sábado, 19 de abril de 2014

ejemplos de fe,.-jonas

CAPÍTULO 14
Aprendió a ser compasivo
JONÁS tendrá tiempo de sobra para pensar. Le espera un viaje de más de 800 kilómetros (500 millas), que seguramente le tomará un mes o más. Lo primero es elegir qué ruta seguir: si ir por los caminos más cortos o por los más largos pero más seguros. En todo caso, tendrá que atravesar un sinnúmero de valles y montañas, y posiblemente bordear el inmenso desierto de Siria, cruzar ríos tan caudalosos como el Éufrates y hospedarse con extraños en pueblos de Siria, Mesopotamia y Asiria. Según vayan pasando los días, es probable que el profeta piense una y otra vez en su destino: Nínive, aquella ciudad asiria a la que tanto teme y a la que se va acercando paso a paso.
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2 Pero esta vez, Jonás sabe perfectamente que no puede echarse atrás y huir de su comisión. Eso ya lo había intentado antes. Vimos en el capítulo anterior que, cuando lo hizo, Jehová le enseñó con paciencia una lección de obediencia y humildad. ¿Cómo? Envió una tormenta sobre el barco en que iba el profeta y luego lo salvó milagrosamente de morir ahogado por medio de un gran pez que se lo tragó y, al tercer día, lo lanzó sano y salvo en una playa. Sin duda, Jonás nunca olvidaría aquella increíble experiencia (Jon., caps. 1, 2).
3 Una vez más, Jehová le ordenó al profeta que fuera a Nínive. Pero en esta ocasión, Jonás sí obedece y emprende el largo viaje hacia el este (lea Jonás 3:1-3). Ahora bien, ¿ha cambiado su actitud por completo tras la disciplina que recibió? Jehová le mostró misericordia al salvarlo de una muerte segura, al no castigarlo por su desobediencia y al darle una segunda oportunidad para cumplir su comisión. Pero ¿ha aprendido Jonás a ser misericordioso y compasivo con los demás? Lo cierto es que la compasión es una cualidad que a los seres humanos imperfectos nos cuesta cultivar. Por lo tanto, veamos qué sucedió con Jonás y qué podemos aprender nosotros de ello.
Una reacción inesperada al mensaje de juicio
4 Jehová veía a Nínive de manera muy distinta a como la veía Jonás. La Biblia dice que "Nínive misma era una ciudad grande ante Dios" (Jon. 3:3). Y en el libro de Jonás, Jehová la llama tres veces "la gran ciudad" (Jon. 1:2; 3:2; 4:11). ¿Por qué la consideraba tan importante?
5 Nínive era una ciudad sumamente antigua, pues fue una de las primeras que Nemrod fundó después del Diluvio. Aquella metrópoli, que probablemente englobaba a otras ciudades, era tan grande que atravesarla a pie tomaba unos tres días (Gén. 10:11; Jon. 3:3). Sus majestuosos templos, imponentes muros y demás edificios le daban un aspecto impresionante. Pero no era esa la razón por la que Dios la consideraba importante. Lo que en verdad le interesaba era la gente que vivía allí. Nínive era una ciudad muy populosa para aquel entonces. Y aunque sus habitantes se destacaban por su maldad, Jehová se preocupaba por ellos. ¿Por qué? Porque valora la vida de todos y cada uno de los seres humanos, y por eso desea que se arrepientan y dejen el mal camino.
Jonás entre gente mala con un templo de Nínive de fondo
Jonás veía en Nínive una enorme ciudad llena de maldad
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6 Cuando Jonás llega a Nínive y ve su enorme población —compuesta por más de 120.000 personas—, es probable que se sienta aún más intimidado.* Internándose en el bullicio de la ciudad, camina durante todo un día, tal vez en busca de un lugar céntrico para difundir su mensaje. ¿De qué forma logra comunicarlo? A decir verdad, no lo sabemos exactamente. Puede que ya supiera hablar el idioma asirio o que Jehová le concediera dicha habilidad de forma milagrosa. También es posible que proclamara su mensaje en hebreo y se valiera de un intérprete que se lo tradujera a los ninivitas. Sea como sea, su mensaje es directo y no precisamente agradable: "Solo cuarenta días más, y Nínive será derribada" (Jon. 3:4). El profeta habla con determinación y repite el mensaje varias veces, demostrando así su gran fe y valor. ¿No es cierto que los cristianos necesitamos hoy más que nunca esas cualidades?
