilo está o no muy a la moda, sino de si es o no apropiado para el que afirma que es ministro de Dios. (Romanos 12:2; 2 Corintios 6:3.) La ropa extremadamente informal o demasiado ajustada al cuerpo puede quitarle mérito a nuestro mensaje. Las modas que descarada y deliberadamente dan apariencia femenina a los hombres o apariencia masculina a las mujeres son definitivamente inapropiadas. (Compárese con Deuteronomio 22:5.) Por supuesto, las costumbres pueden variar según las localidades, el clima, lo que impongan las ocupaciones, y así por el estilo, y por eso la congregación cristiana no establece ni fija reglas rigurosas para la hermandad mundial. Tampoco deben los ancianos imponer sus gustos personales al rebaño. Sin embargo, si por lo general la manera de vestir y arreglarse de un publicador del Reino perturba a la congregación o resulta en desdoro para el ministerio, sería apropiado darle consejo bondadoso. ¿Respondería usted a tal consejo con humildad, manifestando confianza en Jehová? (Hebreos 12:7.)

La apacibilidad y la sabiduría celestial evitan que el anciano haga duras exigencias. Este también debe comprender que es imprudente e impropio que tome una decisión que otra persona debe tomar por sí misma. El anciano sería responsable de las consecuencias si tomara decisiones por otros, y compartiría la culpa por cualquier mal resultado. El anciano puede llamar atención a lo que dice la Biblia, pero si no hay una ley bíblica en cuanto a un asunto, el juicio y la conciencia de la persona misma tienen que determinar lo que ella haga o no haga. Como dijo Pablo: "Cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". (Gálatas 6:5; Romanos 14:12.) Con todo, la persona que pregunta puede recibir ayuda para tomar una decisión correcta si el anciano le hace preguntas que la ayuden a razonar sobre los textos bíblicos relacionados con los diversos derroteros que puede optar por seguir.
peligro de no adherirse a las Escrituras: w92 1/8 30
El caso de otra persona que se apartó tuvo también un final feliz. Unos ancianos aconsejaron a José de un modo que reflejaba más su manera de ver las cosas que los principios bíblicos. Desanimado y resentido, José acabó haciéndose inactivo. Estuvo ocho años separado del pueblo de Dios, durante los cuales se casó con una mujer no creyente, llegó a ser padre y permitió que uno de sus hijos se bautizara en la Iglesia Católica.
Posteriormente, el superintendente de circuito le ayudó durante varias visitas de pastoreo y animó a los ancianos a seguir visitándolo. Regresó a la organización, y se sintió muy feliz cuando su esposa se interesó en la verdad. Ahora sirve de anciano en la congregación. Como muestran estas dos experiencias, Jehová no retiene las bendiciones de aquellos que responden a su invitación amorosa de volver a él.
No obstante, para disfrutar de tales bendiciones, primero hay que apreciar la ayuda que se ofrece y responder a ella. En la mayoría de las congregaciones los hermanos recuerdan a los que se han hecho inactivos y los visitan de vez en cuando para ayudarlos. El responder a esa ayuda demuestra aprecio por la misericordia de Jehová. (Santiago 5:19, 20.)
Este ciertamente es el tiempo de responder a la invitación de Jehová: "Vuelvan a mí". (Malaquías 3:7; Isaías 1:18.) No espere más. Los acontecimientos mundiales están sucediéndose con gran celeridad. El mejor lugar donde estar durante los tiempos tormentosos que se avecinan es dentro de la organización de Jehová, a salvo bajo Su protección. Solo aquellos que se refugian en Jehová tienen la firme esperanza de que se les oculte de su ira en el gran día de la cólera de Dios. (Sofonías 2:2, 3.)
[Ilustración en la página 30]
¿Responderá usted a la invitación de Jehová: "Vuelvan a mí"?
problemas matrimoniales: w88 1/11 21, 22, 26
Cuando peligra la paz marital
"La esposa no debe irse de su esposo; [...] y el esposo no debe dejar a su esposa." (1 CORINTIOS 7:10, 11.)
JEHOVÁ DIOS unió en matrimonio a la primera pareja humana con el propósito de que este enlace que los hacía una sola carne perdurara. Habría de ser una unión bendita que redundara en la felicidad de ellos y llevara a la producción de prole justa, todo para la gloria de Dios. (Génesis 1:27, 28; 2:24.)
2 Aquel arreglo ideal del matrimonio fue trastornado por el pensamiento independiente y el pecado. (Génesis 3:1-19; Romanos 5:12.) De hecho, el espíritu de independencia es uno de los factores responsables del rompimiento de los vínculos matrimoniales hoy día. Por ejemplo: durante 1985, en los Estados Unidos por cada 1.000 personas hubo cinco divorcios, en comparación con 10,2 casamientos. En 1986 un informe de Moscú indicó que en la Unión Soviética solamente el 37% de los matrimonios dura tres años, y el 70% termina dentro de una década.
3 Un espíritu de independencia puede causar problemas en el matrimonio. También impide el desarrollo espiritual, porque "en cuanto al fruto de la justicia, su semilla se siembra en condiciones pacíficas". (Santiago 3:18.) Pero ¿quién es el principal arruinador de la paz? Satanás. ¡Y qué triste es que algunos siervos de Dios 'dejen lugar para el Diablo' y por eso no puedan disfrutar de un hogar donde haya descanso y paz! (Efesios 4:26, 27.)
4 Cuando los cónyuges cristianos consideran la separación como el único recurso para resolver sus problemas maritales, están en peligro de sucumbir a las trampas de Satanás, y en sentido espiritual hay algo seriamente malo en esa situación. (2 Corintios 2:11.) Uno de ellos —o los dos— no está aplicando de lleno los principios de Dios. (Proverbios 3:1-6.) Por eso, prontamente y con oración deben esforzarse por resolver sus diferencias. Si parece que estas diferencias no pueden resolverse, el matrimonio puede consultar a los ancianos de la congregación. (Mateo 18:15-17.) Aunque estos hombres no están autorizados para decir a sus compañeros de creencia precisamente qué hacer sobre sus problemas maritales, pueden dirigir la atención a lo que dicen las Escrituras. (Gálatas 6:5.)
5 Si la situación en el matrimonio es tan mala que la pareja cristiana hasta considera divorciarse, los ancianos pueden señalar que el divorcio y el volverse a casar son aceptables desde el punto de vista bíblico solamente si el cónyuge de uno ha cometido "fornicación". Este término abarca el adulterio y otras formas de relaciones sexuales inmorales y perversiones del mismo tipo. (Mateo 19:9; Romanos 7:2, 3; véase La Atalaya del 15 de julio de 1983, página 31.) Sin embargo, ¿qué se puede hacer si no se ha cometido "fornicación", pero peligra gravemente la paz marital? ¿Qué dicen las Escrituras acerca de una separación legal o simplemente como decisión personal?
El consejo inspirado de Pablo
6 En un esfuerzo por ayudar a un matrimonio cristiano cuyo enlace marital peligra, los ancianos pueden dirigir la atención a estas palabras del apóstol Pablo: "A los casados doy instrucciones —sin embargo, no yo, sino el Señor— de que la esposa no debe irse de su esposo; pero si de hecho se fuera, que permanezca sin casarse, o, si no, que se reconcilie con su esposo; y el esposo no debe dejar a su esposa". (1 Corintios 7:10, 11.) Los cónyuges cristianos deberían poder resolver sus problemas, tomando en cuenta la imperfección humana. Ningún problema debería ser tan grave que no pudiera resolverse mediante orar sinceramente, aplicar los principios bíblicos y desplegar el amor que es fruto del espíritu de Dios. (Gálatas 5:22; 1 Corintios 13:4-8.)
7 Pero ¿qué hay si de hecho los cónyuges cristianos se separan? Tienen que 'permanecer sin casarse, o, si no, reconciliarse'. A menos que sea una cuestión de un divorcio obtenido sobre la base de "fornicación", ninguno de ellos está bíblicamente libre para volver a casarse. En vista de eso y de la "ocurrencia común de la fornicación", sería bueno que ellos 'se reconciliaran' sin dilación. (1 Corintios 7:1, 2.) A los ancianos no les toca exigir al hombre y a la mujer que terminen su separación, pero pudiera ser que los cónyuges no calificaran para ciertos privilegios de servicio debido a sus problemas maritales. Por ejemplo, si un hombre 'no sabe presidir su propia casa', evidentemente no puede 'cuidar de la congregación de Dios' como superintendente. (1 Timoteo 3:1-5, 12.)
8 Se da énfasis a conservar el matrimonio hasta cuando uno de los cónyuges es un incrédulo. Pablo escribió: "Si algún hermano tiene esposa incrédula, y sin embargo ella está de acuerdo en morar con él, no la deje; y la mujer que tiene esposo incrédulo, y sin embargo él está de acuerdo en morar con ella, no deje a su esposo. [...] Pero si el incrédulo procede a irse, que se vaya; el hermano o la hermana no está en servidumbre en tales circunstancias; antes bien, Dios los ha llamado a ustedes a la paz. Pues, esposa, ¿cómo sabes que no salvarás a tu esposo? O, esposo, ¿cómo sabes que no salvarás a tu esposa?". (1 Corintios 7:12-16.) Si el incrédulo opta por irse, el cristiano dejará que lo haga. Pero el creyente, con la esperanza de que su cónyuge incrédulo sea ganado al cristianismo, no inicia el rompimiento. Parece que Eunice, la madre de Timoteo, permaneció con su esposo incrédulo, pero impartió instrucción espiritual a su hijo. (2 Timoteo 1:5; 3:14, 15.)
Razones para separación
9 Las palabras de Pablo en 1 Corintios 7:10-16 estimulan a los cónyuges a permanecer juntos. Pero algunos, después de hacer esfuerzos por conservar la relación matrimonial, finalmente han decidido que, habiéndolo considerado todo concienzudamente, lo único que pueden hacer es separarse. ¿Qué base pudiera haber para tal paso?
10 El deliberadamente no suministrar el sustento es una base para la separación. El hombre que se casa asume la responsabilidad de mantener a su esposa y cualesquiera hijos que tenga. El hombre que no suministra lo necesario a los miembros de su casa "ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe". (1 Timoteo 5:8.) Por eso, la separación es posible si deliberadamente no se provee el sustento. Por supuesto, los ancianos nombrados deben considerar cuidadosamente toda acusación de que algún cristiano esté rehusando mantener a su esposa y su familia. El que alguien obstinadamente rehusara mantener a su familia podría resultar en su expulsión.
11 El abuso físico extremo es otra base para la separación. Supóngase que un cónyuge incrédulo suele emborracharse, se encoleriza e inflige daño físico al creyente. (Proverbios 23:29-35.) Por oración y por desplegar el fruto del espíritu de Jehová, el creyente pudiera evitar tales estallidos y aguantar la situación. Pero si se llega a tal punto que la salud y la vida del cónyuge de quien se abusa están realmente en peligro, bíblicamente pudiera permitirse la separación. De nuevo, los ancianos de la congregación examinarían las acusaciones de abuso físico cuando hay dos cristianos implicados en el matrimonio en dificultades, y quizás hasta se tenga que tomar la acción de expulsar. (Compárese con Gálatas 5:19-21; Tito 1:7.)
12 El que se ponga en peligro absoluto la espiritualidad también suministra base para una separación. El creyente en un hogar dividido por razones religiosas debe hacer todo cuanto pueda para aprovechar las provisiones espirituales de Dios. Pero la separación es permisible si la oposición del cónyuge incrédulo (que quizás incluya la imposición de restricciones físicas) hace francamente imposible seguir la adoración verdadera y realmente pone en peligro la espiritualidad del creyente. Sin embargo, ¿qué hay si existe una condición espiritual muy malsana aunque ambos cónyuges sean creyentes? Los ancianos deben dar ayuda, pero en especial el esposo bautizado debe esforzarse diligentemente por remediar la situación. Por supuesto, si un cónyuge bautizado actúa como apóstata y trata de impedir que su cónyuge sirva a Jehová, los ancianos deben encargarse de la situación según las Escrituras. Si se expulsa a alguien en un caso en que se ponga en peligro absoluto la espiritualidad, o en que deliberadamente no se suministre el sustento o haya abuso físico extremo, el cristiano fiel que buscara una separación legal no estaría yendo contra el consejo de Pablo acerca de llevar a un creyente al tribunal. (1 Corintios 6:1-8.)
13 Por eso, si las circunstancias son extremas, puede haber separación. Pero es obvio que no deberían usarse pretextos flojos para obtener una separación. Cualesquiera cristianos que se separen deben llevar la responsabilidad personal por tal acción y deben comprender que todos rendiremos cuentas a Jehová. (Hebreos 4:13.)
¿Un paso sabio?
14 Los implicados deben considerar con oración los problemas que puede crear el que ellos se separen. Por ejemplo, en lo que respecta a equilibrio y disciplina, rara vez sucede que la familia en que solo hay uno de los padres pueda suministrar lo que se les hace posible a las familias que tienen padre y madre. Y la separación puede tener en los hijos un efecto similar al del divorcio, respecto a lo cual la revista India Today informó: "Sheena, que tiene unos hermosísimos ojazos, tiene seis años de edad. Sus padres se divorciaron dos años atrás, después de un feo litigio. Poco después su padre se casó con otra mujer. Por un año la niña sufrió de severos ataques de asma, y constantemente está chupándose el dedo. Ella vive con su madre en South Delhi. La madre dice: 'Le he pasado mi tristeza a Sheena. [...] Ha echado de menos a su padre. [...] Es más madura que la mayoría de los niños de su edad. Pero a veces empieza a llorar y sigue llorando inconsolablemente, como si quisiera desahogarse de algo. La escuela le ha sido un problema. Los niños pueden ser muy crueles. Muchas veces se retira a un mundo irreal: para sus amigos, se inventa el cuento de que todos salimos juntos'".
15 Con frecuencia sucede que la separación tampoco tiene buen efecto en el esposo cristiano o la esposa cristiana. Pronto comprenden que sin el cónyuge o los hijos hay un vacío doloroso en la vida. No se deben pasar por alto las presiones que la separación crea. ¿Será posible atender bien los asuntos financieros o de otra índole? ¿Y qué hay si las tensiones de la separación hacen que uno caiga en la inmoralidad? Jesús dijo: "La sabiduría queda probada justa por sus obras". (Mateo 11:19.) Especialmente en el caso en que ambos cónyuges son cristianos, a veces el resultado de una separación ha sido muy inconveniente.
Esfuércense por resolver los problemas
16 Los cónyuges cristianos que saben que su paz marital peligra gravemente deben considerar sus diferencias de una manera digna de los que sirven a Dios. Y, por supuesto, cada uno debe tomar en cuenta que el otro es imperfecto. (Filipenses 2:1-4.) Pero ¿qué más se pudiera hacer?
17 El desplegar sabiduría respecto a las cosas materiales puede contribuir a la paz en el matrimonio. Para ilustrarlo: después de tomar en cuenta que su esposa no concuerda con lo que él se propone, todavía un hombre quizás decida que es prudente que la familia se mude a otro lugar. Esto pudiera parecer aconsejable por razones económicas, pero también pudiera permitirle a la familia dar adelanto a los intereses del Reino por servir donde hubiera mayor necesidad de ayuda. (Mateo 6:33.) Quizás la esposa cristiana no favorezca ese traslado porque estaría alejándose de sus padres o de alrededores a los cuales está acostumbrada. Pero sería sabia si cooperara de lleno con su esposo, quien es el cabeza de la casa y tiene la responsabilidad de determinar dónde vivirá la familia. Además, la sumisión y la cooperación amorosa de ella contribuirá a la paz hogareña. (Efesios 5:21-24.)
18 La paz familiar florece y los problemas parecen menos serios cuando hay participación conjunta de los cónyuges en lo que hacen. Por ejemplo, los cónyuges cristianos tienen espléndidas oportunidades para trabajar juntos en el ministerio del campo. Si hacen esto con regularidad y llevan consigo a sus hijos, la familia entera se beneficia. Otras actividades sanas de las cuales disfrute especialmente un cónyuge o el otro pudieran ser también oportunidades para fortalecer el enlace matrimonial.
19 La dirección ejercida como es debido fortalece los vínculos matrimoniales. Por supuesto, el esposo cristiano maduro no será un dictador. Más bien, 'seguirá amando a su esposa y no se encolerizará amargamente con ella'. Jehová espera que él como cabeza ejerza dirección amorosa. (Colosenses 3:18, 19.) A su vez, la dirección de ese tipo promueve la paz familiar.
En casas divididas
20 El ser sensatos o razonables ayuda a resolver problemas maritales entre los cónyuges cristianos. (Filipenses 4:5.) Pero la sensatez también es importante cuando peligra la paz en un hogar donde hay división religiosa. Si un esposo incrédulo trata de impedir que su esposa cristiana sirva a Jehová, ella puede esforzarse por razonar con él, y señalar con prudencia que, puesto que ella le permite a él libertad religiosa, lógicamente debería recibir un trato similar. (Mateo 7:12.) Aunque debe estar en sujeción relativa a su esposo incrédulo, hay que hacer la voluntad de Dios cuando hay un conflicto implicado. (1 Corintios 11:3; Hechos 5:29.) Es obvio que el asistir a las reuniones cristianas tres veces a la semana no es excesivo. Pero pudiera ser sabio que la esposa creyente estuviera en el hogar las demás noches, y que programara gran parte de su ministerio del campo para las horas en que su esposo esté trabajando y los niños estén en la escuela. Si ella es razonable y traza buenos planes, no tiene que 'desistir de hacer lo que es excelente'. (Gálatas 6:9.)
21 La sensatez se extiende a otros asuntos también. Por ejemplo, una persona tiene el derecho de practicar cierta religión. Pero no sería razonable ni prudente que la esposa cristiana pusiera Biblias y ayudas para el estudio de la Biblia donde disgustara a un esposo que se opone vigorosamente a sus creencias. Se pueden evitar conflictos si esas publicaciones se mantienen entre los efectos personales de ella y ella las estudia en privado. Por supuesto, no debe transigir en cuanto a los principios justos. (Mateo 10:16.)
22 Si la perturbación de la paz hogareña gira en torno de la instrucción religiosa de los hijos, la esposa creyente puede, con prudencia, hacer arreglos para que ellos la acompañen a las reuniones y salgan con ella en el ministerio del campo. Pero si el esposo o padre incrédulo impide esto, ella puede enseñar a los hijos los principios bíblicos; así, es posible que cuando crezcan y dejen el hogar abracen la adoración verdadera. Si el esposo es el creyente, como cabeza del hogar tiene la obligación bíblica de criar a sus hijos como cristianos. Por eso, debe estudiar la Biblia con ellos, llevarlos a las reuniones y enseñarles en el ministerio del campo. (Efesios 6:4.) Naturalmente, debe ser bondadoso, amoroso y razonable al tratar con su esposa incrédula.
Mantengan la paz como familia unida
23 Puesto que los casados son "una sola carne", deben vivir juntos en paz según lo que Dios ha dispuesto para las personas casadas, especialmente cuando ambos cónyuges son cristianos. (Mateo 19:5; 1 Corintios 7:3-5.) Pero si en su caso la paz marital peligra, repase con oración los puntos bíblicos que ya hemos mencionado. También puede ser útil remontarse al tiempo en que eran novios. ¡Cuánto se esforzaron ustedes por hacer lo que era correcto y colocar el fundamento para una unión feliz! ¿Pueden ahora hacer esfuerzos similares por mantener unido su matrimonio?
24 Los cristianos casados tienen una maravillosa dádiva de Dios: ¡su matrimonio! Si usted vive a la altura de sus votos matrimoniales y se mantiene íntegro ante Jehová, tiene ante sí el justo nuevo mundo en el cual la separación y el divorcio dolorosos no plagarán a la humanidad. Por eso, muestre gratitud por el matrimonio como una figurativa "cuerda triple" de la cual Jehová forma parte vital. (Eclesiastés 4:12.) Y que todo miembro de su hogar unido disfrute de la bendición de la felicidad familiar en un hogar donde haya descanso y paz.

3 Puede ser que a veces algunos cristianos acudan a los ancianos de la congregación por ayuda respecto a problemas maritales graves. Los ancianos no están autorizados para decirle a nadie que deje a su cónyuge o se divorcie de él, pero pueden señalar a lo que la Palabra de Dios dice sobre estos asuntos. Como lo muestra el artículo anterior, la separación es permisible bíblicamente cuando de propósito no se provee el sustento, o cuando hay abuso físico extremo o peligra por completo la espiritualidad del cónyuge cristiano. También se ha indicado que puede haber divorcio bíblico con la posibilidad de casarse después con otra persona si un cónyuge ha cometido "fornicación", lo que abarca varias formas de relaciones sexuales inmorales. (Mateo 19:9.) Naturalmente, no se debe pensar en la separación ni en el divorcio como algo inevitable, puesto que quizás sea posible restaurar la paz en el matrimonio; el cónyuge inocente puede hasta perdonar el adulterio u otras formas de fornicación. (Mateo 5:31, 32; compárese con Oseas 3:1-3.)
4 Como señalamos en el artículo anterior, el apóstol Pablo instó a los cristianos casados a no abandonar a su cónyuge. (1 Corintios 7:10-16.) En vista de las palabras de Pablo, si un cónyuge incrédulo opta por permanecer con su cónyuge cristiano, el creyente debería tratar de ayudarle en sentido espiritual. (1 Pedro 3:1-4.) Su conversión contribuiría mucho a que hubiera descanso y paz en el hogar. Sin embargo, si el incrédulo presenta tan vigorosas objeciones a la fe de su cónyuge creyente que finalmente opta por separarse, ¿qué puede hacer el cristiano? Si el cristiano tratara de obligar al cónyuge a permanecer con él, el incrédulo pudiera hacer tan desagradable la situación que privara totalmente de paz al cristiano. Por eso, en el interés de la paz, el creyente puede dejar que el incrédulo se vaya. (Mateo 5:9.) Solo cuando un cónyuge incrédulo se va, puede decirse: "Dios los ha llamado a ustedes a la paz". Estas palabras no pueden usarse correctamente para justificar la separación de dos cónyuges cristianos sobre una base no bíblica o de poco peso.
5 Toda separación o divorcio tiene sus factores individuales, y no hay ninguna "fórmula" que abarque todo caso. Pero ¿a qué problemas pudiera enfrentarse el cristiano separado o divorciado? ¿Qué pudiera hacer al respecto? ¿Y cómo pueden otros dar ayuda?
Necesidades emocionales o sexuales
6 Algunos problemas se resuelven cuando hay una separación o un divorcio con base bíblica. Pero básicamente esas medidas resultan en cambiar un conjunto de problemas por otro. Por ejemplo, una cristiana divorciada dijo: "Tengo que dar gracias a Jehová por la paz que tengo ahora". Pero admitió: "No se me hace fácil criar a los hijos sola. Y a veces siento mucha soledad y depresión. Hasta en lo referente a lo sexual no es fácil. Una tiene que ajustarse a una vida totalmente diferente".
7 Si el cristiano tiene opción, entonces debería pensar cuidadosamente en las posibles consecuencias de la separación o el divorcio. Por ejemplo, considere las necesidades emocionales, quizás el deseo femenino de la compañía masculina. (Compárese con Génesis 3:16.) Puede que la divorciada tenga grandes esperanzas de volver a casarse. Algunas desean verse libres de un matrimonio que les trae penalidades, pero ¿están dispuestas a aceptar la posibilidad de que quizás no tengan oportunidad de volver a casarse?
8 Pablo escribió: "Si de hecho se fuera, que permanezca sin casarse, o, si no, que se reconcilie con su esposo". (1 Corintios 7:11.) Con algún esfuerzo, una mujer puede 'reconciliarse' con su esposo. Si dos cónyuges cristianos se han separado, entonces deben considerar seriamente la reconciliación y orar al respecto. Además, no deben pasar por alto el hecho de que los impulsos sexuales pudieran presentar un peligro. ¿Cómo los vería Dios si, por no haberse reconciliado, cayeran en inmoralidad? La experiencia de una bautizada ilustra este peligro. Después de divorciarse, empezó a concertar citas con un mundano, pronto quedó encinta, y fue expulsada de la congregación. Aunque después fue restablecida, su experiencia recalca la necesidad de ejercer cautela y de confiar, con oración, en Jehová para no 'pecar contra Dios'. (Génesis 39:7-12.) También es obvio que no deben minimizarse las necesidades emocionales ni las sexuales cuando se empieza a considerar la separación o el divorcio.
Cómo aliviar la soledad
9 Si no se puede evitar la separación o el divorcio, habrá que afrontar los problemas resultantes. Por ejemplo, la soledad es un problema grave para algunos cristianos que se han separado o divorciado. ¿Qué pueden hacer otros en cuanto a esto? Pues bien, los ancianos de la congregación y otras personas pueden mostrar interés espiritual en ellos, y procurar animarlos. (Compárese con 1 Tesalonicenses 5:14.) Entre otras cosas, a veces pudiéramos invitar a estas personas y a sus hijos a nuestro hogar para una comida modesta y conversación edificante con nuestra familia. No es necesario preparar un gran banquete, porque "mejor es un plato de legumbres donde hay amor que un toro cebado en pesebre y, junto con él, odio". (Proverbios 15:17.) La noche de la comida pudieran relatarse experiencias agradables del ministerio, o el grupo pudiera estudiar junto en preparación para una reunión cristiana.
10 También puede aliviar la soledad del padre o la madre que se ha divorciado el pedirle a esa persona que ella y sus hijos participen con la familia de uno en el ministerio del campo. Por supuesto, ninguna otra persona puede ocupar el lugar del padre o la madre que falta, pero una cristiana divorciada dijo: "Algo que me ha sido muy útil en la difícil tarea de criar a mis hijos sin su padre en la casa ha sido la ayuda que en compensación práctica se han esforzado por darme ancianos y siervos de la congregación".
11 Sin embargo, hay razón para ejercer cautela. Una hermana confesó: "Puesto que mi hijo no tiene ahora un padre que lo atienda, un hermano, con gran bondad, se interesó en ayudarle. [...] Yo empecé a notar lo bondadoso y generoso que él era con mi hijo, y empecé a sentir deseos incorrectos respecto a aquel hermano. Fue como en el caso de David, que desarrolló un deseo incorrecto por algo que no era suyo". (2 Samuel 11:1-4.) Aunque no hubo un caso de cometer inmoralidad sexual, esta cristiana se avergonzó de lo que pensaba y de sus flirteos, procuró el perdón de Jehová y rompió su asociación con aquel hermano. ¡Qué clara ilustración de que es necesario rechazar los deseos incorrectos y 'abstenerse hasta de la apariencia del mal'! (1 Tesalonicenses 5:22, Nácar-Colunga; Gálatas 5:24.)
12 Algo que puede aliviar la soledad es hacer bien a otros. "Si una se ocupa en extender su ayuda a otras personas, no le queda lugar para estar compadeciéndose de sí misma ni sentirse sola", dijo una hermana que ya no vivía con su cónyuge. Ese 'extenderse' hacia otros por una persona separada o divorciada podría incluir invitar a una familia a su hogar para una noche de asociación edificante en sentido espiritual. Si esto rara vez es posible por razones financieras o de otra índole, uno pudiera visitar y estimular a los enfermos o a otras personas. También pudiera ayudar a los de edad avanzada a efectuar sus compras o diversas tareas. Dé de sí en esta forma y verá más prueba de que "hay más felicidad en dar que en recibir". (Hechos 20:35.)
13 También ayuda a combatir la soledad el tomar la iniciativa de ir regularmente con sus compañeros de creencia a predicar el Reino. "Es verdad que a veces me siento sola por no tener un esposo —admite una hermana—, pero porque estoy más activa en el servicio del campo y puedo asociarme con los hermanos y las hermanas debido a mi nueva libertad, eso no ocurre con frecuencia ni dura mucho." La testificación regular de casa en casa puede conducir a revisitas y estudios bíblicos en los hogares de los que muestran interés en la verdad, y algunos de estos quizás lleguen a ser siervos dedicados de Jehová. Por supuesto, no participamos en el ministerio con el fin de combatir la soledad, pero ese puede ser uno de los efectos de esta actividad gozosa y bendita. (Proverbios 10:22.)
14 Todo el pueblo de Jehová puede beneficiarse espiritualmente de participar en el ministerio, en las reuniones cristianas y en 'buscar primero el Reino'. (Mateo 6:33.) Puesto que estas actividades sanas tienen excelente efecto en los siervos de Jehová en general, también pueden edificar a los cristianos separados o divorciados. No, estas actividades no van a resolver todos los problemas de esas personas, pero deberían mejorar su punto de vista.
La oración y su papel vital
15 A una cristiana que tuvo que ajustarse de nuevo a la soltería le fue útil también "seguir ocupada en el servicio del campo [...] y visitar a los enfermos, a los de edad avanzada y a los inactivos". Pero añadió: "Siempre que me aflige la soledad, voy a visitar a otros y oro por fortaleza, pues sé que Satanás está muy ocupado". Sí, la oración sincera es vital si uno quiere mantenerse íntegro ante Dios. Entre las cosas que los cristianos separados o divorciados pueden pedir a Dios está el espíritu de Jehová y su fruto de autodominio para mantener controlados los impulsos sexuales. (Lucas 11:13; Gálatas 5:22, 23; Colosenses 3:5, 6.) Además, puesto que el tomar las decisiones que antes tomaba un esposo puede presentarles problemas a algunas mujeres separadas o divorciadas, puede que también tengan que orar a Dios por ayuda para tomar decisiones sabias y enfrentarse a diversas pruebas. (Santiago 1:2-8.)
16 A veces sucede que ciertos sentimientos de culpa molestan. Una cristiana admitió: "La culpa que una siente por divorciarse, aunque no sea la culpable, puede ser arrolladora". Por supuesto, se comprende que haya sentimientos de culpa si la separación o el divorcio ocurrieron debido a que uno o una, sin buena razón para ello, rehusó cumplir con sus obligaciones maritales. (1 Corintios 7:3-5.) Pero si la separación o el divorcio ocurrieron debido a una razón bíblica y después de haber meditado y haber orado sobre el asunto, sería apropiado orar por la ayuda de Jehová para combatir los sentimientos de culpa injustificados. Aquí sería apropiado mencionar también que los ancianos de la congregación deben cerciorarse de dar consejo fundado en la Biblia y no presentar su consejo de tal manera que el cristiano se sienta culpable por obtener o permitir una separación o un divorcio bíblicamente permisible.

"recuadro "Un buen consejero": w97 1/3 26
UN BUEN CONSEJERO
Es accesible: Mateo 11:28, 29; 1 Pedro 1:22; 5:2, 3
Escoge el ambiente apropiado: Marcos 9:33-37
Procura comprender el problema: Lucas 8:18; Santiago 1:19
No reacciona de modo exagerado: Colosenses 3:12-14
Ayuda a enfrentarse a emociones dolorosas: 1 Tesalonicenses 5:14; 1 Pedro 3:8
Conoce sus propias limitaciones: Gálatas 6:3; 1 Pedro 5:5
Da consejo específico: Salmo 19:7-9; Proverbios 24:26
Sabe cuándo retirarse: Hechos 17:32, 33
Mantiene confidenciales los asuntos: Proverbios 10:19; 25:9

respetar el principio de jefatura: w93 15/5 22
18 Un factor que deben tener en cuenta los ancianos es el principio de jefatura. (1 Corintios 11:3.) Si un joven busca ayuda, esfuércese por incluir a los padres en la conversación cuando sea apropiado. Cuando una hermana casada solicita ayuda espiritual, ¿puede usted pedirle que su esposo esté presente durante la visita? ¿Qué se puede hacer si no le es posible estar presente o si se trata de un incrédulo que ha abusado de ella de alguna forma? Haga lo mismo que cuando hace una visita de pastoreo a una hermana soltera. Es prudente que dos hermanos capacitados espiritualmente visiten juntos a la hermana. Si no es conveniente visitarla en casa, tal vez se pueda escoger un momento apropiado para que dos hermanos conversen con ella en el Salón del Reino, preferiblemente en un cuarto donde puedan hablar en privado. De este modo se evita cualquier causa de tropiezo, puesto que hay hermanos y hermanas en el salón, aunque no pueden ver a los reunidos ni oír su conversación. (Filipenses 1:9, 10.)



respetar la dignidad del que lo recibe: w94 1/2 25-29

¿Respeta la dignidad ajena cuando da consejo?
ES MUY bueno y muy provechoso respetar la dignidad ajena cuando se da consejo. "El consejo amable, considerado y bondadoso produce buenas relaciones", dice Edward. "Cuando sientes que el consejero te honra y te respeta, y que está dispuesto a escuchar tu versión del asunto, es mucho más fácil aceptar el consejo", asegura Warren. "Cuando un consejero me trata con respeto, me siento libre para dirigirme a él y pedirle consejo", observa Norman.
La dignidad: derecho natural del hombre
El consejo afectuoso, amigable y amoroso se recibe con gusto. Es provechoso aconsejar a los demás del modo como uno quiere ser aconsejado. (Mateo 7:12.) Un buen consejero se toma el tiempo necesario para escuchar a la persona e intenta entenderla —su modo de pensar, su posición y sus sentimientos—, en vez de criticarla y condenarla. (Proverbios 18:13.)
Los consejeros actuales, entre ellos los ancianos cristianos, tienen que estar al tanto de respetar la dignidad ajena al dar consejo. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que lo normal en la sociedad actual es no respetar la dignidad de los demás. Esta actitud es contagiosa. Muy a menudo, aquellos que más deberían respetar la dignidad ajena son quienes menos lo hacen, ya se trate de profesionales, clérigos u otras personas. Para ilustrarlo, el despido laboral es traumático tanto para el patrono como para el empleado. Perjudica el amor propio del despedido, especialmente si no se le trata con dignidad. Los supervisores tienen que aprender a comunicar este "duro mensaje con claridad, concisión y profesionalidad, manteniendo intacta la dignidad de la persona", informa el periódico The Vancouver Sun. Así es, todos los seres humanos merecen que se les trate con dignidad.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclama: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". Ya que la dignidad humana es blanco de ataque, con buena razón la Carta de las Naciones Unidas y el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconocen esa cualidad. Afirman la "fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana".
Jehová creó al hombre con dignidad intrínseca
Jehová es un Dios de dignidad. Su Palabra inspirada dice correctamente: "Dignidad y esplendor están ante él", y "[su] dignidad se relata por encima de los cielos". (1 Crónicas 16:27; Salmo 8:1.)
Como Dios de dignidad y Soberano universal, confiere dignidad a toda su creación, celestial y terrenal. Entre todos los que reciben honra sobresale su Hijo glorificado y reinante, el Rey, Cristo Jesús. "Dignidad y esplendor pones sobre él", escribió David proféticamente. (Salmo 21:5; Daniel 7:14.)
Tristemente, durante toda la historia se ha abusado mucho de este derecho fundamental del hombre. Un ángel poderoso que se hizo Satanás el Diablo por sus acciones cuestionó el derecho, la justicia y el merecimiento de la soberanía de Dios. De este modo demostró falta de respeto a Jehová y deshonró su digno nombre, a la vez que cuestionó su derecho a gobernar. Se arrogó excesiva dignidad para sí. Algunos monarcas poderosos, como el Nabucodonosor de tiempos bíblicos, han imitado al Diablo y se han jactado de su 'poder y majestad'. Han atacado la dignidad de Jehová atribuyéndose excesiva dignidad a sí mismos. (Daniel 4:30.) La gobernación opresiva que Satanás ha impuesto a la humanidad, ha atacado y sigue atacando la dignidad del hombre.
¿Se ha atentado alguna vez contra su dignidad? Cuando se le ha aconsejado, ¿se le ha hecho sentir excesivamente culpable, avergonzado, deshonrado o degradado? "No percibí interés, compasión ni dignidad. Se me hizo sentir inútil", dice André, y añade: "Esto me provocó sentimientos de frustración y ansiedad, incluso depresión". "Es difícil aceptar consejo de alguien que parece no estar interesado sinceramente en tu bienestar", dice Laura.
Por esta razón, se aconseja a los superintendentes cristianos que traten al rebaño de Dios con respeto y honra. (1 Pedro 5:2, 3.) Si surgen situaciones en las que es necesario y provechoso dar consejo, ¿cómo puede evitar el modo de pensar y actuar de los hombres mundanos, quienes atacan sin vacilar la dignidad ajena? ¿Qué puede ayudarle a respetar la dignidad de sus compañeros cristianos, así como la suya propia? (Proverbios 27:6; Gálatas 6:1.)
Principios que protegen la dignidad
La Palabra de Dios no se mantiene en silencio a este respecto. Un buen consejero confía completamente en el consejo de la Palabra de Dios, más bien que en la sabiduría de este mundo. Los Santos Escritos contienen directrices valiosas. Cuando se siguen, dignifican tanto al consejero como al aconsejado. Por ello, las instrucciones de Pablo al superintendente cristiano Timoteo fueron: "No critiques severamente a un hombre mayor. Por lo contrario, ínstale como a un padre, a los de menos edad como a hermanos, a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) ¡Cuánto pesar, sentimientos heridos y turbación se pueden ahorrar al seguir estas directrices!
Observe que la clave para aconsejar con éxito es respetar a la otra persona y su derecho a ser tratada con dignidad y bondad. Los ancianos cristianos, entre ellos los superintendentes viajantes, deben esforzarse por seguir este consejo, intentando determinar por qué piensa y actúa como lo hace la persona que necesita el consejo. Deben querer conocer su punto de vista y hacer todo lo posible para no avergonzar, degradar ni deshonrar al ayudado.
En su calidad de anciano, hágale ver a su hermano que está interesado en él y que quiere ayudarlo con sus problemas. Así actúa un buen médico cuando usted va a su consulta para un reconocimiento. La idea de desvestirse en una habitación fría y estéril puede resultarle embarazosa y humillante. ¡Cuánto agradece que el médico respete su amor propio y dignidad y le ofrezca una prenda con que cubrirse mientras lo examina para determinar la causa de su enfermedad! Del mismo modo, el consejero cristiano que respeta a su semejante es amable y firme, a la vez que lo reviste de dignidad. (Revelación 2:13, 14, 19, 20.) Por el contrario, el consejo áspero, frío e insensible es como dejar a la persona desvestida: hace que se sienta avergonzada, deshonrada y despojada de su dignidad.
Los superintendentes de la Escuela del Ministerio Teocrático se esfuerzan especialmente por aconsejar con dignidad. Cuando dan consejo a personas de mayor edad, reflejan el mismo amor que tendrían a sus padres carnales. Son considerados, amigables y afectuosos. Esta sensibilidad es necesaria. Genera un ambiente que conduce a que el consejo se dé y se reciba debidamente.
Ancianos, tengan presente que el consejo práctico es enriquecedor, animador, edificante y positivo. Efesios 4:29 dice: "No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación según haya necesidad, para que imparta lo que sea favorable a los oyentes".
No hay necesidad de emplear ni lenguaje áspero ni razonamiento duro. Antes bien, el respeto a la otra persona y el deseo de no herir su amor propio deben impulsarlo a presentar los asuntos de un modo positivo y constructivo. Antes de hacer cualquier observación, encómiela sinceramente por sus buenas cualidades, y no ponga el acento en cuestiones que puedan suscitar sentimientos de frustración o inutilidad. Si es anciano, use su 'autoridad para edificar y no para derribar'. (2 Corintios 10:8.)
Sí, el consejo de un superintendente cristiano debe infundir el ánimo necesario, impartir lo que es favorable. No debe desanimar ni "aterrorizar". (2 Corintios 10:9.) Incluso la persona que ha cometido un mal grave merece hasta cierto punto que se respete su amor propio y dignidad. El consejo ha de templarse con palabras bondadosas y firmes de censura para motivarla al arrepentimiento. (Salmo 44:15; 1 Corintios 15:34.)
Es digno de mención el hecho de que la Ley que Dios dio a Israel incorporaba esos mismos principios. Permitía el consejo e incluso la disciplina física, pero a la vez protegía el derecho de la persona a cierto grado de dignidad personal. Se autorizaba dar golpes 'que correspondieran en número con el hecho inicuo', pero no podían excederse. Se impuso un límite al número de golpes a fin de que el malhechor no 'quedara realmente deshonrado'. (Deuteronomio 25:2, 3.)
A Jesús también lo caracterizó el interés por los sentimientos de los malhechores arrepentidos. Isaías profetizó con respecto a él: "No romperá ninguna caña quebrantada; y en cuanto a una mecha de lino de disminuido resplandor, no la extinguirá. En apego a la verdad sacará la justicia". (Isaías 42:3; Mateo 12:17, 20; Lucas 7:37, 38, 44-50.)
En el Sermón del Monte, Jesús también recalcó la necesidad de tener empatía: "Todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos". (Mateo 7:12.) Tan fundamental es este principio para promover buenas relaciones, que se le suele llamar la regla áurea. Si usted es anciano cristiano, ¿cómo puede ayudarle esta regla a tratar con bondad y dignidad a aquellos a quienes aconseja?
Tenga presente que usted también comete errores. Como dijo Santiago, "todos tropezamos muchas veces". (Santiago 3:2.) Recordar este hecho nos ayudará a atemperar las observaciones y controlar los sentimientos cuando sea necesario hablar a otros sobre sus debilidades. Tenga en cuenta sus susceptibilidades. Así evitará ser demasiado crítico, sacando a colación errores o defectos menores. Jesús puso de relieve la importancia de este consejo cuando dijo: "Dejen de juzgar, para que no sean juzgados; porque con el juicio con que ustedes juzgan, serán juzgados; y con la medida con que miden, se les medirá". (Mateo 7:1, 2.)
Trate a otros con dignidad, opóngase al Diablo
Las tácticas de Satanás tienen como objetivo despojarle de su dignidad, provocar en usted sentimientos de deshonra, inutilidad y desesperación. Fíjese en cómo utilizó a un intermediario humano para provocar emociones negativas en el fiel Job. Elifaz alegó con hipocresía: "En sus siervos él [Jehová] no tiene fe, y a sus mensajeros [santos ángeles] imputa tener faltas. ¡Cuánto más a los que moran en casas de barro [humanos pecadores], cuyo fundamento está en el polvo! Los aplasta uno más rápidamente que a una polilla". (Job 4:18, 19.) De modo que, según él, para Dios, Job no tenía más valor que una polilla. En realidad, el consejo de Elifaz y sus compañeros no solo no edificó a Job, sino que le debió privar incluso del recuerdo de tiempos mejores. A juicio de ellos, su pasado de fidelidad, la educación que dio a su familia, su relación con Dios y sus dones de misericordia no tenían ningún valor.
De igual modo, hoy los malhechores arrepentidos son particularmente susceptibles a tales sentimientos y existe el peligro de que 'sean tragados por hallarse demasiado tristes'. Cuando los ancianos los aconsejan, 'confirman su amor' a ellos al permitirles conservar cierta dignidad. (2 Corintios 2:7, 8.) "Si no se te trata con dignidad, se te hace difícil aceptar el consejo", reconoce William. Es esencial fortalecer su convencimiento de que son valiosos a los ojos de Dios. Recuérdeles que Jehová 'no es injusto para olvidar su obra y el amor que mostraron para con su nombre' durante sus años de servicio fiel. (Hebreos 6:10.)
¿Qué otros factores pueden ayudarle a tratar con dignidad a aquellos a quienes aconseja? Reconozca que todos los seres humanos poseen un derecho natural a la dignidad, ya que fueron hechos a la imagen de Dios. Jehová y Jesucristo los consideran valiosos, como atestigua la provisión doble del rescate y la resurrección. Jehová también otorga dignidad a los cristianos al 'asignarles a un ministerio' y usarlos para suplicar a una generación inicua que busque la paz con Dios. (1 Timoteo 1:12.)
Ancianos, recuerden que la gran mayoría de sus hermanos cristianos son miembros en perspectiva del fundamento de la nueva sociedad humana en una Tierra limpia. Por lo tanto, son valiosos y queridos, y merecen que se les trate con honra. Cuando los aconseje, recuerde que para Jehová y Jesús son importantes, y por su parte siga ayudándolos a mantener su dignidad y amor propio ante los desafíos de Satanás. (2 Pedro 3:13; compárese con 1 Pedro 3:7.)
[Fotografía en la página 26]
Los ancianos cristianos deben respetar la dignidad ajena al dar consejo
[Recuadro en la página 29]
Consejo que respeta la dignidad
1) Dé encomio sincero. (Revelación 2:2, 3.)
2) Sea un buen oyente. Muestre con claridad y bondad cuál es el problema y la razón del consejo. (2 Samuel 12:1-14; Proverbios 18:13; Revelación 2:4.)
3) Base el consejo en las Escrituras. Sea positivo, razonable y animador, y póngase en el lugar de la otra persona. No lastime la dignidad ni el amor propio del aconsejado. (2 Timoteo 3:16; Tito 3:2; Revelación 2:5, 6.)
4) Hágale ver al aconsejado que aceptar y aplicar el consejo resulta en bendiciones. (Hebreos 12:7, 11; Revelación 2:7.)

uso de la Biblia y de las publicaciones: w08 15/4 7; be 144; w93 15/5 20
También los ancianos tienen presente la advertencia contra las palabras sin valor. Cuando es necesario dar consejo, recuerdan que tienen limitaciones, por lo que no se atreven a basarse en sus propios conocimientos. Saben que deben recurrir siempre a la Biblia, pues Pablo dio esta regla: "No [hay que ir] más allá de las cosas que están escritas" (1 Cor. 4:6). De modo que los ancianos no van más allá de lo que está escrito en la Biblia ni, por extensión, de lo que está escrito en las publicaciones bíblicas preparadas por el esclavo fiel y discreto
Sobre los ancianos cristianos recae, de un modo especial, la responsabilidad de utilizar la Biblia para responder preguntas. De hecho, uno de los requisitos que deben reunir es el de "adh[erirse] firmemente a la fiel palabra en lo que toca a su arte de enseñar" (Tito 1:9). Dado que un hermano de la congregación pudiera tomar una decisión importante en su vida tras recibir el consejo de un superintendente, es esencial que dicho consejo se base firmemente en las Escrituras. El ejemplo de los ancianos a este respecto puede influir en la forma de enseñar de muchos otros hermanos
El subpastor cristiano respeta de buena gana el orden teocrático. Muestra ese respeto cuando dirige a la Palabra de Dios, la Biblia, a los que buscan consejo. Aunque la experiencia hará que el anciano cuente con un caudal de consejo bíblico, no significa que tiene a la mano la solución bíblica a todos los problemas. Incluso cuando sabe la respuesta a cierta pregunta, tal vez vea prudente consultar con el que hace la pregunta el Índice de las publicaciones Watch Tower u otros índices. De esta forma enseña de dos maneras: demuestra cómo encontrar información útil, y muestra humildemente respeto a Jehová dirigiendo la atención a lo que la organización de Dios ha publicado.


