sábado, 19 de abril de 2014

ejemplos de fe,.-samuel

CAPÍTULO 8

No se rindió a pesar de los golpes de la vida

SAMUEL tiene ante sí un pueblo desgarrado por la tristeza. En una sola batalla, la guerra contra los filisteos se ha cobrado la vida de 30.000 israelitas. Y eso sin contar las 4.000 bajas del combate anterior. La gente de Siló está hecha un mar de lágrimas. Innumerables niños y mujeres lloran la pérdida de sus seres queridos: padres, esposos, hermanos e hijos que jamás volverán a casa (1 Sam. 4:1, 2, 10).
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2 Esta desgracia es parte de una serie de trágicos sucesos. Todo comenzó cuando Hofní y Finehás —los malvados hijos del sumo sacerdote Elí— llevaron el arca del pacto desde el tabernáculo de Siló hasta el campo de batalla. Los israelitas pensaban que, como el Arca indicaba que Jehová estaba con su pueblo, tenerla con ellos les aseguraría la victoria. Pero aquel cofre, que solía guardarse en el lugar más sagrado del tabernáculo, no era un simple amuleto. Entonces, ¿qué sucedió? Los filisteos derrotaron a los israelitas, se apoderaron del Arca y mataron a los hijos de Elí (1 Sam. 4:3-11).

3 Hacía siglos que el Arca había honrado con su presencia a la ciudad de Siló. Por eso, al enterarse de que estaba en manos de los filisteos, Elí —quien ya tenía 98 años de edad— se cayó de su asiento y murió. Y su nuera, que acababa de enviudar ese mismo día, falleció dando a luz. Sus últimas palabras fueron: "La gloria se ha ido de Israel al destierro". Así es: sin el arca del pacto, los días de gloria de Siló habían llegado a su fin (1 Sam. 4:12-22).

4 Todo aquello debió ser un duro golpe para Samuel. ¿Tendría la fe necesaria para afrontarlo y ayudar al pueblo a recuperar el favor y la protección de Jehová? Puesto que nosotros también estamos expuestos a sufrir desilusiones y golpes en la vida que ponen a prueba nuestra fe, veamos qué más podemos aprender del ejemplo de Samuel.

Defendió la justicia
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5 En este punto de la historia de Samuel, el relato bíblico pasa a centrarse en el castigo que sufrieron los filisteos por tomar el Arca y cómo se vieron obligados a devolverla. Cuando el profeta reaparece en escena, ya han pasado veinte años (1 Sam. 7:2). ¿Qué hizo durante todo ese tiempo? No hay que adivinarlo.
Samuel consolando a una mujer y a sus hijos
¿Cómo ayudó Samuel al pueblo a reponerse de la terrible tragedia?

6 La Biblia dice que, en el período anterior a la guerra, "la palabra de Samuel continuó llegando a todo Israel", lo cual indica que el profeta instruía al pueblo con constancia (1 Sam. 4:1). Y el relato revela que dos décadas después seguía haciendo lo mismo, pues leemos que acostumbraba visitar las mismas tres ciudades cada año para resolver las disputas de sus habitantes y darles instrucciones. Luego volvía a Ramá, donde tenía su hogar (1 Sam. 7:15-17). No hay duda, entonces, de que durante esos veinte años se mantuvo, como siempre, muy ocupado.

7 El mal ejemplo de los dos hijos de Elí —hombres corruptos e inmorales— había debilitado la fe del pueblo. Parece que, como resultado, muchos se entregaron a la idolatría. Tras veinte años de dirigir a los israelitas con dedicación y empeño, Samuel les dijo: "Si con todo su corazón están volviéndose a Jehová, quiten de en medio de ustedes los dioses extranjeros y también las imágenes de Astoret, y dirijan su corazón inalterablemente a Jehová y sírvanle solo a él, y él los librará de la mano de los filisteos" (1 Sam. 7:3).
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8 Lo cierto es que "la mano de los filisteos" estaba oprimiendo al pueblo. Como el ejército israelita había sido prácticamente devastado, sus enemigos pensaban que podían abusar de ellos sin miedo a represalias. Pero ahora Samuel les ofrecía a los israelitas la posibilidad de regresar a Jehová y volver a ser libres. ¿Le hicieron caso? Sí, pues se deshicieron de sus ídolos y "empezaron a servir solo a Jehová". El profeta, sin duda muy complacido, los congregó a todos en Mizpá, una ciudad que quedaba en la región montañosa al norte de Jerusalén. Allí ayunaron y le demostraron a Jehová que estaban arrepentidos de su grave idolatría (lea 1 Samuel 7:4-6).

