domingo, 21 de julio de 2013

puntos sobresalientes hechos 22 a 25

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Puntos Sobresalientes Hechos capítulos 22 a 25 Semana del 22 Julio 2013.
Capítulo 22
w96 15/7 págs. 26-29 Gamaliel: el maestro de Saulo de
Tarso
LA MULTITUD guardó silencio. Momentos antes, las
turbas habían estado a punto de dar muerte al apóstol Pablo,
también conocido como Saulo de Tarso, pero los soldados
romanos lo habían rescatado, y en ese momento el apóstol
se encontraba frente al pueblo en unas escaleras próximas al
templo de Jerusalén.
Después de hacer una seña para pedir silencio, Pablo
empezó a hablar en hebreo diciendo: “Varones, hermanos y
padres, oigan mi defensa dirigida a ustedes ahora. [...] Yo
soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta
ciudad a los pies de Gamaliel, instruido conforme al rigor de
la Ley de nuestros antepasados, siendo celoso por Dios así
como todos ustedes lo son este día”. (Hechos 22:1-3.)
En una situación en la que su vida corría peligro, ¿por
qué comenzó Pablo su defensa declarando que lo había
educado Gamaliel? ¿Quién fue este hombre, y qué implicaba
ser discípulo suyo? ¿Influyó su enseñanza en Saulo aun
después de que este se convirtió en el apóstol cristiano
Pablo?
¿Quién fue Gamaliel?
Gamaliel fue un célebre fariseo nieto de Hilel el Viejo, el
fundador de una de las dos grandes escuelas del judaísmo
farisaico. El método de Hilel se consideraba más tolerante
que el de su oponente, Samay. Después de la destrucción
del templo de Jerusalén en 70 E.C., Bet Hilel (la casa de
Hilel) tuvo más acogida que Bet Samay (la casa de Samay).
La casa de Hilel se convirtió en la expresión oficial del
judaísmo, puesto que todas las demás sectas
desaparecieron con la destrucción del templo. Muchas de las
decisiones de Bet Hilel formaron la base de la ley judía
recogida en la Misná, que a su vez llegó a ser el fundamento
del Talmud. Al parecer, la influencia de Gamaliel resultó ser
un factor determinante en el predominio de dicha escuela.
Gamaliel gozó de tal estima que fue el primero en recibir
el título de Rabán, superior aun al de Rabí. De hecho, llegó a
ser tan respetado que la Misná dice de él: “Con la muerte de
Rabán Gamaliel el viejo cesó la gloria de la Torá y falleció la
pureza y la abstinencia”. (Sota 9:15.)
Cómo enseñaba
¿Qué quiso decir el apóstol Pablo cuando afirmó ante la
multitud de Jerusalén que se había ‘educado a los pies de
Gamaliel’? ¿Qué implicaba ser discípulo de un maestro como
él?
Con respecto a este tipo de educación, el profesor Dov
Zlotnick, del Seminario Teológico Judío de América, escribe:
“La exactitud de la ley oral, y por tanto su fiabilidad, depende
casi exclusivamente de la relación entre maestro y discípulo:
del interés del maestro en enseñar la ley y de la atención que
ponga el estudiante en aprenderla. [...] Por esa razón se
pedía a los discípulos que se sentaran a los pies de los
maestros [...] y ‘bebieran con sed sus palabras’”. (Abot 1:4, la
Misná.)
En el libro Historia del pueblo judío en tiempos de Jesús, Emil
Schürer arroja luz sobre los métodos de los rabinos del siglo I.
Escribe: “Los más célebres rabinos [...] reunían a su alrededor a los
jóvenes deseosos de aprender —a veces en gran número— para
comunicarles un conocimiento completo de la extensa y complicada
‘Torá oral’. [...] La enseñanza consistía en un continuo ejercicio
memorístico. [...] El maestro planteaba unas veces cuestiones
halákicas [jurídicas] para que les dieran respuesta sus alumnos y
otras era él mismo el que daba la solución. También podían
plantearle libremente cuestiones los discípulos”.
Desde el punto de vista rabínico, para los alumnos había
mucho más en juego que simplemente obtener una buena
calificación, pues se les advertía: “A quien olvidare una sola palabra
de cuanto ha aprendido, la Escritura se lo computa como si se
hubiera hecho culpable de muerte”. (Abot 3:8.) La mayor alabanza
que podía recibir un estudiante era que se le comparara con “una
cisterna encalada que no pierde una gota de agua”. (Abot 2:8.) Este
fue el tipo de enseñanza que Pablo, entonces conocido como Saulo
de Tarso, su nombre hebreo, recibió de Gamaliel.