durante las intervenciones en la reunión: w10 15/10 24, 25

Reuniones que nos edifican, animan y confortan
13 Pablo dice que las reuniones de congregación cumplen un importante propósito: edificar, animar y confortar a quienes asisten a ellas (1 Cor. 14:3). Los ancianos cristianos hacen bien en preguntarse si sus intervenciones realmente levantan el ánimo de los hermanos y los confortan. Para averiguarlo, conviene analizar una reunión que Jesús dirigió poco después de su resurrección.
14 En primer lugar, fíjese en los sucesos que precedieron a esa reunión. Justo antes de que se diera muerte a Jesús, los apóstoles "lo abandonaron y huyeron", y tal como se había predicho, fueron "esparcidos cada uno a su propia casa" (Mar. 14:50; Juan 16:32). Luego, tras su resurrección, Jesús invitó a sus desmoralizados apóstoles a una reunión especial. En respuesta, "los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús les había ordenado". Cuando llegaron, "Jesús se acercó y les habló" (Mat. 28:10, 16, 18). ¡Qué aliviados debieron sentirse al ver que Jesús tomó la iniciativa! Y ¿de qué les habló el Maestro?
15 Jesús empezó comunicándoles lo siguiente a sus discípulos: "Toda autoridad me ha sido dada". Luego, les dio una asignación: "Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos". Finalmente, les dio esta amorosa garantía: "Estoy con ustedes todos los días" (Mat. 28:18-20). ¿Se fijó en lo que Jesús no hizo? No reprendió a sus apóstoles. No cuestionó sus motivos ni agravó sus sentimientos de culpa recordándoles que se les había debilitado su fe temporalmente. Lo que sí hizo fue confirmarles el amor que él y su Padre les tenían encomendándoles una asignación muy importante. ¿Qué efecto tuvo esto en sus apóstoles? Se sintieron tan edificados, animados y confortados que poco después de aquella reunión se les vio de nuevo "enseñando y declarando las buenas nuevas" (Hech. 5:42).
16 Hoy día, los ancianos imitan a Jesús al ver las reuniones como oportunidades de confirmar a los hermanos que nada los separará del amor de Jehová (Rom. 8:38, 39). Por ello, durante sus intervenciones se enfocan en las virtudes de sus hermanos, no en sus debilidades. Y no cuestionan sus motivos. Más bien, sus palabras revelan que los consideran personas que aman a Jehová y que desean hacer lo que a él le agrada (1 Tes. 4:1, 9-12). Por supuesto, hay ocasiones en las que los ancianos quizás tengan que dar un consejo para corregir a la congregación en general, pero si solo hace falta aconsejar a unos cuantos, suele ser mejor hacerlo en privado (Gál. 6:1; 2 Tim. 2:24-26). Cuando los ancianos se dirigen a la entera congregación, procuran dar encomio siempre que sea oportuno (Isa. 32:2). Hacen lo posible por expresarse de tal manera que al concluir la reunión todos los presentes se sientan alentados y fortalecidos (Mat. 11:28; Hech. 15:32).
Un remanso de paz
17 Como el mundo de Satanás se hace cada vez más opresivo, tenemos que asegurarnos de que las reuniones cristianas sean un remanso de paz, es decir, una fuente de consuelo para todos (1 Tes. 5:11). Una hermana que años atrás afrontó una prueba muy difícil junto con su esposo recuerda: "En el Salón del Reino, rodeados de nuestros hermanos, percibíamos el tierno cuidado de Jehová. Sentíamos que podíamos arrojarle nuestra carga, y eso nos daba paz" (Sal. 55:22). Queremos que todos los que asisten a nuestras reuniones se sientan igual de animados y confortados. Para que así sea, desempeñemos el papel que nos corresponde en hacer que las reuniones cristianas sean edificantes.
[Notas]
Se predijo que algunas de las características de las reuniones cristianas del siglo primero cesarían. Por ejemplo, ya no se hablaría en lenguas ni se profetizaría (1 Cor. 13:8; 14:5). Aun así, las instrucciones de Pablo nos ayudan a comprender mejor cómo deben celebrarse las reuniones en la actualidad.
En La Atalaya del 1 de septiembre de 2003, páginas 19 a 22, hallará sugerencias sobre cómo hacer mejores comentarios en las reuniones.
Respecto a la diferencia entre los términos griegos que se traducen por "animar" y "confortar", el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo, de W. E. Vine, explica que la palabra que se traduce "confortar" conlleva un matiz "más entrañable" que la que se traduce "animar" (compárese con Juan 11:19).
Esta pudo haber sido la ocasión a la que Pablo se refirió posteriormente cuando dijo que Jesús "se apareció a más de quinientos" discípulos (1 Cor. 15:6
DIEZ MANERAS DE HACER QUE LAS REUNIONES SEAN EDIFICANTES PARA TODOS
Prepárese de antemano. Si estudia en casa lo que se analizará en el Salón del Reino, las reuniones le resultarán más interesantes y la información se le quedará más grabada.
Asista con regularidad. Ya que una buena concurrencia anima a todos los reunidos, su presencia vale mucho.
Llegue a tiempo. Si está en su asiento antes de que empiece el programa, podrá unirse a los demás en el cántico y la oración de apertura, que son parte de nuestra adoración a Jehová.
Lleve las publicaciones necesarias. Si tiene la Biblia y las publicaciones que se utilizarán en la reunión, podrá seguir el programa y comprender mejor lo que se diga.
No se distraiga. Por ejemplo, no lea los mensajes de texto durante las reuniones. Hágalo en otro momento. Así mantendrá los asuntos personales en su debido lugar.
Participe. Cuando comentan muchos, más personas se sienten animadas y fortalecidas por la diversidad de expresiones de fe.
Haga comentarios breves. Así más hermanos tendrán la oportunidad de participar.
Cumpla con sus asignaciones. Cuando reciba una asignación en la Escuela del Ministerio Teocrático o en la Reunión de Servicio, prepárese bien, ensaye de antemano y procure no cancelarla.
Encomie a quienes participen. Diga a los que tuvieron intervenciones en la reunión o a quienes ofrecieron comentarios lo mucho que agradece su participación.
Relaciónese con los presentes. Los amables saludos y las edificantes conversaciones antes y después de las reuniones incrementan el placer y los beneficios de asistir a ellas.

aplicación de la ley del Cristo: w96 1/9 22, 23
Los ancianos aplican la ley del Cristo
11 Los ancianos están muy interesados en cumplir la ley del Cristo en la congregación. Llevan la delantera en la predicación de las buenas nuevas, enseñan la Biblia de manera que llegue al corazón y, como pastores amorosos y compasivos, hablan a las "almas abatidas". (1 Tesalonicenses 5:14.) Evitan las actitudes anticristianas que existen en muchas religiones de la cristiandad. Como este mundo degenera rápidamente, los ancianos podrían inquietarse por las congregaciones, como le sucedió al apóstol Pablo; pero actúan con equilibrio ante tales preocupaciones. (2 Corintios 11:28.)
12 Por ejemplo, es posible que un cristiano consulte a un anciano sobre un asunto importante que las Escrituras no tratan directamente o que requiere conciliar diferentes principios cristianos. Quizá le han ofrecido un ascenso en el trabajo con un sueldo mejor pero con más responsabilidad. O tal vez un padre incrédulo demande a su hijo cristiano algo que afecte al ministerio de este. En tales situaciones el anciano, en vez de dar su opinión personal, probablemente abra la Biblia y ayude a la persona a analizar los principios pertinentes. Puede valerse del Índice de las publicaciones Watch Tower, si está disponible en su idioma, para encontrar lo que "el esclavo fiel y discreto" ha dicho sobre el asunto en las páginas de La Atalaya y otras publicaciones. (Mateo 24:45.) Pero, ¿y si dicho cristiano tomara una decisión que no le pareciera prudente al anciano? Si esta no violara ningún principio bíblico ni ley, el anciano respetaría el derecho del individuo de tomar tal decisión, pues sabe que "cada uno llevará su propia carga de responsabilidad". Este, sin embargo, debe recordar que "cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará". (Gálatas 6:5, 7.)
13 ¿Por qué actúa de ese modo el anciano con experiencia? Por al menos dos razones. En primer lugar, Pablo dijo a una congregación que él no era 'amo sobre la fe de ellos'. (2 Corintios 1:24.) Al ayudar a su hermano a razonar sobre la base de las Escrituras y a tomar su propia decisión con conocimiento de causa, el anciano imita la actitud de Pablo. Reconoce los límites de su autoridad, tal como Jesús reconoció los suyos. (Lucas 12:13, 14; Judas 9.) Al mismo tiempo, los ancianos ofrecen con presteza consejo bíblico útil, y a veces firme, siempre que es necesario. En segundo lugar, está preparando a su compañero cristiano. El apóstol Pablo dijo: "El alimento sólido pertenece a personas maduras, a los que mediante el uso tienen sus facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto". (Hebreos 5:14.) Así que para pasar a la madurez tenemos que usar nuestras facultades perceptivas y no esperar siempre que otra persona nos diga qué debemos hacer. Al enseñar a su compañero cristiano a razonar sobre la base de las Escrituras, el anciano le ayuda a progresar.
14 Confiamos en que Jehová Dios influirá en el corazón de los verdaderos adoradores por medio de su espíritu santo. De modo que los cristianos maduros apelan al corazón de sus hermanos, les suplican, como hizo el apóstol Pablo. (2 Corintios 8:8; 10:1; Filemón 8, 9.) Pablo sabía que eran principalmente los injustos, no los justos, quienes necesitaban leyes detalladas para controlar su conducta. (1 Timoteo 1:9.) Él no sospechó ni desconfió de los hermanos, sino que tuvo fe en ellos. Escribió a una congregación: "Tenemos confianza en el Señor, respecto a ustedes". (2 Tesalonicenses 3:4.) La fe y la confianza de Pablo sin duda motivó a aquellos cristianos. Los ancianos y los superintendentes viajantes tienen hoy objetivos similares. Estos hombres fieles confortan mucho a la congregación al pastorear con amor el rebaño de Dios. (Isaías 32:1, 2; 1 Pedro 5:1-3.)
Vivamos en conformidad con la ley del Cristo
15 Todos tenemos que examinarnos periódicamente para determinar si vivimos en conformidad con la ley del Cristo y la promovemos. (2 Corintios 13:5.) En realidad, sería provechoso que nos preguntáramos: '¿Soy edificante, o crítico? ¿Soy equilibrado, o extremista? ¿Soy considerado con los demás, o insisto en mis propios derechos?'. El cristiano no trata de dictar a su hermano lo que debe o no debe hacer en asuntos que la Biblia no trata específicamente. (Romanos 12:1; 1 Corintios 4:6.)
16 En estos tiempos críticos es importante que busquemos maneras de animarnos mutuamente. (Hebreos 10:24, 25; compárese con Mateo 7:1-5.) Cuando nos fijamos en nuestros hermanos, ¿no son mucho más importantes para nosotros sus cualidades que sus debilidades? Para Jehová, cada uno de ellos es muy valioso. Desafortunadamente, no todos piensan así, ni siquiera de sí mismos. Muchos tienden a ver solo sus defectos e imperfecciones. Para animar a estos y a otros hermanos, ¿podríamos hablar con uno o dos de ellos en cada reunión, explicándoles por qué valoramos su presencia y su importante aporte a la congregación? ¡Qué gozo aliviar su carga de esa manera y así cumplir la ley del Cristo! (Gálatas 6:2.)
La ley del Cristo en acción
17 La ley del Cristo está en acción en la congregación cristiana. La vemos diariamente cuando nuestros compañeros Testigos declaran las buenas nuevas con tesón, cuando se consuelan y animan unos a otros, cuando se esfuerzan por servir a Jehová a pesar de problemas muy difíciles, cuando los padres procuran criar a sus hijos para que amen a Jehová con un corazón alegre, cuando los superintendentes enseñan la Palabra de Dios con amor y sentimiento, infundiendo en el rebaño un celo ardiente por servir a Jehová indefinidamente. (Mateo 28:19, 20; 1 Tesalonicenses 5:11, 14.) Cuando aplicamos la ley del Cristo en nuestra vida, el corazón de Jehová se regocija. (Proverbios 23:15.) Él quiere que todos los que aman su ley perfecta vivan para siempre. En el Paraíso venidero viviremos en un tiempo en el que la humanidad será perfecta, no habrá infractores de la ley y controlaremos toda inclinación de nuestro corazón. ¡Qué gloriosa recompensa por vivir en conformidad con la ley del Cristo!
[Nota]
Tales hogares no son como los monasterios de la cristiandad. No hay "abades", es decir, "padres". (Mateo 23:9.) A los hermanos encargados se les respeta, pero su servicio se rige por los mismos principios que guían a todos los ancianos.

equilibrio cuando hay que dar consejo: w97 1/8 17, 18
13 En la congregación cristiana, los ancianos y los superintendentes viajantes llevan la delantera en lo que respecta a apreciar a cada miembro individual del rebaño de Dios. La suya es una posición difícil, pues también tienen la grave responsabilidad de disciplinar en justicia, reajustar con espíritu de apacibilidad a los que yerran y ofrecer consejo firme a los que lo necesitan. ¿Cómo equilibran estas diferentes responsabilidades? (Gálatas 6:1; 2 Timoteo 3:16.)
14 El ejemplo de Pablo es de gran ayuda. Él fue un maestro, un anciano y un pastor sobresaliente. Tuvo que tratar con congregaciones que tenían problemas graves, y no se retrajo por temor de dar el consejo firme que se requería. (2 Corintios 7:8-11.) Un repaso del ministerio de Pablo indica que utilizó la reprensión moderadamente, solo cuando la situación lo requería o aconsejaba. De este modo demostró sabiduría piadosa.
15 Si se compara el ministerio del anciano ante la congregación con una pieza musical, la reprensión y la reprimenda serían como una sola nota que armoniza en el conjunto. Esta nota está bien en su debido lugar. (Lucas 17:3; 2 Timoteo 4:2.) Pero imagínese una canción que solo contuviera esa nota, repetida una y otra vez. Pronto nos molestaría al oído. De modo similar, los ancianos cristianos intentan dar una enseñanza completa y variada. No la limitan a corregir problemas, sino que su tono general es positivo. Al igual que Jesucristo, los ancianos amorosos buscan primero lo bueno para dar encomio, no las faltas para criticar. Aprecian el trabajo arduo que hacen sus compañeros cristianos. Tienen la confianza de que, en general, cada uno está haciendo todo lo que puede para servir a Jehová. Y los ancianos siempre están dispuestos a expresar este sentimiento con palabras. (Compárese con 2 Tesalonicenses 3:4.)
16 Sin lugar a dudas, la mayoría de los cristianos a quienes Pablo sirvió sentían que él los apreciaba y compartía sus sentimientos como compañero. ¿Cómo lo sabemos? Veamos lo que sentían por Pablo. No lo temían, aunque poseía mucha autoridad. Por el contrario, Pablo era una persona amada y abordable. En una ocasión, cuando se marchó de una región, los ancianos "se echaron sobre el cuello de Pablo y lo besaron tiernamente". (Hechos 20:17, 37.) Los ancianos, y todos nosotros, debemos estar muy agradecidos de tener el ejemplo de Pablo para imitarlo. Sí, apreciémonos unos a otros.
Actos de bondad amorosa
17 Uno de los estímulos más fuertes del amor fraternal es el simple acto de bondad. Como Jesús dijo, "hay más felicidad en dar que en recibir". (Hechos 20:35.) Ya sea que demos en sentido espiritual, material o de nuestro tiempo y energías, no solo hacemos felices a los demás, sino que también obtenemos felicidad nosotros mismos. La bondad es contagiosa en la congregación. Un acto de bondad genera a su vez otros actos similares. Al poco tiempo, florece el afecto fraternal. (Lucas 6:38.)
18 Jehová instó al pueblo de Israel a ser bondadoso. En Miqueas 6:8 leemos: "Él te ha dicho, oh hombre terrestre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que Jehová está pidiendo de vuelta de ti sino ejercer justicia y amar la bondad y ser modesto al andar con tu Dios?". ¿Qué significa "amar la bondad"? La palabra hebrea que se utiliza en este texto para "bondad" (jé·sedh) también se ha traducido por "misericordia". Según The Soncino Books of the Bible, esta palabra "denota algo más activo que la palabra abstracta [...] [misericordia]. Significa 'misericordia traducida en hechos', la realización de acciones personales de bondad amorosa, no solo para los pobres y necesitados, sino para el prójimo en general". Por ello, otro erudito dice que ·sedh significa "amor traducido en acción".
19 Nuestro amor fraternal no es teórico o abstracto. Es una realidad concreta. De modo que busquemos maneras de hacer lo bueno a nuestros hermanos. Seamos como Jesús, que no siempre esperó que la gente se le acercara para pedirle ayuda, sino que a menudo él mismo tomó la iniciativa. (Lucas 7:12-16.) Pensemos especialmente en los más necesitados. ¿Necesita una persona anciana o enferma que se la visite o se le haga algún recado? ¿Necesita un "huérfano" algo de tiempo y atención? ¿Necesita un alma abatida un oído atento o unas palabras de consuelo? Siempre que podamos, tomémonos el tiempo para realizar estos actos de bondad. (Job 29:12; 1 Tesalonicenses 5:14; Santiago 1:27.) Nunca olvidemos que en una congregación compuesta de gente imperfecta, uno de los actos de bondad fundamentales es el perdón: no albergar jamás resentimiento aunque tengamos una causa legítima de queja. (Colosenses 3:13.) El que estemos dispuestos a perdonar contribuye a mantener la congregación libre de divisiones, rencores y contiendas, comparables a chorros de espuma que sofocan el fuego del amor fraternal.
20 Que todos estemos resueltos a mantener ardiendo en nuestro corazón este fuego vital del amor. Hagámonos regularmente un autoexamen. ¿Compartimos sentimientos como compañeros? ¿Apreciamos a los demás? ¿Efectuamos actos de bondad? Si así lo hacemos, el fuego del amor mantendrá caliente nuestra hermandad, no importa lo frío e insensible que se vuelva este mundo. Permita, pues, por todos los medios "que su amor fraternal continúe", ahora y para siempre. (Hebreos 13:1.)
[Nota]
Algunas traducciones dan a entender en este texto que quien toca al pueblo de Dios no toca el ojo de Dios, sino el de Israel o incluso el suyo propio. Este error procede de algunos escribas medievales, que cambiaron este versículo en su afán equivocado de enmendar los pasajes que consideraban irreverentes. De este modo oscurecieron la intensidad de la empatía personal de Jehová.

importancia de expresarlo: w94 1/12 29
reconocer su servicio fiel: w94 1/12 29
Reconocimiento en la congregación cristiana
Es sumamente importante cultivar un interés sincero en otros miembros de la congregación cristiana y expresar libremente la gratitud por sus hechos y esfuerzos. Los ancianos cristianos deben tomar la iniciativa y reconocer los logros y esfuerzos de los hermanos de la congregación. "Hasta que no me hicieron varias visitas de pastoreo no me di cuenta de cuánto significaban [las palabras de reconocimiento] en términos de ánimo, satisfacción y felicidad —dijo Margaret—. Me percaté de lo que se pierde cuando no se expresa reconocimiento." Esta es una buena razón para mostrar verdadero interés personal amoroso en todos los miembros de la congregación. Reconozca su buen trabajo. Encómielos y anímelos con liberalidad. En muchas congregaciones hay familias monoparentales que se esfuerzan por inculcar valores espirituales en sus hijos. Estas merecen encomio especial. Resalte lo positivo y no lo negativo. Que los demás vean el afecto fraternal que les tiene. Que vean que usted se interesa en ellos. Los superintendentes amorosos laboran de este modo para edificar a la congregación. (2 Corintios 10:8.) Los miembros de la congregación corresponden dando el debido reconocimiento y respeto a estos hermanos fieles que trabajan arduamente por ellos. (1 Timoteo 5:17; Hebreos 13:17.)

no enseñorearse del rebaño: w11 15/6 23, 24; jr 129, 131; w07 15/6 19, 20; w06 1/4 20; w90 1/9 18, 19; w89 15/9 16, 17
Tampoco como enseñoreándose [...], sino haciéndose ejemplos del rebaño"
17 Como vimos, los ancianos han de recordar siempre que el rebaño no es suyo, sino de Jehová. Por esa razón, no deben tratar con actitud prepotente a "los que son la herencia de Dios" (léase 1 Pedro 5:3). Hubo ocasiones en las que los apóstoles de Jesús intentaron alcanzar puestos de autoridad por motivos puramente egoístas. Parece que, al igual que los gobernantes de su época, se habían dejado dominar por las ansias de poder (léase Marcos 10:42-45).
18 En nuestros tiempos, el cristiano que esté "procurando alcanzar un puesto de superintendente" hace bien en preguntarse qué lo motiva (1 Tim. 3:1). De igual modo, quienes ya realizan esa función deben plantearse con franqueza: "¿Habré caído yo en el mismo error que los apóstoles?". Si a ellos les costó resistirse a los encantos del poder, lo mismo puede ocurrirles a los ancianos. Está claro que no pueden bajar la guardia.
19 Por supuesto, hay momentos en que los pastores tienen que demostrar firmeza. Este es el caso, por ejemplo, cuando el rebaño se ve atacado por "lobos opresivos" (Hech. 20:28-30). La firmeza es igualmente necesaria para aplicar el consejo que Pablo le dio a Tito: "Sigue [...] exhortando y censurando con plena autoridad" (Tito 2:15). Pero incluso en tales situaciones, han de tratar a los implicados con respeto y dignidad. ¿Por qué? Porque saben que la mejor manera de llegarles al corazón y motivarlos a cambiar no es criticándolos con severidad, sino persuadiéndolos con amor.
20 El ejemplo de Jesús es muy poderoso. Ciertamente, cuando un anciano repasa los relatos de los Evangelios, se siente impulsado a tratar con cariño al rebaño (Juan 13:12-15). Y es que el corazón se nos conmueve al ver la forma como él enseñó a sus discípulos durante su ministerio. Tan hondo les caló la humildad de su Maestro que la tomaron como modelo en su vida y comenzaron a ver a "los demás [como] superiores" (Fili. 2:3). Hoy, el ejemplo de Jesús también impulsa a los superintendentes a seguir sus pasos y, de este modo, ser "ejemplos del rebaño".
21 Pedro concluyó su exhortación refiriéndose a una futura recompensa (léase 1 Pedro 5:4). Los ancianos ungidos recibirán la imperecedera "corona de la gloria", pues vivirán eternamente con Cristo en el cielo. Y los superintendentes que son de las "otras ovejas" tendrán el honor de pastorear el rebaño de Dios en la Tierra bajo el gobierno del "pastor principal" (Juan 10:16). En el siguiente artículo analizaremos varias formas en las que todos podemos apoyar a quienes dirigen la congregación.

. ¡Ay de cualquiera que descuide a sus hermanos, que sea tirano o que los trate con dureza o arrogancia! (Mat. 20:25-27; 1 Ped. 5:2, 3.) ¿Qué busca Jehová en los pastores cristianos? ¿Qué nos enseñan los escritos de Jeremías sobre las actitudes y los motivos con que los ancianos deben llevar a cabo su labor? Analicemos su papel de ayudantes y protectores, el de maestros dentro y fuera de la congregación y el de jueces.
CUIDAN Y PROTEGEN
5 El apóstol Pedro llamó a Jehová el "pastor y superintendente de [nuestras] almas" (1 Ped. 2:25). ¿Cómo ve Dios a sus "ovejas"? Hallamos la respuesta retrocediendo a la época de Jeremías. Tras censurar a los malos pastores por haber dispersado y desatendido al rebaño, Jehová dijo que juntaría a sus ovejas y las haría volver a sus pastos. También prometió levantarles buenos pastores, 'que realmente las pastorearían' y las defenderían de enemigos voraces (Jer. 23:3, 4). En efecto, las ovejas eran muy valiosas para Jehová, y lo siguen siendo, pues ha pagado un altísimo precio por su bienestar eterno (1 Ped. 1:18, 19).
6 Como si de pastores literales se tratara, los superintendentes no pueden descuidar a la congregación. Ancianos, ¿están ustedes alerta a cualquier señal de sufrimiento de parte de sus hermanos y están listos para acudir en su auxilio sin demora? El sabio rey Salomón escribió: "Debes conocer positivamente la apariencia de tu rebaño. Fija tu corazón en tus hatos" (Pro. 27:23). Aunque estas palabras hacen hincapié en la laboriosidad del pastor literal, en principio pueden aplicarse al cuidado que los pastores espirituales dispensan a la congregación. Es oportuno, pues, que los ancianos se pregunten: "¿Estoy combatiendo de manera consciente cualquier tendencia que tenga a dominar a los demás?". El mismo hecho de que Pedro dijera "enseñoreándose de los que son la herencia de Dios" indica que es perfectamente posible que un anciano se comporte de esta manera. ¿Qué pueden hacer, entonces, los ancianos para que "el rebaño se eche", según la descripción que se encuentra en Jeremías 33:12? (Léase.) Los padres y las madres sin cónyuge, las viudas, las familias con padrastros o madrastras, los viejos y los jóvenes están entre quienes precisan atención y asistencia especiales.
7 Al igual que un pastor va en busca de las ovejas extraviadas, el anciano a veces tiene que ir a buscar y ayudar a los que por una u otra razón se han descarriado del rebaño. Para ello necesita vestirse de un espíritu de sacrificio y humildad. Debe, con paciencia, dedicar tiempo a atender las necesidades de los hermanos que tiene a su cargo. Ancianos, pregúntense con franqueza: "¿Hasta qué grado me esfuerzo yo por animar y fortalecer en lugar de condenar o criticar? ¿Quiero sinceramente mejorar?". En ocasiones se requieren esfuerzos reiterados para ayudar a alguien a ver las cosas desde el punto de vista de Dios. Si un hermano vacila en aceptar un consejo de las Escrituras (no una mera opinión personal), recordemos el ejemplo del Supremo Pastor y Superintendente, Jehová, quien 'siguió hablando' y tratando de asistir a su pueblo rebelde (Jer. 25:3-6). Hoy, la mayoría de los siervos de Dios no practican cosas malas; de todos modos, siempre que sea necesario dar un consejo, los ancianos deben darlo a imitación de Jehová.
8 Mientras aún había esperanzas de que sus paisanos se volvieran a Jehová, Jeremías oró en su favor. Dijo a Dios: "Acuérdate de cómo estuve de pie delante de ti para hablar lo bueno hasta acerca de ellos, para volver de contra ellos tu furia" (Jer. 18:20). De esto se desprende que el profeta buscaba lo bueno en sus hermanos y no les imputaba malos motivos. Los superintendentes deben adoptar esa misma actitud hasta que se haga evidente que un hermano se ha propuesto en su corazón hacer lo que es malo y no va a cambiar. Un paso positivo es elogiar a los hermanos por el bien que están logrando y orar por ellos y con ellos (Mat. 25:21).
¿Qué prometió Jehová mediante Jeremías con relación a los pastores espirituales? ¿Cómo cuidan y protegen al rebaño los superintendentes cristianos?
"ELLOS CIERTAMENTE LOS APACENTARÁN"
9 De acuerdo con Jeremías 3:15, los pastores cristianos tienen que 'apacentar a las ovejas con conocimiento y perspicacia'; en otras palabras, tienen que saber enseñar (1 Tim. 3:2; 5:17). Jehová prometió a su pueblo que eso, precisamente, es lo que harían los buenos pastores, e instó a los judíos a aceptar las amonestaciones de su profeta Jeremías (léase Jeremías 6:8). Las ovejas deben alimentarse bien para estar sanas. De modo similar, para gozar de salud espiritual, el pueblo de Dios necesita nutrirse de las Escrituras y seguir su guía.
10 En lo que respecta a su papel de maestros, los ancianos tienen un doble deber: tanto ayudar a los que ya son cristianos verdaderos como ayudar a los que todavía no lo son. En cuanto al segundo deber, recordemos que una de las principales razones por las que existe la congregación cristiana es la predicación de las buenas nuevas del Reino de Dios. Por eso, los ancianos deben ser evangelizadores celosos (Jer. 1:7-10). Así cumplirán con su responsabilidad ante Dios por un lado, y por otro, les darán el ejemplo a los hermanos. Ancianos, ¿no han notado que predicar a menudo con diferentes hermanos y hermanas les permite ayudarlos a refinar sus métodos de enseñanza, al tiempo que refinan los suyos propios? Además, cuando ustedes se ponen a la cabeza de la predicación, imparten a los hermanos el ánimo que necesitan, lo que contribuye al progreso de toda la congregación.
11 La enseñanza de los ancianos debe fundarse en la Biblia para que sea alimento espiritual sano. Por tal motivo, el anciano que desee ser un maestro eficaz ha de ser un estudiante aplicado de la Palabra de Dios. Este hecho contrasta con la razón por la cual Jeremías tachó de ineficaces a los dirigentes de su pueblo: "Los pastores se han portado irrazonablemente, y no han buscado siquiera a Jehová. Por eso no han obrado con perspicacia, y todos sus animales apacentados han sido esparcidos" (Jer. 10:21). Quienes se suponía que fueran maestros no seguían los principios de las Escrituras ni buscaban a Dios; por eso, era imposible que obraran con verdadera sabiduría. Jeremías denunció en términos todavía más severos a los supuestos profetas (léase Jeremías 14:14, 15).
12 En contraposición con aquellos falsos pastores, los superintendentes cristianos estudian y copian el ejemplo de Jesús. Solo así pueden ser pastores sabios. Tal vez sea difícil apartar tiempo para estudiar con regularidad debido a las múltiples obligaciones que absorben su tiempo y atención. Pero si usted es anciano, pregúntese: "¿Estoy totalmente convencido de que mi enseñanza será beneficiosa y veraz y reflejará conocimiento y perspicacia únicamente si se basa en la Palabra de Dios y la guía del esclavo fiel y discreto?". Si reconoce que ya no estudia tanto como antes, ¿qué piensa hacer para seguir distinguiéndose de los falsos pastores del tiempo de Jeremías?
13 Un elemento que contribuyó a que Jeremías fuera un excelente maestro fue el uso de ejemplos. Claro, en su caso, el instructor fue Jehová. De haber estado nosotros allí, ¡qué difícil hubiera sido olvidar la vez que Jeremías rompió en pedazos una vasija de barro diciendo que así haría pedazos Jehová a Jerusalén y sus habitantes! (Jer. 19:1, 10, 11.) En otra ocasión, él hizo un yugo y se lo puso al cuello para indicar que su pueblo sufriría la cruel opresión de Babilonia (Jeremías, capítulos 27 y 28). Dios no manda hoy a los ancianos que acompañen su enseñanza con ilustraciones tan gráficas; sin embargo, ¿no es cierto que agradecemos cuando entretejen su enseñanza con ejemplos y experiencias adecuadas? Los ejemplos e imágenes bien pensados y oportunos son tanto impactantes como motivadores.
14 ¡Cuánto valoramos la enseñanza de los pastores cristianos! Consciente de que su pueblo necesitaba sanación espiritual, Jeremías preguntó: "¿No hay bálsamo en Galaad? ¿O no hay sanador allí?" (Jer. 8:22). Por supuesto que había bálsamo literal en Galaad, región israelita situada al oriente del Jordán. Este aceite aromático de origen vegetal era conocido por sus virtudes medicinales y solía aplicarse como remedio en las llagas o heridas. Lo que no había era curación espiritual. ¿Por qué? Jeremías observó: "Los profetas mismos realmente profetizan en falsedad; y en cuanto a los sacerdotes, van sojuzgando conforme a sus poderes. Y mi propio pueblo así lo ha amado" (Jer. 5:31). ¿Cuál es la situación actual? ¿Hay "bálsamo en Galaad"? ¡Claro que sí! Lo hallamos en nuestras congregaciones. Podemos comparar el bálsamo vivificador al consuelo que nos brindan los pastores cristianos cuando amorosamente nos señalan principios bíblicos, nos animan y oran por nosotros y con nosotros (Sant. 5:14, 15).
¿Qué aspectos de la enseñanza de los ancianos de su congregación agradece usted especialmente? ¿Qué hace que la enseñanza de ellos sea eficaz?
"ESTO ES LO QUE HA DICHO JEHOVÁ"
15 Imagine la alegría del pastor que ve recompensadas sus largas jornadas de laborioso trabajo con el nacimiento de corderos sanos. No obstante, él sabe que para que se desarrollen completamente tiene que atenderlos. Debe proporcionarles alimento nutritivo. Como los corderos nacen con colas largas que pueden arrastrar por el estiércol y el barro, se las corta —con mucho cuidado para no causarles dolor innecesario— y así los mantiene limpios y saludables. Del mismo modo, los pastores espirituales atienden con amor a las ovejas, los miembros de su congregación (Juan 21:16, 17). A los ancianos también les da mucho gusto ver que las personas interesadas dan pasos para hacerse cristianos verdaderos. Su deseo es que todas las ovejas —tanto jóvenes como adultas— estén saludables, bien nutridas; por eso les prodigan cuidados constantes y les prestan la ayuda necesaria. Su trabajo incluye recordarles las cosas "que ha dicho Jehová", es decir, las enseñanzas de las Escrituras (Jer. 2:2, 5; 7:5-7; 10:2; Tito 1:9).
16 Jeremías tuvo que armarse de valor para anunciar el mensaje de Dios. Los superintendentes también tienen que ser valientes, sobre todo a la hora de hablar con los hermanos a fin de protegerlos. Puede ser, por ejemplo, que un pastor espiritual vea conveniente intervenir en una situación en particular para evitar que un "corderito recién nacido" o una "oveja adulta" se ensucien con el mundo de Satanás. Quizás la persona que corre peligro no esté buscando consejos; aun así, ¿puede el pastor concienzudo cruzarse de brazos mientras ve a un miembro de su rebaño meterse en líos? ¡Por supuesto que no! Tampoco tratará el asunto con ligereza, pretendiendo que todo está bien, cuando obviamente la realidad es otra y su hermano se arriesga a perder la paz con Jehová (Jer. 8:11).
17 Si una oveja incauta es inducida a alejarse del rebaño, el pastor vigilante se apresurará a encarrilarla de nuevo (léase Jeremías 50:6, 7). A veces, el superintendente tendrá que razonar con firmeza y amor con los que se exponen al peligro. Por ejemplo, quizás observe que una pareja comprometida para casarse va sin acompañante a lugares donde la pasión puede dominarlos. Como pastor amoroso y comprensivo que es, los ayudará a evitar estas circunstancias comprometedoras. Guardándose de lanzar acusaciones, les señalará el riesgo que corren de hacer algo que Jehová odie. Como Jeremías, los ancianos fieles condenan lo que Dios condena. En este aspecto son como Jehová, quien instó bondadosamente a su pueblo mediante su profeta: "No hagan, por favor, esta clase de cosa detestable que he odiado" (Jer. 5:7; 25:4, 5; 35:15; 44:4). ¿Apreciamos de verdad el interés por el rebaño que muestran los pastores afectuosos?
18 Desde luego, no todos aquellos a quienes Jeremías aconsejó lo escucharon; pero hubo algunos que sí. Uno de ellos fue Baruc, su amigo y secretario. Cuando necesitó un consejo firme, Jeremías no se retuvo de dárselo (Jer. 45:5). ¿Con qué resultados? Baruc conservó el favor de Dios y sobrevivió a la destrucción de Jerusalén. Hoy día, los esfuerzos que hacen los ancianos por ayudar a sus hermanos también tienen un efecto muy positivo. Esto los impulsa a seguir 'aplicándose a la exhortación y la enseñanza' que llevan a la salvación (1 Tim. 4:13, 16).
DISCIPLINA AL "GRADO DEBIDO"
19 Otro papel que cumplen los superintendentes es el de jueces espirituales. En ocasiones excepcionales, los ancianos tienen que tratar con pecadores obstinados con la esperanza de moverlos al arrepentimiento. Jehová exhortó a los malhechores —con bondad, pero sin rodeos— a que dejaran sus malos caminos (Jer. 4:14). Si un miembro de la congregación rehúsa abandonar su mal proceder, los superintendentes toman medidas para proteger al rebaño de una posible influencia corruptora. Siguiendo las normas de las Escrituras, expulsan al malhechor. Jehová espera que los ancianos defiendan la justicia en tales circunstancias. El buen rey Josías fue un claro ejemplo al respecto, pues "defendió la reclamación legal del afligido y del pobre". Imitó el amor de Dios por la justicia. Por eso, Jehová pudo preguntar con respecto a la forma de obrar de Josías: "¿No era ese un caso de conocerme?". A Josías "le fue bien" porque practicó el derecho y la justicia. ¿No se siente usted más seguro cuando los ancianos imitan el ejemplo de Josías? (Jer. 22:11, 15, 16.)
20 Podemos tener la completa certeza de que Jehová disciplina a los malhechores al "grado debido" (Jer. 46:28). Por consiguiente, dependiendo de las circunstancias y la actitud del pecador, los ancianos tendrán que aconsejarlo, exhortarlo o censurarlo. Y si no se arrepiente, será necesario expulsarlo. En tal caso, los ancianos no oran en público por la persona expulsada que se obstina en el pecado; no sirve de nada (Jer. 7:9, 16). Pero sí imitarán a Dios mostrándole cómo recobrar el favor divino (léase Jeremías 33:6-8). Si bien la expulsión puede ser dolorosa, no nos cabe duda de que las normas de Dios son rectas y justas, y los beneficios de aplicarlas son inmejorables (Lam. 1:18).
21 Si los pastores cristianos conocen y aplican las inspiradas normas divinas, el rebaño estará bien alimentado, saludable y protegido (Sal. 23:1-6). Los ejemplos de actitudes y motivos (tanto buenos como malos) que expone Jeremías les serán de gran utilidad en el cumplimiento de su importante tarea de cuidar a las ovejas de Dios. Preguntémonos: "¿Seguiré mostrando gratitud por la forma en que Jehová enseña, guía y protege a su pueblo, a saber, mediante pastores que apacientan al rebaño 'con conocimiento y perspicacia'?" (Jer. 3:15; 23:4).
¿Qué circunstancias exigen que los ancianos actúen con valentía? ¿Qué espera Jehová de los ancianos que hacen de jueces?
[Nota]
Véase La Atalaya del 1 de diciembre de 2001, páginas 30 y 31.

Interés en el rebaño de Jehová
El tierno cuidado de Jehová se manifiesta en la congregación cristiana. Jesucristo, como Cabeza de la congregación, pide a los ancianos que cuiden de su rebaño (Juan 21:15-17). La palabra griega para superintendente se relaciona con un verbo que significa "vigilar cuidadosamente". ¿Cómo se hace esto? El apóstol Pedro, dirigiéndose a los ancianos, lo aclara: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño" (1 Pedro 5:2, 3).
En efecto, la labor de los ancianos es como la de un pastor. Los superintendentes cristianos tienen que atender a los que están enfermos espiritualmente y corregirlos para que su vida refleje los principios justos de la Palabra de Dios. Además, tienen que organizar las actividades relacionadas con la congregación, mantener el orden en ella y programar las reuniones (1 Corintios 14:33).
Sin embargo, las palabras de Pedro nos advierten de un peligro: que los ancianos se enseñoreen de la congregación. Un paso en esa dirección sería establecer reglas innecesarias. Llevado por un fuerte sentido de responsabilidad, puede que un anciano vaya demasiado lejos en su afán de proteger al rebaño. Por ejemplo, en un país oriental, los ancianos de cierta congregación impusieron algunas reglas para saludarse en el Salón del Reino —como quién debería hablar primero—, convencidos de que eso contribuiría a la paz de la congregación. Y aunque nadie duda de los buenos motivos, ¿estaban esos ancianos en verdad imitando a Jehová? Es interesante notar la actitud que tenía el apóstol Pablo y que plasmó en las siguientes palabras: "No que seamos nosotros amos sobre la fe de ustedes, sino que somos colaboradores para su gozo, porque es por su fe que están firmes" (2 Corintios 1:24). Tengamos presente que Jehová confía en sus siervos.
Los ancianos bondadosos no solo se contienen de fijar reglas sin base bíblica, sino que también demuestran su interés al no revelar asuntos privados. Están conscientes de la advertencia divina: "No reveles el habla confidencial de otro" (Proverbios 25:9).

