domingo, 29 de septiembre de 2013

atalaya estudio septiembre 2013

Ustedes han sido santificados
“Ustedes han sido lavados, [...] ustedes han sido santificados.” (1 COR. 6:11)
¿QUÉ RESPONDERÍA?
¿Por qué debemos evitar las malas compañías?
¿Cómo podemos apoyar la organización de Dios?
¿Qué nos ayudará a dar prioridad a las cosas espirituales y a no perder nuestra identidad cristiana?
LOS habitantes de Jerusalén están hablando de lo que ocurre en la ciudad. A un conocido extranjero se le ha permitido tener un lugar reservado en el templo. Los levitas están abandonando sus labores. Los ancianos de la ciudad, en vez de dar el ejemplo en apoyar la adoración verdadera, hacen negocios los sábados. Y muchos israelitas se están casando con extranjeras. Con este panorama se encuentra Nehemías cuando regresa a Jerusalén algún tiempo después del año 443 antes de nuestra era (Neh. 13:6).
2 Israel era una nación dedicada a Dios. En el año 1513 antes de nuestra era, los israelitas se habían comprometido de buena gana a hacer la voluntad de Jehová. Habían dicho: “Todas las palabras que ha hablado Jehová estamos dispuestos a ponerlas por obra” (Éx. 24:3). Como resultado, él los había santificado, es decir, los había separado para que fueran su pueblo. ¡Qué gran privilegio! Cuarenta años después, Moisés le recordó a la nación: “Tú eres un pueblo santo a Jehová tu Dios. Es a ti a quien Jehová tu Dios ha escogido para que llegues a ser su pueblo, una propiedad especial, de entre todos los pueblos que están sobre la superficie del suelo” (Deut. 7:6).
3 Por desgracia, el entusiasmo inicial de los israelitas no duró mucho. Aunque siempre hubo algunos que sirvieron fielmente a Dios, en general se preocupaban más por parecer santos y devotos que por hacer la voluntad divina. Cuando Nehemías visitó por segunda vez la ciudad, habían pasado unos cien años desde que un resto de judíos fieles regresó de Babilonia para restaurar la adoración verdadera. Y nuevamente, el entusiasmo de la nación por las cosas espirituales estaba decayendo.
4 Al igual que los israelitas, el pueblo de Dios de tiempos modernos ha sido santificado. Jehová ha separado para un servicio sagrado tanto a los cristianos ungidos como a los que forman la “gran muchedumbre” (Rev. 7:9, 14, 15; 1 Cor. 6:11). Ninguno de nosotros quiere que le pase lo mismo que a los israelitas, a quienes al final Jehová dejó de considerar santos. ¿Cómo podemos impedir que eso nos ocurra? ¿Qué nos ayudará a mantenernos santos y seguir siendo útiles en el servicio a Jehová? En este artículo estudiaremos cuatro puntos que se destacan en el capítulo 13 de Nehemías: 1) evitar las malas compañías, 2) apoyar la organización de Dios, 3) dar prioridad a las cosas espirituales y 4) no perder la identidad cristiana. Analicemos uno por uno estos cuatro puntos.
EVITEMOS LAS MALAS COMPAÑÍAS
¿Cómo demostró Nehemías su lealtad a Jehová? (Vea los párrafos 5 y 6)
5 (Lea Nehemías 13:4-9.) No es fácil mantenerse santo en medio de tantas malas influencias. Pensemos en el caso de Eliasib y Tobías. Eliasib era el sumo sacerdote. Tobías era ammonita y, probablemente, un representante de bajo rango del gobierno persa en Judea. Anteriormente, Tobías y sus socios se habían opuesto a que Nehemías reconstruyera las murallas de Jerusalén (Neh. 2:10). Además, los ammonitas tenían prohibida la entrada al recinto del templo (Deut. 23:3). Entonces, ¿por qué le reservó el sumo sacerdote un comedor allí a un hombre como Tobías?