7 El mensaje del profeta no pasa desapercibido. Seguramente, Jonás estaba preparado para una respuesta negativa, o hasta violenta. Sin embargo, ocurre algo totalmente inesperado: ¡la gente le hace caso! Sus palabras se extienden como la pólvora, y en poco tiempo la condena profética de Jonás está en boca de todo el mundo (lea Jonás 3:5). Ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y mayores..., todos se arrepienten de sus pecados. Incluso dejan de comer en señal de remordimiento. Finalmente, las noticias de la reacción del pueblo llegan a oídos del mismísimo rey.
La gente de Nínive escuchando a Jonás hablar
Jonás necesitó fe y valor para predicar en Nínive
8 Al escuchar el mensaje de Jonás, el monarca también siente temor de Dios y se arrepiente. Se levanta de su trono, se quita sus espléndidas prendas de vestir, se viste con la misma ropa de tela áspera que se han puesto sus súbditos y se sienta "en las cenizas" en señal de duelo. Luego emite un decreto junto con "sus grandes" —es decir, los nobles— para hacer oficial el ayuno que el pueblo inició. Ordena que todos se cubran con ese tipo de tela áspera, incluidos los animales domésticos.* Además, el rey reconoce con humildad la gran maldad y violencia de su pueblo. Al parecer, tiene la esperanza de que Dios vea su arrepentimiento y les tenga compasión, pues dice: "¿Quién hay que sepa si el Dios verdadero [...] se vuelva de su cólera ardiente, de modo que no perezcamos?" (Jon. 3:6-9).
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9 Hay críticos a quienes les cuesta creer que los ninivitas de repente se arrepintieran. No obstante, algunos especialistas bíblicos señalan que tal reacción encaja con el carácter cambiante y supersticioso de esas culturas antiguas. En cualquier caso, podemos estar seguros de que esas críticas no tienen fundamento porque el propio Jesucristo mencionó tiempo después que los ninivitas se arrepintieron (lea Mateo 12:41). Y sabía de lo que hablaba, pues cuando ocurrieron aquellos hechos, él estaba en el cielo y vio por sí mismo todo lo que pasó (Juan 8:57, 58). Lo cierto es que nunca debemos dar por sentado que las personas no pueden cambiar, por muy mala que nos parezca su conducta. Recordemos que solo Jehová sabe lo que hay en el corazón.
La misericordia de Dios frente a la inflexibilidad del hombre
10 ¿Cómo reaccionó Jehová al ver que los habitantes de Nínive se arrepintieron de sus pecados? Jonás escribió lo siguiente: "El Dios verdadero llegó a ver las obras de ellos, que se habían vuelto de su mal camino; y por eso el Dios verdadero sintió pesar en cuanto a la calamidad de que había hablado que les causaría; y no la causó" (Jon. 3:10).
11 ¿Por qué no castigó Jehová a los habitantes de Nínive? ¿Es que acaso los había juzgado mal? Por supuesto que no. Su juicio no podía estar equivocado, pues la Biblia explica que la justicia de Dios es perfecta en todo sentido (lea Deuteronomio 32:4). Lo que ocurrió fue sencillamente que su justa ira se aplacó. Jehová vio que aquellas personas habían cambiado y decidió que ya no era necesario castigarlas. Consideró que era el momento de mostrarles misericordia y compasión.
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12 Jehová no se parece en nada al Dios insensible, estricto y cruel que pintan muchos líderes religiosos. Al contrario, es razonable, flexible y compasivo. Antes de ejecutar un castigo, envía advertencias por medio de sus siervos, pues desea que los malvados se arrepientan y cambien su conducta, como hicieron los ninivitas (Ezeq. 33:11). En cierta ocasión le aseguró al profeta Jeremías: "En cualquier momento que yo hable contra una nación [...] para desarraigarla y para demolerla y para destruirla, y esa nación realmente se vuelva de su maldad contra la cual haya hablado, yo también ciertamente sentiré pesar por la calamidad que haya pensado ejecutar en ella" (Jer. 18:7, 8).
13 Entonces, ¿se podría decir que la profecía de Jonás era falsa? No, pues era un mensaje de advertencia a los ninivitas por los terribles pecados que estaban cometiendo. En esta ocasión ellos decidieron cambiar, pero si regresaban al mal camino, no iban a escapar del castigo que se había profetizado. De hecho, eso fue justamente lo que sucedió tiempo después (Sof. 2:13-15).
14 Y Jonás, ¿cómo reaccionó cuando vio que la ejecución de la sentencia divina no llegó cuando esperaba? "Le desagradó sumamente, y llegó a estar enardecido de cólera." (Jon. 4:1.) Incluso se atrevió a dirigirle al Todopoderoso una oración en la que parece estar reprendiéndolo. El profeta insinuó que debería haberse quedado en su hogar, en su propia tierra. Afirmó que siempre había sabido que Jehová no castigaría a Nínive, ¡y llegó a usar ese argumento como excusa para justificar por qué había huido a Tarsis! Por último, le pidió a Dios que le quitara la vida, asegurando que prefería morir a seguir vivo (lea Jonás 4:2, 3).
