martes, 9 de enero de 2018

Texto Diario martes, 9 de enero de 2018 Mantengan abiertos los ojos y guárdense de toda suerte de codicia (Luc. 12:15).

Texto Diario martes, 9 de enero de 2018

Mantengan abiertos los ojos y guárdense de toda suerte de codicia (Luc. 12:15).
Satanás quiere que seamos esclavos de las riquezas, y no de Jehová (Mat. 6:24). Los que dedican la mayor parte de sus energías a acumular posesiones acaban teniendo, en el mejor de los casos, una vida superficial, ya que solo se preocupan por satisfacer sus deseos egoístas. O aún peor, terminan espiritualmente vacíos y llenos de amargura y frustración (1 Tim. 6:9, 10; Rev. 3:17). Sucede exactamente lo que Jesús dijo en la parábola del sembrador. Cuando se siembra el mensaje del Reino entre los espinos, “los deseos de las demás cosas van entrando y ahogan la palabra, y esta se hace infructífera” (Mar. 4:14, 18, 19). Nosotros estamos cada vez más cerca del fin de este sistema de cosas; este no es el momento de acumular posesiones. Tampoco debemos esperar que algunas de ellas sobrevivan a la gran tribulación, no importa que sean muy costosas o que tengan gran valor para nosotros (Prov. 11:4; Mat. 24:21, 22). w16.07 1:5, 6

(Lucas 12:15)  Entonces les dijo: “Mantengan abiertos los ojos y guárdense de toda suerte de codicia, porque hasta cuando uno tiene en abundancia, su vida no resulta de las cosas que posee”.
(Mateo 6:24)  ”Nadie puede servir como esclavo a dos amos; porque u odiará al uno y amará al otro, o se apegará al uno y despreciará al otro. No pueden ustedes servir como esclavos a Dios y a las Riquezas.
(1 Timoteo 6:9, 10)  Sin embargo, los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. 10 Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores.
(Revelación 3:17)  Porque dices: “Soy rico y he adquirido riquezas y no necesito absolutamente nada”, pero no sabes que eres desdichado y lastimoso y pobre y ciego y desnudo,
(Marcos 4:14)  ”El sembrador siembra la palabra.
(Marcos 4:18, 19)  Y hay otros que son sembrados entre los espinos; estos son los que han oído la palabra, 19 pero las inquietudes de este sistema de cosas y el poder engañoso de las riquezas y los deseos de las demás cosas van entrando y ahogan la palabra, y esta se hace infructífera.
(Proverbios 11:4)  Las cosas valiosas no serán de ningún provecho en el día del furor, pero la justicia misma librará de la muerte.
(Mateo 24:21, 22)  porque entonces habrá gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder. 22 De hecho, a menos que se acortaran aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos aquellos días serán acortados.

Busquemos el Reino, no las cosas materiales 
5. ¿Qué les puede pasar a quienes dedican la mayor parte de sus energías a conseguir cosas materiales?
Satanás quiere que seamos esclavos de las riquezas, y no de Jehová (Mat. 6:24). Los que dedican la mayor parte de sus energías a acumular posesiones acaban teniendo, en el mejor de los casos, una vida superficial, ya que solo se preocupan por satisfacer sus deseos egoístas. O aún peor, terminan espiritualmente vacíos y llenos de amargura y frustración (1 Tim. 6:9, 10; Rev. 3:17). Sucede exactamente lo que Jesús dijo en la parábola del sembrador. Cuando se siembra el mensaje del Reino entre los espinos, “los deseos de las demás cosas van entrando y ahogan la palabra, y esta se hace infructífera” (Mar. 4:14, 18, 19).
6. ¿Qué aprendemos de lo que le sucedió a Baruc?
Analicemos lo que le sucedió a Baruc, el secretario de Jeremías. Aunque se aproximaba la predicha destrucción de Jerusalén, Baruc comenzó a buscar “cosas grandes” que no tenían ningún futuro. Pero no debía esperar otra cosa que no fuera salvar la vida. Jehová le prometió: “Te daré tu alma como despojo” (Jer. 45:1-5). Dios destruiría la ciudad y, desde luego, no iba a salvar las posesiones de nadie (Jer. 20:5). Nosotros estamos cada vez más cerca del fin de este sistema de cosas; este no es el momento de acumular posesiones. Tampoco debemos esperar que algunas de ellas sobrevivan a la gran tribulación, no importa que sean muy costosas o que tengan gran valor para nosotros (Prov. 11:4; Mat. 24:21, 22; Luc. 12:15).

Macpela.

Macpela.
casa de los patriarcas.

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