El espíritu de sus enseñanzas
Como Gamaliel enseñaba la doctrina farisaica, fomentaba la
creencia en la ley oral, por lo que ponía más énfasis en las
tradiciones de los rabíes que en la Escritura inspirada. (Mateo 15:3-
9.) La Misná cita estas palabras suyas: “Consíguete un maestro,
aléjate de la duda y no apartes frecuentemente el diezmo por
aproximación”. (Abot 1:16.) Esta sentencia quería decir que cuando
las Escrituras Hebreas no indicaban explícitamente qué hacer, la
persona no debía tomar una decisión basada en su propio raciocinio
o siguiendo los dictados de su conciencia, sino permitir que un rabí
cualificado tomara la decisión por él. Según Gamaliel, solo de este
modo evitaría pecar. (Compárese con Romanos 14:1-12.)
No obstante, a Gamaliel se le conocía por la tolerancia y
liberalismo de sus veredictos jurídico-religiosos. Por ejemplo, mostró
consideración por las mujeres cuando falló: “Se puede permitir a
una mujer volver a casarse a base de un solo testigo [de la muerte
de su esposo]”. (Yebamot 16:7, la Misná.) Además, para proteger a
las divorciadas, introdujo un buen número de restricciones a la carta
de divorcio.
También se percibe este espíritu en el trato que dio a los
primeros seguidores de Jesucristo. El libro de Hechos relata que
mientras ciertos guías judíos planeaban matar a los apóstoles de
Jesús, a quienes habían arrestado por predicar, “se levantó cierto
hombre en el Sanedrín, un fariseo de nombre Gamaliel, maestro de
la Ley estimado por todo el pueblo, y dio mandato de que sacaran
fuera a los hombres por un momento. Y les dijo: ‘Varones de Israel,
presten atención a ustedes mismos en cuanto a lo que piensan
hacer respecto a estos hombres. [...] Les digo: No se metan con
estos hombres, sino déjenlos [...]; de otro modo, quizás se les halle
a ustedes luchadores realmente contra Dios’”. Se escuchó el
consejo de Gamaliel y se puso en libertad a los apóstoles. (Hechos
5:34-40.)
¿Qué supuso para Pablo?
Pablo había sido instruido y educado por uno de los mayores
maestros rabínicos del siglo I E.C. Seguramente su alusión a
Gamaliel indujo a la muchedumbre de Jerusalén a prestar atención
especial a su discurso. Pero él habló de un Maestro muy superior a
Gamaliel: Jesús, el Mesías. Pablo se dirigió a la multitud como
discípulo de Jesús, no de Gamaliel. (Hechos 22:4-21.)
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¿Influyó la educación de Gamaliel en la enseñanza de
Pablo como cristiano? Es muy probable que la rigurosa
instrucción en las Escrituras y la ley judía le fuera de utilidad
a Pablo como maestro cristiano. Sin embargo, sus cartas
inspiradas, que forman parte de la Biblia, muestran
claramente que rechazó la esencia de la doctrina farisaica de
Gamaliel. Pablo no dirigió a sus coetáneos judíos y al resto
de la gente hacia los rabíes del judaísmo ni las tradiciones
del hombre, sino hacia Jesucristo. (Romanos 10:1-4.)
Si Pablo hubiera seguido siendo discípulo de Gamaliel,
habría gozado de gran prestigio. Otras personas del círculo
de Gamaliel contribuyeron a determinar el futuro del
judaísmo. Por ejemplo, Simeón, hijo de Gamaliel y tal vez
compañero de estudios de Pablo, desempeñó un importante
papel en la sublevación de los judíos contra Roma. Después
de la destrucción del templo, Gamaliel II, nieto de Gamaliel,
restauró la autoridad del Sanedrín y lo trasladó a Yavne.
Yehudá ha-Nasi, nieto de Gamaliel II, compiló la Misná, que
constituye hasta nuestro día la piedra angular del
pensamiento judío.
Habiendo sido estudiante de Gamaliel, Saulo de Tarso
pudo haber destacado en el judaísmo. No obstante, escribió
respecto a esa carrera: “Cuantas cosas eran para mí
ganancias, estas las he considerado pérdida a causa del
Cristo. Pues, en cuanto a eso, de veras sí considero también
que todas las cosas son pérdida a causa del sobresaliente
valor del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor. Por motivo
de él he sufrido la pérdida de todas las cosas y las considero
como un montón de basura, a fin de ganar a Cristo”.
(Filipenses 3:7, 8.)
Pablo puso en práctica el consejo de su anterior maestro
de que ‘no se le hallara luchando contra Dios’ al renunciar a
su futuro como fariseo y hacerse seguidor de Jesucristo. Dejó
de luchar contra Dios cuando cesó de perseguir a los
discípulos de Jesús. Al adherirse a Cristo, se convirtió en uno
de los “colaboradores de Dios”. (1 Corintios 3:9.)