6 Tobías tenía una estrecha relación con Eliasib. Tobías, al igual que su hijo Jehohanán, se había casado con una mujer judía, y muchos judíos hablaban bien de él (Neh. 6:17-19). Además, un nieto de Eliasib estaba casado con la hija de Sanbalat, gobernador de Samaria, que era uno de los colaboradores más estrechos de Tobías (Neh. 13:28). Así pues, estos lazos quizás expliquen por qué el sumo sacerdote Eliasib se dejó influir por un adversario pagano. En cambio, Nehemías demostró su lealtad a Jehová al echar del comedor todos los muebles de Tobías.
7 Como pueblo dedicado a Dios, tenemos que ser leales a él antes que a nadie. Para permanecer santos delante de Jehová, es imprescindible que cumplamos sus justas normas. Por eso, jamás debemos poner los lazos familiares por encima de los principios bíblicos. Y los ancianos cristianos siempre deben guiarse por el criterio de Jehová, no por sus propias opiniones o sentimientos (1 Tim. 5:21). Tienen que asegurarse de no hacer nada que los lleve a perder la aprobación de Dios (1 Tim. 2:8).
8 Nunca olvidemos que “las malas compañías echan a perder los hábitos útiles” (1 Cor. 15:33). Algunos de nuestros parientes podrían no ser una buena influencia en nuestra vida. Eliasib había dado un buen ejemplo a los judíos al prestarle todo su apoyo a Nehemías en la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Neh. 3:1). Sin embargo, poco a poco se dejó influir por Tobías y otras personas, y terminó haciendo cosas que lo contaminaron a la vista de Jehová. Las buenas amistades nos animan a realizar actividades cristianas útiles, como leer la Biblia, asistir a las reuniones y predicar las buenas nuevas. ¿Y verdad que a los familiares que nos animan a hacer la voluntad de Dios les tenemos especial aprecio y cariño?
APOYEMOS LA ORGANIZACIÓN DE DIOS
9 (Lea Nehemías 13:10-13.) Al parecer, cuando Nehemías regresó a Jerusalén, las contribuciones para el templo prácticamente habían cesado. Al no contar con este apoyo, los levitas estaban abandonando sus labores y yéndose a cultivar sus campos. Nehemías culpó de la situación a los gobernantes del pueblo, quizás porque no recaudaban los diezmos o porque no los destinaban al templo como se les había encargado hacer (Neh. 12:44). Por consiguiente, tomó medidas para recaudar los diezmos: nombró a hombres confiables para supervisar los almacenes del templo y las distribuciones que se hicieran.
10 ¿Encierra este relato alguna lección para nosotros? Por supuesto, ya que nos recuerda que tenemos el privilegio de honrar a Jehová con nuestras cosas valiosas (Prov. 3:9). En realidad, cuando hacemos contribuciones para apoyar su obra, tan solo le estamos dando lo que ya le pertenece (1 Crón. 29:14-16). Quizás nos parezca que nuestra situación no nos permite dar mucho, pero si tenemos el deseo, todos podemos aportar nuestro granito de arena (2 Cor. 8:12).
11 Durante muchos años, una familia con ocho hijos invitó a comer una vez a la semana a un matrimonio mayor de precursores especiales. La madre solía decir: “¡Donde comen 10, comen 12!”. Aunque una comida a la semana tal vez no parezca gran cosa, ¡qué agradecidos se sentían los precursores! Ellos, a su vez, fueron una bendición para la familia. Con sus palabras y experiencias animadoras motivaron a los hijos a progresar espiritualmente, y al final todos ellos emprendieron el servicio de tiempo completo.
12 Otra lección es esta: como Nehemías, hoy los hombres nombrados de la congregación dan el ejemplo en apoyar la organización teocrática, y así benefician mucho a los demás. Los ancianos imitan al apóstol Pablo, quien apoyó la adoración verdadera y ofreció sugerencias prácticas sobre cómo hacer contribuciones materiales (1 Cor. 16:1-3; 2 Cor. 9:5-7).