¿Procura usted adelantar?
"Si algún hombre está procurando alcanzar un puesto de superintendente, desea una obra excelente." (1 TIMOTEO 3:1.)
LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ van tras objetivos apropiados a los que dan dirección y realización en conformidad con la guía divina. Esto no causa sorpresa, pues su Dios fija para sí mismo objetivos nobles y siempre cumple sus propósitos. (Isaías 55:8-11.) Los siervos de Jehová no deben ser como los que, por carecer de buen objetivo en la vida, van por ella despreocupados y sin que su proceder sea de mucho beneficio para nadie excepto para sí mismos. Para los testigos de Dios es de suma importancia cumplir con el noble objetivo o fin de proclamar el mensaje del Reino y compartir con otros el conocimiento dador de vida de la Palabra de Dios. (Salmo 119:105; Marcos 13:10; Juan 17:3.)
2 En la organización de Jehová se persiguen también otros objetivos nobles. El apóstol Pablo se refirió a uno de estos cuando escribió: "Esa declaración es fiel. Si algún hombre está procurando alcanzar un puesto de superintendente, desea una obra excelente". Ese hombre quiere lograr algo para el bien de los demás. Desea "una obra excelente", no una vida de comodidad y gloria. Otra traducción dice: "Encierra mucha verdad decir que manifiesta loable ambición el hombre que se afana por ser guía para otros". (1 Timoteo 3:1, Phillips.)
Peligros para los ancianos
3 ¿En qué sentido tiene "loable ambición" el hombre que fija su corazón en ser superintendente cristiano? Pues bien, la ambición es el deseo ardiente de lograr algún objetivo particular. Es verdad que hay ambiciones nobles y ambiciones innobles. Pero cuando un hombre procura alcanzar humildemente el puesto de superintendente porque desea servir a otros, entonces rinde su servicio con motivos rectos, lo que puede redundar en bendiciones espirituales. Pero tiene que salvaguardar su corazón. (Proverbios 4:23.)
4 Algunos ambiciosos buscan gloria. Otros quieren gobernar a su semejante humano. El codiciar prominencia o poder es como una raíz podrida que puede llevar a que hasta un árbol aparentemente saludable se venga abajo con gran estrépito. También un cristiano pudiera sucumbir a tal clase de ambición mal motivada. (Proverbios 16:18.) "Escribí algo a la congregación —dijo el apóstol Juan—, pero Diótrefes, a quien le gusta tener el primer lugar entre ellos ["quien quiere ser cabeza de todo", Phillips], no recibe nada de nosotros con respeto. Por eso, si voy, traeré a memoria sus obras que sigue haciendo, charlando acerca de nosotros con palabras inicuas. Además, no estando contento con estas cosas, tampoco recibe él mismo a los hermanos con respeto, y a los que quieren recibirlos él trata de impedírselo y de echarlos de la congregación." (3 Juan 9, 10.) La ambición de Diótrefes no era cristiana. No hay lugar para la arrogancia ni la ambiciosa búsqueda de poder sobre otros entre los verdaderos seguidores de Jesús. (Proverbios 21:4.)
5 El superintendente cristiano que atiende sus deberes con el motivo correcto no persigue ambiciones egoístas. Considera la obra excelente de la superintendencia cristiana como un privilegio que Dios le ha concedido y pastorea al rebaño de Dios 'no como obligado, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplo del rebaño'. (1 Pedro 5:2, 3.) Sí, los superintendentes deben guardarse de desarrollar altivez y pretender usar abusivamente el poder.
6 El anciano no debe enseñorearse de otros cristianos, pues es colaborador de ellos, no 'amo sobre la fe de ellos'. (2 Corintios 1:24.) Cuando algunos apóstoles buscaron prominencia, Jesús les dijo: "Ustedes saben que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes, y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser esclavo de ustedes. Así como el Hijo del hombre no vino para que se le ministrara, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos". (Mateo 20:20-28.) Un anciano no es el Pastor Principal, sino solo un subpastor. Si se enseñorea del rebaño, manifiesta un espíritu de orgullo. Especialmente causaría daño si atrajera a otros para que le ayudaran a promover sus ambiciones orgullosas. Un proverbio dice: "Todo el que es orgulloso de corazón es cosa detestable a Jehová. Mano puede unirse a mano; no obstante, uno no quedará libre de castigo". (Proverbios 16:5.)
7 Por lo tanto, los ancianos cristianos deben 'humillarse bajo la mano poderosa de Dios'. El orgullo impide que uno sea útil en sentido espiritual, pues solo los humildes tienen la condición apropiada de corazón y mente para hacer la voluntad de Dios. "Dios se opone a los altivos, pero da bondad inmerecida a los humildes." (1 Pedro 5:5, 6.) Sí, Jehová bendice a los que despliegan humildad mental. De entre estos se nombra a hombres capacitados para que sirvan en calidad de ancianos cristianos.
8 La historia moderna de los testigos de Jehová está llena de relatos de personas piadosas que han servido con humildad. Por ejemplo, considere el caso del apacible W. J. Thorn, quien en un tiempo fue peregrino o superintendente viajante y por muchos años trabajó en Betel. Otro cristiano dijo de él: "Jamás olvidaré una declaración del hermano Thorn que me ha sido útil hasta el día de hoy. Dijo, y cito: 'Cuando noto que me estoy tomando demasiado en serio, me llevo a mí mismo a un lado, por decirlo así, y me digo: "Oye, motita de polvo. ¿Qué hay en ti mismo de que puedas enorgullecerte?"'". ¡Qué cualidad tan encomiable para que la desplieguen los ancianos y otras personas! Recuerde: "El resultado de la humildad y del temor de Jehová es riquezas y gloria y vida". (Proverbios 22:4.)
Dios da el deseo de servir
9 ¿Es dádiva de Dios el deseo de servir como superintendente? Sí, pues el espíritu de Jehová suple motivación, ánimo y fortaleza para que le rindamos servicio sagrado. Por ejemplo, ¿qué sucedió cuando los seguidores de Jesús, bajo persecución, oraron por denuedo para predicar? "El lugar donde estaban reunidos fue sacudido; y todos sin excepción quedaron llenos del espíritu santo, y hablaban la palabra de Dios con denuedo." (Hechos 4:27-31.) Puesto que el espíritu santo produjo aquellos resultados, también puede hacer que uno procure adelantar hacia un puesto de responsabilidad.
10 ¿A qué podría deberse el que un cristiano maduro no estuviera procurando adelantar en ese sentido? Puede que sea un hombre espiritual, pero quizás le parezca que no está capacitado. (1 Corintios 2:14, 15.) Por supuesto, debemos tener un punto de vista modesto de nosotros mismos, porque estamos al tanto de nuestras limitaciones. (Miqueas 6:8.) En vez de pensar, presuntuosamente, que somos los más capacitados para cumplir con cierta responsabilidad, es bueno recordar que "la sabiduría está con los modestos". (Proverbios 11:2.) Pero también debemos comprender que si Dios nos concede algún privilegio de servicio también nos dará la fortaleza necesaria para cumplir con él. Como dijo Pablo: "Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder". (Filipenses 4:13.)
11 Tal vez el cristiano no se esfuerce por alcanzar un puesto de superintendencia porque piense que no es lo suficientemente sabio como para dar consejo. Pues bien, quizás él pueda adquirir sabiduría mediante estudiar la Palabra de Dios con mayor diligencia, y ciertamente debería orar por sabiduría. Santiago escribió: "Si alguno de ustedes tiene deficiencia en cuanto a sabiduría, que siga pidiéndole a Dios, porque él da generosamente a todos, y sin echar en cara; y le será dada. Pero que siga pidiendo con fe, sin dudar nada, porque el que duda es semejante a una ola del mar impelida por el viento y aventada de una parte a otra. De hecho, no vaya a figurarse ese hombre que recibirá cosa alguna de Jehová; es un hombre indeciso, inconstante en todos sus caminos". (Santiago 1:5-8.) Dios contestó la oración de Salomón y le dio "un corazón sabio y entendido" que le ayudó a discernir entre lo bueno y lo malo al juzgar. (1 Reyes 3:9-14.) Aunque el caso de Salomón fue especial, mediante el estudio diligente y la ayuda de Dios los hombres a quienes se ha confiado responsabilidad en la congregación pueden aconsejar a otros en justicia. "Jehová mismo da la sabiduría; procedentes de su boca hay conocimiento y discernimiento." (Proverbios 2:6.)
12 Puede que haya alguna inquietud tras el que un hombre se retraiga de adelantar. Quizás piense que no podría llevar la seria responsabilidad de ser anciano. Hasta Pablo confesó: "Hay lo que se me viene encima de día en día, la inquietud por todas las congregaciones". (2 Corintios 11:28.) Pero el apóstol sabía qué hacer si experimentaba inquietud, pues escribió: "No se inquieten por cosa alguna, sino que en todo, por oración y ruego junto con acción de gracias, dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales mediante Cristo Jesús". (Filipenses 4:6, 7.) Sí, la oración y la confianza en Dios son útiles para aliviar la inquietud.
13 Si persiste alguna inquietud, el hombre que se cohíbe de adelantar hacia mayores responsabilidades pudiera orar como lo hizo David: "Escudríñame completamente, oh Dios, y conoce mi corazón. Examíname, y conoce mis pensamientos inquietantes, y ve si hay en mí algún camino doloroso, y guíame en el camino de tiempo indefinido". (Salmo 139:23, 24.) Sin importar cuál sea la causa de nuestros pensamientos "inquietantes", Dios puede ayudarnos a afrontarlos para que progresemos en sentido espiritual. Bien lo expresa otro salmo: "Cuando dije: 'Mi pie ciertamente se moverá con inseguridad', tu propia bondad amorosa, oh Jehová, siguió sustentándome. Cuando mis pensamientos inquietantes llegaron a ser muchos dentro de mí, tus propias consolaciones empezaron a acariciar mi alma". (Salmo 94:18, 19.)
Sirva alegremente según la voluntad de Jehová
14 Si el hombre cristiano no busca mayores privilegios de servicio por incertidumbres que lo inquietan, por no creerse capacitado o por falta de motivación, ciertamente sería propio que orara por el espíritu de Dios. Jesús dijo: "Si ustedes, aunque son inicuos, saben dar buenos regalos a sus hijos, ¡con cuánta más razón dará el Padre en el cielo espíritu santo a los que le piden!". (Lucas 11:13.) Puesto que la paz y el autodominio están entre los frutos del espíritu, este espíritu puede ayudarnos a vencer la inquietud o ideas de que no estamos capacitados. (Gálatas 5:22, 23.)
15 ¿Qué hay si falta la motivación? Como cristianos bautizados tenemos que pedirle a Dios en oración que nos ayude a hacer lo que le agrada a él. David suplicó: "Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová [...] Hazme andar en tu verdad y enséñame". (Salmo 25:4, 5.) Oraciones como esta nos ayudan a evitar un derrotero incorrecto, y podemos orar de igual manera si por falta de motivación no buscamos adelanto. Podemos pedir a Jehová que haga que deseemos aceptar privilegios de servicio. De hecho, si oramos por el espíritu de Dios y cedemos a su dirección, es seguro que estaremos dispuestos a aceptar los privilegios de servicio que se nos ofrezcan. Después de todo, ciertamente los siervos de Dios no quieren presentar resistencia a Su espíritu. (Efesios 4:30.)
16 Por tener "la mente de Cristo" disfrutamos de hacer la voluntad divina. (1 Corintios 2:16.) Jesús tuvo la misma actitud del salmista que dijo: "En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro de mis entrañas". (Salmo 40:8.) Cristo dijo: "¡Mira! He venido para hacer tu voluntad", y la hizo hasta el punto de morir en el madero de tormento. (Hebreos 10:9, 10.) El deseo de hacer todo cuanto sea posible en el servicio de Jehová suministra fuerte motivación para buscar responsabilidades en la congregación.
Mire hacia el futuro
17 Por problemas de salud u otras razones, algunos que en un tiempo atendían importantes deberes en la congregación no tienen esos privilegios ahora. No deben desanimarse. Sabemos que muchos hombres fieles que ya no pueden rendir tanto servicio como antes todavía siguen firmes e íntegros. (Salmo 25:21.) Sí, los ancianos humildes que han servido por muchos años pueden seguir beneficiando a otros con su experiencia al continuar en el cuerpo de ancianos. Aunque limitados por la edad avanzada o por incapacidades, no tienen que renunciar a su puesto. Mientras tanto, que cada testigo de Jehová atesore el mayor privilegio de todos, el de 'hablar sobre la gloria de la gobernación real de Dios' como apoyador de Su santo nombre. (Salmo 145:10-13.)
18 Si en el pasado usted era anciano o siervo ministerial pero ahora no rinde servicio en esa capacidad, puede estar seguro de que Dios todavía se interesa en usted, y quizás le conceda privilegios inesperados en el futuro. (1 Pedro 5:6, 7.) Si tiene que hacer ajustes, esté dispuesto a reconocer la falta que necesite corrección y esfuércese por eliminarla con la ayuda de Dios. Algunos que han sido removidos de su puesto de ancianos han adoptado una actitud poco cristiana, y unos cuantos se han hecho inactivos o han apostatado de la verdad. Pero ¡cuán sabio es ser como los que han manifestado un buen espíritu! Por ejemplo, cuando un hermano que había sido anciano por años en Centroamérica fue removido de su puesto, dijo: "Me duele muchísimo haber perdido el privilegio que he atesorado por tanto tiempo. Pero trabajaré duro en todo lo que los hermanos quieran que haga y me esforzaré por recobrar mis privilegios de servicio". Con el tiempo, este hermano tuvo el privilegio de servir como anciano de nuevo.
19 Si usted ha sido removido de su puesto de anciano o siervo ministerial, siga manifestando un espíritu de humildad. Evite una actitud de amargura que pudiera descalificarlo de recibir privilegios en el futuro. Un espíritu piadoso se gana respeto. En vez de desanimarse, reflexione sobre cómo Jehová lo está bendiciendo en el ministerio o el hogar. Edifique espiritualmente a su familia, visite a los enfermos y anime a los débiles. Sobre todo, atesore su privilegio de alabar a Dios y proclamar las buenas nuevas como testigo de Jehová. (Salmo 145:1, 2; Isaías 43:10-12.)
20 El cuerpo de ancianos debe comprender que el que se remueva de su puesto a un superintendente o un siervo ministerial puede ser causa de tensión para esa persona, aunque ella haya renunciado voluntariamente a su privilegio. Si el hermano no ha sido expulsado y los ancianos notan que está deprimido, el amor debe llevarlos a proveerle estímulo espiritual. (1 Tesalonicenses 5:14.) Deben ayudarle a ver que se le necesita en la congregación. Hasta en casos en que haya sido necesario dar consejo, quizás no pase mucho tiempo antes de que a un hombre humilde y agradecido se le extiendan de nuevo otros privilegios de servicio en la congregación.
21 Si usted está procurando adelantar quizás tenga que esperar algún tiempo antes de recibir mayores privilegios de servicio. No se impaciente. Moisés esperó 40 años antes de que Dios lo utilizara para librar a los israelitas del cautiverio en Egipto. (Hechos 7:23-36.) Antes de ser nombrado sucesor de Moisés, Josué fue por largo tiempo servidor de él. (Éxodo 33:11; Números 27:15-23.) David esperó por algún tiempo antes de que se le hiciera rey de Israel. (2 Samuel 2:7; 5:3.) Parece que Pedro y Juan Marcos pasaron por períodos de refinación. (Mateo 26:69-75; Juan 21:15-19; Hechos 13:13; 15:36-41; Colosenses 4:10.) Por eso, si usted no tiene ahora responsabilidades de congregación, puede que Jehová esté permitiendo que se le moldee por la experiencia que está adquiriendo. Sea como sea, busque la ayuda de Dios mientras se esfuerza por obtener más responsabilidades, y puede ser que él lo bendiga con nuevos privilegios de servicio. Mientras tanto, esfuércese diligentemente por capacitarse para llevar responsabilidades en la congregación y manifestar el espíritu de David, quien dijo: "La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne el santo nombre de él hasta tiempo indefinido, aun para siempre". (Salmo 145:21.)

No se enseñoreen del rebaño
5 Tenemos buena razón para esperar que los ancianos cristianos sean compasivos con nosotros. No son como los gobernantes mundanos, quienes con frecuencia se enseñorean de sus súbditos. Por ejemplo, hay informes de que el rey franco Carlomagno (quien gobernó durante 768-814 E.C.) "obligó a bautizarse bajo pena de muerte a los sajones, condenó a los violadores de la cuaresma a los castigos más severos, y por todas partes sustituyó la persuasión por la fuerza". (The History of the Christian Church [La historia de la iglesia cristiana], por William Jones.) No debe haber tiranía entre los seguidores de Jesús, pues él dijo: "Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida como precio por la libertad de muchos". (Mateo 20:25-28, Versión Popular.)
6 El varón cristiano que 'procura alcanzar un puesto de superintendente está deseoso de una obra excelente'. (1 Timoteo 3:1.) Cuando examinamos esto y el consejo de Jesús que acabamos de citar, se destacan los siguientes factores básicos: 1) los ancianos cristianos no deben tratar con tiranía a otros; 2) los que llevan responsabilidad entre los seguidores de Jesús tienen que ser esclavos de los demás, no amos de ellos; y 3) los hombres que procuran alcanzar un puesto de superintendencia deben considerarlo "una obra excelente", no un puesto exaltado. (Proverbios 25:27; 1 Corintios 1:31.) El término "anciano" no eleva a ningún hombre por encima de otros adoradores de Jehová. Más bien, la congregación tiene razón para esperar que todos los ancianos sean hombres espiritualmente maduros, experimentados y humildes que lleven la delantera en el servicio sagrado. Sí, los ancianos deben considerarse esclavos humildes de Jehová Dios, Jesucristo y sus compañeros cristianos. (Romanos 12:11; Gálatas 5:13; Colosenses 3:24.)
7 Desde luego, el servir humildemente como esclavo para el bien de otros impide que el anciano trate de 'enseñorearse' de ellos. Y ¡qué bueno es que nuestros superintendentes manifiesten una actitud como la de Pablo! Él dijo a los cristianos de Corinto: 'No somos amos sobre la fe de ustedes, sino que somos colaboradores para su gozo'. (2 Corintios 1:24.) Por consiguiente, los que ejercen superintendencia amorosa no agobian a sus compañeros de creencia con reglas humanas innecesarias. Más bien, los superintendentes entre los testigos de Jehová se rigen por principios bíblicos y rinden bondadosamente servicio útil. También muestran profunda consideración al rebaño de Dios al aplicar con prontitud las instrucciones que reciben del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová. (Hechos, capítulo 15.)
8 Porque Pablo consideraba con ternura el rebaño de Dios, pudo decir a los cristianos de Tesalónica: "Nos hicimos amables en medio de ustedes, como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos. Así, teniéndoles tierno cariño, nos fue de mucho agrado impartirles, no solo las buenas nuevas de Dios, sino también nuestras propias almas, porque ustedes llegaron a sernos amados". (1 Tesalonicenses 2:7, 8.) Pablo obró como lo hace una madre que cría, la cual ama a sus hijos tan profundamente que antepone los intereses de ellos a los suyos y les muestra tierna consideración. ¡Cuánto debe impulsar esto a los ancianos del siglo XX a tratar al rebaño de Dios con ternura!
Fuentes de alivio y refrigerio
9 Señalando a estos tiempos en que Jesucristo gobernaría en el Reino, el profeta Isaías predijo que un rey 'reinaría para justicia misma' y que "príncipes" gobernarían "para derecho mismo". Por lo tanto, los ancianos de la organización teocrática de hoy atienden los intereses del Reino celestial ya establecido... ¡un servicio verdaderamente principesco! Las siguientes palabras proféticas de Isaías aplican a estos hombres responsables: "Cada uno tiene que resultar ser como escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia, como corrientes de agua en país árido, como la sombra de un peñasco pesado en una tierra agotada". (Isaías 32:1, 2.)
10 A diferencia de los opresivos líderes religiosos de la cristiandad, los ancianos nombrados entre los testigos de Jehová son fuentes de alivio y refrigerio. Al servir colectivamente como cuerpos de ancianos, promueven paz, tranquilidad y seguridad entre el pueblo de Jehová. Individualmente, cada anciano puede contribuir a esta excelente condición mediante tratar al rebaño de Dios con ternura.
Con justicia y rectitud
11 Aunque en algunas congregaciones cristianas del primer siglo surgieron problemas, su condición general era de paz, unidad y gozo. (1 Corintios 1:10-12; 3:5-9; Efesios 1:2; Santiago 2:1-9; 3:2-12; 4:11, 12; 1 Juan 1:3, 4.) Por la bendición de Dios, el acaudillamiento de Cristo y la obra fiel de los superintendentes nombrados, hoy día también existe una excelente condición espiritual en la mayoría de las congregaciones de los testigos de Jehová. Los superintendentes buscan la ayuda divina y se esfuerzan con diligencia por mantener la organización de Dios limpia en sentido moral y espiritual, y así se aseguran de que en la congregación haya paz, unidad y gozo. (Isaías 52:11.) Una organización inmunda jamás podría tener paz y gozo, y ciertamente no tendría ni la aprobación ni la bendición de Dios. Él es "de ojos demasiado puros para ver lo que es malo", para tolerar la maldad. (Habacuc 1:13.) Entre las responsabilidades de los ancianos se espera que atiendan los asuntos judiciales con rectitud y en armonía con las Escrituras. Pero ¿cuáles son algunos factores que deben tener presentes al tratar esos casos?
12 En primer lugar, cuando surgen casos que tienen que ver con diferencias personales, quizás las personas implicadas puedan arreglar los asuntos entre sí mismas. (Mateo 18:15-17.) Puesto que los ancianos no son 'amos sobre nuestra fe', no se espera que examinen asuntos puramente personales que no envuelven violaciones serias de las leyes ni los principios bíblicos. Por supuesto, si hay prueba de que cierta persona ha dado "algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello", los que tienen las debidas cualidades espirituales deben 'tratar de reajustarla con espíritu de apacibilidad'. (Gálatas 6:1.)
13 Los ancianos deben servir "para derecho mismo", y siempre deben ser imparciales. Por eso, deben tomar acción basándose en la evidencia de que se ha cometido un mal, y no simplemente en rumores. Pablo aconsejó: "No admitas una acusación contra un anciano, salvo y únicamente por la evidencia de dos o tres testigos". (1 Timoteo 5:19.) Según la norma de Jehová, en el Israel antiguo a la persona acusada de haber cometido un pecado capital se le daba muerte 'por boca de dos o tres testigos, no uno'. Además, parece que el acusado tenía la oportunidad de encararse a sus acusadores, y si había suficiente prueba, 'la mano de los testigos debería ser la primera de todas en venir sobre él para darle muerte'. (Deuteronomio 17:6, 7.)
14 Tiene que haber base bíblica bien fundada para que se tome acción judicial. ¡Cuánto nos alegramos de que los superintendentes de la congregación no sean como el orgulloso Diótrefes del siglo I E.C.! Él trató de cometer el mal acto de 'echar de la congregación' a los que querían recibir hospitalariamente a los hermanos viajantes. El apóstol Juan no consideró a la ligera aquella mala acción ni otras, sino que advirtió: "Si voy, traeré a memoria sus obras". (3 Juan 9, 10.) De modo que un comité judicial hoy día tiene que asegurarse de que haya base bíblica para expulsar de la congregación a alguien. Por supuesto, Dios espera que los ancianos cristianos sean justos al tratar con otras personas. En realidad los que dirigen los asuntos de la organización terrestre de Jehová tienen que ser "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza". (Éxodo 18:21.)
15 Todo comité judicial cristiano debe buscar sinceramente la ayuda de Jehová en oración. Cuando un comité judicial se reúne con un hermano o una hermana a quien se acusa de haber cometido un mal grave, tal reunión debe empezar con oración. De hecho, sería apropiado orar en cualquier momento en que surgiera una necesidad particular de la ayuda de Dios durante la reunión. (Santiago 5:13-18.)
16 Los ancianos saben que un compañero de creencia que ha sido acusado de cometer un mal es una "oveja" del rebaño de Dios y debe ser tratado con ternura. (Compárese con Ezequiel 34:7-14.) Las ovejas literales necesitan cuidado tierno, pues son criaturas tímidas que dependen de la protección de su pastor. Por eso, ¿qué hay de las ovejas figurativas de la congregación local? Ellas, sin duda, se sienten seguras bajo el cuidado del Gran Pastor, Jehová Dios, y del Pastor Excelente, Jesucristo. Pero los subpastores del rebaño tienen que obrar de maneras que contribuyan a la paz interna y al sentido de seguridad de los siervos de Jehová, Sus "ovejas". Por lo tanto, si usted es subpastor cristiano, ¿se sienten seguros y tranquilos bajo su cuidado los hermanos y las hermanas? Es cierto que los ancianos tienen que apoyar firmemente las leyes y los principios bíblicos. Pero las Escrituras exigen que traten a las ovejas amorosamente y conduzcan las audiencias judiciales de manera sosegada, ordenada, bondadosa y considerada.
17 Por ser imperfectos, "todos tropezamos muchas veces" en lo que decimos. (Santiago 3:2.) Cada uno de nosotros necesita la misericordia de Dios y el "sacrificio propiciatorio" de Cristo. (1 Juan 1:8–2:2; Salmo 130:3.) Por eso el subpastor cristiano debe desplegar humildad en su opinión de sí mismo. Debe recordar, también, estas palabras de Jesús: "Así como quieren que los hombres les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellos". (Lucas 6:31.) Este consejo debe aplicarse especialmente durante las audiencias judiciales. Al tratar con un cristiano que ha pecado, los hombres espiritualmente capacitados deben procurar reajustarlo 'con espíritu de apacibilidad, mientras se vigilan a sí mismos, por temor de que también sean tentados'. (Gálatas 6:1; 1 Corintios 10:12.)
18 Si los ancianos trataran con dureza a otras personas durante las audiencias judiciales, eso pudiera perjudicarlas. Pero aunque no se ocasionara daño emocional ni físico, se pudiera causar grave daño espiritual, y también se pudiera dejar en tela de juicio el que los superintendentes calificaran para servir en esa capacidad. (Compárese con Santiago 2:13.) Por consiguiente, durante las audiencias judiciales y en toda ocasión los ancianos deben ser bondadosos y tienen que guardarse de causar tropiezo a otros. Claro, todos los cristianos tienen que ejercer cuidado a este respecto, pues Jesús dijo: "Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen, mejor le sería que se le pusiera alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y realmente fuera arrojado al mar". (Marcos 9:42.) Una piedra superior de molino pudiera ser tan grande que normalmente se requiriera la fuerza de un animal para hacerla girar, y nadie que fuera echado al mar con tanto peso alrededor del cuello podría sobrevivir. Está claro, pues, que el anciano debe cuidarse de causar tropiezo que pudiera redundar en daño espiritual duradero para sí mismo y para cualquier persona a quien de ese modo él hiciera tropezar. (Filipenses 1:9-11.)
Sigan teniendo tierna consideración
19 El apóstol Pedro mostró cómo habían de pastorear el rebaño sus compañeros superintendentes, cuando escribió: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño. Y cuando el pastor principal haya sido manifestado, ustedes recibirán la inmarcesible corona de la gloria". (1 Pedro 5:2-4.) Solo por aplicar este consejo y mostrar tierna consideración al rebaño de Dios pueden los superintendentes ungidos obtener su recompensa celestial como criaturas inmortales de espíritu y pueden los ancianos que tienen la esperanza terrestre recibir vida eterna en el venidero Paraíso mundial.
20 Jehová Dios y Jesucristo son Pastores amorosos y compasivos. Por eso, mientras los subpastores cristianos apoyan firmemente las normas divinas, tienen que mostrar amor y compasión al tratar con las "ovejas" que son sus compañeros de creencia. No hay duda de que todos los testigos leales de Jehová apreciamos profundamente el servicio ejemplar de tales ancianos abnegados que guardan el depósito a su cuidado y tratan al rebaño de Dios con ternura. Podemos demostrar ese aprecio, junto con el debido respeto, mediante ser obedientes a los que llevan la delantera entre nosotros.
[Nota a pie de página]
Si se decide expulsar a cierta persona, esta puede apelar de la decisión si cree que se ha cometido un grave error de juicio.

no ser autoritarios: w92 15/4 24, 25
Lecciones para los cristianos hoy día
En el libro de Filemón abundan las lecciones prácticas para los cristianos hoy día. En primer lugar, nos recuerda que necesitamos ser perdonadores, aun cuando un compañero de creencia nos haya agraviado seriamente. "Si perdonan a los hombres sus ofensas —dijo Jesucristo—, su Padre celestial también los perdonará a ustedes." (Mateo 6:14.)
En particular los que ocupan posiciones de autoridad dentro de la congregación cristiana en la actualidad pueden beneficiarse del libro de Filemón. Es digno de mención que Pablo se abstuvo de usar su autoridad apostólica para ordenar a Filemón que hiciera lo que es propio. Además, Pablo no exigió que a Onésimo se le dejara permanecer en Roma al servicio de Pablo. Respetó los derechos de propiedad de otros. También comprendió que, aunque tratar el asunto de manera autoritaria pudiera haber redundado en obediencia, sería mejor que Filemón obrara de todo corazón. Hizo un llamamiento basado en el amor para obtener una respuesta sincera.
Por consiguiente, los ancianos cristianos hoy día nunca deben 'enseñorearse de los que son la herencia de Dios' mediante abusar de su poder o por tratar al rebaño de manera autoritaria y muy dura. (1 Pedro 5:1-3.) Jesús dijo: "Ustedes saben que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes". (Mateo 20:25, 26.) Los superintendentes hallan por lo general que los miembros del rebaño responden mucho mejor a llamamientos amorosos que a órdenes. Los deprimidos aprecian a los superintendentes que bondadosamente apartan tiempo para escuchar sus problemas y aconsejarlos de modo comprensivo.
La carta de Pablo también recuerda a los ancianos el valor del encomio y la discreción. Él empieza por reconocer que 'los tiernos cariños de los santos fueron refrescados por medio de' Filemón (versículo 7). Sin duda ese encomio sincero puso a Filemón en un estado de ánimo más receptivo. Del mismo modo, hoy día a menudo el consejo se puede amortiguar con encomio afectuoso y sincero. Y tal consejo no debe ser brusco ni indiscreto, sino que debe estar bien 'sazonado con sal' para que al oyente le sea más aceptable. (Colosenses 4:6.)
Además, el apóstol Pablo manifestó confianza en que Filemón haría lo correcto, al decir: "Confiando en tu anuencia, te escribo, pues sé que harás aún más de las cosas que digo" (versículo 21). Ancianos, ¿manifiestan ustedes confianza como esa en sus compañeros cristianos? ¿No los ayuda esto a ellos a querer hacer lo correcto?
Es interesante que los padres con frecuencia hallan que el manifestar confianza en su prole también tiene un buen efecto. Por reconocer el valor de la obediencia de buena gana —el deseo de ir más allá de simplemente satisfacer requisitos—, los padres pueden conceder a sus hijos cierta medida de dignidad. Los padres deben comunicar sus mandatos o peticiones, cuando sea posible, con un tono de voz bondadoso y amoroso. Deben mostrar empatía, dar razones. Deben encomiar con afecto a sus hijos cuando lo merezcan y evitar criticarlos demasiado, especialmente en público.
De la misma manera, los esposos pueden manifestar que son razonables y bondadosos, y ser prestos a alabar a sus respectivas esposas. ¡Esto contribuye a que la sumisión de la esposa sea grata y una fuente de refrigerio y gozo! (Proverbios 31:28; Efesios 5:28.)
No se dice cómo respondió exactamente Filemón a la carta de Pablo. Con todo, no podemos imaginarnos que Pablo se equivocara al confiar en él. Que los ancianos cristianos, los padres y los esposos hoy día tengan éxito de igual manera en sus tratos, no mediante imponer, ordenar o coaccionar, sino por 'exhortar sobre la base del amor'.
[Ilustración en la página 23]
En lugar de recurrir a su autoridad como apóstol, Pablo exhortó a Filemón sobre la base del amor cristiano

razonables al ejercerla: w06 1/4 19, 20; w05 15/9 23; w94 1/8 18-20
Cómo ejerce la autoridad?
¿Cómo le va a usted en este sentido? En la familia, por ejemplo, ¿impone su autoridad para controlar los asuntos, aunque eso signifique insistir en sus antojos y caprichos? ¿Respeta la familia sus decisiones por temor, o por amor? ¿Es la superioridad en fuerza el factor decisivo? Estas son preguntas que los cabezas de familia pueden analizar con miras a mantener el orden teocrático en la institución familiar (1 Corintios 11:3).
¿Y si usted disfruta de cierto grado de autoridad en la congregación cristiana? Para determinar si la está ejerciendo adecuadamente, analícese a la luz de los siguientes principios inspirados por Jehová Dios y demostrados en la práctica por Jesucristo.
"El esclavo del Señor [...] tiene necesidad de [...] ser amable para con todos, [...] manteniéndose reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos." (2 Timoteo 2:24, 25.)
Algunas personas de la congregación cristiana primitiva poseían gran autoridad. Timoteo, por ejemplo, podía incluso 'mandar a ciertos individuos que no enseñaran diferente doctrina' (1 Timoteo 1:3). Pero podemos estar seguros de que siempre reflejaba las cualidades divinas en todo lo que hacía, pues sin duda obraba en armonía con el consejo del apóstol Pablo de instruir "con apacibilidad" y de "ser amable para con todos" al cumplir con su cargo de superintendente cristiano. Al ser relativamente joven, debía comportarse como hijo respetuoso con los mayores y hermano compasivo con los más jóvenes (1 Timoteo 5:1, 2). Cuando la congregación cristiana recibe ese tipo de cuidado amoroso, manifiesta el cálido espíritu de una familia cariñosa, no el de una empresa fría y rígida (1 Corintios 4:14; 1 Tesalonicenses 2:7, 8).
"Los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes; antes bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que ser ministro de ustedes." (Mateo 20:25, 26.)
Los déspotas de este mundo "se enseñorean" de los demás imponiéndoles su voluntad y empeñándose en que hagan las cosas de cierta manera, bajo amenaza de castigo si desobedecen. Pero Jesucristo insistió en servir a los demás, no en presionarlos (Mateo 20:27, 28). Él siempre trató a sus discípulos con amor y consideración. Cuando uno sigue el ejemplo de Jesús, es mucho más fácil que los demás cooperen (Hebreos 13:7, 17). También hay más probabilidades de que, si está a su alcance, hagan más de lo que se les pide, y de buena gana, no por compromiso (Mateo 5:41).
"Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no [...] enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño." (1 Pedro 5:2, 3.)
En nuestros días, los superintendentes comprenden que se les pedirán cuentas por el bienestar espiritual de todos en la congregación, una responsabilidad que ven con seriedad. Al cuidar el rebaño de Dios, se esmeran por hacerlo de buena gana, con empeño y con amor. Como el apóstol Pablo, se afanan por acrecentar y fortalecer la fe de quienes están a su cuidado, no por actuar como amos de su fe (2 Corintios 1:24).
Cuando los ancianos tienen que dar consejo, lo hacen con apacibilidad a fin de reajustar al que ha errado o para ayudar a un hermano cristiano a progresar en sentido espiritual. Tienen presente el recordatorio del apóstol Pablo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado" (Gálatas 6:1; Hebreos 6:1, 9-12).
"Continúen soportándose unos a otros y perdonándose liberalmente unos a otros [...]. Vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión." (Colosenses 3:13, 14.)
¿Cómo trata usted a quien no logra cumplir a la perfección las normas cristianas? ¿Hace concesiones por las imperfecciones, tal como Jehová y Jesucristo? (Isaías 42:2-4.) ¿O insiste en que se respete la letra de la ley en todo momento? (Salmo 130:3.) Recuerde que lo mejor es ser tierno cuando sea posible y firme solo cuando sea necesario. Actuar con amor contribuirá a forjar fuertes vínculos de confianza mutua entre usted y aquellos sobre quienes tiene autoridad.

Ejercicio razonable de la autoridad
11 Cuando Jesús vivió en la Tierra, se hizo patente su carácter razonable en cómo ejercía la autoridad que Dios le había dado. ¡Qué distinto era de los dirigentes religiosos de su época! Examinemos un ejemplo. La ley de Dios había estipulado que no se trabajase los sábados, al grado de ni siquiera recoger leña. (Éxodo 20:10; Números 15:32-36.) Los guías religiosos querían controlar la aplicación exacta que hacía la gente de esta ley, de modo que se arrogaron la misión de prescribir con minuciosidad qué peso podía levantar una persona en sábado. Dictaminaron: nada que pese más que dos higos secos. Hasta prohibieron las sandalias claveteadas, pues afirmaban que soportar el peso adicional de los clavos sería trabajar. Según se afirma, los rabíes añadieron un total de 39 reglas a la ley divina sobre el sábado y luego hicieron una infinidad de añadiduras a estas. Por otro lado, Jesús no trató de controlar a la gente avergonzándola al estipular un sinfín de restricciones o fijar unas normas rígidas e impracticables. (Mateo 23:2-4; Juan 7:47-49.)
12 ¿Debemos, por tanto, llegar a la conclusión de que Jesús no sostuvo con tesón las normas justas de Dios? Todo lo contrario. Entendía que las leyes son más eficaces cuando los hombres toman en serio los principios que subyacen tras ellas. Mientras que la obsesión de los fariseos era procurar el control de las personas valiéndose de un sinnúmero de reglas, Jesús trataba de llegar al corazón. Por ejemplo, sabía muy bien que era imposible ceder cuando hay implicadas leyes divinas como la de 'huir de la fornicación'. (1 Corintios 6:18.) Por ello, previno a la gente contra los pensamientos que podrían llevar a la inmoralidad. (Mateo 5:28.) Se precisaba mucha más sabiduría y comprensión para formular esta enseñanza que para simplemente elaborar rígidas prescripciones.
13 De igual modo, los hermanos que ocupan posiciones de responsabilidad están interesados en llegar al corazón de las personas. Por ello se guardan de imponer normas arbitrarias e inflexibles y de convertir sus opiniones en leyes. (Compárese con Daniel 6:7-16.) Aunque de vez en cuando sea apropiado y oportuno dar consejo bondadoso tocante a temas como la ropa y el arreglo personal, si el anciano se obsesiona con estos asuntos o trata de imponer normas que reflejan principalmente su gusto personal, podría menoscabar su reputación de ser razonable. Sin duda, nadie de la congregación debe procurar el control de los demás. (Compárese con 2 Corintios 1:24; Filipenses 2:12.)
14 Los ancianos tal vez deseen examinarse en otro campo: '¿Soy razonable tocante a lo que espero que hagan los demás?'. Es obvio que Jesús lo fue. Constantemente mostró a sus seguidores que tan solo esperaba que se esforzaran de toda alma y que valoraba grandemente esta actitud. Elogió a la viuda pobre por dar sus moneditas de muy poco valor. (Marcos 12:42, 43.) Reprendió a sus discípulos cuando criticaron la suntuosa contribución de María, diciéndoles: "Déjenla. [...] Ella hizo lo que pudo". (Marcos 14:6, 8.) Fue razonable incluso cuando sus seguidores le fallaron. Por ejemplo, aunque la noche de su prendimiento instó a sus tres apóstoles más allegados a velar y vigilar con él, le decepcionaron, pues se durmieron en varias ocasiones. Sin embargo, él fue comprensivo y comentó: "El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la carne es débil". (Marcos 14:34-38.)
15 Si bien es cierto que Jesús animó a sus seguidores a 'esforzarse vigorosamente' (Lucas 13:24), nunca los presionó a hacerlo. Los animó, les puso el ejemplo, llevó la delantera y trató de llegarles al corazón. Confiaba en que el poder del espíritu de Jehová haría el resto. De igual modo, los ancianos han de animar al rebaño a servir a Jehová de todo corazón, pero no deben intimidarlo con un sentimiento de culpabilidad o vergüenza, dando a entender que lo que hacen en el servicio de Jehová es insuficiente o inaceptable. Tener la actitud rígida de un capataz que no deja de repetir: "¡Hagan más, más y más!", puede desanimar a los que ya hacen todo lo que pueden. ¡Qué lamentable sería que un anciano se ganase la reputación de ser 'difícil de complacer', el polo opuesto del carácter razonable! (1 Pedro 2:18.)
ayudar a:
alcohólicos: w93 15/8 26
alguien que se ha embriagado o ha fumado en privado: w06 15/11 30; w96 15/1 18



Cuando yerra una persona nueva
13 Los ancianos imitan al Gran Pastor, Jehová, quien dice: "Yo mismo apacentaré a mis ovejas, [...] a la quebrada vendaré y a la doliente fortaleceré". (Ezequiel 34:15, 16; Efesios 5:1.) En consonancia con dicho espíritu, el discípulo Judas exhortó a mostrar misericordia a los cristianos ungidos que tuvieran dudas o hubiesen caído en el pecado. (Judas 22, 23.) Tal como es apropiado esperar mucho más de un cristiano veterano, de seguro también lo es mostrar misericordia a una persona recién bautizada —un simple corderito— que yerra pero está arrepentida. (Lucas 12:48; 15:1-7.) Por lo tanto, los ancianos, que 'juzgan para Jehová', dan a estas ovejas tiernos cuidados y las reajustan con espíritu de apacibilidad. (2 Crónicas 19:6; Hechos 20:28, 29; Gálatas 6:1.)
14 Supóngase que un publicador recién bautizado que acostumbraba beber en demasía se excede en una o dos ocasiones; o que después de haber vencido el viejo hábito del tabaco, sucumbe a la tentación de fumar a solas un par de veces. Aunque el hermano nuevo haya pedido perdón a Dios en oración, debe procurar la asistencia de un anciano a fin de evitar que el pecado se convierta en un vicio. (Salmo 32:1-5; Santiago 5:14, 15.) Cuando él exponga su falta, el anciano tratará de reajustarlo compasivamente. (Salmo 130:3.) Quizás baste con darle consejo bíblico para ayudarlo a enderezar las sendas para sus pies. (Hebreos 12:12, 13.) El anciano pondrá al superintendente presidente al tanto de la situación a fin de determinar qué ayuda complementaria ha de dársele.
15 Puede haber casos en los que se necesiten otras medidas. Si el mal es de conocimiento público, representa un peligro para el rebaño o entraña una situación grave, el cuerpo de ancianos asignará a dos de ellos para que investiguen el asunto. De concluir estos que la seriedad de la situación exige la formación de un comité judicial, lo informarán al cuerpo de ancianos, quienes nombrarán el comité que asistirá al pecador. El comité judicial debe tratar a este con ternura, esforzándose por reajustarlo con las Escrituras. En caso de que el hermano reaccione apropiadamente a sus esfuerzos amorosos, el comité podrá entonces decidir si hay alguna ventaja en privarlo de hablar desde la plataforma en las reuniones del Salón del Reino o si podrá comentar en ellas.
16 Si la reacción del hermano que ha errado es favorable, uno o dos ancianos integrantes del comité judicial pueden hacerle algunas visitas de pastoreo con el propósito de reafirmar su fe y hacer que aumente su aprecio por las justas normas de Dios, acompañarlo de vez en cuando en el ministerio del campo o tener algunas charlas bíblicas basadas en artículos pertinentes de La Atalaya y ¡Despertad!, pero sin establecer un estudio bíblico regular. Dicho cuidado tierno fortalecerá al pecador para que en el futuro pueda resistir las debilidades de la carne.
17 Por supuesto, el que alguien esté recién bautizado no es una excusa para obstinarse en el pecado. (Hebreos 10:26, 27; Judas 4.) A cualquier pecador bautizado que no abandone su mal camino ha de expulsársele de la congregación. (1 Corintios 5:6, 11-13; 2 Tesalonicenses 2:11, 12; 2 Juan 9-11.) De parecer necesaria tal medida, el cuerpo de ancianos formará un comité judicial. Si se decide la expulsión, se hará el siguiente anuncio breve: "... ha sido expulsado".
Cómo ayudarlos a 'pasar adelante a la madurez'
18 La inmensa mayoría de los siervos de Dios permanecerá en el rebaño. Felizmente, tendremos la oportunidad de intimar cada vez más con nuestro Padre celestial, pues siempre podremos aprender cosas nuevas acerca de él y su voluntad. (Eclesiastés 3:11; Santiago 4:8.) De seguro, los millares de personas que se bautizaron en Pentecostés del 33 E.C. tenían más que aprender. (Hechos 2:5, 37-41; 4:4.) Lo mismo puede decirse de los gentiles, que carecían de formación en las Escrituras, como fue el caso de los que se bautizaron tras haber escuchado el discurso que Pablo pronunció en el Areópago de Atenas. (Hechos 17:33, 34.) Los recién bautizados hoy tienen asimismo mucho que aprender, y necesitan tiempo y ayuda para fortalecer su resolución de seguir haciendo lo que es recto a la vista de Dios. (Gálatas 6:9; 2 Tesalonicenses 3:13.)
19 Millares de personas se bautizan todos los años y requieren ayuda para 'pasar adelante a la madurez'. (Hebreos 6:1-3.) Dándoles ejemplo de palabra y obra y prestándoles asistencia en el ministerio, podremos ayudar a algunos a vestirse de la nueva personalidad y a 'seguir andando en la verdad'. (3 Juan 4; Colosenses 3:9, 10.) Si usted es un publicador experimentado, los ancianos quizás le pidan que ayude a un nuevo compañero en el servicio del campo o que trate con él ciertos asuntos bíblicos durante algunas semanas con el ánimo de robustecer su fe en Dios, su aprecio por las reuniones cristianas, etc. Para el rebaño, los pastores son como un padre en lo que toca a exhortación y como una madre en lo que a ternura se refiere. (1 Tesalonicenses 2:7, 8, 11.) Sin embargo, unos cuantos ancianos y siervos ministeriales no pueden velar por todas las necesidades de la congregación. Somos como una familia cuyos miembros se ayudan mutuamente. Así pues, cada uno puede asistir de algún modo a sus hermanos en la fe: animándolos, consolando a los deprimidos, apoyando a los débiles. (1 Tesalonicenses 5:14, 15.)
20 La humanidad precisa del conocimiento divino, y usted, como testigo de Jehová, puede cooperar alegremente en difundirlo. Las ovejas de Jehová necesitan de tiernos cuidados, y usted puede contribuir amorosamente a tal efecto. Que Jehová bendiga su ministerio y premie sus esfuerzos sinceros por ayudar a las ovejas de su apacentamiento.

cristianos con muchos años de servicio que tienen problemas espirituales: w92 15/11 20
Aprecio por la hermandad cristiana
9 El aprecio sincero por el espíritu de compañerismo que existe en nuestra hermandad cristiana es otro incentivo para servir a Jehová con lealtad. De hecho, nuestra relación con Dios y Cristo no puede ser espiritualmente buena sin ese espíritu. El apóstol Juan dijo a los cristianos ungidos: "Lo que hemos visto y oído se lo estamos informando también a ustedes, para que ustedes también estén teniendo participación ["compañerismo", Diaglott] con nosotros. Además, esta participación nuestra es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. [...] Si hacemos la declaración: 'Tenemos participación con él', y sin embargo seguimos andando en la oscuridad, estamos mintiendo y no estamos practicando la verdad". (1 Juan 1:3-6.) Este principio aplica a todos los cristianos, ya sea que tengan esperanza celestial o terrenal.
10 Se requiere esfuerzo para mantener un espíritu de compañerismo. Por ejemplo, parece ser que a las cristianas Evodia y Síntique se les hizo difícil resolver un problema que tenían entre sí. Pablo las exhortó "a que [fueran] de la misma mente en el Señor". Luego añadió: "También te solicito, genuino compañero de yugo, que sigas prestando ayuda a estas mujeres que se han esforzado lado a lado conmigo en las buenas nuevas, junto con Clemente así como también con los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida". (Filipenses 4:2, 3.) Esas mujeres piadosas habían luchado lado a lado con Pablo y otros cristianos "en las buenas nuevas", por lo que tenía la seguridad de que 'sus nombres estaban en el libro de la vida'.
11 Los cristianos no llevan un distintivo que indique los privilegios que han tenido en la organización de Jehová o cómo le han servido lealmente. Pero ¡qué desamorado sería pasar por alto sus años de servicio leal a Jehová cuando tienen un problema espiritual! Aquel a quien se llama "genuino compañero de yugo" probablemente era un hermano leal dispuesto a ayudar a los demás. Si usted es anciano, ¿es un "genuino compañero de yugo", dispuesto a dar ayuda compasiva? Que todos valoremos, como lo hace Dios, la buena labor que nuestros compañeros de creencia han realizado y les ayudemos con amor a llevar sus cargas. (Gálatas 6:2; Hebreos 6:10.)
No hay otro lugar adonde ir
12 El recordar que no hay otro lugar adonde ir para conseguir vida eterna nos impulsará a servir a Jehová lealmente con su organización. Cuando 'muchos discípulos se fueron a las cosas de atrás' debido a las declaraciones de Jesús, este preguntó a sus apóstoles: "Ustedes no quieren irse también, ¿verdad?". Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna; y nosotros hemos creído y llegado a conocer que tú eres el Santo de Dios". (Juan 6:66-69.)
13 Los "dichos de vida eterna" no se encontraban en el judaísmo del siglo I E.C. Su pecado principal fue rechazar a Jesús como Mesías. Ninguna de las formas de judaísmo estaba basada exclusivamente en las Escrituras Hebreas. Los saduceos negaban la existencia de los ángeles y no creían en la resurrección. Los fariseos disentían de ellos en estos respectos, pero cometían el pecado de invalidar la Palabra de Dios debido a sus tradiciones extrabíblicas. (Mateo 15:1-11; Hechos 23:6-9.) Estas tradiciones esclavizaron a los judíos y dificultaron a muchos de ellos la aceptación de Jesucristo. (Colosenses 2:8.) El celo por 'las tradiciones de sus padres' hizo que Saulo (Pablo) fuera, por ignorancia, un cruel perseguidor de los discípulos de Cristo. (Gálatas 1:13, 14, 23.)
14 Aunque el judaísmo no tenía el favor divino, Jehová bendijo a la organización compuesta de los seguidores de su Hijo, 'un pueblo celoso de obras excelentes'. (Tito 2:14.) Aquella organización todavía existe. Un Testigo que había servido a Jehová muchos años dijo: "Lo más importante para mí ha sido mantenerme cerca de la organización visible de Jehová. Mis primeras experiencias me enseñaron lo inseguro que es confiar en el razonamiento humano. Una vez que tuve esto claro me resolví a mantenerme cerca de la fiel organización. ¿De qué otro modo puede uno conseguir el favor y la bendición de Jehová?". No hay otro lugar adonde ir para conseguir el favor divino y la vida eterna.
15 El corazón debe impulsarnos a cooperar con la organización de Jehová porque sabemos que solo ella está dirigida por su espíritu y está dando a conocer su nombre y sus propósitos. Por supuesto, los hombres que llevan la delantera en ella son imperfectos. (Romanos 5:12.) Pero "la cólera de Jehová se enardeció" contra Aarón y Míriam cuando criticaron a Moisés y olvidaron que fue a él, y no a ellos, a quien Dios confió la responsabilidad de dirigir al pueblo. (Números 12:7-9.) En la actualidad los cristianos leales cooperan con "los que llevan la delantera" porque esto es lo que Jehová requiere. (Hebreos 13:7, 17.) Nuestra lealtad se manifiesta, entre otras cosas, asistiendo regularmente a las reuniones cristianas y comentando en ellas para 'incitar a otros al amor y a las obras excelentes'. (Hebreos 10:24, 25.)
Sea edificante
16 El deseo de edificar a otros también nos motiva a servir a Jehová con lealtad. Pablo escribió: "El conocimiento hincha, pero el amor edifica". (1 Corintios 8:1.) Como cierta clase de conocimiento hinchó a los que lo poseían, Pablo debió querer decir que el amor no solo edifica a otros, sino también a los que lo demuestran. Un libro publicado por los profesores English y Weiss dice: "Es normal que la persona que tiene la capacidad de amar también reciba amor. La capacidad de demostrar buena voluntad y consideración en todo aspecto de la vida [...] ha tenido un efecto constructivo en la persona que demuestra estos sentimientos así como en la que los recibe, de modo que ambas se sienten felices". El mostrar amor edifica a otros y a uno mismo, como se infiere de las palabras de Jesús: "Hay más felicidad en dar que en recibir". (Hechos 20:35.)
17 En 1 Corintios 8:1 Pablo usó la palabra griega a·gá·pe, que se refiere al amor basado en principios. Edifica porque es sufrido y bondadoso, soporta y aguanta todas las cosas, y nunca falla. Esta clase de amor elimina las emociones dañinas, como el orgullo y los celos. (1 Corintios 13:4-8.) También evita que nos quejemos de nuestros hermanos, que son imperfectos como nosotros. Impide que nos hagamos como los "hombres impíos" que se 'metieron disimuladamente' entre los verdaderos cristianos del primer siglo. Estos hombres 'desatendían el señorío y hablaban injuriosamente de los gloriosos', probablemente difamando a los superintendentes cristianos ungidos a quienes se había conferido cierta gloria. (Judas 3, 4, 8.) Que nuestra lealtad a Jehová nunca nos permita ceder a la tentación de obrar de esa forma.
¡Resista al Diablo!
18 El saber que Satanás quiere destruir la unidad del pueblo de Dios debería fortalecer nuestra determinación de servir lealmente a Jehová. A Satanás hasta le gustaría destruir a todo el pueblo de Dios, y sus siervos terrestres a veces matan a los adoradores verdaderos. Pero Dios no permitirá que Satanás acabe con todos sus siervos. Jesús murió para 'reducir a la nada al que tiene el medio para causar la muerte, es decir, al Diablo'. (Hebreos 2:14.) El ámbito en el que Satanás ejerce poder se ha reducido especialmente desde que fue echado del cielo después de la entronización de Cristo en 1914. Al debido tiempo de Jehová, Jesús destruirá a Satanás y a su organización.
19 Esta revista advirtió en una ocasión: "Si Satanás, el diablo, puede causar disensión en el pueblo de Dios, puede hacer que Sus siervos discutan y se peleen, o que manifiesten y cultiven una disposición egoísta que disipe el amor fraternal, entonces habrá cumplido su propósito de devorarlos" (The Watch Tower, 1 de mayo de 1921, página 134). No permitamos que el Diablo destruya nuestra unidad, induciéndonos, por ejemplo, a calumniar a nuestros hermanos o pelear con ellos. (Levítico 19:16.) Que Satanás nunca nos engañe de modo que perjudiquemos personalmente a aquellos que sirven con lealtad a Jehová o les hagamos la vida más difícil. (Compárese con 2 Corintios 2:10, 11.) Más bien, apliquemos las palabras de Pedro: "Mantengan su juicio, sean vigilantes. Su adversario, el Diablo, anda en derredor como león rugiente, procurando devorar a alguien. Pero pónganse en contra de él, sólidos en la fe". (1 Pedro 5:8, 9.) Si nos ponemos firmemente en contra de Satanás podremos mantener nuestra bendita unidad como pueblo de Jehová. (Salmo 133:1-3.)
Pida ayuda a Dios en oración
20 El pedir ayuda a Dios en oración hará posible que sigamos sirviéndole con lealtad. Cuando vemos que Jehová contesta nuestras oraciones nos sentimos más cerca de él. El apóstol Pablo instó a pedir ayuda a Jehová Dios en oración cuando dijo: "Deseo que en todo lugar los hombres se ocupen en orar, alzando manos leales, libres de ira y debates". (1 Timoteo 2:8.) Por ejemplo, es muy importante que los ancianos pidan ayuda a Dios en oración. Esta demostración de lealtad a Jehová cuando se reúnen para tratar asuntos de congregación impedirá que se produzcan debates interminables y posibles estallidos de cólera.
21 El pedir ayuda a Jehová Dios en oración hace posible que atendamos nuestros privilegios de servicio. Un cristiano que había servido a Jehová lealmente durante décadas pudo decir: "El estar dispuestos a aceptar cualquier asignación que se nos da en la organización mundial de Dios, y permanecer en nuestro puesto, inmovibles, hace que Dios se complazca con nuestros sinceros esfuerzos. Aun si la labor que se nos asigna parece ser de poca importancia, suele ser necesaria para que también puedan llevarse a cabo muchos otros servicios fundamentales. De modo que si somos humildes y estamos interesados en glorificar el nombre de Jehová y no el nuestro, podremos tener la seguridad de que siempre seremos 'constantes, inmovibles, con mucho que hacer en la obra de Jehová'". (1 Corintios 15:58.)
22 Prescindiendo de lo que hagamos en el servicio de Jehová, está claro que no podemos pagarle lo que él hace por nosotros. ¡Qué seguros nos sentimos en la organización de Dios, rodeados como estamos de personas que son sus amigos! (Santiago 2:23.) Jehová nos ha bendecido con la unidad que brota de un amor fraternal tan profundo que Satanás no puede desarraigarlo. Seamos fieles, pues, a nuestro leal Padre celestial y trabajemos unidamente como pueblo suyo. Sirvamos a Jehová lealmente ahora y por toda la eternidad.



