sábado, 7 de noviembre de 2015

ELISEO (Dios Es Salvación).

ELISEO

(Dios Es Salvación).

Hijo de Safat y profeta de Jehová durante los siglos IX y X a. E.C. Fue
el sucesor del profeta Elías. Jehová dirigió a Elías para ungir a
Eliseo de Abel-meholá. Elías halló a este arando y echó sobre él su
prenda de vestir oficial como señal de su nombramiento. (1Re 19:16.)
Eliseo estaba arando detrás de doce yuntas de toros, "y él con la
duodécima". Es de interés que en el siglo XIX William Thomson (The Land
and the Book, 1887, pág. 144) informó que los labradores árabes tenían
la costumbre de trabajar juntos con sus pequeños arados, de modo que
era fácil que un sembrador sembrase lo que araban en un día. Como se
hallaba detrás del grupo, Eliseo podía pararse sin interrumpir el
trabajo de los demás. El hecho de que sacrificase una yunta de toros y
usase los aparejos como combustible habla en favor de la prontitud,
resolución y aprecio de Eliseo por la llamada de Jehová. Después de
preparar una comida, Eliseo partió sin dilación para seguir a Elías.
(1Re 19:19-21.)

Es posible que Eliseo sirviese a Elías por unos seis años. Elías era el
profeta principal y Eliseo trabajaba estrechamente con él,
conociéndosele como el que "derramaba agua sobre las manos de Elías"
cuando este se las lavaba. (2Re 2:3-5; 3:11.)

Desde que empezó a seguir a Elías, Eliseo sirvió de profeta en Israel
durante los reinados de los reyes Acab, Ocozías, Jehoram, Jehú y
Jehoás. Durante ese tiempo gobernaron en Judá Jehosafat, Jehoram,
Ocozías, Atalía, Jehoás y quizás Amasías. Eliseo desempeñó solo el
ministerio de profeta por unos sesenta años después de la partida de
Elías. (MAPA, vol. 1, pág. 949.)

El registro de la actividad profética de Eliseo en Segundo de los Reyes
no parece guardar un total orden cronológico. Por ejemplo, en el
capítulo 5 se dice que Guehazí fue herido de lepra, enfermedad que
habría de apartarle del resto de la comunidad. Sin embargo, en el
capítulo 8 aparece hablando de manera amistosa con Jehoram, el rey de
Israel. Asimismo, en el capítulo 13 se registra la muerte de Jehoás,
rey de Israel, pero después se hace mención de su última entrevista con
Eliseo. (2Re 13:12-21.) En algunos pasajes las obras y milagros de
Eliseo parecen estar agrupados según su naturaleza o semejanza; por
ejemplo: 1) los que fueron para el bien de los profetas y de otras
personas (2Re 4:1–6:7) y 2) los que tenían que ver con la nación y el
rey. (2Re 6:8–7:20.)

Sucede a Elías. La actividad de Eliseo como sucesor de Elías comienza
alrededor de 917 a. E.C. o poco después, cuando Elías ascendió a los
cielos en una tempestad. (2Re 1:17; 2:1, 11, 12.) Antes de partir
Elías, Eliseo le pide "dos partes de [su] espíritu", es decir, una
porción doble, como le correspondía al hijo primogénito. Esta posición
la ocupaba debido a su nombramiento oficial como sucesor de Elías,
cuando este echó sobre él su prenda de vestir oficial. (2Re 2:9.)
Sabedor de que esto no era algo que él pudiera conceder, Elías le dijo:
"Si me ves cuando sea quitado de ti, te sucederá así". Jehová confirmó
esta declaración al permitir que Eliseo viese a Elías ascender hacia el
cielo en una tempestad de viento. Cuando Elías partió, su manto de
pelo, o vestidura oficial, se le cayó. Eliseo lo recogió, y así se
identificó como sucesor de Elías. En la orilla del río Jordán, Jehová
le mostró que estaba con él, pues cuando golpeó las aguas con su
vestidura, estas se dividieron milagrosamente. (2Re 2:9-15.)

Una vez que cruzó el Jordán, Eliseo se reunió en Jericó con el grupo de
hijos de los profetas. Allí se vino a confirmar la posición de Eliseo
como cabeza del grupo de los profetas de Dios, pues sanó el agua de
Jericó, que era mala y causaba abortos. Yendo a la fuente, arrojó en
ella sal de una pequeña escudilla nueva, y "el agua continúa saneada
hasta el día de hoy". (2Re 2:19-22.)

