domingo, 12 de enero de 2014

acerquemonos a jehova cap. 1 párrs. 10-17

10 A modo de ilustración: los padres saben lo polifacéticos y adaptables que deben ser al cuidar a sus hijos. En un mismo día, tal vez desempeñen, entre muchas otras, las funciones de enfermeros, cocineros, maestros, agentes disciplinarios y jueces. A muchos los abruma la gran variedad de cometidos que han de cumplir. Señalan que sus pequeños tienen fe absoluta en ellos y que no dudan que papá y mamá son capaces de curarles más pronto las heridas, zanjar todas las disputas, arreglarles los juguetes rotos y responder a cuanta pregunta surja en su mente inquisitiva. Algunos progenitores se ven muy pequeños, y a veces frustrados, ante sus propias limitaciones. Se sienten ineptos para muchos de estos papeles.
11 Jehová es también un Padre amoroso. Dentro del marco de sus normas perfectas, no hay nada que no pueda llegar a ser a fin de brindar los mejores cuidados a sus hijos terrestres. Así pues, su nombre nos invita a verlo como el Padre ideal (Santiago 1:17). Moisés y los demás israelitas fieles no tardaron en constatar que el Altísimo hace honor a su nombre. Vieron maravillados cómo hacía que él mismo llegara a ser Comandante invencible, Señor de los elementos, Legislador sublime, Juez, Arquitecto, Dador de comida y agua, Preservador de ropa y calzado, y mucho más.
12 De este modo, Dios reveló su nombre propio, explicó su significado e incluso demostró que es una designación idónea. Es innegable que desea que lo conozcamos como persona. Ahora bien, ¿cuál es nuestra reacción? Moisés quiso conocerlo. Ese fue el anhelo que orientó toda su vida y lo llevó a estar muy cerca de su Padre celestial (Números 12:6-8; Hebreos 11:27). Por desgracia, la mayoría de sus contemporáneos no compartieron aquel deseo. Cuando él mencionó por nombre a Jehová ante el Faraón de Egipto, el altivo monarca replicó: “¿Quién es Jehová [...]?” (Éxodo 5:2). No quiso aprender más al respecto y, con aire despectivo, rechazó al Dios de Israel como si fuera alguien insignificante. Tal actitud, nada infrecuente en la actualidad, ciega a la gente, lo que les impide aprender una de las verdades más relevantes: Jehová es el Señor Soberano.
El Señor Soberano Jehová
13 Jehová es tan polifacético y adaptable, que merece la amplia gama de títulos que le asignan las Escrituras. Pero estos no compiten con su nombre propio, sino que nos revelan más sobre su significado. Por ejemplo, la Biblia lo llama “Señor Soberano Jehová” (2 Samuel 7:22). Este excelso título, que aparece cientos de veces en las Escrituras, destaca su posición como el único ser con derecho a gobernar el universo. Veamos por qué.
14 Jehová es el único Creador. Dice Revelación (Apocalipsis) 4:11: “Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas”. Estas solemnes palabras no son aplicables a nadie más, puesto que todo lo que hay en el universo le debe su existencia a él. Sin duda, merece la honra, el poder y la gloria propios de su dignidad de Señor Soberano y Creador de todas las cosas.
15 Otro título exclusivo suyo es “Rey de la eternidad” (1 Timoteo 1:17; Revelación 15:3). ¿Qué implica? Aunque a nuestra mente limitada le cueste comprenderlo, Jehová es eterno, es decir, su existencia es infinita tanto en el pasado como en el futuro. De él dice Salmo 90:2: “Aun de tiempo indefinido a tiempo indefinido tú eres Dios”. Por lo tanto, nunca tuvo principio; vive desde siempre. Con razón se le llama “el Anciano de Días”, pues existió por tiempo incontable antes de crear cualquier ser o cosa (Daniel 7:9, 13, 22). ¿Quién tiene razones válidas para cuestionar su derecho a ser el Señor Soberano?
