sábado, 26 de septiembre de 2015

‘Acerquémonos a Dios, y él se acercará a nosotros’

Capítulo 31


'Acerquémonos a Dios, y él se acercará a nosotros'


A LOS padres les encanta ver sonreír a su bebé. No es raro que acerquen
la cara a la suya, le hagan ruiditos y sonrían efusivamente. Anhelan
una respuesta, la cual no tarda en llegar: se forman hoyuelos en las
mejillas, se arquean los labios y brota una deliciosa sonrisa infantil
que, a su modo, parece expresar afecto, un naciente amor que
corresponde al de los padres.


2 La sonrisa del pequeño nos recuerda una importante característica de
la naturaleza humana. Ante el amor, nuestra reacción espontánea es
amar; así es como estamos hechos (Salmo 22:9). Con los años, aumenta la
capacidad de respuesta. Tal vez nos vengan a la memoria las muestras de
afecto que nos dispensaron nuestros padres, parientes y amigos en la
niñez. En nuestro corazón echó raíces un cálido sentimiento, que creció
y dio por fruto actos con los que correspondimos al cariño recibido.
¿Sigue nuestra relación personal con Jehová Dios un proceso semejante?


3 Dice la Biblia: "En cuanto a nosotros, amamos, porque él nos amó
primero" (1 Juan 4:19). Las secciones 1 a 3 nos recordaron que Jehová
ha ejercitado amorosamente su poder, justicia y sabiduría a fin de
beneficiarnos a nivel individual. Y la sección 4 mostró que él ha
expresado directamente su amor por la humanidad -incluido usted- de
formas extraordinarias. Ahora surge una pregunta, en cierto sentido la
más importante que cada uno de nosotros puede plantearse: "¿Cómo
responderé yo al amor de Jehová?".


Qué significa amar a Dios


4 Jehová, la Fuente del amor, sabe muy bien que este tiene una inmensa
fuerza, pues hace aflorar las mejores cualidades de las personas. A
pesar de que la humanidad infiel ha persistido en su espíritu rebelde,
él ha mantenido la confianza en que algunos respondan a su amor. Y, en
efecto, millones así lo han hecho. Por desgracia, las religiones de
este mundo corrupto han dejado a la gente confundida sobre lo que
significa amar a Dios. Son muchísimos los que dicen tenerle amor, pero
por lo visto lo toman como un sentimiento que se expresa únicamente con
palabras. El amor a Dios puede comenzar de esta manera, tal como el
afecto de un bebé para con sus padres quizá se muestre inicialmente con
una sonrisa. Sin embargo, en el caso de los adultos, el amor implica
algo más.


5 Jehová define en su Palabra qué quiere decir amarlo: "Esto es lo que
el amor de Dios significa: que observemos sus mandamientos". Por lo
tanto, se trata de un sentimiento que se expresa con actos. Es cierto
que a muchos no les atrae la idea de obedecer. Pero el citado versículo
hace esta bondadosa aclaración: "Y, sin embargo, [los] mandamientos
[divinos] no son gravosos" (1 Juan 5:3). Así pues, los principios y
leyes de Jehová no son para oprimirnos, sino para beneficiarnos (Isaías
48:17, 18). La Biblia contiene muchos principios que nos ayudan a
acercarnos al Creador. ¿De qué forma? Repasemos tres aspectos de
nuestra relación con él: la comunicación, la adoración y la imitación.


Comunicarse con Jehová


6 El capítulo 1 se abre con la pregunta: "¿Se imagina conversando con
Dios?". Como vimos, no es una idea fantasiosa. Al fin y al cabo, Moisés
mantuvo una conversación de este tipo. ¿Y nosotros? Bueno, hoy Jehová
no envía a sus ángeles a hablar con los seres humanos, pero sí dispone
de excelentes medios para comunicarse con nosotros. ¿De qué manera lo
escuchamos?


7 Lo hacemos cuando leemos su Palabra, la Biblia, pues "[toda]
Escritura es inspirada de Dios" (2 Timoteo 3:16). De ahí que el
salmista exhortara a los siervos de Jehová a leerla "día y noche"
(Salmo 1:1, 2). Esta labor exige bastante esfuerzo de nuestra parte,
pero vale la pena. Según aprendimos en el capítulo 18, las Escrituras
son como una valiosa carta que nos dirige nuestro Padre celestial, de
modo que leerlas no debería ser una carga. Nuestra lectura tiene que
impartirles vida. ¿Cómo lo lograremos?