9 Pero los filisteos se enteraron de aquella reunión y la vieron como una oportunidad para aplastar a los siervos de Jehová. Cuando estos supieron que se acercaba el ejército enemigo, se aterrorizaron y le pidieron a Samuel que clamara a Dios por ayuda. El profeta accedió y acompañó su oración de una ofrenda. Aún no había terminado de hacer el sacrificio cuando los filisteos atacaron la ciudad. Pero Jehová escuchó el ruego de Samuel y, como muestra de su inmensa indignación, hizo que el cielo "tronara con gran estruendo [...] contra los filisteos" (1 Sam. 7:7-10).

10 La confusión se apoderó de los filisteos y salieron huyendo por sus vidas. ¿Por qué se asustaron tanto? Después de todo, eran guerreros experimentados en fieras batallas; no eran como niños que con un simple trueno corren a la falda de sus madres. Pues bien, puede que se debiera a la intensidad del ruido que escucharon o a que este "gran estruendo" retumbara en las colinas. O quizá fuera porque provino de un cielo despejado. En cualquier caso, aquel acto sobrenatural convirtió a los depredadores en presas. Los israelitas salieron de Mizpá y persiguieron a los filisteos por kilómetros y kilómetros hasta llegar al suroeste de Jerusalén (1 Sam. 7:11).

11 Aquella batalla marcó un antes y un después en la historia de Israel. Durante el resto de los días que Samuel sirvió de juez, los israelitas siguieron ganando terreno y recuperando una a una las ciudades que los filisteos habían conquistado (1 Sam. 7:13, 14).
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12 Siglos más tarde, el apóstol Pablo incluyó a Samuel entre los fieles jueces y profetas que "efectuaron justicia" (Heb. 11:32, 33). Samuel se destacó no solo por hacer él mismo lo que era justo, sino también por animar a los demás a hacerlo. Y ¿qué lo ayudó a cumplir con su labor? En primer lugar, en vez de dejarse vencer por las dificultades, siguió cumpliendo su comisión mientras esperaba con paciencia a que Jehová enderezara los asuntos. Además, demostró ser una persona agradecida. Tras la victoria en Mizpá, levantó un monumento para recordar cómo había salvado Dios a su pueblo (1 Sam. 7:12).

13 Si queremos hacer lo que es justo a los ojos de Jehová, tenemos que ser pacientes, humildes y agradecidos, tal como lo fue Samuel (lea 1 Pedro 5:6). ¿Y quién de nosotros no necesita cultivar esas cualidades? A Samuel le fue muy útil desarrollarlas cuando todavía era un hombre joven, pues en su vejez afrontó pruebas y desilusiones mucho más graves, como veremos a continuación.

"Tus propios hijos no han andado en tus caminos"

14 La siguiente vez que aparece Samuel en el relato, ya ha envejecido. Por eso, decide nombrar jueces a sus dos hijos, Joel y Abías, para que lo ayuden a atender los problemas del pueblo. Pero estos hombres traicionaron la confianza de su padre. En vez de seguir su ejemplo de honestidad y rectitud, abusaban de su autoridad, cometían injusticias y aceptaban sobornos (1 Sam. 8:1-3).
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15 Un día, los ancianos de Israel le presentaron la siguiente queja a Samuel: "Tus propios hijos no han andado en tus caminos" (1 Sam. 8:4, 5). ¿Estaba al tanto Samuel de lo que hacían sus hijos? El registro no lo menciona. Pero él sabía muy bien que Elí había sido castigado por no corregir a sus hijos y por honrarlos más que a Dios, así que sin duda se esforzó por ser un padre intachable (1 Sam. 2:27-29). Y, de hecho, Jehová no halló falta alguna en la conducta del profeta.
Los ancianos hablando con Samuel sobre la mala conducta de sus hijos
¿Qué le permitió a Samuel superar la decepción de ver la mala conducta de sus hijos?