16 Con todo, algunos sí lo han cuestionado, como Faraón. Este problema se debe en parte a que el hombre imperfecto se apoya demasiado en lo que percibe mediante el sentido de la vista. Nos resulta imposible contemplar al Señor Soberano, ya que es un ser espiritual, invisible a nuestros ojos (Juan 4:24). Además, si una persona de carne y hueso compareciera ante la presencia inmediata de Jehová Dios, moriría. Así se lo indicó él a Moisés: “No puedes ver mi rostro, porque ningún hombre puede verme y sin embargo vivir” (Éxodo 33:20; Juan 1:18).
17 Este hecho no debería extrañarnos. Moisés solo contempló parte de la gloria de Jehová, por lo visto a través de un ángel que lo representaba. ¿Con qué efecto? Su rostro estuvo ‘emitiendo rayos’ durante un tiempo después de aquella experiencia, de modo que a los israelitas les daba miedo hasta mirarlo directamente (Éxodo 33:21-23; 34:5-7, 29, 30). Así pues, es patente que un simple ser humano no podría ver al Señor Soberano en la plenitud de su gloria. ¿Se desprende de lo anterior que es menos real que lo visible y palpable? De ningún modo; por ejemplo, aceptamos sin vacilación la existencia de muchas cosas que no podemos ver, como el viento, las ondas de radio y los pensamientos.Por otro lado, Jehová es permanente y no cambia con el paso del tiempo, ni siquiera de un sinnúmero de millones de años. En este sentido, es mucho más real que los objetos perceptibles a la vista o al tacto, puesto que el mundo físico sufre los efectos de la edad y el deterioro (Mateo 6:19). Ahora bien, ¿deberíamos conceptuar al Eterno como una fuerza abstracta carente de personalidad, tal vez una Primera Causa indefinida? Examinemos este asunto.
Un Dios con personalidad
18 Aunque no podamos ver al Altísimo, la Biblia contiene pasajes emocionantes que nos permiten hacernos una idea del cielo inmaterial. Por ejemplo, el capítulo primero del libro de Ezequiel refiere una visión del profeta en la que la organización celestial de Jehová aparece representada como un enorme carruaje. Impresiona en especial la descripción de los poderosos espíritus que rodean al Creador (Ezequiel 1:4-10). La apariencia de tales “criaturas vivientes”, que mantienen una estrecha relación con el Dios al que sirven, aporta datos importantes acerca de él. Cada una posee cuatro caras -de toro, león, águila y hombre-, que al parecer simbolizan las cuatro cualidades principales de la personalidad de Jehová (Revelación 4:6-8, 10).
19 En la Biblia, el toro suele representar el poder, algo muy lógico en vista de su gran fortaleza. El león simboliza la justicia, ya que la auténtica justicia requiere valentía, cualidad por la que es famoso este felino. El águila es célebre por la agudeza de su visión, con la que distingue objetos diminutos a kilómetros de distancia; de ahí que su cara sea un símbolo idóneo de la sabiduría perspicaz de Dios. ¿Y qué quiere decir el rostro de hombre? Pues bien, ya que este fue creado a la imagen del Altísimo, sobresale por su capacidad de reflejar la principal cualidad divina: el amor (Génesis 1:26). Estas facetas de la personalidad de Jehová -poder, justicia, sabiduría y amor- se destacan con tanta frecuencia en las Escrituras que pueden denominarse sus atributos cardinales.
20 ¿Debe preocuparnos la posibilidad de que Dios haya cambiado en los miles de años transcurridos desde que las Santas Escrituras describieron su personalidad? No, pues esta es inmutable. Él nos lo asegura: “Yo soy Jehová; no he cambiado” (Malaquías 3:6). En vez de variar arbitrariamente, demuestra que es un Padre ideal por la manera como reacciona ante cada situación: expresa los aspectos de su carácter que sean más adecuados. De sus cuatro atributos fundamentales, el que predomina es el amor, que orienta todas sus acciones. Ejerce con amor su poder, justicia y sabiduría. De hecho, la Biblia señala algo extraordinario acerca de él y de este atributo: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Observamos que no dice que tiene amor ni que esamoroso, sino que es amor. Esta cualidad es su propia esencia y lo motiva en todo lo que hace.
