sábado, 19 de abril de 2014

ejemplos de fe,.-elias

CAPÍTULO 10
Fiel defensor de la adoración pura
ELÍAS, el profeta de Dios, contempla a la multitud subir con dificultad las faldas del monte Carmelo. Incluso a la débil luz del amanecer, resulta evidente que el pueblo está sumido en la pobreza. Los tres años y medio de sequía han dejado su huella.
2 Entre la gente se abren paso con orgullo los 450 sacerdotes de Baal. Salta a la vista que odian a muerte al fiel profeta. Aunque la reina Jezabel ya ha ejecutado a muchos siervos de Dios, Elías aún se opone con firmeza al culto a Baal. Pero ¿cuánto más resistirá? Esos profetas falsos quizá piensen que un solo hombre jamás podrá con todos ellos (1 Rey. 18:4, 19, 20). También llega en su carruaje el rey Acab, quien tampoco le tiene ninguna simpatía a Elías.
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3 A este solitario profeta le espera el día más extraordinario de su vida. Ante sus ojos se producirá uno de los enfrentamientos entre el bien y el mal más impactantes de la historia. ¿Cómo debe sentirse a medida que se acerca ese momento? La Biblia explica que Elías era un "hombre de sentimientos semejantes a los nuestros", así que no sería raro que tuviera algo de miedo (lea Santiago 5:17). Lo que está claro es que, frente a un pueblo infiel, un rey apóstata y unos sacerdotes sedientos de sangre, Elías debe sentirse terriblemente solo (1 Rey. 18:22).
4 ¿Cómo ha llegado la nación de Israel a esta lamentable situación? ¿Y qué podemos aprender nosotros del relato? Analicemos el ejemplo de fe del profeta Elías y veamos cómo nos beneficia en la actualidad.
Una antigua disputa
5 Durante la mayor parte de su vida, Elías había observado con impotencia cómo se pasaba por alto y se pisoteaba lo que debía ser lo más importante para el pueblo: la adoración al Dios verdadero. Desde hacía mucho tiempo, numerosos israelitas se habían apartado de servir a Jehová para dar culto a los dioses falsos de las naciones vecinas. Pero en los días del profeta Elías, esta antigua disputa entre la religión verdadera y la falsa llegó a un punto extremo.
6 El rey Acab había ofendido gravemente a Jehová. Se había casado con Jezabel, la hija del rey de Sidón. Ella estaba decidida a erradicar la adoración a Jehová y a difundir el culto a Baal por todo Israel. Acab se dejó influir enseguida por su esposa y edificó un templo y un altar a Baal. De hecho, dio un terrible ejemplo al pueblo postrándose ante ese dios pagano (1 Rey. 16:30-33).
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7 ¿Por qué era tan horrible el culto a Baal? En primer lugar, porque había desviado a la nación de servir al Dios verdadero. Y además, se trataba de una religión depravada y cruel, en la que hombres y mujeres se dedicaban a la prostitución ritual, se practicaban orgías sexuales, y hasta se sacrificaban niños. Por eso, Jehová había enviado a Elías ante Acab para anunciarle una sequía que duraría hasta que el profeta mismo decretara su fin (1 Rey. 17:1). Pasaron algunos años antes de que Elías volviera a presentarse ante el rey, y cuando lo hizo, fue para decirle que reuniera al pueblo y a los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo.*
8 Pero ¿qué tiene que ver esta disputa con nosotros? ¿Qué relevancia puede tener hoy un relato sobre el culto a Baal? Al fin y al cabo, ya no existen ni templos ni altares a este dios. Sin embargo, no se trata de una simple historia del pasado (Rom. 15:4). La palabra baal significa "dueño" o "amo", y Jehová pedía a su pueblo que lo escogiera a él como su "baal", como su "dueño marital" (Is. 54:5). ¿No le parece que la gente todavía sirve a una gran variedad de "amos" en lugar de al Dios todopoderoso? Las personas escogen y adoran a un amo distinto de Jehová cuando hacen que su vida gire en torno al dinero, la profesión, las diversiones, los placeres sexuales o cualquier otro de los innumerables "dioses" que hoy existen (Mat. 6:24; lea Romanos 6:16). En cierto sentido, las principales prácticas del culto a Baal siguen estando muy extendidas. Como podemos ver, examinar el enfrentamiento que surgió entre Jehová y Baal en el pasado puede ayudarnos a analizar a quién servimos nosotros hoy día.