Es posible que no nos sintamos con deseos de cantar si hemos enfermado espiritualmente, quizá debido a un mal proceder o a no alimentarnos regularmente de la mesa de Jehová. Si nos encontramos en ese estado, llamemos humildemente a los ancianos para que 'oren sobre nosotros'. (Proverbios 15:29.) También 'nos untarán con aceite en el nombre de Jehová'. Tal como aceite balsámico en una herida, sus reconfortantes palabras y consejo bíblico nos ayudarán a aliviar la depresión, las dudas o el temor. 'La oración de fe nos sanará' si está respaldada por nuestra propia fe. Si los ancianos ven que la causa de nuestra enfermedad espiritual es un pecado grave, llamarán con bondad a nuestra atención el error e intentarán ayudarnos. (Salmo 141:5.) Y si nos arrepentimos, podemos tener fe en que Dios oirá sus oraciones y nos perdonará.
20 'Confesar abiertamente los pecados unos a otros' debería servir de restricción para no seguir pecando. Debería promover la compasión mutua, una cualidad que nos impulsará a 'orar unos por otros'. Podemos tener fe en el beneficio de esta práctica porque la oración "del hombre justo", el que tiene fe y que Dios considera recto, logra mucho a Sus ojos. (1 Pedro 3:12.) El profeta Elías tenía debilidades parecidas a las nuestras, pero sus oraciones fueron efectivas. Oró a Dios y no llovió durante tres años y medio. Luego oró de nuevo y la lluvia cayó. (1 Reyes 17:1; 18:1, 42-45; Lucas 4:25.)
21 ¿Qué debe hacer si un miembro de la congregación 'se extravía de la verdad' y se desvía de la enseñanza y conducta correctas? Podemos ayudarle a volverse de su error mediante el consejo bíblico, la oración y de otras maneras. Si lo logramos, se aprovechará de los beneficios del rescate de Cristo y se salvará de la muerte espiritual y la condenación a la destrucción. Al ayudar al que yerra, cubrimos una multitud de sus pecados. Cuando el pecador censurado se vuelve de su mal proceder, se arrepiente y busca el perdón, nos regocijamos de haber colaborado a que se cubran sus pecados. (Salmo 32:1, 2; Judas 22, 23.)
Para todos nosotros
22 Está claro que la carta de Santiago contiene información de provecho para todos nosotros. Nos enseña cómo hacer frente a las pruebas, nos previene contra el favoritismo y nos insta a practicar obras justas. Santiago nos exhorta a controlar la lengua, a resistir las influencias mundanas y a promover la paz. Sus palabras también deben hacernos pacientes y constantes en la oración.
23 Es cierto que la carta de Santiago se envió en un principio a los cristianos ungidos del siglo primero. Sin embargo, todos debemos permitir que su consejo nos ayude a mantenernos fieles a nuestra fe. Las palabras de Santiago promueven la fe que nos motiva a actuar con decisión en el servicio a Dios. Y esta carta inspirada por Dios produce una fe duradera que nos hace testigos de Jehová pacientes y constantes en la oración hoy, durante "la presencia del Señor" Jesucristo

Ayudar a hermanas con problemas: w06 15/9 26, 27; w96 15/10 17; w93 15/2 15; w93 15/5 21, 22; w91 15/11 21, 22
: w95 15/7 16

'Sagaz es el que procede a ocultarse'
7 "El que piensa que está en pie, cuídese de no caer", escribió el apóstol Pablo (1 Corintios 10:12). Y Proverbios 22:3 declara: "Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse". En vez de confiarse y pensar: "A mí no me va a pasar", lo más prudente es prever las situaciones que pudieran causar problemas. Por ejemplo, no se convierta en el único confidente de alguien del sexo opuesto que esté atravesando dificultades en su matrimonio (Proverbios 11:14). Dígale a la persona que es mejor que hable de esos problemas con su cónyuge, con un cristiano maduro de su mismo sexo que desee que su unión perdure o con los ancianos (Tito 2:3, 4). A este respecto, los ancianos de las congregaciones de los testigos de Jehová ponen el ejemplo: si uno de ellos debe hablar en privado con una hermana cristiana, lo hace en un lugar público, como en el Salón del Reino.
8 Tanto en su lugar de empleo como en cualquier otro lugar, tenga cuidado con situaciones que puedan propiciar relaciones demasiado estrechas. Por ejemplo, trabajar horas extras en compañía de alguien del otro sexo puede dar pie a que se presenten tentaciones. Como persona casada, usted debe dejar bien claro con sus palabras y conducta que no le interesa en lo más mínimo ningún tipo de aventura amorosa. Puesto que usted sigue tras la devoción piadosa, no tratará de atraer la atención coqueteando ni vistiéndose o arreglándose de manera poco modesta (1 Timoteo 4:8; 6:11; 1 Pedro 3:3, 4). Tener a la vista en su área de trabajo fotografías de su cónyuge y sus hijos les recordará a usted y a los demás cuáles son sus prioridades. Resuélvase a no alentar jamás —o siquiera tolerar— ninguna insinuación romántica (Job 31:1).
"Ve la vida con la esposa que amas"
9 Para salvaguardar el corazón, sin embargo, no basta con evitar las situaciones peligrosas. Una atracción romántica hacia alguien que no es el cónyuge podría ser indicación de que uno de los miembros de la pareja no está atento a las necesidades del otro. Quizá él nunca le preste atención a su esposa, o puede que ella esté siempre criticando a su marido. De repente, otra persona —ya sea en el trabajo o hasta en la congregación cristiana— parece poseer precisamente las cualidades que le faltan al cónyuge. Los sentimientos románticos no tardan en surgir, y la nueva relación se vuelve tan atrayente que resulta casi irresistible. Esta sutil cadena de sucesos confirma la veracidad de la siguiente declaración bíblica: "Cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo" (Santiago 1:14).
10 En vez de buscar fuera del matrimonio la forma de satisfacer sus deseos —ya sean de cariño, amistad o apoyo en tiempos difíciles—, uno debe esforzarse por fortalecer los lazos de amor con su cónyuge. Por lo tanto, haga todo lo posible por pasar tiempo con su pareja y así estrechar la relación. Reflexione en por qué se enamoró de esa persona. Trate de revivir el cariño que una vez sintió por quien ahora es su cónyuge. Piense en los buenos momentos que pasaron juntos. Ore a Dios al respecto. Haga como el rey David, quien en uno de sus salmos imploró a Jehová: "Crea en mí hasta un corazón puro, oh Dios, y pon en mí un espíritu nuevo, uno que sea constante" (Salmo 51:10). Determínese a seguir esta exhortación bíblica: "Ve la vida con la esposa [o el esposo] que amas, todos los días de tu vida [...] que [Dios] te ha dado bajo el sol" (Eclesiastés 9:9).
11 Algo que también debe tenerse en cuenta a fin de fortalecer el vínculo conyugal es el valor del conocimiento, la sabiduría y el discernimiento. Proverbios 24:3, 4 dice: "Con sabiduría se edifica la casa, y con discernimiento resulta firmemente establecida. Y con conocimiento los cuartos interiores se llenan de todas las cosas preciosas y agradables de valor". Entre las cosas valiosas que llenan un hogar feliz figuran el amor, la lealtad, el temor piadoso y la fe. Y para adquirir estas cualidades, es preciso tener conocimiento de Dios. Por consiguiente, ambos cónyuges deben ser buenos estudiantes de la Biblia. ¿Y qué hay de la sabiduría y el discernimiento? ¿Son importantes también? Claro que sí, pues para enfrentarse con éxito a los problemas cotidianos se necesita sabiduría, es decir, la capacidad de aplicar el conocimiento de las Escrituras. Además, si la persona tiene discernimiento, será capaz de comprender lo que piensa y siente su cónyuge (Proverbios 20:5). Mediante Salomón, Jehová nos exhorta: "Hijo mío, oh de veras presta atención a mi sabiduría. A mi discernimiento inclina tus oídos" (Proverbios 5:1).
Cuando hay "tribulación"
12 Ningún matrimonio es perfecto. La Biblia incluso indica que las personas casadas tendrán "tribulación en la carne" (1 Corintios 7:28). Así es: factores como las inquietudes, las enfermedades y la oposición someten a tensión a la pareja. Ahora bien, ¿qué hay que hacer cuando surgen problemas? Es necesario buscar las soluciones juntos, como esposos leales que procuran agradar a Jehová.
13 Pero ¿y si la tensión en el matrimonio se debe a la manera en que ambos se tratan? En ese caso, solucionar el problema va a requerir esfuerzo. Por ejemplo, puede ser que la rudeza al hablar se haya infiltrado en su matrimonio y ahora sea algo habitual (Proverbios 12:18). Como vimos en el artículo anterior, esta costumbre tiene consecuencias desastrosas. Un proverbio bíblico dice: "Mejor es morar en tierra desértica que con una esposa contenciosa junto con irritación" (Proverbios 21:19). Si usted es una mujer casada y siente que su matrimonio tiene ese problema, hace bien en preguntarse: "¿Me comporto de tal forma que a mi esposo le resulta difícil estar conmigo?". Por otro lado, la Biblia exhorta a los esposos: "Sigan amando a sus esposas y no se encolericen amargamente con ellas" (Colosenses 3:19). Usted, como esposo, podría preguntarse: "¿Trato a mi esposa con frialdad, de modo que se vea tentada a buscar consuelo en otra parte?". Por supuesto, la inmoralidad sexual no tiene ninguna justificación. Pero la posibilidad de que ese hecho tan lamentable ocurra es una buena razón para hablar de los problemas con franqueza.
14 Buscar consuelo en una relación extramatrimonial no es la salida a los problemas maritales. ¿A dónde podría llevar tal relación? ¿A otro matrimonio mejor? Quizá algunos así lo crean. "Al fin y al cabo —puede que argumenten—, esta persona tiene las cualidades que yo espero de un cónyuge." No obstante, este razonamiento es engañoso, pues cualquiera que esté dispuesto a abandonar a la persona con la que se casó —o le anime a usted a hacerlo— demuestra una grave falta de respeto por la santidad del matrimonio. Por lo tanto, es poco realista creer que de esa relación surgirá un matrimonio mejor.
15 María, mencionada antes, reflexionó seriamente en las graves consecuencias de sus actos, como el que ella o alguien más perdiera el favor de Dios (Gálatas 6:7). "Cuando me puse a pensar en lo que sentía por el compañero de trabajo de mi esposo —recuerda María—, comprendí que yo estaba echando por tierra cualquier posibilidad de que aquel hombre llegara a conocer la verdad. El pecado tendría terribles consecuencias para todos los implicados y sería motivo de tropiezo para otras personas." (2 Corintios 6:3.)
La razón más poderosa
16 La Biblia advierte: "Como panal de miel los labios de una mujer extraña siguen goteando, y su paladar es más suave que el aceite. Pero el efecto que después viene de ella es tan amargo como el ajenjo; es tan agudo como una espada de dos filos" (Proverbios 5:3, 4). Así es, las repercusiones de la impureza moral son dolorosas, y hasta pueden ser mortíferas. Entre ellas figuran una conciencia atormentada y las enfermedades de transmisión sexual, por no hablar del grave daño emocional que la persona infiel causa a su cónyuge. Sin lugar a dudas, estas son buenas razones para ni siquiera empezar a caminar en una senda que puede conducir a la infidelidad marital.
17 Sin embargo, la razón fundamental por la que no se debe ser infiel es que Jehová lo condena, y él es quien ha fundado el matrimonio y ha otorgado las facultades sexuales a los seres humanos. Por medio del profeta Malaquías, Jehová asegura: "Me acercaré a ustedes para el juicio, y ciertamente llegaré a ser testigo veloz [...] contra los adúlteros" (Malaquías 3:5). Por otra parte, Proverbios 5:21 declara: "Los caminos del hombre están enfrente de los ojos de Jehová, y él está contemplando todos sus senderos trillados". En efecto, Jehová lo ve todo, pues "todas las cosas están desnudas y abiertamente expuestas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Hebreos 4:13). Por lo tanto, la razón más poderosa para mantenerse fiel al cónyuge es que cualquier acto de inmundicia sexual perjudica nuestra relación con Jehová, sin importar lo bien que guardemos el secreto o lo poco que parezca afectarnos en sentido físico o en el ámbito social.
18 El deseo de no perder nuestra relación pacífica con Dios es un incentivo muy poderoso. Así lo demuestra el ejemplo de José, uno de los hijos del patriarca Jacob. Él se ganó el favor de Potifar, oficial de la corte del faraón de Egipto, y llegó a tener un puesto privilegiado en su casa. Recordemos que era un joven "de hermosa figura y de hermosa apariencia", un hecho que no le pasó inadvertido a la esposa de Potifar. Día tras día ella intentaba seducirlo, pero no logró nada. ¿Qué motivó a José a rechazar sus proposiciones inmorales? La Biblia relata: "Él rehusaba, y decía a la esposa de su amo: 'Mira que mi amo [...] no ha retenido de mí cosa alguna salvo a ti, porque eres su esposa. Así es que, ¿cómo podría yo cometer esta gran maldad y realmente pecar contra Dios?'" (Génesis 39:1-12).
19 José, quien no estaba casado, es un ejemplo de castidad, pues se negó a tener relaciones con la esposa de otro hombre. A este respecto, Proverbios 5:15 dice a los esposos: "Bebe agua de tu propia cisterna, y chorrillos que salgan de en medio de tu propio pozo". Los dos cónyuges deben tener cuidado de no desarrollar —quizá sin darse cuenta— sentimientos románticos hacia otra persona. Esfuércense por fortalecer los lazos de amor en su matrimonio, y pongan todo su empeño en resolver sus dificultades conyugales. Por encima de todo, sigan la exhortación bíblica: "Regocíjate con la esposa [o el esposo] de tu juventud" (Proverbios 5:18).

Buenos esposos y buenos ancianos
10 Si bien el matrimonio no es condición necesaria para ser anciano, antes de recomendar a un cristiano casado para dicho oficio, este debe dar pruebas de sus esfuerzos por ser un esposo bueno y cariñoso que ejerce correctamente la jefatura. (Efesios 5:23-25, 28-31.) Escribió Pablo: "Si algún hombre está procurando alcanzar un puesto de superintendente, desea una obra excelente. El superintendente, por lo tanto, debe ser irreprensible, esposo de una sola mujer". (1 Timoteo 3:1, 2.) Debe saltar a la vista que el anciano está haciendo cuanto puede para ser un buen esposo, tenga o no una esposa cristiana. Aun las personas ajenas a la congregación deben poder observar que cuida bien de su mujer y cumple con todas sus obligaciones. Pablo añadió: "Además, debe también tener excelente testimonio de los de afuera, para que no caiga en vituperio y en un lazo del Diablo". (1 Timoteo 3:7.)
11 Desde luego, la frase "esposo de una sola mujer" excluye la poligamia y supone asimismo la fidelidad conyugal. (Hebreos 13:4.) Los ancianos, en particular, han de ser extremadamente prudentes al ayudar a las hermanas de la congregación. Deben evitar estar solos cuando visiten a una hermana que precise consejo y ánimo. Conviene que vayan acompañados de otro anciano, un siervo ministerial o hasta de su mujer si se trata solo de una visita para dar ánimo. (1 Timoteo 5:1, 2.)
Provocados y cautivados
11 ¿Qué tentaciones y situaciones han llevado a algunos a seguir el derrotero insensato del adulterio y la fornicación? Son muchas y complejas, y varían de un país a otro, así como de una cultura a otra. Sin embargo, han surgido ciertas situaciones similares en muchos países. Por ejemplo, algunos han organizado fiestas en las que se han servido bebidas alcohólicas sin supervisión. Otros han sido atraídos por la música insinuante y el baile provocativo. En algunas zonas de África, hombres incrédulos acaudalados tienen concubinas; algunas mujeres se han sentido tentadas a buscar seguridad económica mediante el concubinato aunque implique cometer inmoralidad. En otras zonas los esposos cristianos han dejado a sus familias para ir a ganarse la vida trabajando en minas o en otros lugares. Su lealtad y fidelidad han sido probadas a un grado al que no lo habrían sido o de maneras como no se habrían probado si se hubieran quedado con su familia.
12 En los países desarrollados, algunos han caído en la trampa de Satanás al estar a menudo con alguien del sexo opuesto sin una tercera persona presente, como el estar regularmente a solas en el automóvil con la persona que le enseña a conducir. Al hacer visitas de pastoreo, los ancianos también deben tener cuidado de no aconsejar a una hermana a solas. Las emociones pudieran intensificarse durante esas conversaciones y resultar en una situación embarazosa para ambos. (Compárese con Marcos 6:7; Hechos 15:40.)
13 Las circunstancias que se han mencionado han llevado a algunos cristianos a bajar la guardia y cometer actos inmorales. Tal como ocurrió en el siglo primero, han permitido que se les 'provoque y se les cautive por sus propios deseos carnales', y eso los ha conducido al pecado. (Santiago 1:14, 15; 1 Corintios 5:1; Gálatas 5:19-21.)
Pastoreen con cautela
16 Pablo da más consejo en Gálatas 6:1. Insta a los hombres cualificados espiritualmente: "Traten de reajustar [al que ha errado] con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". ¡Qué graves consecuencias puede traer el pasar por alto este consejo! Cuando se declaró culpable a un clérigo anglicano de cometer adulterio con dos feligresas, el periódico londinense The Times comentó que esta es "una situación de siempre: el hombre que aconseja como padre o hermano cae víctima de las tentaciones de la confianza que se dispensa en él". Luego el columnista mencionó las observaciones del Dr. Peter Rutter de que "las aventuras explotadoras entre las pacientes y sus consejeros —médicos, abogados, sacerdotes y patronos— se habían convertido en una epidemia reconocida, dañina y deshonrosa de nuestra sociedad permisiva".
17 No debemos pensar que el pueblo de Jehová es inmune a esas tentaciones. Un anciano respetado que había servido fielmente durante años incurrió en inmoralidad porque hizo una visita de pastoreo a una hermana casada cuando estaba sola. Aunque se arrepintió, perdió todos los privilegios de servicio. (1 Corintios 10:12.) Por lo tanto, ¿cómo pueden actuar los ancianos nombrados para no caer en tentación cuando hacen visitas de pastoreo? ¿Qué pueden hacer para tener cierto grado de intimidad para orar y consultar la Palabra de Dios y las publicaciones cristianas cuando hablen con la persona?
18 Un factor que deben tener en cuenta los ancianos es el principio de jefatura. (1 Corintios 11:3.) Si un joven busca ayuda, esfuércese por incluir a los padres en la conversación cuando sea apropiado. Cuando una hermana casada solicita ayuda espiritual, ¿puede usted pedirle que su esposo esté presente durante la visita? ¿Qué se puede hacer si no le es posible estar presente o si se trata de un incrédulo que ha abusado de ella de alguna forma? Haga lo mismo que cuando hace una visita de pastoreo a una hermana soltera. Es prudente que dos hermanos capacitados espiritualmente visiten juntos a la hermana. Si no es conveniente visitarla en casa, tal vez se pueda escoger un momento apropiado para que dos hermanos conversen con ella en el Salón del Reino, preferiblemente en un cuarto donde puedan hablar en privado. De este modo se evita cualquier causa de tropiezo, puesto que hay hermanos y hermanas en el salón, aunque no pueden ver a los reunidos ni oír su conversación. (Filipenses 1:9, 10.)

El superintendente tiene que ejercer autodominio'
'El superintendente tiene que ejercer autodominio.' (TITO 1:7, 8.)
LA HISTORIA presenta un ejemplo muy notable de refrenar las emociones. A mediados del siglo XVI, Guillermo de Orange, un joven príncipe holandés, había ido de caza con el rey Enrique II de Francia. Enrique reveló a Guillermo que el rey de España y él planeaban eliminar a todos los protestantes de Francia y de los Países Bajos... de hecho, de toda la cristiandad. El rey Enrique tenía la impresión de que el joven Guillermo era católico devoto como él, y por eso divulgó todos los detalles del complot. Aquella noticia horrorizó muchísimo a Guillermo, porque muchos de sus amigos más allegados eran protestantes, pero él disimuló sus sentimientos y, más bien, mostró gran interés en los detalles que dio el rey.
2 Sin embargo, tan pronto como pudo Guillermo hizo planes para frustrar aquella conspiración, y como resultado final de esto los Países Bajos se vieron libres de la dominación católica de España. Debido al autodominio que ejerció Guillermo guardando silencio cuando se enteró del complot, se le llegó a conocer como "el Taciturno". Guillermo de Orange tuvo tanto éxito que se dice que "fue el verdadero fundador de la independencia y grandeza de la república holandesa".
3 Por saber refrenarse, Guillermo el Taciturno se benefició mucho a sí mismo y benefició a su pueblo. De manera similar, los ancianos o superintendentes cristianos hoy deben manifestar autodominio, un fruto del espíritu santo. (Gálatas 5:22, 23.) Al ejercer esta cualidad se benefician a sí mismos y benefician a las congregaciones. Por otro lado, pueden causar incalculable daño si no se saben dominar a sí mismos.
Autodominio... requisito para ser anciano
4 Pablo, quien era anciano, comprendía la importancia de que uno sepa dominarse a sí mismo. Al aconsejar a los ancianos que habían venido a él de Éfeso, dijo: "Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño". Entre otras cosas el prestar atención a sí mismos quería decir que tenían que manifestar autodominio, vigilar su conducta. Al escribir a Timoteo, Pablo mencionó lo mismo, así: "Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza". Ese consejo mostró que Pablo reconocía la tendencia humana que algunos manifiestan de estar más ocupados en predicar que en practicar lo que predican. Por eso hizo hincapié primeramente en que tienen que vigilarse a sí mismos. (Hechos 20:28; 1 Timoteo 4:16.)
5 Con el paso de los años, el papel que las Escrituras asignan a los ancianos se ha hecho cada vez más claro. Hoy vemos que el puesto de anciano es uno que se recibe por nombramiento. Los ancianos son nombrados por el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová o sus representantes directos. Este cuerpo, a su vez, representa al "esclavo fiel y discreto". (Mateo 24:45-47.) Quien en particular presenta los requisitos que debe satisfacer el superintendente o anciano cristiano es el apóstol Pablo, en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9.
6 Pablo dice en 1 Timoteo 3:2, 3 que el superintendente tiene que ser moderado en los hábitos. Este requisito y el de ser ordenado exigen que el anciano manifieste autodominio. El hombre que satisface los requisitos para ser superintendente no es golpeador ni belicoso. Estos requisitos también exigen autodominio del anciano. Además, para que el anciano no sea un borracho pendenciero, dado al vino, tiene que ejercer autodominio. (Véanse también las notas al pie de la página sobre 1 Timoteo 3:2, 3.)
7 En Tito 1:7, 8 Pablo declaró específicamente que el superintendente tiene que ejercer autodominio. No obstante, note cuántos de los demás requisitos que se alistan en esos versículos se relacionan con el autodominio. Por ejemplo, el superintendente tiene que estar libre de acusación, sí, debe ser irreprensible. Ciertamente no podría satisfacer esos requisitos si no desplegara autodominio.
Al tratar con otros
8 Además, el superintendente no solo tiene que desplegar paciencia, sino gran paciencia al tratar con compañeros de creencia, y para eso se requiere autodominio. Por ejemplo, en Gálatas 6:1 leemos: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales [principalmente los ancianos] traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado". Se requiere autodominio para manifestar un espíritu de apacibilidad. Además, requiere autodominio el que uno se vigile a sí mismo. De igual manera, es muy importante que el anciano ejerza autodominio cuando una persona angustiada acude a él por ayuda. Prescindiendo de lo que el anciano quizás piense del individuo, tiene que ser bondadoso, paciente y comprensivo. En vez de apresurarse a dar consejo, el anciano tiene que estar dispuesto a escuchar y esforzarse por hacer que la persona exprese lo que realmente parece molestarle.
9 El consejo de Santiago 1:19 es especialmente oportuno cuando tratamos con personas angustiadas, pues dice: "Sepan esto, mis amados hermanos. Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira". Sí, particularmente al enfrentarse a reacciones de ira o emocionales el anciano tiene que cuidarse para no reaccionar de la misma manera. Para no responder con palabras que agiten las emociones aunque alguien se exprese así, y para 'no devolver mal por mal', se requiere autodominio. (Romanos 12:17.) El responder de la misma manera solo empeora los asuntos. Por eso, a este respecto la Palabra de Dios de nuevo da excelente consejo a los ancianos, al recordarles que "la respuesta, cuando es apacible, aparta la furia". (Proverbios 15:1.)
Autodominio en las reuniones de ancianos y audiencias judiciales
10 Los superintendentes cristianos también tienen que ejercer dominio de sí mismos en las reuniones de ancianos. A veces requiere mucho autodominio el hablar calmadamente en el interés de la verdad y la justicia. También requiere tal dominio el no tratar de dominar una consideración de asuntos. Si algún anciano tiene esa tendencia, sería bondadoso que otro anciano le ofreciera consejo. (Compárese con 3 Juan 9.)
11 Además, puede que un anciano demasiado celoso se vea tentado a agitarse o hasta a alzar la voz en las reuniones de los ancianos. ¡Qué gran falta de dominio personal revelan esas acciones! En realidad son contraproducentes en dos aspectos. En primer lugar, el que pierde el dominio de sí mismo debilita su propio argumento en proporción con lo agitado que se pone, pues permite que la emoción eclipse la lógica. En segundo lugar, el que alguien permita que sus emociones se alteren tiende a molestar o hasta a contrariar proporcionalmente a los demás ancianos. Además, si los ancianos no tienen cuidado, los agudos desacuerdos pudieran dividirlos. Esto perjudicaría tanto a ellos como a la congregación. (Compárese con Hechos 15:36-40.)
12 El autodominio también es muy necesario para que los ancianos eviten ser parciales y no abusen de su poder. ¡Qué fácil es ceder a la tentación y permitir que ideas humanas nacidas de la imperfección influyan en lo que uno dice o hace! Vez tras vez ha sucedido que algunos ancianos no han actuado con resolución cuando uno de sus hijos u otro de sus parientes ha sido culpable de conducta incorrecta. Cuando surgen esas situaciones se requiere que uno sepa dominarse para no dejar que los vínculos consanguíneos interfieran con la administración de la justicia. (Deuteronomio 10:17.)
13 Otra ocasión en que también es muy importante desplegar autodominio es durante una audiencia judicial. Los ancianos tienen que gobernarse bien a sí mismos para no dejarse influir indebidamente por las emociones. No deben permitir que las lágrimas los conmuevan fácilmente. A la vez, el anciano tiene que cuidarse para permanecer sereno si tal vez se lanzan acusaciones verbales contra él y se le calumnia, como pudiera ocurrir al tratar con apóstatas. A este respecto, estas palabras de Pablo son muy oportunas: "El esclavo del Señor no tiene necesidad de pelear, sino de ser amable para con todos". Requiere autodominio el que uno sea amable cuando está bajo presión. Pablo pasa a mostrar que "el esclavo del Señor" tiene que 'mantenerse reprimido bajo lo malo, instruyendo con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos'. Requiere mucho dominio de sí mismo el que uno muestre apacibilidad y se mantenga reprimido frente a la oposición. (2 Timoteo 2:24, 25.)
Autodominio con el sexo opuesto
14 Los ancianos tienen que estar muy alerta en cuanto a dominarse a sí mismos cuando tienen que tratar con personas del sexo opuesto. No es aconsejable que un anciano vaya sin compañía a hacer una visita de pastoreo a una hermana cristiana. El anciano debe ir acompañado de otro anciano o de un siervo ministerial. Probablemente por eso Pablo aconsejó al anciano Timoteo: "[Insta] [...] a las mujeres de más edad como a madres, a las de menos edad como a hermanas, con toda castidad". (1 Timoteo 5:1, 2.) Se ha visto a algunos ancianos poniendo las manos sobre una hermana como en un ademán paternal. Pero pudieran estar engañándose a sí mismos, pues tal ademán bien pudiera ser motivado por un impulso romántico en vez de cariño fraternal cristiano y puro. (Compárese con 1 Corintios 7:1.)
15 ¡Cuánto oprobio se ha arrojado sobre la verdad debido a que algunos ancianos no se dominaron a sí mismos al tratar con hermanas de la congregación! Unos años atrás un anciano fue expulsado por haber cometido adulterio con una hermana cristiana cuyo esposo no era Testigo. La misma noche que se anunció la expulsión del ex anciano, el esposo agraviado entró apresurado en el Salón del Reino con un rifle y disparó contra los dos culpables. Ninguno de ellos murió, y el esposo fue desarmado inmediatamente, pero el día siguiente, en la primera plana de un periódico popular se presentó la noticia de 'tiroteo en una iglesia'. ¡Qué oprobio trajo sobre la congregación y sobre el nombre de Jehová la falta de gobierno de sí mismo de aquel anciano!
Autodominio en otros campos
16 También es muy importante que el anciano despliegue autodominio cuando presenta un discurso público. Un orador público debe ser un modelo de confianza y aplomo. Algunos tratan de divertir a sus oyentes mediante comentarios chistosos que solo tienen el fin de hacer reír al auditorio. Esto pudiera revelar que están cediendo a la tentación de agradar a su auditorio. Por supuesto, el ceder a cualquier tentación es muestra de falta de autodominio. Hasta se pudiera decir que el pasarse de tiempo al presentar un discurso revela falta de dominio de sí mismo por parte del orador, así como falta de preparación.
17 Todo anciano que trabaja duro tiene que afrontar el desafío de equilibrarse ante las diversas demandas de su tiempo y energías que le presentan sus responsabilidades. Requiere autodominio el evitar los extremos. Algunos ancianos se han preocupado tanto por las obligaciones de la congregación que han descuidado a sus propias familias. Así, cuando cierta hermana le contó a la esposa de un anciano sobre la excelente visita de pastoreo que él le había hecho, la esposa del anciano exclamó: "¡Quisiera que algún día me hiciera una visita de pastoreo a mí!". (1 Timoteo 3:2, 4, 5.)
18 El anciano también tiene que saber gobernarse a sí mismo para equilibrar la cantidad de tiempo que dedica al estudio personal con el tiempo que pasa en el ministerio del campo o en hacer visitas de pastoreo. En vista de lo engañoso que es el corazón humano, es muy fácil para un anciano dedicar más tiempo del necesario a la actividad que más le agrada. Si le gusta leer, bien puede ser que dedique demasiado tiempo al estudio personal. Si se le hace un poco dificultoso participar en el ministerio de casa en casa, puede que busque excusas para hacer visitas de pastoreo en vez de predicar.
19 La obligación de guardar lo confidencial también requiere que el anciano esté alerta para ejercer autodominio firmemente. A este respecto, es oportuno el consejo: "No reveles el habla confidencial de otro". (Proverbios 25:9.) La experiencia parece indicar que este bien pudiera ser uno de los requisitos que más violen los ancianos. Si el anciano tiene una esposa sabia y amorosa con quien tiene buena comunicación, puede que tienda a considerar o simplemente mencionar asuntos confidenciales cuando está con ella. Pero esto no es apropiado, y es muy imprudente. En primer lugar, traiciona la confianza de otra persona. Los hermanos y hermanas espirituales acuden a los ancianos y les cuentan asuntos íntimos porque están seguros de que el asunto se guardará en estricta confidencia. El comunicar asuntos confidenciales a la esposa de uno es incorrecto e imprudente y también muestra falta de amor al poner una carga innecesaria sobre ella. (Proverbios 10:19; 11:13.)
20 No cabe duda de que el autodominio es de suma importancia, ¡especialmente para los ancianos! Porque se les ha encomendado el privilegio de llevar la delantera entre el pueblo de Jehová, tienen mayor responsabilidad. Puesto que se les ha dado mucho, mucho se exigirá de ellos. (Lucas 12:48; 16:10; compárese con Santiago 3:1.) Es el privilegio y deber de los ancianos dar un ejemplo excelente para los demás. Más que eso, los ancianos nombrados pueden ser más beneficiosos o más dañinos que otras personas, dependiendo de si ejercen autodominio o no. Con buena razón Pablo dijo que 'el superintendente tiene que ejercer autodominio'.
los que disputan sobre insignificancias y especulaciones: w00 1/5 12
Necesitamos discernimiento
18 No cabe duda de que para pelear la excelente pelea de la fe se necesita discernimiento (Proverbios 2:11; Filipenses 1:9). Por ejemplo, no sería razonable desconfiar de toda la información seglar (Filipenses 4:5; Santiago 3:17). No todas las ideas humanas están en conflicto con la Palabra de Dios. Jesús aludió a la necesidad que tiene el enfermo de consultar a un médico competente, es decir, a un profesional de este mundo (Lucas 5:31). A pesar de la naturaleza relativamente primitiva de la medicina en el siglo primero, Jesús reconoció que la ayuda médica podía producir ciertos beneficios. Los cristianos hoy son equilibrados en lo que respecta a la información seglar, pero no se exponen a ningún tipo de esta que pueda perjudicarles en sentido espiritual.
19 También es fundamental que los ancianos tengan discernimiento cuando se les pide que ayuden a los que hablan de manera imprudente (2 Timoteo 2:7). Puede que en ocasiones algunos miembros de la congregación se envuelvan en disputas sobre insignificancias y especulaciones. Para proteger la unidad de la congregación, los ancianos deben corregir con prontitud tales situaciones, sin imputar malos motivos a los hermanos ni verlos enseguida como apóstatas.
20 Pablo describió el espíritu con el que debe prestarse la ayuda. Dijo: "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad" (Gálatas 6:1). Y Judas escribió específicamente con referencia a los cristianos que dudaban: "Continúen mostrando misericordia a algunos que tienen dudas; sálvenlos, arrebatándolos del fuego" (Judas 22, 23). Por supuesto, si alguien sigue promoviendo enseñanzas falsas después de repetidas admoniciones, los ancianos deben adoptar medidas contundentes para proteger a la congregación (1 Timoteo 1:20; Tito 3:10, 11).

los que maltratan a su cónyuge: g96 22/10 9
Es necesario buscar ayuda
Pero ¿qué puede hacer una esposa si su marido se niega a reconocer el problema? En esos casos algunas mujeres han buscado ayuda fuera del círculo familiar. Cuando se encuentran en situaciones angustiosas de ese tipo, las testigos de Jehová pueden abordar a los ancianos de su congregación. La Biblia insta a estos hombres a pastorear el rebaño espiritual de Dios con amor y bondad y, al mismo tiempo, "censurar a los que contradicen" la enseñanza saludable de la Palabra de Dios. (Tito 1:9; 1 Pedro 5:1-3.) Aunque a los ancianos no les corresponde inmiscuirse en los asuntos personales de los matrimonios, les preocupa, y con razón, cuando un cónyuge sufre a causa de los abusos verbales del otro. (Proverbios 21:13.) Como estos hombres se atienen fielmente a las normas bíblicas, no excusan ni minimizan el habla injuriosa.
Los ancianos pudieran facilitar la comunicación entre ambos cónyuges. Por ejemplo, cierta mujer abordó a un anciano y le dijo que llevaba años sufriendo maltrato verbal por parte de su esposo, que además era compañero de creencia. El anciano se reunió con ambos y pidió que mientras uno hablara, el otro escuchara sin interrumpir. Cuando le tocó el turno a la esposa, ella dijo que ya no podía aguantar más los arrebatos de cólera de su marido. Explicó que por años se le hacía un nudo en el estómago cada tarde solo de pensar si su marido volvería a casa de mal humor. Cuando él estallaba, decía cosas degradantes de la familia y las amistades de su esposa, y también de ella como persona.
El anciano le pidió que explicara cómo la hacían sentir las palabras de su esposo. "Me sentía como si fuera una persona mala a quien nadie podía amar —respondió—. A veces le preguntaba a mi madre: 'Mamá, ¿es difícil convivir conmigo? ¿Será que no me hago querer?'." Al oír esto, el esposo empezó a llorar. Por primera vez vio lo mucho que había herido a su esposa con sus palabras.
Usted puede cambiar
Algunos cristianos del siglo primero tenían problemas con el habla injuriosa. El apóstol cristiano Pablo los exhortó a que desecharan una serie de cosas como por ejemplo, "ira, cólera, maldad, habla injuriosa y habla obscena". (Colosenses 3:8.) Ahora bien, el habla hiriente es más un problema del corazón que de la lengua. (Lucas 6:45.) De ahí que Pablo añadiera: "Desnúdense de la vieja personalidad con sus prácticas, y vístanse de la nueva personalidad". (Colosenses 3:9, 10.) De modo que no solo hace falta cambiar la manera de hablar, sino también la de sentir.
El marido que recurre al maltrato verbal tal vez necesite ayuda para determinar cuál es la causa precisa de su comportamiento. Su actitud debería ser como la del salmista: "Escudríñame completamente, oh Dios, y conoce mi corazón. Examíname, y conoce mis pensamientos inquietantes, y ve si hay en mí algún camino doloroso". (Salmo 139:23, 24.) Por ejemplo: ¿Por qué siente la necesidad de dominar, o controlar, a su cónyuge? ¿Qué desencadena sus agresiones verbales? ¿Son sus maltratos un síntoma de profundo resentimiento? (Proverbios 15:18.) ¿Se ve afectado por sentimientos de inutilidad, quizás debido a que se crió oyendo siempre comentarios severos? Tales preguntas pueden ayudar a un hombre a determinar las causas de su comportamiento.
Hay que reconocer que es difícil de erradicar el habla injuriosa, especialmente si el hombre la aprendió de unos padres que hacían comentarios mordaces o de una cultura que promueve la conducta dominante. Ahora bien, todo lo que se aprende puede —con tiempo y esfuerzo— desaprenderse. Para ello, la Biblia es la mejor ayuda, pues tiene la capacidad de ayudarnos a derrumbar incluso una conducta fuertemente atrincherada. (Compárese con 2 Corintios 10:4, 5.) ¿Cómo?
Modo apropiado de ver las funciones asignadas por Dios
Con frecuencia, los injuriadores tienen un criterio distorsionado de las funciones que Dios ha asignado al marido y a la mujer. Por ejemplo, el escritor bíblico Pablo dice que las esposas deben estar "en sujeción a sus esposos" y que "el esposo es cabeza de su esposa". (Efesios 5:22, 23.) Algunos maridos quizás opinen que la jefatura les da derecho a ejercer un control absoluto sobre su esposa. Pero no es así. Aunque la esposa está en sujeción al esposo, no es su esclava. Es su "ayudante" y "complemento". (Génesis 2:18.) De ahí que Pablo añada: "Los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama, porque nadie jamás ha odiado a su propia carne; antes bien, la alimenta y la acaricia, como también el Cristo hace con la congregación". (Efesios 5:28, 29.)
Como cabeza de la congregación cristiana, Jesús nunca increpó a sus discípulos, haciendo que se preguntaran, asustados, cuándo volvería a perder los estribos. Al contrario, él los trataba con ternura, de manera que no perdieran su dignidad. "Yo los refrescaré", les prometió. "Soy de genio apacible y humilde de corazón." (Mateo 11:28, 29.) Meditar bajo oración sobre cómo ejerció Jesús su jefatura puede ayudar al esposo a ver la suya de una manera más equilibrada.
Cuando surgen tensiones
Una cosa es conocer los principios bíblicos, y otra muy distinta aplicarlos al estar bajo presión. Cuando surgen tensiones, ¿cómo puede un esposo evitar recaer en su antiguo patrón de habla hiriente?
No es ninguna señal de hombría que un marido sea agresivo de palabra cuando se disgusta. La Biblia dice: "El que es tardo para la cólera es mejor que un hombre poderoso; y el que controla su espíritu, que el que toma una ciudad". (Proverbios 16:32.) Un hombre de verdad controla su espíritu. Manifiesta su empatía preguntándose: '¿Cómo afectan a mi esposa las palabras que le digo? ¿Cómo me sentiría yo si me encontrase en su lugar?'. (Compárese con Mateo 7:12.)
La Biblia reconoce, no obstante, que algunas situaciones pueden provocar ira. Respecto a tales circunstancias, el salmista escribió: "Agítense, pero no pequen. Digan lo que quieran en su corazón, sobre su cama, y callen". (Salmo 4:4.) Esta misma idea ha sido expresada también como sigue: "No hay nada malo en enfadarse, lo que está mal es la agresión verbal, el proferir comentarios sarcásticos, humillantes o degradantes".
Si un esposo nota que está perdiendo el control de su lengua, debe aprender a frenarla y dejar el asunto hasta otro momento. Tal vez sería prudente que se marchase de la habitación, saliera a caminar o buscara un lugar privado donde calmarse. Proverbios 17:14 dice: "Antes que haya estallado la riña, retírate". Una vez apaciguados los ánimos, puede reanudar la conversación.
Por supuesto, nadie es perfecto. Los hombres que tuvieron ese tipo de problema tal vez recaigan en el habla hiriente. En esos casos, su deber es pedir disculpas. Vestirse de "la nueva personalidad" es un proceso continuo, pero realmente vale la pena el esfuerzo. (Colosenses 3:10.)
Palabras que curan
Efectivamente, "muerte y vida están en el poder de la lengua". (Proverbios 18:21.) Las palabras hirientes deben ser sustituidas por otras que edifiquen y fortalezcan el matrimonio. Un proverbio bíblico dice: "Los dichos agradables son un panal de miel, dulces al alma y una curación a los huesos". (Proverbios 16:24.)
Hace unos años se llevó a cabo un estudio para determinar qué factores influían en que las familias fuertes estuvieran unidas. "El estudio descubrió que los miembros de tales familias se querían y se lo decían —comenta David R. Mace, especialista en asuntos conyugales—. Cada uno demostraba su interés por los demás, les aportaba un sentido de valía personal y aprovechaba toda oportunidad razonable para hablar y obrar afectuosamente. El resultado, muy natural, es que a todos les gustaba estar juntos y se fortalecían unos a otros de muchas maneras, haciendo sumamente gratas sus relaciones."
Ningún esposo temeroso de Dios puede decir con sinceridad que ama a su esposa si la injuria intencionadamente con sus palabras. (Colosenses 3:19.) Por supuesto, lo mismo puede decirse de la esposa que maltrata verbalmente a su marido. En realidad, ambos cónyuges tienen la obligación de acatar el consejo que dio Pablo a los efesios: "No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para edificación según haya necesidad, para que imparta lo que sea favorable a los oyentes". (Efesios 4:29.)