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15 ¿Qué era lo que en realidad le molestaba a Jonás? Bueno, no podemos saber qué le pasaba por la cabeza, pero sí sabemos que había proclamado ante los ojos de todo el mundo un mensaje de juicio contra la ciudad. La gente le había creído, pero el castigo no llegaba. ¿Será que temía que se burlaran de él y lo acusaran de ser un falso profeta? Quién sabe... El caso es que no se alegró ni por el arrepentimiento de los ninivitas ni por la misericordia que les mostró Jehová. Más bien, se sintió herido en su orgullo y se dejó dominar por el resentimiento y la autocompasión. Pero a pesar de esta reacción, Dios seguía viendo algo bueno en su afligido profeta. Así que, en lugar de castigarlo por su falta de respeto, le formuló con paciencia una pregunta para hacerlo recapacitar: "¿Es con razón que te has enardecido de cólera?" (Jon. 4:4). La Biblia no menciona si Jonás contestó esta pregunta.
16 Sería fácil juzgar a Jonás por su mala actitud, pero debemos recordar que en muchas ocasiones los seres humanos no entendemos la forma en que Jehová actúa. Por ejemplo, hay quienes piensan que Dios tenía que haber evitado cierta tragedia, o que debería castigar de inmediato los malos actos de la gente, o que hace tiempo tendría que haber acabado con este mundo corrupto. Sin embargo, el ejemplo de Jonás nos aclara que, cuando estemos en desacuerdo con Dios, es siempre nuestro punto de vista el que está equivocado.
Una lección de misericordia
17 El profeta sale de Nínive muy descorazonado. Pero en vez de volver a su hogar, parte hacia el este, a una zona montañosa desde la que puede observar toda la región. Allí construye un pequeño refugio y espera a ver qué ocurre con Nínive, pues por lo visto aún tiene esperanzas de presenciar su destrucción. ¡Qué hombre tan testarudo!, ¿verdad? ¿Cómo le enseñó Jehová a ser más compasivo?
18 Durante la noche, Dios hace que brote una calabaza vinatera. Cuando se despierta, Jonás se encuentra con una planta frondosa que le proporciona mucha más sombra de la que jamás tendría bajo su tosco refugio. Al verla, se alegra muchísimo, quizás porque considera que el milagroso crecimiento de la planta es una señal de que tiene el favor de Dios. Pero la intención de Jehová no es solo protegerlo del calor y aplacar su infundado enojo: desea llegarle al corazón. Y para lograrlo, lleva a cabo algunos milagros más. Hace que un gusano ataque la planta y la seque. Luego envía "un viento abrasador del este", un viento tan agobiante que, según indica el relato, Jonás "se desmayaba". ¿Cómo reacciona él? Vuelve a sentirse totalmente desmoralizado y, una vez más, llega a pedirle a Dios que acabe con su vida (Jon. 4:6-8).
19 De nuevo, Jehová le pregunta si de verdad tiene razón para disgustarse tanto, esta vez por la calabaza vinatera que se marchitó. Pero Jonás no da el brazo a torcer y se justifica así: "Con razón me he enardecido de cólera, hasta el punto de la muerte". Jehová decide que es el momento de hacerle ver la seriedad del asunto (Jon. 4:9).
Jonás observando furioso la planta de calabaza marchita
Dios se valió de una calabaza vinatera para enseñar a Jonás a ser compasivo
20 Para ayudarlo a razonar, Dios primero señala que Jonás está triste por la muerte de una simple planta que ha crecido en una noche y que él ni siquiera ha plantado ni regado. Y luego le pregunta: "Por mi parte, ¿no debería yo sentir lástima por Nínive la gran ciudad, en la cual existen más de ciento veinte mil hombres que de ningún modo saben la diferencia entre su mano derecha y su izquierda, además de muchos animales domésticos?" (Jon. 4:10, 11).*
21 La magistral comparación que empleó Jehová encerraba una importante lección. Jonás no había movido ni un dedo por aquella planta. Sin embargo, Jehová había dado la vida a los ninivitas y les suministraba lo necesario para vivir, como hace con todos los seres vivos del planeta. ¿Cómo pudo Jonás dar más valor a una planta que a la vida de 120.000 personas y todos sus animales? Sin duda, demostró que estaba pensando únicamente en sí mismo. La muerte de la planta lo había entristecido, pero solo porque ya no podía beneficiarse de ella. Y su enojo por la situación con los ninivitas también se debía al egoísmo: a un orgulloso deseo de demostrar que él tenía razón y no perjudicar su reputación como profeta. El relato de Jonás nos ayuda a analizar nuestra propia actitud. Siendo sinceros, ¿quién de nosotros no tiene que luchar contra deseos egoístas? ¡Qué agradecidos le estamos a Jehová por enseñarnos con paciencia a imitar su misericordia, compasión e interés por los demás!