Desde Jericó Eliseo subió a Betel, a unos 900 m. sobre el nivel del
mar, adonde había ido con Elías a visitar a un grupo de los hijos de
los profetas. (2Re 2:3.) En el camino aparece un grupo de jóvenes
delincuentes que muestran una gran falta de respeto, tanto a él como a
su cargo de profeta. Se mofan, diciendo: "¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!".
Con estas palabras querían decir que siguiese subiendo a Betel o bien
que se marchase de la Tierra de la misma manera que suponían que había
hecho su predecesor. (2Re 2:11.) Para enseñar a estos muchachos, así
como a sus padres, respeto al profeta de Jehová, Eliseo se volvió e
invocó el mal sobre ellos en el nombre de Jehová. De repente, dos osas
salieron del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de ellos. (2Re
2:23, 24.)

En el transcurso de una expedición para reprimir una sublevación del
rey Mesá de Moab (quien erigió lo que se conoce como la Piedra
Moabita), el rey Jehoram de Israel, el rey Jehosafat de Judá y el rey
de Edom quedaron atrapados en un desierto sin agua. El rey Jehosafat
pidió un profeta de Dios. Eliseo solicitó un tañedor de instrumento de
cuerdas, a fin de recibir inspiración de Jehová bajo la influencia de
la música, pero no lo hizo para beneficio de Jehoram, sino por respeto
a Jehosafat, que gozaba del favor de Jehová. (Compárese con 1Sa 10:5,
6.) Eliseo hizo que el pueblo cavara zanjas, que a la mañana siguiente
estaban llenas de agua. Cuando el primer sol de la mañana brilló sobre
el agua de las zanjas, a los moabitas les pareció que era sangre.
Pensando que Israel y sus aliados habían muerto violentamente al luchar
entre ellos mismos en confusión, los moabitas irrumpieron para llevarse
el botín; pero para sorpresa suya, Israel se levantó y los derrotó.
(2Re 3:4-27.) Este acontecimiento ocurrió entre 917 y 913 a. E.C.

Una serie de milagros de naturaleza doméstica figuran a continuación en
el registro de Eliseo. La viuda de uno de los hijos de los profetas
está en extrema necesidad. Eliseo multiplica milagrosamente su escaso
suministro de aceite, y así salva a sus hijos de caer en esclavitud a
su acreedor. (2Re 4:1-7.) Este milagro es similar al segundo que hizo
Elías, en el que multiplicó la harina y el aceite de la viuda de
Sarepta. (1Re 17:8-16.)

En Sunem, en el valle de Jezreel, una mujer prominente muestra
hospitalidad poco común a Eliseo debido a que le reconoce como un
"santo hombre de Dios", y hasta le proporciona una habitación, ya que
Eliseo pasa con frecuencia por su casa. Debido a la bondad de esta
mujer, Eliseo le promete un hijo, aunque su esposo ya es viejo.
Conforme a su promesa, alrededor de un año más tarde le nace un hijo,
pero muere siendo aún un niño. Eliseo lleva a cabo entonces su primera
resurrección, trayendo al niño de nuevo a la vida, así como Elías había
levantado de manera similar al hijo de la viuda de Sarepta. (2Re
4:8-37; 1Re 17:17-24.) Por haber mostrado bondad a un profeta de Dios,
es recompensada con creces. (Compárese con Mt 10:41.)

Eliseo vuelve a Guilgal, al N. de Betel, en las montañas, donde están
los hijos de los profetas. Allí hay hambre. Mientras se prepara un
guisado, alguien añade unas calabazas sin saber que eran venenosas, y
tan pronto como prueban el guisado, gritan: "Hay muerte en la olla, oh
hombre del Dios verdadero". Como no convenía que se desperdiciase la
comida en aquella época de hambre, Eliseo pidió harina y la echó en la
olla, y esto hizo que el guisado fuese comestible, de manera que "no
resultó haber nada dañino en la olla". (2Re 4:38-41.)

Durante los tiempos críticos del hambre, un resto fiel de adoradores
israelitas que no se habían arrodillado ante Baal aprecian los
esfuerzos de los profetas de Jehová y les suministran alimento. Cuando
un hombre les lleva veinte panes de cebada y algo de grano, Eliseo da
órdenes de que esta pequeña provisión sirva de alimento para todos. No
obstante, hay que alimentar a cien hombres de los "hijos de los
profetas". A pesar de las dudas del que sirve el alimento, todos comen
hasta quedar satisfechos, e incluso sobra. (2Re 4:42-44; compárese con
Mr 6:35-44.)