los que tienen problemas con otros sobre asuntos de negocios: w86 15/11 20
Cómo resolver problemas de negocios
17 En cualquier relación de negocio entre los hermanos pueden surgir problemas. Algunos de los de menor importancia se pueden resolver sencillamente aplicando el principio de 1 Pedro 4:8, que dice: "Ante todo, tengan amor intenso unos para con otros, porque el amor cubre una multitud de pecados". Si los problemas no pueden solucionarse de esa forma, no debe permitirse que crezcan y empeoren. Esto podría resultar en la pérdida del respeto mutuo y en distanciamiento. Frecuentemente la solución estriba en la comunicación bondadosa y franca antes que la situación empeore. La Palabra de Dios nos aconseja que zanjemos prontamente las disputas. (Mateo 5:23-25; Efesios 4:26, 27.)
18 Sin embargo, cuando un cristiano cree que un compañero de creencia le ha perjudicado seriamente en asuntos de negocio, se deben seguir con cuidado los pasos que se delinean en Mateo 18:15-17. Con el primer paso, o los primeros dos, se debería solucionar la cuestión. Si no, el tercer paso consistiría en que los ancianos nombrados examinaran el caso. De suceder esto, los ancianos recomendarían enfáticamente a los hermanos que no se demandaran uno al otro ante los tribunales. Una demanda judicial en contra de un compañero de creencia significaría "del todo derrota para ustedes", como dijo Pablo. Agregó: "¿Por qué no dejan más bien que les hagan injusticias? ¿Por qué no dejan más bien que los defrauden?". (1 Corintios 6:1-8.) Es mejor sufrir pérdidas financieras que causar oprobio al nombre de Jehová y al de la congregación y perturbar nuestra unidad al llevar a un creyente a las cortes. Por supuesto, aunque el caso no se lleve a un tribunal judicial, tal vez sea necesario que la congregación intervenga de algún modo si se ha cometido algún acto falto de honradez.
19 Al aconsejar a los que tienen dificultades relacionadas con negocios, los ancianos podrían señalar al ejemplo altruista de Abrahán cuando su relación con Lot corrió peligro. Abrahán, aunque mayor que Lot, bondadosamente le dejó escoger primero el territorio que quisiera, más bien que correr el riesgo de abrir una brecha en la relación que había entre los dos. (Génesis 13:5-11.) Los ancianos también pudieran señalar al buen ejemplo de Zaqueo. Él estuvo dispuesto a dar la mitad de sus bienes a los pobres, y de la otra mitad devolver el cuádruple de lo que les había sacado a otros por acusación falsa. (Lucas 19:1-10; véase también 1 Corintios 10:24.)
20 ¡Qué bueno es que los cristianos resuelvan eficazmente los problemas de negocio siguiendo cuidadosamente el consejo bíblico! De este modo permanecen unidos aun cuando fracasen los negocios en que se envuelven. Ese será el feliz resultado si mantenemos presente ante todo y en todo momento que, para los cristianos, las actividades seglares ocupan un lugar secundario respecto a los intereses del Reino y a la unidad fraternal. También es bueno que los asuntos relacionados con los negocios se puedan ajustar de manera que quede más tiempo para atender las actividades más importantes relacionadas con el Reino. (Mateo 6:33; compárese con Filipenses 1:9, 10.)
21 Por lo tanto, lo que es verdaderamente vital en nuestra vida es nuestra relación con Jehová y con la hermandad cristiana. (Mateo 22:36-39.) Jamás quisiéramos que estas dos cosas fueran manchadas por las influencias mundanas ni por problemas de negocio, ¡porque nada en absoluto puede compararse a nuestra relación con Jehová, ni puede asemejarse a la hermosura de nuestra unión fraternal!

pecadores: w98 1/8 15-17
Príncipes para derecho mismo"
14 Todos debemos andar en la senda de la justicia, pero los ancianos de la congregación cristiana tienen una responsabilidad especial a este respecto. El gobierno principesco de Jesús 'se sustenta por medio del derecho y por medio de la justicia'. Por tanto, la norma de los ancianos debe ser la justicia divina (Isaías 9:7). Tienen presente lo que dice la profecía de Isaías 32:1: "¡Mira! Un rey reinará para justicia misma; y en cuanto a príncipes, gobernarán como príncipes para derecho mismo". Como superintendentes nombrados por espíritu, o 'mayordomos de Dios', los ancianos deben hacer las cosas a la manera de Dios (Tito 1:7).
15 Jesús mostró que la justicia de Jehová era compasiva, misericordiosa y razonable. Sobre todo, intentó ayudar a los que tenían problemas así como "buscar y [...] salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19:10). A semejanza del pastor de la ilustración de Jesús que buscó sin descanso hasta encontrar a la oveja que había perdido, los ancianos buscan a los que se han desviado espiritualmente y se esfuerzan por dirigirlos de nuevo al rebaño (Mateo 18:12, 13).
16 Más bien que condenar a los que han cometido pecados serios, los ancianos intentan, de ser posible, sanarlos y conducirlos al arrepentimiento. Se alegran cuando pueden ayudar a alguien que se ha desviado. No obstante, se entristecen cuando un malhechor no se arrepiente. En ese caso las justas normas de Dios exigen que se expulse al impenitente. Aun en ese caso, como el padre del hijo pródigo, esperan que algún día el pecador 'recobre el juicio' (Lucas 15:17, 18). Por ello, los ancianos toman la iniciativa y visitan a ciertos expulsados para recordarles cómo pueden volver a la organización de Jehová.
17 Los ancianos tienen que imitar a Jehová especialmente cuando atienden casos de mal proceder. Los pecadores "seguían acercándose" a Jesús porque sabían que los comprendería y ayudaría (Lucas 15:1; Mateo 9:12, 13). Por supuesto, Jesús no minimizó el pecado. Solo necesitó una comida con Zaqueo, conocido por sus extorsiones, para motivarlo al arrepentimiento y a enmendar todo el sufrimiento que había causado (Lucas 19:8-10). Los ancianos hoy tienen el mismo objetivo en las audiencias judiciales: conducir a los pecadores al arrepentimiento. Si son accesibles, como lo fue Jesús, a muchos de los que yerran les será más fácil buscar su ayuda.
18 Un corazón sensible ayudará a los ancianos a administrar la justicia divina, que no es ni severa ni insensible. Es de interés que Esdras preparó su corazón, no solo su mente, para enseñar la justicia a los israelitas (Esdras 7:10). Un corazón comprensivo permitirá a los ancianos aplicar los principios bíblicos apropiados y tomar en consideración las circunstancias de cada persona. Cuando Jesús curó a la mujer que tenía flujo de sangre, mostró que la justicia de Jehová significa entender tanto el espíritu como la letra de la Ley (Lucas 8:43-48). Se puede asemejar a los ancianos que administran justicia con compasión a un "escondite contra el viento" para aquellos que han sido zarandeados por sus propias debilidades o por este inicuo sistema en el que vivimos (Isaías 32:2).
19 Una hermana que cometió un pecado grave aprendió por experiencia propia lo que significa la justicia divina. "Sinceramente, temía acudir a los ancianos, —admite—. Pero me trataron con compasión y dignidad. Los ancianos fueron como unos padres, no jueces severos. Me ayudaron a comprender que Jehová no me rechazaría si corregía mi camino. Aprendí por experiencia propia que él nos disciplina como un Padre amoroso. Pude abrir mi corazón a Jehová con la confianza de que oiría mi súplica. Mirando retrospectivamente, puedo decir que aquella reunión con los ancianos hace siete años fue una verdadera bendición de Jehová. Desde entonces, mi relación con Jehová ha sido mucho más fuerte."
Actuemos con justicia y conforme a derecho
20 Afortunadamente, la justicia de Dios significa mucho más que dar a cada uno su merecido. Por su justicia, Jehová concederá vida eterna a todos los que tengan fe (Salmo 103:10; Romanos 5:15, 18). Dios nos trata de esta manera porque su justicia tiene en cuenta nuestras circunstancias, y quiere salvarnos, no condenarnos. Una mejor comprensión de la amplitud de la justicia de Jehová sin duda nos acerca más a él. Imitar esta faceta de su personalidad redundará en muchas bendiciones para nosotros y para quienes nos rodean. Nuestra búsqueda de la justicia no pasará inadvertida a nuestro Padre celestial. Jehová nos promete: "Guarden el derecho y hagan lo que es justo. Porque a la mano está mi salvación para entrar, y mi justicia para ser revelada. Feliz es el hombre mortal que hace esto" (Isaías 56:1, 2).
[Nota]
Véase La Atalaya del 15 de abril de 1991, págs. 22 y 23.

¿Por qué confesar?
10 Tal vez haya quienes piensen: "Si le cuento a alguien lo que he hecho, tendré que responder preguntas embarazosas y puede que me expulsen. Pero si me quedo callado, nadie de la congregación se va a enterar". Sin embargo, la persona que razona así no tiene en cuenta algunos factores importantes. ¿Cuáles?
11 Jehová es "un Dios misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y verdad, que conserva bondad amorosa para miles, que perdona error y transgresión y pecado". Aun así, también corrige a su pueblo "hasta el grado debido" (Éxodo 34:6, 7; Jeremías 30:11). Ahora bien, ¿cómo nos va a mostrar misericordia si tratamos de ocultar un pecado grave que hayamos cometido? No olvidemos que él sabe lo que hemos hecho y no pasará simplemente por alto los pecados (Proverbios 15:3; Habacuc 1:13).
12 Por lo tanto, si uno ha cometido un pecado grave, confesarlo le ayudará a recuperar la buena conciencia (1 Timoteo 1:18-20). Pero si no lo hace, su conciencia quedará contaminada y puede llevarle a seguir pecando. Conviene recordar algo importante: la persona que peca no lo hace solamente contra otro ser humano o la congregación, sino contra Dios. El salmista cantó: "Jehová... en los cielos está su trono. Sus propios ojos contemplan, sus propios ojos radiantes examinan a los hijos de los hombres. Jehová mismo examina al justo así como al inicuo" (Salmo 11:4, 5).
13 Dios no va a bendecir a nadie que oculta un pecado grave e intenta permanecer en el entorno puro de la congregación cristiana (Santiago 4:6). De modo que quien haya pecado y quiera hacer lo que está bien debe ser honesto y no dudar en confesar. De lo contrario, la conciencia le molestará, en especial cuando lea o escuche consejos sobre las faltas que haya cometido. Es más, ¿y si Jehová decidiera retirarle su espíritu, como hizo en el caso del rey Saúl? (1 Samuel 16:14.) Sin su espíritu, podría cometer pecados aún más graves.
Confiemos en hermanos fieles
14 Entonces, ¿qué debe hacer el cristiano que ha pecado y está arrepentido? "Que llame a sí a los ancianos de la congregación, y que ellos oren sobre él, untándolo con aceite en el nombre de Jehová. Y la oración de fe sanará al indispuesto, y Jehová lo levantará." (Santiago 5:14, 15.) Una forma de producir "fruto propio del arrepentimiento" es pedir ayuda a los ancianos (Mateo 3:8). Estos hombres fieles y amorosos 'orarán sobre él y lo untarán con aceite en el nombre de Jehová'. Al igual que un aceite balsámico, sus consejos basados en la Biblia darán alivio y consuelo a todo el que de verdad esté arrepentido (Jeremías 8:22).
15 A este respecto, podemos aprender mucho de nuestro amoroso Pastor, Jehová. Él nos puso el mejor ejemplo al liberar a los judíos del cautiverio babilónico en el 537 antes de nuestra era y al Israel espiritual de "Babilonia la Grande" en 1919 (Revelación 17:3-5; Gálatas 6:16). Así cumplió lo que había prometido: "Yo mismo apacentaré a mis ovejas, y yo mismo haré que se recuesten [...]. A la perdida buscaré, y a la dispersada traeré de vuelta, y a la quebrada vendaré y a la doliente fortaleceré" (Ezequiel 34:15, 16).
16 Jehová alimentó a sus "ovejas", las recostó en un lugar seguro y buscó a las que estaban perdidas. Imitando su ejemplo, los pastores cristianos se aseguran de que el rebaño de Dios esté bien alimentado y protegido. También se preocupan de buscar a las ovejas que se alejan de la congregación. Tal como Dios 'vendó a la quebrada', estos superintendentes "vendan" a las ovejas que han sido heridas, ya sea por las palabras de otras personas o por sus propias acciones. Y al igual que Jehová 'fortaleció a la doliente', los ancianos ayudan a los que están enfermos en sentido espiritual, quizás a causa de los errores que ellos mismos han cometido.
Cómo dan ayuda los pastores cristianos
17 Los ancianos obedecen con gusto este mandato: "Continúen mostrando misericordia [...], haciéndolo con temor" (Judas 23). Es cierto que los cristianos que han caído en la inmoralidad sexual han pecado gravemente. Con todo, si se arrepienten de corazón, pueden esperar que los ancianos los traten con misericordia y amor, pues estos tienen el sincero deseo de ayudarlos en sentido espiritual. Hablando por todos los superintendentes, Pablo dijo: "No que seamos nosotros amos sobre la fe de ustedes, sino que somos colaboradores para su gozo" (2 Corintios 1:24). Así pues, nunca dudemos en pedir ayuda a los ancianos.
18 ¿Por qué pueden confiar en los ancianos quienes hayan cometido un mal grave? Porque ante todo son pastores del rebaño de Dios (1 Pedro 5:1-4). Ningún pastor amoroso golpea a un dócil cordero porque este se haya lastimado. Así mismo, cuando un hermano cristiano comete un error, la preocupación de los ancianos no es castigarlo por su pecado. Más bien, siempre que sea posible, tratan de ayudarlo a recuperarse en sentido espiritual (Santiago 5:13-20). Los ancianos deben juzgar con justicia y "[tratar] al rebaño con ternura" (Hechos 20:29, 30; Isaías 32:1, 2). Como todos los demás cristianos, tienen que 'ejercer justicia, amar la bondad y ser modestos al andar con Dios' (Miqueas 6:8). Y estas cualidades son fundamentales cuando deben tomar decisiones relacionadas con la vida y el servicio sagrado de 'las ovejas del apacentamiento de Jehová' (Salmo 100:3).
19 Además, los pastores cristianos son nombrados por espíritu santo y se dejan guiar por él. Por eso, en caso de que "un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta" —es decir, si inadvertidamente cae en la trampa del pecado—, estos cristianos que tienen las debidas cualidades espirituales tratan de "reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad" (Gálatas 6:1; Hechos 20:28). En efecto, los ancianos corrigen la forma de pensar de esa persona con apacibilidad, al mismo tiempo que apoyan con firmeza las normas divinas. Se los puede comparar al médico considerado que, cuando tiene que acomodar un hueso roto, trata de hacerlo con cuidado a fin de causar el menor dolor posible (Colosenses 3:12). Tengamos presente que los ancianos oran y consultan la Biblia antes de tomar cualquier decisión. Por lo tanto, la misericordia que muestren a la persona reflejará el punto de vista de Dios (Mateo 18:18).
20 Si el pecado es ampliamente conocido o no cabe duda de que lo será, puede que sea apropiado leer un anuncio de censura ante la congregación para proteger su reputación. También se hará un anuncio si se considera necesario informar a la congregación. Mientras se recupera en sentido espiritual, la persona censurada por un comité judicial puede compararse a alguien que se está recuperando de una herida física y está limitado en lo que puede hacer. Durante algún tiempo, es probable que lo más beneficioso para ese cristiano sea escuchar en las reuniones en vez de comentar. Tal vez los ancianos juzguen oportuno que alguien estudie la Biblia con él para fortalecerlo y ayudarlo en los aspectos que necesite, de modo que pueda volver a estar 'saludable en la fe' (Tito 2:2). En realidad, es el amor lo que impulsa todas estas medidas, y no la intención de castigar al pecador.
21 Los ancianos pueden dar ayuda espiritual de diversas maneras. Por ejemplo, quizá un hermano que en el pasado tuvo problemas con el alcohol beba en exceso en una o dos ocasiones estando solo en su hogar. O supongamos que un cristiano que dejó hace mucho el vicio del tabaco haya fumado a solas una o dos veces en momentos de debilidad. En casos como estos, aunque el hermano haya orado y crea que Dios lo ha perdonado, debe pedir ayuda a un anciano para evitar que ese pecado se convierta en una costumbre. Este tipo de situaciones pueden ser atendidas por uno o dos ancianos. Sin embargo, siempre deberá informarse el asunto al superintendente presidente, pues puede haber otros factores implicados.
Aceptemos siempre la disciplina de Dios
22 A fin de contar con la aprobación divina, todo cristiano debe prestar atención a la disciplina de Jehová (1 Timoteo 5:20). Así pues, dejémonos corregir cuando estudiamos la Biblia y las publicaciones cristianas o cuando se nos aconseja en las reuniones y asambleas de los testigos de Jehová. Nunca nos descuidemos en cuanto a hacer la voluntad divina. De esta manera, la disciplina de Dios será para nosotros como un resistente muro espiritual que nos protegerá del pecado.
23 Aceptar la disciplina que proviene de Jehová nos permitirá mantenernos en el amor de Dios. Es cierto que algunas personas han sido expulsadas de la congregación cristiana, pero eso no nos pasará a nosotros si 'salvaguardamos el corazón' y 'andamos como sabios' (Proverbios 4:23; Efesios 5:15). Ahora bien, ¿qué hay de quienes ya han sido expulsados de la congregación? Si usted se halla en esa situación, ¿por qué no da los pasos necesarios para ser readmitido? Dios desea que todos los que nos hemos dedicado a él lo adoremos fielmente y con "gozo de corazón" (Deuteronomio 28:47). Y podremos hacerlo por la eternidad si siempre aceptamos la disciplina de Jehová (Salmo 100:2).

Preguntas de los lectores
En vista de que Jehová está dispuesto a perdonar los pecados gracias al sacrificio redentor, ¿por qué es necesario que los cristianos los confiesen a los ancianos de la congregación?
El caso de David y Bat-seba muestra que Dios perdonó el pecado de David —aunque era grave— porque se arrepintió de verdad. Cuando el profeta Natán le abordó, el rey confesó abiertamente: "He pecado contra Jehová" (2 Samuel 12:13).
Ahora bien, Jehová no solo acepta la confesión sincera del pecador y lo perdona, sino que también se encarga con amor de ayudarlo a recobrarse en sentido espiritual. En el caso de David, utilizó al profeta Natán; hoy día utiliza a los ancianos de la congregación cristiana espiritualmente maduros. El discípulo Santiago explica: "¿Hay alguno enfermo [en sentido espiritual] entre ustedes? Que llame a sí a los ancianos de la congregación, y que ellos oren sobre él, untándolo con aceite en el nombre de Jehová. Y la oración de fe sanará al indispuesto, y Jehová lo levantará. También, si hubiera cometido pecados, se le perdonará" (Santiago 5:14, 15).
Los ancianos con experiencia pueden hacer mucho para aliviar el dolor de corazón del pecador que siente remordimiento. Procuran imitar a Jehová al tratar con él y evitan ser severos, aun cuando sea apropiado dar disciplina seria. Con compasión analizan las necesidades apremiantes de la persona y con paciencia tratan de reajustar su modo de pensar utilizando la Palabra de Dios (Gálatas 6:1). Aunque alguien no confiese voluntariamente su pecado, puede que se sienta impulsado a arrepentirse cuando hablen con él los ancianos, como le sucedió a David con Natán. El apoyo que reciba de parte de ellos contribuirá a que evite el peligro de repetir el pecado y, por extensión, las graves consecuencias de convertirse en un practicante endurecido del pecado (Hebreos 10:26-31).
No es nada fácil confesar a otras personas acciones por las que nos sentimos avergonzados ni tampoco lo es pedir perdón. Se requiere fortaleza interna. No obstante, reflexionemos un momento sobre la otra alternativa. Un hombre que no reveló su pecado grave a los ancianos de la congregación dijo: "Sentía un dolor constante en el corazón. Aunque aumenté mi actividad en la predicación, no se me quitaba el remordimiento". Él creía que bastaba con orar a Dios y confesar su mal, pero estaba muy equivocado, pues experimentó sentimientos parecidos a los del rey David (Salmo 51:8, 11). Es mucho mejor aceptar la ayuda amorosa que Jehová suministra mediante los ancianos.




casos judiciales: w11 15/9 30, 31; jr 138, 139, 148; re 50, 51; od 151-158; w92 1/7 14-19; it-2 1159; w89 15/9 17-20; w88 15/11 14, 15
Encarará usted las situaciones difíciles como Finehás?
LA LABOR de los superintendentes es muy honrosa. No obstante, las propias Escrituras indican que conlleva enfrentarse a situaciones difíciles. Entre ellas figuran las ocasiones en que "juzgan [...] para Jehová" casos de pecados graves (2 Cró. 19:6). Otro desafío es asumir tareas para las que quizás no se vean preparados. Alguien que se encontró en esta circunstancia fue Moisés. Cuando se le encomendó cierta misión, dijo humildemente: "¿Quién soy yo para que vaya a Faraón[?]" (Éxo. 3:11).
Como sabemos, la Biblia fue escrita por espíritu santo, la misma fuerza que interviene en el nombramiento de hombres responsables. La Palabra de Dios contiene numerosos ejemplos de superintendentes que supieron hacer frente a las dificultades. Este fue el caso de Finehás. Al ser hijo de Eleazar y nieto de Aarón, le correspondía ser el sucesor inmediato del sumo sacerdote. Durante su vida, él se enfrentó a tres situaciones donde dio un extraordinario ejemplo de valentía, prudencia y fe que todos los ancianos hacen bien en imitar.
"En seguida se levantó"
Notemos el suceso que encaró Finehás cuando aún era bastante joven, en los días en que el campamento israelita se encontraba en las llanuras de Moab: "El pueblo comenzó a tener relaciones inmorales con las hijas de Moab" y "a comer y a inclinarse ante los dioses de ellas" (Núm. 25:1, 2). Como consecuencia, Jehová envió un azote mortal contra aquellos pecadores. ¿Nos imaginamos cómo se sentiría Finehás al enterarse de la grave ofensa y de sus mortíferas consecuencias?
El relato prosigue: "Un hombre de los hijos de Israel vino, y estaba haciendo que se acercara a sus hermanos una madianita, ante los ojos de Moisés y ante los ojos de toda la asamblea de los hijos de Israel, mientras ellos se hallaban llorando a la entrada de la tienda de reunión" (Núm. 25:6). ¿Qué haría Finehás? No se trataba de una decisión fácil. Él era relativamente joven, mientras que aquel hombre era uno de los cabezas que dirigían al pueblo en la adoración (Núm. 25:14).
Pero Finehás temía a Jehová, y no a los hombres. En cuanto vio a aquella pareja inmoral, fue detrás de ellos, entró en la tienda de campaña donde se metieron y los atravesó con la lanza que llevaba. ¿Qué opinó Jehová de lo que había hecho? Recompensó su valor y decisión haciendo un pacto que le garantizaba que él y sus descendientes se encargarían del "sacerdocio hasta tiempo indefinido". Además, puso fin de inmediato al azote (Núm. 25:7-13).
Claro, hoy los superintendentes jamás recurren a la violencia. No obstante, imitan la actitud decidida e intrépida de Finehás. Así lo hizo Guilherme cuando llevaba solo unos meses de anciano. Le pidieron que participara en una audiencia judicial en la que el pecador era otro anciano que le había ayudado años antes. "Me sentía muy incómodo —explica Guilherme—, y a veces me costaba conciliar el sueño. No dejaba de pensar en cómo podía atender el asunto sin que las emociones me nublaran el juicio. Oré un día tras otro y estudié a fondo las publicaciones bíblicas." Gracias a ello, tuvo el valor necesario para manejar aquella difícil situación y brindarle ayuda espiritual al hermano (1 Tim. 4:11, 12).
En estas circunstancias, cuando los ancianos actúan con determinación y valentía, se convierten en modelos de fe y lealtad. Claro, los demás cristianos han de mostrar el mismo valor avisando, por ejemplo, cuando saben que se ha cometido un pecado grave. Y también deben manifestar lealtad cortando el trato con los expulsados, aunque sean amigos o incluso parientes (1 Cor. 5:11-13).

Ancianos, juzguen con justicia
"Al celebrar audiencia entre sus hermanos, tienen que juzgar con justicia." (DEUTERONOMIO 1:16.)
JEHOVÁ, como Juez Supremo, ha delegado autoridad judicial a su Hijo. (Juan 5:27.) A su vez, Cristo, como Cabeza de la congregación cristiana, utiliza a la clase del esclavo fiel y discreto y su Cuerpo Gobernante para hacer nombramientos de ancianos, quienes en ocasiones tienen que servir de jueces. (Mateo 24:45-47; 1 Corintios 5:12, 13; Tito 1:5, 9.) Como jueces sustitutos, los ancianos están obligados a seguir con sumo cuidado y atención el ejemplo de los Jueces celestiales: Jehová y Cristo Jesús.
Cristo: el Juez ejemplar
2 Respecto a Cristo como Juez, se había profetizado: "Sobre él tiene que asentarse el espíritu de Jehová, el espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu de consejo y de poderío, el espíritu de conocimiento y del temor de Jehová; y habrá disfrute por él en el temor de Jehová. Y él no juzgará por la mera apariencia de las cosas a sus ojos, ni censurará simplemente según lo que oigan sus oídos. Y con justicia tiene que juzgar a los de condición humilde, y con rectitud tiene que administrar censura a favor de los mansos de la tierra". (Isaías 11:2-4.)
3 Note en esa profecía las cualidades que capacitan a Cristo para "juzgar la tierra habitada con justicia". (Hechos 17:31.) Juzga de acuerdo con el espíritu de Jehová, la sabiduría divina, el entendimiento, el consejo y el conocimiento. Además, note que juzga en el temor de Jehová. Por eso "el tribunal del Cristo" es, representativamente, "el tribunal de Dios". (2 Corintios 5:10; Romanos 14:10.) Se asegura de juzgar los asuntos como Dios los juzga. (Juan 8:16.) No juzga simplemente por la apariencia de las cosas ni según meros rumores. Juzga con rectitud a favor de los mansos y los de condición humilde. ¡Qué maravilloso Juez! ¡Y qué excelente ejemplo para los humanos imperfectos que tienen que obrar en capacidad judicial hoy día!
Jueces terrestres
4 Las Escrituras indican que el grupo relativamente pequeño de cristianos ungidos, empezando con los 12 apóstoles, serán jueces asociados con Cristo Jesús durante el Milenio. (Lucas 22:28-30; 1 Corintios 6:2; Revelación 20:4.) Un resto de los miembros ungidos del Israel espiritual en la Tierra fueron en sí juzgados y rehabilitados en 1918-1919. (Malaquías 3:2-4.) En cuanto a esa rehabilitación del Israel espiritual, se había profetizado: "Traeré de vuelta otra vez jueces para ti como al principio, y consejeros para ti como al comienzo". (Isaías 1:26.) Así, tal como había hecho "al comienzo" del Israel carnal, Jehová ha provisto jueces y consejeros justos para el resto rehabilitado.
5 En primer lugar, los 'sabios' a quienes se 'puso por jueces' fueron todos hombres mayores, o ancianos ungidos. (1 Corintios 6:4, 5.) En el libro de Revelación se describe a los fieles y respetados superintendentes ungidos como si estuvieran en la mano derecha de Jesús, es decir, bajo su control y dirección. (Revelación 1:16, 20; 2:1.) Desde 1935 los ungidos han recibido el apoyo leal de una "gran muchedumbre" de personas que sigue aumentando en número, cuya esperanza es sobrevivir a "la gran tribulación" y vivir para siempre en una Tierra paradisíaca. (Revelación 7:9, 10, 14-17.) A medida que se acercan "las bodas del Cordero", más y más miembros de ese grupo son nombrados por el Cuerpo Gobernante ungido para servir de ancianos y jueces en las más de 66.000 congregaciones de los testigos de Jehová por toda la Tierra. (Revelación 19:7-9.) Estos reciben entrenamiento mediante escuelas especiales para encargarse de responsabilidades en la sociedad de la "nueva tierra". (2 Pedro 3:13.) La Escuela del Ministerio del Reino, que se condujo a fines de 1991 en muchos países, dio énfasis al manejo apropiado de casos judiciales. Los ancianos que sirven de jueces tienen el deber de imitar a Jehová y Cristo Jesús, cuyos juicios son verdaderos y justos. (Juan 5:30; 8:16; Revelación 19:1, 2.)
Jueces que 'se comportan con temor'
6 Si Cristo mismo juzga en el temor de Jehová y con la ayuda de Su espíritu, ¡con cuánta más razón deben hacerlo los ancianos imperfectos! Cuando se les asigna a servir en un comité judicial, ellos tienen que 'comportarse con temor' e 'invocar al Padre que juzga imparcialmente' para que les ayude a juzgar con justicia. (1 Pedro 1:17.) Deben recordar que están tratando con la vida de las personas, con sus "almas", como quienes "han de rendir cuenta". (Hebreos 13:17.) En vista de esto, de seguro tendrán también que responder a Jehová por cualesquiera errores judiciales evitables que cometan. En su comentario sobre Hebreos 13:17, J. H. A. Ebrard escribió: "El deber del pastor es velar por las almas encomendadas a su cuidado, y [...] tiene que rendir cuenta por todas ellas, también por las que se hayan perdido por culpa de él. Esta es una palabra solemne. Que todo ministro de la palabra tenga en cuenta que ha emprendido voluntariamente este oficio tremendamente responsable". (Compárese con Juan 17:12; Santiago 3:1.)
7 Los ancianos que obran en capacidad judicial deben tener presente que los verdaderos Jueces de cada caso son Jehová y Cristo Jesús. Recuerden que a los jueces de Israel se les dijo: "No es para el hombre que ustedes juzgan, sino que es para Jehová; y él está con ustedes en el asunto de juicio. Y ahora, que el pavor de Jehová llegue a estar sobre ustedes. [...] Así es como deben hacer para que [ustedes] no incurran en culpa". (2 Crónicas 19:6-10.) Con temor reverente, los ancianos que juzgan en un caso deben hacer lo sumo posible para asegurarse de que Jehová de veras está 'con ellos en el asunto de juicio'. La decisión que tomen debe reflejar con exactitud la manera como Jehová y Cristo ven el asunto. Lo que los ancianos simbólicamente "aten" (hallen culpable) o "desaten" (hallen inocente) sobre la tierra debe ser lo que ya se haya atado o desatado en el cielo, como lo revela lo que está escrito en la Palabra inspirada de Dios. Si oran a Jehová en el nombre de Jesús, Jesús estará "en medio de ellos" para ayudarles. (Mateo 18:18-20, nota; La Atalaya del 15 de febrero de 1988, página 9.) El ambiente de una audiencia judicial debe mostrar que Cristo de veras está en medio de ellos.
Pastores todo el tiempo
8 Los ancianos no juzgan todo el tiempo. Pero son pastores todo el tiempo. Son sanadores, no castigadores. (Santiago 5:13-16.) La idea fundamental tras la palabra griega para superintendente (e·pí·sko·pos) es la de cuidado protector. El Theological Dictionary of the New Testament (Diccionario teológico del Nuevo Testamento) declara: "Como suplemento del vocablo pastor [en 1 Pedro 2:25], el término [e·pí·sko·pos] alude a la obra pastoral de velar o proteger". Sí, su responsabilidad primordial es velar por las ovejas y protegerlas, mantenerlas dentro del rebaño.
9 Al dirigirse a los ancianos de la congregación de Éfeso, el apóstol Pablo recalcó correctamente lo siguiente: "Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño, entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes, para pastorear la congregación de Dios, que él compró con la sangre del Hijo suyo". (Hechos 20:28.) Pablo hace resaltar la obra de pastorear, no el castigar. Algunos ancianos harían bien en meditar sobre la siguiente pregunta: '¿Pudiéramos ahorrarnos la considerable cantidad de tiempo que se requiere para investigar y atender casos judiciales si dedicáramos más tiempo y esfuerzo al pastoreo?'.
10 Es cierto que Pablo advirtió contra "lobos opresivos". Pero ¿verdad que reprendió a estos por 'no tratar al rebaño con ternura'? (Hechos 20:29.) Y aunque dio a entender que los superintendentes fieles deben expulsar de la congregación a esos "lobos", ¿no es cierto que sus palabras muestran que los ancianos deben tratar a los demás miembros del rebaño "con ternura"? Cuando una oveja se debilita en sentido espiritual y deja de servir a Dios, ¿qué necesita?: ¿golpes, o curación?, ¿castigo, o pastoreo? (Santiago 5:14, 15.) Como se ve, los ancianos deben apartar tiempo regularmente para la obra de pastorear. Puede que el feliz resultado de esto sea que haya menos casos judiciales que consuman mucho tiempo y en los que estén implicados cristianos que han sucumbido al pecado. Sin lugar a dudas, el principal interés de los ancianos debe ser servir como fuente de alivio y refrigerio, promoviendo así paz, tranquilidad y seguridad entre el pueblo de Jehová. (Isaías 32:1, 2.)
Sirven como pastores y jueces que hacen bien a otros
11 Si se intensificara el pastoreo antes de que determinado cristiano diera un paso en falso, bien pudiera disminuir la cantidad de casos judiciales entre el pueblo de Jehová. (Compárese con Gálatas 6:1.) Sin embargo, debido al pecado y la imperfección del hombre, puede que de vez en cuando los superintendentes cristianos tengan que atender casos en que se ha cometido un mal. ¿Qué principios deben guiarlos? Estos no han cambiado desde el tiempo de Moisés ni el de los cristianos primitivos. Las palabras que Moisés dirigió a los jueces de Israel todavía son válidas: "Al celebrar audiencia entre sus hermanos, tienen que juzgar con justicia [...] No deben ser parciales en el juicio". (Deuteronomio 1:16, 17.) La imparcialidad es una característica de "la sabiduría de arriba", la sabiduría que es tan esencial para los ancianos que sirven en comités judiciales. (Santiago 3:17; Proverbios 24:23.) Esa sabiduría les ayudará a discernir la diferencia entre la debilidad y la iniquidad.
12 Los ancianos "tienen que juzgar con justicia", en conformidad con las normas de Jehová sobre lo que es correcto y lo que es incorrecto. (Salmo 19:9.) No obstante, aunque se esfuerzan por ser justos, deben tratar de ser buenos también, en el sentido que se da a entender por la distinción que hace Pablo en Romanos 5:7, 8. Al comentar sobre esos versículos, bajo el encabezamiento "Justicia", la obra Perspicacia para comprender las Escrituras declara: "El uso del término griego indica que la persona que se destaca por su bondad es benévola (muestra buena voluntad o afecto a otros) y benefactora (hace bien a otros). Esta persona no está interesada únicamente en hacer lo que es de justicia, sino que va más allá, se siente movida por un interés sincero hacia otros y por el deseo de beneficiarlos y ayudarlos" (Volumen 2, página 169). Los ancianos que no solamente son justos, sino buenos también, tratarán a los malhechores con consideración bondadosa. (Romanos 2:4.) Deben mostrar misericordia y compasión. Deben hacer cuanto puedan para ayudar al malhechor a ver la necesidad de arrepentirse, aunque al principio no parezca que responde a los esfuerzos de ellos.
Actitud apropiada durante las audiencias
13 Cuando cierta situación requiere una audiencia judicial, los superintendentes no deben olvidar que aún son pastores que atienden las ovejas de Jehová bajo "el pastor excelente". (Juan 10:11.) El consejo que dio Pablo respecto a proveer ayuda regularmente a las ovejas que se hallan en dificultad aplica con igual vigor durante las audiencias judiciales. Él escribió:  "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado. Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo". (Gálatas 6:1, 2.)
14 En vez de considerarse jueces superiores que se han reunido para administrar castigo, los ancianos que sirven en un comité judicial deben ver la audiencia como otro aspecto de su pastoreo. Una de las ovejas de Jehová está en dificultades. ¿Qué pueden hacer ellos para salvarla? ¿Es demasiado tarde para ayudar a esta oveja que se ha descarriado del rebaño? Esperaríamos que no. Los ancianos deben mantener un punto de vista positivo en cuanto a mostrar misericordia cuando sea apropiado. No es que deban rebajar las normas de Jehová si se ha cometido un pecado grave. Pero el que estén al tanto de cualesquiera circunstancias atenuantes les ayudará a extender misericordia cuando sea posible. (Salmo 103:8-10; 130:3.) Es triste decirlo, pero algunos malhechores son tan tercos en su actitud que los ancianos se ven obligados a ser firmes, pero nunca severos. (1 Corintios 5:13.)
El propósito de las audiencias judiciales
15 Cuando surge un problema serio entre individuos, los ancianos sabios primero determinarán si los implicados han tratado de resolver el asunto en privado, en armonía con el espíritu de Mateo 5:23, 24 o Mateo 18:15. Si esto no ha surtido efecto, tal vez el consejo de uno o dos ancianos baste para solucionar el problema. Es necesario tomar acción judicial solo cuando se ha cometido un pecado craso que podría llevar a la expulsión. (Mateo 18:17; 1 Corintios 5:11.) Tiene que haber base bíblica bien fundada para formar un comité judicial. (Véase La Atalaya del 15 de septiembre de 1989, página 18.) Cuando se forma un comité, se debe seleccionar a los ancianos mejor capacitados para atender el caso particular que haya surgido.
16 ¿Qué tratan de lograr los ancianos mediante las audiencias judiciales? En primer lugar, es imposible juzgar con justicia a menos que se sepa lo que verdaderamente ocurrió. Como en Israel, los asuntos serios tienen que 'escudriñarse cabalmente'. (Deuteronomio 13:14; 17:4.) Así que uno de los objetivos de la audiencia es averiguar los hechos del caso. Pero esto puede y debe hacerse con amor. (1 Corintios 13:4, 6, 7.) Una vez que se establezcan los hechos, los ancianos harán cuanto sea necesario para proteger a la congregación y mantener en ella las altas normas de Jehová y el libre fluir de su espíritu. (1 Corintios 5:7, 8.) Sin embargo, uno de los propósitos de la audiencia es salvar, siempre que sea posible, al pecador que está en peligro. (Compárese con Lucas 15:8-10.)
17 A la persona acusada debe tratársele siempre como oveja de Dios. Debe tratársele con ternura. Si ha cometido un pecado (o pecados), el propósito de los jueces justos será ayudar al pecador a reajustarse, a comprender lo erróneo de su proceder, a arrepentirse, y así arrebatarlo "del lazo del Diablo".  Requerirá que los ancianos empleen el "arte de enseñar" e 'instruyan con apacibilidad'. (2 Timoteo 2:24-26; 4:2.) ¿Qué se puede decir del pecador que entonces reconoce que ha pecado, se siente verdaderamente herido en el corazón y pide a Jehová que lo perdone? (Compárese con Hechos 2:37.) Si el comité está convencido de que él sinceramente quiere ayuda, por lo general no habría que expulsarlo. (Véase La Atalaya del 1 de marzo de 1983, página 31, párrafo 1.)
18 Por otra parte, cuando los miembros de un comité judicial se enfrentan claramente con un caso de apostasía obstinada, rebelión voluntariosa contra las leyes de Jehová, o pura iniquidad, su deber es proteger a los demás miembros de la congregación por medio de expulsar al ofensor impenitente. El comité judicial no está obligado a reunirse vez tras vez con el malhechor ni poner palabras en boca de él, tratando de obligarlo a arrepentirse cuando es obvio que no siente pesar piadoso. Durante los últimos años la cantidad de expulsados por todo el mundo ha sido aproximadamente el 1% del número de publicadores. Eso significa que de unas 100 ovejas que permanecen en el redil, una se pierde... por lo menos temporalmente. Cuando consideramos el tiempo y esfuerzo que se requieren para traer a una persona al redil, ¿verdad que nos causa gran dolor saber que cada año decenas de miles de personas son 'entregadas de vuelta a Satanás'? (1 Corintios 5:5.)
19 Los ancianos que empiezan a atender un asunto judicial deben recordar que la mayoría de los casos de pecado en la congregación se deben a debilidad, no a iniquidad. Nunca deben olvidar la ilustración que dio Jesús acerca de la oveja perdida, la cual concluyó con estas palabras: "Les digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento". (Lucas 15:7.) En realidad, "Jehová [...] no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento". (2 Pedro 3:9.) Con la ayuda de Jehová, que los comités judiciales por todo el mundo hagan lo sumo posible por causar gozo en el cielo mediante ayudar a los malhechores a ver la necesidad de arrepentirse y empezar a andar de nuevo en el camino estrecho que conduce a la vida eterna. (Mateo 7:13, 14.)
[Notas a pie de página]
Para más información sobre la posición de los ancianos de entre las otras ovejas con relación a la mano derecha de Cristo, véase el libro Apocalipsis... ¡se acerca su magnífica culminación!, publicado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., página 136, nota.
Véase La Atalaya del 15 de septiembre de 1989, página 19.
Véase La Atalaya del 1 de noviembre de 1981, página 29, párrafo 24.
Con justicia y rectitud
11 Aunque en algunas congregaciones cristianas del primer siglo surgieron problemas, su condición general era de paz, unidad y gozo. (1 Corintios 1:10-12; 3:5-9; Efesios 1:2; Santiago 2:1-9; 3:2-12; 4:11, 12; 1 Juan 1:3, 4.) Por la bendición de Dios, el acaudillamiento de Cristo y la obra fiel de los superintendentes nombrados, hoy día también existe una excelente condición espiritual en la mayoría de las congregaciones de los testigos de Jehová. Los superintendentes buscan la ayuda divina y se esfuerzan con diligencia por mantener la organización de Dios limpia en sentido moral y espiritual, y así se aseguran de que en la congregación haya paz, unidad y gozo. (Isaías 52:11.) Una organización inmunda jamás podría tener paz y gozo, y ciertamente no tendría ni la aprobación ni la bendición de Dios. Él es "de ojos demasiado puros para ver lo que es malo", para tolerar la maldad. (Habacuc 1:13.) Entre las responsabilidades de los ancianos se espera que atiendan los asuntos judiciales con rectitud y en armonía con las Escrituras. Pero ¿cuáles son algunos factores que deben tener presentes al tratar esos casos?
12 En primer lugar, cuando surgen casos que tienen que ver con diferencias personales, quizás las personas implicadas puedan arreglar los asuntos entre sí mismas. (Mateo 18:15-17.) Puesto que los ancianos no son 'amos sobre nuestra fe', no se espera que examinen asuntos puramente personales que no envuelven violaciones serias de las leyes ni los principios bíblicos. Por supuesto, si hay prueba de que cierta persona ha dado "algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello", los que tienen las debidas cualidades espirituales deben 'tratar de reajustarla con espíritu de apacibilidad'. (Gálatas 6:1.)
13 Los ancianos deben servir "para derecho mismo", y siempre deben ser imparciales. Por eso, deben tomar acción basándose en la evidencia de que se ha cometido un mal, y no simplemente en rumores. Pablo aconsejó: "No admitas una acusación contra un anciano, salvo y únicamente por la evidencia de dos o tres testigos". (1 Timoteo 5:19.) Según la norma de Jehová, en el Israel antiguo a la persona acusada de haber cometido un pecado capital se le daba muerte 'por boca de dos o tres testigos, no uno'. Además, parece que el acusado tenía la oportunidad de encararse a sus acusadores, y si había suficiente prueba, 'la mano de los testigos debería ser la primera de todas en venir sobre él para darle muerte'. (Deuteronomio 17:6, 7.)
14 Tiene que haber base bíblica bien fundada para que se tome acción judicial. ¡Cuánto nos alegramos de que los superintendentes de la congregación no sean como el orgulloso Diótrefes del siglo I E.C.! Él trató de cometer el mal acto de 'echar de la congregación' a los que querían recibir hospitalariamente a los hermanos viajantes. El apóstol Juan no consideró a la ligera aquella mala acción ni otras, sino que advirtió: "Si voy, traeré a memoria sus obras". (3 Juan 9, 10.) De modo que un comité judicial hoy día tiene que asegurarse de que haya base bíblica para expulsar de la congregación a alguien. Por supuesto, Dios espera que los ancianos cristianos sean justos al tratar con otras personas. En realidad los que dirigen los asuntos de la organización terrestre de Jehová tienen que ser "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza". (Éxodo 18:21.)
15 Todo comité judicial cristiano debe buscar sinceramente la ayuda de Jehová en oración. Cuando un comité judicial se reúne con un hermano o una hermana a quien se acusa de haber cometido un mal grave, tal reunión debe empezar con oración. De hecho, sería apropiado orar en cualquier momento en que surgiera una necesidad particular de la ayuda de Dios durante la reunión. (Santiago 5:13-18.)
16 Los ancianos saben que un compañero de creencia que ha sido acusado de cometer un mal es una "oveja" del rebaño de Dios y debe ser tratado con ternura. (Compárese con Ezequiel 34:7-14.) Las ovejas literales necesitan cuidado tierno, pues son criaturas tímidas que dependen de la protección de su pastor. Por eso, ¿qué hay de las ovejas figurativas de la congregación local? Ellas, sin duda, se sienten seguras bajo el cuidado del Gran Pastor, Jehová Dios, y del Pastor Excelente, Jesucristo. Pero los subpastores del rebaño tienen que obrar de maneras que contribuyan a la paz interna y al sentido de seguridad de los siervos de Jehová, Sus "ovejas". Por lo tanto, si usted es subpastor cristiano, ¿se sienten seguros y tranquilos bajo su cuidado los hermanos y las hermanas? Es cierto que los ancianos tienen que apoyar firmemente las leyes y los principios bíblicos. Pero las Escrituras exigen que traten a las ovejas amorosamente y conduzcan las audiencias judiciales de manera sosegada, ordenada, bondadosa y considerada.
17 Por ser imperfectos, "todos tropezamos muchas veces" en lo que decimos. (Santiago 3:2.) Cada uno de nosotros necesita la misericordia de Dios y el "sacrificio propiciatorio" de Cristo. (1 Juan 1:8–2:2; Salmo 130:3.) Por eso el subpastor cristiano debe desplegar humildad en su opinión de sí mismo. Debe recordar, también, estas palabras de Jesús: "Así como quieren que los hombres les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellos". (Lucas 6:31.) Este consejo debe aplicarse especialmente durante las audiencias judiciales. Al tratar con un cristiano que ha pecado, los hombres espiritualmente capacitados deben procurar reajustarlo 'con espíritu de apacibilidad, mientras se vigilan a sí mismos, por temor de que también sean tentados'. (Gálatas 6:1; 1 Corintios 10:12.)
18 Si los ancianos trataran con dureza a otras personas durante las audiencias judiciales, eso pudiera perjudicarlas. Pero aunque no se ocasionara daño emocional ni físico, se pudiera causar grave daño espiritual, y también se pudiera dejar en tela de juicio el que los superintendentes calificaran para servir en esa capacidad. (Compárese con Santiago 2:13.) Por consiguiente, durante las audiencias judiciales y en toda ocasión los ancianos deben ser bondadosos y tienen que guardarse de causar tropiezo a otros. Claro, todos los cristianos tienen que ejercer cuidado a este respecto, pues Jesús dijo: "Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen, mejor le sería que se le pusiera alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y realmente fuera arrojado al mar". (Marcos 9:42.) Una piedra superior de molino pudiera ser tan grande que normalmente se requiriera la fuerza de un animal para hacerla girar, y nadie que fuera echado al mar con tanto peso alrededor del cuello podría sobrevivir. Está claro, pues, que el anciano debe cuidarse de causar tropiezo que pudiera redundar en daño espiritual duradero para sí mismo y para cualquier persona a quien de ese modo él hiciera tropezar. (Filipenses 1:9-11.)