Los testigos de Jehová de la actualidad siguen
proclamando celosamente el mensaje del verdadero
cristianismo. Al igual que Pablo, muchos han efectuado
cambios drásticos en su vida. Algunos incluso han
abandonado carreras prometedoras con el fin de participar
más en la predicación del Reino, que es verdaderamente una
obra “de Dios”. (Hechos 5:39.) Se alegran de imitar el
ejemplo de Pablo en lugar del de su anterior maestro,
Gamaliel
it-1 pág. 402 Camino, El
CAMINO, EL
Esta expresión puede aplicarse a una calle, un sendero
o una senda; también a una forma de actuar o línea de
conducta, a un derrotero, comportamiento o procedimiento.
En las Escrituras se utiliza muchas veces con referencia a
una línea de conducta que aprueba o desaprueba Jehová
Dios. (Jue 2:22; 2Re 21:22; Sl 27:11; 32:8; 86:11; Isa 30:21;
Jer 7:23; 10:23; 21:8.) Desde la venida de Jesucristo, ha sido
necesario aceptarle a él para poder tener una buena relación
con Dios y acercarse a Él en oración. Jesús mismo enseñó a
este respecto: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie
viene al Padre sino por mí”. (Jn 14:6; Heb 10:19-22.) De los
que llegaban a ser sus seguidores se decía que pertenecían
al “Camino”, es decir, que se adherían a un camino o modo
de vivir que giraba en torno a la fe en Jesucristo y que seguía su
ejemplo. (Hch 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:22.)
w07 15/6 pág. 17 Saulo se encuentra con viejos amigos y
antiguos enemigos
¿Se daba cuenta Saulo de la magnitud del peligro al que se
enfrentaba? En la Biblia leemos que, mientras estaba orando en el
templo, le sobrevino un arrobamiento y contempló a Jesús, quien le
dijo: “Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque no convendrán en
tu testimonio acerca de mí”. Saulo respondió: “Señor, ellos mismos
bien saben que yo solía encarcelar y fustigar de sinagoga en
sinagoga a los que creían en ti; y cuando se estaba vertiendo la
sangre de tu testigo Esteban, yo mismo también estuve de pie
allí, [...] aprob[ándolo]” (Hechos 22:17-20).
Hay quienes piensan que la respuesta de Saulo da a entender
que comprendía el riesgo que corría. Otros opinan que estaba
diciendo: “Yo era un perseguidor como ellos, y ellos lo saben.
Seguramente se tomarán en serio mi conversión. Quizá pueda
ayudarles a entender la verdad”. Pero Jesús sabía que aquellos
judíos no prestarían atención al testimonio de un “apóstata”, así que
le ordenó: “Ponte en camino, porque yo te enviaré a naciones
lejanas” (Hechos 22:21, 22).
Cuando sus hermanos cristianos se enteraron de que Saulo
estaba en peligro, lo llevaron rápidamente al puerto marítimo de
Cesarea y lo enviaron, en un viaje de 500 kilómetros [300 millas], a
Tarso, su ciudad natal (Hechos 9:30). Tuvieron que transcurrir
varios años antes de que Saulo regresara a Jerusalén.
La marcha precipitada de Saulo tal vez fue una protección para
la congregación cristiana, pues su presencia resultaba peligrosa.
Tras su partida, “la congregación por toda Judea y Galilea y
Samaria entró en un período de paz, siendo edificada; y como
andaba en el temor de Jehová y en el consuelo del espíritu santo,
siguió multiplicándose” (Hechos 9:31).
w87 1/8 Cristo dirige activamente a Su congregación
12, 13. Al tiempo de la primera visita de Pablo a Jerusalén como
cristiano, ¿qué suceso mostró que Cristo respaldaba las
decisiones que tomaban los hermanos responsables de
aquella ciudad?
Cristo respaldó a los miembros del cuerpo gobernante
12 Cuando el apóstol Pablo por primera vez se comunicó con
los discípulos en Jerusalén, ellos, como fácilmente se puede
entender, vacilaron en cuanto a reunirse con él. “De modo que
Bernabé vino en socorro de él y lo condujo a los apóstoles.”
(Hechos 9:26, 27.) Pablo pasó 15 días con el apóstol Pedro.
También conoció al medio hermano de Jesús, Santiago, que para
entonces era uno de los ancianos de la congregación de Jerusalén.
(Gálatas 1:18, 19.) Pasajes subsiguientes de Hechos muestran que
los ancianos de Jerusalén llegaron a ser parte del cuerpo
gobernante de la congregación cristiana primitiva, junto con los
12 apóstoles. (Hechos 15:2; 21:18.)
13 Pablo testificó a los judíos de habla griega durante las dos
semanas que pasó en Jerusalén, pero “éstos hicieron esfuerzos por
eliminarlo”. Lucas añade que “cuando los hermanos descubrieron
esto, lo llevaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso”. (Hechos 9:28-30.)
