domingo, 28 de julio de 2013

puntos sobresalientes hechos 26 a 28

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Puntos Sobresalientes Hechos capítulos 26 a 28 Semana del 22 Julio 2013.
Capítulo 26
w03 15/11 Ayudemos al prójimo a aceptar el mensaje
del Reino
10. ¿Cómo inició Pablo su defensa ante Agripa?
11. ¿Cómo demostró Pablo su respeto por Agripa, y con
qué buen resultado?
12. ¿Cómo puede motivar el corazón de los oyentes al
proclamar el Reino?
La persuasión que motiva el corazón
10 Veamos ahora con más detenimiento la defensa
de Pablo recogida en el capítulo 26 de Hechos. Fíjese
en cómo inició su discurso. A pesar de que el rey Agripa
mantenía una relación escandalosa con su hermana
Berenice, Pablo encontró una base justificada para
encomiarlo y la usó como introducción: “Acerca de todas
las cosas de que soy acusado por judíos, rey Agripa, me
considero feliz de que sea ante ti ante quien haya de
presentar mi defensa este día, especialmente por cuanto
eres perito en todas las costumbres así como también
en las controversias entre los judíos. Por eso te ruego
que me oigas con paciencia” (Hechos 26:2, 3).
11 ¿Ha observado que Pablo usó el título de rey
para dirigirse a Agripa, reconociendo el puesto
encumbrado de aquel personaje? Así le demostró
respeto y, con su acertada selección de palabras, le
otorgó la honra debida (1 Pedro 2:17). El apóstol lo
reconoció como un experto en las complejas costumbres
y leyes de sus súbditos judíos, y dijo que se consideraba
feliz de presentar su defensa ante un mandatario tan
bien informado. El que Pablo fuera cristiano no hizo que
se comportara como si se sintiera superior a Agripa
(Filipenses 2:3). Más bien, rogó al rey que lo escuchara
con paciencia, creando de ese modo un clima propicio
para que tanto Agripa como los demás oyentes
aceptaran lo que iba a decirles. De este modo colocó un
fundamento, un terreno común sobre el cual levantar
sus argumentos.
12 Al presentar el mensaje del Reino, trate de
motivar el corazón de la persona desde el principio,
como hizo Pablo ante Agripa. Lo logrará si le muestra
respeto sincero y se interesa por sus circunstancias
particulares y modo de pensar (1 Corintios 9:20-23).
*** bt cap. 25 “¡Apelo a César!” ***
10, 11. ¿Cómo mostró Pablo el debido respeto a Agripa,
y qué detalles le reveló?
12, 13. a) ¿Qué descripción hizo Pablo de su
conversión? b) ¿En qué sentido había estado
él “dando coces contra los aguijones”?
10 Con los debidos respetos, el apóstol agradeció al
soberano la oportunidad de presentar su defensa ante
él, reconociéndolo como entendido en las costumbres y
polémicas del judaísmo. A continuación, comenzó a
repasar su vida: “Conforme a la secta más estricta de
nuestra forma de adoración yo viví fariseo” (Hech. 26:5).
Cuando era miembro de esa escuela religiosa, Pablo
aguardaba la venida del Mesías. Y ahora que era
cristiano, no tenía reparos en identificar a Jesús con el
Ungido anhelado por tantos siglos. Dijo que se
encontraba en aquella audiencia porque —al igual que
sus acusadores— estaba convencido de la realización
de las promesas que Dios les había hecho a sus
antepasados. Esta afirmación avivó aún más el interés
de Agripa.
11 Recordando los atropellos que había perpetrado
contra los cristianos, Pablo dijo: “Pensé dentro de mí
que debía cometer muchos actos de oposición contra el
nombre de Jesús el Nazareno; [...] estando sumamente
enojado contra [sus seguidores], fui hasta el extremo de
perseguirlos hasta en las ciudades de afuera” (Hech.
26:9-11). Y había muchos testigos de que el apóstol
no estaba exagerando (Gál. 1:13, 23). Puede que Agripa
se preguntara: “¿Por qué habrá cambiado tanto?”.
12 La respuesta vino en sus siguientes
declaraciones: “Mientras viajaba a Damasco con
autoridad y una comisión de parte de los sacerdotes
principales, vi al mediodía en el camino, oh rey, una luz
que fulguró desde el cielo en derredor de mí y de los
que conmigo iban, y su resplandor sobrepasaba el del
sol. Y cuando todos habíamos caído a tierra oí una voz
que me decía en el lenguaje hebreo: ‘Saulo, Saulo, ¿por
qué me estás persiguiendo? Te resulta duro seguir
dando coces contra los aguijones’. Pero yo dije: ‘¿Quién
eres, Señor?’. Y el Señor dijo: ‘Yo soy Jesús, a quien
estás persiguiendo’” (Hech. 26:12-15).
13 Antes de producirse esta manifestación
sobrenatural, Pablo había estado “dando coces contra
los aguijones”. En otras palabras, había actuado igual
que la bestia de carga que se lastima sin necesidad
dando patadas contra el pincho de la vara con que es
guiada. En efecto, había sufrido graves daños
espirituales al resistirse a la voluntad de Dios. Pero en el
camino de Damasco, Jesús se apareció a este hombre
sincero, aunque mal orientado, y consiguió hacerle
cambiar de actitud (Juan 16:1, 2).
2
*** w99 15/6 págs. 30-31 ¿Por qué persiguió Saulo a
los cristianos? ***
Dado que en un principio todos los cristianos eran
judíos o prosélitos judíos, parece que Saulo veía el
cristianismo como un movimiento apóstata dentro del
judaísmo, por lo que consideraba un deber del judaísmo
oficial enderezar a sus adeptos. “No es probable —
afirma el historiador Arland J. Hultgren— que Pablo el
perseguidor se hubiese opuesto al cristianismo porque
lo viese como una religión fuera del judaísmo, una
religión rival. Él y otros judíos deben haber visto el
movimiento cristiano como un asunto que concernía a la
autoridad judía.” Su objetivo era, por lo tanto, conseguir
como fuese que los testarudos judíos se retractasen y
regresaran a la ortodoxia (Hechos 26:11). Algunos de
los medios que tenía a su alcance para conseguirlo eran
el encarcelamiento y la flagelación en las sinagogas.
Este último era un método disciplinario usual que
cualquier tribunal local de tres jueces podía usar para
castigar a alguien por su desobediencia a la autoridad
rabínica.