¿En qué sentido estaban "cojeando"?
9 Desde su cumbre, el monte Carmelo cuenta con una espectacular vista: desde el cercano mar Grande (el Mediterráneo) y el valle torrencial de Cisón, abajo, hasta las distantes montañas del Líbano al norte.* Pero, conforme sale el Sol en este día trascendental, la luz pone al descubierto un paisaje deprimente. La fértil tierra que Jehová había entregado a los hijos de Abrahán se ha convertido en un terreno estéril y abrasado por el sol, arruinado por la insensatez del propio pueblo de Dios. Elías se presenta ante los israelitas allí reunidos y dice: "¿Hasta cuándo irán cojeando sobre dos opiniones diferentes? Si Jehová es el Dios verdadero, vayan siguiéndolo; pero si Baal lo es, vayan siguiéndolo a él" (1 Rey. 18:21).
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10 ¿Qué quiso decir Elías con la expresión "cojeando sobre dos opiniones"? Aquellas personas no se daban cuenta de que tenían que elegir entre adorar a Baal y adorar a Jehová. Pensaban que podían hacer las dos cosas al mismo tiempo: por un lado, apaciguar a Baal con sus repugnantes ritos, y, por otro, pedirle a Jehová que los cuidara. Quizás razonaban que Baal bendeciría sus cosechas y su ganado, mientras que "Jehová de los ejércitos" los protegería en el campo de batalla (1 Sam. 17:45). Pero habían olvidado una verdad fundamental, una verdad que muchos olvidan hoy también: Jehová no comparte su adoración con nadie. El Creador exige y merece que se le dé devoción a él exclusivamente. Por eso, toda adoración que se le rinda pero que esté mezclada con cualquier forma de idolatría es para él inaceptable y hasta ofensiva (lea Éxodo 20:5).
11 Así que aquellos israelitas estaban "cojeando", o saltando de un pie al otro, como quien intenta seguir dos caminos a la vez. Hoy día, muchos cometen un error parecido al permitir que otros "baales" entren en su vida y los vayan apartando de su servicio a Dios. Esta clara advertencia de Elías nos motiva a examinar nuestra adoración a Jehová y ver a qué cosas les estamos dando más importancia en nuestra vida.
Una prueba decisiva
12 A continuación, Elías les propone a los sacerdotes de Baal una prueba clara y sencilla. Tienen que preparar un altar y poner un sacrificio sobre él, orar a su dios y pedirle que encienda el fuego. Y Elías, por su parte, hará lo mismo. ¿Con qué objetivo? El profeta explica que el Dios "que responda por medio de fuego es el Dios verdadero". Por supuesto, Elías sabe muy bien quién es el Dios verdadero. De hecho, su fe es tan fuerte que hasta les da a sus enemigos todas las ventajas. Les dice que vayan ellos primero. Así que, tras escoger el toro que quieren sacrificar, comienzan a suplicarle a Baal (1 Rey. 18:24, 25).*
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13 Aunque es cierto que actualmente ya no ocurren milagros como en aquel entonces, Jehová no ha cambiado, y podemos confiar en él tal como lo hizo Elías. Por ejemplo, cuando nos encontramos con personas que están en desacuerdo con lo que la Biblia afirma, no debemos temer que expresen sus ideas. Al igual que Elías, dejemos que sea el Dios verdadero quien zanje la cuestión. ¿Cómo lo haremos? En vez de confiar en nosotros mismos, apoyémonos en su Palabra inspirada, que fue escrita "para rectificar las cosas" (2 Tim. 3:16).
