domingo, 7 de septiembre de 2014

ADÁN,.-¿En qué sentido fue hecho a la semejanza de Dios?

-- ADÁN

(Hombre Terrestre; Humanidad; proviene de una raíz que significa: "rojo").

La palabra hebrea que se traduce "hombre", "humanidad" u "hombre terrestre", aparece más de 560 veces en las Escrituras, y se aplica tanto a individuos como a la humanidad en general, además de usarse como nombre propio.

1. Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen". (Gé 1:26.) Esta fue, en realidad, una declaración histórica. Y qué singular es la posición que ocupa en la historia "Adán, hijo de Dios", la primera criatura humana. (Lu 3:38.) Adán fue el coronamiento glorioso de la obra creativa terrestre de Jehová, no solo por haber sido creado hacia el final de seis períodos creativos, sino, aún más importante, porque "a la imagen de Dios lo creó". (Gé 1:27.) Por esta causa, el hombre perfecto Adán y, a un grado mucho menor, su descendencia ya degenerada, poseían facultades y capacidades mentales muy superiores al resto de las criaturas terrestres.

¿En qué sentido fue hecho a la semejanza de Dios?

Habiendo sido hecho a la semejanza de su Magnífico Creador, Adán tenía los atributos divinos de amor, sabiduría, justicia y poder. En consecuencia, poseía un sentido de moralidad que implicaba una conciencia, algo completamente nuevo en el ámbito de la vida terrestre. Al estar hecho a la imagen de Dios, habría de administrar toda la Tierra y tener en sujeción a las criaturas terrestres y marinas, así como a las aves del cielo.

No era necesario que fuese una criatura espíritu, en su totalidad o en parte, para que poseyera las cualidades divinas. Jehová formó al hombre de los elementos del polvo del suelo y puso en él la fuerza de vida, de modo que llegó a ser alma viviente, dotado con la capacidad de reflejar la imagen y semejanza de su Creador. "El primer hombre procede de la tierra y es hecho de polvo." "El primer hombre, Adán, llegó a ser alma viviente." (Gé 2:7; 1Co 15:45, 47.) Esto sucedía en el año 4026 a. E.C., probablemente en el otoño, ya que los calendarios más antiguos comenzaban a contar el tiempo en esa época del año, alrededor del 1 de octubre, es decir, en la primera luna nueva del año civil lunar. (Véase AÑO.)

El hogar de Adán era un paraíso muy especial, un verdadero jardín de perfección y placer llamado Edén. (Véase EDÉN núm. 1.) Este paraíso le suministraba todo lo necesario para la vida, pues allí había "todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento", que le serviría de sustento para siempre. (Gé 2:9.) Adán estaba rodeado de animales pacíficos de toda clase y características, pero se encontraba solo, pues no había otra criatura "según su género" con la que pudiese hablar. Jehová reconoció que 'no era bueno que el hombre continuara solo', de modo que mediante una operación quirúrgica divina, única en su género, tomó una costilla de Adán y la transformó en su complemento femenino para que llegara a ser su esposa y la madre de sus hijos. Con gran alegría ante la presencia de esta hermosa ayudante y permanente compañera que Dios le había dado, Adán pronunció la primera poesía conocida: "Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne", y la llamó mujer "porque del hombre fue tomada esta". Más tarde, le puso por nombre Eva. (Gé 2:18-23; 3:20.) Jesús y sus apóstoles confirmaron la veracidad de este relato. (Mt 19:4-6; Mr 10:6-9; Ef 5:31; 1Ti 2:13.)

Además, Jehová bendijo a estos recién casados con abundancia de trabajo deleitable. (Compárese con Ec 3:13; 5:18.) No se les maldijo con ociosidad, ya que habrían de mantenerse ocupados y activos cultivando y cuidando su hogar paradisiaco, que habrían de extender por todo el globo terráqueo a medida que se multiplicaran y llenaran la Tierra con miles de millones de seres de su mismo género. Era un mandato divino. (Gé 1:28.)

"Vio Dios todo lo que había hecho y, ¡mire!, era muy bueno." (Gé 1:31.) Adán fue perfecto en todo sentido desde el mismo principio. Se le dotó con la facultad del habla y con un vocabulario muy perfeccionado. Podía dar nombres significativos a las criaturas vivientes que le rodeaban y sostener una conversación tanto con su Dios como con su esposa.

Por todas estas razones, y por muchas más, estaba obligado a amar, adorar y obedecer estrictamente a su Magnífico Creador. Más que eso, el Legislador Universal le enunció la ley simple de la obediencia y le informó con claridad en cuanto al castigo justo y razonable por la desobediencia: "En cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás". (Gé 2:16, 17; 3:2, 3.) A pesar de que esta ley explícita anunciaba un severo castigo por la desobediencia, Adán desobedeció.

Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó:-.Josue 1:7

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