sábado, 21 de noviembre de 2015

BAUTISMO El término griego bá·pti·sma

BAUTISMO

El término griego bá·pti·sma se refiere al proceso de inmersión, es
decir, sumergirse y emerger; se deriva del verbo bá·ptō, "sumergir".
(Jn 13:26.) En la Biblia, "bautismo" e "inmersión" son términos
sinónimos, como se muestra en la versión El Nuevo Testamento original
(traducción de H. J. Schonfield), en la que se vierte Romanos 6:3, 4 de
la siguiente manera: "¿Podéis ignorar que quienes nos hemos vinculado a
Cristo por la inmersión hemos quedado así asociados con su muerte?
Mediante esta vinculación con él por la inmersión nos hemos sepultado
juntamente con él". (Véanse también ENP; NM; NBE, nota.) La Septuaginta
griega usa una palabra derivada de bá·ptō (sumergir) en Éxodo 12:22 y
Levítico 4:6. (Véanse notas en NM.) Cuando se sumerge a alguien en
agua, está "enterrado" temporalmente, fuera de la vista, y luego se le
levanta.

Examinemos cuatro diferentes aspectos del bautismo y algunas cuestiones
relacionadas: 1) el bautismo de Juan, 2) el bautismo en agua de Jesús y
sus seguidores, 3) el bautismo en Jesucristo y en su muerte y 4) el
bautismo de fuego.

El bautismo de Juan. Juan, hijo de Zacarías y Elisabet, fue el primer
ser humano a quien Dios autorizó a bautizar en agua. (Lu 1:5-7, 57.) El
mismo hecho de que se le conociese como "Juan el Bautista" o "el
bautizante" (Mt 3:1; Mr 1:4) indica que el pueblo llegó a tener
conocimiento del bautismo o inmersión en agua en especial a través de
él. Además, las Escrituras prueban que su ministerio y bautismo
provenían de Dios, no de sí mismo. El ángel Gabriel habló
proféticamente de sus obras como procedentes de Dios (Lu 1:13-17), y
Zacarías, por medio del espíritu santo, anunció que sería un profeta
del Altísimo para preparar los caminos de Jehová. (Lu 1:68-79.) Más
tarde, Jesús confirmó que el ministerio y el bautismo de Juan procedían
de Dios. (Lu 7:26-28.) El discípulo Lucas registra que 'la declaración
de Dios fue a Juan el hijo de Zacarías en el desierto. De modo que
entró predicando bautismo'. (Lu 3:2, 3.) El apóstol Juan dice de él:
"Se levantó un hombre que fue enviado como representante de Dios: su
nombre era Juan". (Jn 1:6.)

Se puede entender mejor el significado del bautismo de Juan
contrastando varias traducciones de Lucas 3:3. Juan vino "predicando
bautismo en símbolo de arrepentimiento para perdón de pecados" (NM);
"predicando que para recibir el perdón de los pecados era necesario
bautizarse como manifestación externa de un arrepentimiento interno"
(PNT); "proclamando un bautismo, en señal de arrepentimiento, para el
perdón de los pecados" (NBE); "diciendo a la gente que debían volverse
a Dios y ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados" (VP).
Estas formas de verter este pasaje dejan claro que el bautismo no
limpiaba los pecados; para que hubiera limpieza de pecados, era
necesario arrepentirse y cambiar el derrotero de vida; el bautismo
simbolizaba ese proceder.

Así, el bautismo que efectuó Juan no supuso para la persona una
limpieza especial de parte de Dios mediante su siervo Juan, sino una
demostración pública y símbolo de arrepentimiento de pecados cometidos
contra la Ley, la cual tenía que conducirlos a Cristo. (Gál 3:24.) De
modo que Juan preparó a un grupo de personas para 'ver el medio de
salvar de Dios'. (Lu 3:6.) Su obra sirvió para "alistar para Jehová un
pueblo preparado". (Lu 1:16, 17.) Isaías y Miqueas habían profetizado
esta obra. (Isa 40:3-5; Mal 4:5, 6.)