DEMOS PRIORIDAD A LAS COSAS ESPIRITUALES
13 (Lea Nehemías 13:15-21.) Si estamos demasiado preocupados por las cosas materiales, nuestra espiritualidad puede marchitarse poco a poco. Según leemos en Éxodo 31:13, la celebración semanal del sábado recordaba a los israelitas que eran un pueblo santificado, así que ese séptimo día debía reservarse para adorar a Jehová en familia, orar y meditar en la Ley. Sin embargo, para algunos contemporáneos de Nehemías, se había convertido en un día como otro cualquiera. El servicio a Dios se estaba quedando en segundo plano. Al ver lo que ocurría, Nehemías ordenó que las puertas de la ciudad se cerraran al anochecer del sexto día y echó a los comerciantes extranjeros.
14 ¿Qué nos enseña el ejemplo de Nehemías? Entre otras cosas, que debemos poner límites a nuestros esfuerzos por ganar dinero. Si no lo hacemos, es fácil que nos distraigamos o hasta lleguemos a tener un corazón dividido, sobre todo si nos gusta nuestro trabajo. Recordemos la advertencia de Jesús sobre ser esclavo de dos amos (lea Mateo 6:24). Nehemías tenía recursos económicos, pero ¿a qué dedicó su tiempo mientras estuvo en Jerusalén? (Neh. 5:14-18.) En vez de establecer lazos comerciales con los tirios o con otros mercaderes, se dedicó a ayudar a sus hermanos y a realizar actividades que santificaban el nombre de Jehová. De igual manera hoy día, los ancianos y los siervos ministeriales se concentran en actividades que benefician a la congregación, y sus hermanos en la fe los aman por ello. Como resultado, entre los siervos de Dios se respira un ambiente de amor, de paz y de seguridad (Ezeq. 34:25, 28).
15 Aunque a los cristianos no se nos pide que observemos el sábado, el apóstol Pablo escribió que “queda un descanso sabático para el pueblo de Dios”. Y añadió: “El hombre que ha entrado en el descanso de Dios ha descansado él mismo también de sus propias obras, así como Dios de las suyas” (Heb. 4:9, 10). Los cristianos podemos entrar en el descanso de Dios obedeciéndole y colaborando en el cumplimiento de su propósito. ¿Están usted y sus seres queridos poniendo en primer lugar en su vida la adoración en familia, la asistencia a las reuniones y la predicación? Quizás tengamos que ponernos firmes con nuestro patrón o nuestros asociados, sobre todo si no respetan nuestras prioridades teocráticas. Por así decirlo, quizás debamos “cerrar las puertas de la ciudad y echar a los tirios” a fin de anteponer y atender debidamente las cosas sagradas. Puesto que Dios nos ha santificado, es preciso que nos preguntemos: “¿Refleja mi modo de vivir que Jehová me ha separado para su servicio?” (Mat. 6:33).
NO PERDAMOS NUESTRA IDENTIDAD CRISTIANA
16 (Lea Nehemías 13:23-27.) En tiempos de Nehemías, los israelitas se estaban casando con extranjeras. En su primera visita a Jerusalén, él se había encargado de que todos los ancianos firmaran un acuerdo escrito en el que juraban que ni ellos ni los demás judíos se casarían con mujeres paganas (Neh. 9:38; 10:30). Sin embargo, algunos años más tarde se encontró con que los israelitas no solo habían tomado esposas extranjeras, sino que estaban a punto de perder su identidad como pueblo santificado de Dios. Los hijos de aquellas mujeres paganas no sabían leer ni hablar hebreo. Cuando se hicieran adultos, ¿se identificarían como israelitas? ¿O más bien se considerarían asdoditas, ammonitas o moabitas? ¿Cómo iban a entender la Ley de Dios si no sabían hebreo? ¿Cómo podrían llegar a conocer a Jehová y elegir servirle a él en vez de a los dioses falsos que sus madres adoraban? Había que actuar rápidamente y con decisión, y Nehemías lo hizo (Neh. 13:28).
