jueves, 21 de diciembre de 2017

Viernes 22 de diciembre Pedro llevó aparte a Jesús y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este destino” (Mat. 16:22).

Viernes 22 de diciembre

Pedro llevó aparte a Jesús y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este destino” (Mat. 16:22).
Pedro le dijo a Jesús que no tenía por qué dejarse matar. Jesús sabía que las intenciones de Pedro eran buenas, pero que su razonamiento era equivocado. ¿Cómo los ayudó a él y a los demás discípulos? Primero, corrigió a Pedro, luego explicó lo que les pasaría a quienes se negaran a hacer la voluntad de Dios cuando se presentaran dificultades, y por último dijo cuáles serían las recompensas de estar dispuesto a sacrificarse (Mat. 16:21-27). Sin duda, el apóstol aprendió la lección (1 Ped. 2:20, 21). Padres, pídanle a Jehová que los ayude a entender cómo y cuándo ayudar a sus hijos (Sal. 32:8). Por ejemplo, ¿podrían detectar los síntomas si la fe de sus hijos se estuviera debilitando? Quizás su entusiasmo haya disminuido, se aíslen demasiado, hablen mal de otros hermanos o actúen como si estuvieran ocultando algo. Aunque no deben precipitarse a concluir que sus hijos llevan una doble vida o han cometido un pecado grave, tampoco deben ignorar esos síntomas ni pensar: “Ya se les pasará”. w15 15/11 2:12, 13

(Mateo 16:22)  Con eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este [destino]”.
(Mateo 16:21-27)  Desde ese tiempo en adelante Jesucristo comenzó a mostrar a sus discípulos que él tenía que ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas de parte de los ancianos y de los sacerdotes principales y de los escribas, y ser muerto, y al tercer día ser levantado. 22 Con eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este [destino]”. 23 Pero él, dándole la espalda, dijo a Pedro: “¡Ponte detrás de mí, Satanás! Me eres un tropiezo, porque no piensas los pensamientos de Dios, sino los de los hombres”. 24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “Si alguien quiere venir en pos de mí, repúdiese a sí mismo y tome su madero de tormento y sígame de continuo. 25 Porque el que quiera salvar su alma, la perderá; pero el que pierda su alma por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿de qué provecho le será al hombre si gana todo el mundo, pero lo paga con perder su alma?, o ¿qué dará el hombre en cambio por su alma? 27 Porque el Hijo del hombre está destinado a venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su comportamiento.
(1 Pedro 2:20, 21)  Pues, ¿qué mérito hay en ello si, cuando ustedes están pecando y son abofeteados, lo aguantan? Pero si, cuando están haciendo lo bueno y sufren, lo aguantan, esto es algo que agrada a Dios. 21 De hecho, ustedes fueron llamados a este [curso], porque hasta Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención.
(Salmo 32:8)  “Te haré tener perspicacia, y te instruiré en el camino en que debes ir.Ciertamente daré consejo con mi ojo sobre ti.

Eduque bien a sus hijos: cuando son adolescentes 
12. ¿Cómo mostró perspicacia Jesús al corregir a Pedro?
12 Jesús conocía las debilidades de sus discípulos. Por ejemplo, en una ocasión, Pedro le dijo que no tenía por qué dejarse matar. Jesús sabía que las intenciones de Pedro eran buenas, pero que su razonamiento era equivocado. ¿Cómo los ayudó a él y a los demás discípulos? Primero, corrigió a Pedro, luego explicó lo que les pasaría a quienes se negaran a hacer la voluntad de Dios cuando se presentaran dificultades, y por último dijo cuáles serían las recompensas de estar dispuesto a sacrificarse (Mat. 16:21-27). Sin duda, el apóstol aprendió la lección (1 Ped. 2:20, 21).
13, 14. a) ¿Cuáles podrían ser los síntomas de que la fe de sus hijos se está debilitando? b) ¿Qué pueden hacer los padres para descubrir lo que piensan y sienten sus hijos?
13 Pídanle a Jehová que los ayude a entender cómo y cuándo ayudar a sus hijos (Sal. 32:8). Por ejemplo, ¿podrían detectar los síntomas si la fe de sus hijos se estuviera debilitando? Quizás su entusiasmo haya disminuido, se aíslen demasiado, hablen mal de otros hermanos o actúen como si estuvieran ocultando algo. Aunque no deben precipitarse a concluir que sus hijos llevan una doble vida o han cometido un pecado grave, tampoco deben ignorar esos síntomas ni pensar: “Ya se les pasará”.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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