viernes, 18 de abril de 2014

ejemplo de fe,.-abrahan

CAPÍTULO 3
"El padre de todos los que tienen fe"
ABRAHÁN levanta la vista.* Su mirada se clava en el zigurat, la pirámide escalonada que sobresale en el horizonte de la ciudad donde vive. Puede ver el humo ascender desde aquel enorme templo. Parece que los sacerdotes del dios lunar están otra vez ofreciendo sacrificios allí. Sus gritos resuenan por las calles. Suspirando indignado, Abrahán aparta la vista y retoma el camino a su casa. Al abrirse paso entre la multitud, quizá piense con disgusto en cómo la idolatría y la religión falsa han llenado la ciudad de Ur. ¡Cuánto había cambiado el mundo desde los días de Noé!
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2 Noé había muerto solo dos años antes de que naciera Abrahán. Cuando Noé y su familia salieron del arca después del gran Diluvio, este hombre fiel le ofreció un sacrificio a Dios, quien a su vez respondió haciendo aparecer un arco iris en el cielo (Gén. 8:20; 9:12-14). En aquel entonces, la única religión que existía en el mundo era la verdadera. Pero ahora, diez generaciones más tarde, son pocos los que siguen sirviendo a Jehová. En todas partes, la gente adora a dioses paganos. Incluso el padre de Abrahán, Taré, participa en aquella idolatría, quizá fabricando ídolos (Jos. 24:2).
3 Sin embargo, Abrahán era diferente. Se destacaba por su fe en Dios, la cual fue haciéndose más y más fuerte con el paso de los años. Tanto es así que el apóstol Pablo lo llamó por inspiración divina "el padre de todos los que tienen fe" (lea Romanos 4:11). Veamos cómo llegó a desarrollar tanta confianza en Dios y de qué manera podemos nosotros hacer lo mismo.
La vida después del Diluvio
4 ¿Quién le enseñó a Abrahán acerca de Jehová? Bueno, sabemos que había algunos siervos fieles de Dios en aquellos días. Uno de ellos fue Sem. Aunque no era el mayor de los tres hijos de Noé, la Biblia suele mencionarlo en primer lugar, probablemente porque era un hombre de gran fe.* De hecho, tiempo después del Diluvio, Noé se refirió a Jehová como "el Dios de Sem" (Gén. 9:26). Es obvio que Sem sentía un profundo respeto por Jehová y la religión verdadera.
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5 Pero ¿conoció Abrahán a Sem en persona? Posiblemente. Imagínese a Abrahán de niño observando el sabio rostro de su anciano pariente. ¡Qué impresionado se debió sentir al saber que aquellos ojos habían presenciado más de cuatrocientos años de historia! Para empezar, Sem fue testigo de la maldad que existió antes del Diluvio y estuvo ahí cuando las aguas inundaron la Tierra. Más adelante, vio cómo se formaban las primeras naciones a medida que los seres humanos se fueron multiplicando. Incluso vivió durante los tenebrosos días del rebelde Nemrod, quien mandó construir la torre de Babel. Sem, por su parte, se mantuvo al margen de aquella rebelión. Así que, cuando Dios confundió las lenguas de los que sí participaron, Sem y su familia —que incluía a Abrahán— continuaron hablando el idioma original del hombre: la lengua de su padre, Noé. Sin duda, Abrahán sentía gran admiración por Sem. Y como este fiel anciano estuvo vivo durante la mayor parte de la larga vida de Abrahán, es probable que fuera él quien le habló de Jehová.
Abrahán rechazando la idolatría de Ur
Abrahán rechazó la idolatría que practicaba la gente de Ur
6 Lo cierto es que Abrahán grabó en su corazón la lección que Jehová impartió con el Diluvio y se esforzó por andar con Dios, tal como había hecho Noé. Por eso, rechazó de plano la idolatría y fue diferente de quienes lo rodeaban, aunque fueran miembros de su propia familia. Eso sí, Abrahán encontró una compañera maravillosa: Sara.* Esta mujer era excepcional no solo por su belleza, sino también por su profunda fe en Dios. Abrahán se casó con ella y, aunque no tenían hijos, sin duda disfrutaban mucho de servir a Jehová juntos. Además, como Lot —el sobrino de Abrahán— se había quedado huérfano, ellos lo adoptaron.