Pero ¿quién estuvo detrás de aquella sabia decisión? Años
después, cuando estuvo relatando este mismo episodio de su vida,
Pablo dijo que Jesús se le había aparecido y le había dado la
instrucción de salir rápidamente de Jerusalén. Cuando Pablo objetó,
Jesús señaló: “Ponte en camino, porque yo te enviaré a naciones
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lejanas”. (Hechos 22:17-21.) Desde el cielo Cristo seguía
cuidadosamente lo que estaba sucediendo, y actuó tanto por
medio de los hermanos responsables de Jerusalén como
directamente al hablar a Pablo.
w01 15/12 págs. 21-22 “¡Apelo a César!”
Lisias tenía que averiguar qué había hecho Pablo, pues
en medio de aquel caos le había sido del todo imposible. Por
consiguiente, ordenó sin más que ‘lo interrogaran
sometiéndolo a azotes, para saber por qué causa
vociferaban contra él’ (Hechos 22:24). Ese era el método
corriente que se seguía para hacer confesar a los
delincuentes, los esclavos y los miembros de las clases más
bajas. Es posible que el flagelo (flagrum) fuera eficaz para
ello, pero se trataba de un instrumento temible. En algunos
casos tenía bolas de metal que pendían de cadenas, y en
otros, tiras entretejidas con huesos afilados y trozos de
metal. Provocaba heridas profundas, pues desgarraba la
carne a jirones.
En ese momento, Pablo reveló que era ciudadano de
Roma. Puesto que un romano no podía ser azotado sin
condena previa, su alusión a los derechos que le asistían
tuvo un efecto inmediato. Maltratar o castigar a un ciudadano
romano podía costarle el puesto a un oficial de Roma, así
que es comprensible que a partir de entonces el prisionero
Pablo recibiera un trato especial, hasta el punto de
permitírsele tener visitas (Hechos 22:25-29; 23:16, 17).
Capítulo 23
bt cap. 23 “Oigan mi defensa”
16, 17. a) Explique qué sucedió cuando Pablo dirigió la
palabra al Sanedrín. b) ¿Qué ejemplo de humildad
dio el apóstol aunque lo habían golpeado?
18. ¿Por qué se identificó Pablo con los fariseos, y cómo
podríamos seguir líneas de razonamiento
semejantes en algunas circunstancias?
“Soy fariseo” (Hechos 23:1-10)
16 Pablo inició así su defensa ante el Sanedrín:
“Varones, hermanos, yo me he portado delante de Dios con
conciencia perfectamente limpia hasta este día” (Hech. 23:1).
Pero no pudo decir más, pues “el sumo sacerdote Ananías
ordenó a los que estaban de pie cerca de él que le hirieran
en la boca” (Hech. 23:2). ¡Qué afrenta! ¡Y qué prejuicio
mandar castigarlo como a un mentiroso sin haber oído ni una
sola de sus declaraciones! No es de extrañar que el apóstol
replicara: “Dios te va a herir a ti, pared blanqueada. ¿A un
mismo tiempo te sientas tú a juzgarme según la Ley y,
violando la Ley, me mandas herir?” (Hech. 23:3).
17 Algunos de los presentes expresaron su indignación,
pero no porque golpearan al acusado, sino por la reacción de
este, de modo que le recriminaron: “¿Al sumo sacerdote de
Dios injurias?”. Dándoles una lección de respeto a la Ley y de
humildad, él les respondió: “Hermanos, no sabía que era
sumo sacerdote. Porque está escrito: ‘No debes hablar
perjudicialmente de un gobernante de tu pueblo’” (Hech.
23:4, 5; Éxo. 22:28). Luego adoptó una táctica diferente.
Como sabía que el Sanedrín estaba integrado tanto por
fariseos como por saduceos, dijo: “Varones, hermanos, yo
soy fariseo, hijo de fariseos. Respecto a la esperanza de la
resurrección de los muertos se me está juzgando” (Hech. 23:6).
18 ¿Por qué se presentó Pablo como fariseo? Porque era “hijo
de fariseos”, es decir, de padres que pertenecían a esta secta, y,
por consiguiente, muchos aún lo considerarían así. No obstante,
¿cómo pudo relacionar su esperanza de la resurrección con las
doctrinas de ese grupo? Según fuentes dignas de crédito, ellos
creían que las almas de las personas sobrevivían a la muerte y, en
el caso de que hubieran sido justas, volvían a vivir en cuerpos
humanos. Aunque Pablo no aceptaba tales nociones, sino que creía
en la resurrección tal y como la había predicado Jesús, podía estar
de acuerdo con ellos en que habría vida después de la muerte, a
diferencia de los saduceos, que lo negaban rotundamente (Juan
5:25-29). Hoy podemos utilizar líneas de razonamiento similares
cuando mantenemos conversaciones con católicos y protestantes.
