domingo, 20 de abril de 2014

ejemplos de fe,.-pedro

CAPÍTULO 23
Aprendió lo que significa el perdón
PEDRO nunca podrá olvidar aquella mirada de Jesús. ¿Habrá detectado en sus ojos algún rastro de decepción o de reproche? En realidad no lo sabemos, pues el relato inspirado solo dice que "el Señor se volvió y miró a Pedro" (Luc. 22:61). Pero esa sola mirada le bastó al apóstol para comprender la gravedad de su error. Acababa de pasar lo que Jesús había predicho, lo que Pedro mismo dijo que jamás sucedería: había renegado de su amado Maestro. Este es, seguramente, el peor momento del peor día de su vida. Pedro siente que, en verdad, más bajo no podía haber caído.
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2 Ahora bien, ¿estaba todo perdido? Claro que no, pues más tarde a Pedro se le dio la oportunidad de corregir sus errores. Y como era un hombre de gran fe, supo aprovechar esa oportunidad y, lo que es más importante, pudo aprender de Jesús lo que significa el verdadero perdón. De hecho, esa es una valiosa lección que todos necesitamos comprender, y la dolorosa experiencia por la que pasó Pedro puede ayudarnos a hacerlo.
Le quedaba mucho por aprender sobre el perdón
3 Unos seis meses antes, mientras estaban en Capernaum, la ciudad donde vivía Pedro, este le había preguntado a Jesús: "Señor, ¿cuántas veces ha de pecar contra mí mi hermano y he de perdonarle yo? ¿Hasta siete veces?". Sin duda, Pedro se creía muy generoso, pues los líderes religiosos enseñaban que solo debía perdonarse a alguien tres veces. Pero para su sorpresa, Jesús le contestó: "No te digo: Hasta siete veces, sino: Hasta setenta y siete veces" (Mat. 18:21, 22).
4 ¿Estaba confirmando Jesús que debe llevarse la cuenta de los errores de los demás? No, todo lo contrario. Al convertir el 7 de Pedro en 77, en realidad estaba diciendo que el amor verdadero no le pone límites al perdón (1 Cor. 13:4, 5). Jesús quería hacerle ver al apóstol que se había dejado influir por la forma de pensar insensible y rencorosa de las demás personas, que llevaban la cuenta del perdón como si se tratara de una libreta de deudas. Pero quienes imitan a Dios deben ser mucho más generosos y nobles al perdonar (lea 1 Juan 1:7-9).
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5 Pedro no contradijo a su Maestro, pero ¿le habrán llegado al corazón esas palabras? Lo cierto es que a veces solo logramos entender lo valioso que es el perdón cuando necesitamos desesperadamente que se nos perdone. Eso fue lo que le ocurrió a Pedro justo antes de la muerte de Jesús. En aquellas horas cruciales necesitó muchas veces que Jesús lo perdonara.
Perdonado una y otra vez
6 Aquella era una noche importantísima, la última noche de Jesús como ser humano en la Tierra. Y todavía tenía mucho que enseñarles a sus apóstoles. Para empezar, les dio una hermosa lección de humildad. ¿Cómo? Lavándoles los pies, una tarea que acostumbraban realizar solo los sirvientes de más baja condición. Al principio, Pedro cuestionó lo que hacía Jesús. Después se negó a que le lavara los pies, para luego, ante la explicación de Jesús, insistir en que también le lavara las manos y la cabeza. En lugar de perder la paciencia, Jesús les explicó calmadamente a sus apóstoles el significado y la relevancia de sus acciones (Juan 13:1-17).
7 Al poco rato, Pedro puso a prueba la paciencia de Jesús una vez más. Entre los apóstoles se desató una discusión sobre quién de ellos era el más importante, y de seguro Pedro también participó en esta vergonzosa muestra de orgullo. No obstante, Jesús los corrigió con cariño y hasta los felicitó por su lealtad, por haber permanecido fielmente a su lado. Pero también les dijo que más tarde lo abandonarían. Al instante, Pedro respondió asegurándole que siempre seguiría junto a su Maestro y que incluso estaba dispuesto a dar su vida por él. Jesús, por su parte, le indicó que iba a pasar todo lo contrario: esa misma noche, antes de que un gallo cantara dos veces, Pedro negaría tres veces que lo conocía. Entonces, el apóstol no solo contradijo a Jesús, sino que alardeó diciendo que iba a demostrar ser más fiel que todos los demás (Mat. 26:31-35; Mar. 14:27-31; Luc. 22:24-28; Juan 13:36-38).
