viernes, 20 de diciembre de 2013

referencia al texto diario.

(Hebreos 10:1) Porque, puesto que la Ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, pero no la sustancia misma de las cosas, nunca pueden [los hombres] con los mismos sacrificios que ofrecen continuamente de año en año perfeccionar a los que se acercan.
(Números 19:1-13) Y Jehová procedió a hablar a Moisés y Aarón, y dijo: 2 "Este es el estatuto de la ley que Jehová ha mandado, diciendo: 'Habla a los hijos de Israel que tomen para ti una vaca roja, sana, en la cual no haya defecto y sobre la cual no haya venido yugo. 3 Y ustedes tienen que darla a Eleazar el sacerdote, y él tiene que llevarla fuera del campamento, y tiene que ser degollada delante de él. 4 Entonces Eleazar el sacerdote tiene que tomar parte de la sangre de ella con su dedo y salpicar parte de la sangre de ella directamente hacia el frente de la tienda de reunión siete veces. 5 Y se tiene que quemar la vaca ante los ojos de él. La piel y la carne y la sangre de esta, junto con su estiércol, se quemarán. 6 Y el sacerdote tiene que tomar madera de cedro e hisopo y fibra escarlata carmesí y arrojarlos en medio de la quema de la vaca. 7 Y el sacerdote tiene que lavar sus prendas de vestir y bañar su carne en agua, y después podrá entrar en el campamento; pero el sacerdote tendrá que ser inmundo hasta el atardecer. 8 "'Y el que la haya quemado lavará sus prendas de vestir en agua, y tiene que bañar su carne en agua, y tendrá que ser inmundo hasta el atardecer. 9 "'Y un hombre limpio tiene que recoger las cenizas de la vaca y depositarlas fuera del campamento en un lugar limpio; y estas tienen que servir a la asamblea de los hijos de Israel como algo que ha de guardarse para el agua de limpieza. Es una ofrenda por el pecado. 10 Y el que recoge las cenizas de la vaca tendrá que lavar sus prendas de vestir y ser inmundo hasta el atardecer. "'Y esto tiene que servir a los hijos de Israel y al residente forastero que está residiendo como forastero en medio de ellos como estatuto hasta tiempo indefinido. 11 Cualquiera que toque el cadáver de alma humana alguna, entonces tendrá que ser inmundo siete días. 12 El tal debe purificarse con ella al tercer día, y al día séptimo quedará limpio. Pero si no se purifica al tercer día, entonces al día séptimo no será limpio. 13 Todo el que toque un cadáver, el alma de cualquier hombre que muera, y que no se purifique, ha contaminado el tabernáculo de Jehová, y aquella alma tiene que ser cortada de Israel. Porque el agua de limpieza no se ha rociado sobre ella, continúa inmunda. Todavía está sobre ella su inmundicia.
(Levítico 12:1-8) Y Jehová siguió hablando a Moisés, y dijo: 2 "Habla a los hijos de Israel, y di: 'En caso de que una mujer conciba descendencia y en efecto dé a luz un varón, tiene que ser inmunda siete días; como en los días de la impureza cuando está menstruando será inmunda. 3 Y al octavo día a él se le circuncidará la carne de su prepucio. 4 Por otros treinta y tres días ella se quedará en la sangre de purificación. No debe tocar ninguna cosa santa, y no debe entrar en el lugar santo hasta que se cumplan los días de su purificación. 5 "'Ahora bien, si da a luz una niña, entonces tiene que ser inmunda catorce días, como durante su menstruación. Por sesenta y seis días más se quedará con la sangre de purificación. 6 Entonces, al cumplirse los días de su purificación por hijo o por hija, traerá un carnero joven en su primer año para una ofrenda quemada y un pichón o una tórtola para una ofrenda por el pecado, a la entrada de la tienda de reunión, al sacerdote. 7 Y él tiene que presentarlo delante de Jehová y hacer expiación por ella, y ella tiene que ser limpia de la fuente de su sangre. Esta es la ley acerca de la que dé a luz niño o niña. 8 Pero si no tiene lo suficiente para una oveja, entonces tiene que tomar dos tórtolas o dos pichones, uno para una ofrenda quemada y uno para una ofrenda por el pecado, y el sacerdote tiene que hacer expiación por ella, y ella tiene que ser limpia'".
(Hebreos 10:1-10) Porque, puesto que la Ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, pero no la sustancia misma de las cosas, nunca pueden [los hombres] con los mismos sacrificios que ofrecen continuamente de año en año perfeccionar a los que se acercan. 2 De otro modo, ¿no habrían dejado de ofrecerse los [sacrificios], por cuanto los que rendían servicio sagrado, habiendo sido limpiados una vez para siempre, no tendrían ya ninguna conciencia de pecados? 3 Al contrario, por estos sacrificios se hace recordar los pecados de año en año, 4 porque no es posible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados. 5 Por eso, cuando entra en el mundo, él dice: "'Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo. 6 No aprobaste holocaustos ni [ofrenda por] el pecado'. 7 Entonces dije yo: '¡Mira! He venido (en el rollo del libro está escrito de mí) para hacer tu voluntad, oh Dios'". 8 Después de primero decir: "No quisiste ni aprobaste sacrificios ni ofrendas ni holocaustos ni [ofrenda por] el pecado" —[sacrificios] que se ofrecen según la Ley— 9 entonces realmente dice: "¡Mira! He venido para hacer tu voluntad". Elimina lo primero para establecer lo segundo. 10 Por dicha "voluntad" hemos sido santificados mediante el ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo una vez para siempre.
w12 15/1 3:4, 5 Lecciones que aprendemos de "la armazón [...] de la verdad"
4 En la Ley, los judíos de la antigüedad encontraban a cada paso indicaciones de que eran pecadores. Sirva como muestra la regla de purificarse después de tocar un muerto. Al tercer y al séptimo día de haber estado en contacto con él, la persona impura tenía que ser rociada con "agua de limpieza" ceremonial, la cual se elaboraba degollando una vaca roja sana, quemándola y disolviendo sus cenizas (Núm. 19:1-13). Otra norma semejante exigía que las parturientas guardaran un período de impureza y luego ofrecieran un sacrificio de expiación. Así se recordaba que los seres humanos transmiten en la reproducción el pecado y la muerte (Lev. 12:1-8).

5 En la vida diaria había muchas otras situaciones que requerían que los siervos de Jehová sacrificaran animales para expiar los pecados. Sea que se dieran cuenta o no, tales ofrendas —que con el tiempo llegaron a realizarse en el templo— eran una "sombra", o modelo, que prefiguraba el sacrificio perfecto de Jesús (Heb. 10:1-10).

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