Algunos eruditos intentan ver antecedentes del bautismo de Juan y del
bautismo cristiano en las antiguas ceremonias de purificación de la Ley
(Éx 29:4; Le 8:6; 14:8, 31, 32; Heb 9:10, nota) o en acciones
individuales. (Gé 35:2; Éx 19:10.) Sin embargo, estos casos no tienen
ninguna analogía con el verdadero significado del bautismo, pues eran
abluciones para limpieza ceremonial. Solo un caso tiene cierto parecido
con la inmersión total de un cuerpo en agua que se efectúa en el
bautismo: el de Naamán el leproso, quien se sumergió en el agua siete
veces. (2Re 5:14.) No obstante, su acción no le llevó a ninguna
relación especial con Dios, solo le curó de la lepra. Además, según las
Escrituras, a los prosélitos se les circuncidaba, no se les bautizaba.
Para poder participar de la Pascua o de la adoración en el santuario,
la persona tenía que circuncidarse. (Éx 12:43-49.)

Tampoco hay ninguna base para afirmar que Juan tomara prestado el
bautismo de la secta judía de los esenios o de la de los fariseos.
Estas dos sectas tenían muchos requisitos de abluciones periódicas.
Pero Jesús dijo que estos eran solo mandatos de hombres que invalidaban
el mandamiento de Dios por la tradición propia. (Mr 7:1-9; Lu
11:38-42.) Juan bautizaba en agua porque, como dijo, Dios lo envió para
hacerlo. (Jn 1:33.) No lo enviaron los esenios o los fariseos. Su
comisión no era hacer prosélitos judíos, sino bautizar a aquellos que
ya pertenecían a la congregación judía. (Lu 1:16.)

Juan sabía que con su actividad meramente estaba preparando el camino
delante del Mesías, el Hijo de Dios, y que así daría paso al ministerio
mucho más importante de este último. Juan bautizaba para que el Mesías
fuese puesto de manifiesto a Israel. (Jn 1:31.) Según el registro de
Juan 3:26-30, el ministerio del Mesías aumentaría, en tanto que el de
Juan tendría que ir menguando. Aquellos a los que bautizaron los
discípulos de Jesús durante el ministerio terrestre de su maestro —y
que por lo tanto también llegaron a ser discípulos de Jesús—, fueron
bautizados en símbolo de arrepentimiento a la manera del bautismo de
Juan. (Jn 3:25, 26; 4:1, 2.)

Bautismo de Jesús en agua. El significado y propósito del bautismo de
Jesús tuvo que ser completamente diferente del que tenían el resto de
los bautismos que Juan efectuó, pues Jesús "no cometió pecado, ni en su
boca se halló engaño". (1Pe 2:22.) Por lo tanto, no podía someterse a
un acto que simbolizara arrepentimiento. Debió ser por este motivo por
el que Juan no quería bautizar a Jesús, pero él le dijo: "Deja que sea,
esta vez, porque de esa manera nos es apropiado llevar a cabo todo lo
que es justo". (Mt 3:13-15.)

Lucas registra que Jesús estaba orando cuando se bautizó. (Lu 3:21.)
Además, el escritor de la carta a los Hebreos dice que cuando
Jesucristo 'entró en el mundo' (no cuando nació, pues no podía decir
esas palabras, sino cuando se presentó para el bautismo e inició su
ministerio), dijo, según el Salmo 40:6-8 (Versión de los Setenta):
"'Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo['].
[...] '¡Mira! He venido (en el rollo del libro está escrito de mí) para
hacer tu voluntad, oh Dios'". (Heb 10:5-9.) Jesús pertenecía por
nacimiento a la nación judía, que estaba en un pacto nacional con Dios,
el pacto de la Ley. (Éx 19:5-8; Gál 4:4.) Debido a este hecho, Jesús ya
estaba en una relación de pacto con Jehová Dios cuando se presentó a
Juan para ser bautizado. Él iba más allá de lo que requería la Ley. Se
presentaba él mismo a su Padre Jehová para hacer la "voluntad" de Él,
voluntad que consistía en ofrecer su cuerpo "preparado" y así eliminar
los sacrificios de animales que se ofrecían por requerimiento de la
Ley. El apóstol Pablo comenta: "Por dicha 'voluntad' hemos sido
santificados mediante el ofrecimiento del cuerpo de Jesucristo una vez
para siempre". (Heb 10:10.) La voluntad del Padre para Jesús también
requería que trabajara en favor de los intereses del Reino, y Jesús
también se presentó para este servicio. (Lu 4:43; 17:20, 21.) Jehová
aceptó y reconoció esta presentación de su Hijo, ungiéndolo con
espíritu santo y diciendo: "Tú eres mi Hijo, el amado; yo te he
aprobado". (Mr 1:9-11; Lu 3:21-23; Mt 3:13-17.)