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8 Es sorprendente que Jesús no perdiera la paciencia. De hecho, aunque eran momentos muy difíciles para él, siguió fijándose en las virtudes de aquellos hombres imperfectos. Sabía que Pedro le iba a fallar, y sin embargo, dijo: "He hecho ruego a favor de ti para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez que hayas vuelto, fortalece a tus hermanos" (Luc. 22:32). ¡Cuánta bondad y comprensión mostró Jesús! Él confiaba en que Pedro se recuperaría en sentido espiritual y volvería a servir a Dios fielmente.
9 Más tarde, en el jardín de Getsemaní, Pedro tuvo que ser corregido en varias ocasiones. Jesús les pidió a él, a Santiago y a Juan que se mantuvieran alertas mientras oraba, pues se sentía profundamente angustiado y necesitaba más que nunca el apoyo de sus amigos. Sin embargo, ellos se quedaron dormidos una y otra vez. Aun así, Jesús los perdonó y, lleno de ternura y compasión, les dijo: "El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la carne es débil" (Mar. 14:32-41).
10 Poco tiempo después, llegó al lugar una multitud con antorchas, espadas y garrotes. No cabe duda de que era el momento de actuar con cuidado y buen juicio. Pero ¿qué hizo Pedro? ¡Justo lo contrario! Sacó precipitadamente su espada y le cortó la oreja a Malco, el esclavo del sumo sacerdote. Sin embargo, Jesús tampoco perdió la calma en esta ocasión, sino que corrigió a Pedro con bondad y sanó la herida de aquel hombre. Además, les dijo a sus discípulos que no debían recurrir a la violencia, principio que los cristianos seguimos hasta nuestros días (Mat. 26:47-55; Luc. 22:47-51; Juan 18:10, 11). ¡Cuántas veces puso a prueba Pedro la paciencia del Maestro! Las acciones de este apóstol demuestran una gran verdad: todos pecamos vez tras vez (lea Santiago 3:2). ¿Acaso hay alguien en el mundo que no tenga que pedir perdón a Dios cada día? Para Pedro, sin embargo, aquella noche todavía no había terminado. Aún faltaba lo peor.
El peor de sus errores
11 Jesús le dice a la multitud que dejen ir a sus apóstoles, pues es a él a quien buscan. Viendo que no puede hacer nada para evitar que se lleven a su Maestro, Pedro huye junto con los demás.
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12 Al rato, Pedro y Juan dejan de huir. Quizá se detienen cerca de la casa de Anás —quien había sido sumo sacerdote—, pues fue allí adonde primero fue llevado Jesús para ser interrogado. Cuando Jesús es trasladado a otro lugar, Pedro y Juan van siguiéndolo, pero "de lejos" (Mat. 26:58; Juan 18:12, 13). No se puede decir que Pedro sea un cobarde. Después de todo, se necesita valor para atreverse a seguir a una multitud armada. Además, no hay que olvidar que ya había herido a uno de ellos. No obstante, ¿dónde estaba la lealtad de la que tanto había presumido? ¡Incluso había asegurado que estaba dispuesto a dar su vida por Jesús! (Mar. 14:31.)
13 Al igual que Pedro, hoy muchas personas siguen a Cristo "de lejos"; no quieren que otros se den cuenta. Pero, como más tarde escribió Pedro mismo, la única manera de seguir correctamente a Cristo es manteniéndonos lo más cerca posible de él. Debemos seguir su ejemplo en todo momento, sin miedo a las consecuencias (lea 1 Pedro 2:21).
14 Los sigilosos pasos de Pedro lo llevan hasta la casa del poderoso y acaudalado sumo sacerdote Caifás, una de las mansiones más impresionantes de toda Jerusalén. Casas como esta solían construirse con un patio interior y tenían una puerta al frente. Cuando Pedro llega a la entrada, la portera no le permite pasar. Pero Juan, que conocía al sumo sacerdote y ya estaba dentro, habla con ella y consigue que lo deje entrar. Al parecer, Pedro no se queda con Juan ni tampoco intenta ir a donde está su Maestro en el interior de la mansión. Prefiere quedarse en el patio, donde varios esclavos y sirvientes pasan la fría noche frente a una fogata, mientras testigos falsos entran y salen de la casa para declarar en contra de Jesús (Mar. 14:54-57; Juan 18:15, 16, 18).