Tal vez les digamos que, como ellos, creemos en Dios. Es cierto
que nosotros ciframos nuestra fe en el Dios de la Biblia, mientras
que muchos de ellos aceptan la Trinidad. Con todo, compartimos la
misma creencia básica de que Dios existe.
w90 15/6 ¡Proclamen con denuedo el Reino de Jehová!
11. ¿En qué sentido era fariseo Pablo?
12. ¿Cómo escapó Pablo de un complot contra su vida en
Jerusalén?
11 Cuando Pablo empezó su defensa ante el Sanedrín diciendo
que se había “portado delante de Dios con conciencia
perfectamente limpia”, el sumo sacerdote Ananías ordenó que lo
golpearan (23:1-10). Pablo dijo: “Dios te va a herir a ti, pared
blanqueada”. ‘¿Al sumo sacerdote injurias?’, preguntaron algunos.
Puede que Pablo no haya reconocido a Ananías debido a que no
podía ver bien. Pero al notar que el consejo estaba compuesto de
fariseos y saduceos, Pablo dijo: ‘Soy fariseo y se me está juzgando
respecto a la esperanza de la resurrección’. Esto dividió al Sanedrín,
pues los fariseos creían en la resurrección, pero los saduceos no.
Se suscitó tanta disensión que Lisias tuvo que rescatar al apóstol.
12 Luego Pablo escapó de un complot contra su vida (23:11-
35). Cuarenta judíos habían jurado que ni comerían ni beberían
hasta que lo hubieran matado. El sobrino de Pablo dio aviso de esto
a él y a Lisias. Bajo protección militar, el apóstol fue llevado al
gobernador Antonio Félix en Cesarea, la capital administrativa
romana de Judea. Félix, después de prometer a Pablo una
audiencia, lo tuvo bajo guardia en el palacio pretoriano de Herodes
el Grande, el cuartel general del gobernador.
w01 15/12 pág. 22 “¡Apelo a César!”
Lisias no deseaba tener que rendir cuentas por el asesinato de
un ciudadano romano que estaba bajo su custodia, así que cuando
supo que se había tramado un complot para matar a su prisionero,
se apresuró a trasladarlo a Cesarea. Las formalidades jurídicas
exigían que se presentara a las instancias judiciales de mayor rango
un informe en el que se hicieran constar los resultados de las
pesquisas iniciales, los motivos de las acciones emprendidas y la
opinión de la persona que hubiera investigado el caso. Lisias
manifestó que Pablo estaba ‘acusado respecto de cuestiones de la
Ley judía, no de ningún cargo que mereciera muerte o cadenas’, y
ordenó a sus acusadores que expusieran sus reclamaciones al
procurador Félix (Hechos 23:29, 30).
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Capítulo 24
bt cap. 24 “¡Ten ánimo!”
10. ¿Qué graves acusaciones se plantearon contra Pablo?
11, 12. ¿Cómo rebatió Pablo los cargos presentados contra
él?
13-15. Si nos toca dar testimonio a las autoridades civiles,
¿de qué maneras podemos imitar a Pablo?
“De buena gana hablo en mi defensa” (Hechos 23:35–
24:21)
10 Una vez en Cesarea, Pablo quedó “bajo guardia en el
palacio pretoriano de Herodes”, a la espera de que llegaran
de Jerusalén sus oponentes (Hech. 23:35). Cinco días más
tarde se presentaron Ananías (el sumo sacerdote), un grupo
de ancianos y Tértulo (el “orador”, o abogado, de la
acusación). Este último comenzó alabando a Félix por sus
obras a beneficio de los judíos, obviamente con la intención
de adularlo y ganarse su favor. Luego entró en materia y
describió al apóstol en estos términos: “Es un individuo
pestilente [...] que promueve sediciones entre todos los
judíos por toda la tierra habitada, y es vanguardia de la secta
de los nazarenos, uno que también trató de profanar el
templo, y a quien prendimos”. Los demás judíos “tomaron
parte en el ataque, afirmando que estas cosas eran así”
(Hech. 24:5, 6, 9). Sin duda, los cargos de promotor de
sediciones, cabecilla de una secta peligrosa y profanador del
templo eran gravísimos y podían conducir a la pena de
muerte.
11 A continuación se permitió que tomara la palabra
Pablo, quien comenzó diciendo: “De buena gana hablo en mi
defensa”. Negó de plano los cargos: ni había profanado el
templo ni había promovido ninguna sedición. Añadió que, de
hecho, llevaba “muchos años” fuera de Jerusalén, adonde
había vuelto con “dádivas de misericordia” (en concreto,
donativos para los cristianos que vivían en la pobreza a
causa de las hambrunas o la persecución). Subrayó que
cuando entró en el santuario se encontraba
“ceremonialmente limpio” y que siempre se había esforzado a
conciencia por no cometer “ofensa contra Dios ni contra los
hombres” (Hech. 24:10-13, 16-18).