14 Los profetas de Baal ya han preparado su sacrificio y están clamando a su dios. "¡Oh Baal, respóndenos!", gritan una y otra vez. Van pasando los minutos y las horas. "Pero no hubo voz, y no hubo quien respondiera", dice la Biblia. Al mediodía, Elías empieza a ridiculizar a aquellos impostores, afirmando en son de burla que Baal debe estar muy ocupado para responderles, que estará haciendo sus necesidades o que se habrá quedado dormido y necesita que lo despierten. "Llamen a voz en cuello", les sugiere. Evidentemente, veía el culto a Baal como lo que era: una farsa absurda, y quería desenmascararlo ante todo el pueblo (1 Rey. 18:26, 27).
15 Al oír esto, los sacerdotes de Baal se ponen aún más histéricos y empiezan a "clamar a voz en cuello y a cortarse según su costumbre con dagas y con lancetas, hasta que hicieron chorrear la sangre sobre sí". ¡Y todo para nada! "No hubo voz, y no hubo quien respondiera, y no se prestó ninguna atención." (1 Rey. 18:28, 29.) Así es, Baal no existía; no era más que una invención de Satanás para apartar a la gente de Jehová. La lección es clara como el agua: no hay mejor amo que Jehová y todo el que siga a otro dios sufrirá decepción y vergüenza (lea Salmo 25:3 y 115:4-8).
La respuesta
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16 Ya a última hora de la tarde, le llega el turno a Elías para ofrecer su sacrificio. Primero repara un altar de Jehová que había sido demolido, sin duda por los enemigos de la adoración pura. En total utiliza 12 piedras, tal vez para que las 10 tribus que ahora forman la nación de Israel recuerden que aún están bajo la Ley que Jehová dio a las 12 tribus en tiempos de Moisés. Entonces prepara su sacrificio y empapa todo con agua, posiblemente obtenida del cercano mar Mediterráneo. Incluso cava una zanja alrededor del altar y la llena de agua. Como vemos, a diferencia de todas las ventajas que les dio a los profetas de Baal, Elías pone toda clase de obstáculos para que su sacrificio prenda fuego. Así demuestra que confía plenamente en el poder de su Dios (1 Rey. 18:30-35).
17 A continuación, Elías hace una oración sencilla en la que revela claramente qué cosas le preocupan. Lo primero y más importante para él es dar a conocer que Jehová es el único "Dios en Israel", y no ese Baal. Lo segundo es que sepan que él no es más que un siervo de Dios, así que toda la gloria y el mérito debe darse a Jehová. Por último, también vemos que sigue preocupado por sus hermanos israelitas, pues desea que Jehová vuelva "atrás el corazón de ellos" y se arrepientan (1 Rey. 18:36, 37). Pese a las desgracias que han provocado por su falta de fe, Elías todavía los ama. ¿Qué hay de nuestras oraciones? ¿Revelan el mismo amor por el nombre de Dios, la misma humildad y la misma compasión por quienes necesitan ayuda?
18 Cuando Elías comenzó a orar, es posible que muchos se preguntaran si Jehová resultaría ser un dios tan falso y decepcionante como Baal. Pero, al concluir la oración, toda duda se disipa, pues el relato dice que "el fuego de Jehová vino cayendo, y se puso a comer la ofrenda quemada y los pedazos de leña y las piedras y el polvo, y lamió el agua que estaba en la zanja" (1 Rey. 18:38). ¡Qué respuesta tan espectacular! ¿Cómo reacciona el pueblo?