7 Abrahán fue leal a Jehová y nunca participó en la idolatría que se practicaba en Ur. Junto con su esposa, estuvo dispuesto a ir contra la corriente. Para cultivar verdadera fe, nosotros debemos hacer lo mismo, sin tener miedo a ser diferentes. Jesús dijo que sus seguidores "no son parte del mundo" y añadió que por eso el mundo los odia (lea Juan 15:19). Si alguna vez usted se siente rechazado por su familia u otras personas por servir a Jehová, recuerde que no es el primero ni el último. En realidad, está siguiendo los pasos de siervos fieles del pasado como Abrahán y Sara.
"Sal de tu tierra"
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8 Cierto día, a Abrahán le ocurre algo extraordinario: ¡recibe un mensaje de parte de Jehová! El relato no entra en muchos detalles sobre cómo se lo transmitió, pero sí dice que "el Dios de la gloria" se le apareció (lea Hechos 7:2, 3). Quizá por medio de un ángel, Abrahán vio un destello de la incomparable gloria del Soberano del universo. En todo caso, debió ser muy animador para él ver el gran contraste que existía entre el Dios vivo al que servía y los ídolos sin vida de la gente.
9 Pero ¿qué mensaje le transmitió Dios a Abrahán? "Sal de tu tierra y de tus parientes y ve a la tierra que yo te mostraré." Notemos que Jehová no le indica el lugar específico al que debe dirigirse; se limita a decir que ya se lo mostraría. Pero antes, Abrahán tendría que abandonar su tierra natal y sus parientes. En el antiguo Oriente Medio, la familia tenía un papel importantísimo. El hecho de que un hombre dejara a sus parientes y se fuera a vivir lejos era para él una terrible desgracia. Algunos lo consideraban incluso peor que la muerte.
10 Irse de su tierra natal no fue nada fácil para Abrahán. Hay pruebas históricas de que Ur era una ciudad próspera y llena de vida (vea el recuadro "La ciudad que dejaron atrás Abrahán y Sara"). Las excavaciones han revelado que algunas familias vivían con sus sirvientes en cómodas y espaciosas casas. Varias de estas contaban con 12 o más habitaciones situadas en torno a un patio empedrado. Generalmente disponían de agua corriente, cuartos de baño y sistema de alcantarillado. Además, no hay que olvidar que Abrahán y Sara ya no eran precisamente jóvenes: él rondaría los 70 años, y ella los 60. Seguro que Abrahán, como todo buen esposo, se preocupaba por el bienestar de Sara. ¿Podría cuidar bien de ella allá adonde iban? ¡Cuántas conversaciones habrán tenido sobre sus inquietudes y temores! Por eso, no es difícil imaginar lo contento que debió sentirse Abrahán cuando Sara le aseguró que aceptaba irse. Al igual que él, estaba dispuesta a dejar atrás su cómodo hogar.
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11 Una vez tomada la decisión, Abrahán y Sara ponen manos a la obra. ¡Hay tantos preparativos que hacer! ¿Qué cosas van a llevarse a aquel paradero desconocido? ¿Cuáles van a dejar? Y lo que es más importante, ¿qué hay de la familia y los sirvientes? El padre de Abrahán, Taré, ya está mayor. ¿Será buena idea que vaya? Abrahán y Sara creen que sí, pues quieren cuidarlo hasta el fin de sus días. Y parece ser que Taré —quien sin duda ha abandonado la idolatría— acepta gustoso acompañarlos. De hecho, el relato lo menciona a él, como patriarca, sacando a su familia de Ur. En cuanto a Lot, el sobrino de Abrahán, él también se les une en el viaje (Gén. 11:31).
12 Finalmente llega el día de la partida. Imagínese la escena: fuera de los muros y el foso que rodean la ciudad, la familia y sus sirvientes están a punto de emprender el esperado viaje. Han reunido los rebaños, cargado los burros y camellos, y ya están listos para partir.* ¡Qué momento tan emocionante! Todas las miradas ahora se vuelven hacia Abrahán, quien entonces da la señal para ponerse en marcha. De inmediato, dejando la ciudad a sus espaldas, la caravana avanza para no volver.
