domingo, 28 de enero de 2018

Texto Diario domingo, 28 de enero de 2018 No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová (Mat. 4:4).

Texto Diario domingo, 28 de enero de 2018

No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová (Mat. 4:4).
Desde el principio de su ministerio, Jesús se dejó guiar por las Escrituras. Incluso en sus últimas palabras citó de profecías mesiánicas (Mat. 27:46; Luc. 23:46). Los líderes religiosos de ese tiempo eran muy diferentes. Despreciaban la Palabra de Dios cuando contradecía sus tradiciones. Hablando de ellos, Jesús citó lo que Jehová dijo mediante el profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mí. En vano siguen adorándome, porque enseñan mandatos de hombres como doctrinas” (Mat. 15:7-9). Jesús dejó que la Palabra de Dios guiara tanto su conducta como su enseñanza. No recurrió a su profunda sabiduría ni a su experiencia sin igual al enfrentarse a controversias doctrinales. Más bien, se aferró a las Escrituras como máxima autoridad (Mat. 22:33-40). w17.02 3:18, 19

(Mateo 4:4)  Pero en respuesta él dijo: “Está escrito: ‘No de pan solamente debe vivir el hombre, sino de toda expresión que sale de la boca de Jehová’”.
(Mateo 27:46)  Cerca de la hora nona Jesús clamó con voz fuerte, y dijo: “É·li, É·li, ¿lá·ma sa·baj·thá·ni?”, esto es: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.
(Lucas 23:46)  Y Jesús llamó con voz fuerte y dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Cuando hubo dicho esto, expiró.
(Mateo 15:7-9)  Hipócritas, aptamente profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo: 8 ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mí. 9 En vano siguen adorándome, porque enseñan mandatos de hombres como doctrinas’”.
(Mateo 22:33-40)  Al oír [aquello], las muchedumbres quedaron atónitas de su enseñanza. 34 Los fariseos, después de oír que había hecho callar a los saduceos, se juntaron en un grupo. 35 Y uno de ellos, versado en la Ley, preguntó, para probarlo: 36 “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”. 37 Él le dijo: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. 38 Este es el más grande y el primer mandamiento. 39 El segundo, semejante a él, es este: ‘Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo’. 40 De estos dos mandamientos pende toda la Ley, y los Profetas”.

Jehová dirige a su pueblo 
18, 19. ¿Cómo guió la Palabra de Dios la vida y enseñanza de Jesús?
18 La Palabra de Dios guió a Jesús. Desde el principio de su ministerio, Jesús se dejó guiar por las Escrituras (Mat. 4:4). Fue tan obediente a la Palabra de Dios que estuvo dispuesto a morir en un madero de tormento. Incluso en sus últimas palabras citó de profecías mesiánicas (Mat. 27:46; Luc. 23:46). Los líderes religiosos de ese tiempo eran muy diferentes. Despreciaban la Palabra de Dios cuando contradecía sus tradiciones. Hablando de ellos, Jesús citó lo que Jehová dijo mediante el profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mí. En vano siguen adorándome, porque enseñan mandatos de hombres como doctrinas” (Mat. 15:7-9). ¿Verdad que Jehová no pudo haber escogido a ninguno de estos hombres para que dirigiera a su pueblo?
19 Jesús dejó que la Palabra de Dios guiara tanto su conducta como su enseñanza. No recurrió a su profunda sabiduría ni a su experiencia sin igual al enfrentarse a controversias doctrinales. Más bien, se aferró a las Escrituras como máxima autoridad (Mat. 22:33-40). En vez de deslumbrar a los que lo escuchaban con historias sobre la vida en el cielo o la creación del universo, “les abrió la mente por completo para que captaran el significado de las Escrituras” (Luc. 24:32, 45). Jesús amaba la Palabra de Dios y deseaba mucho enseñarla a los demás.

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

Archivo del blog

Datos personales

Mi foto
Jehová es mi pastor y nada me faltara.