Cae fuego del cielo y consume el sacrificio de Elías a la vista de los profetas de Baal
"Ante eso, el fuego de Jehová vino cayendo"
19 Todos gritan: "¡Jehová es el Dios verdadero! ¡Jehová es el Dios verdadero!" (1 Rey. 18:39). Por fin reconocen la verdad. Ahora bien, ¿basta con eso? Bueno, admitir que Jehová es el Dios verdadero después de ver fuego cayendo del cielo no es que sea una gran demostración de fe. Así que Elías les pide que prueben su fe de otra manera. Les pide que hagan lo que deberían haber hecho muchos años antes: obedecer la Ley de Jehová. Y la Ley mandaba ejecutar a los falsos profetas y a los idólatras (Deut. 13:5-9). Los sacerdotes de Baal eran enemigos declarados de Jehová y estaban empeñados en frustrar sus propósitos. ¿Merecían alguna compasión? Pues bien, ¿acaso sintieron ellos la más mínima compasión por todos los niños inocentes que quemaron vivos en sacrificio a Baal? (Lea Proverbios 21:13; Jer. 19:5.) Definitivamente, aquellos hombres merecían la muerte. De modo que Elías ordena que sean ejecutados, y el pueblo obedece (1 Rey. 18:40).
20 En la actualidad, algunos críticos condenan el desenlace de esta prueba en el monte Carmelo. Hay quienes temen que fanáticos religiosos puedan utilizarlo para justificar actos violentos. Y desgraciadamente, existen muchos extremistas de esta clase. Pero Elías no era ningún fanático. Lo que hizo fue obedecer a Jehová ordenando una ejecución justa. Por otra parte, los verdaderos cristianos saben que, a diferencia de Elías, no pueden tomar las armas contra los malvados. Más bien, siguen la norma que Jesús fijó para todos sus discípulos cuando le dijo a Pedro: "Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada perecerán por la espada" (Mat. 26:52). En el futuro, será Jehová quien haga justicia por medio de su Hijo Jesucristo.
21 Los cristianos verdaderos debemos demostrar nuestra fe por el modo en que vivimos (Juan 3:16). Elías nos puso un excelente ejemplo. Él adoró únicamente a Jehová y animó a los demás a hacer lo mismo. Con valentía, denunció que el culto a Baal era un engaño, una religión inventada por Satanás para alejar a la gente de Jehová. Pero a fin de zanjar esta importante cuestión, Elías no confió en sí mismo, sino en Dios. Está claro que fue un fiel defensor de la adoración pura, un gran ejemplo de fe que todos hacemos muy bien en imitar.
[Notas]
Consulte el recuadro "¿Cuánto duró la sequía?".
El monte Carmelo generalmente está verde y frondoso debido a que los vientos procedentes del mar, cargados de humedad, ascienden por sus laderas y las bañan de lluvias y abundante rocío. Puesto que se decía que Baal traía la lluvia, este monte era al parecer un lugar clave en su adoración. Así que, ahora que estaba tan estéril y árido, constituía el sitio ideal para demostrar que el culto a Baal era un claro engaño.
Cabe notar lo que Elías les dijo con respecto al sacrificio: "No deben ponerle fuego". Algunos expertos afirman que los idólatras a veces usaban altares con una cavidad secreta debajo, de modo que pareciera que una fuerza sobrenatural había encendido el fuego.
PREGUNTAS PARA PENSAR
• ¿Qué nos enseña el ejemplo de Elías sobre la importancia de adorar solo a Jehová?
• ¿Cómo podemos imitar a Elías cuando nos encontramos con personas que están en desacuerdo con lo que dice la Biblia?
• ¿Qué aprendemos de la oración que hizo Elías en el monte Carmelo?
• ¿En qué campos le gustaría a usted imitar la fe de Elías?
[Preguntas del estudio]
1, 2. a) ¿En qué difícil situación se hallan los israelitas? b) ¿Quiénes llegan también al monte Carmelo?
3, 4. a) ¿Por qué es probable que Elías sienta algo de miedo? b) ¿Qué preguntas responderemos?