Ayude a sus hijos a cultivar una estrecha relación con Jehová (Vea los párrafos 17 y 18)
17 Hoy día debemos actuar con decisión para que nuestros hijos adquieran la identidad cristiana, para que se sientan verdaderos cristianos. Padres, pregúntense: “¿Dominan mis hijos el ‘lenguaje puro’ de la verdad? ¿Reflejan sus conversaciones la influencia del espíritu de Dios, o la del espíritu del mundo?” (Sof. 3:9). No se desanimen si ven cosas en las que ellos necesitan mejorar. Aprender un idioma toma tiempo, sobre todo cuando uno vive rodeado de distracciones. Este mundo somete a sus hijos a enormes presiones. Por lo tanto, sean pacientes y aprovechen la Noche de Adoración en Familia y otras oportunidades para ayudarlos a cultivar una estrecha relación con Jehová (Deut. 6:6-9). Destaquen los beneficios de ser diferentes de quienes pertenecen al mundo de Satanás (Juan 17:15-17). Y esfuércense por llegar a su corazón.
18 Al final, cada hijo decidirá si desea servir a Dios o no. Pero los padres pueden ayudarlos de muchas maneras. Está en su mano darles un buen ejemplo, fijar límites claros y hablar con ellos sobre las consecuencias de sus decisiones. Padres, nadie mejor que ustedes puede prepararlos para dedicarse a Jehová. Ellos necesitan su ayuda para adquirir la identidad cristiana y no perderla. En realidad, todos nosotros tenemos que estar en guardia para no perder nuestras simbólicas “prendas de vestir exteriores”, las cualidades y normas que nos identifican como seguidores de Cristo (Rev. 3:4, 5; 16:15).
JEHOVÁ NOS RECORDARÁ “PARA BIEN”
19 Un contemporáneo de Nehemías, el profeta Malaquías, reveló que “un libro de recuerdo empezó a ser escrito [...] para los que estaban en temor de Jehová y para los que pensaban en su nombre” (Mal. 3:16, 17). Así es, Dios nunca olvidará a quienes sienten un temor reverente por él y aman su nombre (Heb. 6:10).
20 Nehemías suplicó: “Acuérdate de mí, sí, oh Dios mío, para bien” (Neh. 13:31). Nuestros nombres estarán junto al de Nehemías en el libro de recuerdo de Jehová si seguimos evitando las malas compañías, apoyamos la organización de Dios, damos prioridad a las cosas espirituales y no perdemos nuestra identidad cristiana. “Sigan poniéndose a prueba para ver si están en la fe”, nos animó el apóstol Pablo (2 Cor. 13:5). Si nos esforzamos por permanecer en el pueblo santificado de Jehová, él se acordará de nosotros “para bien”.
[Preguntas del estudio]
 1. ¿Con qué panorama se encontró Nehemías cuando regresó a Jerusalén? (Vea la ilustración del principio.)
 2. ¿Cómo se había convertido Israel en una nación santa?
 3. ¿En qué estado espiritual se hallaban los judíos la segunda vez que Nehemías visitó Jerusalén?
 4. ¿Qué cuatro puntos que nos ayudarán a mantenernos santos vamos a analizar?
 5, 6. ¿Quiénes fueron Eliasib y Tobías, y cuál era quizá el motivo por el que tenían una estrecha relación?
 7. ¿Cómo pueden permanecer santos delante de Jehová los ancianos y los demás cristianos?
 8. ¿Qué debemos recordar sobre las compañías todos los siervos dedicados de Jehová?
 9. ¿Qué sucedió con las labores del templo, y a quién culpó Nehemías de la situación?
10, 11. ¿De qué manera podemos apoyar la adoración verdadera?
12. ¿Qué buen ejemplo dan los hombres nombrados de la congregación?
13. ¿Cómo pasaban por alto la celebración del sábado algunos judíos?
14, 15. a) ¿Qué puede ocurrirnos si no ponemos límites a nuestros esfuerzos por ganar dinero? b) ¿Cómo podemos entrar en el descanso de Dios?
16. ¿Cómo pusieron en peligro los israelitas su identidad como pueblo santificado de Dios?
17. ¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos a tener una relación personal con Jehová?
18. ¿Por qué son los padres quienes mejor pueden preparar a sus hijos para dedicarse a Jehová?
19, 20. ¿Qué debemos hacer para que Dios se acuerde de nosotros “para bien”?

Macpela.

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