8 Mientras leemos, visualicemos los relatos. Tratemos de ver a los
personajes bíblicos como gente real. Procuremos enterarnos de sus
antecedentes, circunstancias y motivos. Luego, reflexionemos sobre lo
que hayamos leído y hagámonos preguntas como estas: "¿Qué me enseña
sobre Jehová la narración? ¿Qué cualidades suyas distingo? ¿Qué
principio desea él que aprenda, y cómo puedo aplicarlo en mi vida?".
Leamos, meditemos y apliquemos las lecciones. De este modo, la Palabra
de Dios cobrará vida para nosotros (Salmo 77:12; Santiago 1:23-25).


9 Jehová también nos habla mediante "el esclavo fiel y discreto", es
decir, el conjunto de cristianos ungidos, el cual, como predijo Jesús,
ha sido nombrado para dar "alimento al tiempo apropiado" en estos
turbulentos últimos días (Mateo 24:45-47). Recibimos dicho alimento
espiritual cuando leemos las publicaciones que ha preparado para
ayudarnos a adquirir conocimiento exacto de la Biblia, y también cuando
asistimos a las reuniones y asambleas cristianas. Dado que se trata del
esclavo de Cristo, hacemos bien en aplicar estas palabras de Jesús:
"Presten atención a cómo escuchan" (Lucas 8:18). Escuchamos con interés
porque reconocemos que el esclavo colectivo es uno de los medios por
los que Dios se comunica con nosotros.


10 Ahora bien, ¿qué hay de la comunicación con Jehová? ¿Podemos
nosotros hablar con él? Sin duda esta idea impone respeto. Si
pidiéramos audiencia a la máxima autoridad del país para explicarle
nuestras inquietudes, ¿qué probabilidades habría de que nos la
concediera? En algunos casos sería peligroso siquiera intentarlo. Por
ejemplo, en la época de Ester y Mardoqueo, el ciudadano que se
aproximara al rey de Persia sin invitación previa se arriesgaba a ser
ejecutado (Ester 4:10, 11). Ahora, imaginémonos compareciendo ante el
Señor Soberano del universo, en comparación con el cual hasta los seres
humanos más poderosos "son como saltamontes" (Isaías 40:22). ¿Nos
debería intimidar la idea de acercarnos a él? De ningún modo.


11 Jehová ha dispuesto un medio para acercarnos a él de forma abierta y
sencilla: la oración. Hasta un chiquitín puede dirigirse a Dios si lo
hace con fe y en el nombre de Jesús (Juan 14:6; Hebreos 11:6). Con
todo, podemos transmitirle los conceptos y sentimientos más complejos y
recónditos, hasta los que son tan dolorosos que nos cuesta expresarlos
con palabras (Romanos 8:26). De nada vale tratar de impresionarlo con
lenguaje florido y elocuente o con plegarias largas y verbosas (Mateo
6:7, 8). Por otro lado, él no nos pone restricciones de tiempo o
frecuencia a la hora de hablarle. De hecho, su Palabra nos invita a
'orar incesantemente' (1 Tesalonicenses 5:17).


12 Recordemos que Jehová es el único al que se llama "Oidor de la
oración", y que él escucha con verdadera empatía (Salmo 65:2). ¿Se
limita a soportar las oraciones de sus siervos fieles? No, pues en
realidad se complace en ellas. Su Palabra las compara al incienso que,
al quemarse, eleva a lo alto un relajante aroma (Salmo 141:2;
Revelación [Apocalipsis] 5:8; 8:4). ¿Verdad que nos tranquiliza saber
que, de igual modo, nuestras oraciones sinceras ascienden al Señor
Soberano y le agradan? Por lo tanto, si queremos acercarnos a él,
orémosle humildemente y con frecuencia, todos los días. Abrámosle el
corazón sin reservas (Salmo 62:8). Contémosle nuestras inquietudes y
alegrías, y démosle gracias y alabanza. El vínculo que tenemos con
nuestro Padre celestial se hará así cada vez más fuerte.