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15 A la brillante luz del fuego, la muchacha que dejó entrar a Pedro ahora puede verlo mejor. Al reconocerlo, le dice: "¡Tú, también, estabas con Jesús el galileo!". La acusación lo toma por sorpresa. Así que el apóstol afirma que no conoce a Jesús y hasta niega saber de lo que está hablando la muchacha. Entonces se va junto a la entrada, tratando de pasar lo más desapercibido posible. Allí otra joven lo ve y también dice: "Este hombre estaba con Jesús el Nazareno", a lo que Pedro jura: "¡No conozco al hombre!" (Mat. 26:69-72; Mar. 14:66-68). Hasta ahora, Pedro ha negado conocer a Jesús dos veces. Puede ser que después de esta segunda vez haya oído cantar a un gallo; sin embargo, está tan nervioso que ni se acuerda de lo que había profetizado Jesús unas cuantas horas antes.
16 Pedro sigue intentando desesperadamente no llamar la atención, pero un grupo de personas se acerca a él. Uno es pariente de Malco, el esclavo a quien Pedro había herido. El hombre le dice: "Yo te vi en el huerto con él, ¿no es verdad?". Pedro trata de convencerlos de que todos están equivocados; jura y perjura que dice la verdad, ¡y que le caiga una maldición si está mintiendo! Es la tercera vez que reniega de su Maestro. En cuanto salen estas palabras de su boca, un gallo canta, el segundo que Pedro escucha en la noche (Juan 18:26, 27; Mar. 14:71, 72).
Jesús mirando desde un balcón a Pedro
"El Señor se volvió y miró a Pedro"
17 En ese momento, Jesús sale a un balcón con vista al patio, y su mirada se encuentra con la de su amigo, tal como se describió al principio de este capítulo. Es ahora cuando Pedro se da cuenta del grave error que ha cometido. ¡Le ha fallado a su Maestro! Aplastado por el peso de la culpa, abandona el lugar y sale a las oscuras calles bajo la tenue luz de la luna llena, que ya casi ha desaparecido. Pero las lágrimas que inundan sus ojos le impiden avanzar. Entonces, no aguanta más y rompe a llorar desconsoladamente (Mar. 14:72; Luc. 22:61, 62).
18 Después de cometer un error como este, es fácil pensar que el pecado ha sido tan terrible que uno no merece el perdón. Sin duda, así es como debió sentirse Pedro. ¿Lo perdonaría su Maestro?
¿Fue imperdonable su pecado?
19 Es difícil imaginar toda la avalancha de sentimientos que arrolló a Pedro esa mañana y en el transcurso de ese mismo día. ¡Qué culpable tuvo que sentirse luego, cuando Jesús murió tras largas horas de sufrimiento! ¡Cuánto debió estremecerlo la idea de haberle causado más dolor aún a su Maestro el último día de su vida como ser humano! No cabe duda de que Pedro estaba destrozado, pero ¿se dejaría ahogar por la desesperación? El relato muestra que no fue así, pues pronto volvió a reunirse con los demás discípulos (Luc. 24:33). De seguro, todos se reprochaban a sí mismos haberse portado como cobardes en aquella terrible noche. Sin embargo, al estar juntos, pudieron consolarse unos a otros.
20 Podemos decir que Pedro tomó aquí una de las decisiones más sabias de su vida. Cuando un siervo de Dios comete un pecado, lo que importa no es lo bajo que ha caído, sino lo decidido que esté a levantarse y corregir su error (lea Proverbios 24:16). Pedro demostró tener verdadera fe al decidir estar con sus hermanos a pesar de sentirse desanimado. Cuando la tristeza y la culpa se apoderan de nosotros, es muy posible que nuestra tendencia sea aislarnos. Pero hacerlo es muy peligroso (Prov. 18:1). Para fortalecernos espiritualmente, tenemos que mantenernos cerca de la congregación (Heb. 10:24, 25).