Un grupo de ancianos de la congregación podía ofrecer ayuda al que hubiera caído en algún mal grave. Judas escribió: "Continúen mostrando misericordia a algunos que tienen dudas; sálvenlos, arrebatándolos del fuego. Pero continúen mostrando misericordia a otros, haciéndolo con temor, mientras odian hasta la prenda de vestir interior que ha sido manchada por la carne". (Judas 22, 23.) Un miembro bautizado de la congregación a quien se ayudaba de este modo podía continuar disfrutando de la aprobación de Jehová y de la paz de la cual habían hablado los ángeles cuando Jesús nació.
21 Había casos, aunque esto no era común, de personas que cometían un mal y no se arrepentían. Entonces los ancianos tenían que echar de la congregación a aquella persona para proteger de contaminación a la congregación limpia. Eso le sucedió a un hombre bautizado de Corinto que persistía en una relación inmoral. Pablo aconsejó a la congregación que "cesaran de mezclarse en la compañía de fornicadores, no queriendo decir enteramente con los fornicadores de este mundo, o personas dominadas por la avidez y los que practican extorsión, o idólatras. De otro modo, ustedes realmente tendrían que salirse del mundo. Pero ahora les escribo que cesen de mezclarse en la compañía de cualquiera que, llamándose hermano, sea fornicador, o persona dominada por la avidez, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión, y ni siquiera coman con tal hombre". (1 Corintios 5:9-11.)
22 Puesto que aquel corintio había dado el paso importante del bautismo, y había sido aprobado por Dios y había llegado a ser miembro de la congregación, su expulsión era un asunto serio. Pablo indicó que los cristianos no habrían de mezclarse en su compañía, porque él había rechazado su condición de aprobado ante Dios. (Compárese con 2 Juan 10, 11.) Pedro escribió lo siguiente acerca de aquellos expulsados: "Mejor les hubiera sido no haber conocido con exactitud la senda de la justicia que, después de haberla conocido con exactitud, apartarse del santo mandamiento que les fue entregado. Les ha sucedido el dicho del proverbio verdadero: 'El perro ha vuelto a su propio vómito'". (2 Pedro 2:21, 22.)
23 Obviamente Jehová ya no podía ver a aquellos individuos como aprobados, porque habían sido expulsados por ser malhechores impenitentes. (Hebreos 10:38; compárese con 1 Corintios 10:5.) Parece que los expulsados eran solo una minoría. La mayoría de los que obtenían "bondad inmerecida y paz de parte de Dios" y eran 'adoptados como hijos según el beneplácito de Su voluntad' permanecía fiel. (Efesios 1:2, 5, 8-10.)
24 Básicamente, eso es lo que sucede en nuestro día también. Pero consideremos cómo se puede ayudar a los 'incrédulos o las personas comunes' a recibir la aprobación de Dios hoy, y lo que se puede hacer para darles ayuda si, mientras adelantan, cometen algún error. El siguiente artículo considerará estos asuntos.
[Notas a pie de página]
Compárese con "hombres en quienes él se complace", Biblia de Jerusalén; "hombres [objeto] del beneplácito [divino]", Cantera-Iglesias.
Véase La Atalaya del 1 de abril de 1965, páginas 212-217.
"Tanto el ἄπιστος (apistos, 'incrédulo') como el ιδιώτης (idiōtēs, 'uno sin entendimiento', el 'indagador') se hallan en la clase de los incrédulos en contraste con los salvos de la iglesia cristiana" (The Expositor's Bible Commentary, tomo 10, página 275).

cómo reconocer el arrepentimiento: w95 1/1 27-30
Cómo ponderar la debilidad, la iniquidad y el arrepentimiento
¿Cómo pueden saber los ancianos si alguien está arrepentido? No es sencillo. Piense, por ejemplo, en el rey David. Cometió adulterio y luego, para los efectos, asesinato. Sin embargo, Jehová le permitió seguir viviendo. (2 Samuel 11:2-24; 12:1-14.) Recuerde también a Ananías y Safira. Intentaron engañar a los apóstoles con una mentira, pretendiendo hipócritamente ser más generosos de lo que en realidad eran. ¿Algo grave? Sí. ¿Tan grave como el asesinato y el adulterio? ¡Difícilmente! No obstante, Ananías y Safira pagaron con su vida. (Hechos 5:1-11.)
¿A qué se debió la diferencia en el juicio? David cometió un pecado grave por debilidad carnal. Cuando se le enfrentó a lo que había hecho, se arrepintió, y Jehová lo perdonó, si bien sufrió una severa disciplina relacionada con problemas familiares. Ananías y Safira pecaron porque mintieron hipócritamente, intentando engañar a la congregación cristiana y de este modo 'tratar con engaño al espíritu santo y a Dios'. Este comportamiento puso de manifiesto su corazón inicuo. Por lo tanto, se les juzgó con más severidad.
En ambos casos Jehová fue el juez, y su juicio fue correcto porque él puede examinar el corazón. (Proverbios 17:3.) Los ancianos humanos no pueden hacer lo mismo. De modo que, ¿cómo pueden percibir si un pecado grave no es una manifestación de iniquidad, sino de debilidad?
En realidad, todo pecado es inicuo, pero no todos los pecadores son inicuos. Dos pecados similares pueden deberse a debilidad en el caso de una persona y a iniquidad en el caso de otra. Ahora bien, el pecado demuestra normalmente una medida de debilidad y de iniquidad de parte del pecador. Un factor determinante es cómo ve él lo que ha hecho y qué intenta hacer al respecto. ¿Demuestra un espíritu arrepentido? Los ancianos necesitan discernimiento para percibirlo. ¿Cómo pueden conseguirlo? El apóstol Pablo prometió a Timoteo: "Piensa constantemente en lo que estoy diciendo; el Señor verdaderamente te dará discernimiento en todas las cosas". (2 Timoteo 2:7.) Si los ancianos 'piensan constantemente' con humildad en las palabras inspiradas de Pablo y los demás escritores bíblicos, conseguirán el discernimiento necesario para entender debidamente a los miembros de la congregación que pecan. Entonces, sus decisiones no reflejarán su propio modo de pensar, sino el de Jehová. (Proverbios 11:2; Mateo 18:18.)
¿Cómo puede hacerse? Una manera es examinando la descripción que da la Biblia de ciertas personas inicuas y ver si encaja con la persona en cuestión.
Responsabilizarse y arrepentirse
Los primeros seres humanos que optaron por un proceder de iniquidad fueron Adán y Eva. A pesar de ser perfectos y tener un conocimiento pleno de la ley de Jehová, se rebelaron contra la soberanía divina. Cuando Jehová los enfrentó a sus hechos, su reacción fue digna de mención: Adán culpó a Eva, y esta culpó a la serpiente. (Génesis 3:12, 13.) Compare esta reacción con la profunda humildad de David. Cuando se le enfrentó a sus graves pecados, aceptó la responsabilidad, pidió perdón y dijo: "He pecado contra Jehová". (2 Samuel 12:13; Salmo 51:4, 9, 10.)
Es conveniente que los ancianos analicen estos dos ejemplos cuando traten casos de pecados graves, especialmente de adultos. ¿Acepta francamente la culpa el pecador —como David cuando se le convenció de su pecado— y busca arrepentido a Jehová para que le ayude y perdone, o intenta minimizar lo que ha hecho, quizá culpando a otra persona? Es posible que la persona que ha pecado quiera explicar lo que la llevó a pecar, y puede que haya circunstancias, pasadas o presentes, que los ancianos deban examinar para determinar cómo ayudarla. (Compárese con Oseas 4:14.) Pero debe aceptar que ella fue quien pecó y que ella es responsable ante Jehová. Recuerde: "Jehová está cerca de los que están quebrantados de corazón; y salva a los que están aplastados en espíritu". (Salmo 34:18.)
La práctica del mal
En el libro de los Salmos se encuentran muchas referencias a los inicuos. Estos textos pueden ayudar a los ancianos a discernir mejor si una determinada persona es realmente inicua o es débil. Por ejemplo, considere la oración inspirada del rey David: "No me arrastres con los inicuos y con los practicantes de lo que es perjudicial, los que están hablando paz con sus compañeros, pero en cuyo corazón está lo que es malo". (Salmo 28:3.) Observe que se establece un paralelo entre los inicuos y los "practicantes de lo que es perjudicial". La persona que peca por debilidad carnal probablemente deje de hacerlo tan pronto como recobre el juicio. Pero si alguien 'practica' lo que es malo, de modo que llega a formar parte de su vida, este proceder podría ser prueba de un corazón inicuo.
David mencionó otra característica de la iniquidad en ese versículo. La persona inicua, como Ananías y Safira, habla el bien con la boca, pero en el corazón alberga el mal. Puede ser una hipócrita, como los fariseos del tiempo de Jesús, que 'por fuera realmente parecían justos a los hombres, pero por dentro estaban llenos de hipocresía y de desafuero'. (Mateo 23:28; Lucas 11:39.) Jehová odia la hipocresía. (Proverbios 6:16-19.) El que alguien intentara hipócritamente negar sus pecados graves hasta delante del comité judicial o admitiera a regañadientes solo lo que ya se sabe, no estando dispuesto a confesarlo todo, bien pudiera manifestar un corazón inicuo.
Falta de respeto a Jehová con altivez
En el Salmo 10 se indican otras características de la persona inicua. Allí leemos: "En su altivez, el inicuo sigue acaloradamente tras el afligido; [...] le ha faltado al respeto a Jehová". (Salmo 10:2, 3.) ¿Cómo debemos ver al cristiano dedicado que es altivo y falta al respeto a Jehová? Sin duda, estas son actitudes mentales inicuas. La persona que peca por debilidad se arrepiente y se esfuerza por cambiar de derrotero cuando se da cuenta de su pecado o alguien se lo señala. (2 Corintios 7:10, 11.) Por otra parte, si alguien peca debido a una arraigada falta de respeto a Jehová, ¿qué le impedirá volver una y otra vez a su proceder pecaminoso? Si demuestra altivez a pesar de que se le da consejo con un espíritu de mansedumbre, ¿cómo va a tener la humildad necesaria para arrepentirse con sinceridad y verdad?
Considere ahora las palabras de David un poco más adelante en el mismo salmo: "¿Por qué será que el inicuo le ha faltado al respeto a Dios? Ha dicho en su corazón: 'No requerirás rendición de cuentas'". (Salmo 10:13.) En el marco de la congregación cristiana, el inicuo conoce la diferencia entre el bien y el mal, pero no vacila en hacer lo malo si cree que va a salir impune. Con tal de que no haya peligro de que se conozcan sus hechos, da rienda suelta a sus inclinaciones pecaminosas. A diferencia de David, si sus pecados salen a la luz, intenta por todos los medios evitar la disciplina. Tal persona demuestra una gran falta de respeto a Jehová. "No hay pavor de Dios enfrente de sus ojos [...]. Lo que es malo no rechaza." (Salmo 36:1, 4.)
Otros perjudicados
Normalmente el pecado afecta a más de una persona. Por ejemplo, el adúltero peca contra Dios, perjudica a su esposa e hijos y si la persona con la que ha pecado está casada, perjudica también a su familia; además, mancha el buen nombre de la congregación. ¿Cómo ve todos estos efectos? ¿Siente sincero pesar y arrepentimiento verdadero?, ¿o manifiesta la actitud descrita en el Salmo 94: "Todos los practicantes de lo que es perjudicial siguen vanagloriándose. A tu pueblo, oh Jehová, siguen aplastando, y a tu herencia siguen afligiendo. A la viuda y al residente forastero matan, y a los huérfanos de padre asesinan. Y siguen diciendo: 'Jah no ve; y el Dios de Jacob no lo entiende'"? (Salmo 94:4-7.)
Es probable que los pecados que se traten en una congregación no tengan que ver con muertes ni asesinatos. De todos modos, cuando los ancianos investigan el pecado, puede evidenciarse el espíritu descrito en estos versículos: estar dispuesto a perjudicar a otros para beneficio personal. Esto también es arrogancia, una característica de la persona inicua. (Proverbios 21:4.) Es un espíritu totalmente contrario al del verdadero cristiano, que está dispuesto a sacrificarse por su hermano. (Juan 15:12, 13.)
Aplicación de principios piadosos
Estas directrices no pretenden fijar reglas, pero dan una idea de algunos factores que Jehová considera verdaderamente inicuos. ¿No está dispuesta la persona a aceptar la responsabilidad del mal cometido? ¿Ha pasado por alto descaradamente consejo previo sobre el mismo asunto? ¿Existe una práctica arraigada de mal proceder grave? ¿Manifiesta el pecador una descarada falta de respeto a la ley de Jehová? ¿Ha intentado ocultar el mal con astucia, quizá corrompiendo a otros al mismo tiempo? (Judas 4.) ¿Sigue intentándolo con más ahínco cuando el mal sale a la luz? ¿Muestra el pecador una total indiferencia por el daño que ha hecho a otros y al nombre de Jehová? ¿Qué puede decirse de su actitud? Después de darle consejo bíblico con bondad, ¿demuestra altivez o arrogancia? ¿Carece del deseo sincero de no repetir el mal? Si los ancianos perciben esta actitud, la cual constituye una fuerte indicación de falta de arrepentimiento, pueden llegar a la conclusión de que los pecados cometidos son prueba de iniquidad, y no solo de debilidad carnal.
Incluso cuando se trata con una persona que parece tener inclinaciones inicuas, los ancianos deben seguir exhortándola a buscar la justicia. (Hebreos 3:12.) Los inicuos pueden arrepentirse y cambiar. Si ese no fuera el caso, ¿por qué dijo Jehová a los israelitas: "Deje el inicuo su camino, y el hombre dañino sus pensamientos; y regrese a Jehová, quien tendrá misericordia de él, y a nuestro Dios, porque él perdonará en gran manera"? (Isaías 55:7.) Es posible que los ancianos perciban en una audiencia judicial un cambio acusado en su condición de corazón, que se refleje en una actitud o apariencia de arrepentimiento.
Incluso cuando se expulsa a una persona, los ancianos, en su calidad de pastores, deben instarla a arrepentirse y a recuperar el favor de Jehová. Recuerde al "hombre inicuo" de Corinto. Es evidente que cambió de modo de proceder, pues Pablo recomendó más tarde su restablecimiento. (2 Corintios 2:7, 8.) Piense también en el rey Manasés. Fue muy inicuo, pero cuando finalmente se arrepintió, Jehová aceptó su arrepentimiento. (2 Reyes 21:10-16; 2 Crónicas 33:9, 13, 19.)
Hay un pecado imperdonable: el pecado contra el espíritu santo. (Hebreos 10:26, 27.) Solo Jehová determina quién lo comete. Los seres humanos no tienen esa autoridad. La responsabilidad de los ancianos es mantener limpia la congregación y ayudar a rehabilitar a los pecadores arrepentidos. Si lo hacen con discernimiento y humildad, permitiendo que sus decisiones reflejen la sabiduría de Jehová, él bendecirá este aspecto de su pastoreo.
[Nota a pie de página]
Si desea más información, vea La Atalaya del 1 de noviembre de 1981, páginas 27-29; Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1, páginas 210-213.

cómo tratar al acusado: w09 15/9 16, 17; w98 1/8 15-17; w92 1/7 17-19; w89 15/9 18-20
Tengamos la misma actitud que Jesús hacia quienes cometen un pecado
4 Hay muchas situaciones en las que es necesario tener la misma actitud que Jesús, pero una de las más difíciles y dolorosas es cuando alguien de nuestra familia o de la congregación comete un pecado grave. Lamentablemente, cuanto más nos acercamos al fin de este sistema satánico, más daño causa el espíritu del mundo. Los cristianos, sean jóvenes o mayores, pueden contagiarse de la indiferencia y rebeldía de la gente hacia las normas morales, y eso podría debilitar su determinación de seguir en el camino estrecho que lleva a la vida. En el siglo primero, algunos cristianos tuvieron que ser expulsados de la congregación, y otros fueron censurados. Lo mismo sucede hoy (1 Cor. 5:11-13; 1 Tim. 5:20). Pero si los ancianos tratan con amor al hermano que ha pecado, pueden llegar a su corazón.
5 Al igual que Jesús, los ancianos deben defender las justas normas divinas en todo momento. Pero al hacerlo, deben reflejar la apacibilidad, bondad y amor de Jehová. Cuando los cristianos que pecan se sienten "quebrantados de corazón" y "aplastados en espíritu", es decir, están sinceramente arrepentidos, a los ancianos no les resulta muy difícil "reajustar[los] [...] con espíritu de apacibilidad" (Sal. 34:18; Gál. 6:1). Pero ¿qué ocurre si el pecador tiene una actitud rebelde o muestra poco o ningún arrepentimiento?
6 Cuando un pecador rechaza los consejos bíblicos o trata de echarles a los demás la culpa, los ancianos y otros miembros de la congregación tal vez se sientan indignados. Como saben el daño que dicha persona ha causado y ven su actitud, quizá se sientan tentados a expresar su indignación. Sin embargo, enojarse no hace ningún bien ni refleja "la mente de Cristo" (1 Cor. 2:16; léase Santiago 1:19, 20). Hubo ocasiones en las que Jesús reprendió enérgicamente a algunas personas, pero nunca dijo nada movido por el odio ni con la intención de herir a nadie (1 Ped. 2:23). Al contrario, siempre dejó claro que los pecadores pueden arrepentirse y recobrar el favor de Jehová. De hecho, una de las razones por las que Jesús vino a la Tierra fue para "salvar a pecadores" (1 Tim. 1:15).
7 ¿Cómo debería influir el ejemplo de Jesús en nuestra manera de ver a quienes reciben disciplina en la congregación? Para empezar, debe ayudarnos a recordar que las medidas disciplinarias tienen el propósito de proteger al rebaño y motivar al pecador a arrepentirse (2 Cor. 2:6-8). Aunque es muy triste ver que algunos son expulsados por su falta de arrepentimiento, es reconfortante saber que muchos de ellos terminan regresando a Jehová. Si los ancianos se han esforzado por tener la actitud de Cristo al tratar con el pecador, con el tiempo este quizá recapacite y decida volver a la congregación. Tal vez no recuerde todos los consejos bíblicos que le dieron, pero lo que seguramente no olvidará es el amor y la dignidad con que lo trataron.
8 Incluso en las circunstancias más difíciles, los ancianos deben manifestar "el fruto del espíritu", sobre todo el amor (Gál. 5:22, 23). Jamás deben apresurarse a expulsar a quien ha cometido un pecado. Más bien, deben mostrar que su deseo sincero es ayudarlo. Así, cuando el pecador se arrepienta —como sucede en muchos casos—, de seguro se sentirá profundamente agradecido a Jehová y a los ancianos, las "dádivas en [forma de] hombres" que le hicieron más fácil recuperarse (Efe. 4:8, 11, 12).
"Príncipes para derecho mismo"
14 Todos debemos andar en la senda de la justicia, pero los ancianos de la congregación cristiana tienen una responsabilidad especial a este respecto. El gobierno principesco de Jesús 'se sustenta por medio del derecho y por medio de la justicia'. Por tanto, la norma de los ancianos debe ser la justicia divina (Isaías 9:7). Tienen presente lo que dice la profecía de Isaías 32:1: "¡Mira! Un rey reinará para justicia misma; y en cuanto a príncipes, gobernarán como príncipes para derecho mismo". Como superintendentes nombrados por espíritu, o 'mayordomos de Dios', los ancianos deben hacer las cosas a la manera de Dios (Tito 1:7).







15 Jesús mostró que la justicia de Jehová era compasiva, misericordiosa y razonable. Sobre todo, intentó ayudar a los que tenían problemas así como "buscar y [...] salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19:10). A semejanza del pastor de la ilustración de Jesús que buscó sin descanso hasta encontrar a la oveja que había perdido, los ancianos buscan a los que se han desviado espiritualmente y se esfuerzan por dirigirlos de nuevo al rebaño (Mateo 18:12, 13).
16 Más bien que condenar a los que han cometido pecados serios, los ancianos intentan, de ser posible, sanarlos y conducirlos al arrepentimiento. Se alegran cuando pueden ayudar a alguien que se ha desviado. No obstante, se entristecen cuando un malhechor no se arrepiente. En ese caso las justas normas de Dios exigen que se expulse al impenitente. Aun en ese caso, como el padre del hijo pródigo, esperan que algún día el pecador 'recobre el juicio' (Lucas 15:17, 18). Por ello, los ancianos toman la iniciativa y visitan a ciertos expulsados para recordarles cómo pueden volver a la organización de Jehová.
17 Los ancianos tienen que imitar a Jehová especialmente cuando atienden casos de mal proceder. Los pecadores "seguían acercándose" a Jesús porque sabían que los comprendería y ayudaría (Lucas 15:1; Mateo 9:12, 13). Por supuesto, Jesús no minimizó el pecado. Solo necesitó una comida con Zaqueo, conocido por sus extorsiones, para motivarlo al arrepentimiento y a enmendar todo el sufrimiento que había causado (Lucas 19:8-10). Los ancianos hoy tienen el mismo objetivo en las audiencias judiciales: conducir a los pecadores al arrepentimiento. Si son accesibles, como lo fue Jesús, a muchos de los que yerran les será más fácil buscar su ayuda.
18 Un corazón sensible ayudará a los ancianos a administrar la justicia divina, que no es ni severa ni insensible. Es de interés que Esdras preparó su corazón, no solo su mente, para enseñar la justicia a los israelitas (Esdras 7:10). Un corazón comprensivo permitirá a los ancianos aplicar los principios bíblicos apropiados y tomar en consideración las circunstancias de cada persona. Cuando Jesús curó a la mujer que tenía flujo de sangre, mostró que la justicia de Jehová significa entender tanto el espíritu como la letra de la Ley (Lucas 8:43-48). Se puede asemejar a los ancianos que administran justicia con compasión a un "escondite contra el viento" para aquellos que han sido zarandeados por sus propias debilidades o por este inicuo sistema en el que vivimos (Isaías 32:2).
19 Una hermana que cometió un pecado grave aprendió por experiencia propia lo que significa la justicia divina. "Sinceramente, temía acudir a los ancianos, —admite—. Pero me trataron con compasión y dignidad. Los ancianos fueron como unos padres, no jueces severos. Me ayudaron a comprender que Jehová no me rechazaría si corregía mi camino. Aprendí por experiencia propia que él nos disciplina como un Padre amoroso. Pude abrir mi corazón a Jehová con la confianza de que oiría mi súplica. Mirando retrospectivamente, puedo decir que aquella reunión con los ancianos hace siete años fue una verdadera bendición de Jehová. Desde entonces, mi relación con Jehová ha sido mucho más fuerte."
Actuemos con justicia y conforme a derecho
20 Afortunadamente, la justicia de Dios significa mucho más que dar a cada uno su merecido. Por su justicia, Jehová concederá vida eterna a todos los que tengan fe (Salmo 103:10; Romanos 5:15, 18). Dios nos trata de esta manera porque su justicia tiene en cuenta nuestras circunstancias, y quiere salvarnos, no condenarnos. Una mejor comprensión de la amplitud de la justicia de Jehová sin duda nos acerca más a él. Imitar esta faceta de su personalidad redundará en muchas bendiciones para nosotros y para quienes nos rodean. Nuestra búsqueda de la justicia no pasará inadvertida a nuestro Padre celestial. Jehová nos promete: "Guarden el derecho y hagan lo que es justo. Porque a la mano está mi salvación para entrar, y mi justicia para ser revelada. Feliz es el hombre mortal que hace esto" (Isaías 56:1, 2).
[Nota]
Véase La Atalaya del 15 de abril de 1991, págs. 22 y 23.
Actitud apropiada durante las audiencias
13 Cuando cierta situación requiere una audiencia judicial, los superintendentes no deben olvidar que aún son pastores que atienden las ovejas de Jehová bajo "el pastor excelente". (Juan 10:11.) El consejo que dio Pablo respecto a proveer ayuda regularmente a las ovejas que se hallan en dificultad aplica con igual vigor durante las audiencias judiciales. Él escribió:  "Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad, vigilándote a ti mismo, por temor de que tú también seas tentado. Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo". (Gálatas 6:1, 2.)




14 En vez de considerarse jueces superiores que se han reunido para administrar castigo, los ancianos que sirven en un comité judicial deben ver la audiencia como otro aspecto de su pastoreo. Una de las ovejas de Jehová está en dificultades. ¿Qué pueden hacer ellos para salvarla? ¿Es demasiado tarde para ayudar a esta oveja que se ha descarriado del rebaño? Esperaríamos que no. Los ancianos deben mantener un punto de vista positivo en cuanto a mostrar misericordia cuando sea apropiado. No es que deban rebajar las normas de Jehová si se ha cometido un pecado grave. Pero el que estén al tanto de cualesquiera circunstancias atenuantes les ayudará a extender misericordia cuando sea posible. (Salmo 103:8-10; 130:3.) Es triste decirlo, pero algunos malhechores son tan tercos en su actitud que los ancianos se ven obligados a ser firmes, pero nunca severos. (1 Corintios 5:13.)
El propósito de las audiencias judiciales
15 Cuando surge un problema serio entre individuos, los ancianos sabios primero determinarán si los implicados han tratado de resolver el asunto en privado, en armonía con el espíritu de Mateo 5:23, 24 o Mateo 18:15. Si esto no ha surtido efecto, tal vez el consejo de uno o dos ancianos baste para solucionar el problema. Es necesario tomar acción judicial solo cuando se ha cometido un pecado craso que podría llevar a la expulsión. (Mateo 18:17; 1 Corintios 5:11.) Tiene que haber base bíblica bien fundada para formar un comité judicial. (Véase La Atalaya del 15 de septiembre de 1989, página 18.) Cuando se forma un comité, se debe seleccionar a los ancianos mejor capacitados para atender el caso particular que haya surgido.
16 ¿Qué tratan de lograr los ancianos mediante las audiencias judiciales? En primer lugar, es imposible juzgar con justicia a menos que se sepa lo que verdaderamente ocurrió. Como en Israel, los asuntos serios tienen que 'escudriñarse cabalmente'. (Deuteronomio 13:14; 17:4.) Así que uno de los objetivos de la audiencia es averiguar los hechos del caso. Pero esto puede y debe hacerse con amor. (1 Corintios 13:4, 6, 7.) Una vez que se establezcan los hechos, los ancianos harán cuanto sea necesario para proteger a la congregación y mantener en ella las altas normas de Jehová y el libre fluir de su espíritu. (1 Corintios 5:7, 8.) Sin embargo, uno de los propósitos de la audiencia es salvar, siempre que sea posible, al pecador que está en peligro. (Compárese con Lucas 15:8-10.)
17 A la persona acusada debe tratársele siempre como oveja de Dios. Debe tratársele con ternura. Si ha cometido un pecado (o pecados), el propósito de los jueces justos será ayudar al pecador a reajustarse, a comprender lo erróneo de su proceder, a arrepentirse, y así arrebatarlo "del lazo del Diablo".  Requerirá que los ancianos empleen el "arte de enseñar" e 'instruyan con apacibilidad'. (2 Timoteo 2:24-26; 4:2.) ¿Qué se puede decir del pecador que entonces reconoce que ha pecado, se siente verdaderamente herido en el corazón y pide a Jehová que lo perdone? (Compárese con Hechos 2:37.) Si el comité está convencido de que él sinceramente quiere ayuda, por lo general no habría que expulsarlo. (Véase La Atalaya del 1 de marzo de 1983, página 31, párrafo 1.)
18 Por otra parte, cuando los miembros de un comité judicial se enfrentan claramente con un caso de apostasía obstinada, rebelión voluntariosa contra las leyes de Jehová, o pura iniquidad, su deber es proteger a los demás miembros de la congregación por medio de expulsar al ofensor impenitente. El comité judicial no está obligado a reunirse vez tras vez con el malhechor ni poner palabras en boca de él, tratando de obligarlo a arrepentirse cuando es obvio que no siente pesar piadoso. Durante los últimos años la cantidad de expulsados por todo el mundo ha sido aproximadamente el 1% del número de publicadores. Eso significa que de unas 100 ovejas que permanecen en el redil, una se pierde... por lo menos temporalmente. Cuando consideramos el tiempo y esfuerzo que se requieren para traer a una persona al redil, ¿verdad que nos causa gran dolor saber que cada año decenas de miles de personas son 'entregadas de vuelta a Satanás'? (1 Corintios 5:5.)
19 Los ancianos que empiezan a atender un asunto judicial deben recordar que la mayoría de los casos de pecado en la congregación se deben a debilidad, no a iniquidad. Nunca deben olvidar la ilustración que dio Jesús acerca de la oveja perdida, la cual concluyó con estas palabras: "Les digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento". (Lucas 15:7.) En realidad, "Jehová [...] no desea que ninguno sea destruido; más bien, desea que todos alcancen el arrepentimiento". (2 Pedro 3:9.) Con la ayuda de Jehová, que los comités judiciales por todo el mundo hagan lo sumo posible por causar gozo en el cielo mediante ayudar a los malhechores a ver la necesidad de arrepentirse y empezar a andar de nuevo en el camino estrecho que conduce a la vida eterna. (Mateo 7:13, 14.)
[Notas a pie de página]
Para más información sobre la posición de los ancianos de entre las otras ovejas con relación a la mano derecha de Cristo, véase el libro Apocalipsis... ¡se acerca su magnífica culminación!, publicado por Watchtower Bible and Tract Society of New York, Inc., página 136, nota.
Véase La Atalaya del 15 de septiembre de 1989, página 19.
Véase La Atalaya del 1 de noviembre de 1981, página 29, párrafo 24.

En primer lugar, cuando surgen casos que tienen que ver con diferencias personales, quizás las personas implicadas puedan arreglar los asuntos entre sí mismas. (Mateo 18:15-17.) Puesto que los ancianos no son 'amos sobre nuestra fe', no se espera que examinen asuntos puramente personales que no envuelven violaciones serias de las leyes ni los principios bíblicos. Por supuesto, si hay prueba de que cierta persona ha dado "algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello", los que tienen las debidas cualidades espirituales deben 'tratar de reajustarla con espíritu de apacibilidad'. (Gálatas 6:1.)
13 Los ancianos deben servir "para derecho mismo", y siempre deben ser imparciales. Por eso, deben tomar acción basándose en la evidencia de que se ha cometido un mal, y no simplemente en rumores. Pablo aconsejó: "No admitas una acusación contra un anciano, salvo y únicamente por la evidencia de dos o tres testigos". (1 Timoteo 5:19.) Según la norma de Jehová, en el Israel antiguo a la persona acusada de haber cometido un pecado capital se le daba muerte 'por boca de dos o tres testigos, no uno'. Además, parece que el acusado tenía la oportunidad de encararse a sus acusadores, y si había suficiente prueba, 'la mano de los testigos debería ser la primera de todas en venir sobre él para darle muerte'. (Deuteronomio 17:6, 7.)
14 Tiene que haber base bíblica bien fundada para que se tome acción judicial. ¡Cuánto nos alegramos de que los superintendentes de la congregación no sean como el orgulloso Diótrefes del siglo I E.C.! Él trató de cometer el mal acto de 'echar de la congregación' a los que querían recibir hospitalariamente a los hermanos viajantes. El apóstol Juan no consideró a la ligera aquella mala acción ni otras, sino que advirtió: "Si voy, traeré a memoria sus obras". (3 Juan 9, 10.) De modo que un comité judicial hoy día tiene que asegurarse de que haya base bíblica para expulsar de la congregación a alguien. Por supuesto, Dios espera que los ancianos cristianos sean justos al tratar con otras personas. En realidad los que dirigen los asuntos de la organización terrestre de Jehová tienen que ser "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza". (Éxodo 18:21.)
15 Todo comité judicial cristiano debe buscar sinceramente la ayuda de Jehová en oración. Cuando un comité judicial se reúne con un hermano o una hermana a quien se acusa de haber cometido un mal grave, tal reunión debe empezar con oración. De hecho, sería apropiado orar en cualquier momento en que surgiera una necesidad particular de la ayuda de Dios durante la reunión. (Santiago 5:13-18.)
16 Los ancianos saben que un compañero de creencia que ha sido acusado de cometer un mal es una "oveja" del rebaño de Dios y debe ser tratado con ternura. (Compárese con Ezequiel 34:7-14.) Las ovejas literales necesitan cuidado tierno, pues son criaturas tímidas que dependen de la protección de su pastor. Por eso, ¿qué hay de las ovejas figurativas de la congregación local? Ellas, sin duda, se sienten seguras bajo el cuidado del Gran Pastor, Jehová Dios, y del Pastor Excelente, Jesucristo. Pero los subpastores del rebaño tienen que obrar de maneras que contribuyan a la paz interna y al sentido de seguridad de los siervos de Jehová, Sus "ovejas". Por lo tanto, si usted es subpastor cristiano, ¿se sienten seguros y tranquilos bajo su cuidado los hermanos y las hermanas? Es cierto que los ancianos tienen que apoyar firmemente las leyes y los principios bíblicos. Pero las Escrituras exigen que traten a las ovejas amorosamente y conduzcan las audiencias judiciales de manera sosegada, ordenada, bondadosa y considerada.
17 Por ser imperfectos, "todos tropezamos muchas veces" en lo que decimos. (Santiago 3:2.) Cada uno de nosotros necesita la misericordia de Dios y el "sacrificio propiciatorio" de Cristo. (1 Juan 1:8–2:2; Salmo 130:3.) Por eso el subpastor cristiano debe desplegar humildad en su opinión de sí mismo. Debe recordar, también, estas palabras de Jesús: "Así como quieren que los hombres les hagan a ustedes, háganles de igual manera a ellos". (Lucas 6:31.) Este consejo debe aplicarse especialmente durante las audiencias judiciales. Al tratar con un cristiano que ha pecado, los hombres espiritualmente capacitados deben procurar reajustarlo 'con espíritu de apacibilidad, mientras se vigilan a sí mismos, por temor de que también sean tentados'. (Gálatas 6:1; 1 Corintios 10:12.)
18 Si los ancianos trataran con dureza a otras personas durante las audiencias judiciales, eso pudiera perjudicarlas. Pero aunque no se ocasionara daño emocional ni físico, se pudiera causar grave daño espiritual, y también se pudiera dejar en tela de juicio el que los superintendentes calificaran para servir en esa capacidad. (Compárese con Santiago 2:13.) Por consiguiente, durante las audiencias judiciales y en toda ocasión los ancianos deben ser bondadosos y tienen que guardarse de causar tropiezo a otros. Claro, todos los cristianos tienen que ejercer cuidado a este respecto, pues Jesús dijo: "Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen, mejor le sería que se le pusiera alrededor del cuello una piedra de molino como la que el asno hace girar y realmente fuera arrojado al mar". (Marcos 9:42.) Una piedra superior de molino pudiera ser tan grande que normalmente se requiriera la fuerza de un animal para hacerla girar, y nadie que fuera echado al mar con tanto peso alrededor del cuello podría sobrevivir. Está claro, pues, que el anciano debe cuidarse de causar tropiezo que pudiera redundar en daño espiritual duradero para sí mismo y para cualquier persona a quien de ese modo él hiciera tropezar. (Filipenses 1:9-11.)

