lunes, 6 de enero de 2014

TEXTO DIARIO Martes 7 de enero Hizo en gran escala lo que era malo a los ojos de Jehová (2 Crón. 33:6)

Martes 7 de enero

Hizo en gran escala lo que era malo a los ojos de Jehová (2 Crón. 33:6).

Unos trescientos sesenta años después de que David comenzó a reinar, Manasés ascendió al trono de Judá. Su reinado de cincuenta y cinco años fue calamitoso por su maldad, y Jehová lo condenó por sus actos detestables. Con el tiempo, Manasés fue encarcelado en Babilonia, lejos de su tierra natal. Allí "siguió humillándose mucho" y "siguió orando" (2 Crón. 33:12, 13). ¿Cómo respondió Jehová a las oraciones de Manasés? "Se dejó rogar por él y oyó su petición de favor." Al igual que David, Manasés reconoció la gravedad de sus pecados y se arrepintió sinceramente. Por eso, Dios lo perdonó y le permitió volver a reinar en Jerusalén. Así, "Manasés llegó a saber que Jehová es el Dios verdadero" (2 Crón. 33:13). ¡Cómo nos reconforta este ejemplo de que nuestro misericordioso Dios perdona a quienes se arrepienten! w12 15/11 4:11-13

(2 Crónicas 33:6) Y él mismo hizo pasar a sus propios hijos por el fuego en el valle del hijo de Hinón, y practicó la magia y usó la adivinación y practicó la hechicería e hizo médium espiritistas y pronosticadores profesionales de sucesos. Hizo en gran escala lo que era malo a los ojos de Jehová, para ofenderle.
(2 Crónicas 33:12, 13) Y tan pronto como esto le causó angustia, él ablandó el rostro de Jehová su Dios, y siguió humillándose mucho a causa del Dios de sus antepasados. 13 Y siguió orando a Él, de modo que Él se dejó rogar por él y oyó su petición de favor y lo restauró en Jerusalén a su gobernación real; y Manasés llegó a saber que Jehová es el Dios [verdadero].
(2 Crónicas 33:13) Y siguió orando a Él, de modo que Él se dejó rogar por él y oyó su petición de favor y lo restauró en Jerusalén a su gobernación real; y Manasés llegó a saber que Jehová es el Dios [verdadero].
w12 15/11 4:11-13 ¿Qué significa para usted el perdón de Jehová?
11 Examinemos otro ejemplo bíblico que ilustra el alcance del perdón de Jehová. Unos trescientos sesenta años después de que David comenzó a reinar, Manasés ascendió al trono de Judá. Su reinado de cincuenta y cinco años fue calamitoso por su maldad, y Jehová lo condenó por sus actos detestables. Entre otras cosas, erigió altares a Baal, adoró a "todo el ejército de los cielos", sacrificó a sus hijos en el fuego y promovió el espiritismo. Desde luego, "hizo en gran escala lo que era malo a los ojos de Jehová" (2 Crón. 33:1-6).

12 Con el tiempo, Manasés fue encarcelado en Babilonia, lejos de su tierra natal. Es posible que allí recordara estas palabras de Moisés a Israel: "Cuando estés en grave aprieto y todas estas palabras te hayan descubierto al fin de los días, entonces tendrás que volverte a Jehová tu Dios y escuchar su voz" (Deut. 4:30). Y, en efecto, Manasés regresó a Jehová. ¿Cómo lo hizo? "Siguió humillándose mucho" y "siguió orando" (véase la página 21) (2 Crón. 33:12, 13). No hay constancia de las palabras exactas que Manasés pronunció en aquellas oraciones, pero podemos imaginar que se parecieron a las que David escribió en el Salmo 51. Sea como sea, el caso es que Manasés cambió por completo.

13 ¿Cómo respondió Jehová a las oraciones de Manasés? "Se dejó rogar por él y oyó su petición de favor." Al igual que David, Manasés reconoció la gravedad de sus pecados y se arrepintió sinceramente. Por eso, Dios lo perdonó y le permitió volver a reinar en Jerusalén. Así, "Manasés llegó a saber que Jehová es el Dios verdadero" (2 Crón. 33:13). ¡Cómo nos reconforta este segundo ejemplo de que nuestro misericordioso Dios perdona a quienes se arrepienten!

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