Bautismo en agua de los seguidores de Jesús. El bautismo de Juan tenía
que ser sustituido por el bautismo que Jesús había ordenado: "Hagan
discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre
del Padre y del Hijo y del espíritu santo". (Mt 28:19.) Ese fue el
único bautismo en agua que contó con la aprobación de Dios a partir del
Pentecostés de 33 E.C. Algunos años después, Apolos, un discípulo que
tenía mucho celo e impartía enseñanza correcta sobre Jesús, tan solo
conocía el bautismo de Juan. Hubo que instruir a este hombre en este
aspecto, lo mismo que hizo Pablo con los discípulos que se encontró en
Éfeso. A ellos se les había bautizado con el bautismo de Juan, pero sin
duda cuando ya no estaba en vigor, pues Pablo efectuó su visita a Éfeso
unos veinte años después de haber expirado el pacto de la Ley. Entonces
se les bautizó apropiadamente en el nombre de Jesús y recibieron el
espíritu santo. (Hch 18:24-26; 19:1-7.)

El bautismo cristiano requería entender la Palabra de Dios y tomar una
decisión consciente de presentarse para hacer Su voluntad revelada,
como se demostró en el Pentecostés de 33 E.C., cuando los judíos y
prosélitos que se habían reunido en Jerusalén, y que ya tenían
conocimiento de las Escrituras Hebreas, oyeron hablar a Pedro acerca de
Jesús, el Mesías, con el resultado de que tres mil "abrazaron su
palabra de buena gana" y "fueron bautizados". (Hch 2:41; 3:19–4:4;
10:34-38.) Algunos samaritanos fueron bautizados después de creer las
buenas nuevas predicadas por Felipe. (Hch 8:12.) El eunuco etíope, un
prosélito judío que, como tal, tenía conocimiento de Jehová y de las
Escrituras Hebreas, primero oyó la explicación del cumplimiento de esas
Escrituras en Cristo, la aceptó y después quiso ser bautizado. (Hch
8:34-36.) Pedro explicó a Cornelio que "el que le teme [a Dios] y obra
justicia le es acepto" (Hch 10:35), y que todo el que pone fe en
Jesucristo consigue perdón de pecados por medio de su nombre. (Hch
10:43; 11:18.) Todo esto está en armonía con el mandato de Jesús:
"Hagan discípulos [...], enseñándoles a observar todas las cosas que yo
les he mandado". Es apropiado que se bautice a aquellos que aceptan la
enseñanza y llegan a ser discípulos. (Mt 28:19, 20; Hch 1:8.)

En el Pentecostés, los judíos, responsables como pueblo de la muerte de
Jesús y conocedores del bautismo de Juan, se sintieron "heridos en el
corazón" debido a la predicación de Pedro. Preguntaron: "Hermanos, ¿qué
haremos?", a lo que Pedro contestó: "Arrepiéntanse, y bautícese cada
uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y
recibirán la dádiva gratuita del espíritu santo". (Hch 2:37, 38.) Es
preciso señalar que Pedro dirigió la atención de ellos a algo nuevo: no
al arrepentimiento y al bautismo de Juan, sino a la necesidad de
arrepentirse y bautizarse en el nombre de Jesucristo para conseguir el
perdón de pecados. No afirmó que el bautismo en sí mismo limpiase los
pecados, pues sabía que es "la sangre de Jesús su Hijo [lo que] nos
limpia de todo pecado". (1Jn 1:7.) Más tarde, refiriéndose a Jesús como
el "Agente Principal de la vida", les dijo a los judíos en el templo:
"Arrepiéntanse, por lo tanto, y vuélvanse para que sean borrados sus
pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de parte de la persona
de Jehová". (Hch 3:15, 19.) Así les mostró que lo que supondría perdón
de pecados era el arrepentirse de su mal proceder en contra de Cristo y
'volverse', aceptándolo. En esta ocasión Pedro no habló del bautismo.