*** w11 1/8 pág. 23 ¿Lo sabía? ***
¿A qué se refería Jesús cuando le dijo a Saulo: “Te
resulta duro seguir dando coces contra los
aguijones”? (Hechos 26:14.)
▪ En tiempos bíblicos, los agricultores utilizaban
aguijadas para guiar a los animales mientras araban.
La aguijada consistía en una vara larga de unos dos
metros y medio (ocho pies) con una afilada punta de
metal, o aguijón, en uno de sus extremos. Obviamente,
el animal que empujara contra ella se haría daño.
La vara solía tener en su otro extremo una especie de
pala metálica para limpiar el arado de tierra, barro o
hierba.
Esta herramienta también podía usarse como arma
de defensa. Un juez y guerrero israelita llamado Samgar
mató a 600 filisteos “con una aguijada de ganado
vacuno” (Jueces 3:31).
En las Escrituras a veces se mencionan los
aguijones con sentido figurado. El rey Salomón, por
ejemplo, comparó las palabras de la persona sabia y
prudente a “aguijones” que impulsan a los demás a
tomar buenas decisiones (Eclesiastés 12:11).
Tras su resurrección, Jesús también utilizó este
sentido figurado cuando se dirigió a Saulo, perseguidor
de los cristianos. Al aconsejarle que dejara de dar
“coces contra los aguijones”, le hizo pensar en lo que le
pasa al animal testarudo que se resiste a aceptar la
dirección de su amo. Siguiendo el consejo de Jesús,
Saulo tomó la sabia decisión de cambiar el rumbo de su
vida y llegó a ser el apóstol Pablo.
*** bt cap. 25 “¡Apelo a César!” ***
17. ¿Qué reacción tuvo Festo ante la autodefensa de
Pablo, y en qué se parece a la de muchos
contemporáneos nuestros?
18. ¿Qué respuesta dio Pablo a Festo, y cuál fue la
reacción subsiguiente de Agripa?
“En poco tiempo me persuadirías a hacerme
cristiano” (Hechos 26:24-32)
17 Al escuchar aquel persuasivo testimonio, ninguno
de los dos mandatarios se quedó indiferente. Notemos
qué sucedió: “Mientras [el apóstol] decía estas cosas en
su defensa, Festo dijo con voz fuerte: ‘¡Estás
volviéndote loco, Pablo! ¡El gran saber te está
impulsando a la locura!’” (Hech. 26:24). Su impetuosa
respuesta pudo deberse a una actitud que hoy también
es muy común. Ciertamente, no son pocos los que
piensan que quienes difunden las verdaderas
enseñanzas bíblicas son unos fanáticos. Y a la mayoría
de los sabios de este mundo se les atraganta la doctrina
cristiana de la resurrección de los muertos.
18 Pero Pablo tenía una buena respuesta para el
procurador: “No estoy volviéndome loco, excelentísimo
Festo, sino que expreso dichos de verdad y de buen
juicio. En realidad, el rey a quien hablo con franqueza de
expresión bien sabe de estas cosas [...]. ¿Crees tú, rey
Agripa, a los Profetas? Yo sé que crees”. El monarca le
respondió: “En poco tiempo me persuadirías a hacerme
cristiano” (Hech. 26:25-28). Sea que lo dijera en serio o
no, el testimonio de Pablo había calado hondo en él.
*** w03 15/11 Ayudemos al prójimo a aceptar el
mensaje del Reino ***
14. Explique cómo se valió Pablo de la persuasión ante
Agripa.
14 Pablo sabía que, aunque fuera de nombre,
Agripa era judío. Apelando a los conocimientos que el
monarca tenía del judaísmo, explicó que con su
predicación realmente no estaba “diciendo ninguna cosa
salvo las que los Profetas así como Moisés declararon
que habían de efectuarse” en cuanto a la muerte y
resurrección del Mesías (Hechos 26:22, 23). Entonces
le preguntó directamente: “¿Crees tú, rey Agripa, a los
Profetas?”. Agripa se enfrentaba a un dilema. Si decía
que rechazaba a los profetas, su reputación de judío
creyente se derrumbaría. Pero si concordaba con el
razonamiento del apóstol, se pondría en una posición de
público acuerdo con él y se arriesgaría a que lo llamaran
cristiano. Pablo respondió con habilidad a su propia
pregunta diciéndole: “Yo sé que crees”. ¿Qué respuesta
salió del corazón de Agripa? “En poco tiempo me
persuadirías a hacerme cristiano.” (Hechos 26:27, 28.)
Aunque aquel rey no se convirtió al cristianismo, parece
que el mensaje de Pablo hizo alguna mella en su
corazón (Hebreos 4:12).
3
*** km 8/91 pág. 4 párr. 19 Plantar y regar... pasos
para hacer discípulos ***
19 El reconocer que Jehová desempeña un papel
clave en nuestros esfuerzos por ayudar a la gente debe
impulsarnos a orar, no solo respecto a hallar a alguien
con quien estudiar, sino también referente al progreso
de las personas que hemos hallado y que muestran
interés en el mensaje. Nuestra actitud y nuestros
sentimientos deberían ser como los del apóstol Pablo
cuando testificó al rey Agripa: “Desearía de Dios que,
fuera en poco tiempo o en mucho tiempo, no solo tú,
sino también todos los que me oyen hoy llegaran a ser
tales hombres como lo que yo también soy”. (Hech.
26:29.) Pablo quería que sus oyentes llegaran a ser
discípulos genuinos de Cristo, sea que ello requiriera un
corto período de tiempo o un espacio más largo de
ayuda personal.
Capítulo 27
*** bt cap. 26 “No se perderá ni un alma de entre
ustedes” ***
4. ¿En qué barco inició Pablo su viaje, y quiénes lo
acompañaban?
5. ¿De qué agradable compañía disfrutó Pablo en
Sidón, y qué lección extraemos de ello?
6-8. ¿Cómo fue el viaje de Sidón a Cnido, y qué
oportunidades debió de aprovechar Pablo?
“Por ser contrarios los vientos” (Hechos 27:1-7a)
4 Julio, el centurión a cargo de Pablo y de otros
prisioneros, decidió embarcarse con ellos en un
mercante recién llegado a Cesarea y procedente de
Adramitio, puerto del litoral occidental de Asia Menor
situado frente a Mitilene, ciudad de la isla de Lesbos.
