domingo, 20 de marzo de 2016

Satanás: ¿personaje mítico, o siniestra realidad.

Satanás: ¿personaje mítico, o siniestra realidad?
DESDE los tiempos más remotos, el origen del mal inquieta a las
personas reflexivas. La obra A Dictionary of the Bible, de James
Hastings, señala: "Tan pronto como adquirió conciencia de sí y de su
entorno, el hombre se vio ante fuerzas que era incapaz de controlar, y
que ejercían una influencia funesta y hasta destructiva". El citado
diccionario agrega: "En fecha temprana, la humanidad buscó
instintivamente las causas, y atribuyó un carácter personal a las
fuerzas y otras manifestaciones de la naturaleza".

Según los historiadores, la creencia en dioses demoníacos y espíritus
malignos se remonta a las etapas más antiguas de la historia
mesopotámica. Así, los babilonios creían en un mundo subterráneo, la
"tierra sin retorno", presidido por Nergal, violenta divinidad conocida
como "el que arde"; también vivían en temor de los demonios, a quienes
procuraban apaciguar con encantamientos. Por otro lado, en la mitología
egipcia, Set era el dios del mal, "representado con los rasgos de una
bestia fabulosa de hocico delgado y curvo, orejas rectas y cuadradas, y
cola rígida bifurcada" (Larousse Encyclopedia of Mythology).

En el caso de los griegos y romanos, creían tanto en deidades benévolas
como maléficas, pero no en un dios predominantemente malo. Sus
filósofos enseñaban que había dos principios opuestos. Para Empédocles,
se trataban del Amor y la Discordia, y según Platón, el mundo poseía
dos "Almas": una de ellas era la causa del bien, y la otra, la del mal.
En efecto, como señala Georges Minois en su libro Breve historia del
Diablo, "la religión pagana clásica [grecorromana] ignora al diablo".

En Irán, el mazdeísmo (o zoroastrismo) enseñaba que la deidad suprema,
llamada Ahura Mazda u Ormuz, creó a Angra Mainyu, o Ahrimán, quien optó
por obrar mal y de este modo se convirtió en el Aniquilador, el
Espíritu Destructivo.

En el judaísmo, el concepto original de Satanás es bastante sencillo:
se trata del adversario de Dios que introdujo el pecado. Sin embargo,
el paso de los siglos coloreó con ideas paganas dicho concepto. La
Encyclopaedia Judaica afirma al respecto: "Para los últimos siglos
anteriores a la era común se había producido un gran cambio [...].
Durante dicho período, la religión [judía] [...] adquirió muchos
aspectos de un sistema dualista en el que Dios y las fuerzas del bien y
de la verdad se enfrentaban, tanto en el cielo como en la tierra, a las
poderosas fuerzas del mal y del engaño. Este cambio parece deberse a la
influencia de la religión persa". The Concise Jewish Encyclopedia
declara: "La protección contra los d[emonios] se obtenía mediante la
observancia de los mandamientos y el empleo de amuletos".

La teología del cristianismo apóstata
Tal como el judaísmo adoptó conceptos sobre los demonios y Satanás
ajenos a las Escrituras, los cristianos apóstatas desarrollaron ideas
antibíblicas. The Anchor Bible Dictionary afirma: "Una de las nociones
teológicas más extremistas de la antigüedad es que Dios redimió a su
pueblo pagándole a Satanás para liberarlo". Esta doctrina la propuso
Ireneo (siglo II E.C.) y la elaboró Orígenes (siglo III E.C.), quien
afirmó que el Maligno "había adquirido derechos legales sobre los
hombres" y que "la muerte de Cristo [...] era un rescate pagado al
diablo" (History of Dogma, de Adolf Harnack).