Por lo que se refiere a los judíos, el pacto de la Ley fue abolido
sobre la base de la muerte de Cristo en el madero de tormento (Col
2:14), y el nuevo pacto entró en vigor en el Pentecostés de 33 E.C.
(Compárese con Hch 2:4; Heb 2:3, 4.) No obstante, Dios continuó
extendiendo favor especial a los judíos por tres años y medio, durante
los cuales los discípulos de Jesús se concentraron en predicar a
judíos, prosélitos judíos y samaritanos. Sin embargo, alrededor del año
36 E.C., Dios le dio instrucciones a Pedro para que fuese al hogar del
gentil Cornelio, un oficial del ejército romano, y, al derramar su
espíritu santo sobre él y todos los de su casa, le mostró a Pedro que a
partir de entonces se podía aceptar a los gentiles para bautismo en
agua. (Hch 10:34, 35, 44-48.) Puesto que Dios ya no reconocía el pacto
de la Ley con los judíos circuncisos y tan solo aceptaba su nuevo pacto
mediado por Jesucristo, ya no consideraba que los judíos naturales,
aunque fueran circuncisos, estuvieran en relación especial con Él. Por
consiguiente, ya no podían alcanzar una buena posición ante Dios
observando la Ley, que ya no era válida, o mediante el bautismo de
Juan, que tenía relación con la Ley. A partir de ese momento estaban
obligados a acercarse a Dios poniendo fe en su Hijo y siendo bautizados
en agua en el nombre de Jesucristo, a fin de tener el reconocimiento y
favor de Jehová. (Véase SETENTA SEMANAS [El pacto en vigor "por una
semana"].)

Por lo tanto, después de 36 E.C., todos, tanto judíos como gentiles,
han disfrutado de la misma posición a los ojos de Dios. (Ro 11:30-32;
14:12.) Las personas de las naciones gentiles no estaban en el pacto de
la Ley y nunca habían sido parte de un pueblo que tuviera una relación
especial con Dios, el Padre, excepto aquellos a los que se había
circuncidado como prosélitos judíos. A partir de ese momento, se les
extendía la oportunidad a nivel individual de llegar a ser parte del
pueblo de Dios. No obstante, antes de que se les pudiese bautizar en
agua, tenían que acercarse a Dios, ejerciendo fe en su hijo Jesucristo.
Luego debía seguir el bautismo en agua, según el ejemplo y mandato de
Cristo. (Mt 3:13-15; 28:18-20.)

Este bautismo cristiano tiene un efecto vital en la posición de la
persona ante Dios. Después de decir que Noé construyó un arca en la que
se conservó con vida a través del Diluvio tanto a él como a su familia,
el apóstol Pedro escribió: "Lo que corresponde a esto ahora también los
está salvando a ustedes, a saber, el bautismo (no el desechar la
suciedad de la carne, sino la solicitud hecha a Dios para una buena
conciencia), mediante la resurrección de Jesucristo". (1Pe 3:20, 21.)
El arca era prueba tangible de que Noé se había dedicado a hacer la
voluntad de Dios y había realizado fielmente la obra que Él le había
asignado. Eso hizo posible que conservara la vida. De modo
correspondiente, se salvará del presente mundo inicuo a los que se
dedican a Jehová sobre la base de la fe en el resucitado Jesucristo, se
bautizan en símbolo de esa dedicación y hacen la voluntad de Dios. (Gál
1:3, 4.) Ya no se encaminan a la destrucción con el resto del mundo.
Dios les concede una buena conciencia con la esperanza de la salvación.

El bautismo no es para infantes. En vista del hecho de que 'oír la
palabra', 'abrazarla de buena gana' y 'arrepentirse' preceden al
bautismo en agua (Hch 2:14, 22, 38, 41), y de que el bautismo requiere
que la persona tome una decisión solemne, está claro que se debe tener
por lo menos suficiente edad para oír, creer y tomar esa decisión. No
obstante, algunos defienden el bautismo de infantes. Citan los pasajes
donde se dice que se bautizó a 'casas', como las de Cornelio, Lidia, el
carcelero filipense, Crispo y Estéfanas. (Hch 10:48; 11:14; 16:15,
32-34; 18:8; 1Co 1:16.) Creen que también se bautizó a los niños
pequeños de esas casas. Sin embargo, en el caso de Cornelio, los
bautizados fueron aquellos que habían oído la palabra y recibido el
espíritu santo, y luego hablaron en lenguas y glorificaron a Dios; esas
cosas no podían aplicar a niños pequeños. (Hch 10:44-46.) Lidia era una
"adoradora de Dios, [...] y Jehová le abrió el corazón ampliamente para
que prestara atención a las cosas que Pablo estaba hablando". (Hch
16:14.) El carcelero filipense tuvo que 'creer en el Señor Jesús', lo
que implica que los demás de su familia también tuvieron que creer para
ser bautizados. (Hch 16:31-34.) "Crispo, el presidente de la sinagoga,
se hizo creyente en el Señor, y también toda su casa." (Hch 18:8.) Todo
esto demuestra que el bautismo implicaba oír, creer y glorificar a
Dios, cosas que los niños pequeños no pueden hacer. Cuando en Samaria
oyeron y creyeron "las buenas nuevas del reino de Dios y del nombre de
Jesucristo, procedieron a bautizarse", pero como especifica el registro
bíblico, los bautizados fueron 'varones y mujeres', no niños. (Hch
8:12.)