21 Gracias a que estaba con sus hermanos en la fe, Pedro se enteró de una sorprendente noticia: ¡el cuerpo de Jesús había desaparecido de su tumba, aunque la entrada había sido sellada! Pedro y Juan salieron corriendo hacia allá. Como al parecer Juan era más joven, llegó primero. Pero cuando vio la entrada de la tumba abierta, no se atrevió a pasar. En cambio, Pedro, todavía sin aliento, no lo pensó dos veces y entró. No había duda: ¡la tumba estaba vacía! (Juan 20:3-9.)
22 Al principio, Pedro no creyó que Jesús había sido resucitado. Ni siquiera les creyó a las mujeres fieles que informaron a los discípulos que unos ángeles mismos se lo habían anunciado (Luc. 23:55–24:11). No obstante, al final del día desaparecieron todas las dudas y restos de tristeza que abrigaba en el corazón. ¡Jesús estaba vivo! Ahora era un espíritu poderoso y, para demostrarlo, se apareció a todos sus apóstoles. Pero antes hizo algo muy especial por Pedro. ¿Qué fue? Hallamos la respuesta en el registro bíblico. Aquel día, los apóstoles mismos dijeron: "¡Es un hecho que el Señor ha sido levantado y se ha aparecido a Simón!" (Luc. 24:34). Más tarde, el apóstol Pablo también escribió acerca de este singular día en el que Jesús "se apareció a Cefas, entonces a los doce" (1 Cor. 15:5). Recordemos que Simón y Cefas son otros nombres que recibe Pedro. Así pues, estos relatos se refieren a un suceso clave en la vida de Pedro: aquel día, mientras él estaba solo, Jesús se le apareció.
23 La Biblia no da detalles de este conmovedor encuentro entre Pedro y Jesús. Pero podemos imaginarnos lo emocionado que estaría el apóstol al ver vivo a su amado Maestro y, además, poder decirle lo triste y arrepentido que se sentía por lo que había hecho. Más que nada en el mundo, habrá querido que Jesús lo perdonara. Y no cabe la menor duda de que Jesús lo hizo, y de todo corazón. Hoy día, los cristianos que han pecado deben recordar el ejemplo de Pedro y no deben pensar que nunca recibirán el perdón divino. No olvidemos que Jesús refleja a la perfección la personalidad de su Padre, quien perdona "en gran manera" (Is. 55:7).
Perdón sin reservas
24 Jesús les había dicho a sus apóstoles que fueran a Galilea, donde los vería otra vez. Cuando llegan, Pedro decide ir al mar a pescar, y varios discípulos lo acompañan. Una vez más, Pedro se halla en las aguas donde ha pasado gran parte de su vida. El crujir de la madera del bote, el suave oleaje y el peso de las redes entre sus manos lo hacen sentirse a gusto, en su elemento. Pero, a pesar de sus esfuerzos, no pescan nada en toda la noche (Mat. 26:32; Juan 21:1-3).
Pedro corriendo por la playa al encuentro de Jesús
Pedro rápidamente saltó de la barca y nadó hasta la orilla
25 Al amanecer, alguien les dice desde la costa que arrojen las redes por el otro lado de la barca. Así lo hacen... ¡y atrapan nada menos que 153 peces! Al reconocer quién les habla, Pedro rápidamente salta de la barca y nada hasta la orilla. En la playa, Jesús les ofrece a sus leales amigos algunos pescados que ha cocinado sobre el carbón. Entonces se dirige a Pedro en particular (Juan 21:4-14).
26 Jesús le hace la siguiente pregunta a Pedro, sin duda señalando la gran cantidad de peces que habían atrapado: "¿Me amas más que a estos?". ¿Podría el amor del apóstol por la pesca competir con el amor que siente por Jesús? Hace solo unos días, Pedro había negado a Cristo tres veces. Ahora Jesús le da la oportunidad de reafirmar tres veces su amor por él ante sus compañeros, lo cual Pedro hace. El Maestro le pide a su vez que lo demuestre con hechos. ¿Cómo? Poniendo primero el servicio sagrado: pastoreando a las ovejitas de Cristo, es decir, cuidando y fortaleciendo a sus hermanos en la fe (Luc. 22:32; Juan 21:15-17).
27 De este modo, Jesús le confirma a Pedro que todavía es una persona valiosa tanto para él como para su Padre. El apóstol será muy útil en la congregación bajo la dirección de Cristo. ¡Qué prueba tan sobresaliente de que lo había perdonado sin reservas! De seguro, la compasión de Jesús le llegó al corazón.