5, 6. a) ¿Qué antigua disputa se libraba en Israel? b) ¿Cómo había ofendido a Jehová el rey Acab?
7. a) ¿Por qué era tan horrible el culto a Baal? b) ¿Por qué podemos estar seguros de que la Biblia no se contradice con respecto a la duración de la sequía? (Vea el recuadro.)
8. ¿Qué relevancia puede tener para nosotros hoy día un relato sobre el culto a Baal?
9. a) ¿Por qué era el monte Carmelo el lugar ideal para demostrar que el culto a Baal era un claro engaño? (Vea también la nota.) b) ¿Qué le dijo Elías al pueblo?
10. ¿En qué sentido estaban los israelitas "cojeando sobre dos opiniones", y qué verdad fundamental habían olvidado?
11. ¿Qué nos motiva a hacer la advertencia que dio Elías en el monte Carmelo?
12, 13. a) ¿Qué prueba propone Elías? b) ¿Cómo demostramos que confiamos en Jehová tal como lo hizo Elías?
14. ¿Cómo se burló Elías de los profetas de Baal, y por qué lo hizo?
15. ¿Cómo demuestra el caso de los sacerdotes de Baal lo absurdo que es rechazar a Jehová como amo?
16. a) ¿Qué es posible que recordaran los israelitas al ver el altar de Jehová que Elías estaba reparando? b) ¿Cómo demostró Elías que confiaba plenamente en Jehová?
17. ¿Cómo reveló la oración de Elías las cosas que le preocupaban, y cómo podemos imitarlo nosotros cuando oramos?
18, 19. a) ¿Cómo contestó Jehová la oración de Elías? b) ¿Qué le ordenó Elías al pueblo, y por qué no merecían los sacerdotes de Baal ninguna compasión?
20. ¿Por qué no son válidas las críticas que algunos han hecho sobre la ejecución de los profetas de Baal?
21. ¿Por qué es Elías un ejemplo de fe para todos nosotros?
[Comentario de la página 85]
En cierto sentido, las principales prácticas del culto a Baal siguen estando muy extendidas
[Recuadro de la página 86]
¿Cuánto duró la sequía?
Elías le dijo al rey Acab que aquella larga sequía pronto iba a terminar. Esto ocurrió "al tercer año", contando desde el día que Elías anunció la sequía (1 Rey. 18:1). Y Jehová hizo que lloviera poco después de que su profeta lo predijera. Quizás por eso algunos concluyen que la sequía terminó en el transcurso del tercer año y que, por tanto, debió durar menos de tres años. Sin embargo, tanto Jesús como Santiago afirmaron que la sequía se prolongó por "tres años y seis meses" (Luc. 4:25; Sant. 5:17). ¿Se trata de una contradicción?
No, en absoluto. Tengamos en cuenta que la temporada seca en el antiguo Israel era bastante larga, de hasta seis meses. De seguro, Elías le anunció a Acab la sequía cuando la estación seca ya estaba siendo excepcionalmente larga e intensa. En realidad, había empezado casi medio año antes. Así que cuando Elías proclamó su fin "al tercer año" desde el día en que la anunció, llevaba sin llover casi tres años y medio. Cuando todo el pueblo se reunió para ser testigo de la gran prueba en el monte Carmelo, ya habían transcurrido los "tres años y seis meses".
Piense también en la ocasión en que Elías le anunció al rey Acab la sequía. La gente creía que Baal era "el jinete de las nubes", el dios que traería la lluvia al final de la temporada seca. Como esta ya estaba durando más de lo normal, es probable que se preguntaran: "¿Dónde está Baal, y cuándo traerá la lluvia?". El anuncio de Elías de que no caería ni lluvia ni rocío hasta que él dijera lo contrario debió ser un tremendo golpe para aquellos idólatras (1 Rey. 17:1)
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Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7


























































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