El apóstol Pablo dijo a los corintios que los hijos eran "santos"
gracias al padre creyente, lo que no prueba que se bautizara a los
niños, sino, más bien, implica lo opuesto. Los hijos menores demasiado
jóvenes para tomar esa decisión se beneficiarían del mérito de su padre
creyente, no de ningún supuesto bautismo sacramental que le impartiera
un mérito independiente. Si hubiera sido apropiado bautizar a los niños
pequeños, no hubiesen necesitado que se les extendiese el mérito del
padre creyente. (1Co 7:14.)

Es verdad que Jesús dijo: "Cesen de impedir que [los niñitos] vengan a
mí, porque el reino de los cielos pertenece a los que son así" (Mt
19:13-15; Mr 10:13-16), pero no se bautizó a los niños. Jesús los
bendijo, y no hay nada que indique que el que pusiera las manos sobre
ellos fuera una ceremonia religiosa. También mostró que 'el reino de
Dios pertenecía a los que eran así' debido a que esos niños eran
enseñables y confiados, y no al bautismo. A los cristianos se les
ordena que sean "pequeñuelos en cuanto a la maldad", pero "plenamente
desarrollados en facultades de entendimiento". (Mt 18:4; Lu 18:16, 17;
1Co 14:20.)

El historiador de la religión Augustus Neander escribió lo siguiente de
los cristianos del primer siglo: "El bautismo de niños era desconocido
en este período [...]. No aparecen indicios de bautismo de niños sino
hasta un período de tiempo tan tardío como el de Ireneo (c. 140-203
E.C.) —y con toda seguridad no antes—; y el que este fuese reconocido
por primera vez durante el transcurso del tercer siglo como parte de la
tradición apostólica es una prueba en contra, más bien que a favor, de
su origen apostólico". (History of the Planting and Training of the
Christian Church by the Apostles, 1864, pág. 162.)

Inmersión completa. La definición dada antes muestra con claridad que
el bautismo es una inmersión completa y no el mero hecho de derramar o
rociar agua. Los bautismos registrados en la Biblia corroboran este
hecho. A Jesús se le bautizó en el Jordán, un río de tamaño
considerable, después de lo cual "subió del agua". (Mr 1:10; Mt 3:13,
16.) Juan escogió para bautizar un lugar situado en el valle del
Jordán, cerca de Salim, "porque allí había una gran cantidad de agua".
(Jn 3:23.) El eunuco etíope pidió que se le bautizara cuando él y
Felipe llegaron a "cierta masa de agua". En aquella ocasión, ambos
"bajaron al agua", y después se dice que 'subieron del agua'. (Hch
8:36-40.) Todos estos ejemplos dan a entender que había suficiente agua
como para tener que entrar y salir de ella andando, y no un pequeño
estanque donde el agua llegase hasta los tobillos. Además, el hecho de
que el bautismo también se usa para simbolizar un entierro indica que
se trataba de una inmersión completa. (Ro 6:4-6; Col 2:12.)

Las fuentes históricas muestran que los primeros cristianos bautizaban
por inmersión. Sobre este tema, el Diccionario de la Biblia (edición de
Serafín de Ausejo, 1981, col. 213) dice: "Por el vocabulario mismo [de
las Escrituras] se ve que el bautismo se administraba por inmersión".
El Diccionario Enciclopédico Salvat (1967, vol. 2, pág. 577) añade: "El
primitivo ritual del BAUTISMO [...] se efectuó en la Iglesia cristiana
primitiva por inmersión".

