sábado, 18 de enero de 2014

ÁRABE En las Escrituras se emplea el gentilicio árabe con un sentido muy amplio, aplicado principalmente a los habitantes de la inmensa extensión de tierra que queda al E. y al S. de Palestina. A veces, según el contexto y el uso, el término se utiliza con referencia a una tribu o grupo étnico determinados. (1Re 10:15; 2Cr 9:14; 21:16.) Un número considerable de tribus árabes era de origen semítico, descendientes de Sem por medio de Joqtán; otras procedían del linaje de Cam mediante su hijo Cus. (Gé 10:6, 7, 26-30.) También se establecieron en Arabia algunos de los descendientes de Abrahán por Agar y Queturá, como los hijos de Ismael, quienes “se pusieron a residir desde Havilá cerca de Sur, que está enfrente de Egipto, hasta Asiria”. (Gé 25:1-4, 12-18.) Lo mismo es cierto de la prole de Esaú, que se afincó en la región montañosa de Seír, de modo que quedó comprendida en la amplia clasificación de pueblos árabes. (Gé 36:1-43.) La mayoría de los árabes llevaban una vida nómada dedicada al pastoreo, y habitaban en tiendas de campaña. (Isa 13:20; Jer 3:2.) Sin embargo, hubo otros que se dedicaron al comercio, y se dice de algunos que fueron mercaderes empleados por Tiro. (Eze 27:21.) Los siervos de Dios tuvieron relación con ellos en numerosas ocasiones. Los mercaderes madianitas que iban camino de Egipto y a quienes se vendió a José eran árabes, al igual que los sabeos provenientes del S. de Arabia que saquearon el ganado y las asnas de Job. (Gé 37:28; Job 1:1, 15.) En el transcurso de sus cuarenta años de vagar por el desierto, los israelitas se relacionaron con los adoradores de Baal, los madianitas, con resultados nefastos para ellos. (Nú 25:6, 14-18.) Ya en el período de los jueces, hordas de árabes montados en camellos hicieron incursiones continuas contra Israel por siete años, hasta que el juez Gedeón les infligió una severa derrota. (Jue 6:1-6; 7:12-25.) Tiempo después, los gobernantes de los reinos árabes le pagaron tributo al rey Salomón (1Re 10:15; 2Cr 9:14) y también a Jehosafat, a quien daban 7.700 carneros y una cantidad igual de machos cabríos. No obstante, cuando Jehoram sucedió a su padre Jehosafat, los árabes y los filisteos se aliaron contra él, y condujeron a sus partidas merodeadoras a dar muerte a casi todos sus hijos. (2Cr 17:11; 21:16; 22:1.) Uzías, sin embargo, los combatió con éxito durante su reinado. (2Cr 26:1, 7.) Cuando se reconstruían los muros de Jerusalén, también había opositores árabes que dificultaban el trabajo de Nehemías. (Ne 2:19; 4:7, 8; 6:1.) Aunque los árabes eran nómadas, solían mantenerse independientes y estaban apartados de la corriente de acontecimientos que conformaba la vida de aquel tiempo, no escaparon de la referencia profética del juicio divino. (Isa 21:13; Jer 25:17-24.) Siglos más tarde, es posible que hubiese algunos árabes entre los que llegaron a formar parte de la congregación cristiana en el Pentecostés

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Macpela.

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