16 El relato tampoco dice lo que sintió Samuel al enterarse del mal comportamiento de sus hijos. Pero muchos padres saben lo vergonzoso, decepcionante y doloroso que eso puede ser. Hoy es común que los hijos se rebelen contra sus padres. De hecho, la desobediencia y la falta de respeto se han convertido en una verdadera plaga (lea 2 Timoteo 3:1-5). ¿Sufre usted a causa de un hijo que no responde a sus consejos ni a sus esfuerzos por corregirlo? En tal caso, hallará consuelo y guía al analizar la actitud de Samuel. A pesar de la mala conducta de sus hijos, él se mantuvo constante en su servicio a Dios. Recuerde: las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra. Así que nunca subestime la influencia que su ejemplo de fidelidad puede tener en su hijo. Además, su Padre en los cielos, Jehová, se sentirá orgulloso de usted por serle leal como Samuel.

"Nómbranos un rey"

17 Jamás se imaginaron los hijos de Samuel el efecto que su egoísmo y ambición tendría en otras personas. Tras señalar su mala conducta, los ancianos le pidieron al profeta: "Nómbranos un rey que nos juzgue, sí, como todas las naciones". ¿Cómo se lo tomó Samuel? ¿Se sintió ofendido o rechazado? Después de todo, llevaba décadas juzgando al pueblo en representación de Jehová. Pero ahora ellos ya no querían un simple profeta como él. ¡Querían que los gobernara un rey, como las demás naciones de la región! Pues bien, ¿qué le pareció a Samuel esa petición? El relato dice: "Aquella cosa fue mala a [sus] ojos" (1 Sam. 8:5, 6).

18 Veamos lo que Jehová le contestó a Samuel cuando le expuso el problema: "Escucha la voz del pueblo en cuanto a todo lo que te digan; porque no es a ti a quien han rechazado, sino que es a mí a quien han rechazado de ser rey sobre ellos". Jehová le hizo ver que no había razón para que se sintiera ofendido, pues era a él —el Dios todopoderoso— a quien el pueblo había insultado en realidad. ¡Qué descarada falta de respeto! Jehová entonces les advirtió por medio del profeta que tener un rey les saldría muy caro, pero ellos insistieron: "No, sino que un rey es lo que llegará a haber sobre nosotros". En consecuencia, Dios eligió a un rey, y Samuel, tan obediente como de costumbre, fue a ungirlo (1 Sam. 8:7-19).

19 Pero ¿obedeció Samuel de mala gana? ¿Permitió que la desilusión envenenara su corazón? Más de uno se habría amargado en su lugar, pero Samuel no lo hizo. Reconociendo que Dios había seleccionado a Saúl para gobernar al pueblo, lo ungió y hasta le dio un beso, demostrándole así que lo recibía con agrado y que le ofrecía su lealtad. Además, les señaló a los israelitas: "¿Han visto al que Jehová ha escogido, que no hay ninguno como él entre todo el pueblo?" (1 Sam. 10:1, 24).

20 Samuel siempre mantuvo una actitud positiva. En vez de fijarse en los puntos débiles del hombre a quien Dios había elegido, se centró en sus virtudes. Y en vez de amargarse por no contar con la aprobación de aquella gente caprichosa, se concentró en el fiel servicio que él le había ofrecido a Dios desde hacía tantos años (1 Sam. 12:1-4). Además, siguió cumpliendo con su comisión, pues advirtió a los israelitas de las cosas que podían alejarlos de Jehová y los animó a permanecer leales. Estos, a su vez, reconociendo de corazón el error que habían cometido, le pidieron que orara por ellos. Entonces Samuel les aseguró: "Es inconcebible, por mi parte, pecar contra Jehová cesando de orar a favor de ustedes; y tengo que instruirles en el camino bueno y recto" (1 Sam. 12:21-24).

