domingo, 25 de octubre de 2015

CAPÍTULO 1 “Aunque murió, todavía habla”

CAPÍTULO 1
"Aunque murió, todavía habla"

1. ¿Qué bloqueaba la entrada al jardín de Edén, y qué deseaba Abel más
que nada en el mundo?

ABEL observa a su rebaño de ovejas pastando tranquilamente en la ladera
al atardecer. Entonces, el muchacho mira a la distancia, mucho más allá
de sus ovejas, y su vista se centra en el leve resplandor que aparece a
lo lejos. Él sabe que allí hay una espada envuelta en llamas que gira y
gira sin cesar, bloqueando la entrada al jardín de Edén. Sus padres
solían vivir en ese lugar, pero ahora no pueden entrar ni ellos ni
nadie más. Imagínese a Abel, con el cabello un tanto alborotado por la
brisa, alzando los ojos al cielo y pensando en su Creador. ¡Cuánto
anhelaba que algún día se cerrara la brecha que separaba de Dios al
hombre! No había nada en el mundo que deseara más.

2-4. ¿En qué sentido nos habla hoy Abel?

2 Abel, el segundo hijo de Adán, nos está hablando hoy. ¿Podemos oírlo?
"Pero ¿cómo es posible, si murió hace muchísimo tiempo?", quizás piense
usted. Y es verdad, sus restos se convirtieron en polvo hace casi seis
mil años. Además, la Biblia nos explica que los muertos "no tienen
conciencia de nada en absoluto" (Ecl. 9:5, 10). Y no solo eso: en las
Escrituras no aparece ni una sola palabra pronunciada por Abel. ¿Cómo
puede entonces hablarnos?

3 Inspirado por Dios, el apóstol Pablo dijo lo siguiente sobre Abel:
"Por [medio de] ella, aunque murió, todavía habla" (lea Hebreos 11:4).
¿Por medio de qué sigue hablando? Por medio de su fe. Abel fue el
primer ser humano que cultivó esa hermosa cualidad. Tuvo una fe tan
firme y profunda que su ejemplo ha logrado superar la prueba del tiempo
y continúa vivo hasta nuestros días. Si nos esforzamos por imitarlo,
será como si Abel realmente nos estuviera hablando.

4 Pero, puesto que se dice tan poco de Abel en la Biblia, ¿qué podemos
aprender de él y de la fe que demostró? En este capítulo hallaremos la
respuesta.
Vivió en el tiempo de "la fundación del mundo"

5. ¿A qué se refería Jesús cuando relacionó a Abel con "la fundación
del mundo"? (Vea también la nota.)

5 Abel nació casi al principio de la historia del hombre. Siglos
después, Jesús dijo que había vivido en el tiempo de "la fundación del
mundo" (lea Lucas 11:50, 51). Todo indica que con la palabra mundo
Jesús se estaba refiriendo al conjunto de los seres humanos que podrían
ser redimidos, o rescatados, del pecado. Aunque Abel fue el cuarto ser
humano de la historia, al parecer fue el primero a quien Dios consideró
digno de ser redimido.* Es evidente que Abel no se crió en el mejor de
los ambientes.

6. ¿Qué sabemos de los padres de Abel?

6 Aunque el mundo acababa de empezar, aquella primera familia ya se
encontraba en circunstancias muy lamentables. Adán y Eva seguramente
disfrutaban de belleza física y vitalidad; habían sido perfectos y
habían tenido ante sí la perspectiva de vivir para siempre. Pero
cometieron un gravísimo error, y lo sabían: se rebelaron contra Jehová
y por eso fueron echados del paraíso en que vivían, el jardín de Edén.
Por poner sus deseos antes que todo lo demás —incluso antes que las
necesidades de sus hijos—, perdieron la perfección y la vida eterna
(Gén. 2:15–3:24).

7, 8. ¿Qué exclamó Eva cuando nació Caín, y en qué es posible que
pensara?

7 La vida de Adán y Eva fuera del jardín era muy dura. Así y todo,
cuando les nació su primer hijo, lo llamaron Caín, que significa "Algo
Producido", y Eva exclamó: "He producido un hombre con la ayuda de
Jehová". Tal vez pensó en la promesa que Jehová había hecho en el
jardín cuando profetizó que cierta mujer produciría una "descendencia"
que destruiría al ser malvado que los había descarriado (Gén. 3:15;
4:1). ¿Creyó Eva que ella era la mujer de la profecía y que Caín era la
"descendencia" prometida?