13 Hoy en día, muchos siervos de Jehová deciden trasladarse a lugares donde se necesitan más evangelizadores. También hay quienes aprenden un nuevo idioma para llegar a más personas con el mensaje del Reino o amplían su ministerio probando otros métodos de predicación, aunque les resulten algo incómodos o poco familiares. Por lo general, tales decisiones implican sacrificios, pues suponen dejar a un lado la comodidad personal, tal como hicieron Abrahán y Sara. ¡Qué actitud tan abnegada! Si demostramos una fe así, podemos estar seguros que Jehová nos recompensará y que siempre nos dará más de lo que podamos ofrecerle nosotros (Heb. 6:10; 11:6). Ahora bien, ¿cómo bendijo Dios la fe de Abrahán?
Cruzaron el río Éufrates
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14 La caravana ha ido avanzando a un ritmo constante, y los viajeros ya se han acostumbrado a la rutina del viaje. Un tramo a pie, y otro subidos a alguna bestia de carga, Abrahán y Sara conversan durante el trayecto. Sus voces se pierden entre el tintineo de los cascabeles de los animales. A fuerza de repetirlo tantas veces, todos se han hecho expertos en montar y desmontar el campamento. Y cada vez que vuelven a partir, procuran que el anciano Taré vaya cómodo sobre los lomos de un camello o un asno. Viajan en dirección noroeste, siguiendo el curso del río Éufrates. Día tras día, semana tras semana, la caravana sigue su camino a paso lento pero seguro.
15 Por fin, tras recorrer unos 960 kilómetros (600 millas), llegan a unas cabañas en forma de colmena: es la próspera ciudad de Harán, un punto clave que enlazaba las rutas comerciales entre Oriente y Occidente. Abrahán decide establecerse allí durante un tiempo, quizá porque su padre está demasiado débil para seguir viajando.
16 Algún tiempo después, a los 205 años de edad, Taré muere (Gén. 11:32). Seguramente, Abrahán queda desolado por la pérdida. Pero, entonces, Jehová vuelve a comunicarse con él. ¿Qué le dice? Repite las instrucciones que ya le había dado en Ur y le detalla las bendiciones que recibirá. De Abrahán surgiría "una nación grande", y todas las familias de la Tierra podrían beneficiarse gracias a él (lea Génesis 12:2, 3). ¡Cuánto deben animarlo estas palabras! Entusiasmado por este pacto entre Jehová y él, Abrahán se pone de nuevo en marcha.
17 Eso sí, esta vez hay mucho más que organizar. Durante su estancia en Harán, Jehová ha bendecido a Abrahán, y sus posesiones se han multiplicado. La Biblia habla de "todos los bienes que ellos habían acumulado y las almas que habían adquirido en Harán" (Gén. 12:5). Y es que, para que de él pudiera surgir una nación, Abrahán necesitaba una gran cantidad de sirvientes y bienes materiales. Claro, esto no significa que debemos esperar que Jehová les conceda riquezas a sus siervos, pero sí confirma que les dará todo lo que les haga falta para que puedan cumplir con la voluntad divina. Entonces, con fuerzas renovadas, Abrahán retoma su camino, aunque desconoce adónde lo llevará.
Abrahán y Sara saliendo de Ur con solo unas pocas pertenencias
Abrahán y Sara estuvieron dispuestos a dejar atrás las comodidades que tenían en Ur
18 A varios días de distancia estaba Carquemis, ciudad por donde numerosas caravanas cruzaban el río Éufrates. Es posible que fuera en este lugar donde Abrahán vivió un momento único en la historia del pueblo de Dios. En el año 1943 antes de nuestra era, probablemente el día 14 del mes que más tarde se llamaría nisán, Abrahán cruzó el río Éufrates (Éx. 12:40-43). Al sur se extendía la tierra que Jehová había prometido mostrarle. Aquel día tan especial, el pacto que hizo con él entraba en vigor.