Según The Catholic Encyclopedia, "durante unos mil años [la doctrina de
que el rescate se pagó al Diablo] fue parte importante de la historia
de la teología" y se mantuvo como enseñanza eclesiástica. Otros Padres
de la Iglesia, entre ellos Agustín (siglos IV y V E.C.), abrazaron la
idea de que el pago se había hecho a Satanás. Finalmente, en el siglo
XII, los teólogos católicos Anselmo y Abelardo llegaron a la conclusión
de que el sacrificio de Cristo no se ofreció al Diablo, sino a Dios.

Supersticiones medievales
Aunque la mayoría de los concilios católicos curiosamente guardaron
silencio sobre la figura de Satanás, en el año 1215, el cuarto Concilio
de Letrán presentó lo que la New Catholic Encyclopedia denomina
"solemne profesión de fe". El canon 1 proclama: "El diablo y demás
demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza;
mas ellos, por sí mismos, se hicieron malos". Luego añade que su
ocupación es tentar a la humanidad, idea que obsesionó a muchas mentes
durante la Edad Media. En efecto, el Maligno estaba siempre detrás de
lo que parecía extraño, fueran enfermedades inexplicables, muertes
súbitas o malas cosechas. En el año 1233, el papa Gregorio IX emitió
varias bulas en las que condenaba a los herejes, una de ellas dirigida
contra los luciferianos, acusados de adorar al Diablo.

La creencia de que Satanás o sus demonios podían poseer a las personas
no tardó en suscitar paranoia colectiva, sí, miedo histérico a todo
tipo de hechicería. Entre los siglos XIII y XVII, el temor a las brujas
embargó a Europa entera y alcanzó a las colonias europeas de
Norteamérica. Hasta los reformadores protestantes Martín Lutero y Juan
Calvino aprobaron la caza de brujas. En Europa, los procesos contra
ellas, basados en simples rumores o incluso en denuncias maliciosas,
los llevaron a cabo tanto los tribunales civiles como la Inquisición. A
menudo se recurría a la tortura para arrancar confesiones de
"culpabilidad".

Si el tribunal declaraba culpable a la acusada, podía condenársela a
morir en la hoguera o, en Inglaterra y Escocia, en la horca. The World
Book Encyclopedia aporta estos datos: "Según diversos historiadores,
entre 1484 y 1782, la Iglesia ejecutó a 300.000 mujeres acusadas de
brujería". En el caso de que Satanás hubiera estado detrás de esta
tragedia medieval, ¿quiénes habrían sido sus agentes? ¿Las víctimas, o
los fanáticos perseguidores religiosos?

Creencia e incredulidad actuales
En el siglo XVIII floreció el pensamiento racionalista, la llamada
Ilustración. "La filosofía y la teología ilustradas procuraron eliminar
de la conciencia cristiana la figura del diablo por considerarla
producto de la fantasía mítica medieval", indica la Encyclopædia
Britannica. Ante tales tentativas, la Iglesia Católica reaccionó
reafirmando en el Concilio Vaticano I (1869-1870) que creía en la
existencia de Satanás, y reiterando esta postura un tanto tímidamente
en el Concilio Vaticano II (1962-1965).

Como reconoce la New Catholic Encyclopedia, oficialmente "la lglesia
respalda la creencia en los ángeles y los demonios". Sin embargo, el
diccionario católico francés Théo admite que "muchos cristianos
actuales rehúsan explicar la existencia del mal en el mundo mediante el
diablo". En los últimos años, muchos teólogos católicos han tratado de
mantener un precario equilibrio entre la doctrina oficial católica y el
pensamiento moderno. "La teología cristiana liberal —señala la
Encyclopædia Britannica— tiende a tratar las expresiones bíblicas sobre
Satanás como 'imágenes literarias' que no han de tomarse al pie de la
letra, sino como un intento mítico de expresar la realidad y el alcance
del mal en el universo." En cuanto a los evangélicos, la citada obra de
consulta hace esta indicación: "El protestantismo liberal de nuestros
tiempos tiende a negar la necesidad de creer en un diablo con
personalidad real". Ahora bien, ¿deberían los cristianos verdaderos
considerar que las afirmaciones de la Biblia referentes a esta perversa
criatura no son más que "imágenes literarias"?

