miércoles, 13 de diciembre de 2017

Jueves 14 de diciembre El celo por tu casa me consumirá (Juan 2:17).

Jueves 14 de diciembre

El celo por tu casa me consumirá (Juan 2:17).
Los israelitas fabricaron el tabernáculo siguiendo las instrucciones de Jehová (Éx. 25:8). Siglos más tarde edificaron un templo (1 Rey. 8:27, 29). Y después de volver del destierro en Babilonia, se reunieron en sinagogas (Mar. 6:2; Juan 18:20; Hech. 15:21). Los primeros cristianos llevaban a cabo reuniones en casas de distintos miembros de la congregación (Hech. 12:12; 1 Cor. 16:19). Y hoy día, los cristianos adoramos a Jehová y aprendemos de él en miles de salas de reuniones a las que llamamos Salones del Reino. El amor que Jesús sentía por el templo era tan grande que hizo pensar a sus discípulos en las palabras del texto de hoy (Sal. 69:9). Claro, no podemos decir que los Salones del Reino sean la “casa de Jehová” tal como lo era el templo de Jerusalén (2 Crón. 5:13; 33:4). Pero aun así, son lugares que merecen todo nuestro respeto. w15 15/7 4:1, 2

(Juan 2:17)  Sus discípulos recordaron que está escrito: “El celo por tu casa me consumirá”.
(Éxodo 25:8)  Y ellos tienen que hacerme un santuario, por cuanto yo tengo que residir en medio de ellos.
(1 Reyes 8:27)  ”Pero ¿verdaderamente morará Dios sobre la tierra? ¡Mira! Los cielos, sí, el cielo de los cielos, ellos mismos no pueden contenerte; ¡cuánto menos, pues, esta casa que yo he edificado!
(1 Reyes 8:29)  para que tus ojos resulten estar abiertos hacia esta casa noche y día, hacia el lugar del cual dijiste: ‘Mi nombre resultará estar allí’, para escuchar la oración con que tu siervo ore hacia este lugar.
(Marcos 6:2)  Llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y la mayor parte de los que estaban escuchando quedaron atónitos y dijeron: “¿De dónde consiguió este hombre estas cosas? ¿Y por qué se le habrá dado esta sabiduría a este hombre, y que tales obras poderosas sean ejecutadas por medio de sus manos?
(Juan 18:20)  Jesús le contestó: “Yo he hablado públicamente al mundo. Siempre enseñé en una sinagoga y en el templo, donde concurren todos los judíos; y no hablé nada en secreto.
(Hechos 15:21)  Porque desde tiempos antiguos Moisés ha tenido en ciudad tras ciudad quienes lo prediquen, porque es leído en voz alta en las sinagogas todos los sábados”.
(Hechos 12:12)  Y después de considerarlo, fue a la casa de María la madre de Juan el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos y orando.
(1 Corintios 16:19)  Las congregaciones de Asia les envían sus saludos. Áquila y Prisca, junto con la congregación que está en su casa, los saludan cordialmente en [el] Señor.
(Salmo 69:9)  Porque el puro celo por tu casa me ha consumido,y los mismísimos vituperios de los que te vituperan han caído sobre mí.
(2 Crónicas 5:13)  y aconteció que tan pronto como los trompeteros y los cantores estuvieron como uno solo en hacer que se oyera un solo sonido en alabar y dar gracias a Jehová, y tan pronto como elevaron el sonido con las trompetas y con los címbalos y con los instrumentos de canto y con alabar a Jehová, “porque él es bueno, porque hasta tiempo indefinido es su bondad amorosa”, la casa misma se llenó de una nube, la mismísima casa de Jehová,
(2 Crónicas 33:4)  Y edificó altares en la casa de Jehová, respecto a la cual Jehová había dicho: “En Jerusalén mi nombre resultará estar hasta tiempo indefinido”.

Aquí es donde adoramos a nuestro Dios 
1, 2. a) ¿En qué lugares adoraban a Jehová sus siervos del pasado? b) ¿Qué sentía Jesús por el templo de Jerusalén? c) ¿De qué hablaremos en este artículo?
LOS siervos de Jehová siempre han tenido un lugar donde adorarlo. Por ejemplo, es posible que Abel haya usado un altar para ofrecer sacrificios a Dios (Gén. 4:3, 4). Noé, Abrahán, Isaac, Jacob y Moisés también construyeron altares (Gén. 8:20; 12:7; 26:25; 35:1; Éx. 17:15). Los israelitas fabricaron el tabernáculo siguiendo las instrucciones de Jehová (Éx. 25:8). Siglos más tarde edificaron un templo (1 Rey. 8:27, 29). Y después de volver del destierro en Babilonia, se reunieron en sinagogas (Mar. 6:2; Juan 18:20; Hech. 15:21). Los primeros cristianos llevaban a cabo reuniones en casas de distintos miembros de la congregación (Hech. 12:12; 1 Cor. 16:19). Y hoy día, los cristianos adoramos a Jehová y aprendemos de él en miles de salas de reuniones a las que llamamos Salones del Reino.
El amor que Jesús sentía por el templo era tan grande que hizo pensar a sus discípulos en estas palabras del salmista: “[El] celo por tu casa me ha consumido” (Sal. 69:9; Juan 2:17). Claro, no podemos decir que los Salones del Reino sean la “casa de Jehová” tal como lo era el templo de Jerusalén (2 Crón. 5:13; 33:4). Pero aun así, son lugares que merecen todo nuestro respeto. En este artículo hablaremos de algunos principios bíblicos que nos enseñarán cómo comportarnos en nuestros Salones del Reino, cómo ayudar a pagarlos y cómo cuidarlos.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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