28 Pedro cumplió fielmente su comisión por muchos años. Fortaleció a sus hermanos, como Jesús le había mandado la noche antes de morir. Con paciencia y amor, cuidó de las ovejas de Cristo. Simón, a quien Jesús había llamado Pedro, hizo honor a su nuevo nombre —que significa "piedra" o "roca"— y llegó a ser una persona fuerte, firme y confiable en la congregación. Así lo muestran las dos afectuosas cartas que escribió y que son parte de las Escrituras. Estas valiosas cartas también confirman que Pedro nunca olvidó la lección que le enseñó Jesús sobre el significado del perdón (lea 1 Pedro 3:8, 9 y 4:8).
29 ¡Qué importante es que todos aprendamos esa lección! ¿Le pedimos a diario perdón a Dios por nuestros errores? ¿Aceptamos ese perdón seguros de que borra lo que hayamos hecho? ¿Perdonamos a los demás? Así imitaremos la fe de Pedro y, sobre todo, la gran compasión de su Maestro.
PREGUNTAS PARA PENSAR
• ¿Qué idea equivocada sobre el perdón tenía Pedro?
• ¿Cómo puso a prueba Pedro la paciencia de Jesús?
• ¿Cómo demostró Jesús que perdonó a Pedro?
• ¿De qué manera podría usted imitar la fe de Pedro y la compasión de Jesús?
[Preguntas del estudio]
1. ¿Cuál debió ser el peor momento de la vida de Pedro?
2. ¿Qué valiosa lección aprendió Pedro, y cómo puede ayudarnos su dolorosa experiencia?
3, 4. a) ¿Qué pregunta le hizo Pedro a Jesús, y qué es probable que creyera el apóstol? b) ¿Cómo le hizo ver Jesús a Pedro que se había dejado influir por la manera de pensar de la gente?
5. ¿En qué momentos entendemos mejor lo valioso que es el perdón?
6. ¿Cómo reaccionó Pedro cuando Jesús intentó enseñarles a los apóstoles a ser humildes, pero cómo lo trató Jesús?
7, 8. a) ¿Cómo siguió poniendo a prueba Pedro la paciencia de Jesús? b) ¿De qué manera siguió Jesús demostrando bondad y comprensión?
9, 10. a) ¿Por qué necesitó Pedro que se le corrigiera en el jardín de Getsemaní? b) ¿Qué demuestran claramente las acciones de Pedro?
11, 12. a) ¿Por qué decimos que Pedro demostró valor después de que arrestaron a Jesús? b) ¿En qué sentido no cumplió Pedro con lo que había prometido?
13. ¿Cuál es la única manera de seguir correctamente a Cristo?
14. ¿Dónde pasó la noche Pedro mientras juzgaban a Jesús?
15, 16. ¿Cómo se cumplió lo que había profetizado Jesús sobre Pedro?
17, 18. a) ¿Cómo reaccionó Pedro cuando se dio cuenta del terrible error que había cometido? b) ¿Qué debió haber pensado Pedro?
19. ¿Cómo debió sentirse Pedro por lo que había hecho, pero cómo sabemos que no se hundió en la desesperación?
20. ¿Qué aprendemos de la sabia decisión que tomó Pedro?
21. ¿De qué sorprendente noticia se enteró Pedro gracias a que estaba reunido con sus hermanos en la fe?
22. ¿Cómo desaparecieron todas las dudas y restos de tristeza del corazón de Pedro?
23. ¿Por qué deben recordar el caso de Pedro los cristianos que han cometido un pecado grave?
24, 25. a) ¿Cómo le fue a Pedro en la pesca esa noche en el mar de Galilea? b) ¿Cómo reaccionó Pedro al milagro que realizó Jesús al amanecer?
26, 27. a) ¿Qué oportunidad le dio Jesús a Pedro tres veces? b) ¿Cómo demostró Jesús que perdonó sin reservas a Pedro?
28. ¿Cómo hizo honor Pedro al significado de su nombre?
29. ¿Cómo podemos imitar la fe de Pedro y la compasión de su Maestro?
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Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7





























































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