8 En ese caso, estaba muy equivocada. Es más, si ella y Adán inculcaron
esa idea en Caín durante su crianza, lo único que consiguieron fue
alimentar su orgullo. Con el tiempo, Eva dio a luz a su segundo hijo,
pero no encontramos expresiones tan pretenciosas acerca de él. Lo
llamaron Abel, que posiblemente significa "Exhalación" o "Vanidad"
(Gén. 4:2). ¿Quería decir la elección de ese nombre que sus
expectativas eran menos ambiciosas, que no esperaban tanto de Abel como
de Caín? Quizás, pero no podemos saberlo a ciencia cierta.

9. ¿Qué pueden aprender de Adán y Eva los padres de hoy?

9 Los padres de hoy pueden aprender mucho de los errores de aquellos
primeros padres. ¿Alimentarán con sus palabras y acciones el orgullo,
la ambición y el egoísmo de sus hijos? ¿O les enseñarán a amar a Dios y
buscar su amistad? Lamentablemente, Adán y Eva no cumplieron bien con
su responsabilidad. No obstante, había esperanza para sus hijos.
¿Cómo cultivó su fe Abel?

10, 11. ¿A qué trabajos se dedicaron Caín y Abel? ¿Qué cualidad cultivó
Abel?

10 Al ir creciendo los dos muchachos, Adán seguramente les enseñó a
efectuar los trabajos necesarios para alimentar y cuidar a la familia.
Caín se dedicó a la agricultura, y Abel se convirtió en pastor de
ovejas.

11 Pero Abel hizo algo mucho más importante: con los años fue
cultivando fe, esa hermosa cualidad sobre la que tiempo después
escribió el apóstol Pablo. ¿Cómo consiguió tener fe en Jehová si no la
veía en ningún otro ser humano? Es muy posible que su fe se asentara en
las tres sólidas bases que analizaremos a continuación.

12, 13. ¿Cómo pudo la creación de Jehová ayudar a Abel a cultivar fe?

12 La creación de Jehová. Es cierto que Dios había pronunciado una
maldición contra el suelo, el cual produciría espinos y cardos y sería
muy difícil de cultivar. Aun así, la tierra daba con generosidad lo
suficiente para el sustento de la familia de Abel. Por otra parte,
había muchos otros elementos de la naturaleza que Jehová no maldijo,
como las aves, los peces y demás animales, o las montañas, los lagos,
los ríos y los mares; tampoco el cielo, las nubes, el Sol, la Luna y
las estrellas. Dondequiera que Abel miraba, veía prueba del profundo
amor y la inmensa sabiduría y bondad de Jehová, el Creador de todas las
cosas (lea Romanos 1:20). Sin duda alguna, cada vez que meditaba
agradecido en la creación y las cualidades de Dios, su fe se fortalecía.

Contemplar la creación dio a Abel base sólida para tener fe en un
Creador amoroso

13 Seguramente, Abel dedicó tiempo a reflexionar en asuntos
espirituales. Y es muy posible que lo hiciera, por ejemplo, mientras
cuidaba de su rebaño. Su vida como pastor le exigía caminar mucho.
Tenía que conducir a sus mansas ovejas por montañas y valles, a través
de ríos y arroyos..., siempre buscando la hierba más verde, el agua más
fresca y los mejores lugares donde refugiarse para descansar. Las
ovejas parecían ser las más indefensas de todos los animales, como si
hubiesen sido creadas con la necesidad de que el hombre las guiara y
protegiera. ¿Se daba cuenta Abel de que él también necesitaba la guía,
la protección y el cuidado de alguien mucho más sabio y poderoso que
cualquier ser humano? Con toda probabilidad, en sus oraciones incluía
reflexiones de este tipo y, como resultado, su fe siguió aumentando.

14, 15. ¿En qué promesas de Jehová debió meditar Abel?

14 Las promesas de Jehová. Adán y Eva tuvieron que haberles contado a
sus hijos lo que ocurrió en el jardín de Edén y por qué fueron
expulsados de allí. Así que Abel tenía mucho en que meditar.

15 Jehová dijo que el suelo estaría maldecido, y Abel podía ver
claramente el cumplimiento de esas palabras en los espinos y cardos que
crecían por todas partes. Jehová predijo, además, que Eva sufriría
dolores en los embarazos y los partos. Y seguro que cada vez que su
madre iba a tener un hijo, Abel se daba cuenta de que esa predicción
también se cumplía. Asimismo, Dios previó que Eva sentiría una
necesidad desequilibrada de recibir la atención y el amor de su esposo,
y que Adán, por su parte, la dominaría. Y no hay duda de que Abel
presenció en más de una ocasión esta lamentable realidad. Vez tras vez
comprobó que todo lo que Jehová decía se cumplía. Por lo tanto,
disponía de buenas razones para tener fe en la promesa de Dios sobre la
"descendencia" que un día corregiría los males que se originaron en el
jardín de Edén (Gén. 3:15-19).