21 ¿Alguna vez le han concedido a otra persona un puesto o nombramiento que esperaba recibir usted? ¿Se sintió decepcionado? Si imitamos a Samuel, jamás dejaremos que echen raíces en nuestro corazón los celos ni la amargura (lea Proverbios 14:30). Recordemos que, en el pueblo de Jehová, hay muchas tareas gratificantes para todos sus siervos fieles.

"¿Hasta cuándo estarás de duelo por Saúl[?]"

22 Samuel pudo ver que Saúl poseía virtudes muy valiosas. En verdad era una persona excepcional. No le faltaban ni valor ni ingenio, y su presencia era imponente. Además, al menos al comienzo, fue un hombre modesto y sin pretensiones (1 Sam. 10:22, 23, 27). Y, como todos, tenía el precioso don del libre albedrío, o sea, la capacidad de elegir por sí mismo el curso de su vida y tomar sus propias decisiones (Deut. 30:19). ¿Usaría bien ese don?

23 Por desgracia, el poder corrompe, y la primera cualidad que suele desaparecer es la modestia. Eso fue justamente lo que le pasó a Saúl. En poco tiempo empezó a volverse orgulloso y arrogante, despreciando las órdenes divinas que Samuel le transmitió. En una ocasión, por ejemplo, se impacientó y ofreció un sacrificio a Dios, aunque era el profeta quien iba a hacerlo. Por eso, Samuel lo reprendió y le anunció que la corona no pasaría a sus hijos. Pero en vez de aprender la lección, Saúl pasó a desobedecer a Jehová de formas aún más descaradas (1 Sam. 13:8, 9, 13, 14).

24 Por medio de Samuel, Jehová le había ordenado a Saúl que luchara contra los amalequitas, destruyera sus posesiones y ejecutara a Agag, su malvado rey. Sin embargo, Saúl le perdonó la vida al rey y conservó lo mejor del botín. Al corregirlo, Samuel pudo darse cuenta de lo mucho que Saúl había cambiado. En vez de aceptar con humildad la disciplina, se puso a discutir con el profeta, justificándose y tratando de minimizar su error. ¡Hasta le echó la culpa al pueblo! Una de sus excusas fue que había tomado lo mejor del rebaño para sacrificárselo a Jehová. Samuel le contestó con estas impactantes palabras: "Obedecer es mejor que un sacrificio". Sin ningún temor, le comunicó al rey la sentencia divina: su reino le sería quitado y alguien mejor que él ocuparía su lugar (1 Sam. 15:1-33).*

25 Samuel estaba tan triste por las faltas de Saúl que se pasó toda una noche clamando a Jehová. La Biblia dice que tanta era su aflicción que hasta se puso de duelo por Saúl. ¡Cuánto le debieron decepcionar su arrogancia y su desobediencia a las normas de Dios! Y pensar que cuando lo conoció tenía tanto potencial... Ya no quiso volver a verlo nunca más. Al ver que el asunto lo tenía tan afligido, Jehová corrigió su punto de vista diciéndole con bondad: "¿Hasta cuándo estarás de duelo por Saúl, en tanto que yo, por otra parte, lo he rechazado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y anda. Te enviaré a Jesé el betlemita, porque entre sus hijos me he provisto un rey" (1 Sam. 15:34, 35; 16:1).

26 Para cumplir su voluntad, Jehová no depende de seres humanos imperfectos, quienes pueden ser hoy leales y mañana no. Si alguien a quien él elige lo traiciona, entonces busca a otro. Así que el anciano profeta dejó de lamentarse por Saúl y, tal como Dios le ordenó, fue a la casa de Jesé en Belén para ungir al nuevo rey. Allí vio que Jesé tenía varios hijos muy apuestos, que parecían buenos candidatos. Pero Jehová le recordó que no se dejara llevar por la apariencia (lea 1 Samuel 16:7). Por fin, le trajeron a David, el hijo menor, y ese resultó ser el elegido.