Adorar a Jehová


13 Ahora bien, la comunicación con Jehová no es un simple diálogo, como
el que sostendríamos con un amigo o un familiar. Es un medio por el
cual lo adoramos y le tributamos la honra reverencial que tanto merece.
Nuestra vida entera se rige por la adoración verdadera, la cual nos
permite expresar a Dios amor y devoción incondicionales, al tiempo que
nos une a todas sus criaturas fieles, tanto en el cielo como en la
Tierra. En una visión, el apóstol Juan oyó a un ángel que proclamaba
este mandato: "Adoren al que hizo el cielo y la tierra y el mar y las
fuentes de las aguas" (Revelación 14:7).


14 ¿Por qué debemos adorar a Jehová? Pensemos en las cualidades que
hemos analizado, como su santidad, poder, autodominio, justicia, valor,
misericordia, sabiduría, humildad, amor, compasión, lealtad y bondad.
Hemos visto que Dios es el máximo exponente y la norma más elevada de
todas las virtudes. Cuando las examinamos en conjunto, percibimos que
él es mucho más que una Persona grandiosa y admirable. Es inmensamente
glorioso e infinitamente superior a nosotros (Isaías 55:9). Sin duda,
es nuestro legítimo Soberano y merece que lo adoremos. Pero ¿cómo hemos
de hacerlo?


15 Jesús dijo: "Dios es un Espíritu, y los que lo adoran tienen que
adorarlo con espíritu y con verdad" (Juan 4:24). Esto significa que han
de rendirle culto bajo la guía de Su espíritu y con un corazón lleno de
fe y amor. También deben hacerlo en armonía con la verdad, o sea, con
el conocimiento exacto que transmite en su Palabra. Las reuniones con
los hermanos cristianos constituyen una magnífica oportunidad de adorar
a Jehová "con espíritu y con verdad" (Hebreos 10:24, 25). Juntos le
cantamos alabanzas, le oramos y realizamos un examen de su Palabra en
el que somos tanto oyentes como parte activa. De este modo participamos
en la adoración pura y le manifestamos nuestro amor.


16 También lo adoramos cuando hablamos de él y lo alabamos públicamente
(Hebreos 13:15). Sin lugar a dudas, el mandato de predicar las buenas
nuevas de su Reino es uno de los más importantes que han recibido los
cristianos verdaderos (Mateo 24:14). Lo obedecemos de todo corazón por
amor a Jehová. Cuando pensamos en la forma en que "el dios de este
sistema de cosas", Satanás, "ha cegado las mentes de los incrédulos",
difundiendo terribles mentiras acerca de nuestro Dios, ¿acaso no
sentimos vivos deseos de ser Testigos suyos para exponer la falsedad de
tales calumnias? (2 Corintios 4:4; Isaías 43:10-12.) Y al reflexionar
sobre las maravillosas cualidades de nuestro Padre celestial, ¿no nace
en nosotros el ferviente anhelo de hablar de él con nuestros
semejantes? En efecto, no hay mayor privilegio que ayudarlos a
conocerlo y amarlo como nosotros.


17 La adoración que rendimos a Dios abarca aún más. En realidad, no
excluye ningún aspecto de nuestra existencia (Colosenses 3:23). Si de
verdad aceptamos a Jehová como Soberano, procuraremos hacer su voluntad
en todos los campos: la familia, el trabajo, las relaciones personales
y el ocio. Además, nos esforzaremos por servirle "con corazón
completo", con integridad (1 Crónicas 28:9). Esta adoración no deja
lugar para tener un corazón dividido o llevar una doble vida, es decir,
para las conductas hipócritas de quienes fingen servir a Dios y cometen
graves pecados en secreto. La integridad impide tal hipocresía, y el
amor la repudia. Otro freno es el temor piadoso, reverencia que, según
indica la Biblia, permite mantener una estrecha relación con Jehová
(Salmo 25:14).


Imitar a Jehová


18 Cada sección de este libro termina con un capítulo que explica la
forma de ser "imitadores de Dios, como hijos amados" (Efesios 5:1). Es
fundamental recordar que, aun siendo imperfectos, podemos copiar el
modelo que nos da Jehová al hacer uso de su poder, ejercer justicia,
actuar con sabiduría y demostrar amor. ¿Cómo sabemos que realmente nos
es posible hacerlo? Recordemos que el significado del nombre divino es
que él hace que él mismo llegue a ser lo que elija para cumplir sus
propósitos. Esta capacidad nos llena de asombro, y con razón; pero
¿escapa por completo a nuestro alcance? No.