“¡Miren! Este es nuestro Dios”
21 ¿Ha visto alguna vez a un niño señalar a su padre y, con toda inocencia, al tiempo que lleno de orgullo y alegría, decir a sus amigos: “Ese es mi papá”? Los adoradores de Jehová tienen innumerables razones para sentirse así respecto a él. La Biblia predice que llegará el día en que los fieles exclamarán: “¡Miren! Este es nuestro Dios” (Isaías 25:8, 9). Cuanto más conozcamos sus cualidades, más seguros estaremos de tener el mejor Padre de todo el universo.
22 No es un Padre frío, seco o distante, aunque así lo hayan pintado algunos filósofos y guías religiosos severos. No nos atraería acercarnos a semejante Dios; de hecho, no se presenta de este modo en la Biblia, donde, por el contrario, se le llama el “Dios feliz” (1 Timoteo 1:11). Es firme en sus sentimientos, pero también tierno. Se siente “herido en el corazón” cuando sus criaturas inteligentes quebrantan las pautas que ha estipulado para su propio bien (Génesis 6:6; Salmo 78:41). En cambio, cuando nos conducimos con sabiduría, de acuerdo con su Palabra, ‘regocijamos su corazón’ (Proverbios 27:11).
23 Nuestro Padre quiere que estemos cerca de él. Su Palabra nos insta a ‘buscarlo a tientas y verdaderamente hallarlo, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros’ (Hechos 17:27). Ahora bien, ¿cómo puede un simple ser humano acercarse al Señor Soberano del universo?
[Preguntas del estudio]
1, 2. a) ¿Qué preguntas desearía plantear a Dios? b) ¿Qué le preguntó Moisés?
3, 4. ¿Qué sucesos precedieron a la conversación de Moisés con Dios, y cómo fue, en líneas generales, aquel diálogo?
5, 6. a) ¿Qué verdad esencial extraemos de la pregunta de Moisés? b) ¿Qué atentado se ha cometido contra el nombre propio de Dios? c) ¿Por qué es tan significativo que Dios haya revelado su nombre a la humanidad?
7. a) ¿Qué significa literalmente el nombre propio de Dios? b) En realidad, ¿qué quería saber Moisés cuando le preguntó a Dios su nombre?
8, 9. a) ¿Qué respuesta dio Jehová a Moisés, y por qué es incorrecta la manera como suele traducirse? b) ¿Qué significa la afirmación “Yo resultaré ser lo que resultaré ser”?
10, 11. ¿De qué modo nos invita el nombre de Jehová a verlo como el Padre ideal y el más polifacético? Ilústrelo.
12. ¿Qué diferencia hay entre la actitud de Faraón para con Jehová y la de Moisés?
13, 14. a) ¿Por qué recibe Jehová tantos títulos en la Biblia? Mencione algunos (véase el recuadro de la página 14). b) ¿Por qué es Jehová el único digno de llamarse “Señor Soberano”?
15. ¿Por qué se llama a Jehová “Rey de la eternidad”?
16, 17. a) ¿Por qué nos resulta imposible ver a Jehová, y por qué no debería extrañarnos este hecho? b) ¿En qué sentido es Jehová más real que las cosas visibles o palpables?
18. ¿Qué visión recibió Ezequiel, y qué simbolizan las cuatro caras de las “criaturas vivientes” que están cerca de Jehová?
19. ¿Qué cualidad representa la cara a) de toro? b) de león? c) de águila? d) de hombre?
20. ¿Debe inquietarnos la posibilidad de que haya cambiado la personalidad de Jehová? Explique la razón de su respuesta.
21. ¿Qué seguridad tendremos al conocer mejor las cualidades de Jehová?
22, 23. ¿Qué imagen de nuestro Padre celestial ofrece la Biblia, y cómo sabemos que desea que nos acerquemos a él?
[Recuadro de la página 14]
Algunos títulos de Jehová
Todopoderoso. Su poder es infinito, irresistible (Revelación 15:3).
Padre. Él, que es fuente de toda la vida, incluida la eterna, ama paternalmente a sus siervos (Proverbios 27:11; Juan 5:21).
Magnífico Instructor. Es el Maestro sapientísimo, a quien debemos recurrir en busca de enseñanza y dirección (Isaías 30:20; 48:17).
La Roca. Es inmutable y un refugio seguro (Deuteronomio 32:4).
Pastor. Guía y ampara a sus “ovejas” -sus siervos- y se encarga de alimentarlas espiritualmente (Salmo 23:1).

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