12 Sin embargo, el apóstol sí admitió que estaba
rindiendo servicio sagrado al Dios de sus antepasados
“según el camino que ellos llaman ‘secta’”. Al mismo tiempo,
destacó que creía “todas las cosas expuestas en la Ley y
escritas en los Profetas”. Y que, al igual que sus acusadores,
tenía la esperanza de que iba a haber “resurrección así de
justos como de injustos”. Tras esto, les lanzó el siguiente
desafío: “Que digan por sí mismos los aquí presentes qué
hallaron de mal cuando yo estuve de pie ante el Sanedrín, a
no ser que tenga que ver con esta sola expresión que clamé
estando de pie entre ellos: ‘¡Respecto a la resurrección de los
muertos se me está juzgando hoy ante ustedes!’” (Hech.
24:14, 15, 20, 21).
13 Este es un magnífico ejemplo que debemos imitar si
alguna vez comparecemos ante las autoridades civiles por
causa de nuestra fe y somos acusados falsamente de
agitadores, sediciosos o adeptos de una “secta peligrosa”.
Para empezar, al dirigirse al gobernador, Pablo no se anduvo
con halagos ni zalamerías hipócritas, como hizo Tértulo.
No obstante, mantuvo una actitud calmada y respetuosa.
Además, presentó con tacto una defensa clara y fidedigna.
Señaló que los “judíos del distrito de Asia” que lo habían acusado de
contaminar el templo no habían acudido a juicio e insistió en su
derecho legal a verlos cara a cara y oírles presentar los cargos en
su contra (Hech. 24:18, 19).
14 Lo más destacado es que no se retuvo de dar testimonio de
sus creencias. Con valor, reiteró su fe en la resurrección, la doctrina
que suscitó tanto alboroto durante su comparecencia ante el
Sanedrín (Hech. 23:6-10). ¿Por qué hizo hincapié en este punto?
Porque su predicación giraba en torno a Jesús y al hecho de que
había sido levantado de entre los muertos, algo que sus oponentes
no aceptaban (Hech. 26:6-8, 22, 23). En efecto, la polémica se
centraba en la resurrección, y más concretamente en la de Cristo.
15 Al igual que Pablo, todos nosotros podemos dar testimonio
con valentía ante las autoridades. Algo que fortalecerá nuestra
resolución será meditar en lo que dijo Cristo a sus discípulos: “Serán
objeto de odio de parte de toda la gente por causa de mi nombre.
Pero el que haya aguantado hasta el fin es el que será salvo”. Ahora
bien, ¿deberíamos sentirnos ansiosos pensando en qué diremos?
No, pues, la anterior advertencia de Jesús había venido precedida
de estas tranquilizadoras palabras: “Cuando vayan conduciéndolos
para entregarlos, no se inquieten de antemano acerca de qué
hablar; más bien, lo que se les dé en aquella hora, eso hablen,
porque no son ustedes los que hablan, sino el espíritu santo” (Mar.
13:9-13).
bt cap. 24 “¡Ten ánimo!”
16, 17. a) ¿Cómo manejó Félix el proceso de Pablo? b) ¿Qué pudo
haber atemorizado al gobernador, y por qué quería seguir
viendo al apóstol?
18. ¿Por qué les habló Pablo a Félix y a su esposa sobre “la justicia
y el autodominio y el juicio venidero”?
19, 20. a) ¿Cómo deberíamos actuar en el ministerio con las
personas que aparentan interés en la Biblia pero que
quieren vivir según sus caprichos? b) ¿Qué muestra que
Félix no procuraba el bien de Pablo?
21. ¿Qué le sucedió a Pablo cuando Porcio Festo fue nombrado
gobernador, y qué lo fortaleció en todos sus sufrimientos?
“Félix se atemorizó” (Hechos 24:22-27)
16 No era la primera vez que el gobernador oía hablar de la fe
cristiana, y así lo indica el relato: “Félix, que conocía con bastante
exactitud los asuntos respecto a este Camino [es decir, el
cristianismo], empezó a dar largas a los hombres diciendo: ‘Cuando
baje Lisias el comandante militar, decidiré sobre estos asuntos que
tienen que ver con ustedes’. Y ordenó al oficial del ejército que fuera
guardado el hombre, y que se le relajara algo la custodia, y que
no le prohibiera a ninguno de los suyos el atenderlo” (Hech.
24:22, 23).
