jueves, 28 de noviembre de 2013

Referencias del texto diario

Referencias del texto diario

(Isaías 1:15, 16) Y cuando ustedes extienden las palmas de las manos, escondo de ustedes los ojos. Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de derramamiento de sangre. 16 Lávense; límpiense; quiten la maldad de sus tratos de enfrente de mis ojos; cesen de hacer lo malo.
(Gálatas 3:19) Entonces, ¿por qué la Ley? Fue añadida para poner de manifiesto las transgresiones, hasta que llegara la descendencia a quien se había hecho la promesa; y fue transmitida mediante ángeles por mano de un mediador.
(Salmo 51:17) Los sacrificios para Dios son un espíritu quebrantado;un corazón quebrantado y aplastado, oh Dios, no lo despreciarás.
(Salmo 51:19) En tal caso te deleitarás con los sacrificios de justicia,con el sacrificio quemado y la ofrenda entera;en tal caso se ofrecerán toros en tu mismísimo altar.
w12 15/1 3:15, 16 Lecciones que aprendemos de "la armazón [...] de la verdad"
15 Encontramos un ejemplo parecido en el libro de Isaías. En tiempos del profeta, muchos israelitas cumplían con sus sacrificios pero vivían entregados al pecado. Su mala conducta demostraba que sus sacrificios eran puramente mecánicos; así que carecían de valor. Por eso, Jehová les dijo: "¿De qué provecho me es la multitud de sus sacrificios? [...] Suficiente he tenido ya de holocaustos de carneros y de la grasa de animales bien alimentados; y en la sangre de toros jóvenes y corderos y machos cabríos no me he deleitado. [...] Cesen de traer más ofrendas de grano que nada valen. El incienso... me es algo detestable". Además, Dios les dejó muy claro cuál era el problema al señalarles: "Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de derramamiento de sangre. Lávense; límpiense; quiten la maldad de sus tratos de enfrente de mis ojos; cesen de hacer lo malo" (Isa. 1:11-16).

16 Jehová detestaba los sacrificios de quienes violaban sus normas sin mostrar ningún arrepentimiento. Pero aceptaba con gusto las oraciones y ofrendas de quienes se esforzaban de corazón por cumplir sus mandatos. Gracias a la armazón de la Ley, aquellos fieles comprendían que eran pecadores y necesitaban conseguir el perdón de Dios (Gál. 3:19). Les dolía haberlo ofendido con su conducta. Nosotros también debemos reconocer hoy que necesitamos el sacrificio de Cristo, el cual puede expiar por completo nuestros pecados. Si apreciamos este hecho, Jehová aceptará con deleite todo lo que le ofrezcamos en su servicio (léase Salmo 51:17, 19).

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Macpela.

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casa de los patriarcas.

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