Bautismo en Cristo Jesús, en su muerte. Cuando fue bautizado en el río
Jordán, Jesús sabía que empezaba para él una etapa de sacrificio. Sabía
que su 'cuerpo preparado' tenía que morir y que habría de hacerlo en
inocencia, como un sacrificio humano perfecto cuyo valor serviría de
rescate para la humanidad. (Mt 20:28.) Entendía que debía sumirse en la
muerte, pero que sería levantado de ella al tercer día. (Mt 16:21.) Por
eso, comparó su experiencia a un bautismo en la muerte. (Lu 12:50.)
Explicó a sus discípulos que durante su ministerio ya estaba
experimentando este bautismo. (Mr 10:38, 39.) Jesús fue completamente
bautizado en la muerte el día que murió en el madero de tormento (el 14
de Nisán de 33 E.C.). Este bautismo quedó consumado cuando su Padre,
Jehová Dios, lo resucitó al tercer día (el levantarlo formaba parte del
bautismo). El bautismo de Jesús en la muerte es, sin duda, distinto de
su bautismo en agua. Fue bautizado en agua al principio de su
ministerio, y en ese momento dio comienzo su bautismo en la muerte.

Los fieles apóstoles de Jesucristo fueron bautizados en agua según el
bautismo de Juan. (Jn 1:35-37; 4:1.) Pero todavía no se les había
bautizado con espíritu santo cuando Jesús les indicó que también se les
sometería a un bautismo simbólico como el suyo, el bautismo en la
muerte. (Mr 10:39.) Por lo tanto, el bautismo en su muerte es algo
diferente del bautismo en agua. Pablo dijo lo siguiente en su carta a
la congregación cristiana de Roma: "¿O ignoran que todos los que fuimos
bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?". (Ro 6:3.)

Jehová es el responsable de ejecutar este bautismo en Cristo Jesús, así
como el bautismo en su muerte. Él ungió a Jesús, convirtiéndolo en el
Cristo o Ungido. (Hch 10:38.) Así que lo bautizó con espíritu santo
para que por medio de él más tarde sus seguidores también pudieran ser
bautizados con espíritu santo. Por lo tanto, los que llegan a ser
coherederos con él, aquellos que tienen esperanza celestial, han de ser
"bautizados en Cristo Jesús", es decir, en el Ungido Jesús, quien al
tiempo de su ungimiento también fue engendrado como hijo espiritual de
Dios. De este modo llegan a estar unidos a él, su Cabeza, y a formar
parte de la congregación que es el cuerpo de Cristo. (1Co 12:12, 13,
27; Col 1:18.)

El proceder de estos seguidores cristianos que son bautizados en Cristo
Jesús es un proceder de integridad bajo prueba desde que se les bautiza
en él, un enfrentamiento diario con la muerte y, por fin, una muerte de
integridad, como explica el apóstol Pablo en su carta a los cristianos
romanos: "Por lo tanto, fuimos sepultados con él mediante nuestro
bautismo en su muerte, para que, así como Cristo fue levantado de entre
los muertos mediante la gloria del Padre, así también nosotros andemos
en novedad de vida. Porque si hemos sido unidos con él en la semejanza
de su muerte, ciertamente también seremos unidos con él en la semejanza
de su resurrección". (Ro 6:4, 5; 1Co 15:31-49.)

Cuando escribió a la congregación de Filipos, Pablo aclaró la cuestión
aún más, al describir su propio proceder como "una participación en sus
sufrimientos, sometiéndome a una muerte como la de él, para ver si de
algún modo puedo alcanzar la resurrección más temprana de entre los
muertos". (Flp 3:10, 11.) Solo el Padre celestial Dios Todopoderoso,
que es el Bautizante de aquellos a los que se bautiza en unión con
Jesucristo y en su muerte, puede consumar este bautismo. Lo hace por
medio de Cristo al levantarlos de la muerte para unirlos con Jesucristo
en la semejanza de su resurrección a una vida celestial inmortal. (1Co
15:53, 54.)

El apóstol Pablo ilustra que una congregación de personas puede, por
decirlo así, ser bautizada o sumergida en un libertador y caudillo
cuando dice que la congregación de Israel 'fue bautizada en Moisés por
medio de la nube y del mar'. A los israelitas los cubría una nube
protectora y los muros de agua que tenían a cada lado, de modo que,
hablando simbólicamente, se les sumergió. Moisés predijo que Dios
levantaría un profeta semejante a él mismo; Pedro aplicó esta profecía
a Jesucristo. (1Co 10:1, 2; Dt 18:15-19; Hch 3:19-23.)

¿Qué es el bautismo "con el propósito de ser personas muertas"?