17 Unos días más tarde, el gobernador, acompañado de su
esposa Drusila, que era judía, mandó llamar a Pablo y “lo escuchó
acerca de la creencia en Cristo Jesús” (Hech. 24:24). Sin embargo,
cuando el apóstol habló de “la justicia y el autodominio y el juicio
venidero, Félix se atemorizó”, posiblemente porque había hecho
todo lo contrario en su vida y la conciencia le molestaba. De modo
que despidió a Pablo con las siguientes palabras: “Por ahora vete,
pero cuando tenga un tiempo conveniente te enviaré a llamar”.
De hecho, llegó a entrevistarse con él varias veces, pero no porque
quisiera aprender la verdad, sino porque esperaba sacarle algún
soborno (Hech. 24:25, 26).
5
18 ¿Por qué les habló Pablo a Félix y a su esposa acerca
de “la justicia y el autodominio y el juicio venidero”? Bueno,
ellos le habían pedido que les explicara lo que implicaba “la
creencia en Cristo Jesús”. Sabiendo lo inmorales, crueles e
injustos que habían sido los dos, les expuso las condiciones
para ser seguidores de Cristo. Así, estableció un marcado
contraste entre las justas normas de Dios y la vida pésima
que ambos habían llevado. Les tuvo que quedar muy claro
que todos rendiremos cuentas ante Dios de nuestros
pensamientos, palabras y actos, y que ese juicio tiene mucha
más importancia que el que se le estaba haciendo al apóstol.
¡Con razón “se atemorizó” Félix!
19 En el ministerio nos encontramos con muchas
personas que, como Félix, dan la impresión de interesarse en
la Biblia pero en realidad desean seguir viviendo a su
manera. Es conveniente que en tales casos actuemos con
cautela. Podemos exponerles las justas normas de Dios, tal
como hizo Pablo, pues la verdad tal vez llegue a tocarles el
corazón. Ahora bien, si resulta evidente que no tienen la
menor intención de enmendar sus vidas, es mejor dejarlas y
concentrarse en quienes de veras se interesan en hacer la
voluntad de Jehová.
20 El relato deja patente que la actitud del gobernador
no era buena: “Cuando hubieron transcurrido dos años, Félix
tuvo por sucesor a Porcio Festo; y porque Félix deseaba
ganarse el favor de los judíos, dejó a Pablo en cadenas”
(Hech. 24:27). Ciertamente, no procuraba el bien del apóstol.
Sabía que los seguidores del Camino no fomentaban
sediciones ni revoluciones y tenía muy claro que aquel preso
no había violado ninguna ley romana (Hech. 19:23). Con
todo, lo mantuvo bajo custodia para “ganarse el favor de los
judíos”.
21 Como indica el último versículo del capítulo 24, Pablo
aún estaba preso cuando Porcio Festo fue nombrado
gobernador en sustitución de Félix. Así dio comienzo una
nueva serie de audiencias en las que pasó de funcionario en
funcionario. Lo que le sucedió a este intrépido apóstol es una
muestra palpable del cumplimiento de la siguiente profecía
de Jesús: “Serán llevados ante reyes y gobernadores por
causa de mi nombre” (Luc. 21:12). Como veremos, llegó a
dar testimonio al más poderoso gobernante de su época, y
sin flaquear en ningún momento en su fe. Seguramente, lo
fortalecieron en todos sus sufrimientos las palabras de Jesús:
“¡Ten ánimo!”.
Capítulo 25
bt cap. 25 “¡Apelo a César!”
3, 4. a) ¿Cuál era el verdadero motivo de la petición de
trasladar a Pablo a Jerusalén, y cómo se libró él de
la trampa? b) ¿Cómo nos sostiene Jehová tal como
hizo con el apóstol?
“Delante del tribunal” (Hechos 25:1-12)
3 Tres días después de asumir la gobernación de Judea,
Festo viajó a Jerusalén, donde escuchó los graves cargos
que formularon contra el apóstol los principales sacerdotes y
otros judíos destacados. Los acusadores sabían que el
nuevo gobernador romano tenía órdenes de mantener la paz
con ellos y con los demás hebreos. Por eso, se
envalentonaron y le pidieron que trasladara al preso desde
Cesarea para que fuese juzgado en su ciudad, con la
siniestra intención de asesinarlo en el camino. Pero él les
denegó la petición, diciéndoles: “Los que están en el poder entre
ustedes [...] bajen conmigo [a Cesarea] y acúsenlo, si hay algo
impropio en el varón” (Hech. 25:5). Una vez más, Pablo había
salvado el cuello.
4 ¿Cómo había podido soportar tantas angustias? Gracias al
consuelo que Jehová le había dado mediante el Señor Jesús. Por
ejemplo, Cristo le había dicho en una visión: “¡Ten ánimo!” (Hech.
23:11). Hoy, los siervos de Dios también nos encaramos a
dificultades e intimidaciones. Claro, nuestro amoroso Padre no nos
libra de todas ellas. Lo que sí hace es darnos sabiduría y “poder [...]
más allá de lo normal” (2 Cor. 4:7).
w01 15/12 págs. 23-24 “¡Apelo a César!”