Cura a Naamán. Durante su reinado, el rey Ben-hadad II de Siria envía a
Naamán, jefe de su ejército y hombre muy respetado, al rey de Israel
para que le cure de su lepra. A pesar de su enfermedad, este hombre
valiente había salvado a Siria. Al parecer, su lepra no le impedía
ostentar este alto cargo en Siria, como hubiera sido el caso en Israel.
(Le 13:46.) El rey Ben-hadad envía a Naamán a Israel debido al
testimonio de una joven israelita cautiva que sirve en la casa de
Naamán. Esta joven confía en Jehová y habla a su ama sobre Eliseo, el
profeta de Dios. El rey de Israel piensa que Ben-hadad intenta
provocarle, pues, como él dice: "¿Soy yo Dios, para dar muerte y
conservar vivo?". Cuando Eliseo se entera de la angustia del rey, le
pide: "Permite que venga a mí, por favor, para que él sepa que existe
profeta en Israel". (2Re 5:1-8.)

Eliseo no sale a recibir a Naamán, sino que por medio de su siervo le
manda que se bañe siete veces en el río Jordán. Al principio Naamán se
encoleriza, pero por fin se humilla, se somete a este simple
procedimiento y se cura. Luego Naamán vuelve a Eliseo y se compromete a
servir fielmente a Jehová, el Dios de Israel, a partir de entonces. Se
lleva consigo tierra israelita, "la carga de un par de mulos", sobre la
cual hacer sacrificios a Jehová, seguramente mirando hacia el templo de
Jerusalén. Como oficial del rey de Siria, seguirá cumpliendo con su
deber, como entrar con el rey en la casa del dios falso Rimón, pero
dice que ya no adorará a ese dios. Lo que llevará a cabo no será un
deber religioso, sino sus obligaciones para con el rey. Ofrece a Eliseo
un regalo que este rechaza, pues el milagro se debe al poder de Jehová,
no al suyo, y no va a aprovecharse del cargo que Dios le ha dado. (2Re
5:9-19; compárese con Mt 10:8.)

El siervo de Eliseo, Guehazí, deseoso de ganancia egoísta, alcanza a
Naamán y le pide alguno de los regalos que Eliseo había rechazado.
Intenta ocultarle el asunto a Eliseo con mentiras, pero este le anuncia
el merecido castigo: "La lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu prole
hasta tiempo indefinido". (2Re 5:20-27.)

Se hace necesario que los hijos de los profetas con los que Eliseo se
encuentra se trasladen a un alojamiento más espacioso. Están junto al
río Jordán, cortando vigas para su nueva vivienda. Uno de los profetas
está usando un hacha prestada; la cabeza del hacha se sale y cae en el
agua. Eliseo, al parecer preocupado porque no cayese ningún reproche
sobre los profetas, arroja un pedazo de madera en el agua, donde había
caído la cabeza del hacha, y esta sube a la superficie. De este modo
Jehová prueba que respalda a sus profetas. (2Re 6:1-7.)

Israel librado de Siria. Durante el reinado del rey Jehoram de Israel,
Siria planeó un ataque sorpresa sobre este país. En varias ocasiones
las maniobras de Ben-hadad II quedaron frustradas por la acción de
Eliseo, quien le reveló al rey Jehoram todos los movimientos de los
sirios. Al principio Ben-hadad creía que había un traidor en su propio
campamento, pero cuando se enteró de cuál era la verdadera causa de su
problema, envió una fuerza militar a Dotán, rodeándola con caballos y
carros de guerra, para capturar a Eliseo. (GRABADO, vol. 1, pág. 950.)
El servidor de Eliseo se sobrecogió de temor, pero el profeta oró a
Dios para que le abriera los ojos: "Y, ¡mire!, la región montañosa
estaba llena de caballos y carros de guerra de fuego todo en derredor
de Eliseo". Al acercarse las huestes sirias, Eliseo oró para que se
efectuase un milagro opuesto al anterior: "Por favor, hiere a esta
nación con ceguera". Luego Eliseo dijo a los sirios: "Síganme"; pero no
los llevó de la mano, lo que indica que se trataba de una ceguera
mental y no física. Ellos no reconocieron a Eliseo, a quien habían ido
a prender, ni tampoco sabían adónde los llevaba. (2Re 6:8-19.)

¿Con qué clase de ceguera hirió Jehová a los sirios que intentaban
capturar a Eliseo?