19 Viajando en dirección sur, la caravana se detiene cerca de los árboles grandes de Moré, en Siquem. Allí Jehová vuelve a hablarle a Abrahán. En esta ocasión le promete que su descendencia tomaría posesión de aquella tierra. ¿Habrá relacionado Abrahán esta promesa con la profecía que Jehová hizo en el jardín de Edén sobre una "descendencia" que salvaría a la humanidad? (Gén. 3:15; 12:7.) Es posible que sí. Quizá Abrahán empezara a comprender que, de algún modo, él formaba parte de un propósito mayor, que Jehová lo estaba utilizando para llevar a cabo su voluntad.
20 Abrahán valoraba mucho el privilegio que Jehová le concedió. Mientras iba avanzando con precaución por aquella tierra habitada por cananeos, Abrahán se detuvo para edificar altares a su Dios, primero cerca de los árboles grandes de Moré y después cerca de Betel. Menciona el relato que invocaba el nombre de Jehová. ¿Cómo? Seguramente le daba las gracias por permitirle ver la tierra que heredarían sus descendientes. Y también es posible que les predicara a los habitantes de la región (lea Génesis 12:7, 8). Lo cierto es que a Abrahán aún le esperaban grandes pruebas de fe. Afortunadamente, nunca miró a las cosas que había dejado atrás, las comodidades que había disfrutado en Ur. Más bien, se concentró en lo que tenía por delante. Hebreos 11:10 dice que "esperaba la ciudad que tiene fundamentos verdaderos, cuyo edificador y hacedor es Dios".
21 Hoy día, los siervos de Jehová tenemos mucha más información que Abrahán sobre la ciudad simbólica que menciona Hebreos 11:10, es decir, el Reino de Dios. Por ejemplo, sabemos que ese Reino ya está gobernando en el cielo y que pronto pondrá fin a este mundo malvado. También sabemos que el rey de ese Reino es Jesucristo, la Descendencia que se le había prometido a Abrahán hacía tanto tiempo. ¡Qué maravilloso será ver cuando este fiel patriarca resucite y al fin comprenda todos los detalles del propósito divino y su cumplimiento! ¿Le gustaría también a usted ver cómo Jehová cumple cada una de sus promesas? Si así es, siga imitando el ejemplo de Abrahán. ¿De qué manera? Estando dispuesto a hacer sacrificios por servir a Jehová, obedeciéndole y valorando profundamente cada privilegio que le conceda. De ese modo, Abrahán, a quien se le llama "el padre de todos los que tienen fe", también llegará a ser, por así decirlo, su padre.
[Notas]
En aquel momento, Abrahán en realidad se llamaba Abrán. Pero años más tarde, Dios le puso el nombre Abrahán, que significa "Padre de una Multitud" (Gén. 17:5).
Lo mismo ocurre con Abrahán: aunque no era el mayor de los hijos de Taré, con frecuencia se le menciona primero en las Escrituras.
En aquel momento, Sara se llamaba Sarai. Pero más adelante, Dios le puso el nombre Sara, que significa "Princesa" (Gén. 17:15).
Algunos estudiosos cuestionan el hecho de que los camellos hubieran sido domesticados para el tiempo de Abrahán. Sin embargo, las pruebas que aportan no son concluyentes. Lo cierto es que la Biblia nombra en varias ocasiones a los camellos entre las posesiones de Abrahán (Gén. 12:16; 24:35).
PREGUNTAS PARA PENSAR
• ¿Cómo demostró Abrahán su fe en un mundo lleno de idolatría?
• ¿Qué le impresiona a usted sobre la actitud con que Abrahán salió de Ur?
• ¿Cómo recompensó Jehová la fe de Abrahán?
• ¿Cómo podría usted imitar la fe que tenía Abrahán?
[Preguntas del estudio]
1, 2. ¿Cómo había cambiado el mundo desde los días de Noé, y cómo se sentía Abrahán al respecto?
3. ¿Qué cualidad tenía Abrahán, y qué podemos aprender de él?
4, 5. ¿Quién pudo haberle enseñado a Abrahán acerca de Jehová, y cómo llegamos a esta conclusión?
6. a) ¿Cómo demostró Abrahán que había entendido la lección que Dios impartió con el Diluvio? b) ¿Cómo era la vida de Abrahán y Sara?
7. ¿Por qué es necesario que los cristianos imiten el ejemplo de Abrahán?
8, 9. a) ¿Qué experiencia extraordinaria vivió Abrahán cierto día? b) ¿Qué mensaje le transmitió Dios a Abrahán?