19 Los seres humanos estamos hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26).
Por consiguiente, nos distinguimos de las demás criaturas del planeta.
No somos esclavos del instinto, la genética o el medio ambiente en que
crecemos. Disponemos de un maravilloso don divino: el libre albedrío. A
pesar de nuestras limitaciones e imperfecciones, tenemos la libertad de
escoger qué vamos a ser. ¿Queremos ser personas amorosas, sabias y
justas que hacen buen uso de su poder? Pues gracias al espíritu de
Jehová lo podemos conseguir. Pensemos en cuántas cosas buenas
lograremos de este modo.


20 Complaceremos al Padre celestial y regocijaremos su corazón
(Proverbios 27:11). Llegaremos a 'agradar plenamente' a Jehová, pues él
comprende nuestras limitaciones (Colosenses 1:9, 10). Y al seguir
cultivando buenas cualidades en imitación de nuestro amado Padre,
disfrutaremos del grandioso privilegio de ser iluminadores en un mundo
sumido en tinieblas y alejado de Dios (Mateo 5:1, 2, 14). Así
contribuiremos a difundir en la Tierra reflejos de la gloriosa
personalidad de Jehová. ¡Qué honor tan grande!


"Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes"


21 Esta sencilla exhortación de Santiago 4:8 es más que una meta. Es un
viaje que, si seguimos fieles, jamás terminará. En efecto, nunca
dejaremos de acercarnos a Jehová. A fin de cuentas, siempre podremos
aprender más con respecto a él. No deberíamos imaginar que este libro
nos ha enseñado cuanto podemos saber sobre Dios. En realidad apenas
hemos comenzado a analizar lo que dice la Biblia de él. Y ni siquiera
esta contiene todos los conocimientos sobre Jehová. El apóstol Juan
dedujo que si se detallara lo que había hecho Jesús durante su
ministerio terrestre, "el mundo mismo no podría contener los rollos que
se escribieran" (Juan 21:25). Si fue posible hacer esta afirmación
acerca del Hijo, ¡cuánto más del Padre!


22 Ni siquiera en la vida eterna llegaremos a aprender todo lo
referente a Jehová (Eclesiastés 3:11). Pensemos, por tanto, en lo que
nos depara el futuro. Cuando hayamos vivido cientos, miles, millones o
incluso billones de años, sabremos mucho más sobre el Creador que en la
actualidad. Pero aun entonces veremos que nos quedan por aprender
incontables maravillas. Y estaremos ansiosos de aumentar nuestro
conocimiento, pues nunca nos faltarán razones para sentirnos como el
salmista, que cantó: "El acercarme a Dios es bueno para mí" (Salmo
73:28). La vida sin fin será increíblemente rica y variada, y el
proceso de acercarnos cada día más a Jehová siempre será el aspecto más
gratificante.


23 Así pues, respondamos ahora al amor de Dios amándolo con todo
nuestro corazón, alma, mente y fuerzas (Marcos 12:29, 30). Amémoslo con
lealtad y constancia. Demostremos con nuestras decisiones cotidianas,
desde las más pequeñas a las más grandes, que nos guiamos por el mismo
principio: elegir siempre la senda que fortalezca nuestra relación con
el Padre celestial. Sobre todo, ¡acerquémonos cada vez más a Jehová, y
acérquese él a nosotros, por toda la eternidad!


Preguntas para meditar


Salmo 25:1-22 ¿Cómo nos acercamos más a Jehová, y qué confianza
obtenemos de este modo?


Oseas 6:3 ¿Cómo indica este versículo que adquirir conocimiento de
Jehová es una labor que exige esfuerzo y reporta bendiciones?


Mateo 16:21-27 Si queremos imitar a Jehová, ¿qué ejemplo debemos
seguir, y qué actitud hemos de manifestar?


Revelación 21:3, 4 Al meditar en las bendiciones que va a traer Jehová,
¿qué nos sentimos impulsados a hacer en agradecimiento?

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