William James dice en su obra Principles of Psychology (1981, vol. 1,
pág. 59) con respecto a esta clase de ceguera: "Un efecto sumamente
interesante del desorden cortical es la ceguera mental. Esta no supone
tanto la insensibilidad a las impresiones ópticas como la incapacidad
de entenderlas. Psicológicamente, se interpreta como la pérdida de
asociación entre las sensaciones ópticas y su significado. Puede
producirla cualquier interrupción entre los centros ópticos y los
centros del intelecto".

Después de llevar a los sirios hasta Samaria, Eliseo oró para que
Jehová les abriese los ojos; los sirios se encontraron justo en medio
de Samaria, ante el mismo rey Jehoram. Eliseo manifestó fe en el poder
de Jehová y demostró que no era vengativo al impedir que el rey de
Israel matase a los sirios, pues, según dijo, eran como cautivos de
guerra. Le mandó al rey que les diese de comer, así que se preparó un
gran banquete y luego se les envió a casa. El resultado fue el
siguiente: "Ni una sola vez volvieron a entrar las partidas
merodeadoras de los sirios en la tierra de Israel". (2Re 6:20-23.)

Sin embargo, más tarde, Ben-hadad II hizo una incursión, pero entonces
no con saqueos esporádicos, sino con una gran fuerza, y llegó a poner
sitio a Samaria. El sitio fue tan severo, que al rey se le informó por
lo menos de un caso en el que una mujer se había comido a su propio
hijo. Como prole de Acab, "hijo de un asesino", el rey Jehoram jura
matar a Eliseo, pero ese juramento irreflexivo no se lleva a cabo.
Cuando llega a la casa del profeta con su adjutor, Jehoram le dice que
ha perdido toda esperanza de recibir la ayuda de Jehová. Eliseo le
asegura al rey que habrá abundancia de alimento al día siguiente. El
adjutor del rey se mofa de esta predicción, por lo que Eliseo tiene que
decirle: "Mira que lo vas a ver con tus propios ojos, pero de ello no
comerás". Un ruido que Jehová hace que se oiga en el campamento de los
sirios les hace creer que un gran ejército de naciones combinadas
avanza contra ellos, y huyen dejando el campamento intacto con todas
las provisiones de alimento. Cuando el rey se entera de la deserción de
los sirios, encomienda al adjutor guardar la puerta, y allí, en el paso
de entrada de Samaria, es atropellado y muere cuando la muchedumbre
hambrienta sale de forma precipitada para saquear el campamento. Ve el
alimento, pero no come de él. (2Re 6:24–7:20.)

Hazael y Jehú nombrados reyes. Nuestra atención se dirige ahora a
Damasco (Siria), donde el rey Ben-hadad II yace a punto de morir.
Hazael, el enviado del rey, se encuentra con Eliseo e inquiere si su
amo se recuperará. El espíritu de Jehová actúa y permite que Eliseo vea
un cuadro amargo que le entristece: Hazael va a suplantar a Ben-hadad y
con el tiempo causará un enorme daño a Israel como justo castigo de
Jehová por los pecados de los israelitas. Eliseo le dice a Hazael que
le haga saber a Ben-hadad: "'Positivamente revivirás', y Jehová me ha
mostrado que positivamente morirá". Hazael le informa de palabra la
primera parte, pero pone por obra la segunda, ahogando al rey bajo una
sobrecama mojada y tomando el trono de Siria. (2Re 8:7-15.)

Todavía hay un trabajo de Elías que Eliseo debe llevar a cabo: el
ungimiento de Jehú como ejecutor de Dios contra la inicua casa de Acab.
(2Re 9:1-10.) Lo realiza más de dieciocho años después de haberle dado
Jehová el mandato a Elías. Eliseo es testigo presencial del
cumplimiento de las profecías de 1 Reyes 19:15-17 y 21:21-24.

Cuando se unge a Jehú, Jehoram gobierna en Israel, y Ocozías, su
sobrino, en Judá. El rey sirio Hazael castiga con severidad a Israel
durante su reinado y hiere a Jehoram en una batalla en Ramot-galaad.
(2Re 9:15.) Jehú no pierde tiempo en llevar a cabo su comisión de
acabar con la inicua casa de Acab, y no deja a ningún superviviente.
(2Re 10:11.) Primero va en pos del rey Jehoram de Israel, que se está
recuperando de sus heridas en Jezreel. En cumplimiento de la profecía
de Elías, se encuentra a Jehoram fuera de la ciudad, le da muerte y lo
arroja en la porción del campo de Nabot el jezreelita. (2Re 9:16,
21-26.) Una vez que entra en Jezreel, Jehú mata a la inicua Jezabel,
madre de Jehoram de Israel y abuela de Ocozías de Judá. Jehú quiere
enterrarla, pero Jehová hace que los perros se coman su carne tal como
había predicho el profeta Elías, a fin de que no se la entierre en
ninguna tumba conmemorativa. (2Re 9:30-37.) Más tarde se decapita a los
70 hijos de Acab, se da muerte a Ocozías, el nieto de Acab (2Re 10:1-9;
9:27, 28), y la espada de ejecución de Jehú pone fin a la vida de 42
hermanos de Ocozías. (2Re 10:12-14; 1Re 21:17-24.)