16, 17. ¿Qué pudo aprender Abel del ejemplo de los querubines?

16 Los siervos de Jehová. Dentro de su familia, Abel no encontró a
nadie que fuera un buen ejemplo. Pero los seres humanos no eran las
únicas criaturas inteligentes que había en la Tierra en aquel tiempo.
Cuando Adán y Eva fueron expulsados del jardín de Edén, Jehová se
aseguró de que ni ellos ni ninguno de sus descendientes pudieran entrar
en aquel paraíso. Para vigilar la entrada, apostó allí a unos
querubines —ángeles de muy alto rango— y "la hoja llameante de una
espada" que giraba continuamente (lea Génesis 3:24).

17 ¿Se imagina a Abel, de niño, mirando fascinado a aquellos
querubines? No hay duda de que la impresionante apariencia de esos
ángeles reflejaba su inmenso poder. Y eso sin mencionar la espada que
echaba llamas y giraba sin cesar: ¡qué impactante le resultaría! ¿Vio
Abel alguna vez que los querubines se aburrieran y abandonaran su
puesto? No, todo lo contrario. Día y noche, año tras año, década tras
década..., aquellas inteligentes y poderosas criaturas se mantuvieron
en su lugar. Abel pudo notar que Jehová tenía siervos que le obedecían
con fidelidad y constancia. Así es: en los querubines vio una lealtad y
obediencia a Dios que no veía en su familia. ¡Cuánto debió fortalecer
su fe el ejemplo de estos ángeles!

Durante toda su vida, Abel pudo observar que los querubines eran
siervos de Dios leales y obedientes

18. ¿En qué podemos basar nuestra fe hoy día?

18 Al meditar en la creación y las cualidades de Dios que esta refleja,
así como en las promesas divinas y en el ejemplo de los leales ángeles,
Abel consiguió que su fe creciera cada vez más. ¡Cuánto podemos
aprender de él! En cierto sentido, es como si nos estuviera hablando.
Para los jóvenes, su ejemplo también encierra una animadora lección:
pueden estar seguros de que, sin importar lo que haga su familia,
pueden llegar a tener verdadera fe en Jehová. Con las maravillas de la
creación que nos rodean, la Biblia completa a nuestra disposición y
tantos ejemplos de hombres y mujeres fieles a Dios, ¿no es cierto que
tenemos razones de sobra para cultivar una fe sólida?
Por qué fue superior el sacrificio de Abel

19. ¿Qué gran verdad llegó a comprender Abel?

19 A medida que la fe de Abel iba creciendo, también crecía su deseo de
demostrarla con obras. Pero ¿qué podría darle un simple ser humano al
Creador del universo? Dios no necesita regalos ni ayuda de ningún
hombre. Sin embargo, Abel llegó a comprender una gran verdad: si le
ofrecía a Jehová lo mejor que tenía y con el motivo adecuado, su
amoroso Padre lo aceptaría con gusto.

Abel ofreció su sacrificio con fe, pero Caín no

20, 21. ¿Qué ofrendas hicieron Caín y Abel, y cómo reaccionó Jehová?

20 Abel decidió ofrecerle a Dios algunas ovejas de su rebaño. Para ello
eligió las primeras y mejores crías y, tal como indica el relato,
incluyó en su sacrificio las partes que él consideraba más selectas, a
saber, "sus trozos grasos". Por su parte, Caín también esperaba
conseguir la bendición y el favor de Dios, y por eso preparó una
ofrenda con algunos productos de su cosecha. Pero su motivación no era
tan pura como la de su hermano, y la diferencia se hizo obvia cuando
presentaron sus regalos ante Dios.

21 Posiblemente ambos utilizaron altares y fuego para hacer sus
ofrendas, y tal vez las presentaron a la vista de los querubines, que
en aquel tiempo eran los únicos representantes de Dios en la Tierra.
¿Cómo reaccionó Jehová? El relato dice que "miraba con favor a Abel y
su ofrenda", aunque no indica cómo lo demostró (Gén. 4:4).

22, 23. ¿Por qué le agradó a Jehová la ofrenda de Abel?