Los traductores han vertido de varias maneras el pasaje de 1 Corintios
15:29: "¿Qué harán los que se bautizan por los muertos?" (Val); "por
aliviar a los difuntos" (TA); "en favor de los difuntos" (SA, 1972);
"en atención a los muertos" (GR); "con el propósito de ser personas
muertas" (NM).

Se han dado muchas interpretaciones distintas a este versículo1Co
15:29. La más común es que Pablo se estaba refiriendo a la costumbre
del bautismo sustitutorio en agua, es decir, bautizar a personas vivas
en favor de otras muertas, a modo de sustitución, para beneficiarlas.
No es posible probar que existiera tal práctica en los días de Pablo, y
no estaría de acuerdo con los textos que especifican con claridad que
los que se bautizaban eran los "discípulos", los que personalmente
'abrazaban la palabra de buena gana', los que 'creían'. (Mt 28:19; Hch
2:41; 8:12.)

La obra A Greek-English Lexicon, de Liddell y Scott, incluye "por", "en
favor de" y "por causa de" entre los significados de la preposición
griega hy·pér cuando se usa con palabras en el caso genitivo, como en 1
Corintios 15:29 (revisión de H. Jones, Oxford, 1968, pág. 1857). En
algunos contextos la expresión "por causa de" equivale a "con el
propósito de". Ya en 1728 Jacob Elsner notó que diferentes escritores
griegos habían dado a la preposición hy·pér con palabras en genitivo un
significado de finalidad, es decir, un significado que expresa
propósito, y señaló que en 1 Corintios 15:29 esta construcción tiene
tal significado. (Observationes Sacræ in Novi Foederis Libros, Utrecht,
vol. 2, págs. 127-131.) De acuerdo con esto, la Traducción del Nuevo
Mundo emplea la expresión "con el propósito de" para verter hy·pér en
este versículo.

Cuando un término puede traducirse gramaticalmente de más de una
manera, la correcta es la que armoniza con el contexto. En este caso el
contexto (1Co 15:3, 4) muestra que el tema principal tratado es la
creencia en la muerte y la resurrección de Jesucristo. Los siguientes
versículos presentan prueba de la seguridad de esta creencia (1Co 15
vss. 5-11); consideran las graves implicaciones de negar la creencia en
la resurrección (1Co 15 vss. 12-19), el hecho de que la resurrección de
Cristo asegura que otros serán levantados de entre los muertos (1Co 15
vss. 20-23) y que todo ello tiene como fin la unificación de toda la
creación inteligente con Dios (1Co 15 vss. 24-28). El 1Co 15 versículo
29 es, obviamente, parte integral de esta consideración. Pero, ¿de la
resurrección de quiénes se trata en el 1Co 15 versículo 29? ¿De la de
aquellos de cuyo bautismo se habla en el versículo? ¿O es la de alguien
que hubiera muerto antes de que tuviera lugar ese bautismo? ¿Qué
indican los versículos siguientes? Los 1Co 15 versículos 30 a 34
muestran claramente que en el 1Co 15:29 se está hablando de las
perspectivas de vida futura de cristianos vivos, y los 1Co 15
versículos 35 a 58 aclaran que eran cristianos fieles que tenían la
esperanza de vida celestial.

Esto está de acuerdo con Romanos 6:3, que dice: "¿O ignoran que todos
los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su
muerte?". Como este texto pone de manifiesto, ese no es un bautismo al
que el cristiano se somete en favor de alguien ya muerto; por el
contrario, es algo que afecta el propio futuro de la persona.

¿En qué sentido, entonces, fueron bautizados aquellos cristianos "con
el propósito de ser personas muertas", o "bautizados en su muerte"?
Fueron sumergidos en un proceder de vida íntegro hasta la muerte, como
en el caso de Cristo, y con la esperanza de una resurrección como la
suya a vida espiritual inmortal. (Ro 6:4, 5; Flp 3:10, 11.) Este no era
un bautismo que se realizaba rápidamente, como en el caso del bautismo
en agua. Más de tres años después de su bautismo en agua, Jesús habló
de un bautismo que en su caso aún no se había consumado y que todavía
estaba en el futuro para sus discípulos. (Mr 10:35-40.) Como este
bautismo culmina en la resurrección a la vida celestial, debe empezar
con la influencia del espíritu de Dios en la persona de tal modo que
engendre esta esperanza, y debe terminar, no con la muerte, sino con la
realización de la perspectiva de vida espiritual inmortal por medio de
la resurrección. (2Co 1:21, 22; 1Co 6:14.)