El valor de una multitud de consejeros
16 La oración y el estudio ayudan a los ancianos a contestar preguntas y a encargarse de problemas difíciles, pero debe recordarse que "en la multitud de consejeros hay logro". (Proverbios 15:22.) El consultar con otros ancianos redunda en un valioso caudal combinado de sabiduría. (Proverbios 13:20.) No todos los ancianos tienen la misma experiencia ni el mismo conocimiento bíblico. Por lo tanto, la apacibilidad que pertenece a la sabiduría debe impulsar al anciano menos experimentado a consultar con ancianos que tengan más conocimiento y experiencia, especialmente cuando un asunto serio necesita atención.
17 Cuando se escoge a varios ancianos para atender un asunto serio, puede que todavía busquen ayuda confidencialmente. Para que le ayudaran a juzgar a los israelitas, Moisés escogió a "hombres capaces, temerosos de Dios, hombres dignos de confianza, que [odiaban] la ganancia injusta". Aunque eran ancianos, no tenían tanto conocimiento ni experiencia como Moisés. En consecuencia, "la causa que fuera difícil se la traían a Moisés, pero toda causa pequeña ellos mismos la manejaban como jueces". (Éxodo 18:13-27.) Por lo tanto, si fuera necesario, sería apropiado que los ancianos que atendieran una causa difícil hoy día buscaran la ayuda de ancianos experimentados, aunque ellos mismos tomen la decisión final.

cuando un Testigo se convierte a otra religión: w86 15/10 31

Preguntas de los lectores
¿Cómo respondería apropiadamente la congregación si alguien abandonara la verdadera fe cristiana y se uniera a otra religión?
Esto sucedió a veces en el primer siglo. Por lo tanto, es de comprenderse que acontezca de vez en cuando en la actualidad. Cuando ocurre, la congregación responde como es debido para proteger la limpieza espiritual de los cristianos leales que están en ella.
Un diccionario define apostasía como "la negación de cualquier doctrina religiosa, política o social antes profesada". Otro define apostatar como "abandonar expresamente ciertas creencias". Entonces, de acuerdo con esto, Judas Iscariote se hizo culpable de cierta forma de apostasía cuando abandonó la adoración de Jehová Dios al traicionar a Jesús. Más tarde, otros se hicieron apóstatas al desertar de la fe verdadera, aún estando en vida el apóstol Juan y otros cristianos primitivos. Juan escribió: "Ellos salieron de entre nosotros, pero no eran de nuestra clase; porque si hubieran sido de nuestra clase, habrían permanecido con nosotros". (1 Juan 2:19.)
¿Qué ha de hacerse hoy en día cuando sucede algo similar? Puede que los ancianos —o pastores— de la congregación se enteren de que un cristiano bautizado ha dejado de asociarse con el pueblo de Jehová y que aparentemente se asocia con otra religión. De acuerdo con las palabras de Jesús en conexión con preocuparse por cualquier oveja que se descarría, los pastores espirituales deberían interesarse en ayudar a tal persona. (Mateo 18:12-14; compárese con 1 Juan 5:16.) Pero ¿qué hay si los pastores designados para examinar el caso determinan que la persona ya no quiere tener nada que ver con el pueblo de Jehová y que ha decidido permanecer en la religión falsa?
Ellos simplemente anunciarían a la congregación que tal persona se ha desasociado y que, por lo tanto, ya no es testigo de Jehová. Aunque esa persona ha 'abandonado expresamente sus creencias', no es necesario que se le expulse formalmente. ¿Por qué? Porque ella misma ya se ha desasociado de la congregación. Probablemente no tratará de entablar contacto con sus ex hermanos con el fin de persuadirlos a que le sigan. Los hermanos leales, por su parte, no buscarían la asociación de tal persona, ya que 'salió de entre ellos, por no ser de su clase'. (1 Juan 2:19.) Puede que la persona desasociada que 'ha salido de entre nosotros' comience a enviar cartas o literatura que promuevan la religión falsa o la apostasía. Esta acción subrayaría que dicha persona definitivamente 'no es de nuestra clase'.
Las Escrituras advierten, no obstante, que algunos tratarían de permanecer dentro del pueblo de Dios para intentar desviar a otros. El apóstol Pablo dio la siguiente advertencia: "De entre ustedes mismos se levantarán varones y hablarán cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí". (Hechos 20:30.) Él enfáticamente advirtió a los cristianos a que 'vigilaran a los que causan divisiones y ocasiones de tropiezo contrario a la enseñanza que ustedes han aprendido, y que los eviten'. (Romanos 16:17, 18.)
Por lo tanto, si algún cristiano verdadero se convirtiera en un falso maestro, tal como hicieron Himeneo y Fileto en los tiempos de Pablo, los pastores del rebaño tendrían que tomar medidas de protección. Si la persona rechazara la amonestación amorosa que ellos le dieran y continuara promoviendo sectas, un comité de ancianos podría expulsarla por apostasía. (2 Timoteo 2:17; Tito 3:10, 11.) Todo hermano y hermana de la congregación seguiría la instrucción de Pablo de que se 'evite' al que trate de 'causar divisiones'. De igual manera, Juan aconsejó: "Si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo". (2 Juan 10.)

testigos: w97 15/8 27, 28; w87 15/5 29, 30
Por qué denunciar lo que es malo?
"QUIEN pone un asunto al descubierto, se convierte en enemigo de la gente", se dice en África occidental. Eso es lo que le ocurrió a Olu cuando acusó a su hermano mayor de haber cometido incesto con su hermana. "¡Mientes!", le gritó su hermano. Luego lo golpeó brutalmente, lo echó de la casa familiar y quemó toda su ropa. Los aldeanos apoyaron al hermano mayor. Como ya no era bienvenido en la aldea, Olu tuvo que marcharse. Solo cuando se vio que la muchacha estaba embarazada, la gente se dio cuenta de que Olu había dicho la verdad. El hermano confesó, y volvieron a aceptar a Olu. La situación pudo haber sido bastante distinta. Olu pudo terminar asesinado.
Desde luego, no es probable que quienes no aman a Jehová agradezcan que se ponga al descubierto su error. La tendencia de los seres humanos pecadores es oponerse a la corrección y resentirse con quien la da. (Compárese con Juan 7:7.) No es sorprendente que muchos se queden completamente mudos cuando hay que revelar las malas acciones de otras personas a quienes tienen la autoridad para corregirlas.
Reconozcamos el valor de la corrección
El pueblo de Jehová, en cambio, tiene una actitud distinta con respecto a la corrección. Las personas piadosas agradecen profundamente la provisión de Jehová para ayudar a quienes yerran dentro de la congregación cristiana. Reconocen que esa disciplina es una expresión de su bondad amorosa. (Hebreos 12:6-11.)
Este hecho puede ilustrarse mediante un incidente de la vida del rey David. Aunque fue un hombre justo desde su juventud, en una ocasión incurrió en un mal grave. Primero, cometió adulterio. Luego, al tratar de ocultar su error, se encargó de que muriera el esposo de la mujer. Pero Jehová reveló el pecado de David al profeta Natán, quien con valor le planteó la cuestión cara a cara. Utilizó la impactante ilustración de un rico que tenía muchas ovejas, pero se había apoderado de la única cordera que tenía un pobre, su preciado animal de compañía, y la había sacrificado para agasajar a un amigo; entonces, preguntó a David qué debería hacerse al rico. David, que había sido pastor, se indignó y se encolerizó. Dijo: "¡El hombre que hizo esto merece morir!". Natán entonces aplicó la ilustración a David: "¡Tú mismo eres el hombre!". (2 Samuel 12:1-7.)
David no se encolerizó con Natán; tampoco trató de defenderse ni le recriminó nada. Por el contrario, la reprensión de Natán conmovió profundamente su conciencia. Herido en el corazón, confesó: "He pecado contra Jehová". (2 Samuel 12:13.)
El que Natán pusiera al descubierto el pecado de David y la posterior reprensión de parte de Dios trajo buenos resultados. Si bien a David no se le protegió de las consecuencias de su mala acción, se arrepintió y se reconcilió con Jehová. ¿Qué pensó David de esta reprensión? Escribió: "Si me golpeara el justo, sería una bondad amorosa; y si me censurara, sería aceite sobre la cabeza, que mi cabeza no querría rehusar". (Salmo 141:5.)
También en nuestros días, los siervos de Jehová pueden llegar a caer en un pecado grave, incluso quienes han sido fieles durante muchos años. Puesto que reconocen que los ancianos pueden ayudarlos, la mayoría toma la iniciativa de acudir a ellos en busca de ayuda. (Santiago 5:13-16.) Pero a veces el pecador quizá intente ocultar el pecado, como hizo el rey David. ¿De qué manera deberíamos actuar si llegáramos a enterarnos de que se ha cometido un mal grave en la congregación?
¿De quién es la obligación?
Cuando los ancianos saben de un mal grave, abordan a la persona implicada para darle la ayuda y la corrección necesarias. Es su obligación juzgar a tales personas dentro de la congregación cristiana. Se mantienen vigilantes con respecto a la condición espiritual de esta, y ayudan y amonestan a todo el que da un paso imprudente o incorrecto. (1 Corintios 5:12, 13; 2 Timoteo 4:2; 1 Pedro 5:1, 2.)
Ahora bien, ¿qué ocurre si no somos ancianos y nos enteramos de que otro cristiano ha cometido un mal grave? Las pautas se encuentran en la Ley que Jehová dio a la nación de Israel. Esta decía que si una persona era testigo de acciones apóstatas, sedición, asesinato u otros delitos graves, tenía el deber de informarlo y testificar sobre lo que sabía. Levítico 5:1 dice: "Ahora bien, en caso de que peque un alma por cuanto ha oído maldecir en público y es testigo, o lo ha visto o ha llegado a saber de ello, si no lo informa, entonces tiene que responder por su error". (Compárese con Deuteronomio 13:6-8; Ester 6:2; Proverbios 29:24.)
Aunque hoy los cristianos no estamos bajo la Ley mosaica, podemos guiarnos por sus principios subyacentes. (Salmo 19:7, 8.) Por tanto, ¿qué deberíamos hacer si nos enteráramos de que un compañero cristiano ha cometido un mal grave?
Cómo obrar
En primer lugar, es importante que exista una razón válida para creer que realmente ha habido un mal grave. "No llegues a ser testigo contra tu semejante sin base —dijo el sabio—. Entonces tendrías que ser tonto con tus labios." (Proverbios 24:28.)
Tal vez decidamos ir directamente a los ancianos. No está mal hacerlo, aunque por lo general el proceder más amoroso es abordar a la persona implicada. Quizá los hechos no sean lo que parecen. O puede que los ancianos ya estén tratando la situación. Hable calmadamente del asunto con la persona. Si sigue habiendo razón para creer que se ha cometido un mal grave, anímela a pedir ayuda a los ancianos y explíquele por qué es sabio hacerlo. No hable a otros del asunto, pues estaría chismeando.
En caso de que la persona no lo informe a los ancianos en un período razonable, entonces nosotros debemos hacerlo. Luego, uno o dos ancianos hablarán del asunto con el acusado. Los ancianos tienen que "escudriñar e investigar e inquirir cabalmente" para asegurarse de que se ha cometido un mal. Si es así, se ocuparán del caso conforme a las directrices bíblicas. (Deuteronomio 13:12-14.)
Se requieren al menos dos testigos para probar la acusación de que ha cometido un pecado. (Juan 8:17; Hebreos 10:28.) Si la persona lo niega y solo se cuenta con nuestro testimonio, se deja el caso en manos de Jehová. (1 Timoteo 5:19, 24, 25.) Se actúa así sabiendo que todas las cosas están "abiertamente expuestas" a Jehová y que si la persona es culpable, con el tiempo sus pecados la 'alcanzarán'. (Hebreos 4:13; Números 32:23.)
Ahora bien, supongamos que la persona niega la acusación y que somos los únicos testigos en su contra. ¿Nos arriesgamos entonces a que se nos acuse de calumnia? No, a menos que hayamos hablado del asunto con quienes no tienen nada que ver en él. No es calumnia informar de las condiciones que afectan a la congregación a quienes tienen la autoridad y el deber de supervisar y corregir los asuntos. De hecho, está en armonía con nuestro deseo de hacer siempre lo que es correcto y leal. (Compárese con Lucas 1:74, 75.)
Cómo mantener la santidad en la congregación
Una razón para denunciar el mal es que sirve para conservar la limpieza de la congregación. Jehová es un Dios limpio, santo. Requiere que todos los que lo adoren sean limpios espiritual y moralmente. Su Palabra inspirada amonesta: "Como hijos obedientes, dejen de amoldarse según los deseos que tuvieron en otro tiempo en su ignorancia, y más bien, de acuerdo con el Santo que los llamó, háganse ustedes mismos santos también en toda su conducta, porque está escrito: 'Tienen que ser santos, porque yo soy santo'". (1 Pedro 1:14-16.) Las personas que practican la inmundicia u otro tipo de maldad pueden contaminar toda una congregación y traerle la desaprobación de Jehová, a menos que se tome acción para corregirlas o echarlas. (Compárese con Josué, capítulo 7.)
Las cartas del apóstol Pablo a la congregación cristiana de Corinto indican que la denuncia de un pecado sirvió para que el pueblo de Dios de esa ciudad se limpiara. En la primera carta Pablo escribió: "De hecho, se informa que hay fornicación entre ustedes, y tal fornicación como ni siquiera la hay entre las naciones: que cierto hombre tiene la esposa de su padre". (1 Corintios 5:1.)
La Biblia no nos dice quién dio el informe al apóstol. Puede ser que Pablo se enterara de la situación por Estéfanas, Fortunato y Acaico, que habían viajado de Corinto a Éfeso, donde se encontraba Pablo. Este también había recibido una carta de la congregación cristiana de Corinto, en la que le pedían información. Fuera cual fuese la fuente del informe, una vez que un testigo confiable denunció la situación a Pablo, él podía dar la dirección necesaria. "Remuevan al hombre inicuo de entre ustedes", escribió. El hombre fue expulsado de la congregación. (1 Corintios 5:13; 16:17, 18.)
¿Produjo buenos resultados la instrucción que dio Pablo? Por supuesto que sí. Por lo visto, el pecador entró en razón. En la segunda carta a los corintios, Pablo instó a la congregación a 'perdonar bondadosamente y consolar' al hombre arrepentido. (2 Corintios 2:6-8.) De modo que el que se informara del mal cometido llevó a que se tomaran medidas, lo que resultó en la limpieza de la congregación y en que recuperara el favor de Dios una persona que había dañado su relación con él.
Encontramos otro ejemplo en la primera carta de Pablo a la congregación cristiana de Corinto. En esta ocasión el apóstol da el nombre de los testigos que habían denunciado el asunto. Escribió: "Se me hizo saber acerca de ustedes, hermanos míos, por los de la casa de Cloe, que existen disensiones entre ustedes". (1 Corintios 1:11.) Pablo sabía que esta disensión, junto con que se diera honra indebida a ciertos hombres, había originado una actitud sectaria que amenazaba con romper la unidad de la congregación. Por tanto, motivado por un profundo interés en el bienestar espiritual de sus compañeros de creencia corintios, Pablo obró con rapidez y escribió consejo correctivo a la congregación.
Hoy día, la gran mayoría de los hermanos y las hermanas de las congregaciones por toda la Tierra se esfuerzan mucho por conservar la limpieza espiritual de la congregación, manteniendo individualmente la aprobación de Dios. Algunos sufren por ello; otros hasta han muerto por guardar integridad. No cabe duda de que tolerar u ocultar la maldad indicaría falta de aprecio por ese empeño.
Ayuda para quienes yerran
¿Por qué algunos que han cometido un pecado grave no abordan a los ancianos de la congregación? Muchas veces es porque no están al tanto de los beneficios de acudir a ellos. Algunos creen erróneamente que si confiesan, sus pecados se expondrán a toda la congregación. Otros se engañan en cuanto a la gravedad de su proceder. Y por último hay quienes creen que pueden reajustarse sin la ayuda de los ancianos.
Pero esos pecadores necesitan la ayuda amorosa de los ancianos de la congregación. Santiago escribió: "¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a sí a los ancianos de la congregación, y que ellos oren sobre él, untándolo con aceite en el nombre de Jehová. Y la oración de fe sanará al indispuesto, y Jehová lo levantará. También, si hubiera cometido pecados, se le perdonará". (Santiago 5:14, 15.)
¡Qué maravillosa provisión para ayudar a quienes yerran a recuperar su espiritualidad! Al aplicar el balsámico consejo de la Palabra de Dios y orar a favor de los enfermos espiritualmente, los ancianos pueden ayudarlos a recuperarse de sus caminos erróneos. Así, en lugar de sentirse condenados, los que se arrepienten suelen sentirse refrescados y aliviados cuando hablan con ancianos amorosos. Un joven de África occidental había cometido fornicación y había ocultado su pecado durante algunos meses. Después que su pecado salió a la luz, dijo a los ancianos: "Cuánto me gustaría que alguien me hubiera preguntado sobre mi relación con esa chica. Me alivia tanto confesarlo". (Compárese con Salmo 32:3-5.)
Un acto de amor basado en principios
Los siervos bautizados de Dios han "pasado de muerte a vida". (1 Juan 3:14.) Pero si cometen un pecado grave, vuelven al camino de la muerte. Si no se les ayuda, pueden llegar a endurecerse en la maldad, y no desear arrepentirse ni volver a la adoración del Dios verdadero. (Hebreos 10:26-29.)
Denunciar un pecado es un acto de verdadero interés por el pecador. Santiago escribió: "Hermanos míos, si alguno de entre ustedes se deja extraviar de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de la muerte y cubrirá una multitud de pecados". (Santiago 5:19, 20.)
Entonces, ¿por qué denunciar lo que es malo? Porque produce buenos resultados. En realidad, informar de un pecado es un acto de amor cristiano basado en principios: amor a Dios, a la congregación y al pecador. Si todos los miembros de la congregación mantienen lealmente las normas justas de Dios, él bendecirá abundantemente a la congregación en conjunto. El apóstol Pablo escribió: "Él [Jehová] también los hará firmes hasta el fin, para que no estén expuestos a ninguna acusación en el día de nuestro Señor Jesucristo". (1 Corintios 1:8.)
Ancianos en la teocracia
7 Todos los ancianos nombrados, sin importar qué puesto de autoridad ocupen, llenan los requisitos mencionados en la Biblia para los superintendentes o ancianos. (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9.) Asimismo, las palabras de Pablo a los ancianos de Éfeso son de provecho para todos los ancianos: "Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño, entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes, para pastorear la congregación de Dios". (Hechos 20:28.) Así es, los ancianos son nombrados por el espíritu santo, que proviene de Jehová Dios. (Juan 14:26.) Su nombramiento es teocrático. Además, pastorean el rebaño de Dios. El rebaño pertenece a Jehová, no a los ancianos. Se trata de una teocracia.
8 En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo indicó cuáles eran las responsabilidades generales de los ancianos al decir: "Dio algunos como apóstoles, algunos como profetas, algunos como evangelizadores, algunos como pastores y maestros, con miras al reajuste de los santos, para obra ministerial, para la edificación del cuerpo del Cristo". (Efesios 4:11, 12.) Solo hubo apóstoles y profetas durante la infancia del "cuerpo de Cristo". (Compárese con 1 Corintios 13:8.) Pero los ancianos aún siguen ocupados evangelizando, pastoreando y enseñando. (2 Timoteo 4:2; Tito 1:9.)
9 Puesto que la teocracia es el gobierno por Dios, los ancianos que deseen desempeñar bien sus funciones deben conocer a fondo la voluntad divina. A Josué se le mandó que leyera diariamente la Ley. Los ancianos tienen que estudiar con regularidad las Escrituras y estar familiarizados con las publicaciones bíblicas que el esclavo fiel y discreto prepara. (2 Timoteo 3:14, 15.) Entre ellas se cuentan las revistas La Atalaya y ¡Despertad!, así como otras publicaciones que muestran cómo aplicar los principios bíblicos a diversas situaciones. Sin embargo, aunque es importante que un anciano conozca y siga las instrucciones que se proporcionan en las publicaciones de la Sociedad Watch Tower, también debe conocer bien los principios bíblicos que sirven de base para dichas pautas. Así podrá poner en práctica las instrucciones bíblicas con comprensión y compasión. (Compárese con Miqueas 6:8.)
Servicio con espíritu cristiano
10 Alrededor del año 55 E.C., el apóstol Pablo escribió su primera carta a la congregación de Corinto. Uno de los problemas a los que dio atención tenía que ver con ciertos hombres que deseaban prominencia en la congregación. Pablo escribió: "Ustedes ya están hartos, ¿verdad? Ya son ricos, ¿verdad? Han empezado a reinar sin nosotros, ¿verdad? Y verdaderamente desearía yo que hubieran empezado a reinar, para que nosotros también reináramos con ustedes". (1 Corintios 4:8.) En el siglo I E.C., todos los cristianos tenían la esperanza de gobernar con Jesús como reyes y sacerdotes celestiales. (Revelación 20:4, 6.) Sin embargo, era obvio que en la congregación de Corinto algunos habían olvidado que no hay reyes en la teocracia cristiana en la Tierra. En vez de actuar como los reyes de este mundo, los pastores cristianos cultivan la humildad, una cualidad que a Jehová le place. (Salmo 138:6; Lucas 22:25-27.)
11 ¿Es la humildad una debilidad? ¡De ninguna manera! Se dice que Jehová mismo es humilde. (Salmo 18:35.) Los reyes de Israel dirigieron a los ejércitos en la batalla y gobernaron a la nación con la guía de Jehová. Con todo, tenían que ejercer cautela 'para que su corazón no se ensalzara sobre sus hermanos'. (Deuteronomio 17:20.) El resucitado Jesús es un Rey celestial. Sin embargo, cuando estuvo en la Tierra lavó los pies de los discípulos. ¡Qué prueba de humildad! Y para mostrar a sus apóstoles que deseaba que fueran humildes como él, les dijo: "Si yo, aunque soy Señor y Maestro, les he lavado los pies a ustedes, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros". (Juan 13:14; Filipenses 2:5-8.) Hay que dar a Jehová toda la gloria y alabanza, no a cualquier hombre. (Revelación 4:11.) Todos los cristianos, sean ancianos o no, deben analizarse a la luz de las palabras de Jesús: "Somos esclavos que no servimos para nada. Lo que hemos hecho es lo que deberíamos haber hecho". (Lucas 17:10.) Ningún otro punto de vista es teocrático.
12 Además de la humildad, los ancianos cristianos cultivan el amor. El apóstol Juan mostró la importancia de esta cualidad cuando dijo: "El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor". (1 Juan 4:8.) Las personas que carecen de amor no son teocráticas. No conocen a Jehová. La Biblia dice respecto al Hijo de Dios: "Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin". (Juan 13:1.) Hablando a once hombres que formarían parte del cuerpo gobernante de la congregación cristiana, Jesús dijo: "Este es mi mandamiento: que ustedes se amen unos a otros así como yo los he amado a ustedes". (Juan 15:12.) El amor es la identificación del cristianismo verdadero. Atrae a los quebrantados de corazón, a los que están de duelo y a los que están en cautiverio espiritual y anhelan libertad. (Isaías 61:1, 2; Juan 13:35.) Los ancianos deben ser ejemplares en mostrar esa clase de amor.
13 En la actualidad, a menudo se pide a los ancianos que atiendan problemas complejos. Las dificultades matrimoniales pueden ser persistentes y tener raíces profundas. Los jóvenes tienen problemas que a los adultos quizás les cueste trabajo entender. Suele ser difícil comprender las enfermedades emocionales. Un anciano que tenga que atender problemas como esos tal vez no sepa qué hacer. No obstante, puede estar seguro de que si ora y confía en la sabiduría de Jehová, investiga en la Biblia y en la información publicada por el esclavo fiel y discreto y trata a las ovejas con humildad y amor, será una buena ayuda hasta en las situaciones más difíciles.
14 Jehová ha bendecido mucho a su organización con "dádivas en hombres". (Efesios 4:8.) De vez en cuando la Sociedad Watch Tower recibe cartas animadoras que dan prueba del amor de ancianos humildes que pastorean con compasión a las ovejas de Dios. Por ejemplo, un anciano de congregación escribe: "No recuerdo otra visita del superintendente de circuito que haya tenido mayor efecto en mí o de la que aún se siga hablando en la congregación. El superintendente de circuito me ayudó a ver la importancia de tener una actitud positiva al tratar con los hermanos, y recalcó la necesidad de dar encomio".
15 Una hermana que tuvo que ser internada en una clínica lejos de su hogar escribe: "¡Qué tranquilizador fue conocer a un anciano aquella angustiosa primera noche que estuve en el hospital, tan lejos de casa! Él y otros hermanos pasaron mucho tiempo conmigo. Hasta personas del mundo que sabían por lo que estaba pasando llegaron a la conclusión de que no hubiera sobrevivido de no ser por el consuelo, el cuidado y las oraciones de esos hermanos amorosos y devotos". Otra hermana escribe: "Estoy viva porque el cuerpo de ancianos me dirigió con paciencia durante mi lucha contra la depresión grave. [...] En una ocasión un hermano y su esposa no sabían qué decir. [...] Pero lo que más me conmovió fue el hecho de que, aun no comprendiendo bien por lo que estaba pasando, mostraron su amor e interés en mí".
16 Sí, muchos ancianos están poniendo en práctica la exhortación del apóstol Pedro: "Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño; tampoco como enseñoreándose de los que son la herencia de Dios, sino haciéndose ejemplos del rebaño". (1 Pedro 5:1-3.) ¡Qué bendición son estos ancianos teocráticos!