22 ¿Aprendió el profeta esa valiosa lección? El libro bíblico de Jonás termina sin que él conteste la pregunta que le hizo Jehová, y quizás haya estudiosos que critiquen este hecho. Pero en realidad sí sabemos cómo respondió: el propio libro de Jonás es la respuesta. ¿Por qué? Porque las pruebas indican que lo escribió él mismo. Imaginemos por un momento a este profeta, de vuelta en su país, redactando el relato. Tal vez visualicemos a un hombre ya de edad, más sabio y humilde que antes, suspirando arrepentido mientras deja constancia escrita de sus errores, su desobediencia, su terquedad y su falta de compasión. No cabe duda de que Jonás sí aprendió la gran lección de misericordia que Jehová le enseñó. ¿Y nosotros? ¿La hemos aprendido? (Lea Mateo 5:7.)
[Notas]
Se calcula que Samaria, la capital de las 10 tribus que formaban el reino de Israel, contaba en tiempos de Jonás con 20.000 o 30.000 habitantes: ni siquiera una cuarta parte de la población de Nínive. En su momento de mayor esplendor, puede que Nínive fuera la ciudad más grande del mundo.
Este detalle puede parecer extraño, pero existen precedentes en la antigüedad. El historiador griego Heródoto narra una ocasión en que los antiguos persas incluyeron a su ganado en ciertos ritos funerarios en honor de un general muy apreciado.
Al decir que no distinguían la derecha de la izquierda, Dios indicó que estas personas desconocían por completo los principios divinos.
PREGUNTAS PARA PENSAR
• ¿Cómo demostró Jonás fe y valor al predicar en Nínive?
• ¿Qué nos enseña el hecho de que los ninivitas se arrepintieran?
• ¿Qué podemos aprender de la actitud de Jonás ante los ninivitas arrepentidos?
• ¿Cómo podríamos imitar la fe de Jonás cuando se nos corrige?
[Preguntas del estudio]
1. ¿Qué viaje le esperaba a Jonás, y cómo se sentía con respecto a su destino?
2. ¿Cómo aprendió Jonás que no debía huir de su comisión?
3. ¿Qué cualidad mostró Jehová con Jonás, y qué pregunta surge?
4, 5. ¿En qué sentido era Nínive una "gran ciudad" para Jehová, y qué nos revela esto sobre él?
6. a) ¿Por qué la ciudad de Nínive debió intimidar a Jonás? (Vea también la nota.) b) ¿Cómo podemos imitar el ejemplo de Jonás al predicar el mensaje divino?
7, 8. a) ¿Cómo reaccionó la gente de Nínive al mensaje de Jonás? b) ¿Qué hizo el rey de Nínive ante la condena profética de Jonás?
9. ¿Qué hecho les cuesta creer a algunos críticos, pero por qué podemos estar seguros de que no tienen razón?
10, 11. a) ¿Cómo reaccionó Jehová al ver que los habitantes de Nínive se arrepintieron? b) ¿Por qué podemos estar seguros de que Jehová no se había equivocado en su juicio?
12, 13. a) ¿Cómo demuestra Jehová que es un Dios razonable, flexible y compasivo? b) ¿Por qué podemos decir que la profecía de Jonás no era falsa?
14. ¿Cómo reaccionó Jonás cuando Jehová perdonó a Nínive?
15. a) ¿Qué era lo que le molestaba a Jonás? b) ¿Cómo trató Jehová a su profeta?
16. ¿En qué sentido podemos los seres humanos llegar a estar en desacuerdo con Dios, y qué nos aclara el caso de Jonás?
17, 18. a) ¿Qué hizo Jonás después de salir de Nínive? b) ¿Cómo se sintió Jonás por la calabaza vinatera?
19, 20. ¿Cómo ayudó Jehová a Jonás a razonar?
21. a) ¿Qué quería hacerle ver Jehová a Jonás con la comparación que empleó? b) ¿Cómo puede ayudarnos el relato de Jonás?
22. a) ¿Qué demuestra que Jonás aprendió la lección de misericordia que Jehová le enseñó? b) ¿Qué lección podemos extraer todos nosotros del relato de Jonás?
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Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7



















































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