El lugar de la persona en el propósito de Dios. Debe notarse que el que
se bautiza en agua entra en una relación especial como siervo de
Jehová, para hacer Su voluntad. La persona no determina cuál va a ser
la voluntad de Dios para ella, sino que es Dios quien decide cómo la va
a usar y dónde la va a colocar en el contexto de Sus propósitos. Por
ejemplo, en el pasado, toda la nación de Israel tenía una relación
especial con Dios, era Su propiedad (Éx 19:5), pero solo se seleccionó
a la tribu de Leví para desempeñar los servicios en el santuario, y de
esta tribu, solo la familia de Aarón constituyó el sacerdocio. (Nú
1:48-51; Éx 28:1; 40:13-15.) Jehová Dios designó exclusivamente a la
línea de la familia de David como asiento de la realeza. (2Sa 7:15, 16.)

Del mismo modo, los que se someten al bautismo cristiano llegan a ser
propiedad de Dios, sus esclavos, a quienes Él emplea como considera
conveniente. (1Co 6:20.) Un ejemplo de lo antedicho lo hallamos en
Revelación, donde se hace referencia a un número definido de personas a
las que se 'sella', a saber, 144.000. (Re Rev 7:4-8.) Aun antes de la
aprobación final, el espíritu santo de Dios sirve como un sello que da
a los que son sellados una garantía anticipada de su herencia
celestial. (Ef 1:13, 14; 2Co 5:1-5.) También se dijo a los que tienen
tal esperanza: "Dios ha colocado a los miembros en el cuerpo [de
Cristo], cada uno de ellos, así como le agradó". (1Co 12:18, 27.)

Jesús llamó la atención a otro grupo cuando dijo: "Tengo otras ovejas,
que no son de este redil; a esas también tengo que traer, y escucharán
mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor". (Jn 10:16.)
Estas no pertenecen al "rebaño pequeño" (Lu 12:32), pero también tienen
que acercarse a Jehová por medio de Jesucristo y ser bautizadas en agua.

La visión dada al apóstol Juan, registrada en Revelación, concuerda con
estas palabras de Jesús, pues, después de ver a los 144.000 "sellados",
Juan vuelve sus ojos a "una gran muchedumbre, que ningún hombre podía
contar". Se dice que estos "han lavado sus ropas largas y las han
emblanquecido en la sangre del Cordero", indicando así su fe en el
sacrificio de rescate de Jesucristo, el Cordero de Dios. (Re Rev 7:9,
14.) Por lo tanto, aunque tienen el favor divino —están "de pie delante
del trono [de Dios]"—, no son los que Él selecciona para componer los
144.000 "sellados". La visión sigue diciendo que esta "gran
muchedumbre" sirve a Dios día y noche y que Él la protegerá y cuidará.
(Re Rev 7:15-17.)

Bautismo con fuego. Cuando muchos fariseos y saduceos acudieron a Juan
el Bautista, él los llamó "prole de víboras". Habló del que tenía que
venir y dijo: "Ese los bautizará con espíritu santo y con fuego". (Mt
3:7, 11; Lu 3:16.) El bautismo con fuego y el bautismo con espíritu
santo no son lo mismo. El primero no podía ser, como algunos alegan,
las lenguas de fuego del Pentecostés, porque a los discípulos no se les
sumergió en fuego. (Hch 2:3.) Juan dijo a sus oyentes que se efectuaría
una división: el trigo sería recogido, después de lo cual se quemaría
la paja con un fuego que no se podría apagar. (Mt 3:12.) También mostró
que el fuego no sería una bendición o recompensa, sino que se debería a
que 'el árbol no producía fruto excelente'. (Mt 3:10; Lu 3:9.)

Usando el fuego como símbolo de destrucción, Jesús predijo la ejecución
de los inicuos que ocurriría durante su presencia con las siguientes
palabras: "Pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo
fuego y azufre y los destruyó a todos. De la misma manera será en aquel
día en que el Hijo del hombre ha de ser revelado". (Lu 17:29, 30; Mt
13:49, 50.) Hay otros ejemplos —en 2 Tesalonicenses 1:8, Judas 7 y 2
Pedro 3:7, 10— en los que el fuego no representa una fuerza salvadora,
sino destructiva







La hierba verde se ha secado,la
flor se ha marchitado,pero en cuanto a la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido. ISAIAS
40;8
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