Aunque estaba claro que el apóstol era inocente de cualquier
acusación de índole política, es probable que los judíos
argumentaran que en el terreno de la disputa religiosa ellos eran los
únicos cualificados para juzgar el caso. ¿Iría Pablo a Jerusalén para
responder a los cargos? Festo le preguntó si deseaba hacerlo, pero
aquella fue en realidad una propuesta inapropiada. Llevarlo de
vuelta a Jerusalén, donde sus acusadores se convertirían en sus
jueces, suponía abandonarlo en manos de los judíos. “Estoy de pie
delante del tribunal de César, donde debo ser juzgado —respondió
Pablo—. No he hecho ningún mal a los judíos [...], nadie puede
entregarme a ellos a manera de favor. ¡Apelo a César!” (Hechos
25:10, 11, 20.)
Cuando un romano pronunciaba estas palabras, quedaba sin
efecto toda jurisdicción provincial. Su derecho de apelación
(provocatio) era “real, absoluto y efectivo”. De modo que tras
consultar los formalismos con sus consejeros, Festo declaró: “A
César has apelado; a César irás” (Hechos 25:12).
w11 1/7 pág. 29 ¿Lo sabía?
¿A quién se refiere la Biblia al emplear el nombre César?
▪ Ese era el nombre de la familia de Cayo Julio César, quien en el
año 46 antes de nuestra era recibió el título de dictador de Roma.
Posteriormente, varios emperadores romanos tomaron el nombre
César. La Biblia menciona a tres de estos: Augusto, Tiberio y
Claudio (Lucas 2:1; 3:1; Hechos 11:28).
En el año 14 de nuestra era, Tiberio se convirtió en emperador.
Fue durante su mandato que Jesús efectuó su ministerio. Así pues,
él era el césar cuando a Jesús se le interrogó sobre el pago de
impuestos y contestó: “Paguen a César las cosas de César, pero a
Dios las cosas de Dios” (Marcos 12:17). Sin embargo, con su
respuesta, Jesús no se refería únicamente a Tiberio. Aquí la palabra
“César” simboliza la autoridad civil, el Estado.
Alrededor del año 58, cuando el apóstol Pablo se enfrentó a la
amenaza de recibir un juicio injusto, reclamó el derecho que tenía
como ciudadano romano de apelar a César (Hechos 25:8-11). Con
esto, Pablo pidió comparecer, no precisamente ante Nerón, quien
era el emperador en aquel tiempo, sino ante la máxima autoridad
del imperio.
El nombre César llegó a estar tan vinculado con la posición del
soberano, que se retuvo como título imperial incluso tras el fin de la
dinastía de los césares.
6
w98 1/9 pág. Hicieron la voluntad de Jehová
Pablo da testimonio con denuedo ante dignatarios
EL CONTRASTE entre ambos hombres no podía ser
más pronunciado. Uno llevaba corona, mientras que el otro
estaba en cadenas. Uno era rey; el otro, prisionero. Tras
haber pasado dos años en la cárcel, el apóstol Pablo se
hallaba ahora de pie ante el gobernante de los judíos,
Herodes Agripa II. Este rey y su consorte, Berenice, habían
llegado “con mucha pompa, y [habían entrado] en la
audiencia junto con comandantes militares así como varones
de eminencia de la ciudad” (Hechos 25:23). Una obra de
consulta dice: “Probablemente había varios centenares de
personas presentes”.
¿En qué precedente bíblico nos basamos los
testigos de Jehová para acudir a un tribunal
cuando es necesario defender nuestro
derecho de predicar? (Hech. 25:10-12.) [22 de
jul., bt pág. 198 párr. 6.]
bt cap. 25 pág. 198 párr. 6 “¡Apelo a
César!”
6 Comprendiendo que los deseos de
Festo de ganarse las simpatías de los
judíos lo colocaban en peligro de muerte,
Pablo invocó su derecho como ciudadano
romano diciéndole: “Estoy de pie delante
del tribunal de César, donde debo ser
juzgado. No he hecho ningún mal a los
judíos, como tú también estás
descubriendo bastante bien. [...] ¡Apelo a
César!”. Por lo general, una vez hecha
esta reclamación, no había vuelta atrás.
Así lo admitió el propio gobernador: “A
César has apelado; a César irás” (Hech.
25:10-12). Al exigir la revisión del caso en
un foro más alto, el apóstol sentó un
precedente para todos los cristianos. Si la
autoridad “dicta injusticias en nombre de
la ley” y ataca las buenas nuevas,
nosotros las defendemos valiéndonos de
los medios legales a nuestro alcance
(Sal. 94:20, Nueva Biblia Española).
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casa de los patriarcas.

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