La enseñanza de las Escrituras
La filosofía y la teología del hombre no ofrecen explicaciones del
origen del mal que superen a las de la Biblia. Lo que esta dice sobre
Satanás es esencial para comprender el origen del mal y del sufrimiento
de la humanidad, así como la razón por la que la violencia se recrudece
de año en año.

Habrá quien pregunte: "Si el Creador es bueno y amoroso, ¿cómo pudo
hacer a un espíritu perverso como Satanás?". Las Escrituras establecen
el principio de que las obras de Jehová Dios son perfectas y que sus
criaturas inteligentes están dotadas de libre albedrío (Deuteronomio
30:19; 32:4; Josué 24:15; 1 Reyes 18:21). Por lo tanto, el espíritu que
se convirtió en Satanás tiene que haber sido creado perfecto y luego,
por voluntad propia, haberse desviado de la senda de la verdad y la
justicia (Juan 8:44; Santiago 1:14, 15).

En muchos aspectos, su actuación rebelde recuerda a la del "rey de
Tiro", de quien se dijo poéticamente que era "perfecto en hermosura" y
"exento de falta en [sus] caminos desde el día en que [fue] creado
hasta que se halló injusticia" en él (Ezequiel 28:11-19). El Diablo no
puso en tela de juicio la supremacía de Jehová ni su posición como
Creador. ¿Cómo iba a hacerlo si él era una creación de Dios? Pero sí
cuestionó el ejercicio de la soberanía divina. En el jardín de Edén,
insinuó que el Altísimo privaba a nuestros primeros padres de un
derecho imprescindible para su felicidad (Génesis 3:1-5). Logró que
Adán y Eva se rebelaran contra la justa soberanía divina y que se
acarrearan el pecado y la muerte para sí y para sus descendientes
(Génesis 3:6-19; Romanos 5:12). Así pues, la Biblia indica que Satanás
es la causa del sufrimiento que padece la humanidad.

Durante la etapa antediluviana, algunos ángeles secundaron la rebelión
satánica. Se materializaron en cuerpos humanos para satisfacer sus
deseos eróticos con las hijas de los hombres (Génesis 6:1-4). Cuando
llegó el Diluvio, aquellos renegados regresaron al mundo espiritual, si
bien no recobraron la "posición original" que ocupaban junto a Dios en
el cielo (Judas 6). Sufrieron la degradación de ser confinados a una
condición de densa oscuridad espiritual (1 Pedro 3:19, 20; 2 Pedro
2:4). Se convirtieron en demonios, seres que dejaron de someterse a la
soberanía de Jehová y aceptaron la dirección del Diablo. Aunque por lo
visto perdieron la facultad de materializarse, aún ejercen una poderosa
influencia en la mente y en la vida de los seres humanos, y son sin
duda culpables de buena parte de los actos violentos que vemos hoy día
(Mateo 12:43-45; Lucas 8:27-33).

Se acerca el fin del dominio satánico
Es patente que en la sociedad actual intervienen las fuerzas del mal,
como bien indicó el apóstol Juan: "El mundo entero yace en el poder del
inicuo" (1 Juan 5:19).

No obstante, las profecías bíblicas ya cumplidas muestran que el Diablo
está avivando los males de este mundo porque sabe que solo le queda "un
corto espacio de tiempo" para sembrar el caos antes de ser encerrado
(Revelación [Apocalipsis] 12:7-12; 20:1-3). El fin de su dominio dará
paso a un nuevo mundo de justicia donde no "existirá ya más" llanto,
dolor ni muerte. Entonces se cumplirá esta petición: "Hágase tu
voluntad, así en la tierra como en el cielo" (Revelación 21:1-4; Mateo
6:10, Serafín de Ausejo, 1964).

La hierba verde se ha secado,la flor se ha marchitado,pero en cuanto a
la
palabra de nuestro Dios JEHOVÁ,Durara hasta tiempo indefinido. ISAIAS
40;8
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burgara@itelcel.com

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