jueves, 26 de diciembre de 2013

ADIVINACIÓN, ADIVINO qasam (μs'q;), «adivinar, practicar la adivinación». Cognados de este vocablo aparecen en arameo tardío, en cóptico, siríaco, mandeano, etiópico y arábigo, así como la lengua de Palmira. La raíz hebrea aparece 31 veces en el texto bíblico: 11 veces como verbo, 9 como participio y 11 como nombre. La adivinación era un paralelo pagano de la profecía: «No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación … Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a Él oiréis» (Dt 18.10, 14–15: primer uso del término). El término qasam se refiere al acto de buscar la voluntad de los dioses a fin de conocer sus acciones futuras o conseguir su bendición para alguna acción propuesta (Jos 13.22). Es posible que los adivinadores conversaban con demonios (1 Co 10.20). En ciertos casos, la práctica de adivinación involucraba ofrendas y sacrificios sobre un altar a la divinidad (Nm 23.1ss). A través de un hueco en la tierra, el adivinador se comunicaba también con los muertos (1 S 28.8). O sacudía saetas, consultaba ídolos domésticos y estudiaba los hígados de animales muertos (Ez 21.21). La adivinación era uno de los intentos humanos de conocer y controlar el mundo y el futuro, dejando de lado al Dios verdadero. Era lo opuesto a la verdadera profecía, la cual es esencialmente sumisión a la soberanía de Dios (Dt 18.14). Tal vez el uso más ambiguo y complicado del término aparece en Nm 22—23 y Pr 16.10, en donde parece ser equivalente a «profecía». Balaam tenía fama de adivino entre los paganos; al mismo tiempo, reconocía a Jehová como su Dios (Nm 22.18). Aceptó dinero por sus servicios y probablemente no tenía problemas con ajustar su mensaje al agrado de sus clientes. Esto explicaría el porqué Dios se enojó con él y lo confrontó (Nm 22.22ss), aun cuando ya le había dicho que aceptara la comisión y acompañara a los enviados del rey (22.20). Según parece, Balaam había resuelto agradar a sus clientes. Pero, una vez que esa actitud se volvió sumisión, Dios le permitió seguir su camino (Nm 22.35).

ADIVINACIÓN, ADIVINO
qasam (μs'q;), «adivinar, practicar la adivinación». Cognados de este vocablo aparecen en
arameo tardío, en cóptico, siríaco, mandeano, etiópico y arábigo, así como la lengua de Palmira. La
raíz hebrea aparece 31 veces en el texto bíblico: 11 veces como verbo, 9 como participio y 11 como
nombre.
La adivinación era un paralelo pagano de la profecía: «No sea hallado en ti quien haga pasar a
su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación … Porque estas naciones que vas a
heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Profeta de en
medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a Él oiréis» (Dt 18.10, 14–15:
primer uso del término).
El término qasam se refiere al acto de buscar la voluntad de los dioses a fin de conocer sus
acciones futuras o conseguir su bendición para alguna acción propuesta (Jos 13.22). Es posible que
los adivinadores conversaban con demonios (1 Co 10.20).
En ciertos casos, la práctica de adivinación involucraba ofrendas y sacrificios sobre un altar a la
divinidad (Nm 23.1ss). A través de un hueco en la tierra, el adivinador se comunicaba también con
los muertos (1 S 28.8). O sacudía saetas, consultaba ídolos domésticos y estudiaba los hígados de
animales muertos (Ez 21.21).
La adivinación era uno de los intentos humanos de conocer y controlar el mundo y el futuro,
dejando de lado al Dios verdadero. Era lo opuesto a la verdadera profecía, la cual es esencialmente
sumisión a la soberanía de Dios (Dt 18.14).
Tal vez el uso más ambiguo y complicado del término aparece en Nm 22—23 y Pr 16.10, en
donde parece ser equivalente a «profecía». Balaam tenía fama de adivino entre los paganos; al
mismo tiempo, reconocía a Jehová como su Dios (Nm 22.18). Aceptó dinero por sus servicios y
probablemente no tenía problemas con ajustar su mensaje al agrado de sus clientes. Esto explicaría
el porqué Dios se enojó con él y lo confrontó (Nm 22.22ss), aun cuando ya le había dicho que
aceptara la comisión y acompañara a los enviados del rey (22.20). Según parece, Balaam había
resuelto agradar a sus clientes. Pero, una vez que esa actitud se volvió sumisión, Dios le permitió
seguir su camino (Nm 22.35).

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