22 ¿Por qué veía Jehová con agrado a Abel? ¿Era por la ofrenda en sí?
Al sacrificar unos corderos, Abel estaba ofreciendo la vida de aquellos
animales y derramando su valiosa sangre. Pero ¿era consciente de lo
mucho que significaba esa clase de sacrificio? Siglos después, Dios
estableció que se usara el sacrificio de un cordero sano, sin defectos;
este representaría el sacrificio de su propio Hijo perfecto, "el
Cordero de Dios", quien derramaría su sangre inocente por la humanidad
(Juan 1:29; Éx. 12:5-7). Aunque es obvio que Abel desconocía todos esos
detalles, sí es posible que comprendiera hasta cierto grado el valor
que tenía la sangre de un ser vivo.

23 Una cosa sí es segura: ofreció lo mejor que tenía. Jehová no solo
aprobó la ofrenda, sino también al hombre que la presentó, pues se la
dio motivado por el amor que sentía y la fe que había depositado en él.

24. a) ¿Por qué la ofrenda de Caín en sí no era el problema? b) ¿En qué
se parece mucha gente a Caín?

24 El caso de su hermano fue muy distinto. Jehová "no miraba con ningún
favor a Caín ni su ofrenda" (Gén. 4:5). No es que la clase de ofrenda
fuera inadecuada, pues siglos después la Ley de Moisés permitiría
ofrecer a Jehová productos de la tierra (Lev. 6:14, 15). El problema
era Caín mismo, ya que la Biblia dice que "sus propias obras eran
inicuas" (lea 1 Juan 3:12). Tal como les ocurre a muchas personas hoy,
parece que Caín pensaba que bastaría con una muestra superficial de
devoción. Pero su reacción pronto demostraría que en realidad no tenía
fe en Jehová ni sentía amor por él.

25, 26. ¿Qué le advirtió Dios a Caín, pero qué hizo él?

25 Cuando Caín vio que no se había ganado el favor de Dios, ¿trató de
aprender del ejemplo de su hermano? No, todo lo contrario. Hervía de
odio contra Abel. Jehová vio lo que estaba ocurriendo en su corazón y,
con mucha paciencia, intentó hacerle entrar en razón. Le advirtió que,
si seguía así, acabaría cometiendo un grave pecado, pero también le
dijo que, si cambiaba, recibiría "ensalzamiento", es decir, su
aprobación (Gén. 4:6, 7).

26 Lamentablemente, Caín no hizo caso de la advertencia divina. Invitó
a su hermano menor a que lo acompañara al campo, y este aceptó
confiado. Una vez allí, ¡lo atacó y lo asesinó brutalmente! (Gén. 4:8.)
En cierto sentido, Abel llegó a ser el primero en sufrir persecución
religiosa, el primer mártir que perdió la vida por su fe. Murió, es
cierto, pero aquel no fue el final de su historia.

27. a) ¿Por qué podemos estar seguros de que Abel resucitará en el
Paraíso? b) ¿Qué debemos hacer para conocer a Abel en persona?

27 La Biblia dice que la sangre de Abel estaba "clamando" a Jehová,
como si le estuviera suplicando que lo vengara, que hiciera justicia. Y
Dios respondió castigando al malvado Caín por lo que había hecho (Gén.
4:9-12). Hoy, Abel nos está hablando mediante su ejemplo de fe.
Probablemente vivió unos cien años, pocos en comparación con el largo
tiempo que vivía la gente de su época. Pero los aprovechó bien y murió
sabiendo que contaba con el amor y la aprobación de su Padre celestial
(Heb. 11:4). De modo que podemos tener la certeza de que está seguro en
la infinita memoria de Jehová, a la espera de resucitar en un paraíso
terrestre (Juan 5:28, 29). ¿Estará usted allí para recibirlo? Sí,
siempre y cuando haga todo lo posible por escuchar la voz de Abel e
imitar su sobresaliente fe.

La palabra griega original para "fundación" transmite la idea de lanzar
simiente y, en sentido figurado, se relaciona con la procreación. Se
entiende, por lo tanto, que la expresión "la fundación del mundo" tiene
que ver con la descendencia inmediata de Adán y Eva. Ahora bien, si el
primer hijo que tuvieron fue Caín, ¿por qué no relacionó Jesús "la
fundación del mundo" con este, sino con Abel? Porque las decisiones y
acciones de Caín fueron una muestra de rebelión deliberada contra
Jehová. De modo que es lógico concluir que Caín, al igual que sus
padres, no tendrá resurrección ni redención.








La hierba verde se ha secado,la
flor se ha marchitado,pero en cuanto a la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido. ISAIAS
40;8
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