27 En sus últimos años de vida, Samuel pudo ver lo acertada que fue la decisión divina de reemplazar a Saúl con David. Saúl se fue dejando dominar por los celos y el odio asesino, y terminó convertido en un apóstata. En cambio, David demostró tener hermosas cualidades como el valor, la integridad, la fe y la lealtad. La fe de Samuel se fortaleció aún más en el ocaso de su vida. Comprobó que Jehová nos puede ayudar a superar cualquier desilusión o problema, y que hasta puede convertir en bendiciones los golpes y sinsabores de la vida. Tras la muerte de Samuel, el pueblo entero lloró su pérdida. Y no es de extrañar, pues por casi un siglo se labró un intachable historial de fiel servicio. Aun hoy, todo siervo de Dios hace bien en preguntarse: "¿Imitaré yo la fe de Samuel?".

[Nota]

Samuel mismo ejecutó al malvado rey Agag. Ni él ni su familia merecían ninguna compasión. Siglos más tarde, "Hamán el agaguita", quien probablemente era uno de sus descendientes, intentó destruir al pueblo de Dios (Est. 8:3; encontrará más información en los capítulos 15 y 16 de este libro).

PREGUNTAS PARA PENSAR

• ¿Cómo afrontó Samuel las calamidades que le sobrevinieron a la ciudad de Siló?

• ¿Qué le ayudó a Samuel a seguir adelante cuando sus hijos se rebelaron?

• ¿Cómo se recuperó Samuel de la decepción que sufrió con Saúl?

• ¿Cómo podría usted imitar la fe de Samuel?

[Preguntas del estudio]

1. ¿Por qué está tan afligida la gente de Siló?

2, 3. ¿Qué trágicos sucesos llevaron a que Siló perdiera su gloria?

4. ¿Qué analizaremos en este capítulo?

5, 6. ¿En qué se centra temporalmente el relato bíblico, y qué hizo Samuel durante ese tiempo?

7, 8. a) ¿Qué les dijo Samuel a los israelitas tras dirigirlos con empeño durante veinte años? b) ¿Cómo respondió el pueblo a las palabras de Samuel?

9. ¿Qué decidieron hacer los filisteos, y cómo reaccionaron los israelitas ante ese peligro?

10, 11. a) ¿Por qué debió ser fuera de lo común el trueno que Jehová hizo resonar? b) ¿En qué resultó el ataque de los filisteos en Mizpá?

12. ¿Por qué se incluye a Samuel entre quienes "efectuaron justicia", y qué lo ayudó a lograrlo?

13. a) ¿Qué cualidades necesitamos cultivar si queremos parecernos a Samuel? b) ¿Cuándo sería bueno empezar a cultivar las cualidades que tenía Samuel?

14, 15. a) ¿Qué gran decepción sufrió Samuel en su vejez? b) ¿Por qué podemos decir que Samuel fue un padre muy distinto a Elí?

16. ¿Cómo se sienten quienes tienen hijos rebeldes, y cómo puede el ejemplo de Samuel darles consuelo y guía?

17. ¿Qué le pidieron a Samuel los ancianos de Israel, y cómo reaccionó él?

18. ¿Qué le aclaró Jehová a Samuel sobre la descarada petición del pueblo?

19, 20. a) ¿Con qué actitud obedeció Samuel cuando Jehová le mandó ungir a Saúl como rey? b) ¿Cómo siguió ayudando Samuel a los israelitas?

21. Si estamos decepcionados porque le dieron a otra persona un nombramiento que deseábamos nosotros, ¿cómo nos puede ayudar el ejemplo de Samuel?

22. ¿Cuáles eran las virtudes que Samuel pudo ver en Saúl?

23. ¿Qué valiosa cualidad perdió Saúl, y cómo demostró que se estaba volviendo arrogante?

24. a) ¿Cómo desobedeció Saúl las instrucciones de Jehová durante la guerra contra los amalequitas? b) ¿Cuál fue la reacción de Saúl cuando fue corregido, y qué decisión tomó Jehová?

25, 26. a) ¿Por qué se puso Samuel de duelo por Saúl, y cómo corrigió Jehová su punto de vista? b) ¿Qué lección aprendió Samuel cuando fue a la casa de Jesé?

27. a) ¿Qué fortaleció la fe de Samuel en sus últimos años de vida? b) ¿Qué piensa usted del ejemplo de Samuel?

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Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7

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