De acuerdo con el itinerario previsto, primero iría rumbo
al norte y luego viraría al oeste, haciendo varias escalas
para cargar y descargar mercancías. En estas naves
no tenía prioridad la comodidad de los pasajeros, y
menos si eran reclusos (véase en esta misma página el
recuadro “Navegación y rutas comerciales”). Gracias a
Dios, el apóstol no era el único cristiano entre tanto
maleante. Lo acompañaban como mínimo dos fieles
hermanos en la fe: Aristarco y Lucas. Y fue este último,
claro está, quien hizo la crónica de los sucesos. Lo que
no sabemos es si habían tenido que pagar su propio
pasaje o si habían sido aceptados como si fueran
sirvientes de Pablo (Hech. 27:1, 2).
5 Al cabo de un día en el mar, y con 110 kilómetros
(70 millas) a sus espaldas, echaron anclas en el puerto
sirio de Sidón. Por lo visto, Julio no trató a Pablo como
un delincuente común, tal vez porque era ciudadano
romano y no estaba probada su culpabilidad (Hech.
22:27, 28; 26:31, 32). Hasta lo dejó bajar a tierra para
reunirse con otros cristianos y cristianas. ¡Con cuánto
gusto deben de haberlo atendido después de su largo
confinamiento! Preguntémonos: “¿Habrá alguna ocasión
en la que yo podría brindar una hospitalidad semejante,
y tal vez recibir a cambio estímulo espiritual?” (Hech.
27:3).
6 La nave volvió a hacerse a la mar. Ascendió hacia
el norte y luego bordeó la costa de Cilicia, pasando a
pocas millas de Tarso, la ciudad donde se había criado
Pablo. Aunque Lucas no menciona más escalas, sí
señala el inquietante detalle de que encontraron vientos
adversos (Hech. 27:4, 5). Pero, como siempre, el
apóstol proclamó las buenas nuevas contra viento y
marea. Seguramente dio testimonio a otros presos y
pasajeros, así como a la tripulación y los soldados, e
incluso a quienes encontró en los puertos donde
fondearon. ¿Qué puede decirse de nosotros?
¿Aprovechamos también toda oportunidad de predicar?
7 Más tarde llegaron a Mira, puerto de la costa sur
de Asia Menor. Allí, Pablo y los demás tenían que
cambiar de embarcación para dirigirse a su destino final,
la capital del imperio (Hech. 27:6). En el siglo I
recalaban en Mira muchos cargueros de trigo
procedentes de Egipto, el granero de Roma. Julio
localizó uno de ellos y subió a bordo con los soldados y
prisioneros. Debe de haber sido una nave mucho mayor
que la primera, pues llevaba un importante cargamento
de trigo y 276 personas, entre tripulantes, soldados,
prisioneros y simples viajeros. Al haber subido a un
nuevo barco, el apóstol vio aumentar su campo de
evangelización, y no es creíble que desperdiciara las
oportunidades que se le presentaban.
8 Desde Mira se dirigieron a Cnido, ciudad del
extremo suroeste de Asia Menor. Aunque ese tramo
podía cubrirse en tan solo una jornada si los vientos
eran favorables, Lucas nos cuenta que tuvieron que
“navegar bastantes días lentamente” y que lograron
“llegar con dificultad” (Hech. 27:7a). La culpa la tuvieron
las condiciones climáticas, que habían empeorado
(véase el recuadro de la página 208 “El Mediterráneo y
los vientos contrarios”). ¡Pobres viajeros! ¡Qué hartos
estarían de vendavales, turbulencias y bamboleos!
*** w10 1/2 ¿Lo sabía? ***
¿Por qué no se navegaba en ciertas épocas del año
en tiempos del apóstol Pablo?
▪ En una ocasión, mientras Pablo navegaba en dirección
oeste siguiendo la costa de Asia Menor, el barco en el
que viajaba se retrasó considerablemente debido a los
fuertes vientos que soplaban en contra. Pablo advirtió a
sus compañeros de viaje que si continuaban, se
arriesgaban a sufrir la pérdida “no solo del cargamento y
del barco, sino también de [sus propias] almas”. ¿Por
4
qué? Según el relato bíblico, la navegación se había
vuelto peligrosa porque “ya había pasado [...] el ayuno
del día de la expiación” (Hechos 27:4-10).
Dicho ayuno caía a finales de septiembre o a
principios de octubre. Pero ¿por qué era tan peligroso
navegar después de esa fecha? Los marineros romanos
sabían que el buen tiempo los acompañaba entre el 27
de mayo y el 14 de septiembre. Pero desde ese
día hasta el 11 de noviembre, los viajes eran menos
seguros, y a partir del 11 de noviembre hasta el 10 de
marzo ya nadie solía hacerse a la mar. Entre otras
razones se debía a la inestabilidad del tiempo, como lo
ilustra el naufragio de Pablo (Hechos 27:13-44).
Quienes navegaban en esos meses se enfrentaban a
terribles tormentas y otras dificultades. Las nubes les
impedían guiarse por el Sol y las estrellas, y la niebla y
la lluvia reducían la visibilidad y ocultaban posibles
obstáculos.
*** bt cap. 26 “No se perderá ni un alma de entre
ustedes” ***
14, 15. a) Al hablar con la gente del barco, ¿por qué
sacó a relucir Pablo su advertencia anterior? b)
¿Qué aprendemos del mensaje de esperanza
que transmitió el apóstol?
14 Pablo se puso de pie. Les recordó su advertencia
anterior, pero no con la intención de restregarles en la
cara que ya se lo había dicho, sino para indicar que los
sucesos demostraban la conveniencia de hacerle caso.
Luego añadió: “Ahora les recomiendo que estén alegres,
porque no se perderá ni un alma de entre ustedes, sino
solo el barco” (Hech. 27:21, 22). ¡Cuánto ánimo deben
de haberles brindado estas palabras! Sin duda, el
apóstol estaba muy contento de transmitir un mensaje
tan alentador de parte de Jehová. Nunca olvidemos que
nuestro Padre se preocupa por cada uno de nosotros.
Le importan tanto los seres humanos que “no desea que
ninguno sea destruido; más bien, [...] que todos
alcancen el arrepentimiento” (2 Ped. 3:9). Por lo tanto,
¡qué urgente es llevar su mensaje de esperanza al
mayor número de personas! Están en juego millones de
vidas muy valiosas.