10. ¿Por qué no debió ser fácil para Abrahán y Sara dejar su hogar en Ur?
11, 12. a) ¿Qué preparativos y decisiones implicaba el viaje para Abrahán y Sara? b) ¿Cómo se imagina usted el día de la partida?
13. ¿Cómo demuestran los siervos de Dios hoy la misma actitud que Abrahán y Sara?
14, 15. ¿Cómo fue el viaje desde Ur hasta Harán, y cuál pudo ser la razón por la que Abrahán se estableció allí durante un tiempo?
16, 17. a) ¿Qué establecía el pacto entre Jehová y Abrahán? b) ¿Cómo bendijo Dios a Abrahán en Harán?
18. a) ¿Cuándo vivió Abrahán un momento único en la historia del pueblo de Dios? b) ¿Qué otros acontecimientos ocurrieron el 14 de nisán de años posteriores? (Vea el recuadro "Una fecha clave".)
19. ¿Qué le prometió Jehová a Abrahán, y con qué es posible que Abrahán relacionara esa promesa?
20. ¿Cómo demostró Abrahán que valoraba el privilegio que Jehová le concedió?
21. A diferencia de Abrahán, ¿qué sabemos hoy sobre el Reino de Dios? ¿Qué estamos decididos a hacer?
[Comentario de la página 25]
¿Cómo llegó a ser Abrahán un ejemplo tan excelente de fe?
[Recuadro de la página 29]
La ciudad que dejaron atrás Abrahán y Sara
Las publicaciones de los testigos de Jehová siempre han tratado de ayudarnos a imaginar cómo eran los personajes bíblicos y el ambiente en que vivían. Hallamos un ejemplo en la revista ¡Despertad! del 22 de mayo de 1988, donde se describe la ciudad de Ur. Visualicemos cómo era aquel lugar que Abrahán y Sara dejaron atrás:
A MEDIO camino entre el golfo Pérsico y la ciudad de Bagdad se halla un montículo de ladrillos de barro. Desde lejos, parece un solitario centinela en un vasto desierto. Azotadas por tormentas de polvo y abrasadas por el sol, las ruinas descansan en un profundo silencio que solo interrumpe de vez en cuando el aullido de algún animal nocturno. Eso es todo lo que queda de la poderosa ciudad de Ur.
Pero retrocedamos cuatro mil años. Allí, en lo que era la orilla oriental del río Éufrates, Ur es una ciudad floreciente. Casas y tiendas encaladas llenan sus serpenteantes calles. Mercaderes y compradores regatean los precios en los bazares. Los obreros trabajan día y noche hilando las blancas hebras de los manojos de lana. Los esclavos, doblados bajo el peso de los tesoros que llegan a la ciudad, descienden por las rampas de los barcos.
Todo este bullicio tiene lugar a la sombra de un enorme zigurat que domina la vista de la ciudad. Allí se rinde culto a un dios que, según se cree, ha traído prosperidad a Ur: el dios lunar Nanna, o Sin.
Pero hay un hombre a quien le repugna el olor de los sacrificios que se ofrecen sobre esta gran pirámide. Su nombre es Abrán.
[Recuadro de la página 30]
Una fecha clave
El día en que Abrahán cruzó el río Éufrates marcó un momento clave en la historia bíblica. En años posteriores ocurrieron sucesos de gran importancia en esa misma fecha. Exactamente cuatrocientos treinta años después, el 14 de nisán del 1513 antes de nuestra era, Jehová liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto para que tomaran posesión de la tierra que le había prometido a Abrahán (Éx. 12:40, 41; Gál. 3:17). Y el 14 de nisán del año 33 de nuestra era, Jesús se reunió con sus apóstoles e hizo con ellos un pacto para que participaran con él de un gobierno celestial. Gracias a este Reino, pronto se eliminarán todos los problemas de la humanidad (Luc. 22:29). Hoy día, los testigos de Jehová se reúnen año tras año en esa misma fecha del calendario judío, el 14 de nisán, para conmemorar la Cena del Señor (Luc. 22:19).
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Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7






























































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