No permita que su virtud se convierta en su debilidad
Se creía que el lujoso transatlántico Titanic, que contaba con dieciséis compartimientos estancos en el casco, no podía hundirse. En su primer viaje, realizado en 1912, solo llevaba la mitad del número de botes salvavidas necesarios. El barco dio contra un iceberg, se hundió, y murieron más de mil quinientas personas.
EL REY Uzías, hombre temeroso de Dios de la antigua Jerusalén, fue un gran comandante. Con la ayuda de Jehová, venció a sus enemigos, uno tras otro. "En consecuencia, su fama [la de Uzías] salió hasta gran distancia, porque fue ayudado maravillosamente hasta que se hizo fuerte." Pero entonces "su corazón se hizo altivo [...] de modo que actuó infielmente contra Jehová su Dios". Debido a la altivez, Uzías fue herido con lepra (2 Crónicas 26:15-21; Proverbios 16:18).
Ambos relatos nos enseñan que cuando las virtudes no se equilibran con sabiduría, modestia y humildad, pueden convertirse fácilmente en debilidades o desventajas. Este es un asunto serio, pues, de una forma u otra, todos tenemos ciertas virtudes, o dones, y queremos que reporten beneficios y gozo tanto a nosotros como a otras personas, sobre todo a nuestro Creador. En efecto, debemos aprovechar al máximo cualquier don que hayamos recibido de Dios, pero al mismo tiempo controlarlo para que continúe siendo una virtud valiosa.
Por ejemplo, la persona que ama su trabajo pudiera convertir fácilmente ese don en una debilidad si se hace laboradicta. Al cauteloso quizá no se le engañe con facilidad, pero puede que sea tan cauteloso que nunca tome decisiones. La eficiencia también es una excelente virtud, pero si se lleva a los extremos, puede pasar por alto el factor humano, y el resultado será un ambiente frío y rígido que engendra infelicidad. Por tanto, aparte un momento para reflexionar sobre sus propias virtudes. ¿Las domina bien? ¿Son una bendición para los demás? Sobre todo, ¿las utiliza para honrar a Jehová, la Fuente de "toda dádiva buena"? (Santiago 1:17.) Con ese objetivo, examinemos otros ejemplos de virtudes que pudieran convertirse en debilidades, incluso desventajas, si no las controlamos.
Utilice sabiamente las facultades mentales
Un buen intelecto es muy valioso. No obstante, puede convertirse en una debilidad si confiamos demasiado en nosotros mismos o si nos formamos una opinión exagerada de nuestra persona, especialmente si otros nos encomian demasiado o nos halagan. O quizás empecemos a ver la Palabra de Dios y las publicaciones bíblicas desde un punto de vista puramente intelectual.
El exceso de confianza pudiera manifestarse de diversas maneras. Por ejemplo, cuando un hermano de mente brillante recibe una asignación en la congregación cristiana, como un discurso público o un discurso en la Escuela del Ministerio Teocrático, tal vez no se prepare sino hasta el último momento, y a lo mejor ni siquiera pida a Jehová que lo bendiga. En vez de eso, confía en el conocimiento que ya ha adquirido y en su agilidad mental. Puede que la habilidad natural oculte su negligencia por algún tiempo, pero sin la bendición completa de Jehová, su progreso espiritual se hará más lento o quizá hasta se detenga. ¡Qué forma de desperdiciar un magnífico don! (Proverbios 3:5, 6; Santiago 3:1.)
Puede que la persona de mente despierta también vea las Escrituras y las publicaciones para el estudio bíblico desde una óptica puramente intelectual. Sin embargo, dicho conocimiento tan solo "hincha" o alimenta el ego, inflándolo como un globo; no "edifica" amorosas relaciones cristianas (1 Corintios 8:1; Gálatas 5:26). Por otro lado, el hombre espiritual, prescindiendo de sus capacidades mentales, siempre confía en el espíritu de Dios, que pide en oración. Su virtud se hace cada vez más valiosa a medida que aumenta su amor, humildad, conocimiento y sabiduría, cualidades que manifiesta de forma equilibrada (Colosenses 1:9, 10).
Las aptitudes también pueden convertirse en debilidades si, debido a ellas, nos formamos una opinión exagerada de nosotros mismos, lo que revelaría falta de modestia. Es obvio que la persona de talento, así como quienes lo adulen, pudieran olvidar que Jehová "no considera a ninguno de los que son sabios en su propio corazón", aunque tengan algunas aptitudes (Job 37:24). "La sabiduría está con los modestos", dice la Palabra de Dios (Proverbios 11:2). El apóstol Pablo, aunque era muy inteligente e instruido, dijo a los corintios: "Yo, cuando fui a ustedes, hermanos, no fui con extravagancia de habla o de sabiduría [...;] fui a ustedes en debilidad y en temor y con mucho temblor; y mi habla y lo que prediqué no fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con una demostración de espíritu y poder, para que su fe no estuviera en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios" (1 Corintios 2:1-5).
La persona sabia de verdad no se deja engañar por el punto de vista del mundo sobre el intelecto y el éxito. De modo que en vez de utilizar sus aptitudes para ganarse los aplausos de los hombres o acumular riquezas mundanas, da lo mejor que tiene a Aquel que le concedió la vida y las habilidades (1 Juan 2:15-17). Con ese objetivo mantiene los intereses del Reino en primer lugar en su vida, convirtiéndose así en un fructífero "árbol plantado al lado de corrientes de agua". Gracias a la bendición de Jehová, no a sus propias aptitudes naturales, "todo lo que haga tendrá éxito" (Salmo 1:1-3; Mateo 6:33).
Deje que el cristianismo mejore su virtud
Por su propia naturaleza, el cristianismo es tan rico en virtudes que eclipsa a las filosofías mundanas. El modo de vivir cristiano, por ejemplo, produce mejores maridos, esposas, vecinos y empleados: personas honradas, respetuosas, pacíficas y diligentes (Colosenses 3:18-23). Además, la preparación en oratoria y docencia que reciben los cristianos los ayuda a comunicarse mejor (1 Timoteo 4:13-15). No sorprende, pues, que los patronos quieran dar más responsabilidades y ascensos a los cristianos. Pero tales virtudes también pueden utilizarse impropiamente si no las vigilamos con cuidado. Un ascenso o una tentadora oferta de empleo pudiera significar que el cristiano estuviera prácticamente dedicado a la empresa, faltara con regularidad a las reuniones cristianas y sacrificara tiempo valioso que ha de dedicar a su familia.
En Australia, cierto anciano cristiano y padre de familia era también un próspero hombre de negocios que, como suele decirse, "tenía el mundo a sus pies". Sin embargo, no cedió a la tentación de triunfar en este sistema. "Quería pasar más tiempo con mi familia y en el ministerio cristiano —dijo él—. De modo que mi esposa y yo concordamos en que disminuiría la cantidad de tiempo que pasaba en el empleo. ¿Para qué trabajar cinco días a la semana si no era necesario?", agregó. Al hacer cambios bien meditados, este anciano vio que podía mantener a su familia si trabajaba tres o cuatro días a la semana. Con el tiempo, se le ofrecieron otros privilegios teocráticos, como el de servir en el Comité del Salón de Asambleas local y en la administración de la asamblea de distrito. Sus virtudes, encauzadas con prudencia, redundaron en gozo y satisfacción para él y su familia.
Una actitud equilibrada sobre los privilegios
Se anima a los varones cristianos a esforzarse por alcanzar privilegios de servicio en la congregación. "Si algún hombre está procurando alcanzar un puesto de superintendente [o siervo ministerial], desea una obra excelente." (1 Timoteo 3:1.) Como en el caso de las virtudes ya mencionadas, la disposición a aceptar responsabilidades también debe equilibrarse con buen juicio. Nadie debe sobrecargarse aceptando tantas asignaciones que pierda el gozo en el servicio de Jehová. Sí, es encomiable que tengamos un espíritu dispuesto y, de hecho, es necesario, pues Jehová no aprueba la actitud autocomplaciente; pero la buena disposición debe reflejar modestia y "buen juicio" (Tito 2:12; Revelación [Apocalipsis] 3:15, 16).
Como Jesús era tierno, perspicaz y consciente de las necesidades y emociones ajenas, lograba que hasta los más humildes se sintieran cómodos en su presencia. Hoy, igualmente, las personas se sienten a gusto con aquellos cuya virtud es poseer una personalidad compasiva y afectuosa. En la congregación cristiana, tales ancianos abordables y amorosos son verdaderamente "dádivas en hombres". Son "escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia, como corrientes de agua en país árido, como la sombra de un peñasco pesado en una tierra agotada" (Efesios 4:8; Isaías 32:2).
Pero los ancianos tienen que equilibrar el tiempo que pasan ayudando a otros con el que ellos necesitan para el estudio personal, la meditación, la oración y el ministerio público. Naturalmente, los ancianos casados también tienen que apartar tiempo para su familia, para quien deben estar especialmente accesibles.
Mujeres capaces, una maravillosa bendición
Al igual que los ancianos capacitados, las mujeres espirituales también son muy valiosas en la organización de Jehová. Por lo general, las mujeres tienen el don de interesarse en los demás, cualidad que Jehová valora y nos anima a cultivar. "No [vigilen] con interés personal solo sus propios asuntos, sino también con interés personal los de los demás", escribió el apóstol Pablo (Filipenses 2:4). Sin embargo, este "interés personal" tiene cierto límite, pues ningún cristiano debe ser "entremetido en asuntos ajenos" ni chismoso (1 Pedro 4:15; 1 Timoteo 5:13).
Las mujeres poseen muchos otros dones. Una esposa cristiana, por ejemplo, puede tener mayores dotes intelectuales que su marido. No obstante, como "esposa capaz" que teme a Jehová, respeta a su esposo y utiliza sus dones para complementarlo a él, no para competir con él. Y en vez de envidiarla o molestarse con ella, el marido sabio y humilde valora sus virtudes y se alegra por ello. La anima a emplear al máximo sus aptitudes para edificar a su familia y ayudar a sus hijos a 'temer a Jehová', tal como ella lo hace (Proverbios 31:10, 28-30; Génesis 2:18). Tales matrimonios que manifiestan modestia y humildad son muy felices y verdaderamente honran a Jehová.
Cómo dominar una personalidad fuerte
Una personalidad fuerte orientada hacia la justicia y la realización de toda alma de la voluntad de Jehová puede ser muy valiosa cuando se templa con la modestia y la humildad. No obstante, puede ser una debilidad si hace que la persona domine o intimide a los demás. Esto es especialmente cierto en la congregación cristiana. Los cristianos deben sentirse relajados unos con otros, lo que incluye a los ancianos de la congregación (Mateo 20:25-27).
Los ancianos, a su vez, deben sentirse a gusto cuando están juntos. Y cuando se reúnen, lo que debe influir en las decisiones que se tomen no es la fuerza de las personalidades, sino el espíritu santo. En realidad, el espíritu santo puede influir en cualquiera de los ancianos del cuerpo, incluso en el más joven o el más reservado. Por lo tanto, quienes tienen una personalidad más fuerte, aun cuando piensen que tienen la razón, deben controlarla aprendiendo el arte de la deferencia, y así 'mostrar honra' a sus compañeros ancianos (Romanos 12:10). Eclesiastés 7:16 advierte bondadosamente: "No te hagas justo en demasía, ni te muestres excesivamente sabio. ¿Por qué debes causarte desolación?".
Jehová, la Fuente de "toda dádiva buena", utiliza sus asombrosas virtudes con absoluta perfección (Santiago 1:17; Deuteronomio 32:4). Y él es nuestro Maestro. De modo que aprendamos de él y trabajemos arduamente para cultivar nuestros dones naturales, o virtudes, y utilicémoslos con sabiduría, modestia y amor. Así seremos una gran bendición para los demás.
¿Por qué delegar, y cómo hacerlo?
LA ACCIÓN de delegar es más antigua que nuestro planeta. Jehová creó a su Hijo unigénito y, después, valiéndose de él como "obrero maestro", hizo el universo (Pro. 8:22, 23, 30; Juan 1:3). Cuando Dios formó a la primera pareja humana, les encomendó: "Llenen la tierra y sojúzguenla" (Gén. 1:28). En efecto, confió a los seres humanos la tarea de extender el paraíso de Edén hasta abarcar toda la Tierra. Como vemos, delegar ha sido un rasgo característico de Jehová y de su organización desde el principio.
¿Qué implica delegar? ¿Por qué deben los ancianos cristianos aprender a delegar en otros ciertas tareas de la congregación? ¿Cómo pueden hacerlo?
¿Qué significa delegar?
Básicamente, delegar es "autorizar una persona a otra para que obre en representación suya en algún asunto" (Diccionario de uso del español, de María Moliner). En otras palabras, requiere contar con la colaboración de otras personas para cumplir ciertos objetivos, lo que implica, lógicamente, darles autoridad.
Los hermanos que reciben una tarea en la congregación han de cumplir con ella, informar de los progresos y, por lo general, consultar con quien se la delegó. Con todo, el principal responsable del asunto es el hermano nombrado que lo encargó originalmente, y él debe asegurarse de que se está realizando y dar asesoramiento si es necesario. Ahora bien, algunos quizás se pregunten: "¿Para qué delegar algo que uno mismo puede hacer?".
Razones para delegar
Meditemos en el hecho de que Jehová creara a su Hijo unigénito y le permitiera participar en las obras creativas posteriores. Sabemos que "por medio de él todas las otras cosas fueron creadas en los cielos y sobre la tierra, las cosas visibles y las cosas invisibles" (Col. 1:16). El Creador podría haberlo hecho todo él solo, pero quiso que su Hijo experimentara la alegría de realizar un trabajo productivo (Pro. 8:31). Esto ayudó al Hijo a conocer mejor las cualidades de Dios. En cierto sentido, el Padre aprovechó la oportunidad para capacitar a su Hijo unigénito.
Mientras vivió en la Tierra, Jesucristo supo delegar, en imitación de su Padre. Preparó gradualmente a sus seguidores. Envió a los doce apóstoles, y después a otros 70 discípulos, a que encabezaran la predicación (Luc. 9:1-6; 10:1-7). Así, cuando él llegaba a un lugar, ya tenía un buen fundamento sobre el que edificar. Al dejar la Tierra, Jesús delegó en sus discípulos capacitados responsabilidades mayores, como la obra mundial de predicar (Mat. 24:45-47; Hech. 1:8).
La congregación cristiana también se caracterizó por delegar y dar capacitación. El apóstol Pablo dijo a Timoteo: "Estas cosas encárgalas a hombres fieles, quienes, a su vez, estarán adecuadamente capacitados para enseñar a otros" (2 Tim. 2:2). En efecto, quienes tienen experiencia deben enseñar a otros, que a su vez enseñarán a otros más, y así sucesivamente.
El anciano que delega parte de sus tareas comparte con otros el gozo de enseñar y pastorear. La capacidad humana tiene límites, y reconocerlo es una razón más para que los ancianos pidan a otros hermanos que se encarguen de ciertas responsabilidades. La Biblia dice: "La sabiduría está con los modestos" (Pro. 11:2). La modestia incluye ser consciente de las propias limitaciones. Si uno trata de hacerlo todo, puede agotarse y quedarse sin tiempo para dedicarle a su familia. Así que lo más sabio es compartir la carga. Por ejemplo, el coordinador del cuerpo de ancianos puede pedir a otros ancianos que intervengan las cuentas de la congregación. Al repasar los registros, esos ancianos estarán al tanto de la situación económica de la congregación.
Si bien delegar proporciona a otros una oportunidad de adquirir la habilidad y la experiencia necesarias, también permite a la persona que delega observar las aptitudes de aquellos a quienes asignó una tarea. Es decir, delegando tareas apropiadas, los ancianos pueden probar "en cuanto a aptitud" a los siervos ministeriales en perspectiva (1 Tim. 3:10).
Por último, al delegar, los ancianos demuestran que confían en otros. Pablo preparó a Timoteo llevándolo consigo en el servicio misional. Entre ellos se forjó un estrecho vínculo, por lo que Pablo llamó a Timoteo "un hijo genuino en la fe" (1 Tim. 1:2). Igual ocurrió entre Jehová y Jesús mientras trabajaban juntos en la creación de todas las demás cosas. De manera que los ancianos pueden establecer una buena relación con otros al confiarles tareas.
¿Por qué algunos se retraen?
Aunque conocen las ventajas de delegar, a algunos ancianos les cuesta hacerlo, y quizás hasta se retraen, porque piensan que de esa manera pierden autoridad. Tal vez crean que siempre deben estar al timón, por así decirlo. No obstante, conviene recordar que antes de ascender al cielo, Jesús autorizó a sus discípulos para llevar a cabo una labor de peso, aun sabiendo desde el principio que efectuarían obras mayores que las suyas (Mat. 28:19, 20; Juan 14:12).
Un anciano tal vez haya delegado trabajos en el pasado —sin resultados satisfactorios— y por ello piense que él puede hacer la tarea mejor y más rápido. No obstante, analicemos el ejemplo de Pablo: él sabía que era importante delegar, pero también comprendía que las personas a quienes preparara no siempre estarían a la altura de sus expectativas. En su primer viaje misionero, Pablo preparó a su joven compañero de viaje, Marcos, pero se sintió muy decepcionado cuando este abandonó la asignación para volver a su casa (Hech. 13:13; 15:37, 38). Sin embargo, eso no impidió que Pablo capacitara a otros. Como ya se ha mencionado, invitó a Timoteo para que lo acompañara, y cuando el joven estuvo preparado para asumir mayores responsabilidades, lo dejó en Éfeso y le confió la autoridad de nombrar superintendentes de congregación y siervos ministeriales (1 Tim. 1:3; 3:1-10, 12, 13; 5:22).
En nuestros días, los ancianos tampoco deben dejar de capacitar a los hermanos solo porque uno de ellos no haya respondido bien a la preparación. No solo es importante, sino también sensato, aprender a confiar en otros y ayudarlos. Ahora bien, ¿qué factores se han de tener en cuenta al delegar?
Cómo delegar
Hay que analizar las aptitudes de los hermanos en quienes se quiere delegar algún deber. Cuando en Jerusalén surgió la necesidad de ocuparse de la distribución diaria de alimentos, los apóstoles escogieron a "siete varones acreditados [...,] llenos de espíritu y de sabiduría" (Hech. 6:3). Por eso, si usted le pide a una persona poco confiable que realice algo, es probable que no lo haga. Así que empiece por delegar pequeñas tareas, y cuando la persona demuestre que es confiable, tal vez pueda darle responsabilidades más importantes.
No obstante, hay otros aspectos implicados. Las personalidades, las aptitudes y la experiencia varían de una persona a otra. Es probable que un hermano amistoso y agradable sea un buen acomodador, mientras que alguien ordenado y sistemático tal vez resulte más útil como ayudante del secretario de la congregación. A una hermana con dotes artísticas se le pueden encargar los arreglos florales para la Conmemoración.
Por otra parte, la persona que asigna responsabilidades debe indicar claramente lo que espera. Antes de enviar mensajeros a Jesús, Juan el Bautista les explicó lo que quería saber y con qué palabras debían preguntarlo (Luc. 7:18-20). Y cuando Jesús encargó a sus discípulos que recogieran las sobras del alimento provisto milagrosamente, dejó que ellos se encargaran de los detalles (Juan 6:12, 13). Mucho dependerá de la naturaleza de cada tarea y de las aptitudes del ayudante. Sea como sea, tanto quien delega el trabajo como la persona a la que se le encarga deben saber bien qué se espera y con cuánta frecuencia se debe informar de los progresos. Ambos deben saber cuánto se deja a discreción de la persona asignada. Si hay que fijar una fecha para terminar, es posible que la persona se sienta más motivada si puede opinar al respecto, en vez de que simplemente le impongan la fecha.
El hermano asignado debe recibir las herramientas, la ayuda y los fondos necesarios para realizar su labor. También sería bueno que los demás supieran que él está a cargo. Cuando Jesús le entregó a Pedro "las llaves del reino de los cielos", lo hizo en presencia de otros discípulos (Mat. 16:13-19). De la misma manera, en algunos casos sería bueno que la congregación supiera quién es el responsable de cierta tarea.
La prudencia también ayudará. Si un anciano trata de seguir controlando la labor que ha delegado en otro hermano, dará la impresión de que en realidad no confía en él. Es cierto que en ocasiones el resultado no será el esperado. No obstante, si al hermano a quien se ha confiado una responsabilidad se le permite cierto margen de actuación, probablemente adquirirá confianza y experiencia. Como es natural, eso no significa que al anciano no debe interesarle cómo se está efectuando la tarea. Por ejemplo, aunque le confió a su Hijo un papel en el proceso de la creación, Jehová siguió tomando parte activa en el trabajo. Le dijo al Obrero Maestro: "Hagamos al hombre a nuestra imagen" (Gén. 1:26). Así que usted, por sus palabras y acciones, apoye la tarea y encomie al hermano por sus esfuerzos. También puede ayudarlo haciendo un análisis de cómo van las cosas. Si la tarea no se está realizando bien, no dude en ofrecer más apoyo o consejos. Recuerde que usted tiene la responsabilidad final como persona que delega (Luc. 12:48).
Muchos hermanos se han beneficiado de que los ancianos de la congregación les delegaran tareas, como prueba de su interés en ellos. De hecho, todos los ancianos deben comprender por qué es importante delegar y cómo pueden hacerlo, en imitación de Jehová.
Ancianos, capaciten a otros hermanos para que asuman responsabilidades
HAY una apremiante necesidad de hombres que ocupen puestos de superintendencia en las congregaciones de los testigos de Jehová de todo el mundo. Tres son los motivos principales.
Primero: Jehová está cumpliendo su promesa de hacer del "chico una nación poderosa" (Isaías 60:22). Gracias a su bondad inmerecida, en los pasados tres años se bautizaron como testigos de Jehová casi un millón de nuevos discípulos, de modo que hacen falta hombres responsables que ayuden a estos recién bautizados a alcanzar la madurez cristiana (Hebreos 6:1).
Segundo: la edad avanzada o la mala salud obligan a algunos hermanos que sirven de ancianos desde hace décadas a llevar menos responsabilidades en la congregación.
Tercero: gran cantidad de ancianos cristianos celosos forman parte de los Comités de Enlace con los Hospitales, los Comités Regionales de Construcción o los Comités de Salones de Asambleas. Algunos han renunciado a ciertas tareas en su congregación con el fin de equilibrar sus actividades.
¿Cómo es posible satisfacer la urgente necesidad de más hombres competentes? La clave radica en la capacitación. La Biblia anima a los superintendentes cristianos a formar a "hombres fieles, quienes, a su vez, estarán adecuadamente capacitados para enseñar a otros" (2 Timoteo 2:2). Un diccionario define el verbo capacitar como "hacer a uno apto, habilitarle para alguna cosa". Veamos cómo pueden preparar los ancianos a otros hombres cualificados.
Imiten el ejemplo de Jehová
Es indudable que Jesucristo era "apto" para llevar a cabo su labor, y no podía ser de otra manera, pues lo había preparado Jehová Dios mismo. ¿Qué factores contribuyeron a que ese programa de instrucción fuera tan eficaz? Jesús mencionó tres, que aparecen en Juan 5:20: "El Padre [1] le tiene cariño al Hijo y [2] le muestra todas las cosas que él mismo hace, y le mostrará [3] obras mayores que estas". Un examen de estos factores nos ayudará a comprender bien cómo capacitar a otros hermanos.
Observemos lo primero que dijo Jesús: "El Padre le tiene cariño al Hijo". Desde los inicios de la creación, Jehová y su Hijo mantuvieron una cálida relación. Proverbios 8:30 arroja luz sobre ella: "Entonces [yo, Jesús,] llegué a estar [al] lado [de Jehová Dios] como un obrero maestro, y llegué a ser [aquel] con quien él estuvo especialmente encariñado día a día, y estuve alegre delante de él todo el tiempo". Jesús no abrigaba ninguna duda de que Jehová estaba "especialmente encariñado" con él ni escondía la alegría que experimentaba al trabajar al lado de su Padre. Es muy conveniente que exista una relación cálida y sincera entre los ancianos cristianos y aquellos a quienes capacitan.
El segundo factor que mencionó Jesús es que su Padre "le muestra todas las cosas que él mismo hace". Estas palabras confirman el comentario de Proverbios 8:30 de que Jesús 'llegó a estar al lado' de Jehová durante la creación del universo (Génesis 1:26). Los ancianos pueden imitar este magnífico ejemplo trabajando estrechamente con los siervos ministeriales y mostrándoles cómo ser competentes al desempeñar sus deberes. Ahora bien, ¿son los siervos ministeriales recién nombrados los únicos que necesitan capacitación progresiva? ¿Y los hermanos fieles que llevan muchos años procurando alcanzar un puesto de superintendente, pero aún no han sido nombrados? (1 Timoteo 3:1.) Los ancianos deben ofrecerles consejos específicos para que sepan en qué campos trabajar.
Pensemos, por ejemplo, en un siervo ministerial confiable, puntual, que atiende sus deberes a conciencia y que, además, es un buen maestro. Es posible que esté haciendo un magnífico trabajo en la congregación en muchos aspectos. No obstante, tal vez no se dé cuenta de que tiende a tratar con aspereza a sus hermanos cristianos. Los ancianos han de tener la "apacibilidad que pertenece a la sabiduría" (Santiago 3:13). ¿No sería una muestra de consideración de parte de un anciano que se dirigiera a dicho hermano, le expusiera claramente cuál es su defecto y le diera ejemplos específicos y recomendaciones prácticas para mejorar? Si el anciano 'sazona bien su consejo con sal', es probable que el siervo ministerial acepte sus comentarios (Colosenses 4:6). Desde luego, este hará mucho más agradable la labor del anciano si está dispuesto a aceptar el consejo que se le dé (Salmo 141:5).
En algunas congregaciones, los ancianos dan preparación práctica continua a los siervos ministeriales. Por ejemplo, a los que reúnen las condiciones los llevan a visitar a los hermanos enfermos y de edad avanzada. De esta manera, los siervos ministeriales adquieren experiencia en el pastoreo. Huelga decir que ellos mismos pueden hacer mucho para progresar más en sentido espiritual (véase el recuadro que aparece más abajo, titulado "Qué pueden hacer los siervos ministeriales").
El tercer factor que hizo tan eficaz la capacitación que recibió Jesús fue que Jehová lo preparó pensando en el progreso futuro. Cristo dijo que el Padre le mostraría al Hijo "obras mayores que estas". La experiencia que adquirió cuando estuvo en la Tierra le permitió cultivar cualidades que necesitaría para desempeñar asignaciones futuras (Hebreos 4:15; 5:8, 9). Por ejemplo, pronto recibirá una importante misión: resucitar y juzgar a miles de millones de personas muertas (Juan 5:21, 22).
Al capacitar a los siervos ministeriales, los ancianos deben tener presentes las necesidades futuras. Aunque tal vez parezca que hay ancianos y siervos ministeriales suficientes para atender las necesidades del presente, ¿qué ocurrirá si se forma una nueva congregación? ¿Y si se forman varias? Durante los pasados tres años, hubo más de seis mil nuevas congregaciones en todo el mundo. No hay duda de que hace falta gran cantidad de ancianos y siervos ministeriales para cuidar de todas ellas.
Ancianos, ¿imitan el ejemplo de Jehová y forjan una afectuosa relación personal con los hombres a los que preparan? ¿Les indican cómo llevar a cabo su labor? ¿Piensan en las necesidades futuras? Imitar el método de preparación que siguió Jehová con Jesús traerá copiosas bendiciones a muchas personas.
No teman delegar tareas
Es posible que a los ancianos capaces que están acostumbrados a compaginar diversas obligaciones de peso les cueste delegar autoridad en otros. Quizá intentaron hacerlo en el pasado con resultados poco satisfactorios, por lo que han adoptado la actitud de que "si se quiere que las cosas se hagan bien, tiene que hacerlas uno mismo". Ahora bien, ¿armoniza esta actitud con la voluntad de Jehová, expresada en las Escrituras, de que los hombres con más experiencia deben capacitar a los que tienen menos? (2 Timoteo 2:2.)
El apóstol Pablo se sintió decepcionado cuando uno de sus compañeros de viaje, Juan Marcos, abandonó su asignación en Panfilia y regresó a su casa (Hechos 15:38, 39). Pero no permitió que este contratiempo lo desanimara de preparar a otros cristianos, sino que escogió a otro hermano joven, Timoteo, y lo formó en la obra misional (Hechos 16:1-3). Cuando los misioneros se toparon en Berea con una oposición tan violenta que resultaba poco práctico que Pablo se quedara allí, él dejó la nueva congregación a cargo de Silas, un hermano maduro de cierta edad, y de Timoteo (Hechos 17:13-15). Seguramente este aprendió mucho de Silas. Más adelante, cuando Timoteo estaba preparado para asumir mayores responsabilidades, Pablo lo envió a Tesalónica a animar a la congregación de la ciudad (1 Tesalonicenses 3:1-3).
La relación entre Pablo y Timoteo no fue formal, fría o impersonal, sino afectuosa. En su carta a la congregación de Corinto, el apóstol escribió que Timoteo, a quien pensaba enviar allí, era su "hijo amado y fiel en el Señor", y añadió: "Él les recordará mis métodos relacionados con Cristo Jesús" (1 Corintios 4:17). Timoteo respondió a la preparación que recibió de Pablo y llegó a estar capacitado para desempeñar sus asignaciones. Muchos jóvenes se han convertido en siervos ministeriales, ancianos e incluso superintendentes viajantes capaces, gracias a que se beneficiaron de la preparación recibida de ancianos que se interesaron de verdad en ellos, como Pablo hizo con Timoteo.
Ancianos, capaciten a otros hermanos
Indudablemente, la profecía de Isaías 60:22 se está cumpliendo en la actualidad, cuando Jehová está haciendo del "chico una nación poderosa". Esta nación tiene que estar bien organizada para seguir siendo "poderosa". Ancianos, ¿por qué no piensan en maneras de dar más preparación a los hombres dedicados que reúnen los requisitos para recibirla? Asegúrense de que todos los siervos ministeriales saben bien en qué deben mejorar para progresar. Y ustedes, hermanos bautizados, saquen el máximo partido a la atención personal que se les brinde. Aprovechen las oportunidades de mejorar sus aptitudes y aumentar su conocimiento y experiencia. Es seguro que Jehová bendecirá ese programa de ayuda amorosa (Isaías 61:5).
Ancianos: ¡Deleguen responsabilidades!
ERA un hombre paciente, humilde, con un agudo sentido de la justicia que había sido templado por sus experiencias en la vida. Por consiguiente, más de 3.000.000 de hombres, mujeres y niños acudían a él con confianza en busca de dirección. Este hombre procuraba no defraudarlos. Desde la mañana hasta la tarde escuchaba sus problemas y los ayudaba pacientemente a ver cómo aplicaban las leyes de Dios en su caso. Sí, hace unos 3.500 años, un solo hombre, Moisés, juzgó sin ayuda a las 12 tribus de Israel durante un tiempo.
Sin embargo, Jetró, el suegro de Moisés, estaba preocupado. ¿Cómo podría Moisés seguir asumiendo tal responsabilidad? Por lo tanto, Jetró le dijo: "La manera como lo estás haciendo no es buena. De seguro te agotarás, tanto tú como este pueblo que está contigo, porque este negocio es una carga demasiado grande para ti. No puedes hacerlo tú solo". (Éxodo 18:17, 18.) ¿Cuál era la solución? Jetró aconsejó a Moisés que delegara en otros algunas de sus responsabilidades. (Éxodo 18:19-23.) ¡Excelente consejo!
Hoy en día, en la congregación cristiana hay muchos ancianos que, como Moisés, intentan atender por sí mismos más de lo que sus circunstancias les permiten. Organizan las reuniones y preparan las partes del programa para después presentarlas de una manera ordenada y eficaz. (1 Corintios 14:26, 33, 40; 1 Timoteo 4:13.)  Los ancianos también cuidan de las necesidades de los miembros de la congregación. (Gálatas 6:1; 1 Tesalonicenses 5:14; Santiago 5:14.) Toman la delantera en la importantísima obra de predicar las buenas nuevas del Reino. (Mateo 24:14; Hebreos 13:7.) Asimismo se encargan de que haya literatura disponible en la congregación para distribuirse al público.
Además, a algunos ancianos se les asignan partes en los programas de las asambleas de circuito y de distrito. Trabajan en la organización de asambleas y sirven en los comités de enlace con los hospitales. Algunos ayudan en la construcción de Salones del Reino. Y todo esto aparte de sus responsabilidades de familia y su necesidad de alimentarse a sí mismos espiritualmente. (Compárese con Josué 1:8; Salmo 110:3; 1 Timoteo 3:4, 5; 4:15, 16.) ¿Cómo pueden estos hombres cristianos encargarse de todo? Al igual que Moisés, deben conseguir ayuda. Tienen que aprender a delegar responsabilidades. A decir verdad, la persona que no delega responsabilidades es mala organizadora.
La ventaja de preparar a otros
Hay otras razones por las cuales delegar responsabilidad. En la ilustración de Jesús sobre los talentos, el amo mandó llamar a sus esclavos antes de emprender un largo viaje y les delegó diversos grados de responsabilidad. (Mateo 25:14, 15.) De este modo el amo pudo lograr varios objetivos. Primero, durante su ausencia, sus esclavos actuaron en representación suya, y el trabajo necesario no se detuvo durante ese tiempo. Segundo, puesto que las acciones hablan más que las palabras, el amo pudo observar las aptitudes y la lealtad de sus esclavos. Tercero, el amo dio a sus esclavos la oportunidad de adquirir la experiencia que tanto necesitaban.
Esta ilustración tiene significado para nosotros hoy. Cuando Jesús dejó la Tierra, asignó responsabilidades a sus discípulos ungidos. Los restantes de esos discípulos siguen siendo responsables de los intereses del Reino a nivel mundial. (Lucas 12:42.) La bendición de Jehová sobre su organización ha sido patente durante la mayordomía actual de los ungidos, y ha resultado en un aumento maravilloso. ¡Tan solo en los últimos cinco años más de un millón de nuevos discípulos han simbolizado su dedicación mediante el bautismo en agua! Como resultado se han formado miles de congregaciones nuevas y cientos de nuevos circuitos.
Tal como Jesucristo delegó responsabilidades en el "esclavo fiel y discreto", este, a su vez, ha asignado responsabilidades de congregación a los ancianos y siervos ministeriales de las "otras ovejas". (Mateo 24:45-47; Juan 10:16.) No obstante, se necesitan muchos hombres dedicados para encargarse del formidable aumento. ¿De dónde saldrán? Los ancianos tienen que prepararlos. Pero ¿cómo pueden los ancianos preparar a tales hombres si no delegan las debidas responsabilidades en quienes bien podrían atenderlas? ¿De qué otro modo podrán los ancianos observar las aptitudes y la lealtad de los hombres de menos edad?
¿Qué quiere decir delegar responsabilidades?
Para algunos, "delegar" significa librarse de sus responsabilidades, evadirlas, descuidarlas o renunciar a ellas. Sin embargo, visto apropiadamente, el "delegar" responsabilidades es un modo de cumplir con ellas. El verbo español "delegar" se define como: "Confiar una persona a otra la jurisdicción o potestad que tiene, o conferirle su representación". Sin embargo, el que delega sigue siendo en última instancia el responsable de lo que se haga.
Puede que algunos se retraigan de delegar responsabilidades porque temen perder el control de la situación. Pero el delegar no implica perder el mando. Cristo Jesús, aunque rige desde los cielos de manera invisible, tiene pleno control sobre la congregación. Él, a su vez, confía la congregación al cuidado de hombres con experiencia. (Efesios 5:23-27; Colosenses 1:13.)
Otros tal vez prefieran no delegar responsabilidades porque creen que ellos mismos pueden hacer el trabajo con más rapidez. Sin embargo, Jesús reconoció la ventaja de preparar a otros. Ningún humano podía enseñar con más eficacia que él. (Juan 7:46.) No obstante, dio instrucciones a 70 de sus discípulos y luego los envió a predicar. Aunque no podían compararse a Jesús en su habilidad para enseñar, regresaron llenos de gozo por sus logros. Jesús se regocijó con ellos y los encomió, pues sabía que seguirían efectuando la obra después que él partiera, y que con el tiempo conseguirían más que lo que él pudo hacer trabajando solo. (Lucas 10:1-24; Juan 14:12.)
Delegar también significa conseguir ayuda para atender los detalles necesarios. Un día antes de morir, Jesús asignó a Pedro y a Juan a hacer los preparativos necesarios para su última cena de la pascua. (Lucas 22:7-13.) Jesús no tuvo que preocuparse por cosas como comprar un cordero, vino, pan ácimo y verduras amargas; tampoco tuvo que preparar los utensilios, la leña para la hoguera, ni cosas como estas. Pedro y Juan se encargaron de esos detalles.
Los ancianos hoy día pueden disfrutar de beneficios similares si imitan el proceder de Jesús. Por ejemplo, pueden pedirle al encargado de la literatura que solicite suministros para una campaña cercana. Pueden enseñarle a examinar sus registros para determinar cuántos de esos artículos se usaron en campañas anteriores. Debería considerar también las características del territorio antes de llenar el formulario correspondiente. Luego debe presentar el formulario al secretario de la congregación para que lo revise. Una vez que el siervo de literatura ha aprendido su trabajo, no sería necesario que el secretario volviera a revisar los registros anteriores mientras los totales del pedido sean razonables. Sin duda, este simple acto de delegar responsabilidad haría más fácil y sencillo el pedido de literatura a todos los implicados.
En vista de los posibles beneficios, ¿cómo se puede delegar responsabilidades eficazmente?
Cómo delegar responsabilidades
Precisen el trabajo. Ante todo, dejen claro los resultados que se esperan. "Negocien hasta que venga", fue lo que dijo a sus 10 esclavos "el hombre de noble nacimiento" de la ilustración de Jesús sobre las minas. (Lucas 19:12, 13.) El amo esperaba que los esclavos comerciaran con su mina y después presentaran un informe de sus ganancias al tiempo de su regreso. Sabían lo que tenían que hacer. ¿Cómo pudiera aplicar este principio a un proyecto de construcción de un Salón del Reino en la actualidad? Por ejemplo, el hermano asignado a reparar el techo esperaría naturalmente que se le dijera qué materiales usar, dónde encontrarlos y cuándo (si el clima lo permite) empezar. Tales pautas específicas permiten una buena organización.
No solo importa definir la magnitud del trabajo, sino también las decisiones que una persona está autorizada a tomar y los asuntos que deberían remitirse a otros. Moisés dijo a los jueces que designó que juzgarían causas pequeñas, pero que las causas difíciles las habrían de llevar a él. (Éxodo 18:22.)
Cuando asignen responsabilidades tengan cuidado de no dar la misma tarea a dos personas. Hay confusión cuando se asignan los mismos deberes a más de una persona. Imagínense lo que sucedería si en una asamblea grande de los testigos de Jehová se diera la responsabilidad de limpiar los puestos de alimentos tanto al departamento de limpieza como al de servicio de alimentación, o se asignara tanto al departamento de bautismo como al de acomodadores a dirigir a los observadores durante el bautismo.
Seleccionen hombres capaces. Jetró aconsejó a Moisés: "Escoge de entre todo el pueblo hombres capaces, temerosos de Dios; hombres de confianza, enemigos del lucro ilícito, y colócalos sobre el pueblo". (Éxodo 18:21, Bover-Cantera.) Es evidente que un hombre debe tener primero las debidas cualidades espirituales. Para determinar si alguien es "capaz" de efectuar el trabajo necesario, deben considerarse factores tales como los rasgos de la personalidad, la experiencia, la preparación y los talentos. Así pues, un cristiano que tiene una sobresaliente disposición de ayudar, que es afable y agradable pudiera trabajar bien en el departamento de revistas o como acomodador. Del mismo modo, al escoger a alguien para ayudar al secretario de la congregación, se consideraría lógicamente si es ordenado. ¿Cuida de los detalles, es confiable y puede guardar lo confidencial? (Lucas 16:10.) Al buscar al hombre idóneo para el trabajo es importante considerar tales factores además de las cualidades espirituales indispensables.
Provean los recursos necesarios. La persona que rinde el servicio necesitará tener a su disposición algunos recursos a fin de terminar la tarea asignada. Es probable que necesite equipo, fondos o ayuda. Suministren suficientes recursos. Por ejemplo, pudiera ser que se pida a un hermano que haga algunas reparaciones al Salón del Reino. Es obvio que se le diría lo que hay que hacer, pero también necesitará dinero en efectivo para comprar los materiales que vaya necesitando. Probablemente requiera ayuda. De modo que los ancianos pudieran pedir a otros que le ayuden, o pudieran hacer un anuncio a la congregación que diga que 'el hermano Fulano hará tal y tal trabajo en el salón y quizás pida a algunos de ustedes que le ayuden'. Tal previsión evitará que uno asigne trabajos sin proveer los recursos necesarios. Como lo expresó el asesor de una junta administrativa: "No asignen a medias".
Cuando asignen responsabilidades informen a los demás que la persona actuará en lugar de ustedes. La autoridad para actuar por ustedes es también un recurso. A Josué se le comisionó como el nuevo caudillo de Israel delante de "toda la asamblea". A Moisés se le mandó "poner parte de [su] dignidad sobre él". (Números 27:18-23.) En la congregación esto se puede lograr sencillamente por medio de poner en el tablero de información una lista de los que tienen asignaciones.
Apoyen las decisiones de ellos. Ahora el asignado puede poner manos a la obra. Pero recuerden que ustedes pueden ser una verdadera fuente de estímulo si apoyan las buenas decisiones que él haga. Por ejemplo, quizás como anciano usted tenga alguna preferencia en cuanto a cómo deben colocarse los micrófonos o el mobiliario de la plataforma del Salón del Reino, tal vez algo diferente de lo que ha hecho el hermano asignado. Sin embargo, si se da margen de libertad al hermano encargado de la plataforma, adquirirá confianza y experiencia. Es más, hasta pudiera mejorar las cosas. Un asesor de negocios dijo: "Deleguen la tarea y no cómo debe hacerse. [...] Con frecuencia se libera el ingenio creativo".
Además, a menudo el hermano que desempeña personalmente la tarea está más familiarizado con la situación y por ello puede comprender mejor los problemas relacionados. Por esa razón los afrontará con soluciones verdaderamente útiles. También puede ser que concurran factores que no son tan obvios para los observadores. De ahí que un superintendente cristiano haya dicho respecto a un auxiliar con experiencia: "Si él dice que se está topando con problemas, tengo que confiar en lo que dice".
Sí, un recurso valiosísimo al alcance de los ancianos cristianos son los hombres y las mujeres dedicados que son capaces y están deseosos de ayudar de cualquier modo que se les indique. Ancianos, ¡aprovéchense de este excelente haber! El delegar responsabilidades es una muestra de modestia y puede reducir a un mínimo el estrés y la frustración. De este modo, no solo podrán hacer más, sino que darán a otros la oportunidad de conseguir la experiencia necesaria.
Luche por salvar su matrimonio
"A los casados doy instrucciones [...], no yo,sino el Señor." (1 COR. 7:10)
¿PODRÍA EXPLICARLO?
¿En qué sentido une Dios a los cónyuges bajo un yugo?
¿Cómo pueden los ancianos ayudar a los cristianos que atraviesan problemas en su matrimonio?
¿Cómo deberíamos ver el matrimonio?
CUANDO un cristiano se casa, hace un voto ante Dios, de modo que contrae una responsabilidad que no debe tomar a la ligera (Ecl. 5:4-6). Jehová "ha unido bajo un yugo" a quienes se unen en matrimonio, pues fue él quien dio origen a la institución marital (Mar. 10:9). Ese yugo existe a la vista de Dios sin importar lo que digan las leyes seglares que regulen el matrimonio. Y los cristianos deben verlo como él lo ve, sea que se hayan casado antes o después de conocer a Jehová.
2 El matrimonio puede ser fuente de gran felicidad. Pero ¿qué se puede hacer cuando peligra la unión marital? ¿Pueden fortalecerse los lazos conyugales que se han debilitado? ¿Qué ayuda hay para aquellos que ven amenazado su matrimonio?
¿SERÁ UNA FUENTE DE GOZO, O DE DOLOR?
3 Cuando un matrimonio cristiano tiene éxito, produce mucho gozo y le trae honra a Jehová. Pero cuando fracasa, como mínimo produce mucha tristeza. El cristiano que está pensando en casarse tiene la oportunidad de dar a su enlace un buen comienzo siguiendo la guía de Dios. Por otra parte, una decisión imprudente a la hora de elegir un cónyuge puede provocarle dolor e insatisfacción. Por ejemplo, algunos jóvenes comienzan a salir con alguien cuando aún no están preparados para afrontar las obligaciones maritales. Hay quienes encuentran un candidato en Internet y se lanzan apresuradamente a lo que después resulta ser un matrimonio muy desdichado. Y otros cometen un pecado grave durante el noviazgo y luego se casan, pero quizás den inicio a su vida de casados sin sentir mucho respeto el uno por el otro.
4 Algunos cristianos desobedecen el mandato de casarse "solo en el Señor" y sufren las consecuencias de vivir en un hogar dividido en sentido religioso (1 Cor. 7:39). Si ese es su caso, pida el perdón y la ayuda de Dios. Él no libra de los efectos de errores pasados, pero sí que da fuerzas a los arrepentidos para que sobrelleven las dificultades (Sal. 130:1-4). Esfuércese de corazón por complacerlo ahora y siempre, y "el gozo de Jehová [será] su plaza fuerte" (Neh. 8:10).
CUANDO LOS LAZOS MARITALES AMENAZAN CON ROMPERSE
5 Quienes son desdichados con su cónyuge tal vez se pregunten: "¿De veras vale la pena salvar este matrimonio tan infeliz? ¡Si pudiera volver atrás en el tiempo y casarme con otra persona!". Quizá sueñen con romper los lazos maritales y se digan: "¡Así sería libre de nuevo! ¿Por qué no me divorcio? Aunque no haya base bíblica, ¿por qué no me separo y vuelvo a disfrutar de la vida?". En vez de fantasear o de pensar en lo que podría haber sido, los cristianos deben buscar la guía de Dios y esforzarse al máximo por seguirla dentro de sus circunstancias actuales.
6 Si un cristiano se divorcia, eso no implica de forma automática que esté bíblicamente libre para casarse de nuevo. Jesús dijo: "Cualquiera que se divorcie de su esposa, a no ser por motivo de fornicación, y se case con otra, comete adulterio" (Mat. 19:9). Aquí, el término fornicación incluye el adulterio y otros pecados sexuales graves. Por lo tanto, si un cristiano empieza a pensar en divorciarse sin que ninguno de los cónyuges sea culpable de inmoralidad sexual, es vital que busque la ayuda y la guía de Dios.
7 Un matrimonio que fracasa pone en entredicho el estado espiritual de los cónyuges. El apóstol Pablo planteó esta seria pregunta: "Si de veras no sabe algún hombre presidir su propia casa, ¿cómo cuidará de la congregación de Dios?" (1 Tim. 3:5). Cuando ambos afirman ser cristianos y aun así su matrimonio falla, quienes observen la situación pueden pensar que en realidad predican una cosa y hacen otra (Rom. 2:21-24).
8 Si dos cristianos bautizados están planeando separarse o divorciarse sin base bíblica, es evidente que algo anda mal en su vida espiritual. Puede ser que uno o quizás ambos cónyuges no estén aplicando los principios bíblicos. Si verdaderamente confiaran en Jehová "con todo [su] corazón", tendrían que ser capaces de salvar su matrimonio (léase Proverbios 3:5, 6).
9 Muchos matrimonios que parecían condenados al fracaso han podido solucionar sus problemas. A menudo, los cristianos que no se apresuran a separarse de su cónyuge ven recompensados sus esfuerzos. Eso puede suceder en un hogar dividido en sentido religioso. El apóstol Pedro escribió: "Ustedes, esposas, estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas, por haber sido ellos testigos oculares de su conducta casta junto con profundo respeto" (1 Ped. 3:1, 2). En efecto, por la conducta excelente de su cónyuge, el no creyente puede abrazar la fe verdadera. Un matrimonio que supera sus problemas y sigue adelante le trae honra a Dios y puede ser una fuente de gran felicidad para el esposo, la esposa y los hijos que pueda haber.
10 Por su deseo de agradar a Jehová, la mayoría de los cristianos solteros eligen cónyuge entre sus hermanos bautizados. Pero incluso así, la situación puede dar un giro inesperado. En raras ocasiones, un cónyuge pudiera desarrollar graves problemas psicológicos. O tal vez uno de los dos deje de predicar por completo. Por ejemplo, Linda, una celosa cristiana y madre, contempló impotente cómo su esposo se alejó de la verdad y tuvo que ser expulsado. ¿Qué debería hacer un cristiano si pareciera que sus lazos conyugales van a romperse sin remedio por tal razón?
11 Usted pudiera preguntarse: "¿Debo seguir intentando salvar mi matrimonio pase lo que pase?". Nadie puede ni debe tomar esa decisión por usted. Sin embargo, aunque los lazos maritales se estén debilitando, hay buenas razones para no tirar la toalla. Jehová valora muchísimo a quienes por causa de su conciencia soportan vientos de tempestad en su matrimonio (léase 1 Pedro 2:19, 20). Mediante su Palabra y su espíritu, ayuda al cristiano que se esfuerza de corazón por fortalecer un vínculo conyugal debilitado.
ESTÁN DISPUESTOS A AYUDAR
12 Si usted afronta problemas en su matrimonio, no vacile en buscar la asistencia espiritual de cristianos maduros. Los ancianos son pastores del rebaño y gustosamente le mostrarán los consejos inspirados de las Escrituras (Hech. 20:28; Sant. 5:14, 15). No piense que ellos dejarán de respetarlos a usted y a su cónyuge por pedirles ayuda y hablar de un problema conyugal grave. El amor e interés que sienten por ustedes crecerá al ver su deseo sincero de complacer a Dios.
13 Cuando un cristiano cuyo cónyuge no es creyente les pide ayuda, los ancianos dirigen su atención a consejos como este que escribió el apóstol Pablo: "A los casados doy instrucciones —sin embargo, no yo, sino el Señor— de que la esposa no debe irse de su esposo; pero si de hecho se fuera, que permanezca sin casarse, o, si no, que se reconcilie con su esposo; y el esposo no debe dejar a su esposa [...]. Pues, esposa, ¿cómo sabes que no salvarás a tu esposo? O, esposo, ¿cómo sabes que no salvarás a tu esposa?" (1 Cor. 7:10-16). ¡Qué bendición es que un cónyuge no creyente acepte la adoración pura!
14 En algunas circunstancias, una cristiana podría decidir "irse de su esposo". Por ejemplo, hay quien se ha separado porque él la sometía a un maltrato físico extremo, porque ponía en grave peligro su espiritualidad o porque se negaba deliberadamente a mantener a la familia.
15 La decisión de separarse o no es una cuestión personal. Sin embargo, el cónyuge bautizado debe analizar el asunto con oración y sinceridad. Por ejemplo, si el motivo es la grave amenaza a la espiritualidad, ¿es el no creyente el único responsable, o ha desatendido el creyente su estudio de la Biblia, su asistencia a las reuniones y su participación en el ministerio?
16 La alta estima en que tenemos nuestra relación con Dios y la gratitud por el don divino del matrimonio debería impedirnos tomar decisiones precipitadas respecto al divorcio. A los siervos de Jehová nos preocupa la santificación de su santo nombre. Por consiguiente, nunca romperíamos los lazos conyugales porque estemos tramando casarnos con otra persona (Jer. 17:9; Mal. 2:13-16).
17 El cristiano casado con un no creyente debe luchar por mantener intacto su vínculo marital. No obstante, no tiene por qué sentirse culpable si, a pesar de sus esfuerzos sinceros, el no creyente decide separarse. "Si el incrédulo procede a irse, que se vaya —escribió Pablo—; el hermano o la hermana no está en servidumbre en tales circunstancias; antes bien, Dios los ha llamado a ustedes a la paz." (1 Cor. 7:15.)
CONFÍE EN JEHOVÁ
18 Al tratar cualquier problema conyugal, pídale valor a Jehová y siempre confíe en él (léase Salmo 27:14). El matrimonio de Linda, mencionada anteriormente, acabó en divorcio a pesar de que ella se esforzó durante muchos años por salvarlo. ¿Fue una pérdida de tiempo? "Claro que no —responde Linda—. Quienes veían la situación recibieron un buen testimonio. Mi conciencia está tranquila. Y lo mejor de todo es que esos años ayudaron a nuestra hija a mantenerse firme en la verdad, bautizarse y convertirse en una fiel testigo de Jehová."
19 Otra cristiana llamada Marilyn se alegra de haber confiado en Dios y haberse esforzado al máximo por salvar su matrimonio. Ella comenta: "Sentí la tentación de separarme de mi esposo porque no mantenía a la familia y ponía en peligro mi espiritualidad. Él había sido anciano de congregación antes de entrar en algunos negocios imprudentes. Empezó a perderse reuniones, y simplemente dejamos de conversar. Un ataque terrorista que se produjo en nuestra ciudad me asustó tanto que me aislé de los demás. Entonces comprendí que yo tenía parte de la culpa de mis problemas matrimoniales. Volvimos a comunicarnos, reanudamos nuestro estudio de familia y empezamos a asistir regularmente a las reuniones. Los ancianos fueron muy bondadosos y nos ayudaron mucho. Como resultado, nuestro matrimonio volvió a florecer y, con el tiempo, mi esposo recuperó sus responsabilidades en la congregación. Fue una dura lección, pero con un final feliz".
20 Estemos solteros o casados, demostremos en todo momento valor y confianza en Jehová. Si atravesamos dificultades conyugales, procuremos sinceramente resolverlas, recordando que quienes están unidos en matrimonio "ya no son dos, sino una sola carne" (Mat. 19:6). Y tengamos presente que si nos mantenemos fieles a Jehová en un hogar dividido, tal vez veamos con alegría cómo nuestro cónyuge abraza la adoración verdadera.
21 Prescindiendo de nuestras circunstancias, resolvámonos a actuar sabiamente para que los no Testigos que nos estén observando tengan razones para alabar nuestra conducta. Y si nuestros lazos conyugales se ven amenazados, oremos con intensidad, examinemos con honradez nuestros motivos, meditemos en los consejos bíblicos y busquemos la ayuda espiritual de los ancianos. Por encima de todo, resolvámonos a agradar a Jehová y demostrar verdadero aprecio por su maravilloso don del matrimonio.
[Notas]
Se han cambiado los nombres.
Véase el libro "Manténganse en el amor de Dios", páginas 219 a 221, así como La Atalaya del 1 de noviembre de 1988, páginas 26 y 27, y la del 1 de febrero de 1976, página 95.
¿Está usted capacitado para servir?
"El estar nosotros adecuadamente capacitados proviene de Dios." (2 CORINTIOS 3:5.)
JEHOVÁ DIOS y Jesucristo son trabajadores. Jesús dijo: "Mi Padre ha seguido trabajando hasta ahora, y yo sigo trabajando". (Juan 5:17.) Dios no aprueba a personas que rehúsan trabajar; tampoco aprueba a las que quieren responsabilidad para conseguir poder sobre otros. En la congregación cristiana no hay lugar para holgazanes ni para ambiciosos egoístas. (Mateo 20:25-27; 2 Tesalonicenses 3:10.)
2 Los testigos de Jehová tienen "mucho que hacer en la obra del Señor", especialmente ahora cuando tantas personas afluyen a "la montaña" de la adoración verdadera. (1 Corintios 15:58; Isaías 2:2-4.) Hay gran necesidad de hombres espiritualmente capacitados que asuman responsabilidad en la congregación. Esos hombres ensalzan a Jehová y no se ensalzan a sí mismos, pues no los impulsa la ambición egoísta. (Proverbios 8:13.) Saben que Dios les ayuda a capacitarse para sus deberes en la congregación, tal como 'capacita adecuadamente a los ministros del nuevo pacto'. (2 Corintios 3:4-6.)
3 Como sucedía entre los cristianos primitivos, hoy hay hombres nombrados por espíritu santo y mediante el arreglo de organización de Jehová para servir como ancianos y siervos ministeriales. (Hechos 20:28; Filipenses 1:1; Tito 1:5.) Los ancianos pastorean espiritualmente al rebaño de Dios y suministran supervisión protectora. Tienen la ayuda de los siervos ministeriales, cuyos deberes no envuelven directamente la superintendencia espiritual. (1 Pedro 5:2; compárese con Hechos 6:1-6.) Al igual que el Hijo de Dios, quien vino para ministrar, estos hombres nombrados desean servir a sus compañeros de creencia. (Marcos 10:45.) Si usted es un hombre cristiano, ¿tiene ese espíritu?
Requisitos en común
4 Particularmente en 1 Timoteo 3:1-10, 12, 13 y Tito 1:5-9 el apóstol Pablo expone los requisitos que deben satisfacer los hombres a quienes se encomienda responsabilidad en la congregación. Al considerar estos requisitos, algunos de los cuales aplican tanto a ancianos como a siervos ministeriales, no debemos considerarlos según normas mundanas. Más bien, debemos verlos en su marco del primer siglo y como normas que pueden aplicarse en el pueblo de Jehová. No exige perfección cumplir con estos requisitos, porque entonces ningún humano los satisfaría. (1 Juan 1:8.) Pero si usted es hombre cristiano, sea que tenga ahora deberes en la congregación o no, ¿por qué no se examina para ver si satisface estos requisitos?
5 Irreprensible; que tenga excelente testimonio de los de afuera; libre de acusación. (1 Timoteo 3:2, 7, 8, 10; Tito 1:6, 7.) Al tiempo de ser nombrados y mientras sirven en esa capacidad los siervos ministeriales y los ancianos deben ser irreprensibles, es decir, estar libres de culpa y de que se les tenga que censurar por una acusación justificada de conducta o enseñanza incorrecta. Las acusaciones falsas hechas por "falsos hermanos" u otros no hacen que un hombre sea reprensible. Para descalificar a un hombre de servir en la congregación el cargo que se levante contra él no debe ser de poco peso, y tiene que ser probado según las normas bíblicas. (2 Corintios 11:26; 1 Timoteo 5:19.) El que reciba un nombramiento en la congregación "debe también tener excelente testimonio de los de afuera, para que no caiga en vituperio y en un lazo del Diablo". Si un hombre ha cometido algún pecado grave en el pasado, solo puede ser nombrado si por la vida que ha llevado ha borrado cualquier vituperio y se ha hecho un buen nombre para sí mismo.
6 Esposo de una sola mujer. (1 Timoteo 3:2, 12; Tito 1:6.) Esto no significa que solo hombres casados pueden ser siervos ministeriales y ancianos. Sin embargo, si el hombre es casado, solo debe tener una esposa viviente, y debe ser fiel a ella. (Hebreos 13:4.) A diferencia de lo que se veía entre muchos hombres no cristianos del primer siglo, no puede ser polígamo.
7 Que presida su propia casa excelentemente, con hijos en sujeción. (1 Timoteo 3:4, 5, 12; Tito 1:6.) Puede que a algunos les parezca que los ancianos deben tener por lo menos 30 años de edad, pero la Biblia no fija ninguna edad mínima. Sin embargo, la persona debe actuar como hombre mayor en sentido espiritual. Los siervos ministeriales y los ancianos deben ser hombres con suficiente edad como para ser padres. El hombre casado que se comporta de manera piadosa en otros lugares pero es un tirano en el hogar no está capacitado para servir. Tiene que haberse ganado el respeto por presidir su propia casa según los principios bíblicos, y su objetivo debe ser tener éxito al tratar con cada miembro de la familia en lo referente a lo espiritual. Como regla general, los hijos menores del anciano que es padre deben comportarse bien y ser "creyentes". Van progresando hacia dedicarse a Dios o ya son testigos bautizados de Jehová. Es poco probable que un hombre que no pueda infundir fe en el corazón de sus hijos pueda hacerlo en el de otros.
8 Antes de que un hombre de familia pueda ser anciano con aptitud para proveer superintendencia espiritual en una congregación, tiene que aprender a dirigir su propia casa. 'Si algún hombre no sabe presidir su propia casa, ¿cómo cuidará de la congregación de Dios?' (1 Timoteo 3:5.) Es cierto que un hombre pudiera recibir oposición de una esposa incrédula. (Mateo 10:36; Lucas 12:52.) O puede que uno de sus hijos cometa un pecado grave, aunque los demás estén progresando en sentido espiritual. Sin embargo, si el hombre ha hecho todo lo que pudiera esperarse, y especialmente si ha tenido éxito en cuanto a lo espiritual con relación a otros miembros de su casa, el que un miembro de la familia rechazara su buena dirección no lo descalificaría necesariamente de ser siervo ministerial o anciano.
9 No un borracho pendenciero ni dado a mucho vino. (1 Timoteo 3:3, 8; Tito 1:7.) El que es siervo ministerial o anciano no debe abusar de las bebidas alcohólicas. La adicción a estas puede llevarlo a perder el dominio de los pensamientos y las emociones, lo cual llevaría a las pendencias o peleas del borracho. No debe ser 'dado a mucho vino' ni tener la reputación de ser un bebedor empedernido ni uno que beba en exceso. (Proverbios 23:20, 21, 29-35.) ¡Qué trágico sería que una visita de pastoreo fuera estropeada por la intemperancia! Si algún hermano usa bebidas alcohólicas, no debería hacerlo mientras participa en las reuniones, en el ministerio ni en ninguna otra forma de servicio sagrado. (Levítico 10:8-11; Ezequiel 44:21.)
10 No amador del dinero ni ávido de ganancia falta de honradez. (1 Timoteo 3:3, 8; Tito 1:7.) Los amadores del dinero están en peligro espiritual, y las "personas dominadas por la avidez" no heredarán el Reino de Dios. Por eso, tales hombres no satisfacen los requisitos para ser ancianos ni siervos ministeriales. (1 Corintios 6:9, 10; 1 Timoteo 6:9, 10.) La palabra griega que se vierte "falta de honradez" significa básicamente "deshonroso", y el término traducido "ganancia" se refiere a cualquier clase de beneficio o ventaja. (Filipenses 1:21; 3:4-8.) Desde luego, el hombre cuya disposición indica que trataría a las "ovejas" de Dios con falta de honradez no está capacitado para asumir responsabilidad en la congregación. (Ezequiel 34:7-10; Hechos 20:33-35; Judas 16.) La necesidad de ejercer cautela al recomendar a alguien aumenta cuando nos damos cuenta de que un hombre ya nombrado a quien se hubieran confiado fondos pudiera sentirse tentado a sustraer parte del dinero. (Juan 12:4-6.)
11 No un hombre recién convertido; probado en cuanto a aptitud. (1 Timoteo 3:6, 10.) La persona recién bautizada no ha tenido tiempo para dar prueba de que puede atender fielmente los deberes que se le asignen. Puede que no se conduela de los afligidos ni tenga la sabiduría necesaria para ayudar a sus compañeros de adoración, y quizás hasta vea con desprecio a otros. Por eso, antes de que un hombre sea recomendado para siervo ministerial, y especialmente para anciano, debe ser 'probado en cuanto a aptitud' y debe demostrar que ejerce buen juicio y que es confiable. No se da un tiempo fijo para esta prueba, y el paso del progreso espiritual de las personas varía. Pero los ancianos no deben apresurarse a recomendar a un hermano nuevo, "por temor de que se hinche de orgullo y caiga en el juicio pronunciado contra el Diablo". Que primero el hombre manifieste humildad como la de Cristo. (Filipenses 2:5-8.)
Lo que debe verse en los siervos ministeriales
12 Se estipulan algunos requisitos para los siervos ministeriales. No obstante, si los ancianos no satisficieran esos requisitos también, no estarían capacitados para servir. Como hombre cristiano, ¿satisface usted esos requisitos?
13 Serio. (1 Timoteo 3:8.) El hombre que está capacitado para servir como siervo ministerial no debe tomar sus responsabilidades a la ligera. Debe comportarse con dignidad que se gane el respeto de otros. Aunque el desplegar en ciertas ocasiones un sentido del buen humor es aceptable, no satisfaría los requisitos si constantemente manifestara frivolidad.
14 No de lengua doble; que tenga una conciencia limpia. (1 Timoteo 3:8, 9.) Los siervos ministeriales (y ancianos) tienen que ser veraces, no chismosos ni tortuosos. Puesto que no son de lengua doble, no deben manifestar hipocresía diciendo una cosa a cierta persona y precisamente lo contrario a otra. (Proverbios 3:32; Santiago 3:17.) Estos hombres también tienen que apoyar fielmente la verdad revelada, "manteniendo el secreto sagrado de la fe con una conciencia limpia". Ante Dios, la conciencia de tal hombre debería dar testimonio de que es recto y no practica nada solapado ni contaminador. (Romanos 9:1; 2 Corintios 1:12; 4:2; 7:1.) Nadie satisface los requisitos para servir al rebaño de Dios a menos que se adhiera a la verdad y a los principios piadosos.
Enfoque de los requisitos para los ancianos
15 Hay ciertos requisitos que aplican particularmente a los ancianos, y en gran parte se relacionan con su obra de pastores y maestros. Como hombre cristiano, ¿satisface usted estos requisitos?
16 Moderado en los hábitos; que ejerza autodominio. (1 Timoteo 3:2; Tito 1:8.) El anciano tiene que ser templado y no estar esclavizado a malos hábitos. Cuando afronte pruebas, Dios le ayudará a mantener equilibrio si ora como lo hizo el salmista: "Las angustias de mi corazón se han multiplicado; de los apuros en que me hallo, oh, sácame". (Salmo 25:17.) El superintendente también debe orar por el espíritu de Dios y desplegar sus frutos, incluso el de autodominio. (Lucas 11:13; Gálatas 5:22, 23.) Si el anciano domina sus pensamientos, habla y acciones, podrá evitar extremos mientras da guía espiritual a la congregación.
17 De juicio sano. (1 Timoteo 3:2.) El anciano tiene que ser sensato, discreto y prudente. Su habla y acciones deben tener propósito y ser racionales. Su modo de pensar humilde y equilibrado se basa en la sabiduría piadosa y en las enseñanzas saludables de la Palabra de Jehová, de la cual debe ser estudiante diligente. (Romanos 12:3; Tito 2:1.)
18 Ordenado. (1 Timoteo 3:2.) La palabra griega que se emplea aquí se traduce "bien arreglado" en 1 Timoteo 2:9. De modo que el anciano debe tener un patrón de vida caracterizado por la decencia y el buen arreglo. Por ejemplo, debe ser puntual. Parece que los cristianos del primer siglo no recalcaron al extremo el asunto de llevar registros, y no es necesario que un superintendente hoy sea un contador u oficinista experto. Los siervos ministeriales podrían encargarse de lo que se requiera en estos asuntos. Pero el término griego para "ordenado" puede indicar buen comportamiento, y un hombre ciertamente no estaría capacitado para ser anciano si fuera ingobernable o desordenado. (1 Tesalonicenses 5:14; 2 Tesalonicenses 3:6-12; Tito 1:10.)
19 Hospitalario. (1 Timoteo 3:2; Tito 1:8.) El anciano 'sigue la senda de la hospitalidad'. (Romanos 12:13; Hebreos 13:2.) La palabra griega para "hospitalario" significa literalmente "encariñado con extraños". Por eso el anciano hospitalario da la bienvenida a los nuevos que asisten a las reuniones cristianas y muestra el mismo interés tanto por los pobres como por los que disfrutan de prosperidad material. Es hospitalario con los que rinden servicio como ministros viajantes para el adelanto del cristianismo, y pone a estas personas en camino "de una manera digna de Dios". (3 Juan 5-8.) Sí, el anciano muestra hospitalidad especialmente a sus compañeros de creencia según las necesidades que tengan y al grado que se lo permitan sus circunstancias. (Santiago 2:14-17.)
20 Capacitado para enseñar. (1 Timoteo 3:2.) Lo apto del anciano como maestro espiritual no proviene de habilidad mental ni sabiduría mundana. (1 Corintios 2:1-5, 13.) Es el resultado de que se "adhiera firmemente a la fiel palabra en lo que toca a su arte [o manera] de enseñar, para que pueda exhortar por la enseñanza que es saludable y también censurar a los que contradicen". (Tito 1:9; compárese con Hechos 20:18-21, 26, 27.) Debe poder 'instruir con apacibilidad a los que no están favorablemente dispuestos'. (2 Timoteo 2:23-26.) Aunque un anciano no sea el mejor orador público de la congregación, debe ser tan buen estudiante de la Palabra de Dios que sea lo suficientemente hábil como para instruir y aconsejar a los creyentes, que también estudian la Biblia. (2 Corintios 11:6.) Tiene que estar capacitado para impartir "enseñanza saludable" que ayude a familias e individuos a llevar una vida piadosa. (Tito 2:1-10.)
21 No un golpeador, sino razonable, no belicoso. (1 Timoteo 3:3; Tito 1:7.) Puesto que es pacífico, el anciano no golpea físicamente a las personas ni las intimida mediante comentarios abusivos o cortantes. (Compárese con 2 Corintios 11:20.) (El comentario anterior, de que "no [es] un borracho pendenciero", indica que evita abusar del alcohol, pues ese abuso muy a menudo lleva a contiendas.) Porque es "razonable" (o 'dispuesto a ceder') y no es autoritario ni difícil de complacer, no hace cuestiones mayores de pequeñeces. (1 Corintios 9:12; Filipenses 4:5; 1 Pedro 2:18.) Puesto que el anciano no es belicoso o contencioso, evita las disputas y 'no es propenso a la ira'. (Tito 3:2; Santiago 1:19, 20.)
22 No es voluntarioso. (Tito 1:7.) Literalmente, esto significa "que no procura complacerse a sí mismo". (Compárese con 2 Pedro 2:10.) El anciano no debe ser dogmático, sino que debe considerar sus aptitudes con humildad. Porque no opina que pueda manejar los asuntos mejor que toda otra persona, humildemente comparte la responsabilidad con otros y aprecia tener una multitud de consejeros. (Números 11:26-29; Proverbios 11:14; Romanos 12:3, 16.)
23 Amador del bien; justo. (Tito 1:8.) Para ser anciano, uno tiene que amar el bien y ser justo. El amador del bien ama lo que es bueno a la vista de Jehová, efectúa hechos bondadosos y útiles y muestra aprecio por la bondad de otros. (Lucas 6:35; compárese con Hechos 9:36, 39; 1 Timoteo 5:9, 10.) El ser justo significa someterse a las leyes y normas de Dios. Entre otras cosas, ese hombre es imparcial y piensa en cosas justas, castas y virtuosas. (Lucas 1:6; Filipenses 4:8, 9; Santiago 2:1-9.) Puesto que la bondad difiere de la justicia en el sentido de que va más allá de lo que exige lo justo, el amador del bien hace más a favor de otros de lo que se requiere de él. (Mateo 20:4, 13-15; Romanos 5:7.)
24 Leal. (Tito 1:8.) El hombre capacitado para ser anciano mantiene devoción inquebrantable a Dios y se adhiere a la ley divina, prescindiendo de cómo se someta a prueba su integridad. Hace lo que Jehová espera de él, y esto incluye servir como proclamador fiel del Reino. (Mateo 24:14; Lucas 1:74, 75; Hechos 5:29; 1 Tesalonicenses 2:10.)
Cómo satisfacer los requisitos
25 La mayoría de los requisitos que acabamos de considerar abarcan cosas que se exigen de todo testigo de Jehová, y podemos satisfacerlos mediante la bendición de Dios sobre el estudio, el esfuerzo, la buena compañía y la oración de cada uno de nosotros. Puede que algunos se destaquen más por satisfacer ciertos requisitos que por satisfacer otros. Pero los siervos ministeriales y los ancianos tienen que satisfacer a grado razonable todos los requisitos para su privilegio particular.
26 Todo testigo de Jehová debe querer hacer cuanto le sea posible en el servicio a Dios. Este espíritu impulsa a los hombres cristianos a ofrecerse para asumir responsabilidad en la congregación. ¿Es usted hombre dedicado y bautizado? Si lo es, ¡procure adelantar, y haga todo esfuerzo posible por capacitarse para servir!
[Nota a pie de página]
Véase también La Atalaya del 15 de julio de 1983, página 29, bajo el subtítulo "Divorcio que tiene base bíblica".




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La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido.  ISAIAS 40;8
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Macpela.

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