Destruida la adoración de Baal. En camino a Samaria, la capital, Jehú
se encuentra con Jehonadab, quien apoya incondicionalmente el
exterminio del baalismo, y los dos prosiguen hasta Samaria para ver el
golpe final que erradicará por completo el baalismo de Israel. Jehú
sigue la estrategia de reunir a todos los adoradores de Baal en su
templo y darles una vestidura distintiva. La casa se llena de bote en
bote, y no hay entre ellos ningún adorador de Jehová. Jehú da la orden,
y sus hombres derriban a todos los adoradores de Baal, demuelen sus
postes sagrados y la casa de Baal, y apartan ese recinto para excusado
público. (2Re 10:15-27.)

De este modo Eliseo completa la obra que inició Elías. Se aniquila la
adoración de Baal de Israel. Eliseo no tiene la experiencia de ser
llevado en una tempestad a los cielos para ser transportado a otro
lugar antes de su muerte, como le había ocurrido a Elías, sino que
durante el reinado de Jehoás de Israel, muere de muerte natural.
Mientras está en el lecho de muerte, Israel tiene que hacer frente otra
vez a los problemas que le causa Siria. El rey Jehoás se dirige a
Eliseo al parecer con una solicitud de ayuda militar contra los sirios,
pues le dice: "¡Padre mío, padre mío, el carro de guerra de Israel y
sus hombres de a caballo!". Por petición de Eliseo, Jehoás hiere la
tierra con sus flechas; pero debido a que lo hace con falta de celo
verdadero, solo tres veces, Eliseo le dice que como consecuencia tan
solo se le concederán tres victorias sobre Siria, y así sucede. (2Re
13:14-19, 25.)

Trabajo realizado. Gracias al espíritu de Dios que estaba sobre él,
Eliseo había realizado hasta ese momento quince milagros; pero incluso
después de su muerte, Jehová lo usó para otro milagro. Eliseo había
permanecido fiel hasta la muerte, y Dios lo había aprobado. El registro
bíblico relata que después del entierro de Eliseo, se estaba enterrando
a otro hombre, cuando una partida merodeadora de moabitas hizo que el
cortejo fúnebre le arrojase en la sepultura de Eliseo y huyese. Al
tocar los huesos de Eliseo, el hombre muerto "llegó a vivir, y se
levantó sobre sus pies". (2Re 13:20, 21.)

Jesús llama a Eliseo profeta en Lucas 4:27, y Hebreos 11:35 debe aludir
a él y a Elías, ya que ambos llevaron a cabo resurrecciones. Elías
empezó su obra profética en un tiempo en el que Israel estaba saturado
de baalismo, lo que requería celo por la adoración verdadera. Realizó
una gran labor al volver el corazón de muchas personas a Jehová. Eliseo
siguió la obra donde Elías la había dejado, y aunque su ministerio fue
más tranquilo, se esforzó para que el trabajo que había empezado Elías
se efectuara completamente, y vivió para verlo realizado. Se le
atribuyen dieciséis milagros, en comparación con los ocho de Elías. Al
igual que este último, mostró un gran celo por el nombre de Jehová y
por la adoración verdadera. Manifestó paciencia, amor y bondad, y, sin
embargo, fue muy firme cuando el nombre de Jehová estaba en juego, no
dudando en expresar el juicio de Dios contra los inicuos. Por ello, se
ganó un lugar entre la gran "nube de testigos" mencionada en Hebreos
12:1.

Como la obra que realizó Elías era un modelo profético de cosas que
habrían de suceder durante el ministerio terrestre de Jesús, y también
en tiempos posteriores, es razonable suponer lo mismo de la obra de
Eliseo, que en realidad completó la que empezó Elías, llevando a
término la comisión que este había recibido.











La hierba verde se ha secado,la
flor se ha marchitado,pero en cuanto a la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido. ISAIAS
40;8
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