15 Es muy posible que Pablo ya hubiera hablado
con muchos de los embarcados sobre “la esperanza de
la promesa que fue hecha por Dios” (Hech. 26:6; Col.
1:5). Pero ahora que parecía inevitable el naufragio, les
dio buenas razones para confiar en una salvación más
próxima: “Esta noche estuvo de pie cerca de mí un
ángel [...], y dijo: ‘No temas, Pablo. Tienes que estar de
pie ante César, y, ¡mira!, Dios te ha dado de gracia a
todos los que navegan contigo’. Por lo tanto, estén
alegres, varones; porque creo a Dios que será
exactamente como se me ha dicho. Sin embargo,
tenemos que ser echados en cierta isla” (Hech. 27:23-
26).
*** bt cap. 26 “No se perderá ni un alma de entre
ustedes” ***
16 a) ¿En qué ocasión oró Pablo, y con qué resultados?
“Todos fueron llevados a salvo a tierra” (Hechos
27:27-44)
16 Al cabo de dos semanas espantosas, durante las
cuales el barco fue arrastrado unos 870 kilómetros
(540 millas), los marinos presintieron que había tierra
cerca, fuera por el ruido de las olas batiendo contra la
costa o por algún otro indicio. Por esta razón, decidieron
arrojar anclas desde la popa. Querían evitar que los
arrastrara la corriente y encarar la proa hacia tierra
firme, con la esperanza de que en algún momento
lograran hacer encallar la nave en alguna playa.
En medio de tales maniobras trataron de escapar, pero
el centurión y los soldados se lo impidieron, pues Pablo
les había hecho esta advertencia: “A menos que estos
hombres permanezcan en el barco, ustedes no pueden
salvarse”. Dado que la nave ya no se movía tanto, el
apóstol animó a los presentes a comer, les garantizó
que saldrían sanos y salvos, y “dio gracias a Dios ante
todos ellos” (Hech. 27:31, 35). Con aquella oración dejó
un buen ejemplo para Lucas, para Aristarco y, en
realidad, para cada cristiano que lea su historia.
En efecto, deberíamos preguntarnos: “Cuando oro en
público, ¿soy una fuente de alivio y estímulo para los
demás?”.
*** w99 1/5 pág. 30 Pablo triunfa sobre la adversidad
Por temor a sufrir tales consecuencias, los soldados
deciden matar a todos los presos. No obstante, el oficial
del ejército, al que le une cierta amistad con Pablo,
intercede por ellos. Ordena a todos los que saben nadar
que salten y se dirijan hacia tierra, y a los que no saben,
que se agarren a tablones u otros objetos flotantes del
barco. Uno por uno, los pasajeros del navío siniestrado
avanzan, luchando contra las olas, hasta la orilla,
confirmando así las palabras de Pablo de que ninguna
vida se perdería (Hechos 27:42-44).
Capítulo 28
*** w04 15/8 págs. 30-31 Preguntas de los lectores ***
Algunas personas afirman que Pablo no naufragó
frente a la isla de Malta, al sur de Sicilia, sino cerca
de otra isla. ¿Dónde ocurrió el naufragio?
Esta pregunta se debe a una reciente hipótesis de
que el apóstol Pablo no naufragó cerca de Malta, sino
de Cefalonia (o Kefāllēnía), próxima a Corfú, frente a la
costa oeste de Grecia, en el mar Jónico. El registro
inspirado nos cuenta que Pablo partió de Cesarea, bajo
custodia del centurión romano Julio, junto con otros
5
soldados y los acompañantes del apóstol. Como se
ilustra en el mapa, hicieron escala en Sidón y Mira. Allí
subieron a bordo de un gran barco de Alejandría
(Egipto) que transportaba grano, y viajaron hacia el
oeste, hasta Cnido. Sin embargo, no pudieron seguir el
plan trazado de cruzar el mar Egeo bordeando el
extremo sur de Grecia y continuar hasta Roma. Los
fuertes vientos los obligaron a navegar hacia el sur, al
abrigo de Creta, y atracaron en Bellos Puertos. Después
de “haberse hecho a la mar desde Creta”, el pesado
barco granero “fue prendido por la violencia” de “un
viento tempestuoso llamado euroaquilón”, y estuvo
zarandeándose “de acá para allá en el mar” hasta la
decimocuarta noche. Finalmente encalló, y las 276
personas que iban a bordo acabaron en una isla que el
texto griego de las Sagradas Escrituras llama Me·lí·tē
(Hechos 27:1–28:1).
Con el paso de los años se ha conjeturado mucho
sobre la identidad de la isla de Me·lí·tē. Algunos han
pensado que era la actual Mljet, llamada en latín Melite
Illyrica, isla situada en el mar Adriático frente a las
costas de Croacia. Pero parece improbable, pues la
localización norteña de Mljet es difícil de armonizar con
las siguientes paradas del viaje de Pablo, por ejemplo
Siracusa (Sicilia) y la costa oeste de Italia (Hechos
28:11-13).
La mayoría de los traductores bíblicos han
concluido que Me·lí·tē se refiere a Malta (Melite
Africana). ¿Por qué? Pues bien, el último puerto en el
que hicieron escala fue Bellos Puertos (Creta). Entonces
un viento tempestuoso los arrastró en dirección oeste,
hacia Cauda, y siguió empujando el barco durante
muchos días. Es razonable que, impelido por el
temporal, fuese más hacia el oeste y llegase a Malta.
Conybeare y Howson, teniendo en cuenta los
vientos dominantes y “la dirección y la velocidad de la
corriente de deriva”, escribieron lo siguiente en su libro
The Life and Epistles of St. Paul (La vida y las epístolas
de san Pablo): “La distancia entre Clauda [o Cauda] y
Malta es de algo menos de 770 kilómetros.
La coincidencia es tan extraordinaria que parece
imposible creer que la tierra a la que los marineros se
[acercaron] en la decimocuarta noche fuese otra que
Malta. La probabilidad es aplastante”.
Aunque se ofrezcan distintas ubicaciones, un
naufragio frente a Malta, como se muestra en el mapa,
es lo que más encaja con el relato bíblico.
*** w02 15/5 Mostremos bondad amorosa a los
necesitados ***
4, 5. ¿Cómo ilustran los dos ejemplos bíblicos citados la
diferencia entre la bondad humana y la bondad
amorosa?
4 Un caso de bondad humana se ilustra con lo que
le sucedió a un grupo de náufragos, entre quienes
estaba el apóstol Pablo, a los que la corriente arrastró
hasta la isla de Malta (Hechos 27:37–28:1). Aunque los
malteses no tenían ninguna obligación previa para con
aquellos navegantes en dificultades ni una relación con
ellos, los recibieron con hospitalidad y les mostraron
“extraordinaria bondad humana” (Hechos 28:2, 7).
Fueron amables y hospitalarios, pero lo hicieron debido
a un hecho fortuito y con unos extraños. Por tanto, se
trató de bondad humana.
5 Comparemos el caso anterior con la hospitalidad
del rey David a Mefibóset, el hijo de su amigo Jonatán.
David le dijo: “Tú mismo comerás pan a mi mesa
constantemente”, y le explicó la razón: “Sin falta ejerceré
bondad amorosa para contigo por causa de Jonatán tu
padre” (2 Samuel 9:6, 7, 13). Con acierto se denomina
bondad amorosa, no mera bondad, a la continua
hospitalidad de David, pues fue una prueba de su lealtad
a una relación establecida previamente (1 Samuel 18:3;
20:15, 42). Del mismo modo, los siervos de Dios de la
actualidad son bondadosos con la humanidad en
general, pero expresan continua bondad amorosa, o
amor leal, a aquellos con quienes comparten una
relación aprobada por Dios (Mateo 5:45; Gálatas 6:10).
*** w91 1/2 Honre a hombres de toda clase ***
14. a) En la congregación, ¿cómo pueden los hermanos
honrar debidamente a las hermanas? b) ¿Qué
muestra que el hacer regalos es una manera
de otorgar honra?
14 El apóstol Pablo aconsejó al joven Timoteo que tratara
a las hermanas cristianas mayores como a madres, y a
las jóvenes como a hermanas carnales, “con toda
castidad”. Sí, cuando los hermanos ejercen cuidado
para no tomarse libertades con sus hermanas cristianas,
como por tratarlas con indebida familiaridad, les
muestran honra. Pablo escribió además: “Honra a las
viudas que realmente son viudas”. Entre otras maneras
de honrar a una viuda necesitada está el suministrarle
apoyo material. Pero para merecer esto la viuda debe
ser una persona “de quien se dé testimonio por sus
excelentes obras”. (1 Timoteo 5:2-10.) Con relación a
dádivas o regalos materiales, Lucas escribió lo siguiente
en cuanto a la gente de la isla de Malta: “También nos
honraron con muchas dádivas y, cuando nos hicimos a
la vela, nos cargaron de cosas para satisfacer nuestras
necesidades”. (Hechos 28:10.) De modo que se puede
honrar a otros mediante regalos materiales.
*** w09 1/3 pág. 9 ¿Lo sabía? ***
¿Quiénes eran los “Hijos de Zeus” mencionados en
Hechos 28:11?
El libro bíblico de Hechos cuenta que el apóstol
Pablo, durante su viaje a Roma, navegó de Malta a
Puteoli en un barco que llevaba en lo alto de la proa dos
6
esculturas de los “Hijos de Zeus” (Hechos 28:11).
En aquella época, el uso de estas figuras, llamadas
mascarones, estaba muy extendido.
Según la mitología grecorromana, Zeus (Júpiter) y
Leda tuvieron dos hijos gemelos, Cástor y Pólux.
A estos “Hijos de Zeus” se los consideraba, entre otras
cosas, expertos marinos capaces de controlar el viento y
el mar. Con el tiempo, se los empezó a venerar como
dioses patronos de los marineros. Los navegantes les
presentaban sacrificios e invocaban su protección
cuando se producían tormentas. Además, creían que
estos dioses gemelos demostraban su poder
manifestándose en lo que se conoce como el fuego de
Santelmo, una ráfaga luminosa que a veces aparece
sobre los mástiles de las embarcaciones durante
tormentas fuertes.
El culto a Cástor y Pólux se extendió por todo el
mundo grecorromano, y cierta fuente antigua menciona
específicamente su existencia en la región cercana a
Cirene, en el norte de África. El barco del que habla el
relato de Hechos procedía de Alejandría (Egipto), una
ciudad cercana a Cirene.
*** w10 1/1 pág. 11 ¿Lo sabía? ***
¿Qué camino siguió el apóstol Pablo en su primer
viaje a Roma?
▪ Hechos 28:13-16 indica que Pablo viajó a Italia en
barco y llegó a la ciudad de Puteoli (la actual Pozzuoli),
en la costa del golfo de Nápoles. Desde allí partió hacia
Roma siguiendo la principal ruta de acceso a la ciudad:
la Vía Apia.
Esta calzada debe su nombre al censor romano
Apio Claudio el Ciego, quien ordenó construirla en el
año 312 antes de nuestra era. Medía unos 5 ó 6 metros
(entre 18 y 20 pies) de ancho y estaba formada por
grandes bloques de basalto. Con el tiempo llegó a unir
Roma con Brundisium (la actual Brindisi), un estratégico
puerto hacia el Oriente, situado a 583 kilómetros
(362 millas) de Roma en dirección sureste. Cada
24 kilómetros (unas 15 millas) había paradas donde los
viajeros podían aprovisionarse y dormir, así como
cambiar de caballos o de medio de transporte.
Al parecer, Pablo hizo el camino a pie. La porción
de 212 kilómetros (132 millas) que recorrió atravesaba
las lagunas Pontinas, una insalubre región pantanosa
que, según cierto escritor romano, tenía un olor
nauseabundo y estaba plagada de mosquitos. Más al
norte se encontraban el Mercado o Foro de Apio —a
70 kilómetros (unas 40 millas) de Roma— y las Tres
Tabernas, una posada a 50 kilómetros (unas 30 millas)
de la ciudad. El relato dice que había cristianos de
Roma esperando al apóstol en ambas paradas y que,
cuando los vio, “Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimo”
(Hechos 28:15).
*** bt cap. 27 “Dando testimonio cabal” ***
10. ¿Qué hizo Pablo poco después de llegar a Roma, y
en qué circunstancias vivió?
11, 12. ¿Qué hizo Pablo para disipar los posibles
prejuicios de sus hermanos de raza?
13, 14. ¿Cómo introdujo Pablo el tema del Reino, y
cómo podemos imitar su ejemplo?
“En todas partes se habla en contra de ella” (Hechos
28:16-22)
10 El cronista sigue explicando: “Cuando entramos
en Roma, a Pablo se le permitió alojarse [en una casa,
él] solo con el soldado que lo guardaba” (Hech. 28:16).
Esta custodia menos estricta exigía que el preso
estuviera atado por una cadena a su vigilante. Sin
embargo, ninguna cadena podría acallar al celoso
proclamador del Reino. De modo que, después de
tomarse tres días nada más para recuperarse del viaje,
mandó llamar a las figuras locales más destacadas del
judaísmo a fin de presentarse y darles testimonio.
11 Les dijo: “Hermanos, sin haber hecho yo nada
contrario al pueblo, ni contrario a las costumbres de
nuestros antepasados, desde Jerusalén fui entregado
como preso en manos de los romanos. Y estos, después
de haber efectuado un examen, deseaban ponerme en
libertad, puesto que no había en mí causa alguna de
muerte. Pero como los judíos siguieron hablando en
contra de ello, me vi obligado a apelar a César, mas
no como que tuviera yo alguna cosa de que acusar a mi
nación” (Hech. 28:17-19).
12 Al llamar “hermanos” a sus oyentes judíos, trató
de establecer puntos en común con ellos y disipar los
prejuicios que pudieran tener (1 Cor. 9:20). Por otro
lado, dejó claro que no había venido a acusar a los de
su raza, sino a apelar ante César. Sin embargo, la
comunidad judía de la ciudad no estaba al corriente de
esa apelación (Hech. 28:21). ¿Cómo es posible que sus
correligionarios de Judea no les hubieran avisado? Un
especialista ofrece esta explicación: “El barco de Pablo
debe de haber sido de los primeros en arribar a Italia
después del invierno, de modo que no podían haber
llegado ni representantes de las autoridades hebreas de
Jerusalén ni tampoco ninguna carta exponiendo el
caso”.
13 El apóstol introdujo luego el tema del Reino
haciendo una declaración que pretendía despertar la
curiosidad de los judíos presentes: “Supliqué poder
verlos y hablarles [...] porque a causa de la esperanza
de Israel estoy rodeado de esta cadena” (Hech. 28:20).
Claro, esa esperanza estaba ligada al Mesías y su
Reino, según enseñaba la congregación cristiana. A la
hora de dar su respuesta, los ancianos judíos dijeron:
“Nos parece propio oír de ti cuáles son tus
7
pensamientos, porque, verdaderamente, en lo que toca
a esta secta nos es conocido que en todas partes se
habla en contra de ella” (Hech. 28:22).
14 Cuando anunciamos las buenas nuevas,
podemos imitar a Pablo valiéndonos de afirmaciones o
preguntas que creen intriga y aviven el interés de
nuestros oyentes. Para ello contamos con excelentes
recomendaciones en obras tales como Razonamiento a
partir de las Escrituras y Benefíciese de la Escuela del
Ministerio Teocrático. ¿Estamos dando buen uso a estas
publicaciones bíblicas?
*** w93 1/7 págs. 5-6 Los primeros cristianos y el
mundo ***
Calumniados a pesar de ser buenos ciudadanos
Hacia el año 60 ó 61 E.C., mientras Pablo
aguardaba en Roma su juicio ante el emperador Nerón,
los líderes judíos dijeron con respecto a los primeros
cristianos: “Verdaderamente, en lo que toca a esta secta
nos es conocido que en todas partes se habla en contra
de ella”. (Hechos 28:22.) La historia confirma que la
gente hablaba mal de los cristianos, pero injustamente.
En el libro The Rise of Christianity, E. W. Barnes relata:
“En los primeros documentos autorizados se representa
al cristianismo como un movimiento esencialmente
moral y observante de la ley. Sus fieles deseaban ser
buenos ciudadanos y súbditos leales. Huían de los
defectos y vicios del paganismo. En la vida privada
trataban de ser vecinos pacíficos y amigos confiables.
Se les enseñaba a ser sobrios e industriosos, y a llevar
una vida sin tacha. En medio de la corrupción y el
libertinaje reinantes, eran honestos y veraces si
permanecían leales a sus principios. Sus normas en
materia sexual eran elevadas: se respetaba el vínculo
matrimonial y la vida doméstica era pura. Con tales
virtudes, pensaría uno, era imposible que fueran
ciudadanos molestos. Sin embargo, durante mucho
tiempo se les despreció, se les calumnió y se les odió”.
Tal como el mundo antiguo no comprendió a Jesús,
tampoco comprendió a los cristianos y, por lo tanto, los
odió. Como no adoraban al emperador ni a las
divinidades paganas, se les acusó de ateísmo. Si
acaecía una catástrofe, les echaban la culpa por haber
provocado la ira de los dioses. Por no asistir a las obras
de teatro inmorales ni a los sangrientos espectáculos de
gladiadores, se les consideraba antisociales, incluso
‘enemigos de la raza humana’. Sus detractores
afirmaban que la “secta” cristiana separaba a las
familias y que, por lo tanto, representaba un peligro para
la estabilidad de la sociedad. Tertuliano habló de
esposos paganos que preferían que sus esposas fueran
adúlteras a que se hicieran cristianas.
Se criticaba a los cristianos por oponerse al aborto,
práctica generalizada en aquella época. Sin embargo,
sus enemigos los acusaban de matar niños. Se decía
que en sus reuniones bebían la sangre de los niños que
sacrificaban. Al mismo tiempo, sus enemigos trataban
de obligarlos a comer morcilla, sabiendo que iba en
contra de su conciencia. De este modo desmentían sus
propias acusaciones. (Tertuliano, Apología contra los
gentiles, cap. 9, traducción de Pedro Manero.)
*** w12 15/1 Imitemos la actitud vigilante de los
apóstoles de Jesús ***
18. ¿Cómo se las arregló Pablo para seguir dando
testimonio mientras estaba bajo custodia en
Roma?
19, 20. a) ¿Por qué era Pablo un predicador tan eficaz?
b) ¿Cómo reaccionó Pablo al ver que no todos
aceptaban las buenas nuevas?
21. ¿Qué aprendemos de lo que hizo Pablo mientras
estaba bajo arresto domiciliario?
18 Examinemos la última imagen que da de Pablo el
libro de los Hechos, concretamente en el capítulo 28.
El apóstol había llegado a Roma, donde tendría que
comparecer ante el emperador Nerón. Se encontraba
bajo vigilancia, tal vez encadenado a un guardia. Pero
no había grilletes que pudieran callar al dinámico
evangelizador, quien siempre se las ingeniaba para dar
testimonio (léase Hechos 28:17, 23, 24). Tres días
después mandó llamar a los judíos más importantes a
fin de predicarles, y luego fijó una fecha para darles un
testimonio más exhaustivo. Observemos lo que dice el
versículo 23: “[Los judíos de Roma] hicieron los arreglos
para [reunirse] un día con él, y vinieron a él en mayor
número a su alojamiento. Y él les explicó el asunto,
dando testimonio cabal respecto al reino de Dios y
tratando de persuadirlos respecto a Jesús, tanto por la
ley de Moisés como por los Profetas, desde la mañana
hasta el atardecer”.
19 ¿Por qué era Pablo tan eficaz? En el versículo 23
vemos varias razones. 1) Se centraba en el Reino de
Dios y en Jesucristo. 2) Usaba la persuasión para llegar
al corazón. 3) Extraía sus razonamientos de las
Escrituras. 4) En vez de buscar su propia conveniencia,
daba testimonio “desde la mañana hasta el atardecer”.
Aunque sus argumentos eran irrebatibles, no todos
reaccionaron bien. Dice el versículo 24: “Algunos creían
las cosas que se decían; otros no creían”. Por eso se
pusieron a discutir entre ellos y terminaron
marchándose.
20 ¿Se desanimó el apóstol al ver que muchos
rechazaban las buenas nuevas? De ningún modo.
En Hechos 28:30, 31 leemos: “Permaneció dos años
enteros en su propia casa alquilada, y recibía
amablemente a todos los que venían a él, predicándoles
el reino de Dios y enseñando las cosas respecto al
Señor Jesucristo con la mayor franqueza de expresión,
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sin estorbo”. Con este comentario tan positivo concluye
el libro inspirado de Hechos.
21 ¿Qué aprendemos de Pablo? Mientras estuvo
bajo arresto domiciliario, no pudo predicar de casa en
casa. Con todo, mantuvo una actitud positiva y dio
testimonio a cuantos lo visitaron. Hoy ocurre igual.
Muchos de nuestros hermanos están presos por su fe y
no pierden el gozo a pesar de esta injusticia. Y otros
no pueden salir a predicar porque la edad o la salud los
obliga a permanecer recluidos en su hogar o en una
institución. Según se lo permiten las circunstancias,
predican a los médicos, a las visitas y a otras personas.
Desean de todo corazón dar testimonio cabal del Reino.
¡Cuánto valoramos su excelente ejemplo!
*** w03 1/2 “Sigan llevando mucho fruto” ***
15. ¿Qué parecido encontramos en la respuesta a la
predicación en el siglo primero y en nuestros
días?
15 De aquellos que en el siglo primero oían predicar y
enseñar a Pablo, “algunos creían las cosas que se
decían; otros no creían” (Hechos 28:24). Hoy sucede
igual. Por desgracia, la mayor parte de las semillas del
Reino caen en terreno poco receptivo. Aun así, algunas
se encuentran con tierra excelente, echan raíces y
brotan, tal como Jesús predijo. De hecho, como
promedio, semanalmente más de cinco mil personas se
hacen verdaderos seguidores de Cristo. Estos nuevos
discípulos ‘creen las cosas que se dicen’ sin importarles
que la mayoría de la gente no lo haga. ¿Qué contribuyó
a que su corazón se hiciera receptivo al mensaje del
Reino? Con frecuencia, la clave fue el interés personal
que les mostraron los Testigos, quienes de ese modo
regaron, por así decirlo, la semilla recién sembrada
(1 Corintios 3:6). Veamos tan solo dos entre muchos
ejemplos.
*** bt cap. 27 “Dando testimonio cabal” ***
15. ¿Qué cuatro aspectos del testimonio de Pablo
podemos destacar?
16-18. ¿Por qué no se sorprendió Pablo de la mala
reacción de los judíos de Roma, y cómo
deberíamos sentirnos nosotros cuando la
gente rechaza nuestro mensaje?
Sigamos su ejemplo “dando testimonio cabal”
(Hechos 28:23-29)
15 En el día convenido, los judíos romanos llegaron
“en mayor número” al hospedaje de Pablo, quien estuvo
exponiéndoles el mensaje, “dando testimonio cabal
respecto al reino de Dios y tratando de persuadirlos
respecto a Jesús, tanto por la ley de Moisés como por
los Profetas, desde la mañana hasta el atardecer”
(Hech. 28:23). En este testimonio podemos destacar
cuatro puntos. Primero, que el apóstol se centró en el
Reino de Dios. Segundo, que trató de llegarles al
corazón persuadiéndolos. Tercero, que basó sus
argumentos en las Escrituras. Y cuarto, que no pensó en
su propia conveniencia, pues les predicó “desde la
mañana hasta el atardecer”. ¡Qué ejemplo tan
sobresaliente! ¿Y cuáles fueron los resultados? Aunque
“algunos creían” y “otros no”, al surgir disputas todos
“empezaron a irse” (Hech. 28:24, 25a).
16 Aquella reacción no lo tomó por sorpresa, ya que
había sido anunciada en las profecías bíblicas y de
hecho estaba acostumbrado a verla (Hech. 13:42-47;
18:5, 6; 19:8, 9). Por eso, mientras se iban, les dijo a sus
invitados: “Aptamente habló el espíritu santo por Isaías
el profeta a los antepasados de ustedes, diciendo: ‘Ve a
este pueblo y di: “Oyendo, oirán, pero de ningún modo
entenderán; y, mirando, mirarán, pero de ningún modo
verán. Porque el corazón de este pueblo se ha hecho
indispuesto a recibir”’” (Hech. 28:25b-27). Según el
idioma original, el corazón se les había “engrosado”, o
“engordado”, como con una capa de grasa que impedía
la entrada del mensaje del Reino (Hech. 28:27, nota).
¡Qué triste!
17 El apóstol concluyó señalándoles que, aunque
ellos rechazaban el mensaje, las naciones sí iban a
escucharlo (Hech. 28:28; Sal. 67:2; Isa. 11:10). Y sabía
bien lo que decía, puesto que había visto en persona
cuántos gentiles habían aceptado la proclamación del
Reino (Hech. 13:48; 14:27).
18 Al igual que él, no tomamos como algo personal
el que la gente rechace las buenas nuevas. A fin de
cuentas, sabemos que el número de los que van a
entrar en el camino de la vida será relativamente
pequeño (Mat. 7:13, 14). No obstante, cuando alguien
demuestra la debida actitud y se pone de parte de la
adoración verdadera, lo recibimos de todo corazón y
sentimos una alegría inmensa (Luc. 15:7).
*** w01 15/12 pág. 24 “¡Apelo a César!” ***
El fin de una odisea judicial
A su llegada a Roma, Pablo convocó a los judíos
más prominentes, no solo para predicarles, sino también
para averiguar lo que sabían de él y, posiblemente,
enterarse de algo en cuanto a las intenciones de sus
acusadores. No era insólito que las autoridades de
Jerusalén solicitaran la ayuda de los judíos de Roma en
un proceso judicial, pero estos informaron a Pablo de
que no habían recibido ningún mandato tocante a él.
Mientras esperaba el juicio, se le permitió alquilar una
casa y predicar con libertad. Tal condescendencia quizá
significara que a los ojos de Roma era un hombre
inocente (Hechos 28:17-31).
Pablo estuvo en custodia dos años más. ¿Por qué?
La Biblia no aporta los detalles. Por lo general, el
apelante permanecía retenido hasta que sus acusadores
9
aparecían y presentaban cargos contra él; no obstante,
es posible que los judíos de Jerusalén reconocieran la
falta de solidez de su causa y jamás acudieran a Roma.
O acaso pensaron que no acudir sería el medio más
eficaz de silenciar a Pablo. En cualquier caso, parece
que el prisionero sí compareció ante Nerón, fue
declarado inocente y finalmente liberado, de modo que
pudo reanudar su actividad misional unos cinco años
después de su detención (Hechos 27:24).
*** w06 15/5 pág. 14 ¿Tiene usted “franqueza de
expresión”? ***
Prediquemos con valor
¿Cómo podemos predicar con valor incluso en
circunstancias atemorizantes? Pensemos en el ejemplo
del apóstol Pablo. Mientras estaba preso en Roma, pidió
a sus hermanos en la fe que oraran para que ‘se le diera
la capacidad de hablar al abrir la boca, para que hablara
con denuedo, como debía hablar’ (Efesios 6:19, 20).
¿Fueron contestados esos ruegos? Sí. Aunque estaba
encarcelado, Pablo siguió predicando “el reino de
Dios [...] con la mayor franqueza de expresión, sin
estorbo” (Hechos 28:30, 31).
Predicar en el trabajo, en la escuela o al ir de viaje
puede poner a prueba nuestra franqueza de expresión.
Quizás nos quedemos callados por timidez, por temor a
la reacción de las personas o porque dudamos de
nuestras aptitudes. A este respecto, el apóstol Pablo nos
da un buen ejemplo. Él dijo: “Cobramos denuedo por
medio de nuestro Dios para hablarles las buenas nuevas
de Dios con mucho luchar” (1 Tesalonicenses 2:2). Fue
solo porque confió en Jehová que Pablo pudo hacer
cosas que de otro modo no hubiera logrado.
¿Qué maneras de predicar encontró Pablo
aun estando preso en Roma, y cómo han
seguido su ejemplo muchos cristianos de
hoy? (Hech. 28:17, 23, 30, 31.) [29 de jul., bt
págs. 215, 216 párrs. 19-23.]
bt cap. 27 págs. 215-217 “Dando testimonio cabal”
“Predicándoles el reino de Dios” (Hechos 28:30, 31)
19 Lucas cierra su relato con una nota positiva y
cálida: “[Pablo] permaneció dos años enteros en su
propia casa alquilada, y recibía amablemente a todos los
que venían a él, predicándoles el reino de Dios y
enseñando las cosas respecto al Señor Jesucristo con la
mayor franqueza de expresión, sin estorbo” (Hech.
28:30, 31). Un extraordinario ejemplo de hospitalidad, fe
y celo cristiano.
20 Entre las personas a las que recibió
amablemente estuvo Onésimo, esclavo fugitivo
procedente de Colosas a quien ayudó a abrazar el
cristianismo. Él, a cambio, se convirtió en su “fiel y
amado hermano”. De hecho, el apóstol lo llama “mi hijo,
para quien llegué a ser padre” (Col. 4:9; File. 10-12).
¡Cuánto ánimo tuvo que haber recibido de Onésimo
durante esta etapa de reclusión!
21 Hubo más personas que se beneficiaron del
ejemplo del apóstol, como podemos ver en la
explicación que él mismo dio a la congregación de
Filipos: “Mis asuntos han resultado para el
adelantamiento de las buenas nuevas más bien que de
lo contrario, de modo que mis cadenas se han hecho
públicas en asociación con Cristo entre toda la guardia
pretoriana y entre todos los demás; y la mayoría de los
hermanos en el Señor, sintiendo confianza a causa de
mis cadenas de prisión, están mostrando tanto más
ánimo para hablar sin temor la palabra de Dios” (Fili.
1:12-14).
22 Además, Pablo aprovechó su reclusión en Roma
para escribir importantes cartas que hoy forman parte de
las Escrituras Griegas Cristianas. Es digno de mención
que en una de ellas, la epístola a los Efesios, recurre a
la armadura romana para ilustrar las protecciones
espirituales con las que contamos los siervos de Dios
(Efe. 6:11-17). Nada tendría de raro que le hubiera
venido esa idea fijándose en el soldado que lo
custodiaba (Hech. 28:16). ¿Lección? Seamos
observadores y encontraremos delante de nosotros los
elementos necesarios para elaborar buenas
comparaciones y ejemplos.
23 Cuando llegó el día de su liberación —de la que
no habla Hechos—, Pablo había estado privado de
libertad unos cuatro años: dos en Cesarea y dos en la
capital del imperio (Hech. 23:35; 24:27). En ningún
momento perdió su buena actitud, sino que hizo cuanto
pudo en el servicio a Dios. Y lo mismo han hecho
muchos siervos de Jehová de tiempos modernos.
Aunque se les haya recluido injustamente por defender
su fe, han mantenido el gozo y no han dejado de
predicar. Tomemos como ejemplo a Adolfo, quien
estuvo encarcelado en España por motivo de su
neutralidad cristiana. Un oficial del ejército llegó a
decirle: “Nos has maravillado. Te hemos estado
haciendo la vida imposible, y cuanto más dura te la
hacíamos, tanto más reflejabas